La vida cotidiana de los constructores de las tumbas de los faraones en Deir-El Medina.

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Entre 1948 y 1950, el arqueólogo francés Bernard Bruyère descubrió el depósito más grande de óstracos (fragmentos de piedra caliza y cerámica en los que se podía escribir y dibujar) en Deir el-Medina, el poblado de los constructores de las tumbas del Valle de los Reyes. 

Allí, en un antiguo pozo, Bruyère exhumó miles de estos fragmentos en los que los habitantes de Deir el-Medina garabatearon sus mensajes. Unos mensajes que, sin que ellos lo pretendiesen, habían traspasado la barrera del tiempo y llegado hasta nuestros días.

Excavaciones posteriores han ido sacando a la luz miles y miles de óstracos en Deir el-Medina, lo que finalmente, y junto con el gran número de papiros descubiertos en el yacimiento, ha conformado uno de los registros de información más completos sobre cómo vivieron los obreros de la necrópolis real instalados en este oculto asentamiento en la montaña tebana fundado por Tutmosis I, faraón de la dinastía XVIII.}

DEIR EL-MEDINA, UN POBLADO BULLICIOSO

Los óstracos de Deir el-Medina conforman un conjunto de material de lo más variopinto. En estos fragmentos de piedra y cerámica, usados como nuestro papel, aquellas personas escribieron cartas, recibos, registros de trabajo, demandas judiciales y otras cosas más prosaicas como listas de la lavandería o conjuros mágicos. Todo ello ha permitido a los investigadores componer un fascinante fresco de la vida en Deir el-Medina hace más de tres mil años. 

Así, gracias a todos estos elementos sabemos que el modo de vida de los artesanos reales en esta floreciente aldea no era tan incómodo como podríamos pensar. 

De hecho, estos hombres no eran esclavos, sino artesanos altamente cualificados. Cada familia disponía de una casa (en todo el poblado había unas 70) de adobe, con techos planos hechos con vigas de madera y cáñamo. Algunas familias eran numerosas; conocemos casos de familias hasta con 15 hijos. 

Pero, en contra de lo que pueda parecer, sus necesidades estaban totalmente cubiertas e incluso había lavanderas y muchachas que se encargaban de moler el grano para facilitar la vida de los pobladores.

Óstraco que representa al dios cocodrilo Sobek. Deir el-Medina. MET, Nueva York. Foto: PD

Mientras sus maridos trabajaban en la necrópolis real, con total secretismo, las esposas de los artesanos se ocupaban de sus hijos, elaboraban pan y tejían su ropa. Pero además, estas mujeres eran dueñas de sus bienes y de hasta un tercio de los bienes matrimoniales. Asimismo, los trabajadores de Deir el-Medina tenían derecho a construirse sus propias tumbas, en una necrópolis situada junto al poblado, algunas de ellas, como la del artesano Sennedjem, o la de el arquitecto Kha, bellamente decoradas.

El poblado contaba también con dos capataces y un escriba, acompañados de un equipo de ayudantes. Como intermediarios entre el faraón y los habitantes, estos oficiales se ocupaban de los juicios que, inevitablemente, tenían lugar en Deir el-Medina, la mayoría por conflictos entre vecinos. Todos ellos rendían cuentas al visir.

TRABAJO SECRETO

A causa de su trabajo en la necrópolis, los obreros de las tumbas reales debían pasar varios días seguidos fuera del poblado. De hecho, dejaban su casa, salían por la única puerta que se abría en la muralla que rodeaba el asentamiento (custodiada por «policías«) y se dirigían al Valle de los Reyes.

Allí, el escriba del poblado anotaba la llegada de cada trabajador a su lugar de trabajo en el interior de la tumba, un espacio oscuro donde no alcanzaba la luz del Sol. Para iluminarlo y poder realizar su tarea con garantías, los obreros y artesanos usaban piezas de lino retorcidas, untadas con aceite o grasa, y las colocaban en un pábilo con sal (la sal minimizaba la presencia de humo). Así, ardían con brillantez e iluminaban el interior.

Óstraco procedente de Deir el-Medina que representa a una reina tocando un sistro. MET, Nueva York. Foto: PD

Se trabajaba en dos turnos de 4 horas al día y los obreros (canteros, yeseros, dibujantes, escultores), divididos en dos equipos de trabajo (llamados «el de la izquierda» y «el de la derecha»), vivían en chozas de piedra durante los ocho días que duraba la jornada laboral. Después, podían volver dos días a su casa para descansar. 

Aunque muchas veces los trabajadores ponían excusas para no acudir a su lugar de trabajo, como muestran algunos de los óstracos descubiertos. En realidad, algunas de estas excusas eran bastante habituales, como alegar problemas oculares o que debían elaborar cerveza para su familia. Otras eran francamente originales, como la del artesano Hechnekhu, que dijo no poder ir a trabajar porque estaba ¡embalsamando a su madre!

DEIR EL-MEDINA EN HUELGA

Como hemos visto, la vida en Deir el-Medina era relativamente cómoda, y los trabajadores estaban bastante bien pagados. Recibían raciones de trigo, escandia y cebada con las que elaboraban sus propios pan y cerveza (un alimento básico en la dieta egipcia). A veces también recibían alguna bonificación especial: aceite de sésamo, bloques de sal e incluso carne de buey.

Pero los pagos no se hacían siempre con la puntualidad deseada. En ocasiones existían retrasos en la distribución de las provisiones, lo que ocasionaba malestar entre los trabajadores, que a menudo se quejaban también de las condiciones de trabajo. 

Ha llegado hasta nosotros la queja de un dibujante a un superior: «Para ti soy como el mulo. Si hay trabajo, traes al mulo. Si hay algo de cerveza no me buscas, pero si hay trabajo sí que me buscas. Soy un hombre que no tiene cerveza en su casa. Intento llenar mi estómago escribiéndote».

Mujer amamantando a su hijo. Óstraco de Deir el-Medina. Museo Británico, Londres.

Mujer amamantando a su hijo. Óstraco de Deir el-Medina. Museo Británico, Londres. Foto: britishmuseum (CC BY-SA 4.0)

Pero si las cosas se ponían feas, aún podía ser peor. Sabemos de una ocasión en la que los trabajadores de Deir el-Medina hicieron algo que nos puede sonar absolutamente actual: se declararon en huelga. 

En efecto, el 14 de noviembre de 1165 a.C., durante el reinado de Ramsés III, los obreros del poblado arrojaron con furia sus herramientas al suelo y abandonaron su lugar de trabajo como protesta frente al retraso en el reparto de las provisiones.

«Es debido al hambre y la sed que hemos venido aquí. No hay ropas, ni grasa, ni pescado, ni verduras. Comunica al faraón nuestro buen señor todo esto, y comunícalo al visir, nuestro superior, para que pueda proveer por todo ello», trasladaron los trabajadores al escriba del poblado, Amenennaht. 

Finalmente, las quejas surtieron efecto y los enfadados trabajadores recibieron el pago debido, con lo que regresaron a sus puestos de trabajo.

ROBOS Y CORRUPCIÓN

Los óstracos y papiros también dan cuenta de las historias personales de los trabajadores de Deir el-Medina y sus familias. 

Conocemos algunos casos de adulterio, un padre que le dice a su hija que si su marido la repudia podrá volver a su casa cuando quiera, incluso han llegado hasta nosotros algunos ejemplos de poesía amorosa o incluso escenas eróticas o satíricas dibujadas. Asimismo, como ya se ha apuntado, conocemos el desarrollo de algunos procesos judiciales y también de casos de corrupción (uno de ellos implicó al alcalde de Tebas) o abusos de poder. 

De hecho, a finales del Reino Nuevo hubo casos flagrantes de robos de tumbas, y algunos de los artesanos de Deir el-Medina fueron acusados de tan grave delito. Hubo quien, sin embargo, fue absuelto, como fue el caso del pintor Amenua, acusado de desvalijar la tumba de Ramsés III.

Interior de la tumba de Ramsés III en el Valle de los Reyes.Foto: iStock

Los últimos años de Deir el-Medina fueron de una absoluta decadencia. Los constantes saqueos de tumbas reales por parte de grupos organizados de ladrones a finales del Reino Nuevo marcaron el final del poblado de los constructores de tumbas. 

El Valle se convirtió en un lugar sumamente inseguro, y muchas familias abandonaron el asentamiento, que poco a poco, fue cayendo en el olvido. 

Miles de años después, las historias de quienes vivieron allí hace ya tanto tiempo vuelven a cobrar vida. De hecho, las preocupaciones y los anhelos de estas personas no difieren tanto de los nuestros, a pesar del abismo de tiempo que nos separa. 

Imagen de portada: Panorámica de las ruinas del poblado de Deir el-Medina, en la orilla occidental de Tebas. Foto: iStock

FUENTE RESPONSABLE: Historia National Geographic. Por Carme Mayans. 1 de febrero 2023.

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Djed Sepsh: la momia que podría ser la más antigua en Egipto.

El arqueólogo Zahi Hawass, exministro de Antigüedades de Egipto, dio a conocer el descubrimiento de la momia Djed Sepsh en el recinto de Gisr el-Mudir, en Saqqara.

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De acuerdo con declaraciones del experto a CNN, Sepsh era un hombre de 35 años, quien tenía una posición económica privilegiada. Su cuerpo tendría alrededor de 4.300 años.

«Es momia más antigua y hermosa (que hemos visto) cubierta de capas de oro, con una banda en la cabeza y un brazalete en el pecho, lo que indica que se trataba de un hombre rico», señaló en el medio.

