La escultura de Dalí hallada en una casa de Hawái después de estar «perdida» más de 40 años.

Le llamaban «la cera perdida de Salvador Dalí» porque estuvo desaparecida durante más de 40 años.

De hecho, muchos pensaban que el «Cristo de San Juan de la Cruz», un crucifijo de cera original a partir del cual se han realizado cientos de versiones, había sido destruido.

Sin embargo, durante todo este tiempo, la escultura en bajorrelieve que el genio del surrealismo español moldeó con sus propias manos estuvo almacenada en una bóveda en Hawái.

La obra de Dalí, valorada entre US$10 y US$20 millones, se hallaba en el sótano de la casa de un coleccionista privado estadounidense que, aparentemente, la compró directamente al artista.

Cuando unos galeristas en Hawái supieron de su existencia, decidieron pagarle una suma no revelada para comprar la escultura y exhibirla en una de sus salas con un nuevo nombre: «Lost wax» (Cera perdida).

Harte International Galleries, la galería ubicada en la isla de Maui, presentó la pieza el miércoles 11 de mayo, con motivo del 118 aniversario del nacimiento del artista catalán.

Salvador Dalí con su escultura de cera, Cristo de San Juan de la Cruz

FUENTE DE LA IMAGEN – HARTE INTERNATIONAL GALLERIES. Dalí con su escultura, «Cristo de San Juan de la Cruz», también conocida como «la cera perdida».

Pese a que el museo hawaiano había vendido en el pasado otras versiones del «Cristo de San Juan de la Cruz», «nadie pensó que la obra original, realizada por el maestro Dalí en cera, todavía existía», dijo en un comunicado Glenn Harte, cofundador y director de la galería.

La galería planea «compartir con el público ‘La cera perdida’, para que los entusiastas del arte y la historia puedan experimentar esta notable obra de arte».

Según el galerista, el coleccionista a quien compraron la obra guardaba la escultura en la caja de plexiglás original que Dalí había utilizado para conservar su forma.

«Dados los desafíos de preservar la cera, pocos esperaban que el molde original hubiera sobrevivido», considera la revista de arte ArtNews.

Escultura de cera Cristo de San Juan de la Cruz, de Dalí

FUENTE DE LA IMAGEN – HARTE INTERNATIONAL GALLERIES. La obra se encontraba en la caja de plexiglás original que Dalí usó para conservar su forma.

La adaptación en 3D de «la mayor obra religiosa de Dalí»

Harte International Galleries trabajó con el experto en Dalí Nicolas Descharnes -cuyo padre, Robert Descharnes, fue secretario de Dalí hasta su muerte- y con el experto iconográfico Carlos Evaristo para la autenticación de la escultura.

La pieza de cera fue creada en 1979 y sirvió como modelo para otras ediciones del «Cristo de San Juan de la Cruz» de Dalí en oro, plata, platino y bronce.

A su vez, la escultura es la representación tridimensional de una aclamada pintura del artista español, la obra homónima que representa a Jesús en la cruz flotando en un cielo crepuscular que, según la galería de Hawái, es «la obra religiosa más importante jamás creada por Dalí».

La pintura «Cristo de San Juan de la Cruz» es de 1951 y ahora se encuentra en un museo en Escocia, la Galería de Arte y Museo Kelvingrove, en Glasgow.

Dali (1904 - 1989) con su pintura Cristo de San Juan en la Cruz, 17 de noviembre de 1951

FUENTE DE LA IMAGEN – DANIEL FARSON/GETTY IMAGES. Dali (1904 – 1989) en su estudio con su pintura «Cristo de San Juan en la Cruz», el 17 de noviembre de 1951.

Imagen de portada:HARTE INTERNATIONAL GALLERIES. Salvador Dalí moldeó con sus manos esta escultura que se creía perdida o destruida.

FUENTE RESPONSABLE: Redacción BBC News Mundo. Mayo 2022

Sociedad y Cultura/Arte

 

 

El Museo del Prado nos invita a oler la maravillosa pintura de Jan Brueghel en una de las exposiciones del año.

‘La esencia de un cuadro, una exposición olfativa’ es una innovadora muestra en la que disfrutar de una obra de arte de otra manera. Ahora, en el Museo del Prado podemos oler el arte.

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El Museo del Prado nos sorprende con una exposición pionera en la institución y protagonizada por El Olfato, una pintura de Jan Brueghel el Viejo en colaboración con su amigo Rubens. Revivir momentos, transportarnos a lugares o recordar a una persona. 

Todo es posible a través del olfato, el más evocador de nuestros sentidos. Y ahora, gracias a él y a través de 10 perfumes, podemos acercarnos, por primera vez y de una manera totalmente diferente al arte.

Detalle de la obra El Olfato para la fragancia “Alegoría”.

Detalle de la obra El Olfato para la fragancia “Alegoría”.  © Museo Nacional del Prado 

Esta obra de Brueghel, que forma parte de la serie Los cinco sentidos, expuesta también en la sala, representa con minucioso detalle, el jardín que Isabel Clara Eugenia y su marido tenían en Bruselas a principios del siglo XVII. 

Más de 80 especies de plantas y flores, como si de un exhaustivo manual de botánica se tratase, aparecen representados en el cuadro. En este paisaje imaginario, una mujer desnuda, alegoría del olfato, huele el ramillete que le ofrece un querubín. 

La escena se completa con animales relacionados con el olfato, como el perro sabueso o la civeta, y diferentes objetos del mundo del perfume: frascos, matraces, alambiques para destilar las esencias o guantes perfumados.

‘El ofato Pedro Pablo Rubens y Jan Brueghel el Viejo 1617  1618.

‘El olfato’, Pedro Pablo Rubens y Jan Brueghel el Viejo, 1617 – 1618.© Museo Nacional del Prado

Un universo repleto de aromas que no solo es posible ver sino también oler gracias a la colaboración entre el Prado, La Academia del Perfume y el grupo Puig. 

Alejandro Vergara, Jefe de Conservación de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte del Museo Nacional del Prado ha trabajado mano a mano con Gregorio Sola, Perfumista senior de Puig y Académico de Número en la Academia del Perfume para acercarnos a la pintura como nunca antes lo habíamos hecho: a través de los olores que la componen.

Detalle de la obra El Olfato para la fragancia “Flor de naranjo”.

Detalle de la obra El Olfato para la fragancia “Flor de naranjo”.  © Museo Nacional del Prado 

Para ello, ha sido necesaria una minuciosa investigación con ayuda del CSIC que ha permitido identificar las especies vegetales representadas en la obra

A partir de aquí, con elementos presentes en el cuadro, el maestro perfumista ha creado 10 fragancias diferentes con la que viajar olfativamente al siglo XVII. Alegoría, inspirado en el ramillete de flores de la figura femenina. 

Guantes, para el que se ha recuperado una fórmula de 1696 que consigue reproducir el olor de un guante perfumado de ámbar. Civeta, un animal del que se obtiene una sustancia que sirve como fijador y que aquí se ha recreado de manera sintética.

Detalle de la obra El Olfato para la fragancia “Flor de naranjo”.

Detalle de la obra El Olfato para la fragancia “Guantes de ámbar “.  © Museo Nacional del Prado 

Higuera, un aroma que nos transporta a su refrescante sombra en un día de verano. 

