Historias de Vida

Juan Manuel – Capítulo 9

Al otro día, temprano al ir al baño Marianela se asustó al ver la sábana manchada de sangre. Conociendo sus problemas; lo despertó a Juan Manuel para decirle lo que le pasaba.

Juan Manuel le respondió – ¿tenes el teléfono del ginecólogo? ¿Hay que llamarlo, para ver si nos puede atender hoy a la tarde a última hora, una vez que estemos de vuelta los dos aquí. ¿O queres que te lleve a un hospital?

-No Juan Manuel, no. Es poca cosa. Lo voy a llamar desde el trabajo; a ver si me atiende hoy.-

-¿Qué te parece?-

-Si…en una de esas la menstruación demoró…y es eso.-

Desayunaron juntos; y partieron ambos hacia sus trabajos. Juan Manuel, se quedó preocupado por la situación, pero pensaba que todo saldría bien.

Se encontraron a la tarde; cuando él la fue a buscar al comercio de electrodomésticos y ya Marianela estaba en la puerta, esperándolo.-

-Hola amor, le dijo Juan Manuel. ¿Pudiste comunicarte con el médico?

-Si. Nos aguarda a las 19 hs. que es el último turno.-

-Vamos entonces; ¿tenes bien la dirección y como llegar?-

-Si, está acá en el centro. Vamos caminando.-

-Llegaron al consultorio. El especialista se llamaba Kandinsky y la secretaria les dijo que los iba a atender enseguida.-

-Se abrió la puerta del consultorio; saliendo la paciente que estaba atendiendo y el médico los hizo pasar.-

-¿Qué tal Sra.? ¿Que la trae por acá?.-

-Luego de comentarle que su amiga Elizabeth lo había recomendado, le comento lo sucedido.-

-Bueno, le dijo el médico por favor póngase en la camilla, que la voy a revisar.-

-Marianela accedió y luego de examinar, el médico le dijo que se sentara al lado de Juan Manuel.-

-Mire Marianela; si tiene un atraso y ha tenido una pequeña pérdida de sangre, es habitual. Yo diría de ver como evoluciona los próximos días, y en función de eso la volvería a ver. En una de esas; la tendría que derivar a realizar unos estudios más específicos. ¿Le parece?-

-Sí Doctor, de acuerdo.-

Juan Manuel le preguntó sobre la consulta y le abonó la misma. Salieron un poco más animados.

-Bueno chiquita, quedate tranquila que todo va a andar bien. Eso si, tenes que controlarte. No hagas esfuerzo alguno y cualquier cosa me decis. ¿Sí?-

Marianela asintió, pero la preocupación parecería que la tuviera pintada en su rostro.

Al otro día, a la tarde y cuando salía Marianela del local donde trabajaba esperando a Juan Manuel; vio a este arrimándose a una mujer rubia, diciéndole algo. Ahí se montó en ira y cuando Juan Manuel llegó comenzó una discusión furiosa a los gritos, con llanto de ella incluido.

Juan Manuel, no podía evitar ser o creerse un “vivillo” recordando su vida anterior y menos exponerse estando ya casado a la vista de su mujer. No pudo hacer otra cosa, que decirle,

-Tenes razón, pero es una bobería. Si vos sabes que a la única que amo, sos vos.- 

-¡No parece, de la manera que me lo demostras!-

Juan Manuel no dijo palabra alguna. Pero interiormente si bien sabía que fue un estupido, al piropear a una mujer, a metros de donde lo esperaba Marianela, también pensó que ya se estaba cansando de los celos de su mujer. No por la rubia con la se cruzó,también cada vez que iba a visitar a su madre.-

Se dijo a sí mismo, que en el caso de los domingos si Marianela repetía sus mismos disgustos, le diría que iría solo de visita. Porque ya no soportaba que el único día que visitaba a sus padres, lo hiciera pensando que debía cuidar las formas, por cómo reaccionaría absurdamente su esposa, ante un gesto de cariño hacia su madre.

Continuará…

Imagen: Gentileza de Pinterest – Palacio Raggio – Edificio emblemático de la Ciudad de Buenos Aires.

Glosario;

“Piropear”    Decirle palabras bonitas a una mujer.

Historias de Vida

Juan Manuel – Capítulo 8

Juan Manuel salió de la empresa de contrataciones feliz por tener nuevamente empleo. Las cosas se iban enderezando y ello lo ponía más que contento. Había hecho las paces con su madre; ya no tendrían la carga de pagar un alquiler y ahora esta nueva oportunidad.

Sabía que caminando demoraría lo que le había dicho la Sra. Laura. Pero fiel a su costumbre no dejó mientras caminaba de mirar muchachas que le parecían bellas, piropeando a las misma y en algunos casos, recibiendo devoluciones de sonrisas.

No podía olvidar su pasado de trasnochadas y fiestas. Y lo peor de todo, es que si bien amaba a Marianela, extrañaba ese ruido de la noche. Llegó al edificio y se dirigió al sexto piso, en donde se encontraban las oficinas de la representación de la empresa de origen alemán en el país. Al salir del ascensor, se encontró con una gran puerta vidriada y detrás de ella una muchacha, que supuso debería ser la recepcionista o quien atendía el conmutador telefónico.

Pulsó el timbre de la entrada; se dio a conocer y le informo a quien deseaba ver. La muchacha le dijo que aguardara un minuto y una vez que se comunicó -pensó Juan Manuel con Cuello-, lo dejó entrar.  La joven tendría la edad de Marianela y era muy bonita. Le extendió la mano para saludarla y se presentó. La muchacha le devolvió el saludo con una sonrisa y le pidió que esperara unos minutos.

No habían pasado más de cinco minutos, cuando se acercó donde estaba un hombre de unos 40 años,  grueso de físico y con bigotes;

-Buen día, joven. ¿Usted debe ser Juan Manuel Campisi, verdad? Soy Juan Carlos Cuello.

-Si Sr. Cuello, el mismo. Encantado de conocerle. Mucho gusto.-

-Bueno Juan Manuel, ¿puedo llamarlo por el  nombre?.-

-Si, por favor. No hay problema.-

-Bueno ingresemos y vayamos a la oficina así se pone cómodo y luego les presentaré a todas las personas que trabajan aquí. Esta sede es exclusivamente administrativa.-

Ambos se dirigieron al lugar donde se encontraba el sector de Personal, ahí el Sr. Cuello le señaló su escritorio, además de las formalidades de la empresa en una charla cordial y amable. Para Juan Manuel; creía que Cuello le resultaba simpático por su forma de ser. Luego las presentaciones de rigor, y fue estrechando las manos de quienes estaban a cargo de los sectores y otros empleados, recibiendo cordialmente la bienvenida. 

Pensó que distinto era ese ambiente de trabajo, a lo que había sido su pasaje por la embotelladora, con el recuerdo de Lozada Echenique y De Angelis. Ni siquiera ningún compañero trató de comunicarse con él, luego de que se marchara. Cada cual cuidaba su quintita y nadie se iba a poner a decir lo que pensaba, y correr el riesgo de perder su trabajo. Le daba “bronca” pero los comprendía.

El día pasó “volando” según su sensación; ya que Cuello lo puso al tanto de sus tareas y ya con la experiencia que posee comenzó a hacerlas sin dificultad alguna. Quizás alguna “pregunta puntual”, dado que los trabajadores estaban encuadrados dentro del gremio metalúrgico.

Su horario sería de 8 a 17:30; con media hora para almorzar con los luncheon tickets que le daban. Almorzó con Cuello ese día; para ir conociéndose. Salió unos minutos más tarde del horario establecido. Ya era una costumbre en él, ser casi siempre el primero en llegar y el último en retirarse.

Tomo el bus de vuelta al departamento. Marianela lo estaba esperando; ansiosa para saber como le había ido en su primer día. Juan Manuel le contó cada detalle; sabiendo que seguramente la incisiva pregunta que le haría;

  • ¿Y las empleadas de las oficinas allí; son bonitas?-

Si algo era lo que le molestaba a Juan Manuel, es venir observando e ir conociendo los celos de Marianela, que a veces hasta les parecía enfermizos. Pensó hacia sí mismo, que él no era ningún “santo”; pero igual le contestó;

  • No me fije; porque nadie te podría superar.-

Hablaron de cómo le había ido a ella, sola en el departamento casi todo el día. Ella le comentó que se ocupó de guardar en unas cajas de cartón; que le dieron en el almacén de la esquina, las pocas cosas que ambos tenían y algún que otro elemento de la cocina, al saber que el próximo sábado se mudarían a la casa de Morón. También le comentó a Juan Manuel; que le comunicó al propietario del departamento que se iban;

-¿Y qué te dijo?-

-Mucho no le gusto; me dijo que teníamos que haberle avisado con tiempo?

-Según el contrato; no es así.-

-Bueno pero finalmente lo entendió. Lo que me dijo; es que va a venir el sábado cuando nos vayamos, para ver en qué condiciones le entregamos el departamento y recibir las llaves.-

-Esta bien; es lógico. ¿Hay algo para cenar?.-

-Fideos con manteca; ¿te gusta?-

-A falta de pan; buenas son las tortas.- le contestó Juan Manuel riendo.

