Sísifo, Prometeo y otros mitos que en la actualidad siguen vigentes.

NO HAGAS COMO ELLOS

Forman parte del imaginario colectivo actual y, aunque tengan miles de años, todavía siguen vigentes, aunque adaptados a los tiempos modernos.

Si deseas profundizar sobre esta entrada; cliquea por favor donde se encuentra escrito en azul. Muchas gracias.

Los mitos griegos forman parte del imaginario colectivo actual, han servido para inspirarnos, filosofar y entretener a los niños. Y aunque tengan miles de años, todavía siguen vigentes, aunque adaptados a los tiempos modernos. Todos somos un poco Prometeo o Ícaro en ciertos aspectos de nuestra vida. Por ello quizá, es buena idea conocerlos, para reconocernos en ellos y actuar como es debido (generalmente, de una manera totalmente opuesta a estos héroes antiguos, que solían acabar bastante mal).

El peor castigo, el de Sísifo

Es una de las historias más famosas de la mitología. A grandes rasgos: Sísifo, primer rey de Éfira, era ambicioso y cruel, y finalmente fue castigado por los dioses. En el Inframundo debía llevar a cabo la tarea más repetitiva y absurda de todas, subir una roca hasta lo alto de una montaña y, una vez ahí, ver cómo volvía rodando hacia la ladera de la montaña para tener que subirla de nuevo de una manera eternamente repetitiva.

Sísifo teniendo que trabajar todos los días de 9 a 6.

«Solo hay un problema filosófico realmente serio: el suicidio». Sísifo serviría más adelante a Albert Camus para exponer su pensamiento existencialista.

 Igual que Sísifo no tenía más remedio que levantar una piedra sin sentido y de manera repetitiva, nosotros hacemos nuestra vida de una manera monótona y absurda, sin encontrarle sentido. Hasta que de pronto despertamos y nos preguntamos si es que nuestra vida en realidad no lo tiene.

Según Camus, hay que aceptar lo absurdo de la vida para después superarlo. No rendirse ante la piedra.

Únicamente hay que aceptar lo absurdo de la misma para después superarlo. No rendirse ante la piedra, aunque tengamos que levantarla. Aunque también hay otras interpretaciones: el poeta y filósofo romano Lucrecio señaló en su obra ‘De la naturaleza de las cosas’ que no era más que un símil de aquellos políticos que quieren alcanzar el poder a toda costa.

La rebeldía de Prometeo

La historia de Prometeo, que robó el fuego a los dioses para dárselo a los humanos, se ha interpretado de distintas maneras a lo largo del tiempo. Por un lado, se habla de la rebeldía necesaria e intrínseca que todos tenemos para salirnos de las normas. Todos somos, en mayor o menor medida, Prometeo. Pero, de una manera más profunda, también nos dice algo de nosotros mismos a nivel colectivo: Prometeo representa a la humanidad (antropocentrismo) frente a los dioses (teocentrismo). Nos hemos alejado de ellos y de la naturaleza, en busca de la tecnología. El fuego fue la primera herramienta con la que buscamos el progreso constante.

La manzana de la discordia

Parece que, en general, las manzanas no traen cosas muy buenas en los relatos antiguos. 

En este caso, parece más vigente que nunca, por esa manía que tenemos los seres humanos de no dejar jamás de luchar entre nosotros: como sucede cuando no invitas a alguien a una boda (recordemos a Maléfica), Eris, diosa de la discordia, no se tomó muy bien eso de no recibir la invitación para el matrimonio entre Peleo y Tetis, diosa del mar. A Zeus se le había pasado avisarla. 

Las pequeñas cosas pueden sembrar grandes discordias, así que ándate con ojo si estás preparando las invitaciones a tu boda.

Entonces, Eris se presentó en la ceremonia y dejó una manzana que llevaba inscrita la frase «para la más hermosa», sin especificar si hablaba de Afrodita, Atenea o Hera. Ellas, ni cortas ni perezosas, tuvieron que buscar a Paris (príncipe de Troya y pastor) para que deshiciera el entuerto de vital importancia, y él eligió a Afrodita, puesto que le aseguró que así tendría a la mujer más bella del mundo. 

Ya sabemos cómo acabaron las cosas después en Troya. La explicación es bastante clara: las pequeñas cosas pueden sembrar grandes discordias, así que ándate con ojo si estás preparando tu boda.

Ícaro, haz caso a Dédalo

Quien mucho abarca poco aprieta, suponemos. Dédalo, constructor del magnífico laberinto del Minotauro, inventó unas alas para poder escapar junto a su hijo Ícaro que, quizá por la inocencia de la juventud, decidió acercarse tanto al sol que sus alas se derritieron y… bueno. Conocemos el final de la historia. 

Cada uno debe conocer sus propias limitaciones y no arriesgarse a acercarse demasiado al sol, pues podría quemarse. Vamos, que si no estás seguro con montar un bar porque no sabes nada de hostelería, igual deberías pedir una segunda opinión. En la cultura popular hay frecuentes alusiones a esta singular historia mitológica que nos habla de la sabiduría y la juventud, del aprendiz que debe hacer caso al maestro.

‘Noche de criaturas marinas’, de ‘Love, death and robots’. Una revisión de la historia de Dédalo e Ícaro.

No seas como Narciso

El narcisismo es, quizá por la época que nos toca, uno de los problemas actuales de mayor vigencia. Pero como no había redes sociales en aquellos momentos, discernir lo que le pasaba a Narciso no pasaba por observar cuántos selfies subía a Instagram. Ya nos sabemos la historia: una vez, por casualidad, se acercó a beber a un río y al ver su reflejo en el agua se enamoró perdidamente de él. 

Según un estudio, en 13 años han muerto más de 300 personas por intentar hacerse un selfi en algún sitio peligroso 

Al final, tratando de acercarse a sí mismo, se cayó al agua y se ahogó. Cosas que pasan (y siguen pasando). 

Imagen de portada:  iStock.

FUENTE RESPONSABLE: El Confidencial. Por Ada Nuño. Junio 2022

Sociedad y Cultura/Curiosidades

 

 

El manual de exorcismos que ha permanecido sin descifrar durante más de dos siglos.

CÓDIGOS SECRETOS

Un extraño manuscrito encontrado en una colección inglesa del siglo XVIII ha resultado ser un manual de exorcismos, escrito en lenguaje cifrado para prevenir su mal uso.

Si deseas profundizar en esta entrada; cliquea por favor donde esta escrito en “negrita”. Muchas gracias.

