La redención americana de Lorca: así escribió ‘Poeta en Nueva York’ entre la depresión y el desamor.

Agosto de 1929 encontró al poeta de vacaciones en Vermont. Antes de partir, el poeta se encontraba en un momento sentimental y literario crítico.

Si deseas profundizar esta entrada por favor cliquea donde se encuentre escrito en “azul”. En cuanto al vídeo pincha el link. Muchas gracias.

Era su primer viaje a América, pero al partir el 19 de junio hacia Estados Unidos a bordo del transatlántico Olympic desde el puerto de Southampton, el desánimo abrumaba a Federico García Lorca (Fuente Vaqueros, 1898 – Víznar, 1936). Por una parte, no lograba superar su ruptura sentimental con el escultor Emilio Aladrén, amigo de Salvador Dalí y de Maruja Mallo, que lo describía como «un lindo chico, muy guapo, muy guapo, como un efebo griego. Era un festejante mío (como dicen en Argentina) y Federico me lo quitó […]». Tras dos años de relación (1927-1928), Aladrén había abandonado al poeta por la inglesa Eleanor Dove.

Por si esto fuese poco, tras el éxito del Romancero gitano sufrió las burlas insidiosas (y tal vez tiznadas de envidia) de sus mejores amigos, Dalí y Luis Buñuel, que tildaron su poesía de «comerciable» y vulgar. Y, finalmente, él mismo temió estar convirtiéndose en una suerte de autor folclórico dedicado a la gitanería.

Su depresión era tal (según Ian Gibson le rondó incluso la idea del suicidio) que Fernando de los Ríos, su antiguo profesor y amigo de la familia, le pidió que le acompañara a Nueva York. Y Lorca aceptó, a pesar de escribir al embajador de Chile, su íntimo Carlos Morla Lynch, que «New York me parece horrible pero por eso mismo me voy allí». Ya en el barco, poco antes de desembarcar, insistía: «Me siento deprimido y lleno de añoranzas. Tengo hambre de mi tierra. […] No sé para qué he partido; me lo pregunto cien veces al día. […] no me reconozco. Parezco otro Federico».

Y, sin embargo, cuando desde el buque tuvo su primera visión de Nueva York, el 26 de junio, le deslumbraron los rascacielos iluminados «que tocaban las estrellas», «las miles de luces, los ríos de autos» de aquella «Babilonia trepidante y enloquecedora». Tanto que apenas dos días después de desembarcar, escribió a su familia que «París me produjo gran impresión, Londres mucho más, y ahora New York me ha dado como un mazazo en la cabeza», y para subrayar lo increíble de la ciudad, les aseguraba que en solo tres de sus grandes edificios «cabe Granada entera. Son casillas donde caben 30.000 personas».

«Aprendiendo» inglés

Al final, pasaría nueve meses en Nueva York y otros tres meses en Cuba. Como si de un estudiante actual en viaje agosteño de estudios se tratara, el fin oficial de la aventura americana de Federico era aprender inglés. Lorca empezó a seguir cursos para extranjeros de la Universidad de Columbia en junio y julio, pero con tan poca dedicación como se temían quienes le conocían bien.

De hecho, antes de partir en La Gaceta Literaria se pudo leer: «¿A qué va Lorca a New York? ¿A aprender el inglés? […] Aprenderá el inglés en dos meses, con gramófono».

Lejos de las aulas, Lorca comenzó a frecuentar a León Felipe, Ángel Flores, Francisco Ágea, y se encontró con españoles de paso en la ciudad, como Julio Camba, Concha Espina, Antonia Mercé, Encarnación López (La Argentinita) o Ignacio Sánchez Mejías…

Cuando llegó agosto, el poeta, que no se había presentado al examen de inglés de la Universidad, escribió «El rey de Harlem», donde leemos «El sol que se desliza por los bosques / seguro de no encontrar una ninfa, / el sol que destruye números y no ha cruzado nunca un sueño, / el tatuado sol que baja por el río / y muge seguido de caimanes») y «1910 (Intermedio)», dos de los primeros poemas de lo que sería Poeta en Nueva York. También la revista Alhambra, que dirigía en Nueva York su nuevo amigo Ángel Flores, publicó dos romances traducidos al inglés y varias fotografías del poeta

Cielo abierto

Yo no podré quejarme

si no encontré lo que buscaba.

Cerca de las piedras sin jugo y los

insectos vacíos

no veré el duelo del sol con las

criaturas en carne viva.

Pero me iré al primer paisaje

de choques, líquidos y rumores.

que trasmina a niño recién nacido

y donde toda superficie es evitada,

para entender que lo que busco

tendrá su blanco de alegría

cuando yo vuele mezclado con el amor

y las arenas.

[…]

Yo no podré quejarme

si no encontré lo que buscaba;

pero me iré al primer paisaje de

humedades y latidos

para entender que lo que busco

tendrá su blanco de alegría

cuando yo vuele mezclado con el amor

y las arenas.

Vuelo fresco de siempre sobre lechos

vacíos,

sobre grupos de brisas y barcos

encallados.

Tropiezo vacilante por la dura

eternidad fija

y amor al fin sin alba. Amor.

Al tiempo, se multiplicaban las invitaciones para que pasase una temporada lejos de Nueva York, huyendo de las altísimas temperaturas de la ciudad. Finalmente, aceptará la de Philip Cummings e irá con su amigo a Eden Mills, en el estado de Vermont, un pintoresco pueblo fronterizo con Canadá.

Vacaciones en Vermont

Dicen los especialistas que la estancia en Vermont resultó clave para Lorca, pues el «paisaje prodigioso» le ayudo a soportar «una melancolía infinita» y resultó además muy fructífera en lo que a la creación poética se refiere. Escribió mucho y probablemente allí, en un estado de desesperación, nacieron los poemas «Cielo vivo», «Poema doble del Lago Edén» –con versos tan estremecedores como «Quiero llorar porque me da la gana / como lloran los niños del último banco, / porque yo no soy un hombre, ni un poeta, ni una hoja, / pero sí un pulso herido que sonda las cosas del otro lado»–, «Vaca» y «Tierra y luna» de su futuro libro neoyorquino.

Y sin embargo, a pesar de la amabilidad de la familia Cummings, Lorca sentía que se ahogaba en aquella vida demasiado tranquila que no solo contrastaba con las seis bulliciosas semanas vividas en Nueva York sino que, al parecer, le despertaban unos recuerdos tristes que le quemaban, según le confesó a Ángel del Río en una carta de finales de agosto.

En los poemas escritos durante esas semanas, sin embargo, son escasas y difusas las alusiones a lo extremado del clima, pues lo cierto es que Lorca seguía profundamente impactado por el trato dispensado a la minoría negra. De ahí que los poemas agosteños de Poeta en Nueva York mencionados fuesen para el poeta y dramaturgo un verdadero grito de horror, de denuncia contra la injusticia y la discriminación, contra la deshumanización de la sociedad moderna y la alienación del ser humano.

