Cai lun, el funcionario chino considerado el inventor del papel

El eunuco imperial Cai Lun, un alto funcionario de la corte del emperador He, de la dinastía Han Oriental, recibió el encargo de su señor de hallar un nuevo soporte de escritura mejor que el existente hasta el momento, en seda, bambú y madera, que además tenía un gran coste de fabricación. El enorme ingenio de Cai Lun lo llevó a mejorar un método ya existente probando diferentes materiales hasta que logró fabricar un papel mucho mas económico, duradero y flexible.

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Si a alguien se le pregunta cuál es el invento más importante de la historia de la humanidad, seguramente responderá que el papel. En realidad, el papel ha contribuido de un modo impagable a la evolución humana y se ha convertido en un vehículo ideal de transmisión del conocimiento de generación en generación. Pero antes del papel, el ser humano ya empleó otros soportes para plasmar aquello que quería transmitir. La arcilla en la antigua Mesopotamia, por ejemplo, o el papiro en Egipto. De hecho, ya desde el III milenio a.C. los egipcios usaron la fibra extraída de la planta del papiro, que crecía en las riberas del Nilo, para crear un soporte de escritura muy parecido al papel. Posteriormente, el papiro sería sustituido por el pergamino, un material confeccionado a partir de la piel de animales como el cordero, el becerro o la cabra.

Pero ¿y el papel tal y como lo conocemos en la actualidad? Pues para conocer la evolución del papel desde sus inicios hasta nuestros días tenemos que remontarnos hasta el año 105 d.C. y viajar a la China de la dinastía Han Oriental. Hasta aquel momento, todos los documentos oficiales de la corte se habían escrito sobre soportes fabricados con seda, bambú o madera, pero debido a su fragilidad, su rápido deterioro y su costoso proceso de elaboración, el emperador He de Han ordenó a sus sabios que pensaran un sistema de fabricación para lograr un material que fuera más flexible y resistente, y también más económico. Para lograrlo, a partir de entonces el eunuco y consejero imperial Cai Lun dedicó todos sus esfuerzos a cumplir la orden de su señor.

Manuscritos chinos realizados en papel.Foto: iStock

CAI LUN EN LA CORTE IMPERIAL

Se cree que Cai Lun nació en la provincia china de Guiyang alrededor del año 48 d.C., cuando en el país asiático gobernaba la dinastía Han Oriental. En el año 75 d.C., el joven Cai Lun se convirtió en eunuco imperial (aunque el sinólogo australiano Rafe Crespignyi sugiere que esto posiblemente ocurrió en el año 70 d.C.). En su nuevo puesto, el trabajo de Cai Lun consistía en ejercer como enlace entre el consejero privado del emperador y este, y probablemente también actuó como chambelán, un alto funcionario real que estaba a cargo de la administración de la familia real. Alrededor de 80 d.C., bajo el reinado del emperador Zhang, Cai Lun fue ascendido a Xiao Huang Men (Asistente en las Puertas Amarillas), un cargo de confianza que consistía en ser el encargado de entregar y distribuir los mensajes que llegaban desde el exterior a las diferentes estancias del palacio imperial.

Cai Lun ejerció como enlace entre el consejero privado y el emperador y probablemente también actuó como chambelán.

Separado de la fibra útil del resto de las materias primas necesarias para la fabricación de papel (grabado chino realizado en madera).Foto: PD

Proceso de calentamiento de la pulpa obtenida tras la criba de la fibra útil (grabado chino realizado en madera).Foto: PD

Pero Cai Lun no se dedicó tan solo a actividades administrativas. Al parecer también se vio implicado en algún que otro complot cortesano.

Algunas fuentes apuntan a que, tras la muerte del emperador Zhang, Cai Lun ayudó a su viuda, la emperatriz Dou, a asesinar a una rival de la corte con la intención de situar al hijo adoptivo de Dou, el príncipe Zhao, como heredero al trono imperial. El príncipe Zhao ascendió al trono en 88 d.C., con diez años de edad, como emperador He, y Dou se hizo con el poder efectivo con el titulo de Emperatriz Viuda. Esta repartió los puestos de responsabilidad entre sus propios hermanos. Uno de ellos fue Dou Xian, el cual premió la lealtad de Cai Lun con el cargo de Zhongchang shi (Asistente regular). 

A partir de entonces, Cai Lun ejerció como consejero privado de He y se convirtió en el eunuco principal de la corte. Más tarde Cai Lun sería nombrado Shangfang Ling (Prefecto del Taller del Palacio o Prefecto de los Maestros de Técnicas), es decir, responsable de la producción de instrumentos y armas para uso imperial.

EL ÉXITO DE CAI LUN

Hacia el año 105 d.C, como hemos visto, el emperador He encargó a Cai Lun investigar el modo de conseguir un soporte para escritura mucho mejor que el que se utilizaba en aquel momento, elaborado con unas piezas de seda llamadas chih, las cuales resultaban muy caras de fabricar, o sobre tablas de bambú, que eran bastantes pesadas. 

A todo ello se sumaba la fragilidad de los materiales, que podían ser destruidos fácilmente por la humedad. Pero Cai Lun no partía de cero, ya que un par de siglos antes se había empezado a fabricar un nuevo material más fino y manejable a base de cáñamo. Aquel invento llamó poderosamente la atención de Cai Lun, que decidió probar con él y cambiar totalmente su proceso de elaboración.

El emperador He encargó a Cai Lun investigar el modo de conseguir un mejor método de fabricación de un soporte para la escritura.

Triturado de la pasta resultante hasta conseguir una fina lámina (grabado chino realizado en madera).Foto: PD

Proceso de ablandado de la pasta en finas láminas (grabado chino realizado en madera).Foto: PD

Cai Lun entonces llevó a cabo varias pruebas con cáñamo, cortezas de árboles, trapos de tela y restos de redes de pesca. El aplicado funcionario trituró todos aquellos componentes y los sumergió en agua durante varios días, removiéndolos hasta que se ablandaron lo suficiente para evitar grumos que produjeran rugosidades no deseadas en la superficie. Una vez ablandado el material, lo trituró hasta conseguir una pasta que, una vez seca, extendió en capas muy finas que puso a secar al Sol. Según cuenta el historiador chino Fan Ye en un pasaje del Hou Hanshu, la historia oficial de la dinastía Han Oriental, Cai Lun «presentó el proceso al emperador en el primer año de Yuanxing y recibió elogios por su habilidad. Desde ese momento, el papel ha estado en uso en todas partes y es universalmente llamado el ‘papel del Señor Cai'».

EL LEGADO UNIVERSAL DE CAI LUN

Posteriormente, Cai Lun desarrolló varias formas de impermeabilizar este material para lo cual usó encolados a base de almidón de arroz, con lo que logró un efecto satinado que además protegía al papel de los parásitos y del paso del tiempo. Sin embargo, a pesar del éxito y del prestigio que le valió aquel revolucionario invento, Cai Lun tuvo un triste final. Tras la muerte del emperador He quedó vacante el trono imperial y hubo problemas sucesorios. Su viuda, la emperatriz Deng, para evitar traiciones ordenó que todo el séquito de su predecesor fuera encarcelado. Antes que tener que soportar aquella tremenda humillación, Cai Lun prefirió quitarse la vida ingiriendo veneno tras tomar un baño.

Cai Lun desarrolló varias formas de impermeabilizar el papel para lo cual usó encolados a base de almidón de arroz.

Proceso de secado del papel en la antigua China (grabado chino realizado en madera).Foto: PD

Pero el magnífico legado de Cai Lun no fue olvidado. De hecho se erigió un templo en su honor en la misma área de la ciudad donde cientos de familias se dedicaban a la fabricación del papel empleando su método y que se distribuía por toda China. En la actualidad Cai Lun es internacionalmente reconocido como el «padre» del papel tal como lo conocemos en la actualidad, un elemento de enorme importancia que se expandió rápidamente por todo el mundo y que, aun hoy en día, y a pesar del avance de las modernas tecnologías, parece tener asegurada una larga vida.

Imagen de portada: Posible retrato de Cai Lun representado en un sello emitido en 1962. Foto: CC

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic Historia. Por J.M.Sadurni. Actualizado Mayo 2022.

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Romances y dolor: la reveladora biografía de Alejandra Pizarnik.

Ya se encuentra en librerías libro Alejandra Pizarnik. Biografía de un mito, de Cristina Piña y Patricia Venti. En el libro ahondan aspectos poco conocidos de la célebre poeta argentina, como la accidentada relación con un poeta colombiano. Todo en base a una gran cantidad de papeles, diarios, correspondencia, borradores que dejó la autora de El árbol de Diana. Una de las autoras habla con Culto sobre el volumen

De su puño y letra, el 22 de septiembre de 1963, Flora Alejandra Pizarnik, la joven poeta argentina que residía en París, por entonces La Meca de los escritores a nivel mundial, anota en su diario: “Sí, estoy encinta. De pronto, la idea de no reaccionar con miedos y llantos. Hacer lo que se necesita hacer con extrema seguridad y lucidez. Esto es una nueva trampa”.

La “trampa” se había ocasionado en una fiesta, en agosto anterior, donde había conocido a un sujeto a quien solo identifica como “un joven pintor italiano”. En su estilo dramático, la autora de Los trabajos y las noches lo relató así: “Se quedó fascinado el itálico mozo. Y tanto que no se despegó de mí —’oh si supieras cuánto te siento!’— me decía a cada momento con sus ojos en mis ojos, deseoso de que todo su dolorido sentir se asomara a su mirada húmeda”. La noticia del embarazo la sorprendió, por lo que comenzó a mover sus piezas.

El episodio, desconocido hasta ahora, se encuentra detallado en el libro Alejandra Pizarnik. Biografía de un mito, de Cristina Piña y Patricia Venti, y que ya se encuentra en nuestro país publicado vía Lumen. El texto revisa la vida acontecida de una de las destacadas poetas allende Los Andes.

En rigor, es una versión ampliada de la biografía que Piña publicó en 1991, a la que se sumó el trabajo de la escritora y cineasta venezolana Patricia Venti. Ambas revisaron una importante cantidad de papeles, diarios, correspondencia, borradores, y cuadernos inéditos de la poeta, que se encontraban en la Biblioteca de la Universidad de Princeton. Además, se agregaron dos testimonios claves: el de la rama de la familia paterna residente en Francia, con quienes Alejandra residió entre 1960 y 1964; y el de su hermana mayor, Myriam.

