Dejar de creer

Tuviste una vida 

en zona de confort,

y por mi amor por ti 

se alimentaron otros,

no me importa 

se que lo volvería hacer,

ya que si lo hice 

fue por lo sublime

y el todo que eras 

en ese momento,

dentro de mi ser.

 

Mis errores 

tan evidentes,

siempre conocidos 

que utilizaste

a la perfección, 

para rezumar

en mi rostro, 

sin saberlo traiciones

pequeñas al principio.

Grité a viva voz 

mi imperfección divina,

por propios y ajenos

errores que cometí,

en cambio tu 

los negaste 

y los supiste 

guardar 

bajo un manto

de hipocresía, 

así

sutilmente mudaste 

tu piel de víctima,

a diabólica 

victimaria 

que no dudó 

en ser infiel,

tratando 

de convertirse

en alguien distinta,

con aires 

de libertad

que deseo

obtengas,

sin embargo

por conocerte

con el tiempo

te darás cuenta

que quedaras 

prisionera

de tu 

propio engaño.

Imagen: Gentileza Pinterest – Reeditado julio 2021

Estoy perdido…

Ni siquiera
mis letras ya,
me sirven
de consuelo,
me han dejado
de ayudarme
a alejarte
de mi mente.

Siempre
te encuentras
en mis pensamientos,
tanto te he amado
que no puedo
ni deseo
reemplazarte
por nadie,
porque nadie
podrá
provocar
en mi
la emoción
que viví
tanto tiempo
junto a ti.

Me he
transformado,
a semejanza
del árbol
que lucha
contra el viento
en medio
del amplio campo,
y con su soledad,
resiste al tiempo
de pie
al estar
convencido
que aún
con este amargo
sabor a soledad,
el sabio silencio
me dará
esa pequeña luz
que un hombre
necesita,
para volver
a ponerse de pie
y no morir
en ese intento.

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

La vida

Con su brazo

en la barra

del bar del bajo

San Telmo,

no paraba

de beber,

murmurando

frases que nadie

entendía,

ni siquiera

el que lo atendía.

Solo se sentía

un sollozo

haciendole compañía

a aquello que decía,

se detuvo solo

cuando le dijeron

que no había

más tragos

por su estado.

Extrañeza nos dio

que nada dijo

saco de su bolsillo

dinero y pago,

tambaleándose

de un lado a otro

hasta la calle llego,

ahí lo inesperado

se desmayo

en la vereda,

corrí me acerqué

el olor a alcohol

era insoportable.

Al hombre

de cabello entrecano

le puse

su propio saco

para apoyar la cabeza,

me miro sonriendo

para decirme

«pibe» a pesar

de ya no serlo,

-no busques

un amor más joven,

porque

no solo

te rompera

el corazón,

tambien te

dejara seco

como una hoja

de otoño.-

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

Ve mujer…no finjas más

¿Qué ya no me amas
y tu crees que no lo sabia?
Tus ausencias
al llegar a casa…
Tus largos silencios
cuando te preguntaba
sobre como había
sido tu día…
Tus reparos
cuando me acercaba
a ti a la noche,
y casi siempre
encontrabas
una excusa…
Esas salidas
de todos los días
por la mañana,
diciendo que no
deseabas encontrarte
encerrada…
pero jamás me dijiste
de hacer en ellas
algo juntos…


No te parece
que con tantas
señales que me diste,
podía no dejar
de saberlo
a pesar
que quien
es engañado
se dice
al principio
que no es posible,
creyendo aquello
del para siempre
y descubriendo que
cuando a la mentira
se acostumbra,
es porque todo
está perdido.

Ve mujer
nadie es tu dueño,
has de tu vida
lo que quieras,
eso si
por favor,
no me busques
porque si ello
pasa
ya estaré
muy lejos…

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

Esencia

Eres savia
salvaje,
que corres
por la herida
que has
provocado
en mi corazón
torpe
y enamorado,
de un algo
imposible,
más bien
por clase,
tu eres
burguesa,
solo soy
un empleado
esforzado
por subsistir,
ya te han
dicho
lo inconveniente
de que si te
amarras a mi,
arruinarás
tu vida
de princesa,
cobarde eres
al no
jugarte,
habiéndome
dicho
que me amabas,
tu eres apariencia,
yo soy esencia.

