Aquel tiempo en que me descubrí…

A veces sucede que se presentan situaciones sorpresivas, que te traen recuerdos de la prehistoria de tu vida.


No soy de ver o engancharse en programas periodísticos; porque su evidente color amarillento, es lo que los pone en clara oposición a la verdad, aunque esta no sea objetiva. Responden a intereses, de uno y otro tiroteo de sectores políticos o bien de los propios sponsor que en pautas de publicidad, a veces resultan llamativamente gene-rosos, ya que pretendiendo que una noticia sea sutilmente convincente para un público en especial, que ciego se come “sapos” de todo color, quizás por lo que fue vida dentro de su contexto familiar en cuanto “a favor de o en contra de que partido político” ; o bien la militancia en la secundaria o en la universidad, al ser carne fresca para reclutar; y entre otros casos porque no, es como un panqueque que apoya cuando solo supone que le conviene, porque bien en la sede barrial del partido político le tiran una moneda o lo acomodan, si llegaran a ganar por el voto popular en un puesto público en planta transitoria.


Por la sencilla razón que en mi país, todos saben que el gasto público, viene hace déca-das incrementándose exponencialmente por las transas de los políticos con los punteros de las poblaciones de más escasos recursos o hasta los barras bravas (fanáticos afiliados a clubes de fútbol) que actúan en forma frecuente como fuerzas de choque en manifes-taciones masivas o se infiltran como espías funcionales, además de que en forma fre-cuente, asociados a algunos corruptos dirigentes del fútbol, se encargan no solo de la reventa de entradas sino que también realizan el marketing y venta de souvenirs para los simpatizantes. Si debemos hablar de “los pesados” en Argentina, deberíamos confec-cionar un ranking que seguramente superará toda expectativa.


Como siempre, mi neurona – sí; no se sorprendan- solo tengo una – y me lleva adonde ella quiere y me saca del tema neurálgico que pretendía desarrollar en el día de hoy.


Eso es lo que pasa con nuestra mente. Es muy pícara. Cuando deseamos concentrarnos, nos viene a molestar con cosas del pasado o deseos del futuro, y así no nos permite desarrollar aquello que teníamos previsto.


Pero ¡zas! Ahora recuerdo, que días pasados al pasar frente a la TV, vi que le estaban ha-ciendo un reportaje a un actor argentino, que había estado enfrentando los incendios forestales -en su mayoría, intencionales-, para salvar las unidades de su complejo turís-tico que se compone de cuatro cabañas, en el Valle de Punilla,, en nuestra Provincia de Córdoba, que se caracteriza por sus bellas serranías y un excelente clima seco.


Pero la sequía de meses, hacía que el fuego se acercara por el fuerte viento, en distintas direcciones y se propagaran los focos de incendios. Justamente su complejo, estaba en una hermosa localidad llamada Villa Giardino.


Ahí; como en “Volver al pasado” me retrotrajo décadas atrás cuando visitaba el pueblo 5 o 6 veces al año.


¿Razones? Mi primera mujer, tenía a sus padres allí y ella había nacido en el pueblo an-terior, yendo hacia las sierras grandes que se llama aún hoy, Huerta Grande.
Estaba cerca de cumplir 21 años, ella tenía 24. Como todo adolescente en mi caso a ser libre desde los trece años e incursionar en grupos musicales o de teatro, creí como un imbécil que ya estaba maduro como para casarme. Una locura; contra la que nada pu-dieron hacer mis más estrechos amigos y hasta mi mismísima madre a la que amaba muchísimo, aún hoy luego de que se fuera de vacaciones hace más de dieciocho años.


Pero solo voy a traer de la memoria, ya que me lo está pidiendo insistentemente que relate porque me enamore de aquel pueblo.


Es que descubrí en mí una cantidad insospechada de emociones y sentimientos, que seguramente en el asfalto de Buenos Aires, jamás me hubiera sucedido.


