Quiero mi pedazo de cielo…

Han regresado recuerdos de niño
cuando alguien llamaba en el pórtico,
apresurada entrada que traía murmullos
que ocasionaban llanto o una onomatopeya.

Me extrañaban las razones
por las que me alejaran,
de esos diálogos mínimos
como si fueran rezos hacia dentro
que eran casi inaudibles a mis oídos.

Hasta que un día, un poco mayor
supe que esas noticias, traían consigo
la lamentable noticia de una muerte
de un ser querido o alguien cercano.

Cuando la primera vez y otras pregunte
sobre el destino de quien no vería más,
las respuesta que me daban fueron solo dos
“se fue al cielo” o “partió para encontrarse
con quienes había amado” indicándome
que el destino era el mismo, ese pedazo de cielo
invisible a los ojos de cualquier mortal.

De la misma manera, que nos sorprendimos
cuando el hombre poso uno de sus pies en la Luna,
también sentimos que el romanticismo que la acompañaba
de ahí en más, quedaría solo en el imaginario popular. 

Pero no he desistido en pensar en la existencia
y encontrar ese cielo invisible a nuestros ojos,
al que imagino como una bruma azulina
atravesada por haces de brillantes luces,
detrás de ellas, elevándose un gran pórtico 
como aquellos que solemos ver en imágenes
celestiales y alejadas de la realidad de este mundo.

He sido tan terco en toda mi vida
en cuanto a lo que estoy narrando,
que desearía que Dios o el Universo
me regale solo cinco minutos de esta vida,
para poder ingresar y ver del otro lado
del pórtico, ese lugar que desde niño 
considere sagrado y del que nunca negué
su existencia con la sublime esperanza,
de que al entrar una ronda maravillosa
formada por mis padres y hermanos,
mas tanta gente amada que se ha ido,
me reciba con esa algarabía del reencuentro
fundiéndonos en esos abrazos celestiales 
que me darán la paz que necesita hoy, mi alma.

Adiós hermana, nos vemos en la próxima vida…espérame.

Escuche el celular vibrando en sueños, 
una y otra vez, encendí la luz, 
busque aun dormido mis gafas 
tomándolas con mis manos,
al ver la hora de madrugada 
leer quien me llamaba, 
era una obviedad que nada 
bueno podría haber sucedido.

Hola…-Tío, mi sobrino Germán
diciéndome “la mamá se fue con Dios.
No habían pasado doce horas
que habíamos estado junto a ella,
cuando fui el último en acariciarla
susurrándole de que no cesara de luchar
que como tantas veces en su vida,
por el milagro que su fe reclamaba
no dejara de saltar un nuevo obstáculo,
como otros cruentos momentos superados.

Vino a mí una sensación de profundo enojo,
fue solo un instante, respondí adormecido
“nos encontramos en el Hospital en veinte”,
no se cómo en cinco ya estaba en la calle
mi mente solo juzgaba porque casi siempre,
los inocentes, son los que primero parten.

Subí al auto, pandemia en curso
transito más que fluido,
llegue al hospital y un abrazo partido
le di a cada uno de mis sobrinos.

Al ingresar, nos detuvieron
y al preguntarnos las razones,
solo al mencionar un deceso por COVID
nos dejaron entrar de a dos
a terapia donde nos anunciamos,
la espera fue un martirio
de ansiedad y llanto contenido,
debimos cumplir con los protocolos
recién allí y solo de a uno a la vez
ingresamos al box, en donde ella yacía.

Ingreso su hijo menor, Maxi
no demoro mucho en salir
porque su dolor ya lo laceraba
desde hace largos y traumáticos días. 

Entre, me acerque a mi hermana
a ese cuerpo inerte que no parecía ella,
su rostro era de sufrimiento extremo
los labios cortados por el entuba-miento,
unas vendas fuertemente ajustadas
alrededor de su cabeza, presionando
sus maxilares para mantener cerrada su boca.

Ella, en horas envejeció diez años
no importaba ya explicación alguna,
se había ido dejándonos el dolor a procesar
cada uno a su manera, hiriente como
se supone de toda muerte injusta.

Para las noticias, será un número
dentro de la cantidad de muertos,
para sus hijos comenzar a transitar
los recuerdos y el duelo tan temido.

Para mí, lo mismo mas cargar la frustración
de que el milagro no pudo ser posible.

