El acertijo – Parte VII

Julián, lejos de sentirse tranquilo
creía no haber logrado demasiado,
al margen de saber que en su cabeza
rondaba el dato del Hotel Madero ,
que era el lugar en que se alojaban
según dijeron, los dos supuestos turistas, 
además tenía también, algo que para sí
podría resultar una fantasía o un albur, 
como el supuesto significado al que llegó
del dibujo de pétalos, el que lejos
estaba de darle una certeza absoluta.

Recordó que en su smartphone
tenía una fotografía de los cuatro,
de aquel día en que le pidió
al mozo del bar, como solía hacerlo
sacarles una como recuerdo
y era ello lo más importante, ya que
se veían nítidamente los rostros.

Ahora bien, había avanzado en poco tiempo, 
pero sabía que no podía resolver el caso, solo.

Ahora sí, podía dirigirse a la policía
y contar con detalle todo lo sucedido,
entro al buscador en su teléfono 
localizando en el barrio de la Boca
la comisaria 24, en la calle Pinzón.

Salió de la casa, volvió a tomar un taxi.
Al subir, respiro tratándose de relajarse
sonrió y fue como si se inspirara en el personaje 
de historieta, que tanto leía de adolescente,
Boggie “el aceitoso” y una de las frases
famosas entre el glosario del delincuente.

“Cada uno tiene derecho a elegir, cómo quiere morir”.

Por ello, no quería seguir con esto, solo
él era un hombre simple y común como tantos,
y si bien no se sabía cobarde, a lo desconocido
no se lo enfrentaba siendo valiente, por el contrario
se debía contar con la experiencia del mundo
delictivo, al que él desconocía completamente. 

Se requería tener información, validarla 
y fundamentalmente tener los medios
como solo la policía podía poseerlos, además
de la experiencia de llevar a cabo redadas,
luego de varios protocolos de procedimientos
de los que Julián, no tenía conocimiento alguno. 

Llego a la seccional, y se detuvo en la entrada
por el requerimiento mas las preguntas de la custodia,
a la que le informo de la desaparición de persona,
pero que otras razones, le exigían conversar
con quien estuviera a cargo de la seccional.

El custodia dudo primero, pero luego utilizando
su intercomunicador auditivo, permitió su ingreso.

Al entrar, le ordenaron sentarse en una sala
contigua a la oficina, de quien parecía ser la
del comisario de la unidad, al que podía ver
desde donde estaba, hablando con un oficial.

No pasaron diez minutos, cuando el comisario
lo invito a pasar, presentándose como Muriatti,
Julián hizo lo mismo, se estrecharon las manos
y comenzó en forma convulsiva con velocidad
de metralla a hablar, mientras sacaba papeles
mas tantos otros, de los elementos de su mochila.

Muriatti lo freno con voz potente, pero cordialmente,
diciéndole que se relajara y que le contara paso a paso,
desde el momento, en que no había encontrado a su mujer
al volver a su casa, sin olvidar ningún detalle,
ya que todo era importante, para esclarecer el hecho.

Por espacio de una hora, Julián fue diciéndole
al comisario cada detalle, de a ratos Muriatti
lo detenía haciéndole alguna pregunta, anotando
su respuesta y cuando llegaron al “encuentro”
con los supuestos turistas y diciéndole Julián
que poseía una foto, el comisario se la pidió.

En ese momento a viva voz, Muriatti llamó 
al oficial principal, al que le urgió que cotejara 
los rostros de los desconocidos con los archivos, 
e interactuara con Migraciones y sus datos biométricos,
para corroborar los dichos de Julián y saber cuando
habían llegado y a través de que medio, a la ciudad.

Muriatti ya tenía el dato del Hotel Madero, pero quiso
asegurarse la identidad de los dos sujetos y no correr riesgo
de fuga antes de realizar un allanamiento complejo.

Julián lo observaba y Muriatti hasta ahí, no le había dicho
que pensaba ni del anillo tampoco de su significado, además
 –pensó dentro de si- del lugar en donde solo él creía,
que se podía encontrar Amanda, contra su propia voluntad.

