5 poemas de Alejandra Pizarnik

Fue una de las grandes voces de la generación del sesenta. Considerada como una de las poetas surrealistas más importantes de Argentina y América Latina. Aquí puedes leer 5 poemas de Alejandra Pizarnik.

Cenizas

La noche se astilló de estrellas

mirándome alucinada

el aire arroja odio

embellecido su rostro

con música.

Pronto nos iremos

Arcano sueño

antepasado de mi sonrisa

el mundo está demacrado

y hay candado pero no llaves

y hay pavor pero no lágrimas.

¿Qué haré conmigo?

Porque a Ti te debo lo que soy

Pero no tengo mañana

Porque a Ti te…

La noche sufre.

Cuarto solo

Si te atreves a sorprender

la verdad de esta vieja pared;

y sus fisuras, desgarraduras,

formando rostros, esfinges,

manos, clepsidras,

seguramente vendrá

una presencia para tu sed,

probablemente partirá

esta ausencia que te bebe.

Despedida

Mata su luz un fuego abandonado.

Sube su canto un pájaro enamorado.

Tantas criaturas ávidas en mi silencio

y esta pequeña lluvia que me acompaña.

Exilio

A Raúl Gustavo Aguirre

Esta manía de saberme ángel,

sin edad,

sin muerte en qué vivirme,

sin piedad por mi nombre

ni por mis huesos que lloran vagando.

¿Y quién no tiene un amor?

¿Y quién no goza entre amapolas?

¿Y quién no posee un fuego, una muerte,

un miedo, algo horrible,

aunque fuere con plumas,

aunque fuere con sonrisas?

Siniestro delirio amar a una sombra.

La sombra no muere.

Y mi amor

sólo abraza a lo que fluye

como lava del infierno:

una logia callada,

fantasmas en dulce erección,

sacerdotes de espuma,

y sobre todo ángeles,

ángeles bellos como cuchillos

que se elevan en la noche

y devastan la esperanza.

Hija del viento

Han venido.

Invaden la sangre.

Huelen a plumas,

a carencias,

a llanto.

Pero tú alimentas al miedo

y a la soledad

como a dos animales pequeños

perdidos en el desierto.

Han venido

a incendiar la edad del sueño.

Un adiós es tu vida.

Pero tú te abrazas

como la serpiente loca de movimiento

que sólo se halla a sí misma

porque no hay nadie.

Tú lloras debajo del llanto,

tú abres el cofre de tus deseos

y eres más rica que la noche.

Pero hace tanta soledad

que las palabras se suicidan.

Imagen de portada: Alejandra Pizarnik (Archivo)

FUENTE RESPONSABLE: Zenda; Apuntes, Libros y Cía. Por Laura Di Verso. Marzo 2018

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía/Nuestros escritores.

 

5 poemas de Rafael Alberti

Fue uno de los poetas más reconocidos de la Generación del 27. Su activismo político le obligó a exiliarse hasta el comienzo de la democracia en España. A continuación os ofrecemos 5 poemas de Rafael Alberti.

A galopar

Las tierras, las tierras, las tierras de España,

las grandes, las solas, desiertas llanuras.

Galopa, caballo cuatralbo,

jinete del pueblo,

al sol y a la luna.

¡A galopar,

a galopar,

hasta enterrarlos en el mar!

A corazón suenan, resuenan, resuenan,

las tierras de España, en las herraduras.

Galopa, jinete del pueblo

caballo de espuma

¡A galopar,

a galopar,

hasta enterrarlos en el mar!

Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie;

que es nadie la muerte si va en tu montura.

Galopa, caballo cuatralbo,

jinete del pueblo

que la tierra es tuya.

¡A galopar,

a galopar,

hasta enterrarlos en el mar!

Cúbreme, amor, el cielo de la boca

Cúbreme, amor, el cielo de la boca

con esa arrebatada espuma extrema,

que es jazmín del que sabe y del que quema,

brotado en punta de coral de roca.

Alóquemelo, amor, su sal, aloca

Tu lancinante aguda flor suprema,

Doblando su furor en la diadema

del mordiente clavel que la desboca.

¡Oh ceñido fluir, amor, oh bello

borbotar temperado de la nieve

por tan estrecha gruta en carne viva,

para mirar cómo tu fino cuello

se te resbala, amor, y se te llueve

de jazmines y estrellas de saliva!

La niña rosa, sentada

La niña rosa, sentada.

Sobre su falda,

como una flor,

abierto, un atlas.

¡Cómo la miraba yo

viajar, desde mi balcón!

Su dedo, blanco velero,

desde las islas Canarias

iba a morir al mar Negro.

¡Cómo la miraba yo

morir, desde mi balcón!.

La niña, rosa sentada.

Sobre su falda,

como una flor,

cerrado, un atlas.

Por el mar de la tarde

van las nubes llorando

rojas islas de sangre.

Metamorfosis del clavel

Al alba, se asombró el gallo.

El eco le devolvía

voz de muchacho.

Se halló signos varoniles,

el gallo.

Se asombró el gallo.

Ojos de amor y pelea,

saltó a un naranjo.

Del naranjo, a un limonar;

de los limones a un patio;

del patio, saltó a una alcoba,

el gallo.

La mujer que allí dormía

le abrazó.

Se asombró el gallo.

Te digo adiós, amor, y no estoy triste

Te digo adiós, amor, y no estoy triste.

Gracias, mi amor, por lo que ya me has dado,

un solo beso lento y prolongado

que se truncó en dolor cuando partiste.

No supiste entender, no comprendiste

que era un amor final, desesperado,

ni intentaste arrancarme de tu lado

cuando con duro corazón me heriste.

Lloré tanto aquel día que no quiero

pensar que el mismo sufrimiento espero

cada vez que en tu vida reaparece

ese amor que al negarlo te ilumina.

Tu luz es él cuando mi luz decrece,

tu solo amor cuando mi amor declina.

Imagen de portada: Gentileza de Zenda

FUENTE RESPONSABLE: Zenda; Libros, Apuntes y Cía. Diciembre 2017. Editor Arturo Pérez-Reverte

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía

 

 

5 poemas de Manuel Acuña

Poeta mexicano del siglo XIX. Su vida fue tan breve que de él dijo José Martí: «¡Lo hubiera querido tanto, si hubiese él vivido!». Os ofrecemos 5 poemas de Manuel Acuña.

A una flor

Cuando tu broche apenas se entreabría

para aspirar la dicha y el contento

¿te doblas ya y cansada y sin aliento,

te entregas al dolor y a la agonía?

¿No ves, acaso, que esa sombra impía

que ennegrece el azul del firmamento

nube es tan sólo que al soplar el viento,

te dejará de nuevo ver el día?…

¡Resucita y levántate!… Aún no llega

la hora de que en el fondo de tu broche

des cabida al pesar que te doblega.

Injusto para el sol es tu reproche,

que esa sombra que pasa y que te ciega,

es una sombra, pero aún no es la noche.

Adiós a México

Pues que del destino en pos

débil contra su cadena,

frente al deber que lo ordena

tengo que decirte adiós;

Antes que mi boca se abra

para dar paso a este acento,

la voz de mi sentimiento

quiere hablarte una palabra.

Que muy bien pudiera ser

que cuando de aquí me aleje,

al decirte adiós, te deje

para no volverte a ver.

Y así entre el mal con que lucho

y que en el dolor me abisma,

quiero decirte yo misma,

sepas que te quiero mucho.

Que enamorada de ti

desde antes de conocerte,

yo vine sólo por verte,

y al verte te puse aquí.

Que mi alma reconocida

te adora con loco empeño,

porque tu amor era el sueño

más hermoso de mi vida.

Que del libro de mi historia

te dejo la hoja más bella,

porque en esa hoja destella

tu gloria más que mi gloria.

Que soñaba en no dejarte

sino hasta el postrer momento,

partiendo mi pensamiento

entre tu amor y el del arte.

Y que hoy ante esa ilusión

que se borra y se deshace,

siento ¡ay de mí! que se hace

pedazos mi corazón…

Tal vez ya nunca en mi anhelo

podré endulzar mi tristeza

con ver sobre mi cabeza

el esplendor de tu cielo.

Tal vez ya nunca a mi oído

resonará en la mañana,

la voz del ave temprana

que canta desde su nido.

Y tal vez en los amores

con que te adoro y admiro

estas flores que hoy aspiro

serán las últimas flores…

Pero si afectos tan tiernos

quiere el destino que deje,

y que me aparte y me aleje

para no volver a vernos;

Bajo la luz de este día

de encanto inefable y puro

al darte mi adiós te juro,

¡oh dulce México mío!

Que si él con sus fuerzas trunca

todos los humanos lazos,

te arrancará de mis brazos

¡pero de mi pecho, nunca!

Hojas secas

I

Mañana que ya no puedan

encontrarse nuestros ojos,

y que vivamos ausentes,

muy lejos uno del otro,

que te hable de mí este libro

como de ti me habla todo.

