Falla-Salazar: Un diálogo musical por carta a cuatro manos.

Un libro recoge el epistolario cruzado entre dos de las más destacadas personalidades en la historia de la música en nuestro país.

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En 1914 se estrenaba en el Teatro de la Zarzuela de Madrid una obra destinada a marcar un antes y un después en la historia de la música en nuestro país. Ese día se presentaba ante el público «La vida breve», de Manuel de Falla. El compositor había vuelto de Francia después del estallido de la Primera Guerra Mundial. Con él traía todo lo que había aprendido durante siete años en París junto a Debussy, Ravel o Dukas, además de algunos de los músicos españoles que vivían en aquella ciudad, como Turina, Viñes y, sobre todo, Albéniz. El público aplaudió «La vida breve», entre ellos un joven de 25 años que vivía de su modesto trabajo en el cuerpo de telégrafos de Madrid, aunque sus aspiraciones eran de corte intelectual. Se llamaba Adolfo Salazar y fue uno de los más importantes musicólogos españoles del siglo pasado. Él se convirtió en el amigo y el aliado de Falla como lo demuestra el copioso epistolario que mantuvieron y que acaba de editar Publicaciones de la Residencia de Estudiantes y Publicaciones del Archivo Manuel de Falla bajo el cuidado de Consuelo Carredano.

«Manuel de Falla-Adolfo Salazar. Epistolario 1916-1944» recoge las 345 cartas conservadas y que arrojan nuevas luces sobre las dos personalidades. En este volumen acompañamos a un Manuel de Falla que busca un lugar en el que instalarse definitivamente para poder trabajar en silencio y poco a poco en la que debía ser su gran obra: el poema sinfónico «La Atlántida». La tranquilidad la encontrará en Granada donde se mudará al final en 1920 a un carmen en la calle Antequeruela Alta, no muy lejos de la Alhambra. Salazar continuará en Madrid, pero la comunicación pervivirá gracias al epistolario. Sin embargo, la comunicación se inicia antes, en 1916, cuando Salazar se había trasladado hasta San Sebastián para poder asistir a una representación de los míticos Ballets Rusos de Serge Diaghilev. Con la llegada de Falla a la ciudad nazarí será cuando las cartas pasen a incrementarse en número con abundante información sobre proyectos –algunos no materializados–, la vida cotidiana y los amigos comunes.

Tal y como explica Consuelo Carredano, responsable de esta cuidadisima edición, Falla y Salazar eran personalidades contrastantes. Se ha dicho que el autor de «El amor brujo» era, como dice Carredano en su introducción, hombre de personalidad «a veces extraña, obsesiva, meticulosa, además de austera y necesitada de soledad». Eso contrataba con un espíritu «alegre, irónico, confiado y natural», como demostró en su vida social en Granada, además de aceptando los juegos y las bromas de amigos como María Lejárraga o Federico García Lorca.

Manuel de Falla: una vida reconstruida en un importante archivo

Desde hace unos años, el Archivo Manuel de Falla, donde se guarda el importante fondo documental alrededor del gran compositor, ha emprendido la labor de publicar la totalidad de los epistolarios cruzados entre el autor de «El amor brujo» y sus amigos y colaboradores. En los últimos años han visto la luz, gracias a esta iniciativa, las cartas entre Manuel de Falla y Leopoldo Matos, así como las que se escribió con sus colaboradores María Lejárraga y Gregorio Martínez Sierra o con John B. Trend, quien luego sería catedrático de la Universidad de Cambridge.

Por su parte, el musicólogo era, de nuevo en palabras de la editora de estas cartas, alguien que tenía un sentido del humor «más bien cáustico y como crítico, cuando no caía en sus pertinaces esencialismos, podía tener una visión bastante pesimista de las cosas y una pluma mordaz para sus adversarios, a quienes solía guardarles empecinada fidelidad».

Sin polémicas ni ofensas

Hay que decir que en el epistolario no entra en polémicas. Ambos son muy cuidadosos de ofender al otro. Por ejemplo, Falla era un hombre profundamente religioso, «un santo, un místico», como decía Lorca de él, hecho que lo diferenciaba de Salazar. El musicólogo evitó cuidadosamente no crear ningún tipo de polémicas a este respecto, con una excepción: una carta del 1 de febrero de 1930 en la que afirma que «creo que la culpa de todo la tiene la moral cristiana con su infernal soberbia disfrazada de humildad. Pero Jesucristo iba al templo con látigos». Falla contestó tres días más tarde indignado: «¿Es que se ha vuelto loco? De otro modo no podría explicarme la frescura con que me habla usted contra la moral cristiana sabiendo mi modo de pensar y de sentir. Para mí la moral cristiana es la “única verdad” que en moral existe». Falla concluía añadiendo que «estoy enfermo y no poca culpa tienen estas cosas».

Uno de los grandes nombres en este libro es quien fue el discípulo de Falla: Ernesto Halffter. Salazar pensaba que había que buscar a alguien que pudiera ser continuador de la obra del músico gaditano. Halffter fue el candidato perfecto, algo en lo que estuvo de acuerdo Falla tras conocerlo. El grado de preocupación por el futuro del músico lo encontramos en una carta del 31 de diciembre de 1923 en la que Salazar escribe que «lo peor es que Ernesto sigue teniendo en casa las historias de siempre. Su padre ídem, ídem, ídem. ¡Cuánta razón tiene Poincaré! No debería quedar uno. No sé cómo hacer [para] que este chico se marche a París. Es el único remedio y su única salvación como artista y como hombre. Allí creo que como acompañador [muy bueno] y pianista se podría ganar la vida y podría desarrollarse en aquel ambiente. Pero no sé cómo hacerle pasar la frontera. Lo más desesperante es que sea sólo español y nada más que español…, pero que aún no haya cumplido 19 años. [Los cumple el día 16]. ¡Dios proveerá!»

Al recibir estas líneas, Falla no tardó en responder apuntando que «me dice usted que no ve para Ernesto otra solución que París. A nadie le puede parecer mejor que a mí, pero lo único que me asusta un poco (por propia experiencia) es la eterna cuestión de los medios de vida. Si él los tiene, entonces que se vaya allí cuanto antes; pero que no confíe en los que allí pueda obtener, pues los mismos nacionales andan de cabeza en esa cuestión. Yo veo en cambio, y por el momento al menos, una buena solución en lo de la Orquesta [Filarmónica] de Sevilla».

Adolfo Salazar: la vida epistolar de un nombre clave de la Generación del 27

Adolfo Salazar es uno de esos nombres que merecen ser reivindicados, aunque en ocasiones su legado haya quedado injustamente silenciado. Uno de los primeros pasos para rescatar se dio en 2008 de la mano de las Publicaciones de la Residencia de Estudiantes cuando se editó «Epistolario 1912-1958», con buena parte de las cartas de Salazar, bajo el cuidado de Consuelo Carredano. En su casi millar de páginas podemos saber de los contactos de Salazar con nombres como Ígor Stravinski, Ezra Pound, Federico García Lorca, Ernesto y Rodolfo Halffter, Jesús Bal y Gay, Gerardo Diego o León Sánchez Cuesta, entre otros.

Este año se conmemora el primer centenario de la celebración del legendario Concurso de Cante Jondo en el que Falla, gracias a los buenos auspicios de García Lorca, tuvo un papel importante en su organización. Pese a que el compositor se volcó en la iniciativa, no parece que Salazar respondiera con igual pasión al entusiasmo de Falla. Eso es lo que se puede desprender de una carta del musicólogo que responde a otra, por desgracia perdida, del autor de «Noches en los jardines de España». «¡No tema usted mis enfriamientos sobre el cante! ¡Nada de eso! Sino que quiero enterarme y hago mis preguntas cuando tengo dudas. Por lo demás, imagínese usted, siempre entusiasmado por la idea y deseando que se lleve a efecto sin esas absurdas dificultades, y a pesar de los articulistas chirles que creen que eso es… ¡¡africanizarnos!!», escribe Adolfo Salazar.