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest – wattpad.com

La Pandemia y los recuerdos de la Argentina

Memoria-olvido

En las incesantes conversaciones que mantenemos para combatir los embates del tedio que causa el prolongado encierro anti pandémico, mi hijo Oliverio tensa las cuerdas de su excepcional memoria, como si fuera un Yupanqui puntuando su guitarra, y hace surgir temas que sobrevuelan los obvios de la pandemia; por momentos, atentos y habiendo arrinconado triunfalmente al tedio, sus evocaciones nos hacen sentir en esos momentos privilegiados que no pasa nada y que todo es normal, hay un pasado, hay una historia que vale la pena recuperar. 

Los temas que brotan en cada ocasión remiten a viejas cuestiones inherentes a la vida y a la historia de este país cuyo pasado y sus enigmas nos siguen apasionando. 

Eso dura lo que dura la conversación, es normal, los días son largos, no hay muchas decisiones que haya que tomar pero algo queda y darle cuerpo tiene sentido, después de todo, mientras no estamos afectados, el futuro tampoco lo está y esto va a pasar y lo recordaremos, acaso surja un Daniel Defoe que lo describa y lo eternice.

En una de ésas y como desafiando a mi memoria me interroga sobre algo que supone que puedo, o debo, recordar: la delantera del equipo de Independiente de su época de mayor brillo. Me esfuerzo y lo saco, Sastre, Erico, de la Mata y por ahí Zorrilla. Se destaca la figura de Erico, su elegancia, su discreción, sus virtudes, comparables, en otro plano, con lo que pasaba en el país en plena “década infame” y en eso nos detenemos, hay más junto a Erico y no sólo en el deporte: estaba lleno de excepcionalidades en los años 30: Borges era Borges y lo acompañaban otros escritores no menos sólidos, Arlt, la revista Sur y la infatigable Victoria Ocampo y qué decir de Gardel y junto a él del tango que cubría el imaginario nacional y más allá, de Spilimbergo y Berni y la secuela de inolvidables pintores y escultores, de las investigaciones de Houssay, del rigor de Amado Alonso y de la audacia de Ángel Rosenblat, del ingenio de los Discépolo, de Nini Marshall y la cohorte de humoristas que alegraban la existencia, de los hermanos Finochietto, del sainete que movía multitudes, hasta del mitológico y adorado Justo Suárez y de Luis Ángel Firpo, en todos los órdenes de la vida un esplendor de talento e imaginación, héroes individuales de un momento que probablemente no tenga igual, enceguecedora luz pese a lo sombrío de la vida política, el auge de la pobreza y las grandes migraciones del campo a las ciudades y el oscuro nacimiento de las villas.

En ese contraste, del que un ejemplo son las actuaciones más que estridentes de un Liborio Justo, ese díscolo hijo del presidente de la entrega, que enfrenta al parlamento con una espectacularidad inesperada, un hijo de la oligarquía antinacional que aterra a su familia, nuestra conversación cambia de rumbo: esas contradicciones son muy difíciles de entender pero, en todo caso, ambos lados de la contradicción están vinculados con la central cuestión de la identidad nacional: el esplendor de esos “héroes” como manifestaciones de una afirmación, las ominosas situaciones sociales como la imposibilidad de esa misma sociedad de ser.

Hablamos de la afirmación: se diría que está en una fe y en el orden de un deseo complejo, heredado de las utopías sarmientinas y alterado por los resultados de una inmigración ansiosa de comprender en dónde está, por qué está en este lugar tan alejado de su origen. }

La imposibilidad engendra la potente idea del nacionalismo, tan confundido en tantos aspectos, y, posteriormente, explica el peronismo y su duradera implantación. 

