Catalina de Erauso, la novicia vasca que huyó del convento, mató a su hermano y combatió como soldado en América.

Hay hazañas que convierten a personas indiscutiblemente en héroes o heroínas. Pero, a menudo, también despiertan inquietudes.

La de Catalina de Erauso y Pérez de Galarraga, más conocida como la legendaria Monja Alférez, es una de ellas.

Decidió ocultar una verdad que le imponía límites y la hacía vulnerable, pero que al final le salvaría la vida: el hecho de que había nacido mujer.

Eso había ocurrido en San Sebastián, en el País Vasco, a finales del siglo XVI.

La decisión la tomó a los 15 años, al escapar, justo antes de tomar sus votos perpetuos para convertirse en monja, de un convento en el que había vivido casi toda su vida.

Se llevó, además de “unos reales” de su tía, que era la priora del convento, “unas tijeras, hilo y una aguja” con los que, escondida, modificó su vestimenta y se cortó el cabello.

Emergió tres días después como un joven que viajaría muchos kilómetros por dos continentes, lucharía despiadadamente en nombre de la corona española contra los indígenas en América del Sur, sobreviviría naufragios, duelos, trifulcas y hasta dos intentos de las autoridades españolas para ejecutarla por varios delitos que había cometido.

Mapa mostrando viajes de Catalina de Erauso

Mapa de los viajes de Catalina de Erauso 1600-1622.

Pendenciera, ludópata y ladrona, mató al menos a 10 hombres fuera de los campos de batalla, incluído a su hermano Miguel, con quien se había encontrado por casualidad cuando éste era secretario del gobernador de Chile y quien la acogió sin reconocerla, invitándole a comer “a su mesa casi tres años”.

Pero tras 20 años de vida como hombre, con diferentes nombres y varias escapadas para evadir la justicia, a menudo acudiendo a la iglesia en busca de refugio, fue detenida en Perú.

Ante una muerte segura, solicitó hablar con el obispo de Guamanga, don Agustín de Carvajal y, como ella misma relató, “viéndolo tan santo varón, pareciéndome estar ya en la presencia de Dios”, confesó todo.

“La verdad es ésta: que soy mujer, que nací en tal parte, hija de Fulano y Zutana; que me entraron de tal edad en tal convento, con Fulana mi tía; que allí me crié; que tomé el hábito y tuve noviciado; que estando para profesar, por tal ocasión me salí; que me fui a tal parte, me desnudé, me vestí, me corté el cabello, partí allí y acullá; me embarqué, aporté, trabajé, maté, herí, maleé, correteó, hasta venir a parar en lo presente, y a los pies de Su Señoría Ilustrísima”.

No sólo eso: le dijo que era una virgen intacta, hecho que confirmaron dos matronas.

Con esa revelación, se convirtió instantáneamente en una celebridad. La gente se reunía dondequiera que fuera, y fue agasajada por la realeza.

Se hicieron al menos dos ediciones de sus memorias, un puñado de artistas pintaron su retrato y, en 1629, el dramaturgo Juan Pérez de Montalbán, discípulo predilecto de Lope de Vega, compuso y representó en la corte la obra teatral “La monja Alférez”.

Visitó las cabezas coronadas de Europa, y el monarca español Felipe IV hasta le concedió una pensión militar anual.

Papa Urbano VIII

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El gesto del Papa Urbano VIII es casi inconcebible.

El Papa Urbano VIII, no sólo la recibió, sino que le “concedió a doña Catalina, entre otras muchas mercedes, la de permitirle usar el traje de hombre, y como no le faltó quién motejara de indecente aquella concesión, el Pontífice dijo con satisfacción:

“‘-Dadme otra monja alférez, y le concederé lo mismo'”.

¿Por qué?

Es fácil comprender que su historia llamara la atención; no se conocían muchos casos de mujeres viviendo como hombres, particularmente españolas.

No sorprende que despertara curiosidad, patente en una carta escrita desde Roma en 1626 del viajero Pedro del Valle, conocido como “el Peregrino”, quien la retrató con su pluma.

“…vino por primera vez a mi casa la alférez Catalina Erauso, vizcaína, arribada de España la víspera. Es una doncella de unos treinta y cinco a cuarenta años. Su fama había llegado hasta mí en la India Oriental”. (…)

“Alta y recia de talla, de apariencia más bien masculina, no tiene más pecho que una niña. Me dijo que había empleado no sé qué remedio para hacerlo desaparecer. Fue, creo, un emplasto que le suministró un italiano; el efecto fue doloroso, pero muy a deseo.

Pedro del Valle

“De cara no es muy fea, pero bastante ajada por los años. Su aspecto es más bien el de un eunuco que el de una mujer. Viste de hombre, a la española; lleva la espada tan bravamente como la vida, y la cabeza un poco baja y metida en los hombros, que son demasiado altos.

“En suma, más tiene el aspecto bizarro de un soldado que el de un cortesano galante.

“Únicamente su mano podría hacer dudar de susexo, porque es llena y carnosa, aunque robusta y fuerte, y el ademán, que, todavía, algunas veces tiene un no sé qué de femenino”.

Lo que es más difícil de entender es que, por el sólo hecho de revelar que era mujer, no fuera condenada por la otra parte de su confesión, resumida con “maté, herí, mareé”, pero detallada sin tapujos ni mucho remordimiento en su autobiografía “Vida i sucesos de la monja alférez”.

Y eso en una década que no se caracterizaba por ser permisiva. La Inquisición, que tenía como objetivo purificar religiosamente el mundo, estaba en pleno apogeo.

Quizás…

La salvó la imaginación de la sociedad que la celebró. Tal vez la explicación esté en el irresistible placer del entretenimiento.

Aunque hasta el día de hoy los académicos discuten sobre la autenticidad de la autobiografía (el manuscrito original se perdió) y hasta la veracidad de partes de su relato, lo cierto es que la historia con la que ella se presentó ante el mundo se parecía a las obras de ficción más populares de la época.

Monumento a la Monja Alférez en Orizaba, Veracruz.

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Monumento a la Monja Alférez en Orizaba, Veracruz.

Era una historia de aventuras asombrosas, con rasgos de los cuentos picarescos tan de moda en ese momento, que además se ajustaba al gusto literario del barroco al retratar cambios de identidad y realidades disfrazadas.

Tenía un protagonista astuto aunque falto de moral, cuyos esfuerzos por disfrazar su feminidad y sus consecuencias generaban drama e intriga.

Catalina era un fenómeno curioso, algo con lo que se deleitaba el público de la época, cuya vida era considerada excepcional lo que, en la moral barroca, atenuaba sus transgresiones de las normas.

Como ser humano, hombre o mujer, sus acciones eran a menudo más que reprobables; como personaje, cautivó la imaginación de la sociedad que la acogió a tal punto que esquivó en la vida real el destino tradicional de la mayoría los antihéroes ficticios, siendo premiada con la fama que le dio la influencia para conseguir lo que quería, en vez de recibir su merecido.

Y quizás también…

Los expertos han señalado otras posibles razones por las cuales la España de la época, en vez de quemar a la monja alférez en la hoguera, la acogió e inmortalizó casi de inmediato.

Una de ellas es que la sociedad barroca ya estaba obsesionado con “cosas prodigiosas, llamativas y extrañas”, y Catalina, la monja sin pechos, el hombre sin falo, el soldado nacido mujer, la fascinó.

Otra es que la ciencia de la época había declarado que las mujeres eran hombres que simplementeno habían sido perfeccionados, un concepto conocido como modelo de un solo sexo.

Catalina de Erauso encarnaba la idea de trascender su precaria condición de mujer al vestirse de masculinidad.

Finales

La historia de la monja alférez, en su autobiografía, termina pendenciera y abruptamente.

“En Nápoles, un día, paseándome en el muelle, reparé en las risotadas de dos damiselas que parlaban con dos mozos. Me miraban, y mirándolas, me dijo una: «Señora Catalina, ¿adónde se camina?»

“Respondí: «Señoras p…, a darles a ustedes cien pescozones y cien cuchilladas a quien las quiera defender.» Callaron y se fueron de allí”.

La historia de Catalina de Erauso terminó fuera de la vida pública, se cree que en 1650 en la localidad de Cuitlaxtla, México, tras pasar sus últimos 20 años trasladando a pasajeros y equipajes desde el puerto de Veracruz a la ciudad de México con una recua de mulas.

Dicen que en ese entonces se llamaba Antonio de Erauso.

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FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo por Dalia Ventura

Sociedad y Cultura/Historia/Mujeres

 

El viaje de Jeanne Baret, la primera mujer que circunnavegó el mundo (en secreto).

En abril de 1768, dos barcos franceses, el Boudeuse y el Étoile, anclaron frente a la costa de Tahití.

Hasta ese momento, Francia desconocía la existencia de la isla volcánica de la Polinesia que luego se ganó la reputación de ser un paraíso terrenal, pero los 330 oficiales y hombres que pusieron sus pies en tierra por primera vez en casi un año apreciaron su belleza natural y humana.

