Y algo debiamos hacer…

Fue un sonido suave…como alguien deslizándose
por la fina arena de la playa cercana al parador,
noche abierta más que clara por una luna llena y mire
a mi alrededor pensando en esas divertidas saltarinas,
ranas divertidas que se adherían a donde se les ocurriera

Pero no, ni divise a las ranas ni siquiera a alguna iguana
que bien podría estar buscando su alimento en la arena,
me acerqué al dueño del parador para saber si lo escuchaba,
atento me dijo sí, parece que proviene de la caseta de arriba”.

La denominada “caseta” era en el día, el lugar del guardavida
tome mi linterna y extrañado me dirigí hacia allí sigiloso,
como alguien que investiga algo muy serio para cerrar el día,
el sonido se hacia mas audible al acercarme ya podía presentir
que no era de animal alguno, eran voces tenues como en susurro.

Sentí vergüenza por la situación, que tenía que hacer yo ahí
interrumpiendo una cita de amor de jóvenes en busca de placer,
solo estaba a un metro de la puerta cuando se abrió de golpe
-Hola Juan!! ¡Te esperamos! Te vimos desde aquí, en el parador-

Conociéndote curioso como eres, le dije a los muchachos
“comencemos” con la rueda del mate que se acercara solo,
sabes, cambiamos el lugar por estos insufribles protocolos
aquí haremos el “pica-pica” del truco por unos pesos
como todas las noches en este jodido pueblo costero,
donde es tanta la gente que lo habita que cabe en un cuarto.

Eso sí Juan; con barbijo, distancia y alcohol en gel…

“La libido”

Calor en una ciudad seca como Buenos Aires
en donde la periferia de la ciudad carece del verde
intenso que engalana los barrios en los que viven,
aquellos de muy buenos recursos algunos dudosos
como sucede en toda ciudad y en todo país del mundo.

Aquí los acaudalados y poderosos que se concentraban
en el sur montaron en polvorosa cuando en el siglo XIX,
llegó desde la India o de Brasil la epidemia del cólera,
mudándose a barrios del norte de la ciudad como Recoleta
o Belgrano, con grandes extensiones de espacios verdes,
volviendo a construir sus bellas mansiones con mármoles
de carrara, vitrales de Murano y mobiliario franco-inglés.

En cambio estoy caminando por Villa Santa Rita, cercana
al barrio de Devoto, que albergo en los años jóvenes al Diego
que hace poco se fue de vacaciones y luego a sus padres.

Aquí el asfalto incendia los pies mas la poca forestación
hace el resto recién iniciada la primavera transformada
casi en verano tórrido para aquellos que no nos fuimos
a las playas en este feriado puente por el día de la Virgen.

Pero no me quejo, no tendría sentido soy un hombre feliz
en armonía y paz conmigo mismo lo que me permite
socializar con  empatía con la mayoría de la gente.

Pareciera que Juan Carlos cada tanto cuando otea
que estoy caminando con Daysi se pone al acecho,
por la necesidad que todos tenemos de comunicarnos
principalmente ser escuchados hoy es una virtud escasa.

El tema de conversación de hoy; “la libido masculina”
escabroso entre jóvenes intelectuales con algunos años,
en donde se entrecruzan opiniones con doble sentido
como queriendo saber como hace el otro para ser el mejor.

No es la “pastillita azul”, es la marrón o la verde todo da igual
para recuperar aquel rasgo de otro tiempo, hoy alicaído
nos reimos sin tomar respiro mientras hablábamos rápido
de nuestras aventuras como también de aquellas que están por venir.

En el cierre, nos dijimos mutuamente “no nos den por muertos
que somos la “Armada Brancaleone en pronto regreso”…

Imagen: larazon.es – Pinterest

“Galaikita”

No soy de aquellos solitarios
que nunca están solos por completo
de husmear por esas plataformas
que hacen las veces de celestinas.

Porque parece, que estuviera en Amsterdam
con la diferencia que ahí se negocia,
y virtualmente la cosa, es mucho más sutil.

Amablemente te invitan a dar tus datos
y comienzan hacer correr un algoritmo,
que te seleccionara por edad y afinidad
quienes porcentualmente pueden llegar
a ser tu deseada princesa como aquella
que perdió el zapato de cristal a medianoche.

Nunca me imagine que una relación
se basaba en porcentajes, raro no?
Es como tocar algo tan intangible
que no deja de producir un cierto escozor.

