Cerebro: lo que recomiendan en Harvard para mejorar tu memoria.

Aunque muchas veces se deja de lado la salud del cerebro y esto puede terminar afectando la memoria y el olvido de ciertas cosas. Por ese motivo es necesario entrenarlo para mantenerlo de forma saludable.

Si es de tu interés profundizar en esta entrada, cliquea por favor donde se encuentre escrito en “negrita”. Muchas gracias.

El cerebro es uno de los órganos más importantes del cuerpo humano y por eso no hay que dejar de mantenerlo ejercitado. Y una de sus funciones principales para nuestra vida es la memoria.

Aunque muchas veces se deja de lado la salud del cerebro y esto puede terminar afectando la memoria y el olvido de ciertas cosas. Por ese motivo es necesario entrenarlo para mantenerlo de forma saludable.

El Center for Wellness and Health Promotion (Centro para el Bienestar y la Promoción de la Salud), de la Universidad de Harvard, expuso el cómo proteger la salud de la memoria con una serie de actividades:

  • Compartir tiempo con amigos: la convivencia con amigos y seres queridos no solo aumenta el nivel de felicidad, sino que prolonga la vida y esto es beneficioso para el cerebro y la memoria.
  • Evita fumar y moderarse con el alcohol: los fumadores tienen un mayor grado de pérdida de memoria relacionada a la edad, entre otros problemas de memoria que aquellos que no fuman. En el caso de los bebedores, estos tienen problemas para realizar tareas de memoria a corto plazo y también pueden pasar por el síndrome de Korsakoff, el cual puede desencadenar una amnesia repentina y dramática. Es por eso que debe de dejar de lado estas actividades.
  • Lectura: esta actividad es sumamente importante y no importa si se leen, novelas, cuentos o noticias. Lo que en realidad importa es adquirir el hábito y mantenerlo en el transcurso del tiempo, es decir, que se vuelva parte de su rutina diaria.
  • Salir a caminar: esta actividad es muy necesaria para liberar tensiones y puede hacerse de forma singular o con un grupo de personas. Los padres también pueden aprovechar esta actividad para que tanto ellos como sus hijos liberen tensiones.
  • Tomar siestas y dormir bien por la noche: en el caso de las siestas, se pueden dedicar cinco minutos para descansar, relajarse y respirar profundamente. Respecto al descanso nocturno, es importante cumplirlo, ya que aquellas personas que no duermen bien pueden ser olvidadizas. La falta de sueño, como el insomnio pueden afectar en el descanso, y existen medicamentos que lo tratan, los cuales también terminan afectando el cerebro. Es necesario que se mejoren los hábitos de sueños.
  • Proteger el cerebro de lesiones: tener golpes en la cabeza es una de las principales causas de pérdida de memoria e inclusive puede aumentar el riesgo de desarrollar demencia. Es importante utilizar un casco cuando se realicen actividades y deportes de riesgo.

Otras actividades que potencian el cerebro:

A continuación, te mostraremos qué otras actividades para el bienestar intelectual puedes realizar.

  • Aprender a tocar un instrumento
  • Aprender nuevas habilidades
  • Escuchar música clásica
  • Escribir poesía
  • Leer diversas fuentes de noticas para estar bien informado y nutrirse de varias fuentes
  • Pintar
  • Hacer actividad física

Cómo ayudan estas actividades a nuestro cerebro

La salud mental nos aportar distintos beneficios:

  • Desarrollar valores y opiniones personales.
  • Experimentar una vida más estimulante.
  • Mejor cognición.
  • Mejor concentración y memoria.
  • Mentalidad más amplia.
  • Razonamiento más claro.

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Imagen de portada: Gentileza de Ámbito

FUENTE RESPONSABLE: Ámbito.LIFESTYLE.Abril 2022

Sociedad/Cerebro/Memoria/Salud

 

 

Lo que las experiencias traumáticas le hacen al cerebro y al cuerpo.

Imagina que te ofrecen un trabajo magnífico en el que te van a pagar muchísimo dinero y te piden que te reúnas con la persona que será tu jefe para saber más del puesto.

A medida que habla y describe el cargo, sientes algo en el estómago, como una contracción, pero en ese instante no entiendes por qué tienes esa sensación incómoda.

Tu amígdala sí lo sabe. Esta estructura que está en el cerebro detectó algo en la inflexión de la voz, los movimientos faciales, la forma en que esa persona estaba haciendo los planteamientos e hizo una asociación con una experiencia en la que te defraudaron y te está lanzando una advertencia:

«¡Cuidado! Aquí hay una incoherencia aunque no la puedas explicar conscientemente».

«La amígdala, en el caso humano, es un detector de incoherencias», le explica a BBC Mundo -tras ofrecer ese ejemplo- el doctor Manuel Portavella, profesor en el área de Psicobiología y coordinador del Máster en Estudios Avanzados en Cerebro y Conducta de la Universidad de Sevilla.

Ahora imagina cuánto más se puede exacerbar cuando se ha vivido una experiencia traumática: «se hace más sensible a cualquier tipo de incoherencia o apariencia de incoherencia».