Cristina Piña, escritora, traductora y una destacada crítica literaria argentina, se dio el tiempo para responder las preguntas de Culto. Comenta que de todo el ingente material que revisaron junto a Venti para esta edición, hubo dos cosas que la sorprendieron: “Las partes del diario y la correspondencia centradas en París, ya que daban una imagen totalmente diferente de la que se podía tener a través del testimonio de los amigos de Buenos Aires.

También en relación con ese mismo período, los datos aportados por la familia francesa con la cual vivió en diversos momentos de su experiencia parisina”.

¿Qué fue lo más dificultoso a la hora de trabajar este libro?

Articular todos los testimonios con el diario y la correspondencia, es decir hacer de todo ese gran material algo organizado, ordenado y legible, que diera una imagen lo más verdadera posible de Alejandra. Es decir, la organización de la gran cantidad de material recabado.

¿Cómo fue la experiencia de hablar con su hermana Myriam y revisar los archivos que se encuentran en la Universidad de Princeton?

Las conversaciones con Myriam fueron de una gran riqueza, porque su hermana se abrió totalmente y dio todos los datos posibles sobre Alejandra. Fue fundamental para reconstruir tanto la atmósfera del hogar y la personalidad de los padres como de la misma Alejandra en su infancia y su adolescencia. Fue importantísimo y de una gran utilidad.

Ustedes hablan de que en la personalidad de Alejandra Pizarnik había un costado “bastante infantil”. ¿De qué manera ese rasgo la acompañó en su vida?

Toda su vida lo mantuvo en los celos que experimentaba por sus amigos; en la búsqueda de relaciones absolutamente excluyentes y centradas por completo en ella; en su humor que se fue agudizando con los años; en su curiosidad constante ante cualquier elemento o personaje nuevo; en el establecimiento de relaciones en las que atribuía rasgos materno o paternos a amigos y psicoanalistas; en su inutilidad para las tareas de la vida cotidiana; en su desentendimiento de responsabilidades que fueran más allá de la consagración a la escritura; en su desconocimiento de los horarios propios y de los amigos a los que podía despertar a las 4 de la mañana para hablar.

Cristina Piña. Foto: German Garcia Adrasti.

Un amor violento

Uno de los puntos reveladores de la biografía, es el intenso romance que Pizarnik tuvo con el poeta colombiano Jorge Gaitán Durán, desconocido para el público, pero muy citado a las autoras por sus cercanos. 

“Hubo un enamoramiento profundo, al menos de Alejandra por Gaitán Durán, que en el caso del testimonio de su hermana Myriam se confirma con la afirmación de que con este poeta Alejandra habría fantaseado con casarse”, se indica en la biografía. Sin embargo, el romance terminó de manera trágica el 23 de junio de 1962, con un accidente aéreo que le costó la vida a Gaitán.

El hecho la destrozó. “Tenía 35 años, era muy bello e hicimos antes de su partida, planes maravillosos y posibles que me hubieran sacado de mi miseria. Su muerte me afectó enormemente”, le escribió a León Ostrov, su antiguo sicoanalista. Incluso, a Gaitán le dedicó su poema Memoria, incluido en Los trabajos y las noches (1965).

Eso sí, Pizarnik, como se indica en la biografía y se desprende de sus diarios, era bisexual. Por eso, Piña aclara que Gaitán fue uno de sus grandes romances, mas no el único. “Con un hombre sin duda. Pero sabemos que Alejandra era bisexual y por lo menos sintió un gran amor por una mujer”, explica Piña.

Otro episodio desconocido es lo que Pizarnik realizó en París tras notar su embarazo. El 30 de septiembre de 1963, según se indica en la biografía, y acompañada de su amiga Marie Jeanne, se realizó un aborto. “Lloré todo el día. Lloré por mí. Ahora comprendo por qué no lloré hasta hoy”, anotó en su diario.

Además, en la biografía se habla de la enfermedad mental de la poeta, de la cual, hasta hoy no se sabe exactamente cuál fue. 

¿Por qué? Piña lo explica: “No hay un diagnóstico preciso porque dos de sus psicoanalistas murieron, el hospital Saint Anne de París —donde suponemos que estuvo internada o que se trató por las anotaciones que aparecen en sus diarios— a los diez años de muertos los pacientes se deshacen de todos los papeles vinculados con ellos y porque el único psicoanalista que vive, hasta hoy se niega a dar un diagnóstico que considera que es algo privado entre paciente y analista”.

¿Considera que su obra ha obtenido el reconocimiento que merece?

Sí. Alejandra ha sido traducida no sólo a los principales idiomas sino a otros menos comunes como el esloveno y hay trabajos, artículos, tesis y libros en diversos países del mundo, al margen de que se la sigue estudiando en universidades de toda Europa y América.

Pizarnik debutó con La tierra más ajena, aunque luego se distanció un poco de ese libro, y El árbol de Diana la consagró. Habiendo estudiado su vida, ¿cuál creen ustedes que fueron los libros –para ella– imprescindibles de su obra?

Sin duda El árbol de Diana. Cuál estaría en segundo lugar no es tan seguro, ya que habla muy poco de su producción publicada en sus papeles, correspondencia y diarios.  Pero como le valió el Primer Premio Municipal de poesía podría ser Los trabajos y las noches si bien le merecía atención especial Extracción de la piedra de locura donde desarrolla algo que le interesaba mucho: el poema en prosa extenso.

Imagen de portada: Gentileza de Lumen

FUENTE RESPONSABLE: La Tercera. Cultura. Por Pablo Retamal.Mayo 2022

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Audre Lorde, la poeta crítica con el feminismo blanco.

MUJERES PIONERAS

Para la escritora afroamericana, las emociones eran un recurso político al que acceder a través de la palabra. Autodefinida como poeta, negra, lesbiana, madre y guerrera, pasó a la historia por su crítica constructiva del feminismo blanco. Repasamos algunos de sus textos sobre activismo, vulnerabilidad y autocuidado.

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Para Audre Lorde (Harlem, Nueva York, 1934- Saint Croix, 1992), la palabra era un bálsamo contra el miedo. Pero también una herramienta poderosa con la que reafirmar la existencia en este mundo. Cuando la poeta americana se presentaba a sí misma cual “negra, lesbiana, madre, guerrera y poeta”, mostraba sus diferencias como una puerta abierta hacia la libertad.

Su crítica al feminismo blanco fue crucial en el avance de un activismo más diverso. Según su pensamiento, únicamente contemplando y aprendiendo de las experiencias de todas las mujeres, y no solo de aquellas más visibles -blancas heterosexuales-, podría el feminismo deconstruir lo que ella identificaba con “la jerarquía de la opresión”. De hecho, su famoso ensayo, Las herramientas del amo nunca desmontarán la casa del amo (1979), supuso un valioso instrumento para evidenciar el privilegio blanco que prevalecía en la época.

En la actualidad, movimientos como Black Lives Matter o Say Her Name encuentran todavía en sus palabras una fuente de energía para luchar contra las desigualdades raciales imperantes en muchos lugares del mundo. Desmantelar los mecanismos opresores del heteropatriarcado entrañaba para Lorde un propósito creativo: el reconocimiento, más allá de la tolerancia, de nuestras diferencias como motor de cambio.

TU SILENCIO NO TE PROTEGERÁ

Cuando Audre Lorde supo que tenía un tumor con elevadas probabilidades de ser maligno, tomó conciencia profunda de su propia mortalidad y se vio obligada a revisar su vida a través de una nueva lucidez, llegando a la conclusión de que para lograr sus objetivos debía conseguir “la transformación del silencio en lenguaje y acción”, palabras que dan título a uno de sus ensayos más conocidos. “Iba a morir, si no antes o después, tanto si había hablado como si no. Mis silencios no me habían protegido. Tu silencio no te protegerá”, explicaba ella misma. 

Aquel tumor era benigno -aunque finalmente murió a los 58 años tras 14 de lucha contra el cáncer-, pero el tiempo que vivió puso en palabras sus propios sentimientos, lo que inspiraría a miles de personas en todo el mundo.

Convertir el silencio en lenguaje puede entrañar peligro pues, como decía la propia Lorde, la visibilidad conlleva mayores dosis de vulnerabilidad. “Empecé a reconocer una fuente de poder dentro de mí misma que proviene del conocimiento de que, aunque lo más deseable es no tener miedo, aprender a poner el miedo en perspectiva me dio una gran fuerza”, apuntaba.

Sin embargo, Lorde analizó los beneficios del miedo y de plasmar sobre el papel los sentimientos. Poner en palabras nuestras emociones es un acto de autorrevelación que nos conecta con el manantial de nuestra fuerza interior, explicaba en sus textos. Cada intento de traducir las verdades que buscaba, además, le habían puesto en contacto con otras mujeres de distintas razas, edades o tendencias sexuales con las que compartía lo que ella definía como “una guerra contra las tiranías del silencio”.

LO ERÓTICO COMO PODER

Uno de los elementos clave del pensamiento de esta feminista histórica es el erotismo. Para la poeta, este se encuentra instalado en una dimensión femenina y espiritual, pero también sepultado bajo la opresión del sistema que silencia cualquier energía que los oprimidos puedan irradiar en favor del cambio. Desde su punto de vista la existencia de lo erótico en las mujeres ha sido tachada de sospechosa y despreciable llegando a hacer creer a las mujeres que solo suprimiéndolo conseguirán sobrevivir según las normas de la sociedad.

Tal es la importancia que otorga la poeta a lo erótico que en su ensayo Usos de lo erótico: lo erótico como poder (1978), Lorde señalaba como falsa la dicotomía entre lo espiritual y lo político. Y es precisamente el erotismo el que tiende puentes entre una idea y otra a través de la sensualidad y el amor en todas sus definiciones. “Para mí, lo erótico es como una semilla que llevo dentro. Cuando se derrama fuera de la cápsula que lo mantiene comprimido, fluye y colorea mi vida con una energía que intensifica, sensibiliza y fortalece toda mi experiencia”, explicaba.

Desde su punto de vista, alcanzar el poder de lo erótico supone entrar en contacto con una energía creativa que nos lleva a autoafirmarnos a partir de gestos que desencadenen cambios genuinos y reales. O lo que es lo mismo, es una manera de vivir más allá de las cadenas clasistas, machistas, racistas y anti eróticas.

