Homenaje a “Almafuerte” – Pedro Bonifacio Palacios-

Almafuerte es uno de los pseudónimos que utilizó en su vida Pedro Bonifacio Palacios, escritor argentino nacido en San Justo (Pcia de Santa Fe) el 13 de mayo de 1854, quien falleciera en La Plata el 28 de febrero de 1917. Poeta, periodista, traductor, bibliotecario y maestro, expresa en toda su obra el dolor por el sufrimiento humano y su prédica por un mundo más justo alentando a la lucha y la superación del ser humano.


La vida de Pedro Palacios transcurrió en el seno de una familia humilde. Su infancia fue muy difícil, ya que a edad temprana sufrió el fallecimiento de su madre. Tras el abandono de su padre quedó al cuidado de sus parientes, padeciendo necesidades no sólo afectivas sino también económicas.


Su vocación primera fue la pintura, campo en el que incursionó brevemente. Pero luego de que el gobierno del momento rechazara el pedido de una beca para viajar a perfeccionarse a Europa, decidió cambiar de rumbo. Es en ese momento en que comienza a dedicarse a la enseñanza y a descubrir su vocación por las letras.


Pedro Palacios fue autodidacta, y ejerció la docencia vocacionalmente. Fue docente en el barrio porteño de Balvanera y en las ciudades de Mercedes y Salto. También se desempeñó durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento como director de una escuela de Chacabuco. Pero como carecía de título habilitante, además de tener 16 años, perdió su trabajo.


En realidad se cree que esto ocurrió porque Palacios alcanzó gran notoriedad en el ejercicio del periodismo, el cual desempeñaba con gran pasión y vehemencia, generando polémica que no favorecía a los caudillos locales.


Sus poemas eran altamente críticos hacia el gobierno, y al darse a conocer sus escritos de tinte político contrarios al sistema imperante fue retirado de su función docente a principios de la década de 1880.


En 1884 recién pudo retornar a la actividad pedagógica en un colegio de Trenque  Lauquen, en el que trabajó solamente dos años por la misma causa anterior: sus controvertidas opiniones políticas. Mientras tanto se desempeñaba como periodista en el periódico El Pueblo, de la ciudad de La Plata.
A comienzos del siglo XX y luego de abandonar definitivamente la actividad docente, su inestabilidad económica y su resistencia a aceptar un cargo político por sus duros cues-tionamientos a quienes tenían una vida holgada a expensas del pago de los impuestos de la gente, lo llevaron a participar escasamente de la actividad política.


Sin embargo, la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires otorga un puesto a Almafuerte, luego de lo cual se transforma en traductor y bibliotecario de la Dirección General de Estadística, cargo por el cual posteriormente el Congreso Nacional Argentino le otorgara una renta vitalicia en el ocaso de su vida.


Pese a ello, poco pudo dedicarse a su actividad como poeta ya la muerte lo sorprende a los 62 años en La Plata, el 28 de febrero de 1917 sumido en una profunda depresión.


Uno de los poemas que hizo famoso a Almafuerte es “Piu Avanti”, que fue incluido  dentro de “Los siete sonetos reparadores”, del Cantar de los Cantares, que en un segmento de su inolvidable letra dice:


“…Si te postran diez veces, te levantas
otras diez, otras cien, otras quinientas:
no han de ser tus caídas tan violentas
ni tampoco, por ley, han de ser tantas…”
“…no te des por vencido ni aún vencido,
no te sientas esclavo ni aún esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo.
y arremete feroz, ya malherido…”


El poema es una especie de declaración de principios frente a las adversidades, de tono profético, de realismo excesivo e impetuosa agresividad que le valieron gran prestigio popular como así también duras críticas.