Pero llegó el retrato de ella y su nombre
o seudónimo “Galaikita” que dice estar
contenida en envase ucraniano pero
con corazón gallego eso si no le agrada
hacer casi nada de las tareas de un hogar,
qué es lo de menos si sabe abrir la puerta
para ir a jugar, ya que uno quiere jugar…

Debo reconocer sin embargo que su envase
engalanado con un perfil de cabello rubio
como el trigo y con un sombrero negro,
es llamativa y realmente muy bello.

Sigo curioseando en su descripción
en que se dice buena amiga y perseverante
con todo aquello que se propone,
gusta de andar en bicicleta, el mate
y todas las manifestaciones del arte.

Veo que me estoy muy entusiasmado
y ya la imagino caminando por mi piso,
desea intentar construir una linda relación
real, pero colorida y con magia, una complicidad

de dos a quererse sin apuro indefinidamente.

Veo que estoy entusiasmado y llego hasta la estación
satelital internacional cuando en un párrafo
detallan sus cosas favoritas y entre tantas,
una que pega en el corazón y por eso estoy
apresuradamente escribiéndole para una cita.

La remató escribiendo que la cosa mas favorita
para ella es un abrazo largoooo … .así lo escribió.
No es una mujer además de hermosa, dulce
hasta su médula y además en un solo envase….

Casí…como “Carlitos”

Creo en lo personal; que cada Ciudad cuenta en sus comunas, regiones o barriadas con personajes -vecinos- que pueden llegar a permitirnos como observadores o interlocutores, vivir situaciones tanto desopilantes como hilarantes. Este relato; que paso a comentar me hace pensar en Hector Gagliardi, de quien ya hice un par de homenajes, porque fue en realidad además del poeta “bueno” -porque hacía lagrimear con sus versos-, un profundo observador de aquella Argentina de su época y donde puso especialmente en primer lugar, personas que conoció o imagino, que fueron sus musas inspiradoras para en un castellano argentinizado y algo de “lunfardo” (1), nos emocionó sin distinción de edad a generaciones de argentinos.


Es mi costumbre; despertarme temprano, darme una ducha y luego realizar mis técnicas de respiración -que las recomiendo a aquellos con problemas de bronquios o pulmonares- para pasar a una meditación de aproximadamente veinte minutos, lo que me energiza para arrancar el día.
Voy a la cocina, preparo mi desayuno y a la vez el de mi mascota “Daysi” -porque no van a creer que solo se alimenta con “comida seca”. Ni loca, ni despistada. En su caso son infaltables “los daditos de queso”, que le voy dando sentada en la poltrona que se encuentra a mi lado. Mi mano izquierda le va dando cada dado, mientras que con mi derecha voy tomando el mío, al mismo ritmo ambos.


Terminada la primera comida fuerte del día; por aquella frase “desayunar como rey; almorzar como un príncipe; cenar como un mendigo” -Le doy gracias a Dios o al Universo, por tener este privilegio-, porque no soy de aquellos que publicitan que hacen por el prójimo, para darle estado público a lo que considero debe ser reservado, por respeto al tercero. Además no soy un millonario de empresa, que se vanagloria de organizaciones que realizan donaciones u obras de bien público- cuando en realidad, en su mayoría lo deducen de sus impuestos antes cada fisco.
Daysi; presiente que vamos a salir a pasear cuando ve que me disfrazo con la ropa de calle -bien raída por su uso- y porque lanzó su correa, sobre el lugar donde suele pasarse durmiendo.


