Porque la Argentina es tan cosmopolita…

Una de mis queridas sobrinas, me ha pedido si le podía describir cómo llegaron mis abuelos maternos a la Argentina, para un trabajo que debe realizar una amiga suya. Si me hubiera solicitado de mi parte paterna, me hubiera resultado mas sencilla, ya que le compartiría la monografía que hizo hace años mi hija Analia, al entrevistar ambos a mi tio Santiago, único hermano de mi padre que a su vez había recorrido desde el nacimiento del apellido (756 AC) hasta nuestros días. Capurro, tiene ascendencia italiana, específicamente de Recco, Italia y por el lado materno de mi padre, vasco franceses y suizos.
Pero en el caso de mi madre, es más complicado. En primer lugar porque se trata de una nacionalidad un poco desconfiada en difundir sus secretos y otra por aquello de eso “no se habla”. Sin embargo, hare un recordatorio retrospectivo en mi memoria para poder alcanzar solo una “parte de lo vivido” por esos inmigrantes sirio-libaneses (mi ascendencia materna) que llegaron a principios del siglo XX.
De mi memoria surge, que la comunidad de origen árabe musulmán y cristiana, era reducida en comparación con las de origen italiano y española, gente con gran capacidad de trabajo, que arribaron allá a fines del siglo XIX y luego los distintos flujos se dieron hasta casi el año 1950. 
La comunidad árabe establecida ya en el país, recibió a mis abuelos cuando llegaron a la Argentina y ya cuando pasaron por inmigraciones, por el hecho de no saber español y tener dificultades para comunicarse los rebautizaron –¡así como les dijo! Aunque suene irrisorio- Mi abuelo de apellido Suleiman paso a ser Soleiman y mi abuela a su nuevo apellido Ali, el que se repetiría en varias mujeres que llegaron del medio oriente.
Después de pasar por el viejo Hotel de Inmigrantes, miembros de la comunidad ya establecidos los ubicaron en una casa, que supieron pagar. Era una de esas casas muy comunes en la ciudad de Buenos Aires de la época, con un local comercial al frente y la puerta de entrada de madera, en que trasponiendo un zaguán uno se encontraba con amplio patio y las habitaciones a la derecha, una a continuación de la otra. Al fondo el comedor diario y la cocina. Descubierto más atrás, el baño y un pequeño jardín que tenía una higuera, que daba unos fantásticos y sabrosos higos negros, que disfrute mucho de niño al igual que todo familiar que visitaba la casa.
La comunidad de aquel entonces era muy cerrada y altamente compleja en su apertura a aquellos nativos del país, fundamentalmente por el tema religioso ya que adoraban al libro sagrado del Corán y a su profeta Mahoma, en donde festividades como el Ramadán se cumplían a rajatablas, así como las oraciones mirando a la meca, todos los días. Recuerdo a mi querida abuela Asme, con un rosario de cuencas en sus manos, mientras oraba.
Así mi paladar se mezcló de niño con sabores latinos y árabes, por igual en que todo se hacía en casa y no había delivery, como hoy.
Pero existe un antes de mi nacimiento. Mis abuelos paternos, tuvieron en Buenos Aires; siete hijos –cinco mujeres “las mayores” y dos hombres “los menores- que es cuando uno se pone a pensar, que no pararon hasta tener el hijo varón. Mi madre era la segunda de las hijas. Supieron utilizar el local comercial, para instalar una verdulería, que les permitió mantener a tan numerosa prole.
Pero, dolorosamente mi abuelo paterno enfermo de gravedad a los cuarenta y tres años, dejando a la familia devastada y a mi abuela, al frente del negocio con alguna ayuda de alguna de sus hijas adolescentes.
Los sabores de las comidas tradicionales como el quepe, fatay, yisbaro, hummus y tantas otras exquisiteces eran cotidianas e imperdible el cordero a la cruz, cuando llegaba cada fin de año en que éramos una multitud.
Pero creo que me adelante a los hechos que sucedieron. Como bien comente antes, la comunidad era muy cerrada como hoy por ejemplo es la judía o la corena, y quienes acordaban los matrimonios eran los padres. Por ello, la mayoría de mis tías –salvo alguna rara excepción- fueron entregadas como esposas adolescentes “algunas a los quince años” lamentablemente sin amor y con hombres de más edad. La que dio la nota; como no podía ser de otra manera, fue mi madre, Sara Soleiman (Naye o Nancy) quien habiendo sido advertida por una de sus hermanas, Josefa (Popi) que estaba saliendo con un muchacho, que este traería a un amigo y la invito a acompañarla. Así fue como mi madre conoció al “Ingeniero” Francisco Félix Capurro –rubio de ojos grises o verdes, según el tiempo- y el querubín de los “flechazos” hizo en ellos de las suyas.
Ese amor fue tan intenso, que miembros de la comunidad persiguieron a mi padre varias veces, a punta de cuchilla –no olvidemos que la mayoría eran matarifes o carniceros-. Pero Francisco, no se amilanaba. Se ponía contra la pared, y los enfrentaba a trompada limpia. Hasta que un día, enfrentado a ocho energúmenos, mi abuelo –su padre- Félix salió con un pistolón con tiros al aire para sacárselos de encima.
Finalmente mis padres se casaron y mi madre tuvo prohibida la entrada a la casa materna casi por cuatro años. La historia de amor de mis padres, fue publicada en la revista Caras y Caretas, del legendario uruguayo Natalio Botana amante fugaz de Frida Kalo. Un amigo de mi padre, Otero un día al verme por la calle, siendo yo un adolescente, me dijo – Un día, pibe nos vamos a sentar en un bar y te voy a contar con detalle, el gran amor de tus padres- Charla que quedo en la nada, por su fallecimiento. Pero me detengo aquí. Habría muchas historias para contar, pero en esta breve reseña están las razones de porque la Argentina, es tan cosmopolita, llamada también “el crisol de razas”. Hasta la próxima…

