IDENTIFICAN EL ORIGEN DE LAS AURORAS BOREALES POR PRIMERA VEZ EN LA HISTORIA.

Un estudio reciente revela que los electrones acelerados por la energía solar navegan suavemente el campo magnético de la Tierra, produciendo auroras boreales.

En la oscuridad helada de las noches nórdicas, un espectáculo lumínico enciende la bóveda celeste cuando el Sol no está. Por milenios, las auroras boreales han despertado la curiosidad mística y científica de los seres humanos. Aunque se sabía que están relacionadas con el campo magnético de la Tierra, nunca antes se había podido descifrar con claridad qué era lo que propulsa este fenómeno natural. Hoy, un equipo de físicos podría tener la respuesta.

¿Cuál es el origen de las auroras boreales?

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Para investigar el origen de las auroras boreales, el equipo de científicos encargados de conducir el estudio partió de la base de que se producen por partículas arrastradas por tormentas solares. Una vez impactadas por la radiación solar, éstas son aceleradas por las líneas del campo magnético terrestre hacia las latitudes más boreales del planeta. Desde ahí, llueven en la atmósfera superior, generando caminos de luces verdosas en medio de la noche.

Por primera vez, sin embargo, los físicos confirmaron que el mecanismo que opera detrás de esta dinámica está dado por ondas electromagnéticas poderosas, que aceleran los electrones a lo largo del campo magnético. Estas condiciones se replicaron en un laboratorio, según el artículo publicado en Nature Communications, produciendo el mismo efecto que se puede apreciar en las noches nórdicas.

De acuerdo con Craig Kletzing, investigador de la Universidad de Iowa, este tipo de experimentos proveen de mediciones clave que confirman lo que ya se sabía a nivel teórico: “[…], de hecho, explican una forma importante en la que se crean las auroras”. Las responsables, según los resultados arrojados en un entorno controlado, son las olas de Alfvén.

Navegar el campo magnético de la Tierra

auroras boreales

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No es la primera vez que se habla de las olas de Alfvén. Por el contrario, han sido motivo de estudio científico desde la década de los 40. Se conocen como “ondas transversales en un fluido eléctrico que se propagan a lo largo de las líneas del campo magnético”, de acuerdo con Michael Starr de Science Alert. Hoy sabemos que son el mecanismo fundamental para el transporte de energía que pueden, además, acelerar partículas en la atmósfera del planeta.

Este mismo efecto se replica en las auroras boreales en las latitudes más altas de la Tierra. Aunque determinar el papel que estas ondas juegan en la aceleración de partículas en el campo magnético terrestre fue un reto, el equipo de Kletzing cree tener mediciones exactas que comprueban su hipótesis:

“Este desafiante experimento requirió la medición de una población muy pequeña de electrones que se mueven hacia abajo de la cámara del LAPD a casi la misma velocidad que las ondas de Alfvén, que suman menos de uno en mil de los electrones en el plasma”, explicó Troy Carter, físico de UCLA.

Desde el laboratorio, los físicos observaron que las ondas de Alfvén transferían energía a los electrones con una resonancia con las ondas. Visto de otra manera, los electrones surfeando encima de las olas de Alfvén continuamente, hasta que la onda terminaba su camino. Al proceso se le conoce como amortiguamiento de Landau, que elimina la inestabilidad de las partículas.

A nivel de lo que sucede con las auroras boreales, se puede apreciar el mismo fenómeno. Las partículas de energía navegan con suavidad el campo magnético de la Tierra. De esta manera, generan despliegues de luz impresionantes sobre la bóveda celeste.

FUENTE: NATIONAL GEOGRAPHIC

Australia salva al icónico walabí…

…después de que los gatos lo orillaron a la extinción.

En Australia, los gatos acaban con más de la mitad de walabíes jóvenes y estuvieron a punto de provocar su extinción.

El walabí es uno de los animales más icónicos de Australia. Comúnmente confundidos con los canguros –sus primos mayores–, las cerca de 30 especies de este marsupial se desplazan ágilmente a través de saltos que equilibran con su cola y se extienden en distintos ecosistemas de Australia y Nueva Guinea.

En el siglo XIX, el walabí de bridas (identificado por las rayas blancas y negras que bajan por su dorso) constituía la especie más común de walabí en Australia continental; sin embargo, la caza para aprovechar su piel y la depredación de gatos ferales y zorros estuvieron a punto de extinguirlos.

Durante la mayor parte del siglo XX, se creyó que la especie había desaparecido. No fue hasta 1973 que el avistamiento de una pequeña población en Queensland reavivó el interés de conservacionistas y gobierno para recuperar al walabí de bridas y se establecieron reservas naturales para proteger a la especie, entonces calculada en apenas unos cientos de ejemplares.

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La presa favorita de los gatos

A principios de 2010, el panorama no era muy halagador para la especie: los walabíes son una de las presas favoritas de los gatos ferales, el principal enemigo de cientos de especies nativas de Australia, introducidos al continente en 1788 junto con la llegada de los primeros navíos ingleses.

