Ética del carnívoro

«Tratar ‘bien’ a un animal es utilizarlo para aquello para lo que ha sido criado a lo largo de muchas generaciones, para lo que ha sido biológicamente cincelado».

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Los animales humanos y los no humanos convivimos desde hace milenios o, por decirlo bien y pronto, desde el principio. Sabemos algo, pero no demasiado, de las opiniones que han tenido los no humanos sobre nosotros: podemos suponer que según su tamaño y necesidades nos habrán visto como peligrosos, torpes, apetitosos, protectores, insaciables… Aunque todos estos puntos de vista son demasiado antropocéntricos para expresar bien la consideración en que tenían a nuestros antepasados los osos de la cavernas, los cangrejos o las larvas. Lo que parece seguro es que la frecuentación de los animales no nos animalizó más, sino que contribuyó a humanizarnos. Algunos paleontólogos –y más literariamente que ellos Bruce Chatwin- suponen nuestros orígenes mas o menos así. 

En tiempos muy remotos, los animales casi humanos vivíamos aislados en mínimos grupos familiares o solitarios, tímidas criaturas que se ocultaban en la maleza, trepaban a los árboles o buscaban refugio en las cuevas. Sucedió entonces que algún gran depredador, probablemente uno de los primeros felinos, descubrió que nuestros antecesores eran nutritivos y muy fáciles de cazar. De perseguirlos de vez en cuando pasó a convertirlos en su presa número uno, en la base sustantiva de su dieta. Así entraron los hombres por primera vez de veras en la cadena alimenticia, por abajo, como nos correspondía empezar. Nuestro particular depredador fijó su residencia cerca de donde abundaban los humanos y los diezmaba con total facilidad. No podían defenderse de él, eran demasiado lentos y frágiles. Entonces aquellos animalitos dieron el paso definitivo hacia su humanidad, es decir, se comunicaron entre sí, se reunieron, formaron pequeños ejércitos (lo siento, pero antes que la tribu vino el ejército) y planearon su estrategia defensiva y ofensiva contra la bestia que les acosaba. Gracias a la necesidad de enfrentarse al enemigo común inventaron la sociedad y probablemente desarrollaron el lenguaje. También las leyendas: el héroe triunfador, la víctima inocente, los sabios que pergeñaban nuevas armas, trampas y ponzoñas para vencer al adversario feroz. El mismo gran León, el tigre colosal que se alimentaba de seres humanos, una vez vencido se convirtió en tótem, en una divinidad que podía llegar a ser protectora si se la trataba con la debida veneración. Las fieras fueron primero los enemigos que nos obligaron a pelear juntos y luego los dioses que ampararon nuestra unión.

Perdonen esta excursión prehistórica de un simple aficionado. Lo que quiero decir es que la sociedad humana es inseparable de los animales no humanos: primero, de aquellos grandes depredadores cuyo acoso nos obligó a inventar la guerra y la tribu para sobrevivir, y después de tantos otros a los que enseñamos a acompañarnos. Perros, cerdos, aves, vacas, cabras, caballos… Todos ellos provienen de especies silvestres pero transformadas por el pastoreo humano en bestias de trabajo y compañía criadas para alimentarnos, defendernos, transportarnos… Y, sí, también entretenernos, jugar con nosotros. ¿Con qué derecho? Pues con el mismo que las demás criaturas de la tierra, el aire o el mar tienen de ser lo que son y procurarse aliados o presas en el mundo viviente que les rodea. ¿A quién vamos a preguntarle lo que debemos hacer sino a nosotros mismos?

Un célebre propietario y criador de purasangres español, el Conde de Villapadierna, tuvo un excelente potro llamado Reltaj, al que hacía correr casi cada domingo en pruebas de velocidad o de resistencia. Algún amigo le comentó que estaba abusando un poco del animal y el Conde respondió: «Pues si no le gustaba correr, que hubiera nacido obispo». Es una respuesta más profunda de lo que parece. Tratar «bien» a un animal es utilizarlo para aquello para lo que ha sido criado a lo largo de muchas generaciones, para lo que ha sido biológicamente cincelado, para lo que ha sido incluido en la sociedad humana. El animal tiene derecho a ser lo que es y a ser respetado por lo que es, pero ese «derecho» le viene del hombre que lo ha inventado y que debe ocuparse de él. La naturaleza en su estadio crudo, anterior al único animal simbólico que es el hombre, no ostenta derechos sino que exhibe hechos.

«Dotados de imaginación, memoria y visión de futuro, los humanos conocemos no sólo el dolor, como el resto de los animales, sino también el sufrimiento, una de nuestras exclusivas»

¿Sufren los animales no humanos? Sin duda, como los demás seres vivos y tanto más cuanto más alto están en la escala de la consciencia. Sentir es padecer, como ya reflejó el gran poeta nicaragüense: «Dichoso el árbol que es apenas sensitivo y más la piedra dura, porque ésa ya no siente, pues no hay dolor mas grande que el dolor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente». Los que sentimos, lo sentimos mucho, padecemos pero también gozamos. Dotados de imaginación, memoria y visión de futuro, los humanos conocemos no sólo el dolor, como el resto de los animales, sino también el sufrimiento, una de nuestras exclusivas. Pero además somos capaces de descentrar nuestro padecer, de ponernos en el lugar de otros seres capaces de sentir. El sufrimiento humano, dotado de imaginación,  no acaba nunca porque incluye a nuestros semejantes y hasta a los que menos se nos asemejan, en cuyo lugar también nos ponemos a veces para padecer. Así es la poesía, que decora la realidad en busca de su sentido emocional la religión, que la trasciende. Pero la ética es la búsqueda racional de una vida humana mejor por medio de normas que encauzan nuestros actos, no es poesía ni desde luego religión. La religión aspira a algo mejor que la vida, pero la ética pretende solo una vida mejor, una vida humana mejor. De la vida en términos absolutos, de sus padecimientos y gozos generales, sólo podría ocuparse quien la creó: y Ése o Eso no parece demasiado interesado en el asunto.