II

Cada hoja es un recuerdo

tan triste como tierno

de que hubo sobre ese árbol

un cielo y un amor;

reunidas forman todas

el canto del invierno,

la estrofa de las nieves

y el himno del dolor.

III

Mañana a la misma hora

en que el sol te besó por vez primera,

sobre tu frente pura y hechicera

caerá otra vez el beso de la aurora;

pero ese beso que en aquel oriente

cayó sobre tu frente solo y frío,

mañana bajará dulce y ardiente,

porque el beso del sol sobre tu frente

bajará acompañado con el mío.

IV

En Dios le exiges a mi fe que crea,

y que le alce un altar dentro de mí.

¡Ah! ¡Si basta no más con que te vea

para que yo ame a Dios, creyendo en ti!

V

Si hay algún césped blando

cubierto de rocío

en donde siempre se alce

dormida alguna flor,

y en donde siempre puedas

hallar, dulce bien mío,

violetas y jazmines

muriéndose de amor;

yo quiero ser el césped

florido y matizado

donde se asienten, niña,

las huellas de tus pies;

yo quiero ser la brisa

tranquila de ese prado

para besar tus labios

y agonizar después.

Si hay algún pecho amante

que de ternura lleno

se agite y se estremezca

no más para el amor,

yo quiero ser, mi vida,

yo quiero ser el seno

donde tu frente inclines

para dormir mejor.

Yo quiero oír latiendo

tu pecho junto al mío,

yo quiero oír qué dicen

los dos en su latir,

y luego darte un beso

de ardiente desvarío,

y luego… arrodillarme

mirándote dormir.

VI

Las doce… ¡adiós…! Es fuerza que me vaya

y que te diga adiós…

Tu lámpara está ya por extinguirse,

y es necesario.

-Aún no-.

Las sombras son traidoras, y no quiero

que al asomar el sol,

se detengan sus rayos a la entrada

de nuestro corazón…

-Y, ¿qué importan las sombras cuando entre ellas

queda velando Dios?

-¿Dios? ¿Y qué puede Dios entre las sombras

al lado del amor?

-Cuando te duermas ¿me enviarás un beso?

-¡Y mi alma!

-¡Adiós…!

-¡Adiós…!

VII

Lo que siente el árbol seco

por el pájaro que cruza

cuando plegando las alas

baja hasta sus ramas mustias,

y con sus cantos alegra

las horas de su amargura;

lo que siente pro el día

la desolación nocturna

que en medio de sus angustias,

ve asomar con la mañana

de sus esperanzas una;

lo que sienten los sepulcros

por la mano buena y pura

que solamente obligada

por la piedad que la impulsa,

riega de flores y de hojas

la blanca lápida muda,

eso es al amarte mi alma

lo que siente por la tuya,

que has bajado hasta mi invierno,

que has surgido entre mi angustia

y que has regado de flores

la soledad de mi tumba.

Mi hojarasca son mis creencias,

mis tinieblas son la duda,

mi esperanza es el cadáver,

y el mundo mi sepultura…

Y como de entre esas hojas

jamás retoña ninguna;

como la duda es el cielo

de una noche siempre oscura,

y como la fe es un muerto

que no resucita nunca,

yo no puedo darte un nido

donde recojas tus plumas,

ni puedo darte un espacio

donde enciendas tu luz pura,

ni hacer que mi alma de muerto

palpite unida a la tuya;

pero si gozar contigo

no ha de ser posible nunca,

cuando estés triste, y en el alma

sientas alguna amargura,

yo te ayudaré a que llores,

yo te ayudaré a que sufras,

y te prestaré mis lágrimas

cuando se acaben las tuyas.

VIII

1

Aún más que con los labios

hablamos con los ojos;

con los labios hablamos de la tierra,

con los ojos del cielo y de nosotros.

2

Cuando volví a mi casa

de tanta dicha loco,

fue cuando comprendí muy lejos de ella

que no hay cosa más triste que estar solo.

3

Radiante de ventura,

frenético de gozo,

cogí una pluma, le escribí a mi madre,

y al escribirle se lo dije todo.

4

Después, a la fatiga

cediendo poco a poco,

me dormí y al dormirme sentí en sueños

que ella me daba un beso y mi madre otro.

5

¡Oh sueño, el de mi vida

más santo y más hermoso!

¡Qué dulce has de haber sido cuando aun muerto

gozo con tu recuerdo de este modo!

IX

Cuando yo comprendí que te quería

con toda la lealtad de mi corazón,

fue aquella noche en que al abrirme tu alma

miré hasta su interior.

Rotas estaban tus virgíneas alas

que ocultaba en sus pliegues un crespón

y un ángel enlutado cerca de ellas

lloraba como yo.

Otro tal vez, te hubiera aborrecido

delante de aquel cuadro aterrador;

pero yo no miré en aquel instante

más que mi corazón;

y te quise tal vez por tus tinieblas,

y te adoré, tal vez, por tu dolor,

¡que es muy bello poder decir que el alma

ha servido de sol…!

X

Las lágrimas del niño

la madre enjuga,

las lágrimas del hombre

las seca la mujer…

¡Qué tristes las que brotan

y bajan por la arruga,

del hombre que está solo,

del hijo que está ausente,

del ser abandonado

que llora y que no siente

ni el beso de la cuna,

ni el beso del placer!

XI

¡Cómo quieres que tan pronto

olvide el mal que me has hecho,

si cuando me toco el pecho

la herida me duele más!

Entre el perdón y el olvido

hay una distancia inmensa;

yo perdonaré la ofensa;

pero olvidarla… ¡jamás!

XII

¡Ah, gloria! ¡De qué me sirve

tu laurel mágico y santo,

cuando ella no enjuga el llanto

que estoy vertiendo sobre él!

¡De qué me sirve el reflejo

de tu soñada corona!

¡cuando ella no me perdona

ni en nombre de ese laurel!

XIII

La que a la luz de sus ojos

despertó mi pensamiento,

la que al amor de su acento

encendió en mí la pasión;

muerta para el mundo entero

y aun para ella misma muerta,

solamente está despierta

dentro de mi corazón.

XIV

El cielo muy negro, y como un velo

lo envuelve en su crespón la oscuridad;

con una sombra más sobre ese cielo

el rayo puede desatar su vuelo

y la nube cambiarse en tempestad.

XV

Oye, ven a ver las naves,

están vestidas de luto,

y en vez de las golondrinas

están graznando los búhos. . .

El órgano está callado,

el templo solo y oscuro,

sobre el altar… ¿y la virgen

por qué tiene el rostro oculto?

¿Ves?… en aquellas paredes

están cavando un sepulcro,

y parece como que alguien

solloza allí, junto al muro.

¿Por qué me miras y tiemblas?

¿Por qué tienes tanto susto?

¿Tú sabes quién es el muerto?

¿Tú sabes quién fue el verdugo?

La brisa

Aliento de la mañana

que vas robando en tu vuelo

la esencia pura y temprana

que la violeta lozana

despide en vapor al cielo.

Dime, soplo de la aurora,

brisa inconstante y ligera,

¿vas por ventura a esta hora

al valle que te enamora

y que gimiendo te espera?

¿O vas acaso a los nidos

de los jilgueros cantores

que en la espesura escondidos

te aguardan medio adormidos

sobre sus lechos de flores?

¿O vas anunciando acaso,

sopla del alba naciente,

al murmurar de tu paso,

que el muerto sol del ocaso

se alza un niño en Oriente?

Recoge tus leves alas,

brisa pura del Estío,

que los perfumes que exhalas

vas robando entre las galas

de las violetas del río.

Detén tu fugaz carrera

sobre las risueñas flores

de la loma y la pradera,

y ve a despertar ligera

al ángel de mis amores.

Y dile, brisa aromada,

con tu murmullo sonoro,

que ella es mi ilusión dorada,

y que en mi pecho grabada

como a mi vida la adoro.

La felicidad

Un cielo azul de estrellas

brillando en la inmensidad;

un pájaro enamorado

cantando en el florestal;

por ambiente los aromas

del jardín y el azahar;

junto a nosotros el agua

brotando del manantial

nuestros corazones cerca,

nuestros labios mucho más,

tú levantándote al cielo

y yo siguiéndote allá,

ese es el amor mi vida,

¡Esa es la felicidad!…

Cruza con las mismas alas

los mundos de lo ideal;

apurar todos los goces,

y todo el bien apurar;

de lo sueños y la dicha

volver a la realidad,

despertando entre las flores

de un césped primaveral;

los dos mirándonos mucho,

los dos besándonos más,

ese es el amor, mi vida,

¡Esa es la felicidad…!