Ya había transcurrido un año desde que estaban en la casa de Morón. Juan Manuel; continuaba aún en forma temporaria en la misma empresa. Era valorado por su jefe en cuanto a su trabajo; solo lo cansaba el largo viaje al centro que debía hacer cada día. Con un colectivo llegaba hasta la estación de trenes en Morón, allí tomaba el ferrocarril hasta la parada denominada Plaza Miserere y de ahí caminaba unas cinco cuadras. A la vuelta lo mismo, lo que le significaba en tiempo de viaje, aproximadamente una hora y minutos para ir, otro tanto para volver.

Mientras tanto, Marianela consiguió un trabajo temporario, en un local de una cadena de electrodomésticos, como promotora de lunes a sábados. Ya estaban desahogados en lo económico, así que fueron comprando algunos muebles y ropa blanca que necesitaban.

En ese año; Juan Manuel pudo confirmar que su mujer era extremadamente celosa ya que aun cuando visitaban los domingos a los padres de él,  observaba su cara de disgusto, cuando a su madre la abrazaba y besaba. Le parecía intolerable y estupida esa actitud. Uno de esos domingos, hasta discutieron por ello. Y Marianela, como siempre, lo resolvió poniéndose a llorar en forma convulsiva. Juan Manuel iba conociendo la manera manipuladora de manejar las situaciones de su mujer, en que se ponía siempre en papel de víctima.

Al tiempo; Marianela lo sorprendió al decirle que le quería contar un secreto;

-Juan Manuel pensó para sí; qué cosa descabellada tendría su mujer, y le preguntó:

-Decime; ¿cual es el secreto?-

-Qué no me vino la menstruación…tengo un atraso….¡Creo que estoy embarazada!-

Juan Manuel; abrió sus ojos y luego de abrazarla, le dijo:

-Vaya…vaya…qué felicidad, amor. ¡Vamos a ser padres!-

-Si; Juan Manuel pero sabes todo lo que te conté aquella vez. Debo ver a un ginecologo para confirmarlo y saber cómo está el bebe.-

-Sí es lógico; ¿y sabes quien puede ser el médico? 

-Viste Elizabeth, la mujer de Esteban con quien nos hicimos amigos. Bueno ella me recomendó uno, que vive justo aquí en Morón.-

-¿Pediste una cita?-

-No; prefiero esperar la segunda falta. Por lo que te dije ¿Me comprendes?-

-Si…claro; esta bien. Pero festejemos, no cocines nada para la cena. Vamos a la pizzería que está acá cerca a cenar.¿Te parece?-

-Bueno…me cambio y vamos.-

Continuará

Glosario:

“bronca”      enojo

Imagen de portada: Plaza Miserere – Estatua a Bernardino Rivadavia (Primer presidente argentino).

Historias de Vida

Juan Manuel – Capítulo 7

Antes de entrar a la habitación, Marianela se le colgó de la cintura a Juan Manuel. Ambos no tenían límites en lo sexual. Todo valía. Mientras le desabrochaba la camisa, él le pasaba una de sus manos por entre las piernas…cuando llegaron a la cama se dejaron caer en ella, y alli Juan Manuel comenzó a penetrarla a un ritmo salvaje. Mariaela; tuvo que ponerle las manos sobre su pecho y decirle; despacio Juan Manuel…me duele.

Ahí Juan Manuel, bajo su impulso violento dándose cuenta que su mujer lo excitaba demasiado…pero se detuvo acostándose a su lado. Marianela se sorprendió, y fue así que le dijo;

-Qué te pasa, amor. ¿No te habrás enojado?-

-No para nada…me saque…me deje llevar…fui muy bruto.-

-No Juan Manuel; se juntó todo, los nervios que traías por ver a tus padres hoy. más la buena noticia que te dí al llegar, te debes haber preguntado donde podías descargar tanta euforia (risas). ¿No, vida?.-

Y comenzó a acariciarlo; sus manos se deslizaron por el cuerpo de Juan Manuel mientras ella  bajaba su cabeza hacia los genitales de él, comenzó a practicarle sexo oral…y en segundos se encontraba cabalgando frenaticamente sobre la humanidad de él. Ambos en el sexo se sabian mas que compatibles, uno excitaba al otro con la mas pequeña insunuación o caricia. Se dejaron estar en la cama, mientras escuchaban el ruido tenue de la lluvia afuera. Juan Manuel, sabía que debía presentarse a su nuevo empleo en la mañana y tenía que ordenar con Marianela, las pocas cosas que tenían para irse a la casa de Morón, además de avisarle al propietario que le dejaban el departamento.

Cenaron temprano algo rápido y Juan Manuel sonrió. 

-Marianela, la verdad que no lo puedo creer. Tener la posibilidad de levantarme a la mañana e ir a trabajar.-

-¿Estás feliz, amor?-

-Sí, claro. Pero no solo por lo económico, sino que lo necesitamos de manera urgente. Pero también el no hacer nada, me estaba poniendo loco.-

-Bueno, ahora soy yo la que tengo que conseguir algo…le pido a la Virgen del Valle todos los días que de algún lugar me llamen.-

-Ahh…me olvidaba, mi madre me dio un dinero para que pudiéramos mantenernos un tiempo. Ya me separo para los gastos del bus y te doy el resto para las compras nuestras.-

-Y si estuvieran mis padres aquí, seguramente habrían hecho lo mismo. Pero están tan lejos.- ¡Eso sí, Juan Manuel tenes una madre maravillosa!.-

-En eso, no te quepa ninguna duda; siempre conmigo ha sido así.-

Se acostaron y se besaron dulcemente, hasta quedarse dormidos.

Sonó el despertador a las 6 de la mañana; Juan Manuel entre sueños se levantó y se dirigió al baño. Allí se afeito y tomó una ducha tibia, para despabilarse y beber un café con alguna galletita junto a Marianela, antes de irse. Ella se levantó de la cama antes que él, se  lavó los dientes y se fue a la cocina. 

Juan Manuel; se vistió con uno de los dos trajes que poseía buscando el mejor de ellos -siempre le gustaba combinar bien los colores-, busco una camisa de de blanco impecable y una corbata de tonalidad “salmón”, ello resaltaba con el color “azul” de su traje.

Termino de vestirse y fue hasta la cocina;

-Que guapisimo que estás Juan Manuel; ¿dónde vas? ¿al trabajo o a otro lado?–

-No sea mala, amor. Gracias por el cumplido, pero ya sabes donde voy.-

Rieron ambos y tomaron el desayuno juntos, antes de que él se marchara. Marianela tendría que preparar las cosas por la mudanza y llamar al propietario del departamento -mucha gracia no le hacía- para decirle que se marchaban.

Se despidieron; y Juan Manuel se dirigió a esperar al bus con destino al centro de la ciudad. Este no demoró más que unos minutos y subió.

Llegó a las oficinas de la empresa contratista -en realidad una intermediaria de colocación de empleo temporario para empresas- donde lo conocían y tenían excelentes referencias de otras empresas, a las que lo habían enviado.

Se presentó ante la Sra. Laura; que era la jefa de la oficina la que lo invitó a sentarse.

-Que sorpresa Juan Manuel; al llamarte el sábado al teléfono que nos dejaste, me enteré que te casaste! ¡Te felicito! Tu señora quien me atendió, me pareció un amor de persona…-

-Sí Señora…ella es muy agradable.-

-Bueno mira; aquí tengo la carta de presentación para esta empresa que es una subsidiaria de una empresa alemana radicada en el país. Está cerquita de acá. Es un trabajo temporario como liquidador de sueldos por espacio de seis meses, con posibilidades de quedar efectivo según tu rendimiento, del cual yo no tengo ninguna duda.-

-¿Y el sueldo…Señora?-

-Te van a abonar un 30% más de lo que marca el convenio y te dan tickets para el almuerzo. ¿Que opinas?.-

-¡Que genial!-

-Bueno, lleva esta tarjeta. Al dorso tenes la dirección -que seguramente caminando vas a llegar en 10 minutos y cuando te presentas en la recepción, preguntas por el Sr. Juan Carlos Cuello. ¿De acuerdo, Juan Manuel?

-Sí, todo muy claro Sra. Laura. Muchas gracias, por haberme tenido en cuenta.-

-No, por favor. Te conocemos y sabemos como sos trabajando. No hay porqué. Cualquier cosita, me llamas.-

-Esta bien; que tenga un buen día Señora.-

-Adios, Juan Manuel.-

Continuará…

Imagen de portada: Edificio del centro de la ciudad de Buenos Aires – Pinterest

Historias de Vida

Juan Manuel – Capítulo 6

Amaneció lluvioso el sábado; Juan Manuel se despertó temprano y se dirigió a la cocina a preparar el desayuno. Quería que Marianela; luego de todo lo que le había contado de su desgarrador pasado y la complicada situación económica que ambos estaban atravesando, fuera mínimamente feliz de estar con él y darse cuenta de cómo la amaba. Juan Manuel siempre se consideró un protector de los más débiles, y siempre salió a defender causas ajenas que consideraba justas, lo que muchas veces solo le trajeron problemas. Pero bueno, a su edad no se cuestiona demasiado y la mayoría de lo que hacía le parecía bien. 

