Jorge Luis Borges en su segunda visita al Chaco

El destacado literato disertó el 26 de abril de 1968 en el salón de actos del diario «El Territorio».

La conferencia era parte del Ciclo Cultural 1968, con el auspicio de Olivetti Argentina. Decía la crónica: «Una numerosa concurrencia, como pocas veces se ha visto en nuestra casa, siguió las palabras de Borges, que desarrolló el tema «La literatura fantástica» Con anterioridad, el escritor mantuvo un contacto con la prensa, oportunidad en que dirigió un mensaje a la juventud argentina».

Transformaciones

«Tenemos nosotros, por un lado, la literatura realista, que trata de asuntos comunes, y del otro, la literatura fantástica, cuyo límite sólo lo encontramos en las posibilidades de la imaginación. Pero los temas de la literatura fantástica no son ilimitados, como podría parecer. Son unos pocos, y yo tomaré algunos para ejemplificarlos. 

«Uno de los más antiguos es el de la transformación; las metamorfosis del poeta Ovidio, por ejemplo. Nuestro lobizón, el tapiango, el werewrold, etc. 

Harto conocido es «Die Verwandiung», la metamorfosis, de Kafka. Menos conocido es el cuento «Lady in the Fox» (La dama en la zorra) del inglés David Gardner. Todo es trivial en esta narración, el lugar y los personajes. 

Ya Wells dijo que para convencer sólo debe haber un hecho excepcional. El señor Fox comprueba que su esposa se ha convertido en zorra, la reconoce por la mirada, todavía humana. Después de algunas alternativas, entre las que se cuenta la fuga de la zorra, su posterior encuentro en el gallinero masacrado, una nueva fuga, el señor Fox la halla en el campo rodeada por su cría, prueba de la convivencia marital con un zorro. El hombre regresa a su casa y organiza una cacería con perros. Estos dan caza a la zorra y la despedazan. Así termina el cuento. 

«Wells tiene un relato en el cual el tema es también la transformación. Un estudiante —joven, honesto y sano— conoce a Mr. Elveshan, que lo nombrara heredero universal. Van a un bar y el estudiante cree notar —ya no está seguro, porque lo real y la alucinación se confunden— que el hombre vierte un líquido en su copa. 

Después el joven sufre la metamorfosis, se convierte en Mr. Elveshan y comprende que su alma fue trasladada a un cuerpo decrépito. Escribe su historia y se envenena. La idea de la transformación es una idea verdadera, como que los años nos van transformando a todos». 

Sueño y realidad

«La confusión de lo onírico con lo real, del sueño con la vigilia, es otro de los temas fantásticos. Tomaré un cuento de «Las mil y una noches», la historia de un hombre que sueña una voz que le incita a que vaya a Isfaján, en Persia, pues si lo hace encontrará un tesoro. El hombre va. Una circunstancia lo lleva ante el juez de Isfaján y debe explicar las causas de su viaje. El juez, al oírlas, ríe. Él tuvo un sueño semejante: debía encontrar un tesoro oculto al pie de una higuera, detrás de un aljibe. El viajero comprende. Al regresar halla el tesoro bajo la higuera de su casa. 

«Un místico chino del siglo V a.C., Chuang Tzu, soñó que era una mariposa y que al despertar no sabía si había soñado ser una mariposa o una mariposa que ahora soñaba ser un hombre. Hasta la mariposa está bien elegida en este cuento, porque concuerda con el carácter onírico de nuestra vida. 

Wells escribió «El hombre invisible». El protagonista es un estudiante de medicina que logra el líquido mágico, pero luego ve sus limitaciones. Debe salir a la calle desnudo, a pesar del frío, porque sus ropas no son invisibles: la calle lo aterra, deja sus huellas en la nieve, los autos no lo ven. Finalmente, se disfraza para ocultar que es invisible. Va a otro pueblo y cuenta a un amigo su situación. Deciden instaurar una época de terror. Asaltan. El comisario halla la solución al problema: los perros. Al final lo alcanzan y lo matan, y en el proceso de corrupción el cuerpo se hace visible.

El tiempo

«Los juegos con el tiempo son también otro tema de la literatura fantástica. «La máquina del Tiempo» fue escrita, también, por Wells. El personaje dice que hay una cuarta dimensión, que es el tiempo. Procura demostrarlo científicamente. Trae la máquina y hace una demostración a sus amigos.

Envía la máquina al pasado y ésta desaparece. Los otros se van y el viajero del tiempo («The time travaller») dice que viajó al futuro y que llegó a un jardín donde hay seres más pequeños y delicados que los actuales, que se llaman eloi. No trabajan y se alimentan de frutas. De noche baja a un pozo, a un mundo subterráneo, el mundo de los morlocks, que son los descendientes de los descendientes de los proletarios actuales, que de tanto trabajar en la oscuridad se han vuelto ciegos. El viajero del tiempo desaparece y el autor se pregunta si viajó a un remoto pasado o hacia un remoto porvenir. 

«La máquina del tiempo sirvió de inspiración a Henry James para «El sentido del pasado», la historia de un joven norteamericano que va a Londres, a la casa de sus antepasados, y ve un cuadro inconcluso; el retrato lo sorprende porque es el suyo propio. Lee los volúmenes de la biblioteca y piensa que un esfuerzo mental lograría llevarlo al pasado. De repente se halla en el siglo XVII, con las ropas mismas del cuadro. Un artista hace su retrato y él le advierte que no podrá terminarlo. Lo sabe porque vio el cuadro en el siglo XX. Después entra al escritorio, se apagan los candelabros y se encuentra vestido, a la usanza del siglo XX».

Otras dimensiones

«Otro tema puede ser la presencia de seres sobrenaturales. Voy a referir una leyenda noruega. Habla de un rey cristiano y de su corte. Al palacio llega un viejo, una noche de invierno. El arpa, según la costumbre nórdica, pasa de mano en mano. Cuando llega al viejo, éste canta la historia del nacimiento del dios Odín. Cuando Odín nació, se presentaron dos hadas y le presagiaron grandes venturas. Llegó una tercera, que no había sido invitada, y sacó una vela. La encendió y dijo: «La vida de este niño durará lo que dure esta vela».

Los padres de Odín apagan la vela para que el niño no muera. La gente que escucha se ríe, no cree en lo que dice la canción. El viejo saca una vela y la enciende: «Aquí tienen la prueba», dice, y se marcha. Cuando la vela se apaga, los hombres salen buscarlo y lo hallan muerto, junto a su caballo. El que refirió la historia era el propio Odín. 