Los datos revelan que la situación es especialmente crítica cuando se trata de ejemplares juveniles: los walabíes más pequeños (menos de 3 kilogramos) no tienen posibilidad cuando un gato está al acecho y se estima que más de la mitad son cazados por esta especie invasora antes de alcanzar la edad adulta.

La situación cambia radicalmente con los walabíes adultos, donde la tasa de supervivencia se dispara por encima del 80 % gracias a sus habilidades desarrolladas y agilidad para evitar encuentros fatales con gatos.

walabíFoto:Dave WATTS/JACANA/Gamma-Rapho via Getty Images.

La problemática llevó a la Universidad de Nueva Gales del Sur a plantear nuevas estrategias para detener la depredación provocada por los gatos, un problema ambiental de primer orden en el que el gobierno australiano ha invertido millones de dólares sin encontrar una solución de fondo hasta el momento.

No obstante, en el caso del walabí de bridas, un método conocido como headstarting está dando resultados: se trata de retirar a los ejemplares más jóvenes de su entorno natural y llevarlos a un área protegida libre de gatos ferales, hasta que alcancen la madurez suficiente para volver a la vida salvaje con un riesgo menor.

Entre 2015 y 2018, 89 % de los walabíes que participaron en el programa pionero de headstarting se desarrollaron exitosamente y fueron reintroducidos a su medio natural.

A primera vista, la puesta en marcha de la estrategia arroja resultados exitosos; sin embargo, los siguientes estudios al respecto intentarán conocer más a fondo las posibles desventajas conductuales de los walabíes que crecieron en reservas naturales, lejos de su principal depredador. Esta protección podría interferir con el asilvestramiento de cada ejemplar, especialmente cuando se trata de reconocer a otros depredadores, como águilas o serpientes.

¿Qué es un gato feral?

Los gatos actualmente representan una amenaza para la fauna australiana, sin embargo existe gran polémica debido a los planes que existen para reducir su población de felinos.

La definición de un gato feral es la de un gato que ha carecido de contacto humano desde su nacimiento. Estos pequeños felinos, llamados ferales, han podido ser el resultado de la reproducción de algunos gatos abandonados, que se han re-adaptando a un “medio silvestre”.

Los gatos actualmente representan una amenaza para la fauna australiana, sin embargo existe gran polémica debido a los planes que existen para reducir su población de felinos, se indica en una publicación de National Geographic.

Australia empezó hace 140 millones de años una separación definitiva del supercontinente Gondwana, aislando a la flora y fauna subcontinental. Esto, sumado al clima y la geología peculiar de la isla, causó el desarrollo de especies únicas y un alto nivel de endemismo único en el mundo.

En la actualidad, cientos de especies australianas se enfrentan al peligro de extinción debido al cambio climático, los incendios forestales, pero principalmente, por la introducción de especies invasoras, especialmente los gatos.

20 millones de gatos ferales

El 1788 llegaron los gatos a Australia con los primeros navíos de ingleses que desembarcaron en Sydney con intenciones colonizadoras. En los siguientes cincuenta años, esta especie se introdujo en distintas latitudes con otros desembarcos consecutivos con la misma intención. A partir de ahí, su multiplicación por el territorio ha puesto en peligro la vida salvaje australiana.

Estos felinos no son las mascotas más populares en Australia, no obstante, si están siendo rastreados con microchip, castrados y se mantengan dentro de casa, evitando la caza exterior, son muy bien aceptados.

El inconveniente se da debido a que existen 20 millones de gatos ferales que se expanden por los diversos ecosistemas australianos. Estos serían los responsables de la muerte de un millón de reptiles diarios en Australia, donde el 89 % de ellos son endémicos, según un estudio de Wildlife Research. Sus características y comportamiento también les permiten cazar aves y mamíferos pequeños.

Debido a esto, en 2015 el gobierno empezó una campaña para financiar a cazadores con el objetivo de sacrificar a 2 millones de gatos entre 2015 y 2020.

The Guardian indicó en una publicación que este sistema permitió que se hayan sacrificado 844 mil gatos ferales entre 2015 y 2018; pero, a finales de 2019 se intensificó con la producción de salchichas envenenadas y la instalación de más de 44 kilómetros de vallas alrededor de santuarios de vida silvestre; aunque los esfuerzos no han sido suficientes.

Una situación que se agrava

Una nueva investigación de la Universidad de Tasmania reveló que la situación es aún más grave de lo que se creía en el pasado, esto luego de comparar el impacto de los gatos ferales con el de los depredadores nativos en su ecosistema (principalmente con el quol tigre, un marsupial que se encarga de mantener el equilibrio en las especies hoy amenazadas por los gatos).

La investigación mostró que los reptiles, pequeños mamíferos y aves de Australia tienen 20 veces más probabilidades de tener un encuentro mortal con gatos ferales que con otros depredadores nativos. Además, evidenció que los gatos cazan con mayor intensidad, están presentes en más ecosistemas y superan en número a cualquier depredador australiano.

