Qué mejor que vivir donde se respira armonía…

Hoy; como casi todos los días me desperté antes que la alarma del móvil sonará.¿La razón? La misma de cada mañana, Daysi que deja sus aposentos y de tanto dormir en el día. A veces me pregunto si los ejercicios de respiración,el yoga o la meditación quien la realiza ¿Ella o yo? Quien esté leyendo esto, sabrá entender si posee mascota como sola compañía.
No sé qué pensar a veces, cuando la miro en su cama con la panza y patas flexionadas hacia el techo -ni siquiera un experimentado fakir, podría hacerlo mejor-
Pero hoy era un día de corridas, así que me fui rápidamente al baño, me duché, me afeité y ya estaba haciendo mis ejercicios, luego de poner a calentar a fuego más que lento el desayuno y preparar los cítricos. Luego la meditación; y de ahí atraer de la cocina, nuestro desayuno. Ya Daysi, sabe que cuando mis movimientos son más rápidos que los habituales, en algún momento se quedará sola en el piso.
Tome la correa, el tapabocas y la calle tomamos para hacer nuestros dos kilómetros de la mañana. Pero se me ocurrió cambiar el recorrido, tenía interés en conocer la comuna en que me encuentro. Aclaro que mi casa está aún ocupada por mi ex mujer y mi hijo menor, casa que construí a finales de la década de los 80. Y cuando digo construí; así fue. El diseño y los planos de esa casa que permitiera albergar a un matrimonio, dos hijos y un tercero en camino, debía ser amplia, confortable, con un patio donde los niños podrían jugar libremente y mi sueño “mi jardín” con macizos florales y algún que otro frutal, lo hice luego de analizar cada metro de todos de los que disponía.
Hubiera sido más fácil en aquel tiempo contratar a un arquitecto y tener en la mano U$S 500.000 para construirla y terminarla en menos de 6 meses.Pero en aquel momento; era solo un empleado que si bien ejercía como Jefe de la División de Relaciones Industriales de una empresa metalúrgica, era el único ingreso de nuestra familia, ya que mi esposa estaba al cuidado de mis dos hijos de 4 y 3 años, mas un tercero que llegaría luego,
Fue muy bueno; para la familia disfrutar esa casa por varios años; hasta que comenzó cerca de la misma, a desarrollarse un polo comercial de indumentaria, que crecía vertiginosamente, con lo que ello conllevaba. No solo desaparecieron casas particulares y antiguos negocios, situados en la Avenida sino que además avanzaron por las calles paralelas o laterales.
Al final; el barrio dejó de ser barrio, un transito de locos, gritos, bocinazos durante el horario comercial, hasta los sábados. Y a la noche; “zona roja” para el trabajo de prostitutas o transexuales – los que tienen que vivir, claro-, si hubieran tenido el decoro de no caminar gritando o cantando, por estar borrachos o dados vuelta por efectos de alguna “sustancia”.
Cuando me fui de casa; y llegue aquí a solo 2 kilómetros de donde vivía. me encontré con “otro mundo, para mi desconocido”. Silencio, poco tránsito, casas bajas, Hoy mismo, cuando saque a Daysi a caminar, saque un par de fotos con el celular, como para inhalar ese perfume de árboles florecidos.
Luego al volver a casa, deje a Daysi y me cambié para ir a pleno centro de la ciudad, a un par de kilómetros de la “Casa Rosada”. Fui a una consulta médica de control y al salir tuve ganas de beber una infusión caliente. Así me senté en la vereda de un bar con mesas -hoy como todos- a la calle. Y vi la locura o enajenación de las personas, como evitándose unos y otros. Estuve pensando un rato y de paso saqué otro par de fotos, pero en este caso de un edificio, que fácilmente supera más de un siglo,
Me dije a mi mismo -que Dios o el Universo me había bendecido-. Ahora sí disfrutaba del lugar en donde vivía, aunque siempre pueden presentarse problemas menores, es lo ideal para mi caso.Busque el auto en estacionamiento, puse música de los 80 y cuando volvía, note que una sonrisa persistente me acompañaba….

Imprevisto…sepan disculpar

Misterio en Giverny¿Capitulo….ó final?

