Los conflictos políticos entre los generales aliados durante la Segunda Guerra Mundial.

Durante la Segunda Guerra Mundial entre los aliados existieron diferencias, conflictos y enfrentamientos que se plasmaron en expresiones que no siempre eran “políticamente correctas”.

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Las discrepancias son parte de la historia de la humanidad. Quizás podríamos afirmar que discrepar es una parte esencial de las relaciones humanas. Y cuando estas diferencias no se pueden reconciliar, comienzan los enfrentamientos que suelen iniciarse con un comentario despectivo o un insulto.

La forma y el lenguaje en el que se expresa ese disenso muchas veces revela las características del comentarista y la naturaleza del vínculo con el interlocutor. Son esos pequeños grandes detalles que hacen a la historia.

Durante la Segunda Guerra Mundial entre los aliados existieron diferencias, conflictos y enfrentamientos que se plasmaron en expresiones que no siempre eran “políticamente correctas”.

Winston Churchill era un maestro en el manejo del idioma y muy ingenioso en sus expresiones. Que dijese que, si Hitler invadía al infierno, él encontraría la forma de hacer referencias favorables al demonio… no nos sorprende, pero que dijese que Charles de Gaulle sería como Stalin de contar con doscientas divisiones, no parece un comentario benevolente hacia un aliado (lo de las divisiones venía al caso por aquella famosa pregunta del líder soviéticos: “¿Cuántas divisiones tiene el Papa?”). El mismo Churchill decía que los americanos “siempre han intentado hacer lo correcto, después de haber probado todo lo demás”.

El 17 de julio de 1945 tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, los líderes aliados se encuentran en la ciudad de Postdam

Menos aún se guardaba sus ideas sobre Stalin. “En Rusia un hombre es llamado reaccionario si se queja cuando le roban su propiedad y matan a su familia”.

También de él se hicieron comentarios hirientes. Clement Attlee decía que Winston era 50% genio, y 50% un idiota que se comportaba como un niño.

Quizás era una venganza por el comentario que el padre de Churchill, Randolph, había hecho sobre Attlee al llamarlo “vieja y pequeña marioneta” o como el mismo Winston había dicho de él: “Es un hombre modesto que tiene muchas razones para serlo”.

Obviamente, del otro lado del Atlántico las relaciones entre los distintos actores políticos, no eran más cordiales. Del presidente Roosevelt decían que era un camaleón, que dependía mucho de su esposa Eleanor y que hasta podía convertirse en caníbal para ganar un voto. 

Un senador republicano sostenía que Roosevelt era “el hombre que había hecho más creaciones desde el Génesis, aunque no había terminado ninguna”. El general George Patton no le tenía ninguna simpatía. Pero éste no era gentil ni con el presidente, ni con sus camaradas. Del mariscal Montgomery –el oficial de mayor graduación entre los británicos– decía que era “una ventosidad” porque no tomaba riesgos y al general norteamericano Omar Bradley le recriminaba que era un hombre “de gran mediocridad”.

Eisenhower también gozó de los comentarios malignos de Patton (se conocían desde que habían sido tenientes persiguiendo a Pancho Villa en México). “No sabe ni de hombres ni de guerras” …“nunca ejerció su misión de comandante” y que era “un tonto atado de pies y manos por los británicos”. 

Afirmaba que vacilaba y no era realista, además de burlarse de algunas expresiones idiomáticas que habían adoptado de los ingleses como decir “gasolina” en lugar de “nafta”. Este tipo de comentarios le trajo problemas con sus superiores y subordinados. Uno de ellos, el general Walter Bedell Smith, opinaba que la boca de Patton no obedecía las órdenes de su cerebro… no es raro entender de porque Patton murió en misteriosas circunstancias al terminar la guerra.

Eisenhower era un militar más políticamente correcto que Patton –no en vano llegó a ser presidente– pero coincidían en criticar a Montgomery diciendo que era solo un hombre pequeño, “tan pequeño por dentro como por fuera”.

Estaba tan cansado de sus intentos para atraer toda la atención sobre los logros ingleses, desmereciendo a lo hecho por los norteamericanos que Eisenhower dejó de hablarle “a un hombre que no puede decir la verdad”.

De todas formas, “Monty” siguió hostigando al general norteamericano, especialmente después de la sorpresa en las Ardenas, cuando el contrataque alemán costó miles de vidas de soldados norteamericanos porque (según Montgomery) Eisenhower no había seguido sus consejos.

Quizás la definición más devastadora que hicieran de Montgomery provino, cuándo no, de Winston Churchill: “En la derrota es invencible y en la victoria insoportable”.

Y aún así, con insultos e ironías, ganaron la guerra…

Imagen de portada: Winston Churchill | TELAM

FUENTE RESPONSABLE: Perfil. Argentina. Por Omar López Mato*Historiador, autor del sitio Historia Hoy y director de Olmo Ediciones. 2 de julio 2022.

Sociedad y Cultura/Segunda Guerra Mundial/Historia/Egos/Divergencias.

 

 

 

El sesgo sexista que empaña el debate sobre el acceso de la mujer al Trono del Crisantemo.

Una ventana a Japón

La pretensión de que el Trono del Crisantemo debe recaer siempre en hombres y transmitirse exclusivamente por línea masculina está en el origen del callejón sin salida al que se encamina la Casa Imperial. Una experta en la antigüedad japonesa que ha estudiado concienzudamente el tema de las emperatrices nos revela el sesgo sexista con el que se viene enfocando este complejo asunto.

Yoshie Akiko

Historiadora. Nacida en 1948, en 1971 se graduó en el Departamento de Historia de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad de Educación de Tokio. En 1979 terminó un máster en Humanidades en la Universidad Metropolitana de Tokio. Es profesora honoraria de la Universidad Teikyō, especializada en Historia Antigua de Japón. Entre sus obras figuran Jotei no kodai ōkenshi (Historia de la soberanía de las emperatrices en el Japón antiguo; Chikuma Shinsho), Tsukurareta Himiko (Himiko: la construcción de un personaje; Chikuma Gakugei Bunko), Kodai joseishi e no shōtai (Invitación a una historia de la mujer antigua; Yoshikawa Kōbunkan), Nihon kodai joteiron (La emperatriz en el Japón antiguo; Hanawa Shobō, Premio Kadokawa Gen´yoshi) y Suiko Tennō (La emperatriz Suiko; Minerva Shobō).

De ama de casa a investigadora

Cuando, a los 29 años, la historiadora Yoshie Akiko comenzó un posgrado con la intención de dedicarse de lleno al estudio de la historia de la mujer en la antigüedad, contaba ya con la experiencia de haberse dedicado antes a “sus labores” como ama de casa. Desde pequeña, se había sentido fascinada por las aventuras protagonizadas por el héroe Yamato Takeru y en la universidad se había graduado en historia, pero aun así nunca había soñado poder dedicarse exclusivamente a investigar.

 

Las oportunidades laborales para mujeres con grado de cuatro años eran todavía muy exiguas en aquella época y ella también experimentó lo que es graduarse y casarse sin haber encontrado antes trabajo. Tenía 23 años, uno menos de los 24 en que se situaba el promedio de edad de las mujeres al casarse por primera vez en la primera mitad de la década de 1970.

 

“Sabía que quería trabajar fuera de casa, pero los días se me iban pasando entre los trabajos domésticos y la crianza de los hijos. Los hijos lo son todo para una madre y alumbrarlos y criarlos como es debido son cosas importantísimas. Pero, al mismo tiempo, sentía que no era justo tener que renunciar por esa razón a la vida laboral y me propuse investigar el aspecto histórico de ese problema. Tenía ya un objetivo claro y comencé mi posgrado”.

El feminismo y el estudio de la historia de la mujer

A partir de los años 80, con el empuje del movimiento feminista, comenzaron a prosperar en los países occidentales los estudios sobre la historia de la mujer, que se centraban generalmente en la edad moderna. Para aquella época, existía ya en Japón una línea de investigación sobre la historia de la familia y del matrimonio, centrada en la edad antigua.

 

“Ya antes de la Segunda Guerra Mundial, la investigadora Takamure Itsue, que nunca formó parte del establishment académico, había señalado que en los periodos Nara y Heian (s. VIII-XII) existían formas muy especiales de matrimonio, como el kayoikon (sistema por el que la mujer permanece en su casa natal y recibe las visitas de su marido) o el tsumakata-kyojūkon (matrimonio de residencia uxorilocal, centrado en la casa de los padres de la esposa), y que la fórmula contemporánea en la que, normalmente, se entiende que la novia entra en la familia del novio (yomeirikon o matrimonio virilocal) solo se extendió en épocas posteriores. 

 

Takamure dedujo que cuando, como en aquella época, los niños se crían apegados a la madre y su familia, el vínculo familiar materno se hace mucho más fuerte y que, por lo tanto, la sociedad antigua no era tan enteramente machista como se pensaba, pues estas formas de matrimonio permitían a la mujer conservar una posición relativamente alta”.

 

“Pero tanto antes como después de la guerra, los hombres eran mayoría absoluta en el mundo académico japonés y las ideas de Takamure no obtuvieron demasiada aceptación. Solo fue en la década de 1980, con la expansión del movimiento feminista y la llegada a la universidad de un grupo más nutrido de investigadoras, cuando la historia de la mujer pasó a ocupar un lugar de importancia en el mundo académico japonés. Yo formé parte de aquel grupo”.

 

En sus investigaciones, Yoshie afrontó el tema de las funciones desempeñadas por la mujer en la política de la antigüedad japonesa, a nivel local (mura) y provincial (kuni). Para ello, estudió a fondo los libros históricos de la época (Kojiki, Nihon shoki, Shoku Nihongi), los códigos legales y otros libros importantes, como la colección de tradiciones y costumbre locales Fudoki o el poemario Man´yōshū.

 

“En los estudios sobre la historia de las formas de Estado o la evolución de la política, apenas es posible encontrar referencias a la mujer. Especialmente cuando nos remontamos a la edad antigua, la documentación histórica es muy limitada. Pero si hacemos una relectura adoptando un cierto enfoque temático, incluso de los documentos históricos mejor conocidos puede extraerse mucha información oculta sobre las actividades sociales de la mujer. 

 

Por ejemplo, tanto entre la población campesina como entre las grandes familias que dominaban las regiones encontramos lideresas y vemos también que las mujeres podían ser herederas del patrimonio familiar. Comienzan a revelarse muchos aspectos que habían pasado desapercibidos, o que no habían sido interpretados correctamente”.

 

Himiko y el liderazgo político femenino

Entrado el nuevo siglo, se multiplicaron en Japón las publicaciones sobre temas como el de las emperatrices y lideresas políticas locales en la antigüedad japonesa.

 

“Fruto de los estudios sobre la historia de la mujer, poco a poco hemos comenzado a tener una idea más clara sobre su situación en la antigüedad y, aunque todavía sean pocos, comprobamos que también entre los investigadores de sexo masculino estos resultados están siendo procesados y utilizados. 

 

Al mismo tiempo, ha aumentado también el interés de los medios de comunicación sobre cómo se entendía la sucesión al trono en el Japón antiguo, de la mano de un problema político tan acuciante como es el inminente callejón sin salida al que se llegará en la Casa Imperial si se persiste en la idea de que el sucesor deber ser siempre un hombre y, además, de la línea masculina”.

 

También desde aquella época, Yoshie estudia el tema de Himiko, la mítica reina del antiguo estado japonés de Yamatai.

 

“Sobre una base tan pequeña como la que ofrece el libro histórico chino conocido en japonés como Gishiwajinden (Relación del reino de Wa, incluido en la colección histórica de la dinastía Wei) han llegado a escribirse cientos, miles de estudios sobre Himiko y sobre la supuesta localización del estado de Yamatai. Sin embargo, sigue vigente la idea que de Himiko era una especie de sacerdotisa que nunca se mostraba en lugares públicos, y que todas las funciones políticas prácticas las desempeñaba su hermano menor. Y como se parte de la idea preconcebida de que la política es cosa de hombres, nadie muestra ninguna extrañeza al respecto”.

