El peculiar bigote de un genio.

El día que Salvador Dalí le contó a la BBC el secreto de cómo mantenía su bigote.

Indiscutiblemente, Salvador Dalí (1904-1989), considerado uno de los máximos representantes del surrealismo, es uno de los artistas más reconocidos del siglo XX.

Su particular técnica reflejada en sus inusuales pinturas, esculturas, joyas, películas y en su arte interactivo de tamaño natural marcaron el comienzo de una nueva generación de expresión imaginativa, señala el sitio web del Museo Dalí de Saint Petersburg, en Florida (EE.UU.)

Pero no solo el arte de Dalí es excéntrico. Su vida privada estuvo plagada de características que lo hicieron un hombre poco común.

En 1934 se casó con Elena Ivanovna Diakonova, o Gala, como era conocida.

No tuvieron hijos y la pareja tenía un matrimonio abierto. Organizaban orgías regularmente en su casa, aunque se dice que Dalí observaba en lugar de participar.

Y esas particularidades también se observaban en su apariencia física. Porque cómo hablar de Dalí sin mencionar su bigote.

Incluso él mismo escribió un libro de humor absurdo con su amigo fotógrafo Philippe Halsman bajo el nombre “Dali’s Mustache” (“El bigote de Dalí”).

Salvador Dalí en un programa de la BBC en 1951.
Salvador Dalí en un programa de la BBC en 1951.

En una encuesta de 2010, el bigote de Salvador Dalí fue votado como el más famoso de todos los tiempos.

Y, como no podía ser menos, en el campeonato mundial de barbas y bigotes, el “bigote Dalí” tiene su propia categoría.

Pero ¿cómo hacía Dalí para crear y mantener su fino y puntiagudo bigote? Un día contó su secreto a la BBC.

“Mi bigote es muy alegre”

Hace 66 años, el 4 de mayo de 1955, Salvador Dalí fue entrevistado por el presentador Malcolm Muggeridge de la BBC.

La conversación fue en inglés, idioma que distaba mucho de ser fácil para el artista, que hablaba catalán, español y francés.

“Mi inglés es muy, muy problemático. Pero esto no es importante porque si alguien logra captar un pequeño pedazo de mis ideas, esto es absolutamente suficiente, porque las ideas “dalianas” poseen un tremendo poder germinador”, dijo en su inglés que acentuaba fuertemente las erres.

El presentador empezó la entrevista sin rodeos: “¿Cómo hace para producir un bigote tan maravilloso?”

Dalí comenzó respondiendo que al principio usaba un producto natural: una fruta. Específicamente dátiles.

“Al finalizar la comida, no me limpiaba los dedos y me ponía un poco en mi bigote y así quedaba (firme) toda la tarde. Era muy eficiente”, explicó.

Salvador Dalí en una entrevista con la BBC en 1959.

Salvador Dalí en una entrevista con la BBC en 1959.

Mientras pasaban los años luciendo su bigote y convirtiéndolo en parte de su identidad, el aceite de dátiles dejó de ser práctico.

Dalí explicó que más tarde comenzó a usar un producto industrial para mantener la firmeza de su marca personal

Se trataba de una cera o pomada de origen húngaro.

El escritor francés “Marcel Proust usó la misma. Él usaba la cera (para mostrar) con otro humor, más deprimente y melancólico”, describió Dalí.

“Contrariamente, mi bigote es muy alegre, muy puntiagudo, muy agresivo”, enumeró.

El artista explicó también que por las noches limpiaba su bigote y volvía a su posición natural con una textura mucho más suave.

Y que nuevamente por la mañana solo demoraba unos pocos minutos para devolverle la vida.

“Solo tres minutos (necesito) para arreglar mi bigote”, detalló. “Y cada día se vuelve más práctico para mi inspiración”, aseguró.

Bigote intacto

Salvador Dalí murió de una falla cardíaca en 1989 a los 84 años, en Figueres, España, la misma ciudad donde nació.

Su cuerpo fue enterrado en la cripta del Museo Dalí en la localidad catalana.

Salvador Dalí a principios de la década de 1980.

FUENTE DE LA IMAGEN,

GETTY IMAGES

En 2017, su cuerpo fue exhumado para obtener muestras de ADN por una demanda de paternidad que finalmente resultó negativa.

Y tan bien tuvo que haber cuidado de su bigote en vida, que tras 28 años después de su muerte, al exhumar su cuerpo, el mostacho seguía intacto.

“Fue como un milagro… Su bigote marcaba exactamente las 10:10 y su cabello estaba intacto”, dijo en ese momento Narcis Bardalet, quien estuvo a cargo de embalsamar el cuerpo de Dalí.

Claramente Dalí fue un hombre extraordinario tanto en vida como después de su muerte. Y su bigote es un reflejo de ello.

“Cada mañana cuando me levanto, experimento otra vez un placer supremo, el de ser Salvador Dalí”, dijo el artista según publica la página web del museo.

FUENTE

  • Redacción
  • BBC News Mundo

¿Don Quijote de la Mancha en chino mandarín?

La extraordinaria historia de la primera traducción al mandarín de “Don Quijote de la Mancha”

El Quijote de la versión china es más “digno” que el personaje creado por Cervantes.

¿Inglés? Ni una palabra ¿Español? Menos… ¿Mandarín clásico? Excelente. ¿Energía y entusiasmo? A borbotones.

La falta de conocimiento del idioma español —así como de cualquier otra lengua occidental— no fue un impedimento para que el reconocido letrado chino Lin Shu se abocara a la monumental tarea de traducir “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha” a la lengua china.

Con la ayuda de su amigo Chen Jialin, quien había leído un ya distorsionado texto en inglés y se lo relataba pacientemente en baihua, el mandarín coloquial, Lin Shu se puso manos a la obra.

Y así, en 1922, nació la primera traducción al chino de la obra de Miguel de Cervantes Saavedra.

Encerrado junto a su colaborador en su estudio, el activo septuagenario escribía en una mesa mientras pintaba en otra, dando rienda suelta en simultáneo a sus dos grandes pasiones.

Su objetivo era dar a conocer las grandes obras de la literatura de Occidente, que hasta principios del siglo XX solo eran accesibles para las élites intelectuales que tenían conocimientos de otras lenguas y la posibilidad de viajar al extranjero.

Publicado bajo el título “Historia del caballero encantado”, el libro fue inicialmente un éxito: en menos de 10 años la editorial llegó a imprimir otras dos ediciones.

Y hoy, en una nueva vuelta de tuerca, el libro de Lin Shu se tradujoal español y fue recientemente presentado por el Instituto Cervantes, el organismo público que tiene como objetivo la promoción y enseñanza de la lengua española y la difusión de la cultura de España y Latinoamérica.

De amo y criado a maestro y discípulo

Alicia Relinque, sinóloga Universidad de Granada, España, y autora de la traducción, recuerda que se llevó una sorpresa al encontrarse con el texto de Lin Shu.

El libro en español fue presentado hace pocos días por el Instituto Cervantes.

“Lo que más me sorprendió es que se pareciera tanto al Quijote original”, le dice a BBC Mundo.

“Todos esperábamos que fuera muy diferente, que hubiera tomado sencillamente al personaje de don Quijote como excusa, que hubiera puesto alguna que otra cosa más, como lo de los molinos de viento, pero no que fuera tan fiel a lo que son las historias: todas las pequeñas subtramas a lo largo de la novela, todas están allí”.

Es en los detalles, las descripciones, el lenguaje, el carácter de los personajes y sus vínculos donde empiezan a asomarse las diferencias, y donde queda plasmada la idiosincrasia china.

“(En la versión china) Don Quijote es en ocasiones un personaje ridículo, como en el libro de Cervantes, pero es más digno”, señala la académica.

“Es un hombre vencido, melancólico pero no grotesco, inteligente, cultivado, generoso y muy apegado al pasado (algo muy reverenciado en China) que no sabe enfrentarse al mundo que tiene ante sí y por eso se deja llevar a esa especie de locura”.

De algún modo, “Lin shu es un poco menos cruel con don Quijote”, reflexiona Relinque.

Una diferencia sustancial, que posiblemente se deriva de un error de traducción, radica en el vínculo entre don Quijote y Sancho Panza.

Las traducciones inglesas utilizan la palabra máster, que en ese idioma puede ser amo pero también maestro.

“Eso inmediatamente lo llevaron al terreno de maestro-discípulo, algo muy confuciano, propio de la tradición china, y así Sancho se convierte en un discípulo que quiere aprender de su maestro” (a diferencia del rol de criado que asume en la versión original de Cervantes), apunta la traductora.

Ni cura ni Dios

Otra diferencia importante ligada a un error de traducción es que uno de los amigos del caballero andante, que en la novela española es un cura, en la china se transforma en médico.

La relación entre don Quijote y Sancho Panza es más de maestro discípulo que amo y criado.

“Una de las versiones inglesas traduce cura como curar y el amigo de Lin Shu lo interpretó como ‘alguien que curaba’, y entonces desde un principio llaman al personaje ‘el médico”’, comenta la sinóloga.

