Misterio en Giverny – Final

En lugar de extender otro préstamo a Francia, propuso Keynes, los británicos podrían inyectar dinero en efectivo a la devastada economía francesa comprando obras maestras artísticas. Así, reemplazarían efectivamente una deuda incobrable con cuadros cuyo valor aumentaría con el tiempo.

Consiguió todo lo necesario para convencer al ministro de Hacienda británico, Andrew Bonar Law, quien -según Keynes- comentó que era la primera vez que lo veía “a favor de hacer cualquier gasto”, pues su trabajo lo obligaba a contar cada moneda para poder financiar la guerra.

Arte peligroso

Con el dinero en el bolsillo y la compañía de Charles Holmes, director de la Galería Nacional, finalmente llegó a París y, el 26 de marzo a las 2 p.m., a la subasta que se celebró bajo el techo de cristal de la Galería Georges Petit.

A las 3 p.m., “un bum sordo sonó fuera, como si hubiera caído una pequeña bomba”, escribió Holmes en sus memorias. Asustados, algunos compradores se fueron.

A las 3:15, cuando las pinturas más importantes estaban a punto de ser ofrecidas, otra explosión sacudió el vecindario. Era el estruendo de los proyectiles disparados por un supercañón alemán a 130 km de distancia.

Más postores huyeron, los precios se desplomaron y Holmes y Keynes lograron comprar obras extraordinarias como la masiva “Ejecución de Maximiliano” de Édouard Manet, un retrato hecho por Eugene Delacroix, una campiña romana de Jean-Baptiste Camille Corot, la pequeña pintura “Edipo y la Esfinge” de Jean Auguste Dominique Ingres y el “Jarrón con flores” de Paul Gauguin.

La ejecución del Emperador Maximiliano

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La ejecución del Emperador Maximiliano es una serie de pinturas (3 en formato grande, un pequeño boceto al óleo y una litografía) que Manet elaboró entre 1867 y 1869, sobre el fusilamiento de Maximiliano I, emperador de México.

No obstante, cuando llegó el momento de ofrecer por una pintura de Cézanne, Holmes se negó.

Aunque para entonces el espinoso pintor ya había sido reconocido, al menos por algunos críticos, como un verdadero revolucionario que anuló las reglas de la pintura y las teorías convencionales del color, y era una inspiración para los artistas, todavía los museos seguían resistiéndose a colgar sus obras.

Horrorizado, Keynes adquirió la obra con su propio dinero, así como otros tres cuadros de Delacroix and Ingres que añadió a su colección privada.

Siete manzanas

Al final de la subasta, los intrépidos coleccionistas de arte abordaron un tren repleto de parisinos que huían del bombardeo alemán. Desde Boulogne, cruzaron el agitado Canal de la Mancha, en alerta máxima por minas y torpedos alemanes.

En el camino, se les unió el diplomático Austen Chamberlain, quien ofreció llevar a Keynes hasta la aldea de Charleston.

Para su infortunio, “el auto gubernamental” de Chamberlain se atascó en el barro así que a Keynes, agotado por el largo viaje, no le quedó más remedio que caminar un kilómetro hasta llegar a donde sus amigos estaban cenando, habiendo dejado el Cézanne a la vera del camino, bajo los setos.

“Maynard regresó repentina e inesperadamente tarde por la noche… ¡y dijo que había dejado un Cézanne al borde del camino!”, le contó en una carta la artista Vanessa Bell al pintor y crítico Roger Fry. “Duncan (Grant) se apresuró a buscarlo y te podrás imaginar cuán emocionante fue todo”.

Unos años antes, otro de los presentes esa noche, el esposo de Vanessa y crítico de arte Clive Bell, había escrito que “Cézanne es el Cristóbal Colón de un nuevo continente de forma”.

Pero era difícil ver su obra en vivo y de cerca.

Ahora, ahí estaba: una pequeña pintura, titulada Pommes (“Manzanas”), del artista que había declarado que queríaasombrar a París con una manzana” y lo había logrado.

“Pommes” recuperada hace unos años, tras sufrir su robo por parte de delincuentes profesionales en obras de arte, forma parte de la Colección Keynes del Provost and Fellows of King ‘s College, Cambridge.

Era “realmente asombrosa y es muy emocionante tenerla en la casa”, escribió Vanessa Bell. “Es extraordinariamente sólida y viva”.

Esa vivacidad la notó su hermana, la escritora Virginia Woolf, cuando, unos días después, vio la pintura de Cézanne en su casa en Londres.

“Lo llevamos a la habitación contigua y ¡cómo deslució las otras imágenes que había ahí!, como si pusieras una piedra preciosa real entre otras falsas; el lienzo de las otras parecía raspado con una fina capa de pintura barata”, escribió en su diario.

“Todos nos eramos tan felices, disfrutando con esas manzanas… Cuanto más tiempo las miras, más grandes, pesadas, verdes y rojas se vuelven”.

La peculiar manera en la que llegaron a Inglaterra esas manzanas de Cézanne que embelesan al círculo de Bloomsbury inspiró más tarde el título de una colección de reminiscencias sobre Bloomsbury llamada “Un Cézanne en el seto”.

En ella, Quentin Bell, el hijo de Vanessa y Clive Bell y sobrino de Virginia Woolf, señaló que en el lugar “debería haber algún pequeño monumento, un pequeño obelisco, un pilar o al menos una publicación”.

“Después de todo, no puede haber muchos otros setos ingleses que hayan albergado a un Cézanne”.

No obstante a pesar de que la obra formaba parte de la Colección Keynes del Provost and Fellows of King ‘s College de Cambridge, fue robada misteriosamente por profesionales, una noche durante el mes de enero de 1968.

Fuente: BBC New Mundo

Pido disculpas por el tiempo que le pudo haber demandado al lector este espacio; pero creí oportuno dar a conocer cómo se desarrollaron los sucesos en cuanto a la obra de Cezánne, “Pommes”. 

Retomando el escenario en la vivienda de Jean Claude…

Observo una y otra vez el pequeño lienzo, que no era otra cosa que una de las obras perdidas de Paul Cezánne, visitante habitual de Monet. La llamada “Pommes” o “Manzanas”.

Ambas obras; tanto la escultura de Rodin como la pequeña pintura de Cézanne se encontraban perdidas, la primera tal como Richard estaba informado desde 1914 y la pintura al óleo de Cézanne, desde 1968.

Richard estaba conmocionado por el hallazgo; el valor de esas piezas de arte que en el mercado negro de arte de Paris e Internacional, tendrian un valor de millones de francos, lo que lo convertiria en un hombre con una vida nueva, rico y libre de su pasado.

Se alejaría de París; dejaría de pensar en las noches con bellas prostitutas y buscaría a Denise Arnault heredera junto a su hermano Bernard, de una inmensa riqueza familiar, la cual provenía inicialmente de sus negocios en el sector de la construcción y los bienes raíces. 

Denise, había sido la única mujer con la cual había vivido un romance tan apasionado, que por ella iba a dejar el delito. 

Pero ese romance no pudo concretarse, ya que la familia de la bella muchacha, se opuso terminantemente a esa relación. Richard; aun recordaba cuando en la zona en donde proliferan las antiguas ruinas romanas del Barrio Latino, más precisamente cerca de las Termas de Cluny, en una madrugada había sido enfrentado por tres sujetos  del bajo fondo, los que lo molieron a golpes advirtiéndole que si continuaba insistiendo en esa relación, su vida estaría en juego. 

Las amenazas no solo lo incluían a él, sino que iban a perjudicar a la joven a quien podrían enviar a Londres, para terminar con ese amor que era imposible.

Luego de la golpiza, los amantes se vieron solo una última vez en el Pont Neuf (Puente Nuevo), donde se comprometieron a unirse nuevamente y escapar del asedio de la familia Arnault yéndose de ser necesario del país. Richard pensaba frente a las obras de arte, que estaba a solo pasos de cumplir sus sueños con Denise, con la que solo se comunicaba una vez por mes cuando él la llamaba y luego recién del segundo intento -como si fuera un codigo solo conocido por los dos-, ella atendía ya que se encontraba celosamente vigilada.

Guardo delicadamente tanto el lienzo en el tubo como la escultora en el precioso cofre, dedicándose a colocar las tablas tal como se encontraban en el piso y juntar la basura producida. No debía dejar rastro alguno, para evitar que su “amigo” descubriera que algo había sucedido en el lugar.

Finalizó prolijamente de dejar el piso tal como estaba y estaba en cuclillas levantando la poca basura que quedaba, cuando nuevamente escucho pasos en la escalera. 

Levantó rápidamente todas las cosas, dirigiéndose nuevamente al baño, sin darse cuenta que había dejado olvidado sobre la mesa, el cincel.

Nuevamente ruido de llaves; la puerta se abrió. Era Jean Claude.

Desde el mismo lugar Richard lo vio, como así también al cincel sobre la mesa. Trago saliva. Iba a ser descubierto; pero nadie ni siquiera Jean Claude lo podría detener. Tomó la cuchilla que llevaba con su mano derecha, observando los movimientos de su “amigo”.

Jean Claude, observó el cincel y supo que alguien más se encontraba en el lugar, por lo que sorpresivamente solo exclamó;

-¡Richard, qué haces tú aquí!-

Richard salió del baño, donde dejó el bolso con las obras de arte y todo lo demás, blandiendo la cuchilla.

Enfrentándose a Jean Claude; le dijo

-No es posible que no solo una, sino dos veces volvieras aquí cuando debías regresar mañana quizás cerca del mediodía. Sorprendido continuó – ¿Dime a qué se debe todo esto?

-Jean Claude (que llevaba un revólver Smith & Wesson Forum modelo 66-2; 357 Magnum en su espalda a la altura de la cintura, regalo de su padre para su seguridad) le contestó;

-¿Me has creido estupido Richard?- 

-¿Pensabas que todas tus preguntas sobre este lugar, además de como lo observabas todo cuando has entrado no me provocaría intriga alguna, en cuanto a sus razones?-

-Mira Jean Claude, contestó Richard. – Esto significa para mi y Denise un nuevo comienzo. No me fuerces a lastimarte; déjame ir en paz. No deseo pelear contigo-

-No, Richard de ninguna manera te irás, le contestó furioso. (Parecía ser otra persona a la que Richard conocía). Hasta tanto me digas que has hecho aquí y me des sus razones, no te irás y no me amenaces porque la pasaras muy mal-

-Bien Jean Claude; te diré lo que quieres saber pero me iré con lo que encontré, quieras o no.- Creyendo que Jean Claude, estaba desarmado dio un par de pasos hacia él, cuando un golpe certero en su cabeza lo desmayo- 

Jean Claude le había dado un culatazo en la cabeza con el arma que portaba. Desvanecido Richard; se dirigió al baño trayendo al atelier el bolso sacando del mismo el tubo de estaño como la hermosa caja. Antes de proceder a verificar de qué se trataba, ató de pies y manos a Richard dejándolo  amordazado.