Imagen de portada: Gentileza de Zenda

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Autores,libros y compañía. Por Laura Di Verso. Editor: Arturo Peréz-Reverte

Sociedad y Cultura/México/Literatura/Poesía

 

 

 

6 poemas de David Refoyo

David Refoyo es un poeta nacido en Zamora en 1983. Ha publicado Odio (2011), amor.txt (2014) y Donde la ebriedad (2017) en La Bella Varsovia, y El fondo del cubo (Visor, 2020), con el que recibió un accésit en el XXX Premio Internacional de Poesía Jaime Gil de Biedma. Es miembro del Seminario Permanente de Claudio Rodríguez. Presentamos una selección de textos de su último libro publicado y tres poemas inéditos.

Finde

para Tomás Sánchez Santiago

Dirá papá mejor al parque de atracciones

hija qué más arriesgado que bajar de la cruz con Van der Weyden

salir a tiempo del escape room de la familia de Felipe IV

engañar a Saturno que no pueda devorarnos con sus manos ciclópeas

buscas miedo un miedo controlado que derive en risa adrenalina

y si rendimos Breda y si paseamos por el tríptico de las delicias

qué sentiremos entonces si no es miedo ¿acaso belleza?

como si algo fuese más terrorífico que la belleza

que se va como quien parece no haber estado y expira y ya nunca regresa

y tú quieres ir al parque de atracciones y lo entiendo

a tu edad preferí el museo y mírame ahora viejo apocado

incapaz de mirar a los ojos a Velázquez

o sostener esa belleza entre mis versos en un segundo de luz

***

El guardián

A esas pinturas papá se dice cuadros se dice lienzos a esas pinturas

pásales un plumero un trapo seco dales un soplido pero no utilices químicos

un van Dyck un Rubens un Juan Gris un dibujo de Sorolla

las paredes de la casa son frías son como dormir en un museo sin que nadie mire

son frías porque el arte que desconocemos resulta ingrato y nos observa desde arriba

la Marquesa solo en los veranos el guarda de la finca el año entero

le digo Rubens con las cuatro pinceladas aprendidas en historia del arte

se encoge de hombros silba a los galgos tira mendrugos de pan con moje

agua hervida y pimentón típico de Castilla los podencos corren animosos

él mira de soslayo y disimula entre algazaras desmonta escopetas

las lubrica un paño con ungüento y tres en uno sobre los resortes

camina con los hombros encogidos toda la tarde

postura inmisericorde hasta que la Marquesa regrese a la ciudad

cuando septiembre se pose sobre las alas de las perdices

***

Poesía

Alguien en mitad de un prado un día de tormenta

el metálico sabor del ozono la lluvia helada

el riesgo de morir electrocutados

así veía la poesía

transformar lo cotidiano en un acontecimiento

qué equivocado estuve padre

debí fijarme en ti mucho antes

debí conformarme con ser tan solo el hijo

***

Rosa

Odiaba el rosa

quería ser uno de esos padres modernos

transgresores distintos

hacer de ti una mujer no sexualizada

que eligieras tu camino

Te preguntaba qué querías

que aprendieras a tomar tus decisiones

y decías muñeca peine fregona

decías carrito de la compra o de bebé

Vestías de rosa porque te gustaba

el rosa el rosa que tanto había odiado

desde siempre el color de las niñas

el color de los pijos y ahora yo también

visto el rosa y juego con muñecas

me pongo prendedores y diademas lazos

ahora tomas las decisiones por los dos

***

Caza

Trato de cazar este poema

pero revoloteas alrededor

dónde está el babero dónde qué

un oso de peluche a mi lado

le das de comer maíz

que robamos de una finca

preguntas por la basura la plastilina

tus palabras ahuyentan a las mías

dos idiomas diferentes

[estancos]

Trato de cazar este poema

cierro el cuaderno con el portazo

que necesitan las cosas importantes

Olvidaré la idea y bajaré a la alfombra

como el jabalí a la viña

en busca del placer sencillo

Jugaré contigo quizá la única poesía

que en esta vida nueva de poeta

me interese

***

Humo

Huye de quien te diga resiliencia

Ya los indios hablaban a través del humo

Primero los exterminaron

luego les robaron el lenguaje

Así sucede siempre en la conquista

así sucede también en el amor.

Así en estos versos de hombre blanco

Imagen de portada: David Refoyo

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Autores, libros y compañía.Juan Domingo Aguilar. Editor Arturo Perez Reverte.Mayo 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía

Pier Paolo Pasolini , el poeta universal más iconoclasta

Galaxia Gutenberg edita «La insomne felicidad» en el centenario del nacimiento del poeta y cineasta italiano.

Corría el año 1957 y Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922-Ostia, 1975) publicaba Las cenizas de Gramsci (Garzanti), poemario que la valió el premio Viareggio y el reconocimiento y consagración como poeta, y que recoge íntegro la antología poética La insomne felicidad (Galaxia Gutemberg), que se acaba de publicar en este año de su centenario. Es una edición bilingüe, con selección y traducción del también poeta Martín López-Vega, quien en una acertada selección y traducción nos trae como un nuevo libro de poesía de Pasolini, al menos se lee como tal.

Aunque y bien lo sabemos: “Toda antología es una lectura por fuerza personal de la obra que se antóloga. El volumen de la obra poética de Pasolini hace que cualquier selección, por amplia que sea (y esta, sin duda lo es), recoja sólo una pequeña parte de la totalidad”. Creo que el poeta estaría de acuerdo con López-Vega y su lectura y le diría algo así: “Y ahora vuelvo a casa, rico de aquellos/ años tan nuevos que nunca habría pensado/ que llegaría a verlos envejecer dentro de un alma”.

Lo que más me llama la atención del poeta Pasolini, leyendo su obra y su vida, es la capacidad de ser coherente en las y sus contradicciones. Lo que me lleva a pensar en Lorca. Y tan es así que leyendo esta antología, he encontrado de nuevo a Pasolini. Todo él anida en estas 638 páginas. Y me ha llevado a pensar en Silvio Parrello, Er Pecetto, al que conocí en Tarragona gracias a Òscar Ramírez, junto a Giuseppe Lorin y Michela Zanarella, entre otros. “En medio de la pobre iglesia/ está llena de pecado tu oscuridad,/ pero en tu luz ligera/ ríe el destino de un ser puro”.

La antología recoge un poema de Los confines (1941-1942); seis poemas de La mejor juventud (1954); cinco de El ruiseñor de la Iglesia Católica (1943-1949; 1958); seis de Diarios 1943-1953; los 11 de Las cenizas de Gramsci (1957); 13 de La religión de mi tiempo (1961); 11 de Poesía en forma de rosa (1964); 16 de Transhumanar y organizar (1971) y tres de Sombrío entusiasmo (Poesía ítalo-friulana 1973-1974). Una selección poética del todo recomendable, de justa y necesaria lectura. ¡Es una poesía que te llega al alma; no lo duden!

Que Pasolini era poeta es sabido, también cineasta, y un poeta comunista que amaba a Jesús (a Dios), además, tan ortodoxo como heterodoxo, marxista convencido diríase; pero, disidente e independiente hasta del Partido Comunista Italiano, en aquellos años de terrorismo de la Brigadas Rojas y los grupos paramilitares fascistas, sin ir más lejos. Era homosexual militante. Y crítico feroz de los poderes de su época (la Iglesia Católica y el Partido, entre otros).

Creo pues que La insomne felicidad es una selección amplia de la obra poética de Pasolini, en italiano y friulano, que es sin duda alguna excelente, a la vez que la mejor ventana para mirar y leer sus poemas. No lo duden las personas lectoras y asómense a esta edición panorámica de esta su poesía civil. 

Esta antología nos ayuda a conocer el devenir telúrico intelectual de la Italia del siglo pasado. poesía disidente y escrita en libertad y verdad. No esconde nada. Y en ese juego está su lucidez para reflexionar sobre todo y la política de su tiempo y anticipándose al futuro.

Todos sabemos que la materia, de por sí, puede contener o no un cierto grado de poesía; pero, es el talento artístico de, este poeta universal e iconoclasta donde los haya, Pasolini, el único capaz de infundirle la auténtica belleza estética. La intuición del poeta guía su obra. Y esta antología ayudará hoy más que ayer a interpretar el momento actual. Y si se lee se verá que la polémica está servida, pues él escribió sobre las minorías, en este caso italianas; pero, exponiendo sus ideas de forma tan clara como agua de manantial. También poetiza sobre política y qué bien harían los políticos, propios y ajenos, en leerle.

Acabo esta reseña con unas palabras del gran Alberto Moravia, amigo y admirador de Pasolini: “Pasolini era lo que puede llamarse un ciudadano poeta. Estaba preocupado por su patria y expresó sus sentimientos en su trabajo. Él lloró sobre las ruinas de Italia, pero sin pizca de retórica. Fue un moderno que utilizó la tradición clásica. Se adhirió, como muchos otros de sus compatriotas, a una forma poco ortodoxa de comunismo, que era a la vez cristiana y utópica, y estos sentimientos hacia los pobres y desfavorecidos motivaron su propia poesía y su cine”. No se puede explicar mejor:

En la vida que es vida por ser así asumida

por nuestra razón y construida

para nuestro paisaje (y ahora capaz

de ser otra, más allá de nuestra implacable

defensa), espera (cantando supino,

acampando en nuestros barrios

para él desconocidos, y preparado desde

las más frescas e inanimadas eras)

el pueblo: en él muda el hombre su destino.

