El emblema arquitectónico porteño que se volvió una zona de pobreza y exclusión.

Las recovas de Alem, Paseo Colón y Once descienden de la pionera Recova de la Plaza Mayor como cuna del comercio minorista.

La calle techada hace de espacio bisagra entre un exterior y un interior. Hacia cuadras de este tipo se dirige este recorrido, en torno a las dos herederas de una pionera, la Recova de la Plaza Mayor que marcó la expansión del comercio. Demolida por el intendente M.T. de Alvear, en 1883, la vieja y sucia recova de la carne y la verdura del día selló la identidad futura de las lúgubres recovas del Bajo y el Once, esas que, para Roberto Arlt, en sus Aguafuertes porteñas, “son recovas de una sola tristeza”.

Un sábado a la tarde, o un día hábil después de las 18, cada recova porteña es un salto al vacío: no hay a quién preguntar, a quién saludar. Un domingo al anochecer produce un aturdimiento de silencio difícil de explicar. Todos se fueron. “Proyecto de recova —dijo Arlt de la del Once—, la última y la más inexpresiva. Fue otra cuando los mazorqueros gritaban ‘Viva la Santa Federación’”. Allí, Jorge García, del histórico bar Gildo, salón vacío, describe el cambio de público: “Por Gildo —fundado por su padre, un inmigrante asturiano, a mediados del siglo XX— pasaban los trabajadores cuando la Argentina tenía fábricas y frigoríficos. Este local abría a las 5.30; después de la pandemia, abre a las 8, hasta las 19. A partir de que oscurece, los indigentes vienen a dormir a la recova”.

Las farolas de la revoca de Alem, a la altura de Perón.DIEGO SPIVACOW / AFV

Cuenta Jorge que el público cambió totalmente, con la llegada de los inmigrantes senegaleses. “La gente viene a comprar la mercadería que ellos venden. Cuando yo era chico, venía la gente del Oeste a comprar al Once: la ropa de blanco y el abrigo. Ahora, son personas de paso que vienen a abastecerse de mercadería para revender en su kiosco, en su pueblo. Vienen con el dinero justo, y comen de paso; son clientes golondrina”.

De 25 familias que sostenían el local de Gildo, hoy son cuatro los empleados que dan la cara ante los pocos fieles y los comerciantes mayoristas del “Interior” que se detienen a picar algo; hay bife de costilla, guiso de mondongo o de lentejas; supo hacerse la tradicional buseca; y se ven unos tentadores kinotos en almíbar, que al final se prueban, con un aromático café de máquina antigua. Las persianas de metal empiezan a bajar, pero no cesa la promoción de ofertas: tres por dos en pares de zapatillas; dos por uno en lencería erótica; cuatro por tres en libretas.

A la noche, la recova de Alem se vuelve refugio para personas en situación de calle. Rodrigo Nespolo – LA NACION

Pese a la prohibición, los manteros persisten: diez barbijos por 100 y carteras de colores flúo, los más requeridos por las señoras que bajaron de un ómnibus y los cargan en enormes bolsones negros estilo bolsa de residuos.

 “Las tías”, como las reconocen en la cuadra techada, meten todo eso, y bombachas y corpiños, que llevan a sus respectivas localidades bonaerenses, celebrando el milagro de un par de zapatillas New Balance a poco más de 3000 pesos, aunque la N luzca un poco mocha. Después, se lanzan con igual fruición sobre la lencería rosa del comercio Iara íntima, uno entre los 17 locales que ahora mismo aceleran el descenso de las persianas. Empieza a llegar, disimulada y cauta, la masa durmiente. Buscan el techo y las paredes que amparan en la noche negra; y el retiro, el vacío.

Se apaga la recova, entre cajas de cartón que hacen de colchones y dicen “Frágil”, y restos de papelería y telgopor que se usaron durante el día para envolver y contener paquetes. Como su prima hermana, la feria de La Salada, la recova del Once es un polirrubro que admite el vestido de fiesta junto al gris pantalón de jogging.

La recova de Once, frente a la Plaza Miserere. DIEGO SPIVACOW / AFV

Pese a la restauración de sus arcadas, y la limpieza profunda de 2017; y pese a la expulsión de los manteros, el mismo año (y su re-expulsión cuando, en 2021, volvieron a poblar el área), la recova está siempre igual a sí misma: “Grasiento humo negro sobre el gentío; clima charro de frontera latinoamericana”, la lapidó el cronista Enrique Espina Rawson, en el site Fervor x Buenos Aires. Otros, en cambio, más anónimos, aman y le cantan a ese afanoso trajín de pueblo, esa cumbia, esa vitalidad hecha canturreo de vendedores y movimientos frenéticos.

Contrastes del Bajo

Allí donde la no existencia de la estación de trenes desliga a la recova de peatones apurados y oferta de productos replicados de originales inaccesibles, el avance gentrificador instala rarezas como el Mercado de los Carruajesel típico patio de comidas gourmet que cada vez que desembarca en un barrio confirma su incorporación a la tesorería de las mercancías territoriales—. Ya pasó con Barracas, Villa Crespo, Chacarita: junto con los sabores renovados y las mesitas afuera llegó una suba impresionante de los precios de lo básico y lo exclusivo. Ahora está pasando en un sector del Bajo, pegadito a las torres de Puerto Madero.

