Soledades literarias.

Si deseas profundizar sobre este tema; por favor cliquea donde esté escrito en “negrita”. Muchas gracias.

La relación entre García Márquez y Vargas Llosa, tan cercana al principio y tan tirante después, y sobre todo ahora tan desigual (sólo uno de ellos vivo, aún con la posibilidad de la palabra), sigue siendo de gran actualidad editorial. Ya comenté aquí Historia de un deicidio, el estudio de Vargas Llosa sobre García Márquez, y ahora le toca el turno a Dos soledades, una magnífica charla entre ambos escritores que se realizó allá por el mes de septiembre de 1967 en el auditorio de la Universidad de Ingeniería de Lima, un momento increíble para la literatura pues García Márquez acababa de publicar Cien años de soledad apenas hacía tres meses (ya era un éxito) y Vargas Llosa era el ganador del Premio Rómulo Gallegos por La casa verde, recibido hacía unos días en Caracas. 

Hay que imaginar a un Vargas Llosa de 31 años y a un García Márquez de 40 inaugurando una poderosa amistad que sería una de las más grandes del Boom y que más tarde se rompería con cajas destempladas. Porque el tiempo todo lo deteriora y desgasta. Los dos jóvenes que hablan en esa conversación serían ambos premios nobel de Literatura, como si fuera poco, pero sobre todo serían, junto con Cortázar y Fuentes, los mosqueteros de la literatura de América Latina y, al menos por un par de décadas, de toda la lengua española.

Los temas que tratan no pueden ser más estimulantes: ¿para qué sirve un escritor? Ambos concuerdan en la función subversiva de la literatura.

“Ninguna buena literatura exalta los valores establecidos”, dice García Márquez. Queda registrado también el valor de las experiencias personales a la hora de escribir, la recreación obsesiva de los recuerdos, las lecturas y las experiencias culturales, los hechos históricos, los hechos sociales y, en el caso de García Márquez, un tema predominante en ese momento: la soledad. La soledad del poder, la soledad de los pueblos abandonados a su solitaria suerte. ¿Se aprende a escribir? Sí, dice García Márquez: se aprende leyendo y escribiendo, y para ello la escritura debe ser una actividad excluyente. 

Esto es algo que Vargas Llosa ha dicho hasta el cansancio: la vocación literaria debe suprimir todo lo demás porque el escritor es un deicida que pretende suplantar el mundo. En cuanto a lo económico, García Márquez, que acaba de sobrevivir a una larga pobreza, opina que a un escritor le conviene tener sus problemas resueltos. Se escribe mejor así, dice, en un momento en que lleva apenas tres meses de una bonanza que habría de durar toda la vida.

Un tema curioso es Borges. Ambos lo critican por sus posiciones políticas, pero lo admiran por su prosa. “Me gusta su violín”, dice García Márquez. En ese momento ambos eran jóvenes de izquierda, algo que poco después Vargas Llosa abandonaría para siempre. 

Por eso relacionan el apogeo de la novela con las crisis de una sociedad y concuerdan en la responsabilidad política del escritor. Aunque García Márquez diga: “El principal deber político de un escritor es escribir bien”. Para Vargas Llosa, lo importante de un escritor son sus obsesiones, mucho más que sus convicciones. 

Coinciden en Faulkner, en Defoe. Difieren sobre el Amadís de Gaula. Una estupenda lectura repleta de consejos y con el aliento juvenil de dos enormes colosos, aunque aún ellos no lo sepan.

Imagen de portada: Gentileza de El Espectador

FUENTE RESPONSABLE: El Espectador. Por Santiago Gamboa

Literatura/Genios virtuosos/Gabriel Garcia Marquez/Mario Vargas Llosa.

Virginia Woolf y Jorge Luis Borges, dos poemas para surcar el cielo.

Me gustaría dedicarme a coleccionar nubes, catalogarlas en figuras imposibles y archivarlas en una mente poco entrenada para el placer de contemplar la belleza efímera, esa que se transforma con el viento.

Sería una buena tarea la de escudriñar las formas de estos seres etéreos que vagan entre el cielo y la tierra. Me encantaría que me enseñaran a distinguir cada pequeño mechón de algodón que forman paisajes callados encima de nuestras cabezas. Saber algo más de ellas, por qué descargan su ira, por qué se empeñan en esconder soles de invierno, de qué están hechas, a qué suenan y si sienten algo cuando las atravesamos con aviones inoportunos en latitudes, destinos y horarios.

   

jorge fin nubes

Pintura de Jorge Fin

Quizá me haga miembro del original club conocido como ‘Cloud Watchers’ (observadores de nubes), nombre que incluso ha dado título a una colección pictórica de quien posiblemente sea el miembro más activo de los cloud watchers: Jorge Fin, el ‘pintor de nubes ‘. Un club está dado al mero hecho de mirar, de observar, de ponerles formas a un estado de ánimo, a un momento. 

Volamos, una vez más, a la palabra en voz de dos relatores de la vida.  Las nubes alimentan la imaginación colectiva, las observamos para tratar de revelar sus misterios. Hoy queremos observarlas a través de sus palabras. 

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Pintura de Jorge Fin

Jorge Luis Borges, “Nubes”

No habrá una sola cosa que no sea

una nube. Lo son las catedrales

de vasta piedra y bíblicos cristales

que el tiempo allanará. Lo es la Odisea,

que cambia como el mar. Algo hay distinto

cada vez que la abrimos. El reflejo

de tu cara ya es otro en el espejo

y el día es un dudoso laberinto.

Somos los que se van. La numerosa

nube que se deshace en el poniente

es nuestra imagen. Incesantemente

la rosa se convierte en otra rosa.

Eres nube, eres mar, eres olvido.

Eres también aquello que has perdido. 

jorge fin nubes3

Pintura de Jorge Fin

Virginia Woolf, fragmentos de Las olas

Allí estaban las nubes grises y flotantes y el árbol clavado, el árbol implacable con su corteza de plata cincelada.

El borbollón de mi vida era infructuoso. Yo no podía pasar al otro lado.

Él disipa las nubes de polvo que se agitan en mi espíritu trémulo, ignominiosamente agitado, y el recuerdo de las danzas alrededor del Árbol de Pascua de los regalos envueltos en papel.

Se diría que el mundo entero estuviese hecho de flotantes líneas curvas: los árboles en la tierra y en el cielo las nubes.

A través de las ramas de los árboles contemplo el cielo.

Parece que la partida se estuviera jugando allá arriba.

Débilmente, entre las suaves nubes blancas, escuchó el grito de: «¡Correr!» o «¡Arbitraje!».

Las nubes parecen perder guedejas de blancura a medida que la brisa las va despeinando.

Si aquel azul pudiera durar eternamente, si aquel hueco entre las nubes pudiera durar eternamente, si este instante pudiera durar eternamente…

Tomo a los árboles y a las nubes como testigos de mi completa integración. 

Imagen de portada: Gentileza Cultura Inquieta – Por Jorge Fin

FUENTE RESPONSABLE: Cultura Inquieta por Silvia Garcia

Literatura/Genios virtuosos/Virginia Woolf/Jorge Luis Borges

Horacio Lavandera: “Hay cosas que no se enseñan en ningún conservatorio”.

