¿Un hecho que afirma que no hay verdad objetiva?

La fascinante historia de las montañas Kong, la inexistente cordillera que apareció durante un siglo en los mapas.

Durante décadas pensaron que eran reales y que se extendían por cientos de kilómetros en África Occidental. Algunos llegaron a describirlas como una barrera infranqueable. Pero no existen. ¿Cómo llegaron estos montes legendarios a los mapas?

Las cumbres de los montes Kong rozaban el cielo y, según algunos testimonios, permanecían cubiertas de nieve durante buena parte del año pese a encontrarse en pleno trópico.

Desde finales del siglo XVIII y durante buena parte del XIX, esta cordillera imponente ocupó un lugar destacado en gran parte de los mapas de África, que la mostraban como una barrera infranqueable en el oeste del continente capaz de desviar el curso de los ríos.

Pero esas montañas que durante décadas se tuvieron por reales y alimentaron la imaginación de geógrafos y viajeros europeos no existen.

No existían, claro está, cuando hicieron su aparición en los mapas.

Un “fantasma de la historia”

Los montes Kong son uno de los “grandes fantasmas de la historia de la cartografía”, como apunta el periodista Simon Garfield en su libro On the map, que dedica un capítulo a la legendaria cordillera y a cómo esta mentira geográfica sobrevivió casi 100 años.

El primero en describir los inexistentes montes Kong fue el explorador escocés Mungo Park, quien viajó al interior de los actuales Senegal y Mali entre 1795 y 1797 en busca de las fuentes del río Níger, uno de los grandes misterios de la geografía africana para los europeos de aquel tiempo.



El primero en describir los inexistentes montes Kong fue el explorador escocés Mungo Park Crédito: BBC

El relato de su periplo se publicó en Londres en 1799 con un apéndice ilustrado por el cartógrafo inglés James Rennell, en cuyos mapas los montes Kong cobran forma por primera vez como un gran macizo montañoso que se extendía a lo largo del paralelo 10 por buena parte de África Occidental.

Su nombre lo tomaban de la ciudad de Kong, capital del imperio homónimo que se extendió durante el siglo XVIII y XIX en la actual Costa de Marfil.

¿Un espejismo o una invención?

Es difícil saber si Mungo Park realmente creyó ver la cordillera o simplemente se la inventó.

Probablemente vio un espejismo, o quizá unas nubes que parecían montes. Entonces preguntó a viajeros y mercaderes si había una cordillera en esa dirección y le dijeron que sí”, le dice a BBC Mundo Thomas Bassett, profesor emérito de geografía en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign y coautor del artículo Las montañas Kong en la cartografía de África Occidental.

Para Bassett, la historia de las montañas de Kong es inseparable del debate sobre el curso del río Níger Crédito: BBC

“No obstante, yo diría que su origen se debe realmente a James Rennell. Como argumento en mi artículo junto a mi colega Philip Porter, la emergencia de los montes Kong hay que entenderla en el contexto amplio del debate teórico sobre el curso del río Níger”, apunta el experto.

“Había muchas teorías en conflicto y la representación de Rennell de los montes Kong está relacionada con su propia hipótesis”, explica Bassett.

El misterio de las fuentes del Níger

Rennell, uno de los geógrafos más reputados de su tiempo, defendía que el Níger discurría hacia el este y se adentraba en el continente africano, alejándose del Océano Atlántico, para luego evaporarse en una especie de delta interior.

La existencia de los montes Kong corroboraba su idea: aquella barrera insalvable impedía que el río fluyera hacia el sur hasta el golfo de Benín, como hace en realidad.

La existencia de los montes Kong corroboraba la idea de James Rennell, uno de los geógrafos más reputados de su tiempo Crédito: BBC

A partir del momento en que las ilustraciones de Rennell vieron la luz, la gran mayoría de los mapas comerciales de África hasta finales del siglo XIX reprodujeron su visión de África e incluyeron los montes Kong.

La cordillera, quizá como consecuencia de su carácter irreal, iba adquiriendo formas y extensiones variables según el gusto y la imaginación de quien la dibujara.

Eldorado de África Occidental

En algunos mapas, los montes Kong llegan a atravesar todo el continente africano de oeste a este, como un muro que sellara el desierto del Sahara por el sur.