Muriatti tranquilizo a Julián, le invito un café
y le dijo que podía quedarse en su oficina,
ya que los datos no tardarían en llegar a sus manos… 

El acertijo – Parte VI

Silbo a un taxi, subió a él ya muy cansado
no entendía porque seguía sin convencerle
que la figura no representara nada,
trato nuevamente de recordarla
y asociarla a algo que hubiera
sucedido entre ellos, como pareja.

¿Y si fue Amanda, quien dejo esa figura?
podría ser que la distribución de los pétalos
no quisiera realmente mostrar una persona,
quizás solo señalar un camino a un lugar 
que el debería conocer…pensó intensamente
dentro de ese mar violento de ideas y dudas,
que se agolpaban en su cabeza, sin certeza.

Miro su reloj, ya habían pasado doce horas,
estaba sin dormir, pensó en sumar otro café
y llevarse algo al estómago, para sentirse mejor.

Hizo detener el taxi, bajo rápidamente
entro al bar que se encontraba sobre la calle 
de la casa, en la que habitaba con Amanda.

Le pidió al mozo que ya conocía
un capuchino más un sándwich doble,
se sentó, desplegando en la mesa
el dibujo y comenzó a observarlo.

No le sobraba demasiado tiempo,
luego de unos minutos se pregunto
-¿Y si no fuera una figura humana?-
-¿Y si Amanda, frente a algún riesgo
hubiera querido dejarle una señal
indicándole adonde, la encontraría?-

No, se dijo. Seguramente lo habría hecho
antes de enfrentarse a lo inesperado, 
de lo contrario no habría podido,
no hubiera tenido ninguna ocasión .

Además ella era una obsesiva del maps
de su teléfono, que le identificaba cada lugar
adonde iban y les quedaban registrados
de manera tal, que luego su “amigo”
le preguntaba a ella, por las características
y así calificaba para recomendarlo o no,
a la comunidad de otros “amigos” de la aplicación.

No supo cómo, pero llamo a Francisco
el dueño del bar y le pregunto,
si por casualidad tenía un mapa
de la ciudad, de esos en que antes del GPS,
se utilizaban para ubicar barrios y calles.

Francisco le contesto que sí, saco 
una guía Filcar de un estante,
sacudiéndola del polvo, no sin antes decirle
que era muy vieja y seguramente,
alguna de sus hojas estaría faltando,
Julián le agradeció diciéndole,
que le serviría igual para lo que buscaba.

Abrió la guía, que contenía a cada barrio
de la ciudad, todas sus calles y también 
las marcación de las jurisdicciones,
a las que hoy, denominaban comunas.

Con el dibujo al lado, para comparar
vio una forma que en algo se asemejaba,
a la comuna cuatro que se integraba
con los barrios de Parque Patricios, la Boca,
Barracas y Pompeya. Todos barrios,
que eran la frontera con el conurbano.

Una y otra vez, luego de volver a mirar
se dijo que la Boca era el más cercano
a San Telmo, pero eso no le daría algo
lo suficiente sustentable, como pista. 

Debía volver a ver la silueta de pétalos
sobre la cama, quizás no había visto
algún detalle que fuera más preciso,
pidió la cuenta y le solicito al dueño
si le prestaba la guía por un día,
a lo que aquel asintió, pago y se fue.

Entro nuevamente a la habitación,
de pie frente a la cama y recorrió
con su mirada cada línea de la figura,
hasta que observo entre dos pétalos,
colocado el cáliz de la flor en un lado,
que constatando con el mapa del barrio
parecía ser la intersección, según creyó
de una avenida “Pedro de Mendoza”
y una calle entre cinco, que estaría
solo dándole una posible ubicación…

El acertijo – Parte V

Tomo un taxi, de los muchos
que hoy transitan y cerro rápido,
diciéndole al conductor hacia
donde debían ir y que fuera de prisa.

