Los detalles de los primeros pobladores del valle central de Chile.

FUNDACIÓN PALARQ

Un equipo internacional de arqueólogos está llevando a cabo un nuevo proyecto de investigación para estudiar cómo vivieron las primeras comunidades humanas del Cono Sur.

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El antiguo lago Tagua Tagua, ubicado en el valle central de Chile, posee un registro fósil de vertebrados único en el planeta que ha permitido a los investigadores reconstruir con absoluto detalle los antiguos ecosistemas que allí se desarrollaron durante el fin de la glaciación, durante el Pleistoceno final. 

Este lago también ha sido testigo privilegiado de los cambios ambientales acaecidos durante los últimos 50.000 años, que han podido ser develados gracias al estudio de los sedimentos que albergaba en su fondo. 

Pero, además, el Tagua Tagua posee evidencias de varios asentamientos de los primeros grupos humanos que habitaron el área, gentes que convivieron con animales hoy extintos, hace unos 13.000 años.

UN ANTIGUO LAGO DESECADO

El lago, ubicado en un arco de la llamada cordillera de la Costa, fue desecado artificialmente en 1833. 

Cuando aún existía, ocupaba una superficie de 31 kilómetros cuadrados en la época de lluvias. Las excavaciones que se llevaron a cabo durante las labores de vaciamiento de su cuenca dejaron al descubierto un patrimonio arqueológico y paleontológico excepcional. 

De hecho salieron a la luz diversos sitios arqueológicos, como Taguatagua 1 (TT1), de 12.600 años de antigüedad, y Taguatagua 2 (TT2), de 11.700 años, que fueron excavados por los arqueólogos chilenos Julio Montané y Lautaro Núñez, respectivamente. En ellos se han recuperado restos de megafauna hoy extinta y de industria lítica asociada. En ambos sitios se han hallado pruebas de la caza de gonfoterios, unos parientes lejanos de los elefantes modernos.

Vista panorámica del antiguo lago de Tagua Tagua, hoy ocupado por terrenos dedicados a actividades agrícolas.Foto: IPHES

El lago Tagua Tagua ocupaba una superficie de 31 kilómetros cuadrados en época de lluvias. Las excavaciones que se realizaron durante las labores de vaciamiento de su cuenca exhumaron un patrimonio arqueológico y paleontológico excepcional.

Debido a su relevancia arqueológica, treinta años después de las últimas investigaciones que se realizaron en el antiguo lago, un nuevo proyecto financiado por la fundación Palarq, en el que participan Erwin González de la Universidad de O’Higgins, Carlos Tornero del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), Matías Frugone-Álvarez y Rafael Labarca, de la Pontificia Universidad Católica de Chile, busca estudiar la relación que tuvieron los primeros habitantes del Pleistoceno del centro de Chile con la flora y los animales extintos que poblaron la región, así como conocer el impacto de los abruptos cambios climáticos que allí se sucedieron durante el período de transición del Pleistoceno al Holoceno.

RIQUEZA EN ASENTAMIENTOS HUMANOS

Entre 2019 y 2020, los arqueólogos exploraron un nuevo sector cercano a los sitios arqueológicos TT1 y TT2, llegando a documentar un tercer sitio, al que pusieron por nombre Taguatagua 3 (TT3), de similar cronología a TT1. 

Este hallazgo confirma la enorme relevancia arqueológica y científica del lago Tagua Tagua, que ha permitido a los investigadores sostener que el lugar fue ocupado de forma recurrente por grupos de cazadores-recolectores, que explotaron de manera integral los recursos que el lago ofrecía. 

El estudio de los fósiles recuperados demostró, además, una gran diversidad taxonómica, incluyendo no solo animales hoy extintos, sino también algunos que aún viven en la actualidad, como roedores, marsupiales, anfibios, aves, reptiles… de los que se han contabilizado hasta ahora 28 especies diferentes.