Los dos barcos eran los vehículos de una expedición, bajo el mando de Louis-Antoine de Bougainville, para hacer la primera circunnavegación francesa del globo y encontrar recursos naturales útiles para una potencia imperial.

El relato publicado por Bougainville sobre el viaje contrasta la timidez francesa frente a la libertad sexual de Tahití: mirar con deseo en lugar de actuar en consecuencia.

Sin embargo, una mujer vio peligro en las miradas de los tahitianos que la observaban y pidió auxilio a sus compatriotas para que la salvaran. Para asombro de los franceses, esa mujer no era una isleña, sino una de su propia tripulación.

Como relata posteriormente Bougainville: “Descubrieron que el sirviente de Monsieur Commerson, el doctor, es una chica que hasta ahora había sido tomada por un chico”.

Ese sirviente del naturalista de la expedición era Jeanne Baret. Y según Bougainville, nadie a bordo de los barcos atestados lo notó durante más de un año, hasta que tocó tierra en Tahití, donde los marineros franceses fueron rodeados por tahitianas y Baret, por tahitianos.

“Los botánicos”

En diciembre de 1766, cuando tenía 26 años, Jeanne Baret se disfrazó con ropa de hombre y esperó en el muelle del puerto de Rochefort en el suroeste de Francia.

Retrato imaginado de Jeanne Baret vestida de marinero hecho postumamente, en 1817.

Retrato imaginado de Jeanne Baret vestida de marinero hecho postumamente, en 1817.

Allí le ofreció sus servicios a Philibert Commerson, un médico de formación pero para entonces naturalista designado por la realeza en el primer intento de circunnavegación francés, que se anticipaba duraría al menos tres años.

El anticipo salarial de Commerson incluía dinero para contratar a un asistente, pero no había podido encontrar uno de su agrado y rápidamente llegó a un acuerdo con el joven que se había presentado a sí mismo como Jean Baret.

Ese, al menos, fue el relato de los eventos de Commerson.

En realidad, Baret, 12 años menor que él, una mujer quien a pesar de su humilde origen sabía leer y escribir, había vivido con el científico desde 1764 y le había dado un hijo, que murió.

Cuando nombraron a Commerson para la expedición de Bougainville, Baret era la opción obvia para ser su asistente, de no haber sido mujer: una ordenanza real prohibía las mujeres en los barcos de la armada francesa. Así que la pareja ideó un plan para que Baret se disfrazara de hombre.

La decisión, al parecer, no se basó únicamente en el compañerismo. El testamento de Commerson especificaba que, en caso de su muerte y la supervivencia de Baret, se le debería dar un año en su apartamento compartido en París para organizar sus colecciones de historia natural, incluidas las gavillas de especímenes de plantas prensadas que había estado reuniendo desde que era un adolescente.

El hecho de que él le confiara tal tarea indica que ella tenía conocimientos botánicos y la habilidad suficiente para no necesitar su dirección constante. De hecho, en su diario Bougainville se refirió a Baret y Commerson como “los botánicos”.

Bougainville

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Bougainville, aparentemente, no sospechaba nada: permitir que una mujer se uniera a su expedición violaba la ley.

Al abordar el Étoile en Rochefort, el disfraz de Baret podría haberse descubierto pronto si no fuera por el hecho de que a Commerson se le asignó la cabina del capitán para acomodar su equipo de campo. Tenía un inodoro privado, lo que le permitía a Baret hacer sus necesidades en privado en lugar de con los otros marineros.

El 1 de febrero de 1767, después de seis semanas de preparación y aprovisionamiento, el Étoile navegó hacia el sudoeste para encontrarse con Bougainville en Río de Janeiro, donde había estado involucrado en asuntos diplomáticos a bordo de su propio barco, el Boudeuse.

Mentes sospechosas

Además de Bougainville, otros tres miembros de la expedición mantuvieron diarios que mencionan a Baret.

El del cirujano del Étoile, François Vivès, deja claro que la tripulación empezó a sospechar que Baret era una mujer a los pocos días de zarpar. Y el diario que Commerson mantuvo junto con otro miembro de la tripulación a bordo del Étoile revela cuándo aparentemente se puso más allá de toda duda la verdadera identidad de Baret.

Como dictaba la tradición marítima, cuando el Étoile cruzó el ecuador el 22 de marzo de 1767, todos los ‘vírgenes ecuatoriales’ tuvieron que desnudarse para ser bautizados por el padre Neptuno y sus seguidores.

Caricatura del rito de 1825

El rito de iniciación al cruzar la línea ecuatorial es de larga data y sigue vivo.

Commerson describe la inusualmente brutal ceremonia como “una mascarada de demonios”, aunque, siendo un caballero, su ‘bautismo’ no fue más que un baño con un balde de agua. Los marineros ordinarios se desnudaron para sumergirse en un estanque fétido y fueron golpeados con remos por los “acólitos de Neptuno” y pintados de verde.

Baret fue el único novato ecuatoriano que permaneció completamente vestido, un hecho que notó la tripulación.

Exuberancia

El Étoile llegó a Río a mediados de junio y, mientras esperaban la llegada de Boudeuse, Baret y Commerson se fueron a explorar la botánica del lugar, aunque las recurrentes úlceras varicosas de Commerson limitaron sus movimientos.

De hecho, su salud era tan mala que el cirujano recomendó la amputación de la pierna afectada. Por tanto, es probable que fue Baret quien coleccionó la vistosa enredadera tropical que luego fue nombrada en honor a su comandante: Bougainvillea.

buganvilla o bugambilia

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La buganvilla o bugambilia es nativa de Sudamérica.

A mediados de julio, ambos barcos navegaron hacia el sur, entre ballenas jorobadas incrustadas de percebes que rompían las olas del Atlántico sur.

Pero una fuga en la bodega del Étoile requirió reparaciones frente a Montevideo, donde Baret y Commerson desembarcaron.

Entre sus objetivos se encontraban especímenes de cochinilla del carmín, recolectados de las almohadillas espinosas de la tuna, por la gran demanda del tinte rojo producido a partir de su caparazón: las empresas que lo producían cotizaban en las bolsas de valores de Londres y Ámsterdam.

En noviembre de 1767, terminadas las reparaciones al Étoile, la expedición zarpó del Río de la Plata y atravesó la bioluminiscencia marina que se encuentra a menudo en esas aguas: una neblina lechosa en la superficie del océano que lo ilumina hasta el horizonte.

El diario de Bougainville registró focas, pingüinos y ballenas, mientras albatros y petreles volaban sobre sus cabezas.

Para Baret, hija de jornaleros que generalmente nunca viajaban más allá de su mercado local, la experiencia debe haber sido milagrosa.

Ilustración de mexicano recolectando cochinilla de carmín

La cochinilla del carmín es nativa de América.

El 4 de diciembre, los barcos llegaron al extremo sur del continente sudamericano y giraron hacia el oeste en el Estrecho de Magallanes. Una quinta parte del diario de Bougainville está dedicada a esta etapa del viaje, en la que los barcos avanzan poco a poco por este canal, tratando de evitar la morrena glaciar sumergida (lomas de material de glaciar) que podría desgarrar los cascos.

Baret y Commerson fueron desembarcados en la costa, con personal adicional para ayudarlos, y Bougainville registra a los nativos patagónicos siguiendo el ejemplo de los botánicos y ayudando en una búsqueda de plantas.

Acompañando la expedición en el estrecho había delfines blancos y negros que Commerson creía que eran nuevos para la ciencia europea; egoístamente, nombró a la especie delfín con su apellido: Cephalorhynchus commersonii.

En la costa, la expedición vio colonias de pingüinos de Magallanes y enormes elefantes marinos del sur, entre otras maravillas naturales que quizás le proporcionaron alguna compensación a Baret por el intenso frío que debió haber soportado durante las excursiones en tierra.

Suspicacia

A finales de enero de 1768, la expedición finalmente emergió al Pacífico, trazando un rumbo noroeste con la esperanza de llegar a las Islas de las Especias (o Molucas, ahora Maluku, en Indonesia), que estaban estrechamente custodiadas por los gobernantes coloniales holandeses.

Entre los productos que allí se obtenían, el más apreciado era la nuez moscada.

Fue camino allá que, a principios de abril de 1768, los barcos se toparon con Tahití, donde Baret y Commerson debieron haber estudiado el fruto del pan, más tarde el objetivo de la desafortunada expedición Bounty del capitán Bligh; ciertamente, Commerson bosquejó la planta en su cuaderno.

Ilustración de Louis Antoine de Bougainville en Tahití hecha por el artista Gilbert en 1898.

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Ilustración de Louis Antoine de Bougainville en Tahití hecha por el artista Gilbert en 1898.