LA POESÍA NO ES UN LUJO

Esa energía creativa con la que entramos en contacto a través del eros, se canaliza, según Lorde, mediante el cultivo de la poesía. Desde su manera de pensar, la poesía, entendida como el uso de la imaginación en un sentido más amplio, ayuda a poner en palabras ideas veladas que no tienen nombre ni forma, pero que laten en la conciencia. “Todas y cada una de nosotras, las mujeres, poseemos en nuestro interior un lugar oscuro donde nuestro auténtico espíritu oculto crece y se alza, hermoso y sólido como un puntal contra nuestra pesadilla de debilidad e impotencia”, afirmaba.

Ella lo define y lo defiende como una “reveladora destilación de la experiencia” que no debería ser un lujo para las mujeres, pues supone una necesidad vital. Primero se ponen en palabras, apuntaba la poeta, después se convierten en ideas y finalmente se manifiestan en acciones duraderas.

Insistía de nuevo con su ensayo La poesía no es un lujo (1978) en la necesidad de compartir con otras mujeres las viejas y las nuevas ideas, así como infundir confianza las unas en las otras. Y apostaba por la creencia en la madre negra universal que susurra en sueños: “siento, luego puedo ser libre”.

En definitiva, Audre Lorde fue una luchadora por la igualdad y la libertad, términos que continúan mostrándose incompletos en muchas partes del mundo.

Imagen de portada: Gentileza Cordon Press

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic. Por Marisa Fatás. Febrero 2021.

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Clara Campoamor: una vida de lucha por los derechos de la mujer

HISTORIA DEL SUFRAGISMO EN ESPAÑA

La Segunda República Española, proclamada en 1931, supuso el mayor intento reformista en la historia de España hasta aquel momento. Entre las propuestas progresistas se encontraba la de extender el derecho de voto a las mujeres, una reivindicación liderada por la abogada Clara Campoamor.

Resolved lo que queráis, pero afrontando la responsabilidad de dar entrada a esa mitad de género humano en política, para que la política sea cosa de dos, porque solo hay una cosa que hace un sexo solo: alumbrar; las demás las hacemos todos en común, y no podéis venir aquí vosotros a legislar, a votar impuestos, a dictar deberes, a legislar sobre la raza humana, sobre la mujer y sobre el hijo, aislados, fuera de nosotras”. Era el año 1935 cuando Clara Campoamor escribía estas palabras en El voto femenino y yo: mi pecado mortal, una obra en la que exponía la lucha por el derecho de voto de las mujeres y en la que había invertido muchas horas los años anteriores. En diciembre de 1931 había sido aprobada la nueva Constitución que reconocía ese derecho, un triunfo logrado tras muchas dificultades y decepciones.

UNA VIDA DE MILITANCIA POLÍTICA

Nacida en Madrid el 12 de febrero de 1888, Clara Campoamor tuvo que abrirse paso desde muy pequeña en una sociedad especialmente dura para las mujeres: la muerte de su padre la obligó a empezar a trabajar cuando apenas tenía diez años. Puede que fuera esta desgracia, no obstante, la que la forzara a buscarse la vida y conseguir un empleo público como profesora de mecanografía con solo 26 años.

“Clara Campoamor consiguió un trabajo como profesora de mecanografía con solo 26 años, empezó a frecuentar los ambientes intelectuales madrileños y entró en contacto con activistas feministas”

Fue precisamente en esta época cuando Clara empezó a frecuentar los ambientes intelectuales madrileños y entró en contacto con activistas feministas como la sufragista Carmen de Burgos. También empezó a escribir para el diario conservador La Tribuna, donde conocería a su futura compañera en las Cortes Españolas, Eva Nelken. Todo ello despertó en ella el interés por la política y en particular por la situación de la mujer. Empezó a colaborar en diversas asociaciones feministas, dando conferencias y escribiendo para la prensa.

Aunque el activismo feminista estaba presente en las grandes ciudades como Madrid y Barcelona, se trataba mayoritariamente de agrupaciones de carácter profesional y académico. La propia Campoamor, que se había licenciado en Derecho y había sido la segunda mujer en ingresar al Colegio de Abogados de Madrid después de Victoria Kent, participó en la fundación de dos de estas agrupaciones: la Federación Internacional de Mujeres de Carreras Jurídicas y el Instituto Internacional de Uniones Intelectuales.

EL SALTO A LA POLÍTICA

Sin embargo, en el panorama legislativo la alternancia de liberales y conservadores en el gobierno impedía la implantación real de medidas prácticas. Fue por ello que Clara Campoamor tomó la decisión de dar el salto a la política con el Partido Radical de Alejandro Lerroux. La influencia de sus compañeros liberales la llevó a entrar también al mundo de la masonería, un hecho que sería determinante para ella en un futuro próximo.

En las elecciones de 1931, que siguieron a la proclamación de la Segunda República, las mujeres pudieron presentarse aunque no votar. Campoamor resultó elegida junto con Victoria Kent, que se presentó por el Partido Radical Socialista. Parecía su mejor oportunidad para llevar los derechos de la mujer al ámbito legislativo. Sin embargo, sus propios compañeros pronto la empezarían a mirar con recelo.

“Campoamor no luchó solo por el voto de las mujeres sino también por el divorcio y la igualdad de los hijos e hijas nacidos fuera del matrimonio, además de la abolición de la prostitución.”

La primera lucha para lograr sus objetivos fue la redacción de la nueva Constitución republicana. Las expectativas de Clara eran ambiciosas y contemplaban no solo el voto de las mujeres sino el divorcio y la igualdad de los hijos e hijas nacidos fuera del matrimonio, además de la abolición de la prostitución. Incluso dentro de los sectores progresistas, había la opinión de que no sería fácil implantar cambios tan profundos en una sociedad muy machista e influenciada por un catolicismo muy conservador, especialmente en el medio rural. A pesar de ello, logró que se incorporara a la Constitución una gran parte de sus demandas, salvo lo relativo a la prostitución y al sufragio femenino.

LA CULMINACIÓN DE UN PROYECTO

La batalla por el voto de las mujeres no estaba del todo perdida, sin embargo, ya que finalmente se debatió en las Cortes a finales de ese mismo año. En ese momento se evidenciaron los recelos y el tacticismo de los partidos alrededor de su propuesta: más que defender u oponerse a los valores del proyecto, muchos grupos estaban más preocupados del beneficio electoral que podían sacar de ello.

A pesar de que el sufragio femenino fue finalmente aprobado, Clara Campoamor no ocultaba su decepción por lo que sentía como una traición de los suyos, el Partido Radical al que se había unido por sus ideales republicanos. Con la excepción de cuatro compañeros, su propio grupo le había negado el apoyo por miedo a que las mujeres españolas, según ellos muy influenciadas por la Iglesia, votaran mayoritariamente a los partidos conservadores -parte de los cuales, por ese mismo motivo, votaron a favor.

“Su antigua compañera Victoria Kent opinaba que antes de legislar había que cambiar profundamente la mentalidad de la sociedad española, o sus propuestas fracasarían.”

La mayor decepción para Clara, además de la falta de respaldo de su partido, fue la oposición de su antigua compañera Victoria Kent. Aunque ambas compartían ideales, estaban en desacuerdo sobre el camino para aplicarlos: Kent opinaba que antes que legislar había que trabajar mucho en el cambio de mentalidad de la sociedad española, o sus propuestas fracasarían. Su enfrentamiento era un reflejo del miedo que había por la fragilidad del proyecto republicano, en esos años previos a la insurrección militar, en los que a menudo pesó más el cálculo interesado que los ideales.

Ninguna de las dos renovó su escaño en las elecciones de 1933, aunque Alejandro Lerroux le ofreció a Clara un cargo como Directora General de Beneficencia y Asistencia Social. Sin embargo, dos decepciones más la llevaron a abandonar definitivamente la actividad política: la alianza del Partido Radical con la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), ganadora de las elecciones de 1933; y finalmente, la dura represión de la insurrección obrera en Asturias en octubre de 1934.

Alejandro LerrouxALEJANDRO LERROUX

La Constitución de 1812 reconoció por primera vez el derecho de las mujeres a ser elegidas como parlamentarias, aunque no a votar. Sin embargo, eran muy pocas en las Cortes y casi ninguna en el gobierno. Sentado en el centro de la fotografía está Alejandro Lerroux, líder del Partido Radical con el que se presentó Clara Campoamor.Cordon Press

EL EXILIO

Al estallar la Guerra Civil Campoamor se exilió en París, donde permaneció hasta 1955 trabajando como traductora. Sobre ella pesaba el peligro evidente, tras la victoria franquista, de ser republicana, feminista y lo peor a ojos del régimen, masona: por este último motivo se abrió un proceso contra ella, en el que habría sido condenada a 12 años de cárcel de haber regresado a España. Posteriormente se trasladó a Lausana (Suiza) para continuar con su actividad como abogada y allí murió en 1972.

“Por ser masona se abrió un proceso contra ella en el que habría sido condenada a 12 años de cárcel de haber regresado a España”

A lo largo de su exilio compaginó sus empleos con la escritura de diversas obras sobre el feminismo y, en particular, su experiencia en el ámbito político. En estas se muestra muy crítica con los parlamentarios, especialmente con los republicanos, quienes considera que obstaculizaron la mejor oportunidad que había existido para lograr una mayor igualdad de género. Una oportunidad que el franquismo echó abajo junto con su recuerdo, que solo en años recientes se ha recuperado a pesar de la gran importancia que tuvo como pionera de los derechos de la mujer en España.

Imagen de portada: Archivo

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic. Por Abel G.M. Periodista especializado en el ámbito de la historia y los viajes. Febrero 2020.

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Simone de Beauvoir, la filósofa existencialista y feminista.

MUJERES PIONERAS

Formada como filósofa en la universidad de La Sorbona de París, De Beauvoir se incluye entre los grandes pensadores existencialistas del siglo XX. La escritora francesa publicó en 1949 un libro que todavía hoy es una obra referente dentro del movimiento feminista.

“Este mundo ha pertenecido siempre a los hombres”. Publicado por primera vez bajo el sello de la editorial francesa Gallimard en 1949, así empezaba El segundo sexo, obra esencial de la filósofa existencialista Simone de Beauvoir que contiene en sus casi mil páginas todo lo que significó la tercera ola del feminismo que estalló con determinación durante la segunda mitad del siglo XX.