Recreación de la fauna que pobló las riveras del lago Tagua Tagua durante el Pleistoceno. Ilustración: Mauricio Álvarez

El estudio de los fósiles recuperados en los yacimientos del Tagua Tagua demostró, además, una gran diversidad taxonómica, incluyendo no solo animales hoy extintos, sino también algunos que aún viven en la actualidad.

Particularmente TT2 es uno de los pocos casos en América del Sur donde precisamente se ha podido documentar la caza de gonfoterios, debido al hallazgo de dos puntas de proyectil tipo «cola de pescado» elaboradas con cristal de roca. 

Estos proyectiles se asocian con un fragmento de ante astil de dardo compuesto manufacturado en una defensa de mastodonte joven. Todos estos elementos se encontraron asociados espacialmente a los restos óseos de gonfoterios desarticulados y apilados. 

También se recuperó instrumental lítico compatible con actividades de procesamiento de grandes carcasas (láminas retocadas, cuchillos, raederas, raspadores…). 

Por su parte, las excavaciones iniciales desarrolladas en TT3 han permitido asimismo documentar dos piezas líticas (un raspador y un cuchillo) situadas en una posición estratigráfica muy similar a las documentadas en las ocupaciones de TT1 y TT2. Cerca de estos elementos se registró un fogón, asociado a gonfoterios y a fauna menor. 

Todos estos resultados aportan nuevos datos a la hipótesis de que el antiguo lago Tagua Tagua funcionó como un polo de atracción para grupos humanos y animales durante la transición del Pleistoceno al Holoceno.

Evidencia arqueológica de un fogón asociado estratigráficamente a una vértebra de un mastodonte.Foto: IPHES

VISIÓN DE FUTURO

El equipo del proyecto tiene previsto continuar con los trabajos ya iniciados en TT3 y seguir con la búsqueda de nuevos sitios arqueológicos en la cuenca del antiguo lago y sus inmediaciones. 

En su condición de refugio, se espera descubrir allí una gran densidad de asentamientos arqueológicos tempranos. Además, el principal objetivo de este proyecto arqueológico será facilitar la comprensión de cómo las diferentes especies, tanto las extintas como las que aún viven, respondieron a estos cambios en su entorno físico y biológico (un aspecto aplicable a la biología de la conservación y a la ecología de la restauración). 

Paralelamente, se llevarán a cabo muestreos de restos orgánicos e inorgánicos para desarrollar nuevas reconstrucciones paleoambientales. Los investigadores están convencidos de que el análisis de estos datos aportará información detallada sobre las respuestas de los ecosistemas que surgieron en torno al antiguo lago a los cambios ambientales, una información muy útil para construir un modelo de estudio respecto al futuro de los ecosistemas actuales frente a la amenaza del cambio climático global.

Imagen de portada: Recreación de las actividades humanas que tuvieron lugar en el lago Tagua Tagua, en Chile, durante el Pleistoceno. Ilustración: Mauricio Álvarez

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC – Por Carlos Tornero, Rafael Labarca y Erwin González, investigadores del IPHES. Noviembre 2021

Arqueología/Paleontología/Primeros pobladores/Chile/América Latina/Sociedad y Cultura

 

La inesperada especie que podría invadir la Antártica

Imagen de la especie, científicamente llamada Nacella deaurata, Crédito: Claudio González

Diversos análisis determinaron que una pequeña lapa es una de las primeras especies con capacidad demostrada para colonizar con éxito el océano Austral. El estudio fue publicado por la revista científica Science of the Total Enviroment (STOTEN).

En la actualidad, y ante los efectos del cambio climático en la biodiversidad de nuestro planeta, conocer la fisiología de un organismo es fundamental para determinar la capacidad de una especie para mantenerse dentro de los límites de su distribución actual, pudiéndose predecir si alguna pudiese modificar estos parámetros.

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Este es el caso de la lapa Nacella deaurata, un molusco que habita en el extremo sur del continente americano, siendo visto comúnmente en las costas de la Región de Magallanes. Un reciente estudio multidisciplinario reveló la capacidad que tendría esta especie para modificar su distribución y llegar hasta la Antártica.

