Escribir jugando…

Agradezco al “Blog de Lidia” su iniciativa tan divertida y a la vez desafiante de su propuesta “Escribir jugando”.

En este caso; para el mes de Agosto las consignas son: Micro Cuento o poesía de no más de 100 palabras (sin incluir título); Además como opcional que aparezca en la historia algo relacionado con la invención del papel (año o propio papel). Allá vamos…

Juego macabro.

Sorpresa. Eso sentí; cuando recogí la carta que alguien dejó debajo de la puerta.

Al abrirla; me asombró la antigüedad del papel ya que tuve extremo cuidado al leerla, parecía datar de cuando según dicen, se inventó el papel en el año 105 d.C.

Según las instrucciones; era un juego siniestro para seis jugadores, un solo dado en el que cada una de sus seis caras, tenían grabado desde una torre hasta un cuchillo para hacerse el harakiri, truculento ritual para terminar su vida. Como una “ruleta rusa”, quien sobreviviera se llevaría toda la fortuna de los otros participantes.

Misterio en Giverny – Final

En lugar de extender otro préstamo a Francia, propuso Keynes, los británicos podrían inyectar dinero en efectivo a la devastada economía francesa comprando obras maestras artísticas. Así, reemplazarían efectivamente una deuda incobrable con cuadros cuyo valor aumentaría con el tiempo.

Consiguió todo lo necesario para convencer al ministro de Hacienda británico, Andrew Bonar Law, quien -según Keynes- comentó que era la primera vez que lo veía “a favor de hacer cualquier gasto”, pues su trabajo lo obligaba a contar cada moneda para poder financiar la guerra.

Arte peligroso

Con el dinero en el bolsillo y la compañía de Charles Holmes, director de la Galería Nacional, finalmente llegó a París y, el 26 de marzo a las 2 p.m., a la subasta que se celebró bajo el techo de cristal de la Galería Georges Petit.

A las 3 p.m., “un bum sordo sonó fuera, como si hubiera caído una pequeña bomba”, escribió Holmes en sus memorias. Asustados, algunos compradores se fueron.

A las 3:15, cuando las pinturas más importantes estaban a punto de ser ofrecidas, otra explosión sacudió el vecindario. Era el estruendo de los proyectiles disparados por un supercañón alemán a 130 km de distancia.

Más postores huyeron, los precios se desplomaron y Holmes y Keynes lograron comprar obras extraordinarias como la masiva “Ejecución de Maximiliano” de Édouard Manet, un retrato hecho por Eugene Delacroix, una campiña romana de Jean-Baptiste Camille Corot, la pequeña pintura “Edipo y la Esfinge” de Jean Auguste Dominique Ingres y el “Jarrón con flores” de Paul Gauguin.

La ejecución del Emperador Maximiliano

GETTY IMAGES

La ejecución del Emperador Maximiliano es una serie de pinturas (3 en formato grande, un pequeño boceto al óleo y una litografía) que Manet elaboró entre 1867 y 1869, sobre el fusilamiento de Maximiliano I, emperador de México.

No obstante, cuando llegó el momento de ofrecer por una pintura de Cézanne, Holmes se negó.

Aunque para entonces el espinoso pintor ya había sido reconocido, al menos por algunos críticos, como un verdadero revolucionario que anuló las reglas de la pintura y las teorías convencionales del color, y era una inspiración para los artistas, todavía los museos seguían resistiéndose a colgar sus obras.

Horrorizado, Keynes adquirió la obra con su propio dinero, así como otros tres cuadros de Delacroix and Ingres que añadió a su colección privada.

Siete manzanas

Al final de la subasta, los intrépidos coleccionistas de arte abordaron un tren repleto de parisinos que huían del bombardeo alemán. Desde Boulogne, cruzaron el agitado Canal de la Mancha, en alerta máxima por minas y torpedos alemanes.

En el camino, se les unió el diplomático Austen Chamberlain, quien ofreció llevar a Keynes hasta la aldea de Charleston.

Para su infortunio, “el auto gubernamental” de Chamberlain se atascó en el barro así que a Keynes, agotado por el largo viaje, no le quedó más remedio que caminar un kilómetro hasta llegar a donde sus amigos estaban cenando, habiendo dejado el Cézanne a la vera del camino, bajo los setos.

“Maynard regresó repentina e inesperadamente tarde por la noche… ¡y dijo que había dejado un Cézanne al borde del camino!”, le contó en una carta la artista Vanessa Bell al pintor y crítico Roger Fry. “Duncan (Grant) se apresuró a buscarlo y te podrás imaginar cuán emocionante fue todo”.

Unos años antes, otro de los presentes esa noche, el esposo de Vanessa y crítico de arte Clive Bell, había escrito que “Cézanne es el Cristóbal Colón de un nuevo continente de forma”.

Pero era difícil ver su obra en vivo y de cerca.

Ahora, ahí estaba: una pequeña pintura, titulada Pommes (“Manzanas”), del artista que había declarado que queríaasombrar a París con una manzana” y lo había logrado.

“Pommes” recuperada hace unos años, tras sufrir su robo por parte de delincuentes profesionales en obras de arte, forma parte de la Colección Keynes del Provost and Fellows of King ‘s College, Cambridge.

Era “realmente asombrosa y es muy emocionante tenerla en la casa”, escribió Vanessa Bell. “Es extraordinariamente sólida y viva”.

Esa vivacidad la notó su hermana, la escritora Virginia Woolf, cuando, unos días después, vio la pintura de Cézanne en su casa en Londres.

“Lo llevamos a la habitación contigua y ¡cómo deslució las otras imágenes que había ahí!, como si pusieras una piedra preciosa real entre otras falsas; el lienzo de las otras parecía raspado con una fina capa de pintura barata”, escribió en su diario.

“Todos nos eramos tan felices, disfrutando con esas manzanas… Cuanto más tiempo las miras, más grandes, pesadas, verdes y rojas se vuelven”.

La peculiar manera en la que llegaron a Inglaterra esas manzanas de Cézanne que embelesan al círculo de Bloomsbury inspiró más tarde el título de una colección de reminiscencias sobre Bloomsbury llamada “Un Cézanne en el seto”.

En ella, Quentin Bell, el hijo de Vanessa y Clive Bell y sobrino de Virginia Woolf, señaló que en el lugar “debería haber algún pequeño monumento, un pequeño obelisco, un pilar o al menos una publicación”.

“Después de todo, no puede haber muchos otros setos ingleses que hayan albergado a un Cézanne”.

No obstante a pesar de que la obra formaba parte de la Colección Keynes del Provost and Fellows of King ‘s College de Cambridge, fue robada misteriosamente por profesionales, una noche durante el mes de enero de 1968.

Fuente: BBC New Mundo

Pido disculpas por el tiempo que le pudo haber demandado al lector este espacio; pero creí oportuno dar a conocer cómo se desarrollaron los sucesos en cuanto a la obra de Cezánne, “Pommes”. 

Retomando el escenario en la vivienda de Jean Claude…

Observo una y otra vez el pequeño lienzo, que no era otra cosa que una de las obras perdidas de Paul Cezánne, visitante habitual de Monet. La llamada “Pommes” o “Manzanas”.

Ambas obras; tanto la escultura de Rodin como la pequeña pintura de Cézanne se encontraban perdidas, la primera tal como Richard estaba informado desde 1914 y la pintura al óleo de Cézanne, desde 1968.