Queridos amigos escritores; y siempre las damas primero. Me he comprometido; a la entrega en la presente semana, de un nuevo capitulo de “Misterio en Giverny”, pero he comprobado que la frase “el hombre propone, pero Dios o el Universo dispone”, en mi caso se hizo realidad. Al tener un problema técnico con mi office, que se solucionara, me veo obligado a estar desarrollando aquello en un block de notas o en la tablet, lo que ralentiza su desarrollo. Nuevamente, debo pedir humildemente disculpas por este imprevisto. Pero, para compensar subiré como cortesía de Pinterest fotografía de tan bello lugar, que supe conocer y recorrer. Me preguntarán porque no subo las mías? Fundamentalmente, porque la Notebook también me lo impide. Les deseo un maravilloso fin de semana, a pesar del “maldito bicho”. Pero ello; no significa construir el mejor día ya que cada un@ tiene los nobles materiales como para pasarla bien, solo o en familia,. 

¿Quién me falta?

Que es mi vida, hoy
mis hijos, mis nietos
uno de aquellos, muy lejos
por eso y solo en este caso,
agradezco por esta tecnología
que me permite verlos
volver a ser niño con besos
en la pantalla incluidos.

Quien más? Ah…
yo y mi mascota solos,
en el piso y alguien más?
si ella…ella…, que es aún, incógnita.

Debo agradecer a quien
nos creo cualquiera sea,
por darme el privilegio
de hacer mis rutinas,
a pesar de esta rodilla
desgastada por las corridas
del ayer, de años vividos
que luego te pasan factura.

Mis clases de yoga e Inglés,
mis cursos de todo aquello
que me permite ese ohm
para regalar armonía y paz,
siempre con una sonrisa
o un chiste de aquellos
al momento, improvisados.

Mis paseos con Daysi,
una intolerante perra dama
que disfruta de nuestras
caminatas, a tal punto
que se conoce cada parada.

Y mi  blog, mi querido blog
donde leo a todos aquellos que sigo,
los voy conociendo por sus letras
como seguramente ellos a mí.

No doy un like por compromiso,
y comentó todo aquello
que me conmueve, cualquiera
sea la temática abordada.

Pero si ella se decidiera
seria para cantar ¡Bingo!
y a los cuatro vientos, gritaría
ahora somos dos, disfrutando
de nuestra compañía y destinos.

Rescátame

No te sorprendas por esto
necesito que me rescates,
de esta soledad que hace estragos
en este momento tan especial,
donde mi camino es tan desangelado.

Te preguntarás, tan débil eres
te contestare, más de lo que supones.
Hasta en este tránsito errante
he de preguntarme, quien soy
de aquel que tiempo atrás fui,
filósofo de la vida, caminante
incansable de esta vida que elegí.

Si llego a ti con esta confesión
es porque necesitó que me abraces
tan fuerte como te sea posible
y que en ti la paz encuentre
en esta confusión tan lacerante.

No me molestara si te niegas,
sé que también no debería pedírtelo,
pero eres para mí la última esperanza
de volver a ser la mitad de aquel que fui.

Imagen: Gentileza go.hotmart.com

Quiero mi pedazo de cielo…

Han regresado recuerdos de niño
cuando alguien llamaba en el pórtico,
apresurada entrada que traía murmullos
que ocasionaban llanto o una onomatopeya.

Me extrañaban las razones
por las que me alejaran,
de esos diálogos mínimos
como si fueran rezos hacia dentro
que eran casi inaudibles a mis oídos.

Hasta que un día, un poco mayor
supe que esas noticias, traían consigo
la lamentable noticia de una muerte
de un ser querido o alguien cercano.

Cuando la primera vez y otras pregunte
sobre el destino de quien no vería más,
las respuesta que me daban fueron solo dos
“se fue al cielo” o “partió para encontrarse
con quienes había amado” indicándome
que el destino era el mismo, ese pedazo de cielo
invisible a los ojos de cualquier mortal.

De la misma manera, que nos sorprendimos
cuando el hombre poso uno de sus pies en la Luna,
también sentimos que el romanticismo que la acompañaba
de ahí en más, quedaría solo en el imaginario popular. 