Almafuerte participaba muy poco socialmente, y su producción literaria tuvo como nota dominante la exaltación de la clase humilde de la sociedad. En su lenguaje habitual la llamaba cariñosamente “la chusma de mis amores”, y siempre (ya sea en prosa o en verso) la presentaba como la clase oprimida por los poderosos, despreciada y tenida en menos. Su oratoria tenía un estilo particular, con tono de prédica que le valió rechazos extremos como así también adhesiones incondicionales.


Su obra no puede encuadrarse en un estilo determinado, ya que fue producida en una época de transición en la que se se abandonaba el romanticismo para adentrarse en el positivismo. Podría decirse que fue un romántico a destiempo en pleno auge del modernismo.
En las creaciones de Almafuerte queda reflejada su propia subjetividad, siempre compasivo y dolido por el sufrimiento humano.


Museo Almafuerte


La casa donde habitó y transcurrieron los últimos días de Almafuerte se encuentra en la ciudad de La Plata, situada en la calle 66 N° 530.
La casona construída a principios del siglo pasado, es actualmente un museo que concentra y sintetiza la obra y la vida del artista. Fue declarada Monumento Histórico de la Ciudad, de la Provincia y de la Nación en un homenaje justo que consolida como patrimonio público el lugar donde el escritor plasmó su actividad humanística y literaria.


Hasta el año 1945 el museo fue dirigido por la Agrupación Bases junto a un grupo de vecinos altamente comprometidos con la obra y la vida de Almafuerte. Pero desde ese año la acción cultural de dicho museo pasó a manos de la municipalidad platense.


El Museo exhibe fotografías, manuscritos, dibujos, periódicos, libros, escritos sobre su obra, objetos y muebles que formaron parte de la vida del escritor. Un recorrido por las diferentes salas permite al visitante inmiscuirse en la vida íntima del poeta y descubrir su multifacética personalidad tomando contacto no sólo con el contexto político, histórico y social de la época que le tocó vivir, sino también con otros aspectos del mundo íntimo de Almafuerte, sus cosas y utensilios más personales y de uso muy cotidiano como por ejemplo los anteojos que lo acompañaron en la vejez, con un fino armazón de plata.


Obras destacadas de Almafuerte
Lamentaciones (1906)
Evangélicas (1915)
Poesías (1916)
Poesías completas (1917)
Nuevas Poesías (1918)
Milongas Clásicas, sonetos medicinales y Dios te salve. (1919)

Siete Sonetos Medicinales (1919)
Discursos (1919)
Cantar de los cantares
La inmortal
El misionero
Trémolo

REIMPRIMIERON EN EL PAIS LOS RETRATOS DE POETAS RUSOS QUE TRAZO ILYA EHRENBURG

El alto don de la poesía, durante una época infernal


Podría decirse que, entre los compañeros de ruta del comunismo soviético, Ilyá Ehrenburg  fue el equilibrista más afortunado. Nació en Kiev en 1891 y murió en Moscú a los 76 años, de cáncer. Como miembro de la nomenclatura e intelectual orgánico del régimen gozó de privilegios, no obstante hubo períodos en los que sufrió acoso y censura. Se salvó del gulag, acaso, por su talento como cronista durante la Guerra Civil Española y durante la Operación Barbarroja, por ser funcional a los planes de los gerifaltes del Kremlin, y por los caprichos inescrutables de la mente paranoica más perversa de toda la Historia, la de un tal Josef Stalin.


Un centenar de obras llevan su firma. George Orwell, nada menos, tachó al escritor ucraniano y judío de “prostituta literaria”, pero Ilyá tuvo algunos gestos de grandeza (conservar la digni-dad y la decencia en determinadas épocas es un verdadero milagro) y en todo caso, se trataba de una de esas meretrices que realizan su trabajo con diligencia. Lo prueba un magnífico ejercicio de crítica literaria que se publicó hace casi cien años. Aquí venimos a recomendar Retratos de poetas rusos de Ehrenburg, reimpreso en Buenos Aires el año de la peste por el sello Añozluz editora. Es una gema rara.
El libro de ciento ochenta y dos páginas y tapa color celeste es, por encima de todo, una bri-llante exhibición de estilo. Hay un poeta que juzga a sus pares; con gran dominio de la metá-fora e intenso lirismo, define “el rostro, la persona y la obra” de catorce escritores: 

Ajmátova, Baltrushaitis, Balmont, Blok, Briúsov, Bieli, Voloshin, Esenin, 

Ivánov, Mandelstam, Maikovski, Pasternak, Sologub y Tsvietáieva.