También fue allá, según el relato de Bougainville, donde se produjo el descubrimiento de “la chica”. Los primeros lectores de sus informes no vieron nada extraño en la aparente capacidad de los tahitianos para reconocer a Baret.

Pero los del siglo XXI tienen razones para dudar: Bougainville no escribió sobre la revelación durante la estadía de la expedición en la isla; no fue hasta el 28-29 de mayo de 1768 que su diario planteó el tema de Baret por primera y última vez, atribuyendo el descubrimiento a los tahitianos.

Y no fue porque a finales de mayo no tuviera mucho que contar. Para entonces, los barcos tenían tan poca comida y agua que los oficiales habían comenzado a comer ratas, y a los marineros ordinarios se les daba cuero hervido para roer.

Además, los barcos se habían encontrado con isleños melanesios armados del archipiélago de Vanuatu y se sintieron obligados a disparar contra ellos. En medio de la abundancia tropical, Boudeuse y Étoile no pudieron encontrar ningún lugar seguro para tocar tierra.

Violación

El 5 de junio de 1768, el Boudeuse hizo disparos de advertencia para alertar al Étoile del peligro en el agua: la expedición se había topado con la Gran Barrera de Coral.

Las tripulaciones miraron sin comprender lo que el capitán James Cook describió más tarde como “una pared de roca de coral que se eleva perpendicularmente desde el océano insondable“. Hoy, un afloramiento de coral a unos 190 kilómetros al este del continente australiano se llama Arrecife Bougainville en honor a ese momento.

Los barcos giraron hacia el norte y, el 10 de junio, la expedición estaba frente a la costa sureste de Nueva Guinea; las corrientes marinas y las tormentas tropicales impidieron tocar tierra así que lo tuvo que hacer, a principios de julio, en Nueva Irlanda, al noreste de Nueva Guinea.

Los diarios de otros tres hombres de la expedición informan que algo significativo le sucedió a Baret aquí.

Portada del libro

Ridley, la autora de este artículo y del libro “El descubrimiento de Jeanne Baret”, a diferencia de otros no pasa por alto lo que le ocurrió a Baret.

El de François Vivès es el más explícito de los tres: sus metáforas de la placa de bloqueo de una pistola que se retira y del hallazgo de una caracola indican que Baret fue desnudada y asaltada a la fuerza.

Aunque esta versión de los hechos fue corroborada por otros, los cronistas modernos suelen preferir confiar en el relato de Bougainville.

En busca de especias

Commerson y Baret no salieron de su cabina durante un mes después de lo ocurrido en Nueva Irlanda.

La expedición, entre tanto, intentó acercarse a la costa norte de Nueva Guinea, pero fue obstaculizada por tormentas eléctricas y fuertes vientos en contra.

Bougainville decidió navegar hacia el oeste y atracar en las Islas de las Especias.

Sin embargo, los holandeses habían regulado durante mucho tiempo la producción y disponibilidad de cartas de navegación de estas islas, por lo que los barcos no holandeses navegaban a ciegas en el mar de Ceram.

Mapa mostrando el viaje alrededor del mundo de la expedición

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Cuando Baret y Commerson finalmente desembarcaron, la isla elegida no producía especias. A principios de septiembre, el Étoile y el Boudeuse anclaron frente a la isla de plantación holandesa de Boero (actual Buru) y, después de registrar los barcos, el gobernador alimentó a Bougainville y sus oficiales y les dio algunos suministros.

Ahora bajo vigilancia holandesa, Bougainville no vio otra opción que navegar directamente al oeste a través del mar de las Molucas, hacia un puerto importante.

Más tarde ese mes, la expedición llegó cojeando a Batavia (actual Yakarta), donde se trasladó antes de navegar hacia la Isla de Francia controlada por Francia (ahora Mauricio).

Allí, Baret, Commerson y el astrónomo Pierre-Antoine Véron fueron invitados a alojarse en la casa del director de los jardines botánicos, Pierre Poivre. En los jardines, Poivre supervisaba cultivos de prueba de plantas tropicales que podrían ser útiles para alimentar y vestir a Francia y su imperio.

Las habilidades de los botánicos estaban en demanda y, cuando Bougainville zarpó en diciembre de 1768, ellos y Véron se quedaron con Poivre.

Honores

Cuando la expedición regresó a Francia en marzo de 1769, Bougainville fue festejado como un héroe.

Imagen con planta y detalles

Baret fue honrada en 2012 nombrando a una planta de Perú y Ecuador Solanum baretiae Tepe.

Desde su base en Mauricio, Baret y Commerson exploraron Madagascar antes de que él muriera en 1773; ella consiguió un pasaje de regreso a Francia, llegando en algún momento de 1774 o principios de 1775.

Cuando pisó suelo francés, unos 8 años después de partir, no había nadie para festejar su regreso. Sin embargo, alguien, probablemente el comandante Bougainville, le solicitó al Ministère de la Marine (Ministerio de Marina) el reconocimiento de esta extraordinaria mujer.

Desde el 1 de enero de 1785, recibió una pensión estatal por su participación en la expedición. Jeanne Baret fue la primera mujer en dar la vuelta al mundo y la primera en recibir una pensión del gobierno por su contribución a una expedición científica.

Barnet y Commerson recolectaron más de 6.000 especímenes de plantas, animales y minerales, todos los cuales fueron posteriormente absorbidos por las colecciones del Museo Nacional de Historia Natural de París.

Imagen de la portada: Gentileza de BBC News Mundo

Bougainville llamó la Nueva Cintera (la isla de Afrodita) a la isla que inspirará a Gaugin, y dijo que era “un paraíso para los marineros”. (Fatata Te Miti o Cerca del mar del postimpresionista francés Paul Gaugin).

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo

* Glynis Ridley es profesora y directora del departamento de Inglés en la Universidad de Louisville, Kentucky, y autora de “El descubrimiento de Bare

 

 

El juicio de Agnódice por “seducir a sus pacientes” provocó una rebelión de mujeres en la antigua Grecia.

Estaba entre la espada y la pared. Tenía que demostrarles que estaban equivocados, revelándose la verdad… aunque hacerlo significaba la muerte.

Corría el siglo IV a.C. y Agnódice estaba en el banquillo de los acusados. Un grupo de médicos había presentado cargos en su contra argumentando que seducía a las mujeres que eran sus pacientes, y peor, que hasta había violado a dos, penetrándolas.

El veredicto del Consejo del Areópago había sido “culpable”.

No le quedaba más remedio. Agnódice levantó la túnica y, sin necesidad de palabras, les dejó saber que era mujer, no hombre, como había hecho creer.

Sabía que la revelación sería considerada como un delito peor que haber seducido o hasta violado a sus pacientes.

En la facultad de Medicina de la Universidad de París Descartes está inmortalizado en piedra el momento en el que Agnódice se desnuda en el Areópago.

“¡Una mujer, practicando medicina!”, exclamaron algunos, como escupiendo las palabras.

Les había dado la razón perfecta para ejecutarla.

El crimen

Esa razón era la misma por la que sus pacientes la habían preferido.

Era un secreto guardado por ella y aquellos a quienes había ayudado pues en esa época estaba prohibido que las mujeres practicaran medicina.

No siempre había sido así.

No mucho antes de que Agnódice decidiera dedicarse a la partería, la práctica era considerada como una profesión honorable en la civilización griega.

Una de las célebres parteras era Fanáreta, la madre del filósofo Sócrates (470-399 a.C.).

Sócrates

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La madre de Sócrates, el primer filósofo moral de la tradición ética occidental del pensamiento, era una célebre partera.

Y aunque el contemporáneo más famoso de Sócrates, Hipócrates (460-380 a.C.), el padre de la medicina moderna, no admitía mujeres en su escuela primaria de medicina en su isla natal de Cos, al parecer sí les permitía estudiar temas obstétricos y ginecológicos en sus otras instalaciones de enseñanza.

Sin embargo, los atenienses poderosos no veían con buenos ojos que las matronas acumularan tan impresionante gama de conocimientos y talentos en un campo relacionado con la reproducción de sus herederos.

Así que decidieron prohibir que las mujeres practicaran la partería y la medicina, so pena de muerte.

Fue un golpe terrible, no solo para las comadronas que se quedaron sin medios de subsistencia, sino también para las mujeres cuyos partos, sin la guía de una partera, a menudo terminaban en desastre.

Timidez

La Grecia antigua era una sociedad que valoraba mucho la modestia femenina, y eso hizo que la transición de las matronas a los médicos varones no fuera fácil.

Mujeres griegas

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La modestia era muy valorada, así que la idea de que fueran hombres los que examinaran a las mujeres no fue bien recibida.

A pesar de los avances de la medicina introducidos por Hipócrates y de la voluntad de los hombres recién entrenados para hacerse cargo del cuidado de las mujeres, estas se negaron rotundamente a permitir que los médicos las examinaran o ayudarán en el momento de dar a luz.

Desde el punto de vista de los doctores, las mujeres eran criaturas obstinadas, sin interés en su propio tratamiento o salud y responsables por el número cada vez mayor de muertes relacionadas con el parto.