Hay gente que puede llegar a ser más sensible que otra a una experiencia traumática y sufrir efectos a largo plazo, que se manifiestan, por ejemplo, en «reviviscencias, pesadillas, y pensamientos negativos» que interfieren con su vida diaria, indica Joelle Rabow Maletis, educadora y asesora en psicología.

«Este fenómeno se llama trastorno de estrés postraumático, o TEPT, y no es un fallo personal; más bien, es el mal funcionamiento de mecanismos biológicos que nos permiten hacer frente a experiencias peligrosas y que es tratable», señala en la animación TED-Ed: La psicología del trastorno del estrés postraumático.

Una amígdala hiperactiva

El efecto en una persona de una experiencia traumática depende de varios factores, entre ellos el fenotipo cerebral de cada individuo, explica Portavella.

Amígdalas

FUENTE DE LA IMAGEN – SCIENCE PHOTO LIBRARY

La amígdala cerebral consiste en un par de estructuras con forma de almendra situadas en ambas partes del lóbulo temporal del cerebro.

Cuatro personas -ejemplifica- pueden haber sido sometidas a la misma experiencia traumática y «una de ellas consigue llevar una vida normal, pero las otras no».

En parte eso se debe a lo que «en psicología clínica se conoce como diátesis-estrés, la combinación de estrés y la sensibilidad de cada persona ante él. No hay un patrón único».

De acuerdo con la psiquiatra Ellen Vora, «las experiencias traumáticas con frecuencia se almacenan en el cuerpo, el cual también reprograma el cerebro».

«Cuando eso ocurre, la amígdala -esa parte del sistema límbico a cargo de nuestra respuesta del miedo- queda en una especie de estado de agitación creando ansiedad desproporcionada a lo largo de la vida», escribió la también autora en la revista Psychologies.

El trauma deja al cerebro en alerta elevada, «incluso si la amenaza ya no existe», y algunas personas pueden percibir peligro donde no hay.

Portavella habla de la retroalimentación de la memoria episódica, «como una reverberación, o lo que en psicología se llama ‘rumiar’: estar constantemente auto exponiéndose al recuerdo».

Eso retroalimenta el circuito amigdalino, clave, entre varias funciones, en el aprendizaje emocional y en la gestión de las respuestas emocionales.

Lucha, escape o bloqueo

Las experiencias traumáticas (violencia doméstica, abuso sexual, desastres naturales, guerras, entre otras) activan el sistema de alarma cerebral conocido como: lucha, escape o bloqueo.

«Junto al miedo esas son reacciones naturales que han estado diseñadas a lo largo de la evolución para nuestra supervivencia».

Ilustración de un neandertal

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

«Esas emociones vienen prediseñadas en nuestra genética y se empiezan a desarrollar en la infancia», cuando se inicia el aprendizaje de cómo usarlas de forma adecuada.

En ese proceso, desempeñan un rol clave los circuitos amigdalinos y la corteza prefrontal del cerebro (la que nos permite tomar decisiones, realizar tareas planificadas).

Pero ¿qué ocurre si una persona tiene estrés sostenido producto de una experiencia traumática?

Si bien contamos con una respuesta que ha sido naturalmente diseñada para huir, para defendernos de una situación crítica, «en un contexto de maltrato continuado, no hay escapatoria, se mantiene el estrés y el estrés produce muchas alteraciones metabólicas porque hace que nos preparemos para una acción».

Y es que cuando ocurre la experiencia traumática, se genera lo que Maletis llama una «cascada química», que «inunda el cuerpo con varias hormonas de estrés diferentes, causando cambios psicológicos que preparan al cuerpo para defenderse».

«Nuestro ritmo cardíaco se acelera, la respiración se acelera y los músculos se tensan».

Se altera el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (HHA) y en ese proceso se desencadena la respuesta del miedo por la activación del sistema límbico.

Y, advierte Portavella, «si eso se mantiene en el tiempo, desarrollamos un trastorno».

«El sistema aprende que hay una amenaza permanente y una vez que lo aprende, aunque salga de esa situación, se ha modificado, se ha hecho más sensible al estrés».

La memoria

Con el tiempo, tanto el organismo como el cerebro pueden sufrir las consecuencias.

«El estrés sostenido puede producir muerte en el hipocampo, una estructura fundamental de la memoria, y puede producir problemas de memoria y de concentración», dice el profesor.

Sombra de un hombre y una persona sentada

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Y es que la memoria no sólo es clave para resolver problemas, tomar decisiones, planificar, sino para «regular nuestras emociones y desarrollar un sentido positivo de uno mismo», indica UK Trauma Council en la publicación Childhood trauma and the brain (El trauma infantil y el cerebro).

Por eso es que experiencias de maltrato en la infancia «pueden crear recuerdos negativos que pueden ser abrumadores y también influir en cómo creamos recuerdos nuevos».

De acuerdo con esa organización, varios estudios han mostrado diferencias en la función del hipocampo en niños cuyo cuidado se ha descuidado o que han sufrido abuso.