“La posición de superioridad moral del cura en el Quijote de Lin Shu ya no es superioridad moral, sino que proviene de un médico, que se supone que es un intelectual, un ser más racional”.

El resto no son tanto errores como omisiones (desaparece el prefacio así como la palabra Dios y toda referencia a la religión), transformaciones sutiles (Rocinante se convierte en un caballo veloz), inclusiones de neologismos (como la palabra revolución, tomada del japonés) y comentarios de cosecha propia que acercan la historia a la cultura china (las mujeres huelen a flor de loto, hay versos populares —pero que se acercan al sentido original de la propuesta de Cervantes— así como expresiones típicas de la cortesía china).

“Es una forma de domesticar la historia que sigue siendo la del Quijote, y que nos permite entender la China de ese momento”, asegura Relinque.

“Fábrica de escritura”

Aunque en la actualidad pueda parecernos una aberración que una persona, por más culta y letrada que sea, traduzca una obra escrita en una lengua que desconoce, esta modalidad de trabajo era habitual en la China de fines del siglo XIX y principios del XX.

“Eran muy pocos los que podían traducir directamente de una lengua extranjera y luego escribir en buen chino”, le explica a BBC Mundo Michael Gibbs Hill, director de estudios chinos del College of William and Mary, en Virginia, Estados Unidos, y autor de Lin Shu, Inc.: Translation and the Making of Modern Chinese Culture(“Lin Shu, inc.: la traducción y la creación de la cultura moderna china”).

Dibujo de Lin Shu

FUENTE DE LA IMAGEN,

GETTY IMAGES Pie de foto,

Además de escribir, Lin Shu dibujaba y pintaba.

“Por ello, Lin Shu adoptó una práctica muy utilizada por muchos traductores de la época que consistía en colaborar con al menos una persona entrenada en la lengua en cuestión”, dice.

Este modelo de producción demostró ser muy eficiente.

“Él operaba lo que sus colegas y contemporáneos llamaban ‘fábrica de escritura’, ya que en un período de 20 años Lin Shu publicó cerca de 180 libros en lengua extranjera con 20 colaboradores diferentes”, señala Gibbs Hill.

Esto significa que, en algunos años, produjo hasta 20 libros. Aunque es posible que no los tradujera todos de cero sino que hubiera trabajado sobre borradores previamente producidos por sus colaboradores, corrigiendolos.

Gracias a su labor, autores como Dickens, Tolstoi o Beecher Stowe (autora de “La cabaña del tío Tom”), llegaron a manos de los lectores chinos.

Mientras que algunos de estos libros son traducciones relativamente fieles como la del Quijote, otras contienen cambios más deliberados.

En su popular traducción de “Oliver Twist”, de Charles Dickens, por ejemplo, Lin shu “enfatiza la parte que ofrece un panorama muy negativo de Inglaterra”, dice el académico.

“No porque quisiera que sus lectores pensaran mal de Inglaterra, sino porque quería mostrar que la literatura puede cambiar la sociedad revelando sus fallas”.

“Archiconservador”

Si bien muchos intelectuales jóvenes leyeron las traducciones de Lin Shu, muchos más tarde se volvieron en su contra.

Lo consideraban un autor demasiado comercial (él trabajó en textos publicitarios, además de literarios), y despreciaban que utilizara en el lenguaje clásico en sus traducciones.

“Era archiconservador para él los jóvenes”, señala Gibbs Hill.

Las críticas sin embargo le dieron publicidad a su traducción del Quijote, que se leyó mucho.

Don Quijote
En la versión china, Rocinante es un caballo veloz.

Luego fueron apareciendo otras traducciones que completaron el trabajo de Lin Shu (él sólo tradujo la primera parte de los dos tomos que escribió Cervantes) que se consideraron mejores, dice Relinque, quien sostiene que la versión de Lin Shu sigue siendo muy valiosa.

“Aunque no tiene ni punto de comparación con el original, me parece que Lin Shu escribía muy bien. Me gusta mucho su estilo, en chino clásico”.

“Su prosa clásica era muy elegante”, reconoce Gibbs Hill.

Para quien le interese la literatura comparada, la lingüística, y el proceso de traducción, la obra, la última de las grandes que Lin Shu tradujo antes de morir, “es un verdadero tesoro”, concluye Relinque.

FUENTE:

  • Laura Plitt
  • BBC News Mundo

Chomsky y su libro más reciente, “Cooperación o extinción”

Noam Chomsky: “Nos encontramos en un período de extinciones masivas”.


Para el lingüista, filósofo y politólogo estadounidense, la clave reside en la movilización popular y constante. “El activismo puede llegar a ser muy influyente”, sostiene.


La inminencia de la extinción es uno de los ejes centrales que aglutina al activismo del siglo XXI.

Los niveles de carbono en la atmósfera, más elevados que en cualquier punto anterior de la historia humana, aumentaron con celeridad hasta más de cuatrocientas partes por millón, muy por encima de las trescientas cincuenta partes por millón hasta las que se considera que el nivel es seguro. La destrucción de la vida en la Tierra no es un relato apocalíptico, producto de la desmesurada imaginación medio-ambientalista o de un grupúsculo perturbado de la comunidad científica. 

“Cada año, cerca de treinta millones y medio de personas se ven obligadas a desplazarse por causas de desastres naturales como inundaciones y tormentas; se trata de una de las consecuencias vaticinadas del calentamiento global y significa casi una persona por segundo, es decir muchísimas más de las que huyen por causa de la guerra y el terrorismo.

A medida que los glaciares se derritan y el nivel del mar aumente, algo que hará peligrar los suministros de agua de un vasto número de personas, estas cifras seguirán aumentando”, advierte Noam Chomsky, lingüista, filósofo y politólogo estadounidense, uno de los activistas más influyentes del mundo, en Cooperación o extinción (Ediciones B).


El libro –que se puede leer junto a En llamas de Naomi Klein—despliega una recopilación de textos que surgieron a partir del “Encuentro con Chomsky”, celebrado en Bastón a mediados de octubre de 2016, en el exterior de la histórica iglesia de Old South, donde se congregó una multitud de jóvenes que se extendió a lo largo de dos manzanas. La charla de aquella tarde tenía el título de “Internacionalismo o extinción”.

El cuerpo principal del libro lo constituye el discurso original del autor de Hegemonía o supervivencia, Estados fallidos y ¿Quién domina al mundo? Entre los materiales se incluye la transcripción de una conversación en el mismo encuentro con Wallace Shawn, un activista comprometido, más conocido como dramaturgo y actor; y las preguntas que formularon los que asistieron al encuentro con las respuestas de Chomsky.

Además de la emergencia climática, los otros dos temas fundamentales fueron la amenaza nuclear y el peligro que entraña el debilitamiento del sistema democrático en todo el mundo.


Chomsky, que nació en Filadelfia el 7 de diciembre de 1928, adquirió su primera conciencia política estimulado por las lecturas en las librerías de los anarquistas españoles exiliados en Nueva York.

Tenía once años cuando publicó su primer artículo sobre la caída de Barcelona y la expansión del fascismo en Europa. Su activismo político arrancó con la movilización contra la guerra de Vietnam. Si entonces llamó la atención, fue porque como profesor de lingüística en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), él pertenecía a una universidad que investigó bombas inteligentes y técnicas de contrainsurgencia para la guerra de Vietnam.


Para Chomsky extinción e internacionalismo están asociados en “un funesto abrazo” desde una fecha precisa: 6 de agosto de 1945, cuando el presidente de Estados Unidos ordenó los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki. A partir de aquel fatídico día la humanidad entró en una nueva era: la era atómica. “Lo que no se percibió entonces es que surgía una nueva época geológica que hoy conocemos con el nombre de Antropoceno, la cual viene definida por un nivel extremo de impacto humano sobre el entorno”, explica el lingüista estadounidense y agrega que la era atómica y el Antropoceno constituyen una amenaza dual para la perpetuación de la vida humana organizada. 

“Está ampliamente reconocido que nos encontramos en un sexto período de extinciones masivas; el quinto, hace sesenta y seis millones de años, se atribuye por lo general al impacto de un gigantesco asteroide contra la superficie de la Tierra, lo que supuso el final del 75 por ciento de las especies del planeta.

Este acontecimiento puso fin a la era de los dinosaurios y allanó el camino al apogeo de los pequeños mamíferos y, en última instancia, de los humanos, hace unos doscientos mil años”.


Hace tiempo que la capacidad de los seres humanos para destruirse unos a otros a escala masiva está fuera de duda. El Anthropocene Working Group confirma que las emisiones a la atmósfera de CO2 (dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero de origen humano) están aumentando a la tasa más elevada existente en sesenta y seis millones de años.

Aunque Chomsky no se detiene a analizar cada uno de los datos disponibles, pone el foco en algunos aspectos alarmantes. 