La investigación, publicada en la revista científica Science of the Total Enviroment (STOTEN), fue liderada por el Dr. Simon Morley, científico del British Antarctic Survey (BAS, Reino Unido) y por el Dr. Jorge Navarro, investigador del Centro de Investigación Dinámica de Ecosistemas Marinos de Altas Latitudes (IDEAL) de la Universidad Austral de Chile (UACh), como parte de la colaboración científica entre ambas instituciones.

Los experimentos fueron realizados en los laboratorios del Centro IDEAL en Punta Arenas con el apoyo del biólogo marino Alejandro Ortiz. Para llevar a cabo el estudio, se utilizaron diferentes métodos científicos para confirmar la capacidad de re-distribución de esta especie de lapa.

La especie fue catalogada como una posible invasora de la Antártica.

Paralelamente, se hicieron análisis fisiológicos/conductuales con el objetivo de observar la tolerancia térmica de la especie. Las temperaturas óptimas para su crecimiento (4 °C), actividad (-1,2 – 0,2 °C) y supervivencia (1 – 8 °C) resultaron ser similares a las que registra en la actualidad y que marcaría en un futuro el territorio antártico, de acuerdo a las proyecciones por efecto del cambio climático.

Inclusive, la investigación dio cuenta de que su distribución geográfica actual (con temperaturas entre 5°C y 9 °C) no coincide con su óptimo nicho fisiológico. “Nacella deaurata, al igual que muchos otros organismos, se verá afectada por el aumento de las temperaturas en los mares australes. Esto hará que su distribución hacia el norte disminuya, pero le permitiría expandirse hacia zonas más frías, convirtiéndolo en buen candidato para invadir la Antártica”, explica Navarro.

La investigación sugiere que la especie debe considerarse como una especie con alto riesgo de re-distribución, sobre todo considerando el aumento esperado del transporte que se desplaza hacia la Antártica. “Estas vías potenciarían el establecimiento de esta especie de lapa en el territorio, pudiendo impulsar un cambio ecológico importante dentro de la zona costera somera del continente antártico”, añade Navarro.

Sin embargo, el investigador recalca que las características fisiológicas de esta especie para establecerse en el continente blanco es solo un factor que considerar. “Puede darse el caso de que exista un organismo local que compita por los recursos e impida el asentamiento de las larvas de N. deaurata, como podría ser la lapa Antártica Nacella concinna. Por eso hablamos solo de su idoneidad para invadir la Antártica en el ámbito de rangos térmicos”.

Imagen de portada: Gentileza de Claudio Gónzalez

FUENTE RESPONSABLE: La Tercera/Que pasa – Noviembre 2021

Antartida/Especie invasora/Ciencia/Investigación/Chile

«Llevamos 36 años muriendo»: las dramáticas consecuencias de los residuos tóxicos abandonados por Suecia en Chile hace tres décadas.

Se estima que hay al menos 12 mil personas afectadas por la contaminación de metales pesados en Arica.

María José Bejares llegó a vivir a la población Los Industriales, ubicada en Arica, en el norte de Chile, en 1991.

Recuerda bien cómo ella, de apenas 5 años, y sus amigos, jugaban entre unos montículos de distintos colores ubicados a pocos metros de su casa.

Se deslizaban colina abajo y moldeaban la tierra con sus propias manos, como si fuera arcilla.

Más tarde, volvían a sus viviendas empapados de este material, sin saber que estaban jugando sobre un verdadero basural de desechos tóxicos.

Arsénico, plomo, cadmio y mercurio abundaban en ese informal patio en el que jugaron cientos de niños ariqueños.

GETTY IMAGES

La ciudad de Arica está ubicada en el norte de Chile, en la frontera con Perú.

30 años después, las consecuencias son evidentes.

