Atreverse y dejar de quejarse.

Cuanto terminará este tránsito entre esta locura
disparatada que invade amenazando la conciencia,
donde la verdad es desconocida y reemplazada
por discursos llenos de odio y de intereses cruzados,
hasta convertirnos en rebaño cautivo de grupos mediáticos
que nos confunden día tras día tal como fue desde el inicio
de los tiempos regalándonos contradicciones que solo
como el agua para sus molinos representan a sus propios
intereses cuyas intenciones se encuentran alejadas
de nosotros simple mortales con escaso buen entender,
dándole razón a lo que la ciencia su cómplice diciendo
que es solo un paradigma que como tantos caerá
en el olvido ante la aparición de otro el que seguramente
traerá al mundo mayor iniquidad social además de cero altruismo.


Por ahora, sabemos que tenemos noventa
mil pensamientos diarios que nos acechan,
desde aquellos racionales hasta los “otros”,
esos en lo que la mente nos los muestra como
fantasías o demonios descabellados de la razón.

Esos que no nos dejan en paz y nos persiguen
con tesón haciéndonos sentir cuán tan imperfectos
somos pero anteponiendo siempre nuestra inútil rebeldía
tan contradictoriamente humana para reconocerlo.

Hay un tiempo en que nos creemos el centro
del Universo pero es el ego de ese mismo tiempo,
que nos da un baño de realidad según pasan los años
dándonos tarde ya la oportunidad de conocernos
y de lo infinitamente estúpidos que hemos sido en la vida,
tal como somos haciéndonos que la conciencia
traiga consigo miserias humanas que arrastramos,
sin máscaras de ocasión ni eufemismos apropiados,
dejándonos desnudos y mostrando las imperfecciones
que pretendemos justificar por nuestro propio interés.

¿Cuál será el camino de la redención?
¿Tanto para el que eligió creer en Dios como para el ateo?
Si sabemos que un día partiremos dejemos de buscar
las fantasías de las experiencias cercanas a la muerte,
nos iremos tan solos como cuando nacimos será tiempo así
de poder sincerarnos hacia nuestro interior protegido
por siete llaves reconociendo nuestras propias miserias,
pensando en dejar una sola iniciativa carente de todo egoísmo
para que aunque, sea quien sea, alguien nos recuerde
como aquella persona que quiso alejarse del control
de los poderosos y pretendió iniciar un nuevo Génesis.

Tributo

Todo aquello que creo haber logrado
en esta vida mía tengo el deber de compartirlo,
con aquellos mayores que me enseñaron
sin demasiado rigor pero con mucho amor,
consintiéndome algo mas quizás por ser el menor
de cuatro y que llegó después de varios años,
en una época difícil en donde una boca más
dentro de un hogar humilde donde nada sobraba,
debe haber sido una decisión contradictoria
que confirmé luego con varios testimonios,
que supieron haber estado en tiempo y espacio
en aquel tiempo lejano en que mi vida alumbró.

Tan feliz he sido en esa infancia aun con carencias
reemplazadas con una febril imaginación austera,
con un papel o lápiz para dibujar o una tapita de gaseosa
a falta de pelota o cazar mariposas en aquellas mañanas
de verano en que un niño corría por el asfalto sin peligro,
en donde ver un automóvil por la calle era una sorpresa
ya que solo “los ricos” podían tener uno en esa sociedad
con códigos en que se respetaba con solo la palabra,
cuando hoy ni la mejor garantía siquiera puede ser fiable.

Todo aquello me enseñó a luchar por cada sueño
haciéndome fuerte en la adversidad y humilde en el éxito,
viviendo hacia adentro no para el afuera de las apariencias,
que en nada enriquecen a la persona y por el contrario resultan
un canto a la soberbia trepando a ese miserable ego suicida.

Fui, soy y seguiré siendo feliz hasta el último minuto de vida
llevándome con la última exhalación recuerdos en mi mochila,
que quedaran dentro de ella ya que ocupare un cuerpo sin memoria,
y serán esos recuerdos guardados en el infinito el flaco tributo
a mis amados padres que cada día acompañan mi agradecimiento.