La recova del hoy Mercado de los Carruajes. Ignacio Sanchez – Hernan Zenteno

Donde antes hubo caballerizas de la Presidencia, en un edificio construido a fines del siglo XIX (de elegante fachada de ladrillos, arcadas y cúpula), a metros del antiguo Palacio de Correos —hoy CCK—, la recova de Alem demuestra el potencial transformador de su género urbano. Qué distinto es caminarla —con cierta ansia claustrofóbica, siendo olorosa, oscura— de verla y disfrutarla desde afuera, yendo por el centro de la avenida (por las plataformas del Metrobus del Bajo), esquivando personas, valorándola en perspectiva. Su luz blanca mortecina, en la primera cuadra desde la Casa Rosada, vira a al amarillo de sus farolas mucho más amigable, llegando a la calle Perón.

Una vista nocturna de la recova de Alem. Rodrigo Nespolo – LA NACION

Los containers semiabiertos y la multitud de moscas gigantes no alcanzan a esmerilar la monumentalidad de la recova de Alem, que alberga piezas urbanas únicas como el local de Pachín (sándwiches de bondiola a 450 pesos), con toda la vibración de la salsa y la cumbia combinadas con los humos de las achuras asadas. 

Calle de contrastes, Alem, entre Lavalle y Tucumán, hace que las torres posmodernas de enfrente reflejen los edificios antiguos y el collage se termina de configurar con un cartel de viejo hotel y un pedacito del Luna Park, que hace del conjunto una mixtura increíble de capas de épocas. Más allá está el recuerdo de la bohemia periodística y literata que circulaba entre la Editora Abril (lamentablemente sin placa recordatoria, donde hoy hay un edificio deshabitado con vacías oficinas en alquiler, en Alem esquina Paraguay) y el Bárbaro. Así van pasando las tardes en esa avenida de unos pocos balcones de estilo francés, con algo del espíritu antiguo del viejo boulevard enmarcado por joyas del racionalismo arquitectónico, como el imponente edificio Comega, de 1934.

Un tramo de la recova de Paseo Colón. DIEGO SPIVACOW / AFV

Pero de la Casa Rosada hacia el sur, la recova de Paseo Colón conduce a un territorio más áspero, al que —por su desertificación a deshoras, o su condición diurna de mero lugar de paso entre bancos, organismos públicos y compañías aseguradoras en viejas torres híper vigiladas con guardias y cámaras— ni se atreven los sin techo. En días hábiles, el gusto del café clásico de Comet —esquina Belgrano— o la fachada del despampanante edificio Lahusen —prueba de la influencia alemana en la urbe, reseñada por Fabio Grementieri y Claudia Shmidt en el libro Alemania y Argentina— proveen momentos de alegría inusual. Y son un patrimonio hecho de combinaciones y conexiones inauditas, junto al Railway Building —de la esquina con Alsina—, sede de oficinas de ferrocarriles, con su prodigiosa cúpula alta y angosta al estilo faro y sus resonancias victorianas.

Un fin de semana, la recova de Paseo Colón es árida y desguarnecida —sin ni siquiera la luz tenue de las farolas de su continuación, en Alem—, sin ningún comercio abierto, ni siquiera un kiosco, permitiendo sentir, intenso y profundo, el humo de los humedales incendiados que baja por el río, y el aire apocalíptico se plasma en la desolación, la ausencia de humanos y los ecos de la aguafuerte arltiana (que la define como “triste y larga como el vía crucis”) sin opacar, pese a todo, un borde urbano de una riqueza descomunal que, ni aun flagelada, desaparece. Ahí está, inamovible a través del tiempo —ya lo dijo Arlt— la aureolada y triste poesía de la recova: “La tristeza de los bolsillos sin dinero, la de los inmigrantes sin esperanza, la de los vencidos sin refugio”.

Imagen de portada: Las Recovas de Buenos Aires

FUENTE RESPONSABLE: La Nación. Argentina. Por Julián Gorodischer. 19 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Ciudad de Buenos Aires/Argentina/Pobreza/ Migrantes/Indigencia.

 

 

 

 

Para Thays la felicidad está «más en la nobleza de un bosque que en el lujo sin verde”.

EL 7 DE SEPTIEMBRE DE 1898 SE INAUGURÓ EL JARDÍN BOTÁNICO en la Ciudad de Buenos Aires.

Llegó de Francia con 40 años y muy poco tiempo le llevó a Carlos Thays enamorarse de Buenos Aires y de una joven porteña. Entre 1891 y 1895 terminó 22 nuevos paseos en una ciudad en la que solo existían 27. A 124 años de la apertura de una de sus obras más emblemática, el Jardín Botánico, su figura se agiganta en una ciudad en la que hoy se promueve más el cemento que el verde.

Nació en París pero soñó con una ciudad que no conocía, que bien podía ser cualquier capital de América o Europa. Una ciudad verde. Un lugar donde pudiera respirar, mirar el cielo. Con árboles que den sombra y cobijo. Con arbustos y flores en los que los colores jugaran con aromas y formas. Una ciudad donde las calles y las avenidas, las plazas y los parques hagan el mundo más habitable. Y la vida, más vivible.

Carlos Thays cambió para siempre la fisonomía de la Ciudad de Buenos Aires, dejando también su huella en las distintas provincias argentinas. La biografía va a decir que nació en París el 20 de agosto de 1849, que llegó a la Argentina con 40 años para hacer el Parque Sarmiento de la Ciudad de Córdoba, que no se fue más. Y también que era paisajista, urbanista, naturalista, arquitecto, periodista y escritor. Pero Thays fue, por sobre todo, el hombre que contribuyó a hacer la ciudad que soñaba.

durante la construcción del Jardín Botánico.

