El Canal de la Mona, el peligroso pasaje del Caribe en el que cada año mueren decenas de migrantes tratando de llegar a EE.UU.

Lejos de tierra firme, cuando sus ojos «solo veían cielo y agua», se arrepintió de emprender la travesía. Irisbel Herrera pensó que iba a morir en aquel bote de madera azotado por las olas.

Han pasado casi dos décadas, pero la mujer aún recuerda con lucidez lo que vivió cuando cruzó el Canal de la Mona, un pequeño estrecho de mar que separa a la República Dominicana de Puerto Rico.

«El viaje fue angustioso. Fue algo desesperante. Pensaba: ‘Dios mío, qué hice. Salí para ayudar a mi familia y quizás no los vuelva a ver jamás'», dice desde la sala de su casa en Río Piedras, un barrio de San Juan, la capital borincana.

Tiene 40 años y es de nacionalidad dominicana. Es una de las miles de personas que, para llegar al territorio estadounidense, han atravesado de forma irregular el pasaje que se extiende unos 112 kilómetros.

Map

En lo que va de año, en este tramo han muerto o desaparecido 71 personas, número que supera a los 65 fallecimientos que se registraron en todo el 2021, según la Organización Internacional para las Migraciones.

Las cifras nunca serán exactas, por lo complicado que es para las autoridades interceptar los viajes. Pero las historias que sí son públicas suelen ser desgarradoras.

El 12 de mayo, por ejemplo, zozobró una barcaza en la que viajaban unos 75 migrantes. La Guardia Costera de EE.UU. rescató a 38 personas con vida y 11 cadáveres.

Todas las personas fallecidas eran mujeres de nacionalidad haitiana.

Quienes sobreviven, como Irisbel, quedan marcados para siempre por el peligroso trayecto.

Y es que aun para los navegantes más experimentados, el Canal de la Mona, con sus particularidades, resulta un tramo de extremo peligro.

Migrantes detenidos por la Guardia Costera de EE.UU. en el Canal de la Mona. Están en un bote de madera junto a otra embarcación que pertenece al cuerpo militar.

FUENTE DE LA IMAGEN – GUARDIA COSTERA DE EE.UU. De acuerdo con el capitán Gregory Magee, de la Guardia Costera de EE.UU., es común que los   botes de migrantes estén sobrecargados cuando cruzan el Canal de la Mona.

«Es peligroso. Es donde se unen el Océano Atlántico y el Mar Caribe y tienes una interacción de corrientes», dice Gregory Magee, un capitán de la Guardia Costera de EE.UU. que dirige la oficina de esa rama militar en Puerto Rico.

Lo asegura porque él también ha recorrido el canal, aunque con embarcaciones de primer orden y equipos tecnológicos especializados.

El Canal de la Mona (desde los ojos de Irisbel)

Cuando Irisbel decidió cruzar el Canal de la Mona tenía 21 años. Vivía en Higüey, un municipio en el este de República Dominicana, cerca de la turística ciudad de Punta Cana.

Era 2001 y ella, una madre soltera con dos hijos, trabajaba en una fábrica de costura.

Su salario mensual, 2.000 pesos dominicanos (US$40), se escurría entre sus manos como agua: pañales, comida, renta…

«Mi vida era bien difícil», afirma. «Entonces surgió una oportunidad. Un muchacho del barrio me dice: ‘vamos para Puerto Rico'».

Irisbel Herrera

FUENTE DE LA IMAGEN – IRISBEL HERRERA. Irisbel Herrera cruzó el Canal de la Mona hace dos décadas. Recién en 2021 recibió su estatus migratorio permanente y reside en Puerto Rico.

Consiguió 6.000 pesos dominicanos prestados (el salario de tres meses), cifra que, para aquel momento, «representaba un mundo», dice.

Luego de reunir el dinero, llegó hasta Cabeza de Toro, una zona boscosa (también al este de dominicana). Desde allí zarparía junto con su hermana en una yola (bote de madera) hacia Puerto Rico.

«Para empezar, no era como que la yola estaba cerca [de la orilla] y te subías. Teníamos que tirarnos desde un precipicio de unos cuatro pisos sobre el mar, nadar y entonces subirte a la yola», cuenta.

«Cuando yo me tiré, apareció la Marina [de República Dominicana]. Arrestaron a mi hermana y desde arriba me tirotearon. Yo me agarré de la cola del barco, no me despegué nunca. Perdí tres uñas. Luego, los pocos que había en el bote me ayudaron a subir», sostiene.

El barco estaba «hecho a mano», con su madera pintada de azul y blanco, y dos motores. Otras 11 personas también cruzaron.