Don Juan Siglo XXI…

El termómetro marca 33° a la sombra,
me encuentro caminando tranquilamente
junto a un variopinto de muchedumbre,
que fatigosa y ojos con barbijo recorre
buscando regalos que al presupuesto se ajuste.

Es que en tiempos de pandemia todo se ha desbocado,
gente sin trabajo, subsidios insuficientes, malhumor
por miles de negocios más empleos que se han perdido,
hacen un combo perfecto para una pre navidad de locos.

Pero la observo a ella con auriculares tarareando
la melodía como ignorando la muchedumbre a su lado,
moviendo suavemente su cuerpo balanceándose
como si fuera un péndulo tal sortija de calesitero,
esperando que algún niño travieso en sus brazos la tome.

No se porque siempre pasa lo mismo, reniego de mis años
pienso que como un Dorian Gray del siglo XXI mantengo,
propietario en mi de aquellos joviales eternos treinta años.

Se también que si me acerco hoy con el tema de género,
ella me puede hacer un escándalo y yo en evidencia
de ser un energúmeno de esos que hay pero no es mi caso.

Pero siempre quien desea conquistar tiene una estrategia,
la mía resulto tan simple como caminar detrás suyo
dejando caer una medalla para que el ruido del metal,
llegara a sus oídos y se detuviera provocando un tropiezo
necesario de mi parte demostrando que la gentileza
a pesar de todo -aún planeada- algunos la practicamos.

Cuando se detuvo no me pareció tan joven frente a frente,
pero si una bella y escultural mujer cercana a los cuarenta,
sonreímos al mismo tiempo me agache tomando la medalla,
-¿es tuya, le pregunté?- y ella ya conocedora de estrategias,
con cara de sorpresa me dijo -¿No…no se te cayó a vos?,
volvimos a reír, le ofrecí que podíamos tomar una mesa
de la confitería Fiamma que estaba a metros y beber algo.

Asintió suavemente con un leve movimiento de su cabeza,
“cazador cazado” pensé, y lo que siguió solo me lo confirmo
.

¡Sorpresa! Se acerca Nochebuena..

Veo solo desgano y malas caras
cuando paseo por las calles
de mi primaveral Buenos Aires,
que se ha engalanado de flores
en los jacarandás y ceibos
también en los macizos de los jardines
de cada casa dan ese esplendor
en que la naturaleza explota en colores.

Muchos se han ido a las playas
del Atlántico desesperados desde marzo
por no saber de sus casas de verano,
otros bestias en donde los otros no importan
organizan fiestas clandestinas por las redes,
mientras otros toman la explanada de la Ciudad “féliz”
Mar del Plata, para realizar una milonga,
resultado detenidos y más detenidos
con parva(1) de contravenciones y multas.

La inestabilidad emocional afecta la intelectual
de nosotros argentinos como en toda nuestra historia,
igual si contagiamos a alguien que se la banque (2)
no por el voy a perderme el disfrute de hacer lo que deseo.

Somos tan imbéciles como muchos que en este mundo
ponen la mejor cara de otario (3) como diciendo yo no fui,
fue aquel o aquella que me arrastró a esta tontería,
de lo contrario jamás lo habría hecho…yo siempre respeto
las disposiciones de las autoridades mientras se da vuelta,
lanzando una risita mordaz al que se encuentra detrás.

Si somos unos vivillos bárbaros, mientras el mundo se debate
con los rebrotes del Covid más la decisión de vacunarse o no,
nosotros ni siquiera nos permitimos pasar una Nochebuena
en Paz pensando que es una jornada espiritual con aislamiento
y no una batucada(4) para propios y extraños para disfrutar.

Vergüenza propia…vergüenza ajena.
¿Y dime en tu país observamos algo similar a lo que relato?

  1. Parva: Mucha cantidad. Muchas.
  2. Banque: Hacerse cargo.
  3. Otario: Boludo – gilipollas – tarado
  4. Batucada: Fiesta-bochinche-reunión ruidosa

Otrora cafetín de Buenos Aires

Recordé esas letras de tango
de aquel Cafetín de Buenos Aires,
con letras de Discepolín y música
del gran maestro Mariano Mores.