Lo que Richard no sabía; era que lo que él suponía “del niño bien” de Jean Claude, no reflejaba para nada la realidad de ese muchacho de familia burguesa, la que era muy distinta. Activista en el “mayo francés del 68”, del que fue protagonista, era además un practicante activo y participante en torneos de deportes de contacto.

Jean Claude; ya sujetado Richard, tomó el tubo de estaño del que sacó el lienzo y lo desplegó sobre la mesa. Al verlo concienzudamente y en cada detalle, una sonrisa se desplegó en su rostro, Luego tomó la escultura de la caja de madera, y no se mostró sorprendido por la figura de manera alguna.  

Sabía que la obra de Rodin databa de fines del siglo XIX y estaba desaparecida desde hacía aproximadamente 60 años. “El hombre de las serpientes” había desaparecido luego de una subasta en 1914, tras la muerte de su primer propietario Antoni Roux.

No pasó demasiado tiempo para que Richard volviera en sí, abrió los ojos con un fuerte dolor de cabeza, viéndose inmovilizado por completo. Jean Claude lo miro y sonrio para luego decirle;

-Has resultado un terrible imbécil Richard. No se como obtuviste la información, para llegar a estos objetos pero debo decirte que el lienzo de Cezánne es nada más que una burda copia barata, por la que no obtendrías un mísero franco. Tampoco me ha sorprendido demasiado la escultura de Rodin, ya que conocía que ha sido incesantemente buscada desde hace décadas.-

-Y agregó; mira a pesar de todo tu engaño, me caes bien pero sabrás que siempre sospeche de ti, por la forma desenfadada de ver la vida y como observabas cada rincón cuando has estado aquí, como la noche en que creíste que estaba borracho como una cuba. Pero no te denunciaré a la policía de Vernon, así que te sacaré la mordaza si prometes no gritar, ya que sólo serías tú el único perjudicado, ¿entiendes?-

-Richard, asintió con su cabeza- Jean Claude se acercó y le quitó la mordaza y el trapo que le había puesto en la boca.

-Bien Richard; ahora deseo que me digas cómo obtuviste la información, ya que me interesa. También; lo que pensabas hacer con estas obras, sabiendo ahora lo que te he dicho en cuanto al Cezánne, que no es el original- le preguntó Jean Claude.

-Richard lleno de ira por su impotencia, trató de liberarse sin éxito y estalló en llanto, no tanto por la situación sino porque impotente veía como toda su apuesta y lo planeado, se había derrumbado como un castillo de naipes. Le dio a Jean Claude, detalles de su vida desconocidos por este, como asimismo la relación amorosa con Denise Arnault, por la que en realidad había arribado a Giverny. Su pretensión de una vida nueva, dejando atrás hasta ahí su miserable existencia.-

-Jean Claude escucho calladamente y sin interrupción alguna todo el relato, hasta que Richard finalizó.- Luego habló pausadamente y en voz baja;

-Eres tan idiota Richard, que ni siquiera aaveriguaste sobre mi. Creíste en todo lo que te dije. Y en realidad solo parte de ello, es verdad. Podrías haber sabido que era un habitué visitante de Giverny y siempre me he alojado aquí en el 81 rue Claude Monet y solo por las estúpidas presiones de mis padres para que alcance la fama y gloria de un artista, cuando solo me agrada vivir mi propia vida sin ataduras ni exigencias, por lo que no me interesan sus deseos y he terminado odiandolos por pretender utilizarme como su creación, ante la inmoral y declinante alta sociedad parisina. 

Y prosiguió; -únicamente mis intereses son mi prioridad. Y tú has tenido la mala suerte de cruzarte en mi camino. He venido siempre en los últimos años y fui yo quien encontró antes que tú, estas obras como también el que se ocupó de esconderlas donde las hallaste. De esto solo estaba enterada, luego de una noche apasionada y luego de beber varias botellas de champagne,  mi amada Colette. Me sorprende que tuvieras esta información. ¿Quien te la facilitó?-

-No puedo decírtelo…yo la pasaria mas que mal, Jean Claude-

-Mira Richard; la puedes pasar peor conmigo, si no hablas tendré que obligarte a hacerlo- ¿Entiendes lo que ello significa,no?

-No serías capaz de hacerlo Jean Claude; tu nombre, tus padres …todos quienes te conocen…no comprenderán el bochorno de ver en ti a una réplica del personaje del Dr. Jekyll y el señor Hyde-

-Sigue sorprendiendome tu idiotez Richard. Nadie se va a preocupar en no saber nada de tí; estás solo y llegaste aquí de la misma manera. A nadie le interesas. Así que te sugiero que hables y evítate un mal mayor.-

-No te dire la fuente, no voy a comprometer a nadie- 

Jean Claude se enfureció y volvió a poner el trapo en la boca y la cinta de embalar a Richard. Tras ello, fue a la mesa y tomó el cincel que había llevado Richard consigo. -Ahora por cada nueva negativa; perderás una a una de tus uñas.- le dijo.

-Richard no podía entender lo que estaba sucediendo. Era como estar enfrentando a una persona cruel y más que siniestra, que podía realizar cualquier locura, con tal de lograr su objetivo.- 

Jean Claude volvió a preguntarle – Dime, quien te dio la información?- 

Richard movió su cabeza, negativamente.

Jean Claude tomó la mano derecha de Richard, y le levantó la uña del pulgar sacando la misma el dedo limpiamente. Richard solo gimió por el dolor.

La preguntas y la escena se repitieron cinco veces; hasta que Richard agotado con sus manos bañadas en sangre, finalmente asintió moviendo su cabeza. Jean Claude, le susurro en el oído que se mantuviera tranquilo y le dijera lo que deseaba saber y no levantara la voz, recomendación ya reiterada. Procedió nuevamente a sacarle la cinta y el trapo de su boca. Y ya con una voz gutural, que parecía la de un impiadoso personaje, de los tantos que Richard conocía del bajo mundo parisino, volvió a preguntarle.-

-Richard, llorando y gimiendo por el dolor le dijo – Un hombre llamado Robert Durand quien como camarero, estuvo en una fiesta de la alta sociedad y escucho como una mujer le decía a otra que la acompañaba, de un tesoro escondido en Giverny señalándole los detalles-

-Jean Claude se puso aún más tenso (supuso que era Colette) ¿Como? ¿Tu novia Denise, cuál es su apellido?-

-Richard contestó; Arnault- 

-Sorprendido Jean Claude replicó -¿Cómo es posible? ¿Tu ladrón del bajo fondo con Denise Arnault, la rica heredera? ¡Explicamelo, no puedo entenderlo! vociferó.

-Richard le respondió- Por lo que tu me has dicho; tu rica novia Colette debe conocer a Denise, por los círculos sociales en que ambas acostumbran a moverse y solo supongo que se lo debe haber dicho en un descuido- Te lo juro, Jean Claude lo deduzco como la única manera, en que Durand lo podría saber. No te miento. Por favor, desátame. Te juro que no diré nada a nadie y me iré ahora mismo, de la manera que sea de este maldito pueblo.-

-No tienes una sola neurona en tu cabeza, Richard- 

-Eres el individuo perfecto que vengo buscando desde hace tiempo, para llevarme de una buena vez a la obra única en su tipo de Rodin. –

-Tengo contactos que me conseguirán compradores ávidos por esta magnífica obra, desaparecida desde hace décadas. ¿Y por tí, quien se va a preocupar si desapareces aquí o en París? ¡Absolutamente nadie! Entiendes, al mismo tiempo lo volvió a amordazar-

-Richard pretendió incorporarse del piso; pero Jean Claude fue más rápido y apoyando el cañón del revólver en un almohadón, para amortiguar el ruido utilizando el cojín como silenciador, le disparó dos veces en la cabeza. Richard, falleció instantáneamente. Antes de que la sangre corriera por el piso, Jean Claude puso un plástico y una estopa en los orificios por donde ingresaron las balas-

Su plan había resultado perfecto. Llegado el caso de que alguien denunciara por alguna razón algún delito, los ojos recaerían sobre la figura de Richard Bussay. 

Haría desaparecer el cuerpo rápidamente; ya que de madrugada el pueblo todo estaba dentro de sus casas. Él volvería a París en la fecha de regreso de cada año y estaría unos días con sus padres; hasta realizar la venta de la obra de Rodin y luego con Colette, les diría a sus padres que intentaría montar su propia galería de arte, y se irían a la ciudad de Zurich en Suiza.

Ato y cubrió el cuerpo, arrastrándolo por la escalera. Luego se detuvo y salio a la calle, para asegurarse de que no hubiera ningún movimiento -de lo que estaba seguro -que llamará la atención.

Como suponía la noche cerrada lo ayudaba; ya que la oscuridad y la niebla eran sus aliadas. Cargó el liviano cuerpo de Richard sobre sus hombros y marchó hacia el lugar elegido y casi inaccesible,que estaba situado a unos 200 metros del lugar. Ya la fosa estaba preparada y no hizo otra cosa, que tirar el cuerpo sin vida allí; para luego proceder a tapar y disimular con la exuberante vegetación el lugar. 

Sabía que luego debía detenidamente limpiar el atelier que habitaba, además de ir al alojamiento de Richard a sacar todas sus cosas, por si a la Sra. Amélie se le pudiera ocurrir volver al otro día. Daría a quien le preguntara, la misma respuesta. Luego; solo le quedaba aguardar los acontecimientos.-

Al otro día, si bien había dormido pocas horas, no se levantó tan tarde. Ya sabía cómo justificar su ausencia de la velada en la que lo aguardaban, ya que al automóvil de ida lo había hecho detenerse a unos 500 metros del lugar. Y emprendió el regreso a Giverny, con una de sus bicicletas que había escondido en el lugar. Por eso la demora en su segundo regreso, en el que sorprendió al torpe Richard.

Desayuno como todos los días y ya cambiado, se dirigió a la Casa Museo de Monet. Allí saludó amablemente a toda persona con la que se cruzó. El que al  verlo, se le acercó rápidamente fue el encargado, el Sr. Signoret quien luego de saludarlo, le preguntó si sabía algo de Richard, ya que no se había presentado a trabajar.

-Jean Claude, sin vacilar le contestó- Ayer me dijo que se marchaba a París ya que había tenido un grave accidente su padre. Raro que no le avisara. ¿Bueno…tampoco ante una noticia semejante hubiera tenido la posibilidad de haberle avisado, no?-

-Igual sucedió al día siguiente con la Sra. Amélie. Misma pregunta, idéntica respuesta. Con un cinismo particular, Jean Claude le preguntó a la Sra. si Richard tenía alguna deuda con ella por el alojamiento, recibiendo como respuesta que  no, que le había abonado por adelantado.-

-Casi a finales de agosto; Jean Claude se fue de Giverny y nunca volvió al pueblo.- Como lo había pensado concreto lo que había planeado y un tiempo después viajó junto a Colette, a instalarse en Zurich, donde abrió su propia galería de arte. Aún hoy; pasados sus 80 años administra junto a sus hijos el negocio familiar.