Comunicación fluida

Ya se ha dicho que la comunicación entre los dos protagonistas fue fluida y larga, pero faltan cartas que se han perdido probablemente para siempre. Eso es lo que puede explicar que el epistolario quedara interrumpido entre 1932 y 1942. Cuando Manuel de Falla, autoexiliado en Argentina, lo reemprende, Salazar vive en México. Son los dos viejos amigos de siempre, aunque evitan con cuidado no entrar en temas político. Sin embargo, el drama de lo dejado en España inevitablemente se acaba filtrando en esas cartas, como cuando Falla se entera de la suerte del músico Miguel Salvador, encarcelado y condenado a muerte, aunque la pena fue conmutada, muy probablemente gracias al autor de «El amor brujo»: «Lo de Miguel lo supe por los diarios de aquí. Días inquietos fueron aquellos, sirviéndome de cuantos pudieran secundarme para evitar lo que algún periódico daba como fatalmente irremediable. Al fin recibía noticias muy tranquilizadoras».

En el estreno de «Mariana Pineda»

Uno de los nombres que aparecen con más regularidad en las cartas es Federico García Lorca, amigo tanto de Falla como Salazar. En el epistolario se visualiza el seguimiento que ambos hacen de la carrera del poeta, como cuando Salazar asiste al estreno de «Mariana Pineda» en Madrid en octubre de 1927, de la mano de Margarita Xirgu y con decorados de Dalí. «La obra me agradó mucho y tuvo muy buena acogida, pero ya le haré a usted más detenidamente mis reservas. Claro es que es una primera obra y usted sabe que hay quienes piensan que esto excusa para descuidos en rigor inexplicables. ¡Cuánto he pensado en usted y en lo necesario que hubiera sido para Federico un maestro como usted que le hubiese obligado a podar las ramas muertas, las frases mal hechas, las vulgaridades y los ripios entremezclados con cosas preciosas y de la más fina calidad».

Imagen de portada: En la imagen, de izquierda a derecha: Adolfo Salazar, Francisco García Lorca, Manuel de Falla, Ángel Barrios y Federico García Lorca dentro de la Torre de las Cabezas de la Alhambra, a la que Falla denominó «el subterráneo de Aladino”, 1921. FOTO: CORTESÍA DEL ARCHIVO MANUEL DE FALLA DE GRANADA.

FUENTE RESPONSABLE: La Razón. España. Abril 2022

Sociedad y Cultura/Literatura/Historia/Libros

 

 

 

¿Cuáles son los 15 libros más vendidos de la historia?

Por fuera de La Santa Biblia, ¿sabés cuáles son los libros más vendidos de la Historia?

En el Día Internacional del Libro, te brindamos una selección de esas obras que comenzaron a escribir la historia de la literatura y que, tras ser aprobadas por millones de lectores alrededor del mundo, se convirtieron en los títulos más vendidos de la historia.

Cabe señalar que las cifras de esta lista provienen de un estudio realizado sobre los libros impresos que se vendieron en los últimos 50 años, no se tienen en cuenta por lo tanto las ventas digitales, que son relativamente recientes.

El ránking de los libros más vendidos de la historia de la humanidad

Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes (500 millones de libros vendidos).

Don Quijote de la Mancha es una novela escrita por el español Miguel de Cervantes Saavedra a comienzos de 1605 y desde entonces se estableció como la obra más destacada de la literatura española (y una de las principales de la literatura universal).

«El Quijote» es la primera obra que desmitifica la tradición caballeresca y cortés por su tratamiento burlesco. También, representa la primera novela moderna y la primera novela polifónica por lo que ejerció un enorme influjo en toda la narrativa europea.

Por considerarse «el mejor trabajo literario jamás escrito», encabezó la lista de las mejores obras literarias de la historia, que se estableció con las votaciones de cien grandes escritores de 54 nacionalidades a petición del Club Noruego del Libro en 2002.

Historia de dos ciudades, de Charles Dickens (Más de 200 millones de libros vendidos).

A Tale of Two Cities es una novela del escritor británico Charles Dickens en la que narra la vida en el siglo XVIII, en la época de la Revolución francesa.

Al mismo tiempo, la historia se desarrolla en Inglaterra y Francia: Londres simbolizaría de algún modo la paz y la tranquilidad, la vida sencilla y ordenada y París representaría la agitación y el conflicto entre dos mundos en una época en la que se anuncia drásticos cambios sociales.

El Señor de los Anillos, de J. R. R. Tolkien (150 millones de libros vendidos)

El Señor de los Anillos (título original en inglés: The Lord of the Rings) es una novela de fantasía épica escrita por el filólogo y escritor británico J. R. R. Tolkien.

Su historia se desarrolla en un lugar ficticio poblado por hombres y otras razas antropomorfas como los hobbits, los elfos o los enanos, así como por muchas otras criaturas reales y fantásticas que sentaron un precedente sobre cómo presentar un mundo fantástico con desafíos que no distan tanto de los de las personas reales como la guerra y la destrucción.

El principito, de Antoine de Saint-Exupéry (140 millones de libros vendidos)

Le Petit Prince es una novela corta y la obra más famosa del escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry. Es considerada por la crítica especializada como un «cuento poético» que viene acompañado de ilustraciones hechas con acuarelas por el mismo autor.

En El Principito un piloto se encuentra perdido en el desierto del Sahara después de que su avión se rompiera y, para su sorpresa, conoce allí a un pequeño príncipe proveniente de otro planeta con el que entrecruzan temas filosóficos, críticas a la sociedad y a la vida adulta.

El hobbit, de JRR. Tolkien (Más de 100 millones de libros vendidos)

El hobbit (título original en inglés: The Hobbit, or There and Back Again, usualmente abreviado como The Hobbit) es otra novela fantástica de J. R. R. Tolkien. Fue escrita por partes desde finales de los años 1920 hasta principios de los años 1930 y, en un principio, tan sólo tenía el objetivo de divertir a los hijos pequeños de Tolkien.

Es la primera obra que explora el universo mitológico creado por Tolkien y que más tarde se encargarían de definir El Señor de los Anillos y El Silmarillion. Dentro de dicha ficción, el argumento de El hobbit se sitúa en el año 2941 de la Tercera Edad del Sol, y narra la historia del hobbit Bilbo Bolsón.

Sueño en el pabellón rojo, de Cao Xueqin (Más de 100 millones de libros vendidos)

Hóng lóu mèng (título original) es una novela escrita a mediados del siglo XVIII por Cao Xueqin durante el reinado de la Dinastía Qing y es considerada una de las obras maestras de la literatura de China y es una de las cuatro novelas clásicas chinas, y es generalmente reconocida como la cúspide de la narrativa china. La obra ha dado lugar al campo de la rojología.

Sueño en el pabellón rojo se cree que es una obra semi-autobiográfica que refleja el auge y decadencia de la propia familia de Cao Xueqin y por extensión, de la dinastía Qing. La novela es notable no sólo por su enorme elenco de personajes y la psicología de los mismos, sino también por su observación detallada de la vida y las estructuras sociales de la aristocracia china del siglo XVIII.

Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll (Más de 100 millones de libros vendidos)

Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas es una novela de fantasía escrita por el matemático, lógico, fotógrafo y escritor británico Charles Lutwidge Dodgson, bajo el seudónimo de Lewis Carroll, publicada en 1865.

El libro juega con la lógica de lo hasta entonces conocido, dando a la novela gran popularidad tanto en niños como en adultos. Está considerada una de las mejores novelas del género del Sinsentido. Su narrativa y estructura, junto con sus personajes, se plantaron como una gran influencia tanto en la cultura popular como en la literatura, sobre todo en el género fantástico.

Triple representatividad, de Jiang Zemin (100 millones de libros vendidos)

La triple representatividad es el nombre que recibe la teoría política desarrollada por el quinto Secretario General del Partido Comunista de China y Presidente de la República Popular China Jiang Zemin que explica cuál es el papel del Partido en la sociedad china actual y en el proceso de modernización del Estado.

Aunque esta teoría ha sido muy criticada por su supuesto lenguaje vago y general, es la base ideológica que le permitió al Partido Comunista de China la incorporación de muchos empresarios en los últimos años, y representa una ruptura con la ideología tradicional del Partido, al abandonar la idea de la lucha de clases.

Y no quedó ninguno (Diez negritos), de Agatha Christie (100 millones de libros vendidos)

Diez negritos, o eventualmente, Y no quedó ninguno, cuyo título original en inglés es Ten little niggers, es una novela policial de la escritora británica Agatha Christie, publicada originalmente en Reino Unido en 1939.