Richard estaba conmocionado por el hallazgo; el valor de esas piezas de arte que en el mercado negro de arte de Paris e Internacional, tendrian un valor de millones de francos, lo que lo convertiria en un hombre con una vida nueva, rico y libre de su pasado.

Se alejaría de París; dejaría de pensar en las noches con bellas prostitutas y buscaría a Denise Arnault heredera junto a su hermano Bernard, de una inmensa riqueza familiar, la cual provenía inicialmente de sus negocios en el sector de la construcción y los bienes raíces. 

Denise, había sido la única mujer con la cual había vivido un romance tan apasionado, que por ella iba a dejar el delito. 

Pero ese romance no pudo concretarse, ya que la familia de la bella muchacha, se opuso terminantemente a esa relación. Richard; aun recordaba cuando en la zona en donde proliferan las antiguas ruinas romanas del Barrio Latino, más precisamente cerca de las Termas de Cluny, en una madrugada había sido enfrentado por tres sujetos  del bajo fondo, los que lo molieron a golpes advirtiéndole que si continuaba insistiendo en esa relación, su vida estaría en juego. 

Las amenazas no solo lo incluían a él, sino que iban a perjudicar a la joven a quien podrían enviar a Londres, para terminar con ese amor que era imposible.

Luego de la golpiza, los amantes se vieron solo una última vez en el Pont Neuf (Puente Nuevo), donde se comprometieron a unirse nuevamente y escapar del asedio de la familia Arnault yéndose de ser necesario del país. Richard pensaba frente a las obras de arte, que estaba a solo pasos de cumplir sus sueños con Denise, con la que solo se comunicaba una vez por mes cuando él la llamaba y luego recién del segundo intento -como si fuera un codigo solo conocido por los dos-, ella atendía ya que se encontraba celosamente vigilada.

Guardo delicadamente tanto el lienzo en el tubo como la escultora en el precioso cofre, dedicándose a colocar las tablas tal como se encontraban en el piso y juntar la basura producida. No debía dejar rastro alguno, para evitar que su “amigo” descubriera que algo había sucedido en el lugar.

Finalizó prolijamente de dejar el piso tal como estaba y estaba en cuclillas levantando la poca basura que quedaba, cuando nuevamente escucho pasos en la escalera. 

Levantó rápidamente todas las cosas, dirigiéndose nuevamente al baño, sin darse cuenta que había dejado olvidado sobre la mesa, el cincel.

Nuevamente ruido de llaves; la puerta se abrió. Era Jean Claude.

Desde el mismo lugar Richard lo vio, como así también al cincel sobre la mesa. Trago saliva. Iba a ser descubierto; pero nadie ni siquiera Jean Claude lo podría detener. Tomó la cuchilla que llevaba con su mano derecha, observando los movimientos de su “amigo”.

Jean Claude, observó el cincel y supo que alguien más se encontraba en el lugar, por lo que sorpresivamente solo exclamó;

-¡Richard, qué haces tú aquí!-

Richard salió del baño, donde dejó el bolso con las obras de arte y todo lo demás, blandiendo la cuchilla.

Enfrentándose a Jean Claude; le dijo

-No es posible que no solo una, sino dos veces volvieras aquí cuando debías regresar mañana quizás cerca del mediodía. Sorprendido continuó – ¿Dime a qué se debe todo esto?

-Jean Claude (que llevaba un revólver Smith & Wesson Forum modelo 66-2; 357 Magnum en su espalda a la altura de la cintura, regalo de su padre para su seguridad) le contestó;

-¿Me has creido estupido Richard?- 

-¿Pensabas que todas tus preguntas sobre este lugar, además de como lo observabas todo cuando has entrado no me provocaría intriga alguna, en cuanto a sus razones?-

-Mira Jean Claude, contestó Richard. – Esto significa para mi y Denise un nuevo comienzo. No me fuerces a lastimarte; déjame ir en paz. No deseo pelear contigo-

-No, Richard de ninguna manera te irás, le contestó furioso. (Parecía ser otra persona a la que Richard conocía). Hasta tanto me digas que has hecho aquí y me des sus razones, no te irás y no me amenaces porque la pasaras muy mal-

-Bien Jean Claude; te diré lo que quieres saber pero me iré con lo que encontré, quieras o no.- Creyendo que Jean Claude, estaba desarmado dio un par de pasos hacia él, cuando un golpe certero en su cabeza lo desmayo- 

Jean Claude le había dado un culatazo en la cabeza con el arma que portaba. Desvanecido Richard; se dirigió al baño trayendo al atelier el bolso sacando del mismo el tubo de estaño como la hermosa caja. Antes de proceder a verificar de qué se trataba, ató de pies y manos a Richard dejándolo  amordazado.

Lo que Richard no sabía; era que lo que él suponía “del niño bien” de Jean Claude, no reflejaba para nada la realidad de ese muchacho de familia burguesa, la que era muy distinta. Activista en el “mayo francés del 68”, del que fue protagonista, era además un practicante activo y participante en torneos de deportes de contacto.

Jean Claude; ya sujetado Richard, tomó el tubo de estaño del que sacó el lienzo y lo desplegó sobre la mesa. Al verlo concienzudamente y en cada detalle, una sonrisa se desplegó en su rostro, Luego tomó la escultura de la caja de madera, y no se mostró sorprendido por la figura de manera alguna.  

Sabía que la obra de Rodin databa de fines del siglo XIX y estaba desaparecida desde hacía aproximadamente 60 años. “El hombre de las serpientes” había desaparecido luego de una subasta en 1914, tras la muerte de su primer propietario Antoni Roux.

No pasó demasiado tiempo para que Richard volviera en sí, abrió los ojos con un fuerte dolor de cabeza, viéndose inmovilizado por completo. Jean Claude lo miro y sonrio para luego decirle;

-Has resultado un terrible imbécil Richard. No se como obtuviste la información, para llegar a estos objetos pero debo decirte que el lienzo de Cezánne es nada más que una burda copia barata, por la que no obtendrías un mísero franco. Tampoco me ha sorprendido demasiado la escultura de Rodin, ya que conocía que ha sido incesantemente buscada desde hace décadas.-

-Y agregó; mira a pesar de todo tu engaño, me caes bien pero sabrás que siempre sospeche de ti, por la forma desenfadada de ver la vida y como observabas cada rincón cuando has estado aquí, como la noche en que creíste que estaba borracho como una cuba. Pero no te denunciaré a la policía de Vernon, así que te sacaré la mordaza si prometes no gritar, ya que sólo serías tú el único perjudicado, ¿entiendes?-

-Richard, asintió con su cabeza- Jean Claude se acercó y le quitó la mordaza y el trapo que le había puesto en la boca.

-Bien Richard; ahora deseo que me digas cómo obtuviste la información, ya que me interesa. También; lo que pensabas hacer con estas obras, sabiendo ahora lo que te he dicho en cuanto al Cezánne, que no es el original- le preguntó Jean Claude.

-Richard lleno de ira por su impotencia, trató de liberarse sin éxito y estalló en llanto, no tanto por la situación sino porque impotente veía como toda su apuesta y lo planeado, se había derrumbado como un castillo de naipes. Le dio a Jean Claude, detalles de su vida desconocidos por este, como asimismo la relación amorosa con Denise Arnault, por la que en realidad había arribado a Giverny. Su pretensión de una vida nueva, dejando atrás hasta ahí su miserable existencia.-

-Jean Claude escucho calladamente y sin interrupción alguna todo el relato, hasta que Richard finalizó.- Luego habló pausadamente y en voz baja;

-Eres tan idiota Richard, que ni siquiera aaveriguaste sobre mi. Creíste en todo lo que te dije. Y en realidad solo parte de ello, es verdad. Podrías haber sabido que era un habitué visitante de Giverny y siempre me he alojado aquí en el 81 rue Claude Monet y solo por las estúpidas presiones de mis padres para que alcance la fama y gloria de un artista, cuando solo me agrada vivir mi propia vida sin ataduras ni exigencias, por lo que no me interesan sus deseos y he terminado odiandolos por pretender utilizarme como su creación, ante la inmoral y declinante alta sociedad parisina. 

