Interrogantes sin respuestas…

Párpados casi cerrados
pupilas enrojecidas,
descanso inhóspito
de otra noche endemoniada.

Sueños que golpearon
como un martillo,
estallido de sienes
que al levantarme,
me ponen mas lento
en cada paso,
mucho mas que ayer.

Hartazgo que no cesa,
consulta sin retorno
ni diagnostico cierto,
que me ayude a andar
como antes, como siempre.

Ávido busco razones,
abanico de decenas
de causas posibles,
pero ninguna certera.

Aislamiento?
El no a la vida?
Inconsciente rebelde
que gambetea a la consciencia,
dejándola en ridículo
ante un solo espectador, yo.

Cuantos misterios,
que poco sabemos
de nuestra propia mente.
..

No se si estaré

No sé si
estaré mañana,
pero no renegare
en forma alguna,
de toda aquellas alegrías
que me acompañaron
día tras día.

Tampoco de las tristezas
que me fortalecieron
desde la adversidad,
a enseñarme que nada
es para siempre,
ayudándome a ponerme
de pie y andar nuevamente.

Seré igual de feliz
al llevarte en mi alma,
como lo más maravilloso
que sucedió conmoviendo
mi alma y cuerpo,
en aquel lejano momento
cuando nos descubrimos.

Por eso aguardo
en paz y con plenitud
cuando suceda,
sin temer porque se
que la vida me ha sido generosa.

Añoro

No es nostalgia, es añoranza
de aquellos días de la infancia.
De una pelota de goma rebotando
y una decena de niños jugando
en la calle desierta, donde un carro
era cosa novedosa y chapa de lujo.

Donde las paredes del frente
de las casas del vecindario,
eran nuestro Messi de aquel tiempo
haciéndonos un pase milimétrico,
para gritar ese gol estremecedor
que nos hacía abrazar con el Polaco,
el “ruso” Sue o el “gallego” Paco.

¿Pandemia? ¡Qué va!
Si el cartón de vacunas obligatorias
lo tenías con todos los sellos,
y el tiempo ayudaba, en cualquiera
estación del año se tratara,
teníamos esa voracidad de salir,
de jugar, ser felices con tan poco.

Pasaron décadas de aquel tiempo,
en toda disciplina hemos avanzado.
Pero ese avance, al que no me opongo
nos quitó aquellas cosas de otra época
dirán algunos, que eran tan auténticas.

Minuto a minuto…

Nos dimos un beso con dos
de mis tres hijos, previo pasarnos
el alcohol en gel en nuestras manos,
una vez que almorzamos juntos
como habitué que siempre somos
en el Boliche de Darío, degustando 
sus exquisitas carnes y todo aquello 
que le da un sabor bien argento,
a nuestras papilas gustativas.

¿Cuándo podrá ser nuestro próximo encuentro?
Recién me entero. Ya no lo sé, con seguridad.
Acabo de llegar al departamento, prendí la TV
“la noticia del día luego de la reunión
del Gobierno con sus ministros y expertos”
puede llegar a ser prohibir la circulación
de personas, por un tiempo de quince días.

Me vuelve a la mente, poblaciones de Italia
que se comunican desde balcón a balcón,
o la Plaza Mayor de Madrid desierta y quienes
son indagados para que expliquen las razones
de estar caminando por ella, incumpliendo
una de las tantas normas fijadas por el Gobierno.

Aquí en el Cono Sur el otoño comienza el 21,
hasta ahora las temperaturas han sido
más que cálidas, alentando la aparición del Dengue.
No quiero imaginarme, si esta nueva pandemia
comienza a agravarse, obligando una firme custodia
ya vista la experiencia desde China a Europa.

Es estar atento, prevenir en lo individual
que ayuda a lo colectivo, con la consigna
clara y concreta de no entrar en pánico.

Siempre conmigo…

Sé que estas aquí, donde has vivido
los últimos años de tu existencia,
percibo como una brisa sobre mi frente
cuando me acuesto cada noche,
como si fuera un beso, seguido
de “un hasta mañana”…

Recuerdo años atrás, cuando del trabajo
pasaba por aquí y estabas en la cocina,
cavilando con tus recuerdos a cuesta.

O bien en los mismos sillones de jardín
que algún día te regale, cuando aun
habitabas tu casa de toda tu vida.

Tu sonrisa al recibirme, al llegar
con esas visitas fugaces que te hacia
camino a mi último destino, mi hogar.

Siempre tenías algo en el refrigerador
que tus manos sabias habían preparado,
para invitarme a compartir y disfrutar
o bien tomarnos juntos unos mates, 
esa infusión bien argentina y uruguaya,
por igual. 

Conversábamos largo…y a veces no tanto…
es esas veces las que lamento…
como desearía bajarte de ese pedacito de cielo,
que ocupas desde hace tiempo, madre mía…

Deseo conocerte, Portugal

Próximo destino, Portugal de mis amores
tierra que según los que entienden,
se hizo famosa por el bacalao y las sardinas
a la parrilla, como platos nacionales.

Destino en el que aún no estuve,
y casi siempre le pase por el costado ibérico.

Me dicen los amigos, estas enloqueciendo
ahora con el coronavirus en Europa, ciego!

Y yo les contesto, me acompaña mi Dios
que a todos lados llevo y es el único, en quien confió.