Imagen aérea de migrantes siendo rescatados en el Canal de la Mona.

FUENTE DE LA IMAGEN – GUARDIA COSTERA DE EE.UU. El 12 de mayo de 2022 una embarcación con cerca de 75 migrantes zozobró en el Canal de la Mona. 11 mujeres de nacionalidad haitiana murieron en el incidente.

Una vez en el canal, cuenta, el viento golpeaba con fuerza. «Las olas subían y bajaban, y hacían caer la yola».

«Viene agua de todos lados, si no se vira la yola es porque la embarcación es buena».

La parte más difícil del trayecto, que duró un día y medio, fue cuando se acercaron a la isla Desecheo, un cayo al norte del Canal de la Mona, ​​ubicado 21 km al oeste de Puerto Rico.

La isla Desecheo, ubicada a 19 kilómetros de la costa del pueblo de Rincón, en Puerto Rico, también es parte del Canal de la Mona.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. La isla Desecheo, ubicada a 19 kilómetros de la costa del pueblo de Rincón, en Puerto Rico, también es parte del Canal de la Mona.

Es justo ahí uno de los puntos en donde confluyen las aguas del mar Caribe y el océano Atlántico. En esta zona murieron las 11 migrantes haitianas a principios de mayo de este año.

«Cuando ves las luces de Puerto Rico, aún te falta cruzar Desecheo», afirma Irisbel durante una videollamada con BBC Mundo. «[En esta área] no sabes para dónde va a coger la yola. Ahí todo el mundo entra en pánico. La mayoría de los viajes se pierden en Desecheo».

Justó allí el agua comenzó a entrar en la embarcación. «Sientes que es el último adiós», asegura.

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La yola llegó a la orilla porque todos hicieron un esfuerzo tremendo para sacar el agua mientras recorrían el último tramo. Cuando Irisbel desembarcó, el canal le mostró nuevamente cuán traicionero puede ser.

«Me bajé por el frente de la yola, y una ola la golpeó, y la yola me pasó por encima. Las hélices del motor me cortaron».

Nadó ensangrentada y llegó a tierra firme casi inconsciente.

Los peligros

Los vientos alisios, las corrientes, la falta de equipo y el desconocimiento sobre navegación hacen que el Canal de la Mona sea un lugar «impredecible» para los migrantes, afirma el capitán Gregory Magee.

«Algunos migrantes, mientras están navegando, pueden mirar y decir: ‘bueno, está tranquilo en este momento’. Pero no saben si va a cambiar o si en realidad podría estar difícil en alta mar. No pueden ver eso hasta que realmente están expuestos», explica.

Bote de madera con ropa y artículos de migrantes luego de ser detenido por la Guardia Costera de EE.UU.

FUENTE DE LA IMAGEN – GUARDIA COSTERA DE EE.UU.. Las débiles yolas, muchas veces de madera y construidas a mano, aumentan el peligro para los migrantes en el Canal de la Mona, un lugar descrito por las autoridades como «incierto» para navegar.

A esto se suman múltiples factores, como viajar sin chalecos salvavidas, radares o teléfonos celulares. También es un factor la sobrecarga de las débiles yolas, que aveces transportan a decenas de personas.

«Algunos contrabandistas de personas están más preocupados por evitar a las autoridades que por tomar rutas seguras», sostiene Magee.

Además de las características del canal, las personas que se lanzan en esta travesía sufren de muchos otros peligros, dice, por su parte, Romelinda Grullón, directora del Centro de la Mujer Dominicana en Puerto Rico.

La organización que dirige, que ofrece ayuda legal y psicológica a los migrantes, sobre todo a mujeres, ha atendido decenas de casos de personas que han sido abusados física y sexualmente durante el trayecto.

El capitán de la Guardia Costera de EE.UU. Gregory Magee

FUENTE DE LA IMAGEN – GUARDIA COSTERA DE EE.UU.. El capitán de la Guardia Costera de EE.UU. Gregory Magee, quien dirige la oficina de esa rama militar en Puerto Rico.

También a quienes quedan traumados por la ansiedad y estrés que les causa el viaje.

«Muchas de esas mujeres esperan en los campos antes de tomar una embarcación. Dentro de ese lapso de tiempo, que pueden ser varios días, algunas son violadas. Y cuando están en la embarcación, mientras más días pasan en alta mar, tienen más probabilidades de ser abusadas», señala Grullón, cuya entidad lleva 19 años ofreciendo servicios en Puerto Rico.