 

“Pero si leemos el Gishiwajinden desde la premisa de que es una narración hecha desde la perspectiva de China, país en el que imperaba una sociedad machista y patriarcal, y hacemos una relectura a conciencia, a la luz de los últimos descubrimientos realizados en campos como la arqueología o la historia de la mujer, se llega a la conclusión de que lo más probable es que Himiko ejerciera un liderazgo político y diplomático efectivo”, explica Yoshie.

 

“Por ejemplo, si Himiko no se dejó ver cuando llegó una embajada china, no fue porque fuera una sacerdotisa, sino porque era una reina. Hasta finales del siglo VII, cuando se erigió el palacio de Fujiwara diseñado al estilo chino y, por primera vez, se construyó en Japón un espacio para recibir en audiencia a los enviados oficiales llegados del extranjero, ninguno de los reyes del entones llamado reino de Yamato se dejaron ver en tales ocasiones”.

 

El análisis arqueológico de los restos hallados en los kofun (grandes túmulos funerarios de la nobleza) nos ha permitido saber que desde el inicio del periodo Yayoi hasta el inicio del periodo de los túmulos, en muchos lugares del archipiélago tanto hombres como mujeres ejercieron como líderes políticos locales, y que las segundas llegaron a representar entre el 30 % y el 50 % del total. Entre ellas, hay algunas entre cuyos ajuares funerarios se han encontrado armas. Himiko fue designada para encabezar una liga formada por algo más de una treintena de pequeños núcleos, muchos de los cuales cabe suponer que estaban regidos por mujeres.

 

La posibilidad que plantea Yoshie es que, en aquella sociedad en la que tanto hombres como mujeres tomaban parte activa en la política, Himiko fuera elegida reina y, gracias a una labor diplomática muy efectiva, consiguió el reconocimiento chino como reina del país de Wa.

 

La verdadera emperatriz Suiko

Entre finales del siglo VI y finales del siglo VIII, son seis las mujeres (Suiko, Kōgyoku o Saimei, Jitō, Genmei, Genshō y Kōken o Shōtoku) que ocuparon el trono de Japón, dos de ellas en dos ocasiones. Es, aproximadamente, el mismo número que el de los hombres que accedieron al trono en aquel periodo. 

 

Sin embargo, se ha sostenido insistentemente que en Japón la transmisión del trono ha sido siempre en miembros masculinos de la familia y por línea masculina, permitiéndose que ascendieran mujeres solo en situaciones excepcionales y con carácter transitorio.

 

La primera emperatriz de Japón, Suiko, fue hija del emperador Kinmei y de la noble Soga-no-Kitashi y permaneció en el trono 36 años, entre el 592 y el 628.

 

Impulsó un Estado sobre el eje del budismo, pero se ha entendido que el mérito real de su política corresponde a personajes como su tío Soga-no-Umako o su sobrino el príncipe Umayado, más conocido como Shōtoku Taishi o príncipe Shōtoku.

 

“Desde la época en que comienza a prepararse el libro histórico Nihon Shoki se va urdiendo la divinización del príncipe Shōtoku y muchas de las referencias que tenemos de Suiko aparecen dentro de esas leyendas hagiográficas, por lo que su verdadera imagen ha permanecido velada. Pero si nos quedamos solamente con los datos que podemos considerar más propiamente históricos, vemos que fue una lideresa que supo aprovechar la habilidad de los dos para sacar adelante la diplomacia del país”.

 

Al igual que ocurrió con la reina Himiko, que fue elevada a esa dignidad mediante el acuerdo entre diferentes entidades políticas, también en la época de la emperatriz Suiko ascendían al trono personas aprobadas como líderes por las familias más poderosas. Hasta llegar a valerse por sí mismos en el terreno de la política, se entendía que era necesario un cierto grado de experiencia, por lo que en casi todos los casos, tanto los hombres como las mujeres ascendían al trono a partir de los 40 años, de forma que existía una suerte de gerontocracia.

 

En el proceso de unificación del Estado, que se hizo a través de continuas y violentas disputas por el poder y en una época, además, en las que se estaban haciendo expediciones militares a la península de Corea, aquel que tenía más experiencia y liderazgo para conducir a los demás era el que accedía al trono. Por ejemplo, el padre de Suiko, el emperador Kinmei, accedió a los 31 años. Al entender que era una edad insuficiente y que no había adquirido la suficiente experiencia, se le ocurrió, en primer lugar, encargar el gobierno a alguien que sí cumplía esos requisitos: la esposa de Ankan, uno de los soberanos anteriores. Ankan y Kinmei eran hermanastros de padre. 

 

Pero ella declinó la propuesta, de modo que Kinmei se vio obligado a asumir el mando, tal como explica el Nihon shoki. Se trate de hechos estrictamente históricos o no, lo cierto es que se hizo constar que a los 31 años fue entronizado pese a ser todavía demasiado joven y esto revela que en aquella época la experiencia se valoraba mucho lo mismo en los hombres que en las mujeres.

 

Cuando la emperatriz Suiko llegó al trono, tenía 39 años. En ese momento, el príncipe Umayado solo contaba 20. No es razonable pensar que, en aquella época “gerontocrática” Umayado llevara las riendas del gobierno sustituyendo a Suiko, que era mucho más madura. Y esto nos lleva a repensar la relación que pudo tener Suiko con su tío Umako.

 

“Aun siendo tío y sobrina, solo se llevaban dos años. No es que Suiko hubiera ocupado el trono nominalmente, empujada por su tío, ni que hubiera sido guiada por él. Se habían criado juntos en la casa materna de los Soga, se conocían desde niños y es razonable pensar que los dos compartían ciertos valores, pues coincidían en pensar que el incipiente Estado debía conducirse según los principios del budismo”.

 

El Japón antiguo, una sociedad ambilineal

En otros tiempos, en el estudio de la historia solo se consideraban dos líneas hereditarias: la paterna y la materna. 

 

Pero hoy en día, a partir de los resultados obtenidos en estudios arqueológicos, se está extendiendo en círculos académicos la idea de que la sociedad antigua japonesa no era estrictamente patrilineal ni matrilineal, sino ambilineal. Yoshie piensa que, a la hora de decidir la sucesión en la familia real y en el resto de los linajes más poderosos del país, ambas líneas eran tenidas muy en cuenta, y que los hijos de los emperadores podían dar origen a líneas de sucesión independientemente de su sexo.

 

“A finales del siglo VII, cuando se instauró en Japón una forma de Estado inspirada en el de China, se estableció por primera vez el principio oficial de transmisión patrilineal. Yo creo que aproximadamente hasta el siglo VIII tanto entre los soberanos como entre toda la clase dominante en la práctica seguía vigente la transmisión ambilineal”.

 

Yoshie comenta además que la familia real de los siglos VI y VII, para remarcar su carácter de monarquía hereditaria, fomentó los matrimonios entre consanguíneos dentro de unas relaciones de parentesco ambilineales. Casi todos los soberanos de ambos sexos de esta época tenían familiares que les habían precedido en el cargo en ambas alas familiares.

 

Sin embargo, el Nihon shoki, elaborado a principios del siglo VIII, describe la sucesión al trono en Japón como exclusivamente patrilineal, dejándose llevar por los esquemas de los libros de historia de China, país en el que la sucesión era invariablemente por línea masculina.

 

“Por ejemplo, el Nihon shoki se limita a decir que el príncipe Shōtoku es hijo del emperador Yōmei. Pero sabemos que también tenía sangre real por el lado materno, pues su madre era hija del emperador Kinmei. Si leemos otro libro de la época, el Tenjukokushūchō, que recoge el linaje familiar del príncipe, veremos que se concedía igual importancia a ambos lados”, explica la experta.

 

“El emperador Jomei, que fue padre de los emperadores Tenji y Tenmu, de la segunda mitad del siglo VII, murió cuando ambos eran todavía jóvenes, así que fue la madre de estos la que lo sucedió en el trono bajo el nombre de Kōgyoku. Durante algún tiempo abandonó el trono, pero pronto volvió porque tenía capacidad. Lo hizo bajo un nuevo nombre: emperatriz Saimei. Es de suponer que Saimei sirvió como modelo de estadista a sus dos hijos que ascenderían al trono. 

 

Puede decirse, con toda razón, que Tenji y Tenmu heredaron el trono, más bien por la línea materna que por la paterna. Por cierto, tanto Kōgyoku como su esposo Jomei descendían de Kinmei tanto por lado materno como por el paterno”.

 

La sucesión masculina y por línea masculina, un sistema nuevo

Yoshie señala que la idea de que la sucesión al trono debe ser en la persona de miembros masculinos de la familia y siempre por línea masculina se instauró en Japón en el periodo Meiji, cuando se estableció un nuevo modelo de Estado moderno centrado en el Emperador.

 

“La sucesión al trono, que hasta entonces se había regido consuetudinariamente, pasó a regirse por la Constitución Imperial de Japón y por la Ley de la Casa Imperial. Los debates fueron muy complejos hasta el último momento, pero finalmente se estableció que no se aceptarían mujeres en el trono, y que la línea sucesoria iría siempre de padre a hijo”.

 

“Al contemplar la historia bajo el prisma del nuevo sistema, aquellas seis emperatrices de la antigüedad que ocuparon el trono en ocho ocasiones resultan personajes muy incómodos. También en el periódico Edo, anterior a Meiji, hubo dos emperatrices. De estas dos puede decirse que, seguramente, ascendieron al trono solo interinamente. De ahí nació la teoría de que la entronización de mujeres había sido siempre una medida interina. 

 

La teoría fue rápidamente aceptada y considerada la única correcta en círculos académicos en los años sesenta. Se está rebatiendo esta idea desde finales de los años noventa, pero todavía no se ha conseguido desterrarla”, apunta Yoshie.

 

“Tras la guerra, el sistema familiar tradicional patriarcal de Japón (ie seido) fue abolido y se instauraron los principios de soberanía popular e igualdad entre los sexos. Las reformas afectaron también a la propia institución imperial, pasando a ser el Emperador símbolo de la unidad del pueblo. 

Pese a todo ello, en la sociedad japonesa persiste un pensamiento machista y sigue vigente un sistema de sucesión al trono, pensado para una época en que el Emperador era soberano”.

 

Yoshie concluye que el problema es que no existe todavía una conciencia generalizada sobre el hecho de que el modelo de sucesión al trono vigente en Japón es una creación del periodo Meiji.

 

“Seguramente, son muchos los que siguen convencidos de que no debemos cambiar una tradición de siglos, según la cual siempre han heredado el trono los hombres, y lo han hecho por línea masculina. Tenemos que desprendernos de ese malentendido, revisar nuestra tradición y entre toda la ciudadanía, repensar todas estas cuestiones que afectan al Emperador como símbolo y a la Casa Imperial dentro de la actual Constitución”, concluye.

 

Imagen de portada: Retrato de la emperatriz Suiko (detalle), del pintor Tosa Mitsuyoshi (Mitsufusa). (Cortesía del Mausoleo del Príncipe Shōtoku, templo de Eifukuji.

FUENTE RESPONSABLE: nippon.com Por Itakura Kimie. 23 de junio 2022

Japón/Historia/Emperatriz/Sucesión imperial

 

El extraordinario hallazgo del barco hundido que se ha encontrado a mayor profundidad en el océano.

Un equipo logró localizar los restos hundidos de un destructor de la marina de EE.UU. impactado por el ejercito japonés durante la Segunda Guerra Mundial.

El naufragio es considerado el de mayor profundidad que se haya encontrado hasta el momento.

El USS Samuel B Roberts se hundió durante la batalla de Samar en el mar de Filipinas en octubre de 1944. Está localizado a 6.895 metros bajo la superficie.

