LA ‘CUNA DE LA HUMANIDAD’ EN SUDÁFRICA ES UN MILLÓN DE AÑOS MÁS ANTIGUA DE LO QUE SE CREÍA.

Ni siquiera Lucy, la icónica homínida de Etiopía, es tan antigua como los homínidos encontrados recientemente en la Cuna de la Humanidad.

El espacio más nutrido en restos de homínidos antiguos encontrado hasta ahora se encuentra a las afueras de Johannesburgo, la capital de Sudáfrica. Naturalmente, está compuesto de un conjunto de cuevas de piedra caliza, identificado geológicamente bajo el nombre de ‘sistema de Sterkfontein’. Por la amplia diversidad de restos de Australopithecus encontrados en este espacio, también se le conoce como la ‘Cuna de la Humanidad’.

Antes, los restos de la icónica homínidaLucy‘, la Australopithecus encontrada en Etiopía, se consideraban los más antiguos de la Historia. Originalmente descubierta en noviembre de 1974, ha sido motivo de amplios estudios antropológicos y evolutivos. Sin embargo, parece ser que un equipo de arqueólogos en Estados Unidos encontró ejemplares todavía más antiguos, que datan de hace 4 millones de años.

Un millón de años antes de Lucy

Los restos de los homínidos encontrados en el sistema de cuevas Sterkfontein podrían cambiar el punto de referencia temporal a nivel evolutivo que marcó Lucy, la Australopithecus etíope. Según la datación de sus fósiles, ella vivió hace 3.2 millones de años aproximadamente.

Sin embargo, sus primos del sur podrían haber deambulado por la Tierra varios milenios antes.

De acuerdo con el equipo de arqueólogos de la Universidad de Purdue, en Estados Unidos, el sistema de cuevas sudafricano rebosa en fósiles de homínidos. Más que cualquier otro yacimiento del mundo. Sin embargo, reconocen que datar los huesos encontrados es una tarea difícil:

«Pero es difícil obtener una buena fecha para ellos. Las personas observaron los fósiles de animales encontrados cerca de ellos y compararon las edades de las características de las cuevas, como las coladas, y obtuvieron un rango de fechas diferentes», explica el geólogo y geofísico Darryl Granger, líder de la investigación.

Sin embargo, explica el especialista, los datos que arrojaron el estudio contribuyen a «resolver estas controversias». Más que nada, porque los restos que encontró con su equipo de trabajo son «mucho más antiguos de lo que pensábamos originalmente«.

Anteriormente, las dataciones de este tipo de evidencias se hacían con base en los sedimentos encontrados alrededor de los fósiles. El equipo de arqueólogos de Purdue intentó un método distinto y, según Granger, mucho más preciso que éste.

Nuevas maneras de leer aquel pasado remoto

Hay que considerar que las permitas excavaciones en busca de homínidos se realizaron entre las décadas de los 30 y los 40. En aquel entonces, no se contaba con la tecnología de investigación que hoy tenemos disponible. Sin embargo, el estudio publicado recientemente en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) no se basó en el sedimento —que califican como ‘evidencia variable’— para determinar la edad de los huesos encontrados.

El equipo analizó pequeños fragmentos de roca que estaban incrustados los restos de Australopithecus. En lugar de enfocarse en las piedras alrededor del cuerpo —que podrían no ser contemporáneas a su existencia en el planeta—, realizaron una  «descomposición radiactiva de dos isótopos raros en el cuarzo: aluminio-26 y berilio-10″, según documenta Science Alert.

«Estos isótopos radiactivos, conocidos como nucleidos cosmogénicos, son producidos por reacciones de rayos cósmicos de alta energía cerca de la superficie del suelo, y su desintegración radiactiva data de cuando las rocas estaban enterradas en la cueva cuando cayeron en la entrada junto con los fósiles», detalla Granger.