Se acompaña la descripción con una selección de poemas y una foto de los artistas.


Los retratos fueron entregados a la imprenta en 1922; hubo una segunda edición un año más tarde y nunca más se volvió a publicar la Unión Soviética. Los devaneos de Ehrenburg con el futurismo y el simbolismo, su desinterés por el realismo socialista y las alusiones a la tradi-ción hebrea fueron demasiado para los guardianes del marxismo cuartelero, esa desgracia de media humanidad.


Ehrenburg sabía de qué hablaba:-
“El poeta no escribe los poemas, sino que los dice. Aunque sea en silencio; sus labios igual se mueven. Las manos vienen después, las manos son prácticamente un tipógrafo… ¿Pero acaso debe el poeta discutir, contar, denunciar?… El poeta debe profetizar… discute frente a frente con el terrible Todopoderoso… Es que del poeta esperamos visiones nuevas y cambiantes, y exigimos que nos asombre, como un peculiar jardín o el baile de una chica morena”.


VISIÓN INGENUA
Como se vé, nada más lejos del materialismo dialéctico que este delicado esteticismo, a lo  Vladimir Nabokov. Había en el joven Ehrenburg amor al arte, ternura y compasión, respeto por la autonomía del hecho estético. Y, desde el plano político, había en la mente del inte-lectual oficialista, y de algunos amigos poetas, una visión de la Unión Soviética ingenua, equivocada pero colmada de esperanza.

La Santa Rusia sería otro Estados Unidos: “Rusia no desea ser Europa y desde Asia se lanza hacia América… la gran mecanización de nuestra caótica existencia anterior es una victoria sobre los oscuros elementos del alma… es claro que el ruiseñor tiene un canto bellísimo, pero el futuro le pertenece, parece ser, al gramófono”.


A comienzos de los años veinte, el ideal comunista era aún lo más nuevo, el repudio asiático a la Vieja Europa, ese concierto infernal de naciones que había engendrado el colonialismo y la hecatombe de la Gran Guerra. Ehrenburg sigue, entre otros, a Alexándr Alexandrovich Blok  en el magnífico poema “Los escitas”. Copiamos algunas estrofas:


“”Ustedes son millones, nosotros, como tinieblas y más tinieblas/
¡Prueben combatir con nosotros!/
¡Sí, los escitas somos nosotros! Sí, los asiáticos somos nosotros,/
con oblicuos y voraces ojos””/
Para ustedes el siglo, para nosotros, la hora única./
¡Nosotros como siervos sumisos,/
sostuvimos un escudo entre dos razas hostiles,/
la de los mongoles y la de Europa!/
Cientos de años miraron ustedes hacia el Este,/
amontonando y extrayendo nuestras perlas,/
¡Y burlándose, para apuntarnos con las bocas/
de sus cañones, sólo esperaban el momento!/
(…) ¡Oh viejo mundo! Aún no has muerto/
y te consumes en dulce tortura./
¡Detente prudente como Edipo/
ante la Esfinge del viejo enigma!/
Rusia es la Esfinge. Regocijándose, afligiéndote/
y bañándose con negra sangre./
Ella observa, observa, te observa a ti,/
con tanto odio como amor.