Durante la expedición, donde Hawass laboró con 10 ayudantes, también encontraron varias tumbas, otras momias, ataúdes, vasijas de cerámica y estatuas de colores. Todos tienen buenas condiciones e inscripciones visibles para su posterior estudio.

“Las estatuas son importantes porque nos permiten «conocer por primera vez el arte del Imperio Antiguo que incluye estatuas dobles, estatuas individuales, estatuas de sirvientes, todo tipo de estatuas diferentes», agregó el arqueólogo.

El Ministerio de Turismo y Antigüedades anunció en su cuenta de Twitter que los descubrimientos son de la Quinta y Sexta dinastías.

¿Por qué es importante este descubrimiento?

Además de que Djed Sepsh se convertiría en la momia más antigua hallada en Egipto, también pone “en el foco” a Saqqara.

Durante siglos, fue la zona donde se enterraban a los faraones de las primeras tres dinastías. Su pirámide principal, que tiene el nombre de la región, fue la primera construcción de ese tipo en el país, porque, anteriormente, los cuerpos de las personas de mayor rango se enterraban en mastabas, señaló National Geographic en su sitio web.

El diario kuwaití Al-Watan mencionó es un área arqueológica donde se han encontrado tumbas como la del tesorero principal del rey Ramsés II (1279 y 1213 a.C), el templo mortuorio de la reina Nerit, esposa del monarca Titi, primer rey de la Sexta Dinastía.

«En la misma zona, en mayo del año pasado, también se encontró un gran grupo de antiguas estatuas de bronce y ataúdes», precisó.

Imagen de portada: Paul Hudson/Mummy.

FUENTE RESPONSABLE: Sputnik Mundo. 29 de enero 2023.

Sociedad y Cultura/Antiguo Egipto/Arqueología/Faraones/Ramses II/ Actualidad.

Cómo la hija de Cleopatra tornó su trágica herencia en un reinado triunfante.

Cleopatra VII fue la reina egipcia que a los romanos les encantaba odiar.

Ella era, después de todo, el «monstruo fatal» que había seducido a Marco Antonio y lo había atraído a una alianza funesta.

Todo el sórdido episodio había alcanzado su clímax a principios del año 30 a.C., cuando, con las fuerzas de Octavio, futuro emperador de Roma, acercándose a la capital egipcia de Alejandría, la pareja se quitó la vida.

A pesar de su trágica muerte, Roma seguía consumida por su ardiente odio hacia Cleopatra. Sin embargo, la admiración por el Egipto que la había producido era inmensa.

Y evidente: se veía en frescos ornamentados en paredes de la ciudad y hasta en pirámides descomunales, como la imponente tumba de Gaius Cestius Epulo en la Porta San Paolo en el sur de la ciudad.

Alguien a quien le debió desconcertar esa yuxtaposición fue la única hija de Marco Antonio y Cleopatra, Cleopatra Selene.

Nacida en el año 40 a.C. y criada en el Palacio Real de Alejandría, Cleopatra Selene tenía alrededor de 10 años cuando sus padres murieron.

Ella, su hermano gemelo, Alejandro Helios, y su hermano menor, Ptolomeo Filadelfo, fueron llevados a Roma y depositados en la casa de Octavia, hermana de Octavio y exesposa de su padre, Marco Antonio.

Si bien el biógrafo de Octavio, Suetonio, afirmó que el (futuro) emperador era una figura paterna bondadosa, que insistió en que se cuidara a los menores como si fueran su propia descendencia, sin duda hubo una dimensión política en esta decisión.

Retener el control de los niños significaba que se neutralizaba cualquier amenaza potencial al poder de Roma sobre Egipto.

El Sol y la Luna

Ese control se expresó por primera vez en el Triple Triunfo de Octavio, un evento organizado para celebrar sus éxitos militares, en el verano del 29 a.C.

Los gemelos de Cleopatra y Marco Antonio - Alexander Helios y Cleopatra Selene II (Autor desconocido).

Los gemelos de Cleopatra y Marco Antonio – Alexander Helios y Cleopatra Selene II (Autor desconocido).

El tercer y último día del triunfo conmemoró su conquista de Egipto y, en ausencia de su madre, los niños caminaron junto a una efigie de ella entrelazada con las serpientes que supuestamente habían acabado con su vida.

Cleopatra Selene se vistió como la Luna y Alejandro Helios como el Sol, en referencia a los nombres celestiales que les había otorgado Marco Antonio, para asegurarse de que las multitudes que se alineaban en la ruta procesional los reconocieran.

Por suerte para ellos, a diferencia de otros enemigos de Roma como Vercingétorix de Galia, su participación en la celebración no culminó con su ejecución ritual.

Pero ¿qué hacer con una princesa que ya no estaba en posesión de un reino?

Octavio se aseguró de que los otros hijos sobrevivientes de Marco Antonio fueran criados como romanos tradicionales: Iullus Antonius, de su tercera esposa, Fulvia, escaló el cursus honorum (carrera política) y fue elegido cónsul.

Antonia la Mayor y Antonia la Menor, las dos hijas de Marco Antonio con Octavia (su cuarta esposa), se casaron con romanos adecuados y contaron entre sus descendientes a los emperadores Calígula, Claudio y Nerón.

Pero la situación de Cleopatra Selene no era tan sencilla.

Después de todo, Marco Antonio la había declarado reina de Creta y Cirenaica (parte de la actual Libia) por derecho propio en el 34 a.C., y técnicamente podía considerarse la reina legítima de Egipto tras la muerte de su madre.

Afortunadamente para Octavio, se presentó una solución en la forma de otro de sus pupilos, Gaius Julius Juba.

Cabeza de bronce de Juba II, rey de Numidia, descubierta en Marruecos. 25 a.C.-23 d.C. Rabat, Museo Arqueológico.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Cabeza de bronce de Juba II, rey de Numidia, descubierta en Marruecos. 25 a.C.-23 d.C. Rabat, Museo Arqueológico.

Al igual que Cleopatra Selene, Juba era el último vástago de una familia real depuesta en el exilio.

Su padre, Juba I, había sido rey de Numidia (una región al norte del Sahara), pero había respaldado al perdedor en la guerra civil entre Julio César y Pompeyo el Grande. Tras la derrota de Pompeyo, Juba I, como Cleopatra, se suicidó, y Roma confiscó su reino, su tesoro y su descendencia.

Así como Cleopatra Selene, Juba había sido exhibido en una procesión militar: el Cuádruple Triunfo de Julio César en el 46 a.C. Era un niño en ese momento, y el biógrafo de César, Plutarco, lo describió como «el cautivo más feliz jamás capturado».

Cleopatra Selene y Juba se casaron alrededor del año 25 a.C. antes de ser enviados al recién creado reino cliente romano de Mauritania (actual Marruecos y Argelia).

Una reina visible

Mauritania era el único reino cliente de Roma en el oeste del imperio.

Era un vasto territorio, bendecido con considerables recursos naturales que incluían muchos de los lujos que anhelaban los romanos, como tinte púrpura, madera de cidro y animales exóticos, así como alimentos básicos como cereales y pescado.

Estaba poblado por muchos grupos indígenas diferentes, que hoy en día se conocen colectivamente como «bereberes». También había colonias griegas y romanas ubicadas a lo largo de la costa mediterránea de la región.

Cleopatra Selene, detalle de bandeja dorada

FUENTE DE LA IMAGEN-GETTY IMAGES.Cleopatra Selene resplandeció en su reinado.

Si bien en el corazón del imperio romano se esperaba que las mujeres ejercieran solo un discreto poder, las reinas en la periferia, como Mauritania, eran mucho más visibles.

Era tan natural que se involucraran en todos los aspectos del funcionamiento diario de sus reinos que sus súbditos se habrían sentido agraviados si no participaban plenamente.

Y Cleopatra Selene había crecido viendo a su madre hacer precisamente eso: no solo gobernando su reino y recibiendo embajadores de todo el antiguo Mediterráneo, sino también visitando y manteniendo correspondencia con otras mujeres poderosas, como la reina Amanirenas, quien presidió la vecina Kush.

Por lo tanto, no sorprende que ella no mostrara ninguna inclinación a hacerse a un lado y permitir que Juba tomara la iniciativa.

Al fin y al cabo, ella tenía el linaje más prestigioso que se remontaba a Ptolomeo, un general de Alejandro Magno, y también podía presumir de una conexión directa con la familia imperial a través de sus medias hermanas y abuela paterna, Julia.

Así que la pareja gobernó junta, un hecho que las monedas acuñadas dejaban claro: a un lado aparecía Juba y la leyenda latina Rex Iuba (Rey Juba), y al otro Cleopatra Selene y la leyenda griega Kleopatra Basilissa (Reina Cleopatra).

Cabe destacar que Cleopatra Selene también emitió sus propias monedas, repletas no solo de referencias a sí misma a través de lunas crecientes, sino también de motivos egipcios como cocodrilos, ibis y la corona y el sistro de la diosa Isis.

En una emisión de monedas, se presentó como «Reina Cleopatra, hija de la reina Cleopatra», evidenciando el orgullo que sentía de su madre.

Monedas de Juba II y Cleopatra Selene II

Monedas de Juba II y Cleopatra Selene II

Siempre cautelosos y discretos, la pareja le dio a la capital de Mauritania, Iol, un nuevo nombre: Cesarea, en honor a Octavio.