Tendríamos otros temas, el del doble, sugerido acaso por los espejos. «William Wilson», de Edgar Alan Poe, «El retrato de Dorian Gray», de Oscar Wilde: el de las acciones paralelas, el hecho de que algo ocurre en un lugar y está ocurriendo de otro modo, en otro lugar, por ejemplo esta leyenda irlandesa medieval: hay dos reyes cuyos ejércitos están combatiendo, enfrentados. Los reyes juegan al ajedrez. Uno dice al otro, al atardecer. «jaque mate» y en ese momento llega un mensajero y comunica que su ejército fue derrotado. La batalla habla sido librada en el tablero de ajedrez y no en el valle». 

«¿En qué reside el encanto de los cuentos fantásticos? Creo que reside en el hecho de que no son invenciones arbitrarias, si no símbolos de nuestra vida, de lo inestable y misterioso de nuestra vida. 

Y pasamos a la filosofía, a sus hipótesis, tanto más extrañas que la literatura fantástica. La Idea platónica, la doctrina de Berkeley, según la cual toda nuestra vida es un sueño… Podemos preguntarnos, y no solo literariamente. ¿El Universo, nuestra vida, pertenece al género real o al género fantástico?

Mensaje a los chaqueños

«No sé qué puedo decirles. Pero creo haber notado aquí una voluntad de ser chaqueños o ser correntinos, y creo que es un error. Me parece que ocurre lo mismo que querría Marechal que ocurriera. Creo que no debemos esforzarnos en ser de una región país, porque ya lo somos. Creo que si un poeta chaqueño piensa que es chaqueño, eso puede, más bien, invalidar su trabajo, porque tendrá que ceñirse al preconcepto que él tiene de lo que es o debe ser un chaqueño. En cambio sí se olvida que es chaqueño y obra con espontaneidad, podría serlo de un modo más espontáneo y más pleno. 

«Yo escribí «Fervor de Buenos Aires». Allí yo quise hacer poesía de Buenos Aires. De ese libro dijeron que había fracasado y luego escribí un cuento: «La muerte y la brújula», en el cual yo usaba a Buenos Aires como un punto de partida para una especie de pesadilla y me dijeron que ahí estaba Buenos Aires mejor que en otros textos míos en que se mencionaban lugares, en que se acumulaba el color local, y pienso que debe suceder lo mismo con una región».

Imagen de portada: Gentileza de NORTE. Provincia de Chaco. Argentina

FUENTE RESPONSABLE: NORTE. Provincia de Chaco. Argentina. Por Roly Pérez Beveraggi. Mayo 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Jorge Luis Borges

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El cuento latinoamericano: trece poéticas que fundaron y renovaron el género (II)

Presentamos la segunda parte de una serie de entregas que publicaremos a diario sobre poéticas que han sido cruciales para el desarrollo del cuento en América Latina. Continuamos con las poéticas modernas desde Jorge Luis Borges.

En la imagen Jorge Luis Borges. El autor afirmó en su libro El aprendizaje del escritor que “cuando uno odia a alguien, uno piensa en el otro continuamente, y, en ese sentido, uno se convierte en su esclavo. Lo mismo ocurre cuando nos enamoramos”.

Lado A: poéticas modernas

II. Un agujero negro (Jorge Luis Borges)

Borges es toda la literatura argentina, dice Alan Pauls. Si lo suscribimos, vemos a Borges omnipresente en la llamada “literatura fantástica”, aunque al unir esas dos palabras parece que destapáramos la caja la Pandora. 

Salto, por ahora, sobre el problema de lo fantástico en el cuento latinoamericano del siglo XX para poner a la vista solo un aspecto particular del fantástico en la cuentística de Borges, seguramente la de mayor gravitación en el universo literario de América Latina. 

Borges como agujero negro, digamos…

En sus clases para la Televisión Pública, en 2013, Piglia explica una distinción fundamental respecto de la literatura fantástica. Según él, en sentido clásico, la categoría se refiere a la novela gótica del siglo XIX, con sus mecanismos y formulaciones. 

En seguida, Piglia aclara que Borges no escribió literatura fantástica en ese sentido (aunque así la haya denominado él propio Borges, seguramente en un gesto de profunda ironía), sino que practicó la ficción especulativa o, si se quiere, la literatura conceptual. Es en esta franja de la vastísima obra de Borges donde mejor se ubica “El inmortal”.

Si deseas profundizar esta entrada pincha en el siguiente link por favor. Muchas gracias.

Le invitamos a leer: El cuento latinoamericano: trece poéticas que fundaron y renovaron el género (I)

La posición de Borges en el desarrollo del cuento literario moderno encarna un cuestionamiento —en la misma línea de Quiroga, pero ante las problemáticas de una modernidad posterior— que enfrenta radicalmente la tentativa de un posible orden universal. 

En sus textos de los años treinta, Borges ya no solo discute la inconcebible condición unívoca del mundo problematizada ya por Quiroga, sino que desestabiliza toda tentativa de orden mediante el juego especulativo-conceptual. La especulación borgeana la vemos en la exploración de sistemas complejos que sostienen la trama y que incluyen, por ejemplo, indagar en las posibilidades lingüísticas de los libros de una biblioteca inabarcable, transitar laberintos temporales, entrever las vicisitudes de la memoria total, sortear un universo alterno que surge de una enciclopedia apócrifa, explorar el pensamiento en bucle durante la ejecución de un hombre a manos del Tercer Reich, acceder a un excepcional palimpsesto del Quijote o, como es el caso de “El inmortal”, sondear la condición humana de la finitud y su contrario.

El procedimiento conceptual —al que Borges llega de la mano de Macedonio Fernández— con frecuencia deviene en paradoja. La especulación borgeana confirma su toma de posición estética: lo que en Quiroga fue cuestionamiento se convierte ahora en renuncia categórica. 

Esto se explica mejor si consideramos el profundo convencimiento del autor sobre la imposibilidad de representar la realidad, bien sea mediante un sistema fundado en la mera percepción o bien mediante uno que se sustenta en la lógica de la razón, tal y como lo plantea Beatriz Sarlo en Borges, un escritor en las orillas (1995).

Si deseas profundizar esta entrada pincha en el siguiente link por favor. Muchas gracias.

Le recomendamos leer: Borges, el escritor que no podía leer

La estudiosa esclarece que la condición paradójica en la obra de Borges es un mecanismo que usa el autor, a causa de su interés por considerar, de forma simultánea, las posibilidades (e imposibilidades) que puedan suponer los distintos sistemas de representación de la realidad. Las paradojas no solo trabajan con las inconsistencias o las contradicciones, sino que, obedeciendo a una sólida coherencia formal, indican los límites de la lógica (sus escándalos) cuando se trata de aprehender la naturaleza de lo real y organizar un diseño ideal cuya pretensión sea representarlo.