Hay quienes también han visto, agrega, cómo algunas personas son lanzadas por la borda mientras recorren el canal, por razones tan diversas como estar nerviosas en altamar o porque «les llegó su menstruación».

Estas dificultades no han hecho que los migrantes desistan de realizar el viaje. Durante la pandemia se registró un aumento en la cantidad de personas que cruzaron el canal.

La isla de Mona, ubicada en el centro del Canal de la Mona, está a 75 millas al suroeste de la ciudad boricua de Mayagüez

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. La isla de Mona, ubicada en el centro del Canal de la Mona, está a 75 millas al suroeste de la ciudad boricua de Mayagüez.

De acuerdo con la Guardia Costera, en 2020 llegaron a Puerto Rico a través del pasaje 1.122 personas, mientras que en 2019 la cifra fue de 1.041.

En 2021 el número se redujo a 707. Las nacionalidades más comunes son dominicanos y haitianos, pero también hubo venezolanos, cubanos, turcos y brasileños.

Un trauma después del trauma

Muchos migrantes ven sus sueños desvanecerse cuando tocan tierra estadounidense, continúa Romelinda Grullón.

Mientras enfrentan la burocracia gubernamental para conseguir un estatus permanente, deben trabajar de forma irregular, muchas veces en condiciones inseguras, por poca paga y sin prestaciones sociales.

También enfrentan discriminación y son, una vez más, propensos a abusos que temen denunciar por miedo a ser deportados.

Irisbel Herrera

FUENTE DE LA IMAGEN – IRISBEL HERRERA. Irisbel, luego de llegar ensangrentada a una playa de Aguadilla, un municipio al oeste de Puerto Rico, comenzó a trabajar de forma irregular, de ordinario en restaurantes, para enviar dinero a los dos hijos que había dejado en República Dominicana.

En el territorio estadounidense, afirma, sufrió abuso sexual y físico por parte de una pareja, con quien tuvo un tercer hijo.

«Me amenazaba para que no trabajara, algo que yo hacía por mis hijos. Me decía que si lo hacía, me enviaría a inmigración al trabajo», cuenta Irisbel, quien no esconde las lágrimas mientras habla.

En el Centro de la Mujer Dominicana recibió ayuda psicológica para trabajar sus traumas. Recibió también apoyo legal y recién en 2021 logró su residencia permanente.

Imagen aérea de una embarcación con migrantes en el Canal de la Mona

FUENTE DE LA IMAGEN – GUARDIA COSTERA DE EE.UU. Mientras gestionaba sus documentos migratorios, uno de sus hijos en República Dominicana falleció y no pudo asistir a su funeral. Ahora su meta es lograr que la hija que le queda en ese país se mude a Puerto Rico.

Pese a la necesidad y las dificultades económicas, subirse a una yola y cruzar el Canal de la Mona «es algo que no se lo aconsejo a nadie», dice convencida.

Imagen de portada: GUARDIA COSTERA EEUU. El islote Monito en el Canal de la Mona cerca del cual muchas veces quedan varados los migrantes. Mide unos 5 kilómetros y es inaccesible por mar.

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo. Por Ronald Ávila-Claudio. 29 de junio 2022.

América Latina/EE.UU./Caribe/Migraciones/Puerto Rico/República Dominicana/Derechos humanos/Separación de integrantes de familias.

El Canal de la Mona, el peligroso pasaje del Caribe en el que cada año mueren decenas de migrantes tratando de llegar a EE.UU.

Lejos de tierra firme, cuando sus ojos «solo veían cielo y agua», se arrepintió de emprender la travesía. Irisbel Herrera pensó que iba a morir en aquel bote de madera azotado por las olas.

Han pasado casi dos décadas, pero la mujer aún recuerda con lucidez lo que vivió cuando cruzó el Canal de la Mona, un pequeño estrecho de mar que separa a la República Dominicana de Puerto Rico.

«El viaje fue angustioso. Fue algo desesperante. Pensaba: ‘Dios mío, qué hice. Salí para ayudar a mi familia y quizás no los vuelva a ver jamás'», dice desde la sala de su casa en Río Piedras, un barrio de San Juan, la capital borincana.

Tiene 40 años y es de nacionalidad dominicana. Es una de las miles de personas que, para llegar al territorio estadounidense, han atravesado de forma irregular el pasaje que se extiende unos 112 kilómetros.

Map

En lo que va de año, en este tramo han muerto o desaparecido 71 personas, número que supera a los 65 fallecimientos que se registraron en todo el 2021, según la Organización Internacional para las Migraciones.

Las cifras nunca serán exactas, por lo complicado que es para las autoridades interceptar los viajes. Pero las historias que sí son públicas suelen ser desgarradoras.