En primer lugar; su gente. A su ritmo y sin apuro. ¿Que no trabajaban? Si, claro que lo hacían, pero a su manera. Nada de ser estructurado y pretender no dormir una breve siesta a la tarde. El mate convoca no solo a la familia, también a aquellos vecinos que se iban convirtiendo en familia, rodeados en círculo frente a unos leños encendidos al cen-tro, con dos porongos (un tipo de mate hecho de un zapallo de calabaza) del que en una vuelta, podían tomar la infusión 3 o 4 personas, dado su tamaño). Los cordobeses para el humor, como la mayoría de nuestros hermanos de cada provincia, tienen una chispa tan especial, que si el primero y el segundo fueron tan buenos como para desencajar el maxilar, ya uno se reía a repetición con los que venían después. Mujeres y hombres, en donde nadie se subía a su ego y estamos todos hermanos, compartiendo madrugadas inolvidables.


Fue también mi verdadera cercanía con la naturaleza, con mis suegros llevándome bajo a los pinares, para buscar aquellos champiñones realmente comestibles y saber diferen-ciar a estos de los otros, que pueden lograr que partas antes de tiempo.
Por otro lado, descubrir las hierbas aromáticas (que utilizan los mismos laboratorios para sus medicamentos) como la peregrina, la carqueja o el té de burro, entre otros.
Ir con mi suegro a la vera de un arroyo, donde el “me gastaba” por ser un tipo de ciu-dad, que aún no había aprendido a disfrutar.

Y la verdad, que con el tiempo comprendí que tenía razón. Llegábamos con un “chivito  mamón” -6 o 7 kilogramos- y no se, como hacia el “viejo” Montoya para prender el fuego con unas ramitas, y así lo iba asando despacito, cosa que cuando llegaran las mujeres con las ensaladeras y aquello que faltaba, nos sentamos a almorzar a pleno estilo cam-po, comiendo las costillitas de las que de esa exquisita carne, se deshacían en la boca. Una exquisitez, que repetimos varias veces cuando los visitamos.


Ahí pude sentir las caricias que uno recibía, como un mimo al corazón. Mis suegros, eran muy buena gente y mi mujer, su única hija. No se si sería eso, pero mi suegra, Doña Rosa siempre me esperaba con uno de sus exquisitos platos; pollo o vizcacha en escabe-che, ensaladas que contenían verduras y tomates propios de quintas de los alrededores. Es infaltable antes de almorzar, algún copetín con salami de Colonia Caroya -uno de los mejores lugares en que los producen- junto con unos triángulos de queso de cabra.


Creo que mis contracturas; se debían en aquel entonces a tanta armonía y paz por dejar-me llevar cuando me encontraba allí, todo lo contrario a la vorágine de Buenos Aires, eran emociones y sentidos imposibles de vivir.
Si alguien no conocía a nadie, eso no era motivo para evitar saludarlo coloquialmente, como una muestra de amabilidad y respeto.
En los últimos meses del año, se festejaba el día de la Virgen de Nuestra Señora de la Merced -Patrona del lugar, desde hacia 300 años- que se encuentra alejada del pueblo y en una gruta, a la que uno debe subir para llegar a la cima y ver su imagen (detrás de una reja de protección) para realizar las oraciones o llevarle su agradecimiento.


En la base del cerro, un antiquísimo cementerio del pueblo en el que quedaron las pri-meras osamentas de pobladores de la Villa. Justo enfrente de ese lugar, es que había algo así como un almacén de Ramos generales, se congregaba todo el pueblo para feste-jar el día de la Virgen. ¿Que se hacía…?algo que por primera vez comí y luego cada año, fue rutina. Asado con cuero en horno de barro.
Uno solo debía llevar un pequeño cuchillo filoso, le daban la porción en un papel de es-traza (papel blanco) y la habilidad era comerlo utilizando solo el cuchillo, con el que me hice un experto recién a la tercera vez. Beber; bebíamos lo mismo que en la casa de mis suegros, un vino en damajuana de nombre Galán, cuyo sabor dulzón hacia que muchas veces me pasara de vueltas y tuvieran que ayudarme a volver.


Un camino asfaltado en su mayoría, de aproximadamente 5 kilómetros llevaba al pue-blo, increíble las centenas de lucecitas que las pequeñas luciérnagas producían para deleite de los niños y los no tan niños. Bravos eran murciélagos -en aquella época, yo fumaba- y no hubo una sola vez que con el cigarrillo entre los labios, no me sobre-volara ese maldito bicho.


Mi conexión con la naturaleza fue como recibir un aire tan puro, que renovaba cada célula de mi cuerpo.
Al principio me costó, yo estaba muy urbanizado. Me costó, pero me encontré con mi onda.
Me busqué, me di el tiempo. Adquirí el temple de la espera y eso también, me lo dio ese lugar.

