Adela

No había día
en que se comportara igual,
era viento del sur
o calor desde el norte,
era fría como un tempano
o ardiente como maderas
en el fuego, crepitando.

Así era ella, esa mujer
que me acompaño,
hasta que partió
en forma trágica,
a esa otra vida,
en la que yo y otros
seguramente, creemos.

Su fina belleza
no era un cuerpo armonioso
ni siquiera un rostro hermoso,
su riqueza, era su interior único
e inigualable, de alma buena
que defendía junto a mí los ideales
de la justicia y no de las apariencias.

Al ver cada uno de estos días,
pienso en ella, fiel compañera
y más que aguerrida defensora
de los que no tienen nada.

Seguramente estará allá,
peleando con Eros
rey del inframundo,
tratando de que almas perdidas
vuelvan a ser ocupar
nuevos cuerpos
en el reino de los vivos.

Gitana

Mujer gitana de mirada profunda
en que tus ojos negros hechizan
a todo aquel que se atreva a mirarte
mientras danzas en el tablao.

Tu vestido que deja ver tus muslos
de color purpura hace juego
con tus labios entreabiertos,
por la fatiga del flamenco.

Imprimes en tus piernas
meticulosamente en sincronía,
la pasión indomable en tu cuerpo
de sangre ardiente e indomable.

Déjame, hechicera
luego de tu danza,
invitarte a mi mesa
no solo para beber una copa,
sino para decirte
que tu arte es más que ello,
es un conjunto de latidos
que conmueve
hasta el corazón mas duro.

Ven siéntate conmigo, bella gitana.

La niña y el bosque

La había perdido 
hacía casi cinco años,
en un descuido suyo
que hacia un calvario
de su vida, en todo momento.

Viven en un bosque,
en donde las cabañas
están dispersas,
en un amplio paraíso
de armonía y tranquilidad
solo supuesto,
desde aquel entonces.

Su hija de cinco años,
se internó en el bosque
y no regreso a la casa.

Vanos e inútiles intentos
suyos y de los policías,
que rastrillaron la zona
sin encontrar a la niña.

Luego de un tiempo,
la fotografía 
de una cara angelical,
paso a ser parte
del álbum de una ONG.

Hoy se cumplían
esos cinco años
de tormentos 
y pensamientos de suicidio.

Se digo a si misma,
que hasta que desfalleciera
iría a buscarla hasta morir.

Penetro en el bosque cerrado,
apiñado sus arboles, 
con las malezas lastimándose
sus muslos y rasgando su ropa.

Kilómetros, tres días
de caminar con descansos
mínimos y espaciados,
sus reservas de agua
se le iba acabando,
ya no tendría siquiera
para volver, no le importaba
tal había sido su promesa.

Desfallecía, cuando en un claro
la luz del sol a pleno,
iluminaba una pequeña choza
construida con ramas y hojas.

No comprendía a quien
se le podría haber ocurrido
asentarse allí, tan alejado
de civilización alguna.

Con temor extremo,
rígidos sus músculos
se acercó despaciosamente,
rodeo primero la choza
y luego, su mano temblorosa
corrió las ramas 
que hacían de entrada.

Un grito ahogado 
desde hace tiempo
subió a los cielos,
encontró a una niña
de diez años…su hija.

Celeste, sorprendida
la observo temerosa
primero, luego al reconocerla
la abrazo fuerte,
susurrándole algo
no muy entendible.

Pero no hacían
faltas las palabras,
después vendrían
los interrogantes
de cómo había logrado
sobrevivir tanto tiempo.

Ahora su dolor y culpa,
se transformaba en dicha
de ese encuentro imposible,
que ella, madre incondicional había hecho posible.

Rota adolescencia…

Ferozmente juzgas tu vida,
de aquello que no hiciste
o hiciste mal, en aquellos
tiempos locos de juventud
desenfrenada y rebelde.

Vives con temor
al desengaño y tu cabeza,
es un torbellino de dudas
y culpas, que realmente
no tienes.