Flor de naranjo, de donde se extrae la esencia de neroli. Jazmín, un olor delicado e intenso. Rosa, la más usada para hacer perfumes de la que se necesitan trescientas mil flores, recogidas a mano al amanecer, para obtener un kilo de su esencia. Lirio, la materia prima más cara de la perfumería (cuesta el doble que el oro). Narciso, original, fuerte y embriagador. Y, por último, Nardo, capaz de realzar las notas florales de un perfume. 

Detalle de la obra El Olfato para la fragancia “Higuera”.

Detalle de la obra El Olfato para la fragancia “Higuera”.  © Museo Nacional del Prado 

Millones de matices olfativos que podemos disfrutar gracias a la exclusiva tecnología Air Perfum, desarrollada por Puig y con la que se pueden oler hasta 100 fragancias distintas sin saturar el olfato y respetando la identidad y matices de cada perfume. 

Imagen de los difusores disponibles en la sala de la exposición olfativa “La esencia de un cuadro”.

Imagen de los difusores disponibles en la sala de la exposición olfativa “La esencia de un cuadro”. © Museo Nacional del Prado.

La esencia de un cuadro. Una exposición olfativa nos permite, hasta el 3 de julio, sumergirnos en la pintura y los olores del siglo XVII. Toda una experiencia sensorial en la que olfato y vista se unen y complementan, potenciando una vivencia que, seguro, permanecerá durante mucho tiempo en nuestra memoria.

Imagen de portada: ‘El olfato’, Pedro Pablo Rubens y Jan Brueghel el Viejo, 1617 – 1618.© Museo Nacional del Prado

FUENTE RESPONSABLE: AD Arte- Por Alexandra Muñoz. Abril 2022.

Sociedad y Cultura/Arte/Exposiciones/Madrid/Museos

 

Un nuevo tesoro de la hija de Picasso ve la luz en París.

Maya Ruiz-Picasso, la segunda de los cuatro hijos del pintor, se desprende de algunas de las piezas más sentimentales de su colección particular.

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Maya Ruiz-Picasso, la segunda de los cuatro hijos de Pablo Picasso, se ha desprendido de algunas de las piezas más sentimentales de su colección particular, nueve obras que ahora ayudan a comprender los períodos menos conocidos de la obra del artista malagueño.

El lote se ha integrado en la colección del Museo Picasso de París, cuya fundación se basa en el mismo principio que ahora ha permitido la entrada de nueve obras: una donación con la que la heredera ha cubierto el pago del impuesto de donaciones.

En 1973, la ley del escritor y entonces ministro de la Cultura André Malraux, creada a la medida para la descomunal sucesión de Picasso, permitió a Francia hacerse con 228 cuadros, 158 esculturas, 1.495 dibujos, 33 cuadernos, 1.704 estampas, 85 cerámicas y 77 obras ajenas.

Aquello solventó la carencia de obras de Picasso que había en las colecciones francesas y permitió a la familia cubrir el impuesto al que se hubieran tenido que enfrentar, en lo que era ya un legado plagado de conflictos entre las cuatro familias que había formado el artista.

Las ocho obras de Picasso que ha donado Maya -la mayoría pinturas- junto a una escultura oceánica de la colección personal del malagueño se exponen desde este sábado y hasta el próximo 31 de diciembre en una doble muestra que revela el lado más íntimo del artista.

«Mi madre tenía la intuición de que algunas de las obras que había tenido la suerte de heredar podían encontrar su hueco en el museo y así ha elegido las obras a las que tenía un cariño particular, como el retrato de su abuelo o su cuaderno de dibujos», cuenta a EFE Diana Widmaier-Picasso, una de las comisarias de la exposición y nieta de Picasso.

Además del plano sentimental, la hija del pintor ha hecho su selección en vista de las carencias actuales del museo: la que es la primera donación de la familia en 30 años ha intentado suplir la ausencia de obras del último período del artista, que en su momento eran menos valoradas por la crítica.

Del realismo al expresionismo.

La primera de las dos exhibiciones arranca con un realista retrato de José Ruiz y Blasco, padre del artista, que pintó con 14 años y donde destaca la temprana maestría de Picasso.

Cada una de las nueve incorporaciones protagoniza una sala, rodeada de otras obras de la colección permanente del museo con las que guardan relación.

Entre ellas el cariñoso retrato de la abuela de Maya Ruiz-Picasso, otro de los grandes tesoros de esta donación, así como una imagen cubista de la pequeña Maya con una piruleta y «El bobo», que ejemplifica el regreso a las raíces españolas del pintor en los años 30.

Enternece también ver el cuaderno de infancia de Maya Ruiz-Picasso en el que su padre le enseñaba a pintar, haciendo ilustraciones que luego la pequeña puntuaba como si fuera su profesora.

Completan la donación «La venus del gas», una pequeña estatuilla inspirada del arte del Paleolítico, realizada en 1945, un cuaderno de dibujos de 1962, un retrato de hombre de 1971 y «Estudio para una intérprete de mandolina», de 1932.

Nacida en 1935 de su relación con Marie-Thérèse Walter, Maya vivió poco tiempo con su padre y la gran parte de sus recuerdos de infancia se remontan a la Segunda Guerra Mundial, primero al inicio de una crisis existencial para Picasso y más adelante cuando éste pasó años prácticamente escondido para evitar a los nazis.

Sin embargo, la segunda hija del artista, catorce años más joven que su primer hijo, Paulo, y doce y catorce años mayor que Claude y Paloma, los hijos de Picasso con la pintora Françoise Gilot, fue la más dibujada de los vástagos del genio cubista.

«Hay doce retratos dibujados entre 1938 y 1939, además de dibujos de una ternura conmovedora y un trazo tan clásico que incluso los especialistas se sorprenden de que hayan sido pintados por Picasso», dice Widmaier-Picasso, que recuerda que su madre fue bautizada en homenaje a la hermana fallecida del artista, por lo que su nacimiento fue vivido como una suerte de resurrección.

La ahora anciana, que se ha ausentado de la presentación de la exposición por su frágil estado de salud, tan solo pasó con su padre fines de semana y más adelante vacaciones en el sur, cuando Picasso ya vivía con su nueva familia y ella hacía de niñera a Claude y Paloma.

El museo y el Gobierno francés, que se implicó personalmente para ejecutar esta donación, no han precisado el valor monetario de estas obras y la familia prefiere no dar cifras de las piezas que siguen en su posesión.

Cuando Picasso murió se contaron 50.000 objetos entre cuadros, documentos, archivos, fotografías, esculturas o cuadernos. La lista de obras por donar puede ser aún muy larga.

Imagen de portada: Museo Picasso de París. SHUTTERSTOCK

FUENTE RESPONSABLE: Levante. Valencia. España. Abril 2022

París, Francia/Donaciones/Esculturas/Arte/Pablo Picasso

Sus padres lo abandonaron en una caja y el forjó su destino a puro arte.

Benito Quinquela Martín fue criado como hijo adoptivo por una familia humilde de La Boca. Dueño de un gran talento, este pintor argentino logró fama, riqueza y el honor, en vida, de que sus cuadros se exhibiesen en los principales museos del mundo. 