El resto de las vacaciones lo pasó en Bushnell Ville y en Newburgh, disfrutando la hospitalidad, primero, de Ángel del Río y, luego, de Federico de Onís. Probablemente de esos días datan «Vuelta de paseo», «Nocturno del hueco», «Paisaje con dos tumbas y un perro asirio», «Ruina» y «Muerte». En total, García Lorca pudo pasar unas cinco semanas fuera de la ciudad en las que no dejó de escribir su futuro libro, que, sin embargo, no pudo publicarse hasta 1940, cuatro años después de su muerte.

Sin embargo, su transformación poética y personal había sido tan completa esos meses, tan abrumadora, que cuando años más tarde (entre 1931 y 1935) pronunciaba en distintas ciudades su conferencia-recital «Un poeta en Nueva York», solía dirigirse al público precisando: «He dicho un poeta en Nueva York y he debido decir Nueva York en un poeta».

Imagen de portada: Federico García Lorca en la Universidad de Columbia en 1929.

FUENTE RESPONSABLE: El Español. El Cultural. Por Nuria Azancot. 3 de agosto 2022

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía/New York/En memoria/ Federico García Lorca

El poeta dice la verdad

 

Quiero llorar mi pena y te lo digo

para que tú me quieras y me llores

en un anochecer de ruiseñores,

con un puñal, con besos y contigo.

Quiero matar al único testigo

para el asesinato de mis flores

y convertir mi llanto y mis sudores

en eterno montón de duro trigo.

Que no se acabe nunca la madeja

del te quiero me quieres, siempre ardida

con decrépito sol y luna vieja.

Que lo que no me des y no te pida

será para la muerte, que no deja

ni sombra por la carne estremecida.

Federico García Lorca,  Sonetos del amor oscuro.

Cliquea en el siguiente link; si deseas escuchar la canción.

El Poeta Dice La Verdad

Imagen de portada: Gentileza de El Viejo Topo

FUENTE RESPONSABLE: El Viejo Topo. Junio 2022

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía/Arte/Federico García Lorca

 

Federico García Lorca: la incansable búsqueda de un poeta.

El 19 de septiembre de 2017, a ocho décadas de su desaparición y fusilamiento, se excavará por tercera vez la fosa común en la Sierra de Alfacar, muy cerca de Granada, donde el cuerpo de Federico García Lorca se habría perdido entre otros 4 mil cadáveres. En 2017 sus obras saltarán al dominio público, y su biógrafo, Ian Gibson, interpela aquí a su familia y al Estado español para descifrar el enigma que silenció la voz del poeta que esparció sus versos al mundo.

La puerta sonó dos veces la tarde del 16 de agosto de 1936. Esperanza Camacho se asomó y vio a tres hombres en la entrada de su casa en la calle Angulo, en Granada. «Tengo orden de detener a Federico García Lorca, a quien tienen escondido aquí», dijo Ramón Ruiz Alonso, un obrero tipógrafo y activista de derecha de la Segunda República Española. El poeta de 38 años bajó las escaleras como un niño asustado, pálido cual nube de invierno, repitiendo en voz baja: «Esto es un error… un abominable error».

Un mes antes, el golpe de Estado en Granada marcó el inicio de la Guerra Civil, y los embajadores de Colombia y México previeron que la vida del poeta corría peligro. Conocían sus principios: católico, comunista, anarquista, tradicionalista y monárquico, mas nunca lo sedujo la militancia. Le ofrecieron el exilio, pero no aceptó: «Yo soy un español integral y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos», dijo en su última entrevista al periódico El Sol de Madrid.

A su retorno de Buenos Aires, en 1934, donde asistió al estreno de Bodas de sangre, García Lorca se dedicó a vivir y escribir contra el tiempo, como si hubiese sospechado que se aproximaba el fin. Recitará sus poemas, dará conferencias, rematará Yerma y La casa de Bernarda Alba, y revisará Suites y Poeta en Nueva York,  donde recogió su paso por la U. de Columbia, invitado por su amigo, profesor e ideólogo de izquierda Fernando de los Ríos. «Una de las experiencias más útiles de mi vida», se lee en sus páginas.

El 14 de julio de 1936, vuelve a Granada a reunirse con su familia en la Huerta de San Vicente, donde cientos de hombres y mujeres eran fusilados al amanecer, entre ellos su cuñado y alcalde de la ciudad. El poeta olfatea el miedo. Desconfía. Un día después buscó refugio en casa de la familia de su amigo, el poeta Luis Rosales, donde le detendrán en cuestión de horas.

El automóvil se alejó por las calles rumbo al edificio del gobierno civil. García Lorca es torturado y obligado a confesar. «¿Confesar qué?, ¿confesar qué?», decía a sus captores, quienes lo acusaban de «espía ruso, socialista, de ser amigo de Fernando de los Ríos, de masón y homosexual», según un informe de la Policía de Granada del 9 de julio de 1965 y que se hizo público el 23 de abril del año pasado. «Fue el primero en corroborar su asesinato a manos de autoridades franquistas», dice el dublinés Ian Gibson (1939), el biógrafo del poeta.

Esa noche, «pálido y desecho», según anota Gibson en Vida, pasión y muerte de García Lorca (1998), el poeta recibió la visita de Julián Fernández Amigo, cercano suyo. «Lo vio muy nervioso y le dejó mantas y cigarrillos Camel, mientras Luis Rosales intentaba salvarlo. Hasta consiguió una orden de libertad firmada por el Coronel Antonio González Espinoza, pero ya era muy tarde: ya había sido trasladado a La Colonia», dice Gibson, el lugar donde los prisioneros pasaban sus últimas horas antes.

Es posible que el fusilamiento de García Lorca se ordenara la noche del 18 de agosto. En la madrugada del 19, el poeta y otros tres hombres fueron subidos a un viejo Buick y llevados hacia Ainadamar, Fuente Grande, en las alturas de La Colonia. La macabra comitiva avanza entre la oscuridad y se detiene junto a un olivo que pasará a la historia. Se oyen disparos, y cuatro cuerpos ruedan por la tierra, ensangrentándola. El poeta había muerto.

¿El fin de un enigma?

Ian Gibson, hoy radicado en Lavapiés, Madrid, tenía 18 años cuando leyó Romancero gitano (1928), y la que iba a ser su tesis doctoral sobre García Lorca, mutó en una ardua investigación de su muerte. «En 1971 publiqué en París La represión nacionalista de Granada en 1936 y la muerte de Federico García Lorca, prohibido en España, claro. Es curioso que siendo un poeta tan popular en su país, los vestigios del régimen entorpezcan la búsqueda de la verdad. España ha sido incapaz de afrontar el terrible problema de los miles de asesinados por el franquismo que aún yacen en fosas comunes, incluido él, el desaparecido más famoso del mundo. A García Lorca lo mataron porque no aguantaban su obra, y porque era no solo un ‘rojo’, sino un ‘rojo maricón’. Además su padre, un hombre liberal, tenía adversarios políticos en la ciudad y andaba en medio de mucha envidia: al padre por ser rico, al poeta por su fama».