Los hallazgos del equipo de Purdue tiene implicaciones significativas en la línea del tiempo con la que entendemos el origen de nuestra especie. Sobre todo, porque los primeros ancestros podrían ser mucho más antiguos de lo que se pensó por siglos. Granger no duda que, tal vez, en la Cuna de la Humanidad hayan existido homínidos incluso anteriores a ellos. Sin embargo, no hay evidencia concluyente todavía para asegurarlo con certeza.

Así se veían las mujeres de la Edad de Piedra, sugiere una reconstrucción en 3D. Por Andrea Fischer BBC News Mundo.

Después de 350 horas de trabajo, un investigador en Suiza logró reconstruir el rostro, cuerpo y vestiduras de una mujer prehistórica.

Oscar Nilsson tenía una misión: reconstruir el rostro de una mujer prehistórica, a partir de los huesos que quedaron en su entierro. Junto al esqueleto de un niño de 7 años, se le encontró en el pueblo sueco de Lagmansören. A partir de la datación del equipo de paleontólogos que encontró su tumba, se determinó que ambos tenían, al menos 4 mil años de haber fallecido.

«Desde nuestro punto de vista, tendemos a pensar que se trata de una madre y un hijo«, explicó a Live Science Nilsson, el artista forense encargado del proyecto. Sin embargo, reconoce que todavía no existe evidencia suficiente para asegurarlo. Por el contrario, dado la edad de la mujer prehistórica, es posible que sean de dos hermanos, o dos compañeros de la misma tribu.

Más que nada, según el equipo de paleontólogos que condujeron la investigación, porque los restos genéticos en los huesos están muy dañados. Esto impide que se pueda realizar un análisis más detallado. Sin embargo, el artista forense se inclina por pensar que ambos esqueletos guardan una relación filial.

Imagen de portada:ASÍ SE VE UN CRÁNEO DE AUSTRALOPITHECUS. / GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic en Español.

África/Ciencia/Fósiles/Historia Antigua/Homínidos/Prehistoria 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una especie de homínido prehistórico podría rondar las selvas de Indonesia todavía, revela un polémico estudio.

Conocido como Homo floresiensis, esta especie de homínido apareció en la Tierra hace 60.000 años. Podría ser que nunca se haya extinto.

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Los primeros hallazgos que se realizaron de restos de Homo floresiensis se reportaron en 2003. Científicos europeos estaban investigando las cuevas y grutas la isla Flores, del arco insular de Sonda en Indonesia. A partir de los huesos, los arqueólogos involucrados en la investigación determinaron que esta especie de homínido era notablemente más pequeña que otros contemporáneos suyos, y que tenían los pies muy grandes.

Con cráneos pequeños y columnas vertebrales reducidas, el Homo floresiensis apareció en la Tierra entre hace unos 700 mil y 60 mil años, según la datación que se realizó en ese momento. Sin embargo, no se han encontrado evidencias de que se haya extinto realmente, según explica Gregory Forth, antropólogo jubilado de la Universidad de Alberta, en su más reciente publicación.

Por ello, cabe la posibilidad de que estos homínidos prehistóricos cohabiten el planeta con nosotros. Ésta es la razón.

Una propuesta arriesgada

Así se ve la cueva donde se descubrieron los restos de Homo floresiensis en 2003, en Lian Bua, Flores, Indonesia / Rosino. / Wikimedia Commons

Según documenta El País, los ejemplares de esta especie «eran inteligentes y tenían capacidad de sacar conclusiones, tomar iniciativas y procesar emociones«. Hasta ahora, no se ha encontrado evidencia de que hayan superado los filtros biológicos de los diversos cambios climáticos en la historia natural del planeta.

Forth ha recibido críticas ácidas por la publicación de su más reciente libro. Más que nada, porque otros científicos que han estudiado los restos de Homo floresiensis son enérgicamente escépticos a su propuesta teórica.

