Gabriela Eunice: «Escribir es para mí un modo de recuperar mi lengua».

En su primera novela, la autora, que es una argentina que reside en Dinamarca, explora las emociones que producen el amor y el desamor, el desarraigo y la búsqueda de la propia identidad en un texto que alterna el pasado y el presente y la mirada de tres narradores diferentes. 

Gabriela Eunice nació en Buenos Aires y estudió arquitectura pero reside en Copenhague desde 2015.

La Costa Atlántica, la Costanera porteña y las frías aguas de Copenhague son los paisajes que se alternan como escenarios en “Busco extras para actuar en mis sueños”, la primera novela de Gabriela Eunice, una argentina residente en Dinamarca. Pero a cada uno de ellos le corresponde también un vínculo que le es propio en una serie creciente que va de la amistad y el amor filial a las relaciones violentas.

La historia de Amanda, una mujer emigrante toma elementos de la vida de la autora, sus amigas y las entrelaza con anécdotas inventadas en un caleidoscopio de sensaciones amables, melancólicas e incluso dolorosas. La sigue de cerca un narrador que la conoce profundamente, le cede su voz para que por momentos el texto se vuelve intimista y confesional, y adopta una segunda persona para aconsejar y hasta adoptar un tono admonitorio para con la protagonista.

“Busco extras para actuar en mis sueños” fue editada a fines de septiembre por Inguz Editorial con la consigna de “hacer un libro sostenible” impreso en papel reciclado, pero además el 15 % de las ganancias por su venta son donadas al Fondo de Mujeres del Sur.

Gabriela Eunice González Alcalde nació en Buenos Aires y se recibió de arquitecta en la Universidad de Buenos Aires. Estudió música y canto y en 2019 estrenó una performance literaria-musical titulada “Amanda”. Desde julio de 2015 y después de varios viajes por América, Europa y Asia reside en Copenhague, Dinamarca.

En la primera semana de octubre la autora presentó su novela en el Festival de Literatura de Copenhague que reunió a autores latinoamericanos, españoles y portugueses y contó con el auspicio de las Embajadas de España y Portugal.

Sobre los alcances de una historia que describe una experiencia de desarraigo e incomunicación pero también de violencia de género, en la que la escritura ofrece una posibilidad de salvación y de recuperación de la identidad, conversó la autora con Télam. A continuación, los principales tramos de la entrevista.

-Télam: ¿En la historia que narras hay una relación en la que se produce violencia de género? ¿Cuánto hay de autobiográfico y cuánto de ficción?

-Gabriela Eunice: Tiene un poco de autobiográfico y otro poco, no. Lo que es autobiográfico es que Amanda es una persona migrante de Argentina que se muda a Copenhague. Eso sí lo puedo situar en el ámbito autobiográfico. Después, cada una de las pequeñas historias que van pasando entre los personajes, no todas son necesariamente autobiográficas. Muchas cosas de las que escribo también las he tomado de biografías de otras personas. Hay anécdotas de otra gente que me gustan y también las he incorporado a la historia pero también hay cosas que he inventado.

-T: ¿Favorece la violencia el hecho de que se trate de una mujer migrante?

-G.E.: Creo que no importa donde vivas, creo que hay cosas que se perciben de igual modo en todo el mundo, no importa el lugar en el que vivas. En este caso no es una novela que yo escribí para hablar necesariamente de la violencia de género pero sí trata el tema. Amanda tiene herramientas pero no importa dónde vivas o a qué estatus social pertenezcas, la violencia puede estar presente en cualquier situación y obviamente hay situaciones más privilegiadas que otras para poder salir de eso. El hecho de poder contar esta historia es un modo de generar mayor conciencia acerca de cuáles son los modos de salir de la espiral de violencia.

-T: ¿La diferencia de lenguas genera incomunicación y quizás violencia?

-G.E.: La incomunicación no tiene por qué llevar a la violencia . Hay algo que la protagonista se plantea todo el tiempo que es que ella dice haber perdido la lengua por no saber cómo comunicarse . Creo que el tema de la incomunicación no reside tanto en que hablen lenguas diferentes sino en lo que Amanda dice al principio del libro, de que, muchas veces las personas intentamos comunicarnos con palabras sin darnos cuenta de que el modo más sensato de comunicarnos es a través de nuestros cuerpos y nuestros sentimientos.