Como en la mayoría de seres humanos, en el relato de la vida de Simone de Beauvoir reinan las contradicciones. Nacida el 9 de enero de 1908, su familia pertenecía a la clase pudiente parisina aunque su situación económica era mala debido a las malas inversiones de su padre. A pesar de estas dificultades, Simone y su hermana recibieron una educación elitista y católica, doctrina que una joven De Beauvoir de 15 años rechazó con convencimiento.

Simone de Beauvoir (derecha) junto con su hermana Hélène y su madre en 1912, cuando la escritora tenía cuatro años.

SIMONE DE BEAUVOIR (DERECHA) JUNTO CON SU HERMANA HÉLÈNE Y SU MADRE EN 1912, CUANDO LA ESCRITORA TENÍA CUATRO AÑOS.Foto: Cordon Press

EMANCIPACIÓN FAMILIAR

El fuerte determinismo de su pensamiento liberal y de izquierdas la alejó de su familia, especialmente de su madre y del círculo de amigos al que supuestamente pertenecía. Pronto consiguió emanciparse y empezó estudios de filosofía y letras en la Universidad de París, la Sorbona. Desde su etapa de estudiante de instituto, Simone de Beauvoir destacó por su brillantez, una línea que mantuvo durante sus estudios superiores y que le permitió convertirse en profesora.

Su primer destino como docente fue Marsella pero, a pesar de que suponía su realización profesional, había un inconveniente. En La Sorbona había conocido a Jean Paul Sartre, con quien había establecido una relación amorosa, y el traslado suponía un duro alejamiento físico. Sin embargo, los principios de libertad y tolerancia sobre los que cimentaron su relación permitieron que ésta durase hasta la muerte de Sartre en 1980.

“Los principios de libertad y tolerancia sobre los que se cimentó la relación de Sartre y De Beauvoir fueron la base de su éxito”

Después de Marsella vino Ruán y, a continuación, su periplo como profesora la condujo de nuevo a París, donde siguió trabajando hasta la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). 

En 1943, un escándalo sexual que vinculaba a la filósofa con una alumna suya precipitó el fin de su carrera docente, aunque no el de su relación sentimental, pues las aventuras de Sartre y de De Beauvoir fueron consentidas por ambos a lo largo de toda su vida en común. Dos de las más importantes para ella fueron la que mantuvo durante varios años con el escritor estadounidense Nelson Algren y con el director de cine Claude Lanzmann, quien la acompañaría hasta su último aliento.

TRAS TERMINAR SUS ESTUDIOS DE FILOSOFÍA Y LETRAS EN LA UNIVERSIDAD DE PARÍS, SIMONE DE BEAUVOIR SE CONVIRTIÓ EN PROFESORA, UNA PROFESIÓN QUE LA LLEVÓ A TRABAJAR EN MARSELLA. EN LA IMAGEN SE LA PUEDE VER EN EL CENTRO RODEADA DE SUS ALUMNAS DEL LYCÉE MONTGRAND. Foto: CordonPress

UNA ESCRITORA CONSOLIDADA Y COMPROMETIDA

La siguiente etapa vital de Simone de Beauvoir estuvo marcada por su éxito como escritora y por la militancia política motivada por la deriva de la Segunda Guerra Mundial y sus consecuencias. En 1943 publicó su segunda obra titulada La invitada, que se convirtió en un gran éxito editorial y la animó a dedicarse a la escritura a tiempo completo.

Durante la contienda participó en programas de la radio libre de Vichy, y en 1945 fundó junto a Sartre y Merleau-Ponty la revista política Les Temps Modernes (Tiempos modernos), en alusión a la obra de Charles Chaplin. En sus ensayos se reafirma como una ferviente defensora del pensamiento marxista y existencialista, y del ateísmo como única visión del mundo espiritual.

Plenamente dedicada a su faceta de escritora y pensadora, emprendió una serie de viajes junto a Jean Paul Sartre que la llevarán a conocer a grandes personalidades del siglo XX vinculadas al comunismo como Fidel Castro y el Che Guevara en Cuba o Mao Zedong en China. Este periplo se alargaría hasta la década de 1960.

Tras conocer al también filósofo Jean Paul Sartre en la universidad, se estableció una relación sentimental entre ellos que nunca fue formalizada, pues ella rechazaba el matrimonio. La imagen sobre estas líneas fue tomada cuando la pareja visitaba Pekín en 1955.

TRAS CONOCER AL TAMBIÉN FILÓSOFO JEAN PAUL SARTRE EN LA UNIVERSIDAD, SE ESTABLECIÓ UNA RELACIÓN SENTIMENTAL ENTRE ELLOS QUE NUNCA FUE FORMALIZADA, PUES ELLA RECHAZABA EL MATRIMONIO. LA IMAGEN SOBRE ESTAS LÍNEAS FUE TOMADA CUANDO LA PAREJA VISITABA PEKÍN EN 1955. Foto: CordonPress

EL SEGUNDO SEXO

Con tres novelas y varios ensayos recibidos con éxito por el público y la crítica, en 1949 ve la luz una de sus obras cumbre: El segundo sexo. Publicado hace más de 70 años, las ideas que reivindica el texto siguen siendo hoy en día de plena actualidad. “No se nace mujer, se llega a serlo”, afirma De Beauvoir en el que se convirtió en libro de cabecera del feminismo. En él la autora explica que el sistema ha creado una construcción social de la idea de mujer basada en la biología, cuyos principios y diferencia entre sexos son utilizados para justificar una supuesta debilidad femenina.

“Defiende que la mujer debe ponerse al mismo nivel que el hombre, definiendo así el concepto básico de la teoría feminista”

La solución pasa por la emancipación de la mujer, con la libertad como concepto central y directamente vinculado con el existencialismo latente en toda su obra. Y, puesto que concluye que no hay diferencias entre géneros, no se trata de un enfrentamiento entre sexos, sino de una igualación, de ponerse al mismo nivel que los hombres; el punto de partida que define el movimiento feminista que ella misma revitalizó y revolucionó.

Portada de "El segundo" sexo publicado en 1949 por la editorial francesa Gallimard.

PORTADA DE «EL SEGUNDO» SEXO PUBLICADO EN 1949 POR LA EDITORIAL FRANCESA GALLIMARD. Foto: CC

De Beauvoir, en línea con sus principios, no podía entender la literatura sin compromiso político. Además de en El segundo sexo, así como en la mayoría de sus escritos, es algo que se hace evidente en la novela Los mandarines (1954), por la que recibió el Premio Goncourt, y que trata sobre como los intelectuales toman partido en la nueva realidad de pos guerra.

Durante su activismo político, se posicionó en contra del dominio colonial francés en Argelia, de la guerra de Vietnam y participó de manera activa en las protestas del Mayo del 68.

EXISTENCIALISMO HASTA LA MUERTE

En sus ensayos posteriores se puede identificar otro tema central y que de nuevo lleva implícito una fuerte relación con la filosofía existencialista como fue el acercamiento a la muerte mediante profundos análisis (e incluso apologías) de la vejez. Son ejemplo de ello Una muerte muy dulce (1964), La vejez (1970) o La ceremonia del adiós (1981), este último escrito en motivo de la muerte de Sartre en 1980.

Además de tratar temas tan polémicos para el momento como la eutanasia, Simone de Beauvoir siguió luchando de manera activa a favor del feminismo. En 1971 apareció como firmante de El Manifiesto de las 343, un documento compuesto por una lista de nombres de mujeres públicas que se habían sometido a un aborto. Mediante esta acción se pretendía reclamar el derecho al aborto, un hito que se conseguiría cuatro años después gracias a reinvindicaciones de este tipo.

Retratada en la terraza de un bar en 1978, De Beauvoir mantuvo su activismo también durante los últimos años de su vida. Trataba temas polémicos como la eutanasia y reivindicaba el derecho al aborto.

RETRATADA EN LA TERRAZA DE UN BAR EN 1978, DE BEAUVOIR MANTUVO SU ACTIVISMO TAMBIÉN DURANTE LOS ÚLTIMOS AÑOS DE SU VIDA. TRATABA TEMAS POLÉMICOS COMO LA EUTANASIA Y REIVINDICABA EL DERECHO AL ABORTO. Foto: Cordon Press

Durante los últimos años de su vida siguió escribiendo instalada en su casa de la calle Victor-Schœlcher, en París. Falleció el 14 de abril de 1986 a los 78 años y sus restos fueron enterrados en el cementerio de Montparnasse. Sabía que su muerte no iba reunirla con Sartre. “Así es.” Había afirmado, “Ya es demasiado bonito que nuestras vidas hayan podido juntarse durante tanto tiempo.”

Imagen de portada: Gentileza de Cordon Press

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic. Por Giomar Huguet Pané. Redactora. Enero 2022

Sociedad y Cultura/Mujeres pioneras/Biografías

Lou Andreas-Salomé, la filósofa libre

MUJERES PIONERAS

Salomé fue una de las mentes más brillantes de la generación de finales del siglo XIX. Hizo de puente entre la literatura, la filosofía y el psicoanálisis, y se ganó el amplio reconocimiento de los intelectuales de su época. Durante toda la vida defendió su libertad, considerándola la única forma de salvación personal.

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Lou Andreas-Salomé, filósofa, escritora y psicoanalista rusa, es una de las intelectuales más destacadas de finales del siglo XIX e inicios del siglo XX. En el prefacio del libro Lou Andreas-Salomé: una mujer libre, Isabelle Mons la describe como “la encarnación de una mujer moderna que ganó su libertad (…) sin preocuparse por nada que no fuera encontrar el camino que conduce a una misma”. Caracterizada por su fuerte personalidad y sagaz intelecto, Lou Andreas-Salomé fue una de las primeras mujeres en ejercer el psicoanálisis y elaboró una amplia obra filosófica y literaria admirada aún en nuestros días.

INFANCIA EN RUSIA Y DESPERTAR INTELECTUAL

Salomé nació el 12 de febrero de 1861 en San Petersburgo, Rusia, en el corazón de una familia adinerada de expatriados alemanes protestantes, con profundas creencias religiosas. Su padre era Gustav von Salomé, un importante general del Ejército Imperial Ruso, y su madre Louise Wilm von Salomé. Lou fue la pequeña y única mujer de los seis hijos del matrimonio.

Pese a haberse criado en un ambiente religioso, Lou Andreas-Salomé perdió la fe a una edad temprana. En su libro Mirada retrospectiva (1951) narra cómo se quedó decepcionada cuando, de niña, “Dios no respondió a su pregunta de por qué un par de muñecos de nieve desaparecieron repentinamente bajo el sol”. Salomé estaba convencida de que Dios no existía, pero siempre consideró importante la religión, por eso se preguntaba: ¿es posible vivir sin fe?