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Considero que el hombre es muchas veces, artífice de su propio destino. Un artista argentino, uno de nuestros grandes pintores, ni siquiera conoció a sus padres. Apareció abandonado en una cajita, en la puerta del Hogar de Niños, con una esquela que decía: “Este niño fue bautizado como Benito Juan y seguía su apellido: Martín”.

Fue criado como hijo adoptivo por una humilde familia, Chinchella de apellido. En Italiano se pronuncia Quinquela. Se crió en la pobreza de un barrio muy modesto: La Boca. Y recién a los 20 años –y por sí mismo- mérito muy especial aprendió a leer y a escribir correctamente.

Desempeñó durante mucho tiempo un oficio rudo y difícil: estibador de carbón en el puerto.

Su primer lápiz de dibujo fue el mismo carbón que transportaba sobre sus espaldas. Con todas estas desventajas, pero con un gran talento, este pintor argentino logró fama, riqueza y el honor –en vida- que sus cuadros se exhibiesen en los principales museos del mundo: Roma, Madrid, Londres, París.

Quinquela Martín, el Riachuelo y La Boca, casi una sola cosa.

Pero ya para siempre, Quinquela Martín, el Riachuelo y La Boca serán casi una sola cosa.

Porque Quinquela nació en la Boca, a un paso de la Vuelta de Rocha. Allí sufrió, allí encontró su destino y allí fue la gloria a buscarlo con su mejor sonrisa, para llevarlo de la mano por el camino de los triunfadores.

Primero pintó paisajes. Luego Quinquela se dedicó a expresar en sus telas, los cascos heridos de las naves, las cimbreantes planchadas hormigueando de hombres encorvados y las garras siniestras de los guinches.

La autenticidad de sus cuadros surgía del hecho que antes de pintar los regueros humanos de los cargadores de carbón, él había formado parte de ellos. Plasmó en sus obras y murales gigantescos, toda la vida de la ribera, desde el amanecer hasta el ocaso.

Fue un pintor colorista y muy personal. A sus 24 años, el presidente de la República, Marcelo T. de Alvear, le otorgó una beca para perfeccionarse en España e Italia. Luego regresó varias veces a Europa para exponer sus obras. Y en esas giras ganó dinero, prestigio internacional y obtuvo también la sugestiva sonrisa de las mujeres que en un idioma universal la regalan solamente a los hombres que nacen bendecidos por los dioses.

Ya Quinquela Martín, triunfador, regresó a su barrio de la Boca, a su mismo atelier de siempre. No buscó un lugar lujoso de Palermo Chico por ejemplo. Hubiera sido ajeno a su manera de ser. Buscó sí, el viejo rincón de sus antiguos sufrimientos, las mismas calles sureñas de su bohemia adolescente.

Posteriormente fundó de su propio peculio, la Escuela-Museo Pedro de Mendoza, que él mismo dirigió por muchos años y aún existe junto a una escuela primaria que funciona donde tuvo su casa y su atelier. 

Las obras de Quinquela Martín llegaron a los principales museos del mundo.

A los 83 años ganó el gran Premio del Fondo Nacional de las Artes. Dos años antes, a los 81 años, había sido nombrado Profesor Honorario de la Universidad de Buenos Aires.

Con ese motivo, se realizó un acto en su homenaje.

Allí expresó con la sencillez de “los iluminados que saben agregar luz a la luz”: “Tuve muchos halagos en mi vida”, decía. “Pero que un estibador del puerto que a los 19 años casi no sabía leer. Que le costaba escribir bien su propio nombre, lo hubiesen designado profesor de la Universidad, es más de lo que hubiera soñado”.

“Y les digo a los jóvenes estudiantes: luchen, trabajen, busquen, que todos los que llegaron, siempre debieron luchar para llegar. Porque peor que muchos fracasos son pocos intentos…”

Un 28 de enero de 1977 teniendo más de 86 años moría Benito Quinquela Martín. Cultivó la pintura, para la que quizá Dios, lo eligió.

Porque muchos caminaron. Pero pocos dejaron huellas. Fue un ejemplo de tenacidad, de lucha contra las circunstancias adversas, de voluntad férrea, “esa voluntad de triunfar que no otorga el triunfo, pero que lo acerca…”.

Y ese tesón inclaudicable de Quinquela Martín trae a mi mente este aforismo que quiero dedicarlo a este insigne pintor argentino. “Para remontar vuelo, primero hay que caminar”.

Imagen de portada: Gentileza de Crónica

FUENTE RESPONSABLE: Crónica. Por José Narosky.Abril 2022

Sociedad y Cultura/Arte/Pintura/Homenaje/Benito Quinquela Martín/Genios virtuosos.

 

Blanquita Suárez, la tiple que inmortalizó Picasso

Tenía los ojos verdes y el pelo azabache. En Madrid, la cantante estrenó en el Apolo en 1927 “El sobre verde”, que La Zarzuela representa estos días dentro del sexto Proyecto Zarza. La vida de Blanquita Suárez es digna de una novela o merecedora de una película. La dinastía llega hasta nuestros días. Su bisnieta, Blanca Aranda la recuerda hoy.

A Blanquita Suárez la llamaban en casa “Mamá Blanca”. Y se arremolinaban en torno a ella otras tres mujeres también bautizadas con el mismo nombre: Blanca Díaz Suárez, su hija, Blanca Díaz Suárez, su nieta, que repetía apellidos por ser madre soltera, y su bisnieta, Blanca Aranda Díaz. 

El porqué tiene su explicación: cuando ella nació sus padres, el barítono Leopoldo Suárez y su esposa Juana Zarza, estaban de gira en San Sebastián representando “La bruja”, de Chapí, cuyo personaje principal pueden adivinar cómo se llamaba. 

Y es el nombre que decidieron para la recién nacida, que vino al mundo en la portería del teatro en 1894. Y así pasó el nombre a la hija. De esta a su hija y así hasta una cuarta mujer que no ha tenido descendencia y que es quien nos hace de memoria viva. 

La cosa de la farándula, como sucede en algunas familias, le viene de lejos. 

Ya el abuelo de Blanquita Suárez fue apuntador del Apolo. Y así ha sido sucesivamente. El escenario, las luces, la tramoya, la vida entre cajas y el aplauso han estado ligados a esta saga de mujeres de teatro. Blanca Aranda es la bisnieta de Blanquita Suárez. Ha pasado muchos años en sala, pateando el Teatro de la Zarzuela. “Seguro que me has tenido que ver alguna vez”, dice con convencimiento. 

Hoy es la secretaria del director. Y la historia que guarda es pura ambrosía.

Carta-de-Jacinto-Guerrero-a-Blanquita-Suarez

La carta de Jacinto Guerrero

La bisnieta de la cantante de ojos verdes (tema inmortal que cantó ella por primera vez y que después alcanzaría fama en la voz de Concha Piquer) se conoce el teatro de la calle Jovellanos como su casa. 