Ahí hay una incomunicación entre Amanda y Josué que no tiene que ver con su lengua, sino con que son dos personas que no se entienden.

-T.:Hace años que vivís en Dinamarca y hablás danés, ¿por qué escribir en español que no es tu lengua cotidiana?

-G.E.: Justamente porque el español es mi lengua desarraigada, escribir en español me permite recuperar mi lengua materna. Por un lado tiene que ver con que cuando yo me mudé a Copenhague no conocía tanta gente que hablase español y escribir era para mí un modo de recuperar mi lengua, de encontrarme con mi idioma. Tampoco tenía acceso a tantos libros. La verdad es que me mudé con muy pocos libros acá y en aquel momento cuando vine, la única librería que tenía libros en español cerró y volvió a abrir otra recién hace dos meses. En todo ese tiempo escribir era encontrarme con mi lengua en un contexto en el que tenía pocas oportunidades.

-T.: Venís del ámbito de la arquitectura, ¿cuál es el aporte de esa disciplina a tu escritura?

-G.E.: No poemas ni cuentos sino textos académicos . Soy arquitecta y trabajé como docente de Historia y de Proyecto arquitectónico pero tuve la suerte de que en la Facultad de Arquitectura de la UBA muchos docentes incorporan textos literarios a la hora de hablar de arquitectura por eso me acostumbré incluso en la descripción de proyectos arquitectónicos a darle un lado más artístico y poético.

-T.: La historia de Amanda también dio origen a una performance de tipo teatral…

-G.E.: A fines de 2019 con la novela casi terminada, en proceso de corrección, Miguel Angel Crozzoliu. un amigo músico y compositor, me propuso hacer una obra de microteatro con fragmentos de la vida de Amanda. Aquella performance focalizó la historia del desamor de Amanda. Ella decía en aquel fragmento que extrañaba no conocerlo a Josué porque cuando lo conoció lo vio como realmente era, su peor costado.

-T.: El texto incorpora términos que son netamente porteños como “changüí” y otros más ligados al español neutro, como “grifo” en lugar de “canilla”, ¿Amanda habla la lengua del desarraigo, una construcción artificial que comparten muchos emigrantes?

-G.E.: Ese tema lo traté mucho con el editor, Horacio Fiebelkorn, cuando comencé a editar la novela. Sucedía que a veces usaba el español de España y otras el porteño. Creo que tiene que ver con no haber estado en la Argentina muchos años y no haber hablado con argentinos. Entonces uno adquiere una lengua que comparte con los inmigrantes latinos o europeos, incluso con los daneses que estudiaron español. Si yo dijese “canilla” seguramente no sabrían de qué hablo. Pero hay otros términos como “changüí” que no podría explicar de otro modo. No creo que alcance con decir “#otra oportunidad”. Es “changüí”.

"Busaco extras para actuar en mis sueños"

«Busco extras para actuar en mis sueños»

-T.: Aunque se centra en el presente de una mujer argentina que reside en Copenhague, la historia recupera el pasado porteño de Amanda e incluso sus vacaciones en la Costa Atlántica en un ida y vuelta permanente en el tiempo del relato.

-G.E.: Es que Amanda la de ahora es también la Amanda del pasado, la que vivió en Buenos Aires. Esos raccontos son un modo de reconectar con su lengua y de reconectar con sus raíces y dar a entender de dónde viene ella y darla a conocer al lector.

-T.: El nombre no es una casualidad,,, En latín “Amanda” significa “la que debe ser amada”. Es casi una ironía para una historia en la que está presente la violencia.

-G.E.: Sí. Pensé en ese significado, en la carga del nombre. Pero además, es un nombre muy común en Dinamarca entre las mujeres de clase media.

-T.: ¿Tenés prevista una traducción al danés?

-G.E.: Voy a tratar de que así sea. Hay fondos estatales que financian la traducción de textos que podrían ser relevantes para la cultura danesa por ende si una editorial está interesada en hacerlo se puede aplicar a los fondos para pagar a un traductor.

-T.: ¿Cómo construiste al narrador? Por momentos es una tercera persona omnisciente, en otros una segunda persona, y en otras una primera que parece ser Amanda. Llevás al lector a girar 360 grados en derredor de la protagonista.