Curiosidades de la historia

En 1753, el noble inglés Robert Harley, Conde de Oxford y Conde Mortimer, adquirió una colección de más de 600 manuscritos de época medieval y moderna, escritos en varias lenguas europeas y que abarcaban una gran variedad de temáticas, desde obras de clásicos como Tito Livio y Petrarca hasta tratados de alquimia y medicina, pasando por diarios privados y libros de cantos religiosos. Esta copiosa colección fue vendida por su hijo al Museo Británico, que durante más de dos siglos se ha dedicado a la titánica labor de catalogar y describir los documentos, encontrando a veces notables problemas.

Uno de estos documentos, catalogado como Harley MS 2874, ha encerrado un misterio resuelto recientemente, por su contenido aparentemente indescifrable. En el catálogo original es descrito como un breviario, un libro de liturgia que resume las obligaciones públicas del clero a lo largo del año. El problema era que muchas de las palabras no tenían sentido y estaban compuestas principalmente por consonantes, resultando ilegibles. Un misterio que, sin embargo, una vez descifrado tenía mucho sentido para la época.

Robert Harley, Conde de Oxford y Conde Mortimer

Robert Harley, Conde de Oxford y Conde Mortimer. Retrato por Godfrey Kneller (1714).Foto: National Portrait Gallery

DESCIFRANDO EL MISTERIO.

El documento empieza con las siguientes palabras: Cpnkxratkp malkgnprum spkrkxxm. Aparentemente no significan nada y tal vez por eso el manuscrito cayó en el olvido, hasta que en 2019 la Biblioteca Británica empezó a revisar el catálogo original para actualizarlo y hacerlo accesible online. Así se topó nuevamente con el críptico contenido del Harley MS 2874, que sin embargo pudieron resolver de una forma más sencilla de la que tal vez esperaban.

Se trata de un sencillo sistema de encriptación en el cual algunas vocales son sustituidas por la consonante sucesiva. Así, el encabezado del manuscrito se puede leer como Coniuratio malignorum spirituum, es decir, “conjuro (o invocación) de los espíritus malignos”; y el contenido resulta claro: se trata de un manual de exorcismo. Investigando más en profundidad, los investigadores han llegado a la conclusión de que se trata de la copia de un manual cuyo original se encuentra en el Vaticano, y que describe los rituales para expulsar a los demonios del cuerpo de las personas poseídas.

De hecho, una vez revelada su identidad, resulta ser un documento conocido: se conservan alrededor de 30 copias sin codificar del Coniuratio malignorum spirituum, realizadas en imprentas de Roma y Venecia entre finales del siglo XV y principios del XVI. El Harley MS 2874 es una copia a mano, probablemente realizada por un monje que decidió codificar su contenido: ninguno de los manuscritos impresos contiene ese lenguaje encriptado.

Página del Coniuratio malignorum spirituum

Página de una edición romana del Coniuratio malignorum spirituum, que representa a un hombre expulsando los demonios del cuerpo de otro mediante un exorcismo.Foto: British Library

UN MECANISMO DE SEGURIDAD.

Pero, ¿qué necesidad había de codificar este contenido que, en teoría, debía servir para el bien y por lo tanto ser accesible a quien tuviese necesidad de usarlo? Según los investigadores, el monje que copió el manuscrito seguramente temió que alguien pudiera usarlo para hacer el mal: las fórmulas que contiene otorgaban supuestamente el poder para dominar a los demonios y, por lo tanto, quien lo copiara creyó que podía ser usado para fines malignos si caía en malas manos.

De hecho no se trata solo del título, sino que todas las fórmulas rituales están encriptadas con el mismo sistema o abreviadas: por ejemplo, Coniuro te diabole (“te invoco, diablo”) aparece como Cpnkxrp tf dibbplf o 9o te diabole.

Manuscrito Harley MS 2874

Inicio del manuscrito Harley MS 2874, con las palabras «Cpnkxratkp malkgnprum spkrkxxm» que forman el título encriptado del documento.Foto: British Library

Los investigadores creen que el copista fue posiblemente un monje de la abadía de Bury St. Edmunds en Suffolk, a partir de una pista encontrada en el manuscrito: la primera página es “reciclada” y con luz ultravioleta se puede distinguir en la otra cara el texto original, un indulto real de Enrique VI a William Babington, quien fue abad de Bury St. Edmunds entre 1446 y 1453. Según los investigadores, el autor era probablemente un monje de esta abadía que no estaba familiarizado con los manuales de exorcismo, que en aquella época eran escasos en Inglaterra.

Puesto que en textos paganos se encuentran a menudo fórmulas parecidas, es probable que el copista se sintiera intranquilo ante la posibilidad de que alguien pudiera usar su contenido para lanzar maldiciones y por eso decidió codificarlo. Podía preocuparle en particular el uso abundante que se hace del término coniuratio (conjuro o invocación), a menudo hallado en textos sobre artes oscuras. Este “mecanismo de seguridad” impediría también, o al menos eso pensaba él, que alguien leyera en voz alta las fórmulas sin saber de qué se trataba y conjurara a los demonios involuntariamente. Queda claro que, para él, toda precaución era poca.

Imagen de portada: Foto: British Library

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic. Por Abel G.M. Periodista especializado en el ámbito de la historia y viajes. Abril 2022

Sociedad y Cultura/Historia/Exorcismo/Curiosidades

 

 

 

 

Las personas más felices tienen estas 9 cosas en común, según la ciencia.

Probablemente una de las cosas que más te interese es escapar para siempre de la infelicidad, pero te será útil saber que la química de la infelicidad es tan necesaria como la que produce felicidad. 

El cerebro necesita las sustancias químicas de la infelicidad para advertir de amenazas y obstáculos, del mismo modo que precisa la química de la felicidad para llamar la atención sobre las oportunidades. 

Estamos diseñados para sobrevivir buscando sustancias químicas felices y evitando las infelices, pero no para seguir atajos que eliminen la búsqueda y la eliminación. 

Según el libro de «Los hábitos de un cerebro feliz» de Loretta Graziano.

No obstante, todos queremos ser felices, o al menos la mayoría. Así que si bien, no podemos evitar los momentos infelices, pero podemos propiciar las 9 cosas que las personas felices tienen en común:

1. Calidad de las relaciones. Un importante estudio siguió a cientos de personas durante más de setenta años, y se descubrió que los más felices (y más saludables) eran aquellos que mantenían relaciones sólidas con personas en quienes confiaban para apoyarlos. Esto ayudaba a niveles de serotonina en el cerebro.

2. El tiempo es mejor que el dinero. Se ha demostrado que las personas son más felices cuando tienen más tiempo que más dinero. Pareciera que tratar de abordar la vida desde esa mentalidad parece hacer que la gente esté más contenta.