Desde Los Industriales, donde aún vive, María José enumera para BBC Mundo las enfermedades de sus cercanos (y las propias):

Sus padres murieron de cáncer —su mamá, al útero con falla multisistémica en 2015, y su papá, al pulmón con metástasis cerebral en 2012—, su hermana mayor tuvo cáncer de mamas y su hermana menor tiene fibrosis pulmonar. Su marido sufre la enfermedad de Perthes, que afecta los huesos de la cadera, su hijo mayor es autista, y ella tuvo un embarazo molar en 2013, por lo que estuvo un mes hospitalizada.

La historia se repite en el pasaje donde vive.

Varios vecinos tienen cánceres de distinto tipo, lesiones cutáneas, enfermedades cardiovasculares, mujeres con abortos espontáneos y con dificultad para concebir, y niños con una serie de trastornos neurológicos, entre otras dolencias.

«Llevamos 36 años muriendo», dice la mujer. «Esto no puede ser casualidad. Uno va viendo cómo los vecinos van cayendo enfermos de a poquito, es muy doloroso», agrega.

El Estado chileno estima que los afectados por los desechos tóxicos en Arica superan las 12 mil personas.

Todas viven en los conjuntos habitacionales aledaños al relave y, por lo general, tienen una situación económica precaria, por debajo de la línea de la pobreza.

¿Qué pasó?

Entre 1984 y 1985 la empresa minera sueca Boliden trasladó casi 20 mil toneladas de residuos tóxicos desde su planta Rönnskär, en Suecia, a la ciudad de Arica.

El relave fue recibido por la desaparecida empresa chilena Promel que, supuestamente, se encargaría de procesarlo a cambio de más de 1 millón de dólares de la época.

Sitio F, 1984

FUENTE DE LA IMAGEN – LUIS PASTÉN

Los acopios tóxicos fueron abandonados en el Sitio F en 1984.

Sin embargo, el trabajo nunca se hizo y el material fue abandonado sin medidas de protección en una zona conocida como «sitio F», que estaba a 250 metros de Sica Sica, la población más cercana.

El problema se agudizó un par de años después, en 1989, cuando se autorizó la construcción de viviendas sociales a pocos metros del lugar.

Eran una especie de «casetas», con cocina, baño, luz eléctrica, agua potable y alcantarillado, pero el suelo era de tierra. Y la tierra estaba contaminada.

Poco a poco, algunos pobladores comenzaron a experimentar picazones, alergias y erosiones en la piel. Pero nadie sospechaba del relave.

En un informe en que Promel le solicita al Servicio Nacional de Salud de Chile de la época autorización para desembarcar el contenido proveniente de Suecia, este no era «tóxico» y cualquier persona podía manipularlo.

El documento -publicado por el Servicio Nacional de Aduanas en 1997- es parte del expediente de una comisión investigadora de la Cámara de Diputados de Chile.

Población los industriales

FUENTE DE LA IMAGEN – LUIS PASTÉN

Inicio de la construcción de la población Los Industriales en 1990. Atrás, se ven los residuos tóxicos.

«Como no había ninguna información, las autoridades lo atribuían a la suciedad. Decían que la gente no se bañaba y que por eso teníamos estas erosiones», recuerda para BBC Mundo la dirigente poblacional Verónica Lizama, quien vive en Los Industriales desde 1990 y también ha experimentado severos problemas de salud, al igual que sus hijos y nietos (uno tiene síndrome de asperger, otro autismo y un tercero, problemas a la piel).

Los «polimetales»

A mediados de 1990, la dramática situación de esta comunidad comenzó a divulgarse y eso motivó a que algunas organizaciones iniciaran investigaciones de forma independiente.

Una de ellas fue la ONG Servicio Paz y Justicia, que le encargó al químico de la Universidad de Tarapacá Leonardo Figueroa visitar la zona afectada para realizar estudios de suelo.

«Recuerdo que encontré altas concentraciones de plomo y arsénico, dos tóxicos extremadamente contaminantes», le dice a BBC Mundo.

