6 poemas de ‘Una pequeña personalidad linda’, de Berta García Faet.

Berta García Faet (Valencia, España, 1988). Es autora de los libros Los salmos fosforitos (La Bella Varsovia, 2017), Premio Nacional de Poesía Joven “Miguel Hernández” 2018; La edad de merecer (La Bella Varsovia, 2015), traducido al inglés por Kelsi Vanada con el título de The Eligible Age (Song Bridge Press, 2018); y otros cuatro poemarios, reunidos en Corazón tradicionalista: Poesía 2008-2011 (La Bella Varsovia, 2017). Doctora en Estudios Hispánicos (Brown University). Presentamos una selección de poemas de su último libro publicado, Una pequeña personalidad linda (La Bella Varsovia, 2021), en el que la autora se sirve de la reinterpretación y deconstrucción del lenguaje para iluminar, con pequeños destellos de ternura, la oscuridad que protagoniza a menudo nuestro día a día.

***

una escolar rimó

que duënos amó

mas más que los duënos

los secretos

piaras de flores

la persiguen

festino les obsequia

cicloramas

yo no sé

dime tú

yo no sé qué rima la mi entraña

yo no sé

dime tú

si aquesta, leonada, es mi entraña

que yo soy

dime tú

la alborozada

que yo soy la escolar que aconsonanta

las monedillas con las abras

monedillas alegres

y la cosa del broche

monedas bravas

yo no sé

dime tú

yo no sé qué rima el rosetón

de la mi entraña

ni mi labio ni el labio

de la ensenada

la ensenada deleitosa

tintiniante

y barajada

que soy yo la escolar que aconsonanta

lo confuso del cielo

lo confuso del cuerpo

lo revuelto del cielo del cuerpo la voirada

los labios sensüales

y la punzada

***

ETZIBO 

iba yo en el siglo XVII

canturreando popular unas andolas

cuando me vi cercada por mentirijillas

mentirijillas de los hombres

mentirijillas de las mujeres

mentirijillas mías maguer

al principio no lo columbrara!

y qué hice? etzibar suspiros

y etzibo mi canción

remacho castros trapisondas

y mi verdad íntima

y no tengo más

que seguir con mi vía

iba yo en el siglo XXI

etzibando suspiros

cuando me vi cercada por mentirijillas

y qué hice?

etzibando suspiros

estudié de qué sueños están hechas o a lo menos farcidas

las mentirijillas metomentodo

estudié mis sueños estudié el “mis” del “estudié mis sueños”

estudié cómo no voyme a estudiar

he farcido mi silabario

con los pasados remotos de la humanidad y de mis vuelcos

que yo voy masticando

como lascas de viáticos

he farcido mi silabario

con lo que no me columbro con lo que me pescudo

he farcido mi silabario

con apetito de belleza y adelante

he farcido mi silabario

con un afán: belleza verdad y mi destino!

he farcido mi silabario

con lo que me supera

en fuerzas

y se sale

del propio silabario porque es mucho!

y qué hago?

etzibando suspiros

me etzibo y vivo y compongo esta canción

que sabe más que yo

que sabe más que yo!

***

constar como sexo, vivíparo, rosa.

moras que coleccionas como luces tupidas.

el corazón como fresa podrida entre libros.

un poema es una niña que tiene un secreto.

***

me llaman la jacarandosa.

tengo un cerebro de confitura de glía.

lo visto con gro con dulce.

gelatina, aroma, volantín, desplome.

***

bajo las escaleras incrustadas en la roca.

me zambullo en el mar.

me arremango la perspectiva.

mirar singlero.

***

vi en los sauces ennoviados de tu pelo

oscuro dos tardes,

dos mañanas,

dos muchachas reídas.

no dijeron nada,

aún.

aunque querían?

vi en los sauces ennoviados de tu pelo

dos muchachas reídas.

tan blavas que vi dos noches,

tan flavas que se ardïan.

no se decían nada,

aún.

aunque querían?

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Autora: Berta García Faet. Título: Una pequeña personalidad linda. Editorial: La Bella Varsovia. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

Imagen de portada: Berta García Faet

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Juan Domingo Aguilar. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 25 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía.

Revolución entre los libreros

Un año después de la inolvidable historia de amor, mar y guerra en la que Reverte nos marcaba las horas de frío bajo el mar de las batallas del Estrecho, los encuentros en la arena, los nuevos Ulises cansados y las eternas Nausícaas del Mediterráneo, aparece otra flamante historia, Revolución, que es “una novela”, como nos indica expresamente el subtítulo en la portada.

En el patio del restaurante mexicano donde el escritor se ha reunido con medio centenar de libreros, esa palabra tan sobada, “novela”, suena en boca del escritor a algo diferente: a thriller de cine, a héroes inolvidables, a mucha vida y muchas lecturas y sorpresas y códigos de amistad y mujeres singulares y paisajes desconocidos. Suena —claro— a inconfundible territorio revertiano.

El escritor cuenta que ha querido escribir una historia “en blanco y negro” con un lenguaje que ha sido para él una vez más, como ocurriera en La Reina del Sur y en los Alatristes, uno de los retos del trabajo artesano de construcción de la novela, que le ha obligado a cabalgar en los acentos como en un campo de batallas. “Aunque ahora tengo la ventaja enorme de contar con la pericia del veterano que lleva treinta años en este oficio”, admite. “El lector, por supuesto, no tiene que notar nada de esto; para él la novela debe ser tan solo el lugar donde quiera permanecer hasta el final de la aventura”, afirma el escritor.

Los libreros escuchan atentos las palabras del escritor. De muchos hombros cuelga una elegante bolsa de tela beige de promoción editorial que abulta porque Revolución, que va en su interior, tiene una extensión de casi 500 páginas. Además, la bolsa presenta unas líneas extraídas de la novela que determinan con mucha precisión la sinopsis de esta nueva aventura:

“Para él la revolución es el sentido personal de un extraño deber: La lealtad hacia hombres y mujeres a los que admiraba, en cuyas palabras, silencios y actitudes había conocido cosas que no olvidaría nunca, útiles para observar el mundo, la existencia y el posible, o inevitable, final de todo”.

“¿Cómo debería vender un librero esta novela?”. Reverte lanza la pregunta al aire. “Yo no lo sé”, se encoge de hombros. “No es, desde luego, una novela sobre la revolución mexicana; o no solo es eso. México y su revolución son la excusa; el paisaje para contar una historia universal: la del viaje a la madurez en la vida de un muchacho”.