Y prosiguió; -únicamente mis intereses son mi prioridad. Y tú has tenido la mala suerte de cruzarte en mi camino. He venido siempre en los últimos años y fui yo quien encontró antes que tú, estas obras como también el que se ocupó de esconderlas donde las hallaste. De esto solo estaba enterada, luego de una noche apasionada y luego de beber varias botellas de champagne,  mi amada Colette. Me sorprende que tuvieras esta información. ¿Quien te la facilitó?-

-No puedo decírtelo…yo la pasaria mas que mal, Jean Claude-

-Mira Richard; la puedes pasar peor conmigo, si no hablas tendré que obligarte a hacerlo- ¿Entiendes lo que ello significa,no?

-No serías capaz de hacerlo Jean Claude; tu nombre, tus padres …todos quienes te conocen…no comprenderán el bochorno de ver en ti a una réplica del personaje del Dr. Jekyll y el señor Hyde-

-Sigue sorprendiendome tu idiotez Richard. Nadie se va a preocupar en no saber nada de tí; estás solo y llegaste aquí de la misma manera. A nadie le interesas. Así que te sugiero que hables y evítate un mal mayor.-

-No te dire la fuente, no voy a comprometer a nadie- 

Jean Claude se enfureció y volvió a poner el trapo en la boca y la cinta de embalar a Richard. Tras ello, fue a la mesa y tomó el cincel que había llevado Richard consigo. -Ahora por cada nueva negativa; perderás una a una de tus uñas.- le dijo.

-Richard no podía entender lo que estaba sucediendo. Era como estar enfrentando a una persona cruel y más que siniestra, que podía realizar cualquier locura, con tal de lograr su objetivo.- 

Jean Claude volvió a preguntarle – Dime, quien te dio la información?- 

Richard movió su cabeza, negativamente.

Jean Claude tomó la mano derecha de Richard, y le levantó la uña del pulgar sacando la misma el dedo limpiamente. Richard solo gimió por el dolor.

La preguntas y la escena se repitieron cinco veces; hasta que Richard agotado con sus manos bañadas en sangre, finalmente asintió moviendo su cabeza. Jean Claude, le susurro en el oído que se mantuviera tranquilo y le dijera lo que deseaba saber y no levantara la voz, recomendación ya reiterada. Procedió nuevamente a sacarle la cinta y el trapo de su boca. Y ya con una voz gutural, que parecía la de un impiadoso personaje, de los tantos que Richard conocía del bajo mundo parisino, volvió a preguntarle.-

-Richard, llorando y gimiendo por el dolor le dijo – Un hombre llamado Robert Durand quien como camarero, estuvo en una fiesta de la alta sociedad y escucho como una mujer le decía a otra que la acompañaba, de un tesoro escondido en Giverny señalándole los detalles-

-Jean Claude se puso aún más tenso (supuso que era Colette) ¿Como? ¿Tu novia Denise, cuál es su apellido?-

-Richard contestó; Arnault- 

-Sorprendido Jean Claude replicó -¿Cómo es posible? ¿Tu ladrón del bajo fondo con Denise Arnault, la rica heredera? ¡Explicamelo, no puedo entenderlo! vociferó.

-Richard le respondió- Por lo que tu me has dicho; tu rica novia Colette debe conocer a Denise, por los círculos sociales en que ambas acostumbran a moverse y solo supongo que se lo debe haber dicho en un descuido- Te lo juro, Jean Claude lo deduzco como la única manera, en que Durand lo podría saber. No te miento. Por favor, desátame. Te juro que no diré nada a nadie y me iré ahora mismo, de la manera que sea de este maldito pueblo.-

-No tienes una sola neurona en tu cabeza, Richard- 

-Eres el individuo perfecto que vengo buscando desde hace tiempo, para llevarme de una buena vez a la obra única en su tipo de Rodin. –

-Tengo contactos que me conseguirán compradores ávidos por esta magnífica obra, desaparecida desde hace décadas. ¿Y por tí, quien se va a preocupar si desapareces aquí o en París? ¡Absolutamente nadie! Entiendes, al mismo tiempo lo volvió a amordazar-

-Richard pretendió incorporarse del piso; pero Jean Claude fue más rápido y apoyando el cañón del revólver en un almohadón, para amortiguar el ruido utilizando el cojín como silenciador, le disparó dos veces en la cabeza. Richard, falleció instantáneamente. Antes de que la sangre corriera por el piso, Jean Claude puso un plástico y una estopa en los orificios por donde ingresaron las balas-

Su plan había resultado perfecto. Llegado el caso de que alguien denunciara por alguna razón algún delito, los ojos recaerían sobre la figura de Richard Bussay. 

Haría desaparecer el cuerpo rápidamente; ya que de madrugada el pueblo todo estaba dentro de sus casas. Él volvería a París en la fecha de regreso de cada año y estaría unos días con sus padres; hasta realizar la venta de la obra de Rodin y luego con Colette, les diría a sus padres que intentaría montar su propia galería de arte, y se irían a la ciudad de Zurich en Suiza.

Ato y cubrió el cuerpo, arrastrándolo por la escalera. Luego se detuvo y salio a la calle, para asegurarse de que no hubiera ningún movimiento -de lo que estaba seguro -que llamará la atención.

Como suponía la noche cerrada lo ayudaba; ya que la oscuridad y la niebla eran sus aliadas. Cargó el liviano cuerpo de Richard sobre sus hombros y marchó hacia el lugar elegido y casi inaccesible,que estaba situado a unos 200 metros del lugar. Ya la fosa estaba preparada y no hizo otra cosa, que tirar el cuerpo sin vida allí; para luego proceder a tapar y disimular con la exuberante vegetación el lugar. 

Sabía que luego debía detenidamente limpiar el atelier que habitaba, además de ir al alojamiento de Richard a sacar todas sus cosas, por si a la Sra. Amélie se le pudiera ocurrir volver al otro día. Daría a quien le preguntara, la misma respuesta. Luego; solo le quedaba aguardar los acontecimientos.-

Al otro día, si bien había dormido pocas horas, no se levantó tan tarde. Ya sabía cómo justificar su ausencia de la velada en la que lo aguardaban, ya que al automóvil de ida lo había hecho detenerse a unos 500 metros del lugar. Y emprendió el regreso a Giverny, con una de sus bicicletas que había escondido en el lugar. Por eso la demora en su segundo regreso, en el que sorprendió al torpe Richard.

Desayuno como todos los días y ya cambiado, se dirigió a la Casa Museo de Monet. Allí saludó amablemente a toda persona con la que se cruzó. El que al  verlo, se le acercó rápidamente fue el encargado, el Sr. Signoret quien luego de saludarlo, le preguntó si sabía algo de Richard, ya que no se había presentado a trabajar.

