Para tod@s ustedes; amig@s virtuales amantes de las letras…

Cuentos breves. Hoy: “El mensaje de Auster”

Este relato empieza hablando de libros. También podría comenzar hablando de la soledad, pero prefiero comenzar hablando de libros, es más amable. De todas formas, la soledad va a estar allí, al final, pesada, vacía y silenciosa. Entonces, empiezo de la siguiente manera: alguien durante una charla me pide que nombre cinco libros especiales para mí. 

 

“Tus cinco libros”, dice. Respondo: “Difícil, apenas cinco”. Pero, al final, digo: “La Divina Comedia”. La leí por primera vez de muy joven, en una edición con largas notas al pie. Me impresionó desde aquellas notas, lo que había detrás de cada verso. Más tarde, sí, disfruté de los versos, y del Infierno. Sigo. “El Lobo Estepario”, Hemann Hesse. También lo he leído de muy joven. Por entonces, tuve la sensación de que estaba descubriendo las grietas de un alma torturada. Fue inquietante a mis 16 años. Casi como si leyera una especie de pornografía. 

Después, no me ocurrió más con ese libro. Tercero. “El Oficio de Vivir. El Oficio de Poeta”. Cesare Pavese. Ahí sí, un alma torturada que es capaz de desnudarse y desnudarte en frases a lo largo de toda tu vida. No se lo recomendaría a mis hijos. Cuarto. “1Q84”, los tres volúmenes de Murakami. La idea de mundos paralelos que se diferencian por detalles menores, marginales. A veces creo que existen esos planos de la existencia y que uno, incluso, puede ir alternando entre ellos sin darse cuenta y, sobre todo, sin estar loco. Vas por una calle de tu propio barrio por la que caminas todos los días y de pronto te topas con una fachada que nunca antes habías visto. 

No encuentras explicación. ¿Y esto? Ocurre. Un amigo, los llama “errores de la Matrix”. Piensa que vivimos en un programa de simulación al que, de tanto en tanto, se le tilda el disco. Yo me inclino por estos mundos paralelos. 

Por último, “El Palacio de la Luna”, de Paul Auster. Hago una aclaración: mis autores ineludibles son Popper, Auster y Borges. ¿Por qué elijo un libro de Auster y ninguno de los otros dos? Por una sola razón: Auster escribió una escena de la trama de “El Palacio de la Luna” pensando en mí, en advertirme lo que algunos años más tarde me ocurriría. 

No estoy diciendo que me sentí identificado con la escena, como sí me ocurrió con tantas escenas de tantos otros libros. Sino que Auster, quien por supuesto no sabe ni remotamente de mí, dijo al escribirla con toda su convicción: “Fernando, esta escena es sobre vos. Lo lamento tanto…”. 

Me refiero a cuando el personaje Marco S. Fogg viaja a encontrarse con su padre, del que acaba de conocer su existencia de manera fortuita. 

Es un hombre enorme, obeso, su padre, quien por una circunstancia de la novela cae de espaldas dentro de una tumba abierta de donde deben rescatarlo con una grúa. Está gravemente herido y queda internado. Marco lo visita diariamente en el hospital a lo largo de un mes. 

El padre herido apenas si se alimenta por una sonda y va perdiendo peso hasta morir, y en ese cambio de apariencia producto de la llegada de la muerte, el hijo finalmente descubre su propio rostro. En las facciones de su padre, hasta entonces ocultas por la obesidad, ve frente a frente su origen. Y entonces, sí, al reconocerse en su padre, llora; tal vez porque, en última instancia, siempre se llora por uno.

   El mío, mi padre, se enfermó unos cuatro años después de que la novela “El Palacio de la Luna” llegará traducida a la Argentina. 

Era un tipo gordo, mi padre, un tipo gordo mediterráneo, que amaba leer y conversar y que, además, amaba que yo fuera un muchacho flaco y deportista. Los dos teníamos los mismos ojos verdes. Estuvo internado dos meses, también terminal, también perdiendo peso, también unificando facciones con las mías. Cuando nos miramos justo antes de que lo sedaran, nos encontramos en nuestros ojos idénticos, y yo a su vez no pude evitar oírlo a Auster. 

De pronto, ahí, muriendo en esa cama, también estaba yo, mi rostro de carne y hueso, dentro de algunos años. 

“Esta escena va para vos… Lo lamento tanto…”, me había advertido Auster, cuatro años antes y, claro, por entonces, no lo había oído.

Imagen de la Portada: Ilustración: Guillermo Arena

FUENTE RESPONSABLE: La Nueva por  Fernando Monacelli 

Literatura/Cuentos breves/Auster/Libros

El viaje en Metro – Final

Coloco mis manos en los bolsillos de la campera; se pone a centímetros de mi rostro con mirada desafiante;

-Te lo advertí, viejo. Seguis jodiendo…ya me tenes podrido- Veo que su mano derecha va hacia la izquierda de su cintura, donde le había visto la faca.

Lo empujo; debo tener distancia. No tengo cómo defenderme. Ya no soy el joven que se ponía contra la pared y le daba martillazos a quien me quisiera pelear. Tengo que actuar con inteligencia -me dijo- . Tengo miedo, me pongo tenso. Pienso en cuánto tiempo más llegará Roberto o el móvil del 911, al que alerte.

Me saco la campera, el tipo se me viene encima y me cubro con ella. El primer puntazo lo esquivo, el segundo me roza el brazo derecho. Sangro levemente. Me pongo como “loco”, le hago una barrida a las piernas y cae al piso. Me dijo nuevamente “patealo”…no tenes otra. Le pegó un puntapié en el torso, y otro, y otro…el tipo grita de dolor … .no me interesa…estoy “sacado”, obnubilado por la “bronca”.

Su compañero al ver la escena, le arrebata la cartera a la joven quien comienza a gritar entre sollozos y se viene hacia nosotros, a ayudar a su compinche. Me la veo jodida. Pensa…José…pensa..

El tipo se me viene diciendo -“viejo, hijo de puta” ahora te voy a dar para que tengas-,, al tiempo de que el que está en el piso, se va incorporando.

El que viene saca una pistola; me veo “boleta”. Ya estoy exhausto…la herida si bien pequeña, habra tocado alguna vena y el hilo de sangre se escurre por mi brazo…

No se de donde saco el valor y le dijo – ¿Qué haces loco; me das un tiro y que? ¿Qué ganas? ¿Una causa por homicidio?…para…para-

No me responde, trata de amartillar el arma…Con las pocas fuerzas que me quedan le tomo la mano y forcejeo…

Se escucha el ulular de la sirena de un móvil…pienso será ¿la policía o una ambulancia?

El tipo se paraliza; pero sigue forcejeando. El otro al escuchar la sirena…solo le dice -Cucki, rajemos que viene la cana-

El tal Cucki se separa de mí; creo que soy boleta. Pero no, da vuelta sobre sus pasos y con el otro delincuente comienzan a correr, separándose. Cada uno por veredas distintas de la calle Valle, en sentido contrario de donde proviene el ruido ensordecedor.

En ese momento llega Roberto; baja de su auto y corre a mi encuentro. También el móvil policial. 

De este; el oficial a cargo me grita sin bajar – ¿hacia dónde se fueron?-

-Hacia Malvinas Argentinas, corriendo por veredas distintas, no se luego…-

-¿Usted está bien? ¿Y la señorita?-

-Está sollozando acá nomás; le llevaron la cartera-

-¡Bueno; dejo uno de mis hombres para que la vea y luego nos vemos, no queremos perderlos!-

Asentí; cuando ya Roberto está a mi lado-

-¿Que pasó Jose, y esa herida en el brazo?

-No te preocupes…no es nada; vamos con el agente a ver a la chica-

Al llegar donde está la joven, la ayudó a incorporarse. Me abraza, me sorprende.

-Ay señor, menos mal que usted se dio cuenta y me siguió cuando los vio en el Metro hostigando. No sé qué hubiera pasado…solloza…-

-Hice lo que haría cualquiera. ¿Usted está bien? Lamento que le hayan robado la cartera…

-Si…si; estoy bien. Físicamente, si. Pero la impotencia que tengo, por estos tipos…No se puede andar por la calle…la gente esta loca…cada vez más agresiva…¿la seguridad donde esta? ¿Quién nos cuida?-

-Le hago un gesto como diciéndole que tiene razón-

-Muchas gracias señor…no se como se atrevió a seguirnos y a enfrentarlos…no se que decirle. Vio, esta es una sociedad que cuando a alguien le pasa algo…solo muestra el “morbo” pero no ayuda a nadie.-

-No se preocupe señorita, lo importante es que Ud. se encuentre físicamente bien, al margen del susto y la aberrante situación por la tuvo que pasar. Ahora tranquilícese, que seguramente deberemos ir a la Comisaría de la zona.-

El agente que está presente me dice que lo acompañemos hasta la sede policial, a lo que ambos asentimos. Mientras Roberto al oído me dice;

-La verdad Jose; no se de donde sacaste los “huevos” para enfrentar a esos tipos, vos o sos un héroe o sos un demente.-

-No Roberto, ni uno ni otro. Nací de una mujer…y mis códigos al margen de los años no han cambiado.-

Me dio un abrazo.

Fin

Glosario:

Sacado: Argentinismo. Euforia o enojo.

Bronca: Argentinismo. Odio. Tirria.  

Me la veo jodida: Que es desfavorable; perjudicial.

Viejo, hijo de puta: Insulto no siempre necesariamente por ser un hijo de puta.

Me veo boleta: Lastimar a alguien/morir.

La cana: Argentinismo. Lunfardo. Policía.

Sacaste “los huevos”: Argentinismo. Tener valentía.

El viaje en Metro – Parte III

Los sigo; pero cada minuto que pasa camino con mayor dificultad, por esta prótesis de “mierda” en mi rodilla izquierda sumado a la derecha que me tiene a mal traer, por la que me niego seguir las indicaciones del traumatólogo, que quiere realizar también su reemplazo. ¡Mierda! Para los especialistas; no hay problema, es tan fácil. Igual el que va al quirófano, soy yo. Me digo a mi mismo -no te distraigas boludo, que esto no es broma-. 