El financista y aventurero de Texas Victor Vescovo usó su propio sumergible de profundidades para descubrir al «Sammy B» golpeado, pero en su mayoría intacto.

La nave es famosa por su heróica última resistencia ante los japoneses.

Un ‘heroíco’ defensor

Superado en números y en armas, el USS Samuel B Roberts logró contener y frustrar varios barcos enemigos antes de hundirse.

De la tripulación de 224 hombres, 89 perdieron la vida. Los 120 restantes sobrevivieron aferrados a botes salvavidas durante más de 50 horas.

Vescovo, un reservista de la marina en esa época, dijo que había sido un honor extraordinario haber localizado la nave y, al haberlo hecho, tener la oportunidad de volver a contar su historia de heroísmo y de deber.

«Nos gusta decir que el acero no miente y que los restos de estas naves son los últimos testigos de estas batallas que lucharon», le dijo a BBC News.

El USS Samuel B Robert antes de hundirse

FUENTE DE LA IMAGEN – US NAVY. El USS Samuel B Robert se enfrentó contra rivales mucho más grandes que él.

«El Sammy B se enfrentó con cruceros pesados japoneses a quemarropa y disparó tan rápido que acabó sus municiones: llegó al punto de disparar granadas de humo y bengalas solo para intentar iniciar incendios en los barcos japoneses y siguió disparando. Fue un acto de extraordinario heroísmo. Esos hombres, a lado y lado, estaban luchando hasta la muerte».

‘Cicatrices de guerra’

En las imágenes capturadas por el submarino, conocido como Limiting Factor, es posible ver la estructura del casco, las armas y los tubos para torpedos.

El Sammy B tiene agujeros de balas japonesas y hay evidencia de un impacto masivo en la parte de la popa.

Vista frontal del barco

FUENTE DE LA IMAGEN – CALADAN OCEANIC/EYOS EXPEDITIONS. El equipo tuvo que hacer mucha investigación previa del área antes de encontrar la nave.

Por su corrugada apariencia, pareciera que fue la proa de la nave la que impactó directamente con el lecho marino.

Para darle un sentido a la profundidad del sitio donde yace el bote, hay que entender que el 98% de los lechos de los océanos tienen menos de 6.000 metros de profundidad. Solo unos cuantos sitios en las grandes trincheras tectónicas alcanzan profundidades mayores a los 6.000 metros.

La batalla de Samar, parte de la batalla del golfo de Leyte, fue un acontecimiento feroz. El intenso combate finalmente dio como resultado el repliegue de las fuerzas imperiales japonesas.

Se perdieron varias naves en las profundidades.

El año pasado, Vescovo logró encontrar el destructor USS Johnston a una profundidad de 6.460 metros.

Otros naufragios

Imágen de sonar

FUENTE DE LA IMAGEN – CALADAN OCEANIC/EYOS EXPEDITIONS. Así se vio el USS Samuel B Roberts en las primeras imágenes de sonar.

Es posible que haya otros a mayores profundidades que el Sammy B o el Johnston.

«Hay otros dos botes estadounidenses sin encontrar: el USS Gambier Bay (portaaviones de escolta) y el USS Hoel (destructor)», dice Kelvin Murray de EYOS, la compañía que organizó y lideró la expedición de Vescovo.

«Tenemos registros históricos indicando lugares en los que podrían haberse hundido. Echamos un vistazo buscando el Gambier Bay, pero este trabajo de detective y todo este tipo de operaciones de profundidad jamás se han hecho antes. No quiero usar la frase ‘aguja en un pajar’ porque hay mucha investigación detrás buscando reducir el tamaño del pajar. Pero sí hay una cierta cantidad de suerte en todo esto.»

Foto acuática de tubos de torpedos

FUENTE DE LA IMAGEN – CALADAN OCEANIC/EYOS EXPEDITIONS. El USS Samuel B Roberts tenía tres tubos para torpedos.

Vescovo fue la primera persona en visitar los puntos más profundos de los cinco océanos del planeta.

También escaló los picos más altos en los siete continentes; y recientemente fue al espacio en el New Shepard, el cohete y sistema de cápsula desarrollado por el fundador de Amazon Jeff Bezos.

Imagen de portada:El Sammy B porta las cicatrices de una cruenta batalla.

FUENTE RESPONSABLE: Jonathan Amos; Corresponsal de Ciencia de la BBC. 26 de junio 2022

Sociedad y Cultura/Historia/Ciencia

 

 

15 esculturas que se deberían ver una vez en la vida.

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Auguste Rodin, padre de la escultura moderna. Miguel Ángel Buonarroti, el genio del Renacimiento. Gian Lorenzo Bernini, el creador del estilo escultórico barroco. Son tres de los artistas que nos han legado algunas de las esculturas más increíbles del mundo. Las recorremos, junto con muchas otras, en este artículo.  ​

1. Esculturas de Miguel Ángel: el David/la Piedad/el Moisés

No podemos hablar de esculturas que hay que ver una vez en la vida sin mencionar a uno de los escultores, pintores y arquitectos más célebres de Italia. Hablamos de Miguel Ángel Buonarroti (Michelangelo), una de las grandes figuras del Renacimiento italiano. De este artista podemos destacar tres obras que, sí o sí, hay que ver una vez en la vida:

David

Famosa donde las haya, esta escultura está hecha en mármol blanco y mide la friolera de 5,17 metros de altura. Su peso es de, nada más y nada menos, que 5.572 kilos. Fue un encargo de las Opera del Duomo de la catedral de Santa María de Fiore, realizada entre 1501 y 1504. Hoy en día podemos admirarla en la Galería de la Academia de Florencia, aunque hay una réplica a la entrada.

Réplica del ‘David’ de Miguel Ángel en la entrada de la Galería Uffizi, Florencia. | VittoriaChe / ISTOCK

La Piedad

Otra de las esculturas de este flamante artista realizada entre 1498 y 1499 sobre mármol. La podemos admirar en la Basílica de San Pedro en la Ciudad del Vaticano y tiene una peculiaridad: es una obra de bulto redondo, lo que nos permite que se pueda ver desde todos los ángulos, aunque el punto de vista preferente siempre es el frontal.

Just_Super / ISTOCK

El Moisés

Se encuentra en San Pietro in Víncoli, en Roma. Es una escultura centrada en la figura bíblica de Moisés y realizada sobre mármol blanco. Fue encargada en 1505 y realizada entre 1513 y 1536.

ISTOCK

2. La esfinge de Giza

Nos vamos hasta Egipto, concretamente hasta Guiza (a unos veinte kilómetros al suroeste del centro de El Cairo), para admirar una de las esculturas monumentales más famosas de todo el planeta.

Esfinge de Giza. | ocipalla / ISTOCK

Se estima que esta famosa esfinge, según los egiptólogos, fue esculpida entorno al siglo XXVI antes de Cristo, formando parte del complejo funerario del rey, durante la dinastía IV de Egipto.

3. El Cristo Redentor

Esta gran escultura, que acaba de celebrar su 90 aniversario con una restauración para darle un mejor aspecto, está situada en Río de Janeiro, Brasil. Es de estilo art déco y representa a Jesús de Nazaret.

dislentev / ISTOCK

Tiene una altura de, nada más y nada menos, 38 metros sobre un pedestal de 8 metros y es la tercera estatua de Jesús de Nazaret más grande de todo el mundo. Fue construida por los arquitectos Paul Landowski, Gheorghe Leonida, Heitor da Silva Costa y Albert Caquot.

4. Los guerreros de Shihan

En este caso no hablamos de una sola escultura, sino de una colección de más de 8.000 soldados diseñados a escala industrial hace 2.200 años para defender al primer emperador de China de la Dinastía Qin en el más allá.

Museo de los Guerreros de Terracota y Caballos de Qin Shihuang Www.bmj.com.cn Xi»an, China Más de 8000 figuras de guerreros y caballos de terracota descubiertas en 1974 es lo que se puede ver en el interior de este museo. | 

Es un tipo de arte funerario enterrado en una formación de batalla compuesta por tres fosas de entre cuatro y ocho metros de profundidad, situadas a kilómetro y medio al este de la tumba del emperador.

5. Esculturas de Rodin: Los burgueses de Calais/El pensador/El Beso

Auguste Rodin es otro de los escultores más célebres de todos los tiempos, por eso no podemos quedarnos solo con una de sus piezas. Fue un escultor francés, considerado el padre de la escultura moderna y cuya importancia en la historia se debe a la ruptura con el canon académico que imperaba en el siglo XIX en Francia.

Los Burgueses de Calais

Es una de las esculturas más famosas de Auguste Rodin, un conjunto escultórico que representa a los seis burgueses que, en 1347, al inicio de la Guerra de los Cien Años, se ofrecieron a dar sus vidas para salvar a los habitantes de la ciudad de Calais, en Francia. Esta escultura la podemos encontrar en el jardín de esculturas del Museo Rodin.

‘Los burgueses de Calais’ de Rodin. | TonyBaggett / ISTOCK

El Pensador

Esta pieza es otra de las más famosas del artista. El escultor concibió esta escultura entre 1881 y 1882 para decorar el tímpano del conjunto escultórico ‘La Puerta del Infierno’, encargado en 1880 por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes de Francia. En un principio, de hecho, el nombre que se le dio no fue el El Pensador, sino El Poeta. La podemos disfrutar en el Museo Rodin, en París.

‘El Pensador’ de Rodin.  | davidf / ISTOCK

El Beso

Es, sin duda, una de las obras cumbres de este escultor. Inspirada en el infierno del poeta italiano Dante Alighieri, está considerada como la escultura que contribuyó a la afirmación de Rodin como un artista reconocido. El beso representa a Paolo malatesta y Francesa da Rimini, dos personajes históricos marcados por la tragedia de Dante. La podemos disfrutar en el Museo Soumaya, en Ciudad de México.

‘El beso’ de Rodin. | Tylwith Eldar

6. La Venus de Milo

Es conocida como Venus de Milo, pero también como la Afrodita de Milo. Fue esculpida por Alejandro de Antioquía y es una de las estatuas más representativas del periodo helenístico de la escultura griega. No solo eso, pues también es una de las más famosas esculturas de la antigua Grecia. Fue creada en algún momento entre los años 130 a. C. y 100 a.C. Se cree que representa a Afrodita, diosa del amor y la belleza. La encontramos en el Museo del Louvre, en París.

Venus de Milo. | Gary Todd/Wikicommons

7. La Victoria alada de Samotracia

Esta pieza, realizada en mármol blanco y con 2,75 metros de altura que alberga el museo del Louvre, es también conocida como Niké de Samotracia. Es una escultura perteneciente a la escuela rodia del periodo helenístico y representa a Niké, la diosa de la victoria.

Una imponente escultura de mármol de 2,45 metros, que fue esculpida hacia el año 190 antes de Cristo y que está considerada una de las más espectaculares y acabadas muestras del arte helenístico. | Marie-Lan Nguyen

Esta escultura fue descubierta en 1863 en la isla de Samotracia por el cónsul francés Charles Champoiseau, un aficionado arqueólogo. Su autoría es desconocida.

8. El Éxtasis de Santa Teresa de Bernini

Gian Lorenzo Bernini era el artista total: escultor, arquitecto y pintor, llenó Roma de obras increíbles, como la iglesia de Sant’Andrea en el Quirinal o el famoso baldaquino de San Pedro en la basílica del Vaticano.

Escultura ‘Éxtasis de Santa Teresa’ de Bernini en Santa Maria della Vittoria en Roma.  | Anna_Pakutina / ISTOCK

En esta ocasión nos centramos en su faceta como escultor y en su fascinante ‘Éxtasis de Santa Teresa’, realizado en mármol blanco y que se puede admirar en la capilla Cornaro de la iglesia de Santa Maria della Vittoria de Roma. Realizada entre 1647 y 1652, refleja el momento en que un ángel le retira el dardo de oro que le había clavado a la monja carmelita en el corazón, una mezcla de dolor y placer que Bernini clavó en la cara de su escultura.