Pero ahora es un bar reciclado
en la esquina de Irigoyen y Loria,
el barrio del viejo Once refugio
de la numerosa colectividad judía.

En el sobre las aceras añosos plátanos
más que centenarios protegen del sol,
a los porteños cada día en su ir y venir
de la changa o del trabajo en este hoy,
tan confuso del que no sabemos el rostro
cercano a quien cruzamos cubierto con su barbijo.

Dos jóvenes adolescentes a no más de dos metros,
conversan y se ríen con esa frescura que solo
poseen los que aún poseen restos de lirismo.

Otros dos maduros, son opinólogos de la vida
ya maduros hablan de famosos e intercambian,
haciendo un contrapunto notable uno con el otro,
confesando intimidades de terceros de ellos, conocidos.

Tiene razón una amiga que tengo hace años,
los hombres se convierten en verdaderas “Doña Rosa”,
cuando a criticar se refiere, no tienen compasión alguna.

Respiró profundamente, miró al cielo límpido y celeste
sin nube alguna luego de la tormenta de anoche,
los tapabocas de mil colores no deja de darle
un aire de fiesta a este barrio de casi dos siglos.

Llamo al mesero que acá aun le decimos -“mozo”-
le pido un cortado en “jarrito” con mas café que leche,
que apuro tengo…si la mañana hay que vivirla lentamente
.

Tengo pareja…pero aun no habla.

Me acosté muy tarde, anoche
un día como esos que son tan exigentes,
que caí desmayado mas que dormido
y la cama parecía estar aguardando.

Como casi siempre los sueños
arribaron esta vez en la piel
de una bella y magnífica mujer,
que me hizo recordar a una de
las escritoras con quien hemos
compartido opiniones y saludos.

Me veía con ella sentados ambos
en una mesa de un parador,
frente el mar azulado verdoso
que arrastraba sus olas como lenguas
absorbiendo la arena que encontraban.

Tomados de la mano bajamos a la playa
nos descalzamos y caminamos por ella,
tomados de la mano haciéndonos mimos
esos que te pierden aunque te resistas.

Hasta que bajo una preciosa luna llena
reflejada en el mar extrañamente calmo,
nos abrazamos y besamos apasionadamente
pero sentí tan extraña su lengua en mi boca.


Abrí inconsciente de madrugada mis ojos,
solo encontré a mi mascota Daysi lamiéndome la cara

Ayuda por favor…solo un comentario…

Hola amigas y amigos, así como aquellos que no lo son. Hoy por haber recibido en mi celular, tengo una de esas dudas que se dicen “existenciales” y necesito ayuda de vuestra parte, por favor.

No me interesa que den un like, ME INTERESA MUCHO MAS VUESTRO COMENTARIO.

Transcribo textualmente; el mensaje que recibí hoy a la mañana y obviamente recircule con una introducción, que asimismo copio en el encabezado;

¡Hola! No se si es cierto o no, pero igual te lo envie. Todo es tan extraño, que hasta el Dr. Fauci, renombrado infectólogo que viene tratando el HIV, dice que las naciones deberían obligar a sus sociedades a continuar con las medidas preventivas, poniendo énfasis en el uso del tapabocas o barbijo. ¿Todo es muy raro, no? Hasta luego.

QUÉDATE EN CASA

Hace dos mil años , los árabes descubrieron que, obligar a las personas a cubrir la nariz o la boca, quitaba la personalidad y despersonaliza, ayudando a hacerlos más sumisos/as. 

Con eso impusieron a toda mujer  el uso obligatorio de un velo sobre el rostro.

Luego, el Islam convirtió eso en un símbolo de sumisión de la mujer a Alá, después al Rey, y por último al dueño del Harem.

La psicología moderna explica eso:    

sin un rostro no existimos como seres independientes y por consecuencia, como personas libre;

China hizo lo mismo con su pueblo en las últimas décadas;  y como en el colegio no nos enseñaron la verdadera historia, estamos condenados a repetirla.

QUÉDATE EN CASA:

Que nosotros te dejaremos sin trabajo,  para transformarte en dependiente del Estado.

QUÉDATE EN CASA:

Que nosotros decidiremos, cuando y como podrás salir, aunque no tengas dinero para hacer compras.