Con Daysi caminamos un par de kilómetros, sumados en un ida y vuelta, Así fue; que conocí a Roberto -así me dijo llamarse-, cuando pasando por su casa y estando él en la puerta de la misma, cuando como un oficial de policía me detuvo con su palma de la mano en el aire….y me dijo -Hola que tal; soy Roberto y prosiguió ¿Usted es nuevo en el barrio?. -Sí le respondí, sorprendido-
Lo que siguió fue una desopilante e inesperada conversación, que trato de recordar hasta los más pequeños detalles, como para construir los diálogos de la manera más precisa que pueda….
Roberto -¿ Usted dónde vive?-
-Aquí cerca, a un par de cuadras…-
Roberto -Ya me parecía, porque no lo había visto antes y ¿dígame, vive con su familia.
-No, vivo solo con mi mascota-
Roberto – Ya me parecía; tiene cara de ser viudo o haberse divorciado…¿O me equivoco?-
-No enviude, y tengo tres hijos y cuatro nietos…-
Roberto – Vivo aquí hace 44 años y ahora solo, mi mujer me dejo…pero ojo que yo sabia como venia la cosa -acompañando esto con su índice en el ojo-
-Ahh…sí. ¿Qué le pasó?-
Roberto – Sabe; ella salía mucho y me dí cuenta un día cuando vino mi mejor amigo de toda la vida…vi como se miraban…Me dije; acá estos me están haciendo el “cornudo consciente”….-
-Uhh..qué frustración para usted! exclame-
Roberto -No para nada…me las se todas. Una vez fui con mi ex mujer a Galerías Pacifico. Y ese día; no se arreglo y maquillo como cuando salía sola,,, y yo que me las se lunga (2) le dije ¿¡Decime Rosario, te está ardiendo ahí abajo? y me respondió “¿porque sos tan guarango y me preguntas eso?” y ahí nomás le espete -Mira nena, ya se que entre vos y Carlos pasa lo que tenía que pasar”…para luego decirle…los chicos son grandes ya…porque no te vas con el, que la debe tener como esos senegaleses que venden baratijas en Buenos Aires. Y así amigo; partió un día con las pocas cosas que tenía. ¡Porque no se iba a llevar nada de la casa, imagínese!…si todo lo que había y hay hasta hoy, lo compre yo cuando era cobrador de una compañía de seguros….
-Pero Usted ¿no se enojó sintió tristeza ante la soledad?-
Roberto – Ni loco…ya le dije lo venía viendo hace tiempo…desde que se fue…llamó a alguna chica y con unos pesos, pasó un momento fantástico…el que tiene calle…también tiene acera y vereda.-
-Esboce una sonrisa y le dije -Se me hace tarde; deje cosas para hacer-
-Roberto…si claro amigo; un gusto hablar con una persona tan inteligente como usted….(¿?)
Y eso fue solo la presentación…luego han venido muchísimas más. Pero no es conveniente contarlas por ahora; todas…

Esto me hizo recordar uno de esos chistes que corrían cuando el Papa Juan Pablo II era el jefe de la Iglesia Católica…
-Había un amigo que se encontró con otro de su infancia, llamado “Carlitos ” con una vida tan mundana que hasta era conocido por el jetset internacional, en la mismísima Plaza del Vaticano y en un “Ángelus”.

La plaza estaba colmada de miles y miles de personas…cuando el Papa salió al balcón a saludar a los fieles. Ahí Carlitos le dice a su amigo…espérame acá que lo voy a saludar a “John”….y ahí se quedó congelado con los pies clavados en el piso, su amigo.


Así fue que Carlitos llegó al balcón y luego de abrazarlo, se puso a hablar cordialmente con el Papa; un murmullo y silencio después se hizo en la plaza, viendo Carlitos que su amigo…se encontraba tirado sobre el piso. Le pidió al Papa que lo perdonara y se dirigió presuroso a auxiliar a su amigo.


Se acercó y le preguntó -¿Jorge, estas bien…que te paso?
No lo vas a creer…la gente…la gente…
¿Qué Jorge? ¿Qué paso con la gente?


Es que cuando te vieron en el balcón; -el rumor que corrió fue “Quien es ese “boludo” de blanco, que está con Carlitos-….


(1) Lunfardo: El lunfardo es una jerga originada y desarrollada en Buenos Aires, capital de la República Argentina, y su conurbación;​​ también otras ciudades cercanas como Santa Fe y Rosario y Montevideo contribuyeron desde el principio a su desarrollo.
(2) Lunga: “Se las sabe todas”…
(3) Boludo: “La historia de la Historia dice que los primeros boludos fueron los valientes gauchos que, en las Guerras de Independencia, mataban a los españoles con sus bolas de piedra y sus boleadoras”.Así lo cuenta la escritora María Laura Dedé en su libro Deslenguados, una especie de diccionario razonado de “malas palabras”. “En la primera fila -cuenta Dedé- iban los pelotudos, quienes derribaban a los caballos enemigos con grandes piedras o pelotas. En segunda fila estaban los lanceros, que pinchan a los jinetes caídos; y en tercer lugar, los boludos, que terminaban de matarlos con las boleadoras. Pero los gauchos también morían, por eso un diputado una vez dijo: ‘no hay que ser boludo’, y así quedó: pelotudo y boludo eran los que se dejaban matar, aunque, según este señor, ser pelotudo era peor, porque iban adelante. Se ve que el diputado no entendía que los gauchos estaban defendiendo la Patria… por convicción o porque no tenían otro medio de subsistencia”.
La palabra, además de ser entre los jóvenes una manera de llamarse y no un insulto, en 2013 fue elegida por el poeta Juan Gelman como la que mejor representa el lenguaje de los argentinos. Se lo había pedido el diario español El País en el contexto del VI Congreso de la Lengua, en Panamá. “Es un término muy popular y dueño de una gran ambivalencia hoy. Entraña la referencia a una persona tonta, estúpida o idiota; pero no siempre implica esa connotación de insulto o despectiva. En los últimos años me ha sorprendido la acepción o su empleo entre amigos, casi como un comodín de complicidad. Ha venido perdiendo el sentido insultante. Ha mutado a un lado más desenfadado, pero sin perder su origen”, argumentó Gelman. ¿Sabría su origen?
Advertencia: las cosas por su nombre Advertencia al lector: en esta nota no hay eufemismos. Más bien se llama a las cosas por su nombre. Aquí hay “malas palabras, improperios y otras cosas peores”, como dice el subtítulo de Deslenguados.