Se presentará este jueves en el teatro Coliseo de Buenos Aires.

El pianista, uno de los más importantes de su generación, ofrecerá un concierto con obras de Astor Piazzolla y George Gershwin. Se trata de un programa atractivo, con dos artistas que Lavandera considera fundamentales. Dos miradas personales de la música universal desde América. “No se puede entender a Piazzolla sin Gershwin”, señala.

El rigor de la pandemia cede, las tensiones se aflojan, los espacios se recuperan y acaso la vida se parece un poco más a lo que alguna vez fue. Del mismo modo que fue inédita la pandemia, es nueva esta sensación de regreso. Entre las cosas que paulatinamente quieren recuperar su lugar están también los grandes conciertos en las buenas salas. Como el que el jueves a las 20.30 ofrecerá Horacio Lavandera en el Teatro Coliseo. Después de meses sin sentir la presencia del público cerca, el pianista, uno de los más importantes de su generación, ofrecerá un concierto con obras de Astor Piazzolla y George Gershwin. Se trata de un programa atractivo, con dos artistas que Lavandera considera fundamentales. Dos miradas personales de la música universal desde América.

“Tengo una expectativa inmensa por este concierto. No tocó en Buenos Aires desde que comenzó la pandemia, en marzo de 2020”, dice Horacio Lavandera al comenzar la charla con Página/12. El regreso a los escenarios para el pianista, compositor y director será el reencuentro con el público porteño, el suyo y también el de Piazzolla. “La expectativa también tiene que ver con eso, porque el de Buenos Aires es un público que tiene un vínculo espiritual con la música de Piazzolla. Yo la toqué en muchos lugares del mundo y lo que sucede acá es muy particular, la conexión se produce sin filtros. Como intérprete me toca ahora exacerbar esa relación entre la música de Piazzolla y el público de acá, porque también soy porteño y conozco los misterios de esta música. Además, el Coliseo tiene una acústica ideal, porque es más seco y el piano suena más brillante. Para mí esta música es lo mejor y para mí una gran felicidad”, asegura Lavandera.

Formado dentro de los cánones de las escuelas clásicas del piano –fue alumno de Marta Freijido y Antonio de Raco en Argentina y de Josep Colom en España–, Lavandera comenzó a profundizar su relación con la música de Piazzolla hace algunos años, entusiasmado por su padre, José María, que por más de 40 años fue destacado integrante de la Orquesta de Tango de Buenos Aires. “Hay cosas que no se enseñan en ningún conservatorio, me las enseñó mi padre, que en su carrera tocó con los más grandes del género”, dice Horacio. En 2016 el pianista llevó su visión de Piazzolla al disco con un trabajo notable –Horacio Lavandera Plays Astor Piazzolla–, premiado en España con el “Melómano de oro”, la distinción que otorga la prestigiosa revista Melómano. “Este verano gané un premio Estrella de mar. Era la primera vez que tocaba la música de Piazzolla en Mar del Plata”, agrega.

Lavandera cuenta que la pandemia interrumpió giras programadas por Estados Unidos, Canadá, Alemania, Inglaterra y China y que buena parte de su tiempo se divide entre el piano y la composición. “Seguramente, poco a poco, los conciertos se irán reprogramando. Ahora lo importante es que haya un gran porcentaje de la población mundial vacunada para poder viajar con tranquilidad”, advierte. En tanto, el pianista pone a punto un repertorio que mostró en parte por streaming el año pasado y que por muchas razones siente propio. “Adiós Nonino”, “Fuga y misterio”, “Cuatro estaciones porteñas” y “Libertango” configurarán el segmento dedicado a la música de Piazzolla, que en la segunda parte se completará con “Tres preludios”, “Rhapsody in Blue” y “The Man I Love”, de Gershwin. El pianista no estará solo: contará con invitadas como la bandoneonista Ayelén Pais Negrín, la clarinetista Sofía Kujta y la cantante Mariú Fernández. “Hacer la música de compositores por los que siento una particular predilección junto a artistas que admiro profundamente por su talento y su personalidad es la felicidad absoluta”, señala Lavandera.

Del mismo modo que para recrear la música de Piazzolla recurrió a las fuentes –en particular las versiones del quinteto–, también para elaborar sus interpretaciones de Gershwin el pianista se remonta a los orígenes. “Hay varios registros históricos de ‘Rhapsody in Blue’. En particular me centré en el del ’24, la primera versión grabada, con la orquesta de Paul Whiteman, el mismo Gershwin al piano y el mítico solo de clarinete de Ross Gorman. También es muy interesante una versión para piano solo grabada por Gershwin en un rollo de pianola”, explica Lavandera. “Con Sofía (Kujta) investigamos la grabación del ‘24 para emular al clarinetista original, que además de conocer las técnicas del jazz conocía las del Klezmer. Me interesaba particularmente llegar a reconstruir el sonido y la articulación de ese solo que es paradigmático, pero que con el tiempo, con las interpretaciones ‘clásicas’ se ha ido ‘lavando’, ha ido perdiendo el impacto original”, agrega.

“La referencia de mi versión de ‘The man I love’ tomé una grabación del 1931 con una cantante, de Music by Gershwin, un programa de radio que tenía el compositor. La idea es retomar esa energía, partir desde ahí. Para este concierto la presencia de Mariú Fernández es determinante. Su voz es la ideal, porque además de ser bella en todos sus registros, maneja el estilo y su inglés es perfecto. Es un placer poder hacer Gershwin de esta manera. Es mi primer gran referente como compositor, pianista y director de orquesta. Lo admiro desde niño y si soy músico es también por él”, explica Lavandera.

– ¿Qué conexiones te parece oportuno destacar entre Gershwin y Piazzolla?

– Hay muchas. Al punto que no se puede entender a Piazzolla sin Gershwin. En obras para orquesta como Sinfonietta, Tres movimientos porteños, Tangazo o también en versiones del Quinteto queda claro de qué manera Piazzolla escuchaba a Gershwin. Por otro lado ambos eran virtuosos del propio instrumento y cada uno con sus particularidades plasmó un estilo propio. Los fraseos eléctricos de Piazzolla, el apoyo rítmico de la mano izquierda en Gershwin, son algunas de las referencias que no podemos dejar de escuchar. Ni Gershwin ni Piazzolla se dejaron llevar por las ideas preestablecidas, sino que optaron por buscar caminos poco explorados y sintieron que el jazz o el tango representaban la oportunidad para expresar las propias raíces. Y sobre todo tanto Gershwin como Piazzolla contribuyeron a superar el complejo de inferioridad americano frente a la música europea. Mi interpretación va en busca de esas afinidades, quiero hacer propia esa energía y transformarla en algo actual.