Le llevo el desayuno a la cama a Marianela; la que se despertó y se sorprendió con la atención de su esposo;

-Ohhh …qué sorpresa, Juan Manuel. ¿hoy es un cumple mes?-

-No, para nada. Quería que te despertaras con esto y sacarte una sonrisa.-

-Ahh…la próxima entonces, me toca a mi.-

-No hay problemas princesa, estoy para servirte.-

Se dieron un beso apasionadamente, a la vez que Marianela le tiraba de la camisa para que se acostara. Juan Manuel, la tomó del brazo y;

-No Marianela, te has olvidado que tengo que ir a la casa de mis padres.-

-Fruncio el ceño como una criatura; y le dijo “si tonto, solo estaba jugando”.-

-Bueno chiquita; ya me estoy yendo es media mañana y no deseo llegar cerca del almuerzo.-

Se dieron un beso y Juan Manuel salió del departamento. De donde estaban alquilando a la casa de sus padres, había no más de diez cuadras. Pensó que era mejor ir caminando, para ayudarse a sí mismo en cuanto a cómo se lo diría a su madre. Era demasiado orgulloso él y su madre extremadamente dura, cuando en algo tenía razón. Pensaba que no deseaba que le regañara como lo hizo antes de casarse; cuando le dijo que “se iba a morder cada dedo de ambas manos”. No quería discutir. Solo deseaba ser escuchado, ya nada podía volver atrás…Caminó despacio; pensando en cada una de las palabras que iba a pronunciar. Él sabía que su padre, acompañaría la respuesta de su madre, porque desde siempre su familia era un “matriarcado”, eso no le molestaba demasiado ya que conocía a su madre, la que sabiduría le sobraba. De lo contrario; no podría haber enfrentado todas las situaciones que habían sucedido en el transcurso de los años, dentro de su hogar. Era realmente para Juan Manuel, una mujer admirable.

Cruzó Avenida Rivadavia y se paró en la esquina donde cruzaba la calle Concordia, allí justo había una casa de antigüedades que se llamaba “La rueda”, donde el desde pequeño tenía la costumbre cuando salía con su padre o su mamá, de ver las vidrieras todas esas cosas tan antiguas que en realidad eran “joyas de arte” fabricadas por aquellos artesanos, que ya habían desaparecido.

Luego de detenerse unos minutos allí, tomó Concordia hasta la calle Morón en donde estaba la casa familiar a unos veinticinco metros de la esquina. Dobló en Morón, y se acercó a la puerta de entrada de la casa, que ya no era la misma que en su niñez, ya que al casarse su hermana Mabel, construyeron su vivienda en la parte delantera en altos y bajos; mientras que sus padres reformaron totalmente la parte trasera, haciendo a nuevo todos los ambientes siendo mucho más funcionales con un baño y una cocina con muy buen gusto. Ya se habían sacado todas las chapas de los techos y reemplazado por una losa, sobre ella un gran terraza. Solo de la “vieja” casa había quedado lo que fuera la habitación primero de su hermano y cuando este se casó, la ocupó él.

Si bien tenía la llave, prefirió tocar el timbre…y así vio tras el vidrio esmerilado de la nueva puerta de entrada, la figura de su padre acercándose.

La puerta se abrió y su padre con una gran sonrisa;

-¡Hola Juan Manuel, hijo! Que sorpresa, no sabíamos de tu visita. Que raro que no llamaste por teléfono. Y le dio un fuerte abrazo-

-Pasa…pasa…que tu madre está en la cocina….estábamos tomando unos mates.-

-Ingresó a la cocina y vio a su madre, sentada en el comedor diario. Lo miro y se dio cuenta, que estaba feliz de verlo mas que feliz, porque se levantó y se fundió en un abrazo con él, su hijo consentido.-

Se emocionaron ambos, al igual que su padre que presenció la escena. Lo invitaron a sentarse. Su mamá le dijo;

-Juan Manuel, se que vos no tomás mate. Queres que te prepare un cafecito.-

-Bueno mamá, gracias.-

-Y decime hijo, a que se debe está sorpresa.-

-Mira mamá, no voy a macanear. Estamos sin empleo cómo lo saben y del dinero poco nos queda. No podemos seguir alquilando, porque no podemos pagarlo y antes de entrar en problemas con el propietario, preferimos buscar alguna solución.-

-Y vos que tenes pensado, Juan Manuel. Por algo viniste a vernos.-

-Sabemos que está la casa premoldeada de Morón y les queria pedir si podíamos ocupar hasta que se acomoden las cosas.-

-Su madre y su padre se miraron, creyó ver un guiño de su padre…

-Bueno mira hijo, no podes quedarte en la calle y la casa está desocupada. Vos sabes que está amueblada humildemente, porque la usábamos cuando íbamos algún fin de semana con tu padre, que se encargaba del parque, árboles y sembrar algunas hortalizas.-

-Mamá…papá…no estamos para hacernos los exquisitos. Además yo se las cuidaría haciéndole el mantenimiento que haya que hacer. ¿Entonces nos la prestan?-

-Si, por supuesto- contestó la madre con el asentimiento del padre.

-A ver Juan Manuel, le dijo su madre – Podes venir un momento a la habitación que quiero comentarte algo-.

-Bueno mamá, vamos.-

Entraron en la amplia habitación matrimonial de sus padres, y Sara su madre se sentó sobre la cama, señalándole con su mano que se sentara a su lado.

-Mira, Juan Manuel. No puedo verte sin dinero. Veo que estás más delgado. ¿Vos comes? Mejor dicho; ¿ustedes tienen para comer?- Decime, por favor.-

-Si mamá, comemos frugal pero comemos. Espero que encontremos empleo pronto, eso nos sacaría de esta situación por la que estamos pasando.-

-Bueno, mira Juan Manuel te voy a dar algún dinero pero no le digas a nadie. Esto es entre vos y yo, como para ir saliendo del paso hasta que encuentren empleo. Ya del alquiler se olvidan, yéndose a Morón. Eso sí; no dejes de venir a vernos, aunque sea los domingos, ¿sabes?…y le puso un dinero en el bolsillo del pantalón.-

-No…pero mama, ya es más que suficiente la ayuda con la casa de Morón. No…no me des dinero…no puedo….-

-Te queres callar Juan Manuel, sos mi hijo y un hijo mío, no puede pasar hambre.-

Juan Manuel emocionado con su madre, la abrazó tan fuerte que su madre le tuvo que decir;

-Basta Juan Manuel, que vos sos un mastodonte que no mide su fuerza.-

Comenzaron a reírse juntos. Salieron de la habitación y su padre “cómplice de la situación” le sonrió y lo invitó a sentarse por un rato, junto a ellos.-

Estuvieron hablando sobre su experiencia de recién casado, sobre la familia en general, sus hermanos y sus sobrinos ya que Juan Manuel ya fue tío antes de cumplir los diez años, ya que la mujer de su hermano dio a luz a una niña. Luego repitieron, como así también siguieron los nacimientos de su hermana Mabel. Es decir que a los veintiún años, Juan Manuel era tío de tres niñas y cuatro varones.

Llegó el momento de la despedida, se besó con sus padres y salió de la casa exultante, feliz de haber conseguido de sus padres lo que nunca puso en duda, una mano para aliviar la situación en la que se encontraba. Quería llegar al departamento enseguida y darle la buena nueva a Marianela, para ver cuál sería su reacción. Esperaba que fuera la mejor.

Camino rápido…y regresó al departamento en la mitad de tiempo que le había llevado el ir a la casa de sus padres. Tan ansioso y feliz estaba.

Abrió la puerta del departamento y antes de poder decir nada, Marianela con una amplia sonrisa, le dijo;

-!Te llamaron Juan Manuel, te llamaron!-

-¿Quién me llamó? ,¿Qué te pasa?-

-De esa empresa “Servicios Empresarios” por la cual ingresaste como liquidador de sueldos y jornales en la embotelladora de bebidas gaseosas. ¡La recordas, seguramente!-

-Sí…claro, les había comentado que de abrirse una vacante en cualquier lugar, me avisaran…-

-Bueno, llamaron que te tenes que presentar con urgencia en la oficina de ellos, el lunes a primera hora.-

-¿Pero no te dijeron nada más? ¿Algo más concreto?-

– Sí…que te iban a hacer la nota de presentación…que vos ya sabes de que se trata y te ibas luego a la empresa que te va a contratar como liquidador de sueldos, creo que me dijo que es una empresa extranjera.-

Juan Manuel no podía contener su sorpresa y su alegría. Ese día, había sido bendecido por “su” Dios. Hacía tiempo, que no pasaba unas horas tan maravillosas como las de este sábado. Primero la generosidad de sus padres y ahora esto; un trabajo temporario pero un trabajo al fin.

-Miro a Marianela y le dijo;

-Amor, viste que feo esta el día y cuando venía caminando, estaba lloviznando; es una tarde ideal para festejar.- ¿No te parece?-

-Riendo Marianela, lo tomó de un brazo y lo llevó a la habitación…

Continuará…

Glosario:

“Macanear”   Lunfardo: decir mentiras.