Como se ve, del inocente juego de la memoria, de Arsenio Erico y sus inolvidables gambetas, llegamos a un punto nodal, a una cuestión que nos sigue percutiendo en el pensamiento y que tiene todo el aspecto de estar hoy en crisis, con pandemia o sin ella, privatización, tecnologización, padecimiento cultural, despersonalización, pérdida de soberanía frente a tentativa de reconstrucción, autonomía, lenguaje propio, recursos legítimos, mayor distribución. 

O sea ¿de qué hablamos cuando hablamos? ¿Hablamos en la actualidad, de un expresivo 48% frente a un incomprensible 40%?

Pero no es sólo eso: la conversación llega, como desprendiéndose fatalmente de los términos que hemos apuntado, a un punto de sorpresa en mi hijo y respecto del cual mi respuesta es apenas un borrador: se pregunta por qué los descendientes de los muchos, muchísimos, que proceden de variados lugares del mundo, parecen haber borrado totalmente todo rasgo de su origen, no se les nota lo que queda de lo gallego ni de lo calabrés ni de lo judío ni de lo ucraniano ni de lo polaco, lo que no quiere decir que haya desaparecido toda presencia de todas esas etnias en esta ya compleja sociedad; al contrario, hay “Centro Gallego”, hay “Hospital Italiano”, hay “Daia”, hay “Club Sirio-Libanés”, hay “Centro Armenio”, pero ninguno de ellos es un reducto del origen, casi todos son empresas abiertas a tutti quanti, no se habla italiano en el Italiano ni alemán en el Alemán y así siguiendo. 

Pero no se trata de eso, son vibrantes recuerdos de un momento de anclaje pero lo que observamos, si es que eso tiene un sentido, es que no hay restos en los seres que ya se han fundido y confundido con esta sociedad.

Trato de explicarlo. 

Somos, la mayoría, la primera o la segunda generación y hasta la tercera de los que fueron llegando a estas tierras: los de la primera, con esfuerzo, recuerdan y evocan a sus progenitores, más abuelos que padres, yo mis padres y mis abuelos; algunos, incluso, viajan para ver de dónde salieron sus padres o abuelos con la esperanza de determinar por qué lo hicieron y por qué a este lugar; muchos, también, evocan la gesta de la llegada y de la integración, hay una literatura nostálgica y reverencial sobre los que primero pisaron este suelo. 

En los de la segunda el origen es un eco lejano, casi inaudible, el aquí y el ahora predomina, la memoria se detiene. Pero, en todos los casos, no hay rastros en el lenguaje ¿Se ha perdido el linaje, ha desaparecido el interés por recuperarlo? ¿O no hay nada de qué jactarse?

Podría decirse que la fusión ha sido en ciertos casos tan completa que herederos de los inmigrantes han asumido el olvido con tanta naturalidad que no se distingue en ellos nada del origen: ¿se recuerda lo italiano en los Frondizi, se convoca a lo sirio en los Menem, se recuerda lo español en los varios Fernández, todos primeros actores en este complicado devenir que es la vida política y cultural del país?

Por otro lado, según cierta manera de ver, es como si se hubiera realizado el sueño de conformar una nueva etnia, un objetivo que acaso se plantearon Alberdi, Sarmiento, con sus grandes decepciones, y los constituyentes de 1853. 

Eso no quiere decir que todo transcurra como miel sobre hojuelas: cuando el atentado a la AMIA se hablaba de judíos en exclusiva, no de argentinos que podían ser judíos o lo que fuere y también se sospechaba que Menem protegía a sirios sospechosos de ser los autores y ni qué decir recordar que Kicillof era nieto de un rabino. 

