Añoro

No es nostalgia, es añoranza
de aquellos días de la infancia.
De una pelota de goma rebotando
y una decena de niños jugando
en la calle desierta, donde un carro
era cosa novedosa y chapa de lujo.

Donde las paredes del frente
de las casas del vecindario,
eran nuestro Messi de aquel tiempo
haciéndonos un pase milimétrico,
para gritar ese gol estremecedor
que nos hacía abrazar con el Polaco,
el “ruso” Sue o el “gallego” Paco.

¿Pandemia? ¡Qué va!
Si el cartón de vacunas obligatorias
lo tenías con todos los sellos,
y el tiempo ayudaba, en cualquiera
estación del año se tratara,
teníamos esa voracidad de salir,
de jugar, ser felices con tan poco.

Pasaron décadas de aquel tiempo,
en toda disciplina hemos avanzado.
Pero ese avance, al que no me opongo
nos quitó aquellas cosas de otra época
dirán algunos, que eran tan auténticas.

Minuto a minuto…

Nos dimos un beso con dos
de mis tres hijos, previo pasarnos
el alcohol en gel en nuestras manos,
una vez que almorzamos juntos
como habitué que siempre somos
en el Boliche de Darío, degustando 
sus exquisitas carnes y todo aquello 
que le da un sabor bien argento,
a nuestras papilas gustativas.

¿Cuándo podrá ser nuestro próximo encuentro?
Recién me entero. Ya no lo sé, con seguridad.
Acabo de llegar al departamento, prendí la TV
“la noticia del día luego de la reunión
del Gobierno con sus ministros y expertos”
puede llegar a ser prohibir la circulación
de personas, por un tiempo de quince días.

Me vuelve a la mente, poblaciones de Italia
que se comunican desde balcón a balcón,
o la Plaza Mayor de Madrid desierta y quienes
son indagados para que expliquen las razones
de estar caminando por ella, incumpliendo
una de las tantas normas fijadas por el Gobierno.

Aquí en el Cono Sur el otoño comienza el 21,
hasta ahora las temperaturas han sido
más que cálidas, alentando la aparición del Dengue.
No quiero imaginarme, si esta nueva pandemia
comienza a agravarse, obligando una firme custodia
ya vista la experiencia desde China a Europa.

Es estar atento, prevenir en lo individual
que ayuda a lo colectivo, con la consigna
clara y concreta de no entrar en pánico.

Siempre conmigo…

Sé que estas aquí, donde has vivido
los últimos años de tu existencia,
percibo como una brisa sobre mi frente
cuando me acuesto cada noche,
como si fuera un beso, seguido
de “un hasta mañana”…

Recuerdo años atrás, cuando del trabajo
pasaba por aquí y estabas en la cocina,
cavilando con tus recuerdos a cuesta.

O bien en los mismos sillones de jardín
que algún día te regale, cuando aun
habitabas tu casa de toda tu vida.

Tu sonrisa al recibirme, al llegar
con esas visitas fugaces que te hacia
camino a mi último destino, mi hogar.

Siempre tenías algo en el refrigerador
que tus manos sabias habían preparado,
para invitarme a compartir y disfrutar
o bien tomarnos juntos unos mates, 
esa infusión bien argentina y uruguaya,
por igual. 

Conversábamos largo…y a veces no tanto…
es esas veces las que lamento…
como desearía bajarte de ese pedacito de cielo,
que ocupas desde hace tiempo, madre mía…

Deseo conocerte, Portugal

Próximo destino, Portugal de mis amores
tierra que según los que entienden,
se hizo famosa por el bacalao y las sardinas
a la parrilla, como platos nacionales.

Destino en el que aún no estuve,
y casi siempre le pase por el costado ibérico.

Me dicen los amigos, estas enloqueciendo
ahora con el coronavirus en Europa, ciego!

Y yo les contesto, me acompaña mi Dios
que a todos lados llevo y es el único, en quien confió.

Paseare por las calles empinadas de las colinas 
de Lisboa y será mi bastón aventurero, que sostendrá
mi andar por sus bellas calles y mirando al Tajo,
para recorrer luego sus iconos emblemáticos,
mezclarme con su gente en esos típicos bares
en donde con una buena copa de vino,
la cordialidad que es bienvenida, de amigos en breve
te haces, como si los conocieras desde siempre.