(Comunicación leída en el Primer Simposio sobre Bienestar Animal Europeo).

Imagen de portada: Ética del carnívoro. | Unsplash.

FUENTE RESPONSABLE: The Objective. Por Fernando Savater. 20 de noviembre 2022.

Sociedad y Cultura/Filosofía/Ética/Evolución/Animales.

Transhumanismo: la idea, entre descabellada y utópica, de lograr anular la muerte.

Una corriente filosófica que postula trasplantar el cerebro humano a máquinas para ser mejores y no morir

En el futuro, según este movimiento intelectual y filosófico, la ciencia y la tecnología harán posible que los humanos y las máquinas puedan integrarse. Los reparos bioéticos y los límites (difusos) entre la ciencia y la ficción.

La tecnología, como producto cultural, ha transformado, transforma y transformará a la humanidad. Desde hace décadas –aunque en el presente cada vez adquiere más fuerza– existe un movimiento intelectual y filosófico que postula el transhumanismo. ¿Qué implica? 

El reemplazo del homo sapiens por una versión mejorada: más inteligente, más fuerte, mejor adaptada y capaz de desarrollar habilidades renovadas. Gracias a la convergencia tecnológica, postulan sus voceros, será posible mejorar a la especie tanto física como emocionalmente y conducir al tan anhelado progreso global.

Bajo esta premisa, los transhumanistas son personas que aceptarían, eventualmente, integrar sus cuerpos de manera definitiva con las máquinas.

En los hechos, ya está sucediendo: buena parte de la población occidental destina una parte considerable de su tiempo pegada a sus teléfonos celulares y a múltiples pantallas. Pero este colectivo va más allá: apuntan a crear cuerpos mecánicos, a traspasar el contenido de los cerebros a computadoras muy sofisticadas para conseguir la inmortalidad.

En este sentido, los conceptos tan arraigados de especie y evolución podrían dejar de tener sentido por completo. ¿Se podría seguir hablando de seres vivos? ¿De qué manera podría redefinirse el concepto de ser humano? ¿Qué sucedería si la gente comenzara a morir cuando lo dispusiera? ¿Cómo se reformularía la identidad? ¿Dónde quedaría la subjetividad? Lo que aún significa más: ¿dónde quedarían las creencias, las religiones y todos los remedios simbólicos que se emplean para afrontar el miedo a perecer?

La idea que sostienen es sencilla: el humano, a pesar de contar con todas las chances de construir un mundo mejor, profundiza la desigualdad, promueve la violencia y, con ella, el aniquilamiento de sus pares y el ambiente. 

Los transhumanistas proponen un cambio como necesario y  urgente.

La biología y la tecnología confluyen para brindar respuestas, solo que las promesas pueden sonar un tanto utópicas. O distópicas, según como se lo mire. 

¿Y si la inmortalidad, finalmente, fuera posible?

El problema de las proyecciones de los transhumanistas es que envuelven problemas éticos de difícil solución. De hecho, ya bastante revuelo provoca reflexionar en torno a los trabajos del futuro y responder al interrogante de si las máquinas podrían reemplazar a los seres humanos en sus trabajos.

El transhumanismo plantea que, a partir de las tecnologías, sería posible detener el envejecimiento, el dolor y, en último término, la mortalidad. ¿Cómo? 

Desde su perspectiva, en un futuro cercano, gracias a las bondades de la ciencia y la tecnología (y de aportes sustantivos provenientes de la ingeniería genética, la nanotecnología y la biología sintética), sería factible conservar la esencia de cada individuo en una computadora y vivir para siempre en entornos virtuales.

A partir de aquí, el anhelo de la inmortalidad que la ciencia, la religión y el arte han intentado comprender, imaginar y representar, respectivamente, podría convertirse en una realidad. 

Desde las leyendas en torno al Santo Grial, el congelamiento moderno de Walt Disney (bajo la técnica de criogenización, que implica la preservación de los cuerpos a bajas temperaturas), pasando por la piedra filosofal de Harry Potter y Las intermitencias de la muerte de José Saramago, hasta aterrizar, sin escalas, en algunos capítulos emblemáticos de la serie Black Mirror.

En Las intermitencias de la muerte, el nobel portugués José Saramago se pregunta qué pasaría si un día cualquiera de cualquier año la gente dejase de morir. Si se interrumpiera, en efecto, el ciclo de la vida. Si la vida fuera eterna pero no solo para unos pocos sino para todos y todas. 

Para empezar, narra que la suspensión de la muerte por tiempo indeterminado causaría problemas económicos, políticos, religiosos y morales. 

Con una “huelga de muerte”, el autor describe –del mismo modo que ocurrió con la pandemia– el descalabro que se inicia con las autoridades sanitarias que, pronto, advierten cómo la infraestructura se ve desbordada. Si la muerte abandona su letalidad y se toma un descanso, los viejos –explica el autor– se convierten en un estorbo y la vejez eterna se ubica como el único destino de la humanidad. 

Pronto, es tal la incertidumbre que los personajes de Saramago claman a coro: “Si no volvemos a morir no tendremos futuro”. La moraleja es explícita: la muerte es necesaria, la muerte funciona.