Estudios previos aseguran que los gatos ferales son culpables de la muerte de 2 mil millones de animales, están relacionados con la extinción de 25 especies de mamíferos y con el riesgo de desaparición de al menos otras 124 especies australianas.

Debido a esto, el gobierno australiano está desarrollando una nueva estrategia para disminuir la población de gatos ferales, pero esto ha causado gran controversia en otros países en donde estos animales tienen una mayor consideración como animales de compañía que ayudan a combatir plagas.

FUENTE: NATIONAL GEOGRAPHIC

Estorninos: la voraz especie invasora que llegó a Estados Unidos por culpa de Shakespeare

Una fría mañana de marzo de 1890, el farmacéutico y aficionado al teatro Eugene Schieffelin se dirigió al Central Park de Nueva York cargado con jaulas llenas de pájaros.

Motivado por su afición a la obra de William Shakespeare, Schieffelin abrió las jaulas y liberó a los pájaros.

Pero lo que ocurrió después, cambió la ecología de Estados Unidos para siempre.

¿Qué tiene que ver exactamente el dramaturgo británico con un problema ambiental en suelo estadounidense?

Aves y teatro

Los pájaros aparecen a menudo en las obras de teatro y poemas de Shakespeare.

60 especies de aves aparecen en las obras de Shakespeare.

“(Shakespeare) usa a los pájaros para expresar la profundidad del sentimiento romántico en Romeo y Julieta. Los usa para expresar el chillido de búhos en la noche en Macbeth y el Rey Lear. Los usa con finalidad dramática”, le dijo a la BBC Drew Lichtenberg, de la Shakespeare Theater Company.

Chovas, cuervos, cormoranes, búhos, ruiseñores y alondras figuran entre las 60 especies que aparecen en las obras del dramaturgo británico, que durante siglos inspiraron a los amantes de las aves.

Schieffelin amaba a los pájaros y también amaba la obra de Shakespeare.

Inmigrante alemán, era miembro de la Sociedad Estadounidense de Aclimatación, que tenía como objetivo introducir plantas y aves de Europa en el “Nuevo Mundo”, para generar comodidad y familiaridad en la nueva nación de América.

Así que, juntando sus dos pasiones, Schieffelin decidió que sería una gran idea introducir la mayor cantidad posible de los pájaros mencionados por el dramaturgo en América del Norte.

Aquella mañana de invierno de 1890, liberó 60 estorninos en Central Park con la esperanza de que pudieran reproducirse.

La Sociedad Estadounidense de Aclimatación ya había liberado otras especies de aves -algunas de las que comúnmente se encuentran en las obras de Shakespeare, como los ruiseñores y las alondras— pero ninguna había sobrevivido.

Un año después, Schieffelin lanzó 40 estorninos más.

No había muchas razones para pensar que los estorninos tendrían mejor suerte que los intentos con las otras especies… pero aquel centenar de estorninos sí logró prosperar.

Desafortunadamente.

Un desastre en los campos y en el aire.

Ahora hay alrededor de 200 millones de estorninos en América del Norte.

Agresivos y corpulentos, causan devastación en hábitats y en los cultivos de los agricultores.

Se estima que, cada año, esta especie invasora causa casi US$1.000 millones en daños a cosechas, particularmente árboles frutales.

Estornino comiendo una fruta.

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Los estorninos causan pérdidas millonarias en cosechas de frutas.

Son tan engorrosos que figuran entre las pocas especies de aves que no están protegidas por ley.

Pero además son un gran problema para el mundo de la aviación.

Cuando un grupo de estorninos choca contra un avión los efectos son devastadores.

En 1960 causaron el accidente por golpe de pájaro más mortal de la historia de la aviación.

Las aves entraron en los motores de un avión cuando despegaba del aeropuerto Logan de Boston, y la aeronave se estrelló, matando a 62 personas.

Una plaga

En EE.UU. hubo varios intentos para acabar con ellos en más de un siglo.

La gente les ha disparado, ha tratado de envenenarlos, atraparlos o asustarlos.

En los años 40, la Casa Blanca incluso probó altavoces que emitían sonidos de búho y las columnas alrededor del Capitolio estaban equipadas con cables electrificados.

Bandada de estorninos.

FUENTE DE LA IMAGEN, GETTY IMAGES

Los estorninos vuelan en bandada, y dejan en el cielo curiosas formas.

Nada funcionó. La población de estorninos siguió creciendo y se convirtió en una plaga.

Hay algunos factores que explican por qué la población de estorninos ha crecido tanto.

Para empezar, su gregarismo los protege frente a aves depredadoras más grandes.

Además, los estorninos acosan y expulsan a otras aves de sus nidos.

De hecho, los científicos creen que hay una correlación entre la gran cantidad de estorninos y el declive de especies nativas como el pájaro carpintero carirrojo, el vencejo y el azulejo.