Borges desenmascara la posibilidad fraudulenta de la representación lógica o perceptiva y anuncia las contradicciones entre la realidad y el discurso que pretende abarcarla. El cuento “El inmortal” es muestra de esa constante perturbación. 

En La fórmula de la inmortalidad, Guillermo Martínez menciona que la tesis de las dos historias de Piglia tendría un antecedente en Borges, en su prólogo a Los nombres de la muerte, de María Esther Vázquez (1964). Sin embargo, el precedente es anterior. En el ensayo “El arte narrativo y la magia” (1932), Borges analiza ya la manera como Chesterton construye escenas que operan como presagio de eventos que serán definitorios en el desarrollo argumental de una ficción. La aparente profecía (que puede ser un acto, una palabra, una imagen, etc.) es el mecanismo mediante el cual se cifra un sentido oculto de la historia, que luego se revelará como cumplimiento del vaticinio secreto. 

Este mecanismo podría tener formas como las de la imaginación proléptica (Bloom) de los personajes de Shakespeare. Es decir, un efecto de epifanía y de correspondencia interna, para Borges, es condición sine qua non del genio narrador. “Todo episodio —dice Borges— en un cuidadoso relato es de proyección ulterior”. El plano de esa proyección en Borges es la especulación narrativa propia de su poética, en la que reside también su innovación estructural del cuento moderno, su forma de cifrar los sentidos ocultos.

Si deseas disfrutar con la lectura de parte de la obra de Jorge Luis Borges, ingresa en el siguiente link, por favor. Muchas gracias.

Le puede interesar: Algunos poemas para recordar a Jorge Luis Borges tras 122 años de su natalicio

Imagen de portada: Gentileza de El Magazín Cultural

FUENTE RESPONSABLE: El Magazín Cultural. El cuento latinoamericano. Por Alejandro Alba García.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poética moderna/Jorge Luis Borges.

¿Por qué Borges no ganó el Nobel de Literatura?

Las verdaderas razones por las que el poeta y escritor argentino estaba condenado a no recibir el codiciado galardón.

Si deseas conocer más sobre esta entrada, cliquea por favor donde se encuentre escrito en “negrita”. 

Es casi vox populi que Jorge Luis Borges no obtuvo el Premio Nobel de Literatura por razones más políticas antes que estéticas. Nadie duda que él y su obra lo merecían, pero sus actitudes personales ante el mundo que le tocó vivir habrían sido un escollo insalvable para que la Academia Sueca le otorgara el codiciado galardón.

Fue nominado año tras año pero nunca logró pasar el filtro ético que los académicos del país escandinavo imponían y en muchos sentidos siguen sosteniendo; un filtro que, según se supo más tarde, en tiempos recientes, los propios miembros tampoco hubieran superado, teniendo en cuenta las denuncias que pesan sobre algunos de ellos.

Fue en 2018 cuando todo estallaba: denuncias de abuso sexual, filtraciones sobre ganadores (hasta para el Nobel hay apuestas en línea) y sospechas sobre sus finanzas, terminaron con la renuncia de varios de sus miembros e hicieron temblar hasta sus cimientos al majestuoso edificio ubicado en Estocolmo y a la propia institución fundada en 1786.

Sin embargo y más allá de los escándalos que salpicaron a la Academia, recientes revelaciones dan cuenta de que, en realidad, las probabilidades de que el autor de ‘El Aleph’ obtuviera el codiciado premio eran prácticamente nulas desde mediados de los 60, al menos; casi desde el principio. Y no justamente por las razones ya mencionadas.

María Esther Vázquez, autora del libro ‘Borges, esplendor y derrota’, editado por Tusquets, cuenta que en 1964 acompañó a Borges a Estocolmo para participar en una cena con escritores suecos. Allí, Artur Lundkvist leyó un poema de su propia autoría sobre el cual el escritor argentino no tuvo piedad: lo ridiculizó frente a varios invitados, quienes poco más tarde le fueron con el chisme al sueco.

Poeta, escritor y traductor, Lundkvist (1906-1991) era -y sigue siendo- muy reconocido en su país. De hecho, había traducido e introducido en Europa al mismísimo Borges, de quien era profundo admirador. Su desazón, obviamente, fue suprema, y lo demostró desde 1968, cuando ingresó como miembro y secretario permanente de la Academia, hasta su muerte, bloqueando sistemáticamente las nominaciones del escritor argentino.

Vale advertir, no obstante, que Borges no hizo en adelante demasiado para ganarse las simpatías de la ‘progresía’ dominante por entonces entre las paredes del majestuoso edificio que se levanta en la capital sueca. Todo lo contrario, su ética no le impidió recibir con alegría y satisfacción otros premios de manos ensangrentadas.

El 21 de septiembre de 1976, en medio de la década más oscura y sangrienta que haya vivido Sudamérica en toda su historia, el autor de ‘Ficciones’ se presentaba en Santiago de Chile para recibir de manos de Augusto Pinochet el doctorado honoris causa en la universidad del país trasandino. “Aquí tenemos: Chile, esa región, esa patria, que es a la vez una larga patria y una honrosa espada”, decía el argentino.

Más tarde, Borges se reunió con el dictador chileno y declaró a la prensa de ese país: “Él es una excelente persona, por su cordialidad, su bondad… Estoy muy satisfecho”. De modo que no había marcha atrás: ni la Academia ni ninguna institución democrática podría premiar al poeta argentino tras semejantes dichos, con esa actitud ante la realidad política y social del continente.

“La Academia Sueca nunca le dará el Nobel a Borges… La sociedad sueca no puede premiar a alguien con esos antecedentes”, cuenta el escritor chileno Volodia Teitelboim, autor de ‘Los dos Borges’ (Sudamericana), que le dijo Lundkvist en 1980. El mismo que había sido ridiculizado por Borges 16 años antes, el mismo que ya era secretario permanente de la Academia.

Si deseas escuchar el video con similar contenido y alguna incisiva declaración del gran escritor, pincha aquí

Las verdaderas razones por las que no le dieron a Borges el Nobel de Literatura

Imagen de portada: Gentileza de M1

FUENTE RESPONSABLE: M1. Por Gustavo H. Mayares

Jorge Luis Borges/Premio Nobel/Literatura

¿Qué pensaba en realidad Jorge Luis Borges del ‘Ulises’ y de James Joyce? 

Si deseas profundizar sobre esta entrada, cliquea por favor donde se encuentre escrito en “negrita”. Muchas gracias.

«Es una idiotez»

En su centenario, la novela del irlandés vuelve a reeditarse con el sospechoso aval del escritor argentino, pero… ¿le gustaba de verdad?