Una trayectoria singular

Muchos años pasaron desde que Horacio Lavandera ganó el Concurso Umberto Micheli en el Teatro alla Scala de Milán. En aquella ocasión recibió además el premio de la Filarmónica de la Scala por la mejor interpretación con orquesta, de manos de un jurado integrado por Luciano Berio, Maurizio Pollini, Charles Rosen, Alexis Weissenberg, Luis de Pablo y Michel Beroff. Con 16 años y una ductilidad que le permitía moverse con comodidad entre el barroco y la música contemporánea, el pianista porteño comenzaba entonces una carrera internacional que lo llevó por salas importantes del mundo, desde el Cargaghie Hall de Nueva York hasta la Filarmónica de Berlín y el Teatro Colón, tocando solo o con orquestas como la del Mozarteum de Salzburgo, la Sinfónica de la Radio Televisión Española o la de Santa Cecilia de Roma.

De ese trajín surge una discografía atractiva, en la que se destacan trabajos como Three Bs (2005), un registro en vivo con con música de Bach, Beethoven y Brahms; Compositores españoles. Generación del ’51 (2007), con obras de Tomás Marco y Cristóbal Halffter; Compositores argentinos (2009), con páginas de Alberto Ginastera, Gabriel Senanes y Esteban Bencecry, además de los trabajos monográficos sobre Chopin (2013), Dino Saluzzi (2015) y Astor Piazzolla (2016). También es encomiable la manera en que a su tarea de pianista combinó la de director, al frente de formaciones como la Orquesta Estación Buenos Aires, la Camerata Bariloche o de su Orquesta Clásica Argentina.

Lavandera marcó hitos con ciclos como “Noches de Música y Ciencia”, en 2012 y 2013, donde interpretó desde Beethoven, Chopin y Liszt hasta obras de Pierre Boulez, Iannis Xenakis y Luigi Nono, además de Karlheinz Stockhausen, de quien se había convertido en su pianista dilecto. También se recuerda la ejecución integral, como solista y director, de los conciertos de Beethoven en 2017 en el Centro Cultural Kirchner.

Ahora, el pianista regresa a los conciertos en vivo con dos compositores “que rompieron moldes e hicieron música sin discriminación”, para recomponer tras la pandemia ese itinerario de búsqueda y reflexión en el que, asegura, “la alegría está en el camino”. 

Imagen de portada: Página 12

FUENTE RESPONSABLE: Página 12- Por Santiago Giordano.

Cultura/Música Clásica/Horacio Lavandera/Genios virtuosos/Sociedad

 

“El Golem” de Borges y sus implicancias matemáticas y metafísicas Stephen Kcenich y María-Elvira Luna-Escudero -Alie

En el poema “El Golem” constatamos que las apariencias distorsionan la realidad, que hay diferentes maneras de interpretar las cosas, que no podemos estar seguros de nada, que todo es posible.

Fotograma de “El Golem” (1920), película dirigida por Paul Wegener y Carl Boese

El poema “El Golem”, considerado para muchos el más interesante y sofisticado del célebre autor bonaerense Jorge Luis Borges (1899-1986), nos narra la historia del rabino holandés, hijo de judíos portugueses, Judá León (1603-1675), y su creación magna: un autómata, a quien quiso educar a su imagen y semejanza, pero fracasó de manera concluyente en su soberbio objetivo. El propio Borges y su entrañable amigo, el también escritor de literatura fantástica Adolfo Bioy Casares (1914-1999), estimaban que “El Golem” era, en efecto, uno de los poemas más logrados de nuestro exquisito autor, argentino de nacimiento pero universal por su vasta erudición omnímoda.

Borges escribió “El Golem” en 1958 y se publicó en su libro El otro, el mismo (1964). “El Golem”, como la mayoría de los poemas y relatos de Borges, es muy rico en referencias multiculturales. Este poema tiene tres fuentes principales de inspiración: el diálogo de Platón Crátilo, una antigua leyenda hebrea de Praga y la famosa novela homónima del autor austríaco Gustav Meyrink (1868-1932). A continuación tenemos el erudito poema objeto de nuestro estudio, para vuestro deleite:

El Golem

Si (como afirma el griego en el Cratilo)

el nombre es arquetipo de la cosa

en las letras de rosa está la rosa

y todo el Nilo en la palabra Nilo.

Y, hecho de consonantes y vocales,

habrá un terrible Nombre, que la esencia

cifre de Dios y que la Omnipotencia

guarde en letras y sílabas cabales.

Adán y las estrellas lo supieron

en el Jardín. La herrumbre del pecado

(dicen los cabalistas) lo ha borrado

y las generaciones lo perdieron.

Los artificios y el candor del hombre

no tienen fin. Sabemos que hubo un día

en que el pueblo de Dios buscaba el Nombre

en las vigilias de la judería.

No a la manera de otras que una vaga

sombra insinúan en la vaga historia,

aún está verde y viva la memoria

de Judá León, que era rabino en Praga.

Sediento de saber lo que Dios sabe,

Judá León se dio a permutaciones

de letras y a complejas variaciones

y al fin pronunció el Nombre que es la Clave,

la Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,

sobre un muñeco que con torpes manos

labró, para enseñarle los arcanos

de las Letras, del Tiempo y del Espacio.

El simulacro alzó los soñolientos

párpados y vio formas y colores

que no entendió, perdidos en rumores

y ensayó temerosos movimientos.

Gradualmente se vio (como nosotros)

aprisionado en esta red sonora

de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora,

Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.

(El cabalista que ofició de numen

a la vasta criatura apodó Golem;

estas verdades las refiere Scholem

en un docto lugar de su volumen.)

El rabí le explicaba el universo

“Esto es mi pie; esto el tuyo, esto la soga”.

Y logró, al cabo de años, que el perverso

barriera bien o mal la sinagoga.

Tal vez hubo un error en la grafía

o en la articulación del Sacro Nombre;

a pesar de tan alta hechicería,

no aprendió a hablar el aprendiz de hombre.

Sus ojos, menos de hombre que de perro

y harto menos de perro que de cosa,

seguían al rabí por la dudosa

penumbra de las piezas del encierro.

Algo anormal y tosco hubo en el Golem,

ya que a su paso el gato del rabino

se escondía. (Ese gato no está en Scholem

pero, a través del tiempo, lo adivino.)

Elevando a su Dios manos filiales,

las devociones de su Dios copiaba

o, estúpido y sonriente, se ahuecaba

en cóncavas zalemas orientales.

El rabí lo miraba con ternura

y con algún horror. “¿Cómo” (se dijo)

“pude engendrar este penoso hijo

y la inacción dejé, que es la cordura?”.

“¿Por qué di en agregar a la infinita

serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana

madeja que en lo eterno se devana,

di otra causa, otro efecto y otra cuita?”.

En la hora de angustia y de luz vaga,

en su Golem los ojos detenía.

¿Quién nos dirá las cosas que sentía

Dios, al mirar a su rabino en Praga?

“El Golem” de Borges consta, en cuanto a su estructura, de setenta y dos versos distribuidos en dieciocho estrofas, donde hallamos trece serventesios (estrofas compuestas por versos de arte mayor, por lo general endecasílabos y de rima consonante y alterna) con un esquema de: 11A 11B 11A y cinco cuartetos con el esquema: 11A 11B 11A 11B.