(Una estrofa del largo poema El canto popular perteneciente a Las cenizas de Gramsci, pág. 111)

Imagen de portada: Pier Paolo Pasolini

FUENTE RESPONSABLE: Librujula. Actualidad. Por Enrique Villagrasa. Mayo 2022

Sociedad y Cultura/Literatura/Antología/Centenario/Pasolini

 

Tú me quieres blanca, de Alfonsina Storni.

Nació en Suiza a finales del siglo XIX, pero muy pronto se trasladó con su familia a Argentina. Su infancia fue dura, pero enseguida encaminó sus pasos hacia la enseñanza y la literatura. El poema Tú me quieres blanca, de Alfonsina Storni, es uno de los más representativos del dramatismo de su obra.

La inquietud del rosal fue el inicio de una carrera literaria que la convirtió en icono del postmodernismo. Y también de la causa feminista por este testimonio de sus deseos como mujer y su lucha como madre soltera. 

Pese a que las críticas en su país fueron tibias, el apoyo de escritores consagrados como Amado Nervo y José Enrique Rodó le permitió seguir publicando obras como El dulce daño, Languidez, Ocre y Poemas de amor. Su vida acabó de forma trágica. Su suicidio puso el punto final a una grave enfermedad. 

Tú me quieres blanca, de Alfonsina Storni

Tú me quieres alba,

me quieres de espumas,

me quieres de nácar.

Que sea azucena

Sobre todas, casta.

De perfume tenue.

Corola cerrada .

Ni un rayo de luna

filtrado me haya.

Ni una margarita

se diga mi hermana.

Tú me quieres nívea,

tú me quieres blanca,

tú me quieres alba.

Tú que hubiste todas

las copas a mano,

de frutos y mieles

los labios morados.

Tú que en el banquete

cubierto de pámpanos

dejaste las carnes

festejando a Baco.

Tú que en los jardines

negros del Engaño

vestido de rojo

corriste al Estrago.

Tú que el esqueleto

conservas intacto

no sé todavía

por cuáles milagros,

me pretendes blanca

(Dios te lo perdone),

me pretendes casta

(Dios te lo perdone),

¡me pretendes alba!

Huye hacia los bosques,

vete a la montaña;

límpiate la boca;

vive en las cabañas;

toca con las manos

la tierra mojada;

alimenta el cuerpo

con raíz amarga;

bebe de las rocas;

duerme sobre escarcha;

renueva tejidos

con salitre y agua:

Habla con los pájaros

y lévate al alba.

Y cuando las carnes

te sean tornadas,

y cuando hayas puesto

en ellas el alma

que por las alcobas

se quedó enredada,

entonces, buen hombre,

preténdeme blanca,

preténdeme nívea,

preténdeme casta.

———————

Autor y poema: Tú me quieres blanca, de Alfonsina Storni. Venta: Amazon

Imagen de portada: Alfonsina Storni

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Autores, libros y compañía. Por Laura Di Verso. Editor Arturo Pérez-Reverte.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía/Nuestros escritores. Mayo 2018

El amor por una dulce enamorada hace que un hombre vuelva a ser hombre”: las cartas y poemas de amor de Karl Marx, un revolucionario romántico.

Karl Marx en 1875, retratado por John Jabez Edwin Mayall. Fuente y color: Olga Shirnina (Flickr)

Karl Marx en 1875, retratado por John Jabez Edwin Mayall. Fuente y color: Olga Shirnina (Flickr).

Los retratos de la época y la solemnidad que abraza su legado han contribuido a que la imagen más difundida de Marx sea la de un hombre de semblante serio y recatado. 

Pero esa concepción dista bastante de los registros epistolares y literarios que escribía para Jenny, su esposa, quien fue mucho más que una mera espectadora de la obra de su marido. 

Por el contrario, su rol militante e intelectual fue imprescindible para la concepción de textos como El manifiesto comunista y El capital. Aquí, los detalles de un amor revolucionario que gestó las bases del movimiento proletario y sacó la faceta más amartelada de Karl Marx, que hoy cumpliría 204 años.

Te escribo de nuevo porque estoy solo y porque se siente extraño hablar contigo en mi cabeza todo el tiempo sin que lo sepas o me escuches o seas capaz de responderme. Con todos sus defectos, tu retrato cumple su propósito lo suficientemente bien, y ahora entiendo cómo incluso los retratos menos agraciados de la madre de Dios, las ‘Madonas Negras’, pueden tener devotos admiradores. De hecho, tienen más admiradores que los buenos retratos. De cualquier forma, ninguna de estas ‘Madonas Negras’ ha sido tan besada y observada y adorada como tu fotografía, la que, si bien no es negra, tiene una expresión de fastidio que no refleja de manera alguna tu semblante querido, adorable besable y dulce”.

Con esas palabras, Karl Marx, filósofo y economista alemán, trazaba las primeras líneas de una carta fechada el 21 de junio de 1856. La epístola, enviada desde Manchester, va dirigida a Johanna von Westphalen, la brillante mujer aristócrata que abandonó sus comodidades para formar parte de la lucha por la liberación de la clase obrera. Jenny, como le decían sus cercanos, fue la compañera y gran amor de Marx, con quien estuvo casada desde octubre de 1846.

Karl Marx y su esposa, Jenny von Westphalen.

En la misiva, el autor de El capital incluso incorpora algunas analogías teóricas para expresar sus sentimientos: “Las personas falsas y malas interpretan el mundo falsa y malamente. 

¿Quién de mis muchos calumniadores y enemigos de lengua venenosa me ha reprochado alguna vez por representar al héroe romántico en un teatro de segunda clase? Y, sin embargo, es cierto. 

Si los rufianes tuvieran algo de inteligencia, habrían puesto de un lado las ‘relaciones sociales y productivas’ y del otro a mí, a tus pies (…) El amor, no por el hombre de Feuerbach ni por el metabolismo de Moleschott, ni por el proletariado, sino el amor por una dulce enamorada y en especial por ti, hacen que un hombre vuelva a ser hombre”.

Públicamente, la figura de Marx estaba asociada a la de un hombre frío, serio, de carácter fuerte y siempre tajante con sus enemigos intelectuales. 

En cambio, sus cercanos lo definían como alguien divertido, solidario y lleno de vitalidad, aún en los peores momentos de su vida, marcada por el exilio, la pobreza y la muerte de cuatro hijos. Eleonor, la menor de sus descendientes, afirmaba que “no hay leyenda más graciosa que la que pinta a Marx como persona dura, sombría e intratable”.

Sin embargo, es en la revisión del intercambio epistolar con su esposa donde se puede encontrar la faceta más íntima y apacible de uno de los intelectuales más relevantes del siglo XX. 

En la carta escrita en 1856, la separación espacial entre ambos es lo que motiva una extensa y sentida reafirmación amorosa. “Mi amor por ti, apenas estás lejos de mí, se aparece como todo lo que es: un gigante, y en él están puestos todo el vigor de mi mente y todo el ardor de mi corazón. Me siento nuevamente como un hombre porque siento una pasión intensa”.

Von Westphalen fue el amor de su vida. Se conocieron en la infancia y forjaron una relación de amistad durante su juventud, unidos por su mutua pasión hacia la literatura. Comenzaron su noviazgo en el verano de 1835, que con el tiempo se tradujo en una relación de 46 años que sólo pudo ser interrumpida por la muerte.

Pero la relación entre ambos desbordaba con creces los límites maritales. Jenny fue más que una esposa, y por sobre todo, mucho más que una mera musa inspiradora.

Una historia de amor y complicidad intelectual

Sus orígenes eran bastante distintos. Marx provenía de una familia judía-alemana de clase media, mientras que Jenny era descendiente de la aristocracia prusiana. Sus padres eran un barón y una baronesa; su abuelo fue jefe del gabinete “de facto” del duque Fernando de Brunswick durante la guerra de los siete años, y su abuela paterna era una noble escocesa ligada directamente a la casa de Estuardo.

A pesar de su acomodada situación socioeconómica, desde muy joven mostró afinidad con el romanticismo alemán y el socialismo francés. Incluso simpatizó activamente con las protestas populares que en 1832 culminaron en el Festival de Hambach, donde campesinos, estudiantes y liberales intelectuales se manifestaron por la unidad de Alemania.

Retrato de Jenny von Westphalen, intelectual comunista y esposa de Karl Marx

Retratos de Jenny von Westphalen, intelectual comunista y esposa de Karl Marx.

Nunca encajó en el mundo de la nobleza ni con los ideales propios de su estrato social. Quizás por eso no consideró a ninguno de sus pretendientes de la alta alcurnia. Por el contrario, encontró el amor en un antiguo y corriente conocido de la infancia.