Visitare desde Cascáis a Estoril, para luego
marchar a Porto, al norte en el distrito medieval
de la Ribeira, sus calles angostas de adoquines
como los que pocos quedaron en mi San Telmo,
de mi misteriosa ciudad de Buenos Aires
allá en los tiempos de la vieja aldea con el Fuerte
mirando a las orillas del Rio de la Plata.

Vila Nova de Gaia, más la librería Lello e Irmao
que me encantara visitar, como quien ingresa
a un lugar histórico y también encantado.

Ya habrá tiempo para andar por el Valle del Duero
y más aún para conocer la Iglesia de Fátima,
que en una de esas cruzo la frontera
y junto a mi Dios, visitaremos la Catedral de Santiago

Despedida

Has dado el portazo, no me sorprendió
me lees y sabes que mi verdad sale sin filtro,
cuando escribo en forma autorreferencial
alejado de esas ficciones que suelo soñar.

He respetado tu decisión, con tristeza
quizás el tiempo y la distancia produzca
algún reencuentro para esclarecer las dudas
que dices tener, de aquello que te lastima.

He quedado sin victimizarme, sorprendido
pero sé que no se puede, cuando uno de los dos
no desea y habla del verbo querer en pasado.

No guardo rencor, como nunca lo he guardado
al contrario, guardare en mi corazón los momentos
armoniosos y adorables que hemos compartido.

Pediré en mis diálogos con mi Dios,
en forma ferviente que seas feliz
y encuentres a aquel, que te haga sentir plena.

Me disculpo, por no haberlo logrado.

Mi personal forma de creer en Dios

¿Quién puede decir, que está libre de pecado?
Aun el más impoluto representante religioso
cualquiera sea, guarda en su interior
todo aquello que enojaría al guardián de su credo.

Recuerdo de niño, en la escuela primaria
que un buen compañero de apellido Rojas
me pregunto ¿Tú vas a la Iglesia La Candelaria?
a mi respuesta “no”, le siguió
-ah…entonces tú eres ateo- 
Como explicarle que no necesitaba ir a ese lugar
que para mí nada representaba, 
ya que Dios me acompaña
desde siempre, aun sin conocerlo. 
Pero seguramente no me hubiera entendido.


Y aquí está la constante duda que vive junto a mí.
Dios, Jehová, Buda, Ala, Confucio y tantos otros
son figuras celestiales y amadas por sus fieles
por sus virtudes, también porque se han hecho
cargo de los males de toda la humanidad
enseñando desde el sendero del amor y la misericordia.

¿Entonces, cual es el motivo por el cual un hombre
con sus pecados a cuesta, se arroga el derecho
de hablar en su nombre, cuando al hacerlo
está ofendiendo a los fieles y a la misma Deidad?

El contrasentido de uno de los temas más polémicos
como es la religión, me ha llevado como personal opinión
a hablar con “mi Dios” cada día, al salir de mi hogar
sin necesidad de intermediario alguno 
y sin visitar la casa de “su Dios”. 
Porque ambos, son el mismo. Pero con una diferencia.
El mío no está contaminado por los pecados del hombre.

Crecer…amando la vida.

Siendo muy niño creía que los otros,
eran solo mi círculo familiar,
mis padres, mi hermano y mis hermanas
eran eso, a lo que yo llama familia chica.

Los otros, parientes de ambas ramas
eran circunstanciales, solo de paso
de vez en cuando, por nuestras vidas.

Pero al crecer, la creencia
cambia en su dimensión y amplia
su horizonte, al igual que los afectos,
el tío preferido, primos con los que crecí
y juntos llegamos a la adolescencia,
viviendo esa grata explosión hormonal.

Hoy cada tanto, por no decir casi nunca
nos volvemos a reunir, soñando aquello
que nos hace más jóvenes y nos provee
esa creencia que seremos eternos
más allá de la finitud de esta bella vida.

Infancia sin imaginación…

Sin nada, he sido tan feliz
en esa infancia que ha quedado
ya tan lejos, pero que aún su recuerdo
es para mi, una vacuna permanente de optimismo.

Jugar con los amigos, vecinos de las casas
cercanas a la mía, en las calles desiertas
imaginándonos y con tiza blanca
trazando las pistas, donde nuestros autos
de plástico rellenos de masilla,
para lograr su mejor adherencia al asfalto
y llegar primero a la meta de llegada.

O aquellos juegos de bolitas,
en donde la “lechera” era la de más valor
y cada uno la dejaba, en posición más difícil,
para que el competidor no se la llevara.