Martín Garret, el protagonista, vive diez años fundamentales de su juventud en esta historia, y esos serán los días que nos contará Arturo Pérez-Reverte en Revolución. En esos años llenos de batallas, amigos, mujeres (“hay tres mujeres, pero de ninguna se enamora Martín; tan solo son la excusa para contar, desde el punto de vista narrativo, el sexo, la compañía, la soledad, el enamoramiento inocente, el dolor”, nos aclara el escritor) el joven ingeniero de minas abandona la inocencia de la juventud para adentrarse en su propia línea de sombra. Esta novela es, en definitiva, la historia de un ser humano descubriendo el mundo.

Mientras algunos libreros tratan de cazar la bandeja de tequilas y los últimos tacos, otros hojeamos con curiosidad el interior del libro, que desprende ese olor inconfundible a tinta y papel; el olor de la felicidad. No es casual, pienso, que la frase elegida para abrir la novela sea precisamente de Joseph Conrad, y desde luego, no es en absoluto coincidencia que ésta pertenezca, precisamente, a La flecha de oro, esa novela de aprendizaje en la que un joven Conrad enamorado todavía de las causas nobles y las mujeres hermosas que se recogen el pelo con un pasador en forma de flecha de oro, contase su historia de manera casi autobiográfica, valiéndose para ello de la carne literaria de un héroe sin nombre:

“Te tuvimos siempre por un hombre al que había que dar por perdido”.

En las novelas de Pérez-Reverte las citas son certeras como el enigma de la Esfinge.

Ni Jeosm ni yo hemos sido lo suficientemente hábiles como para catar durante la presentación una sola copa de vino, pero llevamos una promesa de aventura bajo el brazo firmada por el autor y una pequeña botella de tequila (detallazo editorial) en la bolsa. Pronto los libreros podrán compartir con toda una legión de lectores revertimos este singular viaje al corazón del héroe.

Imagen de portada: Foto Jeosm

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por María José Solano. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 28 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Encuentro/Escritores.

Leer poesía para hacer la revolución.

La poesía, como todas las bellezas, especialmente como aquéllas que resultan de palabras hilvanadas con gracia y genio, es un consuelo para los afligidos, un bálsamo para los dolientes.

Hay alguien que ha escrito contra la poesía recientemente. Lo cuenta Jesús Montiel en su nuevo libro, Canción de cuna, pero yo me he enterado porque uno no puede profanar según qué bienes sin que los cimientos de la tierra se estremezcan. El erudito escribió su diatriba y las entrañas del mundo temblaron, quién sabe si de horror, si de pánico o si de una inextricable mezcla de ambos. 

Lo que sostiene nuestro profanador es que la poesía opera como una suerte de narcótico. Que cautiva con su belleza a quien la lee, que lo sume en una irresponsable indiferencia, que amortigua su ímpetu revolucionario. El poeta, el lector de poesía se le aparece como un arquitecto que, en el mismo centro de un paraje devastado por mil tempestades, construye un palacio en el que vivirá hasta el fin de sus días, dichosamente ajeno a la penuria circundante, dichosamente despreocupado del hambre, el dolor y la muerte. 

Me he esforzado por entender a nuestro profanador. Creo que con éxito, al final. La poesía, como todas las bellezas, especialmente como aquéllas que resultan de palabras hilvanadas con gracia y genio, es un consuelo para los afligidos, un bálsamo para los dolientes. Encontramos solaz en el dolor cuando lo compartimos con un poeta que lo canta. Enrique García-Máiquez le atribuye a Mario Quintana la idea de que el verdadero poeta no sufre porque la alegría de haber escrito un buen verso eclipsa el sufrimiento que lo motivó.

Yo, por mi parte, extiendo la tesis a quienes, incapaces para la poesía, hemos de conformarnos con leerla. Tampoco sufrimos: el dolor que nos echa en brazos de un poema palidece ante el gozo de un verso luminoso. Todo apunta, pues, a que nuestro crítico tiene razón: el poeta, el lector de poesía consentirán todo, incluso que el mundo colapse, mientras ellos puedan guarecerse en el feraz refugio de las musas. 

«Desvela la belleza de lo que parece bello»

Sin embargo, nuestro profanador obvia un pequeño, minúsculo detalle. Además de un consuelo, la poesía obra una reconciliación. Nos reconcilia con una realidad burlona, cruel, por momentos manifiestamente injusta; con una realidad que devasta nuestras ilusiones igual que el huracán devasta las ciudades. 

El poeta revela como habitable un mundo que parece inhóspito. Confiere un sentido al dolor, que ya no es en vano, sino para que él lo cante, y nos infunde la esperanza de que las cosas sean de otra manera, tal y como la musa las ve. Desvela la belleza de lo que no parece bello. Aviva el esplendor de lo que ya es espléndido. Disipa de un soplido la sombra que envuelve el mundo y lo troca así en un hogar digno de ser amado, en un paraíso de dones, prodigios, milagros.

Para hacer la revolución hay que odiar y amar el mundo con idéntica pasión

Alguien podría preguntarse, no obstante, en qué sentido desmiente esto último la tesis de que la poesía incita al conformismo y aletarga el ímpetu revolucionario. 

Yo respondería que es evidente y que lo evidente no requiere explicación, pero me contendré y lo explicaré. Nuestro profanador olvida que para hacer la revolución hay que odiar y amar el mundo con idéntica pasión. No basta con detestar la realidad; también hay que reverenciarla. «Odiar el mundo lo suficiente para cambiarlo y amarlo lo suficiente para creer que vale la pena cambiarlo», dice Chesterton en Ortodoxia. 

Aborrecer en ocasiones lo que sobresale, lo que se nos manifiesta, las circunstancias, y amar siempre lo que subyace, la realidad que se nos ha ofrecido como don, ésa que podemos malograr y elevar indistintamente. Pero ¿cómo amar un mundo que el poeta aún no ha hecho amable con su genio? ¿Cómo amar este infierno de monotonía, tedio, sufrimiento en el que un demiurgo cruel nos ha vomitado?