“Los escitas” bien pudo haberse escrito ayer a la tarde, bajo el reinado del zar Vladimir Putin. Es que este volumen fascinante trae a la Rusia inmortal con “”el dolor mudo de una tristeza oculta, la angustia sin salida, el silencio, la inmensidad, la fría altura, las lejanías que se van”, como compuso Konstantin Balmont.


Es verdad que siempre algo valioso se pierde en la traducción de un poema, y se pierde mu-cho cuando el traductor no es un Jorge Luis Borges. Pero también hay algo que nos llega del fulgor original cuando la sensibilidad es socorrida por la inteligencia. Vale esto tanto para la prosa poética de Ilyá Ehrenburg como para su antología. El libro atesora momentos conmo-vedores (como Canción sobre una perra, de Serguei Esenin).
Al fin y al cabo, “la construcción de un mundo distinto (artísticamente hablando), con combi-naciones nada comunes de formas comunes, con proporciones desesperadas y escalas insen-satas siempre fue una eterna necesidad del hombre”. Incluso en épocas infernales como la de la tiranía comunista.


En tren de ser exigentes, lo único que podría reprochar a esta muy recomendable edición es que le faltarían algunas notas biográficas de los catorce poetas. Los jóvenes y los desinforma-dos deberían conocer los tormentos que el régimen comunista les infligió a Ajmátova, a Pasternak, a Mandelstam. Es decir, necesitan saber los peligros que implica correrse un milí-metro -en nombre de la libertad de pensamiento o de lo que sea- de la línea que establecen los catecismos rojos (aún hoy). “Oh pobre Homo Sapiens,/ la existencia es opresión// (…) Todos vivían con hambre y sed,/ bárbaros en la batalla/ y nadie pensaba que la vida/ es un milagro breve.”, escribió justamente Pasternak.


Fuente: Editorial de Guillermo Belcore @Guiasterion LA PRENSA 16/11/2020-

Homenaje a Baldomero Fernandez Moreno

(Buenos Aires, 1886 – 1950) Poeta argentino considerado uno de los más importantes exponentes de la corriente o tendencia denominada sencillismo. Hijo de padres españoles, vivió unos años en España, donde estudió humanidades. En 1899 regresó a Argentina e inició un lento aprendizaje literario, a la vez que avanzó y concluyó sus estudios de medicina, profesión que ejerció en paralelo a su vocación poética. Fue colaborador en periódicos y revistas, obtuvo el Premio Nacional y el Municipal de Literatura y fue miembro de la Academia Argentina de Letras.

Fernández Moreno dio su propia versión de una poesía ciudadana y porteña; con su primer libro, Las iniciales del misal (1915), obra ya madura, señaló un alejamiento de las características más ostentosas del modernismo hispanoamericano y argentino (Rubén Darío, Leopoldo Lugones) a favor de una lírica llana, realista, sin patetismo ni delectación metafórica, lo que se denominó sencillismo. Éste, logrado por la disciplina que se impuso, le dio un curioso aire clásico en la forma y de modernidad en la inquietud espiritual que transmitía su contenido.

El sencillismo no puede ser entendido como un movimiento literario en el sentido tradicional del término, aun cuando otros escritores, como Alfredo Bufano, Pedro Herreros y Miguel Camino, hayan seguido y profundizado esta tendencia poética. En líneas generales, el sencillismo es una forma de observar y apreciar la realidad en las cosas cotidianas y sencillas, sustrayéndolas al intento de profundizar en aspectos abstractos y utilizando un lenguaje sin florilegios eruditos. La crítica literaria ha destacado el hallazgo por parte de Fernández Moreno de un camino auténtico y propio dentro de la poesía argentina, con una inflexión singular y espontánea.

La naturalidad, que es una de las notas más características de sus poemas, se percibe en la falta de esfuerzo con que parecen haber sido escritos sus versos, a la manera de transcripciones del habla cotidiana. A pesar de ello, la obra de Fernández Moreno posee una fuerte influencia tanto del realismo como del impresionismo y el expresionismo. Se ha destacado en su estilo la singular alternancia entre las visiones subjetivas y las descripciones objetivas del mundo externo. Fernández Moreno puede ser visto en este sentido como el poeta que preludia el cambio de dirección que impondrán las vanguardias en la escena rioplatense.