Empezó a buscar respuestas en la educación recibida por el pastor protestante de su familia, pero su maestro no la convencía, por eso decidió cambiar de rumbo y estudiar con su opositor, Hendrik Gillot, un predicador alemán protestante pero poco ortodoxo. Gillot se convirtió en su guía intelectual y espiritual, abriéndole las puertas de la historia, la filosofía, la religión la literatura francesa y la alemana, e iniciándola en autores como Kant, Kierkegaard, Leibniz y Spinoza.

La joven Salomé estaba entusiasmada con sus estudios, pero todo cambió cuando Gillot, 25 años mayor que ella, casado y con dos hijos, se enamoró de ella y le propuso matrimonio. 

Decepcionada, Salomé lo rechazó y decidió dejar Rusia para ir a estudiar teología, filosofía e historia del arte a la Universidad de Zúrich, una de las pocas universidades europeas germanoparlantes en las que aceptaban a mujeres. Su madre la acompañó en este viaje.

LA JUVENTUD EN ROMA

La experiencia en Zúrich duró poco. Al verano siguiente, Salomé contrajo una enfermedad pulmonar que le hacía toser sangre y tuvo que dejar las clases. Los médicos le recomendaron que se trasladara a un lugar más cálido, asegurando que el clima ayudaría a la mejora de su salud. Fue entonces, a los 20 años, cuando escribió su famoso poema Himno a la vida, en el que expresaba sus ganas de superar la enfermedad para devorar el mundo.

Al conocerla, Nietzsche le dijo a Salomé: «¿De qué astros del universo hemos caído los dos para encontrarnos aquí el uno con el otro?»

Madre e hija, nuevamente, se mudaron a Roma. Fueron a vivir a la mansión de la escritora alemana feminista Malwida von Meyesenbug, una mujer muy conectada al círculo artístico e intelectual europeo. En el salón literario de Meysenbug, Salomé conoció al filósofo positivista y médico Paul Rée y al pensador Friedrich Nietzsche.

Tras coincidir en diversas ocasiones, Salomé, Rée y Nietzsche empezaron una profunda amistad. 

Al poco tiempo, los dos hombres, fascinados por la inteligencia y personalidad de Salomé, le pidieron la mano. Ella rechazó ambas propuestas, ya que sentía una aversión absoluta hacia el matrimonio y estaba decidida a no casarse y dedicar su vida a la filosofía. Sin embargo, Lou Andreas-Salomé estaba interesada en las mentes de sus dos amigos. Por eso les propuso vivir los tres juntos en una “comuna célibe intelectual”, en la que discutirían sobre filosofía, literatura y arte.

"La santísima trinidad" compuesta por Salomé, Rée y Nietzsche

«LA SANTÍSIMA TRINIDAD» COMPUESTA POR SALOMÉ, RÉE Y NIETZSCHE. Foto: CC

LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Nietzsche apodó al grupo “la santísima trinidad” y empezaron una vida juntos viajando por Italia, Suiza y Alemania. Esta aventura escandalizó a sus familiares y amigos, que consideraban que una convivencia de ese tipo violaba las leyes morales. Tanto Richard Wagner, antiguo amigo de Nietzsche, como Elisabeth Nietzsche, su hermana, criticaron duramente a “la santísima trinidad”.

Llegados a un punto del viaje, Nietzsche le pidió a Salomé de nuevo que se casara con él, a lo que Salomé contestó que “no se casaría con él ni en ese momento ni en el futuro”. Como Nietzsche no quería perder a Salomé, aceptó su rechazo y propuso que los tres amigos se hicieran una foto para sellar “la santísima trinidad”. De ese momento se conserva la icónica y excéntrica imagen tomada en Lucerna en la que Lou Andreas-Salomé aparece subida a una carreta, blandiendo una fusta mientras sostiene a modo de riendas una cuerda a la que están atados Paul Rée y Friedrich Nietzsche.

Al final, el idilio intelectual de Salomé nunca se llegó a consolidar, dadas las interferencias románticas de sus dos compañeros. En octubre, después de llegar a Leipzig, los amigos decidieron separarse. Nietzsche se trasladó a Turingia, lugar al que Salomé lo fue a visitar varias veces y donde mantuvieron largas conversaciones sobre “Dios y el mundo”. Rée se mudó a Berlín, donde vivió con Salomé durante varios años.

En Berlín, la pensadora formó parte de un amplio círculo social de intelectuales en el que la apodaron “la dama de honor” por ser la única mujer. Colmada por esta vida dedicada a la reflexión, Salomé publica en 1885 su primer libro, titulado En la lucha por Dios, bajo el pseudónimo ‘Henri Lou’. Esta obra,aclamada por la crítica, la consolidó como escritora y, afortunadamente, desde entonces firmó siempre con su verdadero nombre.

En 1887 conoció a Friedrich Carl Andreas, un profesor de estudios orientales que le pidió que fuera su esposa. Salomé se oponía al matrimonio y Andreas a las relaciones abiertas que tenía ella, pero, al final, Lou aceptó la proposición, bajo una única condición: nunca tendrían relaciones íntimas entre ellos dos.

La escritora asumió el matrimonio como una nueva forma de libertad. Pasó largas temporadas viajando por Europa, frecuentando París, Viena y Múnich. Desarrolló una intensa actividad intelectual e, impulsada por su fuerza vital, tuvo diversos amantes. Aún así, Lou Andreas-Salomé vivió con Friedrich Carl Andreas hasta su muerte en 1930 y él cumplió su promesa de no tener relaciones íntimas durante sus 43 años de matrimonio.

Congreso de Weimar de la Asociación Psicoanalítica Internacional (1911)

CONGRESO DE WEIMAR DE LA ASOCIACIÓN PSICOANALÍTICA INTERNACIONAL (1911. Foto: CC

FILOSOFÍA, LITERATURA Y PSICOLOGÍA

En la década de 1890,Salomé publicó algunas de sus obras más reconocidas:Personajes femeninos de Henrik Ibsen (1892), una obra sobre la lucha de la mujer por el derecho de desarrollar su personalidad propia, Friedrich Nietzsche, el hombre y sus obras (1894), un estudio del carácter y filosofía de su amigo y, entre otras, Ruth (1895), su segunda novela. También triunfó como articulista con piezas como Jesús el judío, un artículo sobre la filosofía de la religión.

En 1897 Salomé conoció a Rainer Maria Rilke. En aquel momento, ella tenía 36 años y él 21. La filósofa se convirtió en su mentora, le enseñó ruso para que pudiera leer a Pushkin y Tolstoi, e incluso le llevó a Rusia para conocer al autor de Anna Karenina. De esta relación, que empezó como apasionado romance, pero pronto se convirtió en una fuerte amistad, se conserva en formato epistolar uno de los intercambios artísticos más fructíferos del siglo XX. Rilke dijo de Salomé que era “una mujer extraordinaria sin la cual mi propio desarrollo no me habría llevado a tomar los caminos que he tomado”.

Interesándose cada vez más por las pulsiones humanas, Salomé escribió en 1910 El erotismo, un ensayo en el que defiende las diferencias entre las mujeres y los hombres y sostiene que “una mujer no se libera compitiendo con los hombres y volviéndose como ellos, sino feminizando el mundo y logrando que los hombres encuentren y aprovechen su lado femenino”.

Salomé estudió y ejerció el psicoanálisis durante más de veinte años como discípula de Freud.

En 1911, la filósofa asistió al Congreso de Weimar de la Asociación Psicoanalítica Internacional, donde conoció a Sigmund Freud. Por aquel entonces, Salomé tenía 50 años y era una ensayista, crítica y novelista reconocida, y Freud tenía 55 y estaba abriendo camino para una nueva ciencia. Para Salomé, descubrir el psicoanálisis fue una auténtica revelación, ya que en él pudo identificar varias ideas que ella ya había intuido y esbozado en algunas de sus obras anteriores. Salomé ingresó en el Círculo Psicoanalítico de Viena y estudió esta disciplina durante más de veinte años, manteniendo una relación de respeto y admiración mutua con Freud.

A partir de entonces, se trasladó a la ciudad alemana de Gotinga, donde continuó expandiendo su obra y ejerció el psicoanálisis hasta la edad de 74, cuando su salud empeoró. Dos años después, el 5 de febrero de 1937, Lou Andreas-Salomé falleció. La pensadora dejó tras de sí una vasta producción en la que se combinan el universo científico y el humanístico, compuesta de más de doce novelas, un centenar de artículos y cincuenta ensayos, atravesados, todos ellos, por la voz de una mujer que luchó siempre por su libertad intelectual.

Imagen de portada: Gentileza de C.C.

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic. Por Aitana Palomar S.

Sociedad y Cultura/Filosofía/Psicoanálisis/Mujeres pioneras

“Borges no se merece el talento que tiene”: audacias y provocaciones de Victoria Ocampo.

Un libro de Ivonne Bordelois propone perfiles poco conocidos de la creadora de Sur, en un intento por desarmar prejuicios sobre esa figura central de la cultura argentina.

Ivonne Bordelois, la autora de la colección de poemas El alegre apocalipsis y los ensayos La palabra amenazada, Etimología de las pasiones y El país que nos habla, acaba de publicar Victoria. Paredón y después, un libro biográfico que se ocupa de reivindicar como escritora a la autora de las diez series de Testimonios y de los seis tomos de Autobiografía, entre otras obras.

Victoria nació cuarenta y cuatro años antes de Ivonne. La biógrafa y la biografiada, a pesar de la diferencia de edad, de sus personalidades tan disímiles como sus circunstancias, y de la formación –Ocampo era una autodidacta; Bordelois es una lingüista doctorada en el MIT bajo la guía de Noam Chomsky y fue docente universitaria en Holanda– tienen varios puntos en común. En primer lugar, tuvieron un contacto muy temprano con la naturaleza. Victoria, en las estancias de su familia y en el jardín de Villa Ocampo; Ivonne, en el campo familiar de los Bordelois en la provincia de Buenos Aires. La lectura las llevaría a deslumbrarse con los cuentos, las novelas y los ensayos de Virginia Woolf; sobre todo con Un cuarto propio y Tres Guineas: eran feministas.

