La Pandemia y los recuerdos de la Argentina

Memoria-olvido

En las incesantes conversaciones que mantenemos para combatir los embates del tedio que causa el prolongado encierro anti pandémico, mi hijo Oliverio tensa las cuerdas de su excepcional memoria, como si fuera un Yupanqui puntuando su guitarra, y hace surgir temas que sobrevuelan los obvios de la pandemia; por momentos, atentos y habiendo arrinconado triunfalmente al tedio, sus evocaciones nos hacen sentir en esos momentos privilegiados que no pasa nada y que todo es normal, hay un pasado, hay una historia que vale la pena recuperar. 

Los temas que brotan en cada ocasión remiten a viejas cuestiones inherentes a la vida y a la historia de este país cuyo pasado y sus enigmas nos siguen apasionando. 

Eso dura lo que dura la conversación, es normal, los días son largos, no hay muchas decisiones que haya que tomar pero algo queda y darle cuerpo tiene sentido, después de todo, mientras no estamos afectados, el futuro tampoco lo está y esto va a pasar y lo recordaremos, acaso surja un Daniel Defoe que lo describa y lo eternice.

En una de ésas y como desafiando a mi memoria me interroga sobre algo que supone que puedo, o debo, recordar: la delantera del equipo de Independiente de su época de mayor brillo. Me esfuerzo y lo saco, Sastre, Erico, de la Mata y por ahí Zorrilla. Se destaca la figura de Erico, su elegancia, su discreción, sus virtudes, comparables, en otro plano, con lo que pasaba en el país en plena “década infame” y en eso nos detenemos, hay más junto a Erico y no sólo en el deporte: estaba lleno de excepcionalidades en los años 30: Borges era Borges y lo acompañaban otros escritores no menos sólidos, Arlt, la revista Sur y la infatigable Victoria Ocampo y qué decir de Gardel y junto a él del tango que cubría el imaginario nacional y más allá, de Spilimbergo y Berni y la secuela de inolvidables pintores y escultores, de las investigaciones de Houssay, del rigor de Amado Alonso y de la audacia de Ángel Rosenblat, del ingenio de los Discépolo, de Nini Marshall y la cohorte de humoristas que alegraban la existencia, de los hermanos Finochietto, del sainete que movía multitudes, hasta del mitológico y adorado Justo Suárez y de Luis Ángel Firpo, en todos los órdenes de la vida un esplendor de talento e imaginación, héroes individuales de un momento que probablemente no tenga igual, enceguecedora luz pese a lo sombrío de la vida política, el auge de la pobreza y las grandes migraciones del campo a las ciudades y el oscuro nacimiento de las villas.

En ese contraste, del que un ejemplo son las actuaciones más que estridentes de un Liborio Justo, ese díscolo hijo del presidente de la entrega, que enfrenta al parlamento con una espectacularidad inesperada, un hijo de la oligarquía antinacional que aterra a su familia, nuestra conversación cambia de rumbo: esas contradicciones son muy difíciles de entender pero, en todo caso, ambos lados de la contradicción están vinculados con la central cuestión de la identidad nacional: el esplendor de esos “héroes” como manifestaciones de una afirmación, las ominosas situaciones sociales como la imposibilidad de esa misma sociedad de ser.

Hablamos de la afirmación: se diría que está en una fe y en el orden de un deseo complejo, heredado de las utopías sarmientinas y alterado por los resultados de una inmigración ansiosa de comprender en dónde está, por qué está en este lugar tan alejado de su origen. }

La imposibilidad engendra la potente idea del nacionalismo, tan confundido en tantos aspectos, y, posteriormente, explica el peronismo y su duradera implantación. 

Como se ve, del inocente juego de la memoria, de Arsenio Erico y sus inolvidables gambetas, llegamos a un punto nodal, a una cuestión que nos sigue percutiendo en el pensamiento y que tiene todo el aspecto de estar hoy en crisis, con pandemia o sin ella, privatización, tecnologización, padecimiento cultural, despersonalización, pérdida de soberanía frente a tentativa de reconstrucción, autonomía, lenguaje propio, recursos legítimos, mayor distribución. 