Entre sus obras figuran Intermedio provinciano (1916), Ciudad (1917), Por el amor y por ella (1918), Campo argentino (1919), Versos de Negrita (1920), Nuevos poemas (1921), Canto de amor, de luz y de agua (1922), Mil novecientos veintidós (1922), El hogar en el campo (1923), Aldea española (1925), El hijo (1926), Décimas (1928), Último cofre de Negrita (1929), Sonetos (1929), Cuadernillos de verano (1931), Dos poemas (1935), Seguidillas (1936), Romances (1936), Continuación (1938), Yo médico, yo catedrático (1941), Buenos Aires (1941), San José de Flores (1943) y La mariposa y la viga (1947).

En 1941 preparó una Antología de sus versos que sería ampliada en sucesivas ediciones. Póstumamente apareció la sexta edición, organizada por sus hijos, que incluía composiciones de Penumbra (1951), junto con otras adiciones y retoques en el plan primitivo. Baldomero Fernández Moreno fue además un excelente prosista, según lo que de él conocemos: desconocida (1943) y La mariposa y la viga (1947), pues no toda su producción está recogida aún; el culto del aforismo caracteriza sus páginas, de un castellano elaborado con pretensiones extralocales concienzudamente maduradas. En 1952, Arturo Berenguer pronunció una conferencia en Madrid con el tema Fernández Moreno, poeta español y argentino. Su hijo César Fernández Moreno fue también un destacado poeta y ensayista.

“Hagamos un trato”

Compañera

usted sabe

puede contar

conmigo

no hasta dos

o hasta diez

sino contar

conmigo

si alguna vez

advierte

que la miro a los ojos

y una veta de amor

reconoce en los míos

no alerte sus fusiles

ni piense qué delirio

a pesar de la veta

o tal vez porque existe

usted puede contar

conmigo

si otras veces

me encuentra

huraño sin motivo

no piense qué flojera

igual puede contar

conmigo

pero hagamos un trato

yo quisiera contar

con usted

es tan lindo

saber que usted existe

uno se siente vivo

y cuando digo esto

quiero decir contar

aunque sea hasta dos

aunque sea hasta cinco

no ya para que acuda

presurosa en mi auxilio

sino para saber

a ciencia cierta

que usted sabe que puede

contar conmigo.

Fuente: Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Biografia de Baldomero Fernández Moreno. En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea. Barcelona (España).