Hay pocas dudas de que Jorge Luis Borges es uno de los más grandes prescriptores y avalistas de la literatura universal, salvoconducto lector sin cuyo pase ningún libro puede adquirir condición de auténtico clásico. El escritor argentino logró algo más que legar a la posteridad un puñado de cuentos y ensayos inolvidables, también se impuso como la quintaesencia simbólica del acto de leer, del libro, de esa biblioteca de Babel de infinitos anaqueles inagotables. No es extraño que sus citas se multipliquen en las contras y fajas publicitarias de otros títulos como sello de validación definitivo: esto hay que leerlo, lo dijo Borges. Pero es necesario recordar que muchas aquellas citas eran de circunstancias, cortesías o, sencillamente, malinterpretaciones.

El centenario de la publicación del ‘Ulises’ de James Joyce ha vuelto a desempolvar las disposiciones borgeanas. La nueva edición de la célebre traducción de José María Valverde revisada por Andreu Jaume, por ejemplo, lleva repetida en faja y contra esta misma cita del autor de ‘ El Aleph ‘: «Si tuviera que perderse todo lo que se llama literatura moderna y hubiera que salvar dos libros, esos dos libros que podríamos elegir en todo el mundo sería en primer término el ‘Ulises’ y luego el ‘Finnegans Wake, de Joyce». Hay también un poema titulado ‘Jame Joyce’ en el que Borges concluye «Dame, Señor, coraje y alegría / para escalar la cumbre de este día», lo que no deja de ser un curioso elogio.

Extracto de la faja de la nueva edición del 'Ulises' de Joyce en Lumen.

Extracto de la faja de la nueva edición del ‘Ulises’ de Joyce en Lumen.

Sin embargo, una conferencia de 1960 en la Universidad de La Plata, Borges lamentaba: » Joyce empezó escribiendo poemas. Estos poemas son realmente extraordinarios. Es una lástima que Joyce, que tomó significativamente el nombre de Dedalus, se dedicara a construir laberintos, a construir vastos laberintos en los que él mismo se perdió y en los que sus lectores se pierden». Ya tres décadas antes, un joven Borges que reconocía no haber podido terminar el ‘Ulises’, se permitía bromear así: «Si Shakespeare —según su propia metáfora— puso en la vuelta de un reloj de arena las proezas de los años, Joyce invierte el procedimiento y despliega la única jornada de su héroe sobre muchas jornadas de lector. (No he dicho muchas siestas)».

Conferencia de Borges sobre James Joyce y el ‘Ulises’

Pero donde mejor descubriremos lo que verdaderamente pensaba Borges del ‘Ulises’ en concreto y de su autor, en general’, lo encontramos en ese libro maravilloso y divertidísimo en el que el también escritor Adolfo Bioy Casares recogió minuciosamente los diálogos privados con su inseparable amigo Borges que se sucedieron durante décadas. Basta con dirigirse al índice onomástico y comprobar el resultado. Atiendan.

– «Qué error el de Joyce haber escrito un libro tan detallado». «Su estética es espantosa con momentos agradables».

Adolfo Bioy Casares - 'Borges'. (Destino)Adolfo Bioy Casares – ‘Borges’. (Destino)- 

«Las ideas de Joyce no eran lúcidas. Los cuentos de ‘ Dublineses ‘ son muy bobos». «Los libros de Joyce son una idiotez pero permiten el comentario de los críticos». – «El ‘Ulises’ carece de todas las virtudes que requiere una novela». «Es un libro que muchos han comprado y nadie ha leído. Parece que hay que leerlo todo al mismo tiempo. ¿Cómo se hace eso? Tal vez Dios pueda hacerlo». – «Joyce demuestra que en esta época puedes publicar cualquier cosa sin cubrirte de oprobio».

Imagen de portada: Gentileza de Getty/Sophie Bassouls

FUENTE RESPONSABLE: El Confidencial. Por Daniel Arjona. Febrero 2022

Sociedad y Cultura/Literatura/James Joyce/Ulises/Jorge Luis Borges

12 frases magníficas de Jorge Luis Borges.

El autor del Aleph dejó un puñado de frases que reflejan su elocuencia y su genio y que lectores de todas las latitudes vienen memorizando hace años.

Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón.
Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído.
No eres ambicioso: te contentas con ser feliz.
La duda es uno de los nombres de la inteligencia.
Siempre he sentido que hay algo en Buenos Aires que me gusta. Me gusta tanto que no me gusta que le guste a otras personas. Es un amor así, celoso.
Todas las teorías son legítimas y ninguna tiene importancia. Lo que importa es lo que se hace con ellas.
El tema de la envidia es muy español. Los españoles siempre están pensando en la envidia. Para decir que algo es bueno dicen: “Es envidiable”.
Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos.
Que el cielo exista, aunque nuestro lugar sea el infierno.
El tiempo es la sustancia de que estoy hecho.
Yo siempre seré el futuro Nobel. Debe ser una tradición escandinava.
He cometido el peor pecado que uno puede cometer. No he sido feliz.
Creo que con el tiempo mereceremos no tener gobiernos.

Imagen de portada: Gentileza de Entre Líneas

FUENTE RESPONSABLE: Entre Lineas

Literatura/Genios Virtuosos/Nuestros escritores/Jorge Luis Borges.

La primera milonga que escribió Borges.

En un epílogo reproducido en ‘Textos recobrados’ su amigo Carlos Guastavino, le sugirió escribir milongas: “si usted me entrega una milonga, yo le pongo música”

No sé si la escribí o la escribieron los muertos que andan por mi sangre.

“Lo representativo de veras es la milonga. Su versión corriente es un infinito saludo, una ceremoniosa gestación de ripios zalameros, corroborados por el grave latido de la guitarra. Alguna vez narra sin apuro cosas de sangre, duelos que tienen tiempo, muertes de valerosa charlada provocación: otra, le da por simular el tema del destino.(…)” Así escribía Jorge Luis Borges en Evaristo Carriego.

Parece que son muchas las personas que hablan de la incursión de Borges en el tango, unos acertados, otros, no sé; pero lo que sí tengo muy seguro es que el escritor disfrutaba con las milongas, y consultaba sobre sus héroes, el de esta nota se llama Jacinto Chiclana.

Estamos pues frente a la primera milonga que escribió Borges y se sabe por un Epílogo reproducido en Textos recobrados (1956-1986) que su amigo Carlos Guastavino, alguna vez le sugirió escribir milongas:  “si usted me entrega una milonga, yo le pongo música”.