-Jean Claude, sin vacilar le contestó- Ayer me dijo que se marchaba a París ya que había tenido un grave accidente su padre. Raro que no le avisara. ¿Bueno…tampoco ante una noticia semejante hubiera tenido la posibilidad de haberle avisado, no?-

-Igual sucedió al día siguiente con la Sra. Amélie. Misma pregunta, idéntica respuesta. Con un cinismo particular, Jean Claude le preguntó a la Sra. si Richard tenía alguna deuda con ella por el alojamiento, recibiendo como respuesta que  no, que le había abonado por adelantado.-

-Casi a finales de agosto; Jean Claude se fue de Giverny y nunca volvió al pueblo.- Como lo había pensado concreto lo que había planeado y un tiempo después viajó junto a Colette, a instalarse en Zurich, donde abrió su propia galería de arte. Aún hoy; pasados sus 80 años administra junto a sus hijos el negocio familiar.

De Richard Bussay; como suponía Jean Claude , nadie se preocupó jamás por su paradero como tampoco realizó denuncia alguna por su desaparición.

Denise Arnault, creyó luego de pasar meses sin que Richard la llamara, que como siempre habría vuelto a delinquir y al bajo mundo parisino. A los dos años, en un arreglo previo de ambas familias, contrajo matrimonio con el hijo de un rico banquero. 

En Notimex en la ciudad de Paris; se difundió el día 27 de agosto del 2015 que “Una valiosa obra del escultor francés Auguste Rodin, desaparecida hace 101 años, reapareció y ha sido entregada por un coleccionista anónimo a un museo suizo, reportaron hoy aquí medios locales”. Se trata de una escultura en bronce creada por Rodin en el año 1887 titulada “El hombre de las serpientes” que había sido vendida en una subasta en 1914.

La pieza será exhibida el 17 de octubre del año próximo en el Museo Rodin de París, por primera vez desde 1914, en una exposición consagrada al célebre artista.La escultura acaba de ser entregada, gratuitamente, al museo cantonal de Bellas Artes de Lausana, Suiza, por un donante que ha pedido el anonimato, informaron las fuentes. En el museo suizo se encuentran tres de las obras más emblemáticas de Rodin, entre ellas El pensador.

FIN

Epílogo: Agradezco a quien se ha detenido en este sitio y ha tomado su tiempo para leer cada uno de los capítulos o bien alguno de ellos y abandonó su lectura, porque no le resultaba de su agrado. Doy gracias asimismo; a aquellos que han sabido comprender la interrupción de “Misterio en Giverny”, por razones ya comentadas. 

Como corolario; me tomé el atrevimiento de dar a conocer a través de algunas imágenes lo hermoso del pueblo de Giverny lugar que tuve el privilegio de conocer y la Casa Museo de Claude Monet, como algunas obras del afamado artista.

Mujer con sombrilla – Claude Monet

“Impresión, sol naciente” – Claude Monet

“Mujeres en el jardín” – Claude Monet

Imágenes: Gentileza Pinterest

“Extraña”

Bella y díscola a la vez
siempre fuiste así de no serlo
no serías quien eres,
una mujer extraña
y a la vez etérea,
que pareciera hacerse
invisible como de a ratos,
para que te buscaran
con la esperanza de hallarte,
en tu oscuro y bello mundo
que ha atravesado milenios.

Pero tu siempre aguardas,
no te desesperas agazapada,
como aguardando esa presa
que sabes pronto llegará,
a esa trampa que son tus ojos,
ojos que detienen todo suspiro
dejando que los devores, resignados
y gozando sin gritos tu ceremonial
.

Imagen: Gentileza de Behance.net – Pinterest

Mi sueño…

Desperté en un mar de nubes
rodeado de sonrientes querubines,
con los cuales disfrutaba el poder volar
viendo hacia abajo como nos alejábamos
o nos acercábamos a la ciudad,
los tejados rojos de bonitas casas,
el hierro y el cemento voraz de los edificios,
la gente yendo de uno a otro lado,
todo aquello que desde las alturas
uno no tiene idea de imaginarse
que se siente pero viví ese instante.

Abrí los ojos con una placidez desconocida,
aún sentía el aleteo de mis brazos
tratando de aproximarse o alejarse,
de la ciudad en que la nube de polución
todo lo cubría poco cerca de las nubes.

Me sentí infinitamente feliz, al recordar
ese sueño mágico contrariando
la interrupción de mi descanso,
muy a menudo cuando Daysi
saltaba a mi cama, despertándome
con la correa entre sus dientes.

¿Habrá sido un sueño en realidad?
O un deja vu de otra dimensión
distinta a la que habito….

Trágico encuentro

Parado frente al bravo océano
no podía dejar de recordar
lo feliz que me sentía cada año
cuando regresaba a ese lugar
en que sentía que mi mente se vaciaba.

Ya estaba preparado y salí a trotar
descalzo sobre la arena en la diaria
rutina que disfrutaba al amanecer,
cuando la playa casi estaba desierta
salvo algún pescador que se atrevía
quizás desde la madrugada a pasarse
horas y horas, esperando el pique
que le trajera esa presa tan deseada.

El sol del amanecer me encegueció
por un momento, pero basto solo eso,
para que me tropezara y me la llevara
por delante con inexplicable grosería.

La ayudé a levantarse, mientras sus manos
se sacaban de encima, la fina arena
que todo su cuerpo había cubierto.

Me miró con sus penetrantes ojos verdes
como haciendo juego con el atrevido oleaje,
dibujó su rostro una mueca de desagrado,
me disculpe de mil maneras pero no creyó
en un hecho fortuito, pensó lo contrario
y así espontáneamente me lo hizo saber,
su forma de hablar suponía una mujer culta
acostumbrada pensé al glamour de clase.

No obstante, aun con dudas se quedó
en el mismo lugar -pareció creerme me dije-
como galantería la invite a desayunar
en el único parador que estaba abierto.

Acepto, la mire y recién ahí luego del bochorno
me di cuenta que era una diosa de aquellas,
que pueden dar vuelta como un panqueque
a todo hombre que pretendiera seducirla.

Nos sentamos, mantuve un perfil bajo
y deje que hablara, percibí que lo necesitaba
quizás estaba sola sin compañía y el encuentro
podía ser una excusa para divertirse un rato.

Pero como me equivoque al pensar aquello,
contó tantas cosas que en su vida padeció
que comenzó a llorar ante mi sorpresa
en forma tan convulsiva sin poder detenerse.

Viuda hacía nada más que seis meses atrás
perdiendo al mismo tiempo a un hijo pequeño,
que acompañaba a su marido en un viaje
a la ciudad a entrevistarse con un especialista
en síndrome de down, con tan mala fortuna
que en una curva un camión se adelantó,
quitandole la visión chocando violentamente
con un ómnibus de pasajeros en sentido contrario,
ambos murieron instantáneamente y solo una voz
escucho ella del otro lado del teléfono dándole
la noticia además la necesidad de que los reconociera.

Siempre me han dicho que cuento con un don,
el don de la palabra para contener a quien lo necesita
así puse especial interés en escucharla hablar
de esa reciente y terrible tragedia que de la nada
le quito todo lo que amaba sin avisarle siquiera.

Me quedaré el tiempo que sea, necesito saber
porque está allí sola conociéndome protector,
se que la seguiré viendo cada día y seré oráculo
para que su hiel amarga fluya desde dentro de su alma.

Luego…no lo sé…el tiempo es el que nos dirá..

Sombría búsqueda – Final

Una tarde me extraño su demora
porque si tenía algún compromiso,
luego de cursar en su secundaria
no dudaba en avisarme indicándome
donde estaba y si deseaba que la buscara.