Jugando con la pelota de goma, “la pulpo”
que comprábamos con las monedas
que juntábamos todos, una a una,
e íbamos adonde “el kiosco del gallego”
para que nos diera la que más rebotaba,
ya que usábamos las paredes de las casas
como un compañero de juego, que nos la pasaba.

Hoy cuando los veo 
con la play station; las tablets
y hasta las animaciones 
en celulares para que los bebes,
coman su alimento día a día.
Desearía preguntarle a cada joven
que ilusiones le acompañan…

Porque la Argentina es tan cosmopolita…

Una de mis queridas sobrinas, me ha pedido si le podía describir cómo llegaron mis abuelos maternos a la Argentina, para un trabajo que debe realizar una amiga suya. Si me hubiera solicitado de mi parte paterna, me hubiera resultado mas sencilla, ya que le compartiría la monografía que hizo hace años mi hija Analia, al entrevistar ambos a mi tio Santiago, único hermano de mi padre que a su vez había recorrido desde el nacimiento del apellido (756 AC) hasta nuestros días. Capurro, tiene ascendencia italiana, específicamente de Recco, Italia y por el lado materno de mi padre, vasco franceses y suizos.
Pero en el caso de mi madre, es más complicado. En primer lugar porque se trata de una nacionalidad un poco desconfiada en difundir sus secretos y otra por aquello de eso “no se habla”. Sin embargo, hare un recordatorio retrospectivo en mi memoria para poder alcanzar solo una “parte de lo vivido” por esos inmigrantes sirio-libaneses (mi ascendencia materna) que llegaron a principios del siglo XX.
De mi memoria surge, que la comunidad de origen árabe musulmán y cristiana, era reducida en comparación con las de origen italiano y española, gente con gran capacidad de trabajo, que arribaron allá a fines del siglo XIX y luego los distintos flujos se dieron hasta casi el año 1950. 
La comunidad árabe establecida ya en el país, recibió a mis abuelos cuando llegaron a la Argentina y ya cuando pasaron por inmigraciones, por el hecho de no saber español y tener dificultades para comunicarse los rebautizaron –¡así como les dijo! Aunque suene irrisorio- Mi abuelo de apellido Suleiman paso a ser Soleiman y mi abuela a su nuevo apellido Ali, el que se repetiría en varias mujeres que llegaron del medio oriente.
Después de pasar por el viejo Hotel de Inmigrantes, miembros de la comunidad ya establecidos los ubicaron en una casa, que supieron pagar. Era una de esas casas muy comunes en la ciudad de Buenos Aires de la época, con un local comercial al frente y la puerta de entrada de madera, en que trasponiendo un zaguán uno se encontraba con amplio patio y las habitaciones a la derecha, una a continuación de la otra. Al fondo el comedor diario y la cocina. Descubierto más atrás, el baño y un pequeño jardín que tenía una higuera, que daba unos fantásticos y sabrosos higos negros, que disfrute mucho de niño al igual que todo familiar que visitaba la casa.
La comunidad de aquel entonces era muy cerrada y altamente compleja en su apertura a aquellos nativos del país, fundamentalmente por el tema religioso ya que adoraban al libro sagrado del Corán y a su profeta Mahoma, en donde festividades como el Ramadán se cumplían a rajatablas, así como las oraciones mirando a la meca, todos los días. Recuerdo a mi querida abuela Asme, con un rosario de cuencas en sus manos, mientras oraba.
Así mi paladar se mezcló de niño con sabores latinos y árabes, por igual en que todo se hacía en casa y no había delivery, como hoy.
Pero existe un antes de mi nacimiento. Mis abuelos paternos, tuvieron en Buenos Aires; siete hijos –cinco mujeres “las mayores” y dos hombres “los menores- que es cuando uno se pone a pensar, que no pararon hasta tener el hijo varón. Mi madre era la segunda de las hijas. Supieron utilizar el local comercial, para instalar una verdulería, que les permitió mantener a tan numerosa prole.
Pero, dolorosamente mi abuelo paterno enfermo de gravedad a los cuarenta y tres años, dejando a la familia devastada y a mi abuela, al frente del negocio con alguna ayuda de alguna de sus hijas adolescentes.
Los sabores de las comidas tradicionales como el quepe, fatay, yisbaro, hummus y tantas otras exquisiteces eran cotidianas e imperdible el cordero a la cruz, cuando llegaba cada fin de año en que éramos una multitud.
Pero creo que me adelante a los hechos que sucedieron. Como bien comente antes, la comunidad era muy cerrada como hoy por ejemplo es la judía o la corena, y quienes acordaban los matrimonios eran los padres. Por ello, la mayoría de mis tías –salvo alguna rara excepción- fueron entregadas como esposas adolescentes “algunas a los quince años” lamentablemente sin amor y con hombres de más edad. La que dio la nota; como no podía ser de otra manera, fue mi madre, Sara Soleiman (Naye o Nancy) quien habiendo sido advertida por una de sus hermanas, Josefa (Popi) que estaba saliendo con un muchacho, que este traería a un amigo y la invito a acompañarla. Así fue como mi madre conoció al “Ingeniero” Francisco Félix Capurro –rubio de ojos grises o verdes, según el tiempo- y el querubín de los “flechazos” hizo en ellos de las suyas.
Ese amor fue tan intenso, que miembros de la comunidad persiguieron a mi padre varias veces, a punta de cuchilla –no olvidemos que la mayoría eran matarifes o carniceros-. Pero Francisco, no se amilanaba. Se ponía contra la pared, y los enfrentaba a trompada limpia. Hasta que un día, enfrentado a ocho energúmenos, mi abuelo –su padre- Félix salió con un pistolón con tiros al aire para sacárselos de encima.
Finalmente mis padres se casaron y mi madre tuvo prohibida la entrada a la casa materna casi por cuatro años. La historia de amor de mis padres, fue publicada en la revista Caras y Caretas, del legendario uruguayo Natalio Botana amante fugaz de Frida Kalo. Un amigo de mi padre, Otero un día al verme por la calle, siendo yo un adolescente, me dijo – Un día, pibe nos vamos a sentar en un bar y te voy a contar con detalle, el gran amor de tus padres- Charla que quedo en la nada, por su fallecimiento. Pero me detengo aquí. Habría muchas historias para contar, pero en esta breve reseña están las razones de porque la Argentina, es tan cosmopolita, llamada también “el crisol de razas”. Hasta la próxima…