En “Sociedad pantalla. Black Mirror y la tecnodependencia”, el filósofo Esteban Ierardo analiza cómo en un capítulo de Black Mirror (San Junípero) se aborda la inmortalidad digital, lograda a partir de la construcción tecnológica. “El hombre diseñado para nacer y morir, supera en la inmortalidad virtual la angustia ancestral por la muerte, pero dentro de un cielo que, por ser artificial, quizá solo ofrezca una pálida inmortalidad irreal”, señala el analista cultural.

Desde su punto de vista, el conflicto en torno a la muerte y la inmortalidad (el deseo de superar la muerte física) recorre la historia de la humanidad, desde los hombres de las cavernas hasta los cascos de realidad virtual. 

En el siglo XXI, el transhumanismo cree en un planeta en que las civilizaciones se liberen de las enfermedades y de la degeneración que provocan. La información mental alojada en el cerebro podría, piensan, migrar a un soporte informático para desarrollar nuevas subjetividades.

Desde aquí, el transhumanismo es un “movimiento que aspira a la reinvención del hombre, a la superación del cuerpo orgánico a través de un posthumano u hombre postorgánico”. Y continúa: “La idea directriz del movimiento es que el irrefrenable avance tecnológico provoca el rediseño de lo humano mediante el mejoramiento artificial de sus capacidades físicas e intelectuales. 

El hombre mejorado que en su primera fase multiplicará su tiempo de vida posible, aumentará su longevidad para, luego, beber el elixir de la vida inmortal”.

Bioética: más preguntas que respuestas

Con computadoras que cada vez se vuelven más inteligentes –con la capacidad de experimentar aprendizajes cada vez más complejos y no solo útiles para la automatización de tareas repetidas–, llegará un momento en que la humanidad podría pasar a ser artificial de manera definitiva. 

Así es como las ficciones futuristas, lejos de constituir meras imágenes ilusorias, constituyen una posibilidad. E, incluso, para muchos humanos, una chance deseable. La vieja discusión en torno a los Apocalípticos e Integrados de Umberto Eco parece reeditarse una vez más.

En 2045, según Ray Kurzweil, referente de Sillicon Valley y del transhumanismo, sucederá un proceso denominado “Singularidad tecnológica”: un punto de inflexión para la inteligencia artificial, en donde podría producirse de manera definitiva este salto tecnológico y las computadoras superarán en complejidad a las personas. A partir de aquí, si los humanos se integrasen de manera definitiva a las máquinas, sobrevendrían algunos interrogantes más. 

Por caso: ¿quiénes podrían y quiénes no acceder a esa condición posthumana? ¿La brecha tecnológica podría incrementar aún más la brecha económica? Los humanos que no se integren a las máquinas: ¿deberían obedecerlas? 

Si bien la intención es ir hacia un futuro mejor, ¿hay alguna certeza al respecto? En definitiva: ¿qué asegura que las máquinas que los humanos crean no se volverán contra los propios humanos? Las mismas preguntas de hace décadas que se realizan en un mundo cada vez más aterrador. 

Imagen de portada: Gentileza de Página 12.

FUENTE RESPONSABLE: Página 12. Por Pablo Esteban. 3 de octubre 2022.

Sociedad y Cultura/Transhumanismo/Biología/Tecnología/Ética.

Inteligencia Artificial: el lado oscuro de esta tecnología.

Los sistemas de inteligencia artificial de generación de imágenes están en auge y son una tecnología con el potencial de cambiar el mundo. Pero primero será necesario un debate ético y muchas más investigaciones.

Durante los últimos años se lograron enormes avances en inteligencia artificial y se revelaron muchos aspectos que merecen un debate ético sobre la dirección que debe tomar esta tecnología para incorporarla en la sociedad con armonía.

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Muchas compañías se encuentran desarrollando y explorando la inteligencia artificial ya que podría cambiar radicalmente la sociedad. Desde nuestros hábitos y rutinas hasta nuestro trabajo y educación.

Uno de los grandes avances que se conoció este año sobre inteligencia artificial fue por parte de OpenAI. Esta empresa de investigación de inteligencia artificial presentó meses atrás su nueva red neuronal de creación de imágenes llamada DALL.E 2. Esta IA puede crear sorprendentes imágenes de alta resolución de cualquier cosa que se le pida y en distintos estilos. Por ejemplo, «un plato de sopa como un portal a otra dimensión en arte digital»:

Otro sistema de inteligencia artificial que trascendió poco tiempo después fue ‘Imagen‘ la IA de creación de imágenes desarrollada por Google y que funciona mejor que DALL.E 2. Estos sistemas solo necesitan la descripción de la imagen que el usuario quiere y la máquina se encargará de generarla. Por ejemplo, si a la IA de Google le pedimos que genere una imagen de «un gran barco oxidado atrapado en un lago congelado. Montañas nevadas y hermosa puesta de sol en el fondo», el sistema generará esto:

FOTO: IMAGEN, SISTEMA DE IA DE GOOGLE

Meta también se encuentra en la carrera de la inteligencia artificial con su sistema llamado «Make-A-Scene» que incluso resuelve problemas de usabilidad de los anteriores ya que también se necesita bocetar la idea, además de describirla. Al dibujar sencillamente la idea que tenemos en mente le estamos dando más información al sistema sobre el espacio y las dimensiones que queremos que ocupen los objetos representados en la imagen. Por ejemplo, si a la IA de Meta le describimos «un boceto de una mesa de comedor con pizza y agua con una casa art deco» y luego hacemos un boceto como se ve a la izquierda de la imagen, se generará esto:

Florece una nueva industria

«¡Estamos viviendo la carrera espacial de la IA!», comentó un usuario de Twitter. «La industria de imágenes de archivo está oficialmente acabada», se lee en otro tuit.