Son una especie omnívora, por la que puede explotar una amplia gama de alimentos, desde invertebrados, hasta semillas y frutas.

Su visión binocular combinada con las características de su pico les permite encontrar alimentos en climas más fríos mejor que otras aves, lo que significa que no tienen que migrar a climas más cálidos en invierno.

Irónicamente, a diferencia de otras aves mucho más presentes en su obra, Shakespeare solo menciona a los estorninos una vez en “Enrique IV”.

Hotspur se rebela contra el rey y piensa en formas de atormentarlo, y fantasea con la idea de enseñarle a un estornino a decir “Mortimer”, el nombre de uno de los enemigos del rey.

Y, sin embargo, esa única mención es la causante de un auténtico desastre ambiental.

FUENTE: BBC NEWS MUNDO – Naturaleza

China casi completa está de duelo.

Es decir, un quinto de los habitantes de la tierra llora hacia sus adentros, como es costumbre allá. Ha muerto a los 90 años el famosísimo –para ellos– Yuan Longping, creador del arroz híbrido, una modificación genética que terminó con 10.000 años de hambrunas, acaso para siempre. Los posteos son millones y uno vale de ejemplo: “Nunca he dedicado un minuto a agradecer a Yuan cada vez que como arroz. Y me avergüenzo. Él garantizó que ninguno de nosotros volviese a tener hambre. Si alguien quiere saber cómo China pasó de ser el undécimo país más pobre a la segunda  economía del planeta en 70 años, él es una de las razones”.

Los experimentos de este agrónomo comenzaron en los ’60, cuando Mao quiso industrializar China de un coletazo de dragón con el “Gran Salto Adelante”. Movilizó a las masas a producir fuera de las ciudades –represas, caminos, túneles– e instaló un millón de hornillos en el fondo de las casas campesinas para producir acero. Se apeló al fervor ideológico sin incentivo económico y avanzaron en la colectivización de la tierra, desviando parte de su mano de obra a la ingeniería pública. Sumado a una sequía, fue el peor fracaso de Mao con millones de muertos por hambre entre 1959 y 1963. Eso fue atestiguado por Longping: “No había nada en el campo; se comía pasto, semillas, raíces de helecho, corteza de árbol y arcilla blanca… vi cinco personas junto al camino muertas de inanición”. Conmocionado, se propuso “trabajar para que el pueblo chino tenga suficiente comida”.

Longping aplicó las leyes genéticas de Mendel combinando especies de arroz. Se propuso encontrar en la naturaleza mutaciones superiores a la más común y transmitir sus genes. Para eso se lanzó a viajar. Dio con la que buscaba en la isla de Hainán y en 1973 demostró su teoría haciendo injertos: creó un súper arroz que rindió 30 por ciento más. El “padre del arroz híbrido” –el más consumido del mundo– fue clave en la casi cuadruplicación de la producción arrocera china desde 1950 a hoy.

La china es la única gran civilización más o menos homogénea –idioma, escritura, matrices de pensamiento– varias veces milenaria que existe de manera continua: son casi 5000 años de historia documentada. Mucho antes del primigenio reino Xiade hace 4200 años, el descubrimiento de la técnica arrocera los había sedentarizado junto al río Amarillo. Eso hizo apetecibles a los chinos para los mongoles, quienes comenzaron a asediar desde el norte, generando la Gran Muralla para detenerlos.

La evidencia más antigua de consumo de arroz apareció en la Cueva Yuchanyan, datada en 14.000 años. El cultivo comenzó hace más de 9500 años y se desperdigó a Persia, India, Egipto y el Mediterráneo. La concepción del tiempo y la vida se volvió cíclica en China a partir del arroz: arado con búfalos en primavera, desmalezado en verano, cosecha en otoño y almacenado en invierno. Acaso como reflejo de esto, el fluir del tiempo es circular en la cosmovisión del tao, sin comienzo ni fin (el pasado está siempre presente y se mira mucho atrás).

La ciencia agrícola es tan antigua en China que sus libros técnicos se escriben desde hace 2500 años. En los campos de arroz se cohesiona una cultura que sobrevive –incluso en la ciudad– cultivando con métodos manuales que han cambiado poco. Mientras los europeos tuvieron desde la prehistoria las fuentes de caza y pesca más a mano, los chinos se agruparon en aldeas arroceras –en casas monoambiente para tres generaciones– con cada familia muy vinculada al vecino y trabajando en común, embarrada hasta las rodillas y codos con la espalda doblada, acechadas por cobras. Desviaban ríos, cavaban canales y moldeaban estanques, aplanaban laderas en terrazas, trasplantaron plantines en línea yendo marcha atrás, inundaban y drenaban, cosechaban, pelar el grano y almacenaban. Todos empujaban en equipo: así se normaliza durante 10.000 años el rigor del espíritu colectivo chino, amenazado por constantes sequías, inundaciones e invasiones que generaban hambrunas (ese modo de trabajo los vemos en los supermercados chinos). Así de precaria fue la vida en China hasta que Longping creó su arroz híbrido.