El poema empieza invocando a Sócrates al mentar el diálogo platónico Crátilo, que trata de una reflexión sobre la verdadera naturaleza del lenguaje, sobre la capacidad de los nombres o sustantivos para designar y conocer las cosas. Este diálogo es considerado como un antecedente de la teoría del signo lingüístico, concepto que más tarde sería desarrollado a profundidad por el lingüista suizo Ferdinand de Saussure (1857-1913) y por el filósofo y científico estadounidense Charles Sanders Peirce (1839-1914). 

El poema continúa aludiendo a la creación del mundo, a la Biblia, luego nos presenta la historia de Judá León, quien tuvo la intención de emular a Dios al crear a su autómata, y darle atribuciones humanas para después intentar enseñarle a hablar, sin lograrlo. Luego, en el poema de Borges, el rabino de Praga se avergüenza de su creación imperfecta y también se arrepiente de su altivez y atrevimiento por haber querido competir con Dios al convertirse en creador de un autómata a quien pretendió darle vida semihumana, a través del poder de la palabra. Los dos últimos versos de la última estrofa del poema:

¿Quién nos dirá las cosas que sentía

Dios, al mirar a su rabino en Praga?

nos traen a la memoria la última estrofa del poema “Ajedrez”:

Dios mueve al jugador, y éste la pieza.

¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza

de polvo y tiempo y sueño y agonías?

Y asimismo nos recuerda el final del emblemático relato borgeano “Las ruinas circulares” (1941):

Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñandolo.

En el relato “El espejo y la máscara”, Borges reflexiona también sobre el poder del lenguaje y su habilidad para acceder a la verdad; de hecho, el último poema que el vate le presenta al rey sólo consta de una palabra que es impronunciable y mágica, una palabra bendita y maldita que convierte al rey en mendigo y al poeta en suicida, porque ¿acaso le está vedado al ser humano tratar de alcanzar la verdad? 

En el clásico relato “El Aleph” (1949), Borges nos invita a pensar —a través de la maravillosa enumeración lírica de todas las cosas del mundo que se observan en el Aleph— en la limitación del lenguaje de poder representar de manera fidedigna la realidad porque el lenguaje es lineal y la realidad es simultánea. La preocupación de Borges por el lenguaje y su calidad imprecisa e imperfecta, así como su carácter arbitrario, es algo que se grafica bien en estas líneas escritas en su libro El tamaño de mi esperanza (1926):

Yo, personalmente, creo en la riqueza del castellano pero juzgo que no hemos de guardarla en la inmovilidad, sino multiplicarla hasta lo infinito. Cualquier léxico es perfectible, y voy a probarlo.

El mundo aparencial es un tropel de percepciones barajadas. Una visión de cielo agreste, ese olor como de resignación que alientan los campos, la acrimonia gustosa del tabaco enardeciendo la garganta, el viento largo flagelando nuestro camino, y la sumisa rectitud de un bastón ofreciéndose a nuestros dedos, caben aunados en cualquier conciencia, de golpe. El lenguaje es un ordenamiento eficaz de esta enigmática abundancia del mundo. 

Dicho sea con otras palabras: los sustantivos se los inventamos a la realidad. 

Palpamos una realidad, vemos un montoncito de luz color de madrugada, un cosquilleo nos alegra la boca, y mentimos que esas tres cosas heterogéneas son una sola y que se llama naranja. La luna misma es una ficción, fuera de convenciones astronómicas que no deben atarearnos aquí, no hay semejanza alguna entre el redondel amarillo que ahora está alzándose con claridad sobre el paredón de la Recoleta, y la tajadita rosada que vi en el cielo de la Plaza de Mayo, hace muchas noches. Todo sustantivo es abreviatura.

El tamaño de mi esperanza, pp. 45-46.

En la poética de Borges, en sus relatos, y sobre todo en sus ensayos, vemos que el relativismo es una característica muy presente. Este relativismo nos impele a cuestionarlo todo, a dudar sobre la autenticidad de la realidad, a no distinguir entre la ficción y lo real, a confundir las apariencias, las sombras con la vida fáctica, a buscar todas las dimensiones posibles, a recorrer todos los senderos plausibles, los directos y los que se bifurcan, a indagar todas las perspectivas imaginables de interpretación, pero sin aceptar jamás verdades apodícticas que nos limiten.

En el relato “Las ruinas circulares” (1941), tanto como en el poema “Ajedrez”, en el texto “La casa de Asterión” (1947) y, desde luego, en el poema “El Golem”, constatamos que las apariencias distorsionan la realidad, que hay diferentes maneras de interpretar las cosas, que no podemos estar seguros de nada, que todo es posible, que nadie es dueño de su destino, sino que incluso podría ser producto de un poder mayor que transforma lo real en sombra, que controla nuestra vida y que nos impide ser completamente libres. Richard McElreath, en el primer capítulo de su libro Statistical Rethinking (2020), que consta de diecisiete capítulos, nos presenta el gólem de Praga y discute temas estadísticos cruciales como la inferencia bayesiana, la comparación de modelos, modelos multinivel, modelos gráficos causales. En este capítulo, que sienta la base para los dieciséis siguientes, McElreath comenta sobre los usos de modelos estadísticos en tanto anagramas de gólems. Es interesante resaltar que McElreath menciona en su libro a Borges en el segundo capítulo, titulado “The Garden of Forking Data”. Dicho título es una clara evocación y al mismo tiempo un homenaje al relato de Borges “El jardín de senderos que se bifurcan”. McElreath emplea el gólem de Praga como una analogía para describir la totalidad de las estadísticas frecuentistas, las cuales considera como un gólem de ingeniería.

A modo de conclusión podemos decir que hay muchas similitudes entre los gólems y los robots. Una de las semejanzas radica en la habilidad que tienen de realizar tareas complejas fácilmente, pero objetivos simples de manera ineficiente. Por ejemplo, un robot puede memorizar de π a 100 dígitos, pero encuentra prácticamente imposible subir escaleras. La estadística nunca podrá liberarse de sus gólems cibernéticos y Borges nunca dejará de asombrarnos y maravillarnos con sus textos plurisignificativos que nos inducen a dudar de la realidad, a sospechar incluso del lenguaje, y a cuestionarnos sobre el sentido de la vida, el tiempo y el espacio.

Bibliografía

  • Alazraki, Jaime: La prosa narrativa de Jorge Luis Borges. Editorial Gredos. Madrid, 1974.
  • Barrenechea, Ana María: La expresión de irrealidad en la obra de Jorge Luis Borges. Ediciones Paidós. Buenos Aires, 1967.
  • Borges, Jorge Luis: Obras completas 13ª edición. Emecé. Buenos Aires, 2002.
  • Kcenich, Stephen, y María-Elvira Luna-Escudero-Alie: “El infinito en aplicaciones de probabilidades y estadísticas vinculadas a ‘Los dos reyes y los dos laberintos’, de J. L. Borges”. En: Sincronía, Nº 69, Universidad de Guadalajara. México, 2016.
  • McElreath, Richard: Statistical Rethinking: A Bayesian Course with Examples in R and Stan, 2ª edición. CRC Press. Boca Ratón, Florida (Estados Unidos), 2020.