“Para mí es mucho más que un lugar de trabajo. Se lo debo todo y lo quiero”, cuenta. Su madre se sabía el escenario de memoria, palmo a palmo. ¿Cómo fue el estreno en Madrid de “El sobre verde”? Aranda lo recuerda con un cariño inmenso y habla de la carta que le escribió Guerrero, donde le dice textualmente: “El arte de Blanquita Suárez es singular. Tengo entre mis obras “El sobre verde”. En la canción coreada “Soy la garçon” hizo una creación magistral. ¡Qué gracia! ¡Qué gestos! ¡Qué manera de cantarla! ¡Qué alegría! Para mi gusto es la mejor tiple cómica de estos… y de otros tiempos. 

De los ojos de Blanquita no hablo… Ya lo dicen los empresarios de los teatros: “Cuando trabaja nos ahorramos los focos”. ¡Ella ilumina el teatro! Jacinto Guerrero”. Se puede decir más alto, pero no más claro. 

Este escrito lo atesora su bisnieta, y otro precioso que le envió Jacinto Benavente, a quien también le unía una amistad, la misma que tenía con los hermanos Álvarez Quintero. 

Y cientos de fotografías en un tono sepia precioso que revelan que era una belleza “y una mujer muy moderna que vivía mucho de sus recuerdos. Le pedíamos que cantara, por ejemplo “La blanca doble” o “La garçon” porque nos encantaba escucharla. Falleció cuando yo tenía 18 años, en 1983”, recuerda.

Carta de Jacinto Guerrero a Blanquita Suárez (c) Archivo de Blanca Aranda

Con mantilla y abanico

Blanquita-Suarez-pintada-por-Picasso-oleo-de-1917

Blanquita Suárez pintada por Picasso, óleo de 1917 (c) Archivo de Blanca Aranda

Picasso la retrató. Sí, el malagueño universal. La madre de Blanca Aranda quería ver de cerca el cuadro que se guarda en la sala 11 del Museo Picasso de Barcelona. 

Ella organizó el año pasado la visita para que su progenitora pudiera ver el lienzo de tú a tú: “Se conocieron en verano y la pintó en 1917. Él iba cada noche a verla actuar al teatro Eldorado, donde mi bisabuela cantaba. 

No sé qué relación les llegó a unir, si fueron amigos o algo más…, pero ella es la mujer que pintó”, asegura. 

El Museo Nacional Picasso de París alberga una serie de bocetos previos a ese lienzo de corte cubista en que la artista sostiene un abanico y que lleva por título el nombre de la protagonista. Los colores son apagados y las líneas son las que consiguen dotar de perspectiva a la figura en negro, marrón, verde y blanco. 

Así la inmortalizó, con la mantilla que lució en el baile de carnaval del Novedades barcelonés, muy flamenca ella, donde Santiago Rusiñol la hizo entrega del cuarto premio del concurso de máscaras y disfraces.

Un fado con su nombre

Cantante, pues de éxito de la época, muy bien relacionada, contrajo matrimonio con un torero que sería de cierto prestigio, pues cuando se unieron era novillero, Francisco Díaz “Pacorro”. 

Una imagen de 1918 inmortaliza el momento: se ve a la pareja con sus padrinos, gestos serios de unos y sonrisas de otros. El pie de foto reza “Un banquete popular en Málaga”. 

Y así fue. La cantante y el torero. ¿Se puede pedir más? “Fueron la pareja de moda”, deja escapar su bisnieta con orgullo. Sin embargo, el matrimonio no acabó bien y optaron por el divorcio durante la República. Blanquita se casaría después con un pintor de carteles de los cines de la Gran Vía. Y juntos estuvieron hasta que él murió. 

“Después se vino a mi casa y vivimos todas juntas, las cuatro Blancas”. El fado “Blanquita”, con letra de Álvaro Retana y música para piano de Rafael Adam Baiges fue escrito para la bisabuela de Aranda. 

El cine no le fue ajeno: intervino en 14 películas. Se retiró a los sesenta años. En una entrevista publicada en La Vanguardia en 1958 contestaba así sobre el asunto de su retirada: “Como no he ahorrado, no me puedo retirar y mientras me aplaudan estoy contenta”. Genio y figura. Gema Pajares

Imagen de portada: Foto dedicada de Blanquita Suárez (c) Archivo de Blanca Aranda.

FUENTE RESPONSABLE: Beckmesser. Febrero 2022

Sociedad y Cultura/España/Blanquita Suárez, la tiple que inmortalizó Picasso

Se vuelve a exhibir una pintura de Picasso que habían querido sacar de contrabando de España.

La historia del cuadro «Busto de mujer joven»

El cuadro Busto de mujer joven, del pintor español Pablo Picasso, volvió a ser exhibido desde este jueves como parte de la colección permanente del museo Reina Sofía de Madrid. Pasaron siete años, durante los cuales la pintura no se pudo ver a raíz de un proceso judicial.

El cuadro había sido incautado a un exbanquero que quiso sacarlo de forma ilegal de España, y desde 2015 estuvo en los almacenes del museo, que funcionaron como depósito judicial. 

Jaime Botín intentó sacar la obra de Picasso de España en barco, sin los permisos exigidos por la ley.

Ahora cuelga en el segundo piso del Reina Sofía. Se trata, según expertos, de «una tela única en España” que se volverá una de las piezas más importantes de la exposición que el museo prepara para 2023. 

Fue pintada en 1906 tras los meses de verano que Picasso (1881-1973) pasó en la localidad catalana de Gósol, donde vivió una crisis conceptual, estética y formal fundamental que le permitió emprender la revolución cubista.

Esta pintura y otras parecidas cobran relevancia como precedente de la icónica tela Las señoritas de Aviñón (1907), pieza central del protocubismo con la que Picasso abandonó su etapa rosa y ensayó un nuevo lenguaje: «primitivo y antiacadémico, deliberadamente inacabado, esquemático, de contornos delineados y formas sólidas y monumentales”, explicaron voceros del museo.

Un intento por sacarlo de España

El empresario Botín, expresidente de Bankinter, compró el cuadro en 1977 en la Galería Marlborough de Londres y en 2012 quiso subastarlo en la casa Christie´s de esa ciudad, para lo que necesitaba un permiso del ministerio de Cultura de España que nunca obtuvo por tratarse de una obra de interés artístico e histórico de más de cien años de antigüedad.

Botín intentó entonces sacar el cuadro por mar vía Córcega, pero fue interceptado en julio de 2015 en la isla por la Guardia Civil y el servicio de aduanas francés. Según la acusación, el banquero se preparaba para llevar el cuadro a Suiza y finalmente venderlo.

El exbanquero pagó como pena 91,7 millones de euros pero eludió los tres años de prisión de la sentencia por el contrabando de este Picasso valuado en más de 26 millones de euros, debido a su mal estado de salud esgrimido por la defensa y a su edad, 85 años.

Imagen de portada: Gentileza de Página 12 (Momento en que vuelven a exponer el famoso cuadro de Picasso)

FUENTE RESPONSABLE: Página 12. Cultura

Sociedad y Cultura/Arte/Pintura/Pablo Picasso/Contrabando/Jaime Botín.

 

 

 

Vilató, la exposición de su centenario que te descubrirá al otro genio de los Picasso.

El sobrino de Picasso era un artista multidisciplinar de fama internacional al que ahora se le rinde merecido tributo.

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Hay apellidos que tienen la sombra muy alargada. Este es el caso de Picasso. 

Sin embargo, para entenderlos en su totalidad hay que conocer todo su entorno, sus raíces y comprender cómo eran las relaciones con sus familiares. 