Esta civilización surgió a partir de un primer grano de arroz plantado por un chino alguna vez. Mezclado con azúcar, se lo usó como adhesivo entre ladrillos de la Gran Muralla, la Ciudad Prohibida y las tumbas Ming. Ese grano modificó el paisaje desde el río Amarillo hasta la costa sureste: las aldeas se levantaban junto a campos de arroz y los canales eran vías de conexión. Hoy son megalópolis.

El confucianismo jerárquico que rige en cada familia ha sido teoría de Estado para 23 dinastías y brotó de esa lógica comunitaria: Confucio sistematizó lo que ya estaba en el aire. Y el sujeto como engranaje obediente pasó a estar subsumido al grupo –que se autorregula a partir de la mirada del otro– respetando toda autoridad familiar y estatal, en función de mantener en la tierra la armonía celestial del Tao (el valor supremo de la estabilidad está por sobre el de la libertad individual). Así la circunstancia natural cinceló la cultura y la garra tigre asiática se afiló por diez milenios en esos campos: no hubiese habido China sin arroz. Y en algún punto, China sigue funcionando como una gran aldea arrocera que avanza hacia un norte fijo, sin titubeos. Tan medular es la cultura agraria, que el dogmatismo impuesto por Stalin al marxismo se dobló, trocando proletariado por campesinado. El saludo más común es “¿has comido?”. Y comer significa en China, arroz. Desde esta perspectiva, se dimensiona la figura de Longping, el héroe nacional que multiplicó la potencia del arroz.

Superada la etapa de subsistencia, el gran dragón rojo necesita proteína cárnica sobre el cuenco de arroz del guerrero corporativo industrial y digital, para dar el salto al podio de primera potencia mundial que alguna vez ocupó: 407 millones de cerdos, 95 millones de vacas y 5 mil millones de gallinas chinas se alimentan del nuevo grano elemental, la soja.

Longping cedió su conocimiento al Instituto Internacional de Investigación en Arroz y fue a India, Madagascar y Liberia a enseñarlo. En 2004 recibió el Premio Mundial de Alimentación y en 2008 llevó la antorcha olímpica. En 2019 le dieron la Medalla de la República, el mayor honor en China (solo 8 personas lo han recibido). Para el presidente Xi Jinping, la seguridad alimentaria es una de sus grandes metas y los medios han resaltado al “padre del arroz híbrido”, quien una vez declaró que soñaba con crear espigas de arroz altas como una persona. En SinaWeibo –Twitter chino– la noticia de su muerte fue vista por 3400 millones y otro millón le dio like a un posteo que reza “tres veces al día, cuando disfrutemos la fragancia del arroz, serás cariñosamente recordado”.

En su Changsha natal, decenas de miles desfilaron con barbijo ordenadamente, día y noche, frente al féretro. Uno declaró a Global Times: “Mi tío murió de hambre y mi padre dice que gracias a Yuan, eso ya no ocurre”. Desde hace un tiempo, una universidad y un asteroide se llaman Yuan Longping.

FUENTE: Página 12 – Julián Varsavsky

CIENCIA Y ECOLOGÍA

Una carta perdida revela que Einstein predijo los supersentidos de los animales

Décadas antes de que supiéramos que los pájaros podían “ver” el campo magnético de la Tierra, Albert Einstein hablaba de la posibilidad de que existieran supersentidos no descubiertos.

Una antigua carta del matemático y físico Albert Einstein podría haber descifrado interesantes pensamientos sobre los sentidos de los animales incluso antes de que se presentaran al mundo pruebas empíricas siete décadas después.

La carta, escrita a un ingeniero curioso en 1949, arroja nueva luz sobre sus esclarecedores puntos de vista sobre los pájaros, las abejas y sus vínculos con la física, según un estudio sobre la correspondencia.

La consulta original del ingeniero Glyn Davys, que inició la correspondencia, se ha perdido, pero a juzgar por la respuesta de Einstein, la pregunta de Davys tenía que ver con la percepción animal y lo que ésta puede decirnos sobre el mundo físico.

“Es posible que la investigación del comportamiento de las aves migratorias y de las palomas mensajeras pueda conducir algún día a la comprensión de algún proceso físico que todavía no se conoce”, escribió Einstein al final de su breve carta.

Las ideas de Einstein parecen correctas, una vez más

Más de 70 años después, sabemos que la corazonada de Einstein era acertada. Las pruebas sugieren ahora que las aves pueden percibir el campo magnético de la Tierra gracias a unos fotorreceptores especiales que tienen en sus ojos y que son sensibles a los cambios sutiles del campo magnético del planeta. Esto es lo que les permite migrar miles de kilómetros sin perderse.

Otros animales, como las tortugas marinas, los perros y las abejas, también muestran una extraña capacidad para percibir los campos magnéticos de nuestro planeta, aunque no necesariamente a través de los ojos.