9. El discóbolo de Mirón

El escultor griego Mirón se hizo famoso a mediados del siglo V a. C., sobre todo por su gran representación del cuerpo humano en movimiento, como da fe su conocido Discóbolo.

Una de las reproducciones del ‘Discóbolo’ de Mirón. | habari1 / ISTOCK

Por desgracia, no se ha conservado el original de este lanzador de disco, pero sí muchas copias que los romanos hicieron de él. Una de las más conocidas es el Discobolus Lancellotti, ya que fue la primera copia que se descubrió, en 1781. Actualmente se puede ver en el Palazzo Massimo del Museo Nazionale Romano.

10. La sirenita de Eriksen

Diseñada por Edvard Eriksen, La Sirenita es el símbolo de Copenhague. Situada en el muelle Langelinie de la bahía del puerto de la capital danesa desde 1913, su escultor quiso hacer un homenaje al famoso cuento que Andersen escribió en 1837.

La Sirenita de Copenhague, Dinamarca.  | Remus Kotsell / ISTOCK

Para ello, tomó como modelo el rostro de la bailarina danesa Ellen Price, que había estrenado un ballet basado en el cuento. Sin embargo, como la bailarina se negó a posar desnuda para él, finalmente usó el cuerpo de su esposa como modelo.

11. La estatua de la libertad

El regalo más famoso de Francia a los Estados Unidos es sin duda uno de los símbolos de la ciudad de Nueva York. Inaugurada en 1886 en la Isla de la Libertad (solo se puede acceder a ella en barco desde Low Manhattan), desde la parte inferior del pedestal mide 46 metros y está realizada en cobre.

Estatua de la Libertad, con Nueva York al fondo.  | mshch / ISTOCK

Una curiosidad es que Gustave Eiffel diseñó la estructura interior de la estatua entre 1879 y 1883. El escultor del monumento, Frédéric Auguste Bartholdi, modeló el rostro de esta dama de la libertad inspirándose en la cara de su propia madre.

12. Estatua ecuestre de Gengis Kan

Situada a unos 50 kilómetros de Ulán Bator, la capital de Mongolia, la imagen del famoso guerrero y conquistador mongol a caballo es la estatua ecuestre más alta del mundo.

Escultura ecuestre de Genghis Khan. | saiko3p / ISTOCK

Realizada en acero inoxidable, mide 40 metros. Los visitantes pueden subir en ascensor por el interior de la estatua, las vistas desde la cabeza del caballo son increíbles, con una gran panorámica de la estepa.

13. La fuerza de la naturaleza

Inspirado en el destrozo causado por los huracanes en varias partes del mundo, el escultor Lorenzo Quinn inició su serie de esculturas titulada ‘Fuerza de la naturaleza’, que se pueden admirar en varias ciudades, como Shanghái, Nueva York , Doha y Londres.

Escultura ‘Fuerza de la naturaleza’ en Doha. | Dominique BERBAIN / GETTY

Hechas en bronce, acero inoxidable y aluminio, las esculturas representan a la madre naturaleza lanzando círculos sobre el planeta tierra. 

14. Escultura de Lincoln en Washington D. C.

100 años cumple este 2022 el famoso Monumento a Lincoln, situado en el extremo occidental del National Mall de Washington D. C.

Lincoln Memorial en Washington DC. | Stephen Emlund / ISTOCK

El templo dedicado al decimosexto presidente de Estados Unidos incluye la famosa estatua de Lincoln tallada por los hermanos Piccirilli. Pesa 170 toneladas, mide más de 15 metros (incluido el pedestal) y está compuesta por 28 bloques de mármol blanco. Se puede visitar los 365 días del año las 24 horas.

15. Gran Buda de Leshan

Es la estatua esculpida en piedra de Buda más alta del mundo, con 71 metros de altura. El Gran Buda de Leshan, así como el monte en el que se encuentra ubicada, son Patrimonio de la Humanidad.

Gran Buda de Leshan, China.  | luxiangjian4711 / ISTOCK

El bello paisaje del monte Emei, en la provincia china de Sichuan, en el suroeste de China, fue el lugar donde se edificó en el siglo I el primer templo budista del país. Con el paso de los siglos se convirtió en uno de los sitios más sagrados del budismo y fue acumulando nuevos tesoros culturales, entre ellos, la estatua del Gran Buda, esculpida en el siglo VIII.

Bellas, históricas, famosas y poco conocidas: hemos realizado un recorrido por todas las esculturas que, al menos, debemos ver una vez en la vida.

Imagen de portada: JMN/GETTY

FUENTE RESPONSABLE: Viajeros. Por Álvaro Martínez Fernández y María Escribano. 24 de junio 2022.

Sociedad y Cultura/Historia/Arte/Esculturas.

 

 

 

La vejez en la Antigua Roma. Parte 1/2

Como proceso biológico, la vejez es el resultado de un inevitable deterioro orgánico que comienza hacia los 25 años y que en la ancianidad avanza de forma acelerada, provocando desgaste musculo-esquelético, cardiovascular, endocrinológico y cerebral, al tiempo que se alteran ciertas características físicas: pérdida de elasticidad de la piel, tiempos de reacción más prolongados, menor agudeza visual, etc.

Todos los seres vivos nacen, envejecen y mueren. Los seres humanos somos, sin embargo, los únicos que dotan de significados particulares al proceso de envejecer, dividiendo el ciclo vital en diversas etapas con características propias.

La última etapa del ciclo vital, la más cercana a la muerte, la senectud, causa en el ser humano miedo, rechazo e incertidumbre.

LA VEJEZ EN LA ANTIGUA ROMA

El Imperio romano estaba formado por una enorme mezcla humana y cultural resultante de las conquistas que se suceden a partir del siglo II a. C. y que da a la latinidad un carácter cosmopolita desconocido hasta entonces. El mundo romano es el primer crisol de la historia, sobre todo durante el período imperial: emperadores españoles, africanos o pavonianos, rodeados de senadores galos, de esclavos y libertos griegos, coincidían en el culto a las divinidades egipcias y asiáticas.

Las posibilidades de llegar a la vejez en Roma probablemente fuesen menores que en la actualidad. Tim Parkin ha calculado que el 6-8% de la población romana alcanzaría la vejez, lo que en época imperial arroja una cifra de 5-12 millones de senes y betuleas (ancianos y ancianas). 

Según las estadísticas del mundo romano, que, por supuesto, no son las estadísticas modernas, pero su valor puede ser indicativo,  se puede deducir que:

-Existía un mayor número de ancianos entre los hombres que entre las mujeres. La razón principal son los partos. Los viejos de Roma andan faltos de mujeres de su edad; son escasas las parejas de ancianos que envejecen juntos. El anciano debe resignarse a un prudente y provechoso retiro solitario, si tiene medios para ello, o una nueva vida conyugal agitada con una esposa demasiado joven que le engañará con sus amantes. Una buena parte de la comedia latina se basa en este tema.

-Existe una desproporción de una región a otra, de manera que rebasan los sesenta años un 7,5% en la ciudad de Roma y un 38% en África. Lo que rebela una mayor mortalidad en las regiones muy urbanizadas y en las grandes ciudades que en el campo.

La existencia de períodos prolongados de paz propiciaría que una mayor parte de los varones romanos alcanzase la vejez. Es precisamente a partir de época tardorrepublicana, cuando los escritores comienzan a hablar de las bondades de la ancianidad, de la necesidad de vivir una buena vejez y de las cosas que son buenas para los jóvenes y las que lo son para los viejos, diferenciando entre dos masculinidades: la de la adultez, caracterizada por la fuerza física y el vigor sexual, y la de la vejez, definida por la templanza y la sabiduría.

LA POTESTAS DEL PATER FAMILIAS:

El derecho romano concedía una autoridad muy particular a los ancianos a través de la figura del pater familias. El pater familias es el jefe absoluto. Al no estar él mismo sometido a nadie, ejerce derechos desorbitados sobre los miembros de la familia:

-la domenica potestas sobres los esclavos

-el mancipium sobre los alieni juri agregados a la familia mediante mancipación

-patria potestas sobre los niños

-el manus sobre la esposa.

Su autoridad no tiene límites:

-puede reclamar por justicia a los alieni juris fugados

-puede vender a sus hijos en el extranjero como esclavos o en Roma a otro pater

-puede echarlos de la familia.

-puede abandonar a los recién nacidos

Esta potestad sólo desaparece a la muerte del padre. Abarca a la esposa, los hijos y los nietos. El padre representa totalmente a la familia.

Estos enormes poderes del jefe de la familia durante la República explican el papel esencial de los ancianos en la sociedad. 

Los conflictos generacionales, presentes en todas sociedad, están aquí exacerbados por la situación que los hijos conservan hasta la muerte de su padre. Está claro que esta situación engendró verdaderos odios hacia los ancianos que no acababan de morir. Finalmente, durante el Bajo Imperio, la potestad paterna pierde su carácter público y se convierte en algo exclusivamente familiar.

EL ANCIANO EN LA LITERATURA LATINA: LA SÁTIRA SOCIAL 

La escasez y el silencio de los documentos nos obligan a ir a la literatura para ver cómo vive en anciano romano.

PLAUTO escribía comedias de estilo griego. Él nos habla de una tema muy del agrado del público: del anciano detestable, tiránico y lascivo, ridiculizado y engañado por los que le rodea.

«¿No crees que deberías de dejar de hacer semejantes calaveradas, con la edad que tienes? Cada edad, como cada estación, tiene sus ocupaciones adecuadas. Pues si se les permite a los ancianos ir detrás de las muchachas en la última etapa de su vida ¿que será de la República?»

HORACIO es menos desagradable con los ancianos, sin llegar por ello a halagarlos. Los considera avaros, timoratos y chochos. De forma plástica y literaria en su Ars poética muestra una imagen fatalista de la vejez y considera que no es ni una etapa dorada de la vida ni el momento culminante de felicidad personal. Considera que la muerte es inevitable y ante ella no deben adoptarse actitudes de resignación.

« El anciano está expuestos a innumerables males; amontona su dinero y luego, ¡oh piedad!, lo deja a un lado y no se atreve a usarlo, administra sus asuntos con timidez y lentitud, los aplaza para el día siguiente, tiene pocas esperanzas, poca actividad, querría ser dueño del futuro. Es difícil para la convivencia, gruñón, elogia el tiempo en que era niño, no cesa de criticar y reprender a los jóvenes. Los años traen consigo muchas ventajas, que nos quitan cuando estamos de vuelta»

SÉNECA tiene una opinión más equilibrada de la vejez. Si se convierte en algo penoso, no hay que dudar en suicidarse. Pero no siempre se ve obligado el anciano a esta salida. Las cartas a Lucilio nos muestra lo esencial de su pensamiento sobre este tema. Cuando las escribe, Séneca tiene sesenta y cuatro año y es un hombre desengañado.

«Hay que querer a la vejez, pues está llena de satisfacciones cuando se sabe utilizarla…La edad avanzada, que aún no ha llegado el estado de decrepitud, es muy agradable, y creo incluso que, el que ha llegado a conseguirla, tiene sus placeres; al menos tiene el placer de no necesitar ya placer alguno» (carta XII). «Conviene no permanecer ocioso; hay que trabajar para la posteridad» (carta VIII) «y continuar estudiando:Un hombre, por viejo que sea, tiene siempre algo que aprender» (carta LXXXVI). «Sobre todo, no hay que abandonarse, descuidar la apariencia física y la ropa, si uno quiere conservar a sus amigos.»

