LA COLABORACIÓN CIUDADANA, CLAVE

Convertir las especies invasoras en dinero ya es posible (en EEUU).

Tanto el ‘pez león’ como la ‘carpa asiática’, están poniendo en peligro multitud de ecosistemas del país norteamericano. Diversas iniciativas (desde comida para perros como nuevos restaurantes) están ayudando a luchar contra ellas

 

Cuando una especie invasora entra de lleno en un nuevo ecosistema, puede provocar el caos. 

 

Es eso lo que está pasando en muchos lagos y ríos de Estados Unidos con la carpa asiática (aunque en realidad son dos especies diferentes, ‘Catla catla’ y ‘Cirrhinus cirrhosus), procedentes del subcontinente indio. En EEUU su expansión parece imparable, lo que pone en serio peligro el desarrollo y supervivencia de otras especies autóctonas de peces de agua dulce como el salmón. 

 

Además, si sumamos la amenaza de la introducción de estas nuevas especies, los salmones presentes en Norteamérica también están en peligro por otros factores como la pérdida de hábitats naturales a raíz de las acciones del ser humano, el aumento de la temperatura de los océanos y la sobreexplotación pesquera. 

 

Las motivaciones económicas en EEUU han conseguido aumentar la lucha contra las especies exóticas invasoras Debido a que la perca asiática tiene en estos nuevos ecosistemas una superioridad evolutiva con respecto a las especies autóctonas, su expansión está descontrolada y se están buscando soluciones que permitan reducir el problema. 

 

Y parece que se ha conseguido una más que satisfactoria: utilizarlas para elaborar piensos para perros. Esa es la iniciativa que ha puesto en marcha la empresa “Chippin”, una gran productora de piensos para mascotas en Estados Unidos, que ha empezado a usar las carpas plateadas y asiáticas, ambas invasoras, para producir sus nuevas gamas de piensos para perros. 

 

Aunque tanto en Asia como en Europa la carpa es uno de los peces de río más consumidos por el ser humano, en Estados Unidos no es nada conocida ni consumida.

Esto hace que su explotación en el país norteamericano sea prácticamente nula, por lo que establecer una industria alrededor de su explotación pesquera y alimentaria está fuera de la ecuación (lo que a su vez provoca que su expansión esté descontrolada).

Pesca deportiva con arco y flecha de carpa asiática en EEUU. Reuters

Pesca deportiva con arco y flecha de carpa asiática en EEUU. Reuters

Pero los estadounidenses son menos selectivos a la hora de alimentar a sus mascotas y, como explican desde Chippin, no les importa que sus perros se alimenten a base de carpas invasoras. Esto permite que esta nueva industria se aproveche unos precios extraordinariamente bajos (dado que la oferta de estos peces de agua dulce es enorme, y su demanda prácticamente nula) y, al mismo tiempo ayuda a poner remedio a un problema que amenaza con destruir muchos de los ecosistemas del continente americano.

Otros aprovechamientos de especies invasoras

Similar es el caso del pez león (del género ‘Pterois’) que, aunque originario de las costas del Índico y del pacífico, consiguió introducirse en el atlántico. 

De forma similar a las carpas, sus ventajas evolutivas han conseguido que sufra una expansión sin precedentes en los arrecifes de la costa este de EEUU y también en el mar Caribe. La ausencia de depredadores, su sistema de defensa (se trata de peces con multitud de aletas punzantes venenosas) y su rápido ciclo de reproducción han conseguido que sean capaces de expulsar de su hábitat a multitud de especies autóctonas de la costa de Florida.

Pez león frito, una nueva receta cada vez más popular en las costas de Florida.

Pez león frito, una nueva receta cada vez más popular en las costas de Florida.

Es por esto que en la ciudad costera de Pensacola, en el estado de Florida, durante los últimos 15 años se ha llevado a cabo una gran campaña para conseguir popularizar la carne de pez león, que, unida a una gran permisividad en cuanto a la pesca amateur de estas especies ha conseguido su objetivo. 

Actualmente, son muy comunes en toda la costa del estado americano los restaurantes especializados en la venta de la carne de este pez, lo que a su vez ha motivado una expansión tanto del turismo pesquero como de la industria especializada en la comercialización de este producto, consiguiendo por primera vez en 2020 que algunas especies autóctonas regresen a las costas de Pensacola.

La lucha contra las especies invasoras es muy difícil, pero si, como hacen los estadounidenses, somos capaces de encontrar motivaciones económicas para cuidar del medio ambiente y proteger nuestros ecosistemas, tendremos mayor probabilidad de éxito.