-G.E.: No me fue fácil llegar a esas diferentes personas y uno de mis mayores miedos es que no se llegara a entender sobre todo cuando habla está Amanda en segunda persona que puede verse como ella misma o alguien que le habla. Creo que la primera persona es la protagonista con todos sus sentimientos y sus dudas. La segunda persona es un poco más dura, le marca lo que hizo y la lleva a reflexionar y la tercera es un narrador omnisciente que, sin embargo, la conoce muy bien a Amanda. Todas la construyen.

-T.:¿Cuál es tu experiencia de editar en una editorial independiente como Inguz?

-G.E … Fue muy interesante. Me gustó que fueran todas mujeres detrás de la editorial. También que donen parte de las ganancias de sus libros al Fondo de Mujeres del Sur para ayudar a combatir la violencia de género y que las mujeres que sufran estos actos violentos tengan otras oportunidades en sus vidas. Sucede que aunque Amanda vive de modo naif la violencia que sufre el tema está presente y por eso comparto esta causa con la editorial. Además el libro está impreso con papel reciclado y la sustentabilidad es un tema en el que vengo trabajando desde mi profesión de arquitecta.

Imagen de portada: Gentileza de TELAM

FUENTE RESPONSABLE: TÉLAM Por Eva Marabotto

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Traficadas por sexo: cómo una mujer consiguió escapar tras ser prostituida en Dinamarca.

Cada año, miles de mujeres son traficadas a ciudades europeas y explotadas sexualmente.

Jewel, una joven nigeriana que esperaba convertirse en cuidadora, finalmente logró escapar gracias a dos encuentros casuales.

«Simplemente vi la luz. Casi siempre está oscuro de donde vengo porque no hay electricidad … Pero todo aquí brillaba. Era muy hermoso».

Jewel, que no es su nombre real, describe así su llegada a Dinamarca.

«Le di las gracias a Dios por la oportunidad de llegar a este país. Tenía muchas ganas de empezar a trabajar».

Jewel tomó un vuelo desde Nigeria pensando que iba a trabajar con personas mayores.

«La gente que es víctima de trata pasa por Libia y normalmente toma autobuses y barcos. Pero esto estaba tan bien organizado que no era nada sospechoso», dice.

La Organización Internacional para las Migraciones estima que el 80% de las mujeres nigerianas que viajan por tierra y luego intentan cruzar el Mediterráneo son objeto de trata para el comercio sexual europeo.

Jewel sabía de mujeres que habían sufrido ese destino después de realizar la peligrosa travesía, por lo que cuando comenzó su viaje en el aeropuerto de Lagos, se sintió tranquila.

Vesterbro

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

El barrio de Vesterbro, de la capital danesa, es muy popular.

En Copenhague, la recibió una mujer nigeriana, que la llevó al día siguiente a Vesterbro, el barrio rojo de la ciudad.

«Esperaba ver algún tipo de hospital», recuerda Jewel.

Caminaron por las calles durante un tiempo, y Jewel tomó nota de su entorno, como le habían dicho que hiciera.

Entonces la mujer le lanzó una bomba.

«Ella me dijo: ‘Aquí es donde vas a trabajar’. Miré a mi alrededor para ver si estaba señalando un edificio que yo no había notado. Pero no, se refería a donde habíamos estado caminando. Fue entonces cuando me dijo que iba a ser prostituta, y aquí era donde iba a estar buscando clientes. Entonces toda Dinamarca se me vino encima».

Jewel tuvo una reunión fortuita esa noche que luego sería importante: Michelle Mildwater de Hope Now, una ONG que apoya a las personas traficadas en Dinamarca, vio a la pequeña y tímida mujer de 20 y tantos años y le dio una tarjeta con un número de contacto.

Michelle Mildwater

Michelle Mildwater fundó Hope Now en 2007.

La jefa nigeriana de Jewel, su «madame», le dijo que no confiara en esta mujer inglesa con una bicicleta.

Luego, rápidamente encontró su primer cliente.

«El hombre le dio 4.000 coronas (US$620) por ir a su casa, y luego mi madame se marchó», dice Jewel.

«Estuvimos en el auto durante lo que pareció una eternidad. No hablaba el idioma en ese momento y no tenía ni idea de lo que estaba diciendo; tuvimos que usar Google Translate para comunicarnos. Daba miedo».

En los meses siguientes, el sexo no se volvió más fácil para Jewel.

mujer

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«No era buena en eso. Era muy tímida. Pero siempre tenía trabajo porque los clientes habituales saben cuándo llega una nueva persona y quieren probarla».