“Es asombroso que [Einstein] concibiera esta posibilidad, décadas antes de que las pruebas empíricas revelan que varios animales pueden efectivamente percibir los campos magnéticos y utilizar esa información para la navegación”, escriben los investigadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén, donde la carta fue donada recientemente.

Einstein en su estudio de Berlín en 1921.

“Conozco bien la admirable investigación del Sr. v. Frisch”

A juzgar por el contenido de la carta, todo parece indicar que Einstein respondía a una pregunta de Davys, refiriéndose al trabajo del premio Nobel Karl von Frisch, famoso por su estudio experimental sobre la comprensión del comportamiento de las abejas y su percepción sensorial. 

En la nota mecanografiada, Einstein admite que conoce bien a Karl von Frisch, el cual sugiere que las abejas melíferas navegan en dirección y distancia desde la colmena hasta una flor a través de un lenguaje simbólico de danza, y el patrón de polarización del cielo es una “indicación eficaz para la orientación de las abejas”.

Cuando el 7 de julio de 1949 se pusieron a disposición del público los nuevos hallazgos de la investigación de Von Frisch sobre la percepción sensorial de las abejas, el ingeniero Glyn Davys debió de encontrarlos fascinantes, lo que le animó a escribir a Einstein preguntándole por la implicación de la física en el organismo biológico y en el desarrollo de nuevas tecnologías. La carta de respuesta de Einstein no fue dada a conocer hasta la muerte de Davys en 2011.

Mientras que Davys parece estar más interesado en cómo este nuevo conocimiento biológico puede informar a la tecnología futura, Einstein sostiene que necesitamos más investigación biológica. 

“No veo la posibilidad de utilizar esos resultados en la investigación relativa a las bases de la física”, respondió Davys. “Solo podría ser el caso si se revelara un nuevo tipo de percepción sensorial, resp. de sus estímulos, a través del comportamiento de las abejas”.

Desde que se envió la carta, hemos aprendido mucho sobre el comportamiento de las abejas y sobre cómo perciben el mundo estos curiosos insectos. Sin embargo, a pesar de décadas de investigación, aún queda mucho misterio. Los mecanismos exactos por los que los animales perciben la luz o perciben el campo magnético de la Tierra todavía se están desvelando, y puede que no sean los mismos para todas las especies.

Fuente: FEW (The Conversation, Journal of Comparative Physiology A.)

Chomsky y su libro más reciente, “Cooperación o extinción”

Noam Chomsky: “Nos encontramos en un período de extinciones masivas”.


Para el lingüista, filósofo y politólogo estadounidense, la clave reside en la movilización popular y constante. “El activismo puede llegar a ser muy influyente”, sostiene.


La inminencia de la extinción es uno de los ejes centrales que aglutina al activismo del siglo XXI.

Los niveles de carbono en la atmósfera, más elevados que en cualquier punto anterior de la historia humana, aumentaron con celeridad hasta más de cuatrocientas partes por millón, muy por encima de las trescientas cincuenta partes por millón hasta las que se considera que el nivel es seguro. La destrucción de la vida en la Tierra no es un relato apocalíptico, producto de la desmesurada imaginación medio-ambientalista o de un grupúsculo perturbado de la comunidad científica. 

“Cada año, cerca de treinta millones y medio de personas se ven obligadas a desplazarse por causas de desastres naturales como inundaciones y tormentas; se trata de una de las consecuencias vaticinadas del calentamiento global y significa casi una persona por segundo, es decir muchísimas más de las que huyen por causa de la guerra y el terrorismo.

A medida que los glaciares se derritan y el nivel del mar aumente, algo que hará peligrar los suministros de agua de un vasto número de personas, estas cifras seguirán aumentando”, advierte Noam Chomsky, lingüista, filósofo y politólogo estadounidense, uno de los activistas más influyentes del mundo, en Cooperación o extinción (Ediciones B).


El libro –que se puede leer junto a En llamas de Naomi Klein—despliega una recopilación de textos que surgieron a partir del “Encuentro con Chomsky”, celebrado en Bastón a mediados de octubre de 2016, en el exterior de la histórica iglesia de Old South, donde se congregó una multitud de jóvenes que se extendió a lo largo de dos manzanas. La charla de aquella tarde tenía el título de “Internacionalismo o extinción”.

El cuerpo principal del libro lo constituye el discurso original del autor de Hegemonía o supervivencia, Estados fallidos y ¿Quién domina al mundo? Entre los materiales se incluye la transcripción de una conversación en el mismo encuentro con Wallace Shawn, un activista comprometido, más conocido como dramaturgo y actor; y las preguntas que formularon los que asistieron al encuentro con las respuestas de Chomsky.

Además de la emergencia climática, los otros dos temas fundamentales fueron la amenaza nuclear y el peligro que entraña el debilitamiento del sistema democrático en todo el mundo.