El título, que hace referencia a una canción infantil, fue cambiado a And Then There Were None en la primera edición de Estados Unidos, y el título de la canción de la novela fue cambiado a Ten Little Indians. La novela cuenta la historia de diez personas implicadas en la muerte de otras personas en el pasado y que lograron escapar de la justicia.

El león, la bruja y el ropero, de C. S. Lewis (85 millones de libros vendidos)

El león, la bruja y el ropero (en inglés The Lion, the Witch and the Wardrobe) es una novela fantástica infantil publicada por C. S. Lewis en 1950. Es el libro más conocido de la serie de siete libros llamada Las Crónicas de Narnia. Aunque en orden de publicación fue el primer libro de la serie escrito por el autor, es en realidad el segundo según la cronología interna, tras El sobrino del mago.

La trama transcurre durante la Segunda Guerra Mundial cuando cuatro hermanos son llevados a la casa rural del profesor Digory Kirke para estar a salvo de los bombardeos. Tras su llegada, los hermanos deciden explorar la enorme vivienda en busca de algo interesante, pero la curiosidad infantil fue mucho más allá, incluso a un nuevo mundo.

Ella, de Henry Rider Haggard (83 millones de libros vendidos)

Ella (subtitulada Historia de aventuras, en inglés She) es la segunda novela de H. Rider Haggard, e inicia una tetralogía cuya protagonista principal es Ayesha, «la que debe ser obedecida». Según una encuesta contemporánea, fue considerada por el público la mejor novela fantástica del siglo XIX.

El código Da Vinci, de Dan Brown (80 millones de libros vendidos)

El código Da Vinci es una novela de misterio escrita por Dan Brown y publicada por primera vez en 2003 para convertirse en un bestseller con más de 80 millones de ejemplares vendidos y traducido a 44 idiomas.

Al combinar los géneros de suspenso detectivesco y esoterismo Nueva Era, con una teoría de conspiración relativa al Santo Grial y al papel de María Magdalena en el cristianismo, la novela reforzó un fenómeno definido por Brown como el «auge conspiracionista».

El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger (65 millones de libros vendidos)

El guardián entre el centeno, El guardián en el trigal o El cazador oculto (en inglés The Catcher in the Rye) es una novela del escritor estadounidense J. D. Salinger publicada en 1951. Aunque Salinger ya lo había presentado en forma de serie durante los años 1945-1946, en los Estados Unidos, la novela provocó numerosas controversias por su lenguaje provocador y por retratar sin tapujos la sexualidad y la ansiedad adolescente.

La novela cuenta la historia de Holden Caulfield, un joven neoyorquino de 16 años que acaba de ser expulsado de la escuela y quien cree que la mayoría de la gente es «falsa».

El alquimista, de Paulo Coelho (65 millones de libros vendidos)

O Alquimista (1988) es un libro escrito por el brasileño Paulo Coelho que ya fue traducido a más de 60 lenguas y publicado en 150 países, por tanto, lleva vendidos más de 65 millones de ejemplares en todo el mundo. El libro trata sobre los sueños y los medios que utilizamos para alcanzarlos, sobre el azar en nuestra vida y las señales que se presentan a lo largo de esta.

El camino a Cristo, de Ellen G. White (60 millones de libros vendidos)

Originalmente titulado Steps to Christ es un libro de evangelización escrito por Ellen G. White, pionera y profetisa de la Iglesia Adventista del Séptimo día. Este es quizás el libro más leído y popular de la autora, impreso en más de 150 idiomas en todo el mundo.

Imagen de portada: El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger lleva más de 65 millones de libros vendidos.

FUENTE RESPONSABLE: Ámbito. Abril 2022

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Federico García Lorca: “¡Es nuestro amor a quien tenemos que buscar!”

La nueva novela de Ana Merino recupera textos desconocidos del poeta granadino a Joaquín Amigo.

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El 27 de agosto de 1936 hacía casi diez días que Federico García Lorca había sido asesinado en algún lugar entre Víznar y Alfacar por orden de las autoridades militares que apoyaban el golpe de Estado contra la República. En esa fecha, en otra población andaluza, uno de los más queridos amigos de Lorca, Joaquín Amigo, era lanzado al vacío en el Tajo de Ronda, la manera que tenían los republicanos radicales de acabar con su vida. Nunca se encontró su cuerpo, al igual que ocurrió con el autor de “Bodas de sangre”.

El tiempo ha hecho que Joaquín Amigo haya sido víctima de un injusto olvido y, en ocasiones, no ha pasado de ser una nota a pie de página dentro de la extensísima bibliografía lorquiana. Puede que también tenga mucho que ver que sus papeles personales han permanecido ocultos durante décadas para los investigadores. La escritora Ana Merino ha logrado el milagro de acceder a ese tesoro documental y lo ha convertido en la base de su nueva novela “Amigo”, publicada por Destino.

Ana Merino es la autora de «Amigo» LA RAZÓN

El libro nos presenta a Inés Sánchez Cruz, una poeta mexicana afincada como profesora de Escritura Creativa en Estados Unidos que se encuentra durante su paso por Madrid con un sorprendente hallazgo: el oculto archivo de Joaquín Amigo. 

Lo que sucede en la ficción con la protagonista de “Amigo” lo vivió en la realidad la misma Ana Merino, según explicó en conversación con este diario.

“Llegué por el azar que es lo que hace que sucedan cosas. Durante el confinamiento, el 8 de marzo, se me cortó la gira por mi obra “El mapa de los afectos”. Fue entonces cuando Rocío Camus, la hija de Mario Camus que había estudiado la carrera conmigo, decidió unir a amigas por skype para hacer sesiones de yoga. Una de ellas, María, era nieta pequeña de Joaquín Amigo. Un día, al final del confinamiento, me llamó y me dijo que sus padres habían fallecido en un accidente muy desgraciado en 2019. Me dijo que su abuelo era un intelectual, muy amigo de Lorca y que conservaba un archivo. ¿Cómo se podían organizar esos papeles?”

Una vez que se abrieron las restricciones de movilidad, Ana Merino pudo consultar un fondo que arroja nuevas luces sobre el periodo que va de 1918 a 1936. Entre los papeles personales de Amigo, aparecieron varias cartas inéditas de Federico García Lorca

Son documentos de primer nivel porque, además de ser cartas extensas, nos demuestran que el poeta granadino tuvo en Amigo a uno de sus principales confidentes. Eso es lo que se constata en una misiva con membrete del Gran Hotel España de Lanjarón, donde la familia del poeta solía pasar temporadas de descanso. Probablemente escrita en 1926, aunque es difícil concretar la fecha, Lorca se hacía eco del envío, a través de Joaquín Amigo, de un cuento escrito por un joven llamado Fernán Gómez de quién no se tienen datos. “Estoy contento de que un muchacho de Granada haya escrito este boceto, tan espiritual y tan raramente medido”. El texto debió gustarle a un Lorca que no dudó en afirmar a Amigo que “el cuentecillo está revestido de suave pelusilla adolescente y a mí me ha sorprendido como una luz de plata y vidrios de Venecia, el talento de esta criatura encantadora a quien yo quiero como él no sabe ni quiero que sepa”. El relato desconocido contenía un pasaje que a Lorca le gustaba: “Él sabía que a los muchachos de ojos verdes, les gustaban los caramelos”. El poeta proclama, tras copiar esas líneas, que “escribir esto en Granada, y a los quince años, en medio de la podredumbre oficial y el empacho arqueológico, me llena de consuelo y suave esperanza”.

Que Lorca confiaba en Joaquín Amigo, que veía en él a quien podía ser el receptor de sus más íntimos pensamientos lo ejemplifica el siguiente pasaje de la misma carta. En él define lo que es el amor: “El amor es nuevo en cada época y estamos aferrados a una falsa y escandalosa teoría amatoria, momificada y sin fuerzas creativas. Creemos en un amor que sirvió a otras gentes y no pensamos adivinar dónde está nuestro amor, nuestro amor vivo y nuevo, que pasa llorando a nuestra vera en las carrozas de caballos y en los últimos paseos de olmos, con un revólver de níquel enemigo de reflejos queridos y de pétalos marchitados. ¡Es nuestro amor a quien tenemos que buscar!”