Si la década de los ’60 estuvo marcada por la carrera espacial a la Luna en cuanto a ciencia y tecnología, culminando con el el alunizaje en 1969 y que ofreció todo un nuevo paradigma en la sociedad, ahora podríamos decir que la carrera científica y tecnológica del momento histórico que estamos viviendo se centra en la inteligencia artificial.

Esta herramienta tiene el potencial de cambiar muchos aspectos de la vida como los conocemos hoy en día. No solo la industria de imágenes de archivo como comentó un usuario de Twitter. Sino que también podría modificar la publicidad, el marketing, el diseño gráfico, el arte, así como también nuestros hábitos y rutinas y tantos otros trabajos.

Imaginen lo fácil que sería para un publicista usar una inteligencia artificial de generación de imágenes para plasmar su idea como él se la imagina, o para un músico crear la tapa de su próximo álbum, o para un escritor crear ilustraciones para su libro con solo describir lo que tiene en mente y dibujarlo.

Sin embargo, todas las empresas que están en esta «carrera de la IA», presentan las creaciones de sus sistemas con animales tiernos haciendo cosas adorables. Como la siguiente creación de Imagen de Google.

«UNA FOTO DE UN PERRO CORGI CON LENTES DE SOL Y SOMBRERO DE PLAYA ANDANDO EN TIMES SQUARE».

O la siguiente ilustración de DALL.E 2:

«OSITOS DE PELUCHE MEZCLANDO QUÍMICOS COMO CIENTÍFICOS LOCOS COMO UNA CARICATURA DE 1990 DE LOS DOMINGOS POR LA MAÑANA»

Esto nos lleva a preguntar si estos sistemas de inteligencia artificial solo pueden generar cosas tiernas, adorables y sorprendentes, o si también son capaces de generar cosas no éticas, racistas y xenófobas. Si la inteligencia artificial se alimenta de lo que hasta ahora conoce la inteligencia humana, ¿no debería almacenar en su mente-sistema tanto lo bueno como lo malo de nuestra especie? Dejemos aquí de lado el debate sobre si la inteligencia artificial superará en algún momento a la humana.

El lado B de los sistemas de inteligencia artificial.

Un reciente artículo del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) revela que existe una razón técnica y de relaciones públicas para que solo veamos «cosas lindas» de estos sistemas de inteligencia artificial. Mostrar imágenes de animales tiernos con características antropomórficas y haciendo cosas de humanos, causa un impacto positivo en nuestra red neuronal.

«Lo tierno esconde el lado más oscuro de estas herramientas, una parte que la gente no llega a ver, porque revelaría la fea verdad sobre cómo se crean», mencionan en el artículo del MIT.

Desde esta prestigiosa universidad explican que la mayoría de imágenes que estas empresas hacen públicas son cuidadosamente seleccionadas. «Las imágenes bonitas que coinciden con sus indicaciones con una precisión asombrosa que llegan al público, son de esperar. Pero no se ven imágenes con estereotipos de odio, racismo o misoginia. No hay imágenes violentas o sexistas. No hay porno panda. Y por lo que sabemos sobre cómo se construyen estas herramientas, debería haberlas», comentan.

Los grandes modelos de inteligencia artificial como DALL.E 2 (OpenAI), Imagen (Google) y Make-A-Scene (Meta), son entrenados con una gran cantidad de documentos y fotos de la web. Por lo tanto, absorben tanto los mejores como los peores aspectos de estos datos. 

Estas empresas lo reconocen explícitamente pero pocas personas se detienen a leer el funcionamiento de la IA. Al final del sitio web de Imagen se lee lo siguiente: «Aunque se ha filtrado un subconjunto de nuestros datos de entrenamiento para eliminar ruido y contenido indeseable, como imágenes pornográficas y lenguaje tóxico, también utilizamos el conjunto de datos LAION-400M que se sabe que contiene una amplia variedad de contenido inapropiado, incluidas imágenes pornográficas, insultos racistas y estereotipos sociales dañinos. Imagen se basa en codificadores de texto entrenados en datos a escala web no filtrados y, por lo tanto, hereda sesgos sociales y limitaciones de los grandes modelos de lenguaje. Como tal, existe el riesgo de que Imagen haya codificado estereotipos y representaciones dañinas, lo que explica nuestra decisión de no lanzar Imagen para uso público sin más salvaguardas».

OpenAI también reconoce que «los modelos entrenados en internet tienen sesgos a escala de internet». Estas empresas saben que sus modelos de inteligencia artificial son capaces de producir contenido horrible, pero por el momento no tienen ni idea cómo arreglarlo, o si sería posible arreglar esto.

Por ahora, la solución a este problema es no hacer públicos estos sistema de inteligencia artificial. «Están creando nuevas maravillas, pero también nuevos horrores, y siguen adelante encogiéndose de hombros. Cuando el equipo de ética interno de Google planteó problemas con grandes modelos de lenguaje, en 2020 provocó un debate que terminó con el despido de dos de sus principales investigadoras», comentó el MIT.

Los grandes sistemas de inteligencia artificial tienen el potencial de cambiar el mundo, pero es necesario controlar su toxicidad, debatir los usos morales y éticos de esta tecnología y realizar muchas más investigaciones en el campo de la IA.

Imagen de portada: Gentileza de mdz on line.

FUENTE RESPONSABLE: mdz on line. Argentina. Por Nicolás Hornos. 27 de julio 2022.

Inteligencia Artificial/DALL E2/Imagen/MAKE-A-SCENE/Ética

Robots humanoides con piel artificial y los cinco sentidos.

Un grupo de científicos desarrolla una piel con sensores para dotar un brazo robótico de sentido del tacto. Las máquinas ya son capaces de ver, oír, oler y poco a poco toman un mayor número de decisiones ellas solas. ¿Nos acercamos al momento de la Singularidad cuando los robots serán conscientes?

