Buenos Aires fue nombrada como la mejor ciudad estudiantil de América Latina.

Un ranking la ubicó en el puesto número 23 a nivel mundial, la posición más alta en la región. La siguiente, Santiago de Chile, recién aparece en el escaño 60.

Si deseas profundizar sobre esta entrada; cliquea por favor adonde se encuentre escrito en azul. Muchas gracias.

Buenos Aires fue nombrada como la mejor ciudad estudiantil de América Latina y se ubica en el puesto 23 en todo el mundo, según la última edición del «Ranking QS: Las mejores ciudades para estudiantes».

Desde la empresa QS destacaron que la capital argentina alcanzó esa ubicación por la calidad de sus universidades, una cohorte estudiantil diversa y los constantes elogios de las personas que han estudiado allí. Además, con el lugar 23 a nivel mundial, le saca 30 posiciones a su competidor continental más cercano, Santiago de Chile.

Buenos Aires: datos clave

Con 10 universidades clasificadas, Buenos Aires ocupa el puesto 14 en la métrica de la Clasificación de Universidades.

Cuenta con la población estudiantil más diversa de América Latina, con una puntuación de 76,2 en el indicador Student Mix. Este indicador evalúa la diversidad y el tamaño del conjunto estudiantil de una ciudad.

Asimismo, es el destino de estudios más deseado de América Latina. La métrica de deseabilidad de QUE SE mide la calidad de vida de una ciudad y el grado en que los futuros estudiantes desean estudiar allí. América Latin

Santiago de Chile es la segunda ciudad estudiantil mejor clasificada de América Latina, situándose en el puesto 60 a nivel mundial.

Esta clasificación está en consonancia con los resultados de sus indicadores, en los que obtiene la segunda mejor puntuación de América Latina en cuanto a ranking de universidades, deseabilidad, actividad de los empleadores y voz de los estudiantes.

En tanto, la Ciudad de México es la que goza de la mayor actividad de los empleadores en América Latina, lo que indica las mejores perspectivas de empleo del continente para sus graduados. A nivel global ocupa el puesto 22 más alto del mundo en esta métrica.

México es fuerte en el indicador de Asequibilidad. Monterrey es la ciudad estudiantil más asequible de América Latina – puesto 23 a nivel global. Además, es una de las únicas ciudades del mundo que mejoran su posición en esta métrica. Por su parte, Ciudad de México es la segunda ciudad más asequible de América Latina.

Por su parte, San Pablo es la mejor ciudad estudiantil de Brasil, situándose en el puesto 86 a nivel mundial. Ha mejorado la puntuación de sus universidades en el ranking y se sitúa entre los 50 primeros puestos en actividad empresarial y asequibilidad.

Bogotá, en Colombia, es la única otra ciudad latinoamericana que figura entre las 100 mejores del mundo. Goza de buenas puntuaciones en actividad empresarial y asequibilidad.

Ecuador y Uruguay figuran por primera vez en la clasificación, con Quito y Montevideo en los puestos 130 y 135 respectivamente.

Mundo

Alemania, Australia y Reino Unido cuentan con dos de las diez mejores ciudades estudiantiles del mundo cada una.

Edimburgo entra en el top-10 mundial, pasando de 12 a 10. De este modo, usurpa a las ciudades anteriormente empatadas, Boston y Montreal, que descienden a 11 y 14 respectivamente. La mejor ciudad estudiantil de la región árabe es Dubai, en el puesto 51 a escala global.

Imagen de portada: Facultad de Derecho. Buenos Aires; Argentina. TELAM.

FUENTE RESPONSABLE: Ámbito. Argentina. 29 de junio 2022.

América Latina/Universidades/Buenos Aires; Argentina.

Así se ve el edificio más largo de la Ciudad de Buenos Aires.

Su historia

Un arquitecto suizo lo ideó en 1910 para un grupo de ejecutivos británicos y por eso es conocido como «Conventillo de los Ingleses». Hoy forma parte de un polo gastronómico.

Si deseas profundizar en esta entrada; cliquea por favor donde se encuentra escrito en “negrita”. Gracias.

La Ciudad de Buenos Aires está llena de joyas arquitectónicas que para apreciarlas vasta con levantar la vista. Incluso existen algunas obras imposibles de no admirar. Sobre la calle Azucena Villaflor, en el dique 2 de Puerto Madero Este, se erige el Alvear Tower, que con 235 metros se posiciona como la torre residencial más alta. Pero a menos de 3 kilómetros se puede encontrar una peculiaridad: el edificio más largo del territorio porteño.

Sobre la avenida Caseros entre el 410 y 490 se encuentra el edificio Schindler, conocido como «Conventillo de los ingleses» o «Edificio de los ingleses». Si bien solo cuenta con cinco pisos y menos de 30 metros de altura, esta construcción se destaca por su fachada de más de 100 metros de largo.

El edificio posee cinco módulos de cuatro pisos cada uno, no obstante, aquellos ubicados en las esquinas de Defensa y Bolívar tienen cinco pisos.

Cada uno de estos cuerpos, que tienen sus propias entradas individuales, tiene entre ocho y diez departamentos.

Se trata de un proyecto ideado en 1910 por el arquitecto suizo Christian Schindler, quien se había radicado en la Argentina en 1884. 

Fue un encargo de Alberto Anchorena, quien poseía el terreno donde se construyó. Él tenía la idea de armar un edificio de rentas destinado a los ejecutivos británicos de la empresa Ferrocarril del Sud.

Se inauguró oficialmente en 1912 y recibió su nombre, justamente, debido a la nacionalidad de sus ocupantes. Durante esa época, la avenida Caseros era una de las locaciones fetiche de la clase alta de la Ciudad.

Entre cada una de las puertas de los módulos dejaron espacio para comercios. 

Hoy la zona se convirtió en un polo gastronómico tras la construcción del boulevard en 2006. Ahí, los amantes de la comida pueden encontrar desde parrillas, heladerías o restaurantes de comida vegana. 

Anteriormente, esos mismos lugares se habían utilizado como talleres mecánicos.

«Se construyó en un momento en que Buenos Aires ofrecía una renta inmobiliaria entre las más altas del mundo. Era una de las ciudades donde era más rentable construir antes de la primera guerra mundial, entre 1900 y 1914, junto a Nueva York, Berlín, París, aunque ya se había desarrollado, y también Chicago. 

Es un edificio estándar construido en varios lotes fruto de la especulación inmobiliaria de esa época», explicó Fabio Grementieri, arquitecto, historiador y miembro de la Comisión Nacional de Monumentos, en diálogo con La Nación.

Antes de la creación del boulevard, los comercios estaban vacíos.