Paseare por las calles empinadas de las colinas 
de Lisboa y será mi bastón aventurero, que sostendrá
mi andar por sus bellas calles y mirando al Tajo,
para recorrer luego sus iconos emblemáticos,
mezclarme con su gente en esos típicos bares
en donde con una buena copa de vino,
la cordialidad que es bienvenida, de amigos en breve
te haces, como si los conocieras desde siempre.

Visitare desde Cascáis a Estoril, para luego
marchar a Porto, al norte en el distrito medieval
de la Ribeira, sus calles angostas de adoquines
como los que pocos quedaron en mi San Telmo,
de mi misteriosa ciudad de Buenos Aires
allá en los tiempos de la vieja aldea con el Fuerte
mirando a las orillas del Rio de la Plata.

Vila Nova de Gaia, más la librería Lello e Irmao
que me encantara visitar, como quien ingresa
a un lugar histórico y también encantado.

Ya habrá tiempo para andar por el Valle del Duero
y más aún para conocer la Iglesia de Fátima,
que en una de esas cruzo la frontera
y junto a mi Dios, visitaremos la Catedral de Santiago

Despedida

Has dado el portazo, no me sorprendió
me lees y sabes que mi verdad sale sin filtro,
cuando escribo en forma autorreferencial
alejado de esas ficciones que suelo soñar.

He respetado tu decisión, con tristeza
quizás el tiempo y la distancia produzca
algún reencuentro para esclarecer las dudas
que dices tener, de aquello que te lastima.

He quedado sin victimizarme, sorprendido
pero sé que no se puede, cuando uno de los dos
no desea y habla del verbo querer en pasado.

No guardo rencor, como nunca lo he guardado
al contrario, guardare en mi corazón los momentos
armoniosos y adorables que hemos compartido.

Pediré en mis diálogos con mi Dios,
en forma ferviente que seas feliz
y encuentres a aquel, que te haga sentir plena.

Me disculpo, por no haberlo logrado.

Mi personal forma de creer en Dios

¿Quién puede decir, que está libre de pecado?
Aun el más impoluto representante religioso
cualquiera sea, guarda en su interior
todo aquello que enojaría al guardián de su credo.

Recuerdo de niño, en la escuela primaria
que un buen compañero de apellido Rojas
me pregunto ¿Tú vas a la Iglesia La Candelaria?
a mi respuesta “no”, le siguió
-ah…entonces tú eres ateo- 
Como explicarle que no necesitaba ir a ese lugar
que para mí nada representaba, 
ya que Dios me acompaña
desde siempre, aun sin conocerlo. 
Pero seguramente no me hubiera entendido.


Y aquí está la constante duda que vive junto a mí.
Dios, Jehová, Buda, Ala, Confucio y tantos otros
son figuras celestiales y amadas por sus fieles
por sus virtudes, también porque se han hecho
cargo de los males de toda la humanidad
enseñando desde el sendero del amor y la misericordia.

¿Entonces, cual es el motivo por el cual un hombre
con sus pecados a cuesta, se arroga el derecho
de hablar en su nombre, cuando al hacerlo
está ofendiendo a los fieles y a la misma Deidad?

El contrasentido de uno de los temas más polémicos
como es la religión, me ha llevado como personal opinión
a hablar con “mi Dios” cada día, al salir de mi hogar
sin necesidad de intermediario alguno 
y sin visitar la casa de “su Dios”. 
Porque ambos, son el mismo. Pero con una diferencia.
El mío no está contaminado por los pecados del hombre.

Crecer…amando la vida.

Siendo muy niño creía que los otros,
eran solo mi círculo familiar,
mis padres, mi hermano y mis hermanas
eran eso, a lo que yo llama familia chica.

Los otros, parientes de ambas ramas
eran circunstanciales, solo de paso
de vez en cuando, por nuestras vidas.

Pero al crecer, la creencia
cambia en su dimensión y amplia
su horizonte, al igual que los afectos,
el tío preferido, primos con los que crecí
y juntos llegamos a la adolescencia,
viviendo esa grata explosión hormonal.

Hoy cada tanto, por no decir casi nunca
nos volvemos a reunir, soñando aquello
que nos hace más jóvenes y nos provee
esa creencia que seremos eternos
más allá de la finitud de esta bella vida.

Infancia sin imaginación…

Sin nada, he sido tan feliz
en esa infancia que ha quedado
ya tan lejos, pero que aún su recuerdo
es para mi, una vacuna permanente de optimismo.

Jugar con los amigos, vecinos de las casas
cercanas a la mía, en las calles desiertas
imaginándonos y con tiza blanca
trazando las pistas, donde nuestros autos
de plástico rellenos de masilla,
para lograr su mejor adherencia al asfalto
y llegar primero a la meta de llegada.

O aquellos juegos de bolitas,
en donde la “lechera” era la de más valor
y cada uno la dejaba, en posición más difícil,
para que el competidor no se la llevara.

Jugando con la pelota de goma, “la pulpo”
que comprábamos con las monedas
que juntábamos todos, una a una,
e íbamos adonde “el kiosco del gallego”
para que nos diera la que más rebotaba,
ya que usábamos las paredes de las casas
como un compañero de juego, que nos la pasaba.

Hoy cuando los veo 
con la play station; las tablets
y hasta las animaciones 
en celulares para que los bebes,
coman su alimento día a día.
Desearía preguntarle a cada joven
que ilusiones le acompañan…