Imagen de portada: Gentileza de Letralia/Tierra de Letras

FUENTE RESPONSABLE: Letralia/Tierra de Letras

El Golem de Jorge Luis Borges/Cultura/Literatura/Genios Virtuosos

El mundo pertenece a quien se atreve, hermoso poema de Charles Chaplin.

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Charles Chaplin reflexionó sobre la realidad que le había tocado vivir y se esforzó por ser una fuente de inspiración para el cambio. ¡En este artículo conocerás algunas de sus mejores enseñanzas!

Charles Chaplin nació en Londres en 1889 para ser uno de los actores, humoristas y escritores más influyentes del mundo. Vivió una infancia complicada, con un padre alcohólico que no tardaría en abandonar el hogar. Además, su madre sufrió una enfermedad mental de la que nunca pudo recuperarse totalmente.

Por estas circunstancias, Charles Chaplin terminaría pasando buena parte de su juventud junto a sus hermanos en un refugio para niños. No obstante, en ese lugar tampoco encontró paz, pues aquí las condiciones con las que tuvo que convivir también fueron duras.

Sin embargo, estos primeros años no echaron por tierra su talento artístico. Así, a la edad de 20 años decidió viajar a Estados Unidos en busca de una oportunidad y terminó por dar forma a un personaje con el que se identificaría durante toda su carrera, cosechando un enorme éxito con él.

El gran mensaje de las películas de Charles Chaplin

Las situaciones difíciles que vivió durante sus primeros años le llenaron de resiliencia y las aprovechó a su favor. En la mayoría de los metrajes en los que participó somos capaces de identificar una intención de denuncia frente a determinadas circunstancias o condiciones que le tocó vivir en primera persona, como la desigualdad o la falta de tolerancia.

Además, en en muchas de sus actuaciones también destaca la idea de que determinados cuadros clínicos pueden ser la consecuencia inequívoca de la experiencia. En este sentido, no solo se quedó en la denuncia; en última instancia intentó ser, con su trabajo, la chispa que encendiera la mecha del cambio.

Del mismo modo, puso en evidencia los fallos de los sistemas políticos que afectan a la calidad de vida de las personas. Por esto precisamente llegó a ser censurado. Afortunadamente, frente a los esfuerzos de quienes se esforzaron porque no fuera así, hoy podemos disfrutar de películas como El inmigrante, El chico, El gran dictador, En tiempos modernos y Luces de la ciudad.

“El mundo pertenece a quien se atreve”

Charles Chaplin también se valió de la escritura como medio para compartir reflexiones personales que pudieran ayudar a otras personas. De tal modo, su poema titulado El mundo pertenece a quien se atreve ha sido una fértil fuente de inspiración social.

A continuación te compartimos las maravillosas líneas que escribió el autor.

“ ¡Vive!

Ya perdoné errores casi imperdonables.

Trate de sustituir personas insustituibles,

de olvidar personas inolvidables.

Ya hice cosas por impulso.

Ya me decepcioné con algunas personas,

mas también decepcioné a alguien.

Me abracé para protegerme.

Ya me reí cuando no podía.

Ya hice amigos eternos.

Ya amé y fui amado pero también fui rechazado.

Ya fui amado y no supe amar.

Ya grité y salté de felicidad.

Ya viví de amor e hice juramentos eternos,

pero también los he roto y muchos.

Ya lloré escuchando música y viendo fotos.

Ya llamé sólo para escuchar una voz.

Ya me enamoré por una sonrisa.

Ya pensé que iba a morir de tanta nostalgia y…

Tuve miedo de perder a alguien especial

y terminé perdiéndolo

¡pero sobreviví!

¡y todavía vivo!

No paso por la vida

y tú tampoco deberías sólo pasar… ¡Vive!

Bueno es ir a la lucha con determinación

abrazar la vida y vivir con pasión.

Perder con clase y vencer con osadía,

porque el mundo pertenece a quien se atreve

y la vida es mucho más para ser insignificante.”

– Charles Chaplin

Reflexión sobre el poema de Charles Chaplin

Con sus palabras, Charles deja claro que el miedo es uno de nuestros grandes lastres, pues siempre aparece cuando decidimos poner un proyecto en marcha o dar paso a actuaciones que se sitúan fuera de la llamada zona de confort. Además, puede cegarnos hasta el punto de llegar a sentir que todo el mundo está en nuestra contra, llenándonos de inseguridad, culpa, estrés y frustración.

A raíz de ello, el mensaje de Chaplin es que en la vida gana sentido cuando contamos con un propósito, un norte en nuestra brújula, que nos orienta. Es lo emocionante de imaginar posibilidades lo que le da sentido, en buena medida, al camino que imaginamos hasta la meta. Al atreverse las personas encuentran las motivaciones para seguir progresando y construir un futuro del que se sientan orgullosas. Asimismo, se dan el gusto de realizar todas las actividades que los llenan de felicidad y plenitud.

Chaplin dejó claro que, al atreverse, las personas solemos encontrar recompensa; ya sea en forma de éxito o de aprendizaje. Así, podremos disfrutar directamente del fruto, o indirectamente empleando los nuevos recursos que hemos adquirido. Una disposición frente a la realidad que nos permite adquirir conocimiento valioso de manera constante.

Para atreverse hay que soltar los sentimientos negativos

En algún momento de nuestra vida, todos podemos encontrarnos en una situación en la que predomine la decepción, rabia y la tristeza en nuestro estado de ánimo. Sin embargo, lo que marca la diferencia es lo que hacemos a partir de ese momento. ¿Qué hacemos con ese conjunto de emociones? ¿Cómo escuchamos lo que nos quieren decir? ¿Qué hacemos con su energía?

Al hacer una gestión emocional inteligente, las personas vuelven a estar abiertas a nuevas experiencias. Por eso, soltar las ataduras es fundamental para dar forma a esos proyectos que imaginamos.

Charlot, el vago que enterneció al mundo

Dicen que la risa y el llanto están hechos del mismo material. La comedia es una manera inteligente de administrar las tragedias de la vida. Nos lo dijo mil veces Charlot, el vagabundo solitario creado por Charles Chaplin para pintar de colores su propio dolor. Un personaje que fascinó a los espectadores en las salas de cine de su tiempo y conmovió al mundo.

Charlot es el típico héroe cómico. Un hombre sin destino. El eterno perdedor que está allí para quebrar el orden y que, sin embargo, siempre se sale con la suya. El pobre, el torpe, el errante. Ese hombre desprevenido y curioso que teje crisis absurdas, a las que siempre encuentra salidas inesperadas. Es también una denuncia de lo ridículo que puede llegar a ser el mundo de “lo serio”.

Chaplin, el hombre detrás del vagabundo

Charles Chaplin tuvo una infancia trágica y profundamente desafortunada. Nació el 16 de abril en Londres. Su padre, un hombre alcohólico y desorientado, abandonó a la familia y luego murió tempranamente. La madre era actriz y cantante, que tuvo que batirse hombro a hombro contra la pobreza para mantener a sus dos hijos, Charles y Sydney.