Me preocupe primero, me enloquecí después
cuando de la denuncia de su desaparición,
jamás pensé que solo sería una foto
más en la memoria “difusa” de Missing,
con su rostro en una factura de servicio.

No deje de buscarla, contrate a gente
extraña que vive en lo clandestino,
no logre nada, los rumores solo hablaban
de un tema de trata, secuestro y su fin.

No obstante, alguien que se compadeció,
me arrimo un dato a cambio de dinero
que fue lo que menos me importo,
al recibir certezas en donde mi Ana
se podría encontrar, solo me preocupaba
cuál sería el padecer que viviría mi niña,
sufriendo en este mismo momento
en que diviso las luces de un caserío
a unos quinientos metros de donde estoy.

Tuve la precaución, aunque odio las armas
de traer conmigo el viejo mauser 98 del bisabuelo,
ya casi inservible y de un solo tiro, el que nunca
había tenido en mis manos más dos cuchillas
que había comprado de apuro casi sin afilar,
sin sentirme un hombre común que pretende
transformarse en un héroe de la comunidad,
tan harto estaba por las dilaciones continuas
de la policía local en sus investigaciones,
que aquí estoy, solo como un padre desesperado
con las manos sudadas, con palpitaciones
que creo me cortaran la respiración, sino
trato de manejar mis tiempos de respiración.

A unos ciento cincuenta metros, diviso un motel
y en su puerta, dos hombres que supongo guardias.

Considero que debo rodear el lugar, y acercarme
por detrás no sabiendo sí es lo correcto,
pero es lo que vi en varias películas de Clase B.

Por detrás del motel, hay un patio trasero
detrás del muro perimetral. Escucho música,
risas, gritos, como si celebraran una fiesta.

Mi mente giraba a mil kilómetros por hora,
¿estaría Ana allí? ¿Cuántos delincuentes habría?
de repente escucho el sonido de motores llegando,
son tres camionetas de gente donde vivimos
de los que solo Juan, amigo de toda mi vida
sabía lo que iba a intentar hacer y me siguió,
junto un grupo de hombres armados
con aquello que pudieron haber conseguido.

Veo una camioneta dirigirse hacia el frente,
las otras dos hacia los laterales del motel.

Escalo el muro y salto al patio interior,
tomo el pasador de cierre desde afuera
y lo deslizo rápidamente entrando con
mi mauser apuntando en circulo mientras
Juan y los otros ya entraban por el frente,
con los guardias reducidos y manos en alto.

Un silencio sepulcral…inundo el lugar,
hubo uno que quiso reaccionar, pero recibió
un culatazo en la cabeza, para que durmiera un rato.

Todo estaba ahora controlado Juan me miro
y con su índice me señalo el piso superior,
haciéndome señas con su palma hacia abajo
que esperara…ahora no llego a comprenderlo,
pero supongo que no quiere que suba solo,
seguramente no quiere que nadie salga herido.

Siento ruido de vidrios rotos en el primer piso,
luego minutos de silencio que me aterran
siento pasos en la escalera, levanto mi vista
y la emoción me llega hasta las entrañas,
es Ana acompañada por uno de los muchachos
que llegaron junto a Juan. Lloramos abrazados.

Le pregunto con una voz inaudible, si la lastimaron
me dice sin dejar de abrazarme, que no
que la estaban preparando para unos hombres
poderosos que llegarían al motel mañana.

Se escucha afuera el ulular de las sirenas
de los móviles policiales, tarde como siempre
pero respondieron al llamado de mi amigo Juan.

Nos alejamos con Ana, abrazados y queriendo
salir de tal manicomio y los tensos procedimientos,
nos sentamos en el piso, la noche se abrió
de repente y brillo como no supuse que lo haría.

Habría sido alguien que me guío hasta allí
desconociendo totalmente la zona,
el mismo que le dijo a Juan que me auxiliara
si fuera así siempre incrédulo, vivo un milagro.

Sombría búsqueda

Es noche obscura,
demasiado cerrada,
debo esforzarme
para ver la senda,
la tierra húmeda
por la reciente lluvia,
ha puesto resbaladizo
el piso y la linterna
me ayuda poco
para distinguir
donde pisar firme.

No veo la luz
del caserío que busco,
el único dato confiable
que me han dado,
en este par de meses
desde la pérdida
de mi hija adolescente,
sin motivo aparente.

Vuelvo a retrotraerme y recordar
mientras sigo el confuso camino,
como eran nuestras vidas hace días
en que primaba la comprensión,
y un enorme amor reciproco,
ya que Ana no daba un paso
sin antes consultarme como padre
o bien como una
persona que le era ajena
sobre dudas que podían deberse
quizás a sus estudios, o a decisiones
en temas del amor, latente siempre
en toda muchacha adolescente.

Su madre, mi esposa había fallecido
hacía dos años en forma repentina,
el dolor nos paralizó pero me esforcé
para contener a mi hija, aun una niña.