Imagen de la portada: Gentileza de Pinterest- Atardecer lluvioso en Buenos Aires

Historias de Vida

Juan Manuel – Capítulo 5

-¿ Y cuando te atendieron en la salita; que dijeron?-

-Solo vieron las lesiones que tenía; y le dijeron a mi mama que me llevara al Hospital de La Falda, una localidad vecina pero más grande que Villa Giardino, porque me tenía que ver un o una especialista en ginecología-

-¿Entonces?-

-Mi padre que era jubilado de la policía cordobesa; se enteró por los vecinos cuando llegó a la casa; y se vino a la salita cuando estábamos saliendo. Había venido con un vecino; un tal Jacinto que tenía auto y menos mal que vino con él, así pudimos ir a la Falda.-

-Dale Marianela, decime que te dijeron o que te hicieron en el Hospital?

-Por favor Juan Manuel, no te impacientes, me pones nerviosa más de lo que estoy, diciendo esto. Es como que cada vez que lo recuerdo, me pongo muy triste. Me atendió una ginecóloga y me reviso. Luego me dio unas órdenes para no solo hacerme unos análisis se…..como era, si serológicos, sino también unos estudios de la pelvis y vaginal por el sangrado….-

-¿Y los resultados que te dieron? ¿Que decían?-

-Cuando los tuve, volví a ver a la ginecologa con todo acompañada por mamá. Ahí nos dijo que enfermedad transmisible no tenía ninguna; pero…-

-¿Qué … .? Marianela-

-Que habían dañado el aparato reproductor y que iba a tener dificultades de quedar embarazada en un futuro….(vuelve a romper en llanto).-

-Tranquila, mi amor. Como habrás sufrido toda esa situación. Además los comentarios estúpidos, que la gente del lugar puede haber hecho. ¿Y vos tuviste apoyo psicológico luego de una situación tan grave como esa?-

-Si, estuve con terapia durante unos seis meses. Luego deje de ir; porque de una u otra manera cuando asistía salía el tema; y me ponía tan mal que algunas veces la terapista debia suspender la sesión.-

-Qué barbaridad, mi amor. Pero bueno, ahora hay quien te cuide….¿No?-

-Si, te amo tanto- Estar con vos me da seguridad…no sé. Sos más joven que yo, pero pareces más maduro.-

-No te creas; también he pasado las mías. Pero no son nada, comparado con lo tuyo.-

Se abrazaron, y Juan Manuel la apretó contra su pecho, besándola en la cabeza.

Pasaban los días; y el poco dinero que tenían se esfumaba entre los gastos de colectivos, al buscar ambos con mucha ansiedad un empleo, como por las pocas compras de alimentos que hacían.

Juan Manuel, faltando una semana para el pago del alquiler tomó una decisión que no deseaba, pero se la quería comentar ahora a quien era su esposa y conocer su parecer.-

Era sábado; no tenían absolutamente nada ni siquiera un televisor ni una radio para entretenerse, todo lo que estaba en el departamento era del español que se los alquilo amueblado, solo pudieron comprar unas sábanas y algunas cosas para la cocina.- Disfrutaban estando juntos; salían a caminar por el barrio de Flores o iban a la Iglesia San Jose de Flores, ya que Marianela era una ferviente católica. Juan Manuel; en cambio era deísta -creía en algo superior, pero no en alguna religión-, sin embargo no se opuso a acompañarla.

Ese día; a la salida de la iglesia Juan Manuel le propuso caminar hasta la Plaza Irlanda a tomar un poco de sol y aire fresco; ya que además tenían que decidir qué hacer con sus vidas, las que en ese momento estaban muy bien juntas, pero sin recurso alguno. Marianela estuvo de acuerdo, Juan Manuel la tomó de la cintura y caminando , le iba contando algunos recuerdos  de soltero, como para animar a Marianela y sacarle alguna sonrisa.

Llegaron a la Plaza, y se sentaron en un banco debajo de un gran Plátano, alejados de donde estaban los niños en los juegos infantiles o la calesita, ya que era un mundo de gente, y no podrían tener la intimidad que buscaban para conversar.

-Bueno…dijo Juan Manuel; mira he pensado en algo que realmente no quería hacer, pero no tenemos otra salida Marianela.-

-¿Qué pensaste?-

-Sé que mi madre sigue enojada; pero es la única persona con la cual he tenido una relación más allá de madre-hijo, quizás por ser el menor y haber pasado algunas cosas conmigo, nos amamos realmente.-

-No me contaste nada …bueno lo nuestro fue tan rápido, que ni siquiera hemos terminado aún de conocernos. Decime ¿qué cosas te pasaron?-

-Y mira a los ocho años tuve una seria enfermedad que se llama meningitis, que me afecto el cerebro y la médula espinal…casi me muero…estuve tres días en coma…en el Hospital Israelita, el que a veces cuando pasamos por ahí te lo señale.-

-Ohhh … .y que paso; ¿como saliste del coma?-

-Mira la vieja estaba desesperada; le preguntó a uno de los médicos cuál era el diagnóstico, porque para colmo en la década del ´´50 se dio una epidemia de poliomielitis en el país, cuando le dijeron que solo un milagro podía salvarme, les pidió a los médicos que la dejaran quedarse en esa sala grande donde éramos todos niños, algunos afectados por la polio.-

-O sea; que corriste riesgo de muerte.-

-Si; no recuerdo nada. Lo sé; porque estuve un mes internado. A mi mamá la dejaron quedarse a mi lado y ella se puso de rodillas en la sala. A cambio, trapeaba todas las mañanas la sala que era grandísima. Me decían que se la pasaba rezando pidiéndole a su dios -Alá- por mi vida. Mira cómo habrá sido que cuando me dieron el alta médica -ninguno de los médicos lo podía creer-, papá y mamá me llevaban de cada brazo, porque estaba tan débil que me caía al caminar.-

-Qué bárbaro…¡te salvaste de milagro!-

-Sí, la verdad que sí.-

-¿Y luego te recuperaste bien?-

-Vos sabes; que tuve un episodio cuando tenía unos diecisiete años, que es el día de hoy que no recuerdo nada, me agarro como una amnesia progresiva, me tuvo que tratar un psiquiatra que me dio una pila de psicofarmacos que me tenian como un idiota. Pero salí de esa, luego de un par de meses. Si me preguntas algo de lo que pasó en esos meses…no recuerdo nada.-

-Pobre tu familia…principalmente tu madre; ¡como habrán estado!-

-Y si…pero bueno vinimos hasta acá; para comentarte que voy a hablar con mi madre…para que me de una mano. Ella no me va dejar pasar necesidades ni mi padre tampoco, alguna solución me darán.-

-¿Querés que te acompañe cuando vayas?-

-Mira Marianela, vos no tenes nada que ver pero con el enojo que tiene mi vieja, es lo menos conveniente, por ahora. ¿No te molesta, verdad?

-No…para nada. Sería una tonta si no lo entiendo. ¿Cuando vas a ir?-

-Mañana domingo, ya que también va a estar el viejo-

-Bueno, está bien Juan Manuel, ¿a la mañana o a la tarde?-

-A la mañana porque van a estar más tranquilos, como para conversar. A la tarde, seguro que reciben la visita de mi hermana Alicia y su familia.-

-Esta bien…me olvide de preguntarte ¿siguen viviendo en la misma casa en donde naciste vos?-

-Ohhh…esa es otra historia de vida. Vos sabes que en el año 60, el polaco judio que les alquilaba les ofreció a mis padres, comprar la casa. Justo se estaba por contraer matrimonio Mabel con el que hoy es mi cuñado Roberto, quien era empleado de su padre y llevaba adelante el negocio familiar. Era un negocio para el gremio de los electricistas pero también vendía artefactos de iluminación y todo lo que fuera a necesitar de materiales eléctricos para el público en general. Ahí al conocer Roberto, el ofrecimiento que le habían hecho al viejo; se lo comentó al padre de él. Y el padre le ofreció el 50% para que la comprara junto a mis padres.-

-Uyyy…que bueno ¿y la compraron?-

-Espera, que ahora viene lo mejor. Mi mamá estaba en la cocina, a mi padre ya le había comentado Roberto de que el padre le daba el cincuenta por ciento del valor de la casa. Entonces mi viejo entro a la cocina *mi vieja como siempre de espaldas cocinando- y le dijo. Que macana mami; nosotros que quisimos tener siempre el techo propio, ahora que el dueño la ofrece y Roberto tiene el dinero que le da el padre, nosotros no la podemos comprar…Mi madre se dio vuelta y le respondió: y ¿a vos quien te dijo que no tenemos el dinero?. Mi viejo se quería morir de alegría. ¿Qué había pasado? Mi vieja durante casi veinticinco años, ahorró moneda sobre moneda. Y sí…tuvieron el dinero para comprarla junto a Roberto. Vos fijate, que unos tres años de esa compra, por el temor a un desalojo, habían comprado en Morón que para que te ubiques es en el suburbio Oeste de la provincia de Buenos Aires, un terreno de 10 x 50 metros como en 60 cuotas y habían colocado una casa premoldeada ahí -también la compraron en cuotas- para tener donde vivir, llegado el caso.-

-A tu madre deberian hacerle un monumento. ¡Qué conducta!-

-Y si la verdad que es admirable; en casa nunca hubo lujos pero de comer nunca faltó.-

-¿Que pensas que te van a decir, Juan Manuel?-

-No se…luego de ir mañana, lo sabremos….-

Continuará

Glosario:

“Viejo/Vieja”    –  Padre/Madre

Imagen de Portada: Barrio de La Boca – Ciudad de Buenos Aires

Historias de Vida

Juan Manuel – Capítulo 4

…no satisfecha con eso; su voracidad sexual no sabia de límites, se sentó sobre Juan Manuel tomándole su parte intima y penetrándose ella misma. Comenzó a mover sus caderas de manera frenética; él ya dejó de pensar en el pasado y se excito de manera tal, que en segundos la desnudo y comenzó a besarle sus pechos.