Pasa algún tiempo y cuenta el escritor la génesis de esta milonga con palabras que llevan a darnos cuenta del sentido y la emoción con que la plasmó en versos: “No sé si la escribí o la escribieron los muertos que andan por mi sangre. Casi puedo afirmar que se escribió sola. Di con la tranquila entonación y con el tranquilo vocabulario de la primera copla: lo demás ya estaba hecho”. Y vamos a acercarnos a ella:

“Me acuerdo. Fue en Balvanera,

en una noche lejana

que alguien dejó caer el nombre

de un tal Jacinto Chiclana.(…)”

Encuentro una estrofa que le da un matiz al poema, y hablo de la sombra proyectada en esta historia bajo el farol amarillo que además señala la hora del día, o mejor el instante, la noche, y como si fueran sombras chinescas las siluetas se baten en el duelo, y la penumbra resalta el brillo del cuchillo refulgiendo en sus movimientos o lances inesperados como se deslizan las víboras, un símil acertado para este momento de la lucha y para quienes fueron diestros en el manejo de la daga.

“No veo los rasgos. Veo,

Bajo el farol amarillo,

El choque de hombres o sombras

Y esa víbora, el cuchillo.(…)”

Quienes hayan pasado por la lectura cuidadosa del compadraje contado por Borges tendrán que coincidir con el autor en que los duelos son recuerdos y hechos de valentía de un pasado que resulta elegíaco y que sin embargo, vive en el presente, ya lo dijo en su poema, “una fábula al tiempo” que hoy se busca en la leyenda.

“Algo se dijo también

de una esquina y un cuchillo;

los años nos dejan ver

el entrevero(1) y el brillo. (…)”

Ahora hay que ver el verso “lo que se cifra en el nombre” y para esto debo remitirme al cuento El Sur con su protagonista Juan Dahlmann quien resolvió comer en un almacén a su regreso a casa convaleciente de una septicemia y acompañado de un ejemplar de Las Mil y una noches. 

Allí al pie de la ventana estaba su mesa y hasta él llegaban bolitas de miga que alguien del lugar le había tirado, sin embargo, los ignoró y abrió su libro, después volvió a sentir el mismo objeto  para molestarlo, Dahlmann vio hombres que reían en otra mesa y pensó que habiendo superado una enfermedad no era prudente enfrentarlos, entonces salió tranquilo del almacén, digo yo, pero cuando el dueño del local pronunció su nombre: Dahlmann, para advertirle de no dejarse provocar de esos mozos, hay una  reacción: “Antes, la provocación de los peones era una cara accidental, casi a nadie; ahora iba contra él y contra su nombre y lo sabrían los vecinos”.(2)

Dahalmann , secretario de una biblioteca municipal recibe la daga que le ha tirado un gaucho viejo “como para que aceptara el duelo” la recoge, después de pensar lo que podría pasar “Empuña con firmeza el cuchillo que acaso no sabrá manejar, y sale a la llanura”.

Volvamos a la milonga:

“Sólo Dios puede saber

la laya fiel de aquel hombre;

señores, yo estoy cantando

lo que se cifra en el nombre. (…)”

Borges cuenta el germen de esta primera milonga y es el hecho de haber recordado el nombre Jacinto Chiclana en “una vaga historia de que lo mataron peleando con muchos”.

“Entre las cosas hay una

de la que no se arrepiente

nadie en la tierra. Esa cosa

es haber sido valiente.(…)”

Y ya de salida de esta nota insisto en subrayar la importancia de la valentía para Jorge Luis Borges, puesto que con ese imaginario cierra su poema El tango donde invita a participar en un verso el acto de morir peleando, como lo hubiera soñado Dahlmann, y como le ocurrió al héroe de esta milonga.

“Siempre el coraje es mejor,

la esperanza nunca es vana;

vaya pues esta milonga

para Jacinto Chiclana”

(1) Enfrentamiento, combate.

(2) El Sur. Borges, Jorge Luis. Obras completas. Editorial Emecé.

Imagen de portada:Wikimedia

FUENTE RESPONSABLE: Las 2 orillas. Por Laura Cecilia Bedoya Ángel. Noviembre 2021.

Argentina/Artes/Buenos Aires/Cultura/Jorge Luis Borges/ Literatura/ Milonga

Libro de diálogos de Borges y Osvaldo Ferrari llegó a Japón.

De Argentina al mundo

Las conversaciones entre ambos, que originalmente fueron emitidas semanalmente por Radio Municipal y publicadas también por el diario Tiempo Argentino, habían sido publicadas en tres volúmenes -«Borges en diálogo», «Libro de diálogos» y «Diálogos últimos»- y durante diez años enfrentaron a Ferrari con la viuda del escritor, María Kodama, quien reclamaba para sí los derechos sobre los diálogos en su calidad de «heredera universal» de la obra de Borges.

Un volumen que compila los diálogos que Jorge Luis Borges mantuvo con el periodista Osvaldo Ferrari, quien lo entrevistó reiteradamente desde marzo de 1984 hasta poco antes de su muerte en junio de 1986 se acaban de editar en Japón en una singular edición que incluye un mapa de la Argentina con sus provincias en versión japonesa y hasta una genealogía de la familia de autor de «Ficciones».fueron emitidas semanalmente por Radio Municipal y publicadas también por el diario Tiempo Argentino, habían sido publicadas en tres volúmenes -«Borges en diálogo», «Libro de diálogos» y «Diálogos últimos»- y durante diez años enfrentaron a Ferrari con la viuda del escritor, María Kodama, quien reclamaba para sí los derechos sobre los diálogos en su calidad de «heredera universal» de la obra de Borges.

Finalmente, tras varios años de litigio en 1997 la causa judicial llegó a la Corte Suprema, que terminó dándole la razón al periodista y validó la publicación de los textos que acaban de llegar a Japón, país que fascinaba al autor de «El Aleph» y que visitó en dos oportunidades, en 1979 y 1984, atraído por sus jardines, templos y representaciones de arte tradicional japonés, que recorrió a través del sonido y el tacto debido a su ceguera.

La admiración de Borges por Japón comenzó con los cuentos sobre ese país que le leía su abuela, continuó con clásicos de la literatura nipona como el Genji Monogatari y desembocó en esos dos viajes en los que pudo conocer la espiritualidad y amor por la estética de la cultura nipona.

Según Ferrari, en estos diálogos que entablaron desde marzo de 1984 hasta el 21 de octubre de 1985, el escritor se extendió con naturalidad en temas como la religión, la política, la cultura y la actualidad, «pero siempre desde la literatura, que era aquello a lo que dedicó su vida».

La consigna fundante que guió estas charlas radiofónicas que Borges mantuvo semanalmente con el periodista fue que los temas no fueran acordados antes, sino al iniciarse el programa, de tal manera que el diálogo fuera espontáneo. 