En 2009, bajo el mandato de Rodríguez Zapatero, se excavó por primera vez la fosa donde descansarían sus restos junto a otros 4 mil cuerpos de los más de 100 mil desaparecidos durante la dictadura española. Nada suyo encontraron. «Después supimos que cuando se vallaba el recinto para su inauguración, en 1986, se hallaron restos humanos cerca del famoso olivo que habían sido trasladados ilegalmente a otro rincón ¡solo porque estorbaban los trabajos! Esto no se ha investigado y es vergonzoso. Si me pregunta la jueza argentina -María Servini, quien este año tomó el caso- voy a aportar con todo lo que sé a la investigación», dice el biógrafo.

En 2014, otra búsqueda en el mismo sector, al pie de la Sierra de Alfacar, chocó con la negativa de la familia García Lorca, encabezada por Laura, sobrina-nieta, albacea y presidenta de la fundación que lleva el nombre del poeta. La misma, meses atrás, protagonizó la polémica por el destino de los más de 19 mil documentos de su legado, que en 2017 saltaron al dominio público, y que hasta ahora permanecen en España. «Los suyos han disfrutado 80 años de los derechos de autor, y ahora Lorca será libre, irónicamente, de su familia, que se ha negado a hacerse exámenes de ADN para apresurar su hallazgo», añade Gibson, quien a 80 años del asesinato del autor, reeditó, por Ediciones B, Lorca y el mundo gay; Ramón Ruiz Alonso. El hombre que delató a García Lorca, y Lorca y Dalí. El amor que no pudo ser.

El irlandés colaboró con la nueva búsqueda de los restos en una excavación que se llevó a cabo el 19 de septiembre,  financiada por el historiador Miguel Caballero y el arqueólogo Javier Navarro. «No creo que haya algún hallazgo -dice-, pues se hará a 20 metros de la anterior. Súmale la poca disposición de su familia. No sé si ocultan algo, ¡hay tantas teorías! ¡Sabrán dónde está? ¿Sacaron los restos? Me gustaría que dijeran delante de un notario: no sabemos nada de eso».

Ni un poeta le es comparable, opina el biógrafo. «Lorca escribió: Viva moneda que nunca se volverá a repetir. Es eso, García Lorca fue, sigue siendo y será irrebatible». Más allá del poeta, del eco de sus letras, del enigma que rodea su muerte y dondequiera que haya ido a parar su cuerpo, ese hombre talentoso, Federico, previó su triste y horroroso fin en el poema Fábula y rueda de tres amigos, que no vio la luz hasta 1940, con la publicación de Poeta en Nueva York: «Cuando se hundieron las formas puras / bajo el cri cri de las margaritas, / comprendí que me habían asesinado. / Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias, / abrieron los toneles y los armarios, / destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro. / Ya no me encontraron».

Imagen de portada: federicogarcialorca.net

FUENTE RESPONSABLE: La Tercera.Chile. Culto. Diciembre 2017

Sociedad y Cultura/España/Literatura/La segunda República/Federico García Lorca

 

La barraca y la faceta que definió a Federico García Lorca.

Si deseas profundizar en esta entrada; cliquea por favor donde se encuentra escrito en “negrita”. Gracias.

Hablar de Federico García Lorca es referirse a un agudo observador del habla, de la música y de las costumbres de la sociedad rural española; a un poeta y dramaturgo que dio expresión al deseo, al amor, a la muerte, al misterio de la identidad y al milagro de la creación artística, entre muchas cosas más.

Nacido el 5 de junio de 1898 en Fuente Vaqueros, España, el personaje que se convertiría en el poeta de mayor influencia y popularidad de la literatura española del siglo XX, se mudó con su familia al pueblo de Granada y formó su infancia aprendiendo letras, música y teatro con su madre.

En el otoño de 1914, García Lorca se inicia en las carreras de Filosofía y Letras, y Derecho, y entabla amistad con Martín Domínguez Berrueta, titular de Teoría de la Literatura y de las Artes, una relación que lo llevaría a viajar por otras regiones de España, despertando su vocación como escritor que dio como fruto primer libro de prosa, Impresiones y paisajes, en 1918, donde el joven poeta descubre su deseo de discutir temas políticos, inquietudes religiosas, la vida monacal, la escultura renacentista, y el porvenir de España en general, y más.

En 1919, con ayuda de su amigo Fernando de los Ríos, Federico finalmente llega a Madrid a la Residencia de Estudiantes, dirigida por Alberto Jiménez Fraud, que, con ideales similares a los de Oxford o Harvard, pretendía ser el hogar espiritual donde se fragüe y depure, en corazones jóvenes, el sentimiento profundo de amor a la España. Y así fue, tanto en Madrid como en Sevilla, se juntó con un grupo de colegas donde pudo cumplir las intenciones que descubrió al viajar por la provincia española.

Así, en años por venir, Federico García Lorca se hizo amigo y compañero de personajes como Luis Buñuel, Emilio Aladrén, Rafael Alberti y Salvador Dalí, con quienes conoció el surrealismo y alcanzó su madurez como dramaturgo y poeta, atento al arte del pasado, y formando parte de uno de los grupos poéticos más importantes de Europa y del resto del mundo. En estos años, durante la década de 1920, trabajos como Romancero Gitano y Mariana Pineda vieron la luz.

Ateneo de Sevilla en 1927. Asistentes, de izquierda a derecha: Rafael Alberti, Federico García Lorca, Chabás, Bacarisse, José M» Platero, Blasco Garzón, Jorge Guillén, Bergamín, Dámaso Alonso y Gerardo Diego. Fuente: Centro de Estudios Montañeses.

Fue en la primavera de 1929 que Lorca se alejó del ambiente andaluz y de su círculo de amigos ilustres al acompañar a Fernando de los Ríos, su antiguo maestro y amigo de su familia, a Nueva York y Cuba, donde tendría la oportunidad de aprender inglés, vivir por primera vez en el extranjero y renovar su obra, incluso escribiendo El público, una de sus obras más complejas y multifacéticas que explora la naturaleza de la pasión homosexual, recordando ese tiempo como una de las experiencias más útiles de su vida, incluso mencionando: «Si yo me pierdo, que me busquen en Andalucía o en Cuba

El regreso a España y la creación de su legado: La Barraca

Sintiéndose renovado y aliviado, Federico García Lorca regresó a España en 1931 y empezó a colaborar en proyectos con Eduardo Ugarte que pretendían fomentar un mayor intercambio entre la cultura de las ciudades y la de los pueblos.