De Richard Bussay; como suponía Jean Claude , nadie se preocupó jamás por su paradero como tampoco realizó denuncia alguna por su desaparición.

Denise Arnault, creyó luego de pasar meses sin que Richard la llamara, que como siempre habría vuelto a delinquir y al bajo mundo parisino. A los dos años, en un arreglo previo de ambas familias, contrajo matrimonio con el hijo de un rico banquero. 

En Notimex en la ciudad de Paris; se difundió el día 27 de agosto del 2015 que “Una valiosa obra del escultor francés Auguste Rodin, desaparecida hace 101 años, reapareció y ha sido entregada por un coleccionista anónimo a un museo suizo, reportaron hoy aquí medios locales”. Se trata de una escultura en bronce creada por Rodin en el año 1887 titulada “El hombre de las serpientes” que había sido vendida en una subasta en 1914.

La pieza será exhibida el 17 de octubre del año próximo en el Museo Rodin de París, por primera vez desde 1914, en una exposición consagrada al célebre artista.La escultura acaba de ser entregada, gratuitamente, al museo cantonal de Bellas Artes de Lausana, Suiza, por un donante que ha pedido el anonimato, informaron las fuentes. En el museo suizo se encuentran tres de las obras más emblemáticas de Rodin, entre ellas El pensador.

FIN

Epílogo: Agradezco a quien se ha detenido en este sitio y ha tomado su tiempo para leer cada uno de los capítulos o bien alguno de ellos y abandonó su lectura, porque no le resultaba de su agrado. Doy gracias asimismo; a aquellos que han sabido comprender la interrupción de “Misterio en Giverny”, por razones ya comentadas. 

Como corolario; me tomé el atrevimiento de dar a conocer a través de algunas imágenes lo hermoso del pueblo de Giverny lugar que tuve el privilegio de conocer y la Casa Museo de Claude Monet, como algunas obras del afamado artista.

Mujer con sombrilla – Claude Monet

“Impresión, sol naciente” – Claude Monet

“Mujeres en el jardín” – Claude Monet

Imágenes: Gentileza Pinterest

“Misterio en Giverny” El Final – Parte I

Richard se sobresaltó; pensó si alguien habría escuchado sus secos pero tenues golpes en las tablas del piso de madera. Se detuvo y se puso de pie, no había demasiados lugares para esconderse.

Rápidamente entró al pequeño baño y se colocó detrás de la puerta dejando a está abierta tal como estaba, mirando entre la luz que dejaba el marco hacia afuera, en el mismo momento en que una llave era colocada en la puerta de entrada.

La puerta se abrió. Era Jean Claude; quien velozmente se dirigió a la mesa de luz que se encontraba junto a su cama, abrió el cajón y  Richard observó que sacaba un sobre blanco del mismo. Supuso que quizás, su “amigo” había olvidado la invitación, volviendo a buscarla.

No obstante, pudo ver como Jean Claude observaba todo el lugar con detenimiento, como si hubiera advertido que alguien hubiera estado allí. Richard casi no respiraba, pero la rigidez e incomodidad de la posición en que se encontraba no la podría mantener por mucho tiempo más. Si bien era ateo, rogó porque su “amigo”se fuera de una vez.

Como era su costumbre, Richard acostumbrado a robar por arrebato o hurtar sin ser descubierto y sin arma alguna, solo había tomado una cuchilla de la cocina de la Sra. Amélie, no fuera cosa que se le presentará un obstáculo, en su cometido.

La realidad, le estaba diciendo que había acertado en su presunción. Los segundos se convirtieron en interminables, sabía que Jean Claude había dejado esperando el automóvil que lo trasladaba, esperándolo abajo y que se iría rápidamente.

Pero se preguntó ¿Cuál era la razón de que estaba aún allí, observando todo con minuciosidad?-

Para fortuna de Richard, luego de unos instantes Jean Claude se retiró, cerrando la puerta con llave detrás de sí.

Richard aguardo unos minutos antes de salir, inhalo y exhalo profundamente buscando relajarse.

Estaba empapado en su propio sudor. Las manos le temblaban. Era un ladronzuelo, no estaba acostumbrado a enfrentarse con sus víctimas.

Volvió al lugar en que había estado y arrodillándose, volvió a confirmar golpeando las tablas del piso, el lugar exacto en donde seguramente se encontraba lo que buscaba.

Sabía que no debía dejar rastro alguno, ya que por el tiempo transcurrido todo movimiento de las tablas, sería fácilmente descubierto aún por el menos observador de los mortales.

Se había provisto de pequeñas herramientas las que se encontraban en el cuarto de la Casa Museo de Monet. Tenía que hacer una tarea muy delicada y prolija si no quería ser descubierto.

Lo que parecía tan sencillo en un primer momento no lo era, razón de la antigüedad de la propiedad y que los pisos de madera estaban afectados por la humedad y que junto a los cambios drásticos de temperaturas de esa zona rural, se podían expandir cómo contraer y en algunos espacios, Richard pudo observar, que los pisos aunque mínimamente estaban pandeados.

Llevaba consigo un cincel afilado, un desarmador y una pequeña bolsa para colocar en ella la posible basura que pudiera generar, durante todo el trabajo que debía realizar. Comenzó por la primera tabla del piso, donde todas estaban dispuestas en forma transversal, unas junto a las otras.

El cincel fue de gran utilidad, y luego de retirar a un costado la primera, se preocupó de levantar todo el polvo y algunos pequeñísimos restos de madera, fundamentalmente de los encastres que las unen entre sí.

Estaba por sacar la cuarta tabla; cuando abrió sus ojos como nunca lo había hecho, observó un rollo que en la segunda década del siglo XX, ya se había abandonado  la utilización de las vejigas de cerdos para guardar pinturas al óleo, ya que eran una pesadilla para llevar, imposibles de cerrar correctamente después de abrir y susceptibles de reventar en cualquier momento. 

A partir de la década de 1860, los artistas del impresionismo encontraron alternativas que fueron más adecuadas para sus necesidades estéticas.

Tres factores fueron de particular importancia para el desarrollo de las nuevas pinturas que utilizaron: el esmerilado mecánico, la invención del tubo de estaño y las variantes en aglutinantes y aditivos utilizados para mantener la pintura con una consistencia homogénea en los tubos contenedores nuevos.

Así Richard terminó de sacar la cuarta tabla y comenzó a retirar la siguiente, para poder sacar el tubo de estaño y confirmar su contenido. A pesar de todos sus cuidados, ya había pasado una hora en que se encontraba allí. Sentía la necesidad cada 15 o 20 minutos, de relajarse para recomenzar su trabajo. Al retirar la quinta tabla; se encontró con una nueva y esperada sorpresa, un cofre de madera con algo de moho en su exterior pero en buen estado. Entonces retiró ambos hallazgos.

Su ansiedad lo animaba a saber o mejor dicho a confirmar su contenido, pero respiro profundamente y se dijo a sí mismo, que debía colocar nuevamente las tablas del piso, pegarlas y humedecer levemente todo el piso del atelier, para que al secarse tuviera la misma tonalidad.

Su tiempo de trabajo en los jardines de Claude Monet, le dio la templanza y paciencia necesaria, para finalizar su buen trabajo. A ello se dedicó; por espacio de una hora, hasta finalizar. Ya era casi pasada la medianoche, cuando primero abrió el estupendo cofre, una verdadera obra de arte de orfebrería y encontró en su interior, la obra de Auguste Rodin llamada “El hombre de las serpientes”, la que se supo que desapareció casi sesenta años atrás.

Luego de comprobar el primer hallazgo; abrió el tubo de estaño y con extremo cuidado desplegó el lienzo que se encontraba en su interior.

Tuvo que taparse su boca y con ojos de asombro, su alegría fue de tal magnitud que su corazón comenzó a palpitar más rápido que lo habitual.

La emoción del hallazgo lo conmocionó, no solo por el valor de ambas piezas  si no porque por primera vez se sentía un ladrón de guante blanco.

Del hurto de billeteras a transeúntes distraídos y de arrebatos de carteras a mujeres de la élite; mañana o quizás dentro de unos días se convertiría en toda una celebridad en el submundo parisino. 

Observo una y otra vez el pequeño lienzo, que no era otra cosa que una de las obras perdidas de Paul Cezánne, visitante habitual de Monet. La llamada “Pommes” o “Manzanas”.

Cézanne dedicó mucha de su atención a pintar manzanas y sus obras sobre esa fruta son muy admiradas. Es el caso de “Pommes” .

Ambas obras, tanto la escultura de Rodin como la pequeña pintura de Cézanne, se encontraban perdidas la primera tal como Richard estaba informado desde 1914 y la pintura al óleo de Cézanne, desde 1968.

Haré un paréntesis aquí; si me lo permiten porque considero en lo personal, que de la misma manera que me interesó la historia de ambas obras que dieron sustento al presente cuento, amerita que quienes me leen -siempre agradecido, por ello- les cuente algo de su extraño recorrido, hasta el hallazgo de Richard.

La escultura El hombre de la serpiente, una pieza de bronce creada en 1887 por Rodin, permaneció oculta durante un siglo, luego de ser subastada en 1914, tras la muerte de su primer propietario, Antoni Roux. Hasta que un donador anónimo la regaló en el año 2015, como una pieza única en su género, al Museo de Bellas Artes de Lausana, informó este miércoles la institución suiza.

En cambio el lienzo de la pequeña pintura al óleo de Cézanne, llamada “Pommes”, valuada en millones de dólares tuvo un más que azorado recorrido, por sus sobresaltos hasta su desaparición en el año 1918 en tuvo que ver con John Maynard Keynes quien anunció al entrar a Charleston Farmhouse, en el sur de Inglaterra, “Si quieren bajar a la carretera, encontrarán un Cézanne justo detrás de la verja”, en medio de la noche del 28 de marzo de 1918.

Quien llegaría a convertirse en el economista más influyente del siglo XX y sentaría las bases de la macroeconomía moderna estaba exhausto.

Llevaba unas 24 horas viajando desde Francia, después de asistir a la que debe haber sido una de las subastas de arte más peligrosas de la historia.

Su excéntrico saludo estaba dirigido a un grupo de amigos que eran parte de ese legendario clan, que se dedicaba al pensamiento y al amor libre y, como Keynes mismo más tarde lo expresó, a “la creación y el disfrute de la experiencia estética”.

Todo había empezado unos días antes cuando el pintor Duncan Grant se enteró de que en París estaba por venderse la vasta e impresionante colección de arte de Edgar Degas, el gran pintor impresionista que había muerto un año antes.

En tiempos de guerra e incertidumbre, con los alemanes acercándose a Francia, era una oportunidad única para adquirir obras para la National Gallery y Grant sabía quién podía asegurarse de que fuera aprovechada: su amigo Keynes.

Poco antes de que estallara la Primera Guerra Mundial en 1914, cuando tenía 31 años, el gobierno británico lo había citado pues estaba urgido de su talento.