En su interior posee ascensores tipo jaula que dan acceso a los dos departamentos que tiene por piso. Cada uno cuenta con techos altos de casi 4 metros, comedor, living y pisos de pinotea. Son departamentos de cinco ambientes con tres dormitorios por unidad. 

Imagen de portada: Gentileza de La Nación. Buenos Aires.Argentina

FUENTE RESPONSABLE: La Nación. Abril 2022

Sociedad y Cultura/Real State/Edificio icónico/Buenos Aires/ Argentina

Las andanzas de Albert Einstein por una Buenos Aires que aún no tenía Obelisco.

El autor de la Teoría de la Relatividad pasó dos meses en la Argentina en 1925, cuatro años después de haber ganado el Premio Nobel de Física.

En el templado otoño de 1925, el físico más popular de todos los tiempos, Albert Einstein, sintió durante una prolongada visita a la Argentina el verdadero peso de la fama, que le pareció excesivo, pero se fue de aquí con la certeza de que había colaborado, y no se equivocaba, con el futuro de la investigación científica argentina.

   En los dos meses que duró aquella estadía con base en la Capital Federal, el responsable de la Teoría de la Relatividad brindó doce conferencias en instituciones educativas públicas, a las que terminó agradeciéndoles por haberle permitido el encuentro con un público en general profano, pero lleno de ganas de comprender ideas científicas complejas.

   Aquella ciudad de Buenos Aires que se auto percibía como el ombligo del granero del mundo aún no había construido el Obelisco su señal de identificación en el cruce de “la avenida más ancha del mundo” con “la calle que nunca duerme”, pero estaba orgullosa de haber inaugurado en 1913 el primer subterráneo de Latinoamérica, la actual Línea A.

Cliquea por favor; en el link siguiente. Gracias.

Albert Einstein en Buenos Aires – Por la ciudad

El físico arribó a la Argentina cuatro años después de haber obtenido el Premio Nobel, pero como consecuencia de una relación de amistad forjada en 1922 en el Instituto Politécnico de Zürich con el francés Jorge Duclot, que lo invitó a conocer el Sur de América cuando ya ejercía como profesor en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires.

Para la historia de la ciencia en la Argentina aquella visita resultó fundamental, porque inspiró a muchos futuros colegas, entre ellos a Bernardo A. Houssay, que años más tarde sería Premio Nobel de Medicina, e instaló a las universidades públicas del país en el centro de la difusión en Latinoamérica de una teoría que aun suscitaba controversias en el mundo.

   Los cinco argentinos que ganaron el Nobel fueron estudiantes de la UBA y entre ellos hay tres vinculados a la investigación científica, aquello en que Einstein fue el gran ejemplo: Houssay fue galardonado con el de Medicina en 1947, siendo el primer latinoamericano laureado en Ciencias, Luis Federico Leloir obtuvo en 1970 el de Química y César Milstein cosechó el suyo en Medicina en 1984.

La Teoría de la Relatividad, que discutía con la famosa pero añeja Teoría de la Gravedad, postulada dos siglos antes por Isaac Newton, sostenía desde 1905, entre otras cosas, que el movimiento es relativo al observador, mientras la velocidad de la luz siempre es constante.

El segundo de sus grandes aportes, la Teoría de la Relatividad General, publicada en 1915, afirmaba que el espacio se curvaba por la fuerza gravitatoria de la Tierra, pero que por el brillo solar eso resultaba invisible a los ojos humanos, salvo en ocasiones especialisimas.

Cuatro años más tarde esa ocasión llegó: durante un eclipse, el astrofísico inglés Arthur Stanley Eddington pudo fotografiar la luz de las estrellas en torno al sol, comprobando la curvatura de la luz, desde un laboratorio montado en la Isla Príncipe, frente a Guinea Ecuatorial, en África, en la prueba empírica de que Einstein tenía razón.

 A partir de 1919, entonces aquel hombre de mirada pícara e inteligencia suprema, nacido en Alemania en el seno de una familia judía, pero luego nacionalizado suizo, austríaco y estadounidense, se convirtió en una estrella de rock, antes de que el rock existiera, y tuvo que acostumbrarse a convivir con el interés periodístico por su día a día.

   Eso aumentó cuando en 1921 le concedieron el Premio Nobel de Física, aunque no por su Teoría de la Relatividad, que todavía era discutida en los círculos académicos pero le había dado una insólita popularidad en un mundo mucho menos conectado que el actual, que él mismo abonaba con su estilo desacartonado –su foto más famosa lo muestra sacándole la lengua a la cámara- y hasta la desprolijidad de su cabellera.

   Su triunfo como científico era también una victoria política frente a los influyentes sectores conservadores de las sociedades europeas, que habían tildado su teoría de poco seria, en rigor porque estaban molestos con las ideas socialistas a la que Einstein adhería después de haber estudiado muchos años los textos de Baruch Spinoza, David Hume, Immanuel Kant y Karl Marx, entre otros.

   El choque entre las ideas científicas y sus detractores, que tenía una larga historia a partir del modo en que la Iglesia Católica se comportó siglos antes con Galileo Galilei por haber demostrado que la Tierra giraba en derredor del Sol, no era menor en aquel momento europeo, ya que iba construyéndose un panorama general que redundaría en el acceso posterior al poder de líderes de ultra derecha, como Hitler, Mussolini y Franco, entre otros.

   El supuesto básico de la teoría de la relatividad, que siempre molestó a los fundamentalistas y a los dogmas religiosos, es que la localización de los sucesos físicos, tanto en el tiempo como en el espacio, es relativa al estado de movimiento del observador, lo que cambiaba muchos dogmas e incluso aportaba un punto de discusión interesante para la filosofía.

   La visita a la Argentina, a la que llegó en el barco Cap Polonio, se dio en el marco de una de sus extenuantes pero habituales giras previas a la Segunda Guerra Mundial, que en este caso incluía también muchas semanas en Uruguay y Brasil, cuyos detalles fue reportando al estilo de la época en cartas a su familia, además de las anotaciones que hacía en su diario personal.

   “En el momento en que les llegue esta pequeña nota, yo ya estaré en Montevideo o en Rio, desde donde saldré, el 12 de mayo, de regreso hacia Hamburgo», escribió por ejemplo a su esposa Elsa y a su hijastra Margot desde Buenos Aires, en una misiva fechada el 25 de marzo de 1925.

   Einstein, que era afable en público y llegó a plegarse a una fiesta de estudiantes para tocar el violín, instrumento cuya técnica dominaba como un profesional, reportaba en esas cartas que tenía la agenda demasiado llena de compromisos, por lo que se sentía un comediante obligado a representar un papel acorde con las expectativas que su genialidad despertaba,

   En los dos meses argentinos, tuvo actividades en Córdoba, Rosario y La Plata, pasó unos días de descanso en Llavallol, se reunió con el presidente Marcelo T. de Alvear y con el famoso escritor Leopoldo Lugones, con el que además cenó, tuvo encuentro con organizaciones judías e incluso sobrevoló Buenos Aires a bordo de un hidroavión Junker de una empresa alemana, cuando la aviación estaba en sus albores.