Federico García Lorca envió esta imagen a Salvador Dalí cuando llegó en 1927 para estrenar «Mariana Pineda». En un extremo de la fotografía de un artista callejero escribió «Urquinaona!»

Federico García Lorca envió esta imagen a Salvador Dalí cuando llegó en 1927 para estrenar «Mariana Pineda». En un extremo de la fotografía de un artista callejero escribió «Urquinaona!»

El 24 de junio de 1927 levantaba el telón en el Teatro Goya de Barcelona “Mariana Pineda”, el primer reconocimiento importante de Lorca como dramaturgo. Sobre el escenario destacaba Margarita Xirgu como protagonista con figurines y decorados de Salvador Dalí. Inmediatamente después del estreno, el poeta escribió a Amigo para decirle que “necesitaba descanso después de los intensísimos días de Barcelona. Pero el éxito ha coronado mis esfuerzos y me siento tranquilo como después de una gran pesca y estoy contento”. En la misiva, Lorca se hacía eco de cómo la obra había conseguido el aplauso de sus compañeros de generación: “Ha sido el primer triunfo público de la juventud actual española (estas son palabras de Salinas). Los autores viejos, me decía el gran arqueólogo catalán Villasegut, están echando “llet” (leche). Aquí en Barcelona hay una gran juventud y una cantidad de mierdas catalanistas tan grande como la juventud”.

La carta está escrita en el momento más importante de la amistad entre Lorca y Dalí. 

El granadino está pasando unos días en Cataluña, entre Cadaqués y Barcelona, invitado por el pintor. Sin embargo, sus padres lo reclaman para que regrese a Granada: “Dalí no quiere que me vaya de ninguna manera, pero mi familia me reclama urgentemente. De todos modos yo estaré algunos días aquí disfrutando de este mar y redactando un manifiesto que vamos a llamar Dalí y yo “Manifiesto antiartístico”, que será el escándalo más grande que se habrá registrado en la vida artística española”. 

El manifiesto es el llamado “Manifest groc” que Dalí redactó junto con Sebastià Gasch y Lluís Montanyà y en el que intervino sin duda Lorca. El documento se dio a conocer en castellano en el número 2 de la revista “Gallo”, la publicación de Lorca y sus compañeros de vanguardia en Granada. Joaquín Amigo fue el encargado de escribir el artículo que acompañaba ese texto en “Gallo”.

«Retrato de Salvador Dalí», de  Lorca

«Retrato de Salvador Dalí», de Lorca

El archivo contiene más documentación inédita, como es el caso de cuadernos con las poesías de un jovencísimo Luis Rosales. 

Fue precisamente Joaquín Amigo el encargado de presentar Rosales a Lorca empezando una amistad que acabaría cuando el autor de “Poeta en Nueva York” fue detenido el 16 de agosto de 1936. 

Estaba tratando de ocultarse de sus enemigos en el domicilio de la familia Rosales y fue allí donde lo arrestó Ramón Ruiz Alonso. Poco después era asesinado como lo sería Joaquín Amigo en Ronda. 

“En ese archivo ha quedado congelada la vida de una persona”, recuerda Ana Merino quien cree que Amigo fue arrojado al Tajo de Ronda “por ser el profesor de filosofía que iba a misa”. Ahora su memoria regresa gracias a esta nueva novela de Ana Merino.

Imagen de portada: Homenaje a Federico García Lorca y Margarita Xirgu con motivo del estreno de «Mariana Pineda» en Granada, 1927. En círculos marcados Joaquín Amigo y Lorca FOTO: LA RAZÓN

FUENTE RESPONSABLE: La Razón. Cultura.

Sociedad y Cultura/Literatura/Federico García Lorca/Salvador Dalí/Libros.

Las mejores obras de la literatura rusa que todo el mundo debería leer. Segunda parte.

Hay ciertos libros que siempre están en listas de » libros que debes leer « y similares, y estos libros son generalmente dos cosas: viejos y complejos.

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07 de 19

«Guerra y paz», de León Tolstoi

Realmente no se puede hablar de literatura rusa sin mencionar la obra maestra de Tolstoi . Los lectores modernos a menudo olvidan (o nunca supieron) que esta novela fue un evento explosivo en la literatura, un trabajo experimental que rompió muchas reglas anteriores sobre lo que era o no era una novela, lo que estaba o no permitido . Podrías pensar que esta historia ambientada durante y después de la Guerra Napoleónica, una guerra en la que Moscú estuvo tan cerca de ser tomada por el dictador francés, es un ejemplo de literatura vieja y aburrida, pero no puedes estar más equivocado. Sigue siendo un libro vigorosamente inventivo que ha influido en casi todas las novelas importantes escritas desde entonces.

08 de 19

«The Slynx», de Tatyana Tolstaya

Si cree que la literatura rusa son todos los salones de baile del siglo XIX y patrones de habla anticuados, no está mirando lo suficientemente cerca. La obra épica de ciencia ficción de Tolstaya se desarrolla en el futuro después de que «The Blast» destruyera casi todo y convirtiera a un pequeño número de supervivientes en inmortales, que son los únicos que recuerdan el mundo antes. Es un trabajo de ideas fascinante y poderoso que ilumina no solo cómo los rusos ven el futuro, sino cómo ven el presente.

 09 de 19

«La muerte de Iván Ilich», de León Tolstoi

Hay algo primordial y universal en esta historia de un funcionario gubernamental exitoso y respetado que comienza a experimentar un dolor inexplicable y poco a poco se da cuenta de que se está muriendo. La mirada inquebrantable de Tolstoi sigue a Iván Ilich a través de su viaje desde la leve irritación hasta la preocupación, la negación y finalmente la aceptación, todo sin siquiera comprender por qué le está sucediendo. Es el tipo de historia que se queda contigo para siempre.

10 de 19

«Dead Souls», de Nikolai Gogol

Si está buscando comprender la cultura rusa en algún sentido, puede comenzar aquí. La historia de Gogol se refiere a un funcionario de finales de la era zarista encargado de viajar de una propiedad a otra para investigar a los siervos muertos (las almas del título) que todavía figuran en el papeleo. Preocupado por lo que Gogol vio como el declive terminal de la vida rusa en ese momento (solo unas décadas antes de la revolución que destruyó el status quo), hay mucho humor negro como la tinta y una mirada reveladora a cómo era la vida en Rusia antes. la edad moderna.

11 de 19

El maestro y Margarita, de Mikhail Bulgakov

Considere esto: Bulgakov sabía que podía ser arrestado y ejecutado por escribir este libro y, sin embargo, lo escribió de todos modos. Quemó el original con terror y desesperación, luego lo recreó. Cuando finalmente se publicó, estaba tan censurado y editado que apenas se parecía al trabajo real. Y sin embargo, a pesar de las circunstancias aterradoras y claustrofóbicas de su creación, » El maestro y Margarita » es una obra de genio oscuramente cómica, el tipo de libro en el que Satanás es el personaje principal, pero todo lo que recuerdas es el gato que habla.

12 de 19

«Padres e hijos», de Ivan Turgenev

Como muchas obras de la literatura rusa, la novela de Turgenev se ocupa de los tiempos cambiantes en Rusia y de la creciente brecha generacional entre, sí, padres e hijos. También es el libro que trajo el concepto de nihilismo a la vanguardia, ya que traza el viaje de los personajes más jóvenes desde un rechazo instintivo de la moral tradicional y los conceptos religiosos a una consideración más madura de su posible valor.

13 de 19

«Eugene Onegin», de Aleksandr Pushkin

Realmente un poema, pero un poema notablemente complejo y extenso, » Eugene Onegin » ofrece una visión sombría de cómo la sociedad produce monstruos recompensando la crueldad y el egoísmo. Si bien el complicado esquema de la rima (y el hecho de que sea un poema) puede ser inicialmente desagradable, Pushkin lo logra con maestría. Si nos proporciona la historia de la oportunidad, se le olvida rápidamente acerca de las singularidades formales y dejarse atrapar por la historia de una aristócrata aburrido a principios del 19 º siglo cuya ensimismamiento le hace perder a cabo en el amor de su vida.