QUÉDATE EN CASA: 

Aunque le queden pocos años de vida a tus padres y ellos no vean a sus nietos por la duda de que se van a contagiar.

QUÉDATE EN CASA: 

Aun así , debes continuar pagando tus impuestos, aunque no estés trabajando.

QUÉDATE EN CASA:

Y te distraes con cosas banales y vives confundido con cosas absurdas, y no veas lo que realmente estamos haciendo con tus derechos.

QUÉDATE EN CASA:

Porque si sales fuera de tu casa,  corres el riesgo  de morir por una gripe que tiene un 2% de mortalidad.

QUÉDATE EN CASA:

Así podremos estudiar tu comportamiento, para poder controlarte mejor con nuestros satélites y sus dispositivos conectados.

QUÉDATE EN CASA:

Que te dejaremos una lista de entretenimiento virtual para que no cuestiones la “nueva normalidad”.

QUÉDATE EN CASA:

Y cuidado con lo que haces porque tus vecinos también actuarán como nuestra policía.

QUÉDATE EN CASA:

No te expongas a la luz solar ni a las bacterias, así destruiremos tu sistema inmunológico.

QUÉDATE EN CASA:

Así sacamos el dinero de circulación, creamos una sola moneda y preparamos el camino para la vacuna y fabricamos  una nueva especie.

QUÉDATE EN CASA:

Así  podemos continuar con nuestra agenda mundial, haciendo los cambios que queremos sin que te des cuenta, sin interferencias y sin protestas. 

QUÉDATE EN CASA:

Te alejas de todo lo que te hace humano  más, así  nuestra acción  será más sutil, con el tiempo lentamente lo encontrarás normal;  no te darás cuenta  y no habrá culpables.

QUÉDATE EN CASA:

No luches por tus derechos como ciudadano ni por tu familia, te queremos dócil, no un rebelde.

QUÉDATE EN CASA:

Sin libertad, sin trabajo, sin escuela, sin religión, sin viajes, sin capacidad de discernir, sin futuro, sin humanidad, pero con Tik-Tok y Netflix.

QUÉDATE EN CASA:

Por mientras gestamos o preparamos una dictadura generalizada gracias a tu ignorancia, credulidad y tolerancia.

QUÉDATE EN CASA:

Hasta que te deshumanizan por completo y pierdas la empatía por tu gente, creando una división o ruptura imposible de remediar.  

POR EL RESTO DE TU VIDA

Entiende, no te quiere sano…. te quieren esclavo!!!

ACUÉRDATE 

Todo esto tiene cura. SOLO DEPENDE DE NOSOTROS.

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Mi abuela…la que no conocí.

Continuar escribiendo

Mi padre era de hablar poco conmigo
además de que fui el último de cuatro,
imagino que ya eran demasiadas bocas
para alimentar con su único sueldo en la casa,
lo que lo obligaba a tener dos o tres más
trabajos y a la vez por ello estaba ausente,
prefería conversar con mis hermanas
siempre supe que tenía una empatía,
una cortesía distinta a todas, con las mujeres.

Ya adolescente, cuando la enfermedad le llegó
en mi el enojo fue enorme debo decir que mi padre no se construía
con cuarenta como yo por más aggiornado que me pusiera,
era un hombre ejemplar siempre pensando en los suyos
pero arriba de la pirámide, mi madre, luego mis hermanas,

Fue en esa ocasión que me atreví a preguntarle
porque razón su trato era distinto con las mujeres,
me dirigió su mirada transparente y solo dijo
-por mi madre, que tanto sufrió al lado de mi padre-

Sabía y veía además que su relación con mi abuelo
no era siempre de las mejores porque el pasado,
deja marcas mas cuando sos un niño o adolescente
viendo como me dijo -maltrataban a su madre-

Y siguió…y no paro de hablar, era como si descargara
todo el dolor guardado por años para aliviar su pena,
-Tu abuela, mi madre Monona era una santa y mi padre
le gustaba beber más de la cuenta y le dio una mala vida-

Tal es así continuó -que nos tuvimos que ir de la casa
como a escondidas hacia la casa de la tía Valentina-
Ahh…le respondí, me imagino que allí estuvieron mejor,
me volvió a mirar ya con sus pupilas embebidas en lágrimas-

-No te creas, mi madre tuvo que pagarles a las hermanas
por nuestra manutención y educación, así que era
una versión distinta a la de ese cuento que conoces -Cenicienta-

A los años volvieron porque el abuelo “Pancho”
les prometió cambiar, además mi padre y su hermano
ya eran jóvenes con manos para trabajar y al “viejo Pancho”,
se que eso no le había agradado jamás en su vida.