Por eso tiene un especial valor la retrospectiva ‘Vilató, 100 obras para un centenario’, con la que se quiere poner en valor la figura de Javier Vilató, hijo de Lola Ruiz Picasso, hermana del mítico pintor de ‘Las señoritas de Aviñón’, y del neuropsiquiatra Juan Vilató. 

Una figura de fama internacional que ahora hay que seguir reivindicando. Nacido el 11 de noviembre de 1921 y fallecido el 10 de marzo de 2000, tuvo una notable carrera como artista multidisciplinar, y precisamente desde el 11 de noviembre y hasta el próximo 20 de marzo se pueden disfrutar de 70 obras en la Casa Natal de su tío, y otras 30 repartidas simultáneamente entre el Centre Pompidou Málaga (Málaga), Museo del Grabado Español Contemporáneo (Marbella), Museu Picasso (Barcelona) y Sala de Exposiciones del Ayuntamiento de Almoradí (Almoradí, Alicante), donde Vilató tenía una casa.

Vilató, sentado en su taller del 5, rue Lecuirot (París, h. 1960). (V. Rossell. Archivos J. Vilató, París/© Javier Vilató, Vegap, Madrid, 2021)

Vilató tiene un nombre propio que se ganó a pulso y un rol fundamental en la vida de su tío. Ahora es su hijo Xavier, que ha comisariado esta muestra, quien puso en valor esta circunstancia cuando presentó la exposición, al asegurar que entre ambos «un intercambio como artistas y como familiares, que hizo un cóctel muy potente». 

Asimismo, Françoise Gilot, que fue pareja del pintor malagueño, manifestaba que Vilató era «la persona más cercana» al artífice de ‘Guernica’, «que no tenía familia en Francia», según declaraciones recogidas por la agencia EFE.

 «Picasso no volvió a España, pero tenía a alguien que le hablaba de su madre y de cosas cotidianas como lo que le hacían de comer», destacaba Xavier, quien además subrayaba que «se crio mirando los cuadros de su tío, las tablitas que están ahora en el Museo de Picasso de Barcelona las tenían en su casa y sus libros de cuentos de pequeño era todo el Museo de Barcelona».

La influencia sobre Vilató de Picasso fue enorme en todos los sentidos: «Su tío le llevó al taller para que aprendiera a hacer grabados. Era un interlocutor muy válido que le hizo descubrir muchas cosas y hasta el final estuvieron muy juntos». 

Y nadie mejor que el comisario de la exposición de su padre para sintetizar lo que se puede disfrutar en ella y lo que los visitantes van a poder descubrir: «A un chaval que empieza a los 11 años, llega a París en 1939, cambia totalmente su manera de pintar. Está en contacto con su tío y después regresa a España y a una obra figurativa».

Vilató visita la Casa Natal de Picasso. (Gloria Ruedas Chaves/© Javier Vilató, Vegap, Madrid, 2021)

Vilató visita la Casa Natal de Picasso. (Gloria Ruedas Chaves/© Javier Vilató, Vegap, Madrid, 2021)

Aunque Vilató nació en Barcelona, «fue un gran artista, que se sentía muy andaluz, y encontró aquí el alma que había perdido, con su abuela, porque se creció con ella. Y muchas cosas que sabía venían de sus genes andaluces». 

Fue su abuela, María Picasso y López, esencial en la trayectoria de Vilató, pues se trataba de «una persona muy especial, una mujer que leía dos periódicos al día, algo que no era habitual y que era quien tenía el mando de todo en la casa», relató Xavier. «Mi padre decía que quien le enseñó a pensar un cuadro era la abuela. Creo que su inicio como pintor está ahí y sus primeros cuadros eran retratos de ella».

Vilató, en su taller (París, 1978). (V. Rossell. Archivos J. Vilató, París/© Javier Vilató, Vegap, Madrid, 2021).

Vilató, en su taller (París, 1978). (V. Rossell. Archivos J. Vilató, París/© Javier Vilató, Vegap, Madrid, 2021).

Es muy simbólica la Casa Natal en el legado de Picasso, no en vano cuando Xavier la visitó por primera vez con su padre, era «casi lo único que había en Málaga», puesto que no se había abierto el Museo Picasso y otras iniciativas que se habían intentado habían fracasado: «Hay una Málaga antes y después del retorno de Picasso. En ese momento, el único sitio que mantenía la llama muy viva de Picasso era la Casa Natal, que también era la casa del abuelito Pepe -José Ruiz Blasco, padre de Picasso-, mi bisabuelo».

El cuadro que pintó con su tío es una de las la joyas de la corona de la exposición. (Museo Casa Natal Picasso)El cuadro que pintó con su tío es una de las la joyas de la corona de la exposición. (Museo Casa Natal Picasso)

Sin duda, la biografía de Vilató fue apasionante y marcada por los avatares de la historia. 

La visita de su tío, Pablo Picasso, a Barcelona, en el verano de 1933, acompañado por Olga Khokhlova, fue crucial para que su pasión por la pintura creciera exponencialmente. 

La derrota republicana en la Guerra Civil le llevó junto a su hermano, Josep Fin, a los campos de concentración franceses. Ambos serían rescatados por su tío, que fue quien también les abrió las puertas de los círculos artísticos parisinos. 

A su regreso a Barcelona durante la Segunda Guerra Mundial, siguieron con su actividad, sobre todo el grabado. En París vivieron momentos irrepetibles, especialmente de libertad y creatividad. 

Allí conocieron a Rafael Alberti, a la mexicana Frida Kahlo, al cubano Wilfredo Lam… Su tío les llevó al taller de grabado de Roger Lacourtière, donde aprendieron la técnica del aguafuerte… Y también disfrutaron del esplendor de la Costa Azul, donde trabaron contacto con Lee Miller, Roland Penrose o Dora Maar. 

Sin embargo, fue el estallido de la contienda lo que acabó convirtiendo el sueño en pesadilla, ya que tuvieron que regresar a España, donde acabaron pasando unos meses en prisión y tuvieron que cumplir años de servicio militar. Sin embargo, estas vicisitudes no frenaron su carrera ni hicieron que desistieran en su empeño.

Vilató en su taller (París, 1972). (V. Rossell. Archivos J. Vilató, París/© Javier Vilató, Vegap, Madrid, 2021).

Vilató en su taller (París, 1972). (V. Rossell. Archivos J. Vilató, París/© Javier Vilató, Vegap, Madrid, 2021).

La relación con Picasso se hizo más intensa a finales de los 40, cuando Vilató volvió a París. Además, llegaron a pintar un cuadro juntos, algo muy poco común en la trayectoria del malagueño más universal. Se trata de ‘Naturaleza muerta’, está fechado en 1947 y aparece firmado como Javier Vilató y su tío.

 Fue a partir de 1946, una vez instalado en París, cuando su carrera empezó a tener una proyección internacional. No solo tenía talento, es que se manejaba con maestría en todo tipo de técnicas y alternó la pintura con el grabado, la ilustración de libros (brilló sobre la obra de Federico García Lorca) y revistas, la cerámica, la escultura, los murales. Su obra está en colecciones privadas y museos internacionales de enorme prestigio.