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En el mundo imaginario que presenta el escritor Ian McEwan en su novela «Máquinas como yo», el científico Alan Turing no se ha suicidado y ha seguido trabajando en inteligencia artificial. Así en Londres en los años 80 ya es posible comprar los primeros humanos sintéticos, unos Adanes y Evas creados para ayudar en casa. En el texto se plantea cómo será la interacción entre humanos y robots o la posibilidad de que las máquinas desarrollen sentimientos, además de capacidades superiores a las personas.

Hace unos días, se publicaba una noticia que recuerda un poco la tesis del inicial del libro de McEwan. Un grupo de científicos del Instituto Tecnológico de California han desarrollado una piel artificial para robots humanoides. 

Está fabricada con hidrogel y cuenta con unos sensores que otorgan a los robots una especie de sentido del tacto. De esta forma pueden detectar la temperatura o rugosidad de los objetos. La colocación de otro sensor en el cuerpo humano permite a cualquier persona controlar al robot a través del movimiento. 

«En la robótica actual se buscan dos cosas: que los robots interaccionen con el entorno y con otros seres humanos. Otorgar a las máquinas de sentido del tacto posibilita nuevas aplicaciones. Por ejemplo, en medicina puede servir para que un catéter tenga sensibilidad en el extremo final. Así el médico que ópera a través de ese robot puede entender cómo es al tacto lo que está tocando la máquina. En cierta forma, los robots tendrían consciencia del entorno», explica María Guix Noguera, investigadora del Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC).

La literatura está llena de futuribles sobre las máquinas, desde Asimov al Frankenstein de Shelley se plantea el dilema moral de la vida artificial y sus implicaciones sociales. Pero, ¿en qué punto se encuentra el desarrollo de los robots y de la inteligencia artificial? «Uno de los grandes ejes de investigación en robótica es la interacción del robot con el exterior… lo que en los humanos se produce a través de los sentidos. 

Otra gran línea de investigación es la inteligencia artificial, es decir de desarrollar sistemas que procesan múltiple información y pueden aprender a tomar decisiones. Una tercera gran línea de I+D sería la llamada bio robótica que está centrada en desarrollar robots basados en elementos biológicos. En este sentido, estamos lejos de que haya humanoides, pero ya hay robots que son capaces de nadar o de moverse. Son mitad mecánicos, mitad biológicos», explica Josep Samitier, catedrático del departamento de Ingeniería Electrónica y Biomédica de la Universidad de Barcelona y director del IBEC.

La integración de los cinco sentidos abre la puerta a múltiples usos de los robots. Si se les incorpora cámaras infrarrojas pueden ayudar en labores de salvamento. Si cuentan con sentido del olfato artificial pueden detectar explosivos o contaminantes y si tienen sentido del tacto podrían usarse para labores asistenciales… 

Sabrían, por ejemplo, cuánta fuerza necesitan para dar un vaso de agua a un paciente con movilidad reducida. Una vez conseguidos los sentidos, y de forma paralela, se está dotando a las máquinas de capacidad para decidir. Es lo que se denomina inteligencia artificial. «Cuando se dota al sistema de capacidad de evolucionar, de aprender. No le dices exactamente lo que tiene que hacer» dice Samitier.

«El camino de la automatización a nivel industrial empezó por sustituir la mano del hombre en labores que son repetitivas o pesadas, por ejemplo, recoger limones. Luego han ido demandando aplicaciones de visión artificial.

En el caso de los limones, no solamente se trata de cogerlos, sino también de seleccionar los que son válidos para la venta. Ahora se está introduciendo la capacidad de decisión. Es lo que se conoce como Deep Learning; a base de entrenamiento, la máquina aprende. 

Si además utilizas los datos en un sistema de Big Data estamos dotando a los robots de capacidad para dar avisos y hacer predicciones con un porcentaje muy alto de acierto. En el campo medioambiental estas capacidades tienen muchas aplicaciones. Por ejemplo, en un cultivo de cítricos puedes tener un robot que selecciona las naranjas; detecta las que tienen defectos y las descarta. 

Si todos estos datos (cuántas naranjas defectuosas se encuentran; por qué están así; si hay algún tipo de plaga; dónde se ha recogido la fruta) se introducen en un sistema de Big Data puedes hacer predicciones para el año siguiente y maximizar la producción, sabiendo detalles como las plagas a las que debes estar atento», explica Alberto Pradas, ingeniero de Ventas de Automatización en la empresa especializada en robótica industrial EDS Robotics.

Singularidad

Nuestra vida ya se desarrolla a medio camino de la integración con las máquinas. De hecho, si miramos alguna de las pantallas que tenemos delante nos daremos cuenta de que parte de nuestra memoria y conocimiento ya está volcado en algún dispositivo digital. 

Desde coches autónomos a sistemas de reconocimiento visual OCR que registran la matrícula de cualquier coche cuando entra o sale de un parking a navegadores que sugieren noticias; autómatas que ya trabajan en restaurantes como camareros; que terminan grandes sinfonías inacabadas (la de Schubert sin ir más lejos); programas que escriben crónicas de partidos de fútbol o que nos ayudan con la traducción de otros idiomas, y avatares que dan grandes conciertos (como Hatsune Miku) o con los que es posible contraer matrimonio. 

Es el caso de Gatebox, una empresa japonesa que ofrece esposas holograma para una población en la que uno de cada cuatro varones llega soltero a los 50 años de edad. Y aquí una sorprendente noticia. Un japonés de 36 años se convirtió hace un par de años en el primer viudo digital y es que su holograma mujer desapareció un día debido a una actualización de software. Incluso ya hay personas que cuentan con implantes que funcionan con wifi o con exoesqueletos que amplían sus capacidades físicas.