Lo que se venía no iba a ser fácil. Reino Unido tendría que financiar la guerra y prestarle mucho dinero a Francia y otros aliados para evitar que no colapsarán.

Dedicado a su tarea de asesor, Keynes llevaba ya cuatro años “en contacto diario con las inmensas ansiedades” y tratando de resolver “imposibles requisitos financieros”, como escribiría más tarde.

La idea de Grant, aunque a primera vista pareciera lejana a esas preocupaciones y a su perfil, estaba hecha a su medida.

Es cierto que lo primero que se te viene a la mente al pensar en Keynes no es precisamente arte.

Más bien, quizás, su desafío a la ortodoxia reinante de que los mercados libres generan pleno empleo, argumentando que el Estado tiene un papel que desempeñar para ayudar a moderar los cambios del ciclo económico.

O el hecho de que ayudó a fundar tanto el Banco Mundial como el Fondo Monetario Internacional.

GETTY IMAGES Duncan Grant (izquierda) y Maynard Keynes (derecha): amigos y, alguna vez, amantes.

Pero, además de brillante economista, era también, entre otras cosas, amante del arte.

Y un ávido y astuto coleccionista que le dejó un legado de 135 obras a la Universidad de Cambridge, entre ellas esa que dejó tirada en un matorral en medio de la campiña inglesa.

Así que cuando Grant le solicitó que persuadieran al Tesoro británico para que liberara fondos para comprar pinturas, conjugó su misión con su pasión.

Un plan muy keynesiano

La subasta iba a ser pronto así que no había tiempo que perder. Keynes trabajó -como recordaría después- “23 de las últimas 35 horas” para trazar y lograr que fuera aprobado su brillante plan: un canje de deuda por capital.

Tanto Reino Unido como Estados Unidos le habían otorgado sendos préstamos a Francia, que probablemente no iba a poder pagar y, así lo hiciera, la debilidad del franco frente a la libra esterlina era alarmante, de manera que las pérdidas serían considerables.

Próxima entrega: El Final II

Misterio en Giverny – X parte

Una vez que Signoret finalizara de relatar aspectos de la vida de Claude Monet en su casa, durante los casi últimos cuarenta años de su vida, sorprendiendo a Jean Claude por su memoria hasta en los más desconocidos detalles, este le agradeció por la amabilidad al encargado de hacerle conocer los rincones más preciados por el pintor y lo felicito por sus profundos conocimientos en las técnicas que empleaba; que ni siquiera había recibido en la Escuela de Bellas Artes.

Jean Claude le comentó a Richard que haría algo de tiempo, caminando por el lugar, ya que se acercaba el final de la jornada de trabajo y lo esperaría para juntos regresar. 

Richard, asintió con su cabeza ante las señas de Jean Claude y volvió a sus labores. 

A Jean Claude le pareció increíble la habilidad de su “amigo” en preparar dentro de un invernadero, la mezcla de tierra mineral del jardín con tierra orgánica, agregando agua poco a poco para que quedara como fango o barro. Luego lo ponía en contenedores clasificados y allí plantaba cada nenúfar haciendo que sus raíces, quedaran en el fango que creaba.

Al estar en el exterior y cercano al puente japonés; Richard seleccionaba a aquellos que ya habían enraizado y tomado el tamaño suficiente, considerando a la vez el color de sus futuras flores. Luego los implantaba en el estanque, respetando una distancia de medio metro entre uno y otro.

En unos minutos más al terminar el día de trabajo; Richard como todos las personas que mantenían los jardines, se dirigieron a los baños a higienizarse para volver a sus hogares.

Jean Claude, aguardó a Richard a la entrada de la nave principal de la Casa Museo, hasta que llegara y ambos comenzaron a caminar por la calle de siempre, escuchando los cantares de las innumerables variedades de pájaros que había en esa zona fundamentalmente agrícola.

  • Te he estado observando, Richard. Eres realmente hábil en los cultivos de los plantines de nenúfares y su implante en el estanque- comentó Jean Claude.
  • No es para tanto, pero debo decirte que por el poco tiempo que llevo aquí, hasta yo me sorprendo de lo que me han enseñado. Parece en realidad; una escuela del arte de la naturaleza.- sonriendo exclamó Richard.
  • Sí realmente los jardines necesitan de mucho mantenimiento y cuidado por la gran variedad de plantas que posee de ambos lados, y muchas de ellas exóticas que me sorprende cómo se han adaptado aquí- ¿ No lo crees así, Richard?
  • Si es cierto, pero deja de hablar de ese lugar Jean Claude y bebamos algo como todas las tardes y me cuentas como van tus preparativos para el sábado- ¿Sí?
  • De acuerdo Richard, apuremos entonces el paso.-

Llegaron al lugar de siempre; La Dime en Giverny yendo al pequeño bar del hotel boutique. En esa oportunidad, ambos pidieron un Mont Blanc con un café bien caliente. El Mont Blanc, debieron compartirlo ya que era una pequeña montaña hecha de merengue y castañas.

-¿Ya has confirmado la reserva del coche, que te llevará a la velada del sábado, Jean Claude?, preguntó Richard.

-Sí…no…aun no, con que lo haga mañana por la mañana estará bien. No creo que aquí haya demasiado movimiento. Es un pueblo de menos de 400 habitantes, ya tiene su rutina de fin de semana. Curiosear quien se acerca donde vivió Monet y su familia, incluyendo la visita obligada al cementerio detrás de la casa en donde se encuentran sus sepulturas.- contestó Jean Claude.

-Bueno…está bien; si estas seguro de ello hazlo cuanto quieras-

-Es imposible terminar ese postre. ¿Verdad, Richard? No creía que fuera de tal tamaño.-

-Deja…si no deseas seguir compartiendo dejalo. Yo lo terminaré ya que trabajo y debo reponer calorías, algo que tu no necesitas. ¿Lo único que haces es caminar, observar, pintar y creo que nada más, verdad? le digo con una sonrisa irónica Richard.-  

-Riete…creía que tenía aquí un buen amigo, no alguien que critique mi forma de ser…- le contestó Jean Claude.

-…No seas tonto Jean Claude, ha sido solo una broma. Ambos sabemos que estamos aquí por distintos motivos. Tu para perfeccionarte y yo para vivir lejos del oscuro y profundo París.

-Como siempre, Jean Claude llamó al camarero y le solicitó la cuenta. Luego de pagarle, se levantó una vez que Richard terminara de comer el postre.-

Ambos jóvenes se dirigieron a sus alojamientos, comprometiéndose a verse antes de que Jean Claude se fuera a la velada en el Castillo Chateau-Gaillard.

El viernes no se encontraron. Quizás porque Jean Claude debía ir a la ciudad de Vernon en esa zona de Lombardía y a escasos 5 km de Giverny. Es que debía buscar una sastrería, para alquilar su ropa que debía ser acorde a la velada.

El sábado amaneció algo nublado; y mientras Richard como todos sus días de franco semanal, se dedicó a dormir hasta muy tarde. Extrañaria eso sí, la comida de la Sra. Amélie ya que esta le había avisado que estaría ausente, al visitar a su hermana que se encontraba enferma y ayudarle con algunas tareas de la casa. Eso sí, ya el viernes le pidió a Richard que por favor cuidara de su casa, el que amablemente accedió.

Como era su costumbre, se levantó pasadas las 11 de la mañana y se dirigió al baño, para darse una ducha. Sabía que alguna bollería habría dejado la dueña de casa en la cocina, por lo que se dirigió al lugar para prepararse un café y como suponía, la Sra. Amélie le había dejado dos baguettes como también un gran pote de foie gras o fuagrás,​ en este caso un producto derivado del hígado hipertrofiado de ganso.

Pensó entre dientes; que ya con todo eso era más que un desayuno, resultaba un verdadero almuerzo.  No tenía apuro alguno; era su día de descanso y sentándose, desplegó sobre la mesa de la cocina esos papeles que guardaba en el librillo de cartón, ya por enésima vez. Tenía el tiempo suficiente, para que al atardecer antes de que Jean Claude se marchara, fuera a saludarlo y saber como le había ido en Vernon.

Ya eran cerca de las siete de la tarde, cuando salió de la casa de la Sra. Amélie para dirigirse al atelier donde vivía Jean Claude, en el primer piso de la casa que se encontraba en el 81 rue Claude Monet. Tomó la campanilla de la planta baja y la hizo sonar varias veces, mostrando su impaciencia.

Desde la planta alta, abrió la puerta Jean Claude quien sabía que su “amigo” iría a verlo no solo para despedirlo, ya que a sabiendas de su curiosidad desearía conocer detalles de su ida a Vernon y detalles o noticias si las hubiere, de la velada a la que iría.

-¡Oh…Richard, amigo! Sube por favor, que ya me estoy preparando.-

-Gracias, Jean Claude.- Contestó Richard subiendo de dos en dos, los peldaños que llevaban al departamento-atelier.

-Espera amigo que me estaba afeitando, luego una ducha y estoy contigo- le dijo Jean Claude.

Mientras tanto, Richard volvió a mirar con sumo interés el atelier y cada uno de los muebles que se encontraban en él. Miro hacia el piso de madera y sonrió. 

Pasaron unos minutos y Jean Claude al salir del baño le preguntó – Dime Richard, -¿quieres beber un chocolate o un cafe? –

-Café- le respondió Richard agregando -Cómo te ha ido ayer en Vernon. ¿Has conseguido alquilar la ropa que usarás esta noche?

-Si he alquilado un esmoquin de raso brillante, con el fajín y la pajarita. Si fuera el único vestido de esta manera, parecería un “muñeco de torta”, rio Jean Claude. Pero no, la mayoría de los hombres se vestirá de similar manera. La competencia como siempre, se la dejamos a las damas… 

-Dejate de hacerte el gracioso, Jean Claude y dime ¿ asistirá alguna dama que te interese?-

-Si en realidad, mi interés es conocer a la sobrina de Jean Louis Dumas, que es dueño de una potencia mundial de lujo con marcas como Hermes, Louis Vuitton, Gucci o Prada.- le contestó Jean Claude, agregando ¿Sabes, Richard para satisfacer tu curiosidad tendría que poseer una copia de la lista de  invitados, para decirte si hay otra heredera interesante…- y soltó una carcajada.

-Sé que tu estampa y tu educación de niño bien, ya habitué de estar en estos tipos de eventos, harán el resto.- le respondió Richard.

Terminaron de beber el café; cuando Jean Claude exclamó – ¿Richard, me ayudarías luego para colocarme la pajarita?-

-Desde ya amigo, cuenta conmigo-

A media hora de las nueve de la noche, Jean Claude ya se encontraba elegantemente vestido y a la espera del automóvil que lo llevaría. Ambos “amigos” continuaron conversando, hasta que cinco minutos antes de la hora acordada, sonó la campanilla de la planta baja. Jean Claude, abrió la puerta y vio que se trataba del chofer, que pasaba a buscarlo. -En tres minutos bajo, aguarde, por favor- le dijo al hombre que se encontraba en la puerta.