O sea ¿de qué hablamos cuando hablamos? ¿Hablamos en la actualidad, de un expresivo 48% frente a un incomprensible 40%?

Pero no es sólo eso: la conversación llega, como desprendiéndose fatalmente de los términos que hemos apuntado, a un punto de sorpresa en mi hijo y respecto del cual mi respuesta es apenas un borrador: se pregunta por qué los descendientes de los muchos, muchísimos, que proceden de variados lugares del mundo, parecen haber borrado totalmente todo rasgo de su origen, no se les nota lo que queda de lo gallego ni de lo calabrés ni de lo judío ni de lo ucraniano ni de lo polaco, lo que no quiere decir que haya desaparecido toda presencia de todas esas etnias en esta ya compleja sociedad; al contrario, hay “Centro Gallego”, hay “Hospital Italiano”, hay “Daia”, hay “Club Sirio-Libanés”, hay “Centro Armenio”, pero ninguno de ellos es un reducto del origen, casi todos son empresas abiertas a tutti quanti, no se habla italiano en el Italiano ni alemán en el Alemán y así siguiendo. 

Pero no se trata de eso, son vibrantes recuerdos de un momento de anclaje pero lo que observamos, si es que eso tiene un sentido, es que no hay restos en los seres que ya se han fundido y confundido con esta sociedad.

Trato de explicarlo. 

Somos, la mayoría, la primera o la segunda generación y hasta la tercera de los que fueron llegando a estas tierras: los de la primera, con esfuerzo, recuerdan y evocan a sus progenitores, más abuelos que padres, yo mis padres y mis abuelos; algunos, incluso, viajan para ver de dónde salieron sus padres o abuelos con la esperanza de determinar por qué lo hicieron y por qué a este lugar; muchos, también, evocan la gesta de la llegada y de la integración, hay una literatura nostálgica y reverencial sobre los que primero pisaron este suelo. 

En los de la segunda el origen es un eco lejano, casi inaudible, el aquí y el ahora predomina, la memoria se detiene. Pero, en todos los casos, no hay rastros en el lenguaje ¿Se ha perdido el linaje, ha desaparecido el interés por recuperarlo? ¿O no hay nada de qué jactarse?

Podría decirse que la fusión ha sido en ciertos casos tan completa que herederos de los inmigrantes han asumido el olvido con tanta naturalidad que no se distingue en ellos nada del origen: ¿se recuerda lo italiano en los Frondizi, se convoca a lo sirio en los Menem, se recuerda lo español en los varios Fernández, todos primeros actores en este complicado devenir que es la vida política y cultural del país?

Por otro lado, según cierta manera de ver, es como si se hubiera realizado el sueño de conformar una nueva etnia, un objetivo que acaso se plantearon Alberdi, Sarmiento, con sus grandes decepciones, y los constituyentes de 1853. 

Eso no quiere decir que todo transcurra como miel sobre hojuelas: cuando el atentado a la AMIA se hablaba de judíos en exclusiva, no de argentinos que podían ser judíos o lo que fuere y también se sospechaba que Menem protegía a sirios sospechosos de ser los autores y ni qué decir recordar que Kicillof era nieto de un rabino. 

Ése es otro capítulo, no me voy a internar en él, lo que para culminar esta nota quiero decir es que quizás el momento del olvido de los vástagos de la inmigración comienza el día en que sus antecesores miran, como lo hizo Martín Fierro, las “últimas poblaciones” y tienen fuertes razones para no querer evocarlas, la miseria, las persecuciones, los sufrimientos, la falta de porvenir, el hambre, arrasan con la nostalgia y borran los sueños, se abre un presente incierto pero infinito que se hace futuro y la memoria se puebla de otras impresiones, raras, difíciles pero muy diferentes a las abandonadas y nada cuesta disiparlas. 

¿Evocarán los gallegos con morriña y llanto la sequedad de sus campos, los judíos los pogromos, los italianos el terror, los chinos la explotación? 

Y eso, los riesgos del ser, eso es lo olvidable y se transmite y se encarna, el lenguaje lo muestra, quizás lo padezca y sea una pérdida, pero quién sabe. 