Chomsky, que nació en Filadelfia el 7 de diciembre de 1928, adquirió su primera conciencia política estimulado por las lecturas en las librerías de los anarquistas españoles exiliados en Nueva York.

Tenía once años cuando publicó su primer artículo sobre la caída de Barcelona y la expansión del fascismo en Europa. Su activismo político arrancó con la movilización contra la guerra de Vietnam. Si entonces llamó la atención, fue porque como profesor de lingüística en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), él pertenecía a una universidad que investigó bombas inteligentes y técnicas de contrainsurgencia para la guerra de Vietnam.


Para Chomsky extinción e internacionalismo están asociados en “un funesto abrazo” desde una fecha precisa: 6 de agosto de 1945, cuando el presidente de Estados Unidos ordenó los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki. A partir de aquel fatídico día la humanidad entró en una nueva era: la era atómica. “Lo que no se percibió entonces es que surgía una nueva época geológica que hoy conocemos con el nombre de Antropoceno, la cual viene definida por un nivel extremo de impacto humano sobre el entorno”, explica el lingüista estadounidense y agrega que la era atómica y el Antropoceno constituyen una amenaza dual para la perpetuación de la vida humana organizada. 

“Está ampliamente reconocido que nos encontramos en un sexto período de extinciones masivas; el quinto, hace sesenta y seis millones de años, se atribuye por lo general al impacto de un gigantesco asteroide contra la superficie de la Tierra, lo que supuso el final del 75 por ciento de las especies del planeta.

Este acontecimiento puso fin a la era de los dinosaurios y allanó el camino al apogeo de los pequeños mamíferos y, en última instancia, de los humanos, hace unos doscientos mil años”.


Hace tiempo que la capacidad de los seres humanos para destruirse unos a otros a escala masiva está fuera de duda. El Anthropocene Working Group confirma que las emisiones a la atmósfera de CO2 (dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero de origen humano) están aumentando a la tasa más elevada existente en sesenta y seis millones de años.

Aunque Chomsky no se detiene a analizar cada uno de los datos disponibles, pone el foco en algunos aspectos alarmantes. 

“El deshielo de los glaciares del Himalaya podría acabar con las reservas de agua de toda Asia Meridional, es decir, de varios millones de personas. Solo en Bangladesh se espera que en las próximas décadas emigren decenas de millones por la única razón del aumento del nivel del mar, debido a que se trata de una planicie litoral costera. Será una crisis de refugiados que hará insignificantes las cotas actuales, y se trata nada más que del comienzo”, aclara el lingüista estadounidense y recuerda que los Acuerdos de París, alcanzados en la COP 21, en 2015, supusieron un desarrollo a los esfuerzos internacionales por evitar la catástrofe.

Debería haber entrado en vigencia en octubre de 2016, pero la mayoría republicana en el congreso, conocida por su sistemático negacionismo, no estuvo dispuesta a aceptar ningún compromiso vinculante.


Entonces acabó saliendo un acuerdo voluntario que Chomsky califica como “mucho más flojo” por el cual se llegó a una resolución para reducir de forma gradual el uso de hidrofluorocarburos  (HFC), gases de efecto invernadero super contaminantes. El Partido Republicano es la organización “más peligrosa en toda la historia de la humanidad” para el lingüista estadounidense.

La envergadura de la ceguera es tan preocupante que Chomsky elige un fragmento para estimular el debate y a la vez sorprender: “No puedo imaginar límites a la osada depravación de los tiempos que corren, en tanto los agentes del mercado se erigen en guardia pretoriana del Gobierno, en su herramienta y en su tirano a la misma vez, sobornando con liberalidad e intimando con sus estrategias de opciones y exigencias”.

Esta cita la pronunció James Madison en 1791, varios años antes de convertirse en el cuarto presidente de Estados Unidos (1809-1817).


No se puede esperar que las soluciones lleguen de los sistemas de poder organizados, estatales o privados. Para Chomsky la clave reside en la movilización popular y un activismo constante.  “El activismo popular puede llegar a ser muy influyente, lo hemos visto una y otra vez; el compromiso de los activistas desde hace cuarenta años ha puesto los problemas medioambientales en la agenda política, quizá no lo suficiente pero, con todo, de forma crucial y significativa”, reconoce Chomsky en una parte de Cooperación o extinción.

Claro que del dicho al hecho hay un largo trecho. El propio autor revela cómo a pesar del cambio drástico en el mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial una gran parte de la población se mantuvo como antes: tradicional en lo cultural y premoderna en muchos sentidos. “Para el 40 por ciento de los ciudadanos estadounidenses, el trascendental problema de la supervivencia de la especie no es demasiado relevante, ya que Cristo va a regresar entre nosotros en un par de décadas, de manera que todo quedará resuelto. Insisto; hablamos de un 40 por ciento”, resalta  Chomsky para no perder de vista la importancia que tiene la religión en una porción significativa de la ciudadanía estadounidense.