“El deshielo de los glaciares del Himalaya podría acabar con las reservas de agua de toda Asia Meridional, es decir, de varios millones de personas. Solo en Bangladesh se espera que en las próximas décadas emigren decenas de millones por la única razón del aumento del nivel del mar, debido a que se trata de una planicie litoral costera. Será una crisis de refugiados que hará insignificantes las cotas actuales, y se trata nada más que del comienzo”, aclara el lingüista estadounidense y recuerda que los Acuerdos de París, alcanzados en la COP 21, en 2015, supusieron un desarrollo a los esfuerzos internacionales por evitar la catástrofe.

Debería haber entrado en vigencia en octubre de 2016, pero la mayoría republicana en el congreso, conocida por su sistemático negacionismo, no estuvo dispuesta a aceptar ningún compromiso vinculante.


Entonces acabó saliendo un acuerdo voluntario que Chomsky califica como “mucho más flojo” por el cual se llegó a una resolución para reducir de forma gradual el uso de hidrofluorocarburos  (HFC), gases de efecto invernadero super contaminantes. El Partido Republicano es la organización “más peligrosa en toda la historia de la humanidad” para el lingüista estadounidense.

La envergadura de la ceguera es tan preocupante que Chomsky elige un fragmento para estimular el debate y a la vez sorprender: “No puedo imaginar límites a la osada depravación de los tiempos que corren, en tanto los agentes del mercado se erigen en guardia pretoriana del Gobierno, en su herramienta y en su tirano a la misma vez, sobornando con liberalidad e intimando con sus estrategias de opciones y exigencias”.

Esta cita la pronunció James Madison en 1791, varios años antes de convertirse en el cuarto presidente de Estados Unidos (1809-1817).


No se puede esperar que las soluciones lleguen de los sistemas de poder organizados, estatales o privados. Para Chomsky la clave reside en la movilización popular y un activismo constante.  “El activismo popular puede llegar a ser muy influyente, lo hemos visto una y otra vez; el compromiso de los activistas desde hace cuarenta años ha puesto los problemas medioambientales en la agenda política, quizá no lo suficiente pero, con todo, de forma crucial y significativa”, reconoce Chomsky en una parte de Cooperación o extinción.

Claro que del dicho al hecho hay un largo trecho. El propio autor revela cómo a pesar del cambio drástico en el mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial una gran parte de la población se mantuvo como antes: tradicional en lo cultural y premoderna en muchos sentidos. “Para el 40 por ciento de los ciudadanos estadounidenses, el trascendental problema de la supervivencia de la especie no es demasiado relevante, ya que Cristo va a regresar entre nosotros en un par de décadas, de manera que todo quedará resuelto. Insisto; hablamos de un 40 por ciento”, resalta  Chomsky para no perder de vista la importancia que tiene la religión en una porción significativa de la ciudadanía estadounidense.


Chomsky comenta un libro de Arlie Hobschild (Strangers in Their Own Land), una socióloga que se fue a vivir a un área pauperizada de Luisiana durante seis años para estudiar a los habitantes desde dentro.

Se trata de la zona profunda pro-Trump del país. “Los productos químicos y otros elementos contaminantes derivados de la industria petroquímica están causándoles graves daños, pero se oponen por completo a la Agencia de Protección Medioambiental (…)

Ven a la Agencia como un grupo de gente de ciudad con un doctorado, que va hasta allí y les dice cosas como que no pueden pescar, pero que a la industria petroquímica ni le chistan.

Así que, ¿qué utilidad tiene? No les gusta que les quiten el trabajo y les digan con su acento culto lo que pueden y no pueden hacer, mientras que ellos se ven asediados por toda la situación”, plantea Chomsky como ejemplo para que los activistas conozcan las profundas razones y reticencias que tendrán que vencer.

En el reto sin precedentes por la supervivencia de la civilización no hay tiempo que perder.


FUENTE: PAGINA 12 – Silvina Friera

Invasión en la ciudad de Buenos Aires…

Avistamientos, fetiches y mitos virales en torno al último heredero de los aires porteños.


El cielo no puede esperar: la invasión de caranchos


El freno obligado por la pandemia permitió notar sus graznidos. ¿De dónde salieron esas aves que copan terrazas y antenas?

Dicen que los trajeron para que se coman a las palomas, pero al carancho poco le importa el qué dirán. Solo quiere morfar (Fuente: Francisco Erize | COA Palermo)
Dicen que los trajeron para que se coman a las palomas, pero al carancho poco le importa el qué dirán. Solo quiere morfar (1). Imagen: Francisco Erize | COA Palermo


Carpinchos copando calles internas de barrios privados. Cardúmenes a la vista en Venecia. Pumas en el centro de Santiago de Chile. Peces por el Riachuelo.


Al comienzo de la pandemia se viralizaron muchas fotos de especies ocupando lugares que el humano había dejado de frecuentar por las restricciones y cuarentenas.


Cuando aún se depositaba alguna expectativa sobre la Humanidad –aquel “De ésta vamos a salir mejores”–, esas postales parecían abrir el portal a la esperanza, con la naturaleza proponiendo otro tipo de convivencia. Después comprendimos que, en realidad, el fenómeno se produjo simplemente porque nos ausentamos de espacios y dejamos de ser una amenaza.


En ese embrollo (2), Buenos Aires comenzó a tener su postal. Especialmente en sus cielos: se comenzaron a ver con más frecuencia esas aves desafiantes desde algún punto de apoyo en la altura, o haciéndose anchas al planear, con su metro de ala a ala.

A veces, hasta se las ve arreando palomas en el aire o descarnando algún bicho en una cumbre. En pandemia, los porteños descubrieron al carancho. El pajarraco que todos, al menos una vez en la vida, mencionamos: la frase sobre el “nido de carancho” viene de esa cuna pajosa que construyen para incubar los huevos donde encuentren lugar.


Animales porteños


En CABA (3), los animales se expresan básicamente de tres formas: como mascotas (de perros a hurones, un rubro en el que se podría incluir también los patos de los lagos de Palermo y Parque Centenario, como otra expresión de domesticación), en forma de alimento (el Mercado de Liniers, que en realidad queda en Mataderos, es el símbolo de esto) y como plaga.


En la última de esas categorías se lucen las ratas. Nativas o coladas en barcos, habitan la ciudad antes de que sea ciudad.

Pueden aparecer en albañales y hasta meterse en casas por algún huequito. Por eso son odiadas. Las ratas viven –y viven de la forma que viven– porque así se los exige su biología. Y sobreviven por su impresionante capacidad de reproducción: una pareja puede tener hasta 120 crías por año, mientras que cada una de ellas ya estará en condiciones de replicar el ciclo a partir de sus dos meses de vida.


Es tan expansiva y multitudinaria la presencia de ratas que vuelve imposible establecer con
precisión cuántas hay en Buenos Aires. Pero las estimaciones que hablan de hasta nueve por persona dan como resultado un número tremendo: casi 120 millones de roedores recorriendo la ciudad día y noche, aunque la mayoría de ellos entre las cloacas, en los subsuelos de la civilización.


Con los murciélagos ocurre algo similar. “Ratas con alas” pero ciegas, y con un ruidito 
estremecedor: el pitido que emite su sofisticado radar cuando golpea contra algo sólido es inconfundible y genera temor.

Curiosamente, hay una especie de murciélago protegida por ley en CABA: el tadarida brasiliensis  (o, como se le dice coloquialmente: moloso común), que cumple una función ecológica al alimentarse de insectos. Hace control de plagas, digamos.

El tema es que en Argentina hay al menos 60 especies de estos mamíferos voladores (de las más de 1600 conocidas), y es difícil establecer qué población habita la ciudad. Sabemos que hablamos de millones, pero no si se trata de decenas de millones, de centenas o qué.


En cuanto a las aves en la ciudad, algunas –las de colores o las que tienen mejores cantitos– están en jaulas, vivas pero confinadas a un departamento o balcón; otras, en cambio, son repelidas, detestadas.

A la paloma, Buenos Aires le rompió toda su poesía para convertirla en una variante thrash capaz de alimentarse con basura y beber de aguas servidas. Además, no hace muchos años, la ciudad tuvo una extraña temporada en la que amanecía literalmente cagada por estos bichos.

En CABA, la paloma dejó de ser un ave: pasó a ser un bicho. Y uno que se convirtió en plaga.


La ciudad nido


Más o menos por esos tiempos fue que hizo su primera aparición estelar el carancho, acompañado de un mito que algunos toman como verdad y otros niegan rotundamente: la introducción de ejemplares adicionales para moderar el desenfreno de las palomas.

Comiéndoselas, claro.


Varios aseguran que el carancho en realidad es un habitante porteño de larga data. Es parecido al chimango, pero un poco más grande, de cuello blanco y plumas negras, y sobre todo mejor adaptable a las grandes ciudades.

En el NO (4) ya hablamos de cómo los chimangos fueron colonizando geografías menos pobladas: escapando de las vecinas zonas rurales contaminadas con pesticidas, se arrimaron a localidades balnearias que generaban basura y desperdicio, otro plato del menú carroñero.