Así conocí la historia de mi abuela “Monona” que casi no
conocí solo cuando la vi de niño en un rincón del comedor
hablando consigo misma afectada por una demencia senil

“Una historia de amor”

Me detuve, no podía evitarlo
quedamos enfrentados cara a cara,
quería evitar que me contara una
de las tantas historias que tenía
guardadas en su mente como reliquias
de un pasado para mi, tan lejano.

Fue así pero esta vez una historia
no de aquellas orilleras como las de Borges,
era una de amor entre diferentes culturas
por etnias y religiones de un tiempo
en que mezclarse era una profanación.

El rubio de ojos grises de ascendencia italiana,
ella cabello renegrido con mirada penetrante
con dos ojos almendrados que derretía
hasta las piedras de ascendencia libanesa.

Católico no practicante él, musulmana ella
un amor imposible en donde cada una
de las hermanas de ella fueron entregadas
muy jóvenes a paisanos mayores a cambio
como se decía en aquel tiempo de solvencia.


Pero ella rebelde y enamorada del muchacho
de mirada buena y trato más que amable,
se fue con él contra todas los códigos establecidos,
a ella le negaron la entrada a la casa materna
por tres largos años ya había parido un hijo,
la historia de ese gran amor fue editada
en la famosa y circulante “Caras y Caretas”,
y lo más notable del fin de esa historia
es que el se convirtió en el yerno más querido
por esa madre que cerró la puerta de su casa
a su propia hija pero que fue oportuna al dejarla
sutilmente sin que nadie supiera, entreabierta.

Aquel tiempo en que me descubrí…

A veces sucede que se presentan situaciones sorpresivas, que te traen recuerdos de la prehistoria de tu vida.


No soy de ver o engancharse en programas periodísticos; porque su evidente color amarillento, es lo que los pone en clara oposición a la verdad, aunque esta no sea objetiva. Responden a intereses, de uno y otro tiroteo de sectores políticos o bien de los propios sponsor que en pautas de publicidad, a veces resultan llamativamente gene-rosos, ya que pretendiendo que una noticia sea sutilmente convincente para un público en especial, que ciego se come “sapos” de todo color, quizás por lo que fue vida dentro de su contexto familiar en cuanto “a favor de o en contra de que partido político” ; o bien la militancia en la secundaria o en la universidad, al ser carne fresca para reclutar; y entre otros casos porque no, es como un panqueque que apoya cuando solo supone que le conviene, porque bien en la sede barrial del partido político le tiran una moneda o lo acomodan, si llegaran a ganar por el voto popular en un puesto público en planta transitoria.


Por la sencilla razón que en mi país, todos saben que el gasto público, viene hace déca-das incrementándose exponencialmente por las transas de los políticos con los punteros de las poblaciones de más escasos recursos o hasta los barras bravas (fanáticos afiliados a clubes de fútbol) que actúan en forma frecuente como fuerzas de choque en manifes-taciones masivas o se infiltran como espías funcionales, además de que en forma fre-cuente, asociados a algunos corruptos dirigentes del fútbol, se encargan no solo de la reventa de entradas sino que también realizan el marketing y venta de souvenirs para los simpatizantes. Si debemos hablar de “los pesados” en Argentina, deberíamos confec-cionar un ranking que seguramente superará toda expectativa.


Como siempre, mi neurona – sí; no se sorprendan- solo tengo una – y me lleva adonde ella quiere y me saca del tema neurálgico que pretendía desarrollar en el día de hoy.


Eso es lo que pasa con nuestra mente. Es muy pícara. Cuando deseamos concentrarnos, nos viene a molestar con cosas del pasado o deseos del futuro, y así no nos permite desarrollar aquello que teníamos previsto.