Llego al edificio, puntualmente
sobre la avenida Corrientes,
en pleno Villa Crespo e ingreso
no sin antes anunciarse,
y someterse a todos los protocolos 
ya que desde los atentados de los 90,
la seguridad en todos los edificios
de la comunidad hebrea era extrema.

Allí ya lo esperaba Sary Kaplan,
profesora idónea en la historia judía,
como en los símbolos de esta identidad, 
además de una experta en el idioma
y simbología aramea, que existía en la
época de Jesús y sus Apóstoles.

Julián, le amplio la razón de su presencia 
y Sary cordialmente lo invito a acompañarla 
hacia la biblioteca del Instituto, allí 
se sentaron alrededor de una gran mesa
frente a frente y el saco de su maletín
junto con su dibujo, todas las tomas fotográficas.

Le exhibió primero las fotos
que mostraban el anillo,
y sus símbolos en el índice
de la mano de Amanda, junto a la lupa
que le permitiría ampliar los mismos.

Sary tomo las fotos y la lupa de él, la desecho
se colocó en su ojo derecho una lupa de joyero,
y comenzó a ver una por una cada foto,
los ojos de la experta, parecían abrirse mas
mientras las observaba, con in-disimulada sorpresa.

Se movió incomoda de la silla, carraspeo, 
alzo su mirada lo miro y lanzo su pregunta,
-¿cómo llego este anillo a Usted?-

-No, no es mío. Es de mi pareja.
como ella lo extravió –mintió- 
solo nos quedaban estas fotos,
para publicarlas por si lográbamos 
su devolución, pero primero deseábamos
saber su significado, si el esfuerzo
y el gasto, valían la pena para hacerlo.

Sary lo miro sorprendida y expreso, sonriendo
-me doy que usted no tiene idea 
de todo lo que estos símbolos representan,
si la tuviera ya habría buscado a alguien 
de no poder usted, que le financiara 
la búsqueda de algo que por su valor 
lo convertiría en un riquísimo millonario-.

Tomando luego el dibujo que él había llevado
copiando la distribución de las rosas,
Sary le dijo – es común que muchos hombres
decoren una cama con pétalos de rosa,
pero en este caso, solo es una figura humana
recostada de una manera que supone descanso-.

Los ojos de Julián, la miraron,
¿Qué ha dicho Usted? No lograba comprender,
él estaba allí, no para buscar un tesoro
sino para buscar la pista que lo llevara 
a volver a encontrar ilesa a Amanda…

Pero no podía irse de allí sin tener,
una clara explicación a lo que con tanta
seguridad le dijera la experta, ya que la vida
de Amanda y la propia, dependía de resolver
un enigma que se hacía cada vez más grande. 

Bien, le dijo Julián a Sary la verdad me sorprende
pero dada mi ignorancia, podría ser más precisa
en su interpretación y que desea decirme en realidad.

-Bien le dijo Sary, de la lectura secuencial 
de los símbolos, es como si fuera una ruta
que finaliza en el este del fondo del Mar Muerto,
en donde las coordenadas que precisan el lugar
se encontraría una gran fortuna de miles de años 
de antigüedad, que aún hoy los propios israelíes,
tratan de encontrar luego de casi unos veinte años
de investigaciones y exploraciones en el lugar.- 

Julián, aun absorto y confundido le agradeció
a Sary  y salió rápidamente del Instituto.
Ahora sí estaba convencido de dos cosas,
de que se trataban los símbolos del anillo
y no se olvidaba que los dos tipos habían
revelado que se alojaban en el Hotel Madero.

El acertijo – Parte IV

Pensó en lo que le había dicho, 
pero sin ella y menos sin el anillo,
como podría descifrar o bien
buscar a quien pudiera hacerlo,
para saber lo que significaba.

Reflexiono varios minutos,
recordó que poseían fotos,
de muchos de sus frecuentes paseos
a distintos lugares adonde habían ido,
en los que regularmente hacia posar a Amanda
dándole precisiones sobre como hacerlo, 
para luego disfrutarlas juntos al mirarlas,
en días grises de lloviznas persistentes
recordando esos momentos, solo suyos.