No solo debemos leernos…también protegernos.

Hoy me encontré con una entrada abrumadoramente triste, y quien escribía padecía una enfermedad difícil de controlar en sus distintos estados progresivos y por ello, no pude dejar de recordar mi propia historia que viví hace casi 30 años. Aquí solo reescribo mi respuesta al momento actual que padece. ” Hola! Mira, te voy a contar una historia, en la que el protagonista era yo. Hace casi 30 años, tuve paresia de ambas extremidades inferiores, problemas al orinar y del esfínter anal, por lo que no podía satisfacer mis necesidades fisiológicas. Imagínate que eran las 3 a.m. de mediados de invierno en junio, llamaron a un médico para diagnosticar por lo que dijo que era un problema con el nervio ciático. En ese momento, nadie había salido a comprar medicamentos, aparte de que mi cerebro que lo ordenaba, mis piernas no se movían. Justo a media mañana, comenzaron a moverse, continuando con los otros problemas, me llevaron a ver a diferentes especialistas, hasta que tuve la mala suerte de que me recomendaron a un famoso neurocirujano, quien después de verme sin recibir los estudios específicos realizados a pedido de uno de sus colegas. Después de hacerme caminar desnudo hacia adelante y hacia atrás, hacer que me pusiera mi dedo en la nariz con mis ojos cerrados y muchas otras cosas; me hizo vestir y allí me dijo que le diera los estudios. Con el orgullo de los que creen ser superiores a Dios o a lo que tu creas… me dijo que sufría de una enfermedad devastadora… Cuando le pregunté qué era, respondió; con calma: “muerte progresiva”, comenzaría con ceguera y moriría postrado en la cama, no más de un año después. 
Otro en mi lugar, se habría arrojado bajo las ruedas de un tren. Pero no, después de llorar durante una semana, frente al espejo cuando me afeitaba, pensé que no tenía nada, que no era posible. Comencé a hacer innumerables estudios invasivos que castigaron mi cuerpo y mi alma. Pero el último ocurrió; en diciembre del mismo año, una punción lumbar, que con el resultado en mis manos, fui a ver a otro neurólogo que también me trataba en forma paralela. 
Sabes, me dijo: Daniel en un 99% de las veces no tienes Esclerosis en placa. Fue un virus que se alojó en tu médula y como lo hizo, luego desapareció. 
Por ello, siempre debes luchar y nunca rendirte. Solo un espíritu positivo y reactivo ante la adversidad, puede superar incluso lo más inimaginable. Cuenta conmigo para todo. Te mando un fuerte abrazo”.