No faltaron descripciones detalladas en las que se les atribuía un tono azulado, una “altura formidable” o que aseguraban que sus tierras eran estériles, pero ricas en oro.

Las montañas de Kong a menudo eran representadas como una barrera casi infranqueable Crédito: BBC

Se popularizó la idea de que eran una especie de “Eldorado de África Occidental”, la fuente misteriosa de las riquezas del Imperio Ashanti, localizado en la actual Ghana.

La leyenda no dejó de crecer hasta que, en 1889, el militar francés Louis-Gustave Binger contó su viaje a lo largo del río Níger ante la Sociedad Geográfica de París. Su conclusión: sobre el terreno los montes Kong no existían.

Desde entonces, tal como había aparecido, la cordillera se desvaneció.

Las lecciones de los montes Kong

Su rastro, en cambio, más allá de la anécdota histórica, plantea una serie de cuestiones sobre la precisión de los mapas y los intereses de quienes los crean.

“La lección de las montañas Kong es básicamente que debemos ser lectores críticos de mapas. Tenemos que plantearnos preguntas sobre el contexto en el que se hicieron y por qué motivos fueron diseñadas. Sin tener eso en cuenta no se puede entender un mapa”, sugiere el profesor Bassett.

El viaje de Louis-Gustave Binger a lo largo del río Níger acabó con el mito de las montañas de Kong Crédito: BBC

El geógrafo destaca el hecho de que las montañas Kong ilustradas por Rennell aparecieron en un momento en que a los mapas ya se les suponía un rigor científico y eran interpretados como representaciones fieles de la realidad.

“Antes del siglo XVIII hubo mapas con todo tipo de accidentes geográficos fantásticos e imaginarios. Por ejemplo, en el siglo XVI, el cartógrafo Ortelius retrató las fuentes del Nilo en dos grandes lagos en el Sur de África. Las montañas Kong son excepcionales en el sentido de que aparecieron en mapas posteriores al siglo XVIII, cuando se suponía que ya eran científicos”, señala Bassett.

Esa presunción de verdad de la cartografía, junto al prestigio de un geógrafo como James Rennell y de la industria editorial europea, explica que la cordillera inventada perdurara tanto tiempo sin que se cuestionara su existencia.

Los intereses detrás de los mapas

La desmentida oficial de Binger, casi un siglo después, llegó condicionado también por los intereses europeos. La constatación de que los montes Kong no existían alentó la política expansionista de Francia en África Occidental.

En los despachos de los gobiernos europeos de finales del siglo XIX, los mapas -más que en un motivo de discusión geográfica- se convirtieron en herramientas imprescindibles para materializar las aspiraciones colonialistas.

En los actuales mapas no hay señal de las montañas de Kong Crédito: BBC

“A lo largo del siglo XIX, gradualmente, vemos cómo los reinos y feudos africanos se van convirtiendo en colonias europeas. Los mapas políticos del siglo XIX se superponen sobre la geografía física. Eso explica las diferencias entre los mapas británicos, franceses o portugueses. No solo están describiendo territorios, están reclamando”, apunta Bassett.

“Esos mapas son, como algunos historiadores han apuntado, retóricos, plantean argumentos sobre el mundo. El caso de las montañas Kong es un ejemplo de todas estas cuestiones”, agrega el profesor.

Una historia que resuena más de un siglo después, en un tiempo en que es posible asomarse a las calles de cualquier ciudad del mundo a través de una pantalla y los planos más detallados caben en el bolsillo gracias a los teléfonos móviles

Fuente: LA NACIÓN – ABC NEWS – Autor: Pablo Esparza – 05/12/2020

La importancia de la visión económica ecológica.

“Hay que cambiar la manera de medir lo que hacemos y quitarle importancia a lo que digan los economistas”: Joan Martínez Alier, economista ecológico.

Economistas hay unos cuantos. Pero los que no abundan son los economistas ecológicos. Joan Martínez Alier (Barcelona, 1939) es uno de ellos.

Expresidente y uno de los fundadores de la International Society for Ecological Economics, es uno de los más reputados expertos en ese campo. Ha consagrado toda su vida académica a estudiar la relación entre los desafíos medioambientales y la economía, contribuyendo activamente a la promoción del concepto de justicia medioambiental.