Xavier Vilató ha comisariado la exposición de su padre con mucho esmero. (Museo Casa Natal de Picasso)Xavier Vilató ha comisariado la exposición de su padre con mucho esmero. (Museo Casa Natal de Picasso)

Quizás lo que mejor exprese el presente y el futuro de su obra sean las palabras de su propio hijo: «Hace más de veinte años que murió mi padre y cada día veo su obra más presente, más clara, más asequible. Cada pieza del puzle de su trabajo se va colocando tranquilamente en su sitio. Hoy, que se rinden todos estos homenajes a su obra y a su persona, tengo el sentimiento profundo de que cien años para un pintor es como volverse adulto. Al cumplir su primer siglo me atrevería a decir que, sin duda, Vilató tiene un gran porvenir».

La exposición está teniendo un enorme éxito. (Museo Casa Natal de Picasso)

La exposición está teniendo un enorme éxito. (Museo Casa Natal de Picasso).

Imagen de portada: Roger Lacourière, Vilató, Paul Picasso, Pablo Picasso y André Castel (Arles, 1952). (Archivos J. Vilató, París/© Javier Vilató, Vegap, Madrid, 2021).

FUENTE RESPONSABLE: VANITATIS. Life & Style. Por Nasrin Zhiyan (Co-fundadora de Massumeh)

Sociedad y Cultura/España/Arte/Pintura/Homenaje/Javier Vilató

 

La capilla de Glew del Maestro Raúl Soldi.

El columnista y consultor de arte Carlos María Pinasco se sumerge en los detalles de la obra maestra de Raúl Soldi: la capilla de Glew que terminó de pintar hace 45 años.

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Hace cuarenta y cinco años Raúl Soldi (1905-1994) dio la pincelada final a lo que fue su capo lavoro y seguramente la obra más significativa de nuestra plástica. Con el “Nacimiento de Jesús” cierra un ciclo en el que a lo largo de 23 veranos la magia del artista convirtió una modesta capilla del conurbano bonaerense en el pueblo de Glew (hoy en el partido de Almirante Brown) en una catedral de belleza que merece ser admirada y disfrutada por todos.

Consagrada el mismo año del nacimiento de Raúl, 1905, a Santa Ana -madre de la Virgen María- la capilla modesta y luminosa mantenía sus paredes blancas cuando la vio el maestro por primera vez. Era el verano de 1953 y los Soldi -Raúl, su mujer Estela y sus hijos Diego (7) y Daniel (5)- habían alquilado una casita en las afueras del pueblo que por entonces era rural para descansar después de un año laborioso.

Soldi que en ese tiempo vivía básicamente de trabajos de escenografía traía una rigurosa formación pictórica adquirida en la Academia de Brera de Milán que incluyó el dominio de las más diversas técnicas, entre ellas la de la pintura “al fresco”. Traía además la vivencia europea en que los lugares sacros son verdaderos museos en los que distintas generaciones de artistas, muchas veces desde antes del Renacimiento fueron agregando obras hasta cubrir cada centímetro cuadrado disponible.

SOLDI VIVÍA BÁSICAMENTE DE TRABAJOS DE ESCENOGRAFÍA Y TRAÍA UNA RIGUROSA FORMACIÓN PICTÓRICA ADQUIRIDA EN MILÁN.

En las palabras del Maestro: “Las paredes eran todas blancas… fue verlas y decirme ¡caramba!, que lindo sería llenarlas de figuras”.

El párroco, un franciscano de origen checoslovaco se entusiasmó con la idea y gestionó en el Obispado de La Plata el permiso pertinente. Mientras Raúl Soldi hizo un ambicioso plan general, que implicaba cubrir de arte más de doscientos cincuenta metros cuadrados de paredes: los paneles laterales de 6.5 x 3.35 metros, el altar mayor 12.5 por 6 metros, el coro por sobre la puerta de entrada y algunos espacios más.

En la concepción del maestro el conjunto debía narrar la vida de Santa Ana ambientada no en Tierra Santa, sino en el mismísimo pueblo de Glew.

Encaró entonces “Los trabajos domésticos de Santa Ana” un fresco que le tomó tres meses donde un molino de viento, como los de nuestra pampa referencia la alteración geográfica. Su amigo Manuel Mujica Láinez escribió un elogioso artículo que difundió la iniciativa, generando amplio interés.

El verano siguiente Soldi vuelve a Glew y pinta “La reconciliación de San Joaquín y Santa Ana” episodio en el que la santa le comunica a su marido que se encuentra embarazada de la Virgen.

«NACIMIENTO DE JESÚS» (DETALLE), POR RAÚL SOLDI

Durante los meses estivales de 1955 encara “El nacimiento de María” donde Ana presenta su hija a sus amigas en una escenografía que refiere al entorno de la capilla.

Mientras sus inviernos lo encuentran cada vez más empeñado con obras importantes en Buenos Aires (la galería Santa Fe entre otras) verano tras verano Soldi retorna a Glew para la realización de los nuevos frescos.

“La infancia de María” es de la época en que el artista ya es Académico de Bellas Artes y en Witcomb presenta una retrospectiva de más de 100 obras.

Compromisos en el exterior, exposiciones en todo el país, escenografías para el Teatro Colón y distintas películas, ilustraciones para libros, etc. recortan sus añorados veraneos dedicados a su capo-lavoro. Habían pasado nueve años desde el inicio de conjunto (que originalmente concibió terminaría en solo tres veranos) y Soldi encara la obra del coro. Dedicada a Santa Cecilia, patrona de la música, este fresco le toma dos veranos. La santa toca el órgano rodeada de 16 coreutas en medio de un paisaje donde el entorno exterior de la capilla es fácilmente reconocible.

En 1964 pinta “La presentación en el templo” y luego “La glorificación de Santa Ana” en el altar mayor.

LA GLORIFICACIÓN DE SANTA ANA, POR RAÚL SOLDI

La notoriedad del maestro para ese tiempo ya es indiscutida. La Ciudad de Buenos Aires le encarga la realización de pintura de la cúpula del Teatro Colón y Glew queda cada vez más relegado. Es sin embargo una asignatura pendiente: un compromiso consigo mismo por el que nunca pidió nada. El anecdotario recuerda que, como toda paga, el párroco Jerónimo (el checo) le regalaba a la finalización de cada uno de los murales una gallina y una docena de huevos…

 Pasan los años pero Soldi vuelve…

En 1976, cuarenta y cinco años atrás y después de 23 veranos Soldi finaliza “El nacimiento de Jesús”, que al igual que en “Los esponsales de María y José” (pintada poco antes) cambia la técnica. Ambas obras son al óleo sobre lienzo y se encuentran adheridas a sendas paredes.

Queda así concluida la maravillosa obra, que nadie debiera dejar de admirar.

Imagen de portada: Gentileza de mdz on line

FUENTE RESPONSABLE: MDZ Online.Cultura.Maravillas para descubrir. Por Carlos María Pinasco, consultor de arte.

Sociedad y Cultura/Argentina/Arte/Pintura/El Nacimiento de Jesus/ Raul Soldi/ Homenaje 

ORIGEN, el fotolibro que nos habla del dilema de la identidad y las raíces culturales.