«Hay una disminución de la activación del hipocampo cuando se recuperan recuerdos de la autobiografía positiva», así como también durante el aprendizaje asociativo, «cuando los niños aprenden y recuerdan nuevas relaciones entre elementos que no están conectados».

Castigo vs recompensa

El sistema de recompensa en nuestro cerebro, que usa la dopamina, nos ayuda a reconocer los aspectos positivos de nuestro entorno y a motivarnos, también nos guía en muchas de las decisiones que tomamos.

Crecimiento de un niño hasta la vida adulta

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«Las investigaciones muestran que los niños que han experimentado abuso y negligencia tienen una sensibilidad reducida en estas regiones (del cerebro) en comparación con la de sus compañeros cuando procesan señales de recompensa, posiblemente reflejando la adaptación a un mundo donde la recompensa es poco frecuente o impredecible», indica UK Trauma Council.

En nuestro proceso continuo de tomar decisiones, se produce una competencia -explica Portavella- entre los castigos, que están muy mediados por la amígdala cerebral, y las recompensas.

Nuestra corteza prefrontal, que juega un papel clave en la toma de decisiones y que se conforma a lo largo de la infancia y de la adolescencia, «va a determinar cuál es la mejor opción o la menos mala».

Con un trastorno de estrés postraumático, se le da demasiado primacía a las alarmas, y por tanto puede que «te niegues las situaciones recompensantes».

Es como si el cerebro redujera su habilidad para reaccionar a ellas, para experimentar disfrute. Por ejemplo, «uno anticipa una amenaza en una situación novedosa y eso afectará las decisiones que tome».

En el caso de los niños, los traumas tienen un impacto en la manera en que van construyendo sus relaciones.

«Los científicos creen que los cambios cerebrales pueden afectar la forma en que un niño experimenta y moldea activamente el mundo social que les rodea», apunta el reporte de UK Trauma Council.

«Por ejemplo, un niño puede concentrarse en el peligro mientras se pierde otras señales sociales más positivas».

Fenómeno epigenético

De acuerdo con Portavella, los fenómenos epigenéticos se dan cuando el ambiente influye en la forma en que se «lee nuestro genoma».

Sistema límbico

FUENTE DE LA IMAGEN – SCIENCE PHOTO LIBRARY

Ilustración de las estructuras anatómicas del sistema límbico del cerebro.

«No es que aparezcan nuevos genes o desaparezcan otros, sino que nuestro genoma va a ser alterado por esa exposición a factores estresantes generados por nuestro propio organismo, pues el sistema busca adaptarse al medio».

«Uno aprende que tiene que estar en alerta porque va a estar constantemente amenazado y eso puede producir una serie de modificaciones de genes que van a ser suprimidos, lo que significa que su lectura se impide, mientras que hará que otros se activen».

«Eso hace que se conforme un perfil diferente de sensibilidad, de receptores cerebrales, y lo que genera es que una persona (que sufre de TEPT) se vuelva muy sensible a situaciones estresantes».

«Y cuando se encuentra con otras situaciones estresantes, aunque no sean exactamente de la misma naturaleza, la forma de responder será con un ansiedad por encima de lo que sería del tipo adaptativo para otras personas».

Diferencias individuales

El miedo no es otra cosa que las sensaciones desagradables que sentimos: temblores, bloqueo, duda, sudoración.

Imágenes por resonancia magnética del cerebro

FUENTE DE LA IMAGEN – SCIENCE PHOTO LIBRARY

En individuos que son menos sensibles al estrés, la amígdala cerebral es menos sensible para poner en marcha una respuesta intensa.

«Viven el miedo de una forma diferente y, a nivel cognitivo, le produce menos modificaciones, su corte prefrontal termina madurando bien».

«Sin embargo, en niños (que han sufrido traumas), esas conexiones del corte prefrontal, que nos permiten gestionar bien las emociones en la etapa adulta, se ven muy interferidas, no maduran de forma adecuada, con lo cual sigue siendo un cerebro sensible a lo largo de la vida».

«En los trastornos de estrés postraumático se produce una memoria persistente: ese hipocampo va metiendo constantemente la información de lo que le ocurrió sin bajar la intensidad» y se convierte en una interferencia que puede llegar a ser constante.

Maletis explica que con TEPT, «la memoria activa la misma cascada neuroquímica como en el evento original. Se despiertan los mismos sentimientos de miedo e impotencia como si experimentásemos el trauma otra vez».

«Intentar evitar los desencadenantes, a veces impredecibles, pueden llevar al aislamiento».

El tiempo

Según la experta, «un pequeño porcentaje de los que experimentan trauma tienen problemas persistentes que a veces desaparecen temporalmente para resurgir meses después».

Mujer agarrándose la boca

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

«No comprendemos por completo qué está pasando en nuestro cerebro, pero una teoría es que la hormona del estrés, el cortisol, puede estar continuamente activando la respuesta ‘lucha, huida, bloqueo’, reduciendo el funcionamiento general del cerebro dando lugar a síntomas negativos».