El 12 de mayo, por ejemplo, zozobró una barcaza en la que viajaban unos 75 migrantes. La Guardia Costera de EE.UU. rescató a 38 personas con vida y 11 cadáveres.

Todas las personas fallecidas eran mujeres de nacionalidad haitiana.

Quienes sobreviven, como Irisbel, quedan marcados para siempre por el peligroso trayecto.

Y es que aun para los navegantes más experimentados, el Canal de la Mona, con sus particularidades, resulta un tramo de extremo peligro.

Migrantes detenidos por la Guardia Costera de EE.UU. en el Canal de la Mona. Están en un bote de madera junto a otra embarcación que pertenece al cuerpo militar.

FUENTE DE LA IMAGEN – GUARDIA COSTERA DE EE.UU. De acuerdo con el capitán Gregory Magee, de la Guardia Costera de EE.UU., es común que los   botes de migrantes estén sobrecargados cuando cruzan el Canal de la Mona.

«Es peligroso. Es donde se unen el Océano Atlántico y el Mar Caribe y tienes una interacción de corrientes», dice Gregory Magee, un capitán de la Guardia Costera de EE.UU. que dirige la oficina de esa rama militar en Puerto Rico.

Lo asegura porque él también ha recorrido el canal, aunque con embarcaciones de primer orden y equipos tecnológicos especializados.

El Canal de la Mona (desde los ojos de Irisbel)

Cuando Irisbel decidió cruzar el Canal de la Mona tenía 21 años. Vivía en Higüey, un municipio en el este de República Dominicana, cerca de la turística ciudad de Punta Cana.

Era 2001 y ella, una madre soltera con dos hijos, trabajaba en una fábrica de costura.

Su salario mensual, 2.000 pesos dominicanos (US$40), se escurría entre sus manos como agua: pañales, comida, renta…

«Mi vida era bien difícil», afirma. «Entonces surgió una oportunidad. Un muchacho del barrio me dice: ‘vamos para Puerto Rico'».

Irisbel Herrera

FUENTE DE LA IMAGEN – IRISBEL HERRERA. Irisbel Herrera cruzó el Canal de la Mona hace dos décadas. Recién en 2021 recibió su estatus migratorio permanente y reside en Puerto Rico.

Consiguió 6.000 pesos dominicanos prestados (el salario de tres meses), cifra que, para aquel momento, «representaba un mundo», dice.

Luego de reunir el dinero, llegó hasta Cabeza de Toro, una zona boscosa (también al este de dominicana). Desde allí zarparía junto con su hermana en una yola (bote de madera) hacia Puerto Rico.

«Para empezar, no era como que la yola estaba cerca [de la orilla] y te subías. Teníamos que tirarnos desde un precipicio de unos cuatro pisos sobre el mar, nadar y entonces subirte a la yola», cuenta.

«Cuando yo me tiré, apareció la Marina [de República Dominicana]. Arrestaron a mi hermana y desde arriba me tirotearon. Yo me agarré de la cola del barco, no me despegué nunca. Perdí tres uñas. Luego, los pocos que había en el bote me ayudaron a subir», sostiene.

El barco estaba «hecho a mano», con su madera pintada de azul y blanco, y dos motores. Otras 11 personas también cruzaron.

Imagen aérea de migrantes siendo rescatados en el Canal de la Mona.

FUENTE DE LA IMAGEN – GUARDIA COSTERA DE EE.UU. El 12 de mayo de 2022 una embarcación con cerca de 75 migrantes zozobró en el Canal de la Mona. 11 mujeres de nacionalidad haitiana murieron en el incidente.

Una vez en el canal, cuenta, el viento golpeaba con fuerza. «Las olas subían y bajaban, y hacían caer la yola».

«Viene agua de todos lados, si no se vira la yola es porque la embarcación es buena».

La parte más difícil del trayecto, que duró un día y medio, fue cuando se acercaron a la isla Desecheo, un cayo al norte del Canal de la Mona, ​​ubicado 21 km al oeste de Puerto Rico.

La isla Desecheo, ubicada a 19 kilómetros de la costa del pueblo de Rincón, en Puerto Rico, también es parte del Canal de la Mona.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. La isla Desecheo, ubicada a 19 kilómetros de la costa del pueblo de Rincón, en Puerto Rico, también es parte del Canal de la Mona.

Es justo ahí uno de los puntos en donde confluyen las aguas del mar Caribe y el océano Atlántico. En esta zona murieron las 11 migrantes haitianas a principios de mayo de este año.