Las cifras más recientes publicadas por la Unión Europea sobre la trata de personas reveló que entre 2017 y 2018 hubo más de 14.000 víctimas.

Sin embargo esta cifra es solo la punta del iceberg porque apenas registran los casos identificados. La mitad eran de fuera de la UE, siendo Nigeria una de las cinco principales nacionalidades.

La explotación sexual sigue siendo el principal objetivo de la trata, según la Comisión Europea, y se estima que en un solo año, los ingresos delictivos derivados de ella alcanzan la asombrosa cifra de US$16.000 millones.

Una calle de Vesterbro por la noche

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Una calle de Vesterbro por la noche.

A las mujeres que ganan este dinero se les dice que les deben a sus traficantes grandes sumas por viajes y alojamiento.

«Están vinculados por deudas», dice Sine Plambech, investigadora principal del Departamento de Migración del Instituto Danés de Estudios Internacionales.

«Las nigerianas son uno de los grupos de trabajadoras sexuales migrantes con mayor deuda, que podría oscilar entre 10.000 y 60.000 euros (aproximadamente US$11.600 y US$70.000). Y cuando tienes ese tipo de deuda, necesitas ganar mucho dinero rápido. Y si no tienes papeles que te permiten trabajar, la forma más rápida de ganar dinero es en la industria del sexo».

Los traficantes de Jewel le informaron que tendría que pagarles US$49.000 en cuotas regulares.

Para dejar bien claro este asunto, la convocaron a una reunión aterradora en un cementerio, el día antes de que volara desde Nigeria.

«Me vi obligada a jurar que iba a pagar el dinero sin importar nada, y que no iba a revelar quién me traficaba. Si lo hacía, me iban a pasar muchas cosas malas a mi familia y a mí».

Una vez que Jewel estuvo en Dinamarca, los traficantes amenazaron a su familia en Nigeria.

«Entraron en mi casa y querían que mi abuela me quitara de la cabeza cualquier idea de denunciarlos a la policía o de no pagar el dinero. Así que cada vez que la llamaba, ella siempre lloraba por teléfono y me recordaba que había hecho este trato con estas personas. Tenía que pagar o les pasaría algo».

Jewel estaba bajo una inmensa presión.

Vesterbro

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La calle principal del barrio de Vesterbro es Istedgade.

Sentía que no podía discriminar a los clientes a los que atendía dentro o entre los automóviles estacionados en las calles de Vesterbro, o en sus hogares.

«No puedes decir que no. Tienes que decir que sí, porque hay otras 10 o 15 mujeres mirando al mismo tipo que quieren ganar algo de dinero esa noche», dice.

Pero acompañar a un cliente a su casa podría ser enormemente arriesgado.

«Podría haber muerto la noche en que me obligaron a permanecer en la bañera», recuerda, todavía traumatizada.

«El hombre con el que me fui a casa me pidió que me metiera en la bañera», cuenta.

«Y pensé, ‘Está bien, quiere que me limpie o algo así’. Luego salió y regresó con dos cubos de hielo. Y comenzó a verter este hielo en el baño. Y yo estaba allí desnuda y es en pleno invierno … «.

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‘Impunidad de los perpetradores’

En abril de este año, al anunciar una nueva estrategia para combatir la trata de personas, la Comisión Europea admitió que tras 10 años de esfuerzos para abordar el problema, las políticas puestas en marcha, en gran medida, habían fracasado.

«La impunidad de los perpetradores en la Unión Europea persiste, y el número de enjuiciamientos y condenas de traficantes sigue siendo bajo, haciendo que la trata sea «un delito de bajo riesgo y alto beneficio», dijo el organismo.

Los intentos de reducir la demanda de servicios de víctimas también fracasaron, agregó la Comisión.

El gobierno de Reino Unido dice que hasta marzo de 2020, la policía registró 7.779 delitos de esclavitud moderna (incluida la explotación laboral y la explotación sexual), pero menos de 250 personas fueron acusadas en 2019.

Los servicios de apoyo de Reino Unido para las víctimas de la esclavitud moderna están a cargo del Ejército de Salvación.

Dice que 610 sobrevivientes de explotación sexual no británicos se unieron a su programa en el año hasta junio de 2021.