En el momento cumbre de su carrera, su voz comenzó a deteriorarse. En una presentación se le quebró la garganta y el encargado del espectáculo envió a Charles para reemplazarla, en plena función. El niño tenía cinco años. Salió a escena e imitó a su madre, incluyendo el quebrantamiento de la voz. Esto causó grandes risotadas dentro del público y marcó el inicio de una carrera que no terminaría jamás.

Los niños Chaplin asistían a la escuela, pero frecuentemente eran objeto de burlas debido a su pobreza. Seguramente esas fueron las primeras marcas para perfilar al que sería el vagabundo más famoso del planeta.

La madre de Charles, Hanna Hill, comenzó a mostrar señales de demencia y fue recluida en un sanatorio para enfermos mentales. Fue entonces cuando Charles y su hermano comenzaron un largo periplo por distintos orfanatos, en los que fueron tratados con particular severidad.

Antes de cumplir diez años, Charlie ya se había unido a un grupo itinerante de teatro, y a los doce se le consideraba un actor profesional. A los 24 llegó a Hollywood y dos años más tarde ya era una celebridad.

El otro Chaplin

Charles Chaplin fue también un hombre bien informado y activo políticamente. Criticó sin timideces el capitalismo y las hipocresías de la guerra. Hizo amistades con varios comunistas reconocidos, pero siempre se definió como un pacifista simplemente.

Ganó enemigos en todos los frentes. Mientras Goebbels, el Ministro de Propaganda de Hitler, lo llamo “un pequeño judío despreciable”, en Estados Unidos lo consideraron un hombre “peligrosamente progresista y amoral”. Fue expulsado de ese país en 1952, luego de haberlo acusado de traición. Sus películas “Tiempos Modernos” y “El Gran Dictador” fueron fuente permanente de críticas por parte del establecimiento.

En Chaplin también hubo un hombre atormentado por sus fantasmas interiores, obsesivo al enamorarse y solitario a la hora de enfrentar las más grandes decisiones de su vida. Distante y a la vez entrañablemente unido a sus hijos.

Un artista en todo el sentido de la palabra que incluso alcanzó un Óscar a la “Mejor Música Original” por la composición de la pieza Candilejas para la película de ese mismo nombre. También fue un pensador que dejó plasmada su sensibilidad en poemas y en textos comoCuando me amé de verdad”, el más popular de ellos.

Chaplin murió a los 88 años de edad, mientras dormía en su casa de Suiza. Padecía asma y demencia senil al momento de su deceso. Dejó para el mundo un testimonio de ternura. Esa ternura que hay en toda risa franca, cuando el dolor ya no es capaz de decir nada. Esa ternura que nunca muere.

Imagen cortesía de Zoller, Charles C.

Imagen de portada: Gentileza de “La Mente es Maravillosa”

FUENTE RESPONSABLE: La mente es maravillosa/Bibliografía/Charles Chaplin

Claves para leer y disfrutar a Borges.

Se celebraron los 122 años del nacimiento del escritor más célebre de Argentina. Daniel Mecca, periodista y escritor, otorga algunas claves para conocerlo mejor. 

En agosto se celebró el Día del Lector por los 122 años del nacimiento de Jorge Luis Borges, el escritor más célebre de Argentina. No es casualidad, ya que el autor se vanagloriaba de ser un lector antes que un escritor. 

Según Daniel Mecca, periodista, escritor y coordinador del festival #BorgesPalooza, el primer paso para acercarse al emblemático escritor es “sacarse el miedo de leer a Borges”. 

“Las alusiones ‘eruditas’ de Borges no direccionan una sola lectura. No es que si uno no entiende las citas eruditas, se queda afuera. Son parte de ese movimiento de fragmentación y de irritación que genera Borges al leerlo”, dice en una de sus clases sobre el escritor.

Para Mecca, la obra del autor se puede dividir en dos ramas: la de los cuchilleros y la de la biblioteca. 

Él expone en sus textos la civilización y la barbarie y es en esa apertura donde Jorge Luis se convierte en Borges.

La parte de la biblioteca incluye obras como “El Aleph”, “La biblioteca de Babel”, “El libro de Arena” y “Funes el memorioso”, entre otros.

Aquí desarrolla algunas de sus ideas más abstractas, de la física cuántica a paradojas filosóficas griegas, y la forma en la que la ficción altera la realidad, con un vasto conocimiento de la cultura universal. 

Por otro lado, según Mecca, la parte de “los cuchilleros” abarca títulos como “Hombre de la esquina rosa”, “Biografía de Tadeo Isidoro de la Cruz”, “El fin” o “La intrusa” , ligados a la tradición nacional, al compadrito porteño.

“Borges explora los movimientos identitarios de la independencia, la época en la que se debatía lo que sería el destino identitario de la patria. Él entendía que la literatura es un factor clave para decir quiénes somos”, cuenta el periodista. 

“En esa discusión, él mismo supo decir ‘qué distinto hubiera sido el país si el libro canónico de la patria era el Facundo y no el Martín Fierro’, pero no desde una mirada europeizante. Él expone en sus textos la civilización y la barbarie y es en esa apertura donde Jorge Luis se convierte en Borges”, explica. 

Quién era Jorge Luis Borges, en doce definiciones brillantes

El autor de “Ficciones” dejó tras su muerte algunos conceptos que forman parte del patrimonio cultural de los argentinos. Aquí una docena de ellos.

La vasta cultura y la inteligencia de Jorge Luis Borges asombraron a los lectores de todo el mundo. Pero también se condensaron en algunos conceptos que surgen cuando se lo evoca. 

Algunos de ellos, incluso, pueden recordarse en algunas de las entrevistas y charlas que el autor de “Historia Universal de la Infamia” concedió a medios de todo el mundo.

El amor y la amistad

“He pensado alguna vez que, quizás una persona que esté enamorada vea a la otra como Dios la ve, es decir, la ve del mejor modo posible. Uno está enamorado cuando se da cuenta de que la otra persona es única”.

Borges en París junto a su última esposa, María Kodama.

“La amistad no necesita frecuencia, el amor sí, pero la amistad no”.

Borges y su amigo, el escritor Adolfo Bioy Casares.

La felicidad

“A veces me siento incalculablemente feliz, y le doy la bienvenida a la felicidad, porque no sé de dónde viene, pero creo que debería ser bienvenida de todos modos”, opinó Borges en una entrevista en la televisión norteamericana en 1977.

Ser lector

“Dejo que otros se enorgullezcan de cuántas páginas han escrito; prefiero jactarme de las que he leído”, opinaba el reconocido escritor.

La dictadura

“Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan la servidumbre, las dictaduras fomentan la crueldad; más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez”, manifestó el escritor en una entrevista con con Joaquín Soler Serrano en la Televisión Española, en 1976.

Más tarde, volvió a expresarse en el mismo sentido, en 1985, sobre los desaparecidos durante el régimen militar en Argentina.

La muerte

“Cuando los escritores mueren se convierten en libros, que, después de todo, no es una encarnación tan mala”, afirmó. 