Hijo de un tipógrafo belga que murió cuando él era un niño, Thays fue discípulo del paisajista y botánico francés Édouard-Francois André. Artífice de los parques de Montecarlo, Montevideo y Luxemburgo, André fue quien lo recomendó para su primera gran obra argentina: el Parque Sarmiento de la capital cordobesa.

Dispuesto a regresar a Francia, lo retuvo el amor y la posibilidad de crear los espacios verdes, tanto públicos como privados, más significativos de Buenos Aires. El amor por Cora Venturino, de solo 16 años -él tenía 41- y con quien tuvo dos hijos (Ernestina y Carlos León), perpetuó la pasión por el paisajismo y el diseño (otros Carlos Thays continuaron su sangre y su camino).

En una banco sentado, Thays contempla la marcha de las obras en los Bosques de Palermo.

La apuesta por la ciudad verde llegó de la mano de su designación, en 1891, como Director de Parques y Paseos de la Ciudad. A partir de allí su trabajo no se detuvo. El impacto que tuvo sobre una ciudad que a fines del siglo XIX tenía escasas zonas arboladas y contadas plazas y paseos, aún persiste. Ahí están para atestiguarlo el Parque Tres de Febrero (los populares “Bosques de Palermo”) y el Jardín Botánico.

Su labor alcanzó más de 150 obras que todavía pueden reconocerse. En Buenos Aires realizó más de 70 paseos, parques y plazas, en tanto que en las provincias suman 22 los emprendimientos en los que participó. A esto deberían sumar 43 jardines en residencias privadas y 42 parques en estancias particulares, según el relevamiento realizado por Sonia Berjman en el libro “Carlos Thays. Un jardinero francés en Buenos Aires”, editado en 2009 por la Embajada de Francia en la Argentina.

El lujo y el verde

El viejo portón del Parque Lezama, otra creación del genial francés.

“La felicidad anida más en la nobleza de un bosque que en el lujo sin verde”, supo escribir Thays, para quien la proliferación de espacios naturales estaba directamente relacionada con la calidad de vida y, por lo tanto, debía ser accesible a todos, más allá de las diferencias de clase que marcaban la Argentina de la época.

Estaba convencido de que los parques no tenían que ser un privilegio de los ricos ni limitarse al paseo y a la contemplación de la naturaleza. Por eso contribuyó a crear un espacio púbico que incorporara áreas de juegos, gazebos destinados a la interpretación musical, espacios para practicar deportes y baños de uso público.

Los Bosques de Palermo hacia 1931.

Contribuyó así al desarrollo de un nuevo entramado urbano, donde los parques y paseos articularan con boulevares y calles arboladas. Hasta tal punto que se lo puede considerar el “inventor de la sombra porteña”, ya que promovió que se plantaran más de 150.000 árboles en las calles de Buenos Aires.

Entre las particularidades de su diseño se destacan los parques, donde solía incluir caminos curvos y también rotondas, además de lagos y puentes donde las dimensiones lo permitían. En tanto que allí donde el espacio era más reducido apostaba por diseños más regulares y simétricos.

Una particularidad de su labor arquitectónica fue el Parque Centenario, cuya geometría resultó circular, con viviendas obreras rodeándolo en forma de anillo.

El Jardín Botánico en toda su belleza.

EL JARDÍN BOTÁNICO, SU FLOR MÁS BELLA

El 7 de septiembre de 1898 se inauguró el Jardín Botánico de Buenos Aires. La iniciativa comenzó a gestarse seis años antes, cuando Thays propuso a la intendencia de Buenos Aires construir un “Jardín Botánico de Aclimatación” en los terrenos donde en la época colonial funcionaba “el Almacén de la Pólvora”.

El flamante Jardín Botánico tenía poco más de siete hectáreas y estaba ubicado en el mismo lugar donde aún funciona, en el perímetro circunscripto por las avenidas Santa Fe, Libertador, Las Heras y la calle República Árabe Siria, en el barrio porteño de Palermo. El diseño del lugar estuvo a cargo del propio Thays, en lo que se constituyó en una de sus obras más importantes.

El parque, que nació con fines científicos, recreativos y paisajísticos, pronto reunió la flora de las provincias argentinas, a la que se sumó la proveniente de diversos países del mundo. En poco tiempo se convirtió en un centro de investigación botánica de relevancia internacional.

El Botánico, designado con el nombre de su creador en 1937, reúne en la actualidad más de 1.500 especies vegetales y fue concebido por Thays con tres tipos de diseño paisajístico: Simétrico, Mixto y Pintoresco.

Sus jardines cuentan con 27 obras de arte, entre esculturas, bustos y monumentos. Además albergan a la Biblioteca Botánica (tiene unos 1000 libros y 10000 publicaciones de todo el mundo), el Museo Botánico, cinco invernaderos y una bella casona estilo inglés, actual sede de la administración del predio y donde Tahys vivió entre 1892 y 1898.  

Buenos Aires y más allá

El Parque Centenario, tal vez, una de sus obras más originales.

Las intervenciones de Thays resultaron de este modo decisivas para la fisonomía de Buenos Aires. En sólo cuatro años (1891-1895) terminó 22 nuevos paseos en una ciudad en la que hasta ese momento solo existían 27.