Es así como nació La Barraca, formada por estudiantes de Filosofía y Letras y Arquitectura, quienes se encargaron del montaje escénico, y donde colaboran artistas como Ramón Gaya, Santiago Ontañón, Ponce de León y Benjamín Palencia, autor del popular cartel de La Barraca. En este teatro ambulante que no buscaba ningún propósito político, sino únicamente cultural, los cuatro artistas se ocuparon de la realización escenográfica y la actuación junto con los estudiantes.

Eduardo Ugarte y Federico García Lorca con La Barraca en la Residencia de Estudiantes de Santander. Fuente: Centro de Estudios Montañeses.
Federico García Lorca frente al cartel «La Barraca» de Benjamín Palencia. Fuente:  Centro de Estudios Montañeses.

Solamente con un autobús para el transporte del personal y una camioneta entoldada, llamada graciosamente «la bella Aurelia», para llevar los decorados y equipajes, Federico García Lorca y La Barraca funcionaban como podían, cambiándose a veces incluso en habitaciones prestadas por el vecindario.

De Madrid a Santander, y pasando por todos los pueblos que había entre la ruta, La Barraca presentaba obras como El caballero de Olmedo, La dama boba, Llanto por Ignacio Sánchez Mejía, Fuenteovejuna, y más, que fueron catalogadas por la prensa nacional como triunfos excepcionales, llevando y cargando la cultura y las letras a diversas partes de España que no lo tenían a su alcance, haciendo de Federico, además de poeta, dramaturgo, e intelectual, también un docente y figura de la historia del teatro, porque, para los estudiantes se trataba de una formación única, pero para García Lorca, La Barraca fue su determinante formación teatral, una que le enseñó el oficio de director.

Un ensayo de Fuenteovejuna. Ugarte y Lorca a la derecha. Fuente: Archivo Goyeneche.

No obstante, el 28 de agosto de 1936, diez días después del asesinato de Federico García Lorca a manos del gobierno de ultra derecha, La Barraca abandonaría Santander para no volver nunca más.

Ya fuera entreteniendo, impartiendo cultura, o cosechando talentos de teatro, escenografía y letras, mirando en retrospectiva, La Barraca puede definirse como la faceta más importante de Lorca, porque también al ser su su última, lo graduó en la práctica escénica y como director y formador, una etapa que empata en gloria a la del oficio de sus letras, las que siempre velaron por hablar de las inquietudes más profundas del corazón humano, y que son por las que ultimadamente es recordando el joven nacido en Fuente Vaqueros.

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

FUENTE RESPONSABLE: FAHRENHEITmr Magazine. Abril 2022

Sociedad y Cultura/Literatura/Federico García Lorca/La Barraca

La relación de Federico García Lorca con la Semana Santa: De la fe de la niñez a la crítica constructiva.

VIVIR

  • El año 1929 fue un punto de inflexión en la vida del poeta.
  • Posteriormente se mostraría nostálgico con sus recuerdos de la niñez.

El poeta trasciende a través de los años gracias a su habilidad para permear en el imaginario cultural granadino, tanto en el momento de su vida y confección de su obra como una vez fue ejecutado, lo que le ha convertido en una de las figuras más enriquecedoras de la historia cultural granadina

Es por ello que también existen registros sobre su relación con la Semana Santa, una historia de reconciliación con la fe o al menos con el imaginario cristiano que humaniza aun más su figura.

Si deseas profundizar sobre esta entrada; cliquea por favor adonde está escrito en “negrita”.

La principal referencia que dejó el de Fuente Vaqueros sobre su relación con la Semana Santa se encuentra en un texto breve en prosa fechado en 1929 en el que se mostraba especialmente crítico con la celebración católica en este breve e intenso escrito: «Desde luego, se encontrará el viajero con la agradable sorpresa de que en Granada no hay Semana Santa. La Semana Santa no va con el carácter cristiano y anti espectacular del granadino».

Es la primavera de este mismo año el poeta sufre un punto de inflexión en su vida. Dalí decidió poner distancia en la relación entre ambos, por lo que en esa primavera no marcharían como en anteriores ocasiones a Cadaqués junto al artista y su familia. 

Lorca cae en profunda depresión y pasa unos meses muy duros, también por su difícil relación con el escultor Emilio Aladrén, que no estaba bien vista por sus compañeros de la Residencia de Estudiantes.

Emilio Aladrén y García Lorca

Emilio Aladrén y García Lorca

Emilio Aladrén y García Lorca

Lorca decide salir en procesión y portar la Cruz de Guía de Santa María de la Alhambra ese mismo año en su mayor acercamiento a la tradición semana santera hasta el momento. 

El poeta solicitó el favor de salir como penitente y la petición fue atendida. Sin embargo, había un problema de base, y es que ni era cofrade ni contaba con el traje reglamentario de la cofradía, algo que iba en contra de las normas, por lo que tuvo que realizar el trayecto descalzo y con la cara cubierta. 

Lorca no abusó de su condición de personaje reconocido, por lo que tramitó dicha petición de forma anónima. Una vez se presentó en la sacristía, los cofrades advirtieron con sorpresa que se trataba del aclamado poeta. Dos meses después, Lorca firmo del Boletín de inscripción en dicha Cofradía de Santa María de la Alhambra, con fecha de 20 de mayo de 1929 y con una cuota mensual de una peseta.

Tras su penitencia en aquella Semana Santa granadina le siguieron unos críticos poemas contra la jerarquía de la iglesia católica en ‘Poeta en Nueva York’. El ejemplo más emblemático lo encontramos en ‘Grito hacia Roma desde el Chrysler Building’, en lo que se trata de un alegato contra el poder papal. 

El texto, publicado en 1936, muestra una visión crítica a la vez que nostálgica. El poeta denuncia que las profesiones de los años treinta, en comparación con las de su niñez, tienen cierto «afán exclusivamente comercial que no iban con la seriedad, la poesía de la vieja Semana».

Lejos de declararse en contra de esta celebración, Lorca realmente la encumbra desde el poso de sus recuerdos y rememora «una Semana Santa de encaje, de canarios volando entre los cirios de los monumentos, de aire tibio y melancólico como si todo el día hubiera estado durmiendo sobre las gargantas opulentas de las solteronas granadinas, que pasean el Jueves Santo con el ansia del militar, del juez, del catedrático forastero que las lleve a otros sitios».

Ilustración de un paso de Semana Santa en la Carrera del Darro

Ilustración de un paso de Semana Santa en la Carrera del Darro.