Además se que la tensión me puede jugar una mala pasada. Estoy sudando y no por andar algo ligero; es el temor que tengo  de tener que enfrentarme a estos tipos, no solo porque son dos también porque ni les interesa lo que yo puedo hacer, me ven como un viejo curioso e “hincha pelotas” que los continúa siguiendo desde el Metro y no se detiene.

Ahora y en este preciso momento; deseo que no me agarre un ataque de pánico como aquellos que tenía, antes que me lo diagnosticaron. Necesito estar plenamente lúcido y con la repentización bien aceitada. Estoy viviendo una situación nueva y muy extraña para mí; me preguntó de dónde saqué el coraje para intentar proteger, a quien ni siquiera conozco.

Pero pienso en Roberto; que no vive lejos. Tomo el celular y me comunico con el;

-Hola-

-¡Hola, Roberto! Mira estoy teniendo una situación medio rara; ¿te podrás acercar a donde estoy, aquí en el barrio de Caballito?-

-Escuchame Jose Luis; -¿te paso algo? ¿te caiste? ¿Algún problema de salud repentino?-

-No Roberto, no. Vengo siguiendo a dos tipos que ya estaban jodiendo a una chica desde el metro, acosándola. Ahora la están siguiendo de cerca. No se que pasará.-

-Pero escuchame, ¿sos boludo vos? ¿Por qué no llamaste a algún policía? ¿Que sos un héroe de Marvel?-

-No me jodas, Roberto. Vi a un policía en las esquinas de Rivadavia y Moreno, pero ahora estoy a 3 cuadras de ahí y no veo ninguno.-

-Pero no entiendo; llama entonces al 911. ¿Qué te pasa? ¿Te agarró el viejazo?-

-Tienes razón, no lo pensé. Será por el cagazo que tengo. Voy a llamar; espero que el móvil se acerca rápido. Estos tipos, no creo que demoren en hacerle algo a la piba-

-Decime, Jose Luis ¿En Moreno y que otra estas?-

-Llegando a Juan Bautista Alberdi, en la esquina veo que hay una estación de servicio-

-Bueno, Jose Luis. Trata de llamar al 911, que yo salgo para ahí. Por favor, cuidate y no te mandes ninguna macana, que en cinco estoy.-

-Gracias, amigo. Te espero. Venite lo más rápido que puedas.-

Sigo caminando y cada vez con mayor dificultad. Cruzaron Alberdi y los sigo. ¡Carajo! Los perdí de vista a los tres, doblaron la esquina. Creo que esa es Valle. Vamos José, aguanta. ¡Apura el paso! me dije.

Doy vuelta por Valle y a mitad de cuadra, veo que los tipos la tienen a la joven contra la pared. No puede ser…me acerco; “los dos jodidos” me ven y el que tenía la faca lo veo venir hacia mi…

Continuará…

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

Glosario:

Boludo: Coloquial/que hace o dice tonterías/estupido

Mierda: excremento

Hincha pelotas: Coloquial/persona insistente/fastidiosa/que molesta.

Viejazo: Envejecer de pronto.

Cagazo: argentinismo/temor/miedo.

Macana: Error/exageración.

Jodidos: Persona mala,difícil/poco amistosa.

El viaje en Metro – Parte II

Era una obviedad, que si bien se habían levantado la mayoría de las restricciones o de aforos para el transporte público, a veces uno se encuentra con personas que no se si considerarlas “antivacuna” o “estúpidas” sin respetar ninguna de las normas establecidas. No se si lo hacen para llamar la atención, elevando su ego o resultan el conocido amig@ que a todo se opone.

Ya en ese horario; el vagón del metro no digo que explotaba de gente pero llevaba con numerosos viajeros parados. Me coloque a no más de dos metros de la joven; mientras los dos “muchachos” a no más de un metro de distancia le murmuraban obscenidades e invitaciones de todo tipo. Pensé, que solo yo los escuchaba por la cercanía, y que no era momento de hacer nada, salvo que la cosa pasara a mayores.

La línea A de uno de nuestros metros; tiene dieciocho estaciones por lo que habíamos tomado la formación en Congreso con destino final a San Pedrito, la estación en que bajaría. La joven se le había enrojecido el rostro y sus ojos, brillaban por contener su llanto. 

El cadencioso andar de la formación, su ruido y la distracción de la gente con sus “aparatitos electrónicos”, provocan que nadie salvo yo, se diera cuenta de lo que estaba sucediendo.

Calculé que tardaría unos veinte minutos en llegar a destino. Pero mi cabeza daba vueltas una y otra vez; la tensión me supera por observar esa escena y el estado de la joven. Ya llegando a la estación Acoyte, cada uno de los jóvenes se pusieron de cada lado, al ver que ella se dirigía a la puerta del vagón.

Al ver la situación, me dije a mi mismo -baja…baja aquí, algo le puede pasar a la joven-. Jamás me creí un mosquetero ni un quijote, pero tenía bien presente que ya de niño, poseía la sana virtud de proteger a las niñas quizás por como me habían criado mis padres, pero fundamentalmente mi madre ya que mi casa era de por sí un “matriarcado”, dado que mi padre estaba bastante ausente por trabajo -no solo se desempeñaba como policía, sino también hacia changas-. Es que ellos alquilaban la casa; éramos seis bocas que alimentar y darles educación a los cuatro hermanos, de los cuales yo era el más pequeño.

La formación se detuvo. Intenté pararme detrás de los sujetos; que casi ya estaban rozando a la joven. Al salir; por ser esa parada de estación aglutinante por todos los edificios que hay en la zona del barrio de “Caballito” , baje con ellos tres y cuando se dirigían en dirección a la salida por la escalera mecánica, quise interponerme entre ellos dos y la joven, pero ágilmente uno de ellos se interpuso delante mio. Me di cuenta obviamente, en ese preciso instante que los tipos ya se habían percatado de mi, quizás por la reiterada insistencia en mirarlos durante el viaje.

Pensé que tenía que actuar con cuidado, ya que no poseía las aptitudes físicas de cuando era más joven, y ellos también podrían estar armados, además de que físicamente se veían atléticos, era la situación para mi un verdadero interrogante. “Fumados o no”; debía ser certero y de ser necesario, solicitar ayuda. En la esquina de las Avenidas Rivadavia y Acoyte, uno se encuentra con mucha gente, volviendo del trabajo o paseando.

Todos subiendo por la escalera mecánica como soldados en fila, la joven, los “raros” muchachos y yo. Salimos al aire de la Avda. Rivadavia. La joven cruzó Rivadavia y tomó por Perito José Moreno, que es la continuación de Acoyte. Seguramente hacia el sur, seguida por los dos sujetos y a unos metros, yo. Repentinamente uno de ellos, dio vuelta hacia mí y al ver que continuaba junto a ellos, camino hacia mi. 

Al acercarse me dijo – “ Che papá”- ¿vos nos estás siguiendo?-

Le respondí: -No, para nada. Vivo en la avenida Goyena, para allí voy-

-Que raro; te venimos viendo desde el subte y no nos sacaste la vista de encima, mira “viejo” que si queres “joda”, te puede ir mal-

-Mire, en primer lugar no me tutee y en segundo lugar no se equivoque de consonante y no me falte el respeto-

-Escúchame; no te hagas el “canchero” que ya no tienes edad para hacerte el héroe, sabes? Y deslizó su campera, mostrando una faca sobre el costado izquierdo.-

-Me parece que estás nervioso y no se porque ni me interesa. Si queres ahí enfrente veo a un policía de la ciudad. Lo llamamos y le dijo que me estás amenazando. ¿Qué opinas?-

– Mira “viejo”, si no nos jodes la vida y decís que vas caminando para tu casa, no hay problema. Pero te repito; no se te ocurra hacer algo, sos un tipo raro, sabías, ¿no?

-Escúcheme, no tengo nada que hablar con usted; ni siquiera lo conozco. Así que vaya con su amigo y deje de jorobar. De lo contrario, le aseguro que llamaré a la policía-

-El tipo se adelantó a paso rápido, porque ya nos habían sacado unos 150 metros tanto la joven como su compinche. Apure el paso; no podía de seguir los pasos de quienes me parecían aberrantes acosadores sexuales.

Continuará…

Glosario:

Muchachos: Adultos jóvenes o adolescentes.

«Che papá» : Una expresión muy común de escuchar, en personas sin educación al dirigirse a un adulto mayor. Forma socarrona.

«Viejo»: Adulto mayor/»padre» en lunfardo.

«Joda»: «Fiesta» en lunfardo

«Canchero»: «hábil,experto an algo…» en lunfardo

«Faca» : Cuchilla hecha a mano de un fierro, generalmente utilizada en las carceles por los internos.

El viaje en Metro – Parte I

Ya atardecía, el final del invierno se anunciaba al alargarse los días. Era viernes, como siempre un caos en el tránsito. Más automóviles que cualquier otro día de la semana, siempre solo supuse sus razones.


Creía por un lado, que había gente que terminada la semana laboral, acelera el regreso a su casa, para luego irse con su familia o con amigos, a un country, a un club de campo o a las playas, no muy lejanas de la ciudad de Buenos Aires.

También el estrés laboral más pandemia; podría ser otra razón para quien no usará su automóvil, y si lo hacía los días viernes para llegar quizás más rápido a su hogar, algo que dudaba por los embotellamientos que se producen en las principales avenidas.

El transporte público ahora sin restricciones, es tremendamente agotador y hostil para el pasajero, que viaja apretujado y a veces con demora o interrupciones del servicio, por ejemplo en alguna línea del metro.

Caminaba justamente el viernes pasado por la Avenida Corrientes ya que me había encontrado con Roberto, amigo con el que no nos veíamos desde hace unos años. Las causas, son conocidas cuando uno se divorcia, ya que es muy difícil que la amistad entre las parejas continúe en el tiempo.