A partir de esta condición, el escritor se dejó llevar por el flujo de las palabras y habló sobre los más diversos tópicos y asuntos, algunos de ellos inevitablemente «borgeanos», como los tigres, los laberintos y las armas, la identidad de los argentinos, la literatura, el amor, el grupo Florida, el grupo Boedo y la revista Sur, la mitologías y el budismo, entre otros.

También intercambiaron sobre el I Ching, el humor, Estados Unidos, Quevedo, Macedonio Fernández, Victoria Ocampo, Melville, Pedro Henríquez Ureña, Edgar Allan Poe, la causalidad, el desierto, la luna, la política, el tiempo, Jesucristo, la ciencia ficción.

Ya traducidos al inglés, italiano, francés, alemán, portugués, polaco, ruso y chino, la edición japonesa estuvo a cargo del sello Kokusho Kankokai, que presenta, entre otras particularidades, el mapa de la argentina con sus provincias en versión japonesa, y hasta una genealogía de la familia Borges en ese idioma.

La flamante edición, en cuya original tapa aparece la imagen de un cofre donde en el centro hay una biblioteca, reúne por primera vez los tres libros originales en un solo volumen de tapa dura, lo que totaliza 118 diálogos entre Borges y Ferrari.

Ferrari nació en Buenos Aires en 1948. Poeta y ensayista, publicó tres libros de poesía: «Poemas de vida» (1974), «Poemas autobiográficos» (1981) y «Poemas existenciales» (2012). Sus ensayos han sido publicados por diarios y revistas literarias del país y del exterior.

Imagen de portada: Gentileza de Entre Líneas

FUENTE RESPONSABLE: Entre Líneas – Noviembre 2021

Jorge Luis Borges en Japón – Literatura – Genios Virtuosos

 

 

Quién era Jorge Luis Borges, en doce definiciones brillantes.

El autor de “Ficciones” dejó tras su muerte algunos conceptos que forman parte del patrimonio cultural de los argentinos. Aquí una docena de ellos.

La vasta cultura y la inteligencia de Jorge Luis Borges asombraron a los lectores de todo el mundo. Pero también se condensaron en algunos conceptos que surgen cuando se lo evoca. 

Algunos de ellos, incluso, pueden recordarse en algunas de las entrevistas y charlas que el autor de «Historia Universal de la Infamia» concedió a medios de todo el mundo.

El amor y la amistad

«He pensado alguna vez que, quizás una persona que esté enamorada vea a la otra como Dios la ve, es decir, la ve del mejor modo posible. Uno está enamorado cuando se da cuenta de que la otra persona es única».

Borges en París junto a su última esposa, María Kodama.

«La amistad no necesita frecuencia, el amor sí, pero la amistad no».

Si te interesa conocer el pensamiento de Jorge Luis Borgues, por favor cliquea en los links publicados. Muchas gracias.

El amor y la amistad, segun Borges

FOTO: Quién era Jorge Luis Borges, en doce definiciones brillantes

FOTO: Sus obras más conocidas, Ficciones y El Aleph, cuentos que exploran ideas filosóficas

FOTO: Sus obras más conocidas, Ficciones y El Aleph, cuentos que exploran ideas filosóficas

FOTO: Borges, junto a un retrato de su abuelo.

FOTO: En compañía de algunas admiradoras.

FOTO: Borges nació el 24 de agosto de 1899.

La felicidad

“A veces me siento incalculablemente feliz, y le doy la bienvenida a la felicidad, porque no sé de dónde viene, pero creo que debería ser bienvenida de todos modos”, opinó Borges en una entrevista en la televisión norteamericana en 1977.

Ser lector

«Dejo que otros se enorgullezcan de cuántas páginas han escrito; prefiero jactarme de las que he leído», opinaba el reconocido escritor.

Entrevista a Jorge Luis Borges (1982)

La dictadura

«Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan la servidumbre, las dictaduras fomentan la crueldad; más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez», manifestó el escritor en una entrevista con con Joaquín Soler Serrano en la Televisión Española, en 1976.

Más tarde, volvió a expresarse en el mismo sentido, en 1985, sobre los desaparecidos durante el régimen militar en Argentina.

Jorge Luis Borges en 1985 sobre los desaparecidos.

FOTO: Sus obras más conocidas, Ficciones y El Aleph, cuentos que exploran ideas filosóficas

FOTO: Borges, junto a un retrato de su abuelo.

La muerte

«Cuando los escritores mueren se convierten en libros, que, después de todo, no es una encarnación tan mala», afirmó. 

La fe

«Ser un agnóstico significa que todas las cosas son posibles, incluso Dios, incluso la Santísima Trinidad. Este mundo es tan extraño que cualquier cosa puede suceder o puede no suceder. Ser un agnóstico me hace vivir en un mundo más grande, más fantástico, casi misterioso. Me hace más tolerante».

Conferencia «Siete Noches», sobre la Poesía

¿Qué es la Poesía?: conferencia de Jorge Luis Borges (Siete Noches V)

La patria

«Yo no la entiendo a mi patria pero le tengo un gran amor y tengo la esperanza de que algún día pueda cumplir el gran destino que fue suyo”.

El tango

«El tango es una expresión directa de algo que los poetas a menudo han tratado de expresar con palabras: la creencia de que una pelea puede ser una celebración».

El Tango, Cuatro Conferencias por Jorge Luis Borges

La ceguera

«La ceguera no es la tiniebla; es una forma de la soledad»

AV-2223 [Jorge Luis Borges en la conferencia sobre la ceguera]

El dólar

«Los dólares son esos imprudentes billetes americanos que tienen diverso valor y el mismo tamaño». 

Los vicios

«Yo no bebo, no fumo, no escucho la radio, no me drogo, como poco. Yo diría que mis únicos vicios son El Quijote, La divina comedia y no incurrir en la lectura de Enrique Larreta ni de Benavente».

Imagen de portada: Archivo

FUENTE RESPONSABLE: Entre Líneas. Libros y apuntes. Agosto 2021

Jorge Luis Borges/Genios Virtuosos/Definiciones/Literatura/Vídeos

 

 

 

JORGE LUIS BORGES “Soy simplemente el que soy”

Aunque hace tiempo ya que se trata de un género literario en sí mismo, la entrevista con Borges no deja de deparar asombros y sorpresas. Por ello, la publicación de Borges: el misterio esencial. Conversaciones en universidades de Estados Unidos (Sudamericana), con traducción y notas de Martín Hadis y edición y fotografías de Willis Barnstone, constituye un documento medular para seguir ensanchando su legado. En exclusiva, reproducimos cuatro poemas (que nutren el volumen) del notable autor argentino, comentados por él mismo.