CICERÓN

Cicerón, en su obra Caton “Maior de senectute”, presenta una imagen positiva de la vejez. Hoy día, sería considerado un libro de autoayuda. Es un tratado de «gerogogía», como debería llamarse al arte de aprender a envejecer. Cicerón pone en boca de Catón muchos argumentos que proceden de la tradición griega, especialmente de Platón. Catón confiesa a sus jóvenes oyentes que algunos placeres ya no se pueden obtener, pero la naturaleza sabiamente quita el deseo de tenerlos. La culpa de que la vejez sea ingrata no está en ella misma sino en las costumbres. Pues aquellos viejos que han cultivado la virtud a lo largo de su vida, que son moderados y no exigentes, que han tenido una vida «bien llevada» no debieran tener quejas ni mayores penas.

Cicerón no oculta que es obvio que abundan las enfermedades. “Mas éstas ¿no son también propias de los jóvenes? ¿Es que alguien está libre de la debilidad y la dolencia?», pero agrega que: «Es preciso llevar un control de la salud, hay que practicar ejercicios moderados, hay que tomar la cantidad de comida y bebida conveniente para reponer las fuerzas, no para ahogarlas. Y no sólo hay que ayudar al cuerpo, sino mucho más a la mente y al espíritu. Pues también estos se extinguen con la vejez, a menos que les vayas echando aceite como a una lamparilla». Estos pasajes son recomendaciones dietéticas, en el sentido de una forma de vida acorde con la edad. 

Hay que hacer notar que Catón agrega, a continuación, que la vejez «es honorable si ella misma se defiende, si mantiene su derecho, si no es dependiente de nadie y si gobierna a los suyos hasta el último aliento».

La última razón para deplorar la vejez, la proximidad de la muerte, es analizada en “De Senectute” de Cicerón en un registro que ya se ha convertido en tópico. «Si no vamos a ser inmortales, es deseable, por lo menos, que el hombre deje de existir a su debido tiempo. Pues la naturaleza tiene un límite para la vida, como para todas las demás cosas».

La literatura romana insiste además en la capacidad de los senes de enseñar a las generaciones venideras gracias a los conocimientos acumulados a lo largo de la vida, convirtiéndolos así en personas imprescindibles para el correcto funcionamiento cívico, tanto en lo que respecta a los asuntos políticos como a los económicos. Mostrar capacidad de interactuar socialmente, y hacerlo además en movimiento, se percibía como símbolo de una buena vejez, contraria al aislamiento de quienes habían quedado confinados al lecho y por lo tanto no eran capaces de cumplir con sus responsabilidades sociales 

En el ámbito familiar, se consideraba un logro personal reunir a una amplia familia que sintiera admiración por el senes o la vetula.

Mantenía su autoridad, el mando sobre los suyos. Le temían sus siervos, le respetaban sus hijos, pero todos le querían. En su casa estaban vigentes las costumbres patrias y la disciplina.

Igualmente son alabados los hombres que en la vejez seguían ostentando puestos políticos y contribuyendo al correcto funcionamiento del Estado.  Ejercer dicho dominio con dureza los alejaba también de la acusación de delicadeza, atributo característico de las mujeres y los ancianos androgenizados .

Imagen de portada: Gentileza de Esperanza Varo

FUENTE RESPONSABLE: Gladiatrix en la Arena.Blog personal sobre la vida y la cultura del Imperio Romano. De Maribel Bofill. 24 de junio de 2022. Colaboración de Esperanza Varo (autor invitado) Bibliografía: Historia de la vejez  María del Carmen Carbajo Vélez. Sobre la vejez Marco Tulio Cicerón. La vejez femenina en la antigua Roma …Sara Casamayor Mancisidor. Arte poética de Horacio o Epístola a los Pisones Sobre Esperanza Varo: Entusiasta de la historia, la música y la pintura responsable de blog: ESPERANZAVAROBLOG y escritora. Pertenece a Divulgadores de la historia y miembro colaborador de la revista digital DHistórica . Ha publicado las novelas Enyra: una historia de amor y coraje, Ab Urbe condita 

Antigua Roma/Vejez/Historia/Sociedad y Cultura

 

Livio Andrónico, el primer escritor romano, es el responsable de que llamemos Ulises a Odiseo.

El que está considerado como primer escritor romano de la historia había nacido en Tarento hacia el año 284 a.C. y era griego. Tarento era una colonia griega de la Magna Grecia (el sur de la península Itálica) que había pedido ayuda al rey Pirro de Epiro en su lucha contra Roma. Sin embargo, la derrota de éste y la tardanza en llegar de la flota cartaginesa que acudía en auxilio de la ciudad, provocaron la rendición en el año 272 a.C.

Entre los ciudadanos cautivos convertidos en esclavos por los romanos y enviados a Roma se encontraba un muchacho de unos 14 años llamado Andrónico. Entró a servir en la casa de una familia de la gens Livia, donde llegó a ser maestro de los hijos de su amo, algo que le sirvió para alcanzar la libertad.

Como liberto adoptó el nombre de su patrón y protector, pasando a ser conocido como Lucio Livio Andrónico (Lucius Livius Andronicus). No solo fue el primer maestro griego que hubo en Roma, sino que con el tiempo se convertiría también en el primer escritor romano y en el fundador de la poesía épica romana.

Estatua de Livio Andrónico en el Vaticano | foto Bibliotheca Augustana

Empezó a escribir realizando traducciones de obras griegas para usarlas como libros de texto en la escuela que había fundado, en la cual daba clases de latín y griego a los jóvenes patricios. Luego, según menciona Cicerón, hacia el año 240 a.C. recibió el encargo de los ediles curules (los funcionarios encargados de la organización de juegos y festivales) de escribir una comedia (o una tragedia, no se sabe con seguridad) para ser representada en los ludi scaenici (festivales de teatro) celebrados con ocasión de la victoria en la Primera Guerra Púnica. Es la primera obra de teatro escrita en latín conocida. Él mismo se encargó de representarla como actor.

Por ello Varrón, Cicerón y Horacio, consideraron a Livio Andrónico como el creador de la literatura latina y el primer poeta romano cuyo nombre es conocido.

Livio Andrónico era actor de sus propios dramas; se dice que una vez, cuando, llamado varias veces a escena, se había quedado sin voz, y pidió permiso, dispuso que un muchacho cantara delante del flautista en su lugar, mientras él interpretaba la monodia con un gesto considerablemente más expresivo, ya que no le impedía el uso de su voz

Tito Livio, Ab Urbe condita VII, 2

Un poeta dando indicaciones desde el escenario, en un mosaico de Pompeya | foto Lalupa en Wikimedia Commons

Cuando Asdrúbal llegaba para ayudar a su hermano Aníbal en el año 207 a.C., durante la Segunda Guerra Púnica, los pontífices y el Senado romano le encargaron a Andrónico la composición de un himno a Juno que les permitiera detener el avance cartaginés. El himno fue cantado en una solemne procesión de las vestales y resultó todo un éxito.

Además, el cónsul Marco Livio Salinator (curiosamente el patrón de Andrónico) logró la victoria en la batalla del río Metauro, por lo que el Senado concedió a Andrónico grandes honores, entre ellos poder vivir en el templo de Minerva en la colina del Aventino.

Un maestro romano con sus alumnos, en un relieve encontrado en Neumagen cerca de Tréveris | foto Shakko en Wikimedia Commons

Por desgracia ninguna de sus obras ha llegado hasta nuestros días. Apenas conservamos un centenar de versos dispersos y citas en obras de autores posteriores. Lo que sí se sabe es que dedicó los últimos años de su vida a traducir la Odisea, para enseñar a sus alumnos a compararla con el texto original griego.

De ella solo se han conservado unos 36 fragmentos, pero aun así constituye el primer testimonio literario de la épica latina. Andrónico la tituló Odusia y tuvo que hacer importantes elecciones léxicas, sintácticas y métricas para adaptar el texto a la cultura latina y a la religión romana.

Utilizó en la traducción un lenguaje compuesto, en el que se mezclan copias de términos griegos (como el título Odusia) junto a términos latinos de la religión romana. Sustituyó todos los nombres de las deidades griegas originales por dioses romanos, estableciendo las bases de las correspondencias entre ambos panteones: Cronos pasó a ser Saturno, Hermes se convirtió en Mercurio y las musas fueron equiparadas a las Camenas (ninfas que habitaban fuentes y manantiales).

Odiseo y Polifemo, cuadro de Arnold Böcklin (1896) / foto dominio público en Wikimedia Commons

Una de las decisiones importantes que tuvo que tomar tiene que ver con el problema del nombre del protagonista, Odiseo. Odysseus deriva del verbo griego ὀδύσσομαι (odýssomai) que significa odiar. Odiseo significa por tanto el que es odiado (por sus enemigos), que en la obra de Homero se justifica por la envidia que le tienen gracias a su prodigiosa mente.

Andrónico se vio obligado a traducir el nombre y, no encontrando un término romano que pudiera siquiera acercarse al significado del griego, optó por Ulises (Vlixes en la traducción latina original de Andrónico), que significa herido en una cadera. Un epíteto que hace referencia a una herida que Odiseo sufrió en el muslo durante una cacería de jabalíes en los bosques de Castalia. El nombre se popularizaría a partir de ahí, hasta el punto de que Ulises es como se conoce a Odiseo en todas las lenguas romances derivadas del latín.

Estatua de Ulises en Versalles | foto Coyau en Wikimedia Commons

Andrónico también introdujo algunos cambios para adaptar la obra al gusto romano. Infló los efectos patéticos y dramáticos, manteniéndose fiel a la estructura y el contenido del texto de Homero, y reorganizó su forma haciendo una traducción artística.

Su gran mérito es haber hecho una verdadera creación desde cero de la traducción como obra literaria (de hecho se le considera el inventor de la traducción como arte). Y ello pese a que no disponía de ninguna tradición épica romana en la que basar la lengua de su traducción. Su única inspiración fueron los anales conservados por los pontífices, y los cantos religiosos arcaicos.

La traducción de la Odisea aportó una mitología completamente nueva al pueblo romano que no sabía griego y por tanto no podía leer a Homero en su lengua original. Ello provocó el progresivo abandono de gran parte de la mitología autóctona romana, y contribuyó al proceso de identificación del panteón romano con el griego.

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

FUENTE RESPONSABLE: LBV Magazine Cultural Independiente. Encyclopaedia Britannica | Peter Hunt, Ancient Greek and Roman Slavery | M. von Albrecht, Roman Epic: An Interpretative Introduction | Anthony J. Boyle, Roman Tragedy | Gian Biagio Conte, Latin Literature: A History | Livio Andrónico, Odusia (texto en latín) | Wikipedia.

Antigua Roma/Sociedad y Cultura/Literatura/La Odisea/Historia

 

 

LA VEJEZ EN LA ANTIGUA ROMA. Parte 2/2

 

LA MEDICINA Y LA VEJEZ EN ROMA

CELSO médico en la época de Augusto dice que los viejos son propensos a las enfermedades crónicas, a reúmas, a problemas urinarios y respiratorios, a las sinusitis, a los dolores de riñones y de articulaciones, a los insomnios y parálisis, al dolor de oídos, de ojos y de intestinos, a la disentería y a los cólicos. Añade que los viejos no soportan el hambre, que sus heridas se curan con dificultas y ofrece como receta que los ancianos deberían bañarse con agua caliente y beber vino no rebajado; cuando su vista se debilita hay que frotarles los ojos con miel o aceite de oliva.

GALENO ofrece la primera teoría completa y consistente del proceso de envejecimiento y fue el único que estudió la naturaleza física de la vejez en ocho siglos de historia romana. 

LA MUJER ANCIANA EN ROMA (VETULA)

Lo primero que hay que tener en cuenta es que en Roma la voz de la vejez, ya de por sí una minoría dentro de las fuentes escritas de la época, es una voz de hombre. Las fuentes literarias que nos hablan sobre la senectud y el envejecimiento son mayoritariamente masculinas y transmiten la visión de un mundo masculino y privilegiado, haciendo que sea prácticamente imposible para nosotros saber cómo se sentían las mujeres romanas al respecto de la última etapa de sus vidas.