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La calle principal de Vesterbro, Istedgade, con sus bares, clubes y sex shops, es ruidosa y está muy iluminada los sábados por la noche.

Grupos de hombres, a menudo bajo los efectos del alcohol, merodean de arriba y abajo.

Las mujeres que venden sexo, la mayoría de ellas de Nigeria y Europa del Este, con el cabello y el maquillaje impecables, están vestidas con ropa cómoda de gimnasia.

Tienen zapatillas deportivas con las que puedes correr: hay pocos pares de tacones altos y no hay atuendos «sexys» estereotipados.

Michelle Mildwater, que ha apoyado a las prostitutas extranjeras en Dinamarca durante más de una década, todavía está por aquí, entregando su tarjeta a mujeres como Jewel, ofreciendo ayuda y asesoramiento.

Es consciente de lo peligrosa que es la vida en la calle y recuerda varios incidentes violentos en uno de los hoteles del distrito.

«Tuvimos varias violaciones allí», dice.

«Una vez una mujer salió corriendo cubierta completamente de sangre».

Los fines de semana, las ONG danesas ofrecen servicios a las mujeres que venden sexo. Por ejemplo, Reden International, tiene un café donde pueden descansar, recuperarse y tomar un refrigerio entre clientes.

Y en una de las calles laterales, un grupo de voluntarios organiza una iniciativa para minimizar los daños como ninguna otra.

Se llama Red Van, porque eso es lo que es: un vehículo con una cama en la parte trasera iluminada por luces de colores y un suministro listo de condones y toallitas húmedas.

Es un espacio privado donde las trabajadoras sexuales pueden traer un cliente en lugar de ir a un lugar potencialmente inseguro.

A lo largo de la noche, llega un flujo constante de mujeres y hombres, para usar las instalaciones de la camioneta, mientras que los voluntarios se mantienen a una distancia respetuosa pero lo suficientemente cerca para escuchar si una mujer está en problemas.

En un turno de 4 horas, puede llegar a usarse hasta 28 veces.

Voluntarios de Red Van Pauline Hoffman Schroder, Sine Plambech y Aphinya Jatuparisakul

Voluntarios de Red Van Pauline Hoffman Schroder, Sine Plambech y Aphinya Jatuparisakul.

Uno de los voluntarios de Red Van es Sine Plambech, una investigadora académica.

«Estas mujeres tienen un problema que están tratando de resolver: deudas, pobreza, familia, hijos. Necesitan trabajar. Van a vender sexo, nos guste o no, así que les brindamos un espacio seguro mientras están haciendo lo que harían de todos modos «, dice.

«La mayoría de las mujeres no venderían sexo si no tuvieran que hacerlo. Puedes tener todas estas ideas morales sobre lo que es bueno para ellas, pero necesitan ganar dinero».

Comprar y vender sexo en Dinamarca no es ilegal, pero necesitas un permiso de trabajo.

La precaria situación migratoria de muchas de las mujeres que venden sexo en Copenhague las hace más vulnerables y mucho menos propensas a denunciar cualquier abuso o violencia contra ellas a la policía.

La política de Dinamarca es deportar a los migrantes irregulares.

Incluso aunque las mujeres sean identificadas como víctimas de trata de personas, después de un breve período en una casa segura patrocinada por el gobierno se espera que regresen a sus países de origen.

Después de cuatro meses en las calles, desesperada, deprimida y tentada a quitarse la vida, Jewel también se mostró reacia a hacer una denuncia ante las autoridades.

Todavía tenía una deuda enorme y temía por su seguridad y la de su familia en Nigeria.

Entonces su vida cambió.

Suena cursi, incluso como un cuento de hadas, pero Jewel conoció a un hombre danés y se enamoró.

En su primera cita, después de una cena romántica, ella le contó todo.

«Esa es una carga que ha tenido que llevar», dice ahora sobre el hombre que se convirtió en su marido.

Un dibujo de Jewel, que expresa sus sentimientos como mujer objeto de trata y explotación sexual.

FUENTE DE LA IMAGEN – JEWEL

Un dibujo de Jewel, que expresa sus sentimientos como mujer objeto de trata y explotación sexual.

Jewel dejó de trabajar en las calles y él la ayudó a hacer los pagos semanales a su madame.

Pero la pareja necesitaba consejo.

¿Conocía Jewel a alguien que pudiera ayudarlos?, preguntó su novio.