Pero encontraron una forma de honrar a Cleopatra y la cultura egipcia dentro de los muros de la ciudad.

Se embarcaron en un lujoso programa de construcción para convertirla en una sede apropiada para su incipiente dinastía, y claramente se inspiraron en el antiguo hogar de Cleopatra Selene.

Construyeron un faro en el puerto similar al famoso de Alejandría, un gran palacio, un foro, un teatro y un anfiteatro. También plantaron una arboleda sagrada, importaron obras de arte egipcias, renovaron templos antiguos y erigieron otros nuevos.

Los dioses y diosas egipcios pronto se hicieron populares en Mauritania, y hubo un templo de Isis al que Juba dedicó cocodrilos.

Con el tiempo, Cesarea se convirtió en una corte altamente sofisticada y multicultural, poblada por eruditos griegos, romanos, egipcios y africanos prolíficos, y artesanos talentosos y creativos.

En sus propios escritos de Juba, incluyó anécdotas sobre Egipto, Alejandría y el Nilo que muy probablemente provenían de Cleopatra Selene. Fue una forma de reutilizar los recuerdos de su madre y su vida anterior de una manera aceptable para los lectores romanos.

Brillo perdurable

Cleopatra Selene y Juba habían convertido, por todos los medios, sus infancias turbulentas (derrota, cautiverio, suicidios de sus padres) en un triunfo.

Pero en algún momento alrededor del cambio del primer milenio, esa historia de éxito tuvo un final repentino por la muerte prematura de la reina.

El mausoleo real de Mauritania, la tumba del rey bereber Juba II y la reina Cleopatra Selene II, provincia de Tipaza, Argelia.

FUENTE DE LA IMAGEN-GETTY IMAGES. El mausoleo real de Mauritania, la tumba del rey bereber Juba II y la reina Cleopatra Selene II, provincia de Tipaza, Argelia.

Aunque no sabemos la fecha precisa de su fallecimiento, otro poema compuesto por el poeta de la corte, Crinágoras de Mitilene, puede proporcionar una pista:

«La Luna misma, que salió temprano en la tarde, apagó su luz, velando su luto con noche, pues vio a su tocaya, la linda Selene, descender muerta al tenebroso Hades. A ella le había otorgado la belleza de su luz, y con su muerte mezcló sus propias tinieblas».

En su poema, Crinagoras parece indicar que la muerte de Cleopatra Selene coincidió con un eclipse lunar.

Esto ha llevado a los historiadores a proponer dos fechas posibles para su fallecimiento, ambas presenciaron eclipses lunares que fueron visibles en Cesarea y Roma: el 23 de marzo del 5 a.C. y el 4 de mayo del 3 d.C.

La reina fue enterrada en un magnífico mausoleo, cuyos restos aún se pueden ver cerca de Cherchell en Argelia hoy.

Juba continuó gobernando Mauritania durante dos décadas después de la muerte de su esposa, y su hijo Ptolomeo fue designado co gobernante en el año 21 d.C.

Incluso después de su muerte, Cleopatra Selene siguió siendo una figura importante en el reino.

Busto de Cleopatra Selene exhibido en el Museo Arqueológico de Cherchell, Argelia.

Busto de Cleopatra Selene exhibido en el Museo Arqueológico de Cherchell, Argelia.

Un tesoro depositado cerca de Tánger contiene monedas que pueden fecharse en el período 11-17 d.C. e incluye no solo las acuñadas por Cleopatra Selene y Juba juntos, sino también las emitidas por la reina sola.

Esto indica que sus antiguos súbditos seguían usándolas décadas después de su muerte, y que Juba y Ptolomeo pudieron estabilizar su reinado conjunto gracias en parte al brillo perdurable de su esposa y madre.

Cleopatra Selene tuvo un impacto inmenso en su reino y en el resto del mundo romano durante su vida, incluso más allá.

Entonces, ¿por qué es tan poco conocida hoy?

Paradójicamente, la respuesta puede estar en su éxito.

Los historiadores romanos estaban obsesionados con lo que sucedía en el centro del imperio. Solo mencionarían los reinos clientes cuando había problemas.

El hecho de que no escribieran mucho sobre Mauritania indica que las cosas iban bien allá.

A diferencia de su madre y otras reinas-clientes romanas como Boudica, Cleopatra Selene parece haber triunfado en silencio en lugar de haber fracasado en voz alta.

* Jane Draycott es profesora de historia antigua en la Universidad de Glasgow. Su último libro, «La hija de Cleopatra», fue publicado por Head of Zeus en noviembre de 2022. Si quieres leer el artículo original en BBC History Extra, haz clic aquí.

Imagen de portada: GETTY IMAGES. «La muerte de Cleopatra», de Alessandro Turchi (1578-1649).

FUENTE RESPONSABLE: BBC History Extra. Por Jane Draycott. 28 de enero 2023.

Sociedad y Cultura/Antiguo Egipto/Faraones/Historia/Reina Cleopatra Selene

Alejandría; la capital sumergida del Egipto helenístico.

EL PUERTO HUNDIDO DE THONIS-HERACLION

Gran parte de la urbe fundada por Alejandro Magno se hundió bajo las aguas del Mediterráneo en el siglo VIII d.C., junto a otras ciudades del delta del Nilo, a causa de movimientos de tierra y violentas mareas. Un pionero proyecto de arqueología marina ha rescatado del fondo del mar ese brillante pasado.Si deseas profundizar en esta entrada; cliquea por favor adonde se encuentre escrito en color “azul”. Muchas gracias. 

El Delta era el lugar donde se diseminaban las aguas del Nilo, río bienhechor aunque cambiante. Allí, cada año, con la crecida de las aguas entre junio y septiembre, la tierra firme quedaba sumergida en un lugar para aflorar en otro y los caminos desaparecían. 

Pero los egipcios acabaron por dominar este medio físico variable, que convirtieron en la zona de contacto privilegiada con Grecia. Allí, en el año 331 a.C., tras conquistar Egipto, Alejandro Magno fundó Alejandría, la gran metrópoli que se convertiría en capital de Egipto y junto a la que se desarrollaron otros dos ricos núcleos comerciales y de recreo: las ciudades de Tonis-Heraclion y Canope

Sin embargo, unos siglos después, a consecuencia de una combinación de catástrofes naturales y movimientos de la tierra y el mar, aquel mundo espléndido y bullicioso se hundió para siempre en las aguas del Mediterráneo. 

Parte de Alejandría fue engullida por el mar, mientras que las antaño dinámicas Heraclion y Canope quedaron reducidas a un simple recuerdo literario: el testimonio que dejaron de ellas los autores de la Antigüedad.

Hasta que, hace veinte años, la labor de un grupo de especialistas en arqueología submarina dirigidos por Franck Goddio comenzó a sacar a la luz los testimonios únicos de ese punto de contacto entre Egipto y Grecia.

Utilizando tecnología punta, Goddio y sus colaboradores han trazado los planos de ciudades desaparecidas, y han logrado recuperar y restaurar esculturas monumentales, delicadas joyas, monedas y millares de objetos de uso cotidiano que dormían bajo las aguas del mar. 

La costa así explorada perteneció en la Antigüedad al Bajo Egipto, que comprendía el norte del país, desde la ciudad de Menfis hasta el litoral. Esta región adquirió un fuerte impulso a partir del siglo VIII a.C., durante la llamada Baja Época, cuando sus variados y abundantes recursos se explotaron de forma más intensa: además de la producción de cereales, las marismas del Delta sustentaban una economía de caza y recolección que complementaba la actividad de los artesanos. Mientras tanto, las zonas situadas en sus márgenes adquirían importancia por sus nuevos usos: la costa, gracias a sus puertos, y el desierto oriental, debido a los fortines que se levantaron allí. 

EL DELTA, PELIGROSO Y ATRAYENTE 

Como ya hemos dicho, los brazos del río que surcaban el Delta experimentaban cambios drásticos de un año para otro, de modo que el paisaje se modificaba. Hubo numerosos pueblos y ciudades que desempeñaron funciones religiosas, políticas o militares, pero su importancia varió a tenor de los movimientos del río. En épocas antiguas, la ruta comercial predilecta era el brazo más oriental del Nilo, donde se encontraba el puerto de Pelusio, que ponía a los egipcios en contacto con las tierras asiáticas. Pero la irrupción de grandes imperios conquistadores a partir del siglo VII a.C. (asirio, neobabilónico, persa) llevó el peligro a esta zona, por lo que el comercio se desvió hacia el brazo Canópico, el más occidental, así llamado porque en él se levantaba la ciudad portuaria de Canope. En adelante, el margen oriental del Delta, sin apenas asentamientos permanentes, adquirió una importancia capital como zona fronteriza de desierto. 

El litoral de Alejandría. En esta lámpara de terracota se pude ver el puerto de Alejandría y, al fondo, la ciudad,con el mausoleo de Alejandro Magno.Foto: Wikimedia Commons

Marismas, diques y canales dificultaban la circulación por el Delta de este a oeste, por lo que hasta la época romana se circuló siguiendo una ruta de forma triangular: se remontaba uno de los brazos del río hasta prácticamente el ápice del Delta, para después dejarse llevar corriente abajo por otro brazo.

La escasez de rutas terrestres llevó a buscar soluciones atrevidas, como el trazado de un canal transversal, el «río de Buto», de cuya existencia en el siglo I d.C. da cuenta el historiador Flavio Josefo en sus Antigüedades judías. 