El naturalista creó, amplió o remodeló plazas y parques emblemáticos de la ciudad, como los parques Centenario, Lezama, Ameghino y Avellaneda. También las Barrancas de Belgrano y las Plazas Constitución, del Congreso y de Mayo.

Thays también se ocupó de los barrios más alejados, su labor todavía perdura en las plazas Olivera, Matheu, Díaz Vélez, y de parques más populosos, como Chacabuco, de los Patricios y Los Andes.

Pero su obra no se limitó a la Capital Federal. Además de su intervención inicial en el Parque Sarmiento (Córdoba), se destacan, entre muchas otras, la remodelación del Parque 20 de Febrero (Salta) y la creación de los parques 9 de Julio (San Miguel de Tucumán), Independencia (Rosario), General San Martín (Mendoza), Urquiza (Paraná) y Sarmiento (Azul, provincia de Buenos Aires).

La flora también

El Parque Chacabuco tiene el sello de Thays.

Thays se dedicó también a conocer la flora a través de numerosas expediciones científicas por distintas regiones del país. Estas le permitieron no solo conocerla sino también estudiarla en el Jardín Botánico de Buenos Aires, creado por iniciativa suya. En el libro “Las flores naturales de la República Argentina”, publicado en 1913, da cuenta de parte de sus investigaciones.

A su labor se debe también la presencia de flora autóctona en buena parte de las calles, plazas y parques de Buenos Aires, a donde llegaron especies del norte del país, como lapachos, ceibas, jacarandás, tipas y palos borrachos, entre muchas otras.

El compromiso que Thays tenía con la flora autóctona lo llevó a trabajar en el primer proyecto para la creación de un Parque Nacional en el país, el Parque Nacional Iguazú, en la exhuberante selva misionera, que finalmente se concretará en 1934, año de su muerte. 

Pero la labor científica de Thays tuvo uno de sus puntos más altos con la creación de un método que contribuyó a la producción industrial de la yerba mate: logró hacer germinar las semillas al someterlas a una prolongada inmersión en agua a elevada temperatura. El “Sistema Thays” se propagó en el noreste del país.

El encanto de las Barrancas de Belgrano

“El hombre, sobre todo el que trabaja, necesita distracción y ¿acaso hay alguna cosa más sana, más noble, más verdadera, cuando se sabe apreciarla, que la contemplación de los árboles, de las hermosas flores, cuando son dispuestas con gusto?”, se preguntaba Thays.

Tal vez esa búsqueda, que transformó la fisonomía urbana de Buenos Aires promoviendo los espacios verdes y la naturaleza, hable de la vigencia de Thays. También de la apuesta por vivir mejor en las grandes ciudades.

Carlos Thays falleció el 31 de enero de 1934 en Buenos Aires. Tenía 84 años. Una multitud diversa, compuesta por estudiantes y obreros, acompañó sus restos al Cementerio de la Chacarita. Todos tenían algo que agradecerle.

Si deseas ver el video; cliquea el siguiente link. Muchas gracias.

Carlos Thays y el Jardín Botánico. Por REP

Imagen de portada: Carlos Thays, el hombre que verdaderamente transformó a Buenos Aires.

FUENTE RESPONSABLE: Télam. Argentina. Por Daniel Giarone. 6 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Buenos Aires; Argentina/Carlos Thays/Homenaje/Bosques de Palermo/Parque Centenario/Jardín Botánico.

 

5 perlitas arquitectónicas para admirar en Buenos Aires.

Fueron construidos por distintos motivos y hoy son grandes atractivos para locales y turistas. En algunos se hacen visitas guiadas. Uno de ellos es Patrimonio Nacional.

Este edificio muestra una clara influencia catalana. Foto: Flickr

A lo largo de su vasta extensión, Buenos Aires guarda entre sus calles algunas de las joyas arquitectónicas más emblemáticas del país. Producto de riqueza cultural aportada por la inmigración, mansiones, palacios y residencias fueron erigidos dándole a la ciudad una impronta cosmopolita. 

Así, Argentina esconde lugares con historias particulares que son desconocidas para la mayoría de los turistas que caminan maravillados por las calles admirando estas construcciones. 

Te invitamos a descubrir 5 entre los tantos que alberga la ciudad: 

1. Palacio de los Lirios 

Se trata de uno de los edificios más representativos del modernismo catalán en Buenos Aires. A principios del siglo XX, el ingeniero argentino Eduardo S. Rodríguez Ortega diseñó este edificio, que permite identificar como la influencia de Gaudí se extendió más allá de Cataluña. 

Se encuentra en el barrio Balvanera, más precisamente en Avenida Rivadavia 2031, detrás del edificio del Congreso. Fue construido para Miguel Capurro entre 1903 y 1905. Tiene una planta baja y 3 pisos. Predomina una línea general ondulante, de la que participan los muros, los balcones, el enrejado y la baranda superior, que tiene forma de hombre barbudo. 

La temática principal es la botánica. La ornamentación simula tallos y flores de lirio, que recorren todo el edificio en forma ascendente y simulan sostener cada uno de los balcones formando las rejas. En su interior, las paredes lucen un fino marmolado. 

Lamentablemente no se organizan visitas guiadas. Sólo se lo puede admirar por fuera. 