Ha sido la vida,
muy dura contigo.

Pero no haces más
que subestimarte,
cargando sin piedad
mas piedras en tu mochila.

Adolescente te dejaron
huérfana de madre y libre,
ya que tu padre
tenía un amante de antes,
a la que llevo a vivir
contigo y tu hermano.

Privo en él
ese demonio de algunos
que se creen hombres,
solo teniendo a una mujer
a su lado.

Fuiste dos veces abandonada,
caíste en el alcohol, el desenfreno.
Te casaste con quien no debías,
preso del infierno de las drogas.

Tuviste cuatro hermosas niñas,
deambulaste de casa en casa
de familiares que decían comprenderte,
cuando decidiste abandonarlo.

Sufriste carencias, pero no las niñas
resignaste lo que fuera por ellas.

Y hoy adultas, que te han
ya regalado nietas
a veces ni siquiera te sonríen
o se sienten agradecidas
por toda una vida de maltrato
hacia adentro y desde afuera.

Tienes arte en tus manos
y en todo lo que tocas,
pintura, vasijas, mándalas.

Eres un ser excepcionalmente
humano y a pesar de todo
lo que has vivido,
extremadamente confiada.

Mujer, protégete a ti misma
Nadie lo hará por ti, no lo dudes siquiera.
Ve el vaso medio lleno siempre.

No te desanimes, aun hoy
con los años que se han venido
sin pedirte permiso.

Tienes la frescura
de aquella niñez turbada
por los demonios.

Haz solo por ti y nadie más
el nuevo camino iniciático de la vida,
amándote a ti misma, cada vez más.

Me rescato una deidad…

Sereno el mar de color turquesa

bañaba las finas arenas de la playa.

Sus pies descansaban a la orilla

y disfrutaba de esa espuma,

que la acariciaba al venir y volver al mar.

 

Su cabello dorado y sus ojos color verde agua,

eran el perfecto contraste del encuentro

entre ese océano inconmensurable con una sirena

a la cual Neptuno, debió dejar salir para exhibir su belleza.

 

Quizás fue un corcel blanco,

el que la acompaño hasta la playa.

 

Me acerque despacio, para no asustarla.

Más cerca aprecie que una Deidad

había llegado a esa vida mía.

 

Solo me miro, con esos ojos llenos de amor

y dulzura.

Hubo un destello mágico.

Me encontré en el fondo de ese mar

Acompañándola y dejándome guiar

por ella, tomados de las manos.

 

Llegamos a un lugar fantástico

pleno de armonía y paz.

Allí nos esperaban Neptuno y Halia

quienes bendijeron nuestra unión.

 

Mi bella esposa era Rodo, hija de ambos

que intuyo mi soledad y fue a mi rescate,

para amarnos en ese mundo fantástico.

 

Soñar…soñar.

Como frágil y hermosa libélula
que eres, déjame contarte
el increíble y fantástico sueño
que esta noche he tenido,
antes que su olvido se apodere
de mi memoria.

Pleno de fantasía y adoración,
volaba y yo tomado a tu cintura
te rogaba que llegaras al infinito,
a ese lugar, que todos llaman paraíso.

Habíamos hecho ya, largo trecho
cuando dos querubines se pusieron frente a ti,
para guiarnos y acompañarnos al destino.

Al llegar una potente luz blanca
nos encegueció, solo por un breve momento.

Cuando pudimos abrir nuestros ojos
ambos quedamos impactados
al ver a metros de donde estábamos,
el pórtico maravilloso que daba a un vergel.

Entramos y en él, la paz, armonía y felicidad
que su inmensidad transmitía,
llegaba hasta la finitud de mi Alma.

Hasta ahora en que desperté, aferrado a tu cintura.
Y sonrió, convencido ya de que el Paraíso existe.

Lujuria consentida

Recuerdo cuando abriste la puerta.
en forma sorpresiva y nos viste en la cama.
Te quedaste de pie en la puerta,
a pesar que te dije que te fueras,
me contestaste que no nos dejarías en paz.
Mi libido se fue al carajo y abandone la batalla.