Teníamos tanto para contarnos, que estuvimos casi cuatro horas, poniéndonos al día sobre nuestras vidas. Eso sí, con varias ruedas de exquisito cafe «late».

Luego de dejar a Roberto, comencé a caminar hacia la entrada de la estación Congreso del Metro.

Luego de pasar mi magnética me dirigí al andén, me senté a pesar que la frecuencia rara vez supera los 5 minutos.
Como buen observador que siempre he sido, me llamó la atención porqué formo parte de la inauguración del Metro en la Ciudad, allá por el año 1913. En los últimos años, muchas estaciones – Congreso, incluida – fueron transformadas por completo, con la instalación de escaleras mecánicas, reemplazo de cerámicas en sus paredes y ascensores para personas con capacidad reducida.

Pero el entorno conocido en sí, no me distrajo como para no ver a un par de jóvenes al final del andén y a metros de ellos una adolescente, sola y sentada en uno de los pocos asientos existentes.
Si bien me encontraba a unos treinta metros del lugar; pude observar que los muchachos le decían alguna “grosería” a la niña, ya que esta se paró repentinamente y se alejó unos metros, ubicándose en uno de los lugares marcados en el piso, para el acceso a la formación que venía de la estación de Paseo Colón.

No pude de dejarme llevar; me hacian ruido las tripas ante situaciones semejantes, a pesar de que me pregunté entre dientes -¿que vas a conseguir?. Escuché que los sujetos, estaban “fumados”  porque ciertas palabras me resultaban ininteligibles, pero percibí que la niña estaba más que nerviosa, apretando su mochila contra su espalda y moviéndose de lado a lado cerca de las vías.

Como haciéndome el distraído; me acerque hasta donde estaba ella, cuando ya llegaba la formación del metro. Subió ella, los muchachos casi me llevaron por delante para subir, y yo los seguí. Presentí que algo iba a suceder. Recordé esos films en donde en el Metro de Nueva York o de Londres; facinerosos sin escrúpulos abusaban de mujeres o de ancianos…

Continuará.
..

Imagen: Gentileza PinterestNorelli A.

Glosario:

Muchachos: Adolescentes o jovenes adultos

«Fumados»: Consumo de sustancias prohibidas (Porros o cigarrillos de marihuana)

Sin nada…pero fue feliz

Tenía entre cinco y seis años; una familia humilde pero digna en esa época en donde el sacrificio, era el ejercicio nuestro de cada día; para mantener viva la esperanza de alcanzar un futuro mejor traducido en un ascenso social como así deseaban sus padres.

Habitaban una casa antigua, de las llamadas “casa chorizo” en un barrio de gente de trabajo, llamado Flores, casualmente el mismo en que nació el que hoy es el Papa Francisco. Las particularidades de las numerosas casas de este tipo, poseían la particularidad de la distribución del lado izquierdo del terreno que ocupaban ambientes uno tras otro.

Así generalmente; primero el frente de la vivienda con dos pequeños balcones con piso de marmol y frente de hierro artesanalmente fundido hacia el exterior, constituyendo esa  primera habitación lo que se denominaba como comedor, es decir un ambiente en que rara vez se festejaba algún acontecimiento, ya que en esa época era muy común que la familia tuviera como lugar de reunión y corazón de la casa, la cocina. Las ventanas de ambos balcones se encontraban protegidas por celosías de madera.

Dado que la familia constaba de seis miembros; los padres y cuatro hijos, el comedor contaba con dos sofás rebatibles que se conviertían en camas a la noche, para asegurar el sueño de las dos hermanas mayores. A continuación, otra habitación para el matrimonio y junto a su cama de dos plazas, una pequeña cama en que descansaba Roberto, el menor de la familia que no lograba dormirse, si no fuera porque su madre Sara le sostenía su mano, hasta que el sueño lo vencía.

A dicha habitación continuaba otra, la que era alquilada a terceros ya que para mantener a una familia con el único sueldo del marido y otros pequeños ingresos, se hacía difícil. Debemos ubicarnos temporalmente hace poco más de sesenta años en que los techos de estas casas eran abovedados bajados en yeso y en el exterior protegidos con chapas de zinc, lo que significaba que cada tanto el padre, se viera obligado a subir a retirar las hojas de los árboles que se juntaban en las canaletas o tapaban los desagües.

Siempre sobre la izquierda del terreno, continuaba con la cocina que carecía hasta hacía poco tiempo de gas natural y debía cocinarse con carbón o leña. También para los más chicos era el lugar ideal del baño en invierno, el que se llevaba a cabo dentro de un gran tacho de zinc, para no pasar el gélido frío de los inviernos crudos de aquella época.

Alguien se preguntará y se contestara ¿Pero cómo, no había baño? Si, obviamente había pero no con bidet, bañera o hidromasaje o bañador. En aquel entonces el baño solo poseía un lavabo simple y un inodoro, con una puerta de madera, que era una muy particular.En su parte inferior estaba abierta aproximadamente del nivel del piso unos 60 centímetros y en la parte superior igual centimetraje. Eso producía, que en invierno nadie se estuviera entreteniendo leyendo o meditando en el baño, ya que de lo contrario sufriría una hipotermia.

Al final del terreno; una escalera de chapa excesivamente ruidosa llevaba a una habitación pequeña, la que era ocupada por el hijo mayor y eventualmente por algún otro huésped.

Sobre toda la parte izquierda del terreno – pensemos que la dimensión del mismo era de 8.33 metros de frente por 23 metros de fondo.-se encontraba el patio y unos canteros a ras del piso de mosaicos en donde se hallaban algunas plantas y un par de árboles pequeños.

La entrada constaba de una puerta cancel -de dos hojas- de madera y con una cerradura común (en tiempos en donde las casas de la ciudad, generalmente se encontraban abiertas durante el día), tal que era más que rarisimo que hubiera delito alguno. Por el contrario; el vecino en aquel tiempo era más solidario que cualquier familiar que se encontraba lejos. Era común ver a las vecinas conversar amablemente de sus cosas y fabricar los “corrillos de rumores” tal cual en la “Vieja Aldea”.

Los niños tenían la posibilidad de estar jugando en la calle, en aquel momento considerada segura, en donde un vehículo a tracción a sangre (caballo) o los primeros jeep o Kaiser Carabela (fabricados en la Provincia de Córdoba) aparecian rara vez, interrumpiendo los juegos infantiles.

Hoy, ya adulto -aquel niño – es quien va describiendo los “variopinto” de una época que no volverá. Tal es así; que recuerda que las estaciones climáticas del año, eran propias de un país de clima templado como la Argentina. Así se podía observar en plena Ciudad de Buenos Aires, en invierno “escarcha sobre el espejo del agua de la vereda”, abrigos pesados, bufandas y todo lo que podía mitigar las heladas mañanas, yendo a la escuela. 

Generalmente las mismas estaban ubicadas por distrito y a poca distancia de los educandos. Así se oía hablar mucho de “los sabañones” en los dedos de las manos u otras partes del cuerpo, debido al frío. Lo que hoy resulta algo de la prehistoria, ora el cambio climático, ora la rotación de la tierra o lo que fuera. Y pensar que pasaron sesenta años.

Hoy la Argentina, se ha convertido en un país cercano a subtropical con calores extremos en verano e inviernos no tan rigurosos. Volviendo a la fisonomía del barrio, eran todas casas bajas con propietarios e inquilinos por igual. 

Un frigorífico frente a la casa que se ha descrito, llamado “Fontana” era el que daba movimiento en verano cuando hasta personas que vivían a una cuadras se acercaban a comprar una, media o un cuatro de barra de hielo en verano, para colocar en aquellas “viejas heladeras” que fueron reemplazadas con el tiempo la mayoría por las Siam o Garef. 

También varios floristas mayoristas como asimismo otros productores de manzanas, llevaban sus productos que eran refrigerados a distintas temperaturas de dicho frigorífico. 

Era más que común; que la leche se vendiera suelta y por casa, a la que arribaba siempre el “vasco” con sus tarros y medidas, que ingresaba a cada casa como un amigo más y dejaba la leche que le pedía la mujer de la casa. Lo mismo sucedía con el “carrito” de Panadería Argentina, que con sus bocinazos avisaba de su llegada al atardecer, con esos primeros panes largos “tipo baguettes” crujientes y fresquitos”. 

Así podríamos enumerar que los almacenes del barrio, que eran varios y todos tenían trabajo -vendían sueltos productos como galletitas, azúcar, arroz, legumbres, y tantos otros productos. Hasta existían vinerías, que vendían vino sueltos de los cascos que tenían en su negocio, de acuerdo a las necesidades de cada cliente.

En verano, para alegría de los chicos y de los “no tan chicos”, de la nada aparecían los blancos inmaculados de los carritos de los helados “Laponia”; únicos en ese tiempo. 

Un mes antes de las fiestas de fin de años; aparecian arrogantes un “batallón de pavos”, controlados por la larga vara del “pavero” y se detenia cuando algun vecina o vecino, lo detenía para elegir a uno de ellos, llevándolo a su casa ´para engordar a base de nueces y otras semillas, generalmente para tenerlo unos días antes de Noche Buena, en que se lo sacrificaba y se lo enviaba a alguna panadería que lo cocinaba en su horno a leña.

Así también era común que hubiera para las “señoritas” academias de “corte y confección”, “de mecanografía” o de “idiomas”, además de los estudios oficiales, para prepararlas en las tareas cotidianas del hogar. 

Hoy los “grupos feministas” que existían en aquel momento se pondrían tales como “mujeres al borde de un ataque de nervios”. 

Pudo observar el niño ya adulto, también a las vacas pasar por su calle, en donde quien las guiaba vendía leche extraída en el momento. Obviamente al ser leche cruda, se debía realizar el proceso de hervido un par de veces, para evitar cualquier problema de salud en la familia.