El poeta pidió que «restauraran aquella Semana Santa vieja, y escondieran por buen gusto ese horripilante paso de la Santa Cena y no profanaran la Alhambra, que no es ni será jamás cristiana, con tatachin de procesiones, donde lo que creen buen gusto es cursilería, y que sólo sirven para que la muchedumbre quiebre laureles, pise violetas y se orinen a cientos sobre los ilustres muros de la poesía» y consideraba que «Granada debe conservar para ella y para el viajero su Semana Santa interior; tan interior y tan silenciosa, que yo recuerdo que el aire de la vega entraba, asombrado, por la calle de la Gracia y llegaba sin encontrar ruido ni canto hasta la fuente de la plaza Nueva».

Penitente en la Semana Santa conquense.

Existen registros de la visita de García Lorca a la Semana Santa de Huesca en el año 1932, una visita recogida en el libro «En España con Federico García Lorca», un diario escrito por el embajador chileno Carlos Morla Lynch, que le acompañaba en el viaje, junto al poeta Rafael Martínez Nadal.

‘El día de Cuenca’, 1995

'El día de Cuenca', 1995

‘El día de Cuenca’, 1995

La historia fue recuperada para el recuerdo conquense por el crítico literario local Florencio Martínez Ruiz, que en el Pregón de Semana Santa de 1989 citó esa escapada de Lorca a Cuenca en los días sacros. Posteriormente, en abril de 1990, dio a conocer la historia en una página completa de ABC bajo el título de «García Lorca en la Semana Santa de Cuenca»

En el año 1995 el periodista conquense publicó en el diario ‘El Día de Cuenca’ una doble página titulada «García Lorca, penitente «sui géneris» en la Semana Santa conquense». 

Este nuevo artículo sobre la visita del poeta a tierras conquenses aportó muchos datos de esas tres jornadas, incluyendo un dibujo de García Lorca y de la Virgen de las Angustias, de la que decía Florencio que tenía una representación múltiple con elementos y notas de Cuenca y Granada.

El libro del embajador chileno fue publicado en 1955 bajo la censura franquista, que omitió información relativa a la visita del poeta, figura incómoda para el régimen tras su ejecución. 

En 2008, el libro fue reeditado en un hermoso volumen, recuperando textos censurados e incluso se citan las fechas del viaje a Cuenca, que no figuraban en la primera edición.

Libro del embajador chileno

Libro del embajador chileno

Libro del embajador chileno

Pronta pérdida de fe

Un ejemplo de la relación del poeta con la fe y doctrina católica son ‘Los encuentros de un caracol aventurero’. Este simple texto que casi parece un cuento para niños esconde una profunda reflexión quasi filosófica sobre la religión. 

Los personajes son ranas que representan la fe ciega y conservadora. Estos no admiten otros cultos y creencias, representadas en la figura del caracol. 

La fe católica estuvo presente durante toda la juventud del poeta, que no tardaría en revelarse contra ésta en una clara pérdida de la creencia. Similar a lo que sucede con las ranas del relato. En el poema se da un enfrentamiento entre la fe católica más reaccionaria y la libertad que ansía la multitud. 

Por tanto, en esta obra encontramos un buen resumen de la relación del poeta con la religión, alejado de los dogmas pero también de la crítica feroz, tratando de ubicarse en un espacio único de adaptación y comprensión con una visión, una vez más, adelantada a su tiempo.

‘Paso’ del ‘Poema de la Saeta (Cante Jondo), por Federico García Lorca

Virgen con miriñaque,

virgen de Soledad,

abierta como un inmenso

tulipán.

En tu barco de luces

vas

por la alta marea

de la ciudad,

entre saetas turbias

y estrellas de cristal.

Virgen con miriñaque

tú vas

por el río de la calle,

¡hasta el mar!

Imagen de portada: Gentileza de Granada Hoy. España. La relación de Federico García Lorca con la Semana Santa: De la fe de la niñez a la crítica constructiva.

FUENTE RESPONSABLE: Granada Hoy. España. Abril 2022

Sociedad y Cultura/Semana Santa/Granada/Federico García Lorca

La vigencia de “Poeta en Nueva York” de Federico García Lorca.

El poeta pasa una estancia en la Universidad de Columbia entre 1929 y 1930, durante ese periodo, Lorca vive dos depresiones; la propia y la de Nueva York. 

Desde antes de llegar, en el barco siente un gran sentimiento de arrepentimiento y de aversión pues todo le parece poco bello. Ya en la gran ciudad esa sensación se agudiza, ya que la modernidad y la industrialización le parecen excesivas al punto de le alineación del ser humano. 

En ese momento, Nueva York estaba pasando por el crac del 29 que generaba en la ciudad un gran desasosiego, desesperanza y miseria. Tiempo después, en 1933, Lorca escribiría:

“Impresionante por frío y cruel… Espectáculo de suicidas, de gentes histéricas y grupos desmayados. Espectáculo terrible, pero sin grandeza. Nadie puede darse idea de la soledad que siente allí…”

Lorca, entonces, tomaría todas esas impresiones de la ciudad de los rascacielos para escribir “Poeta en Nueva York” en el que, desde el título, el escritor tomaría protagonismo, pero además empezaría con la experimentación y la vanguardia.

Es interesante cómo el Nueva York de los años 30 y el de ahora, aunque evidentemente no son iguales, pasan por una crisis que marcó y marcará la historia de la ciudad. 

Nueva York es una de las ciudades más afectadas por el COVID-19 y durante las últimas semanas hemos visto escenas de desesperación, desesperanza y abismo humano; similares a las que Lorca contempló hace 90 años.

En el poemario podemos leer no solo el sentimiento decaído de Lorca, sino el estado anímico de todo alrededor:

Panorama ciego de Nueva York (Fragmento)

Si no son los pájaros

cubiertos de ceniza,

si no son los gemidos que golpean las ventanas de la boda,

serán las delicadas criaturas del aire

que manan la sangre nueva por la oscuridad inextinguible.

Durante su estancia no sólo convivió con gente de la universidad, sino que tuvo la oportunidad de interactuar con comunidades irlandesas, italianas, chinas, judías, latinas y negras; esa diversidad le dio al poeta multiculturalidad y algo de esperanza, pero al mismo tiempo mostró una sociedad que, aunque es diversa, tiende a los excesos, a la discriminación y al racismo.

Nella Larsen es una de las personalidades que acompañó y llevó a Lorca al barrio de Harlem. Nella en su obra reflejaría la mezcla de la cultura norteamericana con la africana; a Federico ésta preocupación social lo llena, pues el poeta siempre se sintió muy cercano al pueblo y sobre todo a los más vulnerables:

Norma y paraíso de los negros (fragmento)

Es por el azul sin historia,

azul de una noche sin temor de día,

azul donde el desnudo del viento va quebrando

los camellos sonámbulos de las nubes vacías.

Es allí donde sueñan los torsos bajo la gula de la hierba.