Catedrático emérito e investigador titular desde 2010 del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona (ICTA-UAB), Martínez Alier ha visto recientemente reconocida su labor con el Premio Balzan, un galardón que se concede desde 1961, que cuenta con dotación económica de US$830.000 y que muchos consideran como la antesala para luego conseguir el reconocimiento de la Academia Sueca. La prueba es que varios de los galardonados con el Premio Balzan han obtenido luego el Nobel.

Martínez Alier se ha hecho con el Balzan por “la excepcional calidad de sus contribuciones a la fundación de la economía ecológica”, entre otros motivos. Hablamos con él.

Es una crítica de la ciencia económica habitual. Dos puntos principales: hay que ver la economía físicamente, contar los flujos de energía y de materiales (en calorías o julios, en toneladas) y no darle importancia al PIB, que mezcla lo que es producción con lo que es destrucción.

El PIB ha crecido pero se destruye biodiversidad. Se usa carbón, petróleo y gas que producen un exceso de dióxido de carbono y por tanto cambio climático. Los daños no se restan del PIB.

¿Por qué tradicionalmente la economía y ecología se han llevado tan mal?

Porque cuando la economía industrial crece, los ecosistemas se destruyen. Y nos hemos dado cuenta.

¿Usted se considera más un economista o un ecologista?

Me considero y soy un economista ecológico, uno de los fundadores de la Sociedad Internacional de Economía Ecológica en 1990, autor ya en 1987 de un libro con el título “Economía Ecológica” (en inglés, castellano, japonés etc.) y cofundador de las revistas Ecological Economics y Ecología Política en 1990.

El actual modelo económico es evidente que está agudizando el problema del cambio climático y del deterioro del medio ambiente. ¿Cómo puede la economía ecológica ayudar en ese sentido?

Cambiando la manera de medir lo que hacemos y quitando importancia a lo que digan los economistas, que mandan demasiado en la política.

Desde 2012 usted lidera el proyecto Atlas de la Justicia Ambiental, un inventario que recoge los conflictos ambientales que en este momento existen en el mundo y que en estos momentos ascienden a 3.310. ¿Qué es lo que genera esos conflictos?

Precisamente el hecho de que la economía industrial no sea ni pueda ser circular, sino que es entrópica.

Cuando la economía industrial crece, dice el economista ecológico, los ecosistemas se destruyen.

Continuamente busca nuevas materias primas en las fronteras de la extracción, desde la Amazonía al Ártico. Ya sea petróleo, carbón, gas natural, mineral de hierro, cobre, soja, eucaliptos para pasta de papel, lo que sea…

Como usted sabe, si se quema carbón o petróleo no se puede quemar dos veces, no es reciclable. Eso es lo que indicamos con la expresión más fundamental de la economía ecológica: la economía industrial no es circular sino que es entrópica.

¿Y qué significa que la economía industrial sea entrópica y no circular?

Significa que cuando la economía industrial está en marcha, pierde inevitablemente energía y materiales y eso ocurre porque la energía que usamos desde hace 200 años -petróleo, carbón y gas natural- sólo se puede usar una vez.

Le pongo un ejemplo: si en su cocina calienta agua y la hace hervir, al cabo de un rato de apagar el fogón el agua se enfría, y para volver a calentarla debe encender de nuevo el fogón. Eso ocurre porque la energía se disipa. Y con los materiales sucede lo mismo.

El aluminio, por ejemplo, se obtiene a través de una roca llamada bauxita a la que se bombardea con mucha electricidad. El aluminio se utiliza entre otras cosas para las latas de conserva, de las que se reciclan sólo entre un 10-20%, y en otros materiales la cifra es muy inferior. Los materiales de construcción que se emplean para edificar apenas se reciclan.

“Los materiales de construcción que se emplean para edificar apenas se reciclan”, explica Martínez Alier.

La entropía es una palabra de origen griego que los físicos empezaron a utilizar alrededor de 1870 para probar que la energía no se recicla.

Además, hay que tener en cuenta que al quemar combustibles fósiles como el carbón, el gas o el petróleo, producimos dióxido de carbono. Y estamos poniendo tanto CO2 en la atmósfera que este se está acumulando y produce el llamado efecto invernadero.