El hombre – gozó y se felicitó internamente por recordar tantas cosas de sus cinco o seis años-, pero se dijo a sí mismo que seguramente saldrían situaciones vividas, mientras avanzara en sus relatos.

Pero rápidamente recordó lo que lo había conmocionado a los cinco años. Como detalló, él dormía con sus padres y de la mano de su madre cada noche terminaba durmiendo, debido al cansancio del día soltando su mano. Solo recuerda que era una noche de invierno. 

Unos gritos feroces a la madrugada, que lo despertó bruscamente observando fuera de sí, a su padre martillando la pistola 45, apuntando hacia el techo diciendo frases ininteligibles, pudiendo sólo entender que pedía leche. Sus ojos se abrieron y el miedo que sintió lo petrificó. Ni sabe bien aún hoy, quién lo sacó de la habitación.

El hombre olvidó escribir, sin ningun proposito desde ya -que su padre estaba alistado hacia veinticinco años en la Policía Federal Argentina y hacía poco tiempo había estallado la Revolución Libertadora, que derrocó al Presidente Juan Domingo Perón, situación que lo había consternado seriamente pero que nadie supo darse cuenta. Además de su trabajo, a veces hacía guardia de 24 horas por 48 horas; cuando salía de su turno se dirigía a una curtiembre como a pulir vidrios, trabajos realmente insalubres pero que era necesario hacerlos para llevar un refuerzo para los gastos de la familia. 

La madre del niño, como la mayoría de las mujeres de entonces era “Ama de casa y administradora del hogar”, y a veces él se preguntaba cómo podía llegar a trabajar tanto en la casa y siempre tener el tiempo como para llevar a sus hijos a controles médicos, odontológicos o los que pudieran necesitar. Lavar a mano cada semana 12 sabanas a mano, reciclar lo que había quedado de la comida anterior, coser o tejer para toda la familia, ir a la feria en donde puesto por puesto, buscaba el mejor precio y calidad, hacer escaldar cada tanto por un colchonero la lana de los colchones, hacer que la única fiesta familiar que se festejaba en el año fuera única y especial con todo su esfuerzo, así como tantas otras cosas hacían pensar hoy al niño ya adulto que escribe esta historia, qué mejor “Mujer Maravilla” que su madre, no ha existido jamás.

Pero esa madrugada quedó grabada “a fuego” en su memoria. Para un niño de 5 años es algo que no tiene explicación. Su padre fue internado por espacio de un año en un Instituto Neuropsiquiátrico; en lo que hoy hay una Plaza llamada “El Ángel Gris” en honor al libro del escritor Alejandro Dolina por su libro Crónicas del Angel Gris. Ese Instituto ocupaba un predio entre las calles Avellaneda, Bogota, Calcena y Donato Alvarez. Al niño le dijeron que padre había sufrido una “psicosis” -como si el, en ese momento pudiera comprender de qué se trataba- El hombre asulto sí, recordaba con una pequeña opresión en su corazón, cuando llevado los días domingos visitaba a su padre, que con sus ojos claros y esa sonrisa tan blanca como siempre, lo besaba apareciendo al momento una enfermera impecablemente de blanco, que muy amablemente le daba una naranja. El lugar, recuerda, tenía muchos edificios rodeados de parques con palmeras y distintos tipos de plantas. Sí recordaba que el Director era un tal Doctor Bosch. Se enteró de esto, cuando escuchó que a su padre le habían aplicado 20 electroshock. El momento más triste era la despedida de cada domingo durante esos doce meses; todo el perímetro del Instituto se encontraba alambrado hasta una altura de más de dos metros; el niño pasaba sus pequeños dedos para sentir el calor de la mano grande y buena de su padre. No había día; en que lágrimas inundaban sus ojos…

Esto continuará de acuerdo a que el adulto -ayer niño- pueda seguir recordando en detalle. Muchas gracias.

Misterio en Giverny – Final

En lugar de extender otro préstamo a Francia, propuso Keynes, los británicos podrían inyectar dinero en efectivo a la devastada economía francesa comprando obras maestras artísticas. Así, reemplazarían efectivamente una deuda incobrable con cuadros cuyo valor aumentaría con el tiempo.

Consiguió todo lo necesario para convencer al ministro de Hacienda británico, Andrew Bonar Law, quien -según Keynes- comentó que era la primera vez que lo veía «a favor de hacer cualquier gasto», pues su trabajo lo obligaba a contar cada moneda para poder financiar la guerra.

Arte peligroso

Con el dinero en el bolsillo y la compañía de Charles Holmes, director de la Galería Nacional, finalmente llegó a París y, el 26 de marzo a las 2 p.m., a la subasta que se celebró bajo el techo de cristal de la Galería Georges Petit.

A las 3 p.m., «un bum sordo sonó fuera, como si hubiera caído una pequeña bomba», escribió Holmes en sus memorias. Asustados, algunos compradores se fueron.

A las 3:15, cuando las pinturas más importantes estaban a punto de ser ofrecidas, otra explosión sacudió el vecindario. Era el estruendo de los proyectiles disparados por un supercañón alemán a 130 km de distancia.

Más postores huyeron, los precios se desplomaron y Holmes y Keynes lograron comprar obras extraordinarias como la masiva «Ejecución de Maximiliano» de Édouard Manet, un retrato hecho por Eugene Delacroix, una campiña romana de Jean-Baptiste Camille Corot, la pequeña pintura «Edipo y la Esfinge» de Jean Auguste Dominique Ingres y el «Jarrón con flores» de Paul Gauguin.

La ejecución del Emperador Maximiliano

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La ejecución del Emperador Maximiliano es una serie de pinturas (3 en formato grande, un pequeño boceto al óleo y una litografía) que Manet elaboró entre 1867 y 1869, sobre el fusilamiento de Maximiliano I, emperador de México.

No obstante, cuando llegó el momento de ofrecer por una pintura de Cézanne, Holmes se negó.

Aunque para entonces el espinoso pintor ya había sido reconocido, al menos por algunos críticos, como un verdadero revolucionario que anuló las reglas de la pintura y las teorías convencionales del color, y era una inspiración para los artistas, todavía los museos seguían resistiéndose a colgar sus obras.

Horrorizado, Keynes adquirió la obra con su propio dinero, así como otros tres cuadros de Delacroix and Ingres que añadió a su colección privada.

Siete manzanas

Al final de la subasta, los intrépidos coleccionistas de arte abordaron un tren repleto de parisinos que huían del bombardeo alemán. Desde Boulogne, cruzaron el agitado Canal de la Mancha, en alerta máxima por minas y torpedos alemanes.

En el camino, se les unió el diplomático Austen Chamberlain, quien ofreció llevar a Keynes hasta la aldea de Charleston.

Para su infortunio, «el auto gubernamental» de Chamberlain se atascó en el barro así que a Keynes, agotado por el largo viaje, no le quedó más remedio que caminar un kilómetro hasta llegar a donde sus amigos estaban cenando, habiendo dejado el Cézanne a la vera del camino, bajo los setos.

«Maynard regresó repentina e inesperadamente tarde por la noche… ¡y dijo que había dejado un Cézanne al borde del camino!», le contó en una carta la artista Vanessa Bell al pintor y crítico Roger Fry. «Duncan (Grant) se apresuró a buscarlo y te podrás imaginar cuán emocionante fue todo».

Unos años antes, otro de los presentes esa noche, el esposo de Vanessa y crítico de arte Clive Bell, había escrito que «Cézanne es el Cristóbal Colón de un nuevo continente de forma».

Pero era difícil ver su obra en vivo y de cerca.

Ahora, ahí estaba: una pequeña pintura, titulada Pommes («Manzanas»), del artista que había declarado que quería«asombrar a París con una manzana» y lo había logrado.

«Pommes» recuperada hace unos años, tras sufrir su robo por parte de delincuentes profesionales en obras de arte, forma parte de la Colección Keynes del Provost and Fellows of King ‘s College, Cambridge.

Era «realmente asombrosa y es muy emocionante tenerla en la casa», escribió Vanessa Bell. «Es extraordinariamente sólida y viva».

Esa vivacidad la notó su hermana, la escritora Virginia Woolf, cuando, unos días después, vio la pintura de Cézanne en su casa en Londres.

«Lo llevamos a la habitación contigua y ¡cómo deslució las otras imágenes que había ahí!, como si pusieras una piedra preciosa real entre otras falsas; el lienzo de las otras parecía raspado con una fina capa de pintura barata», escribió en su diario.

«Todos nos eramos tan felices, disfrutando con esas manzanas… Cuanto más tiempo las miras, más grandes, pesadas, verdes y rojas se vuelven».

La peculiar manera en la que llegaron a Inglaterra esas manzanas de Cézanne que embelesan al círculo de Bloomsbury inspiró más tarde el título de una colección de reminiscencias sobre Bloomsbury llamada «Un Cézanne en el seto».

En ella, Quentin Bell, el hijo de Vanessa y Clive Bell y sobrino de Virginia Woolf, señaló que en el lugar «debería haber algún pequeño monumento, un pequeño obelisco, un pilar o al menos una publicación».

«Después de todo, no puede haber muchos otros setos ingleses que hayan albergado a un Cézanne».

No obstante a pesar de que la obra formaba parte de la Colección Keynes del Provost and Fellows of King ‘s College de Cambridge, fue robada misteriosamente por profesionales, una noche durante el mes de enero de 1968.

Fuente: BBC New Mundo

Pido disculpas por el tiempo que le pudo haber demandado al lector este espacio; pero creí oportuno dar a conocer cómo se desarrollaron los sucesos en cuanto a la obra de Cezánne, “Pommes”. 

Retomando el escenario en la vivienda de Jean Claude…

Observo una y otra vez el pequeño lienzo, que no era otra cosa que una de las obras perdidas de Paul Cezánne, visitante habitual de Monet. La llamada “Pommes” o “Manzanas”.

Ambas obras; tanto la escultura de Rodin como la pequeña pintura de Cézanne se encontraban perdidas, la primera tal como Richard estaba informado desde 1914 y la pintura al óleo de Cézanne, desde 1968.