FUENTE: Página 12 – Sociedad – República Argentina – Por Noé Jitrik

Fuimos felices…

Sí lo sé,
fui cobarde
al no decirte
que me iba,
la vida contigo
era una telaraña
tóxica de
desacuerdos,
enojos pueriles
hasta vanidades,
pretendíamos
competir sobre
quien tenía
la razón,
hasta en
el más pequeño
velado y estúpido
motivo cual fuera.

Cuando echaste
un velo
de sombra,
enterandome
del engaño,
al recibir
un llamado
de un
desconocido,
atendiendo
tu teléfono
cuando te
bañabas,
el que
pregunto
por ti,
por un momento
ambos
quedamos
perplejos.

Pero supe
que por
los cruces
de cada día,
lo nuestro
se había ido
transformando
en dos almas
en pena
ya sin rumbo.

No dude mas,
incapaces ambos
ya de amarnos,
solo actuábamos
en público
por apariencias,
la esencia
se había
difuminado
hace tiempo,
tome mis cosas
subí al auto,
sin dejarte
una nota
o esperarte.

¿Para qué?
¿Justificarte?
¿Excusarte?
La verdad
es preferible,
a mentirse
toda una vida,
guardemos
aquellos lejanos
momentos
en que fuimos
o creímos
ser felices.

Imagen de portada: Gentileza Pinterest

Se sintió liviano -Final-

Han pasado
ya años
que dejaron
de convivir,
finalmente
la sincera
declamación
de sus errores,
brindaron un poco
de aire límpido.
que barrió
sin dudas
los rencores.


Ella merecía
ser feliz como
antes
de que el
entrara a su vida,
quizás
allá en aquel tiempo
la deslumbro,
quizás por
su personalidad
avasallante,
dominante.

¿Habrá sido
tal vez buscar
su protección,
al tener
un padre ausente?

Ya no importa,
que ella
viera en él
una combinación
de amor
con sensación de
fugarse de su casa,
por su madre
tan indescifrable,
y tan tirana.

Ya ambos
se dijeron todo,
lo bueno
y también 
lo malo.
evitando
el resentimiento
que destruye,
si otra oportunidad
única les daba
la vida,
para quizás
lograr anclar
en un último
y armonioso amor.

Se sintió liviano…(I)

Se sintió
satisfecho
por haberse
bañado bajo
una cascada
de sincericidio 
un par
de noches atrás,
cuando
conversando
con
quien fuera
su mujer
durante
larguísimo
tiempo,
se expresó
tan acelerada
como
en forma espontánea.

Al reconocerle
a ella
que era cual
cascabel
al momento
de casarse
con él,
quizás por
su menor edad
y su necesidad
de reír
en forma
a veces,
casi
compulsiva
tratando
de olvidar
tristezas pasadas.

Para él
quien le llevaba
unos años,
la seriedad
era su emblema
así como
su omnipotencia,
una forma
quizás
inconsciente
para protegerse,
de toda aquella
contrariedad
a su opinión,
que en
su boca
él proclamaba
como
la única objetiva.

El matrimonio
duró
demasiado tiempo,
más por
la paciencia
infinita de ella,
que por otra cosa,
el ego de él
hirió al amor,
luego los celos
terminaron
por asesinarlo.

Otra oportunidad…

Alguien
alguna vez
me dijo
que para
reconstruirse
hace falta más
que voluntad,
se hace necesario
verse uno
desde dentro
haciéndose
ese análisis
retrospectivo,
al que nos
negamos
la mayoría
de las veces,
solo por
nuestro amigo
ese maldito ego.

Si bien se pudo
acabar el amor
no se así
la vida
ni los sueños,
dejar cada
uno ir ante
la desazón
de ese instante
en que la pareja
ingresa en un túnel
en el que
es fagocitada
a si misma.

La vida
corre rápido,
no perdamos
ese tiempo
tan finito.
vivamos
con algarabía
por la felicidad
del otro,
porque
solo así
deseando
lo mejor
a ese amor
hasta ayer,
disfrutaremos
amablemente
ese tan ansiado
oasis
de paz y armonía.

Solo esta
el presente
es lo que
nos queda,
seremos
cómplices
de nuestras
nuevas vidas,
y con las
manos
en oración,
rogando alcanzar
ese llamado
equilibrio.