Imagen: Gentileza El Confidencial

FUENTE: El Confidencial – Medio Ambiente – Sociedad – Empresas – Por Álvaro Hermida

Asesinan a 175 ballenas en Dinamarca para continuar con la tradición del ‘Grindrap’.

Foto: Getty Images

6 mil 500 ballenas y delfines han perdido la vida en favor de mantener la tradición isleña del ‘Grindadrap’: una cacería de cetáceos en Dinamarca.

La jornada empieza temprano. Un hombre se encarga de avistar a la familia de ballenas piloto, y sólo cuando encuentra a un grupo nutrido, avisa a los demás cazadores. Ellos le esperan en la orilla, hacia donde se dirigen a los cetáceos para recibirlos con lanzas, cuchillos y rifles. En las Islas Feroe, ésta es una tradición de largo aliento: la matanza indiscriminada, injustificada y cruel de ejemplares se considera parte de la cultura local. Las víctimas pueden elevarse por encima de los cientos en cada ocasión.

Un mar de sangre

ballenas

Foto: Getty Images

175 ballenas piloto fueron asesinadas en las orillas de las Islas Feroe en Dinamarca. No pasó mucho tiempo antes de que el mar quedará completamente enrojecido por la sangre de las víctimas. Los barcos actuaron rápido: dirigieron a las familias desde el mar hasta la arena, donde más de una docena de hombres les esperaban con armas de fuego y cuchillos. Con estos, les cortaran la cabeza hasta dejarlas morir desangradas.

A esta tradición se le conoce como ‘Grindadrap‘. A pesar de que ha sido severamente criticada por grupos ambientalistas en favor de los derechos animales, la cacería se lleva a cabo año con año en los meses de julio y agosto. 

Una vez muertas, los pobladores extraen su carne y grasa tanto para alimentarse, como para venderla en el mercado ilegal, ya que en diversos países estos productos están prohibidos.

ballenas

Foto: Martin Zwick/REDA & CO/Universal Images Group via Getty Images

Sin importar las resistencias de diversas organizaciones de la sociedad civil, los daneses de las Islas Feroe invitan a los medios de comunicación a documentar la carnicería. Como si fuera parte de un orgullo nacional, muestran las imágenes de las olas rojas y los cadáveres de las ballenas apilados en la orilla. En algunos casos, se requiere de tractores para limpiar la playa y retirar a las víctimas sin vida.

Una práctica insostenible

Foto: Universal Images Group via Getty Images

La pesca sigue siendo un elemento central para la subsistencia de los pobladores de estas islas. La carne de ballena obtenida después de la matanza, por tanto, se usa como alimento. Aunque existen grupos que respetan esta práctica como parte de las tradiciones locales, un número mayoritario de organismos se han pronunciado a favor de abolirlo por completo, como una práctica de barbarie insostenible.

Sea Shepherd, una de las organizaciones conservacionistas más grandes del mundo, señala que, en los últimos 10 años, 6 mil 500 ballenas y delfines han perdido la vida en favor de mantener esta práctica cultural. A bordo de 20 botes, el domingo pasado la tradición terminó con 175 ejemplares.

El gobierno danés se ha resistido a ceder a las presiones internacionales para erradicar la práctica. Aunque se han planteado alternativas para no matar a las ballenas piloto —y cualquier otro cetáceo que se cruce accidentalmente por ahí—, la tradición se impone en Dinamarca. Ni el turismo ecológico, ni las restricciones de confinamiento por COVID-19 parecen ser razones suficientes para perpetuar la violencia en el mar.

FUENTE. NATIONAL GEOGRAPHIC EN ESPAÑOL – Por Andrea Fischer

Extraen cuatro toneladas de carpa en El Hondo de Elche para preservar el humedal

En el marco del programa de protección de la cerceta pardilla (la anátida más amenazada de Europa), durante el pasado mes de julio se realizó una campaña experimental de erradicación de especies exóticas e invasoras acuáticas en el Parque Natural de El Hondo, en Elche. En dicha actuación se ha utilizado un arte de pesca tradicional, con la finalidad de evaluar la efectividad del control de especies exóticas invasoras en el humedal. En total, se retiraron más de 4,5 toneladas de especies dañinas para el medio, sobre todo carpa común.

A lo largo de veinte días de pesca efectiva se han extraído cuatro toneladas de carpa común y carpín, según ha informado la Asociación de Naturalistas del Sureste (Anse), con sede en Murcia, en un comunicado.

La actividad ha sido promovida por Anse y Riegos de Levante, y ha sido desarrollada por pescadores de la Cofradía de San Pedro del Pinatar (Murcia) como refuerzo de las acciones de mejora de hábitat del LIFE Cerceta Pardilla.