La naturaleza me bajo el ego, me hizo agachar la cabeza, me hizo vivir el presente de cada día. Todas mis experiencias de esos cinco años -lo que, aquel matrimonio  duró-  fueron muy sanadoras, porque para mi fue todo un proceso el encuentro con la natura-leza viva. Empecé a ser parte y a entender.

Deje de decir “quiero tal cosa” y empecé a ir en armonía con lo que era. En el monte hacía calor, salíamos. Y cuando hacía frío, nos quedamos.Era así, la naturaleza era así y me templó mucho. Mi voluntad la tuve que ubicar por debajo de la voluntad de la naturaleza del clima.

Allí pude dejar de ver “el tiempo como tiempo” y pude verlo en el preciso momento en que ocurría. Me dio la posibilidad de ver las cosas, relajado. Por eso, lo recuerdo siem-pre y me digo a mi mismo “Nos tenemos que permitir disfrutar las cosas y hasta de los errores”.


Otra cosa, que me permitió cuando íbamos por un tiempo prolongado, es que se me abrió la posibilidad de practicar la mirada compasiva y sobre todo, conmigo mismo.
Cuando solté la idea, de que mi mente tenía
que controlarlo todo, como tenía que ser y lo deje ser, fue como aceptar eso, como soltando las cosas y verme quién era en reali-dad.

Las ideas mentales que en aquella época tenía planteadas, me hacían creer que lo que hacía, estaba destinado al fracaso. Pero luego no pasaba nada, de lo que tendría que haber pasado.
Observando la naturaleza, lo pude ver constantemente. Conectarse con la naturaleza es gastar menos energía y todo empieza a necesitar menos esfuerzo. La meditación, hoy que la practico, es lo que me hace todo más fácil,

Creo que estoy haciéndome amigo…

Saben; cuando escribo mi interés es ser simple y no buscar ni gerundios, adjetivos, adverbios por analogía, y así podría seguir…pero tengo algo que contarles.  ¿Puedo? ¿No les molesta, verdad? 

Recuerdan uno de mis últimos escritos, al que denomine “Así como Carlitos”… bueno hoy tuve un nuevo encuentro con (el nombre Roberto cuando no es el suyo). Y sucedió como siempre -saben que cuando escribo en la entrada “autorreferencial” es tal cual; un suceso que viví en esta alocada vida mía, en que necesitaría días de 48 horas.

Luego de los ejercicios de técnicas de respiración, meditación y desayuno, salimos como siempre con Daysi, a caminar nuestros 2 kilómetros matutinos y a hora temprana -no más allá de las 9 AM-. Primero por las aceras del sol y al retorno por la sombra, porque ya aquí estamos en primavera. En hora más tardía, el sol se pone que arde y hasta tendría que ponerle a mi mascota zapatillas en cada pata, para que no se quemes la almohadillas con el asfalto o los revestimientos de los pisos.

A las tres cuadras; lo vi en la vereda de enfrente, como siempre. Lo saludé con la mano y un ¡Buen día!, que creo escucharon todos los vecinos. Ahí comencé a pensar si realmen-te se llamaba Roberto o su nombre era Juan Carlos…

Ya había pasado casi media hora y volvíamos, Estaba en la puerta, pero ingresó a su casa al verme a unos cien metros. Que raro…me pregunte. Pero no; estaba haciendo tiempo como agazapado, para salir justo cuando pasábamos. Ahí nos saludamos y confirme que su nombre es Juan Carlos.

Pero esta vez, al margen de ser una persona que se considera el centro del mundo, no me cae mal. Además quién soy yo, para juzgar a alguien. Lo que sí; me dijo en solo 10 minutos un poco de su vida, descubriendo además que es un sujeto que al estar solo -tiene tiempo para pensar y sacar de la galera como un mago, sus ideas las que brillan por su creatividad-.

Primero me habló de su hija; a la que dejó de ver cuando la niña no había cumplido aún los dos años de vida. Fue en aquel momento,en que la infidelidad de su mujer con su mejor amigo le dio punto final a su matrimonio, hace ya tres décadas. Sabiendo los dos; que el Gobierno actual de forma anticonstitucional dio incrementos a los jubilados por Decreto, no respetando la Ley de Movilidad (que incluía las variables de incremento de salario real e inflación).