Arsénico

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Según la OMS, el arsénico puede producir lesiones cutáneas, cánceres de distintos tipos, diabetes y un efecto negativo en el desarrollo cognitivo de los niños, entre otras cosas.

«El plomo es un metal pesado y por lo tanto tiene una reactividad importante dentro del organismo. Provoca un conjunto de disfuncionalidades, y tiene efectos a nivel cerebral, neuronal, y puede incluso provocar la muerte. El arsénico es más o menos similar, puede provocar cáncer, desarrollo de tumores y lesiones en la piel», agrega.

Pero no fue hasta 1998 cuando las autoridades chilenas reconocieron que había un problema.

Ese año, el Servicio de Salud de Arica tomó muestras del terreno y encontró lo mismo que había descubierto Figueroa años antes.

Las víctimas entendieron por fin la razón de sus extraños malestares.

«Recién ahí nos dimos cuenta de lo que nos estaba pasando a nosotros y a nuestros hijos. Y empezó un largo caminar en búsqueda de justicia, de lucha contra un Estado indolente, que aún no termina», indica Verónica Lizama.

Residuos tóxicos suecia

FUENTE DE LA IMAGEN, – LUZ RAMÍREZ

Hoy, los metales pesados están en una zona llamada Quebrada Encantada. 

Los pobladores han intervenido el lugar para advertir sobre la peligrosidad del contenido.

Y aunque la Corte Suprema de la nación sudamericana ordenó medidas de seguridad para las miles de toneladas desechos químicos, el material solo fue trasladado (de forma «temporal») unos metros más allá, al sector de Quebrada Encantada.

Más de 20 años después, el relave sigue allí, rodeado de un muro de cemento y cubierto con tierra, un plástico de alta densidad y piedras.

zona contaminada

Su presencia no es solo una pesadilla sanitaria para los habitantes del sector. También sufren estigmatización.

«Mucha gente no quiere venir aquí, los radiotaxis no suben, no llegan pedidos, no quieren comprar nada que provenga de nuestras poblaciones, tampoco podemos vender nuestras casas», me cuenta María José Bejares.

«Cada vez que se empieza a hablar del plomo, a la gente le entra el pánico. Nos llaman ‘los polimetales'».

¿Qué dice Suecia?

El caso cobró nueva vida en junio de 2021 luego de que un grupo de relatores de la Organización de Naciones Unidas (ONU) llamara a remediar la situación con urgencia, incluyendo la repatriación del material a Suecia y la compensación de las víctimas.

«Este caso revela décadas de abandono y una grave violación de los derechos a la vida, a la salud y a un medio ambiente sano de los pobladores de Arica que hasta el día de hoy continúan exigiendo justicia ambiental sin recibir respuesta», le dice a BBC Mundo Marcos Orellana, uno de los relatores de la ONU vinculado al tema.

El llamado tuvo cierto eco en Suecia.

De acuerdo con información del diario El Mercurio, el ministro del medio ambiente del país escandinavo, Per Bolund, afirmó el 18 de junio que su país estaba dispuesto a colaborar con Chile «si se solicita esa ayuda».

Esto dio pie a un proyecto de acuerdo del Senado de Chile, presentado el martes 30 de junio, donde se le solicita al Presidente Sebastián Piñera que inicie en el más breve plazo posible las acciones diplomáticas para que el gobierno sueco repatríe los residuos tóxicos.

El ministro de relaciones exteriores de Chile, Andrés Allamand, junto al presidente Sebastián Piñera.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

El ministro de relaciones exteriores de Chile, Andrés Allamand, junto al presidente Sebastián Piñera.

El ministro de Relaciones Exteriores, Andrés Allamand, le confirmó a BBC Mundo que «la Cancillería chilena está preparando una gestión diplomática directa con las autoridades suecas para tratar el tema (…) que debe ser abordado con un espíritu de cooperación, en el marco de la buena relación bilateral entre ambos países».

Sin embargo, desde el ministerio de Asuntos Exteriores de Suecia le aclararon a BBC Mundo que su gobierno «discrepa» de la afirmación de que ellos deban corregir la situación de Arica.