Juan Manuel, ya estaba acostumbrado a que era muy buena en la cama y en todo lugar que se le ocurriera, la dejo hacer llegando casi al mismo tiempo, ambos a un orgasmo múltiple. Ya hacía un mes que se habían casado y ambos se encontraban sin trabajo. Obviamente; Lozada Echenique había hecho ejecutar su amenaza al ver nuevamente a Juan Manuel, rondando por la recepción.

Ese mismo día; De Angelis convocó a Juan Manuel -así lo recordaba él con Marianela, mientras cenaban, a su oficina-;

  • Juan Manuel; lamento decir que tengo que despedirte-
  • ¿Por qué, Jefe? ¿Qué motivo hay? ¿Algún problema con mis tareas?-
  • No, ninguno. Vos sabes bien porque-
  • No…la verdad que no, dígamelo usted por favor-
  • Yo te avise, pibe. Lozada te volvió a encontrar en recepción-
  • ¿Y que tiene? Medio mundo pasa por ahí.
  • Mira Juan Manuel, la moneda está echada. La decisión es terminante-
  • ¿Y ahora, qué pasa?-
  • Te mandaremos el telegrama de despido y te pagaremos todo lo que te corresponda. En eso, quedate tranquilo-
  • Con lo que me dice, ¿cree que me voy a quedar tranquilo? Como puede ser que siendo usted mi jefe, por una guachada de Lozada me raje, cuando nunca cometí una falta de ningún tipo. Hasta cuando liquidaba en Pablo Podesta, toda la nómina de sueldos de esta Planta que son como 600 personas, me la pasaba entre 12 hy 16 horas laburando-
  • Pero pibe, entendeme. Esto no es por tu trabajo-
  • Discúlpeme De Angelis, usted es la alfombra de esa mierda de tipo por lo que es el fusible de él. Como el no se atreve a poner la cara, porque en una de esas se la parto, lo manda a usted a ponerla. Dígale de mi parte que es un cagón de mierda-
  • No me faltes el respeto Juan Manuel, soy una persona grande-
  • Si fuera una persona grande, De Angelis y con moral, no actuaría como lo está haciendo. Con tal de seguir laburando, continúa arrastrándose como un felpudo al servicio de ese hijo de remil puta
  • Retírate Juan Manuel, de lo contrario llamo a Seguridad-
  • No es necesario, lo único que le puedo decir es que del otro esperaba cualquier cosa, pero hasta ahora pensaba que usted era un tipo derecho. También en eso, me equivoque.

Se retiró de la empresa, entre los saludos de sus compañeros, que sorprendidos le preguntaron que le había pasado.. Pero nada pudo decirles, con un hombre de seguridad a su lado. Fue hasta el reloj, marcó por última vez su tarjeta y se marchó.

Mientras cenaba con Marianela; comentaban que ambos hacía ya quince días que venían marcando día tras día, todos los avisos de empleos en el periodico y si bien se habían presentado en varios, siempre se encontraban con la misma respuesta “cualquier novedad lo vamos a llamar”. 

Y si, Marianela cuando se enteró que a Juan Manuel lo habían despedido por la relación que tenían, presentó la renuncia y se fue de la empresa. Ella alquilaba con una amiga, un departamento ya que era hija única y sus padres, ambos jubilados vivían en una casa alquilada en las sierras de la Provincia de Córdoba.

Tal es así, que cuando contrajeron matrimonio en el Civil se encontraba una comadre de la madre de Marianela y de parte de Juan Manuel su hermana Mabel junto a su marido Jorge, ya que oficiaron de testigos. Obviamente los padres tanto de ella como de Juan Manuel, no se hicieron presentes así como ningún pariente o conocido. De ahí se fueron los dos al departamento; ya que solo ellos festejaron pero ni con vino o champagne, sino a lo de siempre, la cama era el mejor lugar para pasarla mas que bien. 

En eso, ambos se llevaban fantásticamente. Se decían que eran la pareja perfecta, riendose a carcajadas.

Una semana antes de que se casarán; con el poco dinero que ambos tenían. le alquilaron a un español, ese departamento del barrio de Flores. El poco dinero que poseían lo estiran como “chicle” y ya estaban preocupados por el pago del próximo alquiler.

A él no se le ocurriría acudir a su familia. Sabía cómo se encontraba su madre, con un disgusto de aquellos por haber tomado la decisión de casarse, con toda la inseguridad que tenía arriba de sus hombros. Por algo le había dicho a su madre que no se quería casar, dos horas antes de hacerlo.

Pero a Juan Manuel, le pasó como a todo muchacho que cree a los veinte años, que se conoce la vida desde la “a” a la “z”, para luego romperse la cabeza contra la pared, ahora ambos sin trabajo y comiendo salteado.

Pasaban los días; y la fecha del tercer mes de alquiler estaba a la vuelta de la esquina. Ya no podían ni verle la cara al “gallego” golpeando la puerta del departamento, sin demorarse un solo día para cobrar lo suyo.

Marianela y Juan Manuel, los días de semana se abocaron a presentarse ante pedidos de empleos o enviaban cartas con sus antecedentes a otros que solicitaban empleados. Pero nada sucedía. Luego después del mediodía, se volvían a encontrar en el departamento y conversaban de todo. A ambos les pareció estupendo eso, ya que casi no habían tenido tiempo de conocerse profundamente, por lo rápido que todo sucedió.

Una de esas tardes; Marianela le dijo que deseaba contarle algo ya que si en algún momento iban a donde vivían sus padres, no quería que Juan Manuel pudiera enterarse por boca de otro, ya que todo pueblo chico  era “un infierno grande”.

Juan Manuel se sorprendió y en broma como lo hacía siempre, le pregunto;

-A la mierda, no me digas que mataste a alguien o robaste un banco…-

-Marienela comenzó a sollozar…

– Epa…dijo él…espera, no te pongas así, solo fue una broma.-

– No es broma lo que tengo que contarte, Juan Manuel.-

-Bueno, no digo una palabra más. Decime de que se trata…-

-Mira, tendría unos doce años pero siempre aparente ser mayor a mi edad, quizás por mi altura o mi físico y …..-

-¿Y que tiene que ver eso…que pasa?-

-Dame tiempo Juan, por favor. Todavía contarlo, me duele muchisimo.-

-Esta bien, no llores más. Te traigo un vaso de agua ¿Sí?

Juan Manuel se levantó, tomó un vaso y volvió con él, dándoselo a su mujer. Dejo que se tranquilizara unos minutos…

-Marianela, ya calmada volvió a hablarle;

-Un mediodía allá en el pueblo donde vivía, volvía del colegio y me empezaron a jorobar tres muchachos,..-

-¿Y, qué pasó? le preguntó Juan Manuel ya nervioso…

-Me empezaron a decir cosas y a manosearme; cuando quise gritar o resistirme, me taparon la boca y me metieron en una casa deshabitada….- Ahí Marianela volvió nuevamente a llorar…

-Bueno tranquila, amor…toma aire, ya me vas a terminar de contar.-

Pasaron unos pocos minutos…

-Y bueno me violaron en “manada” varias veces los tres….-

Juan Manuel, quedó petrificado y solo atino a decirle;

-Que tremendos hijos de puta ¿y qué pasó después?-

-Me dejaron tirada en el piso de una de las habitaciones, sangraba…me dolía todo el cuerpo…me hicieron las peores cosas que te puedas imaginar.-

-¿Pero, vos los conocías? ¿Alguien te ayudó?

-Si los conocía, porque eran del pueblo, mayores que yo. Tendrían dieciocho o diecinueve años…como puede camine hasta mi casa y la única que estaba era mi mamá; cuando le conté y me vio en qué estado estaba, me llevó a la salita de emergencia que había en el pueblo.-

Continuará…

Glosario:

“gallego”        de nacionalidad española

“guachada”    acción mala o desleal que hace una persona. 

“raje”             echar de un lugar.

“laburando”   trabajando.

“Alfombra”   dícese de aquel que hace las veces de felpudo de otro/a que lo domina.

“Mierda”                   estiércol; basura.

“cagón”                    cobarde, temeroso, poco hombre.

“hijo de remil puta”  no es necesario aclaración alguna.

“chicle”          goma de mascar- dícese de aquello que se estira….

“jorobar”                   molestar

“manada”                 agredir o actuar en grupo.