-¿Bueno Richard; tomó mis cosas y me acompañas hasta el auto?-

-Si, desde ya- le respondió.

-Ambos jóvenes bajaron y antes de subirse al automóvil, Jean Claude le dijo a Richard – Nada de tonterías, Richard…ya algo conozco de tí…mañana quizás tarde, te contaré cómo la he pasado y todo aquel detalle que me resulte interesante. Me han comentado que habrá un show, con la presencia de Dalida, France Gall y  Charles Aznavour…pavada de cantantes… ¿verdad?

-Formidable poder disfrutarlos “cara a cara”- le respondió Richard.

Se saludaron con un abrazo, subiendo Jean Claude al automóvil el que partió enseguida. Richard se quedó solo. Miro hacia la puerta del atelier y pensó, que debía dejar pasar un breve tiempo, dirigiéndose a La Musardiere donde cenaría algo frugal. 

Debería hacerse ver en un lugar frecuentado por vecinos del pueblo tanto en ese momento, como luego y fue por ello que eligió dicho restaurante, que se encontraba a 200 metros de la Casa Museo de Monet.

Entró al lugar, el maitre lo llevó hacia una de las mesas y al llegar el camarero, entablo con este una charla amistosa -ya que su intención, era que se lo recordará, como que había estado allí- 

Pasados unos minutos; le solicitó luego de ver la carta un omelette Baudy junto a una botella de agua mineralizada. Finalizó con el postre, una terrine de volailles. Pidió la cuenta, pagó y se retiró del lugar.

Ya eran pasadas las diez de la noche; cuando se encontró frente al alojamiento-atelier de Jean Claude. Mirando a su alrededor, y comprobando que nadie lo viera subió la escalera y con unas hebillas, hábilmente abrió la puerta y entró.

Ingresó al atelier y comenzó a golpear una por una, las tablas del piso hasta que escucho un ruido hueco, como si hubiera una cámara debajo del lugar. El sudor le corría por la frente, estaba seguro que el dato que le habían dado era certero. Un regocijo interior se apoderó de él,  cuando imprevistamente escucho pasos en la escalera…

Próxima entrega: El final 

Misterio en Giverny – IX parte

A partir del lunes, todo se volvió casi monótono para ambos “amigos”; Jean Claude visitando diariamente la Casa Museo de Monet, en donde le aseguraba a Richard, que el lugar lo inspiraba para bocetar sus obras, como si el fantasma de aquel genial pintor lo guiará acertadamente en sus trabajos. 

Como buen y reconocido habitué visitante de la propiedad, era frecuente que le permitieran a Jean Claude -siempre acompañado por personal de seguridad- visitar los distintos lugares de la vivienda, pero donde pasaba más tiempo, era en el que había sido el atelier del pintor. 

Según decía, para él representaba un lugar estratégico y mágico construido por Monet, para desde ese espacio producir gran parte de sus obras, dado que le permitió tener una visión periférica que estaba relacionada con la localización y reconocimiento de la información visual, que se encontraba alrededor del objeto sobre el que fijaba su atención, sin demasiado esfuerzo.

Conocedor profundo del impresionismo, Jean Claude sabía que Monet era propenso a pintar en el exterior y no solo en su atelier. Sabía que el afamado había descubierto su estilo, que se fue radicalizando con el tiempo. 

Intentó captar el instante (sus trenes con humo), la luz (sus paisajes), las variaciones del color a través de sus series sobre un mismo tema, a distintas horas o durante estaciones diferentes. 

Paulatinamente fue acentuando los efectos luminosos hasta llegar en ocasiones a difuminar las formas o incluso a fundirlas entre sí.

En sus últimas obras la forma está ya prácticamente disuelta en manchas de color. Ya en esos momentos; Jean Claude sabía que muchos historiadores de arte junto a oftalmólogos, afirmaban que al sufrir Monet de cataratas, el artista veía cada vez más tras un filtro borroso y amarillento. De hecho, tras ser operado, volvió una temporada a su estilo anterior. Sea como sea, Monet murió a los 86 años, consagrado como una leyenda. Estaba prácticamente ciego pero al morir tenía un pincel en la mano. 

No obstante, “los amigos” cuando coincidían en su salida de la propiedad de la Fundación, usualmente se dirigían a La Dime, donde generalmente bebian una infusión caliente -café o chocolate- con alguna bollería tal como una baguette o un croissant, algo poco frecuente en Francia, país en que lo habitual es tener tres comidas al día, pero no merendar.

En una de esas tardes, Richard le preguntó a Jean Claude;

  • Dime Jean Claude;-¿a que hora te irás el sábado a la velada? –
  • Sabes Richard pediré un coche de alquiler, ya que desde aquí estoy a unos 20 o 25 km., por lo que pienso que será un viaje de no más de media hora.-
  • Pero dada la hora de la recepción le contestó Richard; ¿deberás reservar el traslado, verdad?
  • Si, desde ya. Creo que lo confirmaré a las nueve de la noche y estará más que bien, ya que la velada comenzará a las diez de la noche, le respondió Jean Claude.

  • Respetando la rutina cada atardecer, ambos jóvenes caminaban por la Rue Monet, dejando Richard a Jean Claude en su atelier alquilado. Conversaban en el camino, sobre las cosas que hacían durante el día y en ese instante Richard interrumpió a Jean Claude diciéndole;
  • Sabes Jean Claude – El Sr. Signoret sabe exactamente el lugar en donde el Sr. Monet, colocaba su caballete y sus pinturas fuera de la casa, para realizar la mayoría de sus obras tomando sus propios jardines como modelos.-

-¿En serio? ¿Conoce el lugar exacto? le contestó sorprendido Jean Claude. 

– Y  agregó, sé que el maestro pintó el jardín de la casa familiar en Normandía en 1866, y al llegar a Giverny fue cómo encontrar su lugar mágico. El territorio lo encontró por azar en 1883. Aquí pasó Monet la segunda mitad de su vida, sus cuarenta y tres años más productivos artísticamente.-

¿Crees realmente que Signoret, conoce esa parte de la vida del maestro? le preguntó Jean Claude a Richard.

  • Mira Jean Claude, mañana si como usualmente lo haces visitas los jardines, ya habré hablado con el Sr. Signoret cuya familia es de Giverny desde hace dos siglos. Imposible, que me lo dijera solo por vanidad, le contestó Richard-

Fue el jueves a la tarde, pasado el mediodía que Jean Claude volvió a la Fundación y Richard no bien lo vio llegar, le hizo una seña para que se acercara.

Jean Claude se saludó con Richard y casi al mismo tiempo, el Sr. Signoret se hizo presente. Obviamente, se conocían pero no habían tenido más dialogo hasta ese momento, que los saludos formales.

Sin embargo Richard, ya había conversado con Signoret para que le comentara a su amigo donde se ubicaba Monet, cuando pintaba en exteriores.

El Sr. Signoret dirigiéndose a Jean Claude; -Sr. Jean Claude me ha comentado el joven Richard, que Ud. deseaba conocer el lugar habitual en que el  maestro, pintaba sus lienzos en el exterior. ¿Verdad?-

-Si; es cierto- le contestó.

-Pues bien, era mi abuelo que fuera también encargado  del cuidado de los jardines de esta casa, al que oía decir anécdotas sobre de los comentarios que realizaba el Sr. Monet. Todavía recuerdo aquello que recordaba que decía el Sr. Monet  “Estoy encantado. Giverny es un paisaje espléndido”, le decia a su amigo el crítico Théodore Duret. Pero en un primer momento dijo también “La casa es extraordinaria. Es magnífica, pero no hay nada que pintar”, lo que le escribió el pintor a Alice Hoschedé. No obstante, él mismo se encargó de transformarla. Con ayuda del jardinero Félix Breuil se puso manos a la obra. Monet inventó un paraíso de plantas, concibió un espacio pictórico. Distribuyó plantas en colorido monocromo, yuxtapuestas según la tonalidad. Su criterio no era otro que plantar por armonías, con el ojo puesto de antemano en el lienzo – finalizó Signoret. Ahora si me permite, acompañeme al lugar en donde habitualmente se ubicaba-

-Si, como no. Lo acompañare y le agradezco mucho su gentileza, respondió Jean Claude.-

-No hay porque, es un gusto.- respondió Signoret.-

-Cuando Signoret se detuvo, Jean Claude lo imitó. Bueno mi estimado joven, este es precisamente el lugar, le dijo el encargado.

-Jean Claude se sintió a la vez que sorprendido, emocionado por estar de pie en el lugar exacto, donde Monet había pintado gran parte de su obra. Y aprovechando la presencia y el conocimiento de Signoret, le preguntó-

-Disculpe, Sr. Signoret. Pero debo preguntarles, ¿cuando el clima no se lo permitía que hacía el maestro en esa situación?

– Sabe Usted joven, mi abuelo  que además de estar empleado como encargado del mantenimiento de los jardines de la casa era también un pintor autodidacta, fue quién en nuestra amenas conversaciones me decía que al final del Siglo XIX, sucedió esa etapa en la que Monet iniciaba sus paisajes reflejo y repeticiones de nenúfares en medio de islas de hojas. Y que en ciertas oportunidades a pesar de que comenzara a llover, él continuaba su obra mezclando los distintos colores en el exterior, con la ayuda de un par de personas que lo protegían de la lluvia.

Continuará

Misterio en Giverny – VIII parte

Richard bajó la escalera, dirigiéndose a la calle no sin antes echar una mirada a su alrededor.

Debía tener preciso el día en que Jean Claude partiría a la Villa, para poder planificar hasta el mínimo detalle y sin fisuras el plan pergeñado por él de acuerdo a los datos que le habían sido “vendidos” en los bajos fondos de París.

Maldijo Richard; como todos los sábados en que trabajaba en la Casa Museo de Claude Monet, tener que levantarse y dirigirse a los jardines, no sin antes percibir si el encargado de la dotación de jardineros, estaba de buen humor, el exigente Sr. Charles Signoret.

Extrañamente luego del formal saludo; pudo comprobar que Signoret se encontraba de muy buen humor, algo inusual en él tan estructurado y obsesivo en el cuidado de los jardines. Siempre al entrar cada trabajador, Signoret les asignaba las tareas del día.

Así fue que le encomendó a Richard la zona en donde se encontraba el puente japonés, que Monet había hecho construir cuando vivía allí, pero con la particularidad que ese puente arqueado lo había sido pintado en dieciocho de sus obras.

El pintor siempre estaba fascinado por el juego de luces y reflejos en el agua. Cuando terminó su jardín, el pintor construyó un puente japonés inspirado por una de sus estampas japonesas, pero lo pintó de color verde para distinguirlø del tradicional rojo usado en el Japón.

La atmósfera oriental fue creada utilizando una selección de plantas como bambúes, ginkgos  biloba, arces japoneses, peonías, lirios blancos y los sauces llorones que tan maravillosamente enmarcaron el estanque.