La pelea entre los economistas ecológicos y los economistas se debe a que los economistas actúan como si no supieran nada de esto. Hablan por ejemplo de crecimiento económico, cuando disminuye la cantidad de petróleo y de gas, aumenta el efecto invernadero y se pierde biodiversidad.

¿Cuáles son los conflictos ambientales más acuciantes?

Yo creo que aquellos que se dan donde hay población más vulnerable, población indígena, gente pobre que carece de poder político para defenderse de las empresas extractoras.

Lo peor que he visto ha sido en la explotación de petróleo de Chevron-Texaco en Ecuador y en la de Shell en el Delta del Níger, en Nigeria. Pero hay cientos y cientos de casos parecidos.

¿Prevé que en los próximos años sigan creciendo los conflictos ambientales? ¿Cuáles serán los más relevantes?

Creo que van a ir aumentando. Las fronteras de la extracción y las de la contaminación siguen avanzando. Llegan a territorios donde hay gente, que protesta. Hace unos días, el 22 de octubre, mataron en Somkhele, en la región sudafricana de KwaZulu Natal, a una abuela ecologista, Fikile Ntshangase.

Sobre los conflictos ambientales más acuciantes Martínez Alier destaca los vinculados a la explotación de petróleo de Chevron-Texaco en Ecuador y la de Shell en el Delta del Níger, en Nigeria.

Hay cientos de víctimas ecologistas cada año, no creo que el número vaya a bajar. Pero si hacemos más visibles estos conflictos, tal vez ayudamos a que en algunos países disminuya la represión contra los ecologistas.

En los últimos 120 años la población humana se multiplicó por cinco, mientras que todos los productos empleados al año por la economía global en el proceso de producción (desde biomasa a combustibles fósiles, pasando por materiales de construcción y metales) se multiplicaron casi por 13. ¿Qué significa eso y qué consecuencias tiene?

Es evidente que la economía no se “desmaterializa” sino todo lo contrario. Es buena señal que el crecimiento de la población se frene por voluntad propia -la población humana llegará a un máximo de unos 9.500 millones de personas hacia 2060, luego bajará un poco, me parece a mí-.

Pero el consumo va subiendo mucho más que la población, por lo menos hasta este año de pandemia del 2020.

Cada vez se recicla más, hay más economía verde, más economía circular, más energías alternativas. ¿Significa que vamos por el buen camino?

Es que no hay más que eso, palabras. Hay más energía del viento y fotovoltaica, sin duda, pero a nivel mundial se añade a las fuentes anteriores, carbón, petróleo, gas.

El carbón aumentó siete veces en el siglo XX y ha continuado aumentando hasta el 2020. El petróleo y el gas, mucho más. A nivel mundial.

La epidemia de gripe española de los años 1918 y 1919 dio paso a los locos años 20. ¿Se espera un consumo desaforado y alocado una vez que el coronavirus sea doblegado? Y si fuera así, ¿qué consecuencias tendría desde el punto de vista de la economía ecológica?

El confinamiento ha demostrado que podemos vivir consumiendo menos.

Creo que la pandemia ha puesto sobre la mesa política la Renta Básica Universal. Porque si la economía no crece (y yo creo que no debe ya crecer más en los países ricos porque es un falso crecimiento), entonces aumenta el desempleo.

La gente no tiene el ingreso de los salarios. Por tanto hay que darles unos ingresos que no sean de los salarios. Eso lo ha de garantizar el Estado o los gobiernos regionales, una Renta Básica Universal.

El confinamiento ha revelado que podemos vivir consumiendo muchísimo menos y ha traído también mejoras ecológicas, al reducirse la producción y el impacto del hombre en la naturaleza. ¿Deberíamos seguir en esa línea o es necesario el consumo para sostener el actual modelo económico?

Hace falta aumentar un “consumo” social de atención sanitaria, de vivienda pública. El consumo de vivienda pública debería crecer, sin hipotecar a la gente y sin criminales desahucios, ¿no le parece?

El consumo de viajes en avión debe decrecer. La agroecología debe crecer a costa de los monocultivos que usan agrotóxicos.