Al inicio del artículo imaginábamos al lector de poesía como un arquitecto egoísta que yergue su palacio en el epicentro de un erial. Yo ahora he de imaginarlo distinto, como un recolector de frutos del bosque, quizá como un buscador de metales preciosos que, mientras la mujer abandonada llora, el niño famélico grita, el hombre desesperado posa la pistola en su sien y pronuncia una última oración, entretanto, se dedica a cargar su fardo de motivos, de buenos motivos, para sublevarse contra el mal que asuela el mundo. 

Recital de poesía con Jesús Montiel

Imagen de portada: Gentileza del editor.

FUENTE RESPONSABLE: VOZPÓPULI. Por Julio Llorente. 28 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía.

Anne Wiazemsky, la segunda estigmatizada por el gran Godard.

Fernando Rey contaba que hubo producciones estadounidenses en las que le contrataron para que les hablase de Buñuel. A tenor de las fechas de los trabajos del actor gallego para William Friedkin —El imperio de la droga (1971)— y John Frankenheimer —French Connection II (1975)—, y considerando que se pronunció en estos términos por aquellas fechas, me inclino a pensar que fue alguno de los dos realizadores del díptico de Popeye Doyle —Popeye apodaban a Jimmy Doyle (Gene Hackman), el protagonista de las dos cintas citadas, sus compañeros en la brigada de estupefacientes— a quien se refería el intérprete de Viridiana (1961), Tristana (1970) o El discreto encanto de la burguesía (1972), entre otras cintas de don Luis y varios realizadores de renombre internacional.

Cuarenta y muchos años después, a Michel Hazanavicius le bastó con leer Un año ajetreado (2012), la novela que la actriz y escritora Anne Wiazemsky dedicó a su encuentro y posterior matrimonio con el gran Godard, para saber cuanto creyó necesario sobre el maestro que divide en antes y después de él la historia de la gran pantalla —inaugurando, además, el cine de autor contemporáneo— y extraer una película de tamaño hallazgo.

Mal genio (2017), el filme referido, no es sólo la crónica sesgada y subjetiva de un amor que acabó mal. También fue una satisfacción para todos aquellos que, con una inquina que sobrepasa con creces la animadversión que se puede tener a un cineasta por mucho que su obra te irrite, llegaron a insultar personalmente a Godard en las redes sociales tras la noticia de su reciente suicidio asistido.

Ahora bien, como dicen los dirigentes de la cultura española al uso de nuestros días, esos insultos, proferidos contra alguien que acababa de morir, retrataron a cuantos los escribieron en Facebook y en Twitter, quienes, insensibles ante las rupturas de Godard —con la percepción de la continuidad, con la construcción tradicional de los caracteres dramáticos, con la dirección habitual de actores, con las fronteras que separan los distintos géneros…— no entienden más cine que los puñetazos de Clint Eastwood, las fanfarrias de John Williams y el infantilismo de Spielberg y Lucas.

Sí señor, además de ese autorretrato que les procuraron sus injurias, hubo algo en esa gente de esos enanos que critican a Gulliver. Ellos sabrán. Que sigan viendo hasta la consunción de los siglos esas manidas comedias que tanto les complacen.

La cinta de Hazanavicius fue loable y muy en la línea de la inquietud cinéfila que caracteriza a un cineasta como él, distinguido con un Oscar a la mejor dirección por The Artist (2011), su entrañable tributo a la pantalla silente.

Godard, por cierto, rechazó tan preciada estatuilla en 2010, en un último desprecio a esa pantalla comercial contra la que se alzó desde Al final de la escapada (1960). Eso sí, Hazanavicius fue a dejar constancia en Mal genio de cómo Anne Wiazemsky fue una actriz estigmatizada por Godard desde su segunda película hasta el final de su filmografía. Es más, el signo del abanderado de la Nouvelle Vague la persiguió incluso después de haber dado por concluida en 1988 su actividad como actriz e iniciar una carrera igualmente brillante como escritora.

Este segundo oficio fue el que la trajo a nuestro país en 2013. Y fue, precisamente, para presentar la traducción española de Un año ajetreado. Ya no era aquella chica candorosa, cuya efigie bien hubiera podido ser al mayo del 68 parisino lo que la mismísima Marianne —esa figura alegórica tocada con el gorro frigio que encarna a la república francesa— es al país vecino.

La Anne que conocieron sus lectores y admiradores españoles ya era una señora mayor. Había que mirarla dos veces para distinguir en ella a esa muchacha que exhibía con la decisión de los militantes —y junto a la maravillosa Juliet Berto ni más ni menos— el Libro rojo de Mao en el plano más famoso de La chinoise (Jean-Luc Godard, 1967).

La irrupción de Anne en el cine de autor europeo de finales de los años 60 fue tan sonada como 20 años después lo sería en la literatura. En 1998, su novela Une poignée de gens mereció la mayor distinción que concede a una ficción la academia francesa.

Pero las imágenes sugeridas en sus textos difícilmente habrán podido superar a la de la propia Anne en su juventud. Su atractivo fue el mayor encanto del maoísmo, a la vez que sintetizó a la perfección la magia de tantas jóvenes estudiantes europeas que, pese a ser gentiles burguesitas, renunciaban a los privilegios de su clase para integrar las filas de la revolución proletaria con todas sus consecuencias.

Recuerdo a algunas de ellas —también había jóvenes guardias rojos en el Madrid de mediados los años 70, el de mi adolescencia—, acusándome de ser un reaccionario porque bebía cubalibres y escuchaba rock & roll. Lo debido, según la cosmovisión revolucionaria, eran los licores locales y la nueva canción chilena, especialmente Victor Jara y Quilapayún.

Anne Wiazemsky, en las películas de Godard, retrató a las chicas que soltaban aquellas peroratas de la conciencia política como ninguna otra actriz. Tigres de papel (1977), tituló Fernando Colomo su cinta ambientada en aquel Madrid al que me refiero, “tigres de papel” nos llamaban a los reaccionarios los maoístas en alusión a un verso de Mao, el Gran timonel de su revolución y de la de los asesinos del jaez de Abimael Guzmán o los jemeres rojos.

Los dogmatismos de aquellos jóvenes de mi época, antes de concienciarme, me hicieron beber más cubalibres, escuchar más rock & roll y comprender, adolescente aún, que la política, sea cual sea el lado de su espectro, es la actividad más despreciable que puede ejercer el ser humano: sólo existe para solucionar los problemas que ella misma crea previamente y en el interín, con una frecuencia espeluznante, lleva a los concienciados a matar y a morir.