Extracción de carpas en El Hondo. Foto: ANSE

«El control de especies exóticas invasoras es uno de los grandes retos en la gestión de los espacios naturales y la biodiversidad asociada», según la entidad ecologista.

Ha explicado en la nota de prensa que «la proliferación de carpa en el Parque Natural de El Hondo ha ocasionado un grave deterioro en la calidad del agua que repercute sobre varias especies de aves amenazadas, entre las que destacan la Cerceta pardilla (Marmaronetta angustirostris) y la Malvasía cabeciblanca (Oxyura leucocephala) por su delicado estado de conservación».

«Esto ha abocado a sus gestores incluso a vaciar los embalses más afectados, actuación que se repite ya varios veranos», según Anse.

A finales de junio, ANSE, Riegos de Levante y pescadores de la Cofradía de San Pedro del Pinatar ponían en marcha una prueba para la extracción de carpas y carpines a través de la pesca artesanal.

Para ello se han utilizado paranzas, uno de los artes de pesca tradicionales del Mar Menor. La extracción ha ido acompañada de labores de seguimiento y evaluación de capturas accesorias por parte de técnicos de Riegos de Levante y de Anse, así como por la supervisión del Parque Natural de El Hondo.

A lo largo de veinte días de pesca efectiva se han retirado cuatro toneladas de carpa y carpín, así como algunos ejemplares de cangrejo rojo (Procambarus clarkii) y de percasol (Lepomis gibbosus).

También se han extraído 500 kilos de mújol, según Anse, que ha destacado que, entre las capturas no deseadas, «únicamente se han encontrado ejemplares de anguila, que han sido liberados nuevamente tras el marcaje y toma de medidas».

La carpa y el carpín provocan importantes efectos sobre la calidad del agua, ya que, por su modo de alimentarse, aumentan la turbidez, causando la desaparición de vegetación acuática, base de la alimentación de multitud de especies autóctonas, con las que compiten, algunas de ellas amenazadas o de mayor valor comercial, y pueden depredar sobre otras, como los pollos de especies de anátidas en peligro de extinción, como la Cerceta pardilla.

La carpa común puede alcanzar grandes dimensiones. Foto: Agencias

Además, la carpa común (Cyprinus carpio) está incluida en el catálogo español de especies exóticas invasoras.

El LIFE Cerceta pardilla tiene el objetivo de mejorar el estado de conservación de 3.000 hectáreas de humedales para revertir el riesgo de extinción del pato más amenazado de Europa, en situación crítica en España.

En el proyecto, que coordina la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, participan como socios el propio Ministerio, a través de la Confederación Hidrográfica del Segura y Tragsatec; la Junta de Andalucía, a través de la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible y la Agencia de Medio Ambiente y Agua; la Generalitat Valenciana, el Gobierno de la Región de Murcia y las organizaciones SEO/BirdLife y Anse.

Cuenta con la contribución del Programa LIFE de la Unión Europea y de la Dirección General del Agua.

FUENTE: Joan Lluis Ferrer – Ecosistema  protegidos – Especies

Alerta ecologista: “El salmón está en peligro de extinción en España”

Los grupos ecologistas han vuelto a lanzar la voz de alarma: “El salmón atlántico está en peligro de extinción en España”. Esgrimen en defensa de ese argumento los resultados de la temporada de pesca del salmón, que se cerró en julio.

En Asturias, principal reducto del salmón en la península, se capturaron este año 526 ejemplares. Son 230 menos que en 2020, y una cifra que se queda lejísimos del máximo histórico, los 6.893 salmones que se capturaron en 1969. Estos números, según los conservacionistas denotan “un grave problema de futuro”. Una aseveración que no comparten los pescadores.

Los conservacionistas lo habían advertido justo antes del inicio de la temporada de pesca, en abril: “El salmón está condenado a desaparecer en los ríos asturianos”, donde se captura cerca del 90% de todos los ejemplares que se echan a tierra en España. Ahora, aseguran que los datos de capturas han venido a darles la razón: “Casi no quedan salmones”.

“A pesar de nuestra denuncias, se está acabando con los pocos peces que llegan a los ríos”, clama la Coordinadora Ecoloxista d’Asturies, que acusa al Gobierno del Principado de seguir dando “facilidades a los pescadores” para que acaben con los últimos salmones y las últimas truchas, “a pesar del declive que sufren ambas especies”.

Según la Coordinadora, las poblaciones de trucha y salmón, “tras décadas de explotación masiva”, continúan “en marcada disminución y en peligro de desaparición en muchas cuencas”.

Dos pescadores intentan echar a tierra un salmón en el río Cares. Foto: Ramón Díaz

El colectivo ha señalado directamente a la Consejería de Medio Rural y Cohesión Territorial del Principado como principal responsable de esta situación.