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest. Cafe Tortoni – Ciudad de Buenos Aires

Historias de Vida

Juan Manuel – Capítulo 3

Juan Manuel había encontrado en Marianela, una mujer libre de todo prejuicio y creía que esa era la razón por la cual estaba profundamente enloquecido de amor. Recordaba mientras ella preparaba la cena, que antes de firmar el acta de matrimonio en el registro civil de la avenida Rivadavia, eran realmente combates sexuales lo que ambos mantenían. En la cama, en el piso, en una escalera, arriba de una mesa, cualquier otro lugar inimaginable.

Lo había conquistado porque su mirada era hoguera y tenía un muy buen cuerpo, alta, delgada, cintura pequeña y una cadera más unos pechos de miel, que él degustaba como si fueran bombones al final de una fiesta.

Además recordaba que desde los trece años, vagabundeaba por la ciudad, ya que sus padres con la experiencia que habían tenido con su hermano mayor Mario, quien dada la presión a la que lo sometieron se fugó del hogar a la edad de quince años. Desesperados, sus padres iniciaron la búsqueda y recién lo pudieron ubicar luego de dos meses en la casa de unos parientes en la ciudad de Santa Rosa, capital de la Provincia de La Pampa, a unos 700 kilómetros de Buenos Aires.

Sabía Juan Manuel; porque su madre no se cansaba de repetirlo, que Mario había sido el mejor alumno de toda la escuela del primer nivel a la que había concurrido, en todos sus grados. 

Pero al ingresar a la escuela secundaria todo cambió, no solo por las malas compañías. Mario ya no pudo soportar más las presiones de sus padres. Juan Manuel, ya lo sabía sin haber tenido necesidad de preguntar nada en su casa ni a su hermano mayor. En una de las tantas oportunidades que visitaba a una de las hermanas de su madre, “Popi” que le resultaba la más divertida y franca de todas, estuvieron conversando largo rato.

Fue ese día en que se enteró por “boca” de “Popi”; que Mario no la había pasado demasiado bien en su infancia y menos cuando entró a la adolescencia. Nacido en la década del ´30, rubio como el padre y con rasgos delicados, para Sara su madre era “un sol”. 

Pero tanto lo fue; que no le dejaban ni siquiera salir a la calle para jugar con chicos que como él, vivían en el vecindario. Era tal el temor de Sara, de que no le pasara nada, que hasta llegó al extremo un día para evitar que saliera de vestirlo con una pollera de una de sus hermanas para que no saliera ni siquiera a la puerta de calle. 

Juan Manuel, recordaba que cuando “Popi” le dijo esto, no lo podía creer. Su tía se excuso -pensando que había hablado de más- y le comentó que en ese entonces no había psicólogos, como para que sus padres supieran el porqué de la mala conducta de Mario. 

Juan Manuel, no podía justificar lo que habían hecho con su hermano, y así se lo hizo saber a su tía. Peor se puso; cuando “Popi” le dijo que Mario después de finalizar la primaria se había vuelto muy travieso, y que su padre Felix cuando llegaba de trabajar, Sara le contaba lo mal que se portaba Mario.

Ahí nomas, Felix se sacaba de la cintura, el grueso cinturón de la policía y emprendía a los golpes con el pobre Mario. 

En ese momento, Juan Manuel entendió porque Mario era como era, y sin justificar sus malas compañías, pensaba que él en su lugar hubiera reaccionado mucho peor.

Ahí entendió la razón del porqué le dieron a él, la llave de la puerta de entrada a la casa, cuando solo tenía trece años. Tuvo toda la libertad del mundo. 

Fue tan así que teniendo solo 15 años nunca estaba en su casa los fines de semana. ¿El motivo? Conoció en un cumpleaños de la prima de su amigo “Tati”, una chica que iba al mismo colegio de la cumpleañera, dirigido por hermanas de la caridad, y comenzó a salir con ella. Así fue que  Maria del Carmen -así se llamaba- perdió su virginidad en el propio altillo de su casa.

Luego sus padres se separaron y del barrio de Caballito en la ciudad de Buenos Aires, se mudaron a la localidad de Martinez en los suburbios pero en una zona bien “paqueta”. Casualidad o no; su hermana Alicia ya casada vivía a unas 10 cuadras de donde estaba la casa de María del Carmen.

Marianela le gritó desde la cocina, de que en diez minutos ya podían cenar.

Pero Juan Manuel, pensaba realmente que María del Carmen lo había amado de verdad, ya que luego de que se distanciaron, cuando ella se enteró de que él se iba a casar, lo llamó y arreglaron un encuentro en una pizzería llamada Cittadella. Cuando se vieron, Maria del Carmen lo amenazó con que se iba a presentar en el Registro Civil con un almohadón en el abdomen, denunciando que estaba embarazada. Le dijo repetidas veces – ¡vos estas loco! ¡vas a cometer el error de tu vida!. 

Él la tranquilizó, le dijo que la decisión estaba tomada y se despidieron, no sin un llanto muy sentido de parte de Maria del Carmen. No fue la única en decirle eso; ya sus amigos “Tati” Parril y el “polaco” Smulski, le dijeron que estaba loco, insistiendo en que no hiciera esa cagada. Que él era muy joven y además con menos edad que la “mina”, que lo engancho.

Pero a Juan Manuel si le decían lo contrario a lo que él quería escuchar,  hacía lo que a él le viniera en ganas. Creía que como adolescente, había conocido la “noche bien pesada” en círculos que en esos momentos resultaban invisibles para la sociedad, tal el caso de frecuentar muchachos de su edad “gay” o gente de dinero con droga -en ese momento se consumía “coca” de la buena, sin corte alguno. 

Estaba siempre con la mejor “chica”, ya trabajaba y vivía a full, pero eso sí jamás se había acostado con un gay ni consumido sustancias. Cuando le preguntaban qué le pasaba, sabía responder que siempre quería estar bien lucido para “levantarse” a la mejor “mina” del lugar en donde estuviera. 

Recordaba que un tiempo se desempeñó como “asistente del director” de una obra de teatro llamada “Juicio al desnudo”, en donde con picardía las chicas -adolescentes todas- se presentaban generalmente acompañadas por sus madres y el solícito le tomaba todos los datos. Con estos datos; luego llamaba a la que consideraba la más guapa y la invitaba a salir. No todas decían que sí; pero de tres una caía.

En ese ambiente de la noche, conoció a un productor de televisión, ex marido de una famosa vedette, que le gustaba reunirse con adolescentes y hacer fiestas en su departamento de la calle Arenales, a la que Juan Manuel concurrió varias veces. 

Tanto el alcohol como la “coca”, corrían sin prisa pero sin pausa. En una de las oportunidades que fue, le presentaron al hijo de una pareja de actores muy famosos, gay también él con quien estableció una relación de amistad que hasta el día de hoy mantenía. 

Al recordar todo esto; estaba convencido que la decisión de casarse -que fue solo suya-, ya que Marianela le dijo de convivir pero él no pudo con su genio, tan “metejoneado” estaba con la ahora su esposa.

Lo interrumpió Marianela, que lo tomó de la mano llevándolo hacia la cocina. 

Había preparado pollo al horno con unas patatas y la mesa tenía en el centro un florerito con unas pequeñas margaritas. Se sentó…pero Marianela lo alejo de la mesa y le separó las piernas, despacio le bajó los pantalones y mirándolo risueñamente le dijo “como aperitivo esto”, y comenzo hacerle sexo oral…

Continuará….

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest – Plaza Italia – Ciudad de Buenos Aires- Argentina.

Glosario:

“vagabundeaba” – recorria

“paqueta”            -de gente con poder adquisitivo alto/residencial

“cagada”             -error, equivocarse

“mina”                 -mujer

“coca”                 -cocaína 

Historias de Vida

Juan Manuel – Capítulo 2

Recordaba siempre; aún hoy con temor aquella situación. Hacía esfuerzos para recordar qué pasó después pero sin éxito; quizás su hermana Mabel lo haya sacado de la habitación para que no viera esa terrible imagen y a su madre tratando de contener a su padre. 

Sí en su recuerdo; están las visitas de los domingos al instituto donde estaba internado su padre; nadie le decía lo que pasaba o que tenía. En sus cinco años, recordaba que llegaba a su casa el único que poseía un automóvil en la familia, Santiago hermano de su padre, para acompañarlos a ese lugar, que para sus ojos era muy grande – luego con los años sabría que ocupaba una manzana-, con jardines y grandes palmeras dentro del lugar. 

Al llegar; saludaban a su padre y este lo miraba con una sonrisa con sus ojos color cielo, brillantes por la emoción del encuentro. El lugar tenía todo el perímetro cerrado con un alambrado de una altura de más de dos metros. 

Al irse; recordaba que su padre -al que una de las enfermeras impolutas del lugar,le daba una naranja- y a través de ese alambrado a él ,se la regalaba. Y así cada domingo, durante todo un año.

Supo mucho después; que su padre había intervenido en la fuerza policial cuando se produjeron los disturbios de la Revolución del 55; y en esos hechos vio caer a dos compañeros y él tuvo que repeler la agresión, matando a dos hombres. Una situación que nunca había vivido, ya que enrolado en la fuerza sólo intervino en hechos o delitos menores. En aquella época la figura del policía, anteponía el respeto a la sociedad.