Ello produjo un deterioro en el salario de los jubilados, entre el 20 y el 30% interanual. Pero Juan Carlos, ya tenía una propuesta en la manga y vayamos a nuestro diálogo;

Juan Carlos – ¿ Yo la tengo muy clara, escucha lo de la radio Están hablando de nosotros…

De quienes…Juan Carlos.-

Juan Carlos- ¿Como de quienes? De nosotros, los jubilados. Y se me ocurrió la forma de generar más ingresos en el Fondo de Garantía de las Jubilaciones….

-¿Ahh…si y que se le ocurrió?

Juan Carlos- Fijese Ud. los periódicos como “Clarín” y otros, se la pasan hablando de nosotros, en sus editoriales. Así también en los otros medios de comunicación, llámese canales abiertos o no, a través de sus periodistas que ganan fortunas, comparado con el haber mínimo de un o una jubilada….

-Y entonces Juan Carlos, eso qué significa…?

Juan Carlos- Que deben pagar un “canon” a la caja de jubilaciones, ya que hablan o escriben sobre nosotros todos los días. La gente los ve o lee, y ahí también están los anunciantes o sponsors …y la platita no faltaría…ahh eso sí, quienes manejen los numeritos, deben ser fiscalizados por los propios jubilados, a través de una comisión de gente intelectualmente capaz….Que le parece?

Tengo que decir…que quedé estupefacto … .anonadado. Como congelado un par de minutos para finalmente, decirle;

-Sí; ¡tiene razón Juan Carlos! ¡Que idea fenomenal! ¡Ahora hay que tratar de conocer a algún diputado o senador, para tirarle el tema y que lo analice con sus asesores, para desarrollar un proyecto de Ley.-

Juan Carlos- Usted tranquilo, Daniel. De eso me ocupo…yo

Quedan 5 minutos más de conversación; en donde me pareció estar frente a un filósofo de la vida…pero lo que hablamos luego, lo dejó para la próxima. Eso sí; tengo que desha-cer lo casi peyorativo que fui, cuando escribí de él, la primera vez. Tengo que reconocer mi error. Ahora creo que estoy haciendo un nuevo amigo.

Qué mejor que vivir donde se respira armonía…

Hoy; como casi todos los días me desperté antes que la alarma del móvil sonará.¿La razón? La misma de cada mañana, Daysi que deja sus aposentos y de tanto dormir en el día. A veces me pregunto si los ejercicios de respiración,el yoga o la meditación quien la realiza ¿Ella o yo? Quien esté leyendo esto, sabrá entender si posee mascota como sola compañía.
No sé qué pensar a veces, cuando la miro en su cama con la panza y patas flexionadas hacia el techo -ni siquiera un experimentado fakir, podría hacerlo mejor-
Pero hoy era un día de corridas, así que me fui rápidamente al baño, me duché, me afeité y ya estaba haciendo mis ejercicios, luego de poner a calentar a fuego más que lento el desayuno y preparar los cítricos. Luego la meditación; y de ahí atraer de la cocina, nuestro desayuno. Ya Daysi, sabe que cuando mis movimientos son más rápidos que los habituales, en algún momento se quedará sola en el piso.
Tome la correa, el tapabocas y la calle tomamos para hacer nuestros dos kilómetros de la mañana. Pero se me ocurrió cambiar el recorrido, tenía interés en conocer la comuna en que me encuentro. Aclaro que mi casa está aún ocupada por mi ex mujer y mi hijo menor, casa que construí a finales de la década de los 80. Y cuando digo construí; así fue. El diseño y los planos de esa casa que permitiera albergar a un matrimonio, dos hijos y un tercero en camino, debía ser amplia, confortable, con un patio donde los niños podrían jugar libremente y mi sueño “mi jardín” con macizos florales y algún que otro frutal, lo hice luego de analizar cada metro de todos de los que disponía.
Hubiera sido más fácil en aquel tiempo contratar a un arquitecto y tener en la mano U$S 500.000 para construirla y terminarla en menos de 6 meses.Pero en aquel momento; era solo un empleado que si bien ejercía como Jefe de la División de Relaciones Industriales de una empresa metalúrgica, era el único ingreso de nuestra familia, ya que mi esposa estaba al cuidado de mis dos hijos de 4 y 3 años, mas un tercero que llegaría luego,
Fue muy bueno; para la familia disfrutar esa casa por varios años; hasta que comenzó cerca de la misma, a desarrollarse un polo comercial de indumentaria, que crecía vertiginosamente, con lo que ello conllevaba. No solo desaparecieron casas particulares y antiguos negocios, situados en la Avenida sino que además avanzaron por las calles paralelas o laterales.
Al final; el barrio dejó de ser barrio, un transito de locos, gritos, bocinazos durante el horario comercial, hasta los sábados. Y a la noche; “zona roja” para el trabajo de prostitutas o transexuales – los que tienen que vivir, claro-, si hubieran tenido el decoro de no caminar gritando o cantando, por estar borrachos o dados vuelta por efectos de alguna “sustancia”.
Cuando me fui de casa; y llegue aquí a solo 2 kilómetros de donde vivía. me encontré con “otro mundo, para mi desconocido”. Silencio, poco tránsito, casas bajas, Hoy mismo, cuando saque a Daysi a caminar, saque un par de fotos con el celular, como para inhalar ese perfume de árboles florecidos.
Luego al volver a casa, deje a Daysi y me cambié para ir a pleno centro de la ciudad, a un par de kilómetros de la “Casa Rosada”. Fui a una consulta médica de control y al salir tuve ganas de beber una infusión caliente. Así me senté en la vereda de un bar con mesas -hoy como todos- a la calle. Y vi la locura o enajenación de las personas, como evitándose unos y otros. Estuve pensando un rato y de paso saqué otro par de fotos, pero en este caso de un edificio, que fácilmente supera más de un siglo,
Me dije a mi mismo -que Dios o el Universo me había bendecido-. Ahora sí disfrutaba del lugar en donde vivía, aunque siempre pueden presentarse problemas menores, es lo ideal para mi caso.Busque el auto en estacionamiento, puse música de los 80 y cuando volvía, note que una sonrisa persistente me acompañaba….