Y esto es un hecho constatable, no retórica, como los versos de Mao. Así las cosas, no hará falta que me detenga ante el profundo desprecio que me inspira toda la cultura del compromiso político, empezando por el cine y la canción protesta… A excepción de las cintas maoístas de Godard que, naturalmente, no me interesan por maoístas, sino por ser de Godard. Anne Wiazemsky fue su musa más genuina de aquellos títulos.

Nieta del premio Nobel de Literatura François Mauriac, la futura militante nació —ya digo— gentil burguesita en el Berlín de 1947, ciudad donde estaba destinado su padre, un aristócrata empleado como funcionario internacional.

Descubierta por el gran Robert Bresson, éste le confió el papel de la muchacha que llora la suerte de su burro en El azar de Baltasar (1966). Así pues, sólo contaba 19 años cuando debutó en el cine protagonizando una obra maestra. A la sazón ya era una consumada cinéfila. Admiradora del gran Godard, como también lo eran Fritz Lang y The Rolling Stones, Jean Renoir y Brigitte Bardot, según habría de recordarnos su personaje, incorporado por la maravillosa Stacy Martin en Mal genio, decidió escribirle una carta donde le confesaba estar enamorada de él.

Ni el maoísmo ni nada. Si hubo algo que Godard amó más que el cine, eso fueron las mujeres hermosas. Como lo fueron todas las que protagonizan su copiosa filmografía. Una chica y una pistola le bastaban para hacer una película.

Ya separado definitivamente de Anna Karina, su primera estigmatizada de forma indeleble, apenas vio a su nueva enamorada, se casó con ella. Al punto empezaron los problemas. Hija de una familia tan católica como la de François Mauriac —a quien la futura maoísta estuvo especialmente unida—, en su casa se negaron a su matrimonio con alguien que le sacaba casi diecisiete años.

Ya esposa y musa de Godard, así como militante maoísta en la vida real, Anne estaba al lado del maestro cuando los responsables de la embajada China en París, tras asistir a una proyección de La chinoise, le comunicaron que dicha película les había parecido la obra de un demente.

Tan insoportable en la intimidad como todos los genios, Anne aguantó todos los ataques de celos de Godard.

Le acompañó a las manifestaciones y, cuando abandonó la pantalla comercial a raíz de los acontecimientos de mayo del 68 —en los que ella leía los manifiestos promovidos por Daniel Cohn-Bendit y Jean-Pierre Duteuil—, participó en varios de sus filmes militantes, distribuidos casi exclusivamente entre organizaciones clandestinas: Le vent d’est (1970), Lotte in Italia (1971) o Vladimir et Rosa (1971), fueron algunos de dichos títulos.

Paralelamente, ya estigmatizada, para bien y para mal como la nueva inspiración del gran Godard, Anne Wiazemsky maravilló a algunos de los más destacados realizadores del cine europeo de su tiempo. Para Pier Paolo Pasolini protagonizó Teorema (1968) y Pocilga (1969). Para Marco Ferreri fue la Dora de El semen del hombre (1969) y con el suizo Alain Tanner, también recientemente fallecido —grande entre los grandes del cine de autor—, colaboró en Le retour d’Afrique (1973).

Separada de Godard en 1979, con quien la convivencia se había hecho imposible desde mucho antes, la filmografía de la actriz se prolongó hasta 1988.

Sólo volvió a ver al maestro en una edición del festival de Cannes. Se acercó a él para felicitarle por la cinta que acabada de presentar y él le dio una mala contestación.

Con todo, quien sabe si para exorcizar su recuerdo o para entregarse aún más a él, desde su tercera novela —Canines (1993), sobre una actriz y la dificultad que le plantea la ruptura definitiva con su ex, un director— volvió sobre el estigma de Godard.

Ya convertida en una de las autoras más destacadas de Francia, con su bibliografía prácticamente terminada, abundó en su obsesión con Godard en Un año ajetreado. El maoísmo ya solo era un recuerdo.

Para ella, para él e incluso para los nuevos comunistas chinos. Un recuerdo para todo el mundo, excepto para quienes perdieron la vida a causa de su revolución cultural.

Anne Wiazemsky murió en París en octubre de 2017. Godard se suicidó hace unos días, unas horas antes de que los detractores de su cine volvieran a insultarle en las redes sociales tras la noticia de su fallecimiento.

Imagen de portada: Anne Wiazemsky

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Javier Memba. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 25 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Cinematografía/Literatura/Anne Wiazemsky/Godard.

‘Hititas’, la historia de los guerreros de Anatolia.

La guerra, sin duda, ha servido para consolidar el poder entre los hombres a lo largo de la historia. Y, como tal hecho principal, ha contribuido a forjar la historia y su narración a lo largo del tiempo

En lo que hace relación a la cultura Hitita, su significación ha sido alta como pueblo y civilización, situando su influencia hacia el segundo milenio a.C. en adelante, y su área de influencia el medio  Oriente en sentido genérico. A tenor de lo que leemos en el libro (muy preciso en sus fuentes y narrado con rigor y amenidad) su territorio de influencia podríamos resumirlo así: “Un terreno enmarcado dentro de la cuenca del Marassantiya al que hemos llamado patria hitita; ahí se encuentra la capital, Hattusa, y muchos de los centros religiosos y administrativos más importantes (…) Cierta cantidad de estados vasallos repartidos por muchas partes de Anatolia y el norte de Siria (…) A partir de la 2ª mitad del siglo XIV a.C. conocemos dos virreinatos, uno en Carquemis y otro en Alepo (ciudad donde las referencias a este pueblo continúan siempre visibles en el nomenclátor) A mediados del s. XIII a.C. se estableció un tercer virreinato en el sudeste de Anatolia”

Considerando no solamente su gran área de influencia geográfica sobre el terreno, sino la durabilidad de su poder, parece procedente lo que nos resalta el autor, este prestigioso profesor australiano, que ha estado vinculado a la Universidad de Queensland: “Uno de los rasgos más notables del Reino hitita fue que, a lo largo de sus 500 años de existencia, una sola dinastía real fundada a principios del siglo XVII a.C. ejerció el poder supremo de un modo casi ininterrumpido (…) La circunstancia que hace de la longevidad dinástica un hecho notable es que procede de un grupo étnico minoritario en el reino, hablantes de una lengua indoeuropea llamada nesita”

En sentido estricto hemos conocido que la persona del rey era sagrada. Ejercía el poder por derecho divino, pues era el representante de los dioses en la tierra (veamos que esta idea no se aleja mucho de la percepción religiosa de la figura del rey en la España Moderna e Imperial) e intermediario entre ellos y sus adoradores humanos. “El rey ideal debía ser un gran guerrero y demostrar con regularidad sus habilidades en el campo de batalla (lugar donde la crueldad podría adquirir tintes alarmantes como actitud)” La otra gran responsabilidad del soberano consistía en inspeccionar la administración de justicia en su territorio.