Chomsky comenta un libro de Arlie Hobschild (Strangers in Their Own Land), una socióloga que se fue a vivir a un área pauperizada de Luisiana durante seis años para estudiar a los habitantes desde dentro.

Se trata de la zona profunda pro-Trump del país. “Los productos químicos y otros elementos contaminantes derivados de la industria petroquímica están causándoles graves daños, pero se oponen por completo a la Agencia de Protección Medioambiental (…)

Ven a la Agencia como un grupo de gente de ciudad con un doctorado, que va hasta allí y les dice cosas como que no pueden pescar, pero que a la industria petroquímica ni le chistan.

Así que, ¿qué utilidad tiene? No les gusta que les quiten el trabajo y les digan con su acento culto lo que pueden y no pueden hacer, mientras que ellos se ven asediados por toda la situación”, plantea Chomsky como ejemplo para que los activistas conozcan las profundas razones y reticencias que tendrán que vencer.

En el reto sin precedentes por la supervivencia de la civilización no hay tiempo que perder.


FUENTE: PAGINA 12 – Silvina Friera

Científicos descubren nueva utilidad de un invento “no comprendido completamente” de Nikola Tesla de hace 100 años

Un invento de Tesla de hace 100 años es realmente útil en formas que los científicos no habían previsto, según una nueva investigación.


Retrato de Nikola Tesla (1857-1943) en su laboratorio.


Tesla obtuvo una patente por el dispositivo que creó en 1920, uno de los muchos inventos innovadores creados por el ingeniero y futurista.


Nikola Tesla ha sido reconocido durante mucho tiempo por su trabajo científico y sus inventos, entre otros, por sus contribuciones al diseño del moderno sistema de suministro de electricidad de corriente alterna.

Ahora, científicos han estudiado con más detalle uno de sus inventos menos conocidos y creen que pueden haber encontrado nuevos usos para él en el mundo moderno.


Según ha descubierto un equipo de investigadores tras realizar una serie de experimentos con réplicas del diseño de principios del siglo XX, una válvula inventada por Tesla hace un siglo no solo es más funcional de lo que se creía, sino que también tiene otras aplicaciones potenciales en la actualidad.


La “válvula Tesla”


Las conclusiones del experimento, publicadas en la revista Nature Communications, sugieren que el dispositivo de Tesla, al que llamó “conducto valvular”, podría aprovechar las vibraciones de los motores y otras máquinas para bombear combustible, refrigerantes, lubricantes y otros gases y líquidos.


La válvula microfluídica de Tesla –a menudo llamada simplemente válvula Tesla– es una especie de conducto de forma extraña para fluidos en el que un canal principal está intercalado con una serie de bucles de desviación en forma de lágrima. Los bucles están orientados de tal manera que los fluidos fluyen fácilmente en una dirección, pero cuando se invierten, el flujo queda casi totalmente bloqueado.


“Es sorprendente que este invento de hace 100 años aún no se comprenda del todo y pueda ser útil en las tecnologías modernas de formas aún no consideradas”, explica Leif Ristroph, profesor asociado del Instituto Courant de Ciencias Matemáticas de la Universidad de Nueva York y autor principal del trabajo.


“Aunque Tesla es conocido como un mago de las corrientes eléctricas y los circuitos eléctricos, su trabajo menos conocido para controlar los flujos o las corrientes de fluidos estaba realmente adelantado a su tiempo”.


Para entender el funcionamiento de la válvula, los investigadores reprodujeron el diseño de la válvula Tesla y la sometieron a pruebas que medían su resistencia al paso del flujo en las dos direcciones.

La velocidad de flujo “enciende” el dispositivo

En general, según reportó EurekAlert!, citando a la Universidad de Nueva York, descubrieron que el dispositivo responde un poco como un interruptor. A bajas velocidades de flujo no hay diferencia en la resistencia para los flujos hacia delante y hacia atrás, pero a partir de una determinada velocidad de flujo el dispositivo se “enciende” bruscamente y comprueba o resiste significativamente los flujos inversos.


“Lo más importante es que este encendido se produce con la generación de flujos turbulentos en la dirección inversa, que “taponan” la tubería con vórtices y corrientes perturbadoras”, explica Ristroph. “Además, las turbulencias aparecen a velocidades de flujo muy inferiores a las que se habían observado hasta ahora en tuberías de formas más estándar: hasta 20 veces menos velocidad que las turbulencias convencionales en una tubería cilíndrica o un tubo.

Esto demuestra el poder que tiene para controlar los flujos, que podría utilizarse en muchas aplicaciones”.


Y lo que es más interesante, la válvula funciona mejor con un flujo que no es constante, sino que viene en pulsos u oscilaciones. Esto podría hacerla ideal para su uso en entornos con muchas vibraciones. “Podría utilizarse para aprovechar las vibraciones de los motores y la maquinaria para bombear combustible, refrigerante, lubricante u otros gases y líquidos”, según Ristoph.

FUENTE: FEW (Nature Communications, The Independent, EurekAlert!)