Richard estaba conmocionado por el hallazgo; el valor de esas piezas de arte que en el mercado negro de arte de Paris e Internacional, tendrian un valor de millones de francos, lo que lo convertiria en un hombre con una vida nueva, rico y libre de su pasado.

Se alejaría de París; dejaría de pensar en las noches con bellas prostitutas y buscaría a Denise Arnault heredera junto a su hermano Bernard, de una inmensa riqueza familiar, la cual provenía inicialmente de sus negocios en el sector de la construcción y los bienes raíces. 

Denise, había sido la única mujer con la cual había vivido un romance tan apasionado, que por ella iba a dejar el delito. 

Pero ese romance no pudo concretarse, ya que la familia de la bella muchacha, se opuso terminantemente a esa relación. Richard; aun recordaba cuando en la zona en donde proliferan las antiguas ruinas romanas del Barrio Latino, más precisamente cerca de las Termas de Cluny, en una madrugada había sido enfrentado por tres sujetos  del bajo fondo, los que lo molieron a golpes advirtiéndole que si continuaba insistiendo en esa relación, su vida estaría en juego. 

Las amenazas no solo lo incluían a él, sino que iban a perjudicar a la joven a quien podrían enviar a Londres, para terminar con ese amor que era imposible.

Luego de la golpiza, los amantes se vieron solo una última vez en el Pont Neuf (Puente Nuevo), donde se comprometieron a unirse nuevamente y escapar del asedio de la familia Arnault yéndose de ser necesario del país. Richard pensaba frente a las obras de arte, que estaba a solo pasos de cumplir sus sueños con Denise, con la que solo se comunicaba una vez por mes cuando él la llamaba y luego recién del segundo intento -como si fuera un codigo solo conocido por los dos-, ella atendía ya que se encontraba celosamente vigilada.

Guardo delicadamente tanto el lienzo en el tubo como la escultora en el precioso cofre, dedicándose a colocar las tablas tal como se encontraban en el piso y juntar la basura producida. No debía dejar rastro alguno, para evitar que su “amigo” descubriera que algo había sucedido en el lugar.

Finalizó prolijamente de dejar el piso tal como estaba y estaba en cuclillas levantando la poca basura que quedaba, cuando nuevamente escucho pasos en la escalera. 

Levantó rápidamente todas las cosas, dirigiéndose nuevamente al baño, sin darse cuenta que había dejado olvidado sobre la mesa, el cincel.

Nuevamente ruido de llaves; la puerta se abrió. Era Jean Claude.

Desde el mismo lugar Richard lo vio, como así también al cincel sobre la mesa. Trago saliva. Iba a ser descubierto; pero nadie ni siquiera Jean Claude lo podría detener. Tomó la cuchilla que llevaba con su mano derecha, observando los movimientos de su “amigo”.

Jean Claude, observó el cincel y supo que alguien más se encontraba en el lugar, por lo que sorpresivamente solo exclamó;

-¡Richard, qué haces tú aquí!-

Richard salió del baño, donde dejó el bolso con las obras de arte y todo lo demás, blandiendo la cuchilla.

Enfrentándose a Jean Claude; le dijo

-No es posible que no solo una, sino dos veces volvieras aquí cuando debías regresar mañana quizás cerca del mediodía. Sorprendido continuó – ¿Dime a qué se debe todo esto?

-Jean Claude (que llevaba un revólver Smith & Wesson Forum modelo 66-2; 357 Magnum en su espalda a la altura de la cintura, regalo de su padre para su seguridad) le contestó;

-¿Me has creido estupido Richard?- 

-¿Pensabas que todas tus preguntas sobre este lugar, además de como lo observabas todo cuando has entrado no me provocaría intriga alguna, en cuanto a sus razones?-

-Mira Jean Claude, contestó Richard. – Esto significa para mi y Denise un nuevo comienzo. No me fuerces a lastimarte; déjame ir en paz. No deseo pelear contigo-

-No, Richard de ninguna manera te irás, le contestó furioso. (Parecía ser otra persona a la que Richard conocía). Hasta tanto me digas que has hecho aquí y me des sus razones, no te irás y no me amenaces porque la pasaras muy mal-

-Bien Jean Claude; te diré lo que quieres saber pero me iré con lo que encontré, quieras o no.- Creyendo que Jean Claude, estaba desarmado dio un par de pasos hacia él, cuando un golpe certero en su cabeza lo desmayo- 

Jean Claude le había dado un culatazo en la cabeza con el arma que portaba. Desvanecido Richard; se dirigió al baño trayendo al atelier el bolso sacando del mismo el tubo de estaño como la hermosa caja. Antes de proceder a verificar de qué se trataba, ató de pies y manos a Richard dejándolo  amordazado.

Lo que Richard no sabía; era que lo que él suponía “del niño bien” de Jean Claude, no reflejaba para nada la realidad de ese muchacho de familia burguesa, la que era muy distinta. Activista en el “mayo francés del 68”, del que fue protagonista, era además un practicante activo y participante en torneos de deportes de contacto.

Jean Claude; ya sujetado Richard, tomó el tubo de estaño del que sacó el lienzo y lo desplegó sobre la mesa. Al verlo concienzudamente y en cada detalle, una sonrisa se desplegó en su rostro, Luego tomó la escultura de la caja de madera, y no se mostró sorprendido por la figura de manera alguna.  

Sabía que la obra de Rodin databa de fines del siglo XIX y estaba desaparecida desde hacía aproximadamente 60 años. “El hombre de las serpientes” había desaparecido luego de una subasta en 1914, tras la muerte de su primer propietario Antoni Roux.

No pasó demasiado tiempo para que Richard volviera en sí, abrió los ojos con un fuerte dolor de cabeza, viéndose inmovilizado por completo. Jean Claude lo miro y sonrio para luego decirle;

-Has resultado un terrible imbécil Richard. No se como obtuviste la información, para llegar a estos objetos pero debo decirte que el lienzo de Cezánne es nada más que una burda copia barata, por la que no obtendrías un mísero franco. Tampoco me ha sorprendido demasiado la escultura de Rodin, ya que conocía que ha sido incesantemente buscada desde hace décadas.-

-Y agregó; mira a pesar de todo tu engaño, me caes bien pero sabrás que siempre sospeche de ti, por la forma desenfadada de ver la vida y como observabas cada rincón cuando has estado aquí, como la noche en que creíste que estaba borracho como una cuba. Pero no te denunciaré a la policía de Vernon, así que te sacaré la mordaza si prometes no gritar, ya que sólo serías tú el único perjudicado, ¿entiendes?-

-Richard, asintió con su cabeza- Jean Claude se acercó y le quitó la mordaza y el trapo que le había puesto en la boca.

-Bien Richard; ahora deseo que me digas cómo obtuviste la información, ya que me interesa. También; lo que pensabas hacer con estas obras, sabiendo ahora lo que te he dicho en cuanto al Cezánne, que no es el original- le preguntó Jean Claude.

-Richard lleno de ira por su impotencia, trató de liberarse sin éxito y estalló en llanto, no tanto por la situación sino porque impotente veía como toda su apuesta y lo planeado, se había derrumbado como un castillo de naipes. Le dio a Jean Claude, detalles de su vida desconocidos por este, como asimismo la relación amorosa con Denise Arnault, por la que en realidad había arribado a Giverny. Su pretensión de una vida nueva, dejando atrás hasta ahí su miserable existencia.-

-Jean Claude escucho calladamente y sin interrupción alguna todo el relato, hasta que Richard finalizó.- Luego habló pausadamente y en voz baja;

-Eres tan idiota Richard, que ni siquiera aaveriguaste sobre mi. Creíste en todo lo que te dije. Y en realidad solo parte de ello, es verdad. Podrías haber sabido que era un habitué visitante de Giverny y siempre me he alojado aquí en el 81 rue Claude Monet y solo por las estúpidas presiones de mis padres para que alcance la fama y gloria de un artista, cuando solo me agrada vivir mi propia vida sin ataduras ni exigencias, por lo que no me interesan sus deseos y he terminado odiandolos por pretender utilizarme como su creación, ante la inmoral y declinante alta sociedad parisina. 

Y prosiguió; -únicamente mis intereses son mi prioridad. Y tú has tenido la mala suerte de cruzarte en mi camino. He venido siempre en los últimos años y fui yo quien encontró antes que tú, estas obras como también el que se ocupó de esconderlas donde las hallaste. De esto solo estaba enterada, luego de una noche apasionada y luego de beber varias botellas de champagne,  mi amada Colette. Me sorprende que tuvieras esta información. ¿Quien te la facilitó?-

-No puedo decírtelo…yo la pasaria mas que mal, Jean Claude-

-Mira Richard; la puedes pasar peor conmigo, si no hablas tendré que obligarte a hacerlo- ¿Entiendes lo que ello significa,no?

-No serías capaz de hacerlo Jean Claude; tu nombre, tus padres …todos quienes te conocen…no comprenderán el bochorno de ver en ti a una réplica del personaje del Dr. Jekyll y el señor Hyde-

-Sigue sorprendiendome tu idiotez Richard. Nadie se va a preocupar en no saber nada de tí; estás solo y llegaste aquí de la misma manera. A nadie le interesas. Así que te sugiero que hables y evítate un mal mayor.-

-No te dire la fuente, no voy a comprometer a nadie- 

Jean Claude se enfureció y volvió a poner el trapo en la boca y la cinta de embalar a Richard. Tras ello, fue a la mesa y tomó el cincel que había llevado Richard consigo. -Ahora por cada nueva negativa; perderás una a una de tus uñas.- le dijo.

-Richard no podía entender lo que estaba sucediendo. Era como estar enfrentando a una persona cruel y más que siniestra, que podía realizar cualquier locura, con tal de lograr su objetivo.- 

Jean Claude volvió a preguntarle – Dime, quien te dio la información?- 

Richard movió su cabeza, negativamente.