La fe

“Ser un agnóstico significa que todas las cosas son posibles, incluso Dios, incluso la Santísima Trinidad. Este mundo es tan extraño que cualquier cosa puede suceder o puede no suceder. Ser un agnóstico me hace vivir en un mundo más grande, más fantástico, casi misterioso. Me hace más tolerante”.

Conferencia “Siete Noches”, sobre la Poesía

La patria

“Yo no entiendo a mi patria pero le tengo un gran amor y tengo la esperanza de que algún día pueda cumplir el gran destino que fue suyo”.

El tango

“El tango es una expresión directa de algo que los poetas a menudo han tratado de expresar con palabras: la creencia de que una pelea puede ser una celebración”.

FOTO: Quién era Jorge Luis Borges, en doce definiciones brillantes

FOTO: Quién era Jorge Luis Borges, en doce definiciones brillantes

FOTO: Sus obras más conocidas, Ficciones y El Aleph, cuentos que exploran ideas filosóficas

FOTO: Sus obras más conocidas, Ficciones y El Aleph, cuentos que exploran ideas filosóficas

FOTO: Borges, junto a un retrato de su abuelo.

FOTO: En compañía de algunas admiradoras.

FOTO: Borges nació el 24 de agosto de 1899.

La ceguera

“La ceguera no es la tiniebla; es una forma de la soledad”

El dólar

“Los dólares son esos imprudentes billetes americanos que tienen diverso valor y el mismo tamaño”. 

Los vicios

“Yo no bebo, no fumo, no escucho la radio, no me drogo, como poco. Yo diría que mis únicos vicios son El Quijote, La divina comedia y no incurrir en la lectura de Enrique Larreta ni de Benavente”.

Borges, con algunas admiradoras.

Daniel Mecca es periodista, escritor, docente y poeta, organizador del #BorgesPalooza. Administra el newsletter “Poesía por WhatsApp” y “Poesía sin corona”, una comunidad virtual de poetas. También los podcast: “El resto es literatura” y “Poesía por WhatsaApp (lectura de poemas)”. Actualmente da seminarios sobre Borges.

4 libros de Agatha Christie para aguzar la mente.

La más vendida del mundo

El 15 de septiembre de 1890 nacía la gran dama del misterio. Tiene un récord Guinness por ser la escritora más vendida, con más de 2 millones de ejemplares. 130 años después, sus novelas siguen fascinando.

El 15 de septiembre de 1890 nacía Agatha Christie, la gran dama del misterio, en el seno de una familia acomodada del sureste de Inglaterra. 

Fue una de las autoras más reconocidas del género misterio, lo que le valió el récord Guinness por ser la escritora más vendida, con más de 2 millones de ejemplares. 

130 años después, sus intrigantes novelas siguen alimentando adaptaciones cinematográficas y televisivas. 

¿Qué es lo que encanta de esta célebre autora? Es la precursora del prototipo de historia de misterio en el cual casi todos los personajes tienen perfectas razones para ser los culpables. Depende entonces de la agudeza y el ingenio del detective (y del lector) unir los puntos y estar atento a cada detalle del relato.

El asesinato de Roger Ackroyd

Es considerado una de las obras cumbre de la gran dama del misterio. En esta obra, la autora rompió todas las reglas de la novela policíaca conocidas hasta entonces. Por ese motivo, fue el título que catapultó a Christie a la fama. 

Además, fue elegida en 2013 como la mejor novela de crimen de todos los tiempos por los miembros de la Asociación de Escritores de Crimen. 

La novela trata de un triángulo amoroso, en el cual una de las partes, Ackroyd, es asesinado tras enterarse que su amante es extorsionada. 

Muerte en la Vicaría

Agatha Christie publicó esta obra en 1930. Es la primera novela en la que aparece el personaje de Miss Marple y al pueblo de St. Mary Mead, dos figuras icónicas de la literatura de Christie que antes solo habían aparecido en cuentos publicados en revistas.

El coronel Lucius Protheroe, la persona más desagradable de la villa, aparece asesinado. Pero el caso está rodeado de pistas falsas y hay numerosos sospechosos, por lo que las dotes detectivescas de Miss Marple serán puestas a prueba.

El misterio en esta historia tiene muchos matices, y no caben dudas de que Poirot, el detective, descubre el desenlace antes que el lector. Una lectura para disfrutar y aguzar la inteligencia. 

Diez negritos

Es la novela más vendida de Agatha Christie, con 100 millones de ejemplares. 

El título trajo polémica en Francia, donde terminó llamándose “Eran diez”, por la connotación racista del término.

“Diez negritos” dio a su autora una fama excepcional y cuenta con numerosas adaptaciones teatrales y audiovisuales.

Diez personas sin relación alguna entre sí son reunidas en un misterioso islote de la costa inglesa por un tal Mr. Owen, propietario de una lujosa mansión a la par que perfecto desconocido para todos sus invitados. 

Tras la primera cena, y sin haber conocido aún a su anfitrión, los diez comensales son acusados mediante una grabación de haber cometido un crimen en el pasado.

Uno por uno, a partir de ese momento, son asesinados sin explicación.

“Diez negritos se fueron a cenar. Uno de ellos se asfixió y quedaron nueve. Nueve negritos trasnocharon mucho. Uno de ellos no se pudo despertar y quedaron ocho…”, reza la canción.

Asesinato en el Orient Express

Cuenta la leyenda que, siendo enfermera durante la Primera Guerra Mundial, una joven Agatha Christie leyó “El misterio del cuarto amarillo” y empezó a dar forma a Hércules Poirot, a quien haría debutar en 1920 con “El misterioso caso de Styles”.

Esa historia alcanzó la popularidad 14 años después, en 1934, con “Asesinato en el Orient Express”

En el libro, Poirot se enfrenta a uno de sus casos más complejos cuando Samuel E. Ratchett, un millonario que viaja en el tren en un camarote contiguo al del detective belga, muere asesinado en el amanecer. 

Doce cuchilladas y doce posibles sospechosos entre los cuales hay una altiva princesa rusa y una institutriz inglesa.

Imagen de portada: Gentileza de Entre Líneas

FUENTE: Entre Líneas – Cultura/Literatura/Aghata Christie/Misterio

Beatriz, la mujer que cautivó irremediablemente a Dante Alighieri y lo llevó al paraíso en su “Divina Comedia”.

“En medio del camino de la vida, errante me encontré por selva oscura, en que la recta vía era perdida”.

Así empieza la “Divina Comedia”, en un bosque oscuro y sobrenatural justo antes del amanecer del Viernes Santo de 1300.

Dante Alighieri, el gran poeta florentino del Medievo, no sólo es su autor sino ese personaje que nos cuenta que se siente solo y asustado en esa oscuridad.

Si deseas profundizar sobre los 2 artículos que se detallan a continuación, por favor clickea sobre ellos. Muchas gracias.

Pronto, a petición de una mujer llamada Beatriz, el fantasma del poeta romano Virgilio vendrá a mostrarle el infierno.

Y esa mujer llamada Beatriz tampoco es sólo un personaje en la que muchos consideran como una de las obras más sublimes de la literatura occidental.