Continuará…

Misterio en Giverny – VII Parte

Ya era noche avanzada en La Capucine; casi las once. Jean Claude, estaba realmente pasado de copas, por más que hubiera terminado su plato principal. Se daba lo que suponía Richard, el joven artista parisino, no era propiamente un noctambulo, solo un “niño bien” acomodado que se codeaba con la aristocracia.
-Dime, Jean Claude; vamos por el postre?
-Buehhh….pide la carta, veremos que tenemos…-
-Diviso Richard a Elizee, y la llamo, por favor…ven.-
-Sí caballero…-
-Nos traes la carta, queremos un postre-
-Aquí tiene, me llama cuando sepan que pedir.-
-Gracias Elizee…-
-Ohhh…mira Jean Claude;tenemos Macarons, Mont-Blanc, Tarte Tatin y Gâteau Saint Honoré  …que deseas pedir para ti?-
– Para mi Richard; una Tarte Tatin…-
– Bien Elizee; por favor nos traes una Tarte Tatin y una Gâteau Saint Honoré?-
-Enseguida, respondió Elizee.-
Mientras tanto…Richard volvió a su papel muy bien actuado, de aquel que toma información en una cena, como preámbulo de una amistad en ciernes y aprovechando la credulidad de Jean Claude y el alcohol que era evidente, ante su estado de marcada somnolencia.-
-Jean Claude dime; hay obras de arte importantes en la Villa del Mediterráneo, que fuera de los Rothschild, o son meras replicas.-
– No….creo que quien se ha pasado con la cerveza; eres tú Richard le respondió Jean Claude, agregando puedes maravillarte con obras de Bouguereau del siglo dieciocho, tales como “Dante y Virgilio” o “El Nacimiento de Venus”. Además prosiguió encuentras obras de Cabanel, el danés Bendz y los más famosos lienzos de Pierre-Auguste Cot. Además hay tantas pero tantas maravillas, que sería imposible describírtelas todas en una sola velada.-
-Que genial…no me imaginaba que hubiera tanto para ver. Ahora dime, quizás haya dejado en tu atelier, algún recuerdo el gran Rodin?-
– No, la verdad que no he visto nada y si lo hay, no lo he visto. Sí puedo decirte que desde la ventana, tienes una hermosa vista de las distintas tonalidades de verde, que hasta producen en mi, una verdadera sensación de paz.-
-Alizee llego con los postres; y los dejo delicadamente en la mesa.-
-Ohhh…Richard; debo decirte que me tendrás acompañar a casa…porque no me veo demasia-do bien…bahh…es lo que creo…soltando una risotada.-
-Se sorprendió; pero en realidad era lo que deseaba que le pidiera, Richard le respondió -es lo de menos que puedo hacer por ti, compañero.-
-Lo que lamento Jean Claude; que en tu estado, no podrás conocer a Babette.-
-No hay problemas; Richard. Sera la próxima vez, ni siquiera estoy para pararme…uhhh…que me han pegado fuerte estas deliciosas cervezas, dijo JeanClaude, tratando de incor- porarse.-
-Que haces Jean Claude; espera. No hemos terminado los postres y además debemos pedir y pagar la cuenta…o crees que nos regalan la cena, por no ser de aquí o por lo simpáticos que somos…riéndose ruidosamente.-
Terminaron con los típicos postres franceses; y fue el momento en que Jean Claude llamó a Elizee, pidiéndole la cuenta, lo que ella hizo y luego le entrego.
-Dime Richard; ya que no veo muy bien, cuanto es la cuenta.-
-Si que estas realmente mal; amigo. Son 48 euros y piensa en la propina por la magnífica atención de la muchacha.-
-Desde ya; Richard. Jamás he sido un miserable. Toma 55 euros, págalo tú por favor.-
Richard llamo a Elizee y le pago junto con la propina. La muchacha encantada, le agradeció y les dijo que siempre, serían bien recibidos en el lugar, invitándolos a volver.
Richard; se acercó a Jean Claude y lo ayudo a incorporarse. Con alguna dificultad Jean Claude como todo aquel pasado de copas, se puso tenso y recto al caminar, lo que produjo la risa de Richard, quien le dijo;
-Pareces un muñeco a cuerda; Jean Claude, por la forma en que caminas.-
Ambos jóvenes; rieron con ganas y marcharon abrazados, por esas calles obscuras, ya que la arboleda era como un telón que escondía la iluminación del alumbrado público.
Mientras caminaban; hablaban de sus planes de los próximos días, y ahí fue que Jean Claude le comento a Richard, que la semana de la próxima semana, más precisamente el miércoles se iría todo el día a Les Andelys, a casi 20 kilometros del pueblo, especialmente para visitar el emblemático Castillo Cháteu-Gaillard.
-Richard; le pregunto que lo motivaba a visitar el Castillo.-
-Jean Claude; le respondió: sabes, me interesa hacer unos bocetos del entorno en donde se encuentra enclavado, entre dos barrios de antaño de la ciudad de Les Andelys, siendo uno de los parajes más destacados del Valle del Sena.-
Arribaron a la casa de Jean Claude y Richard se ofreció a ayudarlo a subir, lo que el otro joven agradeció. Subieron por la escalera de madera y mientras ello ocurría, la mirada aviesa de Richard, no se perdía detalle del lugar y de cada rincón.
Tanto en la planta baja; como en el primer piso Richard, observo los pisos antiguos de madera, que generalmente poseían una pequeña cámara de aire por debajo, de no más de diez centímetros, que actuaban como ventilación y para refrescar los distintos ambientes, cuando los veranos eran terriblemente tórridos.
La cabeza de Richard, era parecida a una biblioteca en donde guardaba toda cosa de interés, que Jean Claude confiadamente le había comentado, con una amplia variedad de detalles. A eso, le sumaba que ahora conocía que lugar habitaba Jean Claude.
Jean Claude en su estado; al llegar le pidió ayuda para acostarse en su cama. Richard accedió amablemente, sacándole los zapatos y recostándolo en su cama. Luego de saludarlo con una palmada en el hombro, se retiró de la casa. 