Pero no he desistido en pensar en la existencia
y encontrar ese cielo invisible a nuestros ojos,
al que imagino como una bruma azulina
atravesada por haces de brillantes luces,
detrás de ellas, elevándose un gran pórtico 
como aquellos que solemos ver en imágenes
celestiales y alejadas de la realidad de este mundo.

He sido tan terco en toda mi vida
en cuanto a lo que estoy narrando,
que desearía que Dios o el Universo
me regale solo cinco minutos de esta vida,
para poder ingresar y ver del otro lado
del pórtico, ese lugar que desde niño 
considere sagrado y del que nunca negué
su existencia con la sublime esperanza,
de que al entrar una ronda maravillosa
formada por mis padres y hermanos,
mas tanta gente amada que se ha ido,
me reciba con esa algarabía del reencuentro
fundiéndonos en esos abrazos celestiales 
que me darán la paz que necesita hoy, mi alma.

Adiós hermana, nos vemos en la próxima vida…espérame.

Escuche el celular vibrando en sueños, 
una y otra vez, encendí la luz, 
busque aun dormido mis gafas 
tomándolas con mis manos,
al ver la hora de madrugada 
leer quien me llamaba, 
era una obviedad que nada 
bueno podría haber sucedido.

Hola…-Tío, mi sobrino Germán
diciéndome “la mamá se fue con Dios.
No habían pasado doce horas
que habíamos estado junto a ella,
cuando fui el último en acariciarla
susurrándole de que no cesara de luchar
que como tantas veces en su vida,
por el milagro que su fe reclamaba
no dejara de saltar un nuevo obstáculo,
como otros cruentos momentos superados.

Vino a mí una sensación de profundo enojo,
fue solo un instante, respondí adormecido
“nos encontramos en el Hospital en veinte”,
no se cómo en cinco ya estaba en la calle
mi mente solo juzgaba porque casi siempre,
los inocentes, son los que primero parten.

Subí al auto, pandemia en curso
transito más que fluido,
llegue al hospital y un abrazo partido
le di a cada uno de mis sobrinos.

Al ingresar, nos detuvieron
y al preguntarnos las razones,
solo al mencionar un deceso por COVID
nos dejaron entrar de a dos
a terapia donde nos anunciamos,
la espera fue un martirio
de ansiedad y llanto contenido,
debimos cumplir con los protocolos
recién allí y solo de a uno a la vez
ingresamos al box, en donde ella yacía.

Ingreso su hijo menor, Maxi
no demoro mucho en salir
porque su dolor ya lo laceraba
desde hace largos y traumáticos días. 

Entre, me acerque a mi hermana
a ese cuerpo inerte que no parecía ella,
su rostro era de sufrimiento extremo
los labios cortados por el entuba-miento,
unas vendas fuertemente ajustadas
alrededor de su cabeza, presionando
sus maxilares para mantener cerrada su boca.

Ella, en horas envejeció diez años
no importaba ya explicación alguna,
se había ido dejándonos el dolor a procesar
cada uno a su manera, hiriente como
se supone de toda muerte injusta.

Para las noticias, será un número
dentro de la cantidad de muertos,
para sus hijos comenzar a transitar
los recuerdos y el duelo tan temido.

Para mí, lo mismo mas cargar la frustración
de que el milagro no pudo ser posible.

Solo le pido a quien lo determino
que ahora adonde su alma vaya,
haga posible el reencuentro
con quienes le darán descanso eterno.

Solo aguardo un milagro.

Tras las gruesas cortinas
las penumbras vestidas
con la tenue luz de invierno
que atraviesas la ventanas,
me hacen ingresar al cuarto
no sin antes cumplir el protocolo,
del camisolín, de las gafas 
y el obligatorio tapabocas.

Observo un rostro y cuerpo
rodeados de vías y cables por doquier,
es como si fuera un envase impávido
de aquel cuerpo que ha sido,
hasta hace muy poco tiempo.

Miro con tristeza el parietal
descarnado, su cabello hacia atrás
como desplazado por tanta tecnología
en que denuncia sus signos vitales
que sigo en forma periódica, rogando el milagro.

Se que dicen que aun inconsciente
de tanto que he leído en este mes,
los pacientes la capacidad de escuchar
puede estar en ellos, latente.