Pero ¡zas! Ahora recuerdo, que días pasados al pasar frente a la TV, vi que le estaban ha-ciendo un reportaje a un actor argentino, que había estado enfrentando los incendios forestales -en su mayoría, intencionales-, para salvar las unidades de su complejo turís-tico que se compone de cuatro cabañas, en el Valle de Punilla,, en nuestra Provincia de Córdoba, que se caracteriza por sus bellas serranías y un excelente clima seco.


Pero la sequía de meses, hacía que el fuego se acercara por el fuerte viento, en distintas direcciones y se propagaran los focos de incendios. Justamente su complejo, estaba en una hermosa localidad llamada Villa Giardino.


Ahí; como en “Volver al pasado” me retrotrajo décadas atrás cuando visitaba el pueblo 5 o 6 veces al año.


¿Razones? Mi primera mujer, tenía a sus padres allí y ella había nacido en el pueblo an-terior, yendo hacia las sierras grandes que se llama aún hoy, Huerta Grande.
Estaba cerca de cumplir 21 años, ella tenía 24. Como todo adolescente en mi caso a ser libre desde los trece años e incursionar en grupos musicales o de teatro, creí como un imbécil que ya estaba maduro como para casarme. Una locura; contra la que nada pu-dieron hacer mis más estrechos amigos y hasta mi mismísima madre a la que amaba muchísimo, aún hoy luego de que se fuera de vacaciones hace más de dieciocho años.


Pero solo voy a traer de la memoria, ya que me lo está pidiendo insistentemente que relate porque me enamore de aquel pueblo.


Es que descubrí en mí una cantidad insospechada de emociones y sentimientos, que seguramente en el asfalto de Buenos Aires, jamás me hubiera sucedido.


En primer lugar; su gente. A su ritmo y sin apuro. ¿Que no trabajaban? Si, claro que lo hacían, pero a su manera. Nada de ser estructurado y pretender no dormir una breve siesta a la tarde. El mate convoca no solo a la familia, también a aquellos vecinos que se iban convirtiendo en familia, rodeados en círculo frente a unos leños encendidos al cen-tro, con dos porongos (un tipo de mate hecho de un zapallo de calabaza) del que en una vuelta, podían tomar la infusión 3 o 4 personas, dado su tamaño). Los cordobeses para el humor, como la mayoría de nuestros hermanos de cada provincia, tienen una chispa tan especial, que si el primero y el segundo fueron tan buenos como para desencajar el maxilar, ya uno se reía a repetición con los que venían después. Mujeres y hombres, en donde nadie se subía a su ego y estamos todos hermanos, compartiendo madrugadas inolvidables.


Fue también mi verdadera cercanía con la naturaleza, con mis suegros llevándome bajo a los pinares, para buscar aquellos champiñones realmente comestibles y saber diferen-ciar a estos de los otros, que pueden lograr que partas antes de tiempo.
Por otro lado, descubrir las hierbas aromáticas (que utilizan los mismos laboratorios para sus medicamentos) como la peregrina, la carqueja o el té de burro, entre otros.
Ir con mi suegro a la vera de un arroyo, donde el “me gastaba” por ser un tipo de ciu-dad, que aún no había aprendido a disfrutar.

Y la verdad, que con el tiempo comprendí que tenía razón. Llegábamos con un “chivito  mamón” -6 o 7 kilogramos- y no se, como hacia el “viejo” Montoya para prender el fuego con unas ramitas, y así lo iba asando despacito, cosa que cuando llegaran las mujeres con las ensaladeras y aquello que faltaba, nos sentamos a almorzar a pleno estilo cam-po, comiendo las costillitas de las que de esa exquisita carne, se deshacían en la boca. Una exquisitez, que repetimos varias veces cuando los visitamos.


Ahí pude sentir las caricias que uno recibía, como un mimo al corazón. Mis suegros, eran muy buena gente y mi mujer, su única hija. No se si sería eso, pero mi suegra, Doña Rosa siempre me esperaba con uno de sus exquisitos platos; pollo o vizcacha en escabe-che, ensaladas que contenían verduras y tomates propios de quintas de los alrededores. Es infaltable antes de almorzar, algún copetín con salami de Colonia Caroya -uno de los mejores lugares en que los producen- junto con unos triángulos de queso de cabra.