3. El dinero ayuda. Las personas que tienen para pagar sus facturas mes a mes tenía considerablemente más felicidad. Sin embargo llega un momento donde más cantidad ya no significa más felicidad.

4. Las personas que se detienen a apreciar el momento, a bajarle a la velocidad del estrés diario y pueden disfrutar las pequeñas cosas, son más felices según los estudios recientes.

5. La generosidad ayuda a mejorar el estado de ánimo. Las personas que son voluntarios o apoyan a la filantropía tenían mejores niveles de satisfacción.

6. Hacer ejercicio ayuda mucho a mejorar el estado de ánimo, disminuye el índice de enfermedades mentales. Por ejemplo, el basketball ayuda con los 4 químicos de la felicidad:

1) Dopamina: por ser juego/ lúdico .

2) Endorfinas: por hacer ejercicio.

3) Serotonina: Pasar tiempo con tus amigos, sentirte parte de algo.

4) Oxitocina: cuando amas el juego.

7. Las experiencias y la diversión. Las personas que gastan su dinero en experiencias como ir a escalar o viajar son más felices que las que las gastan en cosas materiales que no implican una experiencia.

8. Ayuda mucho estar en el presente en el momento. Varios estudios han encontrado que las personas que practican la meditación de atención plena experimentan un mayor bienestar y salud mental. También las personas que tenían un diario de agradecimiento experimentaron mayores índices de bienestar.

Además la psicología cognitiva habla de renunciar. «En la renuncia está la fortaleza, ésa es la vía regia hacia la felicidad» dice el autor, Rafael Santandreu. Y comprendo que es bastante difícil renunciar, porque a veces es renunciar a otras personas o a la misma salud, cuando enfermamos. «Me enfermé y viviré de la mejor manera que puedo esta enfermedad», parafraseando al autor.

9. Los amigos y el tiempo que tenemos con ellos ayuda mucho en el bienestar. Las interacciones con amigos casuales pueden hacer que las personas sean más felices, y las amistades cercanas, especialmente con personas felices, también pueden tener un efecto poderoso en tu propia felicidad.

Imagen de portada: Gentileza de Enseñame de Ciencia.

FUENTE RESPONSABLE: Enseñame de Ciencia. Abril 2022

Sociedad y Cultura/Felicidad/Curiosidades

 

La gente medieval dormía de otra manera: ¿por qué dejamos de hacerlo?

DOS BLOQUES

En el pasado la gente solía dormir en dos tramos durante la noche, y aprovechaba para rezar, ir a visitar a sus vecinos o charlar en la cama y compartir confidencias.

Hay pocas cosas en la vida en la que toda la humanidad se ponga de acuerdo, a pesar de que en estos tiempos pandémicos hemos podido observar con perplejidad cómo el mundo entero se confinaba y aplicaba unas medidas similares. 

Una de las pocas cosas en las que coincidimos todos, provengamos de donde sea, es en aquello de dormir, lo hagamos mejor o peor. Todos (siempre que podemos) elegimos la noche para ello, por razones obvias, y descansamos tumbados, en lugares mullidos e ideales para buscar el sueño. ¿Siempre fue así? 

En realidad, tenemos pruebas de que no. Las ocho horas reglamentarias que en tantas revistas nos aseguran que son algo así como la llave para conseguir la vida eterna y el cutis más bello, son en realidad una cosa relativamente moderna. No es algo que digamos nosotros, sino que se lleva estudiando desde hace tiempo. 

Según Roger Ekirch, historiador del sueño de la Universidad de Virginia, el patrón del sueño dominante desde tiempos inmemoriales era en realidad bifásico. En otras palabras, nuestros antepasados dormían en dos bloques de cuatro horas (así que, en el fondo, cumplían también aquello de las ocho horas. Aunque de manera diferente). 

Ekirch estaba estudiando registros que abarcaban la Edad Media y la Revolución Industrial cuando se topó en varias ocasiones con las palabras ‘primer sueño’. Así descubrió que se dormía en dos bloques. 

Si deseas profundizar sobre esta entrada; cliquea por favor adonde está escrito en “negrita”.

¿Y qué hacían entre medias? 

«Estos dos bloques estaban separados por un periodo de vigilia que duraba una hora o más», explicó el historiador en otra ocasión. 

«Durante ese tiempo algunas personas se quedaban en la cama, rezaban, pensaban sobre sus sueños o hablaban con sus parejas. Otras, en cambio, se levantaban y realizaban diversas tareas, e incluso visitaban a sus vecinos antes de volver a la cama». 

Se sabe de muchos personajes históricos (Leonardo da Vinci, Edison, Nikola Tesla…) que dormían unas cuatro horas por noche y después se echaban una pequeña siesta a lo largo del día.

Y viene de largo. Por supuesto, Ekirch no sacó sus conclusiones de la nada, sino que estudiando registros que abarcaban la Edad Media y la Revolución Industrial se topó en varias ocasiones con las palabras ‘primer sueño’. 

Según los testimonios, que se remontan a la ‘Odisea’ de Homero, y llegan hasta los ‘Cuentos de Canterbury’ de Chaucer, esta costumbre estaba totalmente extendida, hasta que, de pronto, dejamos de hacerlo.

Pero, además de estas obras, también descubrió que cientos en cartas, diarios, libros de texto médicos, escritos filosóficos, artículos de periódicos y obras de teatro hablaban de lo mismo. Y lo más sorprendente es que el hábito no se reducía a Europa, sino que también estaba extendido por África, el sur y el sudeste de Asia, Australia, Sudamérica y el Medio Oriente. Y de pronto se olvidó, como otras costumbres extendidas o esos objetos particulares que se encuentran en las excavaciones arqueológicas y nos hacen parpadear perplejos por lo que nuestros antepasados hacían. Pero, ¿por qué ‘pasó la moda’?

Luz, más luz

Ya lo dijo Goethe antes de morir. Parece bastante claro que la invención luz artificial fue la que modificó una costumbre tan arraigada en la sociedad mundial. Según el propio Ekirch, las bombillas alteraron para siempre la relación del hombre con la noche, que pasó a ser ese período de tiempo que prolongaba el día. Durante ella se podía acudir a reuniones sociales, al bar o al teatro. 

El hábito no se reducía a Europa, sino que también estaba extendido por África, el sur y el sudeste de Asia, Australia, Sudamérica y el Medio Oriente 

La cama no nos llamaba ya con tanta antelación, y los horarios del hombre dejaron de estar tan influenciados por los astros. Apareció además el turno nocturno, pues si la noche servía para pasarlo bien también podía ser útil para trabajar. Para optimizar el tiempo, era mucho mejor dormir del tirón, aunque había mucha más libertad para irse a dormir cuando se quisiera, ya que la oscuridad ya no era un problema y tampoco había que hacer especial caso al canto del gallo.