Aunque Von Westphalen y Marx solían toparse bastante seguido cuando eran niños, su cercanía como tal surgió durante la adolescencia, cuando Karl era compañero y amigo de uno de los hermanos de Jenny. Entre pláticas literarias y afinidades políticas, los jóvenes dieron marcha a un noviazgo que fue en contra de todas las convenciones sociales de la época: el joven no gozaba de estabilidad económica y mucho menos de títulos nobiliarios. Aun así, pasó sólo un año para que se comprometieran en 1836 y se casaran en junio de 1843.

Por esa época, Jenny también dejó sus sentimientos consignados en cartas enviadas a su prometido. En una de ellas, redactada en 1839, le escribe: “Se apodera de mí un sentimiento tan raro cuando pienso en ti y no creo que sea en momentos aislados u ocasiones especiales; no, toda mi vida y mi ser no son más que un gran pensamiento en torno tuyo”.

Jenny, una pensadora con peso propio

Con el tiempo, la historia ha reconocido cada vez más el rol que Jenny Marx desempeñó en la producción teórica de su esposo. Uno de sus aportes más difundidos tiene que ver con sus labores de transcriptora. La letra del filósofo era casi ilegible, y Jenny era de las pocas –sino la única– que lograba descifrar lo que decían sus textos.

Así, debió traducir y ordenar escritos de gran importancia como El capital para que pudieran ser enviados y publicados por las editoriales y periódicos. Y aunque fue una tarea vital para la difusión de los principios marxistas, no fue su única ocupación.

Manuscrito redactado en puño y letra por Karl Marx

Manuscrito redactado en puño y letra por Karl Marx

Jenny fue parte activa en la germinación de las ideas que luego quedaron plasmadas en los textos redactados por Marx. Justamente, fueron sus discusiones políticas y filosóficas las que dieron forma a tratados tan relevantes como el Manifiesto comunista (coescrito con Friedrich Engels), aunque su crédito formal en la obra marxista quedó eclipsado por el reconocimiento a su esposo.

Sin embargo, también hubo momentos en que puso los puntos sobre las íes, dejando claro su descontento en situaciones en que sintió que su trabajo no era debidamente apreciado, aunque siempre manteniendo el toque de ironía que caracterizaba su erudita personalidad.

Cuando Marx se graduó como doctor en filosofía con una tesis sobre Demócrito y Epicuro, Jenny le escribió: “Qué contenta estoy de que estés feliz, de que mi carta te haya alegrado (…) y de que estés tomando champaña en Colonia y que haya clubs hegelianos. Pero, a pesar de todo eso, hay algo que falta: podrías haber reconocido un poco mis conocimientos del griego y dedicado unas líneas laudatorias a mi erudición. Pero es típico de ustedes, caballeros hegelianos, no reconocen nada, aunque sea de excelencia, si no concuerda exactamente con su punto de vista, así que debo ser modesta y descansar en mis propios laureles”.

Jenny von Westphalen, intelectual comunista y esposa de Karl Marx

Jenny von Westphalen, intelectual comunista y esposa de Karl Marx.

En su faceta militante fue igual de destacada. Su nombre fue el primero en integrar la Liga de los Comunistas, organización revolucionaria nacida en Londres y de la cual nació el Manifiesto comunista. 

Además, ofició como organizadora de múltiples e importantes reuniones políticas e intelectuales, integró la Unión de Trabajadores Alemanes y el Comité de Correspondencia Comunista, acogió a refugiados y viajó para recolectar fondos que contribuyeran a la causa revolucionaria.

Fredrick Lessner, un sastre alemán que fue miembro de la Liga Comunista, visitó varias veces el hogar matrimonial. De Jenny von Westphalen consignó que “mostraba un enorme entusiasmo por la causa obrera y cualquier éxito, incluso más ínfimo, en la lucha contra la burguesía, le causaba la máxima satisfacción y alegría”.

Por supuesto que también fue autora de una serie de ensayos que versaban mayoritariamente sobre crítica cultural. Asimismo, redactó una pequeña autobiografía titulada Breve esbozo de una vida agitada. Todo esto, sin contar sus labores hogareñas como madre de siete hijos y principal administradora de la economía familiar.

Un matrimonio con altos y bajos

No existen registros que consignen un quiebre en la alianza amorosa entre Jenny y Karl. Pero eso no significa que su relación no haya sabido de momentos más que complejos. Entre el exilio y la persecución policial, fueron muy pocos los momentos en que vivieron con relativa estabilidad.

Varias veces estuvieron al borde de sufrir el embargo de sus pertenencias, y en más de una ocasión les tocó vender sus artículos personales para solventar algunos gastos familiares.

En una carta dirigida al militar y periodista Joseph Weydemeyer, la lideresa comunista le narra una serie de sucesos desgraciados que ocurrieron en tan solo un día de su vida: “Puesto que las amas de leche son prohibitivas aquí, decidí, a pesar de constantes y terribles dolores de pecho y espalda, alimentar yo misma a mi hijo. Pero el pobre angelito mamaba de mí tantas preocupaciones y disgustos silenciosos, que se hallaba constantemente enfermo, padeciendo dolores día y noche (…) Últimamente se sumaron aún a ello violentos espasmos, de modo que el niño fluctuaba constantemente entre la muerte y una vida mísera. Presa de esos dolores, mamaba con tal fuerza que mi pecho quedó lastimado y agrietado; a menudo la sangre manaba dentro de su trémula boquita”.

En ese contexto, Jenny le comenta que su casera se acercó al hogar para cobrar el dinero del arriendo, a pesar de que ya habían pactado otras condiciones de pago. Sin escuchar razones, la mujer “negó el contrato, exigió las 5 libras que aún le adeudamos, y puesto que no disponíamos de las mismas en el acto (…) entraron dos embargadores en la casa, trabaron embargo sobre todas mis pequeñas pertenencias, las camas, la ropa, los vestidos, todo, hasta la cuna de mi pobre niño, los mejores juguetes de las niñas, quienes se hallaban arrasadas en ardientes lágrimas. Amenazaron con llevárselo todo en un plazo de dos horas; yo yacía en el suelo, con mis hijos ateridos de frío y mi pecho dolorido”.

Además de las constantes penurias económicas que llevaron al matrimonio a vivir la mayor parte de su vida en condiciones de pobreza, también sufrieron la pérdida traumática de cuatro de sus siete hijos, todos muertos en sus primeros años de vida.

Hubo otro evento que igualmente se asocia a su estabilidad familiar, aunque no hay pruebas sobre una mayor repercusión en la relación marital. Mientras su esposa se encontraba de viaje, Marx mantuvo una relación extramarital con Helene Demuth, la ama de llaves de la familia, que tuvo como resultado el nacimiento de un hijo ilegítimo.

En esos tiempos, Demuth oficiaba como empleada doméstica de los Von Westphalen. Cuando Jenny y Karl se casaron, fue enviada por los padres de la novia para que apoyara a su hija en los quehaceres hogareños, y pronto se transformó en una íntima amiga de la familia Marx.

Se cree que el hijo fue reconocido por Engels, que siempre fue un apoyo incondicional para la familia, incluso en el plano económico. También se dice que las hijas de Marx se enteraron de la situación en el lecho de muerte del amigo de su padre. Lo que sí se sabe es que Frederick –nombre del niño– fue adoptado y criado por una familia de obreros, y que siguió la misma línea de pensamiento que su padre. Fue uno de los fundadores del Partido Laborista de Hackney, e incluso se convirtió en un buen amigo de la familia cuando conoció a su hermana Eleonor Marx varios años después de la muerte de su progenitor.

El poemario de Marx

Durante su juventud, el autor de La cuestión judía tuvo una breve etapa de producción literaria, bastante menos reconocida que su faceta como teórico comunista.

En 1837 su compromiso con Jenny era reciente, y todo el amor que experimentaba debía ser condensado de una u otra forma. Por esos días, el joven Marx le dedicó a su enamorada un compendio de versos que muchas décadas después formarían parte de un libro bautizado simplemente como Poemas, que recopila la poesía escrita por el filósofo entre 1836 y 1840, en su época como estudiante de derecho y filosofía en la universidad de Berlín.

Uno de ellos, titulado A Jenny, versa así: “¡Mira!, podría llenar un millar de volúmenes/ escribiendo sin más «Jenny» en cada línea, / e incluso éstas podrían encubrir todo un mundo de pensamiento, / un hecho eterno y una inmutable voluntad”.

karl marx

En otro de sus escritos dejaba aún más claro el impacto que el amor causó en la vida de un joven universitario enamorado: ¡Ah, resulta inútil hablar, / estúpido es comenzar! / Pero miro en tus ojos brillantes, / más profundos que el suelo del cielo, / más claros que la luz del sol, / y entonces la respuesta me es dada”.

Todos los sentimientos plasmados durante sus primeros años de noviazgo se perciben inmutables en la carta del 21 de junio de 1856. En un fragmento, Marx incluso hace referencia a la cantidad de poesía que su amor por Jenny podía inspirar.