Continuara

Misterio en Giverny – VI Parte

Richard observo como Jean Claude, llevaba consigo unas hojas en blanco y varios lápices en un sobre, y al ver ello le pregunto:
-Dime Jean Claude, has traído eso por alguna razón?
– Oh sí; le respondió sonriendo Jean Claude. A veces la inspiración sucede en cualquier lugar o en cualquier instante…
– Que es lo que te anima o te ha inspirado más a pintar, Jean Claude?
– No te rías, algo que suceda repentinamente pero también la belleza de una mujer…
– Ahh..ja…No me dabas el tipo de un seductor Jean Claude, como es eso?
– No…no Richard; soy bastante tímido, pero a través de la contemplación, fijo en mi memoria como modelo, a la mujer que en algún momento conozco y me maravillo, produciéndome eso…eso…
– Sí…hombre…te entiendo como un torbellino de hormonas, que te dejan confundido y bajan hasta tu pito…y estallo en una carcajada…
– No Richard, no te burles ni alces la voz, por favor. Mi visión es de algo inaccesible, como platónico. Eso es lo que me inspira…la belleza no solo física de una mujer…también su cadencia, su hablar, como camina. Me entiendes?
– Claro que sí; hombre. Como no entenderte (Richard pensaba que se encontraba frente a un hombre, que por su forma de ser, no habría intimado con muchas jóvenes parisinas). Dime Jean Claude, tienes o has dejado alguna novia en París?
– Jean Claude; (dudo por un instante en contestar para preservar su intimidad, pero ese joven le agradaba y era una de las pocas personas del lugar, con la que podía congeniar, pasando algunos ratos como pasatiempo, a pesar de su vozarrón y falta de sutileza). Sí, le contesto. Su nombre es Colette…
– Vaya…vaya…y que te dijo; cuando supo que te alejarías por un tiempo de París, para darle lugar a perfeccionar tu arte y en esta atmósfera de Giverny, en donde sé que hay varios artistas que como tú, vienen a este lugar creyendo que encontraran a una musa inspiradora-
– Ella nada me dijo Richard; sabes lo veníamos hablando hace tiempo y ambos consideramos que era lo mejor para mi futuro, nuestra confianza es plena. Cada tanto le escribo o retiro una carta de ella, de la oficina postal. Es una hermosa y encantadora mujer-
– Y dime Jean Claude, como la conociste?-
Se callaron; ante la presencia de la mesera Alizee, la que les pregunto que deseaban servirse, sin dejar de mirar a Richard.
-Este le pregunto a Jean Claude; qué opinas compañero si comenzamos con dos Kronenbourg ( una cerveza de Alsacia, muy popular en Francia y antiquísima) con entreé ( como entrada; sopa o ensalada)?-
– Jean Claude; asintió en cuanto a la cerveza, pero eligió la ensalada, al igual que Richard-
Alizee tomo el pedido y se retiró, no sin antes rozar las manos de Richard, apoyadas en la mesa, caminando de manera cadenciosa, hacia la cocina del lugar.
-Richard le guiño un ojo a Jean Claude, diciéndole – has visto amigo, como estas bellezas pueblerinas son las que te conquistan, sin mover un solo dedo, volviendo a lanzar otra estruendosa carcajada-
– Menos mal; pensó Jean Claude, que donde se encontraban no había personas alrededor. Alguno sin embargo, lejos de allí, dirigió su mirada a la mesa que ocupaban.-
– Richard le pregunto: – Dime, Jean Claude. No deseo que lo tomes a mal, pero me gustaría que nos conociéramos más, ya que veo que podemos forjar una linda amistad, que opinas?
– Es también mi intención; le respondió Jean Claude, creo que a pesar de dedicarnos a cosas diferentes y en carácter, somos como el agua sobre aceite, podríamos a llegar a ser buenos amigos. Dime; tu que deseas saber?
Richard ya había planeado su propia cartilla de preguntas; para obtener las respuestas que pretendía, a sabiendas que debía incluir en las mismas. trivialidades para que Jean Claude no sospechara ni minímamente, de sus verdaderas intenciones.
-Dime Jean Claude; responde a la pregunta inconclusa ¿cómo conociste a Colette?-
-Y…hace poco más de cinco años. Junto a mis padres, habíamos sido invitados a una velada que resulto fascinante por el decimoquinto cumpleaños de Nathalie de Rothschild, que sus padres organizaron y realizaron en la Villa Ephrussi.
-Ohh..debe haber sido fantástico…tanto lujo…tanta gente elegante y millonaria…el champagne debe haber corrido de una manera…y volvió a reírse-
– Y si, dijo Jean Claude. Precisamente en esa velada, presentaron la degustación del vino Chateu Lafite Rothschild, porque bien sabes que como esa familia, ninguna se promociona como ella…-
– Tan importante era la presentación de ese vino…aún más que el cumpleaños de la niña, exclamo sorprendido Richard…-
– Bien sabes Richard; le respondió Jean Claude que los Rothschild, son desde hace siglos una familia endogámica, lo que siempre ha sido una estrategia de la dinastía, a fin de asegurarse que su riqueza, siempre estuviera en manos de la familia- 
-Que de excentricidades y sed de acumulación de poder tienen, verdad? respondió
Richard…- 
Jean Claude calló, ante la llegada de la camarera, que depósito el pedido en la mesa junto a dos vasos congelados, para degustar la que para Richard era la más exquisita cerveza de Francia.
Con un tono sensual; Alizee mirando fijamente a Richard le pregunto; -desean los caballeros algo más?
-Richard saco de la galería su simpatía y le respondió; si eres tan amable nos gustaría que dentro de un rato o bien cuando se encuentren desocupadas, tu y tu hermana Babette se acerquen a nuestra mesa; a mi amigo le gustaría conocerla.-
-Alizee le respondió; tratare de complacerlos pero deberé pedir permiso al Señor Jean Luc Gedeon, gerente de aquí que además es muy riguroso y no nos permite que frecuentemos las mesas de los clientes…-
-No te preocupes, la interrumpió Richard. Llegado el caso, hablare yo con el Señor Gedeon…-
Alizee sonrio y se retiró; y los jóvenes sirvieron la cerveza en los vasos y brindaron por el encuentro y la vida, riéndose de la ocurrencia de Richard en tratar de lograr que la hermana de Alizee, conociera a Jean Claude. Este sin embargo, tan distinto a su compa- ñero de mesa, sintió una alegría y libertad desconocida en él, tan respetuoso de las formas. Se dijo a si, que razón le impedía divertirse después de tantos días en el pueblo de Giverny. Y se prometió disfrutarlo.
Ya habían terminado tanto las cervezas como las ensaladas, cuando Jean Claude volvió a llamar a la camarera, para pedirle la carta.
Mientras tanto, Richard le pregunto:- Dime Jean Claude, cuando te encuentras en Paris, frecuentas a los Rothschild?
-Sabes Richard; se detuvo un momento para abrir las nuevas cervezas que ya había dejado en la mesa Alizee y sirviendo en los vasos, le respondió- es frecuente que por la amistad con mi padre, visitemos a Guy de Rothschild en su gran y lujosa Villa, que se encuentra situada en Saint-Jean-Cap-Ferrat en la Riviera francesa. 
– Y dime; le pregunto Richard es cierto lo que dicen…que la familia Rothschild posee una interminable colección de obras de arte?
-Sí, no te han mentido. Poseen solo allí una vasta colección de obras de arte y estatuas. Fíjate, que además la biblioteca es monumental con casi un total de 8.000 volúmenes…-
-Richard se mantenía como se había prometido; muy interesado en lo que le decía su compañero ocasional, sin demostrar prestarle demasiada atención a Jean Claude…por lo que este le espeto;
– Richard; me estás escuchando?
-Sí…sí…perdona Jean Claude, estaba distraído pensando en que te gustaría que pidié-ramos como plato principal y en hacer un fantástico cierre de la noche con las dos bellas hermanitas pueblerinas. Que te parece como postre;  amigo?
Ya estaban por la tercera cerveza. Jean Claude bebía apresuradamente; Richard en cambio continuaba con su estrategia, como un paciente pescador que pone su carnada, y se toma todo el tiempo necesario, para atrapar su presa.
-Deseas que pidamos el plato principal, y vemos si tienen alguno de esos típicos que suelen ser tan sabrosos y abundantes, Jean Claude?-
-Sí; me parece oportuno, respondió Jean Claude-
Richard llamo a la camarera; que estaba observándolos, ya que no tenía demasiada personas para atender, en las mesas que le habían asignado. Presurosa y moviendo sus caderas, se detuvo a solo escasos cincuenta centímetros de Richard…
-Si señor; desean algo más?-
-Dime Elizee, que nos recomiendas como plato principal?
-Les puedo recomendar una exquisita lengua lucullus o bien una exquisita tartiflette, que es una especialidad de nuestro cocinero.-
Ambos se miraron; y Jean Claude se decidió por la tartiflette, mientras Richard prefirió la lengua de buey ahumada alternada con rebanadas de foi gras. Aprovecho para pedirle a la camarera; otra ronda de cerveza y que se las trajera junto a los platos-
La camarera asintió; y salió presurosa. Se sentía cómoda; al no haberle preguntado nuevamente el caballero por su hermana, la que estaba en un sector en donde tenía una mesa con diez comensales, y muy ocupada atendiéndolos.
Mientras tanto; Richard considero que debía profundizar un poco las preguntas hacia Jean Claude, y nuevamente en forma prudente le pregunto;
-Dime Jean Claude; posee la familia Rothschild en su Villa, importantes obras de arte?-
-Mira Richard; si bien fue la Baronesa Béatrice de Rothschild quien construyó su villa de color rosa en un promontorio en el istmo de Cap Ferrat con vistas al mar Mediterráneo, fue ella misma quien llenó la mansión con muebles antiguos, pinturas de maestros antiguos, esculturas, objetos de arte, y reunió una extensa colección de porcelana rara. Te digo que es tan importante; que los jardines están clasificados por el Ministerio de Cultura francés, como uno de los Jardines notables de Francia. Sin embargo a su muerte en 1934, la baronesa donó la propiedad y sus colecciones a la división Académie des BeauxArts del Institut de France y ahora está abierta al público. No obstante, ocuparon el salón principal en la velada en que se desarrolló, el agasajo por el cumpleaños de la niña Nathalie…-
– Uhhh…bueno…bueno…debe ser impresionante ver todas esas obras de arte de incal- culable valor, todas en esa villa que por lo que me cuentas, es como encontrarte en el mismo paraíso, dime la seguridad de la Villa seguramente debe ser estricta y rigurosa, no?-
-Sí, así es; contesto Jean Claude, quien se sentía ya un poco mareado…-
– Te sucede algo Jean Claude? le pregunto sonriendo Richard-
– No…no, quizás me excedí un poco con la cerveza…-
-Vamos, no digas eso; no hemos bebido tanto. Ahora cuando te traigan la tartiflette, llenaras tu estómago y te sentirás mejor. Y después…los postres-
-Jean Claude asintió y sonrió…-
-Dime Jean Claude; tu sabes que en el primer piso con el atelier que alquilas, una vez se alojó allí al inicio del siglo, el gran escultor Auguste Rodin?-
-Sí…me lo comento un camarero del Restaurante Baudy, te interesa por algo?
-No…no solo preguntaba si lo sabias…-