El departamento que encabeza Alejandro Calvo “volvió a ceder este año ante los pescadores, renunciando a las pocas limitaciones que recogía en su propuesta inicial para el ejercicio de la pesca en aguas continentales”.

Los ecologistas reclaman medidas más exigentes

Esas limitaciones consistían en la reducción de cuatro a tres los salmones pescados por temporada y pescador, y la reducción de seis a tres las truchas y reos pescados por pescador y día. Pero fueron descartadas a última hora y se permitió a los pescadores “continuar como sino pasara nada en los ríos”.

Por eso la Coordinadora Ecoloxista d’Asturies ha vuelto a reclamar para la próxima campaña de pesca medidas más exigentes que reduzcan “el impacto que tienen los miles de pescadores en las poblaciones de estas especies”.

“El continuo declive de las poblaciones de salmón atlántico en nuestros ríos hace que la especie esté en claro peligro de extinción, lo que nos debería llevar a aplicar firmes principios de precaución en el manejo y gestión de la especie”, apunta la asociación.

Frente a la extracción y muerte de ejemplares, la Coordinadora propone la pesca sin muerte (captura y suelta) como “único método de pesca durante toda la temporada y en todos los ríos en los que se autorice la pesca del salmón”.

“También pedimos que se suspendan de forma inmediata las repoblaciones. No están avaladas por estudios científicos y suponen un problema añadido a la biodiversidad de los ríos al reducir la variabilidad genética de las especies repobladas, aspecto este bien contrastado en la bibliografía científica”, indica la Coordinadora.

Ejemplar de salmón atlántico. Foto: skretting.com

“Si no se toman medidas valientes y radicales tanto a corto plazo como a futuro, se está poniendo en peligro inminente de desaparición a especies tan emblemáticas como el salmón”, alerta.

Situación dramática en la cuenca del Esva

Añade que si no se revierte la actual situación, “a no mucho tardar una parte muy importante de la diversidad biológica de los ríos asturianos acabará desapareciendo. Los ríos son patrimonio de toda la sociedad, no sólo de los pescadores”, concluye.

Por cuencas, las capturas fueron: 300 en el Nalón-Narcea, 125 en el Sella-Piloña, 50 en el Deva-Cares, 50 en el Eo y 1 en el Esva. La situación de esta última cuenca, en la que se llegaron a pescar 805 salmones en 1986, es dramática.

El salmón ha desaparecido además de la cuenca del Navia, en la que se llegaron a echar a tierra 1.169 salmones en 1956. En las demás comunidades del Cantábrico la situación es aún peor. Las capturas se sitúan en menos de una veintena en Navarra y en poco más de treinta en Galicia.

Los pescadores culpabilizan a los cormoranes

Pero, además de los ecologistas, hay otros sectores implicados en el río. La mayoría de los pescadores discrepa radicalmente de las tesis de la Coordinadora. Aseguran que ellos son los primeros interesados en proteger al salmón, y culpan a los cormoranes de la disminución de la población del denominado “rey del río”.

Destacan que influyen también los “ciclos migratorios”, que han provocado históricamente años con escasas capturas. Ponen como ejemplos los 586 salmones capturados en 1997, los 356 de 2009 y los 250 de 2010 (aunque este último año solo estuvo permitido pescar un mes y medio).

Un pescador en en el río Nalón (Asturias). Foto: Fernando Rodríguez / La Nueva España

No obstante, es la primera vez desde 1949, cuando comenzaron los registros de capturas de salmones, que se cumulan cinco años consecutivos con menos de 900 capturas en Asturias. Los pescadores señalan asimismo el “enorme impacto” que está teniendo sobre la especie la pesca en el mar.

Al contrario que la Coordinadora, defienden la conveniencia de las repoblaciones para enfrentarse a la caída del estocaje de peces en los últimos años. Y rechazan mayoritariamente la pesca sin muerte, al considerar que no tiene apenas seguidores y que no pasa de ser “una veda encubierta”.

Los empresarios denuncian el abandono de los ríos

Otro sector implicado es el de los empresarios con negocios relacionados o que dependen de la pesca y del turismo de pesca. Algunos emprendedores han criticado con dureza a la Administración por el “abandono” que sufren los ríos salmoneros, que han sido durante decenios “una gran fuente de riqueza” para Asturias y un auténtico “motor económico” en zonas como el oriente y el occidente del Principado. “Recuperar el turismo de pesca sería ideal”, subrayan.