La primera cuestión que debemos abordar es quiénes son las betulae, como eran denominadas las ancianas en Roma. Considerando que el rol asignado a la mujer en Roma era el reproductivo, la historiografía ha usado el fin de ese cumplimiento como acontecimiento que data el paso a la vejez en las romanas. Así la menopausia, que en la Antigüedad se daba en torno a los 50 años, era el momento considerado como paso a la vejez.

Dentro del sistema de pensamiento patriarcal, las mujeres envejecidas pierden sus dos papeles principales en la sociedad, engendrar nuevos ciudadanos y saciar la sexualidad masculina, por lo que se convierten en seres socialmente inútiles.

Al llegar a la vejez, y salvo las posibles excepciones, una romana habría sido madre en varias ocasiones, y probablemente ya sería abuela. Puede que estuviese casada, habiendo tenido un único matrimonio largo y feliz, que se hubiera casado y divorciado en varias ocasiones, o que estuviese viuda. Seguramente su cuerpo mostrase ya algunos de los síntomas externos que la sociedad romana consideraba definitorios de la vejez, como un pelo canoso, un rostro con arrugas, o un vientre flácido. Se trata de rasgos que alejaban a la romana del prototipo de belleza poética de la puella (mujer joven como objeto de interés sexual), por lo que intentaba esconderlos arrancando o tiñendo las canas y aplicándose remedios anti-arrugas como el estiércol de cocodrilo, la grasa de cisne o harina de habas. 

También resulta frecuente asociar a la vetula con la magia y la nocturnidad, situándola así al margen de la sociedad romana.

No obstante, junto a estas mujeres rechazadas por la sociedad, nos encontramos con otras betulae que poseían poder económico y social. Conocemos así a romanas que influyeron en las vidas de sus hijos y nietos adultos, como Cornelia (hija de Escipión el Africano), ideal de esposa, madre y viuda, o Veturia, y que pasaron a formar parte de la memoria colectiva del pueblo romano como personificación de la sabiduría, el prestigio y el conocimiento del pasado que los romanos atribuían a las ancianas. Algunas betulae destacaron también por su importante patrimonio y patrocinio público; tal es el caso de Ummidia Quadratilla, fallecida con casi 80 años y que, además de ser dueña de una compañía de pantomimas, destinaba parte de su fortuna al evergetismo (hacer buenas obras con su dinero). Una vetula cuya riqueza ha dado lugar a diversos trabajos historiográficos es Pudentilla, viuda africana que deseaba contraer matrimonio con el escritor Apuleyo y cuyos familiares iniciaron un proceso judicial en el que se hacen continuas referencias a su edad y a su gran fortuna. Se trata de matronas respetables, pertenecientes a la élite romana, que asumen matronazgos cívicos y se convierten en mujeres influyentes en su comunidad. Sus actos las dotan de una dignitas que puede apreciarse en aquellas estatuas femeninas donde los rasgos de la vejez no adquieren un carácter grotesco, sino laudatorio. Alejadas de la idea de pobreza, dependencia y repulsión con la que los escritores tratan a las magas o a las prostitutas envejecidas, estas mujeres ocupan papeles preeminentes tanto a nivel privado/familiar como a nivel público.

La mater familia, no goza de más derechos que sus hijas; sin embargo, su influencia no es desdeñable, hasta el punto que se ha podido decir que la República obedecía a los senadores y que los senadores obedecían a sus mujeres. Por el contrario, la anciana sola es abandonada y despreciada, y la crueldad en lo relativo a su fealdad física es muy grande.

En la sociedad romana, el papel más relevante que podía ocupar la mujer, con la institución del matrimonio de por medio, era el de gestante y criadora de las futuras generaciones de ciudadanos. Pero, ¿qué se esperaba de una matrona al finalizar sus años reproductivos? ¿Y a qué edad ocurría ese hecho?

Las fuentes literarias nos hablan así de las ancianas en Roma:   

HORACIO  El epicúreo Horacio experimenta una gran repulsión hacia la vejez, pero sobre todo le indigna particularmente la fealdad de las ancianas; el cuerpo femenino, símbolo de belleza durante la juventud, se convierte en el emblema de la fealdad absoluta en la vejez, sobre todo cuando la mujer se obstina en querer inspirar amor. Horacio nos lo dice así en su obra:

«¿Cómo puedes, vieja carroña centenaria, pedirme que desperdice mi vigor, si tiene los dientes negros, tu vieja cara está surcada de arrugas y entre tus nalgas bosteza una horrible abertura como la de una vaca que ha hecho mal la digestión?¿Crees tal vez que puedes excitarme con tu pecho, tus senos colgantes como las mamas de una yegua, con tu vientre fofo, tus muslos canijos rematados por una pierna hinchada?»

Ridiculización que también vemos en obras de otros autores como Plauto, Marcial o Juvenal. Estas representaciones, por otro lado, contrastan con visiones literarias más positivas, como las proporcionadas por Plinio, Tácito, u Ovidio.

Partiendo de que toda mujer romana debía ser moderada en su sexualidad para poder ser considerada como púdica, veremos cómo ello es especialmente importante en el caso de las mujeres mayores, quienes al no poder cumplir con su papel de reproductoras de ciudadanos debían deshacerse de todo comportamiento sexual. Quienes transgredieron la norma fueron ridiculizadas, animalizadas, rechazadas por la sociedad. Surge así un estereotipo de mujer vieja libidinosa, en ocasiones rica, a la que se caracteriza como un monstruo. Por otro lado, y como indican Marcial y Propercio, sólo las mujeres jóvenes eran, desde el punto de vista del varón romano, dignas del amor: “¿Por qué, Ligeya, mesas tu decrépito coño? ¿Por qué atizas los rescoldos de tus propios despojos? Tales primores están bien en las jóvenes; pero tú ya ni vieja puedes parecer. Eso, créeme, Ligeya, no resulta bonito que lo haga la madre de Héctor, sino su esposa. Te equivocas si te parece éste un coño: la polla ha dejado de interesar por él. Por tanto, Ligeya, si tienes vergüenza, no pretendas mesarle la barba a un león muerto” (Mart. 10.90).

Las fuentes de naturaleza jurídica y administrativa nos hablan así de las ancianas en Roma:

Se engloban aquí leyes concernientes a la edad máxima en la que un matrimonio tenía por objetivo concebir, disposiciones acerca de censos y certificados de nacimiento, resoluciones de conflictos legales concretos, o normativas sobre la venta de esclavas ancianas y las obligaciones de las libertas para con sus patronos.

Las esculturas también nos hablan de las betulas en Roma:

A los bustos que representan a betulae revestidas de dignitas se contraponen piezas de mujeres en quienes se resaltan las arrugas, la delgadez y la flacidez del cuerpo, y la vejez adquiere connotaciones repulsivas. Representaciones, como las de la anus ebria, que también aparecen en el registro material en forma de botellas cuya funcionalidad todavía no está clara.

Es en las fuentes epigráficas donde quizás podamos acceder más directamente a la voz de las betulae y a su papel en la sociedad romana al margen de los estereotipos y las normas legales, y donde las vemos llevando a cabo acciones de evergetismo y matronazgo y ejerciendo diversos trabajos. En los documentos epigráficos también se aprecian las relaciones de afecto que existían entre estas mujeres y diversos miembros de su familia, de forma que podemos acercarnos a la cotidianeidad de las betuleas y a su posición en el ámbito privado. En las fuentes epigráficas nos encontramos también con betuláceas que indican los oficios que realizaron en vida, como es el caso de la pedagoga Cornelia Fortunata, quien pudo haber ejercido hasta el momento de su muerte. 

La antropología física nos da indicios sobre la vida de las mujeres en Roma:

Los restos óseos extraídos del registro arqueológico nos aportan información sobre las condiciones del sujeto a lo largo de su vida y en el momento de su muerte, así como acerca de patologías relacionadas con la vejez.

Imagen de portada: Gentileza de Esperanza Varo

FUENTE RESPONSABLE: Gladiatrix en la Arena.Blog personal sobre la vida y la cultura del Imperio Romano. De Maribel Bofill. 24 de junio de 2022. Colaboración de Esperanza Varo (autor invitado) Bibliografía: Historia de la vejez  María del Carmen Carbajo Vélez. Sobre la vejez Marco Tulio Cicerón. La vejez femenina en la antigua Roma …Sara Casamayor Mancisidor. Arte poética de Horacio o Epístola a los Pisones Sobre Esperanza Varo: Entusiasta de la historia, la música y la pintura responsable de blog: ESPERANZAVAROBLOG y escritora. Pertenece a Divulgadores de la historia y miembro colaborador de la revista digital DHistórica . Ha publicado las novelas Enyra: una historia de amor y coraje, Ab Urbe condita 

Antigua Roma/Vejez/Historia/Sociedad y Cultura

Encuentran las ruinas de Sanxingdui, una civilización sin precedentes en China.

En el sitio de Sanxingdui, los arqueólogos han descubierto miles de artefactos de bronce, jade y oro en los últimos dos años.

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Sanxingdui es un sitio arqueológico en el municipio de Guanghan, en la región central de China. Los arqueólogos empezaron a explorarlo hace más de tres décadas y desde entonces no han dejado de sorprenderse con los hallazgos de este lugar. El nuevo descubrimiento ocurrió en los pozos 7 y 8 de la zona.

La excavación contenía reliquias y artefactos cuyas formas nunca antes habían sido atestiguadas: altares de bronce, figuras de criaturas míticas y distintos tipos de efigies arrodilladas. Otro objeto que resalta en el descubrimiento es una caja con tapa en forma de tortuga y asas con cabezas de dragón.

De manufactura fina y diseño ingenioso

El arqueólogo en la universidad de Sichuan, Li Haichao, dice que el uso de la vasija es desconocida, pero que se puede asumir que las personas lo atesoraban por cómo fue encontrado. Sobre la pieza, explica lo siguiente:

“No sería exagerado decir que la vasija es un ejemplar único, dada su forma peculiar, su manufactura fina y diseño ingenioso.”

He Xiaoge, expresa en un video compartido por Xinhua, un noticiero local, que “(Las piezas) brindan información de la cultura Sanxingdui, que nos presenta nuevas perspectivas sobre esta civilización.” Xiaoge es parte del equipo arqueológico del sitio y se refiere a los pozos sacrificiales de las Ruinas de Sanxingdui como un descubrimiento sin precedentes.

En 1929, un campesino descubrió piezas de jade mientras dragaba una zanja de riego. Dichas piezas fueron el primer indicio de la cultura Sanxingdui y fueron adquiridas por colecciones privadas. Fue hasta la década de los 80 cuando se empezó a investigar y excavar sistemáticamente la zona. Los descubrimientos y estudios demostraron que las piezas no se parecían al arte de ninguna otra civilización china o del mundo, un estilo artístico único y hasta entonces desconocido.

Sobre la cultura Sanxingdui

Zhang Lang/China News Service via Getty Images

La cultura Sanxingdui floreció aproximadamente entre el 1,700 y el 1,150 a.C. y probablemente formaba parte del reino de Shu. Esta cultura era reconocida por sus trabajos de metalurgia, que milenios después siguen asombrando a los espectadores que visitan el Museo de Sanxingdui, donde se exponen algunas de las piezas que se han encontrado en las excavaciones.

No se sabe a ciencia cierta lo que ocurrió con la cultura Sanxingdui. La historia es que se esfumó misteriosamente hace 3 mil años, en un momento de gran esplendor. Durante mucho tiempo se ha creído que desapareció a causa de una guerra o inundación, pero estudios recientes sugieren que fue debido a un terremoto que cambió el cauce del río Min Jiang, del que abrevaban ésta y otras ciudades.

Imagen de portada:ZHANG LANG/CHINA NEWS SERVICE VIA GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic en Español. Por Lydia Leija. Junio 2022

Sociedad y Cultura/China/Arqueología/Asia/Historia/Yacimientos.