“Como no puedo besarte con mis labios, debo besarte con mi lengua y darle forma de palabras. Podría, incluso, darle forma de versos, un Libro de las penas alemán parecido al Libri Tristium de Oviedo. A él, sin embargo, solo lo había exiliado el emperador Augusto; yo estoy exiliado de ti, y eso es algo que Ovidio no podría entender”, le expresa el escritor.

Con todos sus matices, la relación entre ambos resulta fundamental a la hora de contextualizar la producción de Marx, que sólo pudo soportar la dureza de la vida mientras tuvo a Jenny a su lado.

En 1881, Jenny von Westphalen falleció luego varios meses aquejada por un cáncer hepático. En su funeral, Engels expresó que “los aportes de esta mujer, con tan aguda inteligencia crítica, con tal tacto político, un personaje de tanta energía y pasión, con tanta dedicación a sus compañeros de lucha, su contribución al movimiento durante casi cuarenta años, no es de público conocimiento; no está inscrito en los anales de la prensa contemporánea. Es algo que uno debe haber experimentado de primera mano”.

Marx moriría dos años después, sumido en una profunda depresión que lo llevó a desarrollar una pleuresía fulminante. El mismo Engels concluyó que la muerte de su entrañable amigo fue causada principalmente por la tristeza.

La pasión, compañerismo y complicidad intelectual del matrimonio Marx es un factor crucial en la obra marxista. La figura de Jenny fue imprescindible para fomentar el desarrollo intelectual de su esposo, que pronto se traduciría en los principios de una de las corrientes de pensamiento más relevantes de la historia. El amor revolucionario que los unió ha sido fuente de inspiración de múltiples obras, desde libros como Amor y Capital, Karl y Jenny Marx y el nacimiento de una Revolución de Mary Gabriel, e incluso canciones como Chica de oro, de la banda argentina El Mató a un Policía Motorizado.

Imagen de Portada: Karl Marx (Archivo)

FUENTE RESPONSABLE: La Tercera. Chile. Por Catalina Araya.Mayo 2022

Sociedad y Cultura/Historia/Literatura/Karl Mark

 

 

 

 

 

 

 

El fulgor de la Literatura

El melancólico poeta César Vallejo

Nada más adecuado para concluir un encuentro sobre literatura latinoamericana que evocar el nombre de César Vallejo. Querido fantasma que nunca se fue y acompañó, desde hace más de cien años, cuando apareció en la ignorada ciudad de Trujillo, en los Andes peruanos, esa maravilla que se tituló Trilce. 

En la voz trémula de Celina Manzoni se instaló en medio de una atmósfera en la que la emoción que sacudía los bellos rostros de maestros y estudiantes, investigadores y escritores, se disfrazaba en sonrisas que afirmaban la soberanía de la literatura.

Pero no todo, incluso nada, salvo esa aguda inmersión en “maneras de ver” la literatura de Manzoni, versó sobre la obra del melancólico poeta. Que se me hizo presente y tiñó el final de la reunión y, además de algunos versos, sólo pude recordar que me acerqué, en Paris, a la clínica donde murió pero no me animé a entrar y averiguar pero qué habría podido averiguar, me bastaba con recordar su premonición, “Moriré en Paris con aguacero”. Aguacero: esa palabra hacía de tobogán para comprender cómo había sido su vida en esos duros años durante los cuales, no obstante, brotaban poemas que dieron y siguen dando, vicariamente, de comer a generaciones de críticos y profesores de universidades, incluidas, seguramente, las peruanas, su hijo predilecto pero a posteriori, cuando se enorgullecían de él, pero que él había padecido, como siempre ocurre y le ocurrió a él con el país de su infancia y de sus primeros amores: “Qué estará haciendo esta hora /mi andina y dulce Rita de junco y capulí/ ahora que me asfixia Bizancio/ y que dormita la sangre/ como flojo coñac, dentro de mí”.

No se trató, repito, de Vallejo, en los cinco días de la Jornada de Investigación, la 34, que organizó en abril del 22 el Instituto de Literatura Hispanoamericana de la Facultad de Filosofía y Letras. 

Se trató, en cambio, de múltiples nombres y de incesantes textos: esa jornada es una de las tantas que tienen lugar en la Universidad y que el respetable público y los medios de comunicación ignoran olímpicamente, como es lo que suelen hacer cuando algo se escapa de la cárcel del éxito, que es en donde están cómodos y creen comprender algo. 

No nos resentimos por eso, no nos importó, el éxito va por otro lado, fue suficientemente exitoso para quienes tenazmente asistimos los cinco felices días que duró, primero virtualmente y al final viéndonos las caras como descubriéndonos después de más de dos años sin vernos, justamente, vernos, sobrevivientes tal vez, era lo que importaba a los 80 que intervinieron y entre los cuales profesores con obra sedimentada y jóvenes que empezaban, brillantes los ojos, ardiente el interés.

Era impresionante: nos escuchábamos y nos mirábamos como quienes regresan de una larga e indeseada ausencia trayendo en nuestras alforjas un título de un texto o un nombre de un escritor, un lejano muerto en la paz de la escritura, y tocándolo, un cercano viviente vibrando en la angustia de la creación. El fulgor de la literatura cubría el espacio, las voces descubrían y en las manos a veces temblorosas palpitaban palabras e ideas: las voces temblaban cuando exponían, una maravilla, una lluvia de retoños que, silenciosamente, alimentaban esa extraordinaria decisión de comprender la literatura.

Era una suerte y un privilegio poder verlo y apreciarlo. Y apreciar el contraste con esa literatura de ferias y presentaciones y elogios vacíos y comentarios triviales. Creo que lo que nos unía era el sentimiento o la intuición de que “estar” en la literatura, o, mejor “estar en literatura” era “vivir” en literatura, aparte de la realidad y dentro de lo más real de la realidad, nada manos que el sentido de la vida.

Sor Juana nos murmuraba, Sarmiento nos gruñía y, de pronto, el delicado Gianuzzi que razonaba junto a un Girondo que miraba la otra poesía, la de la pintura, y de un inquieto Ecuador brotaba la enigmática fuerza de Pablo Palacio mientras Mário de Andrade extraía de las profundidades de Brasil una suerte de alegría vibrante, en tanto que regresaba con su voz acerada Josefina Ludmer y las audaces promesas de libertad de Ana María Shua y muchos otros mientras hacían presencia fantasmal los países, Chile, Bolivia, Uruguay, atrás en el tiempo, acuciantes en el presente.

Juntos, escuchándonos, razonando, recorriendo temas variados de muchos países, el pasado lejano y el más cercano, los clásicos y vivaces todavía, los resplandecientes y provocadores, los nuevos modos de mirar, las relaciones con la cambiante y fluctuante y convulsa realidad, el placer y el goce, la inteligencia y el ingenio. Y todo entre lo virtual y, como se dice actualmente, lo presencial. En suma, la literatura como forma de vida, eso tan difícil de entender por los pragmáticos y utilitarios, por los que no pueden apartarse de lo inmediato y por los que no creen que eso “sirva” para nada.

Mucho para pensar. En un momento, casi religioso, sentí que se trataba de una ceremonia en la que estábamos encerrados, casi una secta, lejos del “Mundo, mundo, vasto mundo/ mais vasto é meu coração”, de Drummond de Andrade, justificado o no, en nuestro caso plenamente justificado, olvidando los ecos de lo que se cierne en el planeta; casi una resurrección después de más de dos años sin vernos, temiendo la disolución con que nos amenazó la pandemia. 

Muchos fueron arrastrados, los que estábamos ahí resistimos pero, entretanto, la literatura palidecía porque la obligada soledad generaba descreimiento o porque el temor y las urgencias coartaban las pasiones. Sofocada, empujada por la incierta y dramática historia, sólo la enfermedad y la política sacaban sus banderas y nos hacían sentir que la literatura, su práctica y su teoría y todo lo que la rodeaba o la producía, hasta el imaginario, importaban poco o importaban lo peor, que pretender vivir en ella ponía en cuestión su sentido, qué vale la literatura y el arte cuando las tormentas sociales tratan de empujarlas a la nada de la insignificancia.

De modo que este encuentro fue como una resurrección y una reparación y mostró que, no obstante, lo esencial sobrevivía porque estuvo sobreviviendo en esa suerte de increíble hibernación, algo que nunca creímos los que estábamos ahí reencontrándonos que nos tocaría vivir, como había sucedido en las diversas pestes que habían caído sobre la tierra. Escuchar, por lo tanto, apreciar pensamiento, jugarse por la literatura, no tiene nombre, un privilegio, masa de la cultura, identidad puesta en juego, un triunfo sobre la muerte. 

Imagen de portada: Gentileza de Página 12

FUENTE RESPONSABLE: Página 12. Por Noé Jitrik

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía/Cesar Vallejo   

 

 

 

Jorge Luis Borges en su segunda visita al Chaco

El destacado literato disertó el 26 de abril de 1968 en el salón de actos del diario «El Territorio».