Ése es otro capítulo, no me voy a internar en él, lo que para culminar esta nota quiero decir es que quizás el momento del olvido de los vástagos de la inmigración comienza el día en que sus antecesores miran, como lo hizo Martín Fierro, las “últimas poblaciones” y tienen fuertes razones para no querer evocarlas, la miseria, las persecuciones, los sufrimientos, la falta de porvenir, el hambre, arrasan con la nostalgia y borran los sueños, se abre un presente incierto pero infinito que se hace futuro y la memoria se puebla de otras impresiones, raras, difíciles pero muy diferentes a las abandonadas y nada cuesta disiparlas. 

¿Evocarán los gallegos con morriña y llanto la sequedad de sus campos, los judíos los pogromos, los italianos el terror, los chinos la explotación? 

Y eso, los riesgos del ser, eso es lo olvidable y se transmite y se encarna, el lenguaje lo muestra, quizás lo padezca y sea una pérdida, pero quién sabe. 

FUENTE: Página 12 – Sociedad – República Argentina – Por Noé Jitrik

Fuimos felices…

Sí lo sé,
fui cobarde
al no decirte
que me iba,
la vida contigo
era una telaraña
tóxica de
desacuerdos,
enojos pueriles
hasta vanidades,
pretendíamos
competir sobre
quien tenía
la razón,
hasta en
el más pequeño
velado y estúpido
motivo cual fuera.

Cuando echaste
un velo
de sombra,
enterandome
del engaño,
al recibir
un llamado
de un
desconocido,
atendiendo
tu teléfono
cuando te
bañabas,
el que
pregunto
por ti,
por un momento
ambos
quedamos
perplejos.

Pero supe
que por
los cruces
de cada día,
lo nuestro
se había ido
transformando
en dos almas
en pena
ya sin rumbo.

No dude mas,
incapaces ambos
ya de amarnos,
solo actuábamos
en público
por apariencias,
la esencia
se había
difuminado
hace tiempo,
tome mis cosas
subí al auto,
sin dejarte
una nota
o esperarte.

¿Para qué?
¿Justificarte?
¿Excusarte?
La verdad
es preferible,
a mentirse
toda una vida,
guardemos
aquellos lejanos
momentos
en que fuimos
o creímos
ser felices.

Imagen de portada: Gentileza Pinterest

Se sintió liviano -Final-

Han pasado
ya años
que dejaron
de convivir,
finalmente
la sincera
declamación
de sus errores,
brindaron un poco
de aire límpido.
que barrió
sin dudas
los rencores.


Ella merecía
ser feliz como
antes
de que el
entrara a su vida,
quizás
allá en aquel tiempo
la deslumbro,
quizás por
su personalidad
avasallante,
dominante.

¿Habrá sido
tal vez buscar
su protección,
al tener
un padre ausente?

Ya no importa,
que ella
viera en él
una combinación
de amor
con sensación de
fugarse de su casa,
por su madre
tan indescifrable,
y tan tirana.

Ya ambos
se dijeron todo,
lo bueno
y también 
lo malo.
evitando
el resentimiento
que destruye,
si otra oportunidad
única les daba
la vida,
para quizás
lograr anclar
en un último
y armonioso amor.

Se sintió liviano…(I)

Se sintió
satisfecho
por haberse
bañado bajo
una cascada
de sincericidio 
un par
de noches atrás,
cuando
conversando
con
quien fuera
su mujer
durante
larguísimo
tiempo,
se expresó
tan acelerada
como
en forma espontánea.

Al reconocerle
a ella
que era cual
cascabel
al momento
de casarse
con él,
quizás por
su menor edad
y su necesidad
de reír
en forma
a veces,
casi
compulsiva
tratando
de olvidar
tristezas pasadas.

Para él
quien le llevaba
unos años,
la seriedad
era su emblema
así como
su omnipotencia,
una forma
quizás
inconsciente
para protegerse,
de toda aquella
contrariedad
a su opinión,
que en
su boca
él proclamaba
como
la única objetiva.

El matrimonio
duró
demasiado tiempo,
más por
la paciencia
infinita de ella,
que por otra cosa,
el ego de él
hirió al amor,
luego los celos
terminaron
por asesinarlo.