Que tenía él, hasta ese momento
se preguntó a sí mismo, muy poco
una figura dibujada con pétalos
sobre el acolchado de la cama,
y la mirada furtiva sobre el anillo
que ese extraño, depositaba mas de una vez
mientras el otro, el ruso le conversaba 
por lo que ahora se daba cuenta, era solo 
hablarle para distraerlo y así percibió
que no fue casual ese efímero encuentro. 

Los minutos que lentamente pasaban
le parecían horas, quizás por su angustia
y esa ansiedad que lo tensionaba
a pesar de que habían transcurrido, 
solo dos horas desde que había llegado 
encontrándose con algo tan inesperado. 

Pero el tiempo acuciaba y fue a buscar
las fotos, rigurosamente ordenadas
y clasificadas por Amanda en una caja,
que se encontraba en la baulera.

Era común en él que de lo estético
del arte fotográfico, fuera un fanático,
por ello de la misma manera que enfocaba
su lente en rostros, lugares, personas
lo hiciera sobre las manos de Amanda,
que cuando las entrelazaba parecían
encontrarse en posición de ruego o rezo.

Bajo y abrió la caja, apresuradamente
separo las fotografías que le interesaba,
como así, algunas de Amanda durmiendo
en la misma posición fetal de ese difuso
dibujo hecho de pétalos, sobre el lecho. 

Busco la lupa más conveniente
dentro de la caja de elementos
de fotógrafo aficionado que solía ser,
y se puso a mirar con detenimiento
el índice de Amanda, abrazado por el anillo.

Observo con claridad los símbolos,
desde diferentes perfiles y en varias fotos.
Solo podía recurrir a un especialista 
en el idioma arameo y su simbología. 
que le supiera traducir y revelar
el contenido de esos acertijos.

No se le ocurrió otra idea, que abrir
su laptop e ingresar a navegar por la web,
buscando en la ciudad algún lugar,
alguien que se dedicara a la cultura judaica,
pero especialmente al arameo antiguo. 

Se sorprendió de tanta y variada oferta,
creyó que el Instituto de Cultura Hebrea
debería tener en su equipo, varios especialistas.

No dudo en llamar y planteando su problema
consiguió una entrevista a la media hora,
salió rápidamente y se dirigió a Villa Crespo
barrio en donde la comunidad judía, 
con sus primeros inmigrantes, lo hicieron suyo. 

Llevaba consigo no solo las fotos clasificadas,
también un dibujo de la figura humana en un papel,
por las dudas, que representara algo importante…

El acertijo – Parte III

Julián , recordaba claramente
el rostro de aquel desconocido
que dijo llamarse Alexander,
como así también el del que 
se les unió enseguida al minu
to
a quien el recién llegado
se los presento como su amigo,
con el que juntos, explico 
visitaban algunos países
de Sudamérica, habiendo llegado
a Buenos Aires, la noche anterior.

El otro se presentó con una sonrisa
y con un perfecto castellano neutro,
dijo llamarse Boris y ser de origen ruso
diciendo que se alojaban en el Hotel Madero.

Julián, trató de recordar cada detalle
en forma pormenorizada de las actitudes
de los dos tipos, que parecieron cordiales
y solo se limitaron a preguntarles
sobre aquellos lugares de interés,
que serían interesantes visitar en la ciudad,
dado que estarían seguramente unos días,
casi diez porque ya habían reservado
un día de campo, en una estancia cercana.

Pero recordó que desde que Boris
se sentó a la mesa junto a los tres, 
Alexander cada vez que lo él lo miraba,
apartaba nerviosamente la vista de Amanda.

Se exigió a sí mismo, profundizar en eso
y luego de unos minutos, logro recordar
que el interés de Alexander, además 
de la belleza salvaje de Amanda, 
que a nadie le extrañaría, conociéndola
estaba depositado más en su dedo índice,
en el que llevaba un anillo antiquísimo,
a la que cuando él le pregunto alguna vez,
la joven le respondió que era un recuerdo.