Solo le pido a quien lo determino
que ahora adonde su alma vaya,
haga posible el reencuentro
con quienes le darán descanso eterno.

Solo aguardo un milagro.

Tras las gruesas cortinas
las penumbras vestidas
con la tenue luz de invierno
que atraviesas la ventanas,
me hacen ingresar al cuarto
no sin antes cumplir el protocolo,
del camisolín, de las gafas 
y el obligatorio tapabocas.

Observo un rostro y cuerpo
rodeados de vías y cables por doquier,
es como si fuera un envase impávido
de aquel cuerpo que ha sido,
hasta hace muy poco tiempo.

Miro con tristeza el parietal
descarnado, su cabello hacia atrás
como desplazado por tanta tecnología
en que denuncia sus signos vitales
que sigo en forma periódica, rogando el milagro.

Se que dicen que aun inconsciente
de tanto que he leído en este mes,
los pacientes la capacidad de escuchar
puede estar en ellos, latente.

Solo me acerco, abrigo el hielo
de su cuerpo, manos y pies
azulinos, morados, todo ello
helados por una circulación
que va claudicando de a poco,
la cubro con una manta 
creyendo inútilmente
que con ello, se sentirá más cómoda.

Dos de sus tres hijos están conmigo,
cada uno se acerca, acaricia su cabello ralo
y murmura entre lágrimas, 
unas palabras de amor en sus oídos.

Me acerco suavemente, la acaricio
le hablo de nuestros secretos guardados,
de que mamá y el Dios de Spinoza
en quien cree, están junto a ella.

De que la fe de Dios, es la fuerza
que recibe para que produzca 
el último y tan deseado milagro.
No puedo dejar de moquear
debajo del tapabocas, beso su cara
y a pesar de todos los pronósticos,
me sigo aferrando al milagro
por el cual, alguien parece no escuchar.

Es el ostracismo auto-impuesto,
ermitaño de este tiempo
deshojado y sin sentido,
que es doliente y va dejando
ese camino de lágrimas
que parece prenunciar
un final falto de matices.