«Cuando los problemas duran más de un mes, a menudo se diagnostica TEPT».

La doctora Marianne Trent, autora y psicóloga clínica, señala en la revista Psychologies que en algunas personas podrían pasar meses o incluso años antes de que la sintomatología de un trauma aflore y «no siempre se manifiesta como una dificultad de salud mental».

«Debido a la forma como los traumas afectan el cuerpo, pueden llevar a migrañas, al síndrome del intestino irritable e incluso problemas en la espalda».

Pedir ayuda

Es fundamental pedir ayuda especializada si se ha vivido una experiencia traumática que sentimos nos está afectando.

«No hay que tener miedo ni vergüenza porque tener un trastorno de este tipo es como tener una tuberculosis o un problema intestinal, no te lo puedes curar solo. Tienes un problema emocional», indica Portavella.

Abrazo

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«El problema es que vivimos en una sociedad en la que parece que pedir ayuda nos hace valer menos».

«Aquí no vinimos a ser grandes caballeros andantes que lo llevamos todo sobre la espalda, el individualismo va en contra de la propia naturaleza humana».

Existen diferentes ideas sobre cómo ofrecerle apoyo a las personas que sufren trastorno de estrés postraumático, es un área muy compleja de la psicología y la psiquiatría.

El profesor asoma un enfoque:

«Es necesario para el sistema recordar porque es adaptativo y cuando intervenimos desde el punto de vista psiquiátrico decimos: está muy bien la biología y la especie humana, pero estoy hablando de este individuo, que puede hacer una vida normal y si hay que ayudarle a olvidar, se puede tratar, pero ayudarlo a olvidar en el sentido de que cuando recuerde ese evento no le produzca la misma sensación».

Es decir, el recuerdo seguirá existiendo, pero no la sensación abrumadora y limitante al evocarlo.

«Lo vital es ayudar a que se reduzca esa ansiedad».

Mano de un padre con la mano de una hija

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

En el caso de los niños, existen importantes y esperanzadoras ventanas de acción y estrategias para ayudarlos en su desarrollo.

Una buena noticia es la impresionante plasticidad del cerebro, que le permite cambiar en respuesta al ambiente y las experiencias sociales.

«Los cambios en el cerebro que ocurren después de un trauma pueden mejorar con el tiempo. Esto es particularmente probable que suceda cuando los niños experimentan seguridad, estabilidad y apoyo», señala Katie McLaughlin, profesora de Psicología de la Universidad de Harvard, en el texto académico: How can trauma affect the brain.

Maletis dice que el TEPT ha sido llamado «la herida escondida», pero pese a su invisibilidad no se debe sufrir en silencio.

Imagen de portada: GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo. Por Margarita Rodríguez. Abril 2022

Sociedad y Cultura/Ciencia/Cerebro/Estrés postraumático/Salud / Salud Mental

 

 

 

 

¿Por qué nos gustan tanto los finales felices? La ciencia ya tiene una explicación.

DESCUBRIENDO EL CEREBRO

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No nos gusta que la pareja de la ficción termine separada, que en el último día de nuestras vacaciones el tiempo no acompañe. Es lógico o, al menos, eso dice nuestra lógica.

Es una ley no escrita, un deseo universal: Que las cosas acaben bien nos encanta, porque ¿a quién no le va a gustar la felicidad? Un final feliz es lo que esperamos de cualquier libro, película o serie, de nuestras vacaciones, de un día cualquiera. 

De hecho, solemos planear nuestra vida a corto y largo plazo en base a esta premisa, esperando que los contratiempos no sacudan un buen cierre de etapa. Que el día acabe con lluvia es una especie de enemigo interno en este sentido. Que en el último capítulo de tu serie favorita los protagonistas mueran es otro enemigo interno. 

No nos gusta que la pareja de la ficción termine separada, que en el último día de nuestras vacaciones el tiempo no acompañe. Es lógico o, al menos, eso dice nuestra lógica.

Según un estudio publicado en 2020 en ‘The Journal of Neuroscience’, a nivel psicológico, un final feliz es clave para considerar una experiencia como enteramente positiva. En cambio, un final no deseable tiende a eclipsar el resto de la experiencia. ¿Tiene algún tipo de explicación? La tiene.

A través del juego

Para descubrirla, los investigadores Martin Vestergaard y Wolfram Schultz, neurocientíficos de la Universidad de Cambridge, crearon un juego virtual empleando tecnología de realidad aumentada. Invitaron a probarlo a 27 participantes: todos ellos veían dos ollas sobre las cuales caían monedas, una tras otra, pero no todas eran del mismo tamaño.

Fuente: iStock

Al final de la simulación, preguntaron a cada uno cuánto dinero creían que se había acumulado en las ollas. A los que dieran una respuesta aproximada, se les regalaría el equivalente en efectivo. Ahí estaba el deseo. Lo que los investigadores detectaron es que quienes acertaron en el resultado, registraron una mayor actividad neuronal en la amígdala cerebral, ubicada en ambos hemisferios de nuestro cerebro. 