Solo me acerco, abrigo el hielo
de su cuerpo, manos y pies
azulinos, morados, todo ello
helados por una circulación
que va claudicando de a poco,
la cubro con una manta 
creyendo inútilmente
que con ello, se sentirá más cómoda.

Dos de sus tres hijos están conmigo,
cada uno se acerca, acaricia su cabello ralo
y murmura entre lágrimas, 
unas palabras de amor en sus oídos.

Me acerco suavemente, la acaricio
le hablo de nuestros secretos guardados,
de que mamá y el Dios de Spinoza
en quien cree, están junto a ella.

De que la fe de Dios, es la fuerza
que recibe para que produzca 
el último y tan deseado milagro.
No puedo dejar de moquear
debajo del tapabocas, beso su cara
y a pesar de todos los pronósticos,
me sigo aferrando al milagro
por el cual, alguien parece no escuchar.

Es el ostracismo auto-impuesto,
ermitaño de este tiempo
deshojado y sin sentido,
que es doliente y va dejando
ese camino de lágrimas
que parece prenunciar
un final falto de matices.

Agradecimiento y breve regreso…

Debo comenzar agradeciendo tanto a aquellos que sigo o me siguen, como también a los que no, que tuvieran la extrema sensibilidad de acercarse a este sitio y solidarizarse, para darme ese respaldo anímico que todos necesitamos en esos momentos de dolor que cada uno de nosotros, lamentable e indefectiblemente atravesó o atravesara en su vida. Por ello nuevamente a mis amigos, mi sincera gratitud.
Debo decir, que mi última publicación fue el 28 de agosto pasado y pido disculpas a aquellos, que deberán aguardar el final inconcluso de “Misterio en Giverny”.
Por aquello de la brevedad, debo decir que mi querida hermana, se encuentra ahora en terapia intermedia, porque cuando se aprestaban a realizar el tratamiento oncológico, se le detecto COVID y debió ser aislada con respirador, sin poder recibir visita alguna, hace ya unos dieciséis días. 
A ello se agregó que tanto mi sobrino y yo, casi paralelamente a lo sucedido y solo con dos días de diferencia, contrajimos también la enfermedad. Los hisopados positivos y las manifestaciones de la misma, hicieron el resto sumándose a la ansiedad y angustia que para que decir, nos embarga a todos.
No obstante; hace unos pocos días volví a la plataforma desde que me había alejado, para leer a quienes escriben, los siga o no como es mi costumbre, ya que me resulta grato saber de sus emociones, ansiedades, sentimientos, humores, y todo aquello que a veces se descubre en las letras. No me prive como siempre; de algún comentario que creí considerar atinado.
Sin embargo; no dejo de observar en la app de la Institución en la que se encuentra internada y que tengo instalada en mi teléfono, dos o tres veces al día sus signos vitales y el parte que los médicos ofrecen diariamente a mis sobrinos, vía telefónica.
Ya han llegado sus dos hijos menores desde Chile, el primero con la obligatoriedad de tener que hacer el aislamiento de catorce días, al llegar a nuestro país en la casa de mi hermana, por lo que solo pudo turnarse conmigo unos 4 días, ya que él fue quien también contrajo COVID. En su caso, la convalecencia resulto más complicada dada la elevada temperatura corporal, que se resistía al anti-térmico y otros síntomas; tales como tos, dolor de garganta y de articulaciones.
En mi caso, quizás ya porque no me cocino, ni siquiera al tercer hervor, solo se limitó a que estuviera febril durante un par de días y con un gran cansancio corporal, que aún hoy se mantiene. Ambos tuvimos la fortuna –si así, puedo decirlo- de cursar la enfermedad en nuestras casas, sin necesidad de hospitalizarnos.
Casi siempre; el cuerpo avisa aquello que nos afecta el alma. En Chile hace veinte años, se encuentra su segundo hijo, quien construyo su futuro y una hermosa familia. En diciembre del año pasado y dada la situación de permanente volatilidad de nuestro país, se dirigió a Chile su hijo menor, el tercero junto a su esposa, para radicarse en el país trasandino e iniciar un emprendimiento, apostando a un mejor futuro. 
Justamente; el hijo menor que la acompaño los últimos 20 años de su vida. Una casa inmensamente grande para ella en donde en el pasado, se oían risas infantiles o esos entredichos de adolescentes, y que ahora solo era silencio y recuerdos que se agolpaban en la triste y amarga soledad. 
Mi hermana los crió ejerciendo una autoridad no doblegable, pero también con un infinito amor. Hoy; están viviendo lo más difícil. Esa situación que uno que jamás quisiera vivir, como cuando hace 20 años perdí a mi madre, luego de un largo trajinar de diecisiete años. Estuvo siempre bien; lucida y activa, hasta que el fallecimiento de su hijo mayor, luego de una larga enfermedad -mi hermano-, provoco que su estado de salud comenzara a declinar. 
Ahí, se fue yendo poco a poco. Siempre golpea en mi memoria, su pedido sorpresivo, que fue como un ruego inesperado. Solo murmuro: “no me abandones”..
Se me cayó el cielo encima; como un yunque sobre mi cabeza. 
Es aun el día de hoy, en que no logro comprender esa demanda. Me pregunto una y otra vez, que fue lo que hice mal.
Fui quien en esos 17 años; estuvo acompañándola a su médico, como a cuanto estudio fuera necesario hacerle, visitarla casi diariamente o quedarme a la noche para hacerle compañía y mimarla.
Hasta a veces, le decía – ¿Mamá, no preferís que alguna de mis hermanas, te acompañen al médico?- y proseguía –sabes porque te lo digo, porque debo sacarte y ponerte el corpiño, quizás tengas vergüenza-
Y me respondía –Por favor, te di la vida. Tú eres mi bastón y contigo me siento acompañada y contenida.-
Siempre nuestra comunicación; fue diferente a la que podía mantener con mi hermano o hermanas. Era como un Edipo al revés -sería hipócrita-, decir que no me agradaba-  pero era tan evidente, que como hijo menor en las situaciones que pasaban en la casa familiar, siempre resultaba no el más querido, pero si el más preferido. Vaya a saber por qué. Quizás por ser el menor, llegado al mundo con una diferencia de casi siete años, de esta hermana mía que estamos aguardando, y que continúa luchando por su vida.