«Se omitían ‘detalles’ no menores: V. O. estuvo de parte de los republicanos durante la Guerra Civil Española, siempre apoyó a los aliados y rescató a varios intelectuales y artistas de la Europa ocupada»

Bordelois, muy joven, conoció a Victoria, a la que admiraba, pero que la cohibía. Fue colaboradora de la revista Sur y amiga de Enrique Pezzoni y José Bianco. Luego, su larga permanencia en Estados Unidos, París y Holanda, la mantuvo alejada de la vida cotidiana de Buenos Aires y de la publicación dirigida por Ocampo.

Victoria Ocampo, en 1950, al llegar a Estados Unidos para dar conferencias

Victoria Ocampo, en 1950, al llegar a Estados Unidos para dar conferencias- Bettmann

El tiempo y la distancia le han permitido a Ivonne brindar un perfil muy rico y equilibrado de su biografiada. Reprocha con razón a los críticos de Ocampo el ensañamiento con que la atacaron y atacan por no haber tomado “opciones ideológicas inviables en sus circunstancias”. Nada podía hacer ella contra el hecho de haber nacido del lado de los privilegios. Se le atribuían posiciones ideológicas a las que era ajena por el hecho de lucir vestidos de alta costura de Chanel y sombreros de Reboux y de haber sido amante a fines de la década de 1920 de un trágico y muy buen escritor, Pierre Drieu la Rochelle, más tarde, colaboracionista del nazismo. Se omitían “detalles” no menores: V. O. estuvo de parte de los republicanos durante la Guerra Civil Española, siempre apoyó a los aliados y rescató a varios intelectuales y artistas de la Europa ocupada.

Se ha hablado mucho del carácter mandón de Ocampo y de su generosidad; pero pocas, de su ternura, que era conmovedora. Bordelois cita una expresión que Beatriz Sarlo le aplicó a Ocampo: “capataza cultural rioplatense”. Casi una injuria kirchnerista avant la lettre.

Ivonne Bordelois

Ivonne Bordelois

Son pocos los escritores y críticos que admiten lo bien que escribía Victoria, la fluidez de su estilo, la llaneza criolla de su español rioplatense, al que salpicaba de palabras y expresiones francesas, inglesas o del habla coloquial porteña y campera. Con un aforismo demolía a un genio o una celebridad. De Charles de Gaulle dijo: “El poder corrompe hasta el lucero del alba”. De la condesa de Noailles: “Era una mezcla de cisne y de serpiente”. De Borges: “No se merece el talento que tiene”. Victoria estaba muy lejos de la admiradora perpetua.

En este punto, la autora y la biografiada tienen otro punto en común. Las justas, temibles y exquisitas reseñas de Bordelois le valieron el apodo de “Ángel exterminador” en Sur, según Enrique Pezzoni. Cultivó su sinceridad cruelmente literaria en el Suplemento Cultura de este diario, cuando yo era editor. Mi retiro apartó de mí ese cáliz hechicero. Del mismo modo, V. O. se encarnizaba sobre las traducciones de Shakespeare de las más encumbradas plumas.

«Con respecto a la caligrafía de Mistral, dice: ‘Es una letra muy acostada, como alfalfa bajo un vendaval’.»

Bordelois consagra la segunda parte de su libro a una galería antológica de retratos escritos por V. O. Describe el conjunto como “un verdadero festín.” En esa Vía Láctea de celebridades, mis preferidos son los perfiles de Gabriela Mistral, Jean Cocteau, y Julián Martínez, el gran amor de Victoria. Hay frases, símiles y metáforas seleccionadas por Ivonne que se valen de los tres reinos de la naturaleza, de los cinco sentidos, y de una puntería verbal infalible. Con respecto a la caligrafía de Mistral, dice: “Es una letra muy acostada, como alfalfa bajo un vendaval.” ¡Diosa!, como dirían los jóvenes de hoy. De Anna de Noailles: “Su abundancia acaba por empobrecerla”.

Quien retrata muy bien a V. O. es el escritor estadounidense Waldo Frank. Bordelois utiliza la mirada de este para su biografiada: “Es alta y singularmente hermosa, parece una amazona; una amazona que oculta a los ojos del vulgo su naturaleza infantil, de muchacha”. “Cuando la conocí Victoria tenía alrededor de cuarenta años, era una mujer alta, morocha, de belleza clásica, una mujer poderosa; una mujer rica y, en su vida privada, una mujer desdichada”.

La tercera parte del libro se ocupa del encuentro decisivo entre Virginia Woolf y Victoria, y de la amistad epistolar que le sigue. Desde que se conoció el Diario de Virginia Woolf y cartas de esta dirigidas a parientes y amigas en las que se refiere a V. O., se habló y se escribió de modo burlón e irónico acerca del papel de millonaria exótica, enferma de literatura, que desempeñó la argentina frente a la exquisita, atormentada y sarcástica Virginia, a la que Victoria admiraba profundamente. Sin embargo, como muestra Bordelois con citas del epistolario de V. O., esta tuvo plena conciencia de los malentendidos que se produjeron entre ellas y del desdén imperialista con el cual, por momentos, Virginia la veía como un ser tan exótico como la Argentina, que Woolf se imaginaba poblada de mariposas.

Irene Chikiar Bauer, en su tesis de doctorado (a la que Ivonne se refiere como fuente) y en el prólogo de El ensayo personal, su antología de Victoria Ocampo, analiza con mucho detalle la confrontación entre la escritora inglesa y la “sudamericana”. Victoria aprovechó el interés “europeo” de Virginia por el exotismo que representaba la culta, sensible y arrolladora nueva amiga para acercarse a la autora de Orlando, que le dio un rumbo definitivo a la vida y la obra de Ocampo. El impulso o el mandato que Virginia le dio a V. O para que escribiera “autorizó” a esta para encarar seriamente su vocación literaria, como enfatizan tanto Bordelois como Chikiar Bauer.

Virginia Woolf y Victoria Ocampo

Virginia Woolf y Victoria Ocampo- Archivo

En el episodio Woolf-Ocampo, Ivonne ve en acción el histrionismo de la argentina, que había renunciado por su familia a su vocación escénica. Fue Sylvia Molloy, en “El teatro de la lectura: cuerpo y libro en Victoria Ocampo”, la primera en ver la actriz tras la escritora y mecenas. Esas cualidades histriónicas le sirvieron a Ocampo para manipular a Virginia, convertirse en su amiga y obligarla a dejarse fotografiar por Gisèle Freund.

A pesar de las diferencias en tiempo, espacio, clase y circunstancias culturales, Virginia, Victoria e Ivonne están unidas por su condición de mujeres en una sociedad machista que las relega a un segundo plano. Las tres llegaron a comprender que, en la familia y en el mundo del trabajo, eran las proletarias del hombre en términos marxistas. Victoria y Virginia pagaban sus beneficios con sumisión y decoro. El caso de Ivonne fue distinto. Eso le permitió escribir sobre las otras dos con distancia.

Bordelois destaca en la lectura que Victoria hace de las obras de Virginia las epifanías, los éxtasis de esta, ya sea por medio de la experiencia de sus personajes o de su propia vida. Esos momentos son los atisbos de la Realidad, del Todo. Virginia e Ivonne sufrían de crisis maníacas. Atravesaban períodos fulgurantes de euforia maníaca, seguidos por depresiones. De esos lapsos de manía, nacieron muchas de las mejores páginas de Virginia.

Ivonne llega lejos en su análisis de la “locura” de Virginia, porque padeció la misma afección y eso le permitió comprender que “la manía no puede reducirse a una patología”. En su fase positiva, según la autora, es la revelación de un contacto posible con la energía del universo. Ahora bien, Bordelois, como cuenta en su autobiografía Noticias de lo indecible, comenzó a manifestar su manía en los Estados Unidos, durante los años de su doctorado en el MIT con Noam Chomsky. En ese ámbito competitivo y machista, los hombres siempre llevaban la delantera; y el capitalismo salvaje, aun entre izquierdistas, se imponía. Esa violencia la descompensó. Para no pagar un alquiler muy alto, se mudó al gueto negro, donde era la única blanca. Sus vecinos se sintieron honrados de que ella se hubiera ido a vivir allí, la invitaban y la protegían. Allí, entre los marginados, respiraba.

Durante los períodos eufóricos, Ivonne desplegaba creatividad, lucidez y dotes deslumbrantes, pero también era capaz de desafiar a Chomsky preguntándole en qué se distingue un órgano (corporal) de una máquina, para escucharlo responder: “En nada, por supuesto”. Así descubrió que los norteamericanos no distinguen entre biología y técnica.

Extraño y luminoso trío el de estas mujeres, marginales dentro de su propio género, sin hijos, profundamente solas, aun rodeadas de amigos y admiradores, entregadas a compartir el mundo y sus mundos por medio de la escritura, sin soportar ataduras, salvo las de elección: la libertad y la palabra.

Victoria. Paredón y después, de Ivonne Bordelois (Edhasa/Ediciones del Zorzal)

Victoria. Paredón y después, de Ivonne Bordelois (Edhasa/Ediciones del Zorzal).

Imagen de portada: Gentileza de Patricia Ramirez

FUENTE RESPONSABLE: La Nación. Cultura. Por Hugo Beccacece

Sociedad y Cultura/Literatura/Biografias/Victoria Ocampo/

Ivonne Bordelois

 

Amelia earhart, la mujer que nació para volar.

El 24 de julio de 1898 nació Amelia Earhart, la piloto más famosa de todos los tiempos. Sus grandes logros le proporcionaron fama mundial, pero su avión desapareció durante su último desafío: la vuelta al mundo. Algunos historiadores creen que Amelia podría haber vivido como náufraga en una isla desierta, pero no existen suficientes pruebas como para afirmarlo con rotundidad.

Earhart se convirtió en la primera mujer que realizó la travesía del Atlántico en solitario. Aquí en una fotografía de la época coloreada.

Foto: Cordon Press

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En su último vuelo junto con su copiloto y navegante, el capitán estadounidense Frederick J. Noonan, intentaron circunvolar el globo en un bimotor Lockheed Electra 10E siguiendo la línea del ecuador.

Foto: Cordon Press

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Amelia posando en el centro junto a otras mujeres piloto: L-R Ruth Nichols, Bobbie Trout, Blanche Noyes, Dra. A H Rorhbach, Thea Rasch, Gladys O’Donnell y Phoebe Omliery.

Foto: Cordon Press

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Amelia Earhart sentada en la cabina de su avión Lockheed Electra en 1936. En julio de 1937 ambos se perdieron sobre el Océano Pacífico.