El Dia de la Tradición en la República Argentina

Hubo una vez; miento en realidad fueron varias, en las que concurrí en mi niñez y pre adolescencia, junto a la mayoría de los vecinos del barrio de Floresta a la Fiesta del día de la Tradición, cuando nos acercábamos cada 10 de noviembre a la Plaza Vélez Sarfield, sobre la Avenida Avellaneda, donde aún circulaba el tranvía 99 y los escasos automóviles de aquella época -en donde solo los “ricos o nuevos ricos”, podían poseer uno. La razón era que festejábamos esa festividad bien nuestra y nos sentíamos tan emocionados, al ver desfilar sobre sus caballos lustrosos y magníficos, a los gauchos con sus ropa de gala, en donde quien iba primero, llevaba la bandera celeste y blanca de nuestra Patría. Ese momento, nos impulsaba a cantar a todos los presentes del maravilloso espectáculo, nuestro Himno Nacional Argentino, una de las mas bellas piezas musicales de nuestra Argentina.
Pero eso era solo como si fuera en una cena glamorosa; una entrada o aperitivo, ya que después los espectáculos nos dejaban boquiabiertos a pura emoción o felicidad, de aquello que era tan auténtico como lo éramos nosotros mismos. sin necesidad de aggiornarnos de manera alguna.
Se cerraba el tránsito en tres cuadras de la Avenida; frente a la Comisaría 50 y al Club La Floresta, que aún permanece de pie y que este año cumple 127 años desde su fundación (1893). El público permanecía sobre la acera de la Plaza, ubicándose de la mejor manera posible -nadie empujaba o molestaba a nadie- para observar las habilidades del gauchaje y otros artistas, para finalmente pasar a los juegos que se llevaban a cabo, en donde partici-paban los vecinos.
Así el espectáculo se iniciaba con los gauchos, que galopaban con sus briosos caballos sobre los adoquines de la calle, para insertar la aguja en la sortija. Quien se llevaba una mayor cantidad de ellas, con sus cintas celestes y blancas, era finalmente el ganador. Los aplausos del público por la maestría de esos hombres, eran un humilde presente y reconocimiento a sus sobradas habilidades.
Los niños y los no tan niños, les pedíamos a nuestros padres, que nos compraran una manzana o higos acaramelados recubiertos por pochoclos o bien una bolsita de estos últimos -lo que se pudiera- y nos íbamos corriendo al carro de Don Pascual, que siempre se encontraba todos los días en la Plaza y se había convertido ya, para muchos de nosotros en un verdadero amigo. Siempre cuando íbamos en grupo, corríamos para ver quién llegaba primero a los juegos infantiles, y ahí estaba Don Pascual, con sus cachetes colorados y su amplia y buena sonrisa.
A veces; alguna travesura hacíamos, mientras uno lo distraía otro le sacaba del carrito, una golosina o una bolsita de pochoclos, Éramos unos bandidos, pero no tan malos…en aquella época.
Pero volviendo a la festividad del Día de la Tradición, luego de la carrera de sortijas; subían al escenario los fisicoculturistas, que ya habían aceitado todos sus cuerpos, para así exhibir sus biceps, triceps, trapecios y otras cualidades, que deleitaban a las adolescentes y también, a las no tanto.
Había grupos folclóricos no tan conocidos, pero que tocaban lindo y cantaban chacareras, zambas, gatos y carnavalitos de nuestra tierra, que nos obligaba a escucharlos con atención, aplaudiéndolos al final, hasta que nuestras manos se enrojecían de tanto hacerlo.
El ballet folclórico era un espectáculo aparte; era tal la habilidad de los varones en cuanto al malamibo  esencialmente, en que un ejecutante solo, hace con los pies en la mínima super-ficie, una serie de pequeños ciclos de movimientos llamados mudanzas; es decir, trata, pues, una danza individual, la principal y más difundida de la Argentina en su género, así como también la dulzura en los movimientos de las “chinas” que los acompañaban.
Todos los espectáculos duraban aproximadamente unas tres horas y nadie luego quería irse; porque ahí entraba el público a actuar; el palo enjabonado era un juego en el que un poste de aquella época, se lo enjabona o “enceba” (grasa de cerdo) colocando en la punta superior, un “botín lleno de plata” -dinero-. Así; quien lograba treparse -nada fácil- se llevaba el premio mayor.

Pero lo más divertido -o me van mentir diciendo, que cuando alguien tropieza en la calle, no hay nadie que se ría-, era cuando desde la mitad del poste, se iban deslizando poco a poco, hasta caer de nalgas en la acera.
Luego llegaba la carrera de “embolsados”, en donde los que intervienen ponían sus piernas dentro de bolsas de arpilleras, debiendo desde la largada recorrer unos cien metros y quien llegaba primero, obtenía su premio entre las risas y aplausos de la multitud.
Comencé pretendiendo; dar a conocer que significaba el Día de la Tradición en la República Argentina y la mente me llevó solita como pícara que suele ser, a los recuerdos de aquellos años sanos, sin tanta contaminación ambiental ni social.
Así que “hasta acá llegó mi amor”; y ahora a ponerme las “pilas” para darle la seriedad y el respeto a una festividad emblemática, ahora perdida en las grandes urbes, salvo algunas peñas folclóricas. pero sin el fervor de aquel entonces.