El sueño ancestral

Según un artículo publicado en ‘BBC‘, una noche de sueño en el siglo XVII era algo así: desde las 21:00 hasta las 23:00, los que tenían la suerte de poder permitirse el descanso se dejaban ir durante un par de horas. La mayoría de la gente dormía entonces en comunidad, unidos a una gran variedad de chinches, pulgas, piojos, miembros de la familia, extraños, amigos y sirvientes. Para minimizar algunas posibles incomodidades, se estipulaban convenciones sociales estrictas que iban desde prohibir moverse demasiado a organizar las posiciones para dormir (las niñas solían acostarse a un lado de la cama, seguidas por la madre y después el padre, y al otro lado los niños). Un par de horas más tardes la gente comenzaba a despertar de este primer letargo, sobre la una de la madrugada. 

La mayoría de la gente dormía entonces en comunidad, unidos a una gran variedad de pinches, pulgas, piojos, miembros de la familia, extraños, amigos y sirvientes 

Lo más sorprendente quizá es que no se despertaban por alguna alarma o ruido nocturno, sino que lo hacían de forma natural igual que nosotros nos despertamos por la mañana. Entonces la gente compartía unas confidencias difíciles de emular durante el día, aprovechaba para trabajar o se daba a la religión. Después volvían a la cama.

¿Nuestra forma de dormir es la mejor?

La cuestión es, por muchas revistas que leamos que aseguran que las ocho horas de sueño seguidas son fundamentales, ¿qué vendría realmente mejor para nuestros ritmos circadianos? 

Después de cuatro semanas, los patrones de sueño de los participantes comenzaron a transformarse y ya no dormían en un tramo, sino en dos bloques.

Una investigación realizada por Thomas Wehr (científico del sueño del Instituto Nacional de Salud Mental) realizada en los años 90, un poco antes del descubrimiento de Ekirch, es bastante curiosa, incluso esclarecedora. Realizó un experimento con 15 hombres que tenían patrones de sueños normales, a los que se les privó de iluminación artificial durante la noche para acortar sus horas de luz. De las 16 a las que estamos acostumbrados, pasaron a diez. El resto del tiempo estaban confinados en un dormitorio sin luces ni ventanas. No se les permitió tocar música ni hacer ejercicio, y en su lugar se les recomendó descansar y dormir. Al principio, todos los hombres tenían hábitos normales y dormían en un turno nocturno que duraba desde la noche a la mañana. Pero entonces sucedió algo increíble: después de cuatro semanas, sus patrones comenzaron a transformarse y ya no dormían en un tramo, sino en dos bloques. Las mediciones de la hormona del sueño melatonina mostraron que sus ritmos circadianos también se habían ajustado, por lo que su sueño se alteró a nivel biológico. Wehr había ‘reinventado’ el sueño en dos fases. 

Quizá habría que tomarse de forma más natural y si tanta ansiedad esos insomnios que nos acucian en mitad de la noche.

¿Significa eso que es la mejor opción? 

Para Ekirch, la respuesta es un poco más compleja. Por un lado, opina que la manera de dormir de nuestros antepasados nos demuestra que esos insomnios tan típicos de medianoche, en los que nos despertamos y nos pasamos buena parte de la noche ansiosos e incluso tenemos que acabar haciendo uso de la química para volver conciliar el sueño, podrían ser mucho más normales de lo que consideramos, y habría que tomarlos con más naturalidad (aunque sea difícil porque, al fin y al cabo, muchas veces tenemos que despertarnos para ir a trabajar). 

Pero, por otro lado, es normal que las costumbres de sueño hayan cambiado (asegura) no solamente debido a la luz eléctrica. También hay que tener en cuenta que descansamos con mucha mayor tranquilidad que nuestros antepasados. 

No tenemos que ocuparnos de que nos asesinen en mitad de la noche, de morir congelados o de despertarnos con sabañones por culpa de algún piojo o alguna chinche. Y se agradece. 

En otras palabras, puede que un bloque entero de sueño no sea lo más natural para los ritmos circadianos, pero tampoco lo son los colchones ergonómicos o la higiene, así que no está de más ahorrarse las confidencias de madrugada o los rezos, si en lugar dormimos de una vez en una cama cómoda y mullida.

Imagen de portada: Una mujer durmiendo en una cama durante la Edad Media. (iStock)

FUENTE RESPONSABLE: Alma, Corazón y Vida. Por Ada Nuño. Febrero 2022

Sociedad y Cultura/Vida/Dormir bien/Curiosidades

 

 

 

Un científico desafía a la muerte con las leyes de la física.

El divulgador noruego Andreas Wahl ha sobrevivido a un rayo, a un incendio y al disparo de un rifle. No es magia, es la teoría llevada a la práctica.

Explicar las leyes de la física no es una tarea fácil. Tanto es así que en algún momento alguien tuvo que inventar la historia de Newton y la manzana para ilustrar una fuerza que todos hemos experimentado decenas de veces con cada caída. Cuando se trata de explicar las leyes de la física, lo mejor es ponerse a uno mismo como conejillo de indias. Es lo que hace el físico y presentador noruego Andreas Wahl, que ha demostrado cómo se puede desafiar a la muerte si se conocen las leyes del universo.

Si deseas profundizar sobre esta entrada; cliquea por favor donde se encuentra escrito en “negrita”.

Gracias a Newton, a Benjamin Franklin y a Sadi Carnot, Wahl ha sobrevivido entre otras hazañas a un disparo en una piscina, a una caída de 14 metros, a un incendio y a la caída de un rayo. ¿Quién dijo que la teoría no podía salvarte la vida?

Physicist Andreas Wahl puts his body on the line on his tv-show «Life on the line»

Wahl, que ahora tiene 52.6 mil seguidores en Instagram, se jugó la vida para demostrar las leyes de la física durante el año 2016 en el programa noruego Med livet som innsats (Mi vida en juego), pero es ahora cuando las redes sociales han dado una nueva vida a sus experimentos. Se trataba de un programa de 8 episodios, 8 experimentos y 8 ocasiones en las que su vida pendía de un hilo, a veces literalmente, la mezcla perfecta entre la divulgación científica y Jackass.

En uno de sus experimentos más vistoso en Youtube, Wahl se disparaba así mismo con un rifle de asalto AG3 en el fondo de una piscina para demostrar cómo la densidad del agua (mucho mayor que la del aire) afecta a la velocidad de una bala. Wahl había medido la densidad, la velocidad de disparo del AG3 y la distancia a que colocarse para convertir el disparo en algo inofensivo. Ya solo le quedaba apostar su vida por la ciencia. Lo bueno de la física es que es la única fuerza que no viola sus leyes (no en estas escalas, pero nadie se jugaría el tipo con la física cuántica) y, efectivamente, la bala se fue ralentizando hasta caer rendida a los pies de Wahl.