   Además de sus conferencias en el Colegio Nacional de Buenos Aires, en la Facultad de Filosofía y Letras y en el Hotel Savoy, recorrió escuelas públicas, visitó, hospitales y orfanatos, paseó por los Bosques de Palermo y el Mercado del Abasto, visitó Tigre, caminó por la peatonal Florida, publicó artículos en el diario La Prensa y se encantó con el ambiente del café Tortoni, el más antiguo de la ciudad.

   En aquellos días agotadores, las anotaciones en su diario personal, la mayoría de ellas con ideas que no prosperaron, incluyeron una “aproximación a una teoría sobre la relación entra la gravitación y la electricidad”, mientras en su país natal estaba instalándose el escenario persecutorio de las ideas que el cineasta Ingmar Bergman describió en la película El huevo de la serpiente.

   Unos años después de su visita a la Argentina, Einstein se iría de Alemania mientras el nazismo iba construyendo su llegada al poder, para dedicarse a la docencia en Princeton, Nueva Jersey, y avanzar en el intento de integrar en una misma teoría la fuerza gravitatoria y la electromagnética, antes de nacionalizarse como estadounidense en 1940.

   El científico vanguardista que ayudó a difundir la idea de que todo en el universo, y en la vida, es relativo, murió en Princeton a los 76 años, en 1955, de una hemorragia interna causada por la ruptura de un aneurisma en la aorta abdominal, luego de rechazar una cirugía de urgencia que le propuso el médico Rudolph Nissen, que ya lo había operado en 1948.

 “Quiero irme cuando quiero”, precisó aquel hombre que pidió que su cuerpo fuera incinerado sin velatorio, ante apenas 12 personas, y que sus cenizas fueran arrojadas al cercano río Delaware, intentando evitar las pompas del funeral de un famoso. “Considero de mal gusto prolongar artificialmente la vida”, había explicado antes. “He hecho mi trabajo, es hora de irme. Lo haré con elegancia”. (NA)

Imagen de portada: Gentileza de La Nueva. Bahía Blanca. Argentina

FUENTE RESPONSABLE: La Nueva. Bahía Blanca. Argentina. Abril 2022

Sociedad/Ciencia/Albert Einstein/Buenos Aires/

Teoría de la relatividad.

 

La historia desconocida detrás de la Iglesia Ortodoxa Rusa de Buenos Aires.

Financiada por el Zar Alejandro III y diseñada en San Petersburgo, la iglesia ortodoxa de la calle Brasil parece la hermanita perdida de la famosa catedral acebollada de Moscú. Se levantó cuando Argentina no tenía vínculos diplomáticos con la Santa Sede y mira hacia Oriente.

El 18 de diciembre de 1898 se colocó la piedra fundamental de la Iglesia Ortodoxa Rusa en Buenos Aires. Ubicada sobre la calle Brasil 315, frente al Parque Lezama, ese construcción fue la primera de ese credo que se levantó en América del Sur.

Si deseas profundizar en esta entrada; por favor cliquea donde se encuentre escrito en “negrita”. Muchas gracias.

Los fondos para la obra fueron donados en su mayor parte por el Zar Alejandro III, en respuesta a un pedido realizado desde la Argentina.

Iglesia Ortodoxa Rusa 20211215

Combina los estilos moscovita y bizantino.

La solicitud de construir la Iglesia Ortodoxa Rusa no nació entre los rusos sino partió de la voluntad de griegos, árabes y eslavos que habían migrado a la ciudad de Buenos Aires. 

En 1860 llegaron los primeros cristianos ortodoxos al país. Eran en su mayoría sirios y libaneses que huían del imperio Otomano. Recién en el siglo XX empezaron a llegar los rusos y a construir sus iglesias.

Alejandro III, en respuesta a un pedido realizado desde la Argentina.

Combina los estilos moscovita y bizantino.

La solicitud de construir la Iglesia Ortodoxa Rusa no nació entre los rusos sino partió de la voluntad de griegos, árabes y eslavos que habían migrado a la ciudad de Buenos Aires. 

En 1860 llegaron los primeros cristianos ortodoxos al país. Eran en su mayoría sirios y libaneses que huían del imperio Otomano. Recién en el siglo XX empezaron a llegar los rusos y a construir sus iglesias.

Iglesia Ortodoxa Rusa 20211215

Con pinturas bizantinas.

El diseño de la iglesia –que a diferencia de la Catedral de San Basilio, en Moscú, no rinde honores militares- fue realizada desde San Petersburgo por el arquitecto del Santo Sínodo de Rusia, Mihail Preobrazhensky. 

En 1901, fue construida por el arquitecto noruego que vivía en Argentina, Alejandro Christophersen a quien ayudó el Ingeniero Pedro Coni. El presidente Julio Argentino Roca estuvo presente en la inauguración de la Iglesia.

La Iglesia Ortodoxa Rusa de Buenos Aires tiene una combinación de estilos: el moscovita del siglo XVII y el estilo bizantino del siglo IV. Su fachada fue edificada mirando el sol, hacia el este. En su parte superior sobresalen las cinco cúpulas acebolladas de color turquesa. Encima de cada una de las cúpulas se erige una cruz que mira hacia Oriente.

Iglesia Ortodoxa Rusa 20211215

El diseño se creó en San Petersburgo.

La fachada muestra la Santísima Trinidad en mosaico veneciano realizado en San Petersburgo. Al ingresar al tempo, detrás de la reja de acceso, se observan tres ventanales con vitreaux que representan diversas escenas bíblicas. A los laterales izquierdo y derecho está la Virgen con el niño junto al Santo Padre Juan. Muchos objetos e íconos de la decoración fueron traídos desde Rusia.

Una Iglesia Ortodoxa Rusa en Buenos Aires

La Iglesia Ortodoxa Rusa sigue la línea Católica Apostólica Ortodoxa, lo que convierte a sus fieles en más conservadores que los romanos. Su máxima autoridad, el Obispo, tiene jurisdicción en toda Argentina. Y esta iglesia porteña,  precisamente, tiene jurisdicción en toda América del Sur. 

Iglesia Ortodoxa Rusa 20211215

En cada una de las cinco cúpulas hay una cruz que mira hacia Oriente.

Algunas de las diferencias de la doctrina ortodoxa rusa con la católica están en las concepciones. Para los ortodoxos la Madre de Dios fue concebida como cualquier otro ser humano, pero para los romanos fue sin pecado concebida. 