Sin embargo, lo que demostró la osadía de Agnódice fue que todo ese sufrimiento podría haberse evitado si no se hubiese prohibido la partería.

Ella

Agnódice quería estudiar medicina y practicar partería desde pequeña. Cuando le cerraron las puertas por ser mujer, se cortó el cabello, se puso ropa de hombre y se fue de Atenas a Alejandría a estudiar con uno de los seguidores de Hipócrates.

Herófilo de Calcedonia en "A Medicina Científica" (1906) del artista portugués José Maria Veloso Salgado

Herófilo de Calcedonia, que aparece en esta pintura del artista portugués José Maria Veloso Salgado en el extremo derecho con una mano levantada y la otra en el cuerpo en el que está trabajando, fue maestro de Agnódice creyendo que era hombre.

Fue nada menos que el primer anatomista, Herófilo de Calcedonia (335-280 a.C.), cofundador de la legendaria escuela de medicina en Alexandria, quien le impartió su sabiduría médica sin saber que era mujer.

Tras su regreso a Atenas, ya graduada, Agnódice trató de atender un parto particularmente difícil.

La mujer se negaba a dejarse ver por los médicos, a pesar de su agonía. Desesperada por ayudar, Agnódice levantó su túnica para revelar sus pechos; al verlos, la paciente, aliviada, le permitió ayudarla.

Agnódice

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Mostrar quién era realmente le permitió salvar la vida de la mujer y su bebé.

El secreto de Agnódice se difundió rápidamente entre las mujeres y su práctica creció tanto que los otros médicos se molestaron.

Por eso empezaron a hacer correr el rumor de que seducía y corrompía a las esposas de otros hombres, y levantaron falsos testimonios para acusarla de violación sexual con penetración a dos pacientes.

Volvamos al juicio

Era indudable que Agnódice había violado la ley, y quienes estaban presentes en el juicio sabían cuál era el castigo.

Pero un gran obstáculo lo impidió: una multitud furiosa de mujeres atenienses acaudaladas, a quienes Agnódice había ayudado, entre ellas esposas de médicos y políticos que la habían acusado, exigieron su liberación.

Sin ella, afirmaron, muchas de ellas estarían muertas o morirían en el futuro.

Si ejecutaban a Agnódice, declararon, “todas moriremos con ella”.

La rebelión resultó no solo en la liberación de Agnódice sino también en la anulación de la ley que prohibía a las mujeres practicar la medicina, siempre y cuando solo trataran a pacientes del mismo género.

Antes de irnos, es importante señalar que esta es una de las varias historias que siempre ha sido, y probablemente siempre será, un misterio histórico.

Algunos eruditos creen firmemente que es un hecho histórico, mientras que otros creen que pertenece al reino de los mitos y las leyendas.

Probablemente nunca sabremos cuál es la verdad.

Imagen de portada: Gentileza de BBC News Mundo

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo por Dalia Ventura

Historia/Grecia/Salud

 

 

La Malinche: la desafiante vida de la mujer más despreciada de la historia de México.

La indígena Malintzin se convirtió en una de las más polémicas de la historia de México.

Su nombre es sinónimo de traición y de toda una manera de pensar en México.

Ser un “malinchista” suele encender los ánimos en una discusión entre los mexicanos que a lo largo de cinco siglos han aprendido que eso es ser traidor a la patria.

La Real Academia Española lo define como tener “apego a lo extranjero con menosprecio a lo propio”.

Pero el Diccionario de Mexicanismos de la Academia Mexicana de la Lengua va más allá y lo define como un “complejo”: “Que tiene complejo de apego a lo extranjero”.

Y es que el malinchismo es algo que ha estado fijado en la mente de los mexicanos desde la llegada de los conquistadores españoles en 1519, hace ya 500 años.

La idea del malinchismo tiene como figura originaria a una mujer conocida como “la Malinche”, quien pasó de ser heredera de un padre poderoso a esclava y al final traductora, consejera y amante del conquistador Hernán Cortés.

La Malinche junto a Hernán Cortes en un códice

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Tanto las crónicas hispanas como los códices indígenas ponen a la Malinche como figura clave de la conquista.

Sin embargo, durante generaciones ha sido reducida a una traidora no solo en el imaginario colectivo, sino también en la narración de la historia predominante.

“La Malinche es considerada como la que tiene la culpa de todas las desgracias nacionales y de todas las batallas perdidas en la historia de México”, dice a BBC Mundo el historiador José Antonio Flores Farfán.

Pero advierte: “Esta idea del malinchismo, de atribuírsele a una sola mujer, es un gesto muy machista, muy misógino”.

Y es que la reducción de la vida de la Malinche a un papel traidor para los pueblos originarios de México resulta cada vez más insostenible a la luz de las investigaciones históricas modernas.

“Esa es una ideología que no quiere ver la complejidad de la historia”, rebate Flores Farfán.

La princesa desechada

Los historiadores han debatido durante mucho tiempo cuáles fueron los orígenes exactos de la Malinche, pero estudios indican que nació al final del siglo XV.

Su nombre en la lengua náhuatl, la hablada por los aztecas, era Malintzin o Malinalli. Pasó sus primeros años de vida en la zona sureste del estado de Veracruz, cerca de Coatzacoalcos.

La Malinche

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Malintzin nació en el seno de una familia poderosa, pero pronto cayó en desgracia.

El cronista Bernal Díaz del Castillo, quien acompañó a Hernán Cortés en sus travesías, relató en una de sus obras que a Malintizn le correspondía ser heredera de los dominios de su padre.

Era hija de un cacique local que falleció cuando ella era una niña, por lo que su madre, Cimatl, contrajo matrimonio con otro jefe indígena de la zona con quien concibió un varón.

El conflicto de quién era el heredero del cacicazgo fue solucionado cruelmente para Malintzin.

“Para que en ello no hubiese estorbo, dieron de noche a la niña a unos indios de Xicalango, porque no fuese vista, y echaron fama que se había muerto”, explica Díaz del Castillo.

En el mercado de Xicalango, la niña fue comprada como esclava y finalmente cayó bajo el dominio del cacique de Tabasco.

Entregada a Cortés

Hernán Cortés había emprendido su campaña por la conquista de México cuando se enfrentó al pueblo maya de Tabasco en la batalla de Cintla en la que resultaron victoriosos los europeos.

El cacique del lugar, para “apaciguar” al español, le hizo varios regalos como una veintena de esclavas entre las que estaba Malintzin.

Hernán Cortés

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Hernán Cortés consiguió la conquista de México para la corona española en 1521.

Como en ese tiempo era aceptado el concubinato (barraganía) pero solo con mujeres bautizadas, Malintzin recibió la purificación de la fe católica y el nombre de Marina.

Entonces fue entregada por Cortés a su capitán Alfonso Hernández, pero el conquistador pronto descubrió el gran valor que tenía la mujer que sabía náhuatl y maya, así como sus variantes.

Y más allá de eso, pronto Cortés la hizo su propia amante cuando ella tenía 15 años.

“De una condición noble a la de esclava, abandonada y negada por su padres, pasa a muy temprana edad a manos de desconocidos, violada por los invasores castellanos en la pubertad”, describe Flores Farfán.

En su travesía hacia la toma del Imperio azteca, entre 1519 y 1521, la mujer dejó de ser Malintzin y Marina, y se encumbró en lo más alto de la avanzada conquistadora como Doña Marina.

La Malinche en una ilustración de una caravana conquistadora

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Los documentos gráficos de la época mostraron en un lugar dominante a la Malinche en la expedición de Cortés.

Doña Marina

Tanto los documentos de los cronistas de la época como los códices indígenas muestran cuál era la alta posición que alcanzó la joven indígena apenas salida de la adolescencia entre los conquistadores.

“Doña Marina tenía mucho ser y mandaba absolutamente entre los indios en toda la Nueva España (…). Sin doña Marina no podíamos entender la lengua de Nueva España y México”, decía el cronista Díaz del Castillo, quien la veía como una mujer “entrometida y desenvuelta”.

Sin embargo, su posición iba más allá de ser una simple traductora con los emisarios de los pueblos, incluidos los del imperio azteca.

Como han comprobado varios expertos el revisar los documentos históricos, logró el entendimiento entre culturas sin el cual la conquista pudo haber sido mucho más violenta.

La Malinche en un códice prehispánico

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Varios son los códices prehispánicos que muestran a la Malinche en su labor de mensajera y consejera.

“El multilingüismo la puso en un lugar muy privilegiado. Pero también se le consideró la cara visible de Cortés en el sentido de la interpolación que podía tener con pueblos originarios”, explica Flores Farfán.

“Era una mujer que tenía mucho poder”, añade.

¿Traidora de su sangre?

El pueblo al que pertenecía la Malinche también era súbdito de los aztecas, cuyos gobernantes imponían duros tributos por los cuales no generan simpatías, sino lo contrario.