Viajes científicos con Julio Verne en la memoria. (3)

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Gotinga y Berlín

Aunque este viaje mío es de turismo «imaginario y cultural», también pienso en él como para cumplir con algunas cuestiones profesionales. Así, en lugar de ir directamente a Inglaterra y Escocia, como he planeado, me dirijo antes a Berlín, y de camino me detengo en Gotinga. Además de recordar vivencias pasadas, es también un modo de celebrar a Julio Verne. 

Allí, en la Geismar Landstrasse 11, se encuentra uno de los observatorios astronómicos más importantes del siglo XIX. Construido entre 1803 y 1816, el gran Carl Friedrich Gauss fue, a partir de 1807, su primer director. Como en tantos observatorios erigidos en ciudades, en el de Gotinga ya no se realizan observaciones, pero todavía se conservan en él viejos instrumentos. Recomiendo intentar visitar el gabinete de Gauss —la Gauss-Zimmer—, en el que se pueden admirar varios telescopios, un astrolabio, así como reliquias de los experimentos telegráficos llevados a cabo en 1833 por Gauss y Wilhelm Weber (un trozo del cable que emplearon, transcripciones de los mensajes originales, una réplica del instrumento para enviar las señales electromagnéticas). La transmisión la realizaron entre el viejo Instituto de Física (situado cerca de la Pauliner Kirche) y el Observatorio, separados por un kilómetro. De hecho, no lejos del Observatorio hay una magnífica escultura, erigida para conmemorar aquella transmisión. Inaugurada en 1899, en ella aparecen Gauss y Weber. Astronomía y telegrafía, dos mundos científicos y tecnológicos especialmente apreciados por Verne, se ven así hermanados.

Cumplidas estas visitas, y tras asomarme un momento al célebre Instituto de Matemáticas, en el que trabajaron luminarias como David Hilbert, Felix Klein, Hermann Minkowski, Hermann Weyl y Emmy Noether, abandono Gotinga camino de Berlín, una ciudad esta también generosa con el recuerdo de científicos: en la zona central se pueden encontrar placas conmemorativas de, por ejemplo, Albert Einstein (Unter den Linden 8), Leonhard Euler (Behrenstrasse 21), James Frank (Wilhelmstrasse 66), Otto Hahn y Lise Meitner (Hessische Strasse 1-2), Max Planck (Unter den Linden 6 y Wilhelmstrasse 66) y Alfred Wegener (Wallstrasse 43).

Como apunté, en Berlín tengo algún asunto profesional del que ocuparme. Es en el Max-Planck-Institut für Wissenschaftsgeschichte (Instituto Max Planck de Historia de la Ciencia), situado en una calle cuyo nombre alegra el corazón de un físico: Boltzmannstrasse 22. El lugar en el que se encuentra, Dahlem, permite, no obstante, tener a Verne en la memoria. Dahlem es ahora lo que podríamos denominar un barrio residencial de Berlín, pero uno en el que además de residencias particulares (espléndidos y señoriales chalets) se halla la Freie Universität (Universidad Libre) de Berlín (fundada en 1948) y un buen número de institutos de la Max-Planck-Gesellschaft (Sociedad Max Planck), una institución pública dedicada al fomento de la investigación en ciencias y humanidades.

En realidad, la Max-Planck-Gesellschaft es heredera de una institución creada mucho antes, en 1911: la Kaiser-Wilhelm-Gesellschaft zur Förderung der Wissenschaften (Sociedad Káiser Guillermo para el Avance de la Ciencia). En uno de los institutos creados y mantenidos por aquella Sociedad, en el Instituto de Química (situado en Thielallee 63, muy cerca del Instituto Max Planck de Historia de la Ciencia) Otto Hahn y Fritz Strassmann descubrieron en diciembre de 1938 la fisión nuclear, utilizando uranio. Afortunadamente, el edificio sobrevivió a la destrucción de la Segunda Guerra Mundial. En una placa se lee: In diesem Hause dem damaligen Kaiser-Wilhelm-Institut für Chemie entdeckten 1938 Otto Hahn und Fritz Strassmann die Uran-Spaltung («En esta casa, en el por entonces Instituto de Química Káiser Guillermo, en 1938 Otto Hahn y Fritz Strassmann descubrieron la fisión del uranio»). Aquel descubrimiento, que tanto ha influido en la historia mundial, llegó después del tiempo de Verne, pero está unido a su nombre a través del primer submarino propulsado por energía nuclear, el Nautilus, de la Marina de Estados Unidos, que comenzó de manera oficial su vida el 21 de enero de 1954.

Terminados mis asuntos en Dahlem, tomo el S-Bahn en la estación Lichterfelde West hasta Brandenburger Tor, la parada de la Puerta de Brandenburgo. Salgo directamente a la famosa y maravillosa avenida Unter den Linden (Bajo los tilos). Dejo tras de mí la famosa Puerta y camino hacia mi destino verniano: la Humboldt-Universität (Unter den Linden 6), muy próxima a la «Isla de los Museos», con el extraordinario Museo Pergamon. Fundada en 1810 como Universität zu Berlin por Wilhelm von Humboldt, en 1828 recibió el nombre de Friedrich-Wilhelm-Universität, que cambió en 1949 por el actual de Humboldt-Universität.

Delante de la puerta principal de esta Universidad hay tres estatuas. En la central aparece el médico (especializado en fisiología), físico y matemático Hermann von Helmhotz, uno de los gigantes de la ciencia del siglo XIX: a él se debe la formulación más general del principio de conservación de la energía (1847) y el descubrimiento del oftalmoscopio. A los dos lados están las de los hermanos Humboldt. A la izquierda, según se mira a la fachada, Wilhelm, y a la derecha Alexander, el gran explorador. «Al segundo descubridor de Cuba, la Universidad de La Habana, 1959», se lee, escrito en español, en el pedestal de la estatua de Alexander. Verne, otro gran explorador, pero con la imaginación, mencionó a Alexander von Humboldt en alguna de sus novelas. En, por ejemplo, el capítulo 30 de Viaje al centro de la Tierra, se refirió a uno de los viajes de Humboldt por Colombia. Me imagino, pues, contemplando la fachada de la Universidad en compañía de Verne.

Aunque queda fuera de mis propósitos vernianos, entro en la Universidad. Y me encuentro con la gran escalinata en la que se lee la famosa frase de Karl Marx (la Universidad perteneció a la República Democrática Alemana hasta la reunificación de 1989-1990), la tesis número 11 de Tesis sobre Feuerbach (1845): Die Philosophen haben die Welt nur verschieden interpretiert; es kömmt darauf an, sie zu verändern («Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo»). Aprovecho para subir al primer piso, un ejercicio interesante pero a la vez deprimente, porque pienso en las universidades de mi país, España. En ese primer piso se encuentran las fotografías de aquellos que enseñaron allí y que obtuvieron un Premio Nobel: 29. Entre ellos figuran nombres señeros de la física, la química y las ciencias biomédicas como Wilhelm Wien, Max Planck, Albert Einstein, Max Born, James Franck, Max von Laue, Werner Heisenberg, Erwin Schrödinger, Emil Fischer, Jacobus van’t Hoff, Fritz Haber, Richard Willstätter, Walther Nernst, Peter Debye, Otto Hahn, Robert Koch, Otto Warburg, Paul Ehrlich, Hans Krebs, y también dos premios nobel de literatura, Paul Heyse y Theodor Mommsen.

Esta vez no tengo tiempo, pero recomiendo acercarse al Astrophysikalisches Observatorium de Postdam. Además de ver los espléndidos domos astronómicos con los restos (solo las carcasas y pilares, no las lentes), memorias fantasmales de épocas ya pasadas, de los en su tiempo poderosos telescopios, allí se encuentra la futurista Torre Einstein, del arquitecto Erich Mendelsohn. Construida a comienzos de la década de 1920 para intentar comprobar una de las predicciones de la teoría de la relatividad general (1915) de Einstein, la del desplazamiento gravitacional hacia el rojo de las líneas espectrales, estoy seguro que la vista de esta torre habría hecho saltar de gozo a Verne, despertando en él alguna idea futurista.

Imagen de portada: Thierry Ehrmann.

FUENTE RESPONSABLE: Jot Down Contemporary Culture Magazine. Por José Manuel Sánchez Ron.

Ciencia/Historia/Julio Verne/Tecnología/Viajes.

Viajes científicos con Julio Verne en la memoria. (2)

Viene de la primera parte…

París, la «capital del mundo»

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Tratándose de Julio Verne y de la ciencia, no hay mejor lugar por el que empezar que por París, en tiempos «la capital del mundo», o una de sus capitales (del mundo y de la ciencia), la ciudad en la que Verne, que nació en Nantes, se instaló por primera vez en 1847 y en la que vivió la mayor parte del tiempo hasta que en 1872 se marchó a Amiens, donde había nacido su esposa. París, la ciudad que le ha honrado dando su nombre a una calle, la rue Jules Verne, la ciudad en la que todavía se pueden visitar algunas librerías especializadas en primeras ediciones de sus libros (mi favorita es la Librairie Monte Cristo, en el 5, rue de l’Odéon). París, la ciudad en la que trabajaron algunos de mis científicos más queridos: Lavoisier, Laplace, Claude Bernard, Louis Pasteur —cuyo Instituto y maravillosa tumba en uno de los sótanos no visitaré esta vez—, Henri Poincaré o los Curie.

No hay, por supuesto, imagen más asociada a París que la Torre Eiffel. Es su símbolo. En mi viaje imaginario con Verne en la memoria, la visitó una vez más. En esta ocasión hago lo que antes no hice: subir al segundo piso, donde he reservado una mesa para comer en el restaurante «Jules Verne». Mientras como, pienso si Verne viajaría de Amiens a París para estar presente el día, el 31 de marzo de 1889, que se inauguró aquel mastodonte de 330 metros, construido para la Exposición Universal que se celebró aquel año, una exposición planeada para celebrar el centenario de la Revolución francesa. ¿Sería, al menos, uno de los 32 millones de personas que la visitaron? ¿Conocería al ingeniero Gustave Eiffel que ideó la torre? De lo que estoy seguro es de que, si la visitó alguna vez, se debió emocionar cuando descubriera, grabados en los pretiles de la primera línea de balcones, justo encima del primer arco, 72 nombres de científicos (18 por fachada), entre los que figuran algunos a los que, supongo, respetó especialmente: Lavoisier, Laplace, Lagrange, Cauchy, Coulomb, Coriolis, Arago, Le Verrier, Foucault o Gay-Lussac.

Mientras permanezco en el Campo de Marte, la zona donde está ubicada la Torre Eiffel, recuerdo un acontecimiento al que sin duda Verne, el autor de Cinco semanas en globo, habría deseado asistir, uno que tuvo lugar el 27 de agosto de 1783. Aquel día, imitando pruebas anteriores realizadas por los hermanos Joseph-Michel y Jacques-Étienne Montgolfier, un profesor de Física, Jacques Césare Charles, soltó un globo relleno de hidrógeno, sin ningún pasajero. Entre los espectadores que asistieron a aquella demostración se encontraba nada más y nada menos que uno de los cinco hombres que, en 1776, habían redactado la Declaración de Independencia, de la que nació Estados Unidos: Benjamin Franklin.

Una vez preparada la Declaración de Independencia, el polifacético Franklin (fue impresor, editor, político, diplomático, inventor y muy notable científico) se trasladó a París —donde permaneció hasta 1785— como una especie de embajador de la nueva nación en ciernes; de lo que se trataba era de obtener el apoyo francés, sin el cual era difícil pensar que pudieran prosperar los deseos revolucionarios de las colonias inglesas norteamericanas. Unos meses después de haber presenciado la prueba de Charles, el 6 de noviembre, Franklin escribió una carta al presidente de la Royal Society de Londres el botánico sir Joseph Banks, dándole cuenta de lo que había visto:

El miércoles 27, el Sr. Charles, profesor de Filosofía Experimental en París, repitió el nuevo experimento aerostático, inventado por los Sres. Montgolfier de Annonay.