Por último, las plantas Nenúfares de Monet fueron también colocadas en dicho estanque.  El afamado pintor dijo alguna vez: “Me encanta el agua, pero también me encantan las flores. Por eso, una vez que el estanque estaba lleno de agua, pensé en embellecerlo con flores. Tomé un catálogo y elegí al azar, eso es todo.”

Sin embargo; pese a su admiración por la cultura japonesa, corriente arraigada a partir de 1870, no le resultó nada fácil construir en un terreno originalmente pantanoso, un estanque que engalanó con la siembra de nenúfares. Los pocos pobladores del lugar, en un principio se opusieron al intento de Monet, pero luego lo aceptaron al convencerlos el afamado artista de que sólo sería semejante al canto de la naturaleza y haría del lugar, un exquisito paseo.

Richard; había sido lo suficientemente habilidoso y perseverante en el aprendizaje de todos los secretos de los jardines, y por ello Signoret le ordenó desmalezar el lugar circundante al puente, con la atención fundamentalmente puesta en los nenúfares, plantas acuáticas de flores que crecen en lagos, lagunas, charcos, pantanos o arroyos de corriente lenta, y que están usualmente enraizadas en el fondo.

Al llegar la hora del descanso; Richard detuvo su tarea y sacó su vianda de una bolsa para almorzar. Su vianda; como siempre se la había preparado delicadamente la Sra. Amélie Isabei, la misma persona que le alquilaba su cuarto. Le pagaba por ello, algunos francos más, pero él sentía que los sabores y olores, le hacían recordar a la comida que le preparaba su madre siendo niño.

Casi devoró su almuerzo y aprovechando que le quedaban unos minutos, fue a sentarse debajo de la sombra de uno de los tantos abetos que atravesaban la alameda central.

Busco en el bolsillo de su chaqueta de trabajo y sacó de allí, algo parecido a un libro pero que en realidad era un grueso cartón doblado, que contenía en su interior algunas hojas sueltas y manuscritas.

Se puso a leerlas con especial atención, en el orden en que las tenía guardadas deteniéndose de a ratos, llevando una de sus manos a su menton, como si estuviera involuntariamente creando un escenario para una obra de teatro.

En realidad; solo estaba repasando en detalle lo que le interesaba desde que había arribado a Giverny.

Pensó que quizás ese domingo, Jean Claude se hubiera levantado tarde y con una resaca de aquellas, por lo sucedido la noche anterior pero tambien que eso mismo lo llevara a visitarlo en los jardines o bien a la salida de su trabajo.

Ello sería para los intereses de Richard muy oportuno, ya que podría saber el día en que Jean  Claude estaría ausente, permitiéndole a él poder ejecutar lo planificado.

La intuición de Richard fue acertada; cuando vio a Jean Claude caminando y dirigiéndose a él, por el sendero principal. Cuando se vieron se saludaron con un abrazo y las carcajadas de ambos lograron hacer eco en los jardines y más de uno de los que se encontraban en el lugar, se elevó sobre sus pies para observar de donde provenían. Todo ello producto de las situaciones de la noche anterior, junto a la borrachera de Jean Claude.

Faltaban minutos para que la jornada de trabajo de Richard finalizara y Jean Claude, le dijo que lo esperaría para invitarlo, no a cenar sino a merendar una crema de chocolate con almendras, en La Dime, afamado lugar por sus exquisiteces y muy elogiado por todo visitante a la Casa Museo de Monet.

Jean Claude, esperó al que para él “era su amigo” y juntos se dirigieron al lugar.

Se sentaron como siempre y por indicación de Richard en una mesa alejada de otras que se encontraban ocupadas, ya que la siempre oportuna excusa de Richard era la intimidad de la conversación y no ser molestados por indeseables curiosos.

Imprevistamente Jean Claude, ya formado profesionalmente como artista y además, conocedor de los entretelones del mercado de arte, fue quien comenzó la conversación, sorprendiendo a  Richard;

-Si bien Richard, tú no eres artista debes haber escuchado de famosos pintores en qué parte de sus obras jamás han sido encontradas, como así también de la falsificación de originales de los genios del impresionismo- ¿no es así? 

-Algo habré escuchado en algún momento en París, en alguna reunión pero realmente no le he prestado demasiado atención.- ¿Dime porque pones tanto énfasis en lo que me dices?

-Sabes, tanto de Cezanne como de Monet dicen algunos expertos que debajo de determinada obra; hay una obra anterior de los maestros. ¿Lo puedes imaginar?

Richard no quiso mostrarse demasiado sorprendido y con el letargo del atardecer, entrecerró sus ojos, contestandole 

– Sabes Jean Claude; será porque ignoro mas que demasiado de arte, para poder entender qué sentido tendría pintar sobre otra pintura. Realmente no le encuentro significado. ¿ Puedes  explicarmelo?


-Sí, Richard. Mira sería algo así como que me caigo y se me rompe un brazo, ¿pero para saber esto con exactitud, me deben sacar una radiografía, verdad?

-Si, contestó laconicamente Richard-

-Pues bien continuó Jean Claude, así es como descubren una pintura debajo de otra realizada con anterioridad-

-Pero es una verdadera estupidez; podría haber pintado otro lienzo ya que no le veo sentido a lo que me dices-

-Ahh…amigo; en la pintura la mayoría de las veces nos dejamos llevar por las emociones y nos podemos encontrar que la obra que hemos finalizado, por alguna razón nos disgusta, pero sin embargo creemos que parte de las tonalidades de su fondo, las podríamos usar para la nueva versión. Así de disparatadas son las cosas.-

-Dime Jean Claude; ¿era el viernes próximo; el día en que te ibas al Castillo Cháteu-Gaillard?

-No…no Richard. La invitación que recibí es para el sábado próximo-

-Sonriendo Richard; le respondió que lo esperaria con ansiedad para que le contara de las maravillas de esa velada, junto a la nobleza y la alta burguesía europea- 

(No obstante, Richard se mostró más que satisfecho que fuera el sábado, ya que era su día libre y podría llevar a cabo su plan, sin levantar sospecha alguna).

Continuará…

Seguiré con bastante retraso.

Recuerdo que la VII parte del cuento corto al que denomine “Misterio en Giverny”; lo escribí el 7 de agosto de 2020, un día antes de que mi hermana fuera internada de urgencia, por una enfermedad degenerativa y agresiva, en la que luego de acompañarla por 45 días junto a sus hijos, falleció no por su enfermedad de base, sino por COVID19. 

No voy a justificarme con ello; pero debo decir que en la vida se presentan prioridades, que necesitan de toda nuestra atención como así de nuestro tiempo.

Es por ello, que esta entrada será la copia de aquella última, para permitirle al lector tener una guía sobre el contenido-núcleo del cuento, que espero finalizar en breve término. Muchas gracias y mis disculpas a todas/os.

Misterio en Giverny – VII parte 

Ya era noche avanzada en La Capucine; casi las once. Jean Claude, estaba realmente pasado de copas, por más que hubiera terminado su plato principal. Se daba lo que suponía Richard, el joven artista parisino, no era propiamente un noctámbulo, solo un “niño bien” acomodado y que se codeaba con la aristocracia.

-Dime, Jean Claude; vamos por el postre?

-Buehhh….pide la carta, vemos que tenemos…-

-Diviso Richard a Elizee, y la llamo, por favor…ven.-

-Sí caballero…-

-Nos traes la carta, queremos un postre-

-Aquí tiene, me llama cuando sepan que pedir.-

-Gracias Elizee…-

Ohhh…mira Jean Claude;tenemos Macarons, Mont-Blanc, Tarte Tatin y  Gâteau Saint Honoré…que deseas pedir para ti?

– Para mi Richard, una Tarte Tatin…-

– Bien Elizee, por favor nos traes una Tarte Tatin y una Gâteau Saint Honoré?-

-Enseguida, respondió Elizee.-

Mientras tanto…Richard volvió a su papel muy bien actuado, de aquel que sabe bien cómo orientar una conversación trivial, para sacar provechosa información para sí mismo en esa cena, preámbulo de una amistad en ciernes y aprovechando la credulidad de Jean Claude y el olor etílico que era evidente.

-Jean Claude dime; hay obras de arte importantes en la Villa del Mediterráneo que fuera de los Rothschild, o son meras réplicas.-

– No…creo que quien se ha pasado con la cerveza; eres tú Richard, le respondió Jean Claude, agregando puedes maravillarte con obras de Bouguereau del siglo dieciocho, tales como “Dante y Virgilio” o “El Nacimiento de Venus”. Además prosiguió encuentras obras de Cabanel, el danés Bendz y los más famosos lienzos de Pierre-Auguste Cot. Además hay tantas pero tantas maravillas, que sería imposible describirlas en una sola velada.-

-Qué genial…no me imaginaba que tuviera tanto para ver. Ahora dime, quizás haya dejado en tu atelier, algún recuerdo el gran Rodin?-

– No, la verdad que no he visto nada y si lo hay, no lo he visto. Sí puedo decirte que desde la ventana, tienes una hermosa vista de las distintas tonalidades de verde, que hasta te producen verdadera paz.-

-Alizee llegó con los postres, y dejó delicadamente en la mesa.-

-Ohhh…Richard; debo decirte que me tendrás acompañar a casa…porque no me veo demasiado bien…bah…es lo que creo…dijo Jean Clause soltando una risotada.-

-Haciéndose el sorprendido; pero en realidad era lo que deseaba que le pidiera, Richard le respondió -es lo de menos que puedo hacer por ti, compañero.-

-Y prosiguió “Lo que lamento Jean Claude, que en tu estado no podrás conocer a Babette.”-

-No hay problemas; Richard. Será la próxima vez, ni siquiera estoy para pararme…uhhh…que me han pegado fuerte estas deliciosas cervezas, dijo Jean Claude, tratando de incorporarse.-

-¿Qué haces Jean Claude?; espera. No hemos terminado los postres y además debemos pedir y pagar la cuenta…o crees que aquí nos regalan la cena, por no ser de aquí o por lo simpáticos que somos…haciéndole un guiño socarrón.-

Terminaron con los típicos postres franceses; y fue el momento en que Jean Claude llamó a Elizee, pidiéndole la cuenta, lo que ella hizo y luego le entregó.

-Dime Richard; ya que no veo muy bien, cuanto es la cuenta.-

-Si que estas realmente mal; amigo. Son 48 euros y piensa en la propina por la magnífica atención de la muchacha.-

-Desde ya; Richard. Jamás he sido un miserable. Toma 55 euros, págalo tú por favor.-

Richard llamó a Elizee y le pagó junto con la propina. La muchacha encantada, le agradeció y les dijo que siempre, serían bien recibidos en el lugar, invitándolos a volver.