2. No Hi Ha Somnis Impossibles

Se encuentra a pocos metros del Palacio de los Lirios. Fue construido por el mismo arquitecto, Eduardo Rodríguez Ortega, y también da cuenta de la influencia que tuvo Gaudí sobre él

El edificio fue construido en 1907 como espacio de alquiler de habitaciones. Consta de una planta baja y entrepiso ocupado por un gran local destinado al comercio. A eso, le siguen 4 pisos de departamentos y una terraza de 350 metros cuadrados

Un dato poco conocido es que su hermosa cúpula está dividida en 3 niveles. La parte baja alberga 3 ventanas que miran hacia la esquina, en el siguiente nivel hay un gran dormitorio y en el último nivel hay un telescopio de grandes dimensiones para la observación estelar. La frase «No Hi Ha Somnis Impossibles» está en catalán y quiere decir «No hay sueños imposibles»

Se encuentra en la intersección de las calles Rivadavia y Ayacucho

3. Edificio Otto Wulff

Está ubicado en el barrio de Monserrat, en la intersección de las calles Belgrano y Perú. Este singular edificio fue construido sobre el solar que ocupó la denominada «Casa de la virreina vieja», una importante residencia del siglo XVIII.

Es uno de los tantos edificios diseñados por el arquitecto danés Morten F. Rönnow, de la escuela Jugendstil. La construcción inició en el año 1912 y finalizó en el año 1914.

Sus cúpulas son las más originales de la ciudad. Están yuxtapuestas y rematadas con el sol y la corona, símbolos del imperio austrohúngaro. Forma parte del Catálogo de Edificios de Valor Patrimonial de la ciudad y es una de las pocas construcciones realizadas en ese año en hormigón armado. Con 60 metros, en su momento, fue el edificio más alto de Buenos Aires

Actualmente, allí solo funcionan oficinas.

4. Confitería El Molino

Integra tres edificios con diferentes estructuras y una gran fábrica de alimentos en su subsuelo. Fue construido en 1916 por el arquitecto Gianotti para Cayetano Brenna. Su inconfundible estilo Art Noveau profusamente decorado, se puede ver en salones en los que se utilizó la técnica del hormigón armado. Está frente al Congreso de la Nación.

Estuvo abandonado más de un siglo, hasta que en 1997 fue declarado Patrimonio Histórico Nacional, gracias a lo cual fue completamente restaurado

Los pasteleros Constantino Rossi y Cayetano Brenna crearon la confitería El Molino a finales del siglo XIX, en homenaje al primer molino harinero de Buenos Aires

5. Palacio Barolo

El edificio fue realizado por el arquitecto Mario Palanti por encargo de Luis Barolo, entre 1919 y 1923. En esta construcción se mezclan lo medieval el hinduismo, historicismo, con soluciones tecnológicas de avanzada para la época.

Inspirado en la Divina Comedia de Dante Alighieri, está dividido en 3 partes: el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. El Barolo fue el primer edificio de hormigón armado de casi 100 metros de altura y está rematado por un faro giratorio de 300.000 bujías en el piso 22.

Fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1997. Se realizan visitas guiadas. Las vistas que regala son únicas. 

Imagen de portada: Teatro Colón

FUENTE RESPONSABLE: Descubri.com.ar 

Sociedad y Cultura/Ciudad de Buenos Aires/Argentina/Joyas arquitectónicas

Felipe Pigna y una historia argentina a partir de los nombres de las calles.

El historiador analiza en su nuevo libro la nomenclatura de las calles y avenidas porteñas, aunque su trabajo pued extrapolarse a cualquier punto del país ya que los nombres de las arterias principales suelen repetirse. En diálogo con Télam, contó cuáles son los nombres que faltan o que deberían cambiarse en la Ciudad de Buenos Aires.

El libro más reciente del historiador Felipe Pigna, “Calles”, propone una recorrida por la ciudad de Buenos Aires con la mirada puesta en los nombres de sus calles, concebidos como vestigios de la historia argentina.

El resultado de esa búsqueda onomástica, publicado por Editorial Planeta, no es un atlas y tampoco un diccionario. Sin embargo, dedica una buena parte de su extensión a inventariar alfabéticamente las calles que tienen nombres de personas. El texto da origen de esta manera a una colección que se completará con otros tomos dedicados a la reseña de las calles con nombres relacionados con la geografía, la botánica, la astronomía o el arte.

Pero a ese inventario onomástico se suma el análisis certero de Pigna sobre las denominaciones elegidas. Es entonces cuando surgen datos capaces de sorprender al lector, como que el 94% de las calles y avenidas tienen nombres masculinos y solo un 6 % femenino y que la  mitad de los barrios porteños no tienen una sola arteria con nombre femenino. También que Sarmiento y Colón son las dos calles más repetidas, con 13 y 14 calles respectivamente, y que en las dicotomías políticas, los unitarios se impusieron holgadamente a los federales y los radicales a los peronistas y en el éjido porteño solo un anarquista logró dejar su marca: Antonio Soto, sindicalista y líder de la Patagonia Rebelde.

Aunque la revisión del autor de “Los mitos de la Argentina” y las biografías de Manuel Belgrano y Eva Perón está centrada en la ciudad de Buenos Aires, el análisis puede extrapolarse a cualquier punto del país ya que los nombres de las arterias principales suelen repetirse en las grandes ciudades o los pueblos pequeños.

Foto Victoria Gesualdi

Foto: Victoria Gesualdi

Sobre su mirada respecto de la cartografía porteña y los nombres que faltan o que deberían cambiarse en la ciudad.

¿El origen del libro está en una serie de columnas radiales?