Usted sostiene que esta pandemia ha puesto de manifiesto que el PIB es un índice de medida con muchas carencias. ¿Qué carencias tiene en su opinión?

El PIB se olvida de contar el trabajo gratuito de cuidado de las personas, el cariño gratuito o las obligaciones familiares y sociales gratuitas, no lo suma porque no se paga en el mercado, ni los tomates o habichuelas que produzca en mi huerto, si lo tengo, para el consumo de la familia y amigos, eso no lo suma.

El PIB no suma actividades que se realizan fuera del mercado y no resta los daños ambientales. Las empresas casi nunca pagan sus pasivos ambientales, es obvio.

Y si el PIB no es un buen indicador, ¿qué índice se debería de utilizar para valorar la riqueza que genera un país?

Esta es fácil: deberíamos usar diversos indicadores físicos y sociales. No un solo índice. Y no usar la expresión “riqueza generada”, porque poner más CO2 en la atmósfera y destruir biodiversidad no es precisamente generar riqueza vital.

Fuente:

  • Irene Hernández Velasco
  • BBC News Mundo

3 diciembre 2020

La perspectiva del neurocientífico Pedro Bekinschtein sobre el trabajo publicado en “Nature Neuroscience”

Coronavirus: investigan si podría ingresar al cerebro a través de la nariz  

Investigadores alemanes realizaron autopsias en cerebros de 33 pacientes fallecidos por covid. El avance podría explicar los síntomas neurológicos que ocasiona la enfermedad, mejorar el diagnóstico y las estrategias de prevención.

Este lunes, una investigación publicada en la prestigiosa revista Nature Neuroscience  planteó que el Sars CoV-2 podría ingresar en el cerebro de los infectados a partir de la nariz. El trabajo fue desarrollado por un equipo de investigadores del Charité, uno de los hospitales universitarios más grandes de Europa, que forma parte de la Facultad de Medicina de la Universidad Libre de Berlín y de la Universidad Humboldt de la misma ciudad. Para arribar a tal resultado, realizaron autopsias a 33 pacientes fallecidos por  covid-19 y hallaron ARN viral y otras proteínas alojadas en sus cerebros y nasofaríngeas.

Si en el corto plazo se sumarán más trabajos para comprobar esta hipótesis, el avance podría explicar los síntomas neurológicos que algunos pacientes evidenciaron, así como también, ser fundamental para el diagnóstico y la aplicación de nuevas medidas de prevención.

Pues el principio es sencillo y vale para todas las disciplinas: a mayor conocimiento básico de estructura y funcionamiento, mayores serán las chances de diseñar mejores estrategias de mitigación y control del patógeno.


“A partir de las autopsias descubren proteínas virales en el cerebro pero hasta ahora no se explica en detalle cómo llegaron allí. Para eso deberían ver cómo el virus se propaga de una célula a otra y los pacientes explorados ya fallecieron. Sin embargo, tienen una hipótesis: puede ser que el Sars CoV-2 infecte a las células nerviosas (sensoriales) a través del sistema olfativo”, describe el biólogo e Investigador del Conicet en el Instituto de Neurociencia cognitiva y traslacional, Pedro Bekinschtein. Luego, continúa con el detalle y advierte: “De todas maneras, para poder infectar de forma amplia al sistema nervioso, el Sars CoV-2 debería poder dividirse y producir partículas virales en esa región. En efecto, tendría que poder llegar al núcleo de las neuronas. Que hayan encontrado ARN del virus no implica necesariamente que pueda replicarse en el  cerebro”.


La covid-19 es una enfermedad muy compleja porque, de acuerdo a lo que se ha descubierto –en estos meses de avances científicos a un ritmo frenético– no solo afecta al sistema respiratorio sino también al sistema nervioso central.

Por este motivo, al dolor de garganta, la fiebre y otros síntomas característicos, también suelen sumarse la pérdida del olfato y del gusto, la fatiga y las náuseas. Hasta la fecha, algunos estudios habían advertido la presencia de ARN mensajero del patógeno en el cerebro y en el líquido cefalorraquídeo. No obstante, no estaba muy en claro cómo es que el virus coloniza estas regiones del organismo. La presente investigación suma su granito de arena.