Pero el carancho porteño no se conforma con restos y bolsas de consorcio: persigue palomas, pezuña ratas, busca carne viva. Es más grande que el chimango, más fuerte, tiene garras y un pico que le dan más autoridad. Por largos ratos se posa en lugares altos –una terraza, la antena de luz, un cable en la altura, la cruz de una iglesia, el cartel de una esquina poco transitada–, y desde allí mira pacientemente. Busca la presa con su vista privilegiada, o convoca a su pareja con un graznido de largo alcance. Cuando retumba entre los ecos de algún pulmón de edificio, parece el sonido de un águila. Aunque el carancho es de la familia de los halcones.


La visible presencia de esta ave rapaz en Buenos Aires genera debates en distintos foros:  ¿las  estamos viendo porque se multiplicaron, o en realidad comenzamos a prestarles atención cuando tuvimos que bajar unos cambios? ¿Cuántos las descubrieron en este año de pandemia, mirando por la ventana de un departamento alto tras días de confinamiento?


Durante un tiempo hubo, efectivamente, menos barullo (5) ambiente y menos contaminación. Fue cuando las aceras estaban casi vacías y las calles con tránsito restringido, líneas de subte 
resumidas y colectivos solo para los primeros esenciales. ¿Cuánto duró eso? La ciudad prontamente retomó su quilombo (6) urbano, pero los caranchos siguen apareciendo como antes, quizás más, nunca retrocediendo.


Las hipótesis son varias. Lo que no se puede negar es el interés que comenzó a generar este  avistaje cuarentennial.

Esta expansión se refleja en @COAPalermo, la cuenta de Twitter del Club de Observadores de Aves de Palermo.

El logo, la imagen de perfil y también la gran foto de portada son, justamente, de caranchos. Es uno de los espacios en los que se intenta “reivindicar” a esta ave rapaz ante la mala vista: aquella que la ve como una amenaza.

Claro que no se trata de “un pajarito” sino de un aguilón, un primo de los halcones que, de repente, nos vuela cerca. A algunos les interesa. A otros, intimida.


Como sea, muchos usuarios comenzaron a enviar fotos y vídeos, consultas. Y, desde ahí mismo, el COA Palermo responde y hace pedagogía: le permite al común y corriente poder distinguir las aves de la ciudad, conocer algunas de sus conductas. Información que, además, ayuda a saber cómo convivir con estas especies.

Hasta dónde llegar. Y hasta dónde no. Cómo contemplarlas sin temerles. Y, de paso, descubrir más sobre una de las 300 especies de aves que sobrevuelan los cielos porteños.


(1) Morfar – comer

(2) Embrollo – Desordén

(3) CABA – Ciudad Autónoma de Buenos Aires

(4) NO – Noroeste del país.

(5) barullo – ruido o desorden grande

(6) quilombo – lío, barullo, desorden


Fuente: Página 12 Por Juan Ignacio Provéndola

Derechos de la mujer.

Delphine O: 

“A un año de la pandemia la situación de las mujeres sigue siendo crítica”

Hablamos con la embajadora francesa de los derechos de las mujeres de cara a la realización del Foro Generación Igualdad (el evento feminista mundial más grande del mundo) que se realizará en junio en París.



Del 30 de junio al 2 julio, Francia acogerá en París el Foro Generación Igualdad. Iniciado por ONU Mujeres y co-presidido por Francia y México, el evento será la reunión feminista mundial más importante desde 1995: Jefes de Estado, la sociedad civil y el sector privado se reunirán para poner en marcha una serie de acciones concretas para hacer progresar la igualdad entre mujeres y hombres en todo el mundo durante los próximos cinco años. Entrevistamos a la Secretaria General del Foro Generación Igualdad, la Embajadora francesa de los derechos de las mujeres Delphine O.

En la Conferencia Mundial de la ONU sobre la Mujer, celebrada en Pekín en 1995, Hillary Clinton pronunció la célebre frase: “Los derechos de las mujeres son derechos humanos”. Adoptadas por 189 Estados, la Declaración y la Plataforma de Acción de Pekín constituyen aún hoy los textos internacionales de referencia más ambiciosos para el avance de los derechos de las mujeres. “Ha pasado un cuarto de siglo desde que la comunidad internacional se reunió por última vez para comprometerse con el avance de la igualdad entre mujeres y hombres en el mundo”, señala la Embajadora Delphine O. “Tras un aplazamiento de un año debido a la pandemia mundial, ya es tiempo de que todas los actores implicados se reúnan en París, en un contexto de creciente conservadurismo”.

“LA LUCHA DE LAS MUJERES ARGENTINAS POR LA LEGALIZACIÓN DEL ABORTO ES UN MODELO DE MOVILIZACIÓN PARA TODO EL MUNDO Y EL MOVIMIENTO DEL PAÑUELO VERDE SE HA CONVERTIDO EN UN REFERENTE EN TODOS LOS CONTINENTES”.

Si bien se ha avanzado en los últimos veinticinco años, el contexto político de muchos países y la crisis de Covid-19 exacerbaron las desigualdades de género existentes. “Sabemos que la crisis de covid-19 ha afectado de forma desproporcionada a las mujeres que han estado en la primera línea de la lucha contra la pandemia. 

Es más urgente y necesario que nunca actuar colectivamente”, advierte Delphine O. 

Un año después del inicio de la pandemia, la situación de las mujeres es realmente alarmante: la crisis ha golpeado con mayor dureza a los sectores de actividad en los que son mayoritarias, como el de los cuidados, y ha restringido su acceso a la atención médica especialmente a la sexual y reproductiva. Según la ONU, este año podrían producirse 7 millones más de embarazos no deseados si no hay acceso a medidas de planificación familiar. 

Delphine 0

 FUENTE: EDITORIAL PERFIL – Sociedad – Marie Claire

Las características increíbles del sistema educativo coreano

modelo de Corea del Sur de desigualdad económica, social y educativa

Detrás del “modelo exitoso” aparecen tremendas inequidades, alto desempleo en la población joven, una economía con alto grado de informalidad y gran cantidad adultos mayores pobres.

La galardonada película Parasite lo refleja en forma extraordinaria.

Por Rubén Telechea *

23 de mayo de 2021

La película Parasite expone en forma brutal la desigualdad entre dos familias coreanas.La película Parasite expone en forma brutal la desigualdad entre dos familias coreanas.

El fenómeno cinematográfico que resultó Parasite, con su saga de premios internacionales y éxito de taquilla, permitió visualizar algunas cuestiones que se observan entre líneas sobre aspectos sociales y económicos de Corea del Sur para muchos desconocidos en Argentina. Por ejemplo, las tremendas desigualdades sociales, el alto desempleo en la población joven, una economía con alto grado de informalidad y gran cantidad adultos mayores pobres.

Alcanza con observar la diferencia entre las dos familias en las que se centra la historia. Una vive en un minúsculo semisótano inundable que años antes había sido un bunker antibombardeo, haciendo malabares para robar wifi de los vecinos (en uno de los países con mayor y mejor conectividad del mundo) y subsistiendo a duras penas. Mientras, la otra reside en una millonaria mansión inteligente, tiene chofer, ama de llaves y tutores para todas las disciplinas formativas que sus hijos necesitan. 

También aflora permanente el fantasma de la desocupación y, algo aún más sorprendente, el de la continua quiebra de empresas, que es uno de los motivos esgrimidos por los protagonistas (pobres) para no tener empleo. Sorprende especialmente no solo por la imagen que tenemos de Corea del Sur sino por lo que indican sus cifras: el PIB es de 1,6 billones de dólares, el per cápita es de unos 30 mil dólares y la inflación es de 0,3 por ciento anual.

Desigualdad

Otro elemento más sorprendente aúne no solo aparece en Parasite sino también en The Host, una película anterior del mismo director Bong Joon-ho: esas desigualdades  provienen de la posibilidad (o no) de acceder a la educación universitaria. 

Para quienes no vieron The Host, la historia gira sobre una familia disfuncional que busca desesperadamente a una de sus hijas, que fue raptada por un abominable monstruo mutante nacido en el río. De los tres hijos que conforman la familia, el que fue a la universidad viste distinto, habla distinto, razona distinto y actúa distinto a sus hermanos, que no accedieron a la educación superior. En Parasite los ricos sienten que también “huelen distinto”.

En esta última  buena parte de la trama se basa en dos hermanos pobres y sin trabajo (obviamente no universitarios) que se introducen en una familia rica para ser profesores particulares de su hija, que transita la escuela secundaria pero ya se está preparando para ingresar a la universidad. Lo que Bong Joon-ho ha sabido retratar magistralmente es lo que en Corea se llama “cucarachas de oro” (los ricos) y “cucarachas sucias”, los que se quedaron abajo (nunca más literal), en casas insalubres y pequeñas.

Resulta necesario describir las aristas principales del sistema universitario coreano, pero que en realidad tiene que ver con el sistema educativo de ese país en su totalidad. Para ser graduado universitario primero hay que pasar el examen que permite ingresar a esas instituciones, llamado CSAT o Suneung. En él se viven situaciones que serían inimaginables en Argentina y gran parte del mundo: el proceso comienza con un grupo de docentes que cada año permanece confinado e incomunicado durante un mes mientras elaboran lo que será el examen de ingreso de todas las universidades. 