Jean Claude tomó la mano derecha de Richard, y le levantó la uña del pulgar sacando la misma el dedo limpiamente. Richard solo gimió por el dolor.

La preguntas y la escena se repitieron cinco veces; hasta que Richard agotado con sus manos bañadas en sangre, finalmente asintió moviendo su cabeza. Jean Claude, le susurro en el oído que se mantuviera tranquilo y le dijera lo que deseaba saber y no levantara la voz, recomendación ya reiterada. Procedió nuevamente a sacarle la cinta y el trapo de su boca. Y ya con una voz gutural, que parecía la de un impiadoso personaje, de los tantos que Richard conocía del bajo mundo parisino, volvió a preguntarle.-

-Richard, llorando y gimiendo por el dolor le dijo – Un hombre llamado Robert Durand quien como camarero, estuvo en una fiesta de la alta sociedad y escucho como una mujer le decía a otra que la acompañaba, de un tesoro escondido en Giverny señalándole los detalles-

-Jean Claude se puso aún más tenso (supuso que era Colette) ¿Como? ¿Tu novia Denise, cuál es su apellido?-

-Richard contestó; Arnault- 

-Sorprendido Jean Claude replicó -¿Cómo es posible? ¿Tu ladrón del bajo fondo con Denise Arnault, la rica heredera? ¡Explicamelo, no puedo entenderlo! vociferó.

-Richard le respondió- Por lo que tu me has dicho; tu rica novia Colette debe conocer a Denise, por los círculos sociales en que ambas acostumbran a moverse y solo supongo que se lo debe haber dicho en un descuido- Te lo juro, Jean Claude lo deduzco como la única manera, en que Durand lo podría saber. No te miento. Por favor, desátame. Te juro que no diré nada a nadie y me iré ahora mismo, de la manera que sea de este maldito pueblo.-

-No tienes una sola neurona en tu cabeza, Richard- 

-Eres el individuo perfecto que vengo buscando desde hace tiempo, para llevarme de una buena vez a la obra única en su tipo de Rodin. –

-Tengo contactos que me conseguirán compradores ávidos por esta magnífica obra, desaparecida desde hace décadas. ¿Y por tí, quien se va a preocupar si desapareces aquí o en París? ¡Absolutamente nadie! Entiendes, al mismo tiempo lo volvió a amordazar-

-Richard pretendió incorporarse del piso; pero Jean Claude fue más rápido y apoyando el cañón del revólver en un almohadón, para amortiguar el ruido utilizando el cojín como silenciador, le disparó dos veces en la cabeza. Richard, falleció instantáneamente. Antes de que la sangre corriera por el piso, Jean Claude puso un plástico y una estopa en los orificios por donde ingresaron las balas-

Su plan había resultado perfecto. Llegado el caso de que alguien denunciara por alguna razón algún delito, los ojos recaerían sobre la figura de Richard Bussay. 

Haría desaparecer el cuerpo rápidamente; ya que de madrugada el pueblo todo estaba dentro de sus casas. Él volvería a París en la fecha de regreso de cada año y estaría unos días con sus padres; hasta realizar la venta de la obra de Rodin y luego con Colette, les diría a sus padres que intentaría montar su propia galería de arte, y se irían a la ciudad de Zurich en Suiza.

Ato y cubrió el cuerpo, arrastrándolo por la escalera. Luego se detuvo y salio a la calle, para asegurarse de que no hubiera ningún movimiento -de lo que estaba seguro -que llamará la atención.

Como suponía la noche cerrada lo ayudaba; ya que la oscuridad y la niebla eran sus aliadas. Cargó el liviano cuerpo de Richard sobre sus hombros y marchó hacia el lugar elegido y casi inaccesible,que estaba situado a unos 200 metros del lugar. Ya la fosa estaba preparada y no hizo otra cosa, que tirar el cuerpo sin vida allí; para luego proceder a tapar y disimular con la exuberante vegetación el lugar. 

Sabía que luego debía detenidamente limpiar el atelier que habitaba, además de ir al alojamiento de Richard a sacar todas sus cosas, por si a la Sra. Amélie se le pudiera ocurrir volver al otro día. Daría a quien le preguntara, la misma respuesta. Luego; solo le quedaba aguardar los acontecimientos.-

Al otro día, si bien había dormido pocas horas, no se levantó tan tarde. Ya sabía cómo justificar su ausencia de la velada en la que lo aguardaban, ya que al automóvil de ida lo había hecho detenerse a unos 500 metros del lugar. Y emprendió el regreso a Giverny, con una de sus bicicletas que había escondido en el lugar. Por eso la demora en su segundo regreso, en el que sorprendió al torpe Richard.

Desayuno como todos los días y ya cambiado, se dirigió a la Casa Museo de Monet. Allí saludó amablemente a toda persona con la que se cruzó. El que al  verlo, se le acercó rápidamente fue el encargado, el Sr. Signoret quien luego de saludarlo, le preguntó si sabía algo de Richard, ya que no se había presentado a trabajar.

-Jean Claude, sin vacilar le contestó- Ayer me dijo que se marchaba a París ya que había tenido un grave accidente su padre. Raro que no le avisara. ¿Bueno…tampoco ante una noticia semejante hubiera tenido la posibilidad de haberle avisado, no?-

-Igual sucedió al día siguiente con la Sra. Amélie. Misma pregunta, idéntica respuesta. Con un cinismo particular, Jean Claude le preguntó a la Sra. si Richard tenía alguna deuda con ella por el alojamiento, recibiendo como respuesta que  no, que le había abonado por adelantado.-

-Casi a finales de agosto; Jean Claude se fue de Giverny y nunca volvió al pueblo.- Como lo había pensado concreto lo que había planeado y un tiempo después viajó junto a Colette, a instalarse en Zurich, donde abrió su propia galería de arte. Aún hoy; pasados sus 80 años administra junto a sus hijos el negocio familiar.

De Richard Bussay; como suponía Jean Claude , nadie se preocupó jamás por su paradero como tampoco realizó denuncia alguna por su desaparición.

Denise Arnault, creyó luego de pasar meses sin que Richard la llamara, que como siempre habría vuelto a delinquir y al bajo mundo parisino. A los dos años, en un arreglo previo de ambas familias, contrajo matrimonio con el hijo de un rico banquero. 

En Notimex en la ciudad de Paris; se difundió el día 27 de agosto del 2015 que “Una valiosa obra del escultor francés Auguste Rodin, desaparecida hace 101 años, reapareció y ha sido entregada por un coleccionista anónimo a un museo suizo, reportaron hoy aquí medios locales”. Se trata de una escultura en bronce creada por Rodin en el año 1887 titulada «El hombre de las serpientes» que había sido vendida en una subasta en 1914.

La pieza será exhibida el 17 de octubre del año próximo en el Museo Rodin de París, por primera vez desde 1914, en una exposición consagrada al célebre artista.La escultura acaba de ser entregada, gratuitamente, al museo cantonal de Bellas Artes de Lausana, Suiza, por un donante que ha pedido el anonimato, informaron las fuentes. En el museo suizo se encuentran tres de las obras más emblemáticas de Rodin, entre ellas El pensador.

FIN

Epílogo: Agradezco a quien se ha detenido en este sitio y ha tomado su tiempo para leer cada uno de los capítulos o bien alguno de ellos y abandonó su lectura, porque no le resultaba de su agrado. Doy gracias asimismo; a aquellos que han sabido comprender la interrupción de “Misterio en Giverny”, por razones ya comentadas. 

Como corolario; me tomé el atrevimiento de dar a conocer a través de algunas imágenes lo hermoso del pueblo de Giverny lugar que tuve el privilegio de conocer y la Casa Museo de Claude Monet, como algunas obras del afamado artista.

Mujer con sombrilla – Claude Monet

“Impresión, sol naciente” – Claude Monet

“Mujeres en el jardín” – Claude Monet

Imágenes: Gentileza Pinterest

«Misterio en Giverny» El Final – Parte I

Richard se sobresaltó; pensó si alguien habría escuchado sus secos pero tenues golpes en las tablas del piso de madera. Se detuvo y se puso de pie, no había demasiados lugares para esconderse.

Rápidamente entró al pequeño baño y se colocó detrás de la puerta dejando a está abierta tal como estaba, mirando entre la luz que dejaba el marco hacia afuera, en el mismo momento en que una llave era colocada en la puerta de entrada.

La puerta se abrió. Era Jean Claude; quien velozmente se dirigió a la mesa de luz que se encontraba junto a su cama, abrió el cajón y  Richard observó que sacaba un sobre blanco del mismo. Supuso que quizás, su “amigo” había olvidado la invitación, volviendo a buscarla.

No obstante, pudo ver como Jean Claude observaba todo el lugar con detenimiento, como si hubiera advertido que alguien hubiera estado allí. Richard casi no respiraba, pero la rigidez e incomodidad de la posición en que se encontraba no la podría mantener por mucho tiempo más. Si bien era ateo, rogó porque su “amigo”se fuera de una vez.

Como era su costumbre, Richard acostumbrado a robar por arrebato o hurtar sin ser descubierto y sin arma alguna, solo había tomado una cuchilla de la cocina de la Sra. Amélie, no fuera cosa que se le presentará un obstáculo, en su cometido.

La realidad, le estaba diciendo que había acertado en su presunción. Los segundos se convirtieron en interminables, sabía que Jean Claude había dejado esperando el automóvil que lo trasladaba, esperándolo abajo y que se iría rápidamente.

Pero se preguntó ¿Cuál era la razón de que estaba aún allí, observando todo con minuciosidad?-

Para fortuna de Richard, luego de unos instantes Jean Claude se retiró, cerrando la puerta con llave detrás de sí.

Richard aguardo unos minutos antes de salir, inhalo y exhalo profundamente buscando relajarse.

Estaba empapado en su propio sudor. Las manos le temblaban. Era un ladronzuelo, no estaba acostumbrado a enfrentarse con sus víctimas.