«Cuando ves las luces de Puerto Rico, aún te falta cruzar Desecheo», afirma Irisbel durante una videollamada con BBC Mundo. «[En esta área] no sabes para dónde va a coger la yola. Ahí todo el mundo entra en pánico. La mayoría de los viajes se pierden en Desecheo».

Justó allí el agua comenzó a entrar en la embarcación. «Sientes que es el último adiós», asegura.

Map

La yola llegó a la orilla porque todos hicieron un esfuerzo tremendo para sacar el agua mientras recorrían el último tramo. Cuando Irisbel desembarcó, el canal le mostró nuevamente cuán traicionero puede ser.

«Me bajé por el frente de la yola, y una ola la golpeó, y la yola me pasó por encima. Las hélices del motor me cortaron».

Nadó ensangrentada y llegó a tierra firme casi inconsciente.

Los peligros

Los vientos alisios, las corrientes, la falta de equipo y el desconocimiento sobre navegación hacen que el Canal de la Mona sea un lugar «impredecible» para los migrantes, afirma el capitán Gregory Magee.

«Algunos migrantes, mientras están navegando, pueden mirar y decir: ‘bueno, está tranquilo en este momento’. Pero no saben si va a cambiar o si en realidad podría estar difícil en alta mar. No pueden ver eso hasta que realmente están expuestos», explica.

Bote de madera con ropa y artículos de migrantes luego de ser detenido por la Guardia Costera de EE.UU.

FUENTE DE LA IMAGEN – GUARDIA COSTERA DE EE.UU.. Las débiles yolas, muchas veces de madera y construidas a mano, aumentan el peligro para los migrantes en el Canal de la Mona, un lugar descrito por las autoridades como «incierto» para navegar.

A esto se suman múltiples factores, como viajar sin chalecos salvavidas, radares o teléfonos celulares. También es un factor la sobrecarga de las débiles yolas, que aveces transportan a decenas de personas.

«Algunos contrabandistas de personas están más preocupados por evitar a las autoridades que por tomar rutas seguras», sostiene Magee.

Además de las características del canal, las personas que se lanzan en esta travesía sufren de muchos otros peligros, dice, por su parte, Romelinda Grullón, directora del Centro de la Mujer Dominicana en Puerto Rico.

La organización que dirige, que ofrece ayuda legal y psicológica a los migrantes, sobre todo a mujeres, ha atendido decenas de casos de personas que han sido abusados física y sexualmente durante el trayecto.

El capitán de la Guardia Costera de EE.UU. Gregory Magee

FUENTE DE LA IMAGEN – GUARDIA COSTERA DE EE.UU.. El capitán de la Guardia Costera de EE.UU. Gregory Magee, quien dirige la oficina de esa rama militar en Puerto Rico.

También a quienes quedan traumados por la ansiedad y estrés que les causa el viaje.

«Muchas de esas mujeres esperan en los campos antes de tomar una embarcación. Dentro de ese lapso de tiempo, que pueden ser varios días, algunas son violadas. Y cuando están en la embarcación, mientras más días pasan en alta mar, tienen más probabilidades de ser abusadas», señala Grullón, cuya entidad lleva 19 años ofreciendo servicios en Puerto Rico.

Hay quienes también han visto, agrega, cómo algunas personas son lanzadas por la borda mientras recorren el canal, por razones tan diversas como estar nerviosas en altamar o porque «les llegó su menstruación».

Estas dificultades no han hecho que los migrantes desistan de realizar el viaje. Durante la pandemia se registró un aumento en la cantidad de personas que cruzaron el canal.

La isla de Mona, ubicada en el centro del Canal de la Mona, está a 75 millas al suroeste de la ciudad boricua de Mayagüez

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. La isla de Mona, ubicada en el centro del Canal de la Mona, está a 75 millas al suroeste de la ciudad boricua de Mayagüez.

De acuerdo con la Guardia Costera, en 2020 llegaron a Puerto Rico a través del pasaje 1.122 personas, mientras que en 2019 la cifra fue de 1.041.

En 2021 el número se redujo a 707. Las nacionalidades más comunes son dominicanos y haitianos, pero también hubo venezolanos, cubanos, turcos y brasileños.

Un trauma después del trauma

Muchos migrantes ven sus sueños desvanecerse cuando tocan tierra estadounidense, continúa Romelinda Grullón.

Mientras enfrentan la burocracia gubernamental para conseguir un estatus permanente, deben trabajar de forma irregular, muchas veces en condiciones inseguras, por poca paga y sin prestaciones sociales.

También enfrentan discriminación y son, una vez más, propensos a abusos que temen denunciar por miedo a ser deportados.