Agradecimiento y breve regreso…

Debo comenzar agradeciendo tanto a aquellos que sigo o me siguen, como también a los que no, que tuvieran la extrema sensibilidad de acercarse a este sitio y solidarizarse, para darme ese respaldo anímico que todos necesitamos en esos momentos de dolor que cada uno de nosotros, lamentable e indefectiblemente atravesó o atravesara en su vida. Por ello nuevamente a mis amigos, mi sincera gratitud.
Debo decir, que mi última publicación fue el 28 de agosto pasado y pido disculpas a aquellos, que deberán aguardar el final inconcluso de “Misterio en Giverny”.
Por aquello de la brevedad, debo decir que mi querida hermana, se encuentra ahora en terapia intermedia, porque cuando se aprestaban a realizar el tratamiento oncológico, se le detecto COVID y debió ser aislada con respirador, sin poder recibir visita alguna, hace ya unos dieciséis días. 
A ello se agregó que tanto mi sobrino y yo, casi paralelamente a lo sucedido y solo con dos días de diferencia, contrajimos también la enfermedad. Los hisopados positivos y las manifestaciones de la misma, hicieron el resto sumándose a la ansiedad y angustia que para que decir, nos embarga a todos.
No obstante; hace unos pocos días volví a la plataforma desde que me había alejado, para leer a quienes escriben, los siga o no como es mi costumbre, ya que me resulta grato saber de sus emociones, ansiedades, sentimientos, humores, y todo aquello que a veces se descubre en las letras. No me prive como siempre; de algún comentario que creí considerar atinado.
Sin embargo; no dejo de observar en la app de la Institución en la que se encuentra internada y que tengo instalada en mi teléfono, dos o tres veces al día sus signos vitales y el parte que los médicos ofrecen diariamente a mis sobrinos, vía telefónica.
Ya han llegado sus dos hijos menores desde Chile, el primero con la obligatoriedad de tener que hacer el aislamiento de catorce días, al llegar a nuestro país en la casa de mi hermana, por lo que solo pudo turnarse conmigo unos 4 días, ya que él fue quien también contrajo COVID. En su caso, la convalecencia resulto más complicada dada la elevada temperatura corporal, que se resistía al anti-térmico y otros síntomas; tales como tos, dolor de garganta y de articulaciones.
En mi caso, quizás ya porque no me cocino, ni siquiera al tercer hervor, solo se limitó a que estuviera febril durante un par de días y con un gran cansancio corporal, que aún hoy se mantiene. Ambos tuvimos la fortuna –si así, puedo decirlo- de cursar la enfermedad en nuestras casas, sin necesidad de hospitalizarnos.
Casi siempre; el cuerpo avisa aquello que nos afecta el alma. En Chile hace veinte años, se encuentra su segundo hijo, quien construyo su futuro y una hermosa familia. En diciembre del año pasado y dada la situación de permanente volatilidad de nuestro país, se dirigió a Chile su hijo menor, el tercero junto a su esposa, para radicarse en el país trasandino e iniciar un emprendimiento, apostando a un mejor futuro. 
Justamente; el hijo menor que la acompaño los últimos 20 años de su vida. Una casa inmensamente grande para ella en donde en el pasado, se oían risas infantiles o esos entredichos de adolescentes, y que ahora solo era silencio y recuerdos que se agolpaban en la triste y amarga soledad. 
Mi hermana los crió ejerciendo una autoridad no doblegable, pero también con un infinito amor. Hoy; están viviendo lo más difícil. Esa situación que uno que jamás quisiera vivir, como cuando hace 20 años perdí a mi madre, luego de un largo trajinar de diecisiete años. Estuvo siempre bien; lucida y activa, hasta que el fallecimiento de su hijo mayor, luego de una larga enfermedad -mi hermano-, provoco que su estado de salud comenzara a declinar. 
Ahí, se fue yendo poco a poco. Siempre golpea en mi memoria, su pedido sorpresivo, que fue como un ruego inesperado. Solo murmuro: “no me abandones”..
Se me cayó el cielo encima; como un yunque sobre mi cabeza. 
Es aun el día de hoy, en que no logro comprender esa demanda. Me pregunto una y otra vez, que fue lo que hice mal.
Fui quien en esos 17 años; estuvo acompañándola a su médico, como a cuanto estudio fuera necesario hacerle, visitarla casi diariamente o quedarme a la noche para hacerle compañía y mimarla.
Hasta a veces, le decía – ¿Mamá, no preferís que alguna de mis hermanas, te acompañen al médico?- y proseguía –sabes porque te lo digo, porque debo sacarte y ponerte el corpiño, quizás tengas vergüenza-
Y me respondía –Por favor, te di la vida. Tú eres mi bastón y contigo me siento acompañada y contenida.-
Siempre nuestra comunicación; fue diferente a la que podía mantener con mi hermano o hermanas. Era como un Edipo al revés -sería hipócrita-, decir que no me agradaba-  pero era tan evidente, que como hijo menor en las situaciones que pasaban en la casa familiar, siempre resultaba no el más querido, pero si el más preferido. Vaya a saber por qué. Quizás por ser el menor, llegado al mundo con una diferencia de casi siete años, de esta hermana mía que estamos aguardando, y que continúa luchando por su vida.

Ha habido personas cercanas que han hecho cadenas de oraciones, gente apreciada que cada día nos manda su aliento, nos hemos constituido en conocidos y desconocidos en un verdadero ejército, en donde cada uno le pide a la Deidad en quien cree, por su recuperación…


Vaya nuevamente; mi gratitud a todos y cada uno de aquellos, que han pasado a darme una palabra de aliento.

Sin aviso…

El día se está yendo
como pidiendo permiso,
demasiado lento
para mi gusto,
con ese profundo dejo
de sabor amargo.

Silencio que daña,
que provoca angustia
dadas las horas
que como un continuo
impávido, uno ve deslizarse
no solo en el tiempo que fluye,
con la llegada indescifrable
de pensamientos voraces,
que inundan mi cerebro
sin dejar de traer consigo
ese nulo y ciego futuro.

Que difícil explicar
lo que debe agolparse
en ella, mi hermana
en sus sienes, creyendo
de que es quizás, leucemia.

Sensaciones encontradas,
desde la negación hasta
pensar que hay vuelta atrás,
o la resignación de aceptar
que ha llegado, algo inesperado
para ahora esperar que
quienes saben, nos digan
cómo y con que enfrentarlo.