Luego, el día de la evaluación -que dura ocho horas y veinte minutos- se recomienda a la población no salir en auto para evitar problemas de tránsito a los participantes, porque si llegan cinco minutos tarde no pueden rendir. Por eso quienes pueden se alojan en un hotel cercano a la sede donde rinden. Desde varios días antes, los medios difunden técnicas para mejorar el rendimiento y la concentración. Es común ver padres rezando en las puertas de las sedes donde se rinden los exámenes y los días previos los templos budistas e iglesias cristianas suelen estar repletos de madres que portan los retratos de sus hijos e hijas pidiendo por ellos.

Más de 500.000 aspirantes se presentan cada año y solo el 3 por ciento consigue el SKY, un juego de palabras entre “cielo” en inglés y el acrónimo de las tres mejores universidades del país (de Seúl, de Korea y de Yonsei). Ese cielo que se alcanza es ingresar a alguna de ellas. El otro 97 por ciento deberá esperar un año o pasar a una de mucho menor nivel (y quizás mayor costo) aunque nada de eso evita la frustración de sentir que todo el recorrido previo transitado en su infancia y adolescencia quedan tirados en la basura.

Estudiar

Para dimensionar ese tránsito previo es bueno reproducir lo que manifiesta la ONG “Un Mundo sin Preocupación por la Educación Sombría”: los jóvenes coreanos pasan entre 70 y 90 horas semanales estudiando (sea en el colegio, en institutos privados o con profesores particulares como los que aparecen en Parasite) y duermen entre 5 y 6 horas diarias, por lo que es obvio que su vida social se ve notablemente disminuida. 

Sam Dillon, corresponsal del New York Times contó su sorpresa al asistir a una escuela secundaria de Seúl donde vio adolescentes estudiando a las 22.30, cuando ya llevaban quince horas de actividad. En ciertos casos estudiaban parados para no dormirse. Otros, luego de las clases doble turno en su escuela, llegan a sus casas y siguen (solos o con profesores particulares) hasta que el cuerpo no les dé más. O en los hagwones -institutos privados de apoyo escolar- hasta tan tarde que motivó a que el gobierno debiera establecer una suerte de toque de queda para obligarlos a cerrar a medianoche. Hace poco se debatió en el Congreso surcoreano la posibilidad de que también se les prohíba abrir los fines de semana. No se aprobó.

Además está la presión de padres y madres, ya que la principal inversión de muchas familias es en el proceso formativo de los hijos (especialmente en el idioma inglés) para que puedan ingresar a la universidad. Se calcula que aproximadamente el 30 por ciento de los ingresos de una familia se gasta en ese proyecto. 

Luego, mantener un hijo en la universidad sale entre 300 y 400 mil dólares hasta que se gradúa. Es común que haya familias que sacan hipotecas para cubrir ese costo. Algunos padres siguen instando a los hagwones a utilizar los castigos corporales para lograr un mayor esfuerzo en los estudiantes, a pesar de que estos fueron prohibidos en 2010).

Familias

En 2016, las familias gastaron la astronómica cifra de 16.000 millones de dólares en cuestiones relacionadas con el apoyo escolar, una cantidad que ha llevado al surgimiento de una nueva clase social: los “estupobres”, que se endeudan durante años para esa misión y que, además, ha generado un gran negocio en torno a los hagwones y docentes particulares, que llegan a convertirse en estrellas con multitudes de admiradores y que ganan sueldos millonarios. 

Uno de esos profesores-estrella es Cha Kil-yong, popularmente conocido como Mr. Cha. Es el creador de SevenEdu, una escuela online de preparación para el examen de ingreso que cuenta con más de 300.000 alumnos. Utiliza disfraces, pelucas y caretas para enseñar matemática de un modo entretenido y para motivar a sus estudiantes. Con estos métodos hizo una fortuna en pocos años. Se codea con ídolos de los jóvenes surcoreanos, como una cantante de k-pop con la que grabó una canción instando a los estudiantes a que cambien el semblante y sonrían mientras preparan el examen de ingreso a la universidad.

Obviamente que no en todas las familias pueden sobrellevar ese gigantesco esfuerzo o disponer del dinero necesario para pagar a los docentes y luego el arancel de la universidad. Aquí irrumpe la raíz de gran parte de las desigualdades de la sociedad coreana.

Todo este cóctel de presiones lleva a que más de mil jóvenes estudiantes por año se suiciden. Además se ha ido gestando un nuevo movimiento llamado honjok, cuya traducción sería “individualistas solitarios”. Se trata de jóvenes que no sólo viven solos, sino que comen, beben, salen y viajan solos.

Competencia

Hyo-sang-Lim, profesor de la Universidad Kyung Hee (que no pertenece al selecto grupo SKY), define con crudeza el carácter despiadadamente competitivo del estudiante que llega “al cielo”. Manifiesta que dicen “no pensamos en disfrutar, nuestra meta es estar mejor que los demás”. Una canción popular entre los adolescentes coreanos dice: “Si duermes tres horas al día, tal vez entres en SKY/ si duermes cuatro horas entrarás en otra universidad/ si duermes cinco horas, olvídate de entrar en la facultad”.

Un aspecto extraño y paradojal de esta situación es que, si bien Corea del Sur tiene uno de los sistemas educativos más exitosos del mundo en cuanto a resultados (pero también seguramente el más duro), que lo ubica en el segundo lugar detrás de Finlandia en las pruebas PISA de la OCDE, no tiene ninguna universidad incluida entre las 100 mejores en los rankings internacionales y sólo la de Seúl se encuentra entre las 200 más calificadas. Al mismo nivel que la UBA, por ejemplo.

Otro aspecto a tener en cuenta es que los aranceles de las universidades públicas prácticamente no difieren de lo que se abona en las privadas. Corea del Sur es el país donde, del presupuesto universitario, lo que pagan los estudiantes cubre la mayor proporción del mundo: entre 45 y 50 por ciento del total, cifra que casi duplica a la media mundial. Sobre un total de algo más de 220 universidades existentes, 180 son privadas donde concurren alrededor del 80 por ciento de los estudiantes. Las tres del “SKY” son privadas.

La sumatoria de todos los factores mencionados ha generado una extrema infelicidad entre estudiantes, familias y docentes. El resultado final es que se considera a sus graduados universitarios con poca iniciativa y creatividad, con conocimientos adquiridos como autómatas donde prima la memorización y con escasísima conciencia crítica.

Mientras se escucha y se lee tanto acerca de la supuesta falta de dedicación de los estudiantes de Argentina y la “discutible” calidad de sus graduados, resulta importante conocer otros “modelos exitosos” como el coreano para sacar conclusiones más cercanas a la realidad. 

* Docente UNLZ y UNQ.

FUENTE: PAGINA 12

Los argentinos que descubrieron un gen que acelera el crecimiento de las plantas

El descubrimiento permitirá desarrollar estrategias que aumenten el rendimiento de los cultivos modulando su desarrollo

Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (CONICET-UNR), Foto: CONICET Fotografía | Verónica Tello.

Un equipo de científicos y científicas liderados por Ramiro Rodriguez, investigador del CONICET en el Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR, CONICET-UNR) describió un nuevo gen que promueve el crecimiento de las plantas, lo que anticipan generará un gran aporte a la agricultura.

Se trata de una investigación publicada recientemente en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America (PNAS, por sus siglas en inglés) que involucró un trabajo en conjunto del equipo argentino con investigadores/as de Estados Unidos y Bélgica.

Los encargados del estudio destacan que este descubrimiento podría aportar importantes conocimientos para la optimización de los cultivos.

Crecimiento de plantas: detalles del descubrimiento

En las plantas, los órganos toman su tamaño y forma final gracias a una combinación de dos procesos:

  • La producción de nuevas células en zonas especializadas llamadas meristemas
  • La expansión y diferenciación celular fuera de esas estructuras

“Todos los organismos multicelulares, como los animales y las plantas, generan nuevas células por un proceso llamado mitosis”, explica Rodriguez. “La mitosis es un proceso compuesto por diferentes fases que ocurre muy rápido y está finamente regulado. Nosotros encontramos una proteína que regula la velocidad con la cual las plantas cursan las dos últimas fases”, agrega.

El hallazgo fue realizado a partir de una combinación de técnicas genómicas y de biología molecular “con el objetivo de analizar a nivel global la expresión génica en cada fase del ciclo celular”, puntualiza Rodriguez.

El modelo utilizado fue la planta Arabidopsis thaliana, en base a la cual los investigadores fueron capaces de analizar cuáles son los genes que se expresan precisamente en el momento en que las células se dividen. “A partir de estos datos, se profundizó en la caracterización de un factor de transcripción llamado AtSCL28”, explica Camila Goldy, becaria postdoctoral del CONICET en el IBR y primera autora del trabajo publicado.

El estudio evidencia que “este gen promueve el crecimiento de los órganos de las plantas impulsando la producción de nuevas células en los meristemas”, declara Goldy. Y agrega: “Más importante, también regula la dirección en la que las nuevas células se producen, siendo este un factor esencial por el cual los órganos de las plantas toman su tamaño y forma”.