Iglesia Ortodoxa Rusa 20211215

Alberga imágenes de Cristo y la Virgen María.

Según la creencia ortodoxa, el único que fue concebido sin pecado fue Cristo. 

Los ortodoxos veneran las imágenes de la Virgen y de Cristo, pero no las adoran ni idolatran como los católicos.

Buenos Aires, Rusia y el Vaticano

El proceso independentista distanció a Argentina de la Santa Sede –que apoyaba a la monarquía española y su hegemonía colonial en América-, un vínculo y una relación diplomática que restableció Juan Manuel de Rosas a partir de 1831, ya que él mismo era el encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación. 

Hasta que fue derrotado en 1852, Juan Manuel de Rosas fue un lazo con la Santa Sede, una posición que usufructuó para empoderarse frente al Vaticano y para debilitar las pretensiones autonómicas de las cuatro diócesis en que se dividía la Confederación (Buenos Aires, Córdoba, Salta y Cuyo).

Iglesia Ortodoxa Rusa 20211215

Los vitraux y mosaicos del templo desarrollan varias escenas bíblicas.

Durante más de cien años, hasta mediados del siglo XX, la relación diplomática con la Santa Sede estuvo plagada de desencuentros y no fue sino hasta la llegada de Arturo Frondizi al gobierno cuando comenzó a hablarse de un Concordato con la Santa Sede, para poder al fin mantener relaciones diplomáticas mutuas estables y duraderas.

En este contexto histórico nació precisamente la voluntad de los ortodoxos de convertir a Buenos Aires en la sede sudamericana de su fe.

Imagen de portada: Gentileza de CEDOC- Turismo. Buenos Aires.gob.ar

FUENTE RESPONSABLE: Editorial Perfil

Iglesia Ortodoxa Rusa/Buenos Aires/Catedral San Basilio/Zar/ Moscú/San Petersburgo/Juan Manuel de Rosas/18 de diciembre efemérides 

Guía de Bares Notables: el histórico café porteño al que iba Carlos Gardel todavía existe.

RECOMENDACIONES

Las calles porteñas están inundadas de cultura y todos los recovecos de la ciudad tienen alguna anécdota para contar: este bar es uno de los más clásicos y los más históricos de la capital y hasta lo frecuentaba Gardel.

Si te interesa este tema; cliquea por favor donde esta escrito en “negrita”. Muchas gracias.

En el mundo, la Ciudad de Buenos Aires es sinónimo de tango y no es exagerado decir que Carlos Gardel fue una figura – sino la más importante – que hizo eso posible. El tanguero más amado de la city porteña era fan de un café de media tarde y, junto con otras personalidades y políticos de la época, solía frecuentar el Café los Angelitos.

EL CAFÉ LOS ANGELITOS

Antes conocido como «Bar Rivadavia», en la esquina de Rivadavia y Rincón, en el barrio de Congreso, se encuentra el «Café los Angelitos», uno de los más tradicionales y amados de la Ciudad de Buenos Aires.

Su nombre cambió porque, con el paso del tiempo, los vecinos y la policía de la zona comenzaron a llamarlo – irónica y sarcásticamente -el bar de «los angelitos» por la cantidad de peleas que ocurrían dentro de sus puertas, en una época en la que por las calles porteñas rondaban rufianes y buscapleitos.

Con la construcción del Congreso a unas pocas cuadras de Los Angelitos, muchos políticos comenzaron a frecuentar el café para el almuerzo o un necesario café de media tarde. Con ellos también llegaron muchos célebres pensadores, literatos y músicos de la época.

Incluso, el bar recibió el honor de que se le escriba una canción que quedó en la historia como una de las más conocidas del país: «Café de los Angelitos» con música de José Razzano y letra de Cátulo Castillo.

Claro que al hablar de los icónicos músicos argentinos que pasan día por medio, sino todos los días, por Los Angelitos no puede faltar Carlos Gardel. El tanguero no sólo era fanático del lugar, sino que también lo eligió para firmar su contrato discográfico.

Los empleados de la casa suelen comentar que el famoso artista celebraba con pucheros sus victorias y que llegaba a cenar a altas horas de la madrugada. En el ingreso al «Café de los Angelitos», se puede leer: «Usted está donde paraba Gardel, porteños desde 1890 y tangueros desde siempre».

LOS BARES NOTABLES DE BUENOS AIRES

Buenos Aires es una ciudad cargada de cultura e historia en todos sus rincones. Muchos de sus recovecos actuaron como punto de encuentro entre grandes personalidades de la música, el cine, la literatura y más.

En la página oficial de turismo de la Ciudad de Buenos Aires existe un listado que menciona todos los llamados «Bares Notables» que se encuentran en los barrios de la city porteña:

 turismo.buenosaires.gob.ar/es/article/bares-notables.

Del listado, algunos a destacar son:

  • Bar Oviedo, en Mataderos: funciona desde 1900 y durante muchos años funcionó como un punto de encuentro entre la ciudad y el campo por estar situado donde llegaban los animales con destino a los mataderos.
  • Café de Gracia, en Villa Devoto: lo caracterizan las incontables fotos y objetos que hay colgados en sus paredes, entre los que se encuentran máquinas de coser, espejos, cajas registradoras y hasta viejos sifones.
  • Café Margot, en Boedo: es una casa tradicional construida a principios del siglo XX por el genovés Lorenzo Berisso, en donde funciona este icónico café porteño, el cual solía frecuentar el ex presidente Juan Domingo Perón, quien era fan del sándwich de pavita en escabeche, una de las estrellas de la casa.
  • La Farmacia, en Flores: es un edificio muy característico de dos pisos que data del siglo XX donde hay un gran salón con vitrinas de madera y los estantes de la época cuando el bar era, literalmente, una farmacia.
  • El Tortoni, en Microcentro: es el Bar Notable más antiguo de la ciudad y lo frecuentaban figuras como Gardel, Borges y Cortázar, entre otros..

Imagen de portada: Café “Los Angelitos”

FUENTE RESPONSABLE: EL CRONISTA.Clase.Gourmet.Bares notables.

Ciudad de Buenos Aires. Argentina. Sociedad y Cultura

Gavilanes mixtos, mala noticia para las palomas porteñas.

Desde hace meses, sobre todo durante la cuarentena, colonizaron parques urbanos. No atacan a animales domésticos.

Ahí están, agazapados entre los árboles, camuflados entre las ramas, ubicados en los escasos espacios verdes que hay en la Ciudad de Buenos Aires. Esperando minuciosamente el momento justo para atrapar a sus presas. 

Lejos de ser una secuela de Los pájaros, de Hitchcock, en los últimos meses, al levantar la vista, se pueden detectar cada vez más gavilanes mixtos en el cielo porteño. 