Continuará…

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

FUENTE RESPONSABLE: Literatura rusa. Febrero 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Obras/Libros/Narrativa/Sinopsis.

Las mejores obras de la literatura rusa que todo el mundo debería leer. Primera parte.

Hay ciertos libros que siempre están en listas de » libros que debes leer « y similares, y estos libros son generalmente dos cosas: viejos y complejos.

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Después de todo, el nuevo éxito de ventas de esta semana suele ser de fácil lectura por la sencilla razón de que forma parte del espíritu actual: no es necesario esforzarse mucho para obtener las referencias y comprender las relaciones de forma más o menos intuitiva. Incluso los libros más ambiciosos que se encuentran en los estantes de las tiendas en este momento son bastante fáciles de «conseguir» porque hay aspectos familiares en el estilo y las ideas, el tipo de cosas sutiles que marcan algo como fresco y actual.

Los libros en las listas de lectura obligada tienden a no solo ser obras literarias profundas y complejas, sino que también tienden a ser obras más antiguas que han sobrevivido al paso del tiempo por la razón obvia de que son mejores que el 99% de los libros publicados. Pero algunos de esos libros no son simplemente complejos y difíciles, también son muy, muy largos . Seamos francos: cuando empiezas a describir los libros como complejos, difíciles y largos , probablemente te refieres a la literatura rusa.

Vivimos en un mundo donde «Guerra y paz» se usa a menudo como abreviatura genérica de una novela extremadamente larga , después de todo, no es necesario haber leído el libro para obtener la referencia. Y, sin embargo, deberías leer el libro. La literatura rusa ha sido durante mucho tiempo una de las ramas más ricas e interesantes del árbol literario, y ha estado suministrando al mundo novelas increíbles y fantásticas durante dos siglos, y continúa haciéndolo. Porque si bien esta lista de “debe leer” la literatura rusa incluye un montón de los clásicos de la 19 ª siglo, también hay ejemplos de la 20 ª y 21 st siglo – y son todos los libros que realmente, realmente debería leer.

01 de 19

«Los hermanos Karamazov», de Fyodor Dostoevsky

La discusión sobre qué novela es la más importante de Dostoievski puede extenderse hasta límites insanos, pero » Los hermanos Karamazov « siempre está en la carrera. Es complicado Sí, hay muchos hilos y conexiones sutiles en esta extensa historia de asesinato y lujuria, pero … es una historia de asesinato y lujuria . Es muy divertido, que a menudo se olvida cuando la gente discute la asombrosa forma en que Dostoievski combina temas filosóficos con algunos de los personajes mejor dibujados que jamás se hayan puesto en la página.

02 de 19

«Día del Oprichnik», de Vladimir Sorokin

Algo que los lectores occidentales a menudo malinterpretan es cómo el pasado informa el presente de Rusia; es una nación que puede rastrear muchas de sus actitudes, problemas y cultura actuales desde hace siglos hasta la época de los zares y los siervos. La novela de Sorokin sigue a un funcionario del gobierno a través de un día de terror y desesperación estándar en un futuro donde el Imperio Ruso ha sido restaurado, un concepto que resuena poderosamente entre los rusos de hoy en día.

03 de 19

«Crimen y castigo», Fyodor Dostoevsky

El otro increíble clásico de Dostoievski es un estudio en profundidad de la sociedad rusa que sigue siendo sorprendentemente actual y eternamente genial. Dostoievski se propuso explorar lo que él vio como la brutalidad inherente de Rusia, contando la historia de un hombre que comete un asesinato simplemente porque cree que es su destino, y luego se vuelve loco de culpa. Más de un siglo después, sigue siendo una poderosa experiencia de lectura.

04 de 19

«La vida de ensueño de Sukhanov», de Olga Grushin

La novela de Grushin no recibe la misma atención que, digamos, «1984», pero es igualmente aterradora en la forma en que describe lo que es vivir en una dictadura distópica. Sukhanov, que una vez fue un artista en ascenso, renuncia a sus ambiciones para seguir la línea del Partido Comunista y sobrevivir. En 1985, un anciano que ha logrado sobrevivir a través de la invisibilidad y el estricto cumplimiento de las reglas, su vida es un caparazón vacío sin sentido, una existencia fantasmal donde no puede recordar el nombre de nadie porque simplemente no importa.

05 de 19

«Anna Karenina», de Leo Tolstoy

Desde su línea de apertura imperecedera sobre familias felices e infelices, la novela de Tolstoi sobre los enredos románticos y políticos de tres parejas sigue siendo notablemente fresca y moderna. En parte, esto se debe a los temas universales del cambio social y la forma en que las personas reaccionan a las expectativas cambiantes, algo que siempre será significativo para las personas de cualquier época. Y en parte se debe al enfoque fundamental que tiene la novela en asuntos del corazón. Cualquiera que sea el aspecto que le atraiga, vale la pena explorar esta densa pero hermosa novela.

06 de 19

«El tiempo: noche», de Lyudmila Petrushevskaya

Esta intensa y poderosa historia se presenta como un diario o diario encontrado después de la muerte de Anna Andrianovna, que detalla su lucha cada vez más sombría y desesperada por mantener unida a su familia y apoyarla a pesar de su incompetencia, ignorancia y falta de ambición. Esta es una historia de la Rusia moderna que comienza deprimente y empeora a partir de ahí, pero en el camino ilumina algunas verdades fundamentales sobre la familia y el autosacrificio.

Continuará…

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

FUENTE RESPONSABLE: Literatura rusa. Febrero 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Obras/Libros/Narrativa/Sinopsis.

Imago Mundi. Libros para tiempos de barbarie y civilización – Parte 1/2

Si deseas conocer mas sobre este tema, cliquea por favor donde se encuentra escrito en “negrita”. Muchas gracias.

Arte y Letras

La Universidad de Sevilla organiza la exposición Imago Mundi, dedicada al libro como representación del mundo, en la que dialogan incunables, obras maestras del pasado y artistas del presente. En esta exposición podremos contemplar desde el Astronomicum caesareum de Petrus Apianus a una de las veintidos Biblias de Gutenberg que aún se conservan en la actualidad. 

imago

Cardenal Petrus de Alliaco Tractatus de ymagine mundi, et al.

Lovaina, 1480-1482 Catedral de Sevilla. Biblioteca Capitular Colombina

La imagen y la palabra han ido conformando a lo largo de la historia la visión del mundo, siempre en continuo proceso de construcción simbólica y real, mutable unas veces, sólida otras, tanto como la propia conformación de los relatos de viajes o de los mapas cartográficos que fueron ensanchando los límites de lo real y arrinconando los relatos fantásticos y mitológicos de lo diferente y de las tierras allende los mares, de lo no conocido y cambiante. El orden y la simetría del mundo se encerraba en cada página, en cuarenta renglones, cada renglón en ochenta letras de color negro que uniformaban cada libro de la biblioteca infinita soñada de Borges.

Son libros que poseen una narrativa y una armonía interna que se mantiene por sí misma, a la que cada tiempo, cada civilización vuelve una y otra vez. Por este motivo, estas obras dialogan con un conjunto de libros de artistas contemporáneos y fruto de esa conexión surgen reflexiones sobre cómo se ha observado, leído y representado el mundo a lo largo de la historia.

La creación de archivos y bibliotecas ha permitido salvaguardar el germen y el desarrollo de la civilización frente a la estrategia y amenaza de la desinformación. El esfuerzo por mantener viva la herencia de la cultura clásica, la elaboración costosa de manuscritos e incunables y, posteriormente, las ediciones impresas que difundieron universalmente los saberes, conformaron el conocimiento y la imagen del mundo.

Esta muestra reflexiona sobre el libro como fuente de conocimiento y cómo ha ido moldeando la vida, la representación y la transformación del territorio y de la ciudad. Los libros y los documentos fueron los depositarios del conocimiento y permitieron consolidar paso a paso los cimientos de la civilización como se refleja en las bibliotecas públicas o privadas que se fueron abriendo en las principales ciudades. La incorporación de xilografías, grabados, fotografías… a los libros permitió moldear el mundo, darlo a conocer masivamente y transformarlo merced a este conocimiento en una civilización cada vez más subyugada por la cultura de la mirada. Pero a su vez, la destrucción de esos contenedores del saber que son las bibliotecas y la quema o expurgos de los libros se convierten en epítomes de la barbarie, de la erradicación del individuo, de la comunidad y de su obra.