Allí los corales empapan la desesperación de la tinta,

los durmientes borran sus perfiles bajo la madeja de los caracoles

y queda el hueco de la danza sobre las últimas cenizas.

En el poemario se muestra la dicotomía de estas comunidades en la ciudad.

Aunque por un lado es una denuncia social para reivindicar su raza y sus raíces, también expone la situación en la que viven. Durante años Estados Unidos ha enfrentado distintas etapas que han ido liberando de poco a la población negra, pero el racismo tan arraigado no lo ha logrado aún desaparecer. Lorca alude a la liberación afroamericana y a las injusticias cometidas en su contra, al mismo tiempo que sueña con un futuro mejor de libertad y esperanza:

El rey de Harlem (fragmento)

Es preciso matar al rubio vendedor de aguardiente

a todos los amigos de la manzana y de la arena,

y es necesario dar con los puños cerrados

a las pequeñas judías que tiemblan llenas de burbujas,

para que el rey de Harlem cante con su muchedumbre,

para que los cocodrilos duerman en largas filas

bajo el amianto de la luna,

y para que nadie dude de la infinita belleza

de los plumeros, los ralladores, los cobres y las cacerolas de las cocinas.

¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem!

No hay angustia comparable a tus rojos oprimidos,

a tu sangre estremecida dentro del eclipse oscuro,

a tu violencia granate sordomuda en la penumbra,

a tu gran rey prisionero, con un traje de conserje.

Aunque el caso de George Floyd no es de Nueva York, su desafortunado asesinato, los eventos posteriores, así como la necesidad de reivindicar sus derechos, sí muestran la realidad y situación de la mayoría de los afroamericanos en aquel país.

Los poemas y textos aquí citados son fragmentos, pero si deseas leer “Poeta en Nueva York” o conocer más de Federico García Lorca puedes consultar estas ligas:

Poemario:

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/poeta-en-nueva-york-785140/html/

Universo Lorca

Imagen de portada: Gentileza de Indigo Staff

FUENTE RESPONSABLE: INDIGO LIVE

Sociedad y Cultura/Literatura/Federico García Lorca

Lorca en Nueva York, 80 años de un viaje que cambió la poesía.

Los hispanistas Gabriele Morelli y Christopher Maurer y el poeta Luis García Montero nos explican por qué el poemario nacido de la visita del granadino a esa ciudad “babilónica y cruel” sigue fascinando ocho décadas después.

Si deseas profundizar sobre esta entrada, cliquea por favor donde se encuentre escrito en “negrita”.

El 24 de mayo de 1940, hace este domingo ochenta años, se publicaba Poeta en Nueva York, libro mítico que cambió el rumbo de la poesía hispanoamericana del siglo pasado. Escrito durante la estancia de García Lorca en la Universidad de Columbia entre 1929 y 1930, el manuscrito de esta obra tuvo una historia convulsa. Aunque algunos poemas sueltos aparecieron en revistas como Litoral, Revista de Occidente, Planas de Poesía o Revista Verso y Prosa, el primer y único borrador, compuesto por 96 páginas mecanografiadas y 26 manuscritas, fue entregado por Lorca a José Bergamín poco antes de su muerte, en 1936, con abundantes tachones y añadidos. Las dos primeras ediciones, en Editorial Séneca (México) y Editorial Norton (USA) ya generaron grandes controversias por las diferencias encontradas entre ambas.

Ahora, la editorial Demipage lanza, a modo de homenaje, una nueva versión que pretende ser definitiva. Un acontecimiento, pues, en palabras del hispanista Gabriele Morelli, «Poeta en Nueva York es sin duda el libro más importante y moderno de Lorca». Más aún, insiste Morelli, «su poesía marcó una profunda ruptura en la vida del poeta y constituyó una crítica feroz contra el modelo del sistema capitalista que margina a los pobres, los negros, a las criaturas de la naturaleza, en cuya herida se representaba el poeta, al tiempo que reclamaba justicia, libertad y el derecho al amor sin etiquetas”, explica.

Reivindicaciones plenamente actuales que causaron notable revuelo hace ocho décadas, como rememora el profesor y lorquista Christopher Maurer, que apunta que “en 1940 Poeta en Nueva York creó una imagen tan diferente de García Lorca, que provocó cierto desasosiego en su primer editor, Rolfe Humphries, a quien le inquietaba este poeta urbano al que asociaba con la afectación surrealista y con la homosexualidad”. Otros, como John Crow, compañero de Lorca en la Universidad de Columbia, habló con desprecio de una “fiebre de imágenes inconexas” y de “poemas grotescos y vacíos”. «Con excepciones, los primeros lectores norteamericanos lo despacharon como un pretencioso ejercicio surrealista, escrito bajo la influencia de Dalí. La homofobia y el supuesto surrealismo les cegaron a este Lorca nuevo y a su crítica de la sociedad capitalista, tan acertada, tan punzante hoy como hace 80 años”, insiste el hispanista.

«La homofobia y el surrealismo cegaron a los lectores estadounidenses a este Lorca nuevo y a su crítica de la sociedad capitalista, tan acertada, tan punzante hoy como hace 80 años”, explica Maurer

Un ejemplo de estos rasgos que destacan ambos estudiosos lo ofrece, por ejemplo, “Nueva York. Oficina y denuncia”, poema en el que “Lorca condena la vida alienante de la sociedad estadounidense, interesada solo en la economía del lucro que exige la explotación de los más débiles, lo que motiva la protesta del poeta”, explica Morelli. Precisamente de estos versos encontró hace unos años una versión inédita Maurer, que recuerda que durante décadas los poemas publicados no reflejaron los últimos borradores de Lorca. “Gracias a Andrew Anderson, que editó el manuscrito que Lorca dejó a Bergamín, y a Mario Hernández (que había transcrito y estudiado los borradores) se ha fijado el texto con mayor seguridad. Da gusto saber que las fachadas neoyorquinas son de ‘orín’ no de ‘crin’ y que ‘silban las mansas cobras deslumbradas’, no ‘de alambradas» , lo que ha permitido, a su juicio, que el centro de atención se haya desplazado de la historia textual a la ola de creación generado por el libro.

Una de las ilustraciones y un autorretrato de Lorca para la edición del libro que preparó para Bergamín, cuya portada está en el centro

La ayuda del «Good Gray Poet»

También Luis García Montero, director del Instituto Cervantes y experto lorquiano, ratifica que Poeta en Nueva York «supuso un cambio decisivo para indagar en la poesía vanguardista y encontrar un tono que expresase la crisis radical del sujeto de la modernidad. Lorca lo señaló diciendo que pasaba de la imaginación a la evasión de la racionalidad. Pasó del concepto imaginativo a un grito bien medido», sostiene el también poeta. «Fue una lectura vanguardista del romanticismo, una de las apuestas decisivas dentro de un mundo en el fondo muy unitario».