La delicada situación del salmón atlántico ya había sido advertida por el biólogo de la Universidad de Oviedo David Álvarez, quien publicó en 2011 un estudio que concluyó que la especie estaba ya entonces en peligro de extinción.

El experto advertía de que si se tratara de otra especie ya se habría catalogado como en peligro de extinción. Y añadía que la gran tradición salmonera en Asturias, unida a los seis millones de euros que generaba entonces anualmente, condicionaban el nivel de protección.

El estudio concluía asimismo, en sintonía con lo que ahora defiende la Coordinadora, que las repoblaciones de alevines de salmón atlántico habían sido “un fracaso” y no sirvieron para recuperar las poblaciones de la especie. Su consejo era que se aplicara una “veda total” en los ríos asturianos para posibilitar la recuperación de la especie.

Lejos de atender esas recomendaciones, el Gobierno del Principado optó aquel año por todo lo contrario: retiró la mayoría de las restricciones y permitió pescar salmones durante cuatro meses. Este año la temporada duró tres meses.

FUENTE: Verde y Azul – Ramón Díaz

Así es el pez diablo: la especie invasora que está acabando con los peces nativos de México.

El pez diablo ha sido catalogado como «especie exótica invasora perfecta», por su increíble capacidad de adaptación y el daño ecológico que genera.

Como consecuencia de las precipitaciones cada vez más poderosas que azotan los trópicos, diversas especies invasoras se están estableciendo en los cuerpos de agua mexicanos. Quizá una de las más difíciles de combatir es el pez diablo, cada vez más común en los ríos y presas de México como consecuencia de las inundaciones extremas. Después de más de dos décadas de luchar contra la plaga, las autoridades locales todavía no logran ganar la batalla.

Cartílago, espinas y agresividad

El año pasado, la Comisión Nacional de Áreas Protegidas de México alertó a la población aledaña a las áreas naturales protegidas en Coahuila sobre las medidas necesarias para controlar la llegada del pez diablo. Con generalmente 40 centímetros de longitud en la naturaleza, el Hypostomus plecostomus chupa las algas de las cuencas mexicanas. El mismo problema se ha detectado en Quintana Roo, al sureste del país, según medios locales.

A diferencia de otros peces, esta especie no cuenta con escamas. Por el contrario, protege su cuerpo con cartílagos y espinas, que utilizan para luchar entre sí y contra otros animales. Además, es sabido que son animales particularmente agresivos. La crisis climática global ha provocado que su ecosistema natural se modifique, por lo que han buscado espacios que se adecúen más a sus necesidades biológicas.

De manera oportunista, ha utilizado las lluvias y ciclones cada vez más fuertes para invadir cuencas y cuerpos de agua salada. Además de ser una especie agresiva, han demostrado resistencia al momento de salir del agua: pueden sobrevivir hasta 14 horas fuera de la corriente. Por medio de las inundaciones, se inserta en estos nuevos espacios, terminando con las especies nativas que encuentra a su paso.

Una batalla difícil de ganar

Sólo en el estado de Quintana Roo, en colaboración con los pescadores de la localidad de La Unión, las autoridades lograron capturar 400 ejemplares de pez diablo en el año 2020. No han sido suficientes. En contraste, no existen cifras claras para el caso de la cuenca de Don Martín, al norte del país.

El problema radica en que esta especie, venida de países más australes en América Latina, aprovecha los recursos de estos ecosistemas y desestabiliza el equilibrio que antaño existía en ellos. De esta manera, incide directamente en la cadena alimentaria de las cuencas y ríos mexicanos. Además de esto, tiene una capacidad impresionante de adaptación, lo que lo vuelve todavía más resistente a sus depredadores naturales.

El control de esta especie invasora aqueja todavía a las autoridades mexicanas. Incluso lo han denominado como «especie exótica invasora perfecta«, ya que su morfología, fisiología y comportamiento acentúan su potencial para adueñarse de los ecosistemas en los que se instala. Hoy, otras especies como la tilapia son depredadas por el pez diablo, que les está dejando poco espacio para restablecer sus poblaciones de manera saludable.

El pez invasor que está dañando el Mar Caribe y los arrecifes de la Riviera Maya para siempre.

El pez diablo ha sido catalogado como «especie exótica invasora perfecta», por su increíble capacidad de adaptación y el daño ecológico que genera.

Como consecuencia de las precipitaciones cada vez más poderosas que azotan los trópicos, diversas especies invasoras se están estableciendo en los cuerpos de agua mexicanos. Quizá una de las más difíciles de combatir es el pez diablo, cada vez más común en los ríos y presas de México como consecuencia de las inundaciones extremas. Después de más de dos décadas de luchar contra la plaga, las autoridades locales todavía no logran ganar la batalla.