Estas aves rapaces deambulan en las alturas en busca de palomas, la dieta elegida para saciar sus necesidades. Alejados de su entorno natural, situado en los campos semiabiertos, el cemento urbano ha pasado a ser su hábitat temporal. También se los puede ver en la ciudad de La Plata y en cercanías de Mar del Plata.

 

De una belleza singular, la tonalidad del plumaje de los gavilanes abarca diferentes gamas de marrones o pardo oscuro, con vivos rojizos en sus alas que, desplegadas en el aire, pueden llegar a medir más de un metro. 

Su tamaño alcanza 59 centímetros de alto en las hembras; y unos 49, los machos. 

 

“Desde un punto de vista biológico, la presencia de los gavilanes en la Ciudad es positiva”, dice a Tiempo Lucas Leveau, profesor del Departamento de Ecología, Genética y Evolución de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, e investigador adjunto del Conicet. 

“Digo esto porque los gavilanes cazan palomas, y las aves en áreas urbanas suelen tener menos depredadores que en las áreas naturales, lo cual explica la mayor abundancia de palomas en las grandes ciudades”. 

Los lugares donde más se los ha visto son en el Parque Avellaneda, en los barrios de Belgrano, Agronomía y Parque Chas y en los cementerios de Chacarita, Flores y Recoleta.

 

“El gavilán mixto hace varios años estaba en los alrededores de la Ciudad de Buenos Aires, y no se sabe en qué momento decidieron vivir entre nosotros y este es un proceso de adaptación de la especie”, aclara Leveau. 

 

El especialista afirma que es un ave que no ataca a animales domésticos: “Muchos estudios demuestran que la dieta de los gavilanes no es selectiva, es oportunista, consume lo que hay: ratones, aves, anfibios. No atacan a las mascotas pequeñas, ni gatos ni perros, así que en ese sentido hay que estar tranquilos”.

Los halcones de Santilli

A fines de 2011, quien hoy encabeza la lista de candidatos a diputados nacionales de Juntos en la provincia de Buenos Aires, Diego Santilli, propuso como solución ante una supuesta invasión de palomas en los barrios de Recoleta y Retiro, entrenar tres razas de halcones: el peregrino, el plomizo y el pechirrojo. 

La propuesta presentada hablaba de un total de 30 aves dedicadas a cazar palomas. A esa práctica se la conoce como cetrería, una experiencia gestada en el medioevo que consiste en cazar con aves entrenadas para tal fin, especialmente halcones. Santilli era entonces ministro de Ambiente y Espacio Público, y la iniciativa presentada iba en contra de la Legislación porteña, dado que las palomas no son consideradas como una plaga, por lo que su matanza está prohibida.

Imagen de la portada: Gentileza de Tiempo Argentino

FUENTE RESPONSABLE: Tiempo Argentino

Gavilanes mixtos/Palomas/Buenos Aires

Un lugar emblemático de Buenos Aires del ayer …

La Martona.

Fue fundada hacia 1890 por Vicente L. Casares. 

Llegó a ser una de las empresas lácteas más grandes del mundo, y reunió a dos grandes de la literatura en un irónico opúsculo sobre la leche cuajada.

Vicente Lorenzo Casares nació en Buenos Aires en el seno de una familia radicada en 1806, dedicada a actividades comerciales y navieras. 

En 1866, a sus 18 años, en terrenos que pertenecían a sus abuelos, fundó la Estancia San Martín, en Cañuelas. En 1871 realizó la primera exportación de trigo a Europa, cosechado de campos cercados a la actual estación Vicente Casares, del Ferrocarril del Sud. Para desarrollar la primera industria lechera local, emprendió negocios que no prosperaron. 

Decidió entonces visitar Estados Unidos y Europa, donde adquirió experiencia y conocimientos.

Vicente L. Casares, fundador de La Martona

Vicente L. Casares, fundador de La Martona

Archivo General de la Nación AR_AGN_DF_CC_0330_CC_418746

Así, en 1889, fundó La Martona, con una audaz propuesta: organizar una empresa integrada, que atendiera las diversas etapas que involucran a la leche: la agropecuaria, la industrial y la comercial. Casares fue el prototipo del hombre de su época. No sólo fue protagonista en el quehacer productivo, sino también en política, donde desempeñó altos cargos en diversas instituciones.

En la dilatada historia de La Martona, hay dos etapas muy definidas. La pionera, plena de audacia, creatividad y trabajo, y la otra, de consolidación y crecimiento, ya de la mano de su hijo, Vicente Rufino, que tomó las riendas al morir su padre, en 1910.

Sector de leche maternizada en la planta de Cañuelas

Sector de leche maternizada en la planta de Cañuelas.

Harry Grant Olds. Colección César Gotta.

Vicente Rufino le imprimió grandes cambios, que modernizan y agilizan la estructura de la empresa. Unida desde 1885 por el Ferrocarril del Sud a la ciudad de Buenos Aires, la leche llegaba fresca en sólo dos horas, lo que aseguraba óptimas condiciones de salubridad. 

Mediante un exclusivo sistema de comercialización, creó lecherías o “bares lácteos” en locales con estética art nouveau, con cuidados mostradores de mármol, paredes revestidas en blancos azulejos y personal que atendía estrictas normas de higiene. Allí se despachaban todos los productos de la marca, y se impuso la costumbre de tomar leche fría como bebida refrescante. Tuvo numerosos puntos de venta, unidos a una eficiente red de distribución, y la moderna publicidad con un logo inconfundible, que recordaba la antigua marca de ganado el gato con la leyenda “San Martín en Cañuelas”.

Vicente R. Casares, hijo del fundador y continuador de su obra.

Vicente R. Casares, hijo del fundador y continuador de su obra.

Archivo General de la Nación. ID: AR-AGN-AGAS01-Ddf-rg-422-75249

Un pleito por una letra

En 1905, Caras y Caretas comentó el éxito que tuvo La Martona contra un competidor que quería copiarlo y utilizaba, aparentemente, la misma estética, con el mero cambio de una vocal (La Martina). 

La nota argüía que “cualquiera distingue la i de la o”, pero parece hacerlo adrede para asegurar que: “Nadie va a confundir un despacho de La Martona, tan conocidos de todo el mundo por su aspecto atrayente y su limpieza exagerada, ni sus carritos modelo que tan familiares son a la vista de todo el público con otros de otra empresa por más letreros parecidos que les pongan, porque nada se hace con imitar rótulos, cuando no se imita lo inimitable que son estos locales ejemplares y sus productos superiores.”

Las lecherías se ubicaban, por motivos comerciales, estratégicamente y en esquinas.