Irisbel Herrera

FUENTE DE LA IMAGEN – IRISBEL HERRERA. Irisbel, luego de llegar ensangrentada a una playa de Aguadilla, un municipio al oeste de Puerto Rico, comenzó a trabajar de forma irregular, de ordinario en restaurantes, para enviar dinero a los dos hijos que había dejado en República Dominicana.

En el territorio estadounidense, afirma, sufrió abuso sexual y físico por parte de una pareja, con quien tuvo un tercer hijo.

«Me amenazaba para que no trabajara, algo que yo hacía por mis hijos. Me decía que si lo hacía, me enviaría a inmigración al trabajo», cuenta Irisbel, quien no esconde las lágrimas mientras habla.

En el Centro de la Mujer Dominicana recibió ayuda psicológica para trabajar sus traumas. Recibió también apoyo legal y recién en 2021 logró su residencia permanente.

Imagen aérea de una embarcación con migrantes en el Canal de la Mona

FUENTE DE LA IMAGEN – GUARDIA COSTERA DE EE.UU. Mientras gestionaba sus documentos migratorios, uno de sus hijos en República Dominicana falleció y no pudo asistir a su funeral. Ahora su meta es lograr que la hija que le queda en ese país se mude a Puerto Rico.

Pese a la necesidad y las dificultades económicas, subirse a una yola y cruzar el Canal de la Mona «es algo que no se lo aconsejo a nadie», dice convencida.

Imagen de portada: GUARDIA COSTERA EEUU. El islote Monito en el Canal de la Mona cerca del cual muchas veces quedan varados los migrantes. Mide unos 5 kilómetros y es inaccesible por mar.

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo. Por Ronald Ávila-Claudio. 29 de junio 2022.

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La fascinante vida de Isabel Barreto, la almirante que fue la Reina de los Mares del Sur en el siglo XVI.

Isabel Barreto estuvo al frente de una de las más largas expediciones marítimas españolas del siglo XVI.

Solo hubo una mujer al frente de una expedición naval durante aquellos viajes de descubrimiento y conquista que tuvieron lugar en el siglo XVI.

Esa mujer se llamaba Isabel Barreto, fue marquesa y adelantada de los mares del Sur y la primera mujer que ostentó el título de almirante en la historia de la navegación española.

Protagonizó una hazaña enorme: la expedición que encabezó navegó unas 3.600 leguas marinas, alrededor de 20.000 kilómetros, la mayor distancia recorrida por naves españolas en el siglo XVI.

Atravesó por entero el Océano Pacífico y fue la primera en cruzar ese océano por el hemisferio sur. Y descubrió las islas Marquesas, un archipiélago de la Polinesia.

Sin embargo Isabel Barreto sigue siendo una gran desconocida. Y, por si fuera poco, su figura está oscurecida por densas sombras: se la acusa de haber sido una mujer extremadamente cruel, tanto con los miembros de su expedición como con los nativos de las islas que descubrió.

No se sabe a ciencia cierta dónde nació. Se sabe que vino al mundo en 1567, pero no está claro si nació en la localidad española de Pontevedra, trasladándose de niña a Lima, Perú, o si directamente era limeña.

De lo que no hay duda es de que fue en Lima donde contrajo matrimonio en 1585 con Álvaro de Mendaña, navegante y adelantado español.

Mendaña había «descubierto» 17 años antes las islas Salomón. Un territorio mítico, denominado Ofir en la Biblia. Una tierra llena de tesoros donde se decía que había ríos de oro y de donde se supone que el rey Salomón había sacado las riquezas para construir su fastuoso templo en Jerusalén.

Álvaro de Mendaña y su viaje

FUENTE DE LA IMAGEN – WIKIMEDIA COMMONS

Isabel contrajo matrimonio con el navegante español Álvaro de Mendaña, quien descubrió las islas Salomón y pasó por un estrecho que hoy lleva su nombre.

Atraídos por ese oro, Mendaña e Isabel Barreto decidieron embarcarse en una colosal aventura y viajar juntos a las islas Salomón, de las que esperaban regresar ricos.

El 9 de abril 1595 cuatro naves zarparon del Callao, el puerto de la recién fundada ciudad de Lima, para conquistar las islas Salomón y, de paso, explorar la posibilidad de llegar a la Terra Australis Incognita, que más tarde resultaría ser el quinto continente:Australia.

Más de 400 personas componían la flota. La inmensa mayoría, 378, eran hombres, pero también viajaban en esa expedición 98 mujeres.

Isabel Barreto, tan valiente como ambiciosa, también se apuntó a ese viaje.