Foto: Cordon Press

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Amelia Earhart junto a su marido George Palmer en 1932.

Foto: Cordon Press

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La piloto americana Amelia Earhart en una foto tomada en 1935, dos años antes de su misteriosa desaparición.

Finalmente, el 27 de junio partieron hacia Darwin (Australia) donde Amelia ordenó devolver los paracaídas porque, según pensaba, no serían necesarios en lo que restaba del viaje. Tras haber completado 35.405 kilómetros en treinta días, ambos pilotos llegaron a Papúa Nueva Guinea; aún faltaban 11.265 kilometros por recorrer. Allí, Amelia se puso en contacto con el Herald Tribune y las fotos que envió la mostraban enferma y cansada. El 2 de julio, con unos 2.000 galones de combustible (7.570 litros), y tras unas 20 o 21 horas volando, Amelia y su copiloto levantaron de nuevo el vuelo en medio de un fuerte temporal. La penúltima etapa debía llevarlos hasta la isla Howland, junto a Australia, pero tras un último comunicado: «KHAQQ llamando al Itasca. Debemos estar encima de ustedes, pero no los vemos… El combustible se está agotando…», se perdió todo contacto con el avión.

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La desaparición de Amelia Earhart y de su experto copiloto fue motivo de numerosas y a menudo fantásticas especulaciones, pero a día de hoy siguen sin estar claras las circunstancias del accidente y el lugar exacto donde se produjo. Algunas fuentes sostienen que el avión se vio obligado a realizar un aterrizaje forzoso en las islas Fénix, en el Pacífico, donde los dos ocupantes sobrevivieron como náufragos hasta su muerte.

Esto contrasta con la versión oficial, que defiende que el avión se quedó sin combustible, lo que provocó su caída en aguas del Pacífico. Sea como fuere, el final que tuvo el vuelo de Amelia Earhart y el destino de los pilotos sigue siendo un misterio por resolver.

En el año 2009, la vida de Amelia Earhart fue llevada a la gran pantalla, de la mano de la cineasta Mira Nair, que dirigió la película Amelia, con la actriz Hilary Swank interpretando a la famosa aviadora.

Foto: Cordon Press

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Fotografía de Amelia Earhart tomada en 1937, poco antes de que se perdiera junto a su avión en mitad del Pacífico.

Foto: Cordon Press

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En enero de 1935 Amelia efectuó la travesía en solitario entre Honolulu (Hawái) y Oakland (California), recorriendo una distancia superior a la existente entre Estados Unidos y Europa.

Foto: AP Photo / Gtres

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Amelia Earhart (1897-1937) fue una persona clave en la historia de la aviación y la exploración.

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Fotografía de 1937 en la que se ve a Amelia Earhart y a su compañero de vuelo, Fred Noonan.

«cuando ascendí hasta los sesenta o noventa metros supe que tenía que volar». Amelia Earhart vivió así su primera experiencia de vuelo tras una ascensión de diez minutos el 28 de diciembre de 1920 en compañía del piloto Frank Hawks. Esta pionera de la aviación, nacida el 24 de julio de 1898 en Atchison (Kansas), quería volar y aprendió a hacerlo, y, en contra de los deseos de su familia, se convirtió en la primera mujer que realizó la travesía del Atlántico en solitario.

Amelia tuvo una infancia feliz y llena de comodidades. Sus primeros años de vida transcurrieron en Atchison, su localidad natal, donde estuvo al cuidado de sus abuelos maternos. Pero la errática vida laboral de su padre, que cayó en el alcoholismo tras perder varios empleos, los viajes constantes de la familia y la consiguiente inseguridad económica provocaron que al final su madre lo abandonara y partiera rumbo a Chicago acompañada de Amelia y su hermana Muriel.

EL «GUSANILLO» DE LA AVIACIÓN

Tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, Amelia y Muriel viajaron a Canadá como enfermeras voluntarias, atendiendo a los pilotos heridos en combate. Fue tras visitar el Cuerpo Aéreo Real, la fuerza aérea británica, cuando la idea de convertirse en piloto de aviones comenzó a tomar forma en la mente de Amelia. En sus propias palabras, fue allí donde terminó «picada por el gusanillo de la aviación».

En 1920, la familia decidió trasladarse a vivir a California. Amelia asistió a un espectáculo aéreo y tuvo la oportunidad de sobrevolar la ciudad de Los Ángeles. Quedó tan entusiasmada que en ese mismo instante decidió aprender a volar. Le impartió clases otra mujer, considerada pionera de la aviación femenina: Neta Snook. A finales de 1922, Amelia consiguió comprar un aeroplano al que bautizó con el nombre de El Canario, con el que consiguió su primer récord de altitud al volar a 14.000 pies (4.267 metros) de altura.

EL SALTO A LA FAMA

Tras conseguir la licencia como piloto en 1923 y entrar a formar parte de la Asociación Aeronáutica Internacional en 1927, Amelia Earhart empezó a ser reconocida como uno de los mejores pilotos estadounidenses. Fue precisamente en ese año cuando el famoso editor George P. Putnam –con el que se acabaría casando– recibió el encargo por parte de la millonaria Amy Guest para que se ocupara de organizar el primer vuelo femenino sobre el Atlántico. 

Fue un proyecto personal de Guest, a la que también le gustaba volar. En un principio tenía que ser la propia Amy quien realizara el vuelo, pero tras ser disuadida por su familia decidió, ayudada por Putnam, buscar a alguna joven piloto para que pudiera llevar a cabo dicha empresa. En 1928, Amelia recibió la oferta de formar parte de la tripulación junto con el piloto Wilmer Stultz y el mecánico Louis Gordon, convirtiéndose de este modo en la primera mujer en cruzar el Atlántico. A bordo de un Fokker FVII bautizado con el nombre de Friendship y tras un vuelo de 20 horas y 40 minutos desde Trepassey Harbour, Terranova, a Burry Port, Gales, Amelia se convirtió en una celebridad: rubia, alta, atractiva, con trazas de modelo, aire andrógino y cierto parecido con el mítico piloto Charles Lindbergh. Amelia se había convertido en una sensación que rivalizaba con las estrellas de Hollywood.

Durante los meses siguientes, Amelia realizó varios vuelos como el que la llevó de Los Ángeles (California) a Newark (Nueva Jersey). Aprovechando su popularidad, Amelia promovió asimismo el uso comercial de la aviación y defendió la incorporación de las mujeres a este nuevo campo profesional.

En enero de 1935, Amelia efectuó la travesía en solitario entre Honolulu (Hawái) y Oakland (California). Recorriendo una distancia superior a la existente entre Estados Unidos y Europa, fue el primer piloto en completar con éxito este difícil trayecto sobre aguas del Pacífico, ya que los anteriores intentos habían acabado en fracaso. A finales de ese mismo año, estableció un nuevo récord de velocidad al realizar un vuelo sin escalas, de algo más de catorce horas, entre Ciudad de México y Nueva York.

EL ÚLTIMO VUELO

En 1937, Amelia anunció que intentaría dar la vuelta al mundo utilizando una ruta distinta a la habitual en estas travesías. 

Hasta entonces, dichos vuelos se realizaban en etapas cortas a través de los cielos del hemisferio norte, pero Earhart tenía la intención, junto con su copiloto y navegante, el capitán estadounidense Frederick J. Noonan, de circunvolar el globo en un bimotor Lockheed Electra 10E siguiendo la línea del ecuador. 

Antes de su partida, Amelia declaró: «Nunca interrumpas a alguien haciendo algo que tú dijiste que no se podía hacer». El viaje empezó el 1 de junio de 1937, desde Miami (Florida) hasta San Juan de Puerto Rico, y desde allí volaron a Caripito, al este de Venezuela, siguiendo hacía África y el mar Rojo. 

Entonces emprendieron un vuelo inédito en la historia de la aviación: se dirigieron a Karachi, la capital de Pakistán, y el 17 de junio pusieron rumbo a Calcuta. Posteriormente su destinos fueron Rangún, Bangkok, Singapur y Bandung, en Java occidental. El mal tiempo, unas reparaciones en la nave y la grave disentería que contrajo Amelia, provocaron retrasos en el viaje.

Imagen de pantalla; Gentileza de Cordon Press

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC. Por J.M.Sadurni- Julio 2019.

Amelia Earhart/Biografías/Historia del feminismo/Sociedad y Cultura

Claude monet, el pintor que creó un estilo inimitable. 2/2

GIVERNY Y EL IMPRESIONISMO

Con el estallido de la guerra franco-prusiana en julio de 1870, Monet abandonó Francia para instalarse en Londres y de este modo evitar ser reclutado. Durante su estancia en la capital británica, Monet estudió las obras de John Constable y Joseph Mallord, y conoció al marchante de arte Paul Durand-Ruel. También se vio fuertemente influenciado por las obras de William Turner, cuyos paisajes le servirían de gran inspiración. Pero en la primavera de 1871, la Royal Academy de Londres, siguiendo la estela del Salón de París, negó el permiso a Monet para exponer sus obras. Ese mismo verano murió su padre, que le dejó una pequeña herencia. Tras el final de la contienda, Monet decidió regresar a su país. El pintor hizo el viaje de vuelta deteniéndose, en otoño de 1871, en los Países Bajos. Allí, en la ciudad de Zaandam, pintaría 25 cuadros, y aprovechó la estancia para visitar la cercana Ámsterdam. Una vez en Francia, Monet se estableció en Argenteuil, un pueblo no muy lejos de París.

Retrato de Claude Monet pintado por Pierre-Auguste Renoir en 1875.Foto: PD

En la primavera de 1871, la Royal Academy de Londres, siguiendo la estela del Salón de París, negó el permiso a Monet para exponer sus obras. Ese mismo verano murió su padre, que le dejó una pequeña herencia.

Monet se uniría en la década de 1870 a un grupo de artistas que se hacían llamar los «independientes», y hacia 1872 o 1873 pintó su famoso cuadro Impresión: soleil levant (Impresión: amanecer), pintura que en 1874 pudo exponer en el estudio del fotógrafo Nadar, en París (hoy en día el cuadro puede verse en el Musée Marmottan-Monet). A partir del titulo de su cuadro, el crítico de arte Louis Leroy acuñaría el término «impresionismo», una palabra con tintes peyorativos, pero que al final fue adoptada por los artistas seguidores de aquel estilo artístico para definirlo. De hecho, el impresionismo había nacido para quedarse. En 1876, Paul Durand-Ruel organizó en su propia galería una segunda muestra impresionista en la que Monet expuso 18 pinturas.