Hace un par de días; se reunieron en el predio del Museo Regional y desfilaron con sus caballos y carruajes por las calles de General Villegas, Provincia de Buenos Aires, hombres y mujeres a la vez.
Lo hicieron a dos días de celebrarse en toda la Argentina el Día de la Tradición, cuya fecha oficial es el 10 de noviembre.
El Día de la Tradición se celebra en Argentina el 10 de noviembre, fecha que fue elegida en conmemoración del nacimiento del poeta argentino José Hernández (1834 – 1886), que escribió, entre otros, el poema narrativo El gaucho Martín Fierro y su continuación, La vuelta de Martín Fierro, relatos en forma de verso de la experiencia de un gaucho, su estilo de vida, sus costumbres, su lengua y códigos de honor.
Cuando llega la fecha, a lo largo de todo el país se realizan festivales dónde se celebra la identidad argentina. Suelen haber jineteadas, comidas típicas, músicos y desfiles de todo tipo en los cuales se muestra las distintas tradiciones y costumbres que fueron dando forma al ser argentino.
¿Qué tradiciones hay en la Argentina?
Las 10 costumbres argentinas con las que los viajeros alucinan
Saludar con beso.
La sensualidad del Tango.
Juntarse con los amigos para hacer un asado.
El fútbol es una religión.
Compartir el mate, un ritual sagrado.
Hablar siempre de política.
Las empanadas argentinas.
Los alfajores.
¿ Qué se come en el día de la tradición en Argentina?
El locro, las empanadas de humita, las tortas fritas criollas, el puchero, los pastelitos, la mazamorra y el dulce de leche, también son comidas y alimentos tradicionales argentinos.
¿ Qué hacer para el Día de la Tradición?
➽Invitar a familiares para que vengan a bailar y a tocar instrumentos tradicionales ➽Cocinar comidas tradicionales como empanadas, pastelitos. Ponchos con papel, con bolsas o fliselina, horno de barro, cencerros con latas perforadas, un rancho, diferentes mates . UN BUEN FOGÓN y …un asadito tampoco vendría mal.


Pero la mayor parte ya lo he comentado y no deseo ampliar aún más, porque es una de la más importante de las festividades que se han perdido en las poblaciones urbanas, enfermas de vivir para el afuera y de creerse en un estrato social superior, discriminando de manera indirecta al residente en las provincias del interior.

Por alguna razón, el porteño -de la ciudad de Buenos Aires, es mal mirado por el resto de los habitantes de mi hermoso país, al creerse superior ora sea por nivel de educación, ora por nivel cultural, ora por el nivel socioeconómico, ora por ”él por las dudas”.

Hay una frase que me viene al pelo, para describir a los porteños -me incluyo, aunque no piense como los demás por convicciones y de la manera en que fui criado y educado- siendo aquella la que lo describe como un tipo soberbio y creído de sí mismo, que cuando se acerca a un abismo o acantilado, su ego lo hace suicidarse. Esa pedantería, es su marca registrada; mal le pese a quien lea esto y se sienta identificado.


Para concluir la tradición es cada una de aquellas pautas de convivencia que una comunidad​ considera dignas de constituirse y mantenerse de generación en generación. Comprenden ahora; porque no deseaba como argentino que siente vergüenza propia y ajena, seguir explayándome sobre una festividad tan importante, e ignorada por la inmensa mayoría de la población. Que me van a venir a hablar de valores…cuando y donde? ¿Dónde se fueron?