Aún así, el arqueólogo de la Universidad de Alberta en Canadá confía en que la posibilidad de que estos homínidos coexistan con los Homo sapiens sapiens es real:

«[…] NO SABEMOS CUÁNDO SE EXTINGUIÓ ESTA ESPECIE O, DE HECHO, ME ATREVO A DECIR, NI SIQUIERA SABEMOS SI SE EXTINGUIÓ», ASEGURA FORTH A LIVE SCIENCE. «ASÍ QUE HAY ALGUNA POSIBILIDAD DE QUE TODAVÍA ESTÉ VIVO».

El antropólogo retirado asegura que, en la década de los 80, se registraron seres con características similares a estos homínidos en la región de Lio. Según sus investigaciones, no sólo estaban vivos, sino que estaban perfectamente integrados al entorno. Para su libro, Between Ape and Human: An Anthropologist on the Trail of a Hidden Hominoid, el autor compiló los testimonios de 30 personas que aseguran haberlos visto en la región.

A pesar de ello, otros científicos guardan graves reservas sobre su trabajo.

¿Realmente podría haber ejemplares vivos de Homo floresiensis todavía?

Fairfax Media via Getty Images / Fairfax Media via Getty Images via Getty Images

Considerando que Flores es la décima isla más poblada de esta región en Indonesia, otros antropólogos argumentan que es casi imposible que otra especie de homínidos habite ese espacio sin haberse documentado nunca.

Así lo John Hawks, paleoantropólogo de la Universidad de Wisconsin, en una entrevista para Live Science:

«SIENDO REALISTAS, LA IDEA DE QUE HAY UN GRAN PRIMATE QUE NO SE OBSERVA EN ESTA ISLA Y QUE SOBREVIVE EN UNA POBLACIÓN QUE PUEDE SOSTENERSE A SÍ MISMA ES BASTANTE CERCANA A CERO«, ACLARA EL ESPECIALISTA.

Así como hay testigos que aseguran haber visto a otras criaturas mitológicas, como el monstruo del Lago Ness, quienes participaron en el estudio de Forth podrían haber clasificado mal sus experiencias —o no tener la información adecuada. «Los humanos somos expertos en contar y creer historias», concluye Mark Collard, antropólogo evolutivo de la Universidad Simon Fraser en Canadá.

Imagen de portada:Universal History Archive / Contributor via Getty Images.

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic en Español. Por Andre Fischer. Abril 2022

Antropología/Arqueología/Asia/Homínidos/Indonesia/Controversias.

 

 

¿ES POSIBLE QUE OTRAS ESPECIES DE HUMANOS COHABITEN EL PLANETA CON NOSOTROS?

La historia de la evolución entre los homínidos data, al menos, de hace 2 millones de años

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Desde aquel pasado remoto, varias especies de humanos proliferaron sobre nuestro planeta. En algún momento de la historia natural, en proceso que algunos científicos conciben como ‘azaroso’, las condiciones climáticas y la herencia genética dieron con el Homo sapiens sapiens.

Antes de nosotros, sin embargo, otras varias especies de humanos desfilaron por la Tierra. Así como sucede con los demás animales, cuyas ramas evolutivas persisten en la actualidad, ¿sería posible que otros homínidos parecidos a nosotros habiten la Tierra en la actualidad? 

Como paleontólogo y biólogo evolutivo, Nicholas R. Longrich podría tener una respuesta al respecto.

Paso a paso, durante millones de años

Fotografía: Bill O’Leary / The Washington Post via Getty Images.

La evolución no sólo depende de la genética. Por el contrario, como explica Longrich para The Conversation, es un proceso complicado que involucra varios factores en el ambiente.  Según sus años de experiencia en el campo, la humanidad evolucionó ‘paso a paso’, a lo largo de millones de años:

«Aparecieron mutaciones en nuestro ADN, se extendieron por la población, y nuestros ancestros poco a poco se fueron convirtiendo en algo más parecido a nosotros y, finalmente, aparecimos nosotros», escribe el especialista.