La conferencia era parte del Ciclo Cultural 1968, con el auspicio de Olivetti Argentina. Decía la crónica: «Una numerosa concurrencia, como pocas veces se ha visto en nuestra casa, siguió las palabras de Borges, que desarrolló el tema «La literatura fantástica» Con anterioridad, el escritor mantuvo un contacto con la prensa, oportunidad en que dirigió un mensaje a la juventud argentina».

Transformaciones

«Tenemos nosotros, por un lado, la literatura realista, que trata de asuntos comunes, y del otro, la literatura fantástica, cuyo límite sólo lo encontramos en las posibilidades de la imaginación. Pero los temas de la literatura fantástica no son ilimitados, como podría parecer. Son unos pocos, y yo tomaré algunos para ejemplificarlos. 

«Uno de los más antiguos es el de la transformación; las metamorfosis del poeta Ovidio, por ejemplo. Nuestro lobizón, el tapiango, el werewrold, etc. 

Harto conocido es «Die Verwandiung», la metamorfosis, de Kafka. Menos conocido es el cuento «Lady in the Fox» (La dama en la zorra) del inglés David Gardner. Todo es trivial en esta narración, el lugar y los personajes. 

Ya Wells dijo que para convencer sólo debe haber un hecho excepcional. El señor Fox comprueba que su esposa se ha convertido en zorra, la reconoce por la mirada, todavía humana. Después de algunas alternativas, entre las que se cuenta la fuga de la zorra, su posterior encuentro en el gallinero masacrado, una nueva fuga, el señor Fox la halla en el campo rodeada por su cría, prueba de la convivencia marital con un zorro. El hombre regresa a su casa y organiza una cacería con perros. Estos dan caza a la zorra y la despedazan. Así termina el cuento. 

«Wells tiene un relato en el cual el tema es también la transformación. Un estudiante —joven, honesto y sano— conoce a Mr. Elveshan, que lo nombrara heredero universal. Van a un bar y el estudiante cree notar —ya no está seguro, porque lo real y la alucinación se confunden— que el hombre vierte un líquido en su copa. 

Después el joven sufre la metamorfosis, se convierte en Mr. Elveshan y comprende que su alma fue trasladada a un cuerpo decrépito. Escribe su historia y se envenena. La idea de la transformación es una idea verdadera, como que los años nos van transformando a todos». 

Sueño y realidad

«La confusión de lo onírico con lo real, del sueño con la vigilia, es otro de los temas fantásticos. Tomaré un cuento de «Las mil y una noches», la historia de un hombre que sueña una voz que le incita a que vaya a Isfaján, en Persia, pues si lo hace encontrará un tesoro. El hombre va. Una circunstancia lo lleva ante el juez de Isfaján y debe explicar las causas de su viaje. El juez, al oírlas, ríe. Él tuvo un sueño semejante: debía encontrar un tesoro oculto al pie de una higuera, detrás de un aljibe. El viajero comprende. Al regresar halla el tesoro bajo la higuera de su casa. 

«Un místico chino del siglo V a.C., Chuang Tzu, soñó que era una mariposa y que al despertar no sabía si había soñado ser una mariposa o una mariposa que ahora soñaba ser un hombre. Hasta la mariposa está bien elegida en este cuento, porque concuerda con el carácter onírico de nuestra vida. 

Wells escribió «El hombre invisible». El protagonista es un estudiante de medicina que logra el líquido mágico, pero luego ve sus limitaciones. Debe salir a la calle desnudo, a pesar del frío, porque sus ropas no son invisibles: la calle lo aterra, deja sus huellas en la nieve, los autos no lo ven. Finalmente, se disfraza para ocultar que es invisible. Va a otro pueblo y cuenta a un amigo su situación. Deciden instaurar una época de terror. Asaltan. El comisario halla la solución al problema: los perros. Al final lo alcanzan y lo matan, y en el proceso de corrupción el cuerpo se hace visible.

El tiempo

«Los juegos con el tiempo son también otro tema de la literatura fantástica. «La máquina del Tiempo» fue escrita, también, por Wells. El personaje dice que hay una cuarta dimensión, que es el tiempo. Procura demostrarlo científicamente. Trae la máquina y hace una demostración a sus amigos.

Envía la máquina al pasado y ésta desaparece. Los otros se van y el viajero del tiempo («The time travaller») dice que viajó al futuro y que llegó a un jardín donde hay seres más pequeños y delicados que los actuales, que se llaman eloi. No trabajan y se alimentan de frutas. De noche baja a un pozo, a un mundo subterráneo, el mundo de los morlocks, que son los descendientes de los descendientes de los proletarios actuales, que de tanto trabajar en la oscuridad se han vuelto ciegos. El viajero del tiempo desaparece y el autor se pregunta si viajó a un remoto pasado o hacia un remoto porvenir. 

«La máquina del tiempo sirvió de inspiración a Henry James para «El sentido del pasado», la historia de un joven norteamericano que va a Londres, a la casa de sus antepasados, y ve un cuadro inconcluso; el retrato lo sorprende porque es el suyo propio. Lee los volúmenes de la biblioteca y piensa que un esfuerzo mental lograría llevarlo al pasado. De repente se halla en el siglo XVII, con las ropas mismas del cuadro. Un artista hace su retrato y él le advierte que no podrá terminarlo. Lo sabe porque vio el cuadro en el siglo XX. Después entra al escritorio, se apagan los candelabros y se encuentra vestido, a la usanza del siglo XX».

Otras dimensiones

«Otro tema puede ser la presencia de seres sobrenaturales. Voy a referir una leyenda noruega. Habla de un rey cristiano y de su corte. Al palacio llega un viejo, una noche de invierno. El arpa, según la costumbre nórdica, pasa de mano en mano. Cuando llega al viejo, éste canta la historia del nacimiento del dios Odín. Cuando Odín nació, se presentaron dos hadas y le presagiaron grandes venturas. Llegó una tercera, que no había sido invitada, y sacó una vela. La encendió y dijo: «La vida de este niño durará lo que dure esta vela».

Los padres de Odín apagan la vela para que el niño no muera. La gente que escucha se ríe, no cree en lo que dice la canción. El viejo saca una vela y la enciende: «Aquí tienen la prueba», dice, y se marcha. Cuando la vela se apaga, los hombres salen buscarlo y lo hallan muerto, junto a su caballo. El que refirió la historia era el propio Odín. 

Tendríamos otros temas, el del doble, sugerido acaso por los espejos. «William Wilson», de Edgar Alan Poe, «El retrato de Dorian Gray», de Oscar Wilde: el de las acciones paralelas, el hecho de que algo ocurre en un lugar y está ocurriendo de otro modo, en otro lugar, por ejemplo esta leyenda irlandesa medieval: hay dos reyes cuyos ejércitos están combatiendo, enfrentados. Los reyes juegan al ajedrez. Uno dice al otro, al atardecer. «jaque mate» y en ese momento llega un mensajero y comunica que su ejército fue derrotado. La batalla habla sido librada en el tablero de ajedrez y no en el valle». 

«¿En qué reside el encanto de los cuentos fantásticos? Creo que reside en el hecho de que no son invenciones arbitrarias, si no símbolos de nuestra vida, de lo inestable y misterioso de nuestra vida. 

Y pasamos a la filosofía, a sus hipótesis, tanto más extrañas que la literatura fantástica. La Idea platónica, la doctrina de Berkeley, según la cual toda nuestra vida es un sueño… Podemos preguntarnos, y no solo literariamente. ¿El Universo, nuestra vida, pertenece al género real o al género fantástico?

Mensaje a los chaqueños

«No sé qué puedo decirles. Pero creo haber notado aquí una voluntad de ser chaqueños o ser correntinos, y creo que es un error. Me parece que ocurre lo mismo que querría Marechal que ocurriera. Creo que no debemos esforzarnos en ser de una región país, porque ya lo somos. Creo que si un poeta chaqueño piensa que es chaqueño, eso puede, más bien, invalidar su trabajo, porque tendrá que ceñirse al preconcepto que él tiene de lo que es o debe ser un chaqueño. En cambio sí se olvida que es chaqueño y obra con espontaneidad, podría serlo de un modo más espontáneo y más pleno. 

«Yo escribí «Fervor de Buenos Aires». Allí yo quise hacer poesía de Buenos Aires. De ese libro dijeron que había fracasado y luego escribí un cuento: «La muerte y la brújula», en el cual yo usaba a Buenos Aires como un punto de partida para una especie de pesadilla y me dijeron que ahí estaba Buenos Aires mejor que en otros textos míos en que se mencionaban lugares, en que se acumulaba el color local, y pienso que debe suceder lo mismo con una región».

Imagen de portada: Gentileza de NORTE. Provincia de Chaco. Argentina

FUENTE RESPONSABLE: NORTE. Provincia de Chaco. Argentina. Por Roly Pérez Beveraggi. Mayo 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Jorge Luis Borges

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La supremacía de una poética inclaudicable.