2do. Homenaje al “poeta del pueblo”. Señor Don Héctor Gagliardi

BIOGRAFÍA:
Héctor Gagliardi, “El Triste”, nació en Buenos Aires, barrio de Constitución, el 29 de noviembre de 1909 y murió en Mar del Plata, el 19 de enero de 1984, víctima de un infarto agudo de miocardio, tenía 74 años.
Su origen fue muy humilde. Poeta, recitador, letrista de tango, gran conocedor de la cotidianeidad social, de sus personajes, de sus vicisitudes, de sus sentimientos, dolores y alegrías.
Alcanzó la mayor venta de libros en la historia argentina logrado por un poeta, llegando a vender un millón y medio de ejemplares, superado solamente por José Hernández con el Martín Fierro.
Íntimo amigo del poeta Celedonio Flores, fue quien lo impulsó a recitar sus versos en público. Lo hizo por primera vez en un bar de la cortada Carabelas, centro nocturno muy frecuentado por los amantes del tango. Su popularidad tiene una fecha precisa; 5 de enero de 1941, cuando en radio Belgrano, en un programa de Jabón Federal dedicado al tango, recitó “Reyes Magos” donde hablaba de la guerra, de los chicos y los juguetes que muchos no recibirían, el vecino cuyo padre no tiene trabajo, los chicos europeos envueltos en la guerra:


Esta noche por los cielos llegarán los Reyes Magos;
vendrán trayendo regalos a los chicos que son buenos,
pero hay otros pibes buenos en otro lado de la tierra,
que por culpa de una guerra… ¡no han de pasar los camellos!

¿Por qué tienen que pagar esos pibes inocentes,
de que en el mundo haya gente que sólo piensa en matar?
…”

“pibes” – niños o niñas


“El programa iba los domingos al mediodía, todo el mundo tenía parientes en Europa que estaba en guerra, les amargué los tallarines a unos cuantos”, recordaría, tiempo después.

Algunos de sus poemas mas destacados….sensibleros que en esos años; emocionaban a una sociedad aun no enfrentaba a los miedos del hambre o el desempleo global.

EL SAPITO.
-“El segundo Adelantado fue… Don Pedro de Mendoza” Lo dijo con voz gangosa el “Sapito”. abatatado… Yo. que me había agachado para poderle “soplar”… La maestra entro a gritar: -¡Ese niño bien sentado…! Ya estaba arañando el cero por no saber la lección… Su tabla de salvación fue la entrada del portero. Con la maestra, primero, no se qué hablo despacito, y se fue con el “Sapito”, que salió más que ligero.. Yo no sé lo que pasaba… la maestra nos miró… después. .. al rato, tosió con un algo que la ahogaba… En silencio se sacaba “las mentiras” de los dedos… ¡Y para colmo el recreo, como nunca demoraba! Después… hablo suavecito, -ella que siempre gritaba-: nos dijo. “que lamentaba” “que a nuestro compañerito”.. “de que el Destino maldito lo castigó con crueldad…” ¡Había muerto la mamá de Luis Otero. “el Sapito”! Como luz pensé en la mía que siempre me reprochaba, que a disgustos la mataba… de que en la calle vivía… Yo en mi casa me aburría.. no había con quien jugar… pero… ¿podía preguntar hasta dónde la quería?… Al salir. con el “Pelado”, nos fuimos de una escapada. Contra la puerta entornada, uno de negro. parado… ¡me quedé más amargado! Yo al Sapito. lo quería… ¡Siempre juntos desde el día que fuimos a primer grado! Aprendimos a escribir y a copiarnos en pareja… Y ahora quedaba sin “vieja”… ¡Cómo había de sufrir!… Le iba a dar para elegir la bolita que quisiera… aunque fuese “la lechera” que era todo para mi!…. Para casa dispare sin pasar por “la cortada”… Cuando mi vieja atareada me iba a servir el café, del batón me la agarré… Y aunque la hice llorar, con furia la entré a besar como nunca la besé…!

batón= tipo de delantal para todo el cuerpo de la ama de casa, que utilizaba para las tareas del hogar.