Precisamente, para la agroindustria el patrón de desarrollo de cada especie, en conjunto con la variedad vegetal, constituyen aspectos de gran valor para el rendimiento de cultivos. “Por este motivo, factores como el tamaño, el número, la forma de las hojas, semillas y otros órganos de las plantas son determinantes”, sostienen los científicos. Así, el conocimiento profundo de los mecanismos que regulan estos procesos permitirá, según los autores, desarrollar estrategias que aumenten el rendimiento de los cultivos modulando su desarrollo.

Sobre los investigadores

  • Goldy, Camila. Becaria postdoctoral. IBR
  • Pedroza- Garcia, José Antonio. Department of Plant Biotechnol ogy and Bioinformatics, Ghent University y Center for Plant Systems Biology, Vlaams Instituut voor Biotechnologie (Bélgica)
  • Natalie Breakfield. HHMI, Duke University, Durham y Department of Biology, Duke University (Estados Unidos).
  • Toon Cools. Department of Plant Biotechnology and Bioinformatics, Ghent University y Center for Plant Systems Biology, Vlaams Instituut voor Biotechnologie (Bélgica).
  • Rodrigo Vena. Carrera de personal de apoyo. IBR.
  • Philip N. Benfey. HHMI, Duke University, Durham y Department of Biology, Duke University (Estados Unidos).
  • Lieven De Veylder. Department of Plant Biotechnology and Bioinformatics, Ghent University y Center for Plant Systems Biology, Vlaams Instituut voor Biotechnologie (Bélgica).
  • Javier Palatnik. Investigador. IBR y Centro de Estudios Interdisciplinarios, Universidad Nacional de Rosario.
  • Ramiro E. Rodriguez. Investigador. IBR y Centro de Estudios Interdisciplinarios, Universidad Nacional de Rosario.

FUENTE: Agrofy News – Agricultura

Abortado secuestro

Esto no es nada más; que la transcripción textual de lo vivido por el Sr. Jorge Fontevecchia en marzo de 1983, contado por Pablo Burgos , Reader Revenue Manager de Grupo Perfil.

El jueves 24 de marzo de 1983, a las 19:20, el otoño prometía frío y la Argentina era una porquería. Hacía justo siete años que la peor dictadura había tomado el poder mientras la sociedad miraba para otro lado, los medios guardaban silencio y los políticos no sabían qué hacer. La Argentina era una porquería de muerte y complicidad, pero el tiempo de la dictadura llegaba a su fin. Sólo que no estaba dispuesta a irse sin demostrar que todavía podía hacer daño, mucho daño.

Doce autos Ford Falcon estacionaron ruidosamente frente al número 1113 de la calle Sarmiento, a metros del Obelisco. Treinta hombres, entre civiles y uniformados, descendieron y acordonaron la zona. Algunos entraron corriendo hasta el segundo piso del edificio, en donde la revista La Semana tenía su redacción. El policía que se presentó en la recepción decía llamarse Luis Alberto Habib, ser comisario y tener una premisa: encontrar a Jorge Fontevecchia. Le dijeron que estaba por llegar y era cierto. A los pocos minutos, un joven de 27 años, barbado, apareció al abrirse las puertas del ascensor.

Comisario: ¿Jorge Fontevecchia?

Fontevecchia: Sí, espéreme un segundo que ya lo hago pasar.

Pero el editor no giró hacia su oficina sino a la de Andrés Soto, el entonces director periodístico de la editorial. Fontevecchia sabía que las cosas no estaban bien. La noche anterior, la planta de impresión de la revista había sido allanada por fuerzas de seguridad para secuestrar la edición 328. El editor había hecho lo que el dirigente radical Raúl Alfonsín le había aconsejado no hacer: llevar a tapa un informe sobre Alfredo Astiz, el «Ángel de la Muerte», el oficial que se había rendido sin combatir en la Guerra de Malvinas, pero que antes se había hecho célebre por infiltrarse con eficiencia entre las Madres de Plaza de Mayo. Era la primera vez que su rostro y su historia negra aparecían en un medio masivo.

El allanamiento llegó tarde, porque la mayoría de los ejemplares ya se estaban distribuyendo por los kioscos. Jorge Fontevecchia se había pasado el día con sus abogados evaluando los pasos a seguir. Y ahora que un comisario lo esperaba en la recepción, sabía que las cosas estaban definitivamente mal y que debía pensar rápido. También sabía que no quería que lo detuvieran otra vez.

Hacía cuatro años, cuando tenía 23, había sido capturado y encerrado como desaparecido en el centro de detención El Olimpo por orden del general Guillermo Suárez Mason. En su celda, él (que era un ateo al que la socialista Alicia Moreau de Justo había convencido de llamarse agnóstico) le prometió a Dios que si le salvaba la vida abandonaría el periodismo para siempre. No cumplió y quizás el comisario Habib aguardaba en la puerta como mensajero del castigo divino. Entonces decidió escapar. Llamó a Luis Moretti, el abogado de la editorial, quien coincidió en que lo mejor era salir rápido de ese lugar. La cuestión era cómo atravesar el cerco policial sin ser descubierto.

Alguien le dijo que la periodista Mercedes Marques acababa de llegar a la redacción disfrazada de gitana. Volvía de una de las delirantes producciones callejeras de la revista Perfil, en las cuales caracterizaba a distintos personajes para provocar la reacción de la gente. Fontevecchia marcó el número de su interno: «Negrita, venite rápido a la oficina de Andrés y traete tus disfraces». Mercedes llegó corriendo para ofrecerle el de gitana que llevaba puesto y algún otro, pero todos eran de mujer. Había un problema: las mujeres no usan barba y él no tenía tiempo para rasurarse. La secretaria de la recepción irrumpió de pronto para avisar que el comisario amenazaba con entrar por la fuerza. «La única posibilidad es salir por la puerta de servicio que lleva al garaje, pero no puedo irme con mi auto…», pensó Fontevecchia en voz alta. Quien le respondió fue Horacio Panero, el veterano director de Distribución: «Vamos en el mío, te metés en el baúl y recemos para que no nos paren. Si no, vamos a ser dos los que caigamos en cana». Treinta segundos después de que el fundador de La Semana abandonara la oficina de Andrés Soto rumbo al subsuelo, el comisario Habib descubría que la de Fontevecchia estaba vacía. «¡Nadie sale del edificio, carajo!», le gritó a sus policías y a los propios periodistas.

Una parte de los agentes empezó a buscarlo por toda la redacción mientras Habib y otros bajaron corriendo las escaleras hacia la planta baja. Pronto, uno de los policías que se quedó revisando las oficinas pegó el grito: «Está acá, el pibe está acá». El «pibe» parecía un cronista más caminando entre los escritorios. «Me va a tener que acompañar», ordenó el agente.

El joven no se resistió, pero anduvo todo lo lento que pudo hasta una oficina contigua donde se disponía a interrogarlo un oficial superior:

—Siéntese —le ordenó.

—Me siento, pero díganme qué necesita —respondió el periodista.

—Se queda calladito hasta que yo le diga que hable.—…

—Tengo una orden para detenerlo…

—¿Para detenerme? ¿Y yo qué hice?

—Usted es el editor de la revista.

—Sí, pero creo que se confunde.

—Usted es el editor de La Semana.

—Soy el editor, pero de Revista 10.

—Es lo mismo. Usted es Jorge Fontevecchia.

—No, no es lo mismo. Yo no soy Fontevecchia.

—¡Cómo mierda no es Fontevecchia!

—No, le aseguro que no soy, pero no se preocupe, no es el primero que nos confunde. Una vez estábamos en Berlín con los pasaportes cambiados, él con el mío y yo con el de él, y pudimos cruzar el Muro sin que las aduanas se dieran cuenta, justamente por nuestro parecido…

—¡Cállese la boca! Y usted cabo, traiga al comisario Habib para que lo identifique… ¡Y corra, la puta que lo parió!

Habib apenas podía hablar de tanto subir y bajar escaleras. Cuando llegó y vio a Edgardo Martolio, que además de periodista era amigo personal de Fontevecchia, empezó a sospechar que todo había sido una pérdida de tiempo aprovechada para que el hombre que perseguían pudiera escapar. Pero se limitó a decir: «No, éste no es».

El oficial que parecía estar a cargo ordenó: «Sigan buscando, nadie sale del edificio hasta que lo encuentren.» Pero ya era tarde. La ineficiencia policial jugó a favor de Fontevecchia. Escondido en el baúl de un auto que manejaba su jefe de Distribución, atravesó un cordón policial que sólo se dedicó a mirar en su interior por las ventanillas. En una época en la que los celulares todavía no existían, Horacio Panero no llegó a avisarle a su esposa que ese día volvería antes de lo previsto de su trabajo. Menos, que iría acompañado por el hijo de Alberto Fontevecchia, el hombre al que lo unía una amistad de casi medio siglo y con el que había empezado a trabajar en el taller gráfico de la mítica linotipia Fobera, origen antropológico de todo lo que algún día significaría el nombre Perfil.