Richard se acercó a Jean Claude y lo ayudó a incorporarse. Con alguna dificultad, Jean Claude como todo aquella persona pasada de alcohol, se puso tenso y recto al caminar, lo que produjo la risa de Richard, quien le dijo;

-Pareces un muñeco a cuerda; Jean Claude, por la forma en que caminas.-

Ambos jóvenes rieron con ganas y marcharon abrazados, por esas calles obscuras, ya que la arboleda era como un telón que escondía las luces del alumbrado público.

Mientras caminaban; hablaban de sus planes de los próximos días, y ahí fue que Jean Claude le comentó a Richard, que la semana de la próxima semana, más precisamente se iría todo el día, a Les Andelys a casi 20 kilómetros del pueblo, especialmente para visitar el emblemático Castillo Cháteu-Gaillard.

-Richard; le preguntó qué lo motivaba a visitar el Castillo.-

-Jean Claude; le respondió: sabes, me interesa hacer unos bocetos del entorno en donde se encuentra enclavado, entre dos barrios de antaño de la ciudad de Les Andelys, siendo uno de los parajes más destacados del Valle del Sena.-

Arribaron a la casa de Jean Claude y Richard se ofreció a ayudarlo a subir, lo que el otro joven agradeció. Subieron por la escalera de madera y mientras ello ocurría, la mirada aviesa de Richard, no se perdía detalle del lugar y de cada rincón.

Tanto en la planta baja; como en el primer piso Richard observó los pisos antiguos de madera, que generalmente poseían una pequeña cámara de aire por debajo, de no más de diez centímetros, que actuaban como ventilación y para refrescar los distintos ambientes, cuando los veranos eran terriblemente tórridos.

La mirada de Richard, era parecida a una máquina fotográfica ya que su memoria visual no había perdido de guardar como en un pendrive, todo aquello de interés que Jean Claude confiadamente le había comentado, con una amplia variedad de detalles. Por eso, ahora conocía sobradamente qué lugar habitaba Jean Claude.

Jean Claude en su estado; al llegar le pidió ayuda para acostarse en su cama y Richard accedió amablemente, sacándole los zapatos y recostandose en su cama. Luego de saludarlo con una palmada en el hombro, se retiró de la casa.

Continuará

Y algo debiamos hacer…

Fue un sonido suave…como alguien deslizándose
por la fina arena de la playa cercana al parador,
noche abierta más que clara por una luna llena y mire
a mi alrededor pensando en esas divertidas saltarinas,
ranas divertidas que se adherían a donde se les ocurriera

Pero no, ni divise a las ranas ni siquiera a alguna iguana
que bien podría estar buscando su alimento en la arena,
me acerqué al dueño del parador para saber si lo escuchaba,
atento me dijo sí, parece que proviene de la caseta de arriba”.

La denominada “caseta” era en el día, el lugar del guardavida
tome mi linterna y extrañado me dirigí hacia allí sigiloso,
como alguien que investiga algo muy serio para cerrar el día,
el sonido se hacia mas audible al acercarme ya podía presentir
que no era de animal alguno, eran voces tenues como en susurro.

Sentí vergüenza por la situación, que tenía que hacer yo ahí
interrumpiendo una cita de amor de jóvenes en busca de placer,
solo estaba a un metro de la puerta cuando se abrió de golpe
-Hola Juan!! ¡Te esperamos! Te vimos desde aquí, en el parador-

Conociéndote curioso como eres, le dije a los muchachos
“comencemos” con la rueda del mate que se acercara solo,
sabes, cambiamos el lugar por estos insufribles protocolos
aquí haremos el “pica-pica” del truco por unos pesos
como todas las noches en este jodido pueblo costero,
donde es tanta la gente que lo habita que cabe en un cuarto.

Eso sí Juan; con barbijo, distancia y alcohol en gel…

Imprevisto…sepan disculpar

Misterio en Giverny¿Capitulo….ó final?

Queridos amigos escritores; y siempre las damas primero. Me he comprometido; a la entrega en la presente semana, de un nuevo capitulo de “Misterio en Giverny”, pero he comprobado que la frase “el hombre propone, pero Dios o el Universo dispone”, en mi caso se hizo realidad. Al tener un problema técnico con mi office, que se solucionara, me veo obligado a estar desarrollando aquello en un block de notas o en la tablet, lo que ralentiza su desarrollo. Nuevamente, debo pedir humildemente disculpas por este imprevisto. Pero, para compensar subiré como cortesía de Pinterest fotografía de tan bello lugar, que supe conocer y recorrer. Me preguntarán porque no subo las mías? Fundamentalmente, porque la Notebook también me lo impide. Les deseo un maravilloso fin de semana, a pesar del “maldito bicho”. Pero ello; no significa construir el mejor día ya que cada un@ tiene los nobles materiales como para pasarla bien, solo o en familia,. 

Misterio en Giverny – VII Parte

Ya era noche avanzada en La Capucine; casi las once. Jean Claude, estaba realmente pasado de copas, por más que hubiera terminado su plato principal. Se daba lo que suponía Richard, el joven artista parisino, no era propiamente un noctambulo, solo un “niño bien” acomodado que se codeaba con la aristocracia.
-Dime, Jean Claude; vamos por el postre?
-Buehhh….pide la carta, veremos que tenemos…-
-Diviso Richard a Elizee, y la llamo, por favor…ven.-
-Sí caballero…-
-Nos traes la carta, queremos un postre-
-Aquí tiene, me llama cuando sepan que pedir.-
-Gracias Elizee…-
-Ohhh…mira Jean Claude;tenemos Macarons, Mont-Blanc, Tarte Tatin y Gâteau Saint Honoré  …que deseas pedir para ti?-
– Para mi Richard; una Tarte Tatin…-
– Bien Elizee; por favor nos traes una Tarte Tatin y una Gâteau Saint Honoré?-
-Enseguida, respondió Elizee.-
Mientras tanto…Richard volvió a su papel muy bien actuado, de aquel que toma información en una cena, como preámbulo de una amistad en ciernes y aprovechando la credulidad de Jean Claude y el alcohol que era evidente, ante su estado de marcada somnolencia.-
-Jean Claude dime; hay obras de arte importantes en la Villa del Mediterráneo, que fuera de los Rothschild, o son meras replicas.-
– No….creo que quien se ha pasado con la cerveza; eres tú Richard le respondió Jean Claude, agregando puedes maravillarte con obras de Bouguereau del siglo dieciocho, tales como “Dante y Virgilio” o “El Nacimiento de Venus”. Además prosiguió encuentras obras de Cabanel, el danés Bendz y los más famosos lienzos de Pierre-Auguste Cot. Además hay tantas pero tantas maravillas, que sería imposible describírtelas todas en una sola velada.-
-Que genial…no me imaginaba que hubiera tanto para ver. Ahora dime, quizás haya dejado en tu atelier, algún recuerdo el gran Rodin?-
– No, la verdad que no he visto nada y si lo hay, no lo he visto. Sí puedo decirte que desde la ventana, tienes una hermosa vista de las distintas tonalidades de verde, que hasta producen en mi, una verdadera sensación de paz.-
-Alizee llego con los postres; y los dejo delicadamente en la mesa.-
-Ohhh…Richard; debo decirte que me tendrás acompañar a casa…porque no me veo demasia-do bien…bahh…es lo que creo…soltando una risotada.-
-Se sorprendió; pero en realidad era lo que deseaba que le pidiera, Richard le respondió -es lo de menos que puedo hacer por ti, compañero.-
-Lo que lamento Jean Claude; que en tu estado, no podrás conocer a Babette.-
-No hay problemas; Richard. Sera la próxima vez, ni siquiera estoy para pararme…uhhh…que me han pegado fuerte estas deliciosas cervezas, dijo JeanClaude, tratando de incor- porarse.-
-Que haces Jean Claude; espera. No hemos terminado los postres y además debemos pedir y pagar la cuenta…o crees que nos regalan la cena, por no ser de aquí o por lo simpáticos que somos…riéndose ruidosamente.-
Terminaron con los típicos postres franceses; y fue el momento en que Jean Claude llamó a Elizee, pidiéndole la cuenta, lo que ella hizo y luego le entrego.
-Dime Richard; ya que no veo muy bien, cuanto es la cuenta.-
-Si que estas realmente mal; amigo. Son 48 euros y piensa en la propina por la magnífica atención de la muchacha.-
-Desde ya; Richard. Jamás he sido un miserable. Toma 55 euros, págalo tú por favor.-
Richard llamo a Elizee y le pago junto con la propina. La muchacha encantada, le agradeció y les dijo que siempre, serían bien recibidos en el lugar, invitándolos a volver.
Richard; se acercó a Jean Claude y lo ayudo a incorporarse. Con alguna dificultad Jean Claude como todo aquel pasado de copas, se puso tenso y recto al caminar, lo que produjo la risa de Richard, quien le dijo;
-Pareces un muñeco a cuerda; Jean Claude, por la forma en que caminas.-
Ambos jóvenes; rieron con ganas y marcharon abrazados, por esas calles obscuras, ya que la arboleda era como un telón que escondía la iluminación del alumbrado público.
Mientras caminaban; hablaban de sus planes de los próximos días, y ahí fue que Jean Claude le comento a Richard, que la semana de la próxima semana, más precisamente el miércoles se iría todo el día a Les Andelys, a casi 20 kilometros del pueblo, especialmente para visitar el emblemático Castillo Cháteu-Gaillard.
-Richard; le pregunto que lo motivaba a visitar el Castillo.-
-Jean Claude; le respondió: sabes, me interesa hacer unos bocetos del entorno en donde se encuentra enclavado, entre dos barrios de antaño de la ciudad de Les Andelys, siendo uno de los parajes más destacados del Valle del Sena.-
Arribaron a la casa de Jean Claude y Richard se ofreció a ayudarlo a subir, lo que el otro joven agradeció. Subieron por la escalera de madera y mientras ello ocurría, la mirada aviesa de Richard, no se perdía detalle del lugar y de cada rincón.
Tanto en la planta baja; como en el primer piso Richard, observo los pisos antiguos de madera, que generalmente poseían una pequeña cámara de aire por debajo, de no más de diez centímetros, que actuaban como ventilación y para refrescar los distintos ambientes, cuando los veranos eran terriblemente tórridos.
La cabeza de Richard, era parecida a una biblioteca en donde guardaba toda cosa de interés, que Jean Claude confiadamente le había comentado, con una amplia variedad de detalles. A eso, le sumaba que ahora conocía que lugar habitaba Jean Claude.
Jean Claude en su estado; al llegar le pidió ayuda para acostarse en su cama. Richard accedió amablemente, sacándole los zapatos y recostándolo en su cama. Luego de saludarlo con una palmada en el hombro, se retiró de la casa. 