En otro experimento voló por la ciudad agarrado a varias decenas de globos de helio como en la película de Up; en otro, atravesó un muro de fuego sin otra protección que una capa de agua como la del rocío de la mañana. En otra ocasión, para demostrar la segunda ley del movimiento circular de Newton según la cual los objetos con una fuerza centrípeta giran más rápido a medida que se aproximan al punto central, Wahl saltó de una altura de 14 metros atado a una cuerda con una pelota de hockey en su otro extremo. La pelota no estaba atada al poste, sino que debía girar alrededor suya hasta atarse sola para hacer de tope. Todo dependía del cálculo entre la velocidad de giro de la pelota y la de caída de Wahl. Él sobrevivió; si tu lo intentas, no te prometemos nada.

Por último, en una célebre demostración de la conducción eléctrica Wahl hizo caer un rayo sobre su cabeza. Él estaba vestido con un traje metálico que debía conducir la corriente a través de su cuerpo y estaba conectado a una toma de tierra. La corriente eléctrica le atravesó de la cabeza a los pies hasta desaparecer dejándole ileso. Al no haber habido ninguna resistencia eléctrica, no tuvo consecuencias en su cuerpo.

La física es así. Es teoría, pero también puede salvarte la vida.

Imagen de portada:Gentileza de Esquire

FUENTE RESPONSABLE: Esquire. Por Alberto Hernando. Abril 2022.

Sociedad y Cultura/Vida/Curiosidades/Física

El viaje…

El viento
patagónico
nos recibió
subiendo
al tren
expreso,
más conocido
como
La Trochita.

Nos vamos
preparando,
levantando
las
ventanillas,
frio? que más da…

Las cámaras,
los telefonitos,
vuelven
a dispararse
una y otra vez,
nuevas fotos
o las mismas,
se borrarán
y se buscarán
las mejores,
que serán
recuerdos
de un viaje
inolvidable.

Llegamos
a Nahuel Pan,
pero antes
de bajar,
apareció
con su guitarra
Carlos quien
luego
de presentarse,
nos regaló
la música
y el canto
ancestral,
en su lengua
mapuche
tehuelche,
trayendonos
bellas canciones
de su pueblo.

Mis compañeros
de viaje
como yo,
al bajar
en Nahuel Pan,
ávidos fuimos
en búsqueda
de una
artesanía,
una torta frita,
algo de beber
o el infaltable
chorizo en pan.

Disponíamos
solo de 
una hora allí,
ya los fuertes
y fríos vientos
de finales
del verano,
consecuencia
de la mayor altura,
se hacían sentir.

Al primer silbato
subimos más
que rápido,
y un cálido
ambiente
nos recibió,
la antiquísima
salamandra
a leña
encendida
del coche 762
nos arrullo,
haciendo del
regreso a Esquel
una fiesta amigable,
con avistajes
de fauna y flora,
y sobrevolando
en el cielo
algunos cóndores
en continuos
círculos.

Histórico tren
a vapor
de origen
alemán,
el de la
Trochita,
que cumple
cien años
muy cerca
de los
ciento dieciséis,
aniversario
de esta
bella ciudad.

Mañana
será el
momento
del alerce
milenario
con sus
2.600 años
de historia,
tiempo en que
los griegos,
aún no habían
fundado Atenas,
pero esa será
otra historia.. .

Cómo los antiguos egipcios inventaron las etiquetas para el vino.

A muchos puede parecerles extraño que Egipto sea hoy en día uno de los mayores productores de vino del mundo, con una cantidad anual similar a la británica. Pero el caso es que la producción de vino está ligada a Egipto desde hace muchos siglos.

Evidentemente no fueron los antiguos egipcios quienes lo inventaron. Los arqueólogos han situado los comienzos de su elaboración en una extensa zona al sur del Cáucaso, entre los actuales Georgia, Turquía, Armenia e Irán, entre el 8000 y el 5000 a.C.

Si deseas profundizar sobre esta entrada, cliquea por favor donde se encuentre escrito en “negrita”. Ten en cuenta que en algunos link se encuentra en idioma inglés. Muchas gracias.

Durante la Edad del Bronce tanto el cultivo de la uva como la elaboración del vino se fue extendiendo por Asia y Europa, alcanzando China y la Península Ibérica, donde los fenicios encontraron ya a su llegada viñedos. Y por supuesto la nueva bebida se incorporó al comercio y a las rutas mercantiles en todo el mundo antiguo.

En Egipto surgió toda una industria vinícola desde el siglo XXVII a.C., probablemente importada de Canaán, durante la tercera dinastía.

Los egipcios controlaron las rutas del vino entre 1550 y 1070 a.C. Para poder transportar y conservar el vino con seguridad introdujeron por primera vez ánforas estandarizadas selladas con juntas de cañas y barro y recubiertas de brea en su interior, que evitaban que se estropease en los trayectos largos. Algunas de estas ánforas, todavía con vino, se encontraron en las tumbas de Semerjet y Tutankamon.

El pueblo egipcio consumía preferentemente cerveza, quedando el vino reservado para el faraón, los sacerdotes y las clases altas, excepto en fechas señaladas, como los festivales de la diosa de la vendimia, Renenutet, o el de Hathor. Según Plutarco los egipcios pensaban que el vino era:

la sangre de los que alguna vez habían luchado contra los dioses, y de los cuales, cuando cayeron y se mezclaron con la Tierra, creyeron que las vides habían brotado. Esta es la razón por la que la embriaguez hace que los hombres pierdan los sentidos y los enloquezcan, ya que entonces se llenan de la sangre de sus antepasados (Plutarco, De Isis y Osiris 6)

Ánforas en la tumba de Tutankamon / foto Lucas en Wikimedia Commons

Con el comercio del vino surgió también el marcado, que en principio solo identificaba el contenido de las ánforas. Así, el más antiguo es un sello cilíndrico babilónico de hace unos 6.000 años, que se usaba para estampar las ánforas indicando que contenían vino (y que representa a un grupo de personas en actitud alegre, como no podía ser de otra manera).

Pero los egipcios añadieron toda una serie de informaciones a estas marcas, creando las que se consideran como las etiquetas vinícolas más antiguas conocidas. El etiquetado de las ánforas se realizaba directamente sobre el barro húmedo, o se utilizaban ostraca (piedra caliza, loza o cerámica escritas a mano).