Durante ese largo año; su padre que era un hombre íntegro, por demás amable y generoso con todo aquel que necesitara ayuda, fue sometido a lo que en aquellos momentos se utilizaba en la psiquiatría. Le habían diagnosticado, según le comentó su madre tiempo después, una psicosis muy grave como consecuencia de las situaciones que había vivido. Así que había recibido más de veinte electroshock. 

Juan Manuel se puso a recordar que cuando lo supo le dio curiosidad  al escuchar esa palabra pero no comprender en qué consistía. Por ello buscó denodadamente su significado y se encontró con una definición que le provocó mucha angustia, pensando en lo que debería haber padecido su padre. 

Recordaba que incluso había llorado, luego de leer “Al paciente se lo acuesta sobre la camilla. Los enfermeros le atan el cuerpo, las piernas y los brazos con cinturones para evitar que se suelte o que se dañe cuando empiezan los espasmos. Le abren la boca y le introducen un protector, así no se morderá la lengua ni se romperá los dientes. Le aprisionan la cabeza con pinzas, conectadas a una fuente. Cuando se baja la palanca las descargas eléctricas atraviesan el cuerpo del paciente, que empieza a convulsionar”.-

El resultado posterior a esta maniobra; era que el electroshock inducía descargas eléctricas en el cerebro del paciente con el objeto de producir “transformaciones electroquímicas en las células nerviosas que, a su vez, se traducen en síntesis de proteínas que modifican los neurotransmisores involucrados en la patología”,utilizando una metáfora, era como si se resetean las neuronas“.

Con esa agresiva práctica, los pacientes podrían empezar a responder positivamente a medicamentos que antes no les hacían efecto. 

También había leído que no era inocua su aplicación; ya que podía provocar trastornos de memoria y otros colaterales. Lo que sí sabía sin lugar a dudas; era que su padre que por su enfermedad la repartición policial le otorgó el “retiro efectivo por accidente en acto de servicio”, a los 42 años cada tanto tenía recaídas y debió someterse a tratamientos psiquiátricos permanentes.

Se volvía ausente y agresivo; aún más con su madre, que dicho sea de paso  era a quien no solamente amaba sino veneraba. Primero en su escala de sentimientos por lo que uno podía ver, estaba primero su mujer, luego sus hijas mujeres y al final los varones.

Juan Manuel pensó en ese momento de divagaciones por su matrimonio, que ello podía deberse a la situación familiar que su padre padeció dentro de su círculo familiar desde niño.

No obstante su padre Felix; habiendo dejado de pertenecer a la fuerza policial y cobrando mensualmente su pensión, continuó trabajando primero en una empresa de la cual era dueño su hermano Santiago y luego en otra dedicada al abastecimiento de tubos con costura y conexiones de gasoductos.

Pero Felix, ya no fue el mismo, desde aquella madrugada. Tal es así, que desde hacía dos años Juan Manuel, se había hecho cargo de acompañar a su padre al médico psiquiatra, ya que ante cada recaída se transformaba y con ojos bien abiertos se ponía muy agresivo y era imposible hacerle entender que debía ir al psiquiatra. Juan Manuel esbozó una sonrisa y agradeció haber heredado el fuerte carácter de su madre, pues era el único que  frenaba a su padre y lo convenció de ir, acompañándolo siempre.

Su hermano Mario; con su familia -esposa y cuatro hijos- era alguien que ante problemas semejantes, parecía que huyera como si no se viera en condición de hacerse cargo. Así Juan Manuel, percibió que de hermano menor por obligación debió tomar por así decirlo el “rol” de jefe de familia. Igualmente pensaba que no le disgustaba ello, ya que desde siempre sus ideales siempre estaban del lado del más débil. Así lo sentía.

Un llamado; una voz ansiosa diciendo su nombre lo sacó de sus cavilaciones. Era Marianela; que lo venía a buscar. Juntos se fueron al departamento que habían alquilado en el Barrio de Flores, más precisamente sobre la calle Ramón L. Falcón -aquel jefe de policía que ejecutó las brutales represiones en contra los inquilinos de conventillos y los activistas de la “semana roja”, quien respondía a la oligarquía porteña. Posteriormente fue asesinado en 1909 en un atentado. Es lo que pensó en ese momento Juan Manuel; como podía ser que calles o avenidas de la ciudad, tuvieran los nombres y apellidos de tantos apátridas.

Llegaron al departamento, Marienela le dijo que iba a preparar algo para la cena, con lo poco que tenían. A decir verdad; cuando Juan Manuel trabajaba en una empresa multinacional de bebidas gaseosas, como empleado de la oficina de personal, le había echado el ojo a la recepcionista de la empresa que no era otra que Marianela. Lo que no sabía Juan Manuel; es que tenía un competidor feroz y despiadado, un abogado, un tal Lozada Echenique de la alta sociedad cordobesa que pretendía que Marianela fuera su amante.

Cuando Lozada Echenique supo que Juan Manuel, rondaba por la recepción le advirtió al Jefe de Personal un tal De Angelis, que le dijera a Juan Manuel que no se acercara más a ese lugar. De lo contrario, lo despediría.

De Angelis lo llamó a su oficina y le informó textualmente las órdenes de Lozada Echenique. Juan Manuel le dijo para conformar a todos que sí y sonrió por lo bajo. Ya Marianela y él habían salido más de una vez y tenido una apasionada relación sexual, que llevaba a los dos fuera de todo límite…

Continuará…

Imagen de portada: Gentileza Pinterest – Monumento a la Carta Magna y a las cuatro regiones argentinas. Ciudad de Buenos Aires.

Historias de Vida

Juan Manuel

Juan Manuel; a un mes de haber contraído matrimonio con Marianela, se preguntaba por qué motivo, todo se había desencadenado tan rápido y llevado a esa decisión. Marianella era casi cuatro años mayor que él, con solo veinte años, a 15 días de cumplir los 21. 

Trataba de reflexionar sobre las razones; pero se decidió realizar un análisis retrospectivo de su vida hasta ese momento, al creer que lo hizo tan intensamente, creyendo tontamente que se las sabía todas. Hasta que comenzó a reprochar algunas actitudes, que había tenido no solo con amigos y muchachas de paso, sino también con sus padres.

Comenzó recordando que en su infancia, había sido lo suficientemente feliz que en aquella época de los 50, no era poco. Recordaba que su padre además de ser policía de la montada; trabajaba también cuando estaba de franco en trabajos insalubres tanto en una curtiembre como puliendo vidrio, ya que eran seis bocas que debía alimentar, pero además tenía que ver la grotesca y repulsiva figura del Señor Golban,que venía una vez por mes para cobrar el alquiler y de paso, inspeccionaba con una mirada repugnante y llena de soberbia, cada rincón de la casa. Pensaba Juan Manuel, que aquella era una casa que tenía unos cincuenta años de construcción y eran las típicas “chorizo” de Buenos Aires.

Del lado izquierdo, mirando de frente todos los ambientes, uno seguido del otro hasta llegar al último, el baño -único para todos- y del lado derecho, un patio largo con canteros cubiertos por plantas y flores, incluyendo un duraznero “japones” que le daba un tono .exotico. 

Al fondo; una escalera de chapa, en donde se denunciaba estrepitosamente por el ruido que hacía, cuando quien fuera subía o bajaba por la misma. 

Llevaba esa escalera a una pequeña habitación; que cuando él era niño era ocupada por su hermano mayor, Mario quien le llevaba una diferencia de edad de quince años. Luego de Mario; Mabel y Alicia sus hermanas también mayores, con una diferencia de diez y casi siete años. 

Es decir, era el menor y el más consentido de su madre, Sara. 

Se preguntó porque traería a su memoria todo aquello, pero estaba seguro que con ello podría desentrañar cómo había llegado hasta aquí. 

En matrimonio; cuando recordaba que dos horas antes de ir al Registro Civil, se acercó a su madre Sara diciéndole que no quería casarse….La madre, que tiempo atrás le había dicho que ella se oponía a esa relación y que su decisión era demasiado apresurada, ya que él había conocido a Marianela hacía unos cuatro meses, le contestó secamente: -está decisión la tomaste vos; ahora hacete cargo-

Continuó recordando su infancia con detalles que aún tenía bien grabados en su memoria. Sus padres ya al unirse en matrimonio; se habían constituido en noticia, a tal punto que en una oportunidad fue publicada su relación en la vieja revista Caras y Caretas de Natalio Botana. ¿La razón?

Su madre era una de los siete hijos de la viuda Asme Alí de Soleiman; que había llegado junto a su marido y a una hermana de éste, al puerto de Buenos Aires desde el Líbano. Su religión era la musulmana; si bien mantenían las tradiciones, las cinco hijas y los dos hijos menores no estaban obligados a realizar las cinco oraciones diarias del Islam. Eso sí eran parte de una colectividad muy cerrada, al igual que los judios o judios sefardíes. No se integraban a los porteños de la ciudad. Su madre Asme, al fallecer muy joven su marido, continuó llevando adelante el negocio familiar -una verdulería- fuente de sustento de toda la familia.