Las lecherías se ubicaban, por motivos comerciales, estratégicamente y en esquinas.Harry G. Olds. Colección César Gotta.

Según una publicación del Ministerio de Fomento de 1913, La Martona se adelantó a todas las capitales europeas en cuanto al “tratamiento higiénico” de la leche, excepto a Copenhague.

Por su parte, un informe de Manuel Bernárdez, periodista de El Diario, decía que, al comenzar el siglo XX, se consumían diariamente en la ciudad de Buenos Aires unos 200.000 litros de leche, pero “la venta de leche higiénica que se puede beber sin peligro no excede de 40.000 litros”. 

Aseguraba que solo tres empresas –La Martona, La Marina y Granja Blanca– vendían leche higiénica. Y que el resto de las leches que se comercializaban diariamente en Buenos Aires (y representaban cuatro quintos del consumo), eran “sencillamente inaceptables para la alimentación, como lo ha demostrado en un estudio decisivo lleno de autoridad y elocuencia profesional la comisión de médicos nombrada por la intendencia municipal e integrada por los doctores Piñero, Podestá, Aráoz Alfaro y Even”.

Vicente L. Casares, un "prócer" de la leche con mucha actuación pública.

Vicente L. Casares, un «prócer» de la leche con mucha actuación pública.PBT 1908.

Todo queda en familia

El nombre de La Martona llegó en honor de Marta Casares Lynch, nacida un año antes, en 1888. Ella fue la madre de Adolfo Bioy Casares, y por eso su tío le encargó al joven escritor, en 1935, que escribiera un opúsculo a favor de su predecesor del yogur, la exitosa “leche cuajada”. 

Para hacerlo, Bioy convocó a su amigo Jorge Luis Borges y, créase o no, La leche cuajada de La Martona es la primera colaboración conjunta de los grandes de las letras. 

Según afirman Marcela Croce y Gastón Gallo en Enciclopedia Borges “ya puede apreciarse cierta línea humorística que tendrá ulterior desarrollo en los textos de Bustos Domecq” (N de la R: el seudónimo que compartieron). 

En efecto, el texto en su versión completa tiene sutilezas donde se los reconoce cabalmente. Como cuando dice, al hablar de los beneficios de la cuajada: “Otro longevo memorable, George Bernard Shaw, piensa que el promedio vital debe ascender a 300 años y que si la humanidad no alcanza esa cifra, «nunca llegaremos a adultos y moriremos puerilmente a los 80 años, con un palo de golf en la mano».

Borges, Bioy y sus primeros trabajos juntos. No estaban firmados, pero Bioy se refirió a ellos en varias entrevistas posteriores recordándolos con humor

Borges, Bioy y sus primeros trabajos juntos. No estaban firmados, pero Bioy se refirió a ellos en varias entrevistas posteriores recordándoles con humor.

El mismo Bioy comenta el episodio del opúsculo publicitario en sus Memorias (Barcelona, Tusquets, 1994, p.76): “Un tío mío, Miguel Casares, vicepresidente de La Martona, me encargó que escribiera un folleto sobre las virtudes terapéuticas y saludables del yogur. Enseguida le pregunté a Borges si quería colaborar, y me contestó que sí. 

Pagaban mejor ese trabajo que cualquier colaboración que hacíamos en los diarios. Nos fuimos los dos a Pardo, Cuartel VII del Partido de Las Flores, en la provincia de Buenos Aires. 

Era invierno. Hacía mucho frío. Trabajamos ocho días. La casa –que era de mis antepasados– tenía sólo dos o tres cuartos habitables. Pero para mí era como volver al ‘paraíso perdido’ de mi niñez, en medio de los grandes jarrones con plantas, y el piano. 

Me acuerdo que tomábamos todo el tiempo cocoa bien cargada –que hacíamos con agua, no con leche– y que bebíamos muy caliente. De tan cargada que la hacíamos, la cuchara se nos quedaba parada. 

Entre la bibliografía que consultamos, había un libro que hablaba de una población búlgara donde la gente vivía hasta los 160 años. Entonces se nos ocurrió inventar el nombre de una familia –la familia Petkof– donde sus miembros vivieron muchos años. Creíamos que así –con nombre– todo sería más creíble. Fue nuestra perdición. Nadie nos creyó una sola línea. 

El invento nos había desacreditado mucho. Ahí comprendimos con Borges que en la Argentina está afianzada para siempre la superstición de la bibliografía. Quisimos entonces inventar otra cosa para nosotros. Un cuento, por ejemplo, donde el tema era un nazi que tenía un jardín de infantes para niños, con el único fin de ir eliminándolos de a poco. (…) Fue el primer cuento de H. Bustos Domecq. Después vinieron, sí, los otros.”

Emblemática lechería La Martona

Emblemática lechería La Martona

Archivo General de la Nación. ID: AR-AGN-AGAS01-Ddf-rg-564-12702

Sin embargo, según publica Daniel Martino, albacea y editor de los papeles privados de Bioy, en borges bioy casares se hicieron al menos dos ediciones del folleto, el primero con ilustración de Silvina Ocampo. 

Y hubo uno más, sobre el huevo. Según el mismo Bioy (Clarín, el 16 de diciembre de 1976), en su primera versión sostenía que “el consumo no afectaba el hígado, siempre y cuando no se superará una dosis diaria de 30 huevos”.

Con todo, el futuro de la dupla Bioy-Borges se proyectó mejor que la de La Martona que dejó de operar en manos de los descendientes de Casares en 1978. ¿Logrará la memoria emotiva que perduren en el recuerdo las lecherías?

Agradecimiento: Daniel Martino, Facundo Calabró, Daniel G. La Moglie

Imagen de portada: Gentileza de La Nación

FUENTE RESPONSABLE: La Nación por Soledad Gil/Gustavo Raik

Buenos Aires/Argentina/Lugares emblemáticos/Historia/ Emprendedores/Curiosidades/Borges-Bioy Casares

Horacio Lavandera: “Hay cosas que no se enseñan en ningún conservatorio».

Se presentará este jueves en el teatro Coliseo de Buenos Aires.

El pianista, uno de los más importantes de su generación, ofrecerá un concierto con obras de Astor Piazzolla y George Gershwin. Se trata de un programa atractivo, con dos artistas que Lavandera considera fundamentales. Dos miradas personales de la música universal desde América. «No se puede entender a Piazzolla sin Gershwin», señala.

El rigor de la pandemia cede, las tensiones se aflojan, los espacios se recuperan y acaso la vida se parece un poco más a lo que alguna vez fue. Del mismo modo que fue inédita la pandemia, es nueva esta sensación de regreso. Entre las cosas que paulatinamente quieren recuperar su lugar están también los grandes conciertos en las buenas salas. Como el que el jueves a las 20.30 ofrecerá Horacio Lavandera en el Teatro Coliseo. Después de meses sin sentir la presencia del público cerca, el pianista, uno de los más importantes de su generación, ofrecerá un concierto con obras de Astor Piazzolla y George Gershwin. Se trata de un programa atractivo, con dos artistas que Lavandera considera fundamentales. Dos miradas personales de la música universal desde América.

