Así es el pez robot creado para controlar a otras especies invasoras.

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El pez robot es idéntico a una lubina negra, el depredador natural del pez mosquito, considerado una de las especies invasoras más nocivas del mundo.

El pez mosquito (Gambusia affinis) es originario del Golfo de México. Con un tamaño máximo de siete centímetros y una cola abierta en forma de abanico, se trata de una especie que difícilmente resalta del resto de su familia; sin embargo, posee una característica que lo ha llevado a ser introducido por la mano humana a todo el mundo: 

Especializado en rondar justo debajo de la superficie en busca de alimento, el pez mosquito (también conocido como gambusina) es un depredador natural de larvas y pupas de mosquito que cuelgan bocabajo en la superficie de aguas estancadas. 

Esta habilidad, aunada a la necesidad de controlar al mosquito como vector de distintas enfermedades, provocó su introducción a Europa y el resto del mundo a inicios del siglo XX. Y aunque al principio la población de mosquitos se redujo drásticamente, su habilidad para adaptarse a distintas temperaturas y competir con peces y anfibios nativos los llevó a convertirse en una de las 100 especies exóticas invasoras más nocivas del mundo, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Foto: NOZO / Wikimedia

Un siglo después, un grupo de científicos de la Universidad de Australia Occidental desarrolló una solución novedosa para reducir el efecto de las gambusinas en los ecosistemas donde fue introducido: 

Se trata de un pez robot que nada, se comporta y posee una apariencia idéntica a la lubina negra (Micropterus salmoides), una especie que multiplica el tamaño de la gambusina y se considera uno de sus principales depredadores en su hábitat natural.

Durante las pruebas en laboratorio, el equipo dispuso de doce tanques con seis peces mosquito en cada uno, además de un renacuajo de Litoria moorei, una especie nativa de Australia que es habitualmente presa del pez mosquito. Cada vez que una gambusina se acercaba a morder al renacuajo, el pez robot la atacaba para provocar su huida.

Después de analizar el comportamiento de los peces mosquito en los tanques donde se introdujo el pez robot y compararlo con las peceras donde no se introdujo, los investigadores concluyeron que la presencia del robot provocó cambios físicos, en el comportamiento y la reproducción del pez mosquito que se prolongaron durante semanas después del experimento.

En presencia del robot, los peces mosquitos decidieron nadar juntos en lugar de explorar el tanque y por lo tanto, sus ataques hacia el renacuajo se redujeron drásticamente. Además, todos los individuos que compartieron tanque con el robot mostraron una pérdida ligera de peso (probablemente debido al estrés y temor que causaba el pez robot). 

Más aún: la habilidad reproductiva de los peces mosquito se redujo significativamente. Tras analizar la calidad y cantidad de espermatozoides de los machos de tanques con y sin robot, el equipo descubrió que las células sexuales de los individuos expuestos al pez robot disminuyeron en aproximadamente 50 % comparado con el resto de peces mosquito.

Y aunque el resultado del estudio no pretende probar robots similares en la naturaleza, se trata de una muestra de que es posible desarrollar alternativas distintas a las usadas hasta el momento para minimizar el impacto de las especies invasoras:

“NUESTRO PLAN NO ES LIBERAR A CIENTOS DE MILES DE ESTOS ROBOTS EN LA NATURALEZA Y PRETENDER QUE RESUELVAN EL PROBLEMA, PERO PUEDE HABER MÁS DE UNA FORMA DE ASUSTAR A UN PEZ MOSQUITO. DARLE A LOS PECES UN OLOR SIMILAR AL DE SU DEPREDADOR, POR EJEMPLO, PODRÍA INDUCIR CAMBIOS SIMILARES”, EXPLICA GIOVANNI POLVERINO, ECOLOGISTA CONDUCTUAL Y AUTOR PRINCIPAL DEL ESTUDIO.

Imagen de portada: Gentileza de Giovanni Polverino

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC en Español. Por Alejandro I. López. Diciembre 2021.

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La inesperada especie que podría invadir la Antártica

Imagen de la especie, científicamente llamada Nacella deaurata, Crédito: Claudio González

Diversos análisis determinaron que una pequeña lapa es una de las primeras especies con capacidad demostrada para colonizar con éxito el océano Austral. El estudio fue publicado por la revista científica Science of the Total Enviroment (STOTEN).

En la actualidad, y ante los efectos del cambio climático en la biodiversidad de nuestro planeta, conocer la fisiología de un organismo es fundamental para determinar la capacidad de una especie para mantenerse dentro de los límites de su distribución actual, pudiéndose predecir si alguna pudiese modificar estos parámetros.

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Este es el caso de la lapa Nacella deaurata, un molusco que habita en el extremo sur del continente americano, siendo visto comúnmente en las costas de la Región de Magallanes. Un reciente estudio multidisciplinario reveló la capacidad que tendría esta especie para modificar su distribución y llegar hasta la Antártica.

La investigación, publicada en la revista científica Science of the Total Enviroment (STOTEN), fue liderada por el Dr. Simon Morley, científico del British Antarctic Survey (BAS, Reino Unido) y por el Dr. Jorge Navarro, investigador del Centro de Investigación Dinámica de Ecosistemas Marinos de Altas Latitudes (IDEAL) de la Universidad Austral de Chile (UACh), como parte de la colaboración científica entre ambas instituciones.

Los experimentos fueron realizados en los laboratorios del Centro IDEAL en Punta Arenas con el apoyo del biólogo marino Alejandro Ortiz. Para llevar a cabo el estudio, se utilizaron diferentes métodos científicos para confirmar la capacidad de re-distribución de esta especie de lapa.

La especie fue catalogada como una posible invasora de la Antártica.

Paralelamente, se hicieron análisis fisiológicos/conductuales con el objetivo de observar la tolerancia térmica de la especie. Las temperaturas óptimas para su crecimiento (4 °C), actividad (-1,2 – 0,2 °C) y supervivencia (1 – 8 °C) resultaron ser similares a las que registra en la actualidad y que marcaría en un futuro el territorio antártico, de acuerdo a las proyecciones por efecto del cambio climático.

Inclusive, la investigación dio cuenta de que su distribución geográfica actual (con temperaturas entre 5°C y 9 °C) no coincide con su óptimo nicho fisiológico. “Nacella deaurata, al igual que muchos otros organismos, se verá afectada por el aumento de las temperaturas en los mares australes. Esto hará que su distribución hacia el norte disminuya, pero le permitiría expandirse hacia zonas más frías, convirtiéndolo en buen candidato para invadir la Antártica”, explica Navarro.

La investigación sugiere que la especie debe considerarse como una especie con alto riesgo de re-distribución, sobre todo considerando el aumento esperado del transporte que se desplaza hacia la Antártica. “Estas vías potenciarían el establecimiento de esta especie de lapa en el territorio, pudiendo impulsar un cambio ecológico importante dentro de la zona costera somera del continente antártico”, añade Navarro.

Sin embargo, el investigador recalca que las características fisiológicas de esta especie para establecerse en el continente blanco es solo un factor que considerar. “Puede darse el caso de que exista un organismo local que compita por los recursos e impida el asentamiento de las larvas de N. deaurata, como podría ser la lapa Antártica Nacella concinna. Por eso hablamos solo de su idoneidad para invadir la Antártica en el ámbito de rangos térmicos”.

Imagen de portada: Gentileza de Claudio Gónzalez

FUENTE RESPONSABLE: La Tercera/Que pasa – Noviembre 2021

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