Este libro recoge el conjunto de diálogos con Borges que tuvo lugar en los Estados Unidos en los años 1976 y 1980 (Universidades de Indiana y Chicago, Massachusetts Institute of Technology, PEN Club de Nueva York, así como el ocurrido en el Show de Dick Cavett).

Editado originalmente por Willis Barnstone, traducido y anotado por Martín Hadis (editor del memorable Borges Profesor, reeditado por Sudamericana en 2020), en estas conversaciones se repiten los tópicos del Borges que reconocemos de manera oral: los límites entre la realidad y la ficción, las pesadillas, los sueños, el “otro” y el doble, Stevenson, Chesterton, Kipling, y autores norteamericanos como Robert Frost, Emily Dickinson y Walt Whitman.

Sin embargo, y dada la inmensa metaliteratura y libros de entrevistas que abundan sobre el escritor argentino, hay un capítulo que se destaca en el volumen. Se trata de un diálogo en la Universidad de Indiana (marzo de 1980), donde Scott Sanders, Willis Barnstone, Luis Beltrán, Miguel Enguídanos y Jorge Onclander leen varios poemas de Borges en voz alta. 

Luego de cada lectura, Borges comenta sus propios textos. De esta forma nos acercamos a cimientos más firmes, nos sumergimos dentro capas más serias y formativas.

Así puede leerse el poema “Fragmento”, donde Borges habría encarcelado una de sus pasiones más altas: las kenningar y el inglés y escandinavo antiguo, dando un poema donde lo que exclusivamente importa es el sonido y no su significado: “mi único intento de escribir un poema que fuera a la vez hermoso y sin sentido”. 

Lo mismo ocurre con “Poema conjetural”, siempre leído desde sus cimientos ideológicos, nunca estéticos: “El argumento de este poema pertenece a Robert Browning. Cuando leemos los monólogos románticos de Browning, podemos seguir los sentimientos de un hombre”. 

El monólogo de Browning fue muy explotado por aquellos que –durante la misma época– sentaron las bases de la poesía moderna, como Ezra Pound o T.S. Eliot. De hecho, “la imaginación auditiva” de Eliot (explotada y trabajada por autores como Seamus Heaney), mucho tiene que ver con la primacía de la aliteración de los sonidos sobre el sentido.

Generalmente asociada con formas métricas convencionales del español, la poesía de Borges supo entrar en diálogo con la modernidad, con el anglosajón antiguo, con el inglés moderno, lo que quiere decir que finalmente optó por elevar la categoría de poesía sobre cualquier idioma. 

Así leemos respecto a la sentencia final del poema “Un libro”: “Pensé en escribir un poema sobre ese hecho tan simple: que un libro es, hasta la llegada del lector, un mero objeto físico (…). Y dado que tenía que elegir un libro específico, pensé en Macbeth (…). Entonces pensé, bueno, está este volumen; dentro de este volumen se encuentra la tragedia de Macbeth, todo ese caos, ese alboroto, las tres brujas, ‘las weird sisters’. Y Weird no es un adjetivo en este caso. Weird es un sustantivo que desciende de la palabra anglosajona wyrd, ‘destino’. Las brujas son también el destino, las ‘weird sisters’, las hermanas del destino. Y ese libro está como muerto, este libro yace sin vida; está al acecho esperándonos. Entonces escribí la última línea del poema: ‘Duerme y espera’”. 

En exclusiva para PERFIL, aquí se reproducen algunos fragmentos y poemas del ya citado capítulo cuatro, titulado “Soy simplemente el que soy”. 

 

EL MAR

El otro, el mismo (1964)

Antes que el sueño (o el terror) tejiera 

Mitologías y cosmogonías, 

Antes que el tiempo se acuñara en días, 

El mar, el siempre mar, ya estaba y era. 

¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento 

Y antiguo ser que roe los pilares 

De la tierra y es uno y muchos mares 

Y abismo y resplandor y azar y viento? 

Quien lo mira lo ve por vez primera, 

Siempre. Con el asombro que las cosas 

Elementales dejan, las hermosas 

Tardes, la luna, el fuego de una hoguera. 

¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré el día 

Ulterior que sucede a la agonía. 

    

Creo que este poema debe ser bueno ya que el tema es el mar. El mar ha maravillado a los poetas desde Homero, y en la poesía inglesa encontramos el sentir del mar desde sus mismos comienzos. Figura ya en los primeros versos del Beowulf, en los que el poeta menciona el barco de Scyld Scefing, rey de Dinamarca, y nos dice que ese rey fue lanzado al mar en esa nave. Luego el poeta nos dice que lo enviaron lejos, sobre el poder de las olas. De manera que el mar ha estado siempre con nosotros. El mar es, además, mucho más misterioso que la tierra. Y no creo que uno pueda hablar del mar sin acordarse de ese primer capítulo de Moby Dick. Ahí también sentimos el misterio del mar. 

¿Qué es lo que he querido hacer con este poema? Bueno, creo que solo he intentado reescribir esos poemas acerca del mar. Recuerdo a Camões, por supuesto –“Por mares nunca antes navegados”–, recuerdo la Odisea, y tantos otros mares. El mar siempre nos cautiva. Sigue siendo un misterio para nosotros. No sabemos qué es, o como yo digo en el poema, quién es, ya que no sabemos quiénes somos nosotros mismos: ese es otro misterio. He escrito muchos poemas sobre el mar. Este en particular sea acaso digno de la atención que ustedes generosamente le brindan. No creo que pueda agregar nada más acerca de este poema, ya que no se trata de un poema intelectual. Y es mejor así: es un poema surgido de una emoción, así que no puede ser demasiado malo.

 

G.A. BÜRGER

Historia de la noche (1977)

No acabo de entender 

por qué me afectan de este modo las cosas 

que le sucedieron a Bürger 

(sus dos fechas están en la enciclopedia) 

en una de las ciudades de la llanura, 

junto al río que tiene una sola margen 

en la que crece la palmera, no el pino. 

Al igual de todos los hombres, 

dijo y oyó mentiras, 

fue traicionado y fue traidor, 

agonizó de amor muchas veces 

y, tras la noche del insomnio, 

vio los cristales grises del alba, 

pero mereció la gran voz de Shakespeare 

(en la que están las otras) 

y la de Angelus Silesius de Breslau 

y con falso descuido limó algún verso, 

en el estilo de su época. 

Sabía que el presente no es otra cosa 

que una partícula fugaz del pasado 

que estamos hechos de olvido: 

sabiduría tan inútil 

como los corolarios de Spinoza 

o las magias del miedo. 