«‘Poeta en Nueva York’ supuso un cambio decisivo para indagar en la poesía vanguardista y encontrar un tono que expresase la crisis radical del sujeto de la modernidad», Luis García Montero

Una de las claves de esta obra única es la huella de Walt Whitman, que se encuentra en ella de manera contradictoria, según García Montero ya que, aunque «está clara la presencia del versículo, seguramente a través de las traducciones de León Felipe, la fe en la modernidad del poeta norteamericano se convierte con García Lorca en denuncia del progreso capitalista. El vitalismo se envenena». A juicio de Maurer, Whitman ayuda a Lorca «a inventar un personaje formidable -el poeta en Nueva York- y a encontrar una voz profética. En la obra de Whitman el español detecta un optimismo bienhechor. Explora el verso libre que se había asociado con el «Good Gray Poet» (Buen poeta gris) desde comienzos de siglo. Y su búsqueda de Whitman -el dios desconocido de su “Oda”- le ayuda a definir, aunque de manera contradictoria, su propia sexualidad».

Aunque en este punto, García Montero apunta que la «Oda»dedicada por Lorca al estadounidense «tiene partes que hoy dan un poco de vergüenza. Acababa de leer a Gide y cayó en el error de distinguir una homosexualidad buena y otra mala. El poema se le fue de las manos porque le resta dignidad a la homosexualidad esa lista panhispánica de locas que reúne en tono despreciativo». Morelli, en cambio, destaca que en esta composición Lorca «afronta el tema escabroso de la homosexualidad, se lanza contra los cultivadores del vicio, canta un nuevo espacio de vida y amor en un verso ancho y fluido que estilísticamente traduce un deseo de libertad que elimina barreras y distinción de razas».

Grafiti de Federico Garcia Lorca pintado en la neoyorquina Lafayette Street por Raúl Ruiz (aka Sex) & Cern

Influjo inmediato y duradero

Más allá de estas consideraciones, lo que es innegable es que la aparición de algunos poemas de Poeta en Nueva York primero, y del libro completo después, produjo una verdadera conmoción en su tiempo y cambiará la poesía española que al libro debe la renovación de su lenguaje y su temática. Entre los poetas del 27, señala Morelli, «tuvo inmediata fortuna, que empieza con la lectura de los poemas hecha por el mismo Lorca: algunos aún inéditos aparecieron en la Antología de Gerardo Diego (1932)». Incluso, rememora Morelli, «Neruda, durante la estancia de los dos poetas en Buenos Aires, fue uno de sus primeros lectores y, en esta ocasión, Federico pudo conocer las composiciones de la Primera Residencia: temas y lenguaje metafórico que los dos libros comparten. Cuando muy joven conocí al chileno, mientras preparaba mi tesis sobre Hernández, también le pregunté por Lorca. Me miró (recuerdo sus ojos melancólicos un poco indios) y me dijo: «no debes estudiar la obra de Lorca, sino amarla».

«‘No debes estudiar la obra de Lorca, sino amarla’, recuerda Morelli que le dijo Neruda ‘con sus ojos melancólicos un poco indios'»

Aunque también la ama, García Montero no duda, en cambio, en relativizar la influencia del libro. «En realidad, Alberti pasó antes al surrealismo con Sobre los ángeles. El libro se publicó ya con carácter póstumo, en México, cuando ya había pasado la moda surrealista, y Miguel Hernández no se sintió atraído por el versículo sino muy brevemente. Lo que a mí me divierte es que tres poetas españoles, cada cual a su manera, Alberti, Lorca y Cernuda escribieron el mejor surrealismo europeo de la época. Nunca se tomaron en serio, -un poco más Cernuda, y tampoco-, lo de la escritura automática. Calcularon meticulosamente sus efectos de irracionalidad».

Con eso y con todo, el director del Cervantes reconoce que «como todos los grandes libros, su influencia ha sido generalizada y es cierto que abrió camino en muchos terrenos: el verso libre con tormenta interna, las nuevas formas de poesía política, narrar utilizando la fuerza de una metáfora, la lectura de Eliot«, enumera el poeta que, por contra, considera que «el libro ya ha quedado fijado en su historia. Hoy la relación con la ciudad es una relación cotidiana, no una sorpresa agresiva de mundo nuevo amenazante».

Por su parte, la importancia actual del poemario reside para Maurer en su permanencia en la memoria. El hispanista opina que en los años 30 «el título Poeta en Nueva York sonaría a oxímoron, fue como si Lorca quisiera reclamar ese título para sí a pesar de sus antecedentes ilustres: desde José Martí o Rubén Darío a Juan Ramón Jiménez o José Moreno Villa. Y lo cierto es que lo consiguió», defiende. «Los poetas que han venido después lo recuerdan inevitablemente. Con frecuencia, y sobre todo en tiempos de crisis, sentimos la ciudad a través de García Lorca. Ocurre con él como lo mismo que aquello que dijo Gómez de la Serna de Quevedo: algunos de los poemas desprenden una «sustancia activa que da bravura al corazón y a la conciencia».

Imagen de portada: Gentileza de El Español. 

FUENTE RESPONSABLE: El Español. Cultura. Por Nuria Azancot/Andrés Seoane.

Sociedad y Cultura/Literatura/Federico García Lorca.

Federico García Lorca: “¡Es nuestro amor a quien tenemos que buscar!”

La nueva novela de Ana Merino recupera textos desconocidos del poeta granadino a Joaquín Amigo.

Si deseas profundizar sobre esta entrada, cliquea por favor donde se encuentre escrito en “negrita”.

El 27 de agosto de 1936 hacía casi diez días que Federico García Lorca había sido asesinado en algún lugar entre Víznar y Alfacar por orden de las autoridades militares que apoyaban el golpe de Estado contra la República. En esa fecha, en otra población andaluza, uno de los más queridos amigos de Lorca, Joaquín Amigo, era lanzado al vacío en el Tajo de Ronda, la manera que tenían los republicanos radicales de acabar con su vida. Nunca se encontró su cuerpo, al igual que ocurrió con el autor de “Bodas de sangre”.

El tiempo ha hecho que Joaquín Amigo haya sido víctima de un injusto olvido y, en ocasiones, no ha pasado de ser una nota a pie de página dentro de la extensísima bibliografía lorquiana. Puede que también tenga mucho que ver que sus papeles personales han permanecido ocultos durante décadas para los investigadores. La escritora Ana Merino ha logrado el milagro de acceder a ese tesoro documental y lo ha convertido en la base de su nueva novela “Amigo”, publicada por Destino.

Ana Merino es la autora de «Amigo» LA RAZÓN

El libro nos presenta a Inés Sánchez Cruz, una poeta mexicana afincada como profesora de Escritura Creativa en Estados Unidos que se encuentra durante su paso por Madrid con un sorprendente hallazgo: el oculto archivo de Joaquín Amigo. 