Los libros han permitido a sus lectores viajar con ellos a través de sus páginas y han ensanchado también el horizonte al divulgar a través de los descubrimientos nuevos continentes o al ilustrar el conocimiento del cielo y el firmamento. Libros que se convierten en maletas para viajar en tiempos de incertidumbre.

De acuerdo con estos propósitos, la exposición se articula en cuatro niveles:

La ciudad y los libros. Fragmentos del individuo

La palabra revelada

El control de la memoria. El naufragio del papel

El viaje de los libros

Útiles de escritura y soportes de papel

Se exponen un conjunto de instrumentos y soportes de la escritura, desde los metales y pétreos, como los mandamientos de la antigua ley judía, hasta los cerámicos, el pergamino y el papel, a la vez que se reúnen además aquellos utensilios que permitieron la escritura manuscrita desde estilos hasta cáñamos y tinteros que conformaron con el tiempo los libros como los conocemos.

Los estudios monásticos permitieron salvaguardar el conocimiento mediante la copia manuscrita. Esos estudios se recrean en grabados como el de Cicerón o en aquellas representaciones como la de san Jerónimo que nos lo muestran trabajando en el estudio, pues la única forma de escritura de los libros era a mano. Producir un libro de varios ejemplares se realizaba con el arduo trabajo de escribirlos al dictado. El resultado en el medievo eran obras únicas, muy caras y de muy limitada difusión como las que se copiaron en los monasterios que permitió que llegase el conocimiento de la cultura clásica, aunque estuviesen al alcance de una minoritaria élite alfabetizada. Poetas y filósofos fueron retratados y sus esculturas aparecían en las bibliotecas donde se concentraba la cultura grecorromana.

Torre de Babel

La Torre de Babel representa al mismo tiempo la capacidad técnica imprevisible del ser humano y el recordatorio de que no se debe pretender ser más que los dioses. Es una metáfora pionera de la construcción en un ignoto lugar donde surgió la palabra arquitectura, acontecimiento que viene a narrar el origen común del lugar y la palabra. Partiendo del mito bíblico de la Torre de Babel, expuesto en la pintura en la que Dios castiga la osadía de la humanidad con la confusión de las lenguas; Luis Mayo ha codificado desde la matriz común de la tradición iconográfica, una moderna Babel, en proceso de construcción, inspirándose en la tabla de Brueghel el Viejo.

Babel simboliza el gran mito bíblico sobre la narración del lenguaje y de la arquitectura, cuyos ecos iconográficos, semánticos, políticos y sus significados esotéricos y masones han reactualizado un tema que ha evolucionado a lo largo de los siglos en la cultura visual occidental como un hogar inicial del conocimiento y de la arquitectura, una utopía humana en proceso de elaboración acorde al proceso de cambio que vivimos, a la metamorfosis y arquetipos de la cultura vigente en tiempos efímeros y cambiantes, en las versiones de Pérez Villalta o de Curro González, más cercanas al tratado que le dedicó Athanasius Kircher. Un símbolo de la ciudad de un mundo que se ha hecho inacabable.

Imago mundi

El libro escrito por Pierre d’Ailly (1350-1420), prelado y teólogo francés, compendiaba el estado de la cosmografía, geografía y astronomía en la primera mitad del siglo XV. Es una edición incunable, conservada en la Biblioteca Colombina, que fue impresa en Lovaina por Johannes de Westfalia entre 1477 y 1483. El ejemplar contiene manuscrita las tablas de los equinoccios y horas de salida y puesta de sol. Comienza, además, con una advertencia relativa a las ocho figuras, esferas celestes y terrestres, que aparecen en las cuatro hojas, coloreadas, que siguen a estas tablas. Existen otras figuras, también con vistosos colores, que ilustran el texto, como la consistente en dos círculos destinada a calcular el día en que se debe celebrar la Pascua.

El libro era propiedad de Cristóbal Colón, dejado junto a otros impresos y el volumen manuscrito Libro de las Profecías, a su hijo Hernando Colón. Fue consultado por el Almirante y su hermano Bartolomé, que incorporaron notas manuscritas, que se aprecian en los márgenes con llamadas, noticias u observaciones propias del apostillado para aclarar y corregir ideas del libro. Así, por ejemplo, Colón señala su extrañeza por la duración del viaje de las naves romanas a la isla de Taprobana o en otra identifica Sophora como la isla Española. Bartolomé de las Casas consultó este ejemplar para componer noticias relativas a las vidas de los hermanos Colón.

San Isidoro

El retrato que hace Murillo de san Isidoro determina la relación con la Iglesia de Sevilla, de la que fue arzobispo durante más de tres décadas. Isidoro de Sevilla llevó a cabo una intensa actividad literaria, de la que son fruto numerosas obras de carácter teológico, escriturístico, litúrgico, monástico, histórico y cultural. Las Etimologías constituyen la primera enciclopedia conocida, siendo concluida en torno al 634. Se trata de su obra más estudiada, de todas las que escribió el gran polígrafo hispalense y constituye uno de los pilares fundamentales del medievo. El libro que se expone es una edición del siglo XVI, destacando por su rigor científico, su extraordinaria erudición y su enorme dominio del saber antiguo. Las Etimologías transmitieron al medievo una buena parte del conocimiento del caudal enciclopédico de la cultura clásica.

En sus veinte libros divididos en 448 capítulos se tratan todos los ámbitos del conocimiento y de la vida cotidiana: Astronomía, Geometría, Geografía, Derecho, Arte, Teología, Historia, Literatura, Ciencias Naturales, desde los saberes clásicos a aspectos cotidianos como la agricultura, los adornos, los vestidos o el calzado de la época.

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Andrea Palladio – I quattro libri dell’architettura – Venecia, 1570. Universidad de Sevilla – sección 1

Imagen de portada: Gentileza de Jot Down

FUENTE RESPONSABLE: JOT DOWN – Arte y Letras. IMAGO MUNDI.  Por Luis Méndez

Literatura/Libros y Arte/Escritores/Sociedad y Cultura

¿Por qué Aristóteles pensaba que teníamos un refrigerador en la cabeza? (Y otras curiosidades sobre lo que sabemos del cerebro).

Ignacio Morgado es catedrático de psicobiología en el Instituto de Neurociencias y en la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Barcelona, de la que es decano fundador.

¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Dónde estoy?

Son los interrogantes que nuestros primitivos antepasados se formularon al observar el mundo que les rodeaba, buscando los entresijos sobre cómo funciona el cuerpo y la mente, propone el neurocientífico español Ignacio Morgado.

Son también las preguntas que inician «Materia gris» (2021), el libro más reciente del catedrático de psicobiología de la Universidad Autónoma de Barcelona, un recorrido histórico-científico en el que nos invita a descubrir «la apasionante historia del conocimiento del cerebro».

«Asumir que pensamos con otro órgano del cuerpo que no sea el cerebro sería algo impensable para una persona culta de nuestros días. Pero lo cierto es que no hay ninguna señal, sentido o sentimiento especial que nos indique, ni siquiera de manera intuitiva, que pensamos con lo que hay dentro de nuestra cabeza», dice el escritor al analizar las dificultades de nuestros antepasados por resolver las incógnitas.

Morgado, autor de más de un centenar de trabajos de psicobiología y neurociencia, expone en «Materia gris» todo lo que hemos aprendido sobre el cerebro y la mente «y lo mucho que nos queda por aprender».

¿Cuánto sabemos realmente sobre el cerebro y por qué sigue siendo el órgano más complejo y misterioso del cuerpo humano? En esta entrevista, que inaugura la versión digital de Hay Festival Arequipa*, el neurocientífico nos da algunas respuestas.

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«Lo que hoy nos resulta conocido y nos parece normal, tiempo atrás fue desconocido y misterioso», cuenta en tu libro. ¿Por qué nos costó tanto comprender para qué sirve el cerebro?

¡Uy! Es que esto de que sepamos que pensamos con el cerebro es muy nuevo. Yo les digo muchas veces a mis alumnos: «Sé que están seguros de que pensamos con el cerebro, pero ¿cómo lo saben? ¿Es que sienten el cerebro pensando o trabajando?»