Cartílago, espinas y agresividad

El año pasado, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas de México alertó a la población aledaña a las áreas naturales protegidas en Coahuila sobre las medidas necesarias para controlar la llegada del pez diablo. Con generalmente 40 centímetros de longitud en la naturaleza, el Hypostomus plecostomus chupa las algas de las cuencas mexicanas. El mismo problema se ha detectado en Quintana Roo, al sureste del país, según medios locales.

A diferencia de otros peces, esta especie no cuenta con escamas. Por el contrario, protege su cuerpo con cartílagos y espinas, que utilizan para luchar entre sí y contra otros animales. Además, es sabido que son animales particularmente agresivos. La crisis climática global ha provocado que su ecosistema natural se modifique, por lo que han buscado espacios que se adecúen más a sus necesidades biológicas.

De manera oportunista, ha utilizado las lluvias y ciclones cada vez más fuertes para invadir cuencas y cuerpos de agua salada. Además de ser una especie agresiva, han demostrado resistencia al momento de salir del agua: pueden sobrevivir hasta 14 horas fuera de la corriente. Por medio de las inundaciones, se inserta en estos nuevos espacios, terminando con las especies nativas que encuentra a su paso.

pez león

Foto: Getty Images

A raíz de un cambio de ubicación, un pez invasor está terminando con el equilibrio ecológico del Mar Mediterráneo y los arrecifes de coral en el Caribe.

Rayado, puntiagudo y silencioso: un pez invasor hipnotiza a sus presas con una mirada del color de las aguas del mar, terminando con la diversidad del Mediterráneo. Pasa muchas veces desapercibido entre los arrecifes de coral, pero está al acecho constante de su próxima víctima.

Oriundo de las aguas cálidas del Pacífico sur, el pez león se alimenta generalmente de peces pequeños, moluscos e invertebrados. Su modus operandi es simple, pero efectivo: atrapa a sus presas escupiendo chorros de agua, que las desorienta antes de comérselas. Sin embargo, su hambre voraz está arrasando con la vida en los ecosistemas marinos.

Un cambio de vecindario

El pez león es fácilmente identificable por la cresta espinada que corona su aleta dorsal y aletas en forma de abanico. Las espinas tienen rayas blancas y cafés, una coloración que típicamente indican que son venenosas, incluso para el contacto humano. Por esta razón, este animal es un contrincante letal para cualquier pez de menor tamaño.

En su hábitat natural, cada una de las especies con las que el pez león convive cumple con una función ecológica definida. De esta manera, los arrecifes de coral se han mantenido en equilibrio durante milenios. Sin embargo, recientemente este depredador ha causado estragos en el ecosistema submarino.

A raíz de una inserción poco responsable de peces león en el sureste de Estados Unidos, el Caribe y el Mediterráneo, las poblaciones han adaptado su dieta a las especies endémicas de estas zonas. Para pesar de éstas, el pez león se ha adaptado muy bien a sus nuevos vecindarios, y se ha reproducido como nunca antes.

Reproducción a niveles alarmantes

Pez león captado en las inmediaciones de Xcalac, México. Foto: Getty Images

Cómodo como está en su nuevo vecindario, el pez león se ha reproducido a niveles alarmantes en la Riviera Maya y en el Caribe. Durante todo el año, es capaz de desovar cada dos días. Los huevos eclosionan entre el plancton y se asientan en los arrecifes, liberados por sus madres después del parto. Esto quiere decir que, hoy en día, hay millones de crías potenciales deambulando en las corrientes marinas.

Además de esto, este pez invasor tiene la capacidad de expandir su estómago hasta 30 veces su tamaño. Esto provoca que tenga un apetito insaciable, que atenta contra la diversidad de sus nuevos lugares de asentamiento. Esto es así porque los depredadores autóctonos se quedan sin comer, provocando un desequilibrio importante para la vida en estos ecosistemas tropicales.

El problema se acrecienta, ya que el pez león tiene pocos depredadores naturales. Una solución que se discute entre los países afectados por la situación es plantear una caza controlada de la especie, para devolver un poco de estabilidad a la vida en los arrecifes de coral.

A raíz de un cambio de ubicación, un pez invasor está terminando con el equilibrio ecológico del Mar Mediterráneo y los arrecifes de coral en el Caribe.

FUENTE: NATIONAL GEOGRAPHIC Por Andrea Fisher 

¿PSICOFARMACOS EN LOS OCÉANOS?

Los restos de antidepresivos que llegan al océano están cambiando el comportamiento de los peces

La vida marina que ha estado en contacto con residuos de antidepresivos pierde su individualidad debido a la contaminación médica.