En busca del oro

No era raro que hubiera mujeres en ese tipo de viajes. La idea es que esas mujeres sirvieran para poblar las nuevas ciudades que se iban a fundar.

«Ya en el tercer viaje de Colón iban alrededor de un centenar de mujeres», le cuenta a BBC Mundo el hispanista Juan Francisco Maura, profesor en la universidad estadounidense de Vermont y autor, entre otros, del ensayo «Españolas de Ultramar».

Durante tres meses, la expedición navegó por el océano Pacífico en busca de las islas Salomón, tratando de alcanzar la latitud que Mendaña había anotado en su primer viaje.

Pero los instrumentos de navegación eran entonces muy arcaicos. No encontraban las islas y la vida a bordo se hacía cada vez más difícil: los víveres escaseaban y sobre todo el agua dulce, el bien más preciado, estaba a punto de agotarse.

Por fin, el 21 de julio de 1595 avistaron tierra.

Pero no eran las islas Salomón. Mendaña se dio cuenta de que los pobladores de aquel lugar no hablaban la misma lengua que los nativos con los que había contactado en su expedición anterior a las Islas Salomón, y también su aspecto físico era diferente.

Y, sobre todo, allí no había ningún río lleno de oro.

Aquellas islas efectivamente no eran las de Salomón. En cualquier caso, Mendaña tomó posesión de ellas y las bautizó islas Marquesas de Mendoza en honor al marqués de Mendoza, el virrey del Perú.

Hoy se las conoce simplemente como Las Marquesas.

Abel Aubert du Dupetit-Thouars (1793-1864) en Tahuata, islas Marquesas, dibujado por Maximilien Radiguet-Rene (1816-1899), 1842.

FUENTE DE LA IMAGEN – DEA / J. L. CHARMET/VIA GETTY IMAGES

Abel Aubert du Dupetit-Thouars (1793-1864) en Tahuata, islas Marquesas, dibujado por Maximilien Radiguet-Rene (1816-1899), 1842.

Los marqueses de las Salomón

La expedición se hizo de nuevo a la mar.

Durante dos meses más siguieron navegando por esos mares desconocidos, en durísimas condiciones de salubridad e higiene.

La vida a bordo cada vez era más insoportable. Y muchos tripulantes empezaron a poner en duda la capacidad y autoridad de Mendaña.

Para colmo la Santa Isabel, una de las cuatro naves que habían zarpado del puerto del Callao, desapareció un día en mitad de la noche y nunca se volvió a saber nada de ella ni de sus pasajeros.

En septiembre de 1595, cuando estaba a punto de desencadenarse un motín a bordo, la expedición avistó por fin una nueva isla a la que Mendaña llamó Santa Cruz.

El adelantado pensaba que había vuelto a equivocarse, sin embargo esta vez sí que habían llegado a las islas Salomón, concretamente al extremo sur de las mismas y en particular a una isla que actualmente se llama Nendö.

islas salomón

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Cuando llegaron a las islas Salomón, Mendoza pensó que habían vuelto a equivocarse.

Medaña decidió desembarcar y fundar allí algunas ciudades, incluida la de Santa Isabel, así llamada en honor a su esposa.

Don Álvaro y doña Isabel se convirtieron también en marqueses del Sur, aunque sus posesiones en aquellas tierras se limitaban a cuantas cabañas. Allí tampoco había oro.

La vida fue muy complicada desde el principio.

No solo había enfrentamientos con los nativos y excesos contra ellos, sino que también surgieron conflictos entre los propios navegantes, cansados de las duras condiciones de vida que tenían que soportar y decepcionados por la total ausencia de oro.

Los ánimos estaban cada vez más encendidos.

Y entonces llegó la fiebre: probablemente, una epidemia de la malaria.

Una mujer al frente

En un solo mes murieron 47 personas, incluido Álvaro de Mendaña.

Pero antes de morir Mendaña nombró a su esposa, la marquesa del Sur, heredera de todos sus bienes, su sucesora como gobernadora de esas islas y adelantada de la expedición.

Por primera vez en la historia de la conquista española, una mujer estaba al frente de una expedición naval. Porque el adelantado es jefe de la expedición, la máxima autoridad, un grado que equivale al de almirante.

¿Cómo ejerció Isabel Barreto su autoridad al tener en sus manos las riendas de esa expedición?

Según el navegante portugués Pedro Fernández de Quirós, piloto mayor de aquella expedición, la adelantada trataba con una crueldad inhumana a las personas bajo su mando.