LITERATURA. «Expreso», nuevos poemas de Beatriz Vignoli 

Editorial Biblioteca reanuda una colección de poesía interrumpida por la dictadura incluyendo en la misma a uno de los grandes nombres de la literatura argentina.

Beatriz Vignoli no sólo es una referente cultural inexcusable en Rosario reconocida por su labor en la crítica literaria y de las artes plásticas, ejercida desde hace años en Rosario/12, con una capacidad difícil de igualar en el descubrimiento de matices, códigos y secretos que pasan inadvertidos para el resto en cada obra que reseña. 

Ese ejercicio de lucidez, que no excluye el humor, ha hecho que sus columnas ofrezcan -más de una vez- a cada escritor o artista analizado la impensada posibilidad de una nueva relectura de su propia obra.

Vignoli es además y tal vez sobre todo, uno de nombres femeninos más importantes de la literatura argentina del siglo XXI, desde sus poemarios: “Almagro” (2000) Premio Municipal de Poesía,”Viernes” (2001), “Soliloquios” y “Bengala” (2009), ”Lo gris en el canto de las hojas” (2014), ”Árbol solo” y ”Luz azul” (2017) Premio Provincial “José Pedroni”a su obra narrativa como “Reality” (2004), “Nadie sabe adonde va la noche” (2007), “Es imposible pero podría mentirte” (2012) o “DAF” (2014), esta última una novela que ilumina de modo tal vez irrepetible los códigos, esperanzas, entusiasmo y frustraciones de una franja de la juventud de ese período que fue de 1981 a 1999 -a caballo entre el rock y la militancia- en un tiempo detenido en la ciudad de Atopia. 

Allí, como en sus calles, se cruzan el humor, la poesía, la ironía y el cinismo con una escritura pictórica y a la sombra de una mirada crítica que se enfrenta a los discursos dominantes de la época. El resultado: una entereza moral en la sensación de derrota, como señalara Sebastián Basualdo en “La próxima generación perdida” (Página/12, 20 de julio de 2014), quien destaca a la novela instalada como una especie de mito en el ambiente literario rosarino.

Hasta esta bienvenida edición de Expreso, Beatriz (ella misma reconocida, por qué no, también como un mito en la cultura de la ciudad) había publicado notas y artículos en revistas emblemáticas como Expreso imaginario y Diario de poesía y en diarios como El Litoral,  El Ciudadano y, en inglés, en Buenos Aires Herald. Había sido traductora e impulsora en los años 90 de movidas y agrupamientos culturales que, entre cosas, darían origen a revistas como Ciudad gótica.

Expreso aparece incluido en la colección “Poetas argentinos” de Editorial Biblioteca, que reanudara no hace mucho su actividad tras la demorada restitución de la Biblioteca Popular Constancio C. Vigil a sus legítimas autoridades tras ser intervenida y devastada por la dictadura a partir del 24 de marzo de 1976, inicio de un período atroz para esa ejemplar institución barrial que incluyó la detención de sus directivos, el saqueo de sus bienes y la destrucción e incendio de miles de libros generados por su editorial. 

Beatriz se integra así a una colección que, antes de 1976, ya había publicado a poetas como Hugo Gola, Francisco “Paco” Urondo, Francisco Madariaga y Rodolfo Alonso, siendo la primera mujer en ese valioso catálogo. Esta genealogía no es accesoria, porque Vignoli la tuvo en su horizonte para la escritura de Expreso, donde, junto a la resonancia de otras voces, se percibe el magnetismo incierto de la mitología popular, el enigma nunca resuelto de los sueños, el “idioma de puras consonantes” de la lluvia y el pulso de Vignoli, señala la contratapa del libro.

La primera lectura llevó a quien asumió el compromiso de afrontar reseñar este libro, a rastrear en su memoria nombres que creyó están presentes de algún modo en la poesía de Vignoli, opinión tal vez azarosa pero que cree poder sostener: Alfonsina, Alejandra Pïzarnik, Olga Orozco, Marosa Di Giorgio más una presencia vallejiana en versos como Mi brazo caracol, mi brazo izquierdo,/ mi brazo endivia, molusco, mejillón.

En una entrevista periodística, Beatriz aludió al tiempo de la recuperación refiriéndose a la vez a la de la Vigil pero también a la dura experiencia personal de un accidente traumático, con sus secuelas de rehabilitación, aislamiento, resiliencia y agradecimiento a quienes, desde los médicos a las amigas y amigos, estuvieron cerca suyo en ese trance y a quienes, en cada caso, están dedicados buena parte de los poemas. Son, al igual que los epígrafes, brújulas para futuras lecturas, avisa la contratapa.

En la segunda parte del libro (de explicito título:”Accidente en vía pública”) se reúnen poemas en los que pasa revista a su propio tiempo de recuperación, atravesado por el padecimiento físico pero mucho más por lo que éste reduce: la vital posibilidad de la escritura pero también del abrazo. 

Poemas en los que conviven sutiles dosis de humor que atenúan la fractura y la prisión del yeso necesario con la inigualable capacidad con la que Vignoli extiende su mirada a otros ámbitos, cotidianos algunos, fruto del sueño otros. La lúcida contratapa del libro vuelve a avisar al lector: En estas páginas se percibe el magnetismo incierto de la mitología popular, el enigma nunca resuelto al que desafían los sueños, la humedad de las orillas, el “idioma de puras consonantes” de la lluvia, el canto anestesiado de una paciente de hospital. Pero también su certeza de que la palabra no puede circular sola sin el movimiento que imponen los cuerpos, la danza, el arte.

La tercera parte (“Agua y sal”) atesora, en poemas más extensos, una notable summa poética de la hondura de “Las Ofelias y las Noras”, dedicada a Mabel Temporelli, mirada cruda pero sin embargo de profunda ternura: Algunas chicas en mi barrio/ en los años cincuenta, sesenta quedaban embarazadas y se suicidaban.(…) Su mano sanadora extiende todos los dedos/ para abarcar la inmensidad de la vergüenza/ de las que se atrevían a maternar en soledad./ “¿Y ninguna abortaba?”/ “Eso todavía no existía”. O de “Luna en Piscis”, entrañable repaso de vivencias, recuerdos y memoria de mujeres, hombres, lugares de esa zona-región inigualable de la ciudad tan cerca del río y de las islas: Soy de aquí en una vida paralela/ o tal vez de aquel pasado en que veníamos/ de lejos con mis hermanos a jugar/ a que la barranca era una selva, y el tiempo,/ puro futuro. Hay tanto sol este verano/ que esto parece otro planeta, pero es la Tierra…

“Nota de la autora” que abre el libro es un umbral inexcusable en el que en el sueño de Beatriz se vinculan inicialmente dos nombres y dos muertes; la de Leopoldo Lugones, suicidado en un hotel del Tigre, y la de Federico García Lorca, fusilado por esbirros franquistas apenas iniciada la Guerra Civil Española. Ya despierta, cuenta: Intuyo que Lugones no merece el mismo homenaje: al despertar recuerdo que instigó en Argentina el mismo tipo de orden político autoritario bajo el que se fusiló a Lorca en España. Así que lo reemplazo por Alfonsina Storni, que se suicidó el 26 de octubre de 1938 y de esa forma me aparto del espíritu de la época, ya que en aquellos tiempos dudo de que la muerte de una poeta mujer se haya considerado una catástrofe literaria mundial…

“Expreso”, que no estuvo incluido en la reciente publicación de su obra poética (“Viernes”, Ediciones Nebliplateada, 2021) ratifica la supremacía del nombre de Beatriz Vignoli en la poesía rosarina, tan diversa y valiosa y la extiende a la producción poética argentina de este siglo. 

Supremacía que -como señala Ivana Romero en revista ”Ñ”, 12 de diciembre de 2021- ya era visible en sus poemas iniciales: Y es que ahí donde el objetivismo de la época recomendaba borrar al sujeto poético, Vignoli imponía el yo. A la vez, su lirismo contrastaba con la parquedad de una poesía que privilegiaba cierta oralidad llana, carente de ondulaciones. Y así Beatriz, con poco más de treinta años, confirmaba su linaje de chica outsider y punk en medio de una tradición -ejercida en especial por varones- que solo admitía los versos contenidos donde la sensibilidad debía ser mantenida a raya. Vignoli era joven terrorista de las buenas formas intelectuales al admitir que la poesía no es zona de certezas lingüísticas sino tembladeral. 

Justamente por eso era (es) necesario escribirla, decirla, arrojar la bomba, dejar rastros de pólvora en la hoja inmaculada. Decisiones presentes una vez más en las páginas de Expreso.

Imagen de portada: Gentileza de Página 12

FUENTE RESPONSABLE: Página 12. Por Rafael Ielpi. Mayo 2022

Sociedad y Cultura/Argentina/Literatura/Poesía/Nuestros escritores