Etiqueta en un fragmento conservado en el MET / foto dominio público en el Metropolitan Museum

En ellas se incluían uno o más de los siguientes datos:

  1. El año en que el vino había sido presentado al faraón, que solía coincidir con el año de producción.
  2. Su calidad, que iba de genuino a bueno y muy bueno.
  3. La ocasión en que había sido presentado, por ejemplo, los festivales del año nuevo.
  4. La región geográfica donde había sido producido.
  5. El nombre del propietario de los viñedos (la mayoría llevan el nombre del faraón correspondiente, pues lo viñedos eran en su mayoría de propiedad real).
  6. El nombre o título de la persona que ofrecía el vino al faraón.
  7. El nombre del viticultor jefe.
  8. Y en ocasiones la capacidad del recipiente.

Curiosamente, de las ánforas con vino encontradas en la tumba de Tutankamon los investigadores pudieron constatar que los egipcios llevaban un registro de los años con mejores cosechas, pues con el faraón solo se enterró vino de determinados años concretos.

Etiqueta en fragmento conservado en el MET / foto Expedición iMalqata

También apreciaban los vinos añejos, ya que el contenido de algunas ánforas tenía 200 años de antigüedad en el momento en que fueron depositadas como ofrendas funerarias en las tumbas. Las más antiguas de todas se hallaron en las tumbas de Horus Escorpión II y Narmer en Abidos, de finales del IV milenio a.C.

Imagen de portada: Gentileza de PinterestJarra de vino predinástico – Predinástica, Naqada III–Dinastía 1 – ca. 3300–2960 aC Egipto, Delta Oriental – Cerámica

Fuentes: Wine of Egypt’s Golden Age: An Archaeochemical Perspective (P.E. McGovern) / Wine Making in Ancient Egypt / Wine & Wine Offering In The Religion Of Ancient Egypt (Mu-Chou Poo) / Vinography / Vinepair / Winedesign / Wikipedia. Autor de la entrada: Guillermo Carvajal. Diciembre 2018.

Sociedad y Cultura/Antiguo Egipto/Arqueología/Etiquetas/Curiosidades.

Cómo los antiguos egipcios inventaron las etiquetas para el vino.

A muchos puede parecerles extraño que Egipto sea hoy en día uno de los mayores productores de vino del mundo, con una cantidad anual similar a la británica. Pero el caso es que la producción de vino está ligada a Egipto desde hace muchos siglos.

Evidentemente no fueron los antiguos egipcios quienes lo inventaron. Los arqueólogos han situado los comienzos de su elaboración en una extensa zona al sur del Cáucaso, entre los actuales Georgia, Turquía, Armenia e Irán, entre el 8000 y el 5000 a.C.

Si deseas profundizar sobre esta entrada, cliquea por favor donde se encuentre escrito en “negrita”. Ten en cuenta que en algunos link se encuentra en idioma inglés. Muchas gracias.

Durante la Edad del Bronce tanto el cultivo de la uva como la elaboración del vino se fue extendiendo por Asia y Europa, alcanzando China y la Península Ibérica, donde los fenicios encontraron ya a su llegada viñedos. Y por supuesto la nueva bebida se incorporó al comercio y a las rutas mercantiles en todo el mundo antiguo.

En Egipto surgió toda una industria vinícola desde el siglo XXVII a.C., probablemente importada de Canaán, durante la tercera dinastía.

Los egipcios controlaron las rutas del vino entre 1550 y 1070 a.C. Para poder transportar y conservar el vino con seguridad introdujeron por primera vez ánforas estandarizadas selladas con juntas de cañas y barro y recubiertas de brea en su interior, que evitaban que se estropease en los trayectos largos. Algunas de estas ánforas, todavía con vino, se encontraron en las tumbas de Semerjet y Tutankamon.

El pueblo egipcio consumía preferentemente cerveza, quedando el vino reservado para el faraón, los sacerdotes y las clases altas, excepto en fechas señaladas, como los festivales de la diosa de la vendimia, Renenutet, o el de Hathor. Según Plutarco los egipcios pensaban que el vino era:

la sangre de los que alguna vez habían luchado contra los dioses, y de los cuales, cuando cayeron y se mezclaron con la Tierra, creyeron que las vides habían brotado. Esta es la razón por la que la embriaguez hace que los hombres pierdan los sentidos y los enloquezcan, ya que entonces se llenan de la sangre de sus antepasados (Plutarco, De Isis y Osiris 6)

Ánforas en la tumba de Tutankamon / foto Lucas en Wikimedia Commons

Con el comercio del vino surgió también el marcado, que en principio solo identificaba el contenido de las ánforas. Así, el más antiguo es un sello cilíndrico babilónico de hace unos 6.000 años, que se usaba para estampar las ánforas indicando que contenían vino (y que representa a un grupo de personas en actitud alegre, como no podía ser de otra manera).

Pero los egipcios añadieron toda una serie de informaciones a estas marcas, creando las que se consideran como las etiquetas vinícolas más antiguas conocidas. El etiquetado de las ánforas se realizaba directamente sobre el barro húmedo, o se utilizaban ostraca (piedra caliza, loza o cerámica escritas a mano).

Etiqueta en un fragmento conservado en el MET / foto dominio público en el Metropolitan Museum

En ellas se incluían uno o más de los siguientes datos:

  1. El año en que el vino había sido presentado al faraón, que solía coincidir con el año de producción.
  2. Su calidad, que iba de genuino a bueno y muy bueno.
  3. La ocasión en que había sido presentado, por ejemplo, los festivales del año nuevo.
  4. La región geográfica donde había sido producido.
  5. El nombre del propietario de los viñedos (la mayoría llevan el nombre del faraón correspondiente, pues lo viñedos eran en su mayoría de propiedad real).
  6. El nombre o título de la persona que ofrecía el vino al faraón.
  7. El nombre del viticultor jefe.
  8. Y en ocasiones la capacidad del recipiente.

Curiosamente, de las ánforas con vino encontradas en la tumba de Tutankamon los investigadores pudieron constatar que los egipcios llevaban un registro de los años con mejores cosechas, pues con el faraón solo se enterró vino de determinados años concretos.

Etiqueta en fragmento conservado en el MET / foto Expedición iMalqata

También apreciaban los vinos añejos, ya que el contenido de algunas ánforas tenía 200 años de antigüedad en el momento en que fueron depositadas como ofrendas funerarias en las tumbas. Las más antiguas de todas se hallaron en las tumbas de Horus Escorpión II y Narmer en Abidos, de finales del IV milenio a.C.