Por otra parte; su padre Francisco era nieto de genoveses con ascendencia de suizos y vascofranceses -por vía materna-. Su mamá a la que llamaban “Monona” y su padre Felix, eran católicos no practicantes.

Recordaba que distinto era este matrimonio, a aquel que se consagraron sus padres. En una sociedad más que machista; cuando se conocieron Sara y Francisco, gracias al ardid de una de las hermanas de Sara, de pseudónimo Popi, pareció que Cupido se hiciera presente de manera más que expeditiva. 

El flechazo mutuo fue instantáneo. Se decía a sí mismo Juan Manuel; también la belleza oriental de mamá y la “facha” de papá, rubio de ojos grises o verde agua según el clima, no podría haber sido de otra manera.

Pero…siempre hay un pero. Cuando se enteraron los de la colectividad musulmana -ni que hablar-; amenazaron con la expulsión a su abuela y sus hijos; entonces los “paisanos” comenzaron a hostigar al padre -Francisco- hasta llegarlo a correr a él hasta donde vivía, a unos 400 metros en donde 3 o 4 hombres con cuchillas lo amenazaron. Francisco se puso de espaldas contra la pared y empezó a repartir zapayasos a diestra y siniestra; hasta que sonó un disparo. Los “paisanos” huyeron como si hubieran visto al mismo diablo, pero no, era el padre de Francisco abuelo de Juan Manuel, que tiró al aire con su revólver para disuadir a los atacantes.

Pero nada ni nadie pudo hacer que Sara y Francisco se separaran. Por el contrario ella se fue de la casa materna…bahh…la propia madre la expulsó. Y así se hizo la historia que noticia en la revista de gran circulación en aquellos tiempos.

Deambulo la pareja; primero alquilando una habitación en casa de familia, luego viviendo en la casa de Felix, hasta que un día este -malo como la peste- cortó la luz; mientras Sara amamantaba a su primer hijo, Mario. La excusa, es que era mucho gasto. No le importaba que su hijo Francisco, pagará los gastos que la pareja y el niño ocasionarán. Ahí Francisco, discutió con Felix como siempre, ya que las diferencias entre ellos venían de vieja data, cuando el viejo se emborrachaba y les daba mala vida a “Monona” y a sus dos hijos, Francisco y Santiago. 

Por esa razón; mucho antes “Monona” les pidió a sus hermanastras cobijo y educación de sus hijos, y así recaló en donde una de ellas -todas directoras de escuela-, Valentina. Pero como nada es gratis en esta vida; “Monona” se convirtió en la multifuncional mujer que se encargaba de cocinar, lavar, planchar, limpiar, coser y todo lo que a sus hermanastras quisieran pedirle. Fue una Cenicienta antes de mediados del siglo XX.

Esa situación duró como unos diez años, tal es así que Francisco y Santiago se fueron con ocho años y volvieron con dieciocho, en el undécimo pedido del padre a Monona, del feroz Felix. “Monona” accedió por sus hijos y volvieron a la enorme y vieja casa de la calle Argerich.

Eso sí; el sueldo que cobraban tanto Francisco como Santiago, recalaban en las manos de Felix, el padre que le daba unos pesos a cada uno para sus gastos.

Volvió Juan Manuel, a pensar lo que le habían contado sus padres. De alquilar una pieza; luego una casa y luego otra, hasta llegar a la actual, en la que había nacido él. Eso sí un recuerdo lo había marcado para siempre. Tenía cinco años; su padre hacía más de veinte años que estaba en la policía y se desencadenó en la Argentina en el año 1955 el golpe de Estado contra Perón. Si bien no puede precisar Juan Manuel en qué mes se produjo el incidente que vivió, solo recuerda -el dormía en una cama chiquita- al lado de la de sus padres siempre tomado de la mano de su madre, hasta que el sueño llegaba.Una madrugada se despertó por los gritos y ruidos, despavorido. Era su padre con su arma reglamentaria en la mano apuntando al techo y solo recordaba que le pedía a su madre …”un vaso de leche” entre palabras ininteligibles…

Continuará… 

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest –  Almacen de comestibles fines de los ´60 – Buenos Aires.

El viaje en Metro – Final

Coloco mis manos en los bolsillos de la campera; se pone a centímetros de mi rostro con mirada desafiante;

-Te lo advertí, viejo. Seguis jodiendo…ya me tenes podrido- Veo que su mano derecha va hacia la izquierda de su cintura, donde le había visto la faca.

Lo empujo; debo tener distancia. No tengo cómo defenderme. Ya no soy el joven que se ponía contra la pared y le daba martillazos a quien me quisiera pelear. Tengo que actuar con inteligencia -me dijo- . Tengo miedo, me pongo tenso. Pienso en cuánto tiempo más llegará Roberto o el móvil del 911, al que alerte.

Me saco la campera, el tipo se me viene encima y me cubro con ella. El primer puntazo lo esquivo, el segundo me roza el brazo derecho. Sangro levemente. Me pongo como “loco”, le hago una barrida a las piernas y cae al piso. Me dijo nuevamente “patealo”…no tenes otra. Le pegó un puntapié en el torso, y otro, y otro…el tipo grita de dolor … .no me interesa…estoy “sacado”, obnubilado por la “bronca”.

Su compañero al ver la escena, le arrebata la cartera a la joven quien comienza a gritar entre sollozos y se viene hacia nosotros, a ayudar a su compinche. Me la veo jodida. Pensa…José…pensa..

El tipo se me viene diciendo -“viejo, hijo de puta” ahora te voy a dar para que tengas-,, al tiempo de que el que está en el piso, se va incorporando.

El que viene saca una pistola; me veo “boleta”. Ya estoy exhausto…la herida si bien pequeña, habra tocado alguna vena y el hilo de sangre se escurre por mi brazo…

No se de donde saco el valor y le dijo – ¿Qué haces loco; me das un tiro y que? ¿Qué ganas? ¿Una causa por homicidio?…para…para-

No me responde, trata de amartillar el arma…Con las pocas fuerzas que me quedan le tomo la mano y forcejeo…

Se escucha el ulular de la sirena de un móvil…pienso será ¿la policía o una ambulancia?

El tipo se paraliza; pero sigue forcejeando. El otro al escuchar la sirena…solo le dice -Cucki, rajemos que viene la cana-

El tal Cucki se separa de mí; creo que soy boleta. Pero no, da vuelta sobre sus pasos y con el otro delincuente comienzan a correr, separándose. Cada uno por veredas distintas de la calle Valle, en sentido contrario de donde proviene el ruido ensordecedor.

En ese momento llega Roberto; baja de su auto y corre a mi encuentro. También el móvil policial. 

De este; el oficial a cargo me grita sin bajar – ¿hacia dónde se fueron?-

-Hacia Malvinas Argentinas, corriendo por veredas distintas, no se luego…-

-¿Usted está bien? ¿Y la señorita?-

-Está sollozando acá nomás; le llevaron la cartera-

-¡Bueno; dejo uno de mis hombres para que la vea y luego nos vemos, no queremos perderlos!-

Asentí; cuando ya Roberto está a mi lado-

-¿Que pasó Jose, y esa herida en el brazo?

-No te preocupes…no es nada; vamos con el agente a ver a la chica-

Al llegar donde está la joven, la ayudó a incorporarse. Me abraza, me sorprende.

-Ay señor, menos mal que usted se dio cuenta y me siguió cuando los vio en el Metro hostigando. No sé qué hubiera pasado…solloza…-

-Hice lo que haría cualquiera. ¿Usted está bien? Lamento que le hayan robado la cartera…

-Si…si; estoy bien. Físicamente, si. Pero la impotencia que tengo, por estos tipos…No se puede andar por la calle…la gente esta loca…cada vez más agresiva…¿la seguridad donde esta? ¿Quién nos cuida?-

-Le hago un gesto como diciéndole que tiene razón-

-Muchas gracias señor…no se como se atrevió a seguirnos y a enfrentarlos…no se que decirle. Vio, esta es una sociedad que cuando a alguien le pasa algo…solo muestra el “morbo” pero no ayuda a nadie.-

-No se preocupe señorita, lo importante es que Ud. se encuentre físicamente bien, al margen del susto y la aberrante situación por la tuvo que pasar. Ahora tranquilícese, que seguramente deberemos ir a la Comisaría de la zona.-

El agente que está presente me dice que lo acompañemos hasta la sede policial, a lo que ambos asentimos. Mientras Roberto al oído me dice;

-La verdad Jose; no se de donde sacaste los “huevos” para enfrentar a esos tipos, vos o sos un héroe o sos un demente.-

-No Roberto, ni uno ni otro. Nací de una mujer…y mis códigos al margen de los años no han cambiado.-

Me dio un abrazo.

Fin

Glosario:

Sacado: Argentinismo. Euforia o enojo.

Bronca: Argentinismo. Odio. Tirria.  

Me la veo jodida: Que es desfavorable; perjudicial.

Viejo, hijo de puta: Insulto no siempre necesariamente por ser un hijo de puta.

Me veo boleta: Lastimar a alguien/morir.

La cana: Argentinismo. Lunfardo. Policía.

Sacaste “los huevos”: Argentinismo. Tener valentía.