Sin embargo, el autor reconoce que los seres humanos tenemos algo ‘distinto’ a los demás miembros del reino animal. Hace más de un siglo, Charles Darwin explicó esta distinción con base en la creatividad humana en El origen del hombre (1871). Otras especies de homínidos, como los chimpancés, también la desarrollaron para su propio beneficio.

La creación de herramientas, el lenguaje corporal y la articulación de expresiones son comportamientos compartidos entre nuestra especie y otros simios. Parece ser que esta batería de habilidades fue herencia de las otras 20 especies de homínidos que, antiguamente, habitaron el planeta —incluso de manera simultánea, explica Longrich. Tal vez fueron más.

Un salto evolutivo difuso

En la actualidad, la teoría más aceptada hasta ahora es que otras especies anteriores de seres humanos se extinguieron. A falta de capacidades para adaptarse, sucumbieron ante las atrocidades del clima o las inclemencias del tiempo. Así lo explica Longrich:

«[…] la extinción de otros homínidos ha ayudado a crear la impresión de un abismo enorme e infranqueable que separa a nuestra especie del resto de la vida en la Tierra. Pero la división sería mucho menos clara si esas especies aún existieran. Lo que parece una línea divisoria brillante y nítida es en realidad un artefacto de extinción».

El autor reconoce que, al menos durante los primeros millones de años, la evolución de nuestra especie fue lenta. Y lo que es más: los primeros homínidos poco tienen que ver con cómo somos en la actualidad, a nivel físico y cognitivo. Este patrón se repitió hasta la aparición del Homo erectus que, además de caminar erguido, tenía dientes más finos y pequeños, y la capacidad de cazar.

A partir de entonces, las otras especies de seres humanos ya podían cazar colaborativamente y diseñar armas. Neandertales, denisovanos, Homo rhodesiensis e incluso los Homo sapiens arcaicos empezaron a desarrollar sus propias tecnologías, usando piedra y fuego. Eventualmente, integraron el arte a su vida en forma de joyas, pinturas rupestres e instrumentos musicales.

Sus restos son ‘sorprendentemente’ parecidos a los nuestros, a nivel genético y fisiológico, apunta Longrich.

Sin marcas claras en ‘fósiles o herramientas de piedra’

GETTY IMAGES

Existe evidencia de que los Neandertales y los Homo sapiens primigenios tuvieron relaciones sexuales entre sí, hace 300 mil años. No sería aventurado pensar que éstas y otras especies de humanos procrearon descendencia. Invariablemente, estas cruzas inciden en el camino evolutivo de nuestra especie.

La extinción de estos homínidos primitivos tomó miles de años. A pesar de siglos de investigación paleontológica, antropológica y genética, el salto entre especies sigue siendo difuso para la ciencia «[…] lo que sugiere que la diferencia fue algo que no deja marcas claras en fósiles o herramientas de piedra«, explica el biólogo evolutivo.

De cualquier manera, explica Longrich, habilidades que tradicionalmente se consideraban como ‘intrínsecamente humanas‘ se han rastreado en otras especies, que nada tienen que ver con nuestro camino evolutivo. El lenguaje y la cultura están presentes en diversos tipos de ballenas, por ejemplo:

«La palabra «humanidad» implica cuidarse y tener compasión por los demás, pero podría decirse que esa es una cualidad de los mamíferos, no de los humanos», escribe el especialista.

Aunque, efectivamente, parece que llevamos la delantera en términos evolutivos entre los homínidos, Longrich es enfático en decir que no somos los primeros —y que ciertamente no seremos los últimos. «Pero es posible imaginar otro curso evolutivo, una secuencia diferente de mutaciones y eventos históricos que llevaron a los arqueólogos neandertales a estudiar nuestros extraños cráneos con forma de burbuja, preguntándose cuán humanos éramos«, concluye el especialista.