Imprevisto…sepan disculpar

Misterio en Giverny¿Capitulo….ó final?

Queridos amigos escritores; y siempre las damas primero. Me he comprometido; a la entrega en la presente semana, de un nuevo capitulo de “Misterio en Giverny”, pero he comprobado que la frase “el hombre propone, pero Dios o el Universo dispone”, en mi caso se hizo realidad. Al tener un problema técnico con mi office, que se solucionara, me veo obligado a estar desarrollando aquello en un block de notas o en la tablet, lo que ralentiza su desarrollo. Nuevamente, debo pedir humildemente disculpas por este imprevisto. Pero, para compensar subiré como cortesía de Pinterest fotografía de tan bello lugar, que supe conocer y recorrer. Me preguntarán porque no subo las mías? Fundamentalmente, porque la Notebook también me lo impide. Les deseo un maravilloso fin de semana, a pesar del “maldito bicho”. Pero ello; no significa construir el mejor día ya que cada un@ tiene los nobles materiales como para pasarla bien, solo o en familia,. 

¿Quién me falta?

Que es mi vida, hoy
mis hijos, mis nietos
uno de aquellos, muy lejos
por eso y solo en este caso,
agradezco por esta tecnología
que me permite verlos
volver a ser niño con besos
en la pantalla incluidos.

Quien más? Ah…
yo y mi mascota solos,
en el piso y alguien más?
si ella…ella…, que es aún, incógnita.

Debo agradecer a quien
nos creo cualquiera sea,
por darme el privilegio
de hacer mis rutinas,
a pesar de esta rodilla
desgastada por las corridas
del ayer, de años vividos
que luego te pasan factura.

Mis clases de yoga e Inglés,
mis cursos de todo aquello
que me permite ese ohm
para regalar armonía y paz,
siempre con una sonrisa
o un chiste de aquellos
al momento, improvisados.

Mis paseos con Daysi,
una intolerante perra dama
que disfruta de nuestras
caminatas, a tal punto
que se conoce cada parada.

Y mi  blog, mi querido blog
donde leo a todos aquellos que sigo,
los voy conociendo por sus letras
como seguramente ellos a mí.

No doy un like por compromiso,
y comentó todo aquello
que me conmueve, cualquiera
sea la temática abordada.