Sin embargo, los entusiastas de la inteligencia artificial sueñan con el momento en el que los robots serán superiores y más listos que las personas.

Un momento que no está tan lejos, dicen, teniendo en cuenta el crecimiento exponencial de la capacidad computacional. Si esta ha sido más o menos estable desde los 80 hasta 2005, desde entonces se ha disparado. Y en las próximas décadas al crecimiento de la computación se unirá la realidad virtual, los sensores, la realidad aumentada y la IA. 

Para 2025, se espera que el 66% de las población mundial tendrá acceso a internet, esto son 5.000 millones de personas. Y para 2100 habrá unos 8.000 millones de cerebros conectados a la red. Además, ya en 2030 se espera que unos 500.000 millones de aparatos y sensores, no sólo externos sino también implantados en el cuerpo, se conecten a la nube.

Si se entiende inteligencia como la resolución de problemas a partir de información, la artificial podría ser conceptualmente igual a la humana en un futuro. Sin embargo, no hay que olvidar que el cerebro humano cuenta con 80.000 millones de neuronas; cada una con miles de conexiones. De momento, los ordenadores no tienen tanta capacidad de computación, usan menos unidades de información (memoria) porque se centran en resolver problemas concretos. 

Sin embargo, los neurocientíficos creen que si la tecnología avanza y se consigue que un ordenador cuente con 80.000 millones de unidades que reproduzcan la actividad sináptica, podría conseguirse algo parecido a un cerebro humano. Gurús de la singularidad como Ray Kurzweil, director de ingeniería de Google, pronostican que esto sucederá sobre 2045. Entonces la IA habrá superado en capacidades al hombre y podrá tomar sus propias decisiones.

En ese momento podría aparecer la «consciencia» en las máquinas. Los neurocientíficos, a día de hoy, no saben qué es lo que hizo aparecer la consciencia en el ser humano, pero creen que puede tener que ver con que una gran cantidad de neuronas se activaron en un momento determinado, produciendo una sensación subjetiva en algún sitio. Más o menos, el 90% de los científicos que estudian el funcionamiento del cerebro consideran que la consciencia va a remolque de la actividad neuronal. Si esta se reproduce de forma artificial, los ordenadores podrían llegar a tener consciencia de sí mismos.

¿Y entonces qué pasará? Científicos como Stephen Hawking alertan de que cuando esto suceda si los objetivos de humanos y robots son diferentes, tendremos un problema como especie…

Seres inmortales gracias a los avatares

El sueño de la inmortalidad acompaña al hombre desde que está sobre la faz de la tierra. Y una de las opciones que propone la ciencia moderna es no morir gracias a los avatares. 

Es lo que ofrecen empresas como Eterni.me, que propone crear una copia avatar de quien fallece para que sus seres queridos puedan seguir hablando con la persona una vez desaparecida. De hecho, cuenta la crónica social que el rapero Kanye West le regaló a su mujer, la modelo Kim Kardashian, un holograma de su padre muerto en el que pronunciaba unas palabras de despedida que la realidad nunca se produjeron.

Imagen de portada: Sophia es la robot humanoide más famosa del mundo. Puede contestar preguntas al tiempo que aprende y tiene registradas diferentes expresiones faciales FOTO: DREAMSTIME

FUENTE RESPONSABLE: La Razón. España. Por Eva Martínez Rull. 24 de junio 2022.

Sociedad y Cultura/Robots humanoides/Inteligencia Artificial/Ética

«Nos hemos obsesionado con una idea de innovación que no solo está equivocada, sino que también es peligrosa».

Dan Breznitz es codirector del Laboratorio de Políticas de Innovación de la Universidad de Toronto.

Aunque comúnmente se asocia la innovación con ese «momento eureka» de genialidad, Dan Breznitz ve las cosas de otra manera.

Para el académico y codirector del Laboratorio de Políticas de Innovación de la Universidad de Toronto, la innovación, entendida como la creación de un gran invento tecnológico, tiene poco que ver con las verdaderas fuerzas innovadoras que mueven la economía global.

Por eso, dice, no vale la pena tratar de copiar el modelo de Silicon Valley en otras partes del mundo.

Miembro del Instituto Canadiense de Investigación Avanzada, Breznitz explica cuál es su concepto de innovación y qué pueden hacer las regiones y ciudades que buscan potenciar su desarrollo.

En su libro «Innovación en lugares reales, estrategias para la prosperidad en un mundo implacable», el investigador aborda el tema de cómo crear una estrategia de innovación que beneficie a la mayor cantidad de personas y que no solo llene las cuentas bancarias de multimillonarios y capitalistas de riesgo.

Sobre esta y otras cuestiones conversamos en BBC Mundo con Dan Breznitz.

Línea

En su libro plantea que existe una especie de tecnofetichismo que ha convertido a las start-up en el símbolo de la innovación, una visión que usted no comparte. ¿Qué es exactamente para usted la innovación y cuál es el mayor mito en torno a este concepto?

Últimamente nos hemos obsesionado con una idea de innovación que no solo está equivocada, sino que también es peligrosa. Uno de los mayores mitos es creer que la innovación es invención.

La innovación no es invención. Ni siquiera se refiere a la creación de prototipos. La innovación es la actualización de ideas en todos los niveles de la producción de bienes y servicios.

Incluye los cambios y las mejoras a una idea inicial, las distintas maneras de producción o la forma de vender un producto o un servicio. Estos procesos son muy importantes para el crecimiento económico y el bienestar de las personas.

¿Cómo ocurre la innovación en la práctica?