Cortés supo de la enemistad de los pueblos indígenas y le sacó ventaja al buscar aliados locales para enfrentar a los aztecas, entre ellos los totonacas y los tlaxcaltecas.

A la Malinche se le atribuye haber usado su conocimiento de la lengua, cultura e idiosincrasia indígena para poner el tablero cargado a favor de los conquistadores.

En particular se le culpa de una de las más grandes masacres de la conquista en Cholula, de la que las crónicas españolas le atribuyen el descubrimiento de una conspiración para matar a Cortés.

Unos 6.000 cholultecas murieron a consecuencias de la venganza de los conquistadores. Y muchas muertes más hasta la caída del Imperio azteca son vinculadas a la Malinche, quien “traicionó” a su propia sangre.

Dibujo de la conquista

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La matanza de Cholula fue una de las mayores masacres de la conquista de México.

Pero una revisión de la información disponible del caso de Cholula y otras batallas no da evidencias de que Marina haya sido la responsable, opina Flores Farfán.

“La historiografía hispana crea un hada madrina, que, locamente enamorada de Cortés, defiende fielmente los intereses castellanos”, sostiene el historiador.

“Que fuera traidora es un lugar común. Se le transfieren responsabilidades que le corresponden a otros, y en particular a los mercenarios que masacraron a la población originaria”, añade.

La “chingada”

Desde la década de 1960, movimientos feministas comenzaron a hacer una revisión de quién fue realmente la Malinche y qué papel jugó en la conquista española.

A partir de entonces, se empezó a desentrañar que no fue solo la traductora que se unió a los españoles sino una mujer desechada por su familia por su género, esclavizada, violada y pasada “de mano en mano” hasta ser entregada a los españoles.

Cortés y Catlina Juárez

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Tras la conquista, Cortés se reunió con su esposa, Catalina Juárez, y la Malinche quedó de lado para él.

Doña Marina no solo estuvo al servicio de Cortés como mensajera y consejera, sino también como amante con quien procreó a Martín Cortés, quien es el primer mexicano mestizo conocido con nombre y apellido.

El poeta Octavio Paz en “El laberinto de la soledad” incluso la ejemplifica como epíteto de la “chingada”, una de las expresiones con más carga peyorativa del español mexicano.

“Si la chingada es una representación de la madre violada, no me parece forzado asociarla a la conquista, que fue también una violación, no solamente en el sentido histórico, sino en la carne misma de las indias”, escribe Paz.

“El símbolo de la entrega es doña Malinche, la amante de Cortés. Es verdad que ella se da voluntariamente al conquistador, pero éste, apenas deja de serle útil, la olvida”, añade.

Y esa es la suerte que corrió la Malinche, a quien en sus textos y memorias Cortés la deja en el olvido.

No así en el imaginario de los mexicanos, donde hasta la actualidad queda bien fijada como la traidora.

Imagen de la portada: Gentileza BBC News Mundo

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo, Ciudad de México por Darío Brooks.

Sociedad y cultura/México/Historia/América Latina/Mujeres

Paul Auster rescata del olvido la vida de Stephen Crane.

Biografías y memorias

El reconocido novelista publicó una biografía del autor de “La roja insignia del valor” , uno de los más influyentes de la literatura estadounidense, cuya personalidad reviste “facetas contradictorias y fascinantes”. 

Paul Auster acaba de publicar “La llama inmortal de Stephen Crane”, una biografía del autor de “La roja insignia del valor” y uno de los más influyentes de la literatura estadounidense, que falleció en 1900 a los 28 años de tuberculosis, y cuya personalidad, para el escritor reviste “facetas muy contradictorias, todas fascinantes”. 

Nacido en 1871 en Newark (Nueva Jersey), Crane fue el noveno de los 14 hijos que tuvieron sus devotos padres metodistas. Su hermana, Agnes Elizabeth, también murió a los 28 años, pero de meningitis, mientras que su hermano Luther falleció al caer bajo un tren en marcha cuando trabajaba de guardavía.

En su breve pero intensa trayectoria literaria de solo ocho años y medio produjo una obra maestra “La roja insignia”, dos novelas cortas, tres docenas de relatos, recopilaciones de poemas y más de 200 artículos periodísticos.

El proceso de escritura del libro, editado por Seix Barral, surgió tras leer autores que formaban parte de una lista de lecturas pendientes, entre ellos Crane, a cuyas obras que Auster se dedicó luego de escribir su última obra “4, 3, 2, 1” que, según explica, lo dejó “agotado”.

“Stephen Crane estaba en la lista. Tenía una antología de 500 páginas. La abrí al azar y lo primero con lo que me tropecé fue ”El monstruo”, un relato de 60 páginas del que jamás había oído hablar. Su lectura me dejó anonadado. Devoré el resto de la antología y me interesó tanto que me hice con una edición de 1.400 páginas de sus obras escogidas. Me parecieron tan fascinantes que leí de principio a fin los 10 volúmenes de sus obras completas: ficción, periodismo, poesía, piezas breves, todo. Entusiasmado, me puse a investigar acerca de su vida, que está llena de episodios apasionantes. Decidí escribir un libro sobre él, de unas 200 páginas, pensé cuando empecé, pero al final han salido 800″, explicó.

“Crane” es una figura enigmática. Su personalidad tiene facetas muy contradictorias, todas fascinantes. Me di cuenta de que si quería comprenderlo, necesitaba filtrar por el tamiz de la imaginación”, dice el autor en una entrevista al diario El País.

Según el autor “La trilogía de Nueva York” y “El palacio de la Luna”, Crane “cambió las reglas del juego, elevó el arte de narrar a otro plano, liberó a la novela norteamericana de las convenciones que la tenían aprisionada desde hacía 150 años”.

En este sentido, señala que Henry James “era un genio que comprendió inmediatamente que Crane era el futuro de la literatura” e influyó en la literatura de Joseph Conrad.

Auster manifiesta que si bien la reputación de Crane “descansa sobre “La roja insignia del valor” y “Maggie, una chica de la calle”, lo que más llamó su atención son “los textos cortos, en especial dos relatos de unas 30 páginas cada uno, “El bote a la deriva” y “El hotel azul”.

El primero de los relatos “está basado en una experiencia real de Crane, que sobrevivió a un naufragio frente a las costas de Florida cuando se dirigía a Cuba como periodista”, dice Auster y señala que “es la crónica del día y medio que pasó en alta mar con el capitán y dos tripulantes, intentando alcanzar la orilla. Aquella experiencia cambió su visión de las cosas: la solidaridad entre los cuatro hombres que iban en el bote le hace ver que en el mundo impera el sinsentido”.

En tanto “El hotel azul” “es una historia enigmática, un relato escalofriante en el que en ningún momento se sabe exactamente qué sucede ni por qué. Tiene lugar en un paisaje onírico y solitario de Nebraska”.

Imagen de portada: Gentileza de Entre líneas

FUENTE: Entre líneas – Literatura/Paul Auster/Stephen Crane/

Un libro inédito de un europeo que vio demasiado.

Biografías y memorias

Stefan Zweig fue testigo de su época: fue perseguido por el nazismo y exiliado de su patria. En “El mundo de ayer”, busca rescatar la vida que había llevado en Viena antes de la Primera Guerra Mundial.

El escritor y pacifista austríaco Stefan Zweig escribió “El mundo de ayer” entre 1940 y 1941, poco antes de suicidarse en 1942 en Brasil junto a su segunda mujer, Lotte Altmann. Allí, recopila sus memorias y habla de una Europa que ya no existe, aquella previa a las guerras mundiales.

Alfredo Cahn, amigo de Zweig, publicó las memorias del autor en Argentina en 1942 bajo el sello Claridad, omitiendo algunos pasajes. La nueva edición de El Zorzal ofrece una versión completa para reconstruir no solo la vida de uno de los intelectuales más importantes del siglo XX, sino la de una Europa que se encontraba frente al abismo de la historia.

“En el breve lapso que va desde que empezó a salir la barba hasta que empieza a encanecerse, en este medio siglo han acontecido más transformaciones y alteraciones radicales que en diez generaciones, y todos sentimos lo mismo: ¡ya basta!”, afirma Stefan Zweig en este libro, el último antes de su muerte.

Por qué leerlo

Si deseas profundizar sobre Zweig; por favor cliquea en lo escrito con “negrita”.

Stefan Zweig fue protagonista de gran parte de los eventos que marcaron el siglo XIX. En este libro, recoge la historia de su vida antes de que las guerras avasallaron con todo lo que valoraba. 

Un choque permanente entre su moral pacifista y la cruda realidad que debió enfrentar. 

Sobre el autor

Stefan Zweig fue un filósofo austríaco que saltó a la luz al declararse pacifista en medio de la Primera Guerra Mundial. Se relaciona con importantes figuras literarias y de la cultura en general de su época, como Rainer Maria Rilke, Hermann Hesse, Sigmund Freud y Auguste Rodin, entre otros.