Pero si ella se decidiera
seria para cantar ¡Bingo!
y a los cuatro vientos, gritaría
ahora somos dos, disfrutando
de nuestra compañía y destinos.

Rescátame

No te sorprendas por esto
necesito que me rescates,
de esta soledad que hace estragos
en este momento tan especial,
donde mi camino es tan desangelado.

Te preguntarás, tan débil eres
te contestare, más de lo que supones.
Hasta en este tránsito errante
he de preguntarme, quien soy
de aquel que tiempo atrás fui,
filósofo de la vida, caminante
incansable de esta vida que elegí.

Si llego a ti con esta confesión
es porque necesitó que me abraces
tan fuerte como te sea posible
y que en ti la paz encuentre
en esta confusión tan lacerante.

No me molestara si te niegas,
sé que también no debería pedírtelo,
pero eres para mí la última esperanza
de volver a ser la mitad de aquel que fui.

Imagen: Gentileza go.hotmart.com

Quiero mi pedazo de cielo…

Han regresado recuerdos de niño
cuando alguien llamaba en el pórtico,
apresurada entrada que traía murmullos
que ocasionaban llanto o una onomatopeya.

Me extrañaban las razones
por las que me alejaran,
de esos diálogos mínimos
como si fueran rezos hacia dentro
que eran casi inaudibles a mis oídos.

Hasta que un día, un poco mayor
supe que esas noticias, traían consigo
la lamentable noticia de una muerte
de un ser querido o alguien cercano.

Cuando la primera vez y otras pregunte
sobre el destino de quien no vería más,
las respuesta que me daban fueron solo dos
“se fue al cielo” o “partió para encontrarse
con quienes había amado” indicándome
que el destino era el mismo, ese pedazo de cielo
invisible a los ojos de cualquier mortal.

De la misma manera, que nos sorprendimos
cuando el hombre poso uno de sus pies en la Luna,
también sentimos que el romanticismo que la acompañaba
de ahí en más, quedaría solo en el imaginario popular. 

Pero no he desistido en pensar en la existencia
y encontrar ese cielo invisible a nuestros ojos,
al que imagino como una bruma azulina
atravesada por haces de brillantes luces,
detrás de ellas, elevándose un gran pórtico 
como aquellos que solemos ver en imágenes
celestiales y alejadas de la realidad de este mundo.

He sido tan terco en toda mi vida
en cuanto a lo que estoy narrando,
que desearía que Dios o el Universo
me regale solo cinco minutos de esta vida,
para poder ingresar y ver del otro lado
del pórtico, ese lugar que desde niño 
considere sagrado y del que nunca negué
su existencia con la sublime esperanza,
de que al entrar una ronda maravillosa
formada por mis padres y hermanos,
mas tanta gente amada que se ha ido,
me reciba con esa algarabía del reencuentro
fundiéndonos en esos abrazos celestiales 
que me darán la paz que necesita hoy, mi alma.

Adiós hermana, nos vemos en la próxima vida…espérame.

Escuche el celular vibrando en sueños, 
una y otra vez, encendí la luz, 
busque aun dormido mis gafas 
tomándolas con mis manos,
al ver la hora de madrugada 
leer quien me llamaba, 
era una obviedad que nada 
bueno podría haber sucedido.

Hola…-Tío, mi sobrino Germán
diciéndome “la mamá se fue con Dios.
No habían pasado doce horas
que habíamos estado junto a ella,
cuando fui el último en acariciarla
susurrándole de que no cesara de luchar
que como tantas veces en su vida,
por el milagro que su fe reclamaba
no dejara de saltar un nuevo obstáculo,
como otros cruentos momentos superados.

Vino a mí una sensación de profundo enojo,
fue solo un instante, respondí adormecido
“nos encontramos en el Hospital en veinte”,
no se cómo en cinco ya estaba en la calle
mi mente solo juzgaba porque casi siempre,
los inocentes, son los que primero parten.

Subí al auto, pandemia en curso
transito más que fluido,
llegue al hospital y un abrazo partido
le di a cada uno de mis sobrinos.

Al ingresar, nos detuvieron
y al preguntarnos las razones,
solo al mencionar un deceso por COVID
nos dejaron entrar de a dos
a terapia donde nos anunciamos,
la espera fue un martirio
de ansiedad y llanto contenido,
debimos cumplir con los protocolos
recién allí y solo de a uno a la vez
ingresamos al box, en donde ella yacía.