Habiendo dos clases bien distinguidas, la clase alta y la plebe, los intereses de ésta estaban cuidadosamente regulados, “pues las leyes se preocupan sobre todo por las actividades y disputas entre la plebe del mundo hitita” De hecho, la colección de leyes hititas es uno de los documentos sociales más valiosos referentes a este período, sobre todo por la luz que derraman sobre la vida y la sociedad en su nivel más modesto, sobre las actividades cotidianas de las gentes que poblaban  el imperio. Cabe  hacer notar que “el incesto se tenía como una práctica especialmente aberrante” En otros casos, la relación sexual era más laxa: “si un hombre tiene una esposa, y él muere, su hermano será el primero para tomarla como esposa; entonces, si el hermano muere, su padre la tomará…” Estaban prohibidos la poligamia y el concubinato, si bien “el rey podía tener varias, o muchas, concubinas aparte de una esposa principal”

Podemos conocer también, gracias a la minuciosa información que el profesor Bryce aporta en su dilatado estudio, que Hattsusili llegaría a ser el gran rey de Hatti, y no a través del proceso habitual de sucesión, sino tomando por la fuerza el trono (Pequeñas flaquezas humanas, diría el irónico) Un rasgo distintivo curioso, y a señalar por lo distintivo en este pueblo, es la posición ocupada por la primera dama. La función principal de la tawananna era oficiar como suma sacerdotisa del reino de Hatti. Eso ya de por sí le otorgaba un poder y una autoridad considerable, pues hablamos de un Estado donde la autoridad secular y la eclesiástica estaban íntimamente entrelazadas.

Mantenida su área de influencia de una manera desigual según las circunstancias, y a sabiendas de que todo protagonismo humano es pasajero, avanzado ya el segundo milenio que fijó su mayor poderío, aparecen en la historia los llamados ‘pueblos del mar’, que habían de debilitar y sustituir el poder dominante: “a principios del siglo XII (donde se data el próximo final del poder hitita) grandes grupos humanos llegaron del mar y barrieron buena parte de Próximo Oriente, desde Anatolia a Chipre y grandes extensiones de Siria y Palestina, dejando a su paso un rastro de destrucción”

Nuevas gentes, pues, nuevas culturas –una vez más- sustituirán a las precedentes para conformarse como nuevos protagonistas de la historia. “Tempus fugit”

Decir, en fin, que, a día de hoy, quien vaya de viaje por la Capadocia, podrá conocer la figura triste, ‘yacente’ en el tiempo pero erguida, del conocido como ‘el castillo de ORTAHISAR’, una auténtica montaña horadada de antiguas viviendas que ha resistido con dificultad el paso (el peso) del tiempo. Allí, en un paisaje lento, hermoso, subyugante, pacen todavía, libres, algunos ejemplares de los afamados caballos hititas, tan cantados en las viejas batallas.

La herencia dejada por este civilización fue notoria y prolongada en el tiempo tanto en el terreno del arte como en el de la escritura. ¿Su lengua tuvo relación con algunas inscripciones de carácter jeroglífico? Sí, desde luego, con la escritura cuneiforme que conocemos en la tablillas. Hoy, al referirnos a dicha cultura, hemos de aludir a vestigios gloriosos, a sabiendas de que las capas de la cultura de un pueblo –sobre todo guerrero- son el precedente de aquellas que las hayan de sustituir y tapar.

El libro, ya queda dicho, es rico en documentación minuciosa y está narrado con verosimilitud y eficacia.

Imagen: Cubierta de portada de “Hititas” Historia de los guerreros de la Anatolia.

FUENTE RESPONSABLE: Culturamas. Por Ricardo Martínez. 25 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Novela/Reseña.

Zenda recomienda: Caminantes, de Edgardo Scott

Martes en Zenda. Martes de literatura de no ficción. Martes, en este caso, de Caminantes. Flâneurs, paseantes, walkmans, vagabundos, peregrinos, un ensayo publicado en España por la editorial Gatopardo en el que el escritor argentino Edgardo Scott (Lanús, 1978) se aproxima a las posibilidades estéticas y políticas del acto de caminar en un contexto cultural en el que la aceleración de los movimientos ha diseminado la potencia de la percepción. 

Recogiendo la estela de autores de comienzo del siglo XX como Franz Hessel o Walter Benjamin, atravesando toda una tradición poética, literaria y musical hasta aterrizar en nuestra contemporaneidad, Scott lleva a cabo una reivindicación del ojo activo durante el paseo.

La propia editorial apunta, acerca de la obra: «Lo cierto es que no se camina nada o se camina poco y mal. Se camina sin ver, sin contemplar, sin abandonarse al paseo», constata Edgardo Scott al inicio de este sugerente ensayo. 

En la era del automóvil, del footing y de las pantallas, el arte de caminar parece en peligro de extinción. Pues caminar es —puede ser— algo más que desplazarse a pie, dar un paso tras otro, ejercitar las piernas por prescripción médica. Como atestigua una larga tradición de escritores, pensadores y artistas a los que Scott convoca, homenajea y sigue en estas páginas llenas de asociaciones canónicas e imprevistas —de san Ignacio de Loyola a Damon Albarn, pasando por Baudelaire, R. L. Stevenson, Borges, Machado y Rosa Chacel—, caminar es una forma de meditación estética y filosófica, de imaginación literaria y política; una forma de escritura y de lectura en movimiento que nos ayuda a descifrar el mundo que nos rodea y también a nosotros mismos».

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Autor: Edgardo Scott. Título: Caminantes. Flâneurs, caminantes, walkmans, vagabundos, peregrinos. Editorial: Gatopardo. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

Imagen: Cubierta de portada de “Caminantes”

FUENTE RESPONSABLE: ZENDALIBROS.COM 27 de septiembre 2022

Sociedad y Cultura/Literatura/Edgardo Scott/Libro recomendado.