Probablemente se había excavado unos quinientos años atrás, en época saíta (durante la cual los faraones tuvieron su capital en Sais, en el Delta occidental), y se completó en época romana. 

Con la apertura de Egipto al Mediterráneo durante la Baja Época, entre los siglos VIII y IV a.C., aparecieron diversos mitos griegos en relación con el Nilo y el Delta, en particular el de la llegada de Hércules a la región: el héroe logra dominar un desbordamiento excesivo del gran río que amenaza a los habitantes de la zona, de modo que recibe un homenaje en la ciudad que lleva su nombre, Heracleópolis. 

LOS GRIEGOS LLEGAN A EGIPTO 

Otro mito griego, el de Elena y la guerra de Troya, justifica el nombre de dos ciudades con motivo de las dos ocasiones en que Helena recaló en el país. 

La primera vez, Helena y el príncipe troyano Paris –cuya relación da origen a la legendaria contienda– se detienen en el Delta durante su huida de Esparta; pero Tonis, el guardián de la desembocadura, les impide hacer escala allí, según explica Heródoto (Historias, II, 179). La segunda vez, ya destruida Troya, Helena vuelve a Grecia junto con su esposo Menelao en una nave conducida por Canope, que muere en Egipto por una mordedura de serpiente mientras reparaba el barco, como cuenta Estrabón (Geografía, 17, 1,17). 

La seducción de Alejandría. Personificada aquí como una diosa con atributos marinos (anclas y proas de bajeles), la capital de Egipto atraía por igual a mercaderes, sabios y artistas.Foto: Wikimedia Commons

Con estos pasajes se explicaban los nombres de las ciudades costeras de Thonis-Heraclion y Canope, y la relación entre las civilizaciones egipcia y egea. 

Una relación que se había consolidado en el siglo VII a.C., cuando el faraón saíta Psamético I autorizó un asentamiento griego llamado Naucratis en el brazo Canópico del Nilo, tierra adentro, para facilitar los intercambios comerciales con los mercaderes de las incipientes ciudades griegas. 

Naucratis tenía el privilegio de ser el único emporio o mercado autorizado y, por tanto, acogía todo el tráfico griego en Egipto, aunque proviniera de otros brazos del Nilo. Solo allí se podían recaudar impuestos sobre las mercancías, junto con la localidad costera de Thonis-Heraclion. En Naucratis se descargaban las mercaderías procedentes del Mediterráneo, por las que se satisfacía una tasa; la carga para el viaje de vuelta consistía en natrón (una sal que los egipcios empleaban para la momificación y que también se usaba en manufacturas como la cerámica), por el que se pagaban las tasas correspondientes en Tonis-Heraclion. 

Naos de las décadas, dedicado por Nectanebo I (380-362 a.C.). Sus fragmentos se conservan en el Louvre (París) y en Alejandría.Foto: Wikimedia Commons

La entrada a Egipto por el brazo oriental del Delta se pobló a partir de entonces con no menos de cuatro ciudades, tan próximas entre sí que se pensó que podía tratarse de un único asentamiento: Heraklion, Tonis (con límites entre ambas difíciles de fijar), Canope y Menutis. 

En esos lugares existieron templos que fueron decisivos para la legitimación del poder de los Ptolomeos, dinastía que tuvo su origen en Ptolomeo I, el general de Alejandro Magno que, tras la muerte de éste, se hizo con el gobierno de Egipto. 

Los Ptolomeos se consideraban descendientes de Hércules y de Dioniso. Y en Heraclion (la ciudad de Hércules) se levantaba el templo de Amón-Gereb, el dios que legitimaba al faraón transmitiendo el inventario de su reino terrestre y celestial, mientras que Canope acogía el santuario del dios eipcio Osiris, al que los griegos identificaron con Dioniso. Heraclión, sin embargo, perdió interés como enclave portuario cuando Alejandro Magno fundó Alejandría en 331 a.C., aunque mantuvo su papel como el puerto de acceso a Egipto a través del Delta; por su parte, Canope, unida a Alejandría por medio de un canal, se convirtió en centro de diversión y desenfreno para los habitantes de esta última. 

EL HUNDIMIENTO 

Alejandría, Thonis-Heraclion, Canope y otras ciudades egipcias de la costa mediterránea comenzaron su declive después de un primer terremoto seguido de un maremoto en el año 365 d.C. Durante los siglos VI y VII, otros temblores provocaron la desaparición de Canope y el sumergimiento de los muelles y espolones del gran puerto de Alejandría y de las ruinas de Heraclión, prácticamente abandonada desde hacía tiempo. Pero el proceso de sumersión de las antiguas ciudades se explica por la combinación de diversos factores. La progresiva acumulación de los sedimentos que el Nilo depositaba en el Delta dio lugar a una sobrecarga de peso y al hundimiento de Menutis y Heraclion hasta cinco metros de profundidad. 

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El sacerdote de Osiris. En 1998 se halló en la antigua isla de Antirrodos, en Alejandría, este sacerdote que, flanqueado por dos esfinges, sostiene un Osiris-Canope.Foto: Wikimedia Commons

El caso de Pelusio, creada sobre la línea de costa, fue distinto: quedó apartada del mar tras una fuerte avenida de agua que desplazó bruscamente el curso del agua en el brazo del río. La existencia de las ciudades sumergidas perduró en los textos antiguos hasta que, cuando habían transcurrido más de mil años desde su hundimiento, las antiguas esculturas de faraones y dioses volvieron a ver la luz. 

EL RESCATE DEL PASADO 

En el caso de Canope, el descubrimiento fue el resultado de combinar el estudio de las fuentes y de la geomorfología (el estudio del relieve terrestre) con la investigación en arqueología submarina

En realidad, como apunta Frank Goddio, es preferible hablar de «zona canópica», pues los límites de esta ciudad aún son inciertos. Heródoto señala que se hallaba a 125 estadios (unos 23 kilómetros) de Alejandría. Hoy la costa termina en la punta de Abukir, lugar donde tradicionalmente se emplazaban los restos de la ciudad. 

Sin embargo, ya en 1929 el estudioso Georges Daressy apuntaba que la ciudad podía estar sumergida en la bahía del mismo nombre. En 1933, una observación aérea alertó de la posibilidad de ruinas submarinas en la bahía, lo que indujo al príncipe Omar Tussun a iniciar las indagaciones que llevaron a los primeros hallazgos de escultura ptolemaica de la zona. 

Por fin, en 1992 se emprendieron excavaciones como un proyecto de estudio sistemático a cargo del Instituto Europeo de Arqueología Submarina, fundado por Franck Goddio

Las piezas descubiertas van desde grandes esculturas de granito hasta frágiles zarcillos de oro, y los métodos de extracción se tuvieron que adaptar a cada situación. En el momento de la extracción de la estela real de Heraclion, de varias toneladas, hubo que izar los segmentos con una grúa hasta el muelle más próximo y proceder a una consolidación de emergencia. Estos datos evidencian el gran despliegue de medios y de equipos dedicados al rescate de los objetos y a su restauración. 

El decreto de Heraclión. Entre las piezas más destacadas encontradas en la ciudad sumergida se encuentra este decreto del faraón Nectanebo I, del año 380 a.C. Museo Nacional, Alejandría.Foto: Wikimedia Commons

Este último aspecto tal vez sea el más delicado del proyecto. La conservación durante siglos de los materiales, desde el cuero hasta el metal, ha sido posible gracias a que los ha protegido la capa de limos depositada en el fondo marino. Inmediatamente después de su desentierro intervienen todo tipo de agentes naturales que provocan su corrosión y descomposición. 

El equipo de Goddio consideró todos los pasos necesarios para frenar este proceso desde el inicio y dispuso un barco- laboratorio donde empezar el tratamiento. El reto principal era eliminar las sales, y para ello se aclararon las piezas con agua dulce que se iba renovando hasta el punto de equilibrio. La limpieza de concreciones marinas requiere una labor paciente y tecnificada, por medios mecánicos o químicos, que se realizó una vez en tierra firme. Finalmente se recompusieron las figuras o piezas fragmentadas ideando las fijaciones y los soportes adecuados para transportarlas y exhibirlas. 

Los resultados más sobresalientes de la investigación arqueológica guardan relación no sólo con el emplazamiento de las ciudades, sino también con su urbanismo, en una época en que Egipto se sumó a una forma de vida centrada en las ciudades, según un modelo griego. Y Alejandría es un referente fundamental en este sentido. 

ALEJANDRÍA SUMERGIDA 

La intervención de Alejandro Magno en la fundación de la ciudad y los relatos admirativos o desdeñosos sobre sus monumentos manifiestan su influencia en el urbanismo de época helenística. 

Desgraciadamente, buena parte de la ciudad antigua se esconde bajo las aguas, como la zona de palacio, con centro en un pequeño puerto a los pies del cabo Loquias. 

Las prospecciones han desvelado la estructura del Portus Magnus, el puerto principal de Alejandría, que con el tiempo se ha convertido casi en una bahía por los muelles que lo cercan y por los sedimentos acumulados en el Heptastadion, el paso elevado que unía la ciudad con la isla de Faro. 

El propio palacio va viendo la luz en la península de Loquias, de donde proceden columnas de granito, esfinges y esculturas reales de tamaño colosal; otras piezas permiten ubicar el culto de Isis en la isla de Antirrodos. Entre esta isla y el cabo Loquias se hallaba la península de Poseidio, con dársenas para las naves y un palacio- refugio que construyó Marco Antonio. 