Cómo investigaron


Los investigadores e investigadoras a cargo del proyecto exploraron, a partir de autopsias, los cerebros de 22 hombres y 11 mujeres, que tenían –en promedio– 71,6 años y habían estado internados 31 días aproximadamente.

También concentraron su atención en la nasofaringe de los fallecidos (parte superior de la garganta detrás de la nariz), porque creían que podría ser un foco de contagio y de replicación del Sars CoV-2. De acuerdo al análisis, localizaron ARN viral y de varias proteínas en el cerebro y la nasofaringe, así como también partículas de virus intactas en esta última. Los niveles más altos de carga del virus se relacionaron, a su vez, con la membrana mucosa olfativa, sitio en el que se hallan las células nerviosas que habilitan el olfato, uno de los sentidos que se ve obstruido en algunos pacientes con la enfermedad.


“Existen muchos patógenos que ingresan a través de diferentes canales –como las terminales nerviosas– y llegan al cerebro. Los virus como el herpes o la rabia constituyen ejemplos al respecto. Viajan a través del nervio y pueden arribar a las neuronas, de lo contrario no habría manera de que afectasen al sistema nervioso central”, señala el especialista. 

“Tendrían que inyectarse el virus dentro del cerebro para que ello ocurriera”, bromea con una hipótesis de ficción el divulgador científico y reciente ganador del Premio Estímulo, que otorga la Fundación Bunge y Born.


Los autores también identificaron proteínas virales (que funcionan como puerta de acceso para liberar el genoma viral en el interior de la célula humana) en ciertos tipos de células de la capa mucosa olfatoria. En este caso, el virus podría aprovechar la proximidad respecto del tejido endotelial y nervioso para ingresar al cerebro.

Por otra parte, reportaron la presencia de Sars-CoV-2 en otras áreas del sistema nervioso, incluida la médula oblonga, es decir, el principal centro de control de las funciones respiratorias y cardiovasculares del cerebro.


Otras lupas sobre el cerebro


El Sars CoV-2 no solo complica a los pulmones sino también a las neuronas. El virus afecta en términos primarios al sistema nervioso y causa trastornos mentales, la perturbación de la memoria, cansancio y confusiones frecuentes. A principios de octubre, un preprint en bioRxiv (la investigación no fue chequeada por pares aún) afirmaba que el Sars CoV-2 podría ocasionar una obnubilación denominada  “niebla mental”.

Dicho estado podría perjudicar las rutinas personales y laborales de aquellos individuos que sobrevivieron a la enfermedad e, incluso, en muchos casos, la atravesaron sin la presencia de síntomas evidentes. Igor Koralnik, director de enfermedades neuro infecciosas en el centro médico de Northwestern Medicine en Chicago, fue uno de los expertos que colocaron el tema en la superficie al señalar que “hay miles de personas que la padecen” –aludiendo a la “niebla mental”– y puso sobre la mesa la necesidad de concentrarse en las secuelas neurológicas que deja la covid.


“Faltan más evidencias para poder comprobar que los problemas neurológicos que afrontan los pacientes son por consecuencia de la infección viral. Algunos trabajos han trazado los vínculos entre la exacerbación de los trastornos psiquiátricos y la infección por covid, más allá de las secuelas de depresión y ansiedad que por razones obvias dejó el confinamiento”, plantea Bekinschtein.

Fuente: Periódico La Nación Por Pablo Esteban – 01/12/2020

La idea de Patria tiene algo oscuro.


Federico Jeanmaire: “Nos enseñaron a reclamar Malvinas, pero no que hay que devolver Formosa a Paraguay”


El escritor argentino cuestiona el discurso bélico y el nacionalismo en su libro Wërra, donde narra una misión suicida de la Segunda Guerra Mundial.


Marzo de 2018. Federico Jeanmaire llevaba pocas horas en Saint-Nazaire, un puerto francés ubicado sobre el estuario del Loire, a donde había viajado para sumarse por dos meses a una residencia de escritores, experiencia que ya habían hecho otros narradores argentinos notables, como Ricardo Piglia y Juan José Saer.


Una amiga le habló de la Operación Chariot, una batalla de la Segunda Guerra Mundial que había tenido lugar allí, el 28 de marzo de 1942.