Imagen de portada: Gentileza de PinterestJarra de vino predinástico – Predinástica, Naqada III–Dinastía 1 – ca. 3300–2960 aC Egipto, Delta Oriental – Cerámica

Fuentes: Wine of Egypt’s Golden Age: An Archaeochemical Perspective (P.E. McGovern) / Wine Making in Ancient Egypt / Wine & Wine Offering In The Religion Of Ancient Egypt (Mu-Chou Poo) / Vinography / Vinepair / Winedesign / Wikipedia. Autor de la entrada: Guillermo Carvajal. Diciembre 2018.

Sociedad y Cultura/Antiguo Egipto/Arqueología/Etiquetas/Curiosidades.

Cómo los antiguos egipcios inventaron las etiquetas para el vino.

A muchos puede parecerles extraño que Egipto sea hoy en día uno de los mayores productores de vino del mundo, con una cantidad anual similar a la británica. Pero el caso es que la producción de vino está ligada a Egipto desde hace muchos siglos.

Evidentemente no fueron los antiguos egipcios quienes lo inventaron. Los arqueólogos han situado los comienzos de su elaboración en una extensa zona al sur del Cáucaso, entre los actuales Georgia, Turquía, Armenia e Irán, entre el 8000 y el 5000 a.C.

Si deseas profundizar sobre esta entrada, cliquea por favor donde se encuentre escrito en “negrita”. Ten en cuenta que en algunos link se encuentra en idioma inglés. Muchas gracias.

Durante la Edad del Bronce tanto el cultivo de la uva como la elaboración del vino se fue extendiendo por Asia y Europa, alcanzando China y la Península Ibérica, donde los fenicios encontraron ya a su llegada viñedos. Y por supuesto la nueva bebida se incorporó al comercio y a las rutas mercantiles en todo el mundo antiguo.

En Egipto surgió toda una industria vinícola desde el siglo XXVII a.C., probablemente importada de Canaán, durante la tercera dinastía.

Los egipcios controlaron las rutas del vino entre 1550 y 1070 a.C. Para poder transportar y conservar el vino con seguridad introdujeron por primera vez ánforas estandarizadas selladas con juntas de cañas y barro y recubiertas de brea en su interior, que evitaban que se estropease en los trayectos largos. Algunas de estas ánforas, todavía con vino, se encontraron en las tumbas de Semerjet y Tutankamon.

El pueblo egipcio consumía preferentemente cerveza, quedando el vino reservado para el faraón, los sacerdotes y las clases altas, excepto en fechas señaladas, como los festivales de la diosa de la vendimia, Renenutet, o el de Hathor. Según Plutarco los egipcios pensaban que el vino era:

la sangre de los que alguna vez habían luchado contra los dioses, y de los cuales, cuando cayeron y se mezclaron con la Tierra, creyeron que las vides habían brotado. Esta es la razón por la que la embriaguez hace que los hombres pierdan los sentidos y los enloquezcan, ya que entonces se llenan de la sangre de sus antepasados (Plutarco, De Isis y Osiris 6)

Ánforas en la tumba de Tutankamon / foto Lucas en Wikimedia Commons

Con el comercio del vino surgió también el marcado, que en principio solo identificaba el contenido de las ánforas. Así, el más antiguo es un sello cilíndrico babilónico de hace unos 6.000 años, que se usaba para estampar las ánforas indicando que contenían vino (y que representa a un grupo de personas en actitud alegre, como no podía ser de otra manera).

Pero los egipcios añadieron toda una serie de informaciones a estas marcas, creando las que se consideran como las etiquetas vinícolas más antiguas conocidas. El etiquetado de las ánforas se realizaba directamente sobre el barro húmedo, o se utilizaban ostraca (piedra caliza, loza o cerámica escritas a mano).

Etiqueta en un fragmento conservado en el MET / foto dominio público en el Metropolitan Museum

En ellas se incluían uno o más de los siguientes datos:

  1. El año en que el vino había sido presentado al faraón, que solía coincidir con el año de producción.
  2. Su calidad, que iba de genuino a bueno y muy bueno.
  3. La ocasión en que había sido presentado, por ejemplo, los festivales del año nuevo.
  4. La región geográfica donde había sido producido.
  5. El nombre del propietario de los viñedos (la mayoría llevan el nombre del faraón correspondiente, pues lo viñedos eran en su mayoría de propiedad real).
  6. El nombre o título de la persona que ofrecía el vino al faraón.
  7. El nombre del viticultor jefe.
  8. Y en ocasiones la capacidad del recipiente.

Curiosamente, de las ánforas con vino encontradas en la tumba de Tutankamon los investigadores pudieron constatar que los egipcios llevaban un registro de los años con mejores cosechas, pues con el faraón solo se enterró vino de determinados años concretos.

Etiqueta en fragmento conservado en el MET / foto Expedición iMalqata

También apreciaban los vinos añejos, ya que el contenido de algunas ánforas tenía 200 años de antigüedad en el momento en que fueron depositadas como ofrendas funerarias en las tumbas. Las más antiguas de todas se hallaron en las tumbas de Horus Escorpión II y Narmer en Abidos, de finales del IV milenio a.C.

Imagen de portada: Gentileza de PinterestJarra de vino predinástico – Predinástica, Naqada III–Dinastía 1 – ca. 3300–2960 aC Egipto, Delta Oriental – Cerámica

Fuentes: Wine of Egypt’s Golden Age: An Archaeochemical Perspective (P.E. McGovern) / Wine Making in Ancient Egypt / Wine & Wine Offering In The Religion Of Ancient Egypt (Mu-Chou Poo) / Vinography / Vinepair / Winedesign / Wikipedia. Autor de la entrada: Guillermo Carvajal. Diciembre 2018.

Sociedad y Cultura/Antiguo Egipto/Arqueología/Etiquetas/Curiosidades.

Los secretos de la magnífica estatua sedente del faraón kefrén

Esta espléndida obra de arte de 4.500 años, que representa al faraón Kefrén, hijo de Keops, en la cúspide de su poder, está considerada una obra maestra de la estatuaria egipcia. Aunque fue hecha para no ser vista, hoy en día su belleza sigue fascinando a los viajeros que la visitan en El Cairo.

Si deseas profundizar sobre esta entrada, cliquea por favor donde se encuentre escrito en “negrita”. Muchas gracias.