Imagen de portada:  RYOJI IWATA / UNSPLASH

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic

Sociedad y Cultura/El Planeta/Evolución/Homínidos/Seres humanos

 

 

 

 

Issa, el Australopithecus que caminaba como humano y trepaba como simio.

Los restos de Issa, el homínido mejor conservado jamás descubierto, revelan que el Australopithecus sediba caminaba como nuestra especie, pero trepaba como un simio.

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Los Australopithecus pertenecen a un género de homínidos extintos que se extendió por el este de África hace 4 millones de años, antes de que una especie diera origen al género Homo, del cual somos parte.

Hoy sabemos que las siete especies identificadas de Australopithecus se alimentaban de frutos y hojas, poseían un cerebro del tamaño de un simio y caminaban erguidas; sin embargo, sus dedos curvos, antebrazos largos y la musculatura en el tronco aportan una serie de evidencias que llevan a sugerir a los expertos que también podían trepar árboles y desplazarse entre ellos con facilidad.

Este desplazamiento híbrido ha alimentado una larga discusión sobre el andar de los Australopithecus; sin embargo, un nuevo estudio publicado por la Universidad de Nueva York, la de Witwatersrand y otras quince instituciones, parece resolver la cuestión definitivamente:

El descubrimiento de un conjunto de vértebras lumbares de una hembra de Australopithecus sediba, una especie descubierta en 2008, revela que estos homínidos podían caminar como humanos y al mismo tiempo, trepar árboles como simios con suma facilidad.

Issa, el homínido primitivo mejor conservado de la historia 

Los primeros restos de Issa fueron descubiertos en 2015 durante una excavación en el yacimiento de Malapa que forma parte del complejo Cuna de la Humanidad, ubicado a 40 kilómetros al noreste de Johannesburgo, Sudáfrica. 

Se trataba del segundo individuo de Australopithecus sediba jamás encontrado, una especie descrita en 2010, pero descubierta dos años antes en el mismo sitio. En aquél entonces, los análisis confirmaron que los restos tenían una edad de aproximadamente dos millones de años, que la especie era un ancestro primitivo de los humanos contemporáneos y que al igual que los Sapiens, poseía cinco vértebras lumbares.

Australopithecus

El Valle de Malapa, sitio del hallazgo de Australopithecus sediba. Foto: Lee R. Berger / WikiMedia /

Ahora, un nuevo análisis a los restos de Issa reveló la existencia de vértebras lumbares inéditas que “articulan perfectamente con la espina del esqueleto” y unidas a las halladas anteriormente, forman la espalda baja más completa y mejor conservada de cualquier homínido primitivo:

“SI BIEN ISSA YA ERA UNO DE LOS ESQUELETOS MÁS COMPLETOS DE HOMÍNIDO ANTIGUO JAMÁS DESCUBIERTO, ESTAS VÉRTEBRAS PRÁCTICAMENTE COMPLETAN LA PARTE INFERIOR DE LA ESPALDA Y HACEN QUE NO SÓLO COMPITA POR EL TÍTULO DEL HOMÍNIDO MEJOR CONSERVADO JAMÁS DESCUBIERTO, SINO TAMBIÉN POR EL MEJOR PRESERVADO”, EXPLICA LEE BERGER, COAUTOR DEL ESTUDIO Y PIONERO EN EL DESCUBRIMIENTO DE LA NUEVA ESPECIE EN 2008.

Los restos fósiles de la espalda baja de Issa revelan que el Australopithecus sediba y el resto de primeros homínidos utilizaban tanto sus extremidades superiores para trepar, como las inferiores para caminar erguidos, zanjando un debate de décadas sobre la locomoción de este género, extinto hace 2 millones de años.

Issa es uno de los dos únicos homínidos primitivos de los que se conoce tanto la dentición, como la columna inferior relativamente completa. 