Le puedo dar dos ejemplos. Hemos inventado las vacunas ARNm contra la covid-19, pero su efecto será limitado si no somos capaces de innovar en todo el sistema de redes de producción.

Si lo logramos, no solo tendremos mejores vacunas, sino también una producción de miles de millones.

Luego viene el desafío de innovar en cómo las distribuimos, y así continúa la cadena, hasta llegar a un punto en que podemos responder a las necesidades de más personas.

Persona con computador

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Otro ejemplo es que sin innovaciones reales, los teléfonos inteligentes aún serían cajas de madera con cables pegadas a la pared.

Las olas de innovación cambian las cosas para mejor, pero eso no se produce en el momento mismo de la invención, se produce durante un proceso de continua actualización de la idea original.

Incluso desde un punto de vista filosófico, tener una idea, hacerla realidad y cambiar la realidad es lo que nos hace humanos.

¿Qué otros mitos existen en torno a la innovación?

En el largo plazo es mucho más importante entender la innovación como un proceso constante para mejorar algo, en vez de una invención en sí misma.

El primer mito es creer que la innovación es algo deslumbrante. En realidad, la innovación no es algo que aparece en los periódicos.

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FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

El segundo es creer que la innovación de primera etapa; es decir, cuando la start-up crea un producto nuevo, traerá prosperidad a la comunidad donde se encuentra la empresa, generando nuevas industrias y nuevos trabajos.

Eso no es así. Como ahora la globalización ha fragmentado la innovación, lo único que ocurre en Silicon Valley, o en centros como ese, es que apenas se termina el diseño del producto, este es enviado a otra parte para su fabricación.

Eso significa que todos los efectos secundarios positivos se trasladan a otro lugar.

Si crearas un Silicon Valley en Bogotá, por ejemplo, los únicos empleos que generarían serían trabajos para los especialistas top en investigación y desarrollo, para los encargados de marketing y finanzas, y quizás un par de empleos para dos o tres chef de celebridades y masajistas.

Señal de Silicon Valley

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Ellos van a ganar salarios fabulosos y muchos tendrán la opción de comprar acciones —que son boletos de lotería—, pero la mayor parte de la gente que vive en la zona no verá muchos beneficios.

Al contrario, se darán cuenta que las cosas que quieren comprar y las casas del sector ahora son tan costosas que están fuera de su alcance.

Así ocurrió en San Francisco. El problema es que terminamos creando multimillonarios en vez de crear bienestar para toda la comunidad.

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Por eso no hay que copiar el modelo de Silicon Valley, porque no busca producir nuevas tecnologías para cambiar el mundo.

Lo que busca es producir beneficios financieros en Wall Street, a través de una apertura a bolsa de la start-up o simplemente porque alguien compra la firma.

Y volvemos a la misma pregunta: ¿qué pasa con esas ganancias?

Generaste una gran cantidad de dinero, que queda en manos de un 5% de la población.

¿Qué otros modelos de crecimiento basados en la innovación existen?

Hay otros modelos que incluyen el crecimiento y la prosperidad de la comunidad local.

He visto ideas que se desarrollan en Silicon Valley pero que se llevan a la práctica en lugares como Taiwán, Israel, Corea del Sur, Estados Unidos o China.

Design thiking

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O ideas que se desarrollan en Corea, como pantallas táctiles o memorias, y luego se fabrican en China.

Otro ejemplo son las innovaciones en Taipei en el área de los semiconductores.

¿Cómo lo lograron en Taipei?

En Taipei, Taiwán, lo han hecho magníficamente. Ellos entendieron que la industria de los semiconductores sería muy importante.

Querían ser innovadores y rápidamente se dieron cuenta de que tenían al menos dos alternativas: o convertirse en Silicon Valley y competir con Japón y Corea del Sur —creando gigantescas empresas como Samsung—, o desarrollar sus propias fortalezas.

Semiconductor.

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Taipei se especializó en innovar en la industria de los semiconductores.

Decidieron que su fortaleza estaría en la producción de semiconductores. Y luego crearon un sistema que les permitiría llegar a esa meta.

Esos son dos caminos distintos: Silicon Valley y Taipei.

Otro ejemplo de innovación es el mercado de los zapatos de mujer de lujo desarrollado en una región llamada Riviera del Brenta, en Italia.

Ahí los empresarios locales decidieron que su fortaleza no sería fabricar millones de zapatillas Nike, sino producir zapatos para Prada o Gucci. Se especializaron.

Por eso ahora, si tienes un diseño y quieres que te hagan ese tipo de zapatos, ese es el lugar donde tu diseño se convertirá en realidad.

Lo que hicieron en esa región italiana fue descubrir cómo insertarse en la industria global.

Gates y Jobs

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Bill Gates y el fallecido Steve Jobs son dos de los rostros más conocidos de Silicon Valley

¿Cuáles son las mejores estrategias para convertirse en una ciudad o una región innovadora?

Yo lo pondría de otra manera. Si yo soy de Guadalajara o Bogotá, en vez de preguntarme cuál es la mejor manera de innovar, me lo plantearía de otra manera.

Me preguntaría: ¿cómo queremos que nuestra ciudad se vea en 10 o 15 años? Y me fijaría en cuál de las diferentes fases de innovación encajan nuestros planes.

Puerto

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Las mayores empresas del mundo han comenzado a buscar nuevos proveedores innovadores en todas las etapas de producción.

Lo primero es construir un mapa sobre qué significa ser innovador y exitoso. Definir a dónde quieres llegar, qué es lo mejor para tu ciudad o para tu región.

Lo segundo es determinar cuáles son las fortalezas de tu comunidad y cuáles son las capacidades viables de desarrollar.

En el fondo, lo más importante es plantearse por qué estamos haciendo esto.