Al temor ni siquiera lo muestra,
pero su mirada clama ayuda,
la que fuera para evitar
lo cruento que se avecina,
un calvario que aun
no ha comenzado,
y una espera odiosa
de cada desangelado día.

Es la indescriptible sensación
de impotencia y frustración,
de quienes solo amándola
estamos cerca para la contención.

Ansiedad? Inevitable…

No es nada fácil. Cuando tienes a una de tus hermanas, con la que has vivido un abanico de circunstancias de todo color, durante toda tu vida. 
Sanatorio u Hospital; qué más da en donde se encuentra internada.
Se siente que la intranquilidad, ha hecho prisionera a toda persona, que circule por este edificio impersonal, en donde cohabitan profesionales y personal de segunda línea, más que valientes aquellos le ponen el pecho al maldito COVID 19 .
Del otro lado, aquellos pacientes que mantienen la esperanza, de superar lo que padecen, fuera el virus o no. Estamos con récord de contagios y muertes. Los medios bombardean con la vacuna rusa,; a la que denominaron “Sputnik”, dándole el tinte geopolítico de ver quien llega primero a la meta, como si esto eliminara el número de víctimas, que solo son ahora el recuerdo de sus seres queridos.
Todo es confuso y en consecuencia su aprobación, comercialización, distribución a nivel local y global, sin olvidarnos del vil metal y su consecuente negocio. ¿Licito?
Cuando en realidad; debería haber sido producto de un gesto de “NOBLEZA”. Si ya se; me dirán no estoy en mi sano juicio. 
Porque esa palabra; solo se usa como identidad de las revistas del corazón y ha dejado de estar en el vocabulario, de las relaciones personales e multidisciplinarias.
Hubiera sido el momento oportuno, para que los países que dicen ser “del primer mundo”, se unieran e investigaran todas las variables del virus, que ha mutado ya más de 40 veces, lanzando una vacuna luego de superar los protocolos de seguridad, como consecuencia de reunir en su conjunto las mentes más brillantes de la ciencias y medicina de todo el mundo, lo que hubiera sido el primer gesto, de hacerle saber a los habitantes de este planeta tan desigual, que esta sociedad enferma, podría redimirse y hacer de la generosidad el instrumento de su nueva creación, dando a todos los países el reclamado antídoto, en forma gratuita y sin excepción.
Pero no; seria pecado para el CAPITALISMO ORIGINAL Y CRIMINAL; que no ha dudado en llevar a cabo el ensayo de vacunas en bolsones de pobreza del África, Asia, y la misma Latino américa, entre otros.
Y lo más lamentable, es el lugar que ocupan esos seis o diez tipos multimillonarios repugnantes, que los medios pretenden darles mas que prensa y convencernos que son verdaderos filántropos en búsqueda de la salvación divina, cuando son infinitamente participes y responsables, tanto de las pestes como de la degradación del medio ambiente. 
Además, cuando sus donaciones se desgravan de impuestos, son públicas y mediáticas, y eso me genera mayor rechazo. Y ahí tarareo; lo de Joan Manuel o el Nano, “con esos tipos, tengo algo personal”.
Pero vuelvo a la habitación donde se encuentra mi hermana; donde hace más de 40 minutos, que se la han llevado a realizar un PET uno de los tantos exámenes, que junto a análisis, ECG, y otros que le vienen realizando.
He estado tantas veces, en los pasillos, salas y habitaciones de estos lugares, que ya son parte de mi historia de vida, y que lamentablemente me traen dolorosos recuerdos, a los que ahuyentó, anteponiendo los otros. 
Aquellos; de los momentos felices.
El hijo mayor con su familia aquí en Buenos Aires; los otros dos en Chile. Ahora vere; llegado el caso si con un certificado médico del médico actuante, los respalda realizar el viaje en un aéreo humanitario, que los traiga a Buenos Aires, de acuerdo a las circuns- tancias.
Me detengo; se abre la puerta. Un auxiliar ingresa; trayendo a mi hermana en una silla de ruedas, abrigada con una manta violeta, que hace aún más evidentes sus gestos de cansancio, acompañada por la delgadez de su cuerpo.
Dejare de escribir; esperare la visita de los médicos, que intervinieron en el estudio. Les preguntare. He vivido ansiedades pasadas y sin embargo, siempre es lo mismo. La preocupación por quien uno ama y con quien ha vivido tantas circunstancias de la vida.
Me acerco a su cama. Le abrigo sus piernas con una manta. Callo; un instante. Comienza a hablarme sobre cada detalle; del estudio realizado. La escucho atentamente, inter- cambiamos opiniones. Pretendo inyectarle esperanza. Wasapeo; un mensaje igual para sus tres hijos y mis sobrinos… Ingresan los médicos… 
No sé si seguiré; escribiendo de esto. Creo que no… 
Lamento decirles; a aquellos que me siguen y tengo el gusto de compartir muchas horas…que la publicación del VIII Capitulo de “Misterio en Giverny”; se extenderá todo lo que mi prioridad, hoy establezca.