La puerta al Gran Verde. Por el delta del Nilo, Egipto se relacionó con las culturas del Gran Verde, como conocían al mar Mediterráneo. Arriba, naves de la dinastía XXVI.Foto: Wikimedia Commons

En cuanto a Canope, los trabajos han permitido delimitar el trazado del antiguo brazo occidental del Nilo y la zona sumergida de la ciudad, en particular un recinto de 103 metros de lado que tal vez se corresponda con el célebre templo de Osiris. 

Sus sacerdotes llevaban en procesión una imagen del dios como vasija, como recogía Rufino, un historiador del siglo IV d.C. (Historia Eclesiástica, II, 26), y como atestiguan esculturas encontradas en el lugar. 

En los alrededores aparecieron parte de una estatua colosal de Serapis y varios fragmentos del célebre naos de las Décadas. No menos importantes son los hallazgos de Heraklion-Thonis, con un nuevo recinto sagrado de 150 metros de lado, un naos dedicado a Amón-Gereb y la célebre estela del decreto de Canope, que han ayudado a precisar el nombre de la ciudad. 

Los recientes hallazgos arqueológicos en estas ciudades, aunque exiguos, nos permiten precisar y evocar el escenario de numerosos hechos históricos como los amores y negociaciones entre Cleopatra VII, la última reina de Egipto, y los más famosos emperadores romanos: Julio César, Marco Antonio y Augusto. 

Imagen de portada:Cabeza de una estatua chipriota encontrada en Canope. Instituto del Mundo Árabe, París. Foto: Wikimedia Commons

FUENTE RESPONSABLE: Historia National Geographic. Por Javier Flores. Director Digital. 25 de enero 2023.

Sociedad y Cultura/Antiguo Egipto/Faraones/Alejandro Magno.

Entrar en la Gran Pirámide de Giza ya es posible gracias a un nuevo sistema virtual.

La Gran Pirámide de Giza es uno de los monumentos más famosos y visitados del mundo. Con una altura original de 146,7 (en la actualidad mide 138,8 metros) y formada por millones de bloques de piedra, la tumba del faraón Keops es la única de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo que aún se conserva.

Esta increíble construcción, que, junto con sus otras dos compañeras (las pirámides construidas por su hijo Kefrén y su nieto Micerino), se alza en la egipcia meseta de Giza, situada en las afueras de El Cairo, ha despertado el interés de viajeros, exploradores y arqueólogos desde hace siglos. 

Ya en el siglo IX, el califa al-Mamún, convencido de que dentro se escondían fabulosos tesoros, penetró en su interior, posiblemente excavando el hoy conocido como «túnel del ladrón». El califa y sus hombres llegaron hasta el pasaje ascendente y el pasaje descendente, así como hasta las cámaras superiores.

Ya en la actualidad, el interior de la Gran Pirámide ha sido minuciosamente estudiado, mediante robots y también con las técnicas más novedosas, como las de detección de muones. Aún así, el milenario edificio sigue guardando numerosos secretos.

UN MARAVILLOSO VIAJE AL PASADO

La Gran Pirámide es visitada cada año por miles de turistas que quieren conocer de primera mano parte del interior del monumento. Pero no todo el mundo puede viajar a Egipto o es capaz de adentrarse en un espacio sin duda claustrofóbico y complejo. Así, para que todo aquel que esté interesado en conocer más a fondo una de las construcciones más emblemáticas del mundo, la Universidad de Harvard junto con el Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto han creado Proyecto Giza, una iniciativa mediante la cual, y con tan solo un ordenador o un teléfono móvil, es posible realizar un completo recorrido virtual en 3D y con imágenes esféricas 360º tanto dentro como fuera de la tumba de Keops.

La Gran Pirámide tal como se ve en el Proyecto Giza. Foto: Giza Projet.

El recorrido se inicia en el ya mencionado «túnel del ladrón», desde donde actualmente entran los turistas que visitan el lugar. Seguidamente se llega hasta el lado izquierdo del pasaje descendente (que se halla unos 27 metros bajo la base de la pirámide) y hasta la cámara subterránea. Este tramo está cerrado al público, pero con esta visita virtual es posible recorrerlo.

El fascinante viaje continúa a través del pasaje ascendente, que conduce hasta la Gran Galería, un colosal pasadizo de unos 47 metros de longitud y 8 metros de altura, que está considerado una maravilla de la ingeniería antigua. 

También se puede visitar la llamada Cámara de la Reina (situada prácticamente en el eje de la pirámide), que está excavada bajo la Cámara del Rey, una estancia revestida con bloques de granito, donde fue enterrado el faraón y donde también se puede acceder.

Durante el tour virtual, entre otros espacios en el interior de la Gran Pirámide, se pueden visitar la Cámara de la Reina y la Cámara del Rey.

Vista del pasaje ascendente de la Gran Pirámide tal como se muestra en Proyecto Giza.Foto: Giza Project

La Gran Galería de la pirámide de Keops. Proyecto Giza.Foto: Giza Project

Durante el recorrido diversos puntos permiten acceder a completos textos explicativos, como si de una visita guiada en vivo se tratase. ¿Y cómo se puede acceder? Pues es muy fácil, sencillamente solo se tiene que entrar en la página web del proyecto y ya se puede llevar a cabo la visita sin más dilación. No hace falta registrarse y es totalmente gratuito. Una excelente oportunidad para sentirse como un auténtico explorador desde el sofá de casa.

Imagen de portada: Panorámica de la Gran Pirámide de Keops en Giza. El famoso monumento puede visitarse virtualmente gracias a la iniciativa Proyecto Giza. Foto: iStock

FUENTE RESPONSABLE: Historia National Geographic. Por Carme Mayans. Redactora. 29 de noviembre de 2022.

Sociedad y Cultura/Antiguo Egipto/Pirámide de Giza/Faraones/Arqueología/Tutankamón/Sistema virtual de visualización.

El incesto en las familias reales del Antiguo Egipto.

¿Por qué los reyes del antiguo Egipto contraían matrimonio con sus hermanas o con sus propias hijas? Los investigadores han propuesto varias teorías, pero una de las más extendidas afirma que lo hacían para garantizar la pureza de sangre dentro de la dinastía.

Para los antiguos egipcios, el matrimonio era el estado natural de hombres y mujeres. Esta idea era igualmente válida en el caso de la familia real, para la cual el matrimonio comportaba la obligación de dotar al trono de herederos con los que legitimar la dinastía y asegurar la continuidad de la misma. Algunos de estos herederos fueron el fruto de matrimonios que implicaron la ruptura del tabú del incesto.

La aproximación al tema de los matrimonios entre hermanos o entre padre e hija en la monarquía del antiguo Egipto debe hacerse prescindiendo de los prejuicios con que la sociedad moderna juzga en demasiadas ocasiones a otras culturas. 

Con todo, esta cuestión sigue suscitando discusiones entre los egiptólogos, como ya sucedió en el pasado, cuando los primeros investigadores formularon teorías que negaban fervorosamente la existencia de este tipo de matrimonios o los consideraban meramente de carácter ritual, despojándolos de toda connotación sexual.

ESPOSA Y HERMANA

Si se acude a la terminología egipcia del parentesco para intentar averiguar más sobre este tipo de matrimonios, la complejidad del tema no hace más que aumentar. 

Ello se debe a que, a partir de la dinastía XVIII, la primera del reino Nuevo, junto con la palabra que desde el Reino Antiguo se había usado para designar a la esposa, hemet, aparece la de senet, «hermana», que además de tener este significado es empleada para referirse a la «esposa» con un sentido más afectuoso, o bien a parientes femeninos próximos, lo que hace más difícil la identificación de verdaderos matrimonios entre hermanos.

Entre las fuentes clásicas, el historiador griego Diodoro de Sicilia ya constata en el siglo I a.C. la permisividad de los egipcios respecto a los matrimonios entre hermanos. Pero si bien el matrimonio entre hermanos y entre padre e hija está bien documentado en la familia real, lo cierto es que se trata de un fenómeno que, salvo contadas excepciones, no se da en una población entre la cual sí son frecuentes los matrimonios entre primos, e incluso entre tío y sobrina.

Si bien el matrimonio entre hermanos y entre padre e hija está documentado en la familia real, es un fenómeno que apenas se da entre la población.

Nefertari, la Gran Esposa Real de Ramsés II, representada en una pintura de su tumba en el Valle de las Reinas.Foto: PD

Sin embargo, esta tendencia cambia a partir de la época ptolemaica (siglos III-I a.C.), cuando los porcentajes de los matrimonios entre hermanos se invierten y empiezan a aumentar en número entre la población.

En el entorno real, donde la práctica de la poligamia era habitual, solo una de las esposas del faraón ostentaba el título de Gran Esposa Real, y son numerosos los casos, sobre todo a partir del Reino Nuevo, en los que esta no es otra que la hermana o la propia hija del faraón.

¿POR QUÉ EL INCESTO?

Los egiptólogos han teorizado sobre las motivaciones que llevaron a la monarquía egipcia a la ruptura del tabú del incesto. 

La más conocida es la denominada «teoría de la princesa heredera», según la cual la legitimidad para reinar era proporcionada por la línea femenina de la realeza, ya que las mujeres heredaban sucesivamente el poder de legitimar el acceso al trono del futuro faraón a través de su matrimonio. 

El ideal era que quienes contrajeran matrimonio fuesen el legítimo heredero del faraón y su hermana o hermanastra, para que de esta unión nacieran hijos con la sangre más pura posible. Si esto no era posible, entonces la unión se producía entre el faraón y sus hijas, que constituían el siguiente eslabón de la línea femenina que «heredaba» la legitimidad.