Volvió al lugar en que había estado y arrodillándose, volvió a confirmar golpeando las tablas del piso, el lugar exacto en donde seguramente se encontraba lo que buscaba.

Sabía que no debía dejar rastro alguno, ya que por el tiempo transcurrido todo movimiento de las tablas, sería fácilmente descubierto aún por el menos observador de los mortales.

Se había provisto de pequeñas herramientas las que se encontraban en el cuarto de la Casa Museo de Monet. Tenía que hacer una tarea muy delicada y prolija si no quería ser descubierto.

Lo que parecía tan sencillo en un primer momento no lo era, razón de la antigüedad de la propiedad y que los pisos de madera estaban afectados por la humedad y que junto a los cambios drásticos de temperaturas de esa zona rural, se podían expandir cómo contraer y en algunos espacios, Richard pudo observar, que los pisos aunque mínimamente estaban pandeados.

Llevaba consigo un cincel afilado, un desarmador y una pequeña bolsa para colocar en ella la posible basura que pudiera generar, durante todo el trabajo que debía realizar. Comenzó por la primera tabla del piso, donde todas estaban dispuestas en forma transversal, unas junto a las otras.

El cincel fue de gran utilidad, y luego de retirar a un costado la primera, se preocupó de levantar todo el polvo y algunos pequeñísimos restos de madera, fundamentalmente de los encastres que las unen entre sí.

Estaba por sacar la cuarta tabla; cuando abrió sus ojos como nunca lo había hecho, observó un rollo que en la segunda década del siglo XX, ya se había abandonado  la utilización de las vejigas de cerdos para guardar pinturas al óleo, ya que eran una pesadilla para llevar, imposibles de cerrar correctamente después de abrir y susceptibles de reventar en cualquier momento. 

A partir de la década de 1860, los artistas del impresionismo encontraron alternativas que fueron más adecuadas para sus necesidades estéticas.

Tres factores fueron de particular importancia para el desarrollo de las nuevas pinturas que utilizaron: el esmerilado mecánico, la invención del tubo de estaño y las variantes en aglutinantes y aditivos utilizados para mantener la pintura con una consistencia homogénea en los tubos contenedores nuevos.

Así Richard terminó de sacar la cuarta tabla y comenzó a retirar la siguiente, para poder sacar el tubo de estaño y confirmar su contenido. A pesar de todos sus cuidados, ya había pasado una hora en que se encontraba allí. Sentía la necesidad cada 15 o 20 minutos, de relajarse para recomenzar su trabajo. Al retirar la quinta tabla; se encontró con una nueva y esperada sorpresa, un cofre de madera con algo de moho en su exterior pero en buen estado. Entonces retiró ambos hallazgos.

Su ansiedad lo animaba a saber o mejor dicho a confirmar su contenido, pero respiro profundamente y se dijo a sí mismo, que debía colocar nuevamente las tablas del piso, pegarlas y humedecer levemente todo el piso del atelier, para que al secarse tuviera la misma tonalidad.

Su tiempo de trabajo en los jardines de Claude Monet, le dio la templanza y paciencia necesaria, para finalizar su buen trabajo. A ello se dedicó; por espacio de una hora, hasta finalizar. Ya era casi pasada la medianoche, cuando primero abrió el estupendo cofre, una verdadera obra de arte de orfebrería y encontró en su interior, la obra de Auguste Rodin llamada “El hombre de las serpientes”, la que se supo que desapareció casi sesenta años atrás.

Luego de comprobar el primer hallazgo; abrió el tubo de estaño y con extremo cuidado desplegó el lienzo que se encontraba en su interior.

Tuvo que taparse su boca y con ojos de asombro, su alegría fue de tal magnitud que su corazón comenzó a palpitar más rápido que lo habitual.

La emoción del hallazgo lo conmocionó, no solo por el valor de ambas piezas  si no porque por primera vez se sentía un ladrón de guante blanco.

Del hurto de billeteras a transeúntes distraídos y de arrebatos de carteras a mujeres de la élite; mañana o quizás dentro de unos días se convertiría en toda una celebridad en el submundo parisino. 

Observo una y otra vez el pequeño lienzo, que no era otra cosa que una de las obras perdidas de Paul Cezánne, visitante habitual de Monet. La llamada “Pommes” o “Manzanas”.

Cézanne dedicó mucha de su atención a pintar manzanas y sus obras sobre esa fruta son muy admiradas. Es el caso de «Pommes» .

Ambas obras, tanto la escultura de Rodin como la pequeña pintura de Cézanne, se encontraban perdidas la primera tal como Richard estaba informado desde 1914 y la pintura al óleo de Cézanne, desde 1968.

Haré un paréntesis aquí; si me lo permiten porque considero en lo personal, que de la misma manera que me interesó la historia de ambas obras que dieron sustento al presente cuento, amerita que quienes me leen -siempre agradecido, por ello- les cuente algo de su extraño recorrido, hasta el hallazgo de Richard.

La escultura El hombre de la serpiente, una pieza de bronce creada en 1887 por Rodin, permaneció oculta durante un siglo, luego de ser subastada en 1914, tras la muerte de su primer propietario, Antoni Roux. Hasta que un donador anónimo la regaló en el año 2015, como una pieza única en su género, al Museo de Bellas Artes de Lausana, informó este miércoles la institución suiza.

En cambio el lienzo de la pequeña pintura al óleo de Cézanne, llamada “Pommes”, valuada en millones de dólares tuvo un más que azorado recorrido, por sus sobresaltos hasta su desaparición en el año 1918 en tuvo que ver con John Maynard Keynes quien anunció al entrar a Charleston Farmhouse, en el sur de Inglaterra, «Si quieren bajar a la carretera, encontrarán un Cézanne justo detrás de la verja», en medio de la noche del 28 de marzo de 1918.

Quien llegaría a convertirse en el economista más influyente del siglo XX y sentaría las bases de la macroeconomía moderna estaba exhausto.

Llevaba unas 24 horas viajando desde Francia, después de asistir a la que debe haber sido una de las subastas de arte más peligrosas de la historia.

Su excéntrico saludo estaba dirigido a un grupo de amigos que eran parte de ese legendario clan, que se dedicaba al pensamiento y al amor libre y, como Keynes mismo más tarde lo expresó, a «la creación y el disfrute de la experiencia estética».

Todo había empezado unos días antes cuando el pintor Duncan Grant se enteró de que en París estaba por venderse la vasta e impresionante colección de arte de Edgar Degas, el gran pintor impresionista que había muerto un año antes.

En tiempos de guerra e incertidumbre, con los alemanes acercándose a Francia, era una oportunidad única para adquirir obras para la National Gallery y Grant sabía quién podía asegurarse de que fuera aprovechada: su amigo Keynes.

Poco antes de que estallara la Primera Guerra Mundial en 1914, cuando tenía 31 años, el gobierno británico lo había citado pues estaba urgido de su talento.

Lo que se venía no iba a ser fácil. Reino Unido tendría que financiar la guerra y prestarle mucho dinero a Francia y otros aliados para evitar que no colapsarán.

Dedicado a su tarea de asesor, Keynes llevaba ya cuatro años «en contacto diario con las inmensas ansiedades» y tratando de resolver «imposibles requisitos financieros», como escribiría más tarde.

La idea de Grant, aunque a primera vista pareciera lejana a esas preocupaciones y a su perfil, estaba hecha a su medida.

Es cierto que lo primero que se te viene a la mente al pensar en Keynes no es precisamente arte.

Más bien, quizás, su desafío a la ortodoxia reinante de que los mercados libres generan pleno empleo, argumentando que el Estado tiene un papel que desempeñar para ayudar a moderar los cambios del ciclo económico.

O el hecho de que ayudó a fundar tanto el Banco Mundial como el Fondo Monetario Internacional.

GETTY IMAGES Duncan Grant (izquierda) y Maynard Keynes (derecha): amigos y, alguna vez, amantes.

Pero, además de brillante economista, era también, entre otras cosas, amante del arte.

Y un ávido y astuto coleccionista que le dejó un legado de 135 obras a la Universidad de Cambridge, entre ellas esa que dejó tirada en un matorral en medio de la campiña inglesa.

Así que cuando Grant le solicitó que persuadieran al Tesoro británico para que liberara fondos para comprar pinturas, conjugó su misión con su pasión.

Un plan muy keynesiano

La subasta iba a ser pronto así que no había tiempo que perder. Keynes trabajó -como recordaría después- «23 de las últimas 35 horas» para trazar y lograr que fuera aprobado su brillante plan: un canje de deuda por capital.

Tanto Reino Unido como Estados Unidos le habían otorgado sendos préstamos a Francia, que probablemente no iba a poder pagar y, así lo hiciera, la debilidad del franco frente a la libra esterlina era alarmante, de manera que las pérdidas serían considerables.

Próxima entrega: El Final II

Misterio en Giverny – X parte

Una vez que Signoret finalizara de relatar aspectos de la vida de Claude Monet en su casa, durante los casi últimos cuarenta años de su vida, sorprendiendo a Jean Claude por su memoria hasta en los más desconocidos detalles, este le agradeció por la amabilidad al encargado de hacerle conocer los rincones más preciados por el pintor y lo felicito por sus profundos conocimientos en las técnicas que empleaba; que ni siquiera había recibido en la Escuela de Bellas Artes.

Jean Claude le comentó a Richard que haría algo de tiempo, caminando por el lugar, ya que se acercaba el final de la jornada de trabajo y lo esperaría para juntos regresar. 

Richard, asintió con su cabeza ante las señas de Jean Claude y volvió a sus labores. 

A Jean Claude le pareció increíble la habilidad de su “amigo” en preparar dentro de un invernadero, la mezcla de tierra mineral del jardín con tierra orgánica, agregando agua poco a poco para que quedara como fango o barro. Luego lo ponía en contenedores clasificados y allí plantaba cada nenúfar haciendo que sus raíces, quedaran en el fango que creaba.