Pues no, la verdad es que no lo sentimos. No hay nada que nos diga, ni siquiera intuitivamente, que pensamos con el cerebro. Lo sabemos porque nos lo ha enseñado la ciencia, la cultura, el conocimiento.

Tanto es así, que durante siglos hubo mucha gente que creía que no era el cerebro, sino otros órganos del cuerpo, los que nos permitían pensar y razonar.

cerebro

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

El cerebro: todo un misterio.

Además, se tardó mucho en creer que las enfermedades mentales eran del cerebro. Hoy nos parece natural, pero durante mucho tiempo se creyó que eran algo espiritual.

Como los «espíritus naturales» que el médico y filósofo griego Claudio Galeno propuso como «instrumentos del alma». ¡Qué historia tan fascinante!

En la Antigüedad no sabían cómo funcionaba el cerebro ni todo lo que hace, pero pensaban que algo tenía que haber allí dentro. ¡Es apasionante hablar sobre ello!

«¿Qué hará funcionar a los nervios? ¡Ahí tiene que haber algo! Por los nervios tiene que viajar algo que vaya hasta los músculos para que estos se contraigan y andemos o hablemos o nos movamos», se preguntaban.

Pero en aquellos tiempos antiguos no se sabía nada de la electricidad, que hoy sabemos que es la clave del funcionamiento de las neuronas.

Cualquiera de nosotros habría recurrido también entonces a una explicación rara, que hubiera podido llamar «espíritus» que se transforman para hacer posible las diferentes funciones del cuerpo, como propuso Galeno, el gran médico de la Antigüedad, al hablar de «espíritus naturales» y de «espíritus animales».

neuronas

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Ahora sabemos que nuestras neuronas funcionan con electricidad, pero no fue fácil descubrirlo.

Hoy podemos pensar que estaban muy equivocados y confundidos, pero probablemente las mentes más lúcidas de la época sabían que esos «espíritus» eran algo que un día llegaríamos a conocer con más exactitud.

Eso fue lo que ocurrió cuando mucho más adelante, a mitad del siglo XVIII, el italiano Luigi Galvani empezó a descubrir con sus experimentos con ranas que la electricidad podía hacer que los músculos se contrajeran, lo cual le permitió saber que el cerebro produce su propia electricidad.

Y ahora sabemos que cada neurona es como una pequeña central eléctrica y que el cerebro es, junto al sistema digestivo, el órgano que más energía gasta de nuestro cuerpo.

En algún momento hasta se dijo que el cerebro era un refrigerador, tal vez no andaban tan desencaminados…

¡Sí! Fue Aristóteles quien lo dijo, el gran padre de la filosofía.

Estudiar el pensamiento de Aristóteles resulta fascinante porque sus propios errores están basados en grandes aciertos, en cosas que él veía y que le parecían muy normales para entender que el cerebro no podía ser el órgano de la sensibilidad.

Aristóteles se aproximaba al corazón como el órgano de la sensibilidad, creía que era el órgano que nos permitía pensar y razonar. Pero el cerebro tenía que servir para algo… ¡no iba a estar ahí por nada!

Según Aristóteles, teníamos un refrigerador en la cabeza. Es una teoría increíble.

Retrato de Aristóteles. Museo Nationale, Nápoles (Italia).

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

El cerebro es un refrigerador, pensó Aristóteles.

Al observar la estructura del cerebro, pensó que era un refrigerador de la sangre. 

El corazón, como es el órgano de las pasiones, calentaba mucho la sangre cuando estaba apasionado, y esta se refrigeraba en el cerebro, que la devolvía al resto del cuerpo para que siguiera funcionando con normalidad.

Tardamos mucho en dejar atrás esas ideas. Incluso hoy día muchas personas siguen atribuyéndole al corazón una capacidad cognitiva, mental, que no tiene.

¿Por qué seguimos aferrándonos a esa teoría? ¿Por qué sigue vigente la dicotomía entre cerebro y corazón?

¡Es que es mucho más bonito un corazón con una flecha clavada que un cerebro que tiene ese aspecto tan… tosco! [risas]

El corazón es más bien rojo y el cerebro es oscuro, estratificado. No es un órgano que invite a llamar la atención desde un punto de vista estético; el corazón, sí. Ligarlo a las emociones y a los sentimientos es algo a lo que ya estamos absolutamente provistos.

¿Tan poco sabemos sobre el cerebro?

Bueno, cuando viene alguien a la universidad y me pregunta: «Ignacio, ¿es cierto que sabemos muy poco sobre el cerebro?» Le enseñó un libro muy gordo que tengo en mi despacho sobre neurociencia, se lo pongo en sus manos y le digo: «Ojea ese libro, ¿tú crees que eso es saber poco?» Y me suelen responder: «¡No, no! ¡Esto es saber muchísimo!» [risas].

Y es que hemos aprendido muchísimo sobre el funcionamiento del cerebro, sobre todo después de que nuestro compatriota español Santiago Ramón y Cajal descubriera cómo son las neuronas, que son células individuales que se conectan entre sí por contacto, pero no por continuidad, y que eso convierte al cerebro en un órgano inteligente.

Hemos aprendido muchísimo, pero nos quedan muchas cosas por aprender.

cerebro

FUENTE DE LA IMAGEN – SCIENCE & SOCIETY PICTURE LIBRARY

El cerebro no tiene un aspecto precisamente… romántico.

Pero por más que hayamos aprendido, sabemos mucho más sobre la mente que sobre el cerebro, ¿no?

¡Absolutamente! Y eso es porque la mente se empezó a conocer -hasta donde es posible conocerla- mucho antes que el cerebro.

Los grandes pensadores de la Antigüedad sabían muchísimo de la mente humana, aunque no supieran nada del cerebro. Y los escolásticos medievales escribieron tratados sobre la mente humana que aún hoy tienen una validez extraordinaria.

Todavía hoy se sigue separando la mente del cerebro; se sigue pensando que lo mental es algo espiritual, diferente del cerebro y del cuerpo, a raíz de ese dualismo que propusieron primero los escolásticos y más adelante el filósofo francés René Descartes (alma-cuerpo).

Y cuando comenzó a estudiarse más el cerebro, afloraron algunas ideologías racistas y machistas que resumes en tu libro. ¿Cómo se llegó a ese punto?

En Estados Unidos, el investigador de origen suizo Louis Agassiz empezó a proponer que el cerebro de los negros era inferior al de los blancos y que, por lo tanto, los negros solo tenían que hacer trabajos de menor entidad; nada de trabajos intelectuales ni de convertirse en la élite social.

Más adelante, los nazis intentaron hacer eugenesia. El militar y psiquiatra nazi Max de Crinis le aportó a Adolf Hitler la teoría de la «muerte gentil» y se puso en marcha un macabro programa para eliminar a los «débiles» y a los enfermos mentales y crear una raza «superior», que para ellos era la aria.

Se ha demostrado claramente a lo largo del tiempo que ninguna raza es inferior a otra por su cerebro o por su genética, pero ellos tenían que justificar ese racismo ideológico, que ha sido uno de los mayores males que ha padecido la humanidad.

También hubo teorías que decían que el cerebro de la mujer era inferior al del hombre, algo que por suerte ya hemos superado.

Pero ahora está circulando un libro que habla sobre la «supremacía femenina». 

Para justificar, hay científicos que se agarran a los datos que le vienen bien, pero se olvidan de otros que no encajan en su teoría. Me da la impresión de que esa no es la mejor manera de ayudar a la igualdad entre hombres y mujeres.

Dices que ahora ya sabemos mucho más sobre el cerebro, pero ¿cuáles son las asignaturas pendientes más importantes?

Nuestra gran asignatura pendiente es descubrir cómo curar las enfermedades mentales y neurológicas, particularmente esas a las que tenemos tanto miedo, como el alzhéimer.

Después hay cosas que nos interesan más desde un punto de vista filosófico o que nos interesan más a los científicos, cómo las neuronas hacen posible la conciencia, la subjetividad o la imaginación.

scáner de persona con alzéhimer

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

La cura de la demencia es una de nuestras asignaturas pendientes. En la imagen, el cerebro de una persona con alzhéimer.