Con la pandemia han cambiado muchas cosas. Una de ellas es el funcionamiento tradicional de las cadenas de suministro a nivel global; es decir, la manera de producir las cosas. ¿Piensa usted que se están abriendo oportunidades para innovar en ese contexto?

Absolutamente. El mundo está cambiando y eso está abriendo muchas oportunidades para países que de otra manera tendrían más dificultades para insertarse en la red de producción global.

Las mayores empresas del mundo han comenzado a buscar nuevos proveedores innovadores en todas las etapas de producción.

Es que estamos avanzando hacia redes de producción regionales y, por eso, los lugares que descubran esas oportunidades rápidamente y que descubran en qué industrias y en qué parte del proceso pueden insertarse tendrán grandes oportunidades.

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest – Silicon Valley

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo por Cecilia Barria

Ciencia/Innovación de tecnologías/Informatica/Impacto/Sociedad

La polémica empresa que quiere jugar a ser Jurassic Park, pero con mamuts lanudos.

La empresa quiere crear mamuts lanudos en seis años, aunque reconocen que es un plazo optimista.

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Jurassic Park ya nos advirtió de los peligros de revivir especies extintas. Sin embargo, una empresa, Colossal Laboratories & Biosciences, quiere crear un híbrido de mamut lanudo y elefante asiático. Esto plantea muchas incógnitas, desde cómo puede hacerse hasta si es ético dar vida a estos futuros embriones. La desextinción de los animales podría estar más cerca de lo que pensamos, ¿o no?

Pero comencemos por el principio de esta historia. Hace apenas unos días, Colossal Laboratories & Biosciences anunciaba su peculiar idea de crear un «elefante resistente al frío con todos los rasgos biológicos fundamentales del mamut lanudo». Los investigadores apuntan, entre otras cosas, que puede ayudar a avanzar en la ingeniería genética, según recoge The Washington Post.

El proceso para crear un mamut

La empresa tiene claro cómo va a ser el proceso para crear un primer mamut; después, probablemente, vendrán más. El proceso implica editar el ADN del elefante asiático insertando rasgos del mamut lanudo. Después se procederá a crear, de manera similar a como se hizo con la oveja Dolly, un embrión híbrido de mamut lanudo y elefante asiático. En realidad, el resultado final no será exactamente un mamut lanudo; pero se le parecerá bastante.

Colossal Laboratories & Biosciences ha recibido una inversión de 15 millones de dólares

Tras crear el embrión, está previsto que se implante en un elefante africano. El embarazo, si llega a buen puerto, durará unos dos años. Y, después, tendremos lo más parecido a un mamut lanudo que hemos visto en miles de años. No olvidemos que estos mamíferos se extinguieron en Europa hace unos 12.000 años.

El proceso parece sencillo; pero no lo será. Para todo este proyecto, Colossal Laboratories & Biosciences ha recibido una inversión de 15 millones de dólares (alrededor de 12,75 millones de euros). Pero ¿cuándo veremos al mamut? En principio, la empresa quiere tener una primera cría dentro de seis años, aunque reconocen que es un plazo un poco optimista.

¿Es ético?

La idea de Colossal Laboratories & Biosciences no es quedarse en el mamut lanudo; pretender dar vida, como si del doctor Frankenstein se tratase, a una (larga) lista de animales extintos con la idea de mantener ecosistemas que podrían desaparecer con el cambio climático. Sin embargo, una cosa es lo que esta empresa pretenda y, otra muy distinta, lo que pueda conseguir añadiendo animales extintos a ecosistemas actuales. Y aquí es donde la opinión de los expertos en ética es tan importante.

Para que haya un verdadero impacto medioambiental sería necesaria una gran manada de mamuts lanudos, según señala en The Washington Post Christopher Preston, profesor de ética y filosofía del medioambiente en la Universidad de Montana. Y es que hay otras formas de conservación que ya han sido probadas y que necesitan financiación: «Deberíamos asegurarnos de que estos reciben suficientes recursos, en lugar de desviar la atención por la distracción de un proyecto como la desextinción», indicó el profesor. «Me resulta muy difícil pensar que la idea de poder desextinguir un mamut lanudo sea una solución tecnológica para cualquier cosa que necesite solución en el próximo siglo».

Desarrollo científico vs. ética

Por su parte, Paul Thompson, titular de la Cátedra W.K. Kellogg de Ética Agrícola, Alimentaria y Comunitaria de la Universidad del Estado de Michigan; señaló a The Washington Post que investigaciones como está pueden ayudar a desarrollar y hacer avanzar la ciencia. Sin embargo, esta idea de crear mamuts lanudos también parece frívola.

Por tanto, parece que en este caso crear un mamut podría ayudar al avance científico. Sin embargo, dejar que los embriones crezcan quizás no es la mejor de las opciones. Un análisis bioético más profundo quizás sería necesario para terminar de tomar una decisión.

En definitiva, conseguir un híbrido de mamut lanudo y elefante asiático puede ayudar a desarrollar la ingeniería genética y hacer que demos pasos hacia adelante en este campo de la ciencia. Sin embargo, todavía queda afinar el por qué hacerlo. Parece que para mantener ecosistemas y evitar el cambio climático un par de mamuts no son suficientes. Solo el tiempo dirá en qué queda la idea de esta empresa. Por el momento, todavía queda mucha investigación que hacer por su parte antes de tomar la decisión de si seguir adelante con los embriones que consigan crear o no. Pero no dejemos caer en el olvido lo que sucedió con los dinosaurios de cierta película.

Imagen de portada: Gentileza HIPERTEXTUAL

FUENTE: HIPERTEXTUAL/Ciencia/Ética/Genética.