Exactamente. Son los temas de las columnas que he tenido en radio a lo largo de los años. Actualmente estoy en “La inmensa minoría” con Reynaldo Sietecase en Radio con vos. Siempre busqué responder a la curiosidad de la gente para saber el origen del nombre de la calle que vivía. Por eso me pareció interesante entonces convertirlo en un libro recopilando esa información.

¿Cómo definirías el libro, ya que tiene una gran parte onomástica y otra de análisis de los nombres de las calles?

Está el diccionario onomástico y la otra parte que es un análisis de la cartografía porteña. Analizo los nombres de las calles teniendo en cuenta los temas.

Y surgen datos interesantes como la marcada impronta masculina en las calles, que vino a saldar el barrio más reciente de la ciudad: Puerto Madero…

Sí. La cuestión de género es tremenda. El 94 % tienen nombre de varón y solo un 6% homenajean a mujeres.

Puerto Madero el nico barrio que tiene solo nombres de mujeres en sus calles

Puerto Madero, el único barrio que tiene solo nombres de mujeres en sus calles.

«Calles” no es un texto aislado sino que da origen a una colección…

Sí. Es solo el primer tomo y se refiere a las calles con nombres de personas. Pero habrá otros con fechas. Hay gente que vive en la calle 14 de Julio o 3 de Febrero y no sabe qué sucedió en esa fecha. En todos los casos habrá una primera parte temática, de análisis, y una segunda parte onomástica para que la gente busque lo que quiera.

También analizás las tendencias políticas y contás que hay muchas más calles que recuerdan a unitarios que a federales…

Hay un bando que tiene más representatividad. Claramente los unitarios han ganado la guerra en las calles. Hay una inmensa mayoría de ese bando y muy pocos federales. Juan Manuel de Rosas no tiene una calle en la ciudad y Juan Facundo Quiroga es una arteria donde no vive nadie porque es una avenida de circunvalación. Incluso la calle El Chaco puede mover a engaño ya que no recuerda a Ángel Peñaloza sino a un libro de Sarmiento que es absolutamente contrario al caudillo.

Rosas no es la única ausencia…

-F.P.: Hay una ausencia notable de pueblos originarios, y, por el contrario una gran cantidad de militares. Son más de 350.  tiene donde nadie vive porque es una una avenida Circunvalación que está detrás de lo que era el parque Times la casa del Chacho puede llamar a engaño porque la gente puede suponer que son homenaje Ángel al libro de Sarmiento que es un folleto completamente contrario.

Pero además hay una ausencia notable después los originarios de homenaje a los pueblos originarios, una gran cantidad de militares, hay más de 350 militares.. Algunos muy merecidos que tienen que ver con las campañas de la Independencia y otros muchos más cuestionables como el coronel Ramón Falcón. La segunda calle más larga de Buenos Aires que homenajea a un policía represor, actor de una masacre de obreros en el año 1909.

A partir de tus búsquedas sobre las calles porteñas, ¿te han llegado consultas desde el interior bonaerense y las demás provincias del país?

Sí, pero la denominación de calles se repite en todo el país. Hay una gran coincidencia. Muchas de las calles de acceso o el bulevar central de los pueblos y ciudades se llaman Bartolomé Mitre. Y después en algunas localidades se producen cruces extraños como San Martín y Alvear que fueron enemigos en vida.

Foto Victoria Gesualdi

Foto: Victoria Gesualdi

Marcás un cruce extraño en el barrio de Belgrano, entre el Cabildo que fue el germen de la Revolución de Mayo y los virreyes a los que ella combatió.

Claro. Es insólito que la avenida que homenajea a la Revolución de Mayo con el famoso Cabildo del 22 de mayo esté cortada por una gran cantidad de Virreyes. Es toda una incoherencia. Y que esto suceda en el barrio de Belgrano, que fue uno de los protagonistas del primer gobierno patrio. No se piensa en el homenajeado.

Hay otras “revanchas” en la cartografía porteña…

Sí. La casa de los Dorrego estaba en lo que era el parque de artillería y hoy es Tribunales. A esa plaza le pusieron Lavalle y el monumento de quien fusiló a Dorrego miraba precisamente hacia la casa de su familia. Ocurrió también en el Parque Tres de Febrero, en Palermo, con el monumento a Sarmiento que quedó ubicado donde estaba la cama de Rosas ya que esa zona era su residencia. Y hay más aún, la avenida principal del parque Tres de Febrero se llama Sarmiento, el gran enemigo de Rosas.

Después de tu repaso pormenorizado, ¿qué nombres le faltan a la ciudad de Buenos Aires?

Para mí faltan personajes del rock que ha nombrado a muchísimas calles de Buenos Aires en sus letras y la ciudad no se lo ha retribuido. También el tango que tiene una representatividad muy pequeña. Tenemos enormes exponentes del folklore que no tienen su calle.

En busca de salvar esas ausencias contás la iniciativa para sumar nombres de mujeres…

Sí. Un grupo de mujeres reunió 990 nombres de mujeres notables para contestar los argumentos machistas que decían que no había tantas mujeres famosas y por eso había nombres masculinos. La deuda se empezó a saldar en Puerto Madero por una idea de una socióloga de Mar del Plata, Leticia Maronese, quien en 1995 propuso que para paliar el déficit en el resto de la ciudad, el nuevo barrio podría tener en sus calles solo nombres de mujeres.

Pero el mapa quedó desbalanceado porque el 50% de los barrios porteños no tienen una sola calle con nombre de mujer, así que si sigue siendo este evidentemente es una gran desproporción.