“Tengo una expectativa inmensa por este concierto. No tocó en Buenos Aires desde que comenzó la pandemia, en marzo de 2020”, dice Horacio Lavandera al comenzar la charla con Página/12. El regreso a los escenarios para el pianista, compositor y director será el reencuentro con el público porteño, el suyo y también el de Piazzolla. “La expectativa también tiene que ver con eso, porque el de Buenos Aires es un público que tiene un vínculo espiritual con la música de Piazzolla. Yo la toqué en muchos lugares del mundo y lo que sucede acá es muy particular, la conexión se produce sin filtros. Como intérprete me toca ahora exacerbar esa relación entre la música de Piazzolla y el público de acá, porque también soy porteño y conozco los misterios de esta música. Además, el Coliseo tiene una acústica ideal, porque es más seco y el piano suena más brillante. Para mí esta música es lo mejor y para mí una gran felicidad”, asegura Lavandera.

Formado dentro de los cánones de las escuelas clásicas del piano –fue alumno de Marta Freijido y Antonio de Raco en Argentina y de Josep Colom en España–, Lavandera comenzó a profundizar su relación con la música de Piazzolla hace algunos años, entusiasmado por su padre, José María, que por más de 40 años fue destacado integrante de la Orquesta de Tango de Buenos Aires. “Hay cosas que no se enseñan en ningún conservatorio, me las enseñó mi padre, que en su carrera tocó con los más grandes del género”, dice Horacio. En 2016 el pianista llevó su visión de Piazzolla al disco con un trabajo notable –Horacio Lavandera Plays Astor Piazzolla–, premiado en España con el “Melómano de oro”, la distinción que otorga la prestigiosa revista Melómano. “Este verano gané un premio Estrella de mar. Era la primera vez que tocaba la música de Piazzolla en Mar del Plata”, agrega.

Lavandera cuenta que la pandemia interrumpió giras programadas por Estados Unidos, Canadá, Alemania, Inglaterra y China y que buena parte de su tiempo se divide entre el piano y la composición. “Seguramente, poco a poco, los conciertos se irán reprogramando. Ahora lo importante es que haya un gran porcentaje de la población mundial vacunada para poder viajar con tranquilidad”, advierte. En tanto, el pianista pone a punto un repertorio que mostró en parte por streaming el año pasado y que por muchas razones siente propio. “Adiós Nonino”, “Fuga y misterio”, “Cuatro estaciones porteñas” y “Libertango” configurarán el segmento dedicado a la música de Piazzolla, que en la segunda parte se completará con “Tres preludios”, “Rhapsody in Blue” y “The Man I Love”, de Gershwin. El pianista no estará solo: contará con invitadas como la bandoneonista Ayelén Pais Negrín, la clarinetista Sofía Kujta y la cantante Mariú Fernández. “Hacer la música de compositores por los que siento una particular predilección junto a artistas que admiro profundamente por su talento y su personalidad es la felicidad absoluta”, señala Lavandera.

Del mismo modo que para recrear la música de Piazzolla recurrió a las fuentes –en particular las versiones del quinteto–, también para elaborar sus interpretaciones de Gershwin el pianista se remonta a los orígenes. “Hay varios registros históricos de ‘Rhapsody in Blue’. En particular me centré en el del ’24, la primera versión grabada, con la orquesta de Paul Whiteman, el mismo Gershwin al piano y el mítico solo de clarinete de Ross Gorman. También es muy interesante una versión para piano solo grabada por Gershwin en un rollo de pianola”, explica Lavandera. “Con Sofía (Kujta) investigamos la grabación del ‘24 para emular al clarinetista original, que además de conocer las técnicas del jazz conocía las del Klezmer. Me interesaba particularmente llegar a reconstruir el sonido y la articulación de ese solo que es paradigmático, pero que con el tiempo, con las interpretaciones ‘clásicas’ se ha ido ‘lavando’, ha ido perdiendo el impacto original”, agrega.

“La referencia de mi versión de ‘The man I love’ tomé una grabación del 1931 con una cantante, de Music by Gershwin, un programa de radio que tenía el compositor. La idea es retomar esa energía, partir desde ahí. Para este concierto la presencia de Mariú Fernández es determinante. Su voz es la ideal, porque además de ser bella en todos sus registros, maneja el estilo y su inglés es perfecto. Es un placer poder hacer Gershwin de esta manera. Es mi primer gran referente como compositor, pianista y director de orquesta. Lo admiro desde niño y si soy músico es también por él”, explica Lavandera.

– ¿Qué conexiones te parece oportuno destacar entre Gershwin y Piazzolla?

– Hay muchas. Al punto que no se puede entender a Piazzolla sin Gershwin. En obras para orquesta como Sinfonietta, Tres movimientos porteños, Tangazo o también en versiones del Quinteto queda claro de qué manera Piazzolla escuchaba a Gershwin. Por otro lado ambos eran virtuosos del propio instrumento y cada uno con sus particularidades plasmó un estilo propio. Los fraseos eléctricos de Piazzolla, el apoyo rítmico de la mano izquierda en Gershwin, son algunas de las referencias que no podemos dejar de escuchar. Ni Gershwin ni Piazzolla se dejaron llevar por las ideas preestablecidas, sino que optaron por buscar caminos poco explorados y sintieron que el jazz o el tango representaban la oportunidad para expresar las propias raíces. Y sobre todo tanto Gershwin como Piazzolla contribuyeron a superar el complejo de inferioridad americano frente a la música europea. Mi interpretación va en busca de esas afinidades, quiero hacer propia esa energía y transformarla en algo actual.

Una trayectoria singular

Muchos años pasaron desde que Horacio Lavandera ganó el Concurso Umberto Micheli en el Teatro alla Scala de Milán. En aquella ocasión recibió además el premio de la Filarmónica de la Scala por la mejor interpretación con orquesta, de manos de un jurado integrado por Luciano Berio, Maurizio Pollini, Charles Rosen, Alexis Weissenberg, Luis de Pablo y Michel Beroff. Con 16 años y una ductilidad que le permitía moverse con comodidad entre el barroco y la música contemporánea, el pianista porteño comenzaba entonces una carrera internacional que lo llevó por salas importantes del mundo, desde el Cargaghie Hall de Nueva York hasta la Filarmónica de Berlín y el Teatro Colón, tocando solo o con orquestas como la del Mozarteum de Salzburgo, la Sinfónica de la Radio Televisión Española o la de Santa Cecilia de Roma.