Los referentes a los que nos aferramos para saber de dónde venimos, quiénes somos, el camino que tomar para conocer nuestra propia identidad… estos son los dilemas que Sofía Suars, más conocida como Isdermis, traslada a su nuevo fotolibro y su pieza audiovisual.

isdermis origen sofia suars fotolibro portada

 ¿Qué es la identidad? ¿De qué se compone? ¿Qué nos hace ser lo que somos? 

Sofía Suars ha convivido con una nostalgia eterna desde que tiene conciencia, un sentimiento que nace de la falta de respuestas en sus caminos hacia la búsqueda de su propia identidad, un viaje que sospecha que terminará por hacerse eterno.

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Unas reflexiones que la artista multidisciplinaria ha volcado en ORIGEN, proyecto en el que lleva trabajando más de cuatro años y del que han nacido una pieza documental y un fotolibro. 

Mitad boliviana, mitad española, la vida de Sofía ha quedado definida por un carácter nómada desde el principio, en un recorrido donde sus puntos de reflexión han sido su relación con el cuerpo y la biculturalidad, dos espacios sobre los que se asienta su búsqueda de la identidad.

“Vivimos intentando encontrar el sentido a esa búsqueda de identidad, a la necesidad de formar parte de algo, pero puede que el único momento en el que sabemos quiénes somos es en la niñez. Apenas tenemos conciencia de estar viviendo, precisamente por eso, es lo más genuino. La forma humana más cercana a nuestro origen”.

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En la pieza audiovisual de ORIGEN, antesala del fotolibro homónimo, la autora pone en palabras sus dudas, temores e inquietudes sobre la identidad, preguntándose si en algún momento sabemos genuinamente quiénes somos sin estar condicionados por los problemas exteriores del mundo que nos rodea.

El vídeo, grabado y escrito en Bolivia, su país natal, es un viaje por caminos que se mueven entre el pasado y el presente, entre las fotografías de su infancia y su familia, una vida nómada a caballo entre Colombia y Barcelona. 

ORIGEN es una reflexión de Sofía sobre sus referentes culturales y visuales, lo que la mantiene enraizada y le da el sentimiento de identidad y pertenencia, todo lo que la define y la construye.

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Pero esos referentes están ocultos para ella, tal y como confiesa en la pieza, que funciona como una introspección a sus dudas internas y al origen de su nostalgia eterna por la ausencia de todo aquello que nos define por el camino y que es incapaz de identificar muchas veces.

ORIGEN, además, será el primer fotolibro de Sofía Suars, una obra con casi 200 páginas con imágenes y textos que ha ido recopilando desde 2018 y que se publicará el próximo 13 de diciembre.

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Publicado bajo su plataforma ISDERMIS, proyecto mediante el que habla de la diversidad de los cuerpos, el fotolibro es su trabajo más personal. ORIGEN muestra fotografías analógicas de 28 personas de más de 25 procedencias diferentes, protagonistas que trazan un mapa cultural conjunto que ha sido documentado entre Bolivia y Barcelona.

Hablamos con Sofía Suars sobre su nuevo proyecto, sus planes de futuro y, cómo no, la identidad.

CI: La nueva forma de ORIGEN será un fotolibro. ¿Qué relación visual tiene tu búsqueda de identidad con las imágenes que encontraremos en el libro?

Probablemente sea la visión integral de todos las experiencias a lo largo de mi vida. Es decir, hay pocas cosas que considero aisladas, para mí, casi todo está mucho más unido de lo que imaginamos, y como humanos que compartimos constantemente con otros humanos, al final todo está empapado de realidades que ni son nuestras.

La relación visual la van a aportar las personas que salen en el fotolibro. Son 28 cuerpos que me han acompañado en este tiempo de creación y que al haber formado parte de mis ojos, directamente forman ya parte de mi identidad. El fotolibro tiene una percepción más íntima que la pieza documental, pero esa ha sido siempre la intención, crear obras conectadas pero con formas cambiantes.

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CI: ORIGEN es un libro autoeditado, ¿qué implica trabajar de manera independiente?

Implica que cuando haces algo por primera vez, la mayor parte del tiempo no tienes ni idea de lo que estás haciendo. Si además le sumas que no cuentas con el apoyo de una plataforma profesional para dinamizar las cosas, son procesos que se alargan mucho. Eso sí, lo bueno de trabajar de manera independiente, es que todo sale como tú quieres exactamente. Cada coma, cada palabra, cada espacio entre imágenes. Cada prueba de impresión, de color, elección del papel, todo.

Estás presente en todas las etapas y esa es una sensación inexplicable. En concreto para crear el libro, en el trayecto me ha acompañado Silva, el diseñador gráfico del que he aprendido mucho a nivel de edición y maquetación.

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CI: ¿Desde el principio sabías que este proyecto iba a representarse bajo diferentes disciplinas creativas?

Sí, siempre proyecté imágenes a la par que palabras. Eso fue lo más complicado y lo que me parece un milagro que se haya podido plasmar. Al principio en mi cabeza hubo mucho caos hasta que pude crear el esqueleto del proyecto. Fue algo que guardé para mí mucho tiempo, pero identifiqué que habían aspectos para los que necesitaba a otras personas.

Digamos que estuve casi dos años avanzando sola, y ya en el tercer año, que ha sido este último año, ha sido cuando lo he compartido y trabajado con las personas que lo han hecho posible. Menos mal que así fue porque cada persona que ha aportado su creatividad a ORIGEN lo ha ido embelleciendo cada vez más…

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CI: Hablando del equipo, ¿cómo ha sido crear la pieza de video? ¿Qué personas hay implicadas?

El factor del aprendizaje ha sido la base para crearlo. Tengo a mi niña interior muy presente, lo que implica que a la cara de crear estoy dispuesta a descubrir y a ilusionarme por las aventuras. Para no perder el foco, es importante mantener esa pasión.

El formato lo he desarrollado junto a Gara. Ella ha estado dirigiendo la estructura y el montaje. Sus ideas y su forma de tratar las imágenes ha sido impecable, esta pieza no existirá sin su talento y sobre todo, sin su trabajo.

En paralelo, el diseño sonoro era algo que quería cuidar al máximo detalle, y para ello no había nadie mejor que Lucid Eyez. Con su visión envolvente de la música y del silencio, se han creado las texturas y las sensaciones que queríamos transmitir a lo largo de todo el video.

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CI: ¿Crees que las personas que ya hayan visto la pieza documental conectarán con el imaginario del fotolibro mejor? ¿Será este la última parada del proyecto ORIGEN?

El videoarte tiene una forma de impacto diferente, creo que se puede conectar de la misma manera con el libro, pero probablemente acompañe mejor al camino si se ve también. No es que haya una única manera de disfrutar de ORIGEN, me gustaría, de hecho, que no fuera lineal ni predeterminado. Cada parte existe de manera independiente y todas aportan. Generan reflexiones y sensaciones diferentes aunque estén unidas bajo una misma narrativa.

El fotolibro es una parada importante, una en la que puede que hayan personas que se tomen un buen tiempo para quedarse. ORIGEN no tiene principio ni final. Puede que haya próximas paradas, pero ninguna será como el libro. La única forma tangible, lo único que se podrá desvirtualizar y tocar con las manos.