Es el gran amor de la vida de Dante.

Beatrice guiando a Dante en escena del Paraíso de la Divina Comedia, de Dante Alighieri (1265-1321), miniatura veneciana, siglo XIV.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Beatrice guiando a Dante en escena del Paraíso de la Divina Comedia, de Dante Alighieri (1265-1321), miniatura veneciana, siglo XIV.

“Beatriz, guíame hacia el Paraíso, ya que Virgilio ya cumplió su misión”.

Le dice Dante más tarde, cuando la ve por primera vez, y cuenta que volvió a sentir la conocida “señal de la antigua llama”.

“Nuestro amor no es terrenal, porque este sentimiento es tan inmenso que no lo supera el amor de Dios por la humanidad”.

Esa llama

El amor que sintió Dante por su Beatriz era inmenso.

La describe como “una dama tan bendecida y tan hermosa”, cuya voz era “tierna, dulce y discreta”. Una voz de ángel, una música propia”.

Y fue su gran inspiración; su musa.

Lo curioso es que nunca estuvo realmente con ella.

Dante y Beatriz en el jardín, ese día en el que el poeta se enamoró perdidamente, en una ilustración de "Romance de vidas famosas" de Cassell, volumen 1 por Harold Wheeler.

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Dante y Beatriz en el jardín, ese día en el que el poeta se enamoró perdidamente, en una ilustración de “Romance de vidas famosas” de Cassell, volumen 1 por Harold Wheeler.

Es más, hay quienes hasta dudan de su existencia. No obstante, se le identifica ampliamente, aunque no universalmente, como Beatriz Portinari, proveniente de una familia noble florentina que residía cerca de la casa de Dante.

El poeta la vio por primera vez a la edad de 9 años -cuando ella tenía 8- en una reunión en el palacio del padre de Beatriz en Florencia. Ella tenía puesto un vestido carmesí y él quedó prendado, para siempre: “Desde ese momento en adelante, el amor gobierna mi alma”.

Desde esa ocasión, sólo se vieron un puñado de veces más.

Una de esas veces, nueve años después de la primera, quedó plasmada en sus escritos y luego inspiró obras de arte.

Tuvo lugar en una calle florentina por la que Beatriz iba caminando con otras dos mujeres. Ella lo saludó. Él se emocionó de tal manera que no pudo siquiera contestarle. Fin.

Henry Holiday (1839-1927), Dante y Beatriz en Florencia, 1882-4,

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

El famoso encuentro.

Pero Dante no necesitaba mucho más que una sonrisa para alimentar su amor, y lo que recibía le bastó para escribir una crónica de su relación llamada “La vita nuova” o “La nueva vida” (c. 1293).

En ella describe sus encuentros, elogia su belleza y bondad, habla de los acontecimientos en sus vidas y detalla la intensidad de sus sentimientos.

No pareció importarle que Beatriz se casara con uno de los hombres más influyentes de la ciudad, Simone de Bardi.

Pero sí lo devastó su fallecimiento, a los 24 años en 1290; una muerte que Dante presintió -según relata- en un sueño:

“Me pareció ver que poco a poco se enturbiaba el Sol, aparecían las estrellas y lloraban, que los pájaros caían volando por el aire y que la tierra temblaba.

Un hombre descolorido y macilento se me apareció y me dijo: ‘¿Qué haces? ¿No sabes la noticia? Ha muerto tu dama, que era tan hermosa'”.

En “La vida nueva”, a la noticia del fallecimiento, le siguen varios poemas sobre su dolor y, en el capítulo final, Dante se comprometió a no escribir nada más sobre Beatriz hasta poder escribir “sobre ella lo que no se ha escrito antes de ninguna mujer”.

Así lo hizo.

La siguiente vez que Beatriz aparece en sus escritos es en la magistral “Divina comedia”, en la que su amada es su intercesora en el infierno, su objetivo en el purgatorio y su guía en el paraíso.

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El purgatorio de “La divina comedia” ilustrado por Franz von Bayros.

No cabe duda de que fue un gran amor, pero sí cabe preguntarse qué habrá sentido su esposa Gemma Donati, la madre de varios de sus hijos, al leer sonatas como la siguiente, inspiradas por otra mujer:

Amor brilla en los ojos de mi amada, y se torna gentil cuando ella mira:

donde pasa, todo hombre a verla gira y a quien ve tiembla el alma enamorada.

Anochece si esconde su mirada, y por volverla a ver todo suspira:

ante ella la soberbia huye y la ira; bellas, honrad conmigo a mi adorada.

Feliz mil veces quien la ve y la siente; al nacerle el alma al punto empieza

todo humilde pensar, toda dulzura, y no sabe, al mirarla sonriente,

si en ella se excedió la naturaleza, o el milagro gentil tanta hermosura.

FUENTE: BBC NEWS MUNDO – Por Dalis Ventura. Cultura/Historia /Mujer/Investigación/Genios virtuosos/

3 libros de Mario Benedetti que todo el mundo debería leer.

A 101 años del nacimiento del escritor uruguayo, un popurrí para acercarse por primera vez a un escritor que marcó a varias generaciones de lectores. 

Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia nació el 14 septiembre de 1920 en Paso de los Toros, Tacuarembó (Uruguay), en una próspera familia de inmigrantes italianos.

Benedetti comenzó su carrera literaria publicando poesía, pero pronto se dedicó al cuento y a la novela. En sus relatos describió paisajes y situaciones realistas. Criticaba sobre todo la postura hipócrita de la clase media, a la que pertenecía su familia.   

FOTO: Entrelíneas

FOTO: Entrelíneas

Benedetti es un escritor que introdujo a la lectura a dos o tres generaciones de jóvenes, que hizo lectora a una parte de la sociedad que no consumía literatura y que perdura con algunas obras clásicas reconocidas hasta por sus detractores. 

Vivir adrede

Benedetti reflexiona sobre cuestiones tan apasionantes como la vida o el alma humana con la profundidad que sólo pueden lograr las palabras más sencillas.

Está dividido en tres partes: “Vivir”, “Adrede” y “Cachivaches” esta última conformada por aforismos donde el autor anota todos los pensamientos que no excedan la página.

El libro ideal para conocer al autor, entretenido, fácil de leer y muy inspirador.

Buzón de tiempo

Se trata de una antología de cuentos sencillos, donde el escritor uruguayo habla de la historia y de cómo se compone sobre los pequeños acontecimientos que nos ocurren en la vida cotidiana.

En este libro Benedetti habla con tono irónico y satírico de cuestiones como el amor, el reencuentro o la muerte. 

El desexilio y otras conjeturas

Benedetti escribió esta obra en 1984 y recoge algunos de sus ensayos más interesantes.

Un libro para explorar las reflexiones del autor sobre temas políticos, filosóficos y existenciales.

En esta obra, Benedetti muestra su nuevo perfil, con un carácter forjado durante el tiempo que pasó fuera de su patria.

Imagen de la portada: Gentileza Entre Líneas

FUENTE: Entrelíneas / Literatura/Genios virtuosos/Libros/América Latina.