 

 

Cinco poemas de Diego Serebrennik

Familia

Hijo corazón,

otro hijo león,

esposa canción.

 

Paseo

Salgo acompañado por el pueblo

y los rojos liquidámbares,

la sinfonía del mar,

el perfume de los pinos

y los almuerzos que se preparan en las casas

están hoy más vivos que nunca.

 

Depresión

Llegó la hora de la depresión, en que el espíritu colapsa y sólo ve los fantasmas de los que uno ahora está hecho: cada persona es un enemigo, cada hecho anuncia un desastre, a cada joven se lo presiente ya decrépito, cada entusiasmo es una tragedia anunciada, cada instante un trozo de infierno que llenar, nada tiene sentido. No me extraña que se desee la muerte.

 

Flores

Vuelan, asesinas de sí mismas,

al cumplir su ciclo,

con su muerte suave.

 

Gestación

Suave en mí se va gestando

un poema que me mece,

pasa una musa volando

y el verso crece.

Su cadencia minuciosa

se va abriendo como un beso,

como se abre una rosa,

casi sin peso.

Y se despliega en el alma

y luego la calma.

 

Imagen de portada: Diego Serebrennik

FUENTE RESPONSABLE: Letralia. Tierra de Letras. 25 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía

Zenda recomienda: Bestia, de Irene Solà

Jueves en Zenda. Jueves de poesía. Jueves, en este caso, de Bestia, el poemario con el que la autora catalana Irene Solà (Malla, 1990) debutó en el panorama literario en el año 2012, un lustro antes de su irrupción definitiva de la mano de dos novelas inapelables: Los diques y Canto yo y la montaña baila. Originalmente editado en catalán —del mismo modo que todos los trabajos de Solà— por la editorial Galerada tras hacerse con el Premi de Poesia Amadeu Oller, Bestia aparece ahora por primera vez en edición bilingüe, con traducción al español de Unai Velasco, en el catálogo del sello La Bella Varsovia.

La propia editorial apunta, acerca del libro: «De una libertad radical nacen estos poemas. Nos llegan de una tierra salvaje e imprevista, en la que se reorganiza la materia y se subleva el cuerpo; en la que el cuerpo reflexiona, y vive y cuenta. Irene Solà se enfrenta al entorno con una mirada cruda y al mismo tiempo vivaz, inquieta y vigorosa, que destruye mientras busca un nuevo orden en las cosas, y que nunca da nada por sentado. Estos poemas irradian una fuerza misteriosa que nos absorbe enseguida: nos requiere.

Irene Solà debutó en la literatura con el libro de poemas Bèstia, que obtuvo en 2012 el Premi Amadeu Oller. Ahora presentamos Bestia en edición bilingüe, incluyendo el original en catalán, y con traducción al castellano del poeta Unai Velasco. Entramos así, con asombro y cautela, en este mundo familiar y extraño que anticipa —en cierto modo— el imaginario de la narrativa de Irene Solà, pero que sobre todo muestra ya una voz personalísima, radical. Habla la bestia: se renueva la potencia de los sentidos. Y la bestia eres tú, que lees y escuchas, tocas, olfateas y reconoces por su sabor estos poemas.

El primer libro de la autora de Canto yo y la montaña baila: una mirada a su mundo poderoso y poético».

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Autora: Irene Solà. Traductor: Unai Velasco. Título: Bestia. Editorial: La Bella Varsovia. Venta: Todostuslibros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

Imagen: Cubierta de portada de “Bestia”

FUENTE RESPONSABLE: ZENDALIBROS.COM 29 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Irene Solá, libro recomendado.

 

 

9 poemas de Wisława Szymborska

Wisława Szymborska fue una poeta, ensayista y traductora nacida en Kórnik, Polonia, en 1923. Considerada como una de las autoras más singulares de su país, recibió el Nobel de Literatura en 1996. Estudió filología y sociología después de la Segunda Guerra Mundial en la Universidad Jagellónica, tras lo cual inició su andadura literaria, consagrada esencialmente a la poesía, aunque también a la crítica y al ensayo en diversas publicaciones periódicas, en particular en Vida Literaria. Su primer poema publicado, «Busco la palabra», apareció en 1945 en el Diario Polaco, y fue a partir del poemario Por eso vivimos (1952) cuando obtuvo reconocimiento público. Será con Llamada al Yeti (1957) cuando romperá definitivamente con los preceptos del régimen, en un ajuste de cuentas con su actitud anterior y también con la de la sociedad oficial. A partir de aquel año, en Polonia como en otros países, se inició un fuerte movimiento de rechazo de la imposición soviética y del doctrinarismo comunista, en forma de rebeldía nacionalista. Szymborska optó por la reflexión filosófica y ética, tomando distancia de los debates concretos, y siempre tiñendo de su peculiar humor sus indagaciones poéticas sobre el espíritu humano individual. Sucesivamente fueron apareciendo sus obras de madurez: La sal (1962), Cien alegrías (1967), Todo caso (1972), Gran número (1976) y Gente en el puente (1986), hasta llegar a Fin y principio (1993). Otro de los rasgos de su obra es su facultad para desvelar lo insólito a través de los hechos y los fenómenos aparentemente más insignificantes y cotidianos. Además del Premio Nobel, recibió otros galardones como el Premio Goethe (1991) o el Premio Herder (1995).

***

ENCUENTRO INESPERADO

Somos muy amables el uno con el otro,

decimos que es bonito encontrarse después de tantos años.

Nuestros tigres beben leche.

Nuestros azores van a pie.

Nuestros tiburones se ahogan en el agua.

Nuestros lobos bostezan ante una jaula vacía.

Nuestras víboras se han sacudido los relámpagos,

los monos la inspiración, los pavos reales las plumas.

¡Cuánto hace que dejaron nuestro pelo los murciélagos!

Callamos sin terminar la frase,

sonriendo sin remedio.

Nuestras personas

no saben cómo hablarse.

***

POEMA EN HONOR

Había una vez. Inventó el cero.

En un país incierto. Bajo una estrella

hoy probablemente oscura. Entre fechas

por las que quién juraría. Sin nombre

ni siquiera cuestionable. Sin dejar

bajo su cero ningún pensamiento profundo

sobre la vida, que es como. Ni una leyenda

de que cierto día a una rosa cortada

le agregó un cero y la ató en un ramillete.