No solo debemos leernos…también protegernos.

Hoy me encontré con una entrada abrumadoramente triste, y quien escribía padecía una enfermedad difícil de controlar en sus distintos estados progresivos y por ello, no pude dejar de recordar mi propia historia que viví hace casi 30 años. Aquí solo reescribo mi respuesta al momento actual que padece. ” Hola! Mira, te voy a contar una historia, en la que el protagonista era yo. Hace casi 30 años, tuve paresia de ambas extremidades inferiores, problemas al orinar y del esfínter anal, por lo que no podía satisfacer mis necesidades fisiológicas. Imagínate que eran las 3 a.m. de mediados de invierno en junio, llamaron a un médico para diagnosticar por lo que dijo que era un problema con el nervio ciático. En ese momento, nadie había salido a comprar medicamentos, aparte de que mi cerebro que lo ordenaba, mis piernas no se movían. Justo a media mañana, comenzaron a moverse, continuando con los otros problemas, me llevaron a ver a diferentes especialistas, hasta que tuve la mala suerte de que me recomendaron a un famoso neurocirujano, quien después de verme sin recibir los estudios específicos realizados a pedido de uno de sus colegas. Después de hacerme caminar desnudo hacia adelante y hacia atrás, hacer que me pusiera mi dedo en la nariz con mis ojos cerrados y muchas otras cosas; me hizo vestir y allí me dijo que le diera los estudios. Con el orgullo de los que creen ser superiores a Dios o a lo que tu creas… me dijo que sufría de una enfermedad devastadora… Cuando le pregunté qué era, respondió; con calma: “muerte progresiva”, comenzaría con ceguera y moriría postrado en la cama, no más de un año después. 
Otro en mi lugar, se habría arrojado bajo las ruedas de un tren. Pero no, después de llorar durante una semana, frente al espejo cuando me afeitaba, pensé que no tenía nada, que no era posible. Comencé a hacer innumerables estudios invasivos que castigaron mi cuerpo y mi alma. Pero el último ocurrió; en diciembre del mismo año, una punción lumbar, que con el resultado en mis manos, fui a ver a otro neurólogo que también me trataba en forma paralela. 
Sabes, me dijo: Daniel en un 99% de las veces no tienes Esclerosis en placa. Fue un virus que se alojó en tu médula y como lo hizo, luego desapareció. 
Por ello, siempre debes luchar y nunca rendirte. Solo un espíritu positivo y reactivo ante la adversidad, puede superar incluso lo más inimaginable. Cuenta conmigo para todo. Te mando un fuerte abrazo”.