Mismo hacia un tiempo Amanda, se lo saco 
dándoselo, Julián se sorprendió al ver símbolos
para él, absolutamente extraños y desconocidos.

Cuando pregunto sobre ellos, Amanda
solo le comento que el anillo era antiquísimo
y el grabado, correspondía a la simbología aramea.
..

El Acertijo – Parte II

Se preguntó, preocupado
entre la tristeza que lo oprimía
ante la ausencia de Amanda,
previamente a tomar su teléfono
si algún vecino de la vieja casa,
habría escuchado esa pequeña
discusión que habían mantenido,
antes de partir el a su trabajo.

Como también, si alguien 
lo había visto salir
y volver a entrar con la rosa
en sus manos como prenda
de reconciliación con su mujer.

Comenzó a sudar. Se preguntó,
respirando y expirando más de una vez
para tranquilizarse y no volverse paranoico,
si no era mejor aguardar algún llamado,
o poder descifrar lo que el suponía
como un acertijo, dándole una pista
que le señalara, donde podría estar Amanda.

Llamar a la policía, pensó a su vez
es lo más inconveniente por ahora,
comenzarían con las preguntas, 
no solo a él, también a todo aquel 
que viviera en esa casa de tres plantas
uno por uno y alguno, diría algo inconveniente,
quizás por haber escuchado esa discusión, 
lo que a él en realidad no le preocupaba, 
le preocupaba que la policía fuera a la habitación,
buscando por aquí y por allá, moviendo las piezas
tal como las que él, había encontrado al llegar.

No, se dijo. No llamaré. Tengo que pensar.
Sé que una denuncia por desaparición
tiene 24 horas como término o plazo,
es el escaso tiempo que dispongo
para poder descubrir que ha sucedido.

Comenzó a realizar en forma
minuciosa una retrospectiva,
tratando de ver como una película
lo sucedido en la última semana.

Así pensó cuando el anterior domingo
visitaron la feria de San Telmo,
y pasaron luego por la Iglesia
de Santo Domingo, por la Pascua.

Que luego fueron al barcito
donde solían sentarse 
a tomar unas birras,
luego de maravillarse
con todo nuevo patio antiguo,
que descubrían del viejo barrio.

Recordó que ahí era parte
del paseo de la historieta,
y que un pelirrojo alemán
en un ininteligible
español,
pregunto por el Museo de la Ciudad.

Y ellos, como buenos anfitriones
lo invitaron a una cerveza,
a lo que el extranjero agradeció
con una reverencia y se sentó a la mesa.
..

El acertijo – Parte I

La llamo al llegar como siempre 
nadie contesto, era infrecuente, 
siempre ella lo esperaba sonriente,
con esas mohindades que alumbraban
su rostro, que la hacía aún más niña.

Recorrió el departamento que ambos
compartían desde poco tiempo,
desde que se habían descubierto
viviendo juntos ese amor de ensueño.

Todo estaba como siempre, en su lugar
se apresuró a ir a la habitación 
y quedo tieso, al llegar a ella.

Las puertas de los placares
abiertas de par en par, 
sin la ropa de ella ni su maleta,
como si hubiera tenido prisa
por alguna desconocida causa.

No vio una nota alguna
ni siquiera un papelito cualquiera,
escrito explicando lo que fuera,
como para contener tanta tristeza.

Se dejó caer en una silla
por largas horas, atardecía
sus manos en la cabeza, 
mientras pequeñas lágrimas  
mojaban levemente sus mejillas.

Levanto su rostro y se sorprendió,
recién allí percibió sobre la colcha,
los pétalos de la rosa que como ofrenda
de amor le había regalado por la mañana,
luego de una de esas tontas 
y cortas discusiones de toda pareja.

Pero le resulto más que extraño
la forma en que estaban ubicados,
como si alguien hubiera querido
dibujar una figura que representara
como un sutil y cruel acertijo,
a una mujer durmiendo en forma fetal
tal como lo hacía, su querida Amanda.