Cuando esta zona está activa, es capaz de ver “el todo”, o lo que es lo mismo: los participantes que ganaron pudieron apreciar mejor la experiencia completa del juego.

Fuente: iStock

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Un área determinante

Como explican desde la Fundación Dacer, expertos en tratamientos neurológicos, desde la década de 1930, la investigación ha avanzado en el rol modulador que juega esta zona cerebral con respecto a la noción del miedo. De esta forma, recuerdan que «la información sensorial sobre estímulos aterradores puede llegar a la amígdala antes de que la corteza cerebral la procese de manera consciente».

«Se ha observado que está involucrada en la formación de recuerdos positivos, y que un daño en esta área puede afectar la capacidad de formarlos» 

Sin embargo, es mucho más reciente el conocimiento acerca del papel de la amígdala con respecto a nuestra noción de felicidad. «Se ha observado que está involucrada en la formación de recuerdos positivos, así como que un daño en esta área puede afectar la capacidad de formar este tipo de recuerdos», apuntan.

Fuente: iStock

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Esto coincide con otra observación en el juego propuesto por Vestergaard y Schultz: Quienes calcularon mal su respuesta, mostraron poca o nula actividad en esta zona del cerebro. En estos casos, la parte que más se activó fue la ínsula anterior (localizada entre los lóbulos parietal y frontal y encargada de “sancionar” a la mente).

No importa tu personalidad

Los investigadores concluyeron entonces que en este grupo de personas, el no haber ganado provocó que “castigaran” su cerebro, lo que les llevó a no permitirse disfrutar del resto de la experiencia.

Fuente: iStock

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Lo sorprendente es que esto mismo sucede con cualquier cosa, y a cualquier persona, sin importar otras características de personalidad, como por ejemplo lo alternativa o disruptiva que sea esta. A tu cerebro siempre le van a gustar más los finales felices. 

Existen actualmente muchas investigaciones en curso para seguir conociendo esta pequeña zona de nuestra cabeza que, solo con la hasta ahora sabido de ella, resulta tan imprescindible para nuestro funcionamiento como fascinante. Se está analizando si podría estar involucrada en la evaluación de cosas en el entorno para determinar su importancia.

Imagen de portada: Imagen de la película ‘Mamma Mia! Here We Go Again’ (Fuente: EFE)

FUENTE RESPONSABLE: Alma, Corazón y Vida. Abril 2022

Sociedad y Cultura/Ciencia/Cerebro/Investigación

 

 

 

Cerebro: que recomiendan en Harvard para la memoria.

Aunque muchas veces se deja de lado la salud del cerebro y esto puede terminar afectando la memoria y el olvido de ciertas cosas. ¿Cómo se entrena?

El cerebro es uno de los órganos más importantes del cuerpo humano y por eso no hay que dejar de mantenerlo ejercitado. Y una de sus funciones principales para nuestra vida es la memoria.

Aunque muchas veces se deja de lado la salud del cerebro y esto puede terminar afectando la memoria y el olvido de ciertas cosas. Por ese motivo es necesario entrenarlo para mantenerlo de forma saludable.

El Center for Wellness and Health Promotion (Centro para el Bienestar y la Promoción de la Salud), de la Universidad de Harvard, expuso el cómo proteger la salud de la memoria con una serie de actividades:

Compartir tiempo con amigos: la convivencia con amigos y seres queridos no solo aumenta el nivel de felicidad, sino que prolonga la vida y esto es beneficioso para el cerebro y la memoria.

Evita fumar y moderarse con el alcohol: los fumadores tienen un mayor grado de pérdida de memoria relacionada a la edad, entre otros problemas de memoria que aquellos que no fuman. En el caso de los bebedores, estos tienen problemas para realizar tareas de memoria a corto plazo y también pueden pasar por el síndrome de Korsakoff, el cual puede desencadenar una amnesia repentina y dramática. Es por eso que debe de dejar de lado estas actividades.

Lectura: esta actividad es sumamente importante y no importa si se leen, novelas, cuentos o noticias. Lo que en realidad importa es adquirir el hábito y mantenerlo en el transcurso del tiempo, es decir, que se vuelva parte de su rutina diaria.

Salir a caminar: esta actividad es muy necesaria para liberar tensiones y puede hacerse de forma singular o con un grupo de personas. Los padres también pueden aprovechar esta actividad para que tanto ellos como sus hijos liberen tensiones.

Tomar siestas y dormir bien por la noche: en el caso de las siestas, se pueden dedicar cinco minutos para descansar, relajarse y respirar profundamente. Respecto al descanso nocturno, es importante cumplirlo, ya que aquellas personas que no duermen bien pueden ser olvidadizas. La falta de sueño, como el insomnio pueden afectar en el descanso, y existen medicamentos que lo tratan, los cuales también terminan afectando el cerebro. Es necesario que se mejoren los hábitos de sueños.

Proteger el cerebro de lesiones: tener golpes en la cabeza es una de las principales causas de pérdida de memoria e inclusive puede aumentar el riesgo de desarrollar demencia. Es importante utilizar un casco cuando se realicen actividades y deportes de riesgo.