Que cuando tenía que morir se fue al desierto

en un camello de cien jorobas. Que se quedó dormido

a la sombra de la palma que se había llevado. Que se despertará

cuando ya todo esté contado

hasta un grano de arena. Qué clase de hombre.

Por la grieta entre el hecho y lo inventado

se escapó nuestra atención. Resistente

a cada sino. Se sacude

cada aspecto que le doy.

Se le adhirió el silencio sin que la voz dejara cicatriz.

La ausencia tomó forma de horizonte.

El cero se escribe solo.

***

VIETNAM

Mujer, ¿cómo te llamas? – No sé.

¿Cuándo naciste, de dónde eres? – No sé.

¿Por qué cavaste esta madriguera? – No sé.

¿Desde cuándo te escondes? – No sé.

¿Por qué mordiste el dedo cordial? – No sé.

¿Sabes que no te vamos a hacer nada? – No sé.

¿A favor de quién estás? – No sé.

Estamos en guerra, tienes que elegir. – No sé.

¿Existe todavía tu aldea? – No sé.

¿Éstos son tus hijos? – Sí.

***

A MI CORAZÓN EL DOMINGO

Gracias te doy, corazón mío,

por no quejarte, por ir y venir

sin premios, sin halagos,

por diligencia innata.

Tienes setenta merecimientos por minuto.

Cada una de tus sístoles

es como empujar una barca

hacia alta mar

en un viaje alrededor del mundo.

Gracias te doy, corazón mío,

porque una y otra vez

me extraes del todo,

y sigo separada hasta en el sueño.

Cuidas de que no me sueñe al vuelo,

y hasta el extremo de un vuelo

para el que no se necesitan alas.

Gracias te doy, corazón mío,

por haberme despertado de nuevo,

y aunque es domingo,

día de descanso,

bajo mis costillas

continúa el movimiento de un día laboral.

***

PROSPECTO

Soy un tranquilizante.

Funciono en casa,

soy eficaz en la oficina,

me siento en los exámenes,

comparezco antes los tribunales,

pego cuidadosamente las tazas rotas:

sólo tienes que tomarme,

disolverme bajo la lengua,

tragarme,

sólo tienes que beber un poco de agua.

Sé qué hacer con la desgracia,

cómo sobrellevar una mala noticia,

disminuir la injusticia,

iluminar la ausencia de Dios,

escoger un sombrero de luto que quede bien con una cara.

A qué esperas,

confía en la piedad química.

Eres todavía un hombre (una mujer) joven,

deberías sentar la cabeza de algún modo.

¿Quién ha dicho

que la vida hay que vivirla arriesgadamente?

Entrégame tu abismo,

lo cubriré de sueño,

me estarás agradecido (agradecida)

por haber caído de pies.

Véndeme tu alama.

No habrá más comprador.

Ya no hay otro demonio.

***

EL VIEJO CANTANTE

Él canta hoy así: trala tra la.

Y yo cantaba así: trala tra la.

¿Oye usted la diferencia?

Y en lugar de ponerse aquí se pone aquí

y mira hacia allá y no hacia allá

aunque desde allí y no desde allí

venía corriendo –no como ahora pampa rampa pam,

sino sencillamente pampa rampa pam–

lo inolvidable Tschubeck-Bombonieri,

sólo que

quién la recuerda”.

***

FIN Y PRINCIPIO

Después de cada guerra

alguien tiene que limpiar.

No se van a ordenar solas las cosas,

digo yo.

Alguien debe echar los escombros

a la cuneta

para que puedan pasar

los carros llenos de cadáveres.

Alguien debe meterse

entre el barro, las cenizas,

los muelles de los sofás,

las astillas de cristal

y los trapos sangrientos.

Alguien tiene que arrastrar una viga

para apuntalar un muro,

alguien poner un vidrio en la ventana

y la puerta en sus goznes.

Eso de fotogénico tiene poco

y requiere años.

Todas las cámaras se han ido ya

a otra guerra.

A reconstruir puentes

y estaciones de nuevo.

Las mangas quedarán hechas jirones

de tanto arremangarse.

Alguien con la escoba en las manos

recordará todavía cómo fue.

Alguien escuchará

asintiendo con la cabeza en su sitio.

Pero a su alrededor

empezará a haber algunos

a quienes les aburra.

Todavía habrá quien a veces

encuentre entre hierbajos

argumentos mordidos por la herrumbre,

y los lleve al montón de la basura.

Aquellos que sabían

de qué iba aquí la cosa

tendrán que dejar su lugar

a los que saben poco.

Y menos que poco.

E incluso prácticamente nada.

En la hierba que cubra

causas y consecuencias

seguro que habrá alguien tumbado,

con una espiga entre los dientes,

mirando las nubes.

***

UN GATO EN UN PISO VACÍO

Morir, eso no se le hace a un gato.

Porque qué puede hacer un gato

en un piso vacío.

Trepar por las paredes.

Restregarse entre los muebles.

Parece que nada ha cambiado

y, sin embargo, ha cambiado.

Que nada se ha movido,

pero está descolocado.

Y por la noche la lámpara ya no se enciende.

Se oyen pasos en la escalera,

pero no son ésos.

La mano que pone el pescado en el plato

tampoco es aquella que lo ponía.

Hay algo aquí que no empieza

a la hora de siempre.

Hay algo que no ocurre

como debería.

Aquí había alguien que estaba y estaba,

que de repente se fue

e insistentemente no está.

Se ha buscado en todos los armarios.

Se ha recorrido la estantería.

Se ha husmeado debajo de la alfombra y se ha mirado.

Incluso se ha roto la prohibición

y se han desparramado los papeles.

Qué más se puede hacer.

Dormir y esperar.

Ya verá cuando regrese,

ya verá cuando aparezca.

Se va a enterar

de que eso no se le puede hacer a un gato.

Irá hacia él

como si no quisiera,

despacito,

con las patas muy ofendidas.

Y nada de saltos ni maullidos al principio.

***

LAS TRES PALABRAS MÁS EXTRAÑAS

Cuando pronuncio la palabra Futuro,

la primera sílaba pertenece ya al pasado.

Cuando pronuncio la palabra Silencio,

lo destruyo.

Cuando pronuncio la palabra Nada,

creo algo que no cabe en ninguna no-existencia.

Imagen de portada: Wislawa Szymborska

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Juan Domingo Aguilar. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 28 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía/Versátiles.