Ingreso su hijo menor, Maxi
no demoro mucho en salir
porque su dolor ya lo laceraba
desde hace largos y traumáticos días. 

Entre, me acerque a mi hermana
a ese cuerpo inerte que no parecía ella,
su rostro era de sufrimiento extremo
los labios cortados por el entuba-miento,
unas vendas fuertemente ajustadas
alrededor de su cabeza, presionando
sus maxilares para mantener cerrada su boca.

Ella, en horas envejeció diez años
no importaba ya explicación alguna,
se había ido dejándonos el dolor a procesar
cada uno a su manera, hiriente como
se supone de toda muerte injusta.

Para las noticias, será un número
dentro de la cantidad de muertos,
para sus hijos comenzar a transitar
los recuerdos y el duelo tan temido.

Para mí, lo mismo mas cargar la frustración
de que el milagro no pudo ser posible.

Solo le pido a quien lo determino
que ahora adonde su alma vaya,
haga posible el reencuentro
con quienes le darán descanso eterno.

Solo aguardo un milagro.

Tras las gruesas cortinas
las penumbras vestidas
con la tenue luz de invierno
que atraviesas la ventanas,
me hacen ingresar al cuarto
no sin antes cumplir el protocolo,
del camisolín, de las gafas 
y el obligatorio tapabocas.

Observo un rostro y cuerpo
rodeados de vías y cables por doquier,
es como si fuera un envase impávido
de aquel cuerpo que ha sido,
hasta hace muy poco tiempo.

Miro con tristeza el parietal
descarnado, su cabello hacia atrás
como desplazado por tanta tecnología
en que denuncia sus signos vitales
que sigo en forma periódica, rogando el milagro.

Se que dicen que aun inconsciente
de tanto que he leído en este mes,
los pacientes la capacidad de escuchar
puede estar en ellos, latente.

Solo me acerco, abrigo el hielo
de su cuerpo, manos y pies
azulinos, morados, todo ello
helados por una circulación
que va claudicando de a poco,
la cubro con una manta 
creyendo inútilmente
que con ello, se sentirá más cómoda.

Dos de sus tres hijos están conmigo,
cada uno se acerca, acaricia su cabello ralo
y murmura entre lágrimas, 
unas palabras de amor en sus oídos.

Me acerco suavemente, la acaricio
le hablo de nuestros secretos guardados,
de que mamá y el Dios de Spinoza
en quien cree, están junto a ella.

De que la fe de Dios, es la fuerza
que recibe para que produzca 
el último y tan deseado milagro.
No puedo dejar de moquear
debajo del tapabocas, beso su cara
y a pesar de todos los pronósticos,
me sigo aferrando al milagro
por el cual, alguien parece no escuchar.

Es el ostracismo auto-impuesto,
ermitaño de este tiempo
deshojado y sin sentido,
que es doliente y va dejando
ese camino de lágrimas
que parece prenunciar
un final falto de matices.