Impresión: amanecer. Pintura de Claude Monet. 1872. Museo Marmottan, París.Foto: PD

En 1878 nació el segundo hijo de Claude y Camille, Michel. Este parto minó la ya de por sí frágil salud de Camille, que fallecería en 1879 ante la desesperación de su esposo. Pocos años después, a principios de 1883, Monet alquiló una casa cerca de las localidades de Vernon y Gasny, en Giverny, en la región de Normandia. La residencia disponía de un amplio granero que funcionaba como estudio de pintura, y el huerto y el pequeño jardín se convirtieron en sus «modelos» pictóricos. El paisaje circundante ofrecía un sinfín de motivos atractivos para el trabajo de Monet, que empezó a dar sus frutos. Su situación económica mejoró ostensiblemente a medida que su marchante, Paul Durand-Ruel, tenía cada vez más éxito con la venta de sus obras. De este modo, en noviembre de 1890, Monet era ya lo suficientemente rico como para comprar la casa de Giverny y llevar a cabo una ambiciosa ampliación de la misma. Monet se dedicó entonces a las llamadas pinturas «en serie», en las que se representaba a un sujeto o a un paisaje en diferentes condiciones de luz y clima, pintado desde diferentes perspectivas y a distintas horas. La primera de estas obras en serie fue titulada Pajares por el artista. Poco después, en 1891, quince de sus obras fueron expuestas en la galería de Durand-Ruel en París.

Pajares. Claude Monet, 1884-89, Museo Pushkin, Moscú.Foto: PD

Los acantilados de Etretat, cuadro pintado por Monet en 1885.Foto: PD

PASIÓN POR LOS NENÚFARES

Monet se volvió a casar el 16 de julio de 1892 con Alice Hoschedé, y su vida transcurrió muy tranquila durante dos años en su casa de Giverny, donde pintaría otras series, entre ellas las tituladas Catedral de Rouen, Álamos, Las Casas del Parlamento (resultado de un viaje a Londres realizado en 1899), Mañanas en el Sena y Los Nenúfares. A partir de 1897, el pintor hizo varios viajes por Europa, y entre otros lugares visitó Londres y Venecia, y, de nuevo en su tranquilo retiro, se dedicó a pintar sus famosos cuadros de nenúfares (hoy expuestos en el Museo de la Orangerie de París, en el Instituto de Arte de Chicago y en el Museo de Arte Moderno de Nueva York). Cliquea por favor donde esta escrito en “negrita”. Muchas gracias.

Nenúfares, cuadro pintado por Claude Monet en 1899.Foto: PD

Las casas del Parlamento al atardecer. Claude Monet, 1903.Foto: PD

Ninfas, cuadro pintado por Monet en el año 1904.

En 1908, Monet empezó a manifestar los primeros síntomas de una enfermedad ocular, que empeoró en 1912, un año después de la muerte de su segunda esposa, Alice. Monet sufría de cataratas y fue intervenido dos veces en 1923. Su obra de aquella época, mientras la cataratas afectaban su visión, mostraba una tonalidad rojiza, propia de los afectados por esta enfermedad.

Al recuperar la visión, Monet se dedicó de nuevo a pintar grandes cuadros cuyos protagonistas indiscutibles volvieron a ser los nenúfares del estanque de su finca.

Monet sufría de cataratas y fue intervenido dos veces en 1923. Su obra de aquella época, mientras la cataratas afectaban su visión, mostraba una tonalidad rojiza, propia de los afectados por esta enfermedad.

En sus últimos años de vida, el artista francés destruyó varias de sus pinturas ya que no quería que sus obras inacabadas, bocetos y borradores, fueran expuestos y vendidos, como al final sucedió tras su muerte, el 5 de diciembre de 1926, a causa de un cáncer pulmonar. 

Los restos del gran pintor impresionista descansan en el cementerio de Giverny, su refugio y lugar de inspiración. 

En 1966, su hijo Michel donaría la casa a la Academia Francesa de Bellas Artes, y gracias a la Fundación Claude Monet, la residencia y los jardines fueron abiertos al público en 1980. En la actualidad, y tras una exhaustiva restauración, sus puertas están abiertas a los turistas de todo el mundo que visitan Giverny.

Imagen de portada: Claude Monet fotografiado en 1899. Archivo.

FUENTE RESPONSABLE:: NATIONAL GEOGRAPHIC 

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Claude monet, el pintor que creó un estilo inimitable. 1/2

La obra de Monet, considerado uno de los fundadores del impresionismo, sentó las bases de este estilo artístico. Su concepción del arte no pretendía contar una historia, sino plasmar, según su punto de vista, las impresiones y sensaciones que experimentaba a la hora de pintar.

Nacido en París el 14 de noviembre de 1840, Claude Monet está considerado uno de los pilares y pieza clave del impresionismo. Monet fue un pintor sumamente prolífico que supo plasmar sobre el lienzo sus percepciones personales sobre la naturaleza y los paisajes, experimentando con los diversos matices que la luz puede aportar a una escena. Rechazado y admirado a partes iguales por sus contemporáneos, el artista francés fue un innovador que se adelantó a su tiempo en el estudio del color.

UN GRAN CARICATURISTA

La familia Monet se trasladó de la capital francesa a Le Havre, en Normandía, cuando Claude contaba apenas cinco años. En aquella ciudad portuaria, su padre, Claude Adolphe, que regentaba un negocio de comestibles propiedad del marido de su hermana, Jacques Lecadre, intentó por todos los medios, aunque sin éxito, que el joven Claude se interesara en él. Pero lo que en realidad quería el joven Claude era ser artista. En 1851, el muchacho ingresó en la escuela secundaria de artes de Le Havre donde se hizo famoso por sus caricaturas al carbón y por sus paisajes y marinas, que vendía por diez y por veinte francos. En aquella época, Claude recibió sus primeras lecciones de dibujo del artista francés Jacques-François Ochard y conoció a Eugène Boudin (considerado el primer paisajista francés en pintar al aire libre), que a la postre se convertiría en su mentor.

Caricatura del notario León Marchon, realizada por Claude Monet alrededor de 1855. Instituto de Arte de Chicago.Foto: PD

El 28 de enero de 1857, moría Louise Justine, la madre de Monet. Tras aquella desgracia, el joven decidió irse a vivir con su tía, Marie-Jeanne Lecadre, una pintora aficionada que mantenía una excelente relación con Armand Gautier, un pintor y litógrafo conocido como «el pintor de las Hermanas de la Caridad», por sus pinturas de religiosas. Tras la muerte de Jacques, el esposo de su tía, el padre de Claude pasó a hacerse cargo del negocio familiar y Claude decidió definitivamente convertirse en pintor. Su padre al principio le apoyó e incluso llegó a formular una petición para que le fuera concedida una beca, pero la solicitud fue rechazada. Entonces, Monet viajó a París para visitar la exposición del Salón de París, donde conoció a artistas de la talla de Constant Troyon o Armand Gautier, y trabajó también en el taller del pintor Charles Monginot, un viejo amigo de Eugène Boudin. Monet se matriculó entonces en la Academia Suiza, una escuela de arte privada, en contra de la opinión de su progenitor, que quería que su hijo estudiase en la Academia de Bellas Artes de París. Contrariado, su padre le negó entonces su ayuda financiera.

Monet viajó a París para visitar la exposición del Salón de París, donde conoció a artistas de la talla de Constant Troyon o Armand Gautier, y trabajó también en el taller del pintor Charles Monginot, un viejo amigo de Eugène Boudin.

En 1861, Monet fue llamado a filas para realizar el servicio militar obligatorio, que en aquella época duraba siete años. El artista tuvo la oportunidad de librarse de esa dura carga mediante el pago de 2.500 francos, dinero del que no disponía y que su familia le ofreció si dejaba la pintura para regresar a Le Havre, cosa a la que el joven se negó. Así, Monet fue destinado al regimiento de caballería de Argelia, donde enfermó de fiebre tifoidea y pudo regresar a Francia en el verano de 1862.

EL SALÓN DE PARÍS

Entre finales de 1864 y principios de 1865, Monet y su amigo, el también pintor Fréderic Bazille, se establecieron en un taller propio en París, y aquel mismo año Monet pudo exponer dos marinas en el Salón de París que fueron muy bien recibidas por la crítica. Aquel primer éxito animó a Monet a proyectar su monumental obra El desayuno para la exposición del Salón del año 1866. Su pintura quería imitar a la de Edouard Manet Almuerzo en la hierba (1863), una obra que causó un gran escándalo al mostrar a una mujer desnuda. Pero a diferencia del de Manet, el cuadro de Monet era de corte más conservador, mucho más ajustado al gusto de la época. Aunque por desgracia no llegó a tiempo para la exposición. Mientras estaba ocupado trabajando en su cuadro conoció a la modelo Camille Doncieux, con quien entablaría una relación amorosa. Perdidamente enamorado, Monet pintó a su amada en la obra Camille con vestido verde en tan solo cuatro días, una pintura que fue aclamada por la crítica.

Entre finales de 1864 y principios de 1865, Monet y su amigo, el también pintor Fréderic Bazille, se establecieron en un taller propio en París, y aquel mismo año Monet pudo exponer dos marinas en el Salón de París.

Camille con vestido verde, cuadro pintado en 1867. Foto: PD

El 8 de agosto de 1867 nació Jean, el primer hijo del pintor y de Camille, pero esta alegría se vio empañada por un duro revés: su obra Mujeres en el jardín fue rechazada por el Salón de París. La situación económica de Monet era cada vez más precaria, pero su amigo Fréderic Bazille le acabó comprando la obra y ambos volvieron a trabajar juntos en su taller parisino. A pesar de todo, Monet se vio acosado por los acreedores, por lo que tuvo que dejar la ciudad. Para empeorar aún más las cosas, en 1870 el jurado rechazó nuevamente otra de sus obras para el Salón, aunque tal cúmulo de sinsabores no evitó que el 26 de junio de ese mismo año se casara con Camille. Pero ¿por qué el Salón rechazaba recurrentemente las obras de Monet? En realidad, la evolución pictórica de Monet, en cuanto a los temas elegidos y al estilo, se distanciaba cada vez más de los cánones que establecía el Salón de París y, por consiguiente, el éxito económico se alejaba de él irremisiblemente.

Imagen de portada: Claude Monet fotografiado en 1899. Archivo

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