«En el momento de los envíos, no se requería licencia de exportación ya que el material (…) no estaba clasificado como residuo peligroso», señalaron a través de un comunicado.

«Ha transcurrido un tiempo considerable desde que se realizaron los envíos (…) y la situación actual ha sido objeto de revisión por los tribunales nacionales tanto en Suecia como en Chile (…). Es lamentable que el área no haya sido limpiada», indicaron en el documento.

Sobre las palabras del ministro Bolund citadas en El Mercurio indicaron que deben ser entendidas en el contexto de un «diálogo activo» y de «cooperación» que Suecia mantiene con Chile.

Responsabilidades

Para Marcos Orellana, de la ONU, tanto Suecia como Chile tienen cartas en el asunto.

Al Estado sueco sí «le compete una obligación máxima de hacerse cargo de este caso», afirma.

Per Bolund

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

El ministro del medio ambiente de Suecia, Per Bolund.

«Suecia tenía la obligación internacional de controlar los movimientos transfronterizos de desechos peligrosos y asegurar que las autoridades competentes recibieron información adecuada y oportuna», afirma.

«Y Chile permitió el ingreso de estos tóxicos sin siquiera realizar un análisis químico y luego las autoridades autorizaron y construyeron viviendas sociales en las cercanías y lugares ya contaminados», añade.

El experto en legislación internacional y medioambiente apunta también a la empresa sueca Boliden.

«Boliden sabía del contenido peligroso de los desechos y, en vez de tratarlos en su origen, decidió enviarlos a un lugar donde claramente era previsible que tendría un impacto sobre el medioambiente y la salud de comunidades pobres», dice.

Marcos Orellana

Este caso revela décadas de abandono y una grave violación de los derechos a la vida, a la salud y a un medio ambiente sano».

Marcos Orellana

Relator especial de la ONU

Consultada por BBC Mundo, Boliden afirmó que las acusaciones son «gravemente erróneas».

Klass Nilsson, director de comunicaciones de la compañía sueca, insistió en que la exportación de los materiales se hizo con la autorización de las autoridades pertinentes de la época.

«Boliden actuó muy por encima del estándar de ese momento (…). Debemos recordar que Chile es uno de los países mineros más grandes y ellos tienen conocimiento experto en todas las áreas y son muy competentes para manejar estas situaciones (…).

«Por supuesto, no deberían haber permitido que se construyeran casas en la zona, eso es sentido común. Y se retrasaron en actuar ante las alarmas», indicó.

Sobre qué responsabilidad le compete al Estado chileno, desde el gobierno de Sebastián Piñera declinaron realizar comentarios para BBC Mundo.

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Convenio de Basilea

El abandono de metales pesados en Chile desde Suecia no es un caso único en el mundo.

En los años 80, de hecho, hubo fuertes protestas a nivel mundial luego de que se descubriera que muchos países desarrollados habían depositado sus desechos tóxicos en naciones en vías de desarrollo.

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), se calcula que hacia 1983 el 15% de los desperdicios peligrosos mundiales (aproximadamente 45 millones de toneladas) se eliminaban fuera del país donde se generaba.

Los destinos más comunes estaban en el continente africano y en Europa oriental, en países como Rumania y Hungría. Pero también en América Latina.

El aumento de estas exportaciones, sumado a ciertos escándalos ambientales, convenció a los gobiernos de que era necesario tomar medidas de carácter internacional.

Así fue como en 1992 entró en vigor el «Convenio de Basilea», un acuerdo que en un comienzo tuvo como objetivo regular este tipo de movimientos transfronterizos.

La prohibición de esta práctica vendría casi 30 años después, en 2019, demasiado tarde para la población de Arica.

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«Estar en otro lugar»

Luz Ramírez, tiene 44 años y llegó a vivir al sector afectado junto a sus padres en 1990, cuando tenía 15 años.