Abrazos a tod@s...

Juntos siempre…

¿Sabes? Si bien soy de aquellos; que dicen que uno debe ocuparse, en lugar de preo- cuparse, hoy no tengo demasiados deseos de escribir. Estoy preocupado, aunque comencé a ocuparme, desde el mismo momento en que ayer, me comunicara uno de mis queridos sobrinos, de la súbita enfermedad de mi hermana, que a la vez es mi compa- ñera de todos los días de esta “rara actualidad”, en que nos enviamos un WhatsApp o hablamos por teléfono. Nos contamos nuestras vidas; nos reímos, discutimos por ser diferentes y hablar sin filtros –sin cuidarnos-, nos amigamos luego, diciéndonos que nos amamos.
Pero la voz de uno de sus tres hijos ayer; me movió toda la estructura. Y ello; a pesar de que de cuatro hermanos, siendo el menor tuve que convertirme en el mayor desde mi adolescencia, para asistir a mi padre primero, a mi hermano mayor luego y a mi madre, durante diecisiete años debido a una larga enfermedad, pero que llevo con una dignidad maravillosa. Pero el fallecimiento de mi hermano, la potencio. Se fue a los dos años; diciéndonos en las visitas periódicas que mi hermano ausente –Carlos- se había presentado, diciéndole que se preparara para la partida. Tal es así; que a los dos días, los ángeles se la llevaron en silencio y sin sufrimiento.
En cambio, a mis dos hermanas mayores, hube de contenerlas solo en puntuales cir- cunstancias. ¿Será aquello, que dice de la mujer ante la adversidad, demuestra más resiliencia y fortaleza que el hombre? Seguramente, es así.
A fines del año pasado; su hijo menor y su mujer, se fueron a otro país latinoamericano adonde reside otro hermano, casado con una bella mujer, dos niñas y su madre política, en búsqueda de oportunidades, que lamentablemente este país no ofrece, pase el gobierno que pase y desgobierne. Es una constante. Eso la sacudió; por aquello de que el amor filial es generalmente mayor con el menor de los hijos, lo que generalmente no es un mito. En muchos casos; es real como el aire que respiramos –si lo sabré, yo-.
Hubo un tiempo, que ante cualquier situación, lloraba y se encerraba en sí misma, en que esa sensible emoción, le quitaba esa fortaleza anímica que ostento durante toda la vida. Ya a los dieciocho años; cuando ya estaba quedándose imposibilitada de caminar, cuando médicos la trataban erróneamente con sus diagnósticos; hubo quien finalmente –un neurocirujano- luego de unos estudios, percibió un tumor del tamaño mayor de un huevo alojado entre la columna vertebral y la médula espinal.
Así hubo que quitarle cuatro vertebras; para extirparle exitosa mente ese tumor, que le impedía movilizarse y por lo cual derramaba mares de lágrimas, al pretender dar siquiera un paso.
Por ello; mi experiencia con los médicos, cualesquiera fuera su especialidad, ha sido siempre ciclotímica –a algunos les haría tragar por el culo, el juramento hipocrático-, si bien conozco a una gran mayoría que son tan dignos, eficientes y no ven el vil metal, como su objetivo final. Velan verdaderamente por la salud de las personas, como sucede en cada lugar del mundo y mas hoy, ante este maldito COVID19.
Pero ella; ha sido siempre para mí una amazona invencible, se quedó sola con tres hijos casi todos adolescentes. Del mejor pasar; pasaron a encontrarse sin medio alguno, se unieron y se fortalecieron, salieron adelante juntos, con sacrificio y ese “don” que en quien creas, le da a veces “a los buenos”, para superar adversidades y lograr alcanzar aquello que se llama vivir con dignidad.
Luego tuvo otros casos; un cáncer de colon que supero, pero que significo también perder unos centímetros de su intestino grueso. Otras adversidades; como caídas por querer hacer su trabajo, lo más rápido posible y tropezar una y otra vez, con fracturas o hematomas groseros en su cuerpo. Además la casa de tres plantas; que solo le dejo su divorcio sin ningún otro pasar, ni siquiera pensión por alimentos por uno de los hijos, aun menor. Ella se empleó y sus hijos; fueron todos a trabajar de lo que fuera, para seguir viviendo de pie y no de rodillas, como bien nos enseñaron en nuestro humilde hogar, en el cual nacimos y solo como riqueza inigualable, ejemplos recibimos. Luego del trabajo; limpiaba toda la casa, ella sola. Obsesiva, sin igual se reía cuando finalizaba el último rincón. Satisfecha; como buena cabeza dura. Tampoco puedo escribir demasia- de ello. Por algo, tenemos demasiadas coincidencias.
Siempre estuvimos presente; el uno para el otro. Amo a mi otra hermana y estoy para lo que necesite; pero sin embargo, no tenemos la misma comunicación. Somos diferentes.
Estoy golpeado, pero mas fortaleza esgrimo, en estos casos. Hable con mis sobrinos, ya jóvenes adultos. Les ofrecí acompañarlos en esta dura batalla, que su madre enfrenta- ra, pero con todos nosotros detrás, a sabiendas que lo superara por su elevada moral y siendo la persona maravillosa, que es.
Comprendes ahora; la razón de que solo hice catarsis aquí. Como explicarte; porque no deseaba escribir de otro tema. Te pido disculpas. Me dirás; que es una historia de vida, mas. Y te daré; la derecha. Hoy, me pasa a mi.
Si lo has leído, gracias por pasar. Un abrazo.