Cuando una persona ingiere una pastilla, los efectos de ésta no terminan cuando sale del organismo humano. Por el contrario, el camino de contaminación de las sustancias apenas comienza después de ir al baño y uno de sus efectos más nocivos está relacionado con los antidepresivos y la vida marina.

¿Cómo van a dar los antidepresivos a los mares?

antidepresivos

Foto: Getty Images

Una gran parte de la contaminación de los océanos es ocasionada por la industría farmacéutica. Los residuos de plástico no son los únicos que están dañando gravemente el bienestar de las especies marinas, así como el equilibrio ecológico de los ecosistemas. 

Los medicamentos también juegan un papel importante en este desbalance.

Estas sustancias son tóxicas para la diversidad marina. Diversos sistemas de alcantarillado terminan en las olas, y acarrean este tipo de residuos hasta los animales, a quienes nunca se les prescribieron medicamentos para tratar la depresión o la ansiedad.

Un mar de fármacos

antidepresivos

Foto: Getty Images

Los residuos de antidepresivos aturden e influyen directamente en su salud. Este fenómeno se ha observado en la manera en la que sus comportamientos cambian al tener contacto con estas sustancias.

Según el ecologista evolutivo Giovanni Polverino de la Universidad de Australia Occidental, apenas estamos viendo las primeras consecuencias de esta contaminación:

«LOS EFECTOS COLATERALES DE LOS CONTAMINANTES PSICOACTIVOS EN LA VIDA SILVESTRE SON CADA VEZ MÁS PREOCUPANTES. LOS FÁRMACOS PSICOACTIVOS SE DIRIGEN A LOS RECEPTORES DEL CEREBRO HUMANO QUE SE CONSERVAN EVOLUTIVAMENTE EN TODO EL REINO ANIMAL; POR LO QUE QUIZÁS NO SEA SORPRENDENTE QUE PUEDAN AFECTAR A ESPECIES NO OBJETIVO».

Para profundizar en la problemática, Polverino y su equipo realizaron un experimento de dos años en el que sometieron a un tipo de pez específico, los Poecilia reticulata, a niveles bajos de fluoxetina, el antidepresivo del mundo. Los resultados no fueron favorables.

Repercusiones vitalicias

antidepresivos

Foto: Getty Images

Algunas de las alteraciones más importantes están relacionadas a la actividad normal de ciertos peces, a su capacidad de socializar, patrones de alimentación, rutas migratorias e incluso su apareamiento.

Sin embargo, se tiene conocimiento que estas concentraciones son muy inferiores a las que se encuentran actualmente en los océanos. Según las observaciones de Polverino, los peces pierden su capacidad de individualidad cuando se les expone a los antidepresivos, y es muy probable que otras especies también tengan repercusiones vitalicias.

La actividad humana está provocando que cada vez más especies padezcan cáncer.

Foto: Getty Images

Cada vez más animales padecen de cáncer de piel a causa de la contaminación de los mares generada por la actividad industrial humana.

Un estudio reciente conducido por la Universidad de Tartu, en Estonia, reveló que la creciente contaminación de los mares está impactando duramente en la aparición de nuevas enfermedades de animales marinos. Parece ser que la más grave —y aparentemente más extendida— de éstas, es el cáncer de piel.

Una consecuencia más de la actividad industrial desmedida

contaminación de los mares

Foto: Getty Images

Según revela el estudio, publicado recientemente en Environment International, las actividades industriales llevadas a cabo en los océanos están afectando mortalmente a una amplia diversidad de peces y mamíferos marinos. 

A raíz de la contaminación de los mares, la investigación da luz sobre el incremento en cáncer de piel en animales salvajes.

De acuerdo con las cifras que arrojó la investigación, el 10 % de los animales acuáticos diagnosticados con cáncer viven en hábitats contaminados.

Sin embargo, Ciara Baines, autora líder del proyecto, asegura que los números «que esperamos sean mucho más altos en realidad«.

El estudio considera factores relacionados a los efectos del daño oxidativo, las infecciones y los cambios en el microbioma. De la misma manera, estima qué tipos de animales son más vulnerables a este tipo de cánceres a raíz de la contaminación industrial en diversos ecosistemas marinos. 

¿Qué está ocasionando el cáncer de piel?

contaminación de los mares

Foto: Getty Images

Principalmente, según enfatiza Baines, el cáncer de piel en animales marinos se está dando como consecuencia de sustancias tóxicas. 

Entre las más importantes, están los contaminantes orgánicos persistentes, los pesticidas y los metales pesados. Sin embargo, los microplásticos y los desechos farmacéuticos son una amenaza potente para la diversidad en los océanos.