También hay calles que “sobran”, que deberían ser reemplazadas…

Además de Falcón, Venancio Flores, un uruguayo que participó en  guerras civiles en su país y provocó un golpe de estado y que en el territorio argentino protagonizó la matanza de Cañada de Gómez que se produce después de la derrota de Pavón, donde hay 200 prisioneros del ejército de Urquiza rendidos a los que se pasa a degüello. 

Y a pesar de ese accionar es una calle muy larga de Caballito, y en cambio a Juan José Castelli, el orador de la revolución le tocan solo tres cuadras. Yo creo que la dimensión de las calles también importa, si vive gente, si es un pasaje o una avenida.

LAS CALLES EN LA VIDA DE PIGNA

Cuenta el autor de “Calles” que nunca tuvo que investigar a quién homenajeaba la arteria en que vivía. Desde chico, vivió en calles y avenidas con nombres emblemáticos.

“Es muy curioso porque he vivido y trabajado en calles con  mucha historia”.

Luego enumera: Boulogne Sur Mer (el lugar donde murió José de San Martín), Reconquista (por la victoria patriota en las Invasiones Inglesas), Medrano (uno de los diputados del Congreso de Tucumán), Avenida Corrientes (por la provincia ), Defensa (de nuevo las invasiones inglesas)  y Perú (el país latinoamericano). 

Sobre la época en que vivía en Medrano 119, en el barrio de Almagro tiene una anécdota muy entrañable con Quino, el creador de Mafalda. “Vivíamos en el mismo edificio en Medrano y Bartolomé Mitre. Un día me lo crucé y forjamos una linda amistad. Lo curioso es que un día me pidió que lo acompañase a la juguetería que quedaba en la esquina, que se llamaba Cachavacha y ya no está más. Ahí compró un autito de juguete que le sirvió de modelo para dibujar el Citroen que usaba la familia de Mafalda en las historietas”.

Imagen de portada: Felipe Pigna (Victoria Gesualdi)

FUENTE RESPONSABLE: Télam Digital

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Hotel Jousten: la princesa de los cuentos de Borges y su palacio en el bajo porteño.

En el comienzo de la historia del hotel Jousten hay una princesa y un terreno baldío; en el último capítulo, la puesta en valor de un espléndido edificio en la esquina de 25 de Mayo y Corrientes, pleno bajo porteño. 

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Anclado sobre la barranca, justo ahí donde cae suave la pendiente en dirección al río, el Jousten emerge renovado entre las arquitecturas de gran porte que hacen al paisaje de la zona, felizmente viva tras el largo silencio que impuso la pandemia. Nada es para siempre, aunque la vigencia del hotel desmienta ese mantra. Hace casi un siglo que está intacto, y ahí.

La espléndida fachada del Hotel sigue intacta

La espléndida fachada del Hotel sigue intacta.Hotel Jousten

“Aprovechamos la época de crisis de salud pública, donde nos vimos obligados a cerrar, para remodelar el hotel: en las áreas públicas como el bar, el restaurante, el lobby, y, además, se realizó una nueva decoración en las habitaciones. De esta manera, ya se encuentra operativo, ofreciendo el servicio de calidad de siempre en espacios totalmente renovados”, asegura Diego Chourrout, director general y a cargo de la gestión del NH Collection Jousten, cadena a la que pertenece desde 1998. La propuesta elaborada por el estudio TBC, Interior Design + Architecture, con sede en Madrid, buscó rescatar los aspectos originales de la propiedad combinándolos con materiales y piezas contemporáneas adecuadas a las exigencias del viajero post covid, que ya no es exclusivamente corporativo. Los pasillos que enhebran las antiguas habitaciones -distribuidas en nueve pisos, más una torre central en el remate – ahora son íntimos y coloridos gracias a detalles como las alfombras con estampas vegetales de Christian Lacroix y unas confortables poltronas en las áreas de descanso.

En las habitaciones predominan muebles de perfecta factura y en los sectores comunes se privilegiaron los tonos dorados, espejos y asientos de diseño que invitan a disfrutar un café o un trago after office sin necesidad de estar hospedado, una decisión que seguramente hubieran aplaudido sus primeros proyectistas.

Tonos cálidos, espejos y muebles confortables en el nuevo lobby

Tonos cálidos, espejos y muebles confortables en el nuevo lobby. Hotel Jousten

Una historia con acento francés

Hacia 1925 María Lidia Lloveras Doufur, princesa de Faucigny Lucinge, soñaba con reproducir en Buenos Aires su château francés. La “Colorada Lloveras” (como se la conocía en su juventud, por su cabellera rojiza) había heredado de sus padres unas cuantas propiedades y terrenos desparramados sobre la avenida Corrientes (entonces más angosta) entre el Obelisco y Leandro Alem; pero no queda claro si en esa esquina estaba originalmente su residencia y si ésta fue demolida luego para levantar el emprendimiento. 

Lo cierto es que encargó los planos al cuñado de su hermana, el arquitecto e ingeniero Raúl Pérez Irigoyen y a su socio Luciano Chersanaz. La obra comenzó al año siguiente y finalizó en 1928 con la inauguración del entonces presidente de la Nación, Marcelo Torcuato de Alvear.

Vistas espectaculares al rio y Puerto Madero

Vistas espectaculares al rio y Puerto Madero. Hotel Jousten

Las crónicas de la época recuerdan la elegancia de su interior: mayólicas de España, columnas talladas en yeso; pisos y escaleras de mármol traído de una cantera de las afueras de Carrara, Italia, pasamanos de hierro forjado hecho por dos herreros de renombre internacional. El mobiliario y la decoración eran de la antigua casa Nordiska, nada menos.