No podía interpretar aquello,
ella no podría haberlo hecho,
dando a conocer su despedida
no haría algo así, la conocía.

El terror se apodero de él,
bajo a la calle, apresurado
recorrió cada negocio cercano,
donde habitualmente ella iba,
en todos, recibió la misma respuesta
nadie la había visto ese día.

Pensó, luego de comunicarse
sin éxito con amigos comunes, 
y el “no se” resonando en sus oídos, 
que solo le quedaba llamar al 911… 

La pandemia

La psicosis, no ya sorpresa invade al mundo,
que paralizado solo puede ser observador
y solo informarse de lo que está pasando,
de miles de muertes que serán anécdotas,
dentro de unos años ya, como lo han sido
aquellas víctimas de otras epidemias
la gripe aviar, la porcina o el ebola.

Suposiciones e hipótesis que dé a decenas
los medios amarillos propagan sin cesar,
no se respira más que angustia en Europa,
ya en América o en Oceanía, en África,
también en Asia o Medio Oriente,
resultado de un mundo globalizado 
en donde el Coronavirus pareciera programado,
para diezmar a la población y crear pánico.

Los stocks de barbijos han desaparecido
y como siempre, ante la necesidad ha quintuplicado
su valor, para llevar la tragedia a los bolsillos
de los que siempre se aprovechan de los otros,
como si fueran solo feligreses con su mejor diezmo,
ignorando que quizás golpeen a sus propias puertas
debiendo marchar también quizás, infectados
por ese camino de no regreso.

Todo viajero, es sospechado…
Un estornudo cerca, nos pone en alerta…
Un apretón de manos se evita y se repite
una, mil veces el consejo de lavarse las manos…
como si ello, parara este virus que se propaga
y da número a estadísticas espeluznantes,
que carecen ya de sentido, porque día que pasa
avanza y más rápidamente, contagia.

Sigo preguntándome, con los avances
de la biotecnología y las investigaciones…
¿ Quién será o serán los criminales
que continúan sin entregar al mundo,
la vacuna que detenga este suicidio colectivo?

“Fede”

Había algo en él, malévolo
que me disgustaba,
no había podido descubrir
en realidad si era solo un prejuicio,
o por el contrario estaba frente
a un ser despreciable,
que lo disimulaba muy bien.

Lo fui observando, cada día
sin que se diera cuenta
en el conventillo, donde vivíamos.

La mayoría de su gente,
humilde pero trabajando
hasta desmayar, para llevar
el mangrullo a su mesa.

Federico, o se hacía llamar “Fede”
era más malicioso de lo que suponía.

Un día descubrí, que en la puerta
de la habitación de los García,
dejo sobre un papel de periódico
su propio excremento.

Otro, molestaba a los niños
que jugaban en el patio,
haciéndolos huir hacia adentro
por el temor que les causaba.

Su temperamento era de lo más extraño,
hablaba con una suavidad, que sin conocerlo
de podía creer que en esa persona
se encerraba un caballero de tiempos idos.

Fue cuando el “viejo” Matías, me vio
observándolo entre las cortinas de mi cuarto.

Me golpeo la puerta y me pregunto
si podía entrar a preguntarme algo.

El “viejo” era el bonachón del conventillo
a quien todos les debían algún favor, como negarme.
Me pregunto porque observaba tanto a “Fede”,
cuando le dije, se encogió de hombros
y deslizo:¿ ahh…entonces no sabes lo que tiene? 
mi cara de interrogante cerrando el entrecejo,
le dio la respuesta sin necesidad de palabra alguna.

Tosió, se tomó un respiro de esos cigarros
que siempre tenía en sus labios solo mordiendo
ese tabaco de mal olor y amargo.

Sabes me dijo, “Fede” padece de esquizofrenia,
a veces del Dr. Jeckyll pasa a ser el Sr. Hyde,
se transforma de repente y solo aquí pudo llegar
después de escapar del hospicio en que lo tenían.