Y aunque anteriormente se creía que la columna inferior del Australopithecus sediba era recta y con una curvatura mínima, similar a la del Neandertal y otros homínidos, los restos de Issa revelaron que su especie presentaba lordosis, la curvatura hacia adentro encima de los glúteos que poseemos los humanos modernos.

“LA REGIÓN LUMBAR ES FUNDAMENTAL PARA COMPRENDER LA NATURALEZA DEL BIPEDALISMO EN NUESTROS PRIMEROS ANTEPASADOS Y QUÉ TAN ADAPTADOS ESTABAN PARA CAMINAR EN DOS PIERNAS», EXPLICA SCOTT WILLIAMS, AUTOR PRINCIPAL DEL ESTUDIO, QUIEN CONCLUYE QUE ESTA ESPECIE FUE “UNA FORMA DE TRANSICIÓN DE UN HUMANO ANTIGUO Y SU COLUMNA TIENE UNA FORMA CLARAMENTE INTERMEDIA ENTRE LA DE LOS HUMANOS MODERNOS Y LOS GRANDES SIMIOS”.

Imagen de portada: Gentileza de GETTY IMAGES (GALLO IMAGES) Primer individuo de Australopithecus sediba descubierto en 2008. 

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC en Español. Por Alejandro López.Noviembre 2021

Sociedad y Cultura/Evolución Humana/Homínidos

Descubren las huellas más antiguas de ancestros prehumanos en una isla griega.

Hace 6 millones de años, un prehumano con un pie muy similar al nuestro caminó por las playas de Grecia y dejó las huellas más antiguas jamás encontradas.

Las playas de la villa de Trachilos, al oeste de la isla de Creta, podrían cambiar radicalmente todo lo que sabemos sobre los orígenes del humano y su expansión por todo el globo.

El primer hallazgo de huellas prehumanas en la zona ocurrió en 2002 y desde entonces, los sedimentos fosilizados de Trachilos amenazan con crear un parteaguas en la historia natural de nuestra especie conocida hasta ahora:

La datación más reciente concluye que un grupo de 50 huellas descubiertas en 2017 (y elaboradas por un ser vivo que caminaba erguido y poseía una planta del pie similar a la humana) tienen más de 6 millones de años y por lo tanto, se trata de la “evidencia directa más antigua de un pie humano utilizado para caminar”.

huellas humanas

Foto: Getty Images

Para poner en perspectiva la importancia del hallazgo, los científicos comparan la datación de las huellas de Creta con las más antiguas conocidas hasta ahora, las de un Australopithecus afarensis del yacimiento Laetoli en Tanzania, fechadas hace 3.6 millones de años.

En busca de dilucidar qué especie caminó por la playa de Trachilos hace 6 millones de años, el equipo descartó que se trate del Homo sapiens y la otra especie de humano más reciente, el Neandertal, que desapareció hace aproximadamente 40 mil años. 

huellas humanas

Foto: Getty Images

Y aunque se propuso que los sedimentos podrían ser rastros de Australopithecus, las huellas describen un pie más corto que el del homínido primitivo, con dedos laterales más cortos, un pulgar más fuerte, un arco no tan pronunciado y un talón estrecho.

De ahí que una de las hipótesis sugiera que se trató de Graecopithecus freybergi, un homínido extinto cuyos restos fueron encontrados en Grecia en 1944. El equipo explica que no es posible descartar este escenario, toda vez que hace 6 millones de años, la isla de Creta se encontraba unida a la Grecia continental.

De confirmarse los resultados del estudio publicado en Scientific Reports, podría comenzar a esbozarse una explicación distinta a la que considera África como la cuna de la humanidad, desde donde nuestra especie comenzó una expansión posterior a Eurasia. 

Imagen de portada: Gentileza de  Per Ahlberg, Uppsala

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic. Por Alejandro López. Octubre 2021

Evolución/Homínidos/Homo sapiens/Humanos