Creo que mis contracturas; se debían en aquel entonces a tanta armonía y paz por dejar-me llevar cuando me encontraba allí, todo lo contrario a la vorágine de Buenos Aires, eran emociones y sentidos imposibles de vivir.
Si alguien no conocía a nadie, eso no era motivo para evitar saludarlo coloquialmente, como una muestra de amabilidad y respeto.
En los últimos meses del año, se festejaba el día de la Virgen de Nuestra Señora de la Merced -Patrona del lugar, desde hacia 300 años- que se encuentra alejada del pueblo y en una gruta, a la que uno debe subir para llegar a la cima y ver su imagen (detrás de una reja de protección) para realizar las oraciones o llevarle su agradecimiento.


En la base del cerro, un antiquísimo cementerio del pueblo en el que quedaron las pri-meras osamentas de pobladores de la Villa. Justo enfrente de ese lugar, es que había algo así como un almacén de Ramos generales, se congregaba todo el pueblo para feste-jar el día de la Virgen. ¿Que se hacía…?algo que por primera vez comí y luego cada año, fue rutina. Asado con cuero en horno de barro.
Uno solo debía llevar un pequeño cuchillo filoso, le daban la porción en un papel de es-traza (papel blanco) y la habilidad era comerlo utilizando solo el cuchillo, con el que me hice un experto recién a la tercera vez. Beber; bebíamos lo mismo que en la casa de mis suegros, un vino en damajuana de nombre Galán, cuyo sabor dulzón hacia que muchas veces me pasara de vueltas y tuvieran que ayudarme a volver.


Un camino asfaltado en su mayoría, de aproximadamente 5 kilómetros llevaba al pue-blo, increíble las centenas de lucecitas que las pequeñas luciérnagas producían para deleite de los niños y los no tan niños. Bravos eran murciélagos -en aquella época, yo fumaba- y no hubo una sola vez que con el cigarrillo entre los labios, no me sobre-volara ese maldito bicho.


Mi conexión con la naturaleza fue como recibir un aire tan puro, que renovaba cada célula de mi cuerpo.
Al principio me costó, yo estaba muy urbanizado. Me costó, pero me encontré con mi onda.
Me busqué, me di el tiempo. Adquirí el temple de la espera y eso también, me lo dio ese lugar.

La naturaleza me bajo el ego, me hizo agachar la cabeza, me hizo vivir el presente de cada día. Todas mis experiencias de esos cinco años -lo que, aquel matrimonio  duró-  fueron muy sanadoras, porque para mi fue todo un proceso el encuentro con la natura-leza viva. Empecé a ser parte y a entender.

Deje de decir “quiero tal cosa” y empecé a ir en armonía con lo que era. En el monte hacía calor, salíamos. Y cuando hacía frío, nos quedamos.Era así, la naturaleza era así y me templó mucho. Mi voluntad la tuve que ubicar por debajo de la voluntad de la naturaleza del clima.

Allí pude dejar de ver “el tiempo como tiempo” y pude verlo en el preciso momento en que ocurría. Me dio la posibilidad de ver las cosas, relajado. Por eso, lo recuerdo siem-pre y me digo a mi mismo “Nos tenemos que permitir disfrutar las cosas y hasta de los errores”.


Otra cosa, que me permitió cuando íbamos por un tiempo prolongado, es que se me abrió la posibilidad de practicar la mirada compasiva y sobre todo, conmigo mismo.
Cuando solté la idea, de que mi mente tenía
que controlarlo todo, como tenía que ser y lo deje ser, fue como aceptar eso, como soltando las cosas y verme quién era en reali-dad.

Las ideas mentales que en aquella época tenía planteadas, me hacían creer que lo que hacía, estaba destinado al fracaso. Pero luego no pasaba nada, de lo que tendría que haber pasado.
Observando la naturaleza, lo pude ver constantemente. Conectarse con la naturaleza es gastar menos energía y todo empieza a necesitar menos esfuerzo. La meditación, hoy que la practico, es lo que me hace todo más fácil,