Lo que sucede en la ficción con la protagonista de “Amigo” lo vivió en la realidad la misma Ana Merino, según explicó en conversación con este diario.

“Llegué por el azar que es lo que hace que sucedan cosas. Durante el confinamiento, el 8 de marzo, se me cortó la gira por mi obra “El mapa de los afectos”. Fue entonces cuando Rocío Camus, la hija de Mario Camus que había estudiado la carrera conmigo, decidió unir a amigas por skype para hacer sesiones de yoga. Una de ellas, María, era nieta pequeña de Joaquín Amigo. Un día, al final del confinamiento, me llamó y me dijo que sus padres habían fallecido en un accidente muy desgraciado en 2019. Me dijo que su abuelo era un intelectual, muy amigo de Lorca y que conservaba un archivo. ¿Cómo se podían organizar esos papeles?”

Una vez que se abrieron las restricciones de movilidad, Ana Merino pudo consultar un fondo que arroja nuevas luces sobre el periodo que va de 1918 a 1936. Entre los papeles personales de Amigo, aparecieron varias cartas inéditas de Federico García Lorca

Son documentos de primer nivel porque, además de ser cartas extensas, nos demuestran que el poeta granadino tuvo en Amigo a uno de sus principales confidentes. Eso es lo que se constata en una misiva con membrete del Gran Hotel España de Lanjarón, donde la familia del poeta solía pasar temporadas de descanso. Probablemente escrita en 1926, aunque es difícil concretar la fecha, Lorca se hacía eco del envío, a través de Joaquín Amigo, de un cuento escrito por un joven llamado Fernán Gómez de quién no se tienen datos. “Estoy contento de que un muchacho de Granada haya escrito este boceto, tan espiritual y tan raramente medido”. El texto debió gustarle a un Lorca que no dudó en afirmar a Amigo que “el cuentecillo está revestido de suave pelusilla adolescente y a mí me ha sorprendido como una luz de plata y vidrios de Venecia, el talento de esta criatura encantadora a quien yo quiero como él no sabe ni quiero que sepa”. El relato desconocido contenía un pasaje que a Lorca le gustaba: “Él sabía que a los muchachos de ojos verdes, les gustaban los caramelos”. El poeta proclama, tras copiar esas líneas, que “escribir esto en Granada, y a los quince años, en medio de la podredumbre oficial y el empacho arqueológico, me llena de consuelo y suave esperanza”.

Que Lorca confiaba en Joaquín Amigo, que veía en él a quien podía ser el receptor de sus más íntimos pensamientos lo ejemplifica el siguiente pasaje de la misma carta. En él define lo que es el amor: “El amor es nuevo en cada época y estamos aferrados a una falsa y escandalosa teoría amatoria, momificada y sin fuerzas creativas. Creemos en un amor que sirvió a otras gentes y no pensamos adivinar dónde está nuestro amor, nuestro amor vivo y nuevo, que pasa llorando a nuestra vera en las carrozas de caballos y en los últimos paseos de olmos, con un revólver de níquel enemigo de reflejos queridos y de pétalos marchitados. ¡Es nuestro amor a quien tenemos que buscar!”

Federico García Lorca envió esta imagen a Salvador Dalí cuando llegó en 1927 para estrenar «Mariana Pineda». En un extremo de la fotografía de un artista callejero escribió «Urquinaona!»

Federico García Lorca envió esta imagen a Salvador Dalí cuando llegó en 1927 para estrenar «Mariana Pineda». En un extremo de la fotografía de un artista callejero escribió «Urquinaona!»

El 24 de junio de 1927 levantaba el telón en el Teatro Goya de Barcelona “Mariana Pineda”, el primer reconocimiento importante de Lorca como dramaturgo. Sobre el escenario destacaba Margarita Xirgu como protagonista con figurines y decorados de Salvador Dalí. Inmediatamente después del estreno, el poeta escribió a Amigo para decirle que “necesitaba descanso después de los intensísimos días de Barcelona. Pero el éxito ha coronado mis esfuerzos y me siento tranquilo como después de una gran pesca y estoy contento”. En la misiva, Lorca se hacía eco de cómo la obra había conseguido el aplauso de sus compañeros de generación: “Ha sido el primer triunfo público de la juventud actual española (estas son palabras de Salinas). Los autores viejos, me decía el gran arqueólogo catalán Villasegut, están echando “llet” (leche). Aquí en Barcelona hay una gran juventud y una cantidad de mierdas catalanistas tan grande como la juventud”.

La carta está escrita en el momento más importante de la amistad entre Lorca y Dalí. 

El granadino está pasando unos días en Cataluña, entre Cadaqués y Barcelona, invitado por el pintor. Sin embargo, sus padres lo reclaman para que regrese a Granada: “Dalí no quiere que me vaya de ninguna manera, pero mi familia me reclama urgentemente. De todos modos yo estaré algunos días aquí disfrutando de este mar y redactando un manifiesto que vamos a llamar Dalí y yo “Manifiesto antiartístico”, que será el escándalo más grande que se habrá registrado en la vida artística española”. 

El manifiesto es el llamado “Manifest groc” que Dalí redactó junto con Sebastià Gasch y Lluís Montanyà y en el que intervino sin duda Lorca. El documento se dio a conocer en castellano en el número 2 de la revista “Gallo”, la publicación de Lorca y sus compañeros de vanguardia en Granada. Joaquín Amigo fue el encargado de escribir el artículo que acompañaba ese texto en “Gallo”.

«Retrato de Salvador Dalí», de  Lorca

«Retrato de Salvador Dalí», de Lorca

El archivo contiene más documentación inédita, como es el caso de cuadernos con las poesías de un jovencísimo Luis Rosales. 

Fue precisamente Joaquín Amigo el encargado de presentar Rosales a Lorca empezando una amistad que acabaría cuando el autor de “Poeta en Nueva York” fue detenido el 16 de agosto de 1936. 

Estaba tratando de ocultarse de sus enemigos en el domicilio de la familia Rosales y fue allí donde lo arrestó Ramón Ruiz Alonso. Poco después era asesinado como lo sería Joaquín Amigo en Ronda. 

“En ese archivo ha quedado congelada la vida de una persona”, recuerda Ana Merino quien cree que Amigo fue arrojado al Tajo de Ronda “por ser el profesor de filosofía que iba a misa”. Ahora su memoria regresa gracias a esta nueva novela de Ana Merino.

Imagen de portada: Homenaje a Federico García Lorca y Margarita Xirgu con motivo del estreno de «Mariana Pineda» en Granada, 1927. En círculos marcados Joaquín Amigo y Lorca FOTO: LA RAZÓN

FUENTE RESPONSABLE: La Razón. Cultura.

Sociedad y Cultura/Literatura/Federico García Lorca/Salvador Dalí/Libros.