Apenas llegaron encendieron el televisor. Para su sorpresa, los noticieros de la noche informaban, en blanco y negro, que Jorge Fontevecchia había sido detenido. No era cierto, pero debían apurarse a pensar para que el anuncio no se hiciera realidad. El editor entendía que no resistiría mucho viviendo clandestinamente en su país y nunca se le pasó por la cabeza la posibilidad de entregarse. La idea de pedir asilo en una embajada surgió como la única alternativa que quedaba. El problema era saber cuál embajada se animaría a recibirlo. Después de una cobertura crítica de los combates en Malvinas del año anterior, algunos miembros del gobierno militar denunciaban a Fontevecchia por ser espía inglés. No era posible convencerlos de que estaban equivocados, ni aunque supieran que antes de «trabajar para el imperio británico» había sido detenido por la misma dictadura acusado por «subversivo y marxista».

Tampoco importaba que recientemente Londres le hubiera negado la visa para entrar al país como cronista. Por eso, esa noche en el hogar de los Panero, el periodista pidió dos cosas. A sus amigos, que le consiguieran asilo en una embajada, si era latinoamericana y si había estado a favor de la Argentina en la guerra, mejor. A la esposa de Panero le pidió que le prestara su ropa. Se le vinieron a la mente el ofrecimiento de Mercedes Marques de ese disfraz de gitana para escaparse de la redacción, y la película que en esa época arrasaba en las taquillas de los cines: Tootsie, el film de Sydney Pollack en el que Dustin Hoffman interpreta a un actor que debe disfrazarse de mujer para conseguir trabajo. Se afeitó, se cambió de ropa y se miró al espejo.

Después de horas de tensión, por fin había algo que lo hacía sonreír: su propio reflejo. Disfrazado con pollera, botas, anteojos gigantes como los que usaba Isabel Perón y con una peluca barata, enrulada y castaña, decidió salir a la calle. Sabía que debía irse de ese lugar antes de que la policía descubriera cómo y con quién había logrado huir. Empezó a dar vueltas en un auto. Hizo tiempo refugiándose en la casa de su psicoanalista, Jorge García Badaracco, el discípulo de Jacques Lacan, que también había atendido a Jacobo Timerman. Después volvió al auto y recorrió la zona de las embajadas para comprobar que todas estaban con guardias reforzadas. Hasta que estacionó enfrente del bar Lepanto, sobre la avenida Del Libertador. Allí debía esperar la llegada salvadora de algún amigo. Quien fue en su ayuda era, y sigue siendo, el médico más conocido de la Argentina: Alberto Cormillot. Entonces, vestido de mujer, volvió a salir a la calle. El destino era el departamento de una amiga de Cormillot. Hasta allí fueron.

De entrada, la mujer les advirtió algo: su marido iba a regresar de viaje ese viernes por la noche y no quería que se encontrara con ellos a su regreso. Sólo podía darles protección por unas horas. Ya era la madrugada del viernes 25 de marzo. Los diarios de ese día lo llamaban «prófugo» y anunciaban su pedido de captura. Los programas radiales trataban el caso, breve pero inevitablemente.

En menos de doce horas, Jorge Fontevecchia se había convertido en el hombre más buscado de la Argentina.

Cormillot tenía poco tiempo para dar con una embajada que asilara a su amigo. Ya era un doctor famoso por sus recomendaciones para bajar de peso, pero sus contactos con el mundo diplomático eran nulos. A la primera embajada que se le ocurrió ir fue a la de México, y pensó que hasta ahí había llegado cuando vio que la bandera que flameaba en su frente era la de otro país, Chile, gobernado por el dictador Augusto Pinochet. Aturdido y asustado, decidió ir a otra embajada cuya ubicación conocía bien, la de los Estados Unidos. No le importó que ese país no cumpliera para nada con el requisito de haber estado del lado de la Argentina en el conflicto atlántico. Tampoco pensó que podía ser peligroso. Apenas llegó se acercó hasta un empleado. No anduvo con vueltas:

—Vengo a averiguar para conseguir asilo para un amigo, un periodista.

—¿Ve aquellos guardias que están allá? Bueno, vaya que ellos le van a indicar. Hacia allí iba, cuando de pronto escuchó la voz del mismo empleado que lo paró en seco:

—Señor, señor, venga… Es el doctor Cormillot, ¿no es cierto? Mire, usted le salvó la vida a mi esposa en ALCO y le debo algo. Mejor váyase de acá porque los están esperando.

—ALCO es la Asociación de Lucha Contra la Obesidad que Cormillot había fundado en 1967. Pero adónde ir. Se dio cuenta de que si no pensaba con claridad podía terminar preso, o algo peor. Quizá por eso se le ocurrió el nombre de Diego Guinsberg, su abogado. Lo llamó para pedirle ayuda y al rato tuvo una respuesta alentadora: la embajada de Venezuela aceptaba recibirlos.

—Eso, si pueden entrar sin que los detengan —le aclaró Guinsberg.

¿Cómo ingresar entonces a la embajada sabiendo que las Fuerzas Armadas habían ordenado reforzar los controles de acceso a cada una de ellas? Apenas amanecía. El dietólogo más famoso de la Argentina manejó su auto hasta la casa de su amiga. Fontevecchia lo esperaba disfrazado, pero ya no de mujer sino de alguien que pretendía ser un cadete, con camisa celeste clara, jeans y mocasines, y unas carpetas debajo del brazo. El plan era lograr entrar a la embajada, pedir asilo y salir del país lo antes posible. En el trayecto casi no se dirigieron la palabra. Cormillot estaba convencido de que los reconocerían fácilmente y serían detenidos. Por eso empezó a barajar la posibilidad de tener que irrumpir con su auto adentro de la sede diplomática. Sí, sería lo mejor: romper el portón de ingreso con la trompa del vehículo y una vez pasada la línea fronteriza ya estarían en suelo venezolano y serían intocables. Eso, por lo menos, había visto en las películas y no fallaba. Pero en el 1461 de la avenida Santa Fe no había ningún portón, apenas la puerta de un edificio por la que ni un «Fitito» habría entrado. Los aguardaba algo más: dos policías de uniforme y dos de civil que controlaban las caras de los que pasaban.

Esperaron unos instantes estacionados frente a la entrada sin saber qué hacer. Hasta que llegó un patrullero que se paró justo unos metros delante de ellos. Parecía el final. Los uniformados que custodiaban la puerta de la embajada comenzaron a acercarse, mientras los dos de civil miraban de lejos. Venían hacia el cordón de la vereda, pero no hasta donde estaba el auto de Cormillot sino hacia el patrullero. Los policías se inclinaron a hablar con sus colegas que permanecían sentados en el vehículo. El médico y el periodista se preguntaron si hablarían de ellos o si era apenas un control de rutina. En eso estaban cuando vieron salir de un negocio pegado al edificio de la embajada a una bella mujer que los distrajo unos segundos. También vieron que los policías de civil se acercaban a ella, como si la conocieran, con una repentina sonrisa que intentaba ser seductora.

—¡Ahora! —dijeron a la vez y salieron del auto.

Diez metros los separaban del lugar que les podría salvar la vida. Apuraron el paso, pero no al punto de levantar sospechas entre los policías. De reojo, se fijaron que los agentes siguieran ocupados, unos con el patrullero y los otros con la vecina. Cuando estaban a punto de llegar, a dos o tres metros, los sobresaltó el ruido de la puerta del edificio que se abría. Saltaron adentro. Del otro lado los esperaban los brazos extendidos del embajador Jorge Dager:

—Bienvenido, Jorge, ésta es su casa.

Cormillot saludó y se fue como había llegado, temblando. Con el pudor íntimo del deber cumplido, se prometió que jamás iba a revelar lo que pasó ese día. En la redacción de La Semana todavía quedaba una guardia policial. Recién de madrugada se había podido retirar todo el personal después de horas de detención en su lugar de trabajo.

Hasta allí había llegado el coronel Alejandro Arias Duval para comandar, sin suerte, la búsqueda del prófugo. El decreto 682 del Poder Ejecutivo había ordenado el secuestro de la edición 328 de la revista, por lo que esa mañana los móviles policiales recorrían los kioscos incautando los ejemplares que aún no se habían vendido.

El decreto establecía: «Del análisis de la revista surge el propósito de desprestigiar la imagen de las Fuerzas Armadas acusándolas de actitudes violatorias de los derechos humanos (…) que recoge la propaganda de las organizaciones subversivas». Otro decreto, el 685, completaba el panorama: «Se ha dispuesto que su director pase a disposición del Poder Ejecutivo Nacional». El Ministerio del Interior argumentaba: «Se cuenta con informes originados en Inglaterra acerca de que está diagramada desde allí una campaña de desestabilización del gobierno argentino», de la que Fontevecchia formaría parte, aunque no se explicaba cómo había pasado de trabajar en las organizaciones subversivas (la acusación por lo que había sido detenido en 1979) a ser agente del Foreign Office. El presidente de facto, Reynaldo Bignone, decía: «Admitimos y aceptamos la crítica», pero añadía que en el caso de Fontevecchia «ya hemos demostrado la tolerancia necesaria», por lo que no veía otra alternativa que su detención.