Con lo que en Inglaterra se llama seda aceitosa, y aquí Tafetán gommée, se formó un globo hueco de 12 de pies de diámetro, habiendo sido impregnada la seda con una solución de goma elástica en, como se dice, aceite de linaza. Las partes se pegaron con la goma mientras estaban húmedas, y parte de esta se pasó después por las junturas, para hacer que fuese lo más hermético posible.

Después se lo rellenó con gas inflamable que se produjo echando aceite de vitriolo sobre limaduras de hierro, hasta que se vio que tenía una tendencia a ascender tan fuerte como para poder levantar un peso de 39 libras, además de su propio peso, que era de 25 libras y del peso del aire que contenía.

Se le llevó temprano por la mañana al Campo de Marte, un lugar en el que a veces se realizan revistas militares, en la parte que se halla entre la Escuela Militar y el río. Allí se le mantuvo abajo sujetándolo con una cuerda, hasta las 4 de la tarde, cuando se dejó que se elevase, pero manteniéndolo aún atado a tierra. Antes de esa hora, se tuvo cuidado de reemplazar la parte de gas inflamable, o de su fuerza, que se había perdido, inyectando más.

Se supone que se reunieron no menos de 50.000 personas para ver el experimento. El Campo de Marte estaba rodeado de multitudes y había un gran número de personas en el lado opuesto del río.

A las 5 en punto se avisó a los espectadores disparando dos cañones, y se cortó la cuerda. Y se vio al globo elevarse. Hacía un poco de viento, pero no era muy fuerte. Lo había mojado algo de lluvia, de manera que relucía, dándole una apariencia agradable. Disminuyó en su tamaño aparente según iba elevándose, hasta que penetró en las nubes, cuando me pareció apenas mayor que una naranja, y pronto se hizo invisible, al ocultarlo las nubes.

La multitud de disgregó, todos muy satisfechos y muy felices con el éxito del experimento, y entreteniéndose con conversaciones sobre las posibles aplicaciones que se le puede dar, algunas de las cuales eran muy extravagantes. Pero posiblemente abra el camino a algunos descubrimientos en filosofía natural que ahora no imaginamos.

Abandono el Campo de Marte y me dirijo a uno de mis lugares favoritos en París, aunque, después de la profunda remodelación que sufrió en la década de 1990, ya no lo es tanto, no importa que ahora sea más «didáctico» y esté más ordenado: el viejo Conservatoire des Arts et Métiers (Conservatorio de Artes y Oficios), hoy Musée des Arts et Métiers. Fundado a iniciativa del abad constitucional Henri Grégoire, que logró que la Convención decidiera el 10 de octubre de 1794 crear un «depósito público de maquinas, modelos, utensilios, diseños, descripciones y libros de todas las clases de artes y oficios», se escogió como sede el antiguo priorato benedictino de Saint-Martin-des-Champs. No me extrañaría que Verne hubiera pasado muchas horas y días en este Conservatoire, deteniéndose, por supuesto, en su famoso péndulo de Foucault, que cuelga de la bóveda y sirve para demostrar la rotación de la Tierra, pero dedicándose sobre todo a estudiar la maravillosa y apelotonada colección de instrumentos y aparatos científicos y tecnológicos (en torno a 80.000), con la idea de que alimentasen su imaginación. El laboratorio de Lavoisier, el gabinete del abad Nollet, el aparato fotográfico de Daguerre, los relojes marinos de Ferdinand Berthoud, astrolabios, máquinas de vapor, autómatas y mil artilugios más, coparían la atención y el tiempo de Verne.

Del Conservatoire-Musée, atravesando el Sena por la isla de la Cité y contemplando una vez más la impresionante fachada de la catedral de Notre Dame, mientras subo por el boulevard Saint-Michel, paso delante de la Sorbona. Pero no es ese mi destino, sino el Panthéon. En otro tiempo iglesia de Sainte-Geneviève, en 1791 la Asamblea Constituyente la convirtió en un monumento destinado a «recibir a los grandes hombres de la libertad francesa», destino que inauguró aquel mismo año Honoré Gabriel Riquetti, conde de Mirabeau, quien no obstante su condición aristócrata fue un revolucionario, aunque no tan puro como parecía: en 1794 su cuerpo fue retirado del Panthéon cuando se descubrieron los papeles del armario de hierro de Luis XVI, que probaban la familiaridad de Mirabeau con los reyes y que había percibido una pensión del soberano.

En cualquier caso, no le duró mucho al Panthéon el estatus que planearon los revolucionarios, ya que en 1806 Napoleón, el gran traidor de la Revolución francesa, lo devolvió al culto católico. Finalmente, en 1885, con ocasión del funeral de Victor Hugo el antiguo templo recuperó la función que le había sido asignada en 1793, ahora enunciada como aux grandes hommes la Patrie reconnaissante («la patria en reconocimiento a los grandes hombres»). Supongo que Verne visitaría este templo civil y laico, y que se detendría ante las tumba de Lagrange, el único científico que en su tiempo reposaba allí. Le habría agradado saber que ahora hay más, que la ciencia que él amó está representada por Marcellin Berthelot, Paul Painlevé, Paul Langevin, Jean Perrin, Gaspar Monge, Condorcet y el matrimonio Pierre y Marie Curie. Debió saber, asimismo, que aprovechando la altura del domo del edificio, en 1851 Leon Foucault hizo una demostración con su péndulo (un cable de 67 metros de longitud, del que colgaba una bola de hierro de 28 kilogramos).

Animado tras contemplar la tumba de Marie Curie, la única mujer enterrada entre «los grandes hombres de la patria», me dirijo al Institut Curie, situado muy cerca, en el 26 de la rue d’Ulm. Establecido en 1970, a partir de la fusión de dos organismos creados en vida de Marie Curie, el Instituto del Radio y la Fundación Curie, en él aún es posible visitar las salas en las que vivió y trabajó Marie. No recuerdo que Verne hablase de la radiactividad en alguna de sus novelas, y sin embargo, debió saber que Henri Becquerel la había descubierto en 1896, en París, y también que dos años después Marie y Pierre Curie encontraron dos nuevos elementos radiactivos a sumar al uranio, el polonio y el radio. Cuando en 1903, Becquerel y los Curie recibieron el Premio Nobel de Física, la radiactividad llegó a los periódicos: «No conocemos a nuestros científicos», se escribía en La Liberté del 15 de noviembre, «son los extranjeros los que nos los descubren».

Seguramente fue entonces cuando Verne descubrió la radiactividad y a los Curie, pero ya era un hombre mayor: falleció pronto, el 24 de marzo de 1904, con 76 años. Es una pena que no pudiese incorporar el hallazgo de la radiactividad a sus historias, que no la utilizase, por ejemplo, como medio de propulsión para el Nautilus de Veinte mil leguas de viaje submarino (1871) y de La isla misteriosa (1875), donde, por cierto, el submarino terminó sus días, en una cueva de la isla Lincoln, enterrado junto al capitán Nemo como consecuencia de la tremenda explosión volcánica que destruyó la isla.

Por cierto, aquellos que deseen profundizar en la historia de la radiactividad, visitando al mismo tiempo centros científicos parisinos, pueden ir al magnífico Muséum National d’Histoire Naturelle, ubicado en el Jardin des Plantes (Jardín Botánico), 36 rue Geoffroy Saint-Hilaire. Becquerel, como su padre y su abuelo, ocupaba una de las cátedras del Muséum y allí, en la dependencia que en el pasado había ocupado el gran naturalista Georges Cuvier, a la que se accede por la rue Cuvier, descubrió la radiactividad.

Debería, lo sé, continuar visitando otros lugares de París: por ejemplo, el Palais de la Découverte, creado para popularizar la ciencia por Jean Perrin, entonces secretario de Estado para la Investigación, que abrió sus puertas para la Exposición Universal de 1937, y también, claro, el Observatoire (entre la avenida Denfert-Rochereau, el bulevar Arago y los calles Cassini y Faubourg Saint-Jacques), el hogar parisino de la astronomía, la ciencia que tanto amó y utilizó Verne. Al menos, debería pasear por algunas de las innumerables calles dedicadas a científicos (no hay en el mundo ciudad más generosa con la ciencia que París); por las calles Descartes, Galileo, Newton, Huygens, Bernoulli, Euler, Fermat, d’Alembert, Lavoisier, Saint-Hilaire, Laplace, Lagrange, Buffon, Cuvier, Volta, Ampère, Gay-Lussac, Faraday, Darwin, Cauchy, Poincaré o Maurice y Louis de Broglie, por los bulevares Arago o Pasteur, por la avenida Edison, por la plaza Jean Perrin. Son tantos los lugares que avivan la memoria y el corazón del amante de la ciencia, que es imposible cumplir con siquiera una mínima parte. No hay tiempo para tanto.

Antes de abandonar esta vieja y maravillosa capital del mundo y de la ciencia, me paro a pensar —lo hago siempre que vengo aquí— cuántos medallones Arago he visto en esta visita. Los «medallones Arago», de bronce y 12 centímetros de diámetro, se extienden por el suelo de París siguiendo la traza del meridiano que pasa por el centro del Observatorio  y que determina el eje de simetría del edificio, atravesando toda Francia, desde Dunkerque a Perpignan. Hasta que en 1884 fue destronado por el de Greenwich (Londres), para marinos, geógrafos y viajeros el meridiano de París constituyó el origen para establecer las longitudes. Su determinación, obra de los astrónomos Jean Picard y de los Cassini, padre (Jean-Dominique) e hijo (Jacques), comenzó en 1669 y terminó en 1718, siendo ampliada, por orden de la Convención, a partir de 1792 por Jean Baptiste Joseph Delambre y Pierre Méchain, con nuevas medidas entre Dunkerque y Barcelona, y posteriormente, 1806, por François Arago y Jean Baptiste Biot, encargados de prolongar el meridiano hasta las islas Baleares. Lo que la Convención quería era establecer, como medio de evitar abusos, un sistema universal de medidas, definir, en particular, el metro.

A iniciativa de la Asociación Arago, y con el apoyo del Estado y de la Villa de París, se decidió honrar la memoria de François Arago (1786-1853). Fue el artista neerlandés Jan Dibbets quien concibió un «monumento imaginario realizado sobre la traza de una línea imaginaria». La idea de este «monumento imaginario» se concretó en 1994 con una serie de medallones que se fijarían en diversos lugares del suelo de París a lo largo de la línea de su meridiano, cada uno con el nombre «ARAGO», una «N» señalando el norte y una «S» marcando el sur. Existen 120 de estos medallones. Es entretenido, e instructivo, buscarlos. En el Jardín de Luxemburgo, por ejemplo, entre la rue Auguste Comte y el Senado, hay diez; en diversos lugares de la avenida del Observatoire (en el número 4 está la Facultad de Farmacia) se hallan tres; en el Boulevard Saint Germain, delante de los números 125-127 y 152, se pueden encontrar dos; apropiadamente, en el pedestal de la estatua de Arago, en la esquina del Boulevard Arago y la plaza de l’Île.de-Sein, hay seis; y en la Cité Universitaire (donde está el colegio de España) se instalaron diez. Desgraciadamente, como he dicho la idea y su materialización son posteriores a Verne. Si hubieran existido en su tiempo, tal vez habría disfrutado paseando por París en su búsqueda. Entre otras razones porque alguna relación tuvo Julio con la familia Arago: Jacques Arago, explorador y hermano de François, le ayudó en sus estudios de astronomía, física, química y transportes.

(Continua)

Imagen de portada: Thierry Ehrmann.

FUENTE RESPONSABLE: Jot Down Contemporary Culture Magazine. Por José Manuel Sánchez Ron.

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