Más que una batalla, un ataque de comandos ingleses para destruir la base de submarinos que operaba en ese puerto y que era clave para el poderío naval nazi. Un golpe pensado y cronometrado en las mesas de arena del almirantazgo, enmascarado en engaños y trucos como en las películas, favorecido por la noche y el azar, finalmente suicida: murieron 169 comandos británicos, además de 18 civiles franceses y 292 soldados alemanes.


Nunca antes Jeanmaire había escuchado hablar de la Operación Chariot, pero el día siguiente era 28 de marzo, se cumplía un nuevo aniversario y estaba previsto un acto de conmemoración. Decidió ir. Lo impactó un anciano doblado por los años que se irguió, juvenil, cuando se calzó la casaca militar. También, la mínima placa que recordaba a los caídos, tan pequeña que no tenía lugar para poner los nombres completos.


Esa tarde, Jeanmaire fue a la biblioteca de Saint-Nazaire, pidió dos libros sobre la Operación Chariot (los primeros de muchos) y empezó a investigar. Fueron trece meses de consultar archivos, textos, audios. El resultado es Wërra (Anagrama), una suerte de ensayo en el que narra la batalla, reflexiona sobre el patriotismo, sobre la guerra (“una mierda encantadora”), y también sobre su propia infancia, marcada por la serie Combate, que veía con su padre, un militar frustrado, y por los soldaditos fabricados por su abuelo materno.


¿Por qué decidiste contar tu experiencia personal en el relato?


-La idea era poner a funcionar, como una suerte de contradicción, las representaciones de la guerra con la realidad de la guerra. Por un lado, contar esta batalla para contar todas las guerras, y por el otro lado contar todas las representaciones de la guerra que habían sido fundamentales en mi vida. Ver la serie Combate era muy importante para mí porque era el rato que yo pasaba con mi viejo, un tipo que no le dedicaba mucho tiempo a su hijo. Era un imperdible, Combate.

Ver una serie bélica en familia, con un chico al lado, significa que de alguna manera lo estás instalando en una cultura del valor, de la valentía, cosas que en algunos casos, como el mío, tienes que ir deconstruyendo con el tiempo porque te das cuenta de que por ahí no pasa ni la masculinidad ni el coraje.


-Wërra cuestiona el sentido del heroísmo.


-Cuando yo ya tenía más de la mitad del libro escrito, descubro la historia de un teniente británico y un capitán alemán que terminan haciéndose muy amigos durante la batalla y, después, por el resto de sus vidas.

Y me interesó ponerla sobre el final porque me pareció una contradicción en el concepto de valentía que me interesaba subrayar. Lo más valiente que se puede hacer en una guerra es desobedecer al que te manda. Y en la historia de estos dos tipos hay algo de eso. La idea de épica es una forma cultural que han tenido y tienen los Estados para venderte, de algún modo, que si en algún momento necesitan de vos para una guerra, estés preparado para ir.

Y lo que yo tenía que hacer era desmontar esa idea. Me interesó mucho escribir sobre la relación de las drogas con la guerra, un tema que ignoramos por completo. Hemos visto en el cine de los últimos treinta años a soldados norteamericanos drogándose en  Vietnam, pero se los muestra como drogadictos individuales, gente que lo decide por su cuenta, cuando en la realidad, en la guerra, la droga viene de los oficiales hacia los soldados, de manera obligatoria. 

¿Para qué? Para que finalmente se animen a matar y se animen a morir. Yo no tenía idea de que los ejércitos se drogaban sistemáticamente para ir a la batalla.


A los comandos británicos de la Operación Chariot les dieron ron con anfetaminas.


-Sí, porque la Segunda Guerra Mundial fue la guerra de las anfetaminas. En la primera, varios ejércitos usaron la heroína: era una droga que se vendía en las farmacias y que fabricaba la Bayer. De hecho, el nombre es porque producía héroes. No es casual.

Es el que le pusieron los alemanes para contar lo que generaba. Me parece que es importante sacar esto a la luz porque tira abajo mucho de la épica de la guerra.

Saber que los vikingos se drogaban con hongos, que los griegos mezclaban vino con no sé qué cosa, que esto ya ocurría en tiempos inmemoriales, es la prueba de que el hombre, el varón, no es -valiente por naturaleza-.