Otras actividades que potencian el cerebro:

Aprender a tocar un instrumento

Aprender nuevas habilidades

Escuchar música clásica

Escribir poesía

Leer diversas fuentes de noticas para estar bien informado y nutrirse de varias fuentes

Pintar

Hacer actividad física

Cómo ayudan estas actividades a nuestro cerebro

Desarrollar valores y opiniones personales.

Experimentar una vida más estimulante.

Mejor cognición.

Mejor concentración y memoria.

Mentalidad más amplia.

Razonamiento más claro.

Imagen de portada: Gentileza de Ámbito Financiero.

FUENTE RESPONSABLE:ÁMBITO FINANCIERO. Abril 2022.

Sociedad y Cultura/Cerebro/Entrenamiento/Memoria

El gen que hace especial al cerebro humano

¿Por qué somos como somos? ¿Qué hace que cada uno de nosotros sea único en el mundo? La respuesta está, sin duda alguna, en nuestro cerebro. Un nuevo descubrimiento explica por qué este órgano es tan excepcional.

Como su propio nombre indica, la corteza cerebral recubre al cerebro y le proporciona su típico aspecto rugoso. Es una de las más grandes maravillas de la naturaleza, que nos ha permitido pasar del uso de las herramientas más simples de nuestros ancestros a crear herramientas tan complejas como un ordenador portátil o una estación espacial internacional.

Gracias a la corteza cerebral podemos construir desde los edificios más grandes y eficientes hasta las más bellas catedrales. Podemos tener interacciones sociales de gran sutileza y lograr en tiempo récord identificar un nuevo tipo de virus como el SARS-CoV-2 y desarrollar una vacuna efectiva contra este.

Más aún, en la corteza cerebral reside buena parte de aquello que nos hace únicos a cada uno de nosotros: nuestra personalidad.

Así evolucionó nuestra corteza cerebral

Al igual que nuestras manos y nuestra nariz, nuestra corteza cerebral es fruto de millones de años de evolución. Tras la gran extinción de los dinosaurios hace 66 millones de años, los mamíferos más grandes que sobrevivieron no eran mucho mayores que un topillo, y su corteza cerebral pesaba unos pocos gramos.

Sin embargo, la incesante acción de múltiples factores siguió creando mutaciones en el genoma de esos mamíferos primigenios, al igual que venía ocurriendo desde el origen de la vida.

Algunas de estas mutaciones eran perjudiciales (como las que nos causan cáncer de piel, por ejemplo), y se perdían al perecer sus portadores. Pero otras mutaciones genéticas fueron beneficiosas, y se perpetuaron en las siguientes generaciones.

Mediante este proceso repetido durante millones de generaciones, la corteza cerebral pequeña y relativamente sencilla de aquellos mamíferos primigenios fue aumentando en tamaño y complejidad hasta convertirse en el fenomenal órgano que ocupa hoy nuestros cráneos y nos permite comprender este artículo.

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Pues bien, un estudio llevado a cabo desde el Instituto de Neurociencias en Alicante ha descubierto uno de estos cambios genéticos que tuvieron lugar durante la evolución y que fueron clave para la expansión de la corteza cerebral humana.

La corteza se forma durante el desarrollo embrionario a partir de células madre neurales, que se dividen constantemente dando lugar a dos células hija tras cada división. Al inicio del desarrollo, la división de células madre neurales genera más células madre, aumentando así en número.

A partir de cierto momento, estas empiezan a generar neuronas (neurogénesis), que finalmente conformarán la corteza cerebral adulta.

Este es un paso decisivo, porque cuando la división celular produce dos neuronas, ya no queda célula madre de repuesto que pueda seguir produciendo más neuronas.

Por ello, el número total de neuronas en la corteza depende del número de células madre neurales que las tienen que generar. Y cuantas más neuronas se generen y más variopintas sean, mayor serán el tamaño y la complejidad de la corteza cerebral.

En el cerebro embrionario humano el número de células madre neurales, su diversidad y su capacidad de proliferación son enormes, mientras que en el pequeño embrión de ratón son mucho menores.

Un gen que regula las células madre del cerebro

La nueva investigación en el laboratorio demuestra que la alta capacidad de proliferación de las células madre neurales de la corteza humana, y de otras especies con una corteza de gran tamaño, se debe en buena medida al gen MIR 3607, cuya función permanecía completamente desconocida hasta ahora.

Este gen pertenece a la familia de los micro ARNs, pequeñas secuencias de ARN que actúan como pequeños directores de orquesta, regulando la actividad de otros genes. En este caso, MIR 3607 aumenta la proliferación de las células madre de la corteza para que eventualmente generen un mayor número de neuronas.

El equipo ha llegado a esta conclusión analizando la presencia y función de este micro ARN durante el desarrollo embrionario de la corteza cerebral en múltiples especies de mamíferos con grandes cerebros. Nuestro estudio ha incluido el ser humano, mediante el cultivo de ‘minicerebros’ (organoides cerebrales).