En la ciudad junto al río inmóvil, 

unos dos mil años después de la muerte de un dios 

(la historia que refiero es antigua), 

Bürger está solo y ahora, 

precisamente ahora, lima unos versos.

 

Estos versos me fueron dados una tarde en mi departamento en Buenos Aires. Me sentía triste, angustiado y abrumado, y me dije: “¿Por qué razón debería preocuparme lo que le sucede a Borges? Después de todo, Borges no existe, es una mera ficción”. Y entonces pensé en escribir este poema. Y pensé en mí mismo desde una perspectiva etimológica –yo tiendo a pensar de manera etimológica– y me dije: mi nombre, un apellido portugués muy común, Borges, significa “burgués”, “habitante de un burgo”. Luego pensé en un poeta alemán, un poeta alemán bastante conocido cuyas obras, supongo, he leído. Su nombre es igual al mío: Bürger. Y entonces se me ocurrió un truco literario: decidí escribir un poema sobre Bürger. Pero a medida que el lector avanzara, iría descubriendo que Bürger no es Bürger, sino Borges. Los dos tenemos, al fin de cuentas, el mismo nombre. Y entonces comencé hablando de una ciudad en la llanura. Acaso esa llanura representa mejor a los países bajos que a Alemania, pero en todo caso alude, también, a la provincia de Buenos Aires. Y dejé entonces una pista para el lector, hablé de la palmera en lugar del pino, y luego hablé de un río, un río con una sola margen, y recordé ese hermoso título que lleva un libro de Mallea, La ciudad junto al río inmóvil, y lo incluí en ese verso. El lector se da cuenta al final de que el poema no es sobre Bürger sino sobre mí, y encontrará acaso, también, que el truco es legítimo. Espero que funcione. 

 

BORGES Y YO

El hacedor (1960)

Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el Correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que he logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro. No sé cuál de los dos escribe esta página. 

 

Acabamos de oír el gran nombre, acaso el gran nombre olvidado, de Robert Louis Stevenson. Sin duda todos ustedes recuerdan que escribió Jekyll y Hyde, y es de Jekyll y Hyde que proviene esta página. Pero en la fábula de Stevenson la diferencia entre Jekyll y Hyde es que a Jekyll lo conforma, como a todos nosotros, una mezcla de bondad y de maldad, mientras que Hyde está conformado por maldad pura. Y por maldad Stevenson no entendió la lujuria, ya que no la consideraba algo malo, sino la crueldad. Pensó que la crueldad era el pecado prohibido, el pecado que ni el Espíritu Santo perdonaría. Este es, claro, el mismo argumento que Oscar Wilde utiliza en El retrato de Dorian Gray, creo que con menos eficacia que Stevenson, pero en el caso de este texto la diferencia entre “Borges” y “yo” es otra. Ya que en este texto, “Borges” representa todo lo que yo detesto. Representa la publicidad, el ser fotografiado, tener que dar entrevistas, la política, las opiniones (ya que todas las opiniones son superficiales). Y representa también a esas dos nulidades, esos dos grandes impostores, como los llamaba Kipling, el fracaso y el éxito, “podemos encontrarnos con el triunfo y el desastre, y tratar a ambos de igual modo”. “Borges” representa todo eso. Mientras que el “yo”, digamos –ya que el título del texto es “Borges y yo”–, el “yo” de este texto representa no al hombre público sino a mi “yo” privado, a mi realidad, ya que todas las demás cosas que acabo de mencionar, entre ellas la fama, son para mí irreales. Las cosas verdaderas que uno hace son sentir, soñar, escribir, pero no publicar, ya que eso le pertenece, creo, a “Borges”, no a mi verdadero “yo”. Hay que evitar caer en todas esas trampas. Yo sé, por supuesto, que el “yo” ha sido refutado por muchos filósofos. Por ejemplo, por Hume, por Schopenhauer, por Moore, por Macedonio Fernández, por Frances Herbert Bradley. Y sin embargo, creo que podemos pensar en el “yo” como si fuera una cosa. Y noto que en este instante acude en mi ayuda nada menos que William Shakespeare. Recordemos al Sargento Parolles. Parolles era un miles gloriosus, un cobarde. Fue degradado: la gente se dio cuenta de que no era, en realidad, valiente. Y entonces Shakespeare lo ilumina con su luz, y hace que el Sargento Parolles diga: “Captain I’ll be no more / simply the thing I am / shall make me live”. “No seré capitán, simplemente la cosa que soy me hará vivir”. Y eso nos remite, claro, a las grandes palabras de Dios: “Soy el que soy”, Ego sum qui sum. Bueno, yo creo que soy simplemente el que soy, esa cosa íntima y secreta. Quizás algún día averigüe quién es Borges, en lugar de qué es. 

 

LA LUNA

La moneda de hierro (1976)

 

A María Kodama 

Hay tanta soledad en ese oro. 

La luna de las noches no es la luna 

que vio el primer Adán. Los largos siglos 

de la vigilia humana la han colmado 

de antiguo llanto. Mírala. Es tu espejo. 

 

Acaso nos es dado hacernos algunas preguntas. Creo que la poesía, la memoria, el olvido, han enriquecido a la palabra “luna”. Me pregunto si la palabra moon, esa morosa palabra inglesa, es exactamente la misma que la luna del castellano o el latín. Creo que debe haber una ligera diferencia, y esa ligera diferencia puede ser a la vez, y al fin de cuentas, crucial. Pero en este caso pensé en las generaciones de hombres que han contemplado largamente la luna, pensando en ella y plasmándola en distintos mitos, por ejemplo, en el mito de Endimión en Latmos. Y luego pensé para mis adentros: al mirar la luna no estoy mirando solamente a un objeto luminoso suspendido en el cielo. Estoy también mirando a la luna de Virgilio, de Shakespeare, de Verlaine, de Góngora. entonces escribí ese poema. Creo que hay que prestar especial atención a la primera línea –Hay tanta soledad en ese oro–, ya que sin ella el poema perdería la gracia; bueno, quizás, al fin de cuentas, ya la haya perdido. Porque después de todo, escribir poesía es algo muy misterioso. El poeta no debe influir en lo que escribe, no debe intervenir en sus escritos. Debe dejar que estos se escriban solos, que el Espíritu Santo o la Musa o eso que ahora llaman, tristemente, el inconsciente, lo guíen, y de esta manera logrará, tal vez, escribir poesía. Quizá incluso yo haya logrado, de este modo, escribir un buen poema.

Imagen de portada: Gentileza de Editorial Perfil

FUENTE RESPONSABLE: Editorial Perfil Por Juan Arabia

Borges Jorge Luis/Literatura/Genios virtuosos