Al estar en el exterior y cercano al puente japonés; Richard seleccionaba a aquellos que ya habían enraizado y tomado el tamaño suficiente, considerando a la vez el color de sus futuras flores. Luego los implantaba en el estanque, respetando una distancia de medio metro entre uno y otro.

En unos minutos más al terminar el día de trabajo; Richard como todos las personas que mantenían los jardines, se dirigieron a los baños a higienizarse para volver a sus hogares.

Jean Claude, aguardó a Richard a la entrada de la nave principal de la Casa Museo, hasta que llegara y ambos comenzaron a caminar por la calle de siempre, escuchando los cantares de las innumerables variedades de pájaros que había en esa zona fundamentalmente agrícola.

  • Te he estado observando, Richard. Eres realmente hábil en los cultivos de los plantines de nenúfares y su implante en el estanque- comentó Jean Claude.
  • No es para tanto, pero debo decirte que por el poco tiempo que llevo aquí, hasta yo me sorprendo de lo que me han enseñado. Parece en realidad; una escuela del arte de la naturaleza.- sonriendo exclamó Richard.
  • Sí realmente los jardines necesitan de mucho mantenimiento y cuidado por la gran variedad de plantas que posee de ambos lados, y muchas de ellas exóticas que me sorprende cómo se han adaptado aquí- ¿ No lo crees así, Richard?
  • Si es cierto, pero deja de hablar de ese lugar Jean Claude y bebamos algo como todas las tardes y me cuentas como van tus preparativos para el sábado- ¿Sí?
  • De acuerdo Richard, apuremos entonces el paso.-

Llegaron al lugar de siempre; La Dime en Giverny yendo al pequeño bar del hotel boutique. En esa oportunidad, ambos pidieron un Mont Blanc con un café bien caliente. El Mont Blanc, debieron compartirlo ya que era una pequeña montaña hecha de merengue y castañas.

-¿Ya has confirmado la reserva del coche, que te llevará a la velada del sábado, Jean Claude?, preguntó Richard.

-Sí…no…aun no, con que lo haga mañana por la mañana estará bien. No creo que aquí haya demasiado movimiento. Es un pueblo de menos de 400 habitantes, ya tiene su rutina de fin de semana. Curiosear quien se acerca donde vivió Monet y su familia, incluyendo la visita obligada al cementerio detrás de la casa en donde se encuentran sus sepulturas.- contestó Jean Claude.

-Bueno…está bien; si estas seguro de ello hazlo cuanto quieras-

-Es imposible terminar ese postre. ¿Verdad, Richard? No creía que fuera de tal tamaño.-

-Deja…si no deseas seguir compartiendo dejalo. Yo lo terminaré ya que trabajo y debo reponer calorías, algo que tu no necesitas. ¿Lo único que haces es caminar, observar, pintar y creo que nada más, verdad? le digo con una sonrisa irónica Richard.-  

-Riete…creía que tenía aquí un buen amigo, no alguien que critique mi forma de ser…- le contestó Jean Claude.

-…No seas tonto Jean Claude, ha sido solo una broma. Ambos sabemos que estamos aquí por distintos motivos. Tu para perfeccionarte y yo para vivir lejos del oscuro y profundo París.

-Como siempre, Jean Claude llamó al camarero y le solicitó la cuenta. Luego de pagarle, se levantó una vez que Richard terminara de comer el postre.-

Ambos jóvenes se dirigieron a sus alojamientos, comprometiéndose a verse antes de que Jean Claude se fuera a la velada en el Castillo Chateau-Gaillard.

El viernes no se encontraron. Quizás porque Jean Claude debía ir a la ciudad de Vernon en esa zona de Lombardía y a escasos 5 km de Giverny. Es que debía buscar una sastrería, para alquilar su ropa que debía ser acorde a la velada.

El sábado amaneció algo nublado; y mientras Richard como todos sus días de franco semanal, se dedicó a dormir hasta muy tarde. Extrañaria eso sí, la comida de la Sra. Amélie ya que esta le había avisado que estaría ausente, al visitar a su hermana que se encontraba enferma y ayudarle con algunas tareas de la casa. Eso sí, ya el viernes le pidió a Richard que por favor cuidara de su casa, el que amablemente accedió.

Como era su costumbre, se levantó pasadas las 11 de la mañana y se dirigió al baño, para darse una ducha. Sabía que alguna bollería habría dejado la dueña de casa en la cocina, por lo que se dirigió al lugar para prepararse un café y como suponía, la Sra. Amélie le había dejado dos baguettes como también un gran pote de foie gras o fuagrás,​ en este caso un producto derivado del hígado hipertrofiado de ganso.

Pensó entre dientes; que ya con todo eso era más que un desayuno, resultaba un verdadero almuerzo.  No tenía apuro alguno; era su día de descanso y sentándose, desplegó sobre la mesa de la cocina esos papeles que guardaba en el librillo de cartón, ya por enésima vez. Tenía el tiempo suficiente, para que al atardecer antes de que Jean Claude se marchara, fuera a saludarlo y saber como le había ido en Vernon.

Ya eran cerca de las siete de la tarde, cuando salió de la casa de la Sra. Amélie para dirigirse al atelier donde vivía Jean Claude, en el primer piso de la casa que se encontraba en el 81 rue Claude Monet. Tomó la campanilla de la planta baja y la hizo sonar varias veces, mostrando su impaciencia.

Desde la planta alta, abrió la puerta Jean Claude quien sabía que su “amigo” iría a verlo no solo para despedirlo, ya que a sabiendas de su curiosidad desearía conocer detalles de su ida a Vernon y detalles o noticias si las hubiere, de la velada a la que iría.

-¡Oh…Richard, amigo! Sube por favor, que ya me estoy preparando.-

-Gracias, Jean Claude.- Contestó Richard subiendo de dos en dos, los peldaños que llevaban al departamento-atelier.

-Espera amigo que me estaba afeitando, luego una ducha y estoy contigo- le dijo Jean Claude.

Mientras tanto, Richard volvió a mirar con sumo interés el atelier y cada uno de los muebles que se encontraban en él. Miro hacia el piso de madera y sonrió. 

Pasaron unos minutos y Jean Claude al salir del baño le preguntó – Dime Richard, -¿quieres beber un chocolate o un cafe? –

-Café- le respondió Richard agregando -Cómo te ha ido ayer en Vernon. ¿Has conseguido alquilar la ropa que usarás esta noche?

-Si he alquilado un esmoquin de raso brillante, con el fajín y la pajarita. Si fuera el único vestido de esta manera, parecería un “muñeco de torta”, rio Jean Claude. Pero no, la mayoría de los hombres se vestirá de similar manera. La competencia como siempre, se la dejamos a las damas… 

-Dejate de hacerte el gracioso, Jean Claude y dime ¿ asistirá alguna dama que te interese?-

-Si en realidad, mi interés es conocer a la sobrina de Jean Louis Dumas, que es dueño de una potencia mundial de lujo con marcas como Hermes, Louis Vuitton, Gucci o Prada.- le contestó Jean Claude, agregando ¿Sabes, Richard para satisfacer tu curiosidad tendría que poseer una copia de la lista de  invitados, para decirte si hay otra heredera interesante…- y soltó una carcajada.

-Sé que tu estampa y tu educación de niño bien, ya habitué de estar en estos tipos de eventos, harán el resto.- le respondió Richard.

Terminaron de beber el café; cuando Jean Claude exclamó – ¿Richard, me ayudarías luego para colocarme la pajarita?-

-Desde ya amigo, cuenta conmigo-

A media hora de las nueve de la noche, Jean Claude ya se encontraba elegantemente vestido y a la espera del automóvil que lo llevaría. Ambos “amigos” continuaron conversando, hasta que cinco minutos antes de la hora acordada, sonó la campanilla de la planta baja. Jean Claude, abrió la puerta y vio que se trataba del chofer, que pasaba a buscarlo. -En tres minutos bajo, aguarde, por favor- le dijo al hombre que se encontraba en la puerta.

-¿Bueno Richard; tomó mis cosas y me acompañas hasta el auto?-

-Si, desde ya- le respondió.

-Ambos jóvenes bajaron y antes de subirse al automóvil, Jean Claude le dijo a Richard – Nada de tonterías, Richard…ya algo conozco de tí…mañana quizás tarde, te contaré cómo la he pasado y todo aquel detalle que me resulte interesante. Me han comentado que habrá un show, con la presencia de Dalida, France Gall y  Charles Aznavour…pavada de cantantes… ¿verdad?

-Formidable poder disfrutarlos “cara a cara”- le respondió Richard.

Se saludaron con un abrazo, subiendo Jean Claude al automóvil el que partió enseguida. Richard se quedó solo. Miro hacia la puerta del atelier y pensó, que debía dejar pasar un breve tiempo, dirigiéndose a La Musardiere donde cenaría algo frugal. 

Debería hacerse ver en un lugar frecuentado por vecinos del pueblo tanto en ese momento, como luego y fue por ello que eligió dicho restaurante, que se encontraba a 200 metros de la Casa Museo de Monet.

Entró al lugar, el maitre lo llevó hacia una de las mesas y al llegar el camarero, entablo con este una charla amistosa -ya que su intención, era que se lo recordará, como que había estado allí- 

Pasados unos minutos; le solicitó luego de ver la carta un omelette Baudy junto a una botella de agua mineralizada. Finalizó con el postre, una terrine de volailles. Pidió la cuenta, pagó y se retiró del lugar.

Ya eran pasadas las diez de la noche; cuando se encontró frente al alojamiento-atelier de Jean Claude. Mirando a su alrededor, y comprobando que nadie lo viera subió la escalera y con unas hebillas, hábilmente abrió la puerta y entró.

Ingresó al atelier y comenzó a golpear una por una, las tablas del piso hasta que escucho un ruido hueco, como si hubiera una cámara debajo del lugar. El sudor le corría por la frente, estaba seguro que el dato que le habían dado era certero. Un regocijo interior se apoderó de él,  cuando imprevistamente escucho pasos en la escalera…

Próxima entrega: El final