Allí conoció a quien hoy es su esposo y armó una familia. A pesar de graves complicaciones en sus embarazos, tuvo dos hijos: Michelle, de 22 años, y Mauricio, de 11, quien sufre de severos problemas intestinales.

Luz Ramírez

FUENTE DE LA IMAGEN – LUZ RAMIREZ

Luz Ramírez tuvo embarazos de alto riesgo.

«Cuando empecé a notar que mi niño no era el único con este tipo de problemas en mi barrio, asocié todo y decidí hacerle exámenes. Resultó que tiene niveles de arsénico altísimos en su cuerpo», le cuenta a BBC Mundo.

«Yo me contaminé de esto y al tener a mis bebés en el vientre, ellos absorbieron el arsénico y el plomo como si fueran calcio y hierro», asevera.

Esto la llevó junto a otras vecinas a crear el grupo «Mamitas del plomo», que lucha por conseguir atención sanitaria para sus hijos.

logo de mamitas del plomo

FUENTE DE LA IMAGEN – LUZ RAMIREZ

«A través de exámenes estamos demostrando que nuestros hijos están contaminados», me cuenta.

El grupo hizo un «puerta a puerta» para constatar cuántos niños tienen problemas a la salud.

«Nos dimos cuenta de que son muchos más de lo que pensábamos; varios tienen asperger, autismo y dolores de hueso. Hay niños que lloran en la noche de dolor de hueso», señala.

María José Bejares junto a su familia.

FUENTE DE LA IMAGEN – MARIA JOSE BEJARES

María José Bejares junto a su familia.

Demandas y reparación

Hasta la fecha, las víctimas han presentado una serie de demandas, con éxitos dispares.

Actualmente, hay una en curso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que fue interpuesta en 2007 por FIMA, una ONG por los derechos medioambientales, pero que aún no se resuelve.

Por otra parte, solo 356 residentes recibieron una indemnización luego de que en 2007 la Corte Suprema dictaminó que el Estado chileno debía compensarlos por problemas a la salud. Cada uno recibió US$15.000 por daños físicos y emocionales.

En 2013, otros 707 pobladores demandaron a Boliden ante la justicia sueca.

Sin embargo, seis años después, en 2019, el tribunal de apelación de ese país absolvió al gigante minero argumentando que el caso había prescrito.

En su defensa, Boliden insistió en que no hay vínculos entre las dolencias de las personas que presentaron el recurso judicial y los desechos tóxicos abandonados por la compañía en 1984.

Los metales pesados están en una zona llamada Quebrada Encantada, a unos 650 metros del barrio Cerro Chuño.

FUENTE DE LA IMAGEN – RODRIGO PINO

El lugar donde están los residuos tóxicos está protegido por un muro de cemento que ha sido intervenido por los pobladores.

Quizás la reparación más importante para los pobladores de Arica es la ley 20.590, aprobada en 2012, que busca establecer un programa de acción en salud, educación, vivienda y medio ambiente en las zonas o terrenos con presencia de metales pesados.

Como parte del plan, se creó un Centro de Salud Ambiental (CSA) que brinda atención médica a las personas afectadas por la contaminación.

No obstante, este programa ha sido cuestionado por los propios pobladores, quienes critican, entre otras cosas, que la ley excluye a los niños nacidos después de 2012 (a pesar de que varios de ellos han registrado presencia de arsénico y plomo en su organismo) y que las medidas sanitarias dispuestas para tratar las distintas enfermedades son insuficientes.

«Esta ley no ha tenido ninguna reparación. No resuelve los problemas de salud. Nunca nos ha visto un toxicólogo, por ejemplo; no tenemos especialistas», asegura Verónica Lizama.

Lugar donde están los contaminantes rodeados por un muro.

FUENTE DE LA IMAGEN – LUZ RAMIREZ

En junio, las «mamitas del plomo» fueron hasta la zona de los residuos tóxicos vestidas de negro, a modo de protesta. 

En la foto, se ve el lugar donde están los contaminantes rodeados por un muro.