Y me agrego, hace cosas locas, pero no lastimara
a nadie, no te preocupes. 
No ha sido nunca capaz de ello.
Es un pobre niño hombre abandonado
hace tiempo, y aquí encontró su cobijo.

Solo necesita que alguien en sus momentos
de lucidez que los tiene, no lo dudes le converse
sobre animales y mariposas, como del puerto cercano.

Ahí comprendí, dos seres encerrados en un mismo cuerpo.
A partir de allí, me transforme en su oyente preferido.

Todo por una leyenda…

Brumosa la tarde, demasiado extraña
por el viento Zonda que siempre visita
desde la zona puntana a Potrerillos.

Miro desde la ventana de la casa
que se ubica frente al Cordón del Plata,
llamado así, al cordón montañoso de los Andes
que en su totalidad se encuentra en Mendoza,
la misma provincia, en donde se encuentra el Aconcagua.

La cima del Cordón en sus cumbres van desde
los 4.000 a los 5.000 sobre el nivel del mar.
Se preguntaran la razón de mi fluidez
en la descripción de un lugar
que cualquier foráneo que llegara
a la Argentina, seguramente no tomaría en cuenta
para conocer nuestro país, inmensamente grande
pero no del todo nuestro –ya lo he explicado alguna vez-

Los turistas apuntan al sur, por el Glaciar Perito Moreno
Ushuaia, la ciudad del fin del mundo
o hacia la provincia de Misiones,
con las Cataratas del Iguazú
como atracción imperdible e inigualable,
con su exuberante y casi tropical vegetación,
la frondosidad de los grandes helechos,
las cañas de los bambúes,
los graciosos troncos de las palmeras
y miles de especies de árboles,
con sus copas inclinándose sobre el abismo
adornado con musgos, begonias rojas,
orquídeas de oro, brómelas brillantes
y bejucos con flores trompetas.

Me detengo y dejo de divagar
luego de hacerles conocer
aunque mas no sea en letras,
una de las nuevas maravillas del mundo.

Vuelvo adonde estoy, parado frente a la ventana
de la casa de mi hijo en Potrerillos,
con el viento Zonda que atrevido
como siempre, ha volteado álamos uno tras otro.

Va cayendo el atardecer, el cielo rojizo
la bruma sobre las cumbres,
y el calor que fluye de la salamandra
que encendí hace un par de horas.

La verdadera razón de mi estancia aquí,
ha sido derribar esas leyendas
que mi hijo, cada vez que nos encontramos
me dice que se las cree, por la certeza
que le han dado los lugareños.

A veces pienso, que la altura
de este pueblo de montaña,
en algo debe afectar la razón.

La leyenda del Futre
el jinete sin cabeza argentino,
homólogo de la leyenda de Irving
es uno de los principales misterios
de esta zona pre-cordillerana.

Atizo y agrego más leña,
el frió se siente y pongo la sartén
sobre la salamandra para calentar
el exquisito callo a la madrileña,
que supe preparar al mediodía.

Me sobresalta un ruido a galope de caballo,
me acerco a la ventana y quedo tieso.
La espectral aparición del Futre
con su cabeza en su diestra,
pero al observarme en la ventana
tiró de las riendas y el caballo
levantando sus patas delanteras,
dio media vuelta y se alejo
perdiéndose en la obscuridad de la noche.

Tardo minutos en reaccionar
de tamaño susto, en un lugar
donde ni siquiera tengo señal
para pedir auxilio a quien fuera.

Ávido por saber que sucedió
y encontrar explicación a ello,
me prometí esperar hasta hoy.

Ya levantado y con una taza de café,
calentándome las manos
le pregunte a un baqueano del lugar
quien al mirarme, sonrió cauteloso.

Me afirmo que el Futre no anda entre la gente,
y solo está en la conciencia sucia de los malhechores.

Quede más preocupado que antes,
y al volver a Buenos Aires
hablaré de esto con mi psicóloga,
porque claro que he pecado muchas veces en mi vida,
pero jamás se me ha ocurrido a nadie, robarle nada.