-Cuando cuestiona el patriotismo, ponés como ejemplo a Malvinas.


-La educación pública trabaja con el patriotismo y eso ocurre en todos los Estados. Puede que las Malvinas sean argentinas, qué sé yo, puede que no, también.

Lo que me parece ridículo es haber hecho una guerra y tanta alharaca educacional alrededor de que las Malvinas son nuestras y nos la quitaron.

En el libro pongo el caso de Formosa. Formosa es un territorio que nosotros tomamos cuando invadimos Paraguay en 1870 y después nos lo quedamos.

Y en ninguna escuela te van a decir que hay que devolverles Formosa a los paraguayos. Detrás de la venta de la idea de patria hay algo medio oscuro. Vos me encontrás en  Baradero.

Llegué ayer y estoy en lo de mi madre, a la que hacía siete meses que no veía por la pandemia, y yo siento que mi patria es esto, mi pueblo, donde nací, donde crecí, no hay mucho más… Es mi forma de ser, tomar mate a la mañana, la manera en que hablo, que me como mucho las eses. Esto es mi patria.


Si lográramos un país más justo, yo creo que el tema de las Malvinas desaparecería como cuestión de soberanía, porque ya no nos importaría.
Federico Jeanmaire
ESCRITOR


-Por momentos, el país se deja malvinizar. La última vez fue en la previa a los Juegos Olímpicos de Londres, con videos dramáticos de atletas argentinos entrenando en las islas.


-Me resulta incomprensible. A mí me ha tocado ir a muchas ferias del libro en el mundo donde Argentina era el país invitado, y en algunas de ellas, en un momento dado, había que hablar sobre Malvinas.¡Y yo no podía hablar sobre Malvinas! Durante la dictadura yo vivía en España.

Era una época de muchos atentados de la ETA. Y Felipe González, que todavía no era presidente, dijo una cosa muy impresionante: ¿nadie se pregunta por qué los vascos del lado español quieren ser independientes y los vascos del lado francés no? 

¿No será que Francia ha producido un país mucho más justo, más querible y más aceptable que el Estado que hemos armado nosotros? Y me parece que ahí hay una verdad enorme. Si nosotros lográramos un país más justo, donde las diferencias no fueran tan grandes, donde la gente pudiera desarrollarse más o menos dignamente, yo creo que o bien el tema de las Malvinas desaparecería como cuestión de soberanía, porque ya no nos importaría, o bien el Reino Unido devolvería las islas.

La reivindicación por Malvinas está en todas las capas sociales y en los más diversos círculos políticos, horizontalmente nos cruza a todos, y eso es producto de la educación, porque si no algo así no puede ocurrir. Y la educación la decide la política, siempre. En la Argentina, el tema de Malvinas comenzó con el Centenario, como uno de los pilares de la nacionalidad, porque no había demasiados tampoco.


-Vos señalas que los muertos de guerra son siempre pobres y jóvenes.


-Eso es evidente. Todos recordamos que a los soldados de Malvinas, cuando volvieron, no se los trató muy bien. No es privativo del argentino. En Gran Bretaña, cuando termina la Primera Guerra Mundial, a la cual fue toda gente pobre, hasta chicos de catorce o quince años, los soldados vuelven victoriosos pero no les dan trabajo, los tratan de locos, los marginan. Y pasan cosas todavía peores: como durante la guerra no quedan hombres en Inglaterra, habilitan la policía femenina y el fútbol femenino. Pero cuando termina el conflicto, el gobierno británico decide que las mujeres no pueden ser más policías ni jugar al fútbol. Hay temas en torno a la guerra que son decididos por tipos que jamás mueren en una guerra.

En la Operación Chariot, muchos de los comandos, además de ser muy jóvenes, no tenían trabajo. Se alistaron en el ejército por el sueldo. Muchos, antes de la guerra, eran nazis. 

¿Por qué? Porque el nazismo había conseguido pleno empleo y en Gran Bretaña la desocupación era alta. Los que pierden en la guerra siempre son los mismos y los que ganan también, independientemente de la victoria en sí.


Fuente: Periodista Horacio Convertini -Autor de la entrevista – 

Periódico Clarín – Revista Viva -01/11/2020