Es cierto que ningún periodista le preguntó en ese momento a qué se refería con «tolerancia». Ni le recordó la desaparición del año 1979, ni los seis secuestros de sus ediciones, ni las bombas y amenazas sufridas por la editorial durante esos años, ni la clausura de La Semana en 1982 (la revista reaparecería cuarenta y un días después y desde entonces y hasta la asunción de Raúl Alfonsín, incluyó en su logotipo la frase: «Clausurada por el gobierno militar. Reabierta por la Justicia»).

Fin

Vergüenza propia y ajena…

Los políticos y sus asociados inmobiliarios -toda corrupción en formato legal.

La demolición de casas y edificios de valor patrimonial sigue siendo un tema pendiente y una sorpresa para vecinos que ven de la noche a la mañana cómo cambia la fisonomía barrial.

Marina Gambier

LA NACION

Así nomás, de la noche a la mañana, en los primeros días de abril amaneció en ruinas la casa de Morelos 435, en Caballito.

Quienes habían denunciado su estado de abandono -y a la topadora a punto de pasarle por encima- encontraron efectivamente los escombros de la vivienda de estilo Art Nouveau proyectada a principios del siglo pasado por el arquitecto italiano Jacobo Storti, autor de otras residenciales en Buenos Aires y Santa Fe.

No vivía nadie allí, pero cada tanto alguien se daba una vuelta, comentaban los vecinos, preocupados por el destino del predio. Entre otros inmuebles “desaparecidos” en 2020 y lo que va de 2021 figuran los edificios militares de la calle Clay, en Palermo, incluida la Sastrería Militar donde en breve levantarán un conjunto de torres.

También rondan las máquinas cerca de otra casona de dos plantas ubicada en la calle Virrey del Pino, legalmente desamparada como tantos inmuebles y parcelas históricas de la ciudad.

Un catálogo patrimonial incompleto

Nada nuevo. Dentro del territorio porteño existen cerca de 140.000 edificaciones anteriores a 1941 de las cuales solo unas 18.000 son consideradas de valor patrimonial, aunque menos de 3000 cuentan con protección legal específica.

La mayoría se concentra en las comunas 1 y 2, pero en el resto de los barrios de Buenos Aires hay miles esperando alguna clase de piedad.

La ley 2548, y su continuación la 3056, protegía los inmuebles anteriores a 1941 y establecía procedimientos para catalogarlos.

Extrañamente esa ley tenía fecha de vencimiento el 31 de diciembre de 2011, lo que entonces hubiera allanado el camino a los desarrolladores inmobiliarios para solicitar demoliciones.

Basta de Demoler junto con la Fundación Ciudad y SOS Caballito presentó entonces un amparo alertando la urgencia de evitarlas” recuerda María Carmen Arias Usandivaras, presidenta de la ONG.

“En diciembre de 2011 la justicia dictó la ley 2548, y su continuación la 3056, protegía los inmuebles anteriores a 1941 y establecía procedimientos para catalogarlos.

El gobierno se vio obligado a contratar a la FADU (Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA) para realizar el trabajo”.

Sin embargo, ese catálogo nunca se completó.

Como resultado de una primera revisión el CAAP consideró que 18.195 inmuebles merecían sobrevivir en el paisaje urbano, es decir, apenas el 13 % de lo estimado en los registros catastrales, y entre los que seguramente quedó afuera la casa del arquitecto Storti.

En marzo último Basta de Demoler elevó un pedido de informes a las autoridades de la Dirección General de Interpretación Urbanística (Dgiur) y a la Legislatura local sobre el paradero de la documentación relevada por la FADU, y el de las propiedades que quedaron fuera del paraguas.

“Por eso decimos que el resto de los inmuebles se encuentra en un limbo patrimonial, en riesgo de obtener permiso de demolición y de que el CAAP uno a uno los vaya autorizando por no estar catalogados o, al menos, evaluados.

Esto motivó el encendido de alarma. Día a día se otorgan permisos de demolición para estos inmuebles sin evaluar, e incluso para los que fueron descatalogados luego de que el CAAP, en segunda oportunidad, los clasificara sin oportunidad, los clasificara sin valores que resguardar”.

Según la organización, en su momento las reuniones de evaluación eran semanales y la suerte de las propiedades era decidida a través de fotografías por una mayoría de arquitectos no necesariamente autorizados.

“Hasta desestimaron cientos de edificios en una sola reunión.

Solo por ello debiera ser auditado.

El CAAP continúa activo y no es posible asistir a las reuniones como oyente.

Las resoluciones se conocen cuando se publican en el Boletín Oficial“, aclara Arias Usandivaras.

Por otra parte, agrega, la cifra revisada no concuerda con la que originalmente figuraba publicada en la Web oficial: 16.831 inmuebles.

“El gobierno nos contestó el 31 de marzo pasado que entre los años 2008 y 2014 solamente se enviaron 3131 y se catalogaron 2016 propiedades. El resto no se trató.

Pedimos que se realice una auditoría al CAAP y a la Dgiur ya que, a pesar de las irregularidades documentadas por vecinos, ONG’s y por los fallos de la Justicia, vemos la discrecionalidad y falta de transparencia con la que se está modificando la escala e identidad de Buenos Aires para siempre”.

Marina Gambier
Fuente: La Nación

Una disciplina poco conocida. Personajes. Final.

Que te permitió este deporte desde lo social?

-Siempre fui muy solitaria, nómade y desapegada de lo social. Pero con la apnea mi mundo se enriqueció, porque conocí a personas increíbles.
No me refiero a la magnitud de lo que hacen, sino a la pasión con la que hacen. No todos apneístas.
También deportistas de otros ámbitos, artistas, fotógrafos subacuáticos, documentalistas, gente común haciendo cosas extraordinarias
 
Personas que antes solo podía ver en un documental, por ejemplo, de pronto se convirtieron en una amistad, en una charla, en un abrazo, en un rival deportivo, hasta en alumnos de mis cursos.

Todos me inspiran a seguir creyendo que es posible, sin perder la esencia y humanidad.

¿El no respirar bajo el agua requiere más sufrimiento o alegría?

-No lo mido en términos de sufrimiento o alegría sino como la posibilidad de vivir algo único.

Tiene su cuota de estrés: por más que sea un disfrute personal, es una exigencia antinatural. Por eso es necesario encontrar la armonía, prepararse gradualmente, no improvisar, tener objetivos claros.

Aprendí a convivir con ratos de paz y otros de lucha interna.

Lo que me atrae es el agua, esa soledad y silencio abismal, el sentirme rodeada de esa inmensidad líquida que me impregna los sentidos.

De hecho, en competencias mundiales de piscina he sido la única con malla, en vez de un neopreno que ayuda a deslizar más, con lo cual podría haber hecho más metros.

Pero en ese momento tenía la convicción de que el logro tenía que ser así, del modo más natural, y sintiendo el agua en la piel.

¿Qué se siente al salir del agua y volver a respirar?

-Alivio, la sangre vuelve a su curso normal, pero también aparece una inmediata nostalgia que me hace querer volver.

Y si es competencia, la cabeza tiene que estar atenta a reglas.

Después hay tiempo para pensar en lo que sea: en mi caso, mi familia.

Pero lo más difícil es el antes: ahí es donde se pone a prueba la templanza. La apnea es un deporte atípico, donde necesitamos bajar las pulsaciones.

La apnea es un deporte atípico, donde necesitamos bajar las pulsaciones cardíacas, evitar la descarga de adrenalina y tener mucho autocontrol.

Para que te des una idea: en la apnea deportiva no tenemos un “en sus marcas, listos, ya”.

El día anterior nos dan el orden de partida, que es lo que se llama “official top”.

Tres minutos antes, ya podemos ingresar a nuestro espacio de competencia y el juez empieza un conteo regresivo.

Cuando llega al 0, que es el top oficial, inicia otro conteo de 30 segundos, que es la ventana de tiempo en que podemos sumergirnos y empezar nuestra apnea. Por eso, es mucho más que “aguantar la respiración”.

-¿Hasta dónde querés llegar?

Ahora que comencé a competir en apnea en profundidad, quiero seguir descendiendo más profundo en otros mares y cruzarme con animales en su estado natural, libres ellos y libres yo, en apnea. Ya lo hice con lobos marinos, delfines, ballenas y pingüinos y fue inolvidable.

También me gustaría hacer apnea bajo hielo y sin neopreno, que es mi máximo sueño.

Hacerlo en algún sitio de nuestro sur argentino, mostrarle al mundo que aquí también queremos intentarlo, porque hay una tendencia a hacerlo en regiones frías de Europa.

Tengo la voluntad para entrenar e intentarlo, pero la logística es muy costosa y debería tener un equipo humano muy completo.

Bueno, menos mal que no sos friolenta…

-¡¿Qué?! Soy el ser más friolento del mundo.

Fuente: Periódico Clarín. Revista Viva
Entrevista: Alejandro Duchini