Mujer en zona contaminada en Arica

FUENTE DE LA IMAGEN – LUZ RAMIREZ

Diversos pobladores han presentado demandas pero pocos han tenido éxito.

«Nos parece aberrante y una falta de respeto. Nos sentimos abandonados. Vengan a vernos, por favor. Aquí tenemos algo que decir», agrega.

Por su parte, los relatores de la ONU señalaron a través de una carta al Estado de Chile que, según la información recopilada, los términos de la legislación «no se han cumplido» y que, a la fecha, ni siquiera se ha hecho un Estudio de Impacto Ambiental en el sector.

Además, desde la ONU afirman que, pese a que el gobierno chileno ha reubicado a algunas personas residentes de la zona, muchas otras siguen viviendo allí. Aún peor: ante la falta de alojamientos alternativos, las casas que quedaron vacías fueron luego ocupadas por migrantes irregulares y solicitantes de asilo.

Respecto al Sitio F, los relatores de la ONU aseguran que este aún no ha sido limpiado a pesar de que algunos camiones han comenzado a operar en ese lugar.

«Error tras error»

A lo largo de estos años, diversos documentales y reportajes sobre la situación en Arica han sacado el tema a la luz.

Por eso, para algunos es inentendible que aún no haya una solución definitiva a esta problemática que sigue enfermando a personas vulnerables.

El antropólogo Rodrigo Pino lleva estudiando el caso desde 2005.

«Son 36 años de negligencia, de desidia, de irregularidades. Ha sido un error tras error, es difícil comprender cómo nunca se pudo abordar en su fondo para evitar consecuencias mayores», le dice a BBC Mundo.

La portada del periódico chileno "La Estrella de Arica", el 22 de febrero de 1998.

FUENTE DE LA IMAGEN – RODRIGO PINO

En 1998 recién se comenzó a informar sobre la situación de contaminación en la zona. En la foto, la portada del periódico chileno «La Estrella de Arica», el 22 de febrero de 1998.

Para él, la solución pasa primeramente por atender de forma inmediata la salud de estas miles de personas «con especialistas y tecnología», y también por retirar los residuos tóxicos del lugar donde aún se encuentran.

«Están a 650 metros de la población más cercana, sin señalética oficial. Cualquier persona puede entrar, es cosa de saltar la pandereta. Es muy irresponsable y de una negligencia enorme», señala.

Una opinión similar tiene el químico Leonardo Figueroa.

Químico de la Universidad de Tarapacá, Leonardo Figueroa

FUENTE DE LA IMAGEN – LEONARDO FIGUEROA

El químico de la Universidad de Tarapacá, Leonardo Figueroa, fue a visitar la zona afectada para realizar estudios de suelo en 1990.

«Hay formas de aislar este material y es difícil entender por qué aún no lo han hecho. Los cerros ya se están poblando y mañana probablemente vamos a tener episodios parecidos», advierte.

«Cuesta entender qué pasa… El nivel de abandono es enorme, siempre explotando al más débil, al que no puede defenderse», agrega.

El científico, no obstante, advierte de la complejidad que significa retirar el residuo tóxico.

«Este material se ha dispersado por décadas y está en las viviendas de todas estas personas. Limpiarlo será muy complicado», señala.

Para los pobladores, la situación es desalentadora.

La casa de María José Bejares está ubicada en la población Los Industriales 2.

FUENTE DE LA IMAGEN – MARÍA JOSÉ BEJARES

La casa de María José Bejares está ubicada en la población Los Industriales 2.

Luz Ramírez me dice que le «gustaría cerrar los ojos y estar en otra parte». Pero aunque yo me vaya a vivir a China, esto va a ir con nosotros, va a ir con nuestros niños».

«Quizás no vieron el daño que estaban haciendo pero nos condenaron a vivir de una forma que nadie quisiera», concluye María José Bejares.

Imagen de portada: Gentileza de

FUENTE RESPONSABLE: BBC New Mundo por Fernanda Paúl

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