Ha habido personas cercanas que han hecho cadenas de oraciones, gente apreciada que cada día nos manda su aliento, nos hemos constituido en conocidos y desconocidos en un verdadero ejército, en donde cada uno le pide a la Deidad en quien cree, por su recuperación…


Vaya nuevamente; mi gratitud a todos y cada uno de aquellos, que han pasado a darme una palabra de aliento.

Sin aviso…

El día se está yendo
como pidiendo permiso,
demasiado lento
para mi gusto,
con ese profundo dejo
de sabor amargo.

Silencio que daña,
que provoca angustia
dadas las horas
que como un continuo
impávido, uno ve deslizarse
no solo en el tiempo que fluye,
con la llegada indescifrable
de pensamientos voraces,
que inundan mi cerebro
sin dejar de traer consigo
ese nulo y ciego futuro.

Que difícil explicar
lo que debe agolparse
en ella, mi hermana
en sus sienes, creyendo
de que es quizás, leucemia.

Sensaciones encontradas,
desde la negación hasta
pensar que hay vuelta atrás,
o la resignación de aceptar
que ha llegado, algo inesperado
para ahora esperar que
quienes saben, nos digan
cómo y con que enfrentarlo.

Al temor ni siquiera lo muestra,
pero su mirada clama ayuda,
la que fuera para evitar
lo cruento que se avecina,
un calvario que aun
no ha comenzado,
y una espera odiosa
de cada desangelado día.

Es la indescriptible sensación
de impotencia y frustración,
de quienes solo amándola
estamos cerca para la contención.