¡Apúrate, cabrón!

Sabe que es hora de salir,

claro es la rutina de la mañana

y también la del anochecer,

da vueltas y vueltas

en sentido no solo circular.

Ansiosa, nerviosa como una fémina,

tengo que dejar de leer o escribir,

me voy incorporando lentamente,

y lo percibe, me sigue al dormitorio.

Observa como me pongo la bermuda,

me calzo la remera y las cross.

Aguarda impaciente, se da cuenta

cuando tomo a pequeña bolsa de nylon.

Y ni que hablar cuando tomo su collar

y la correa, su cola se mueve

como un ventilador desvencijado.

Es mi fiel y adorable mascota, Daysi

a la que solo le falta hablar,

conoce hasta mis estados de animo

como cuando estoy Up o por el contrario Uf,

desayunamos juntos, a veces solo a veces

paseamos en el auto, y mira a través

de la ventanilla, disfrutando de la brisa

que le mueve los pelos de su hocico y cabeza.

Y que nadie se me acerque, sus diez centímetros

de altura se transforman en diez veces mas,

ante un desconocido o alguien que se le cruza,

es tan celosa como una pareja enamorada.

A veces, si bien pienso

que los perros van al cielo

me angustia cada tanto

que uno, la sobreviva.

Fiel y leal como el mejor amigo

de la infancia, con quien compartía

los juegos de la inocencia de la vida.

Valentina…

Recuerdo cuando nació
mi nieta primogénita,
un ovillo de rulos
pleno ángel inocente.

En mis brazos grandes,
parecía perderse
en la inmensidad
de un desierto,
tan pequeña regalándome
el rotulo del abuelazgo.

Valentina, fue su nombre
por casualidad igual 
al de una tía de mi padre,
profesional de la educación
cuando esta era un tesoro
de la escuela pública.

Mi nieta creció y vivió
gran parte de su vida
en nuestra casa,
al igual que mi adorable hija.

He seguido toda su primaria,
buscándola casi todas las tardes.

Me regocije con los pomos de nieve
en su fiesta de egresados
con fotos en donde 
chorros de espuma la esconden
de la lente de la cámara,
luego su viaje de egresada 
a las sierras de Carlos Paz.

Abanderada, escolta
perseverante con una enorme bondad,
ternura infinita, habla como decía
el “Gabo” Garcia Marquez
casi en silencio, suavecito.

Tuvo la dicha de recibir
una hermana, Margarita
a quien seguramente
le transmitirá algo de sus dones.

Comienza ahora la secundaria,
desafío y cambio que genera
como a todos, incertidumbre.

Pero la sorpresa fue mayor,
cuando hace pocos días
en tono de broma le pregunte
¿Vale, quieres que te vaya a buscar al cole a la salida?

Un estruendoso y lleno de alegría
¡Sí….abuelito!
salió de sus labios
sorprendiendo a todos.

Con sus trece años,
entrando en la adolescencia
no le intereso lo que puedan pensar,
solo se sentirá segura
cuando vea a su abuelo esperándola
cada mediodía.

Sin dudas, le preguntare 
con el tiempo, si querrá
que la siga esperando,
acompañándola desde siempre
en su crecimiento como mujer.

Sigo queriendo ser un niño…

Recordé hace instantes
a mi hijo en su niñez,
armando ambos el tren
que le había comprado,
para investigar y jugar juntos.

Tirados en el piso,
riéndonos al equivocarnos
en el encastre de las partes,
insistiendo una y otra vez
en que debo admitir
que él, lo hacía mejor que yo.

Varias horas la pasábamos juntos,
hasta que logramos el objetivo.
La maqueta perfecta, con su estación,
sus árboles, los autos estacionados
afuera en las calles aledañas.

Las personas en escala,
aguardando el ferrocarril
que los llevara a ningún destino,
inmóviles o sentados
según como los habíamos ubicado.