MIR 3607 aumenta la proliferación de las células madre de la corteza para que eventualmente generen un mayor número de neuronas

¿Por qué otros mamíferos no desarrollaron cortezas cerebrales tan complejas?

La evolución puede ser caprichosa y no siempre avanza hacia órganos o estructuras más grandes y complejas. A veces los hace más sencillos o incluso los elimina.

Esto se llama pérdida secundaria, y es conocido el caso de delfines, ballenas y otros mamíferos marinos para quienes resultó más útil para nadar con agilidad convertir brazos y piernas articulados, y manos con dedos, en simples aletas.

De forma similar, cuando la estirpe de los roedores se separó de los primates hace 75 millones de años, su evolución les llevó a reducir el tamaño de la corteza cerebral en comparación a su ancestro común con los primates.

¿Qué cambios y mutaciones genéticas causaron esta reducción del tamaño cerebral en roedores?

Este estudio da respuesta por primera vez a este enigma. Resulta que en los roedores no se expresa MIR3607 durante el desarrollo embrionario, a diferencia de los primates. Eso hace que sus células madre neurales no proliferen mucho. En consecuencia, se generan pocas neuronas, y la corteza acaba teniendo un tamaño pequeño.

Es decir: gracias a la aparición del gen MIR 3607 el cerebro de los mamíferos aumentó de tamaño durante la evolución, y sigue siendo necesario que las células madre lo mantengan activo para que nuestro cerebro tenga su tamaño apropiado.

En caso contrario, el desarrollo cortical y la neurogénesis son deficientes, dando lugar a un tamaño mucho menor, tal y como ocurrió con los roedores.

Un hallazgo que cambia los libros de texto

Este descubrimiento nos ayuda a comprender cómo las fuerzas evolutivas moldearon nuestro cerebro hasta alcanzar lo que es hoy. Y también, cómo esos mismos mecanismos han moldeado el cerebro de otras especies, cambiando lo que dicen los libros de texto.

El hallazgo también tiene impacto a nivel clínico, ya que el gen MIR 3607 es ahora un posible marcador de diagnóstico genético de malformaciones cerebrales congénitas; en particular, aquellas que afectan al tamaño cerebral, como la microcefalia.

Imagen de portada: Gentileza de Istock

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic ESPAÑA. Por *Victor Borrell Franco es Investigador Científico de CSIC, director del grupo Neurogénesis y Expansión Cortical, Universidad Miguel Hernández. Este artículo se publicó originalmente en The Conversation y se publica aquí bajo una licencia de Creative Commons.

Cerebro/Neurociencias/Evolución/Neuronas

El cerebro es como una máquina del tiempo.

Este artículo está especialmente dirigido a mi estimado y mejor escritor Sebastian Felgueras del blog LaCalleDelFondo; ya que ambos teníamos serias dudas sobre la afirmación del título de un similar artículo publicado en el presente blog.

Actualiza cada 15 segundos la información visual para evitarnos alucinaciones.

 

El cerebro actualiza cada 15 segundos la información que procede de los ojos para que podamos gestionar la vida cotidiana sin que caigamos en alucinaciones. Es como una máquina del tiempo que nos proporciona estabilidad visual.

El cerebro no nos presenta en tiempo real las imágenes del mundo que captan nuestros ojos, sino que actualiza las percepciones cada 15 segundos, según una nueva investigación de UC Berkeley.

“Nuestro cerebro es como una máquina del tiempo. Siempre nos remite un momento atrás en el tiempo. Es como si tuviéramos una aplicación que consolida nuestra entrada visual cada 15 segundos para que podamos gestionar la vida cotidiana”, explica uno de los autores del estudio, Mauro Manassi, en un comunicado.

Evitar alucinaciones

«Si nuestros cerebros estuvieran siempre actualizándose en tiempo real, el mundo sería un lugar nervioso, con constantes fluctuaciones de sombras, luz y movimiento, y sentiríamos que alucinamos todo el tiempo», añade David Whitney, otro de los autores.

Los resultados de esta investigación, publicados en la revista Science Advances, se suman a un creciente cuerpo de investigación sobre el mecanismo que está detrás del «campo de continuidad», una función de la percepción visual mediante la cual nuestro cerebro fusiona lo que vemos de manera constante para darnos una sensación de estabilidad visual.

Para el estudio, Manassi y Whitney observaron el mecanismo que se percibe detrás de la ceguera al cambio, que ocurre cuando se introduce un cambio en un estímulo visual y el observador no lo nota.

Experimento con rostros

Reclutaron a unos 100 participantes a través de la plataforma de crowdsourcing de Amazon Mechanical Turk y les pidieron que vieran primeros planos de rostros que se transformaban de jóvenes a viejos. Los rostros aparecían en video que presentaba su envejecimiento con un lapso de tiempo de 30 segundos.

Las imágenes de los videos no incluían la cabeza ni el vello facial, sino solo los ojos, cejas, nariz, boca, mentón y mejillas, por lo que habría pocas pistas, como la disminución de la línea del cabello, sobre la edad de los rostros.