Hay tanto que nos queda por saber… ¡Es impresionante! Tenemos un cuerpo que podemos ver y tocar y que nos parece algo muy comprensible, pero cuando pensamos en nuestra imaginación, en nuestros pensamientos, en nuestra mente… ¿Eso qué es? ¿Qué es eso? ¿Eso es aire? ¿Es humo? ¿Son otra vez los espíritus (naturales) que han vuelto? [risas]

¡Y mira que nos cuesta salir de los espíritus! Cuando una cosa nos resulta muy complicada, los seres humanos tenemos tendencia a explicar de una forma extranatural, creyendo que hay cosas que nos superan, que van más allá de nosotros.

Esa incapacidad que tiene el cerebro humano de entender ciertas cosas de nuestra propia mente es precisamente lo que hace que existan tantas creencias sobrenaturales y que los seres humanos hayamos vivido desde la más remota Antigüedad hasta el presente sumergidos en ellas.

Nuestra gran asignatura pendiente sobre el cerebro es descubrir cómo curar las enfermedades mentales».

Ignacio Morgado

Psicobiólogo y neuro investigador

Si pudiéramos entender todo eso que llaman los misterios de nuestra conciencia y de nuestra subjetividad, lo más profundo de la mente humana, probablemente muchas ideologías religiosas y sobrenaturales no existirían.

La ciencia todavía no es capaz de explicar bien muchas cosas que van más allá de nosotros mismos, y yo tengo la impresión de que el cerebro humano no ha evolucionado lo suficiente como para entenderlas.

¿Y si lo lográramos? ¿Y si algún día pudiéramos comprender realmente cómo funciona nuestro cerebro?

Pero yo me pregunto: ¿por qué vamos a creer que nuestro cerebro tiene capacidad para entenderlo todo? «¡No puede ser que todavía no alcancemos a entender ciertas cosas!», nos decimos. Tenemos ansia de saber.

Un chimpancé no puede entender qué es una raíz cuadrada o el concepto de entropía. Su cerebro no tiene la capacidad para comprender ciertas cosas, por eso no tratamos de enseñarles. Pero tampoco se pregunta qué es la imaginación, qué es la subjetividad o cómo el cerebro crea la consciencia.

cerebro

FUENTE DE LA IMAGEN – JUMPSTART STUDIOS/GETTY IMAGES

¿Y si nuestra capacidad por saber es superior a nuestro propio cerebro?

Si el chimpancé tuviera un cerebro humano, podría hacer raíces cuadradas pero también tendría un problema que ahora no tiene y se preguntaría sobre todas esas cosas. [risas]

Eso es lo que nos puede pasar a nosotros también. Dentro de unos cuantos años puede que ya sepamos qué es la subjetividad y entendamos cómo la crea el cerebro, pero entonces tendremos otros problemas que ahora ni siquiera somos capaces de imaginar.

Muchas de las cosas que nos preguntamos son una creación de nuestra propia mente. Y creemos que las preguntas que nos hacemos son absolutas, que estarían ahí aunque nosotros no existiéramos.

«¿Por qué las cosas tienen que tener un principio y un fin?» Si no existiera ningún cerebro ni ninguna mente humana que la creara, esa pregunta no tendría sentido. Pero nuestra mente es como es y necesita saber por qué pasan las cosas.

¿Por qué somos así? Algún día lo sabremos. Pero entonces tendremos nuevas preguntas. Siempre habrá incógnitas que nos superen.

Línea

*Este artículo forma parte de la versión digital del Hay Festival Digital Arequipa, Perú, un encuentro de escritores y pensadores que se realiza entre el 1 y el 7 de noviembre.

Imagen de portada: Gentileza de BBC Mundo

FUENTE RESPONSABLE: BBC Mundo por Lucia Blasco/HayFestivalArequipa@BBCMundo

Sociedad/Cultura/Historia/Libros/Ciencia

Para tod@s ustedes; amig@s virtuales amantes de las letras…

Cuentos breves. Hoy: “El mensaje de Auster”

Este relato empieza hablando de libros. También podría comenzar hablando de la soledad, pero prefiero comenzar hablando de libros, es más amable. De todas formas, la soledad va a estar allí, al final, pesada, vacía y silenciosa. Entonces, empiezo de la siguiente manera: alguien durante una charla me pide que nombre cinco libros especiales para mí. 

 

“Tus cinco libros”, dice. Respondo: “Difícil, apenas cinco”. Pero, al final, digo: “La Divina Comedia”. La leí por primera vez de muy joven, en una edición con largas notas al pie. Me impresionó desde aquellas notas, lo que había detrás de cada verso. Más tarde, sí, disfruté de los versos, y del Infierno. Sigo. “El Lobo Estepario”, Hemann Hesse. También lo he leído de muy joven. Por entonces, tuve la sensación de que estaba descubriendo las grietas de un alma torturada. Fue inquietante a mis 16 años. Casi como si leyera una especie de pornografía. 

Después, no me ocurrió más con ese libro. Tercero. “El Oficio de Vivir. El Oficio de Poeta”. Cesare Pavese. Ahí sí, un alma torturada que es capaz de desnudarse y desnudarte en frases a lo largo de toda tu vida. No se lo recomendaría a mis hijos. Cuarto. “1Q84”, los tres volúmenes de Murakami. La idea de mundos paralelos que se diferencian por detalles menores, marginales. A veces creo que existen esos planos de la existencia y que uno, incluso, puede ir alternando entre ellos sin darse cuenta y, sobre todo, sin estar loco. Vas por una calle de tu propio barrio por la que caminas todos los días y de pronto te topas con una fachada que nunca antes habías visto. 

No encuentras explicación. ¿Y esto? Ocurre. Un amigo, los llama “errores de la Matrix”. Piensa que vivimos en un programa de simulación al que, de tanto en tanto, se le tilda el disco. Yo me inclino por estos mundos paralelos. 

Por último, “El Palacio de la Luna”, de Paul Auster. Hago una aclaración: mis autores ineludibles son Popper, Auster y Borges. ¿Por qué elijo un libro de Auster y ninguno de los otros dos? Por una sola razón: Auster escribió una escena de la trama de “El Palacio de la Luna” pensando en mí, en advertirme lo que algunos años más tarde me ocurriría. 

No estoy diciendo que me sentí identificado con la escena, como sí me ocurrió con tantas escenas de tantos otros libros. Sino que Auster, quien por supuesto no sabe ni remotamente de mí, dijo al escribirla con toda su convicción: “Fernando, esta escena es sobre vos. Lo lamento tanto…”. 

Me refiero a cuando el personaje Marco S. Fogg viaja a encontrarse con su padre, del que acaba de conocer su existencia de manera fortuita. 

Es un hombre enorme, obeso, su padre, quien por una circunstancia de la novela cae de espaldas dentro de una tumba abierta de donde deben rescatarlo con una grúa. Está gravemente herido y queda internado. Marco lo visita diariamente en el hospital a lo largo de un mes. 

El padre herido apenas si se alimenta por una sonda y va perdiendo peso hasta morir, y en ese cambio de apariencia producto de la llegada de la muerte, el hijo finalmente descubre su propio rostro. En las facciones de su padre, hasta entonces ocultas por la obesidad, ve frente a frente su origen. Y entonces, sí, al reconocerse en su padre, llora; tal vez porque, en última instancia, siempre se llora por uno.

   El mío, mi padre, se enfermó unos cuatro años después de que la novela “El Palacio de la Luna” llegará traducida a la Argentina. 

Era un tipo gordo, mi padre, un tipo gordo mediterráneo, que amaba leer y conversar y que, además, amaba que yo fuera un muchacho flaco y deportista. Los dos teníamos los mismos ojos verdes. Estuvo internado dos meses, también terminal, también perdiendo peso, también unificando facciones con las mías. Cuando nos miramos justo antes de que lo sedaran, nos encontramos en nuestros ojos idénticos, y yo a su vez no pude evitar oírlo a Auster. 

De pronto, ahí, muriendo en esa cama, también estaba yo, mi rostro de carne y hueso, dentro de algunos años. 

“Esta escena va para vos… Lo lamento tanto…”, me había advertido Auster, cuatro años antes y, claro, por entonces, no lo había oído.

Imagen de la Portada: Ilustración: Guillermo Arena

FUENTE RESPONSABLE: La Nueva por  Fernando Monacelli 

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