Esta teoría se aplica pensando sobre todo en la dinastía XVIII, en la que faraones como Amhose I (Ahmosis), Amenhotep I o Tutmosis II contrajeron matrimonio con sus hermanas o hermanastras. Pero dentro de la misma dinastía hubo reyes como Tutmosis III, Amenhotep II y Amenhotep III que se casaron con mujeres de origen no real, con lo que se interrumpe la línea de herederas postulada por la teoría citada; hay, pues, argumentos a favor y en contra de la misma.

Hubo reyes como Tutmosis III, Amenhotep II y Amenhotep III que se casaron con mujeres de origen no real.

Busto de la princesa Meritatón, hija de Akhenatón y Nefertiti. Museo del Louvre, París.Foto: Rama (CC BY-SA 3.0 FR)

Respecto al matrimonio del faraón con su hija, los casos más conocidos son los de Ramsés II (con Meritamón, Nebet-Tauy y Bentanta, entre otras de sus hijas) y Akhenatón (con Meritatón, Maketatón y Anjesenpaatón). 

Todas ellas pasaron de «hija del rey» a «esposa del rey», y con el tiempo algunas se convirtieron, como lo fueron sus madres, en Gran Esposa Real. Aún se discute si la descendencia de algunas de ellas fue fruto o no del matrimonio con sus padres; en el caso de Anjesenpaatón, parece que efectivamente fue así.

MATRIMONIOS DIVINOS

En aquello que coinciden los especialistas es en que, a través de estos matrimonios, especialmente entre hermanos, la realeza intentaba reproducir el comportamiento de las divinidades egipcias y reforzar así su vinculación con ellas. 

En la mitología egipcia, el emparejamiento de las divinidades primordiales se produce entre hermanos: Shu (el aire) y Tefnut (la humedad), Geb (la Tierra) y Nut (el Cielo), Osiris e Isis, Seth y Neftis… Al reproducir estos matrimonios propios de los dioses, los soberanos mostraban a la población el carácter divino de la realeaz, a la vez que se desvinculaban del resto de la sociedad, que no practicaba el incesto.

Los dioses Osiris e Isis. Relieve del templo de Abydos. Foto: iStock

Además, mediante estos enlaces se aseguraba la pureza en la línea sucesoria. En los momentos de crisis del Estado se recurrió al matrimonio entre hermanos para asentar en el trono la línea dinástica, como sucedió en el período de implantación de la dinastía XVIII, que reunificó el país. 

Esta práctica matrimonial permitía evitar la entrada en la familia real de posibles candidatos que rivalizaran con el heredero o cuestionaran la legitimidad de su acceso al trono, al tiempo que proporcionaba cónyuges de rango real a las princesas egipcias ya que estas, a diferencia de los faraones, no se casaban con extranjeros.

Así pues, a través del matrimonio entre hermanos o entre padre e hija, la realeza egipcia reafirmaba su naturaleza divina a la vez que pretendía asegurar la sucesión dinástica. No sabemos cómo eran concebidas estas relaciones incestuosas, ni qué opinión merecía esta práctica a las propias interesadas o a la población, pero como Gran Esposa Real muchas de ellas distaron de ser meras consortes, desempeñando un papel vital en la historia de Egipto.

Imagen de portada: Pareja real de Amarna. Museo Egipcio, El Cairo. Foto: PD

FUENTE RESPONSABLE: Historia National Geographic. Por Bárbara Ramiréz García. Actualizado el 23 de enero 2023.

Sociedad y Cultura/Antiguo Egipto/Amon/Incesto realFaraones.

Descubren la tumba de una princesa egipcia de la época de Tutankamón.

Un equipo internacional de arqueólogos ha descubierto la que podría ser la tumba de una antigua princesa egipcia que vivió durante la dinastía XVIII. La tumba se encuentra, sin embargo, en malas condiciones de conservación a causa de las inundaciones que sufrió hace unos 3.500 años. A pesar de ello, los arqueólogos creen que las investigaciones aún han de revelar grandes sorpresas.

Hace pocos días, las autoridades egipcias anunciaron el descubrimiento de una nueva tumba en las inmediaciones de Luxor, la antigua Tebas, ciudad que fue capital del Egipto faraónico entre los siglos XVI al XI a.C. Según sus descubridores, la tumba, de unos 3.500 años de antigüedad, podría contener los restos de la esposa real de algún monarca del Reino Nuevo, concretamente de la dinastía XVIII (1539-1292 a.C.), a la cual pertenecieron faraones tan famosos como Akenatón o Tutankamón.

De hecho, la dinastía XVIII fue uno de los períodos más importantes de la historia egipcia, una época floreciente (en la cual también tuvieron lugar algunos episodios convulsos) en la que vivieron grandes faraones como la reina Hatshepsut, Tutmosis III, Amenhotep III, o los ya citados Akenatón y su hijo Tutankamón.

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UNA TUMBA MAL CONSERVADA

Esta tumba real ha sido descubierta en la orilla occidental del Nilo, donde se encuentran los famosos Valles de los Reyes y de las Reinas, por un equipo de arqueólogos egipcios y de la Universidad de Cambridge, como ha explicado Mostafa Waziri, arqueólogo y secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto.

Según Waziri, «los primeros elementos descubiertos hasta ahora en el interior de la tumba parecen indicar que, en efecto, dataría de la dinastía XVIII». El arqueólogo también ha indicado que este último extremo podrá confirmarse a medida que avancen las investigaciones. Asimismo, el director del equipo de arqueólogos británicos, Piers Litherland, está convencido de que «esta tumba podría ser la de una esposa real o la de una princesa del linaje de Tutmosis, de las cuales han salido hasta ahora muy pocas a la luz».

‘Esta tumba podría ser la de una esposa real o la de una princesa del linaje de Tutmosis’, ha manifestado el arqueólogo Piers Litherland.

Entrada a la tumba descubierta en Luxor. Se aprecian los escalones tallados en la roca.Foto: Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto

Por su parte, el arqueólogo egipcio Mohsen Kamel, director del yacimiento de los Valles Occidentales, ha añadido que por desgracia el interior de la tumba, cuya entrada se encuentra en la base de un pequeño acantilado y cuenta con unos escalones tallados en la roca que conducen a la cámara funeraria, se halla  «en muy mal estado» de conservación, y tanto la construcción como las inscripciones que en su día debió de contener «fueron destruidas por antiguas inundaciones que llenaron las diversas cámaras de sedimentos arenosos y calcáreos».

Finalmente, Fathi Yaseen, director general de Antigüedades del Alto Egipto y jefe de la misión arqueológica egipcia, ha señalado que los trabajos de excavación y documentación continúan en toda la necrópolis. Además, el arqueólogo está convencido de que los resultados de esta ambiciosa exploración ayudarán a los expertos a conocer con mucho más detalle cómo planificaron arquitectónicamente los antiguos egipcios sus cementerios reales.

Imagen de portada: Vista aérea del campamento arqueológico junto a la entrada de la tumba, en la orilla occidental de Luxor. Foto: Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic en Español. Colaborador: J. M. Sadurni. 19 de enero 2023.

Sociedad y Cultura/Antiguo Egipto/Arqueología/Faraones/Nuevos descubrimientos/Actualidad.

Localizan un pasadizo secreto que que podría conducir a la tumba de Cleopatra.

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Durante la última campaña de excavaciones arqueológicas llevada a cabo por la Universidad de Santo Domingo bajo un templo dedicado a Osiris e Isis en la antigua ciudad de Taposiris Magna, situada al oeste de Alejandría, el equipo dirigido por la arqueóloga dominicana Kathleen Martínez ha descubierto un pasadizo excavado en la roca, a unos trece metros de profundidad. El túnel, que al parecer sirvió para transportar agua en el pasado, tiene unos 1.305 metros de largo y unos dos metros de alto.

Taposiris Magna, cuyo significado es «tumba de Osiris» fue fundada por el segundo faraón de la dinastía ptolemaica, Ptolomeo II Filadelfo, entre los años 280 y 270 a.C. Kathleen Martínez, que lleva doce años buscando la tumba perdida de la última reina ptolemaica de Egipto, piensa que tanto Cleopatra como su amante, el general romano Marco Antonio, pudieron haber sido enterrados en una necrópolis muy cercana al templo. De hecho, Taposiris Magna ha proporcionado hasta la fecha numerosos hallazgos. Por ejemplo, el año pasado, en este mismo yacimiento, Martínez descubrió dieciséis momias de época grecorromana.

Imagen del túnel encontrado bajo el santuario de Taposiris Magna.Facebook Ministerio de Antigüedades de Egipto

¿DÓNDE ESTÁ CLEOPATRA?

La misión dirigida por Martínez ha despertado un gran interés mediático, así como de muchos colegas de profesión, algunos tan importantes como el famoso egiptólogo y exministro de Antigüedades egipcio Zahi Hawass, quien, en una entrevista concedida a los medios, reconocía la importancia de los descubrimientos que ha realizado el equipo de Martínez en el interior del templo, aunque también ha explicado que, según él, Cleopatra no fue enterrada allí, sino «en una tumba que ella misma ordenó construir junto a su palacio y que ahora mismo se encuentra debajo del agua».

Zahi Hawass ha declarado que cree que Cleopatra no está enterrada en Taposiris Magna, sino en una tumba que ordenó construir en Alejandría y que ahora está bajo el agua.