Tuul Sepp, investigador principal del grupo sobre la evolución del cáncer en la Universidad de Tartu, señaló lo siguiente con respecto a la problemática:

«POR UN LADO, SI NUESTRAS ACTIVIDADES ESTÁN CAUSANDO CÁNCER EN LOS ANIMALES ACUÁTICOS, ES NUESTRA RESPONSABILIDAD CONOCERLO PARA TRATAR DE MEJORARLO. POR OTRO LADO, LOS ANIMALES SALVAJES EN AMBIENTES CONTAMINADOS ACTÚAN COMO CENTINELAS DE LA CALIDAD AMBIENTAL PARA LOS HUMANOS «.

Estos productos residuales afectan directamente el sistema inmunológico de los organismos acuáticos. 

Por esto, se vuelven más susceptibles a ciertos patógenos que causan cáncer. De la misma manera, se almacenan en sus tejidos y eventualmente atacan a sus órganos internos más importantes.

A la fecha, se han detectado 30 especies distintas con los mismos problemas de salud.

FUENTE: NATIONAL GEOGRAPHIC en Español – Por Andrea Fischer 

¿Los peces se están quedando sordos?

La acidificación del océano está dejando sordos a los peces

La acidificación del océano está atrofiando las estructuras óseas internas de los peces, amenazando el desarrollo de sus sistemas auditivos.

El mar absorbe alrededor del 30 % del dióxido de carbono producido por los seres humanos. Con el aumento en las concentraciones de CO2 en la atmósfera —y las alzas en las temperaturas en el mundo—, este fenómeno está incidiendo en las condiciones de vida de las especies marinas con un fenómeno que se había pasado por alto hasta el momento: la acidificación del océano. Las consecuencias en la salud de los peces apenas se están empezando a hacer evidentes, y no pintan un buen panorama en el futuro cercano.

Afecciones en la audición de los peces

Una nueva investigación de la Universidad de Auckland, NIWA y la Universidad James Cook en Australia asegura que la capacidad de recepción de dióxido de carbono del océano se está sobrepasando. Las especies marinas ya están padeciendo las consecuencias a nivel físico de la emisión excesiva de este gas en la atmósfera. Una de ellas es la merma en la audición de diversas especies.

Este tipo de problemas inciden en la vida de los peces, ya que afectan su interacción con el entorno y la manera en la que se protegen de sus depredadores. Sin estas protecciones naturales, la persistencia de especies similares podría estar en riesgo:

«LA CAPACIDAD DE LOS PECES PARA DETECTAR EL SONIDO ES FUNDAMENTAL PARA UNA VARIEDAD DE COMPORTAMIENTOS, INCLUSO COMO GUÍA PARA EL ASENTAMIENTO Y SU MOVIMIENTO CERCA DE LOS ARRECIFES, LA SELECCIÓN DE PAREJAS Y PARA SINCRONIZAR EL COMPORTAMIENTO DE APAREAMIENTO», SEÑALAN LOS AUTORES EN UN COMUNICADO.

El problema radica en la acidificación del océano. El caso del pargo joven es icónico, según estas instituciones, ya que se aprecia un patrón claro de sordera. Desde tempranas muy tempranas en el desarrollo de estos peces también conocidos como huachinangos, el contacto con el dióxido de carbono en sus hábitats marca el resto de sus vidas. Siendo éste el periodo de mayor desarrollo para habilidades sensoriales y motrices, el gas interfiere con el fortalecimiento de su sistema auditivo.

Destrucción de estructuras internas

Foto: Getty Images

Los científicos de las universidades australianas destacan que, así como los pargos, otros peces ‘escuchan’ por medio de estructuras óseas pequeñas al interior de los oídos. A partir de la muestra recolectada de ejemplares capturados en la naturaleza, detectaron que las larvas de esta especie se han visto afectadas por las concentraciones altas de CO2 en las aguas del mar.

Para comprobar la hipótesis, reprodujeron las condiciones marítimas en un entorno controlado de laboratorio. Algunas larvas todavía sin eclosionar se introdujeron a peceras con agua ‘normal’ y otras en recipientes con altos niveles de dióxido de carbono. Después de 42 días de salir del cascarón, los resultados fueron contundentes.

«Si la morfología de los peces no puede adaptarse, podría haber graves consecuencias para la estructura y función de las futuras comunidades acuáticas», enfatiza Craig Radford, de la Universidad de Auckland. Por tanto, la sobreproducción de este gas está amenazando la conservación de diversas especies de peces en los océanos de manera indirecta. Así como los seres humanos, ellos también dependen de sus oídos para desenvolverse saludablemente.

FUENTE: Andrea Fisher – NATIONAL GEOGRAPHIC