Interrogantes sin respuestas…

Párpados casi cerrados
pupilas enrojecidas,
descanso inhóspito
de otra noche endemoniada.

Sueños que golpearon
como un martillo,
estallido de sienes
que al levantarme,
me ponen mas lento
en cada paso,
mucho mas que ayer.

Hartazgo que no cesa,
consulta sin retorno
ni diagnostico cierto,
que me ayude a andar
como antes, como siempre.

Ávido busco razones,
abanico de decenas
de causas posibles,
pero ninguna certera.

Aislamiento?
El no a la vida?
Inconsciente rebelde
que gambetea a la consciencia,
dejándola en ridículo
ante un solo espectador, yo.

Cuantos misterios,
que poco sabemos
de nuestra propia mente.
..

No se si estaré

No sé si
estaré mañana,
pero no renegare
en forma alguna,
de toda aquellas alegrías
que me acompañaron
día tras día.

Tampoco de las tristezas
que me fortalecieron
desde la adversidad,
a enseñarme que nada
es para siempre,
ayudándome a ponerme
de pie y andar nuevamente.

Seré igual de feliz
al llevarte en mi alma,
como lo más maravilloso
que sucedió conmoviendo
mi alma y cuerpo,
en aquel lejano momento
cuando nos descubrimos.

Por eso aguardo
en paz y con plenitud
cuando suceda,
sin temer porque se
que la vida me ha sido generosa.

Añoro

No es nostalgia, es añoranza
de aquellos días de la infancia.
De una pelota de goma rebotando
y una decena de niños jugando
en la calle desierta, donde un carro
era cosa novedosa y chapa de lujo.

Donde las paredes del frente
de las casas del vecindario,
eran nuestro Messi de aquel tiempo
haciéndonos un pase milimétrico,
para gritar ese gol estremecedor
que nos hacía abrazar con el Polaco,
el “ruso” Sue o el “gallego” Paco.

¿Pandemia? ¡Qué va!
Si el cartón de vacunas obligatorias
lo tenías con todos los sellos,
y el tiempo ayudaba, en cualquiera
estación del año se tratara,
teníamos esa voracidad de salir,
de jugar, ser felices con tan poco.

Pasaron décadas de aquel tiempo,
en toda disciplina hemos avanzado.
Pero ese avance, al que no me opongo
nos quitó aquellas cosas de otra época
dirán algunos, que eran tan auténticas.