Ansiedad? Inevitable…

No es nada fácil. Cuando tienes a una de tus hermanas, con la que has vivido un abanico de circunstancias de todo color, durante toda tu vida. 
Sanatorio u Hospital; qué más da en donde se encuentra internada.
Se siente que la intranquilidad, ha hecho prisionera a toda persona, que circule por este edificio impersonal, en donde cohabitan profesionales y personal de segunda línea, más que valientes aquellos le ponen el pecho al maldito COVID 19 .
Del otro lado, aquellos pacientes que mantienen la esperanza, de superar lo que padecen, fuera el virus o no. Estamos con récord de contagios y muertes. Los medios bombardean con la vacuna rusa,; a la que denominaron “Sputnik”, dándole el tinte geopolítico de ver quien llega primero a la meta, como si esto eliminara el número de víctimas, que solo son ahora el recuerdo de sus seres queridos.
Todo es confuso y en consecuencia su aprobación, comercialización, distribución a nivel local y global, sin olvidarnos del vil metal y su consecuente negocio. ¿Licito?
Cuando en realidad; debería haber sido producto de un gesto de “NOBLEZA”. Si ya se; me dirán no estoy en mi sano juicio. 
Porque esa palabra; solo se usa como identidad de las revistas del corazón y ha dejado de estar en el vocabulario, de las relaciones personales e multidisciplinarias.
Hubiera sido el momento oportuno, para que los países que dicen ser “del primer mundo”, se unieran e investigaran todas las variables del virus, que ha mutado ya más de 40 veces, lanzando una vacuna luego de superar los protocolos de seguridad, como consecuencia de reunir en su conjunto las mentes más brillantes de la ciencias y medicina de todo el mundo, lo que hubiera sido el primer gesto, de hacerle saber a los habitantes de este planeta tan desigual, que esta sociedad enferma, podría redimirse y hacer de la generosidad el instrumento de su nueva creación, dando a todos los países el reclamado antídoto, en forma gratuita y sin excepción.
Pero no; seria pecado para el CAPITALISMO ORIGINAL Y CRIMINAL; que no ha dudado en llevar a cabo el ensayo de vacunas en bolsones de pobreza del África, Asia, y la misma Latino américa, entre otros.
Y lo más lamentable, es el lugar que ocupan esos seis o diez tipos multimillonarios repugnantes, que los medios pretenden darles mas que prensa y convencernos que son verdaderos filántropos en búsqueda de la salvación divina, cuando son infinitamente participes y responsables, tanto de las pestes como de la degradación del medio ambiente. 
Además, cuando sus donaciones se desgravan de impuestos, son públicas y mediáticas, y eso me genera mayor rechazo. Y ahí tarareo; lo de Joan Manuel o el Nano, “con esos tipos, tengo algo personal”.
Pero vuelvo a la habitación donde se encuentra mi hermana; donde hace más de 40 minutos, que se la han llevado a realizar un PET uno de los tantos exámenes, que junto a análisis, ECG, y otros que le vienen realizando.
He estado tantas veces, en los pasillos, salas y habitaciones de estos lugares, que ya son parte de mi historia de vida, y que lamentablemente me traen dolorosos recuerdos, a los que ahuyentó, anteponiendo los otros. 
Aquellos; de los momentos felices.
El hijo mayor con su familia aquí en Buenos Aires; los otros dos en Chile. Ahora vere; llegado el caso si con un certificado médico del médico actuante, los respalda realizar el viaje en un aéreo humanitario, que los traiga a Buenos Aires, de acuerdo a las circuns- tancias.
Me detengo; se abre la puerta. Un auxiliar ingresa; trayendo a mi hermana en una silla de ruedas, abrigada con una manta violeta, que hace aún más evidentes sus gestos de cansancio, acompañada por la delgadez de su cuerpo.
Dejare de escribir; esperare la visita de los médicos, que intervinieron en el estudio. Les preguntare. He vivido ansiedades pasadas y sin embargo, siempre es lo mismo. La preocupación por quien uno ama y con quien ha vivido tantas circunstancias de la vida.
Me acerco a su cama. Le abrigo sus piernas con una manta. Callo; un instante. Comienza a hablarme sobre cada detalle; del estudio realizado. La escucho atentamente, inter- cambiamos opiniones. Pretendo inyectarle esperanza. Wasapeo; un mensaje igual para sus tres hijos y mis sobrinos… Ingresan los médicos… 
No sé si seguiré; escribiendo de esto. Creo que no… 
Lamento decirles; a aquellos que me siguen y tengo el gusto de compartir muchas horas…que la publicación del VIII Capitulo de “Misterio en Giverny”; se extenderá todo lo que mi prioridad, hoy establezca.

Abrazos a tod@s...