Que por analogía,
será el exquisito
y ultimo trago
de ese elixir
llamado oportunidad,
y así cada uno
dejaremos
que nos lleve
nuevamente,
a sentir
esa sensación
tan profunda,
que nos dejara
en nuestra
última estación.

Simple; entonces…
Lo siento
Gracias
Perdón

Dejemos ir… (I)

No importa
cuando
ni donde
sea el momento
adecuado,
no puede
mentirse
lo que no
se siente,
sin lugar
a dilatar,
cuando
el paciente
está enfermo
de muerte.

Alguien me dijo
tienes templanza,
no lo se
en realidad,
sí estoy seguro
de no poder
mentirme.

Si algo se quebró
no hay culpable
sino culpables,
dejar ir representa
esa honesta
y necesaria limpieza
para las
almas
hace tiempo
atormentadas.

Imagen: Gentileza Pinterest – freepik.es

Jamás

De a poco
con tu silencio
te fuiste yendo,
el compromiso
que habías asumido
se esfumó,
entre las tinieblas
de tu mundo
que aún hoy
no comprendo.

Fue así
que decidí
no insistir
ni siquiera
por orgullo,
más por el dolor
que siempre
atraviesa
aquello de
mentir por omisión.

La vida ya
me es corta,
para seguir
creyéndote,
en esas
idas y vueltas,
sin final
ni certezas.

Por eso
solo me alejo
sin rencor
alguno,
lo que no
me es propio,
para llevarte
conmigo
como un
ilusorio recuerdo.

Imagen: Gentileza Unsplash.com

No me sorprendí

Desapareciste

de mi vida

tal cual llegaste,

en silencio

afirmando

que lo nuestro

no tenía destino,

luego supe

que en realidad

no tuviste

el valor 

de decirme

que ya no

me amabas.

Lo comprobé

al poco tiempo,

de casualidad

cuando te vi

con un hombre

mucho mayor,

tomados 

de la mano

tal cual amantes,

supuse que

que renegaste

de un futuro

de carencias,

y en tu ilusión

buscaste 

la forma

de cambiarlo.

Será esto

que pienso

la realidad,

o quizás

tu vacío

indisimulable

de vivir 

con alguien

buscando

lo superfluo,

transformandote

solo en una 

muñeca 

de compañía.

Otra

Cuando uno cree
que esas cosas
no te van
a suceder,
la realidad
aparece y
te golpea
de repente.


Cuanto hace cinco, diez años?
que han pasado
desde la
última vez
que nos vimos.


Nos quedamos
perplejos,
quizás por
todo aquello
que paso
entre nosotros,
pero sin duda
ya somos otros.


Desapareció
esa figura
que a todo
el mundo atraía,
una delgadez
extrema
tomó su lugar,
imagen rara
de abandono
cuando eras
tan obsesiva
en tu apariencia.


Solo atinamos
a decirnos
un hola
sin más,
seguimos
nuestro camino
pero no puedo
dejar de pensar,
en que le
habrá pasado
a tu vida,
para verte así
como si
fueras solo
una caricatura
de lo que fuiste.

Imagen: Gentileza Pinterest – polyvore.com

Dejar de creer

Tuviste una vida
en zona de confort,
y por mi amor por ti
se alimentaron otros,
no me importa
se que lo volvería hacer,
ya que si lo hice
fue por lo sublime
y el todo que eras
en ese momento,
dentro de mi ser.

Mis errores
tan evidentes,
siempre conocidos
que utilizaste
a la perfección,
para rezumar
en mi rostro,
sin saberlo traiciones
pequeñas al principio.

Grité a viva voz
mi imperfección divina,
por propios y ajenos
errores que cometí,
en cambio tu
los negaste
y los supiste
guardar
bajo un manto
de hipocresía,
así
sutilmente mudaste
tu piel de víctima,
a diabólica
víctimaria 
que no dudó
en ser infiel,
tratando
de convertirse
en alguien distinta,
con aires
de libertad
que deseo
obtengas,
sin embargo
por conocerte
con el tiempo
te darás cuenta
que quedaras
prisionera
de tu
propio engaño.

Imagen: Gentileza Pinterest