Durante décadas, y antes de su sustitución por el monumental edificio del Nuevo Museo Egipcio que se alza junto a las pirámides de Giza, el viejo museo egipcio de la plaza Tahrir, en El Cairo, ha sido el museo de antigüedades faraónicas más importante del mundo, un lugar mágico donde podían contemplarse algunas de las obras de arte más increíbles del antiguo Egipto. Estatuas de piedra, sarcófagos, ajuares funerarios, tesoros como el de Tanis o el de Tutankhamón… 

Una visita a este lugar era un maravilloso viaje en el tiempo, pasear por sus salas era establecer un poderoso vínculo con una civilización desaparecida hace mucho, mucho tiempo, pero que a pesar de ello nos ha dejado innumerables vestigios de su existencia. En una de sus salas, en la planta baja, dedicada al Reino Antiguo (2543-2120 a.C.), se ubicaba, tal vez, una de las obras de arte más bellas y fascinantes que ha dado el arte egipcio. Estamos hablando de la estatua sedente del faraón Kefrén, tallada en un único bloque de diorita.

Vista completa de la estatua sedente de Kefrén. Se aprecia el detalle del trono, decorado con la unión del loto y el papiro. Foto: Cordon Press

UN DESCUBRIMIENTO SORPRENDENTE

La estatua, que con su media sonrisa parece contemplar desde el abismo de los milenios al asombrado visitante que la ve por primera vez, fue descubierta en 1860 por el francés Auguste Mariette, por entonces jefe del Servicio de Antigüedades de Egipto, durante unas excavaciones en Giza.

El egiptólogo se hallaba excavando el complejo funerario de Kefrén, concretamente el templo del valle del monarca (que él mismo había descubierto en 1852), un recinto donde tuvieron lugar las ceremonias de purificación de la momia del soberano antes de que esta fuera llevada hasta el templo alto, situado junto a la pirámide, a través de una larga calzada ceremonial.

Templo del valle de Kefrén en Giza, donde en 1860 Mariette halló la estatua enterrada en una fosa.Foto: iStock

La estatua de Kefrén fue descubierta en 1860 por el francés Auguste Mariette, por entonces jefe del Servicio de Antigüedades de Egipto, durante unas excavaciones en el templo del valle del monarca, en Giza.

El templo del valle de Kefrén está a 500 metros de su pirámide y se sitúa cerca de la Gran Esfinge. El edificio es de planta cuadrada y sus muros (que no muestran ningún tipo de decoración) están recubiertos de losas de granito rojo y el pavimento es de caliza blanca. En él, los antiguos egipcios dispusieron un ambicioso programa iconográfico compuesto por un conjunto de 23 estatuas que representaban a Kefrén. 

Todas ellas tenían un significado religioso. Debían servir como receptáculo del ka o fuerza vital del faraón difunto. Mucho después, algunas de estas estatuas fueron enterradas en un pozo que se cubrió con losas de piedra, y fue allí donde, siglos después, las descubrió Mariette. El egiptólogo escribió en su diario: «Se trata de siete estatuas que representan al rey Kefrén. Cinco de ellas se encuentran mutiladas, pero las otras dos están completas. Una de ellas presenta un estado de conservación tal que podría pensarse que salió ayer mismo de manos del escultor».

EL PODER DEL FARAÓN EN PIEDRA

Esta obra de arte, realizada para ser vista frontalmente, mide 1,68 metros de alto, 57 centímetros de ancho y 96 centímetros de largo. Representa a Kefrén, faraón de la dinastía IV y artífice de la segunda pirámide más grande de Giza (la mayor es la construida por su padre Keops), un monumento que aún conserva en su cúspide parte del revestimiento original de piedra caliza. La estatua muestra a Kefrén como un hombre joven con un físico perfecto, atlético, vestido solamente con un faldellín, tocado con el pañuelo nemes ceremonial y con la barba postiza característica de su cargo (que está rota). Su rostro esboza una tenue sonrisa y su mirada se pierde en el infinito.

Vista frontal de la estatua de Kefrén, descubierta por Mariette en el templo del valle del faraón.Foto: Cordon Press

La estatua muestra a Kefrén como un hombre joven con un físico perfecto, atlético, vestido solamente con un faldellín, tocado con el pañuelo nemes ceremonial y con la barba postiza característica de su cargo.

Tras el faraón, un halcón, representación del dios Horus, divinidad con la cual se identificaba el monarca en vida, extiende sus alas alrededor de la cabeza de Kefrén, brindándole su protección. Los brazos del rey están pegados al cuerpo y posa su mano izquierda extendida sobre su rodilla. La mano derecha, también sobre la rodilla, está cerrada en un puño y parece sujetar un rollo de papiro, símbolo de su poder. Por su parte, el trono sobre el que está sentado Kefrén está rematado por patas en forma de garras de león y sus laterales están decorados con el símbolo del sema tauy, las plantas del loto y el papiro entrelazadas, que representan la unión del Alto y del Bajo Egipto.

Pirámide de Kefrén en Giza. Conserva parte del revestimiento de piedra caliza en su parte superior.Foto: iStock

UN NUEVO HOGAR

Pero no muchos saben que esa maravillosa obra de arte estuvo a punto de no quedarse en Egipto. Debido a la falta de fondos, la campaña de excavaciones emprendida por Mariette entre los años 1853 y 1854 sufrió un importante parón y Francia no pudo hacerse con la pieza. «Unos cientos de francos más y la estatua estaría hoy en el Louvre», escribió Mariette en su diario.

Detalle del dios halcón Horus abrazando la cabeza del faraón. Museo Egipcio, El Cairo.Foto: Cordon Press

En septiembre de 2017, la estatua de Kefrén fue cuidadosamente embalada para ser trasladada a su nueva ubicación, el Gran Museo Egipcio que se alza junto a las pirámides de Giza.

La estatua de Kefrén recaló primero en el Museo de Bulaq, antecedente del Museo Egipcio de El Cairo, para después ser trasladada al museo que se habilitó en la plaza Tahrir, donde se ha exhibido hasta ahora. En septiembre de 2017, la estatua de Kefrén, que hasta entonces había sido la estrella de una de las salas de la planta baja del museo, fue cuidadosamente embalada, junto a otras piezas de gran tamaño, como ella, e introducida en una caja con sensores. 

Con sumo cuidado fue colocada en una furgoneta especialmente preparada con dispositivos especiales para evitar las vibraciones propias del transporte, y fue trasladada a su nuevo hogar, el GEM, cerca de su pirámide, donde fue descargada, junto a sus compañeras, y conducida al interior de su nuevo emplazamiento mediante vehículos montacargas, en una operación delicada y no exenta de peligros. 

Allí, una de las piezas más bellas y tal vez más emblemáticas de la cultura faraónica disfrutará de un lugar de honor y muy pronto, cuando el Gran Museo Egipcio abra sus puertas, volverá a ser admirada por millones de visitantes.

Imagen de portada: Vista lateral de la estatua sedente del faraón Kefrén. Museo Egipcio, El Cairo.Foto: Cordon Press

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC. Por Carme Mayans Redactora.

Antiguo Egipto/Faraones/Curiosidades