Reconstrucción del túnel descubierto bajo el templo de Taposiris Magna. Facebook Ministerio de Antigüedades de Egipto

En cuanto al descubrimiento del túnel, en un comunicado emitido por el Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto, la arqueóloga dominicana ha explicado que los estudios preliminares realizados indican que el diseño arquitectónico del pasadizo es muy similar al diseño de un túnel hallado en Grecia, el conocido como Túnel o Acueducto de Eupalino, en la isla de Samos, datado en el siglo VI a.C. Aunque el de Taposiris Magna es más largo (el de Eupalino mide 1.036 m), y Martínez lo califica como un «milagro de la ingeniería».

INDICIOS ESPERANZADORES

Con todo, las excavaciones en Taposiris Magna no han estado exentas de dificultades. Entre los años 320 d.C. y 1.303 d.C., más de una veintena de terremotos sacudieron la costa egipcia, lo que provocó que una parte del templo de Taposiris se derrumbara y acabara hundiéndose bajo el mar, en una época en la que Egipto estaba gobernado por los Ptolomeos, una dinastía de gobernantes descendientes de Ptolomeo, uno de los principales generales de Alejandro Magno.

Durante las excavaciones, el equipo de Martinez descubrió que una parte del túnel estaba sumergida bajo las aguas del Mediterráneo, al igual que parte de los cimientos del santuario, en los que el equipo está trabajando ahora para lograr sacarlos a la luz. Asimismo, los arqueólogos localizaron varias vasijas y tinajas de cerámica, además de un bloque rectangular de piedra caliza.

Cabezas de alabastro encontradas durante los trabajos de excavación en Taposiris Magna.Facebook Ministerio de Antigüedades de Egipto

En el transcurso de los trabajos de excavación, la misión también descubrió dos cabezas de alabastro, una de las cuales probablemente representa a un rey, y la otra, a un personaje de alto rango, según ha explicado Martínez. Los numerosos hallazgos incluyen, además, monedas con las imágenes y los nombres de Cleopatra y de Alejandro Magno, varias esculturas sin cabeza y estatuas de la diosa Isis, además de diversas inscripciones y bustos.

Imagen de portada: Fachada norte del templo de Osiris en Taposiris Magna. Foto: Kontao (CC BY-SA 3.0)

FUENTE RESPONSABLE: Historia National Geographic. Por J.M. Sadurni. Actualizado 9 de noviembre 2022.

Sociedad y Cultura/Antiguo Egipto/Arqueología/Descubrimientos/ Faraones/Cleopatra/Marco Antonio/Actualidad

Las joyas de los egipcios: más que un adorno.

Hombres y mujeres llevaban toda clase de amuletos que los protegían en la vida terrena y la de ultratumba.

La joyería desempeñó un papel fundamental en la vida diaria y en las costumbres funerarias de los habitantes del país del Nilo. Los faraones y sus familiares, el clero, los nobles y todos aquellos que podían permitírselo adornaban su cuerpo con joyas, que sólo estaban al alcance de una minoría y constituían, por tanto, un símbolo de su elevada condición social. En un texto de finales del Imperio Antiguo, Las lamentaciones del sabio Ipuwer, se recuerda una gran crisis de la historia de Egipto en la que «los collares de cuentas adornan el cuello de las esclavas, mientras las damas nobles vagabundean por ahí lamentándose de no tener nada que llevarse a la boca»; señal de que, en circunstancias normales, sólo las clases más favorecidas podían lucir estos caros ornamentos. Pero las joyas en el antiguo Egipto también tenían un poder mágico y religioso como amuletos protectores, efectivos tanto en vida como en el más allá.

Los egipcios crearon todo tipo de joyas, con las que se acicalaban de la cabeza a los pies: pulseras, brazaletes, anillos, collares, pectorales, cinturones, amuletos, tobilleras, coronas, diademas y pendientes. 

La arqueología ha demostrado que las joyas fueron utilizadas sin distinción por hombres y mujeres. Unos y otras apreciaban en igual medida los metales nobles, de manera especial el oro y las piedras preciosas y semipreciosas, por lo que los egipcios se vestían y embellecían con infinidad de joyas tanto en la vida cotidiana como en las grandes ocasiones.

LA CARNE DE LOS DIOSES

Muchas piezas se realizaron en plata, electro (una aleación de oro y plata), cobre y bronce, casi siempre complementadas con piedras preciosas o semipreciosas como cuarzo, turquesa, lapislázuli, cornalina, gemas, alabastro y amatista, y con vidrio coloreado. 

Pero en su gran mayoría se fabricaron de oro puro. Éste era el metal más apreciado por los egipcios, que le atribuían connotaciones divinas; una inscripción decía: «El oro es la carne de los dioses […]. Recuerda cuáles fueron las palabras de Re cuando comenzó a hablar: ‘Mi piel es oro puro'».

Brazaletes de oro procedentes de la tumba de Tutankamón decorados con escarabajos de lapislázuli. Museo Egipcio, El Cairo. Foto: Cordon Press

El oro se extraía fundamentalmente de los desiertos de Nubia –nb o «país del oro»–, mientras que la plata se importaba del Próximo Oriente y, a partir del siglo VII a.C., de la península ibérica a través de los fenicios. El cobre se extraía de las minas del Sinaí, y el estaño, que se mezclaba con el cobre para producir bronce, se conseguía del Próximo Oriente, de las islas Casitérides (islas Británicas) o de la península ibérica. 

En los muros de las mastabas se han hallado representaciones que nos muestran la entrega de metales a los faraones como fruto de la explotación de minas, el comercio, los tributos y el botín de las campañas militares.

El cobre se extraía de las minas del Sinaí, y el estaño, que se mezclaba con el cobre para producir bronce, se conseguía del Próximo Oriente.

La importación de metales preciosos permitió el desarrollo de importantes talleres de joyería en las ciudades egipcias, particularmente en Menfis, Coptos, Tebas y Alejandría. Estos talleres estaban impulsados por el Estado, que introdujo una larga lista de cargos y especialistas relacionados con el trabajo del metal: jefes de talleres, jefes de artesanos, jefes de orfebres, cinceladores, grabadores y sopladores, entre otros. 

Aunque nunca firmaron sus obras, los orfebres disfrutaron de un gran prestigio. Gracias a los relieves de algunas tumbas podemos ver cómo se desarrollaba su trabajo y el tipo de herramientas que utilizaban: desde buriles, cinceles y martillos hasta pipas de soplar, fuelles, hornos y moldes. Los joyeros desarrollaron técnicas de orfebrería cada vez más sofisticadas, desde el calado y el cincelado hasta el repujado y, sobre todo, el grabado.

MAESTROS DE LA ORFEBRERÍA

A partir del Imperio Medio se comienza a utilizar la técnica del granulado, que consiste en la realización de minúsculas esferas o granos de metal, en especial de oro y plata, que por medio de la soldadura se adhieren a las piezas de joyería.

Miles de piezas fueron fabricadas con la técnica del cloisonné, entre ellas el extraordinario pectoral de Tutankamón.

Diversos collares de oro y piedras semipreciosas datados de la dinastía XVIII. Museo Británico, Londres. Foto: Cordon Press

La técnica del tabicado o cloisonné es uno de los grandes logros del arte egipcio. Consistía en dividir la pieza en pequeñas celdillas por medio de una serie de finas láminas metálicas que se fijaban al objeto mediante fundición y, posteriormente, se rellenaban incrustando diminutas piezas de pasta vítrea o piedras semipreciosas como jaspe, lapislázuli, gemas, malaquita… Miles de piezas fueron fabricadas con esta técnica, entre ellas el extraordinario pectoral de Tutankamón, que –entre muchos otros elementos– incluye la imagen de una divinidad con las alas extendidas, todo ello realizado en oro con incrustaciones de lapislázuli, cornalina y turquesa.

LOS REGALOS MÁS PRECIADOS

Muchas de estas joyas, particularmente los grandes y pesados collares formados por aros de oro, fueron regalos de los reyes a los nobles como recompensa por las victorias militares que habían conseguido. En un relieve de la tumba de Ay se puede ver cómo este primer ministro de Akhenatón recibe un collar usej de manos del faraón, mientras que en el cuello lleva seis collares de eslabones de oro como premio a su valentía.

En un relieve de la tumba de Ay se puede ver cómo este primer ministro de Akhenatón recibe un collar usej de manos del faraón.

Entre los regalos más importantes que un alto dignatario podía recibir estaba el denominado «collar de las moscas», o «moscas del valor». Se trataba de la más alta condecoración militar que podía otorgarse a un servidor del faraón; su figura se explica porque para los antiguos egipcios las moscas simbolizaban la persistencia; se quería, por tanto, premiar la tenacidad para vencer al enemigo. 

Aunque normalmente se concedía a hombres, también la recibió la reina Ahhotep –madre de Amosis, el fundador de la dinastía XVIII y del Imperio Nuevo– por su trascendental papel en la guerra contra los invasores hicsos.

Brazaletes de oro y lapislázuli decorados con el ojo udyat. Proceden de Tanis. Dinastía XXII. Museo Egipcio, El Cairo.

Las joyas no constituían únicamente un adorno, sino que también tenían una función religiosa y protectora. Podían adoptar la forma de múltiples divinidades, como Ptah, la diosa leona Sekhmet, el ureo (la cobra protectora de la realeza) y otros dioses como Anubis e Isis. 