Continuara

Misterio en Giverny – VI Parte

Richard observo como Jean Claude, llevaba consigo unas hojas en blanco y varios lápices en un sobre, y al ver ello le pregunto:
-Dime Jean Claude, has traído eso por alguna razón?
– Oh sí; le respondió sonriendo Jean Claude. A veces la inspiración sucede en cualquier lugar o en cualquier instante…
– Que es lo que te anima o te ha inspirado más a pintar, Jean Claude?
– No te rías, algo que suceda repentinamente pero también la belleza de una mujer…
– Ahh..ja…No me dabas el tipo de un seductor Jean Claude, como es eso?
– No…no Richard; soy bastante tímido, pero a través de la contemplación, fijo en mi memoria como modelo, a la mujer que en algún momento conozco y me maravillo, produciéndome eso…eso…
– Sí…hombre…te entiendo como un torbellino de hormonas, que te dejan confundido y bajan hasta tu pito…y estallo en una carcajada…
– No Richard, no te burles ni alces la voz, por favor. Mi visión es de algo inaccesible, como platónico. Eso es lo que me inspira…la belleza no solo física de una mujer…también su cadencia, su hablar, como camina. Me entiendes?
– Claro que sí; hombre. Como no entenderte (Richard pensaba que se encontraba frente a un hombre, que por su forma de ser, no habría intimado con muchas jóvenes parisinas). Dime Jean Claude, tienes o has dejado alguna novia en París?
– Jean Claude; (dudo por un instante en contestar para preservar su intimidad, pero ese joven le agradaba y era una de las pocas personas del lugar, con la que podía congeniar, pasando algunos ratos como pasatiempo, a pesar de su vozarrón y falta de sutileza). Sí, le contesto. Su nombre es Colette…
– Vaya…vaya…y que te dijo; cuando supo que te alejarías por un tiempo de París, para darle lugar a perfeccionar tu arte y en esta atmósfera de Giverny, en donde sé que hay varios artistas que como tú, vienen a este lugar creyendo que encontraran a una musa inspiradora-
– Ella nada me dijo Richard; sabes lo veníamos hablando hace tiempo y ambos consideramos que era lo mejor para mi futuro, nuestra confianza es plena. Cada tanto le escribo o retiro una carta de ella, de la oficina postal. Es una hermosa y encantadora mujer-
– Y dime Jean Claude, como la conociste?-
Se callaron; ante la presencia de la mesera Alizee, la que les pregunto que deseaban servirse, sin dejar de mirar a Richard.
-Este le pregunto a Jean Claude; qué opinas compañero si comenzamos con dos Kronenbourg ( una cerveza de Alsacia, muy popular en Francia y antiquísima) con entreé ( como entrada; sopa o ensalada)?-
– Jean Claude; asintió en cuanto a la cerveza, pero eligió la ensalada, al igual que Richard-
Alizee tomo el pedido y se retiró, no sin antes rozar las manos de Richard, apoyadas en la mesa, caminando de manera cadenciosa, hacia la cocina del lugar.
-Richard le guiño un ojo a Jean Claude, diciéndole – has visto amigo, como estas bellezas pueblerinas son las que te conquistan, sin mover un solo dedo, volviendo a lanzar otra estruendosa carcajada-
– Menos mal; pensó Jean Claude, que donde se encontraban no había personas alrededor. Alguno sin embargo, lejos de allí, dirigió su mirada a la mesa que ocupaban.-
– Richard le pregunto: – Dime, Jean Claude. No deseo que lo tomes a mal, pero me gustaría que nos conociéramos más, ya que veo que podemos forjar una linda amistad, que opinas?
– Es también mi intención; le respondió Jean Claude, creo que a pesar de dedicarnos a cosas diferentes y en carácter, somos como el agua sobre aceite, podríamos a llegar a ser buenos amigos. Dime; tu que deseas saber?
Richard ya había planeado su propia cartilla de preguntas; para obtener las respuestas que pretendía, a sabiendas que debía incluir en las mismas. trivialidades para que Jean Claude no sospechara ni minímamente, de sus verdaderas intenciones.
-Dime Jean Claude; responde a la pregunta inconclusa ¿cómo conociste a Colette?-
-Y…hace poco más de cinco años. Junto a mis padres, habíamos sido invitados a una velada que resulto fascinante por el decimoquinto cumpleaños de Nathalie de Rothschild, que sus padres organizaron y realizaron en la Villa Ephrussi.
-Ohh..debe haber sido fantástico…tanto lujo…tanta gente elegante y millonaria…el champagne debe haber corrido de una manera…y volvió a reírse-
– Y si, dijo Jean Claude. Precisamente en esa velada, presentaron la degustación del vino Chateu Lafite Rothschild, porque bien sabes que como esa familia, ninguna se promociona como ella…-
– Tan importante era la presentación de ese vino…aún más que el cumpleaños de la niña, exclamo sorprendido Richard…-
– Bien sabes Richard; le respondió Jean Claude que los Rothschild, son desde hace siglos una familia endogámica, lo que siempre ha sido una estrategia de la dinastía, a fin de asegurarse que su riqueza, siempre estuviera en manos de la familia- 
-Que de excentricidades y sed de acumulación de poder tienen, verdad? respondió
Richard…- 
Jean Claude calló, ante la llegada de la camarera, que depósito el pedido en la mesa junto a dos vasos congelados, para degustar la que para Richard era la más exquisita cerveza de Francia.
Con un tono sensual; Alizee mirando fijamente a Richard le pregunto; -desean los caballeros algo más?
-Richard saco de la galería su simpatía y le respondió; si eres tan amable nos gustaría que dentro de un rato o bien cuando se encuentren desocupadas, tu y tu hermana Babette se acerquen a nuestra mesa; a mi amigo le gustaría conocerla.-
-Alizee le respondió; tratare de complacerlos pero deberé pedir permiso al Señor Jean Luc Gedeon, gerente de aquí que además es muy riguroso y no nos permite que frecuentemos las mesas de los clientes…-
-No te preocupes, la interrumpió Richard. Llegado el caso, hablare yo con el Señor Gedeon…-
Alizee sonrio y se retiró; y los jóvenes sirvieron la cerveza en los vasos y brindaron por el encuentro y la vida, riéndose de la ocurrencia de Richard en tratar de lograr que la hermana de Alizee, conociera a Jean Claude. Este sin embargo, tan distinto a su compa- ñero de mesa, sintió una alegría y libertad desconocida en él, tan respetuoso de las formas. Se dijo a si, que razón le impedía divertirse después de tantos días en el pueblo de Giverny. Y se prometió disfrutarlo.
Ya habían terminado tanto las cervezas como las ensaladas, cuando Jean Claude volvió a llamar a la camarera, para pedirle la carta.
Mientras tanto, Richard le pregunto:- Dime Jean Claude, cuando te encuentras en Paris, frecuentas a los Rothschild?
-Sabes Richard; se detuvo un momento para abrir las nuevas cervezas que ya había dejado en la mesa Alizee y sirviendo en los vasos, le respondió- es frecuente que por la amistad con mi padre, visitemos a Guy de Rothschild en su gran y lujosa Villa, que se encuentra situada en Saint-Jean-Cap-Ferrat en la Riviera francesa. 
– Y dime; le pregunto Richard es cierto lo que dicen…que la familia Rothschild posee una interminable colección de obras de arte?
-Sí, no te han mentido. Poseen solo allí una vasta colección de obras de arte y estatuas. Fíjate, que además la biblioteca es monumental con casi un total de 8.000 volúmenes…-
-Richard se mantenía como se había prometido; muy interesado en lo que le decía su compañero ocasional, sin demostrar prestarle demasiada atención a Jean Claude…por lo que este le espeto;
– Richard; me estás escuchando?
-Sí…sí…perdona Jean Claude, estaba distraído pensando en que te gustaría que pidié-ramos como plato principal y en hacer un fantástico cierre de la noche con las dos bellas hermanitas pueblerinas. Que te parece como postre;  amigo?
Ya estaban por la tercera cerveza. Jean Claude bebía apresuradamente; Richard en cambio continuaba con su estrategia, como un paciente pescador que pone su carnada, y se toma todo el tiempo necesario, para atrapar su presa.
-Deseas que pidamos el plato principal, y vemos si tienen alguno de esos típicos que suelen ser tan sabrosos y abundantes, Jean Claude?-
-Sí; me parece oportuno, respondió Jean Claude-
Richard llamo a la camarera; que estaba observándolos, ya que no tenía demasiada personas para atender, en las mesas que le habían asignado. Presurosa y moviendo sus caderas, se detuvo a solo escasos cincuenta centímetros de Richard…
-Si señor; desean algo más?-
-Dime Elizee, que nos recomiendas como plato principal?
-Les puedo recomendar una exquisita lengua lucullus o bien una exquisita tartiflette, que es una especialidad de nuestro cocinero.-
Ambos se miraron; y Jean Claude se decidió por la tartiflette, mientras Richard prefirió la lengua de buey ahumada alternada con rebanadas de foi gras. Aprovecho para pedirle a la camarera; otra ronda de cerveza y que se las trajera junto a los platos-
La camarera asintió; y salió presurosa. Se sentía cómoda; al no haberle preguntado nuevamente el caballero por su hermana, la que estaba en un sector en donde tenía una mesa con diez comensales, y muy ocupada atendiéndolos.
Mientras tanto; Richard considero que debía profundizar un poco las preguntas hacia Jean Claude, y nuevamente en forma prudente le pregunto;
-Dime Jean Claude; posee la familia Rothschild en su Villa, importantes obras de arte?-
-Mira Richard; si bien fue la Baronesa Béatrice de Rothschild quien construyó su villa de color rosa en un promontorio en el istmo de Cap Ferrat con vistas al mar Mediterráneo, fue ella misma quien llenó la mansión con muebles antiguos, pinturas de maestros antiguos, esculturas, objetos de arte, y reunió una extensa colección de porcelana rara. Te digo que es tan importante; que los jardines están clasificados por el Ministerio de Cultura francés, como uno de los Jardines notables de Francia. Sin embargo a su muerte en 1934, la baronesa donó la propiedad y sus colecciones a la división Académie des BeauxArts del Institut de France y ahora está abierta al público. No obstante, ocuparon el salón principal en la velada en que se desarrolló, el agasajo por el cumpleaños de la niña Nathalie…-
– Uhhh…bueno…bueno…debe ser impresionante ver todas esas obras de arte de incal- culable valor, todas en esa villa que por lo que me cuentas, es como encontrarte en el mismo paraíso, dime la seguridad de la Villa seguramente debe ser estricta y rigurosa, no?-
-Sí, así es; contesto Jean Claude, quien se sentía ya un poco mareado…-
– Te sucede algo Jean Claude? le pregunto sonriendo Richard-
– No…no, quizás me excedí un poco con la cerveza…-
-Vamos, no digas eso; no hemos bebido tanto. Ahora cuando te traigan la tartiflette, llenaras tu estómago y te sentirás mejor. Y después…los postres-
-Jean Claude asintió y sonrió…-
-Dime Jean Claude; tu sabes que en el primer piso con el atelier que alquilas, una vez se alojó allí al inicio del siglo, el gran escultor Auguste Rodin?-
-Sí…me lo comento un camarero del Restaurante Baudy, te interesa por algo?
-No…no solo preguntaba si lo sabias…-

Continuara…