El hippie

Me miró como una “rara avis”
cuando nos cruzamos en el boliche,
sería mi pelo largo o esa medalla
con el símbolo de amor y paz,
en aquellos años sesenta.

Creo que más se interesó
por aquello de lo misterioso
que podíamos ser como hippies,
que por mi facha desalineada
tirando un poco más que a eso,
ya que me ganaba unos pesos
trenzando esas zancudas
que después vendía entre
la gente, tiradas sobre mi manta.

Súbitamente, se acercó y sentó
a mi lado, sin pedirme permiso,
su figura era la de una cheta
con plata de Barrio Norte.

Le pregunté ¿Qué querés, piba?
y simplemente me contesto,
luego de que vendas todo
quiero hacer el amor contigo.

Tiempos gloriosos aquellos,
en que ser “raro” para el otro
te permitía enganchar sin siquiera
poner una pequeña y simple carnada.

Imagen: Maja Hreczuk – Pinterest

Modos de tiempo

Tiempo de nacer
Tiempo de la teta
Tiempo del pañal
Tiempo de crecer
Tiempo de jugar
Tiempo de abandono de pañal
Tiempo de los “por que?”
Tiempo de estudiar
Tiempo de musica
Tiempo de bailar
Tiempo del primer amor
Tiempo de dolor
Tiempo de rebeldía
Tiempo de soñar futuro
Tiempo de impacto visual
Tiempo de atracción
Tiempo de seducción
Tiempo de juntar dos vidas
Tiempo de pasión
Tiempo de proyectos
Tiempo de convivir
Tiempo de criar
Tiempo de familia
Tiempo de crear futuro
Tiempo de disfrutar
Tiempo de acompañar
Tiempo de ayudar
Tiempo de partidas
Tiempo de nido vacío
Tiempo de renovación
Tiempo de motivar el amor
Tiempo de negarse
Tiempo de dejar ir
Tiempo de soledad
Tiempo de reflexión
Tiempo de reinventarse
Tiempo de la 2da. oportunidad
Tiempo de adoración
Tiempo de viajar
Tiempo de caída de la libido
Tiempo de sexólogo
Tiempo de caricias
Tiempo de añoranzas
Tiempo de soledad
Tiempo de volver a los pañales
Tiempo de partir

Recomiendo que toda aquella persona, que desee intercalar algún otro tiempo, puede hacerlo a su buen saber y entender.


Si pretende ir por un espacio de tercer tiempo, solo sugiero hacer terapia. 

Susana

Es el tiempo de los recuerdos,
no puedo ni debo solo ocuparlo
con un sinnúmero de actividades
como cumpliendo algo rutinario,
que fagocite mi vida sin remedio.

Era más que delgada, larguísima
más que alta para su edad,
de su voz un torrente de palabras
no paraban de salir de su boca
de labios finos, bajo una nariz recta.

Amiga de una amiga, llegaron a casa
y como no podía ser de otra manera,
fuimos a mi cuarto a escuchar música.

La melodía de Sra. Robinson, como fondo
ella se apresuró a sentarse junto a mí 
en el sofá y lanzo para mis doce años,
la pregunta más inesperada…
-¿decime, vos sabes besar?-

Hombre en proceso, adolescente al fin
como el escudero fiel y paciente del Quijote,
pretendí enfrentar a los molinos de viento
con una rotunda afirmación, dándome ánimo.