Agradecimiento y breve regreso…

Debo comenzar agradeciendo tanto a aquellos que sigo o me siguen, como también a los que no, que tuvieran la extrema sensibilidad de acercarse a este sitio y solidarizarse, para darme ese respaldo anímico que todos necesitamos en esos momentos de dolor que cada uno de nosotros, lamentable e indefectiblemente atravesó o atravesara en su vida. Por ello nuevamente a mis amigos, mi sincera gratitud.
Debo decir, que mi última publicación fue el 28 de agosto pasado y pido disculpas a aquellos, que deberán aguardar el final inconcluso de “Misterio en Giverny”.
Por aquello de la brevedad, debo decir que mi querida hermana, se encuentra ahora en terapia intermedia, porque cuando se aprestaban a realizar el tratamiento oncológico, se le detecto COVID y debió ser aislada con respirador, sin poder recibir visita alguna, hace ya unos dieciséis días. 
A ello se agregó que tanto mi sobrino y yo, casi paralelamente a lo sucedido y solo con dos días de diferencia, contrajimos también la enfermedad. Los hisopados positivos y las manifestaciones de la misma, hicieron el resto sumándose a la ansiedad y angustia que para que decir, nos embarga a todos.
No obstante; hace unos pocos días volví a la plataforma desde que me había alejado, para leer a quienes escriben, los siga o no como es mi costumbre, ya que me resulta grato saber de sus emociones, ansiedades, sentimientos, humores, y todo aquello que a veces se descubre en las letras. No me prive como siempre; de algún comentario que creí considerar atinado.
Sin embargo; no dejo de observar en la app de la Institución en la que se encuentra internada y que tengo instalada en mi teléfono, dos o tres veces al día sus signos vitales y el parte que los médicos ofrecen diariamente a mis sobrinos, vía telefónica.
Ya han llegado sus dos hijos menores desde Chile, el primero con la obligatoriedad de tener que hacer el aislamiento de catorce días, al llegar a nuestro país en la casa de mi hermana, por lo que solo pudo turnarse conmigo unos 4 días, ya que él fue quien también contrajo COVID. En su caso, la convalecencia resulto más complicada dada la elevada temperatura corporal, que se resistía al anti-térmico y otros síntomas; tales como tos, dolor de garganta y de articulaciones.
En mi caso, quizás ya porque no me cocino, ni siquiera al tercer hervor, solo se limitó a que estuviera febril durante un par de días y con un gran cansancio corporal, que aún hoy se mantiene. Ambos tuvimos la fortuna –si así, puedo decirlo- de cursar la enfermedad en nuestras casas, sin necesidad de hospitalizarnos.
Casi siempre; el cuerpo avisa aquello que nos afecta el alma. En Chile hace veinte años, se encuentra su segundo hijo, quien construyo su futuro y una hermosa familia. En diciembre del año pasado y dada la situación de permanente volatilidad de nuestro país, se dirigió a Chile su hijo menor, el tercero junto a su esposa, para radicarse en el país trasandino e iniciar un emprendimiento, apostando a un mejor futuro. 
Justamente; el hijo menor que la acompaño los últimos 20 años de su vida. Una casa inmensamente grande para ella en donde en el pasado, se oían risas infantiles o esos entredichos de adolescentes, y que ahora solo era silencio y recuerdos que se agolpaban en la triste y amarga soledad. 
Mi hermana los crió ejerciendo una autoridad no doblegable, pero también con un infinito amor. Hoy; están viviendo lo más difícil. Esa situación que uno que jamás quisiera vivir, como cuando hace 20 años perdí a mi madre, luego de un largo trajinar de diecisiete años. Estuvo siempre bien; lucida y activa, hasta que el fallecimiento de su hijo mayor, luego de una larga enfermedad -mi hermano-, provoco que su estado de salud comenzara a declinar. 
Ahí, se fue yendo poco a poco. Siempre golpea en mi memoria, su pedido sorpresivo, que fue como un ruego inesperado. Solo murmuro: “no me abandones”..
Se me cayó el cielo encima; como un yunque sobre mi cabeza. 
Es aun el día de hoy, en que no logro comprender esa demanda. Me pregunto una y otra vez, que fue lo que hice mal.
Fui quien en esos 17 años; estuvo acompañándola a su médico, como a cuanto estudio fuera necesario hacerle, visitarla casi diariamente o quedarme a la noche para hacerle compañía y mimarla.
Hasta a veces, le decía – ¿Mamá, no preferís que alguna de mis hermanas, te acompañen al médico?- y proseguía –sabes porque te lo digo, porque debo sacarte y ponerte el corpiño, quizás tengas vergüenza-
Y me respondía –Por favor, te di la vida. Tú eres mi bastón y contigo me siento acompañada y contenida.-
Siempre nuestra comunicación; fue diferente a la que podía mantener con mi hermano o hermanas. Era como un Edipo al revés -sería hipócrita-, decir que no me agradaba-  pero era tan evidente, que como hijo menor en las situaciones que pasaban en la casa familiar, siempre resultaba no el más querido, pero si el más preferido. Vaya a saber por qué. Quizás por ser el menor, llegado al mundo con una diferencia de casi siete años, de esta hermana mía que estamos aguardando, y que continúa luchando por su vida.

Ha habido personas cercanas que han hecho cadenas de oraciones, gente apreciada que cada día nos manda su aliento, nos hemos constituido en conocidos y desconocidos en un verdadero ejército, en donde cada uno le pide a la Deidad en quien cree, por su recuperación…


Vaya nuevamente; mi gratitud a todos y cada uno de aquellos, que han pasado a darme una palabra de aliento.