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Sofía Suars / ISDERMIS: Instagram | Instagram

Imagen de portada: Gentileza de Cultura Inquieta

FUENTE RESPONSABLE: Cultura Inquieta. Diciembre 2021. Por María Toro.

Sociedad y Cultura/Sofía Suars/Fotolibro/Arte/Cuerpos/

Raices/ Fotografía  analógica.

La historia de Françoise Gilot: mucho más que «la única mujer que sobrevivió a Picasso».

Una muestra en Francia y otra en Hong Kong celebran la obra de Françoise Gilot, descollante pintora francesa, cada vez más valorada, que acaba de cumplir los 100 años. 

Hace unos meses, uno de sus cuadros se vendió por 1.3 millones de dólares, superando con creces las expectativas de Sotheby’s, casa de subastas que preveía sacar -a lo sumo- 200 mil billetes por Paloma à la Guitare. 

Un cuadro precioso, de 1965, en el que Françoise Gilot retrató a su hija tocando serenamente la guitarra en una atmósfera cargada de intensidad amén de vibrantes tonos azules, coronada por un toque exótico: una insólita corona de plumas. Hoy, esa misma hija -Paloma Picasso, famosa diseñadora, perfumista y actriz- confiesa que su mamá no estaba saltando en una pata por la guita “por la simple razón de que no es así como mide su autoestima”.

Mantenerse fiel a sí misma es lo que siempre ha interesado a Gilot, pintora prolífica (al menos 1.600 cuadros y 3.600 dibujos en papel), inclasificable (se ha movido con total libertad entre la figuración y la abstracción), ducha en tratar tópicos como la naturaleza, la mitología griega, las puertas, los ritmos de la danza, los amores… 

A veces con calidez -como en Intimacy, del ’56-; otras, haciendo gala de su aguda ironía -por ejemplo, Adam Forcing Eve to Eat an Apple, del ’46-.

Paloma à la Guitare

Con 100 años recién cumplidos, la vivaz Gilot es incapaz de soltar el pincel, a la par que permanece bastante indiferente a su tardía consagración, habiendo sido más conocida durante décadas como “musa de Pablo Picasso”, una nota al pie en la mitología del genio cubista, que por su propia producción artística. 

Una obra rica, plena de simbología, que estos últimos años ha recibido merecido reconocimiento. A punto tal que, por estos días, dos muestras en solitario ponen en valor sus pinturas y dibujos; una, en la sede de Christie’s de Hong Kong titulada Françoise Gilot: A Celebration; la otra, en Francia, en el Museo Estrine de Saint-Rémy-de-Provence, bautizada Les années Françaises.

Gilot

“El objetivo del arte no es agradar, es intentar encontrar la verdad sobre algo”, sostiene ella, que nació en Neuilly-sur-Seine, suburbio parisino, en 1921. 

Hija única, su padre Émile era un tipo pragmático, con buen ojo para los negocios, que amasó fortuna como agrónomo. Esperaba que Françoise se volcara a las ciencias, puntualmente a la Física, pero acordaron que estudiaría leyes. 

Y así lo hizo, por un tiempo, hasta que la Ocupación Alemana le dio la excusa perfecta para pausar definitivamente la cursada (vale mentar que por dejar flores en la Tumba del Soldado Desconocido fue señalada como agitadora política, vigilada de cerca por la cana). 

Decidió perseguir entonces su vocación temprana, la pintura, animados sus primeros trazos por su madre, Madeleine, que le había enseñado de pequeña cómo dominar las acuarelas y la tinta china. 

“Antes de adquirir conocimiento intelectual, ya tenía conocimiento intuitivo”, diría décadas más tarde sobre sus años mozos, cuando miraba con ojos nuevos las formas y los colores del mundo. 

Independiente y decidida, no le importó que su viejo le cortara los víveres cuando mudó de estudios. Se fue a vivir con su abuela, dio lecciones de equitación para bancarse, y pintó, pintó muchísimo.

My Mother and Myself, 1949

A los 21, ya estaba labrando un nombre en el mundillo de las artes. La noche que conoció a Picasso en el bistró Le Catalan, de hecho, ella festejaba una de sus primeras exposiciones. 

La escena, tantas veces contada, involucra un tazón de cerezas: tentadora fruta que el malagueño obsequió a la desconocida a modo de flirteo. 

Surtió el efecto pretendido: a los pocos días Gilot visitaba su atelier y, al cabo de unos años, convivían. Él, por cierto, era 40 años mayor. Pero según ella ha aclarado una y otra vez “había razones para admirarnos mutuamente”. 

Françoise siempre le ha rehuido a la imagen de cándida y sumisa muchachita que termina en la boca del lobo: era perfectamente consciente del carácter desmesurado de Picasso. “También es cierto -ha dicho- que la mayoría de los hombres que conocía estaban en la Resistencia, y yo ya quería romper ‘la barrera de la virginidad’”.

¿Le admiraba? Por supuesto, pero no más que a Matisse o Braque. 

En su bestseller Mi vida con Picasso, de 1964, define la relación como pasional e intelectual, pero no necesariamente sentimental. “Él podía ser muy cruel, sádico con los demás, también consigo mismo”, escribe, y comparte ciertas excentricidades del cubista: es supersticioso, tiene miedo de volar, ¡terror! de que le corten el pelo. 

Muchas de sus rabietas son infantiles. Cuando ella queda embarazada de Claude, su primer hijo, le dice que no vea a un médico porque puede ser “de mala suerte”; en cambio la manda a analizarse con Lacan. 

Hay sombras, sí, pero también algunas luces: haber sido testigo de las exploraciones de Pablo mientras vivían en Vallauris, por ejemplo, verlo probar una nueva técnica de litografía, crear esmaltes especiales para su cerámica, hacer esculturas con coches de juguete y chatarra…

Intimacy, 1956

Al cabo de 10 años, Gilot lo abandona, y se gana el mote con el que, a la fecha, siguen titulandose artículos sobre su vida: “La única mujer que sobrevivió a Picasso”. 

Un recurso remanido que le baja el precio a su obra, además de desenfocar el resto de su historia, bien movida. 

Cómo deja París para instalarse un tiempo en Londres, luego en Nueva York, con Claude y Paloma. Cómo trabaja los grabados al aguatinta. Su abordaje de la técnica del monotipo. 

Su trabajo como vestuarista. Ganar distinciones, exponer por el mundo. Su colección de poemas The Fugitive Eye. Sus viajes a Venecia, Senegal y la India, y las ilustraciones que esas travesías inspiran. 

Sus aguafuertes. Casarse no una sino dos veces (tener más hijos), la última con el virólogo Jonas Salk, inventor de la vacuna contra la poliomielitis, a quien le deja claro que solo acepta el matrimonio si conviven seis meses al año; fórmula que, por cierto, les sale pipa. 

Y siguen los hitos de una mujer inquieta, curiosa, de la que Paloma dice admirar “el sentido del humor, la sabiduría, la creatividad en todo lo que emprende”. Sobran los motivos.  

Imagen de portada: Gentileza de Página 12

FUENTE RESPONSABLE: Página 12. Cultura. Francoise Gilot. Por Guadalupe Trebel. Diciembre 2021

Sociedad y Cultura/Arte/Pintura/La musa de Picasso/Francoise Gilot