Imagen de portada: Gentileza de Entre líneas (El actor Josef Hader que interpreta a Stefan Zweig.

FUENTE: Entre Líneas/Literatura/Libros/Stefan Zweig/Siglo XX

CDMX abre sus “ventanas arqueológicas” hacia el pasado glorioso.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México inauguró la exposición “El Pabellón de las Ventanas Arqueológicas”, en la Casa del Marqués del Apartado, ubicada en el centro histórico de la Ciudad de México. Se trata de un recuento de los vestigios encontrados en el antiguo Recinto Sagrado de Tenochtitlán.

La exposición incluye cinco esculturas mexicas, tres de ellas descubiertas en la propia Casa del Marqués del Apartado, y dos cráneos procedentes del Huey Tzompantli. También contiene fotografías, videos y maquetas que hacen un repaso de los descubrimientos más importantes en torno a estos espacios.

La primera de estas ventanas es una escalinata prehispánica que formó parte de un templo, instalada en la misma Casa del Marqués de Apartado en 1901 y remodelada para dicha exposición.

Las más recientes se ubican en la calle de Guatemala donde hace 11 años se descubrió el Templo de Ehécatl (Dios del Viento) y en 2015 encontraron parte del Huey Tzompantli del Templo Mayor.

Raúl Barrera Rodríguez, responsable del Programa de Arqueología Urbana del INAH, explicó que en el Centro Histórico existen 42 ventanas arqueológicas distribuidas en 16 inmuebles y la vía pública, a través de las cuales se pueden admirar no solo restos de templos y palacios mexicas, también de casas de conquistadores españoles, iglesias cristianas, casas del gobierno virreinal y vestigios del siglo XIX.

Por su parte, la arqueóloga Lorena Vázquez destacó la importancia de estas ventanas arqueológicas, las cuales dijo “consisten en partes o fragmentos de los templos del recinto sagrado de Tenochtitlán. Obviamente no es de los más de 78 templos que dicen las fuentes históricas, pero sí son unas porciones importantes de estos edificios”.

Todos los arqueólogos coinciden en que todavía hay mucho por descubrir en las profundidades del Centro Histórico de la Ciudad de México.

“Tenemos un gran potencial arqueológico en el subsuelo. Creo que nos hace falta mucho por conocer. Afortunadamente se ha avanzado en cuanto a la identificación de vestigios arqueológicos”, concluyó Raúl Barrera Rodríguez.

“El Pabellón de las Ventanas Arqueológicas” estará abierto martes, miércoles, viernes y sábados de 10 am a 3 pm durante todo el mes de noviembre. El acceso será con el boleto de ingreso al Museo y Zona Arqueológica del Templo Mayor.

El Gobierno de México conmemora los 500 años de la caída de Tenochtitlán.

CIUDAD DE MÉXICO (Sputnik) — El Gobierno de México conmemora en la plaza principal del Zócalo, en el Centro Histórico de la capital, los 500 años de la caída de Tenochtitlán, corazón del imperio prehispánico mexica que sucumbió tras un sitio comandado por la expedición española de Hernán Cortés en 1521, apoyada por pueblos originarios sublevados.

“Hoy 13 de agosto se cumplen 500 años de la caída de la toma de Tenochtitlan, vamos a recordar a la gran Tenochtitlán en el Zócalo es muy importante recordar este día y no olvidar”, dijo el presidente Andrés Manuel López Obrador en conferencia de prensa.

El prolongado cerco hizo colapsar al poderío mexica en la urbe que estaba enclavada en una isla del lago de Texcoco en el actual Valle de México, hoy disecado, que comenzó el 31 mayo de 1521 y terminó el 13 de agosto con la caída del imperio mexica, también conocido como azteca, aludiendo al origen de ese pueblo nómada, Aztlán, que llegó dos siglos antes desde un lugar mitológico en el norte del país.

Al mismo tiempo, las autoridades mexicanas van a expresar “el compromiso de seguir luchando contra la opresión, contra las invasiones, las conquistas, y las ocupaciones militares”, dijo el jefe de Estado.

La plaza principal del Zócalo frente al Palacio Nacional, residencia presidencial, y la Catedral Metropolitana, ha sido engalanada con reproducciones de dioses prehispánicos mexicas y una reproducción a escala del Templo Mayor de Tenochtitlán, hallado en febrero de 1978 durante una construcción de obras de electrificación.

Contra el racismo

El presidente mexicano hizo una reivindicación del combate al racismo y a la discriminación.

En su alocución reafirmó su compromiso de “desterrar el clasismo, el racismo, la discriminación, que reine siempre la justicia, la igualdad, y la fraternidad”.

La maqueta iluminada en el centro del Zócalo fue inaugurada la noche del jueves por la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, y la esposa del mandatario, la periodista e investigadora Beatriz Gutiérrez Müller, que preside la coordinación nacional de Memoria Histórica y Cultural.

Gutiérrez Müller leyó un fragmento de la crónica de Bernal Díaz del Castillo, soldado español que vivió con Cortés los días de la conquista, que narró en una crónica publicada en 1623.

En la ceremonia nocturna de encendido de la iluminación, que permanecerá hasta el mes de septiembre, cuando se conmemoran 200 años de la consumación de la Independencia, la esposa del mandatario leyó el texto que describe “las aguas que rodean esta isla pequeña que era Tenochtitlán, la importancia de las canoas, las flechas, los gritos, el ruido de los tambores, los caracoles”.

También destacó que la antigua capital prehispánica tenía “el poder espiar al rival desde donde disparaban los españoles, con armas de pólvora″.

La titular de Cultura de la capital, Vannesa Bohórquez, anunció en un pronunciamiento que “la conciencia del presente ilumina la proeza del recuerdo de la civilización mexica que hoy emerge de sus entrañas para mostrarse en plenitud y para ser motivo de orgullo de todas y todos los mexicanos”.

La funcionaria capitalina dijo que Tenochtitlan es el “corazón de la Anáhuac” como se conocía a la región del altiplano central actual, que abarcaba el imperio mexica, dominador de otros pueblos originarios: “Es la piedra angular que nos fundamenta y fortalece”.

La plaza y los edificios de los gobiernos federal y capitalino han sido decorados con figuras iluminadas de serpientes emplumadas que representan al dios de la sabiduría Quetzalcóatl, mezcla de pájaro y serpiente; la diosa de la tierra Tlaltecuhtli; el dios del sol Tonatiuh, y la diosa de la luna Coyolxauhqui, con decoraciones de la arquitectura original mexica.

La reproducción del Templo Mayor de la antigua urbe en el centro del Zócalo tiene una proporción de 35% del tamaño original, con 16 metros de altura, 25 metros de frente, y 27 de profundidad; mientras que para iluminar la plaza se utilizaron 10.000 focos multicolores, 15.000 nodos para pantallas y 15 kilómetros de escarcha de colores.

Imagen de portada: Gentileza de Sputnik

FUENTE: Sputnik – Instituto Nacional de Antropología e Historia de México

Arte y Cultura/Historia/Exposición/Ciudad de México

La exuberante y hermosa Constantinopla otomana en el siglo XIX.

22 imágenes a todo color

Advertencia: una versión anterior de este artículo se publicó en 2016.

Si deseas profundizar sobre esta interesante  entrada, cliquea por favor en aquello que observes subrayado. Muchas gracias.

Estambul, capital preñada de puertos, es hoy una ciudad cerrada a influencias externas, al igual que el resto del país. Si hace tan sólo unos años Turquía ansiaba entrar en la Unión Europea, la región está hoy más lejos que nunca de sus valores occidentales. Hace poco más de medio año se retiraron de la Convención de Estambul, contra la violencia machista, se despedía al gobernador del Banco Central y se iniciaba el proceso de ilegalización del principal partido kurdo. Erdogan y su deriva autoritaria tiene hoy menos apoyo popular que nunca, pero sigue dictando el futuro cultural a este lado de Eurasia. Todo ello hace que nos preguntemos: ¿cómo era Estambul en los últimos compases del mundo antiguo, en el siglo XIX?

Retrotraerse más de cien años a Estambul implica viajar al extinto Imperio Otomano, una de las grandes organizaciones político-territoriales de la historia. Con varios siglos a sus espaldas de esplendor cultural y económico, el Imperio Otomano radicó en la antigua Constantinopla el centro de su inmenso poder. Antes de que el orden dinástico quedará arrasado en el interior de Europa, Constantinopla representaba un permanente cruce de culturas, una puerta abierta a Asia desde Europa y un centro de sofisticación y arte.

La Primera Guerra Mundial acabó con ella. Con su nombre y con el estado para el que ejercía de capital: el Imperio Otomano fue desmembrado por las potencias aliadas y en Anatolia surgió la República de Turquía, que eliminó el rastro oficial musulmán de los gobernantes de la Sublime Puerta y que, al adoptar el alfabeto latino, renombró la ciudad a Estambul. ¿Fue el fin de sus días? No: estas imágenes (recopiladas por Retronaut) tomadas con la técnica del fotocromo reviven los agitados días de la Constantinopla finisecular.