El apoteótico inicio del andar
del ferrocarril con sus vagones
por las vías, pasando cerca de un lago
o desapareciendo por la boca de un túnel.

Llamando como chicos, así me sentía
a mis otros hijos, para ver la maravilla
que habíamos soñado y logrado,
compartiendo todos nuestra satisfacción.

Que hermoso sería retrotraer el tiempo,
para regalarme un solo minuto
de esa adorable sensación,
que me brindaba la tierna compañía
de mis hijos tan queridos.

Para nosotros…

Es sorpresa, pero más encanto
al haberte preciosa, encontrado.

Sería demasiado decirte
cuantas de mis emociones
han mutado en sentimientos
como aquellos, que hace tiempo
habitaban en mí y se alejaron.

Nos transmitimos energía, placidez
y remanso, cuando la necesidad
de encontrarnos con nosotros mismos,
es lo más relevante de nuestras vidas.

Es el oasis que provocamos
el uno hacia el otro, sin egoísmos
para ambos gozar este presente
que emerge como un cielo límpido,
transparente, que aleja
toda nube que pretenda 
interferir en este amor nuestro
plácido pero a la vez, tan apasionado.

Es el día de los enamorados,
pero para vos y yo
será cada día de nuestras vidas,
en que nos hablamos,
nos contenemos,
nos escuchamos,
nos mimamos,
nos acariciamos,
para finalmente unirnos
en ese hermoso momento,
cuando nuestras almas
más que nuestros cuerpos,
se fusionan
en un estallido multicolor.

Infame traición

Contrariado estoy, por no decir enojado.

Lo nuestro termino hace años, hoy es la nada

salvo las cosas más importantes y queridas

que uno tiene en el transcurso de su vida,

como esos hijos que brindaron

y brindan emociones y alegría,

o los nietos que uno malcría

como no los hizo con ellos, nunca.

 

¿Me sorprendió? No me sorprendió.

Siempre ha mentido y su inseguridad

la ha hecho prisionera de sí misma.

 

Alguien me mostró hoy, el estado de su chat

poniéndose nuevamente en situación de victima,

engañándose a sí misma, fabulando el final

para nuestros años de matrimonio.

 

Tomando copiadas frases de un famoso,

se animó por elevación a expresar

en que el oasis donde ella hoy

se encuentra en su vida,

fue consecuencia de alejarse de personas

y de todo aquello que la relegaba

a sentirse inmensamente plena,

al descubrir que logro amarse a sí misma.

 

Y pienso que tiene razón, egoísta siempre fue.

Primero ella, luego los demás.

Incluso relegando la sangre, de nuestra propia sangre.

 

Solo ha hecho nada más que ratificar

la extremada inmadurez que en ella habita.

 

Soy un hombre, con sus virtudes y defectos

como todo ser humano,

pero siempre en mi vida, ha sido mi familia primero

sin importarme ser furgón de cola.

 

Di lo que pude y lo que no también,

no solo a mis hijos a quienes amo

sino a ella misma, a quien brinde

hasta educación, para que su titulo

no fuera solo de esposa y madre,

sino de mujer profesional e independiente

que pudiera valerse de sí misma.

 

Pero de todo lo que hice,

no me arrepentiré jamás de nada.

 

Siempre he insistido

en que el rencor destruye,

que nada construye.

Hoy lamento comprobar lo de siempre,

que si uno no quiere, dos no pueden.

Acordamos en aquel momento

que en el después, no hubiera odio.

 

Pero se hace difícil, si solo uno

es el que avala aquel acuerdo.

No solo es malo haberme faltado

el respeto, sin darse cuenta también

de habérselo faltado a sí misma.

 

También a mis hijos,

a quienes de esto

nada les debe ser público.

No tengo vergüenza,

no sé lo que es eso,

siempre he sabido

quien soy, un ser imperfecto

pero con todo el bagaje

del entorno en donde

fui criado con amor

y ejemplos de vida, que ya no existen.

 

Doy gracias a Dios

o al Universo,

que ha puesto por algo

a un adorable ser a mi lado,

y que el silencio de los justos

puede más que la traición artera.