De ese trajín surge una discografía atractiva, en la que se destacan trabajos como Three Bs (2005), un registro en vivo con con música de Bach, Beethoven y Brahms; Compositores españoles. Generación del ’51 (2007), con obras de Tomás Marco y Cristóbal Halffter; Compositores argentinos (2009), con páginas de Alberto Ginastera, Gabriel Senanes y Esteban Bencecry, además de los trabajos monográficos sobre Chopin (2013), Dino Saluzzi (2015) y Astor Piazzolla (2016). También es encomiable la manera en que a su tarea de pianista combinó la de director, al frente de formaciones como la Orquesta Estación Buenos Aires, la Camerata Bariloche o de su Orquesta Clásica Argentina.

Lavandera marcó hitos con ciclos como “Noches de Música y Ciencia”, en 2012 y 2013, donde interpretó desde Beethoven, Chopin y Liszt hasta obras de Pierre Boulez, Iannis Xenakis y Luigi Nono, además de Karlheinz Stockhausen, de quien se había convertido en su pianista dilecto. También se recuerda la ejecución integral, como solista y director, de los conciertos de Beethoven en 2017 en el Centro Cultural Kirchner.

Ahora, el pianista regresa a los conciertos en vivo con dos compositores “que rompieron moldes e hicieron música sin discriminación”, para recomponer tras la pandemia ese itinerario de búsqueda y reflexión en el que, asegura, “la alegría está en el camino”. 

Imagen de portada: Página 12

FUENTE RESPONSABLE: Página 12- Por Santiago Giordano.

Cultura/Música Clásica/Horacio Lavandera/Genios virtuosos/Sociedad

 

Frente al Obelisco se vivió el cierre simbólico del Festival Tango BA.

Mundial de tango: las parejas ganadoras.

Celebraron Agustín Agnez y Barbara Ferreyra en la categoría Pista y Emmanuel Casal y Yanina Muzyka en Tango Escenario. La ceremonia incluyó homenajes a Juan Carlos Copes, a María Nieves, a Claudio Segovia, y varias presentaciones musicales.

Con el Obelisco de fondo, anoche se coronaron las parejas ganadoras del Mundial de Tango. Los galardones fueron para Agustín Agnez y Barbara Ferreyra (de San Fernando, Buenos Aires, y San Rafael, Mendoza) en la categoría pista y para Emmanuel Casal y Yanina Muzyka (de Valentín Alsina) en Tango Escenario. 

Además, en esta categoría hubo un segundo puesto para los porteños Federico Carrizo y Juan Francisco Seguí, lo que significa el puesto más alto hasta el momento para una pareja de bailarines del mismo género. Aunque la competencia mantuvo la doble modalidad presencial/virtual, todas las parejas premiadas se subieron al escenario cercano al Obelisco.

La ceremonia –una celebración extensa de más de siete horas- incluyó homenajes a Juan Carlos Copes, a María Nieves, a Claudio Segovia, y varias presentaciones musicales. Además, en la competencia hubo un detalle inédito: por primera vez sonó una orquesta actual en la final (la Orquesta Típica Misteriosa Buenos Aires), además de un par de versiones de clásicos del espectáculo de Broadway Forever Tango.

Aunque todavía queda actividad para disfrutar durante el domingo, las finales del Mundial suelen marcar el cierre simbólico del Festival Tango BA, que tras más de un año y medio de pandemia, volvió a la presencialidad. La organización podrá anotarse algunos porotos a favor en el balance. Tras años de discusiones con distintos sectores del tango, la organización de los artistas en distintas agrupaciones que pudieron reunirse con la nueva directora –la bailarina Natacha Poberaj-, dio sus frutos. El resultado final alcanzó un balance entre los reconocimientos a figuras históricas (“los homenajes hay que hacerlos en vida”, sostuvo ante Página/12 Poberaj) y los espacios reclamados por las expresiones más renovadoras del género. Y un mínimo histórico de protestas en redes sociales.

Desde luego, la pandemia afectó y no sólo por el cambio de escenario (tradicionalmente las finales se celebraban en el Luna Park). Los testimonios de los bailarines finalistas y los ganadores daban cuenta del impacto. Agnez y Ferreyra, por ejemplo, vieron frustradas sus respectivas giras por Europa a causa del coronavirus. Según contaron a la prensa, como vivían cerca y sabían que eran rigurosos en sus cuidados, se animaron a comenzar a bailar juntos, para mantenerse en actividad. Conectaron y se convirtieron en pareja por partida doble: en la pista y en la vida. Casal y Muzyka, en tanto, perdieron sus ingresos como bailarines. Él tomó el volante para una app de radiotaxis. Ella se puso a atender el negocio familiar de artículos de limpieza. Que ambos vivan en un barrio tradicionalmente obrero y de larga tradición tanguera como Valentín Alsina completa el cuadro.

En cuanto a los homenajes, hubo un pequeño documental dedicado a Copes, figura emblemática de la profesionalización de la danza, y una entrevista pública a María Nieves, con la que él se hizo famoso. Del primero se reveló una placa en su memoria, que cuando finalmente se reinaugure se instalará en el Teatro Alvear, ya que era la sala porteña favorita del bailarín. De Segovia, presente y con bastón en la platea, se ofreció un pequeño documental matizado por parejas actuales retomando el emblemático show Tango argentino. De Tango argentino quedó flotando una definición notable de su creador: “era un espectáculo de exaltación romántica del tango en sus distintas variantes”.

Finalmente, el homenaje a Nieves corrió por cuenta de Silvia “Cachorra” Toscano, quien la entrevistó en público. Nieves no sólo recordó a Copes y los años iniciales, en los que recorrían los clubes de barrio dando exhibiciones y participando de campeonatos en los que inexorablemente terminaban segundos, también ofreció algunos consejos a los jóvenes bailarines, que abundaban en los 150 metros de sillas apostadas frente al escenario. “Sueño que los chicos jóvenes sigan bailando el tango. Hay grandes bailarinas y bailarines. Pero ellos se van a dar cuenta que el tango no es para la pirueta, sino para la elegancia. Sueño con que los pibes se cansen de bailar por el aire y bajen al piso. Que tengan paciencia: por un campeonato no te llenás de guita”. Además, contó cómo impactó el coronavirus en su vida. “El tango no se olvida. Yo con la pandemia me vine abajo y no puedo bailar más. Pero di todo lo que podía. Ahora les dejo mi corazón de tango”.

Imagen de portada: Gentileza de Página 12 – Julio Martín Mancini

FUENTE RESPONSABLE: Página 12 – 

Mundial de Tango/Cultura/Buenos Aires-Argentina