Pedro Fernández de Quirós

FUENTE DE LA IMAGEN – CREATIVE COMMONS

El navegante portugués Pedro Fernández de Quirós dijo sobre Isabel Barreto que tenía «carácter varonil».

«De carácter varonil, autoritaria, indómita y despótica», la describió Quirós, quien aseguraba que la expedición había logrado salir adelante gracias a él.

No se sabe si esa versión es verdad o si forma parte de una campaña de desprestigio que el piloto mayor habría emprendido contra Isabel Barreto para tratar de quedarse con su puesto.

De hecho, y con el objetivo de hacerse con el mando de la expedición, se cuenta que Quirós instigó varias rebeliones tanto a bordo como en tierra.

Se cuenta, por ejemplo, que fue el responsable del asesinato de varios nativos de las islas Salomón, buscando con esas muertes que la población local se alzara contra Isabel Barreto.

A pesar de que es el relato de Fernández de Quirós el que ha perdurado hasta hoy, muchos lo cuestionan y muestran a Isabel Barreto como una auténtica heroína.

«Demostró unas excepcionales dotes de mando y la dureza que se requería para someter a la obediencia a hombres rudos y aventureros», señala el hispanista Juan Francisco Maura.

«Muy bien sabía doña Isabel que si no provocaba cierto miedo en los marineros y soldados, difícilmente podría mantener esperanzas de llegar viva a puerto. No creo que existiese otra posibilidad teniendo en cuenta la situación límite por la que estaban pasando».

Una travesía trágica

La situación era tan insostenible que la expedición decidió abandonar la isla de Santa Cruz.

La flota puso rumbo hacia las islas Filipinas, entonces bajo dominio español. La travesía hasta Manila fue de nuevo una pesadilla: muchas personas murieron a causa de las fiebres y del escorbuto.

Un segundo barco con todo su pasaje se perdió. Y un tercer barco, el San Felipe, se separó de la nave capitana, pero logró llegar tiempo después a Mindanao, la segunda isla más grande del archipiélago de las Filipinas.

El 11 de febrero de 1596 el galeón San Jerónimo arribó finalmente al puerto de Manila, 10 meses después de haber zarpado del Callao.

Quedaban a bordo menos de 100 personas de las más de 400 que habían iniciado la travesía, a las que habría que sumar otras 40 que sobrevivieron en el San Felipe.

Pero habían logrado una gesta increíble: habían recorrido la mayor distancia surcada por naves españolas en el siglo XVI: unas 3.600 leguas marinas, alrededor de 20.000 kilómetros.

Tahuata, Polinesia francesa

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Para llegar hasta las islas Marquesas, los navegantes tuvieron que recorrer cerca de 20.000 kilómetros.

Habían sido los primeros en cruzar el Océano Pacífico por el hemisferio sur. Y habían regresado con la certeza de la existencia de un quinto continente, Australia, al que entonces bautizaron como Australia del Espíritu Santo en honor a Felipe III de España, rey de la casa de los Austria.

Ante todo eso, la adelantada de los Mares del Sur fue recibida en Manila como una heroína.

Tres meses después de su llegada a Filipinas, Isabel volvió a casarse; contrajo nupcias con Fernando de Castro, un hombre emprendedor.

Y aunque la Reina de los Mares del Sur nunca regresó a las islas de las que era marquesa, ella y su nuevo esposo navegan de vuelta al Nuevo Mundo en un viaje arriesgado en el que tuvieron que afrontar varias grandes tormentas.

Pero, a su regreso a Perú, lograron hacer una fortuna vendiendo los exquisitos productos orientales que habían comprado en Filipinas, y entre los que se encontraban suntuosas sedas de China.

La única adelantada de la historia murió en 1612, a los 45 años, en Castrovirreyna, una población minera de Perú donde su marido era gobernador.

Se sabe por el testamento que dejó que había logrado su sueño de ser una mujer adinerada; poseía 11 esclavos y numerosas joyas y objetos de valor. Y dejó ordenado que el convento de las Clarisas de Lima dijera por ella 2.000 misas en los seis meses siguientes a su fallecimiento.

«Lo que se sabe sobre ella aún es muy superficial y se basa en el retrato muy negativo que hace de ella el portugués Pedro Fernández de Quirós», dice Juan Francisco Maura.

«Pero estoy seguro de que en diferentes archivos españoles, en Filipinas y en Perú debe haber información sobre ella que todavía no se ha investigado».

«Yo desde luego la admiro. Es cierto que debía de tener muchísimo carácter, pero fue un personaje formidable».

Imagen de la portada: Gentileza de BBC News Mundo

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo por Irene Hernández Velasco

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