La fachada es notoria desde cualquier ángulo, y en especial vista dentro del conjunto vecino: su aire neoplateresco, una versión del barroco español, destaca entre la silueta lacia del Comega y el lenguaje clásico de la Bolsa de Comercio, obra de Alejandro Christophersen. 

Un gran arco de acceso, custodiado por dos soldados de armadura realizados en bajorrelieve, invitaban a subir las escaleras hacia la planta baja del Jousten. Al principio de los tiempos, a la derecha se ubicaba el salón para señoras y, del lado izquierdo, el de lectura, mientras un pasillo hacia el fondo conducía al subsuelo donde funcionaba el famoso restaurante El Faisán que, por estar sobre una marcada pendiente, asomaba hacia el este. 

En el primer piso se disponían la sala de desayuno junto a la cocina y el salón de fiestas hacia 25 de Mayo. Dicen que en la esquina hubo un local comercial con ingreso propio, y que en la azotea del piso 9 hubo un bar y restaurante con terraza al aire libre, espacio que más tarde sería destinado a las suites.

Nuevo mobiliario en las habitaciones

Nuevo mobiliario en las habitaciones. Hotel Jousten

Una princesa venida a menos

Amiga del escritor Jorge Luis Borges, y musa de varios de sus relatos, María Lidia no tuvo precisamente un final de cuentos. Había sido inmensamente rica pero su marido el príncipe había dilapidado su fortuna, dejándola sin un peso. 

En Borges a contraluz, la escritora Estela Canto revisa algunos pasajes más tristes de la vida de esta princesa porteña, que para entonces ya había perdido el hotel. “Como ya dije, Borges tomó la costumbre de quedarse a comer afuera, después de sus conferencias, con algunas de sus amigas más asiduas. Las favoritas éramos la princesa de Faucigny-Lucinge, Ema Risso Platero, Delfina Mitre, a quien él llamaba ‘la mística práctica’, y yo. 

Bor­ges tenía una especial debilidad por la princesa y creo que, al nombrarla, sacó del olvido a una persona que, a su manera, fue importante para él. María Lidia Lloveras, princesa de Faucigny-Lucinge, era una mujer más bien baja, algo entrada en carnes, de más de cincuenta años, con el pelo teñido de un tono rojizo. En su juventud la llamaban ‘la Colorada Lloveras’. Buena parte de las manzanas de la calle Corrientes, en el tramo comprendido entre Leandro Alem y el Obelisco, le había pertenecido. 

Con esto, su pelo rojo y su trato amable, no tuvo dificultades en conquistar uno de los primeros tí­tulos nobiliarios de Francia. Su marido, Bertrand de Fau­cigny-Lucinge, recuperó al casarse su estatus principesco y se dedicó a dilapidar las rentas de la princesa.

Pero en la Argentina sucedió algo peor. Como apoderado y adminis­trador de su fortuna, había nombrado a un po­lítico conservador de renombre. 

Este caballero no demoró en hacer que pasaran a su cuenta personal las cuantiosas propiedades de la princesa ausente. El príncipe, viendo que las rentas disminuían, abandonó a su mujer, o tal vez ella, alarmada, lo abandonó. 

De todos modos, tuvo que volver sola a la Argentina y, tras perder algunos pleitos, vivía aho­ra de una modesta pensión y de la ayuda que le prestaban sus amigas” recuerda el texto. “Era una mujer espontá­nea, cordial, que soportaba con estoicismo la pérdida de su fortuna, algo penoso en todas partes, catastrófico en la Argentina. La princesa era despreciada por haber perdido esa for­tuna. La sociedad prefería olvidarla. Borges compensa­ba esto de alguna manera. Él siempre la llamó ‘princesa’ y nunca se tomó la li­bertad de tutearla, como era costumbre entonces en ciertos medios”.

Una barra nueva en la city

Una barra nueva en la city. Hotel Jousten

Segundas oportunidades

Ni un cazafortunas, ni una dictadura, ni una pandemia pudieron con el edificio. Las topadoras podrían haberlo volteado en 1980, cuando cerró sus puertas porque el gobierno de facto no atraía a los turistas. 

La propiedad entró en una larga y triste decadencia, hasta que en 1998 la cadena española se hizo cargo del negocio. Su renacer fue una suerte de lección en medio de la voracidad de los desarrollistas por cada metro cuadrado de la ciudad.

Hacia el 2000, una respetuosa restauración le devolvió el brillo, al punto de alcanzar la distinción de la Sociedad Central de Arquitectos y ser declarado Testimonio Vivo de la Memoria Ciudadana por haber mantenido su carácter y aspecto originales, mérito de los estudios de arquitectura Urgell-Fazio-Penedo-Urgell, Fernández-Otero y Caparra-Entelman y Asociados; y de la constructora RT Construcciones. La fachada sigue intacta, solo perdió las rejas artísticas del acceso y el local en la ochava, reemplazando la puerta por una ventana que hoy permite agradables visuales desde el nuevo bar. Una segunda oportunidad que Buenos Aires y los vecinos agradecen…

Imagen de portada: La espléndida fachada del Hotel sigue intacta. Hotel Jousten.

FUENTE RESPONSABLE: La Nación. Argentina. Por Marina Gambier. 28 de junio 2022.

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