También podían tener la forma de símbolos como el ojo udyat de Horus, el nudo tiet de Isis o el pilar djed de Osiris. Igualmente, las había zoomorfas, con figuras de toros, gacelas, patos, perros, moscas, peces, etc., y con motivos del mundo vegetal como papiros, flores –sobre todo el loto– o frutas, ya que los egipcios sentían una gran predilección por la flora de su entorno, en la que veían el símbolo de la belleza, el nacimiento de una nueva vida y el paraíso.

AMULETOS PROTECTORES

Se creía que las piedras preciosas o semipreciosas, como el lapislázuli y la turquesa, que se hallaban bajo la protección de Hathor, proporcionaban alegría y felicidad a quien las llevaba. Así se ilustra en un cuento recogido en el Papiro Westcar, en el que se narra cómo un día que el faraón Esnofru paseaba en su barca por el lago de su jardín, a una de las jóvenes que lo acompañaban se le cayó al agua un amuleto en forma de pez tallado en una turquesa del Sinaí, el reino de la diosa Hathor. 

«Esnofru –dice el texto– le prometió reemplazar la joya perdida, pero la joven deseaba recuperar la que se le había caído a toda costa. Y así lo hizo con la ayuda de un mago: las aguas se abrieron y la joya pudo ser rescatada de las entrañas del lago».

Se creía que las piedras preciosas o semipreciosas, como el lapislázuli y la turquesa, que se hallaban bajo la protección de la diosa Hathor.

La función protectora de estas joyas trascendía la vida terrenal, pues se creía que mantenían a los difuntos alejados de cualquier peligro a la vez que les concedían fuerza y vigor para su existencia ultraterrena; el oro y la plata en particular, como metales nobles, conservaban el cuerpo para la eternidad. 

Así, en muchas tumbas se ha encontrado gran cantidad de joyas a modo de ajuar funerario. Una de las más frecuentes es el escarabajo Khepri, encarnación del Sol que renace, y por ello sinónimo de eterno regreso y resurrección. Muchos de estos amuletos se colocaban entre las vendas de las momias, en el cuello, el torso y el corazón, para facilitar su viaje al más allá. En la momia de Tutankhamón se descubrieron nada menos que 143 objetos, que incluían joyas como collares, pectorales y ojos udyat.

Imagen de portada: Pectoral procedente de la tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes. En él se aprecia al faraón entre el dios Ptah y la diosa leona Sekhmet. Museo Egipcio, El Cairo. Foto: Cordon Press

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic en Español. Por Esther Pons Mellado. Actualizado: 12 de septiembre 2022.

Antiguo Egipto/Joyas/Faraones

 

 

EL MISTERIO DE LA MOMIA DE RAMSÉS I, EL ÚNICO FARAÓN QUE SURCÓ EL MAR HASTA AMÉRICA.

Después de milenios de ser faraón, la momia Ramsés I terminó en un pequeño museo de Ontario, en Canadá. Así fue como regresó a Egipto.

Tuvieron que pasar 130 años antes de que las autoridades egipcias se dieran cuenta de que una momia exhibida en un museo pequeño de Ontario, al centro de Canadá, pertenecía realmente al faraón Ramsés I. Como parte del acervo permanente de la institución, permaneció mal clasificada por más de un siglo —hasta 2001.

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La confusión nació de un simple error de clasificación, que se convirtió en motivo de conmoción internacional con la llegada del nuevo milenio.

Sin estar destinado a ser faraón

Fotografía: Eurasia Press / Photononstop / Photononstop via AFP

Sin saberlo, un explorador italiano del siglo XIX empezó un conflicto internacional. Después de una larga trayectoria como investigador en Egipto, se adentró en las profundidades del Valle de los Reyes. En las cercanías del actual poblado de Deir el-Medina, fue el espacio destinado para sepultar a la élite política del Imperio por dinastías completas.

Giovanni Battista Belzoni tenía la convicción de que encontraría más evidencia sobre las formas de vida e idiosincrasia del Antiguo Egipto.

A sabiendas de que muchas de las tumbas habían sido saqueadas casi por completo, el investigador quiso recuperar en 1817 cualquier vestigio que le proporcionara información sobre la cultura antigua.

Por esta razón, documenta la historiadora Carme Mayans para National Geographic Historia, la encontró prácticamente vacía:

«[…] el enorme sarcófago de granito rojo que presidía la cámara funeraria no contenía los restos del soberano para quien fue excavada la tumba, que resultó ser Ramsés I, el fundador de la dinastía XIX».

A pesar de haber nacido en el seno de un linaje de militares de élite, originalmente Ramsés I no estaba destinado a ser faraón. Aún así, forjó una carrera política que le permitió convertirse en visir de Egipto, una especie de consejero de la realeza en el imperio.

Por sus relaciones con los faraones y cercanía con la nobleza, Ramsés I heredó el puesto del monarca en curso, ya que no había logrado tener hijos varones. Sin embargo, su reinado no fue my largo. Por el contrario, ostentó el puesto durante sólo 16 meses.

Una peregrinación forzada

momia Ramsés I

Fotografía: Richard Maschmeyer / Robert Harding Premium / robertharding via AFP

Como el reinado de Ramsés I no fue muy largo, apenas hubo tiempo para diseñarle un sarcófago digno de un faraón. A comparación de otros dirigentes políticos en Egipto, su tumba podría pasar desapercibida por pequeña y poco adornada. Aunque se asume que, en su momento, recibió una ceremonia digna de su rango político, queda poca evidencia al respecto.

Entre que el espacio fue saqueado, y que quedó una sepultura discreta, los arqueólogos contemporáneos deducen que los restos encontrados ahí le pertenecen por el contexto que les rodea. En primer lugar, la sepultura de su hijo, Seti, se encontró muy cerca de los suya. Y lo que es más: el recinto funerario de su predecesor tiene los mismos trazos decorativos que el sarcófago de Ramsés I, lo que sugiere que incluso fue fabricada por los mismos artesanos, explica Mayans.

Belzoni encontró éstas y otras tumbas similares, pertenecientes a otros dirigentes políticos del Antiguo Egipto. Sin embargo, no encontró ninguna momia al interior de ellas. Ni siquiera la de Ramsés I, a pesar de tener un sarcófago discreto. Esto es así porque, para evitar los saqueos de estos espacios mortuorios, las autoridades en Egipto decidieron mover los restos de sus antiguos gobernantes a lugares ‘más seguros’.

En una especie de peregrinación forzada, los restos de los faraones fueron transportados de sitio en sitio. Décadas más tarde, el Servicio de Antigüedades de Egipto intentó recuperar estos y otros tesoros perdidos de aquella época dorada. Aunque algunas momias fueron recuperadas, no fue el caso de Ramsés I.

Víctima del tráfico de cadáveres

momia de Ramsés I

Fotografía de la momia de Ramsés I tomada en el Museo de Luxor en el Museo de Luxor, Egipto. / Wikimedia Commons

Nadie, ni siquiera el Servicio de Antigüedades de Egipto, conocía con exactitud el paradero de la momia de Ramsés I. Un halo de misterio rodeó al caso del faraón perdido durante décadas. Resultó ser que, milenios después de su muerte, había sido víctima del tráfico ilegal de cadáveres.

Los restos del faraón de la Dinastía XIX fueron usurpados por los Abd el Rasul, una familia de saqueadores de tumbas egipcias que hizo un negocio multimillonario con ellas. Toda la ‘mercancía’ se vendía en el mercado negro de Luxor, en Egipto, para el mejor postor:

«En 1871, los Abd el Rasul, a través del tratante turco Mustafá Ana Ayat, vendieron una momia muy bien conservada al doctor James Douglas, que a su vez la vendió al Museo Niagara Falls, en Ontario», documenta Mayans.

A partir de entonces, la momia de Ramsés I estuvo exhibida en Canadá, a cientos de kilómetros de su recinto de descanso perpetuo original en Egipto.

En la actualidad, el museo canadiense reconoce este acontecimiento como parte de su acervo histórico.«Ramses I había sido traído por un intrépido grupo de canadienses que visitaron el Nilo en la década de 1860», confirman medios locales.

En quiebra

momia de Ramsés I

Wikimedia Commons

En 1991, el museo de Ontario quebró. Sólo entonces, se hizo un recuento de los elementos que tenían en su acervo. A partir de una tomografía que se le hizo a la momia de Ramsés I, se confirmó que, efectivamente, el cadáver le pertenecía al faraón egipcio. Más que nada, porque el cuerpo había sido tratado con ‘elaboradas técnicas de momificación’, según determinó el Departamento de Radiología del Hospital Emory, en Canadá.

Fue entonces que Egipto pidió la repatriación inmediata de los restos del faraón de la Dinastía XIX. Algunos egiptólogos mostraron sus reservas ante los restos, porque les parecía increíble que el cadáver de una figura histórica de esa envergadura sencillamente hubiera sido dejado a su suerte durante más de 100 años.

Sin embargo, a partir de los restos mortales de Ramsés I, lo más probable es que los resultados venidos de Canadá sean fidedignos. En 2003, el faraón perdido del otro lado del mar volvió a su tierra natal con toda la pompa y lujo que le hubiera correspondido en su momento de mayor esplendor. Hoy, descansa en una sala especial dedicada para él, el Museo de Luxor.

Imagen de portada:VISTA LATERAL DE LA MOMIA DE RAMSÉS I / FOTOGRAFÍA: MANUEL COHEN / MANUEL COHEN / MANUEL COHEN VIA AFP.

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic. Publicado por amp_author_box(); Mayo 2022

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