Jewel se había quedado con la tarjeta que Michelle Mildwater le había dado la primera noche que vendió sexo en Vesterbro.

Michelle aconsejó a Jewel, la ayudó a enfrentarse a sus demonios y le dio la confianza necesaria para dejar de pagarle a su madame.

Y, afortunadamente, no ha habido repercusiones violentas para ella o su familia, tal vez porque su traficante no pertenecía a una de las grandes redes criminales transnacionales.

Ahora Jewel está esperando el resultado de su solicitud para permanecer en Dinamarca.

Mientras tanto, su danés se ha vuelto fluido y ha tenido un bebé.

Jewel interpretando su obra en Copenhague.

FUENTE DE LA IMAGEN – GUADALUPE BASAGOITIA

Jewel interpretando su obra en Copenhague.

Jewel y Michelle se han convertido en amigas.

Y cuando Jewel se casó, la trabajadora de la ONG de Hope Now fue su dama de honor.

«Ese es uno de los momentos de mayor orgullo de mi vida: que ella me acompañara por el pasillo», dice Jewel.

Jewel espera poder acudir algún día a la escuela de negocios.

También quiere hacer trabajo voluntario ayudando a las mujeres en las calles.

Justo antes del confinamiento, Michelle Mild Water, exactriz, animó a Jewel a escribir una obra de teatro que cuenta la historia de una mujer víctima de trata, y presentarla ante una audiencia en Copenhague.

Jewel la llamó «La única manera de escapar».

«Fue terapeútico. Cuando estaba haciendo la obra estaba un poco como fuera de mi cuerpo. Era como si fuera parte de la audiencia, y estaba muy conmovida por lo que vi», dice Jewel.

«Porque esto no es solo una historia, es la realidad de la gente».

Imagen de portada: Gentileza de Guadalupe Basagoitia (Jewel después de escapar el día de su boda).

FUENTE RESPONSABLE: BBC News, Copenhague Por Linda Pressly

Prostitución/Red de trata/Dinamarca/Copenhague/Nigeria.

 

Dinamarca: un arqueólogo aficionado halló 22 piezas de oro del siglo VI.

Pertenecen a pueblos pre vikingos que habitaban ese país

De acuerdo a los primeros exámenes, los objetos pudieron haber sido enterrados como una ofrenda a los dioses en un momento de severos cambios climáticos. Las piezas fueron encontradas en el suroeste de Dinamarca, que según los historiadores se convirtió en la cuna de los reyes vikingos entre los siglos VIII y XII.

Las piezas serán exhibidas en el museo Vejle a partir de febrero de 2022.

Un arqueólogo aficionado encontró en Dinamarca 22 objetos de oro con símbolos del siglo VI, que pueden proporcionar nuevos detalles sobre los pueblos pre vikingos que habitaban ese país.

Así lo anunció esta mañana el director de investigación del museo Vejle, que albergarán el tesoro.

Algunos de los objetos tienen motivos únicos e inscripciones que pueden referirse a los gobernantes de la época, pero también recuerdan a la mitología nórdica, dijo Mads Ravn a la prensa internacional.

«Son los símbolos de los objetos los que los hacen únicos, más que su valor en oro», observó, precisando que en total los objetos pesaban alrededor de un kilo.

Entre las piezas, también hay una que hace referencia al emperador romano Constantino, de principios del siglo IV y un medallón del tamaño de un platillo.

Según los primeros exámenes, los objetos pudieron haber sido enterrados como una ofrenda a los dioses en un momento de severos cambios climáticos, cuando las temperaturas se volvieron muy frías luego de una erupción volcánica ocurrida en Islandia en 536, que cubrió el cielo con nubes de ceniza.

«Hay muchos símbolos, algunos nunca antes vistos, que nos permitirán ampliar nuestro conocimiento de la gente de este período», señaló.

El tesoro fue encontrado cerca de Jelling en el suroeste de Dinamarca, que según los historiadores se convirtió en la cuna de los reyes vikingos entre los siglos VIII y XII.

Estará en exhibición en el museo Vejle a partir de febrero de 2022.

El arqueólogo aficionado encontró el tesoro hace unos seis meses usando un detector de metales, pero la noticia recién se conoció ahora.

Imagen de portada: Gentileza de Página 12

FUENTE: Página 12 – Dinamarca/Vikingos/Hallazgo