Barberos callejeros arreglando el vello facial a sus clientes. Muchos de ellos portaban el fez, que posteriormente fue prohibido por la república laica kemalista.

Cocineros callejeros (¡kebab!) en plena calle de Estambul.

El antiguo Ministerio de Relaciones Exteriores, a la derecha.

El cementerio de Üsküdar.

El complejo de Koca Sinan Pasha.

El faro de Kadıköy.

El emblemático puente de Galata repleto de actividad, transeúntes, carros y inusitado trasiego industrial. La Constantinopla otomana representaba una oportunidad única para comerciar más allá de Europa.

El interior de la asombrosa mezquita dedicada al Sultán Ahmed.

El vivaz barrio de Scutari.

La célebre fuente del Sultán Ahmed.

La magnífica Santa Sofía, uno de los monumentos más espectaculares de Europa.

Las imágenes recopiladas aquí forman parte del inmenso catálogo de la Detroit Publishing Company. En concreto, de una pequeña colección titulada Imágenes de pobladores y sitios de Turquía” que fue publicada en 1905 (aunque algunas de las fotos incluidas en este artículo son ligeramente posteriores). Por aquel entonces, la técnica del fotocromo, como ya hemos visto en otras ocasiones (a propósito de París o Venecia, sin ir más lejos) servía de herramienta fantástica para aportar color allí donde las placas fotográficas no lo hacían.

Constantinopla dejaría de ser denominada oficialmente como tal a partir de 1930, con la definitiva implantación de las políticas kemalistas, de la República de Turquía y del borrado total de todo rastro del Imperio Otomano. Mustafa Kemal Atatürk, padre de todos los turcos, trataría de despojar a la actual Estambul de la herencia imperial y musulmana, modernizando a la ciudad como capital de una República de Turquía de carácter más occidental. Constantinopla quedaría encapsulada para siempre en estas preciosas imágenes de fotocromo.

Los muelles de Constantinopla.

Una panorámica del Cuerno de Oro.

Una plaza céntrica de la antigua Constantinopla.

Típica estampa de la vida turca: un mercado justo debajo de la nueva mezquita.

Panorámica de Constantinopla.

La nueva mezquita, a la luz de la luna.

La plaza Eminönü bajo la mezquita nueva.

Los castillos de Hisari (Castillo de Anatolia) y de Rumeli Hisarı, en la parte más estrecha del Bósforo.

Mezquita de Kariye Müzesi.

Escenas del barrio de Scutari.

Otra perspectiva del transitado puente de Galata.

Imagen de portada: Gentileza de MAGNET

FUENTE: MAGNET Por MOHORTE  -Cultura/Constantinopla /Historia / Sociedad/

 

“El ferrocarril subterráneo”: la verdadera historia de la red clandestina que permitió a miles escapar de la esclavitud en Estados Unidos.

La sensibilidad poética del tándem artístico que componen el cineasta Barry Jenkins y el fotógrafo James Laxton está presente en cada plano de The Underground Railroad (“El ferrocarril subterráneo”), que compite hoy por el premio Emmy a mejor serie limitada.

Basada en la novela homónima ganadora del Pulitzer de Colson Whitehead, la producción de Amazon nos adentra en el épico viaje hacia la libertad de Cora Randall (Thuso Mbedu), una esclava de Georgia que huye hacia el norte de Estados Unidos a bordo de un ferrocarril subterráneo.

Es un duro relato de esclavitud -demoledor y sensible a partes iguales- y a la vez una fantástica narración cinematográfica llena de magia visual.

Esta trama de ficción está basada en un episodio real de la historia estadounidense del siglo XIX que, aunque hoy se enseña en escuelas del país norteamericano, sigue siendo un misterio para muchos.

El llamado underground railroad – “ferrocarril subterráneo” en español – no fue un ferrocarril ni fue subterráneo. Fue una red clandestina organizada por el movimiento abolicionista para ayudar a escapar a esclavos a través de una serie de rutas y conexiones a lo largo y ancho de Estados Unidos (e incluso fuera de sus fronteras).

Richard Blackett, escritor, historiador y profesor en la Universidad Vanderbilt, en Nashville (EE.UU.), ha dedicado su vida a estudiar el movimiento abolicionista en Estados Unidos.

“Después de leer la novela de Whitehead y de ver la serie de Amazon, tuve que reimaginar el “ferrocarril subterráneo” porque no tiene nada que ver con el que yo conozco. Whitehead y Jenkins se toman una serie de licencias narrativas que los historiadores no podemos tomarnos, como situar a personas en lugares y tiempos imposibles”, le dice a BBC Mundo.

“Pero lo bueno es que al hacerlo son capaces de hacer comprender al espectador o al lector un sentido íntimo de lo que ocurrió en la lucha contra la esclavitud en EE.UU., y la compleja y difícil tarea que suponía emprender esa hazaña”.

“Porque la libertad es tanto el acto de marcharse como la travesía para llegar a otro lugar”, agrega el historiador.

En su libro Making Freedom: The Underground Railroad and the Politics of Slavery (“Haciendo la libertad: el ferrocarril subterráneo y la política de la esclavitud”), publicado en 2013, Blackett recoge las experiencias de algunos esclavos fugitivos y de quienes los ayudaron a ponerse a salvo.

“Comenzamos a encontrar referencias del ‘ferrocarril subterráneo’ a mediados de la década de 1830. El sistema se fue perfeccionando en las dos décadas siguientes, y en los 50 está claro que todos sabían de su existencia”, explica el escritor y profesor de historia.

El “ferrocarril subterráneo” estuvo operativo hasta la Guerra Civil estadounidense (1861 – 1865), añade Blackett.

A través de los testimonios de quienes huyeron y de quienes les ayudaron en su travesía hacia la libertad, además de las luchas políticas que surgieron a raíz de la huida de esclavos, los historiadores pudieron recomponer la historia de aquel ferrocarril metafórico, y ponerle rostros y nombres.

Un lenguaje codificado

Empecemos por comprender el porqué de la metáfora ferroviaria.

“Hay muchas historias que explican por qué se le llamó ‘ferrocarril subterráneo’, aunque no fuera ninguna de las dos cosas”, explica Blackett.

“Lo primero que hay que tener en cuenta es que hablamos de un periodo (siglo XIX) en el que los ferrocarriles se volvieron comunes en Estados Unidos. Pero otra historia – que a mí me gusta más porque encierra una profunda declaración política – habla de un esclavista que trataba de atrapar a un esclavo fugitivo; cuando pensó que estaba a punto de lograrlo, este de repente desapareció y el esclavista se dijo: ‘Debe de habérselo tragado la tierra'”.

“Y ahí es donde los puntos comenzaron a unirse y la gente empezó a hablar de un ‘ferrocarril subterráneo'”, resume el historiador.

Richard Blackett es historiador y ha escrito varios libros sobre abolicionismo. 

En uno de ellos cuenta la historia del “ferrocarril subterráneo”.

“Quienes organizaron la red de apoyo para ayudar a escapar a los esclavos llamaron “estación” a cada parada de la ruta y se hicieron llamar a sí mismos jefes de estación”, explica el historiador.

Cada una de esas “estaciones” eran en realidad “casas seguras”donde los esclavos podían estar a salvo.

“Sabemos, por ejemplo, que cuando un jefe de estación quería comunicarse con otro decía algo así como: ‘Te voy a enviar un paquete’. Todo el lenguaje estaba asociado al ferrocarril y a los medios de transporte”.

Leesa Payton Jones es la cofundadora y directora del Museo del Ferrocarril Subterráneo de Washington Waterfront, en Carolina del Norte, que recaba historias de esclavos que escaparon de plantaciones de la zona.

“El ferrocarril subterráneo era clandestino, por eso todas las comunicaciones sobre cómo ayudar a las personas a alcanzar su libertad se hacían en un lenguaje codificado”, le dice Jones a BBC Mundo.

Muchos esclavos fueron ayudados por negros libres, por otros esclavos y por ciudadanos extranjeros.

Pero tal vez el “jefe de estación” más prominente fue William Still, un abolicionista negro nacido libre que rescató a cientos de esclavos y a quien muchos consideran “el padre del ferrocarril subterráneo”.

“William Still fue secretario de la Sociedad Antiesclavista de Pensilvania y creó un comité de vigilancia a principios de la década de 1850. Mantuvo un registro detallado de todos los fugitivos que pasaron por su oficina: cuáles eran sus nombres, qué nombre adoptaron al escapar, quiénes eran sus amos, por qué escaparon, si sus familias fueron vendidas…”, explica Blackett.

El historiador dice que Still contaba con el apoyo de otros “jefes de estación” en diferentes lugares del país a donde enviaba a los esclavos. Además, tenía empleados a algunos capitanes de barco para transportar gente a estados sureños.