Lo que apreciaron los investigadores es que los participantes apreciaban el envejecimiento de los rostros presentados más despacio de lo que aparecía en el video.

Notaban más lentamente el paso de los años en el rostro presentado en el video y no asumían en tiempo real la imagen más actual en su proceso de envejecimiento.

An Illusion of Stability #2

Percepción basada en el pasado

Eso significa que nuestra percepción visual se basa en el pasado, y no en el presente, porque nuestro cerebro no actualiza en tiempo real la imagen que estamos recibiendo.

“Se podría decir que nuestro cerebro está procrastinando”, dijo Whitney. “Es demasiado trabajo actualizar constantemente las imágenes, por lo que se apega al pasado porque el pasado es un buen predictor del presente. Reciclamos información del pasado porque es más rápido, más eficiente y requiere menos trabajo”.

De hecho, los resultados sugieren que el cerebro funciona con un ligero retraso al procesar los estímulos visuales, algo que tiene implicaciones tanto positivas como negativas.

“La demora es excelente para evitar que nos sintamos bombardeados por información visual en la vida cotidiana, pero también puede tener consecuencias de vida o muerte cuando se necesita precisión quirúrgica”, dijo Manassi.

Función intencional de la consciencia

“Por ejemplo, los radiólogos detectan tumores y los cirujanos deben poder ver lo que tienen delante en tiempo real; si sus cerebros están predispuestos a lo que vieron hace menos de un minuto, es posible que se les escape algo”.

Sin embargo, en general, la ceguera al cambio revela cómo el campo de continuidad es una función intencional de la consciencia y lo que significa ser humano, dijo Whitney.

“No estamos literalmente ciegos”, añade. “Es solo que la lentitud de nuestro sistema visual para actualizarse puede hacernos ciegos a los cambios inmediatos porque se aferra a nuestra primera impresión y nos empuja hacia el pasado. Sin embargo, en última instancia, el campo de continuidad respalda nuestra experiencia de un mundo estable”, concluye Whitney.

Imagen de portada: Los videos de lapso de tiempo de rostros de hombres y mujeres que se transforman de jóvenes a viejos demuestran cómo el cerebro se retrasa al procesar los cambios visuales. CORTESÍA DE MAURO MANASSI

Referencia: Illusion of visual stability through active perceptual serial dependence

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Extraordinario: el cerebro percibe las imágenes con 15 segundos de retraso y no en tiempo real.

Este efecto de ‘viaje en el tiempo’ generalmente tiene un impacto positivo «para evitar que nos sintamos bombardeados por información visual en la vida cotidiana».

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Científicos de la Universidad de California en Berkeley, Estados Unidos, descubrieron que la mente humana percibe las imágenes que vemos con 15 segundos de retraso, en lugar de intentar actualizarse en tiempo real, según un trabajo divulgado en la revista Science Advances. 

Del mismo modo que trabaja la red internet, nuestro cerebro se carga en todo momento de nuevos estímulos visuales. No obstante, para sostener el orden en lo que captan nuestros ojos, el cerebro en realidad nos presenta una imagen del pasado, porque su tiempo de actualización es de unos 15 segundos. 

Se trata de un mecanismo llamado «campo de continuidad» de la mente, una función de percepción en la que el cerebro fusiona lo que captan nuestros ojos para proporcionar una sensación de estabilidad visual. 

David Whitney, investigador titular del estudio y profesor de psicología, neurociencia y ciencias de la visión en la Universidad de California, dice al respecto: «Si nuestros cerebros estuvieran siempre actualizándose en tiempo real, el mundo sería un lugar nervioso con constantes fluctuaciones de sombras, luz y movimiento, y sentiríamos como si estuviéramos alucinando todo el tiempo» . 

Máquina de tiempo 

Explica, a su turno, el dr. Mauro Manassi, profesor asistente de psicología en la Universidad de Aberdeen en Escocia, que, a diferencia de lo que se cree, «nuestro cerebro es como una máquina del tiempo. Sigue enviándonos atrás en el tiempo. Es como si tuviéramos una aplicación que consolida nuestra entrada visual cada 15 segundos en una impresión para que podamos manejar la vida cotidiana». 

«Los científicos estudiaron este efecto de ‘viaje en el tiempo’ al examinar los mecanismos de la ‘ceguera al cambio’, es decir cuando no notamos cambios sutiles a lo largo del tiempo, como cuando en una película un actor cambia por su doble», aporta Rt. 

El grupo reunió a cerca de 100 participantes, para que observaran imágenes en primer plano de rostros que cambiaban según la edad y el sexo durante 30 segundos. Y finaliza: «Solo se mostraban los ojos, cejas, nariz, boca, barbilla y mejillas, mas no la cabeza ni el vello facial. Después de ver las imágenes se les pidió a los participantes que identificaran el último rostro que vieron y el grupo casi siempre eligió un cuadro que estaba a la mitad del video». 

Imagen de portada: Gentileza de GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE. mdz on line. Créditos: ScienceAdvances, News.berkeley.edu, Rt. 

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