Continuara…

Misterio en Giverny – V Parte

Ese sábado de agosto; había amanecido nublado con una tenue llovizna, y Richard al mirar hacia afuera, se dijo así mismo que su cansancio de una semana de trabajo, a lo que no estaba acostumbrado en sus largos días y noches de París, se merecía seguir en la cama por un rato más. Rechino sus dientes; se abrazó a la almohada y volvió a dormirse.
Volvió a despertarse pasado el mediodía; y se dijo así mismo, que era mas la hora de almorzar que desayunar y se dirigió al refrigerador, donde sabía que tenía todo lo necesario para cocinarse esos fantásticos crepes salados de jamón y queso, además del resto de una sopa de cebollas, que las había cocinado lentamente el día anterior en mantequilla y aceite, la que había dejado en un cuenco, y solo le faltaba añadir una rebanada de pan con queso y gratinarla. Sonrió, imaginándose el juego de sabores, acompañado con un rico vino borgoña.
Luego de preparar su almuerzo, se sentó a la pequeña mesa y comenzó a almorzar, no sin antes pensar en el encuentro con Jean Claude. Sabía en la última conversación que había mantenido con el joven artista, que provenía de una familia acaudalada, que le solventaba absolutamente todos los gastos de su estadía en Giverny. Sabía también; que él se había excedido con Jean Claude, que casi podría haberse mostrado sorprendido, por las reiteradas preguntas que le hacía. Pensó que la ansiedad, le podía jugar una mala pasada y alejarse del centro de su cometido. No podía volver a cometer ese error; y debía mantenerse calmo, dejando que Jean Claude llevara la próxima conversación y solo interrumpirlo, cuando consideraba que la respuesta le diera algo, que le fuera de utilidad, para su no tan elaborado todavía, plan.
¡Niño rico y mantenido, con todo servido! se dijo así mismo; con enojo y porque no, un dejo de envidia. Jean Claude; también le había comentado que su padre Clément Alain Rochet no era nada más ni nada menos, que el Director del Banco Nacional de Francia, supeditado al Banco Central Europeo y dueño de una considerable fortuna. Su madre; Lorraine Lasarre era además la prima del Barón Benjamín de Rothschild, quien era el presidente del Grupo LCFRothschild, un banco privado de importante relevancia en la vida pública del país y propiedad de la misma familia por generaciones, desde mediados del siglo 18.
Mientras almorzaba; su mente acostumbrada a planificar hasta el mínimo detalle, aun hasta en aquellas, sus pequeñas acciones delictivas, comenzó a idear como iría a consumar su delito, el que lo alejaría de ser un pequeño bribón, para convertirse en alguien respetable y seducido por las más bellas mujeres parisinas.
Termino de almorzar; se lavó los dientes y miro su reloj. Recién eran las 2 de la tarde y considerando su somnolencia, conscientemente producida por el exquisito borgoña, se volvió a acostar extendiendo su largo cuerpo, el que ciertamente era demasiado largo para la cama que disponía, ya que sus pies quedaban por fuera de ella.
Por la dudas y con el temor de quedarse dormido, ajusto el reloj despertador a las cinco de la tarde, para levantarse y así bañarse, afeitarse, vistiéndose con lo mejor que podía disponer, ya que sabía que debía brindar una muy buena imagen en ese primer encuentro a solas y muy atento a lo que conversaría con Jean Claude. Su sonrisa seductora y cordial como mascara, haría el resto.
Sin embargo, por más que lo intentara no podía dormirse. Se convenció que no era porque se había levantado al mediodía; el motivo real era que le provocaba ansiedad el encuentro que iba a mantener y trato, como si fuera un político que entrena su oratoria frente al espejo antes de una entrevista, ponerse a pensar adonde deseaba llevar la conversación en nimiedades al inicio, y luego de unas buenas cervezas, de manera sutil enterarse de lo que realmente interesaba, para sus fines inescrupulosos. Pensó también en la gran diferencia física que tenía con Jean Claude, quien contaba con una estatura mediana y una contextura extremadamente delgada, contra el físico de hombretón que el poseía.
Su mente se aceleraba y los recuerdos corrían por su mente. Desde la muerte de su madre cuando tenía seis años, hasta que los golpes de su padre. le obligaron a abandonarlo como a sus tres hermanos, a la edad de catorce años. 
Fue en esos momentos; en que fue reclutado por el “viejo” Valéry Romaric, que reclutaba a adolescentes tanto mujeres como hombres, y les daba albergue y comida, a cambio de que realizaran hurtos o arrebatos, dándoles el 20 por ciento de lo que obtenían. Así vivió Richard; durante cuatro años hasta que hastiado de los abusos de “el viejo”, de dormir en un catre dentro de un ambiente con olores nauseabundos y en las peores condiciones, junto a sus compañeros y compañeras, huyo sin decirle a nadie, una noche en que recordaba cuando el frió de la madrugada le ajaba la piel, produciéndose un intenso dolor.
Comenzó en solitario; y su aprendizaje le sirvió para ser un gran observador de los movimientos en las casas de determinadas zonas de la ciudad Luz, y luego proceder a violentar sus puertas para robarlas, sin riesgo alguno. Al principio; sabia donde revender todo aquello que le permitía mantenerse. Durmió en la calle; para luego alquilar un cuarto en un viejo hotel del barrio Chatelet. Con el paso del tiempo, logro conocer delincuentes como él, pero prefería robar en soledad y sin violencia. Eso le había garantizado haber tenido la fortuna de jamás ser descubierto y obviamente, carecer antecedente penal alguno.
Volvió a pensar en su encuentro; y siendo ya las seis de la tarde, entro al pequeño baño del cuarto, para prepararse con tiempo y tratar de llegar primero al lugar en que vería a Jean Claude. Al rato, salió del baño y comenzó a vestirse, terminando de calzarse esos zapatos relucientes para la ocasión. Siempre había pensado; que ese detalle decía mucho de la persona y por ello, era tan obsesivo en su limpieza.
Salió aun con la luz del día, había dejado de llover ya hacia unas horas, y silbo alegremente como aquel que se va de fiesta. Diviso a unos centenares de metros, las sombrillas rojas desplegadas alrededor del bistró y algunas personas sentadas en las mesas. Sabía que debería ubicarse, en algún lugar más reservado junto con Jean Claude, alejado de miradas u oídos curiosos de lo ajeno. A menos de cien metros de llegar, observo que algunas pocas luces se encendían y hacían mucho más amigable el lugar. Sonrió y se dijo “en la obscuridad, todo reluce como si fuera oro”…
Ingreso al lugar y fue recibido por una mesera, a la que le comento que estaría esperando a un amigo y que lo ubicara en un lugar, lo más privado posible. Con su seducción; le preguntó el nombre a la camarera…la que respondió sonriendo mordiéndose los labios, Alizee. Mantuvieron una corta charla, pero la joven al tomarle confianza, con su inocencia de “pueblo chico”, le comento que también su hermana Babette, trabajaba también en el lugar.
Justo en ese instante; ingresaba Jean Claude y pidió una mesa, creyendo que Richard no había llegado. No obstante, volviendo hacia la entrada Alizee, al verlo y sabiendo de Richard, le pregunto si buscaba o esperaba a alguien y al contestarle Jean Claude, ella le dijo amablemente que la acompañara, hacia donde Richard estaba esperándolo.
Jean Claude llego a la mesa; y Richard le dio una efusiva bienvenida tomándolo por los hombros, invitándolo a sentarse.

Continuará…