Debo decir, que ni siquiera me dejo 
terminar la frase que había pensado,
cuando con sus dos manos, abrió mi boca
y penetro en ella como quien te dará
luego, un diagnostico que no necesitabas.

Susana era su nombre, hoy vino
a visitarme en este recuerdo,
quizás como el personaje de Quino
amiga atrevida de Mafalda que soñaba
con su femineidad y enamorarse… 

La Institución es…la fila.

En Buenos Aires, si no haces
una fila para pagar tus servicios,
tus impuestos,
tu jubilación o pensión,
ingresar a un teatro o cine,
o a un espectáculo deportivo,
tu turno en la farmacia,
verdulería o carnicería,
shopping o supermercado,
denuncias ante la sede comunal
y así tantas otras locuras,
por más que alguno lo tengas
con débito automático a través
de tu tarjeta de compra o crédito ,
dejas de respetar la institución
de la fila con su origen histórico,
y pierdes tu condición de porteño,
te excomulgan de tu culto,
te borran del padrón electoral,
qué entre tú y yo te comento
Que siempre pregunte para que sirve
-y nadie supo contestarme-
porque cualquiera sea el color
siguen robando desde la época de la Vieja Aldea.
Conclusión:
de ciudadano de  o 
categoría pasas a ser un paria,
mal mirado hasta por tu familia…

Siempre tengo una excusa…

La rutina de los sábados,
llevar el auto o el carro al lavadero.
Soy alguien que sufre TOC, que si no lo veo
limpio me siento yo, sucio.

Pero no fue un lavado artesanal más,
nueva cajera, cabellos rubios y agradable sonrisa.
Nada puedo hacer para sacarme
esa maldita manía de seducir,
como en mis tiempos adolescentes
o en aquella juventud dentro del Averno.

Excusa primera, servirme un cappuccino
en esa calamitosa y non sancta máquina,
pedirle el vaso e intercambiar sonrisas.

Antes de sentarme y tomarme mi infusión
me dirigí a pagarle el lavado y me pregunto
¿Con el café, también no?
Le sonreí y si quería tener una gentileza
no me opondría al no cobrármelo, aceptaba gustoso.
Nos reímos juntos con franqueza.

No! Me contestó la diferencia de caja,
al final de mi jornada debo ponerla yo.
Oh…debes ser muy cuidadosa en todo.
De lo contrario tú le tendrías que pagar
al dueño, ¿en lugar de cobrar tu sueldo
que presupongo escaso…no?

Comenzamos a conversar de sus horarios,
sus gustos, un compacto de 5 minutos.

Me llamaron, el automóvil estaba listo.
La salude y creo que ambos quedamos
con esa idea de lo bueno que es contener.

Pero para la próxima vez,
me prometo pedirle el número de su teléfono.
Paso a paso, sin prisa pero sin pausa
a la vejez, viruela y pito catalán
como bien se dice, por estos lares.

“Susanita”

Tenía piernas largas, no era bonita así la recuerdo dejando la frontera de la infancia, Susana se llamaba compañera de mi prima, casi hermana que me hacía publicidad o “gancho” a cambio de algunas regalías.

Edad en que las hormonas, piedras volcánicas con lavas recurrentes me sorprendían. Los besos, abrazos y otras ligadas a lo sensual, por la pantalla de un televisor o engañando al acomodador del cine condicionado.

Pero vuelvo a Susana, misma edad pero en ese momento, más experiencia. Tarde calurosa de verano, éramos cuatro o cinco púberes subiendo por las escaleras a mi cuarto, el que al estar más alejado del resto representaba algo así, como el lugar de las cosas prohibidas, hechas tabúes.
“Niño, eso no se dice; eso no se toca; eso no se hace” (El Nano dixit).

Juego de manos va, juego de manos vienen, tonterías que se dicen, risas nerviosas por lo que sucede, roce de cuerpos y la pregunta menos esperada.
¿De quién?

Es Susana que me pregunta;
¿Decime, vos sabes besar?
¡Eso era un desafío al orgullo machista infantil!

Sí,.. je… le respondí-
No me dio tiempo a nada, abrió mi boca con su mano y metió su lengua atravesando las amígdalas…
La vergüenza que pasé, fue calamitosa. Pero fue provechosa, porque a partir de ahí deje de dar “piquitos”.
¿Qué será de la vida de “Susanita”? como la amiguita de Mafalda del notable Quino.