“Era un sistema complejo que funcionaba gracias al telégrafo”, dice Blackett.

Jones cuenta que hay telegramas de William Still en los que escribía cosas como: “Mañana en la estación a las 8:00 am vamos a desayunar jamón y huevos'”.

“Eso podía significar que en un lugar secreto previamente acordado – y que no era una estación de tren – iba a entregar a un adulto y a un niño para llevarlos a otro lugar donde estuvieran a salvo. Era un lenguaje secreto”, explica Jones.

Las rutas hacia la libertad

Es difícil saber cuán grande era el sistema, pero Blackett señala que operaba principalmente en los denominados “estados libres” del norte de EE.UU. -como Pensilvania, Nueva York, Ohio o Massachusetts- y hasta Canadá, aunque también hubo gente en estados esclavistas del sur que colaboró.

En cuanto a quienes escaparon, “la mayor parte provenían de los estados más al norte del sur (el llamado Upper South) – Maryland, Virginia, Delaware, Kentucky, Missouri – porque había menos distancia que recorrer, por lo que el viaje era algo menos problemático”, dice Blackett.

“La mayoría escaparon por vía terrestre, aunque algunos – en Carolina del Norte, Georgia y Carolina del Sur – lo hicieron en barco”, añade el historiador.

El museo que gestiona Leesa Payton Jones cuenta algunas de las historias de quienes tomaron la vía marítima a través del río Pamlico, que desemboca en el Atlántico.

“El océano era un camino hacia la libertad”, explica Jones. “Podías ir a Canadá o a los estados del norte de EE.UU., a las islas del Caribe que no participaron en el comercio de esclavos, a México, a Sudamérica o a Europa”.

“También podías usar el río para desplazarte varios kilómetros y encontrar a tu familia si había sido vendida a otra plantación”, añade Jones.

En cuanto a las rutas terrestres, algunos historiadores elaboraron una serie de complejos mapas para ubicar las rutas que siguieron los esclavos en su huida, usando como punto de referencia la ubicación de “jefes de estación”.

El de abajo de estas líneas fue extraído del libro The Underground Railroad from Slavery to Freedom (“El ferrocarril subterráneo de la esclavitud a la libertad”), publicado en 1898 por el educador e historiador estadounidense Wilbur Henry Siebert:

"The Underground Railroad from Slavery to Freedom", Wilbur H. Siebert, The Macmillan Company, 1898.

FUENTE DE LA IMAGEN – WILBUR H. SIEBERT / WIKIMEDIA COMMONS

“Rutas del ferrocarril subterráneo”. Wilbur H. Siebert, 1898.

La cuestión política

La huida de esclavos, dice Blackett, transformóla política nacional cuando el sur de EE.UU. fue testigo de cómo la esclavitud comenzaba a colapsar y el norte experimentó una amenaza a su libertad.

“El ferrocarril subterráneo supuso el inicio de una de las mayores luchas contra la opresión. Y está en el núcleo de la crisis de la sociedad estadounidense porque esta se construyó sobre el principio de que todos los hombres son creados iguales, que nunca se logró establecer”, añade el historiador.

“El esclavo huye para tratar de vivir de acuerdo a ese principio, que fue aplastado por completo para tratar de proteger la propiedad”.

Blackett dice que hoy en Estados Unidos muchos conocen la historia del “ferrocarril subterráneo”, pero “se tiene una noción muy vaga y muy romantizada por el hecho de que fue un movimiento de blancos y negros que lucharon juntos contra la opresión”.

“A menudo se pasa por alto que el objetivo final del ‘ferrocarril subterráneo’ era destruir uno de los pilares fundamentales de la sociedad estadounidense: el sistema de esclavitud, la parte más productiva de la economía”, dice Blackett.

The Underground Railroad

El viaje de Cora hacia la libertad es una historia ficción basada en hechos e historias reales, pero con ciertas licencias narrativas.

“La parte política es absolutamente crítica”, agrega el historiador. “El ‘ferrocarril subterráneo’ – y la lucha contra la esclavitud en general – fue el primer movimiento de derechos civilesen Estados Unidos”.

“Los abolicionistas desafiaron el sistema; hicieron cosas que Martin Luther King y otros defensores de los derechos humanos copiaran en las décadas de 1950 y 1960. Y hoy en día esta cuestión es más relevante que nunca”.

Jones dice que en Estados Unidos la historia del “ferrocarril subterráneo” es conocida, pero considera que no se habla lo suficientemente sobre ella o no se hace de manera adecuada.

“Yo crecí y estudié aquí en Washington, Carolina del Norte. Muchos de nuestros libros escolares tendrían unos 10 capítulos sobre la guerra civil y apenas dos o tres frases sobre la esclavitud. Generalmente, hablaban de esclavos que trabajaban en el campo y que amaban a sus dueños”, dice Jones, quien ha sido maestra de escuela durante más de 30 años.

“Es importante que la gente conozca bien esta parte de la historia. Muchos abolicionistas arriesgaron sus vidas y las de sus familias por ayudar a otros a obtener la libertad”.

“Eran personas de todas las razas – blancos, negros y nativos americanos, no solo blancos, como se dijo por mucho tiempo, que lucharon por la dignidad y el respeto de otras. Tenemos que continuar con su legado porque todas las personas oprimidas merecen dignidad y respeto”.

Imagen de portada: Gentileza BBC News Mundo

FUENTE:BBC News Mundo – Por Lucia Blasco

“Tren subterráneo”/Esclavitud/Historia/Entramado/Cooperación.

Así era el rol de la mujer en la época medieval.

La vida de la mujer en la época medieval estaba marcada por la sumisión al hombre y por la ausencia de posibilidades de ascenso social.

Cuando se piensa en la Edad Media, lo que más se destaca es la historia en general y algunas curiosidades que abarcan a toda la sociedad de la época. Pero, ¿cómo era la vida de las mujeres en ese entonces? A continuación, te contamos cuáles eran sus roles y todo lo que hay que saber al respecto.

FUENTE: WIKIMEDIA COMMONS (A TRAVÉS DE MIVIAJE.COM)

Las mujeres en la Edad Media: sumisión al hombre y estratificación social

Tal como indica el historiador David Díaz en el portal Mi Viaje, la sociedad de la Edad Media está marcada por dos grandes variables: una visión teológica y la predominancia de la figura masculina.

En este sentido, se destaca la presencia de una Iglesia Católica que tenía un “enorme poder político, económico y social”. Los clérigos eran de las pocas personas que sabían leer y escribir y de esta forma ejercían el poder.

Ante todo, hay que decir que la mujer ocupaba un rol de sumisión al hombre. Las pocas que podían evitar esta relación de dependencia eran perseguidas y acusadas de brujería.

En cuanto a lo que era la vida diaria en la época medieval, Díaz recuerda como punto de partida que se trató de una sociedad cuya estratificación social era permanente, tanto para hombres como para mujeres. Si una persona nacía como campesina, por ejemplo, era casi seguro que muriese como tal.

En resumen, las dos nociones más significativas son las siguientes: en primer lugar, las mujeres estaban asignadas de por vida a formar parte del mismo estrato social.

Luego, sea cual fuese el mismo, el rol que ocupaba la mujer era de sumisión al hombre, ya fuese noble o campesina.

¿Cuáles eran los roles que existían para las mujeres en la época medieval?

De acuerdo con lo compartido por el historiador, los roles que ocupaban las mujeres en la Edad Media eran 3:

  • Campesinas y prostitutas.
  • Mujeres de la nobleza.
  • Religiosas.

El primero de ellos era el más bajo de todos y estaba marcado por la pobreza y la falta de educación. El caso de las prostitutas era aún peor, ya que eran mujeres marginadas que en muchos casos eran viudas con hijos e incluso personas que habían sido violadas y expulsadas de sus familias.

En cuanto a las campesinas y trabajadoras urbanas, las mismas estaban relegadas a los trabajos domésticos y al cuidado del hogar. En este sentido, lo mismo ocurría con las mujeres de la nobleza, con la diferencia de que poseían educación y ni siquiera tenían la preocupación de ser alcanzadas por la pobreza.

En relación a ellas, también hay que decir que eran objeto de intereses políticos, ya que muchas veces se las obligaba a casarse con hombres solo para establecer vínculos oficiales entre distintas familias de la nobleza.

Para finalizar, hay que decir que muchas mujeres decidieron dedicar su vida a la religión. Al respecto, Díaz aclara que esto no siempre era por pura vocación religiosa, sino que incluían las siguientes cuestiones:

  • Era una forma de huir de la pobreza
  • Implicaba mayor independencia y libertad que el matrimonio y la vida familiar.
  • Permitía acceder a la educación.

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest – Ani Albarrán

FUENTE: Redacción Mdz – HISTORIA/CULTURA MEDIEVAL/MUJER/ SOCIEDAD