 

8 poemas de e.e. cummings

Edward Estlin Cummings, más conocido como e.e. cummings, fue un poeta nacido en Cambridge (Massachusetts) en 1894. Escribió algunas obras de narrativa y teatro y un libro de crítica, I: six nonlectures, que recopilaba las lecciones que impartió en la cátedra de poesía Charles Eliot Norton de la Universidad de Harvard. Publicó una docena de libros de poesía entre 1923 y su muerte en el año 1962. La recopilación póstuma de sus Complete Poems abarca más de mil páginas. Su poesía se caracteriza por un componente rupturista y experimental, rebelde, personal e inclasificable, tanto que no fue bien entendida ni acogida por la crítica pero sí, en cambio, por los lectores y otros autores, que llegaron a considerarlo un referente fundamental y único a la hora de concebir la poesía norteamericana del mitad del siglo XX. Presentamos una selección de poemas de Buffalo Bill ha muerto (Antología poética 1910-1962) (Hiperión, 1996), con traducción de José Casas.

***

N

SIETE POEMAS

VII

¿quién sabe si la luna no es

un globo que ha partido de una profunda ciudad

en el cielo –repleto de personas hermosas?

(y si tú y yo

nos subiésemos a él, si

nos aceptaran a ti y a mí en su globo,

entonces

nos elevaríamos con todas esas hermosas personas más alto

que las casas, los campanarios y las nubes:

navegaríamos

y navegaríamos hasta una profunda

ciudad que nadie ha visitado jamás, donde

siempre

es

Primavera) y todo el mundo está

enamorado y las flores se cogen solas.

***

LVII

en algún lugar al que nunca he ido, gozosamente más allá

de toda experiencia, tus ojos tienen su silencio:

en tu gesto más delicado hay cosas que me rodean,

o que no puedo tocar porque están demasiado cerca.

tu mirada más leve me abrirá sin esfuerzo

aunque me haya cerrado como unos dedos,

tú siempre me abres pétalo a pétalo como abre la Primavera

(tocando hábil, misteriosamente) su primera rosa

o si tu deseo fuera encerrarme, yo y mi vida

nos cerraremos muy delicadamente, de repente,

como cuando el corazón de esta flor imagina

la nieve cayendo cuidadosamente por todas partes;

nada de lo que podamos percibir en este mundo iguala

el poder de tu intensa fragilidad: su textura

me domina con el color de sus países,

produciendo muerte y eternidad a cada latido

(no sé qué hay en ti que se cierra

y se abre; pero algo en mí comprende

que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas)

nadie, ni siquiera la lluvia, tiene unas manos tan pequeñas

***

10

maggie y milly y molly y may

bajaron a la playa (a jugar un día)

y maggie descubrió una caracola de sones

tan melodiosos que se le olvidaron sus preocupaciones, y

milly ayudó a una estrella varada

cuyos rayos eran cinco lánguidos dedos;

y a molly la persiguió una horrible cosa

que corría de lado haciendo burbujas: y

may volvió a casa con una piedra lisa y redonda

tan pequeña como un mundo y tan grande como solitaria.

Pues sea lo que sea lo que perdamos (como un tú o un yo)

siempre nos encontramos a nosotros en el mar

***

44

los chicos de los que hablo no son refinados

salen con chicas que embisten y muerden

la suerte les importa un pito

se las tiran trece veces cada noche

uno cuelga un sombrero de la teta de una de ellas

otro graba una cruz en su trasero

la inteligencia les importa un bledo

los chicos de los que hablo no son refinados

van con chicas que muerden y embisten

que no saben leer ni escribir

que se ríen hasta reventar

y que se masturban con dinamita

los chicos de los que hablo no son refinados

no saben hablar de esto y aquello

el arte les importa un comino

matan como el que mea

dicen todo lo que se les pasa por la cabeza

hacen todo lo que les sale de los cojones

los chicos de los que hablo no son refinados

cuando bailan hacen temblar las montañas

***

X

cuando hayas recibido tu último aplauso, y

el telón final haga desaparecer el mundo,

sumiendo en el desaliento y en un sombrío silencio

ese escenario que no volverá a conocer tu sonrisa,

y quedes un momento mientras yo te miro

reflexiona en el triste papel que te permitirán representar;

ya veo los grandes labios encendidos, el rostro gris

y los melancólicos y silenciosos ojos de Magdalena.

Las luces han reído por última vez; afuera, la oscura

calle aguarda a aquélla cuyos pies han pisoteado

las necias almas de los hombres hasta convertirlas en polvo dorado:

se detiene en el umbral de la derrota,

su corazón se quiebra en una sonrisa- es el Deseo…

el mío también, pequeño poema pintado por dios

***

VIII

supongamos

que la Vida es un viejo que lleva flores en la cabeza.

 

la joven muerte está sentada en un café

sonriendo, con una mochila entre

el pulgar y el índice.

 

(le digo «comprará flores»

y «la Muerte es joven

la vida lleva pantalones de terciopelo

la vida se tambalea,la vida tiene barba» te

 

digo a ti que estás en silencio. -«¿Ves

la Vida?» está aquí y allí,

es eso,o esto

o nada o un viejo 3 tercios

dormido,con flores

en la cabeza,gritando siempre

a nadie algo sobre les

roses les bluets

sí,

¿comprará?

Les belles bottes -oh escuche

,pas chères»)

 

y mi amor respondió lentamente creo que sí.   Pero

creo que veo a alguien más

 

es una señora llamada Después

está sentada junto a la joven muerte, es delgada;

le gustan las flores.

***

IMPRESIONES 

IV

las colinas

como los poetas se visten

con pensamientos púrpura contra

el

magnífico clamor del

día

torturado

de oro,que en breve

deformado

se desploma

exhalando un alma roja en la oscuridad

así pues

maestro de pardos ojos

cruza

las dulces puertas

de mi corazón y

coge

la

rosa,

que perfecta

es

Con manos asesinas

***

XLVIII

ven un poco más lejos —por qué tener miedo—

ya despunta la primera estrella (¿tienes algún deseo?)

tócame

antes de que perezcamos

(créeme que nada de cuanto se ha

inventado podría arruinar esto o este instante)

bésame un poco:

el aire

se oscurece y está vivo—

vive conmigo en la parquedad de

estos colores;

que solos a duras penas

están siempre fuera del alcance de la muerte.

Imagen de portada: E.E.Cumming

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Juan Domingo Aguilar. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 28 de septiembre 2022.

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