Me vestí despacio, mordiendo la bronca
por la travesura de lo que eras, una mocosa insolente.
Baje por las escaleras, furioso para irme.
Como si nada hubiera pasado
Me preguntaste -…me alcanzas?
te fulmine con mi mirada, harto de tu soberbia.
Insististe una y otra vez, hasta que accedí.

Ya en el auto, me preguntaste si sabía la razón
del porque de tu actitud, al entrar al cuarto.
No, con desdén te dije.
Y allí estallo la bomba de neutrones.
“Quiero acostarme contigo y ahora mismo”
fue tu respuesta.
No te intereso que te dijera, que con ello nada ganarías.

Detuve el auto, ya habías reclinado tu asiento
te quitaste la ropa y luego aflojaste mi cinturón
y sin más tu mano fue a recorrer, a sabiendas
con que te encontrarías y con la otra guiaste mi mano
hacia tus zonas mas íntimas, al mismo tiempo.

Dos horas no te resultaron suficientes
intentando las posturas más excitantes e imposibles,
quise detenerte, pero eras una ninfómana insaciable
reiniciabas el acto, de una obra donde ambos éramos parte.

Inexplicable

Apareciste y todos callamos, exultantes.
Lucias radiante y un halo de luz
parecía guiarte hacia mí, muy presurosa.
Fijaste tus ojos color cielo y mar.
Sin mediar palabra alguna, me tomaste
de la mano y contigo me llevaste, fuera del bar.

Mostraste una foto ajada de hace tiempo
Así fue que me reconociste, entre tantos.
Susurraste de otros tiempos viejos, ya idos.
Sabias no sé cómo, de mí andar de caminante solitario.
Dijiste que eras una enviada para aliviar
mi dolor y acompañarme, solo un tramo del camino.

¿Quién eres te pregunte? Y no contestaste.
Me preguntaste si te invitaba a mi apartamento.
Asentí, curioso de descubrir que estaba sucediendo.
Parecías conocer mi lugar como ninguna otra,
como si no fuera la primera vez que allí te encontrabas.

Me llevaste al dormitorio, dejando tras de ti
tus transparencias, tus zapatos, todo.
Me arrastraste a la cama, no bien llegamos
hicimos juntos del sexo todo lo inimaginable y mas,
nos recorrimos ardientes, agitados, desbordados,
en donde tu boca de arriba abajo provocaba en mi
espasmos continuos, cuando nos penetrábamos
una y otra vez, y voraz tu insaciable ibas por mas
manteniéndome cautivo en ese lecho, cual esclavo.

Fue en algún momento, que recordé quien eras
por la dulce y única fragancia de tu piel.
Habías partido hace mucho tiempo de este mundo.
No podía creerlo, no eras aquel recordado y bello rostro
tampoco un alma errante, ni siquiera un espíritu
que del más allá, apareció en mi momento más obscuro.

Desperté, nuevamente con lluvia sobre la ciudad.
Solo estaba, tratando que el celular cesara su molesta melodía.
¿Había sido una de esas visualizaciones creativas
con las cuales a veces, nos refugiamos
para sentir la paz y armonía, que aquí no encontramos?
¿Un sueño de los tantos, acaso?
Me incorpore y al pisar, mire y encontré uno de tus zapatos…

Penumbras

Las penumbras del pasado reciente
no cesan de perturbar mis sueños,
despierto hablando de madrugada
con desconocidos o quienes ya no están.

Es como un juego de roles
donde cambio en forma permanente.
Será uno de los tantos laberintos
que me tiene la vida, reservados
para encontrar dentro de mi
aquel que no hace tanto, fui.

He creído hablar con quienes
hace tiempo ya han partido.
Mi mente no descansa, fluye
de cuadro a cuadro como sucede
en una filmación de una película.

Esta parece ser de clase B,
su guión es de tinte psicológico
nada existe, todo es un juego
guión agobiante que alguien creo,
para llevarme paso a paso
a una locura sin retorno.