El cordón umbilical

La vibración del celular me despierta muy temprano cada día, con excepción de los fines de semana.

Me hace ver que son las 5 de la mañana; y con mucho esfuerzo me libera de esos sueños que a veces resultan extremadamente casi creíbles en argumentos, pero profundamente tortuosos. Otras veces, me saca de aquellos que son tan adorables por el hecho de que me vuelvo a encontrar con mis viejos, mi hermana Alicia y el mayor de todos nosotros, Carlos.

Son tan vividos; que a veces “cómo casi siempre lo hacía cuando estaban en esta dimensión”, despierto dándole a alguno de ellos alguna sugerencia o respuesta, en un ambiente de extrema cordialidad y armonía.

Y debe ser a las cinco; porque al levantarme y luego de la ducha de la mañana, comienzo con mis ejercicios respiratorios (quien lea esto, sabe que similar a lo que sucede con nuestro cerebro, solo utilizamos quienes no practicamos deporte alguno, solo el 20% de nuestra capacidad pulmonar).

Luego de ellos; que me brindan energía y relajación, la meditación profunda (llamada Sahaj Samadhi) que me permite durante 20 minutos el solo hecho de no hacer nada, no preocupandome por dejar venir tanto los pensamientos o sentimientos positivos o negativos, y dejarlos ir.

El pasado ya fue y el futuro como deseo, es solo una ilusión.


No tengo dudas en lo personal; que el presente es el hoy que hay que vivir con la mayor paz y armonía interior, que cada uno pueda. Luego vendrá el desayuno junto a Daysi, mi mascota -ella con el suyo y por supuesto yo con el mio. Luego el paseo de la mañana, en que ambos caminamos mas o menos dos kilómetros.


Al volver a casa, tomo las llaves del automóvil para buscar a una de mis dos nietas y llevarla a la escuela -las clases se iniciaron hace muy poco-. Luego a la salida del mediodía; el mismo recorrido para llevarla a su casa. Gajes de “abuelo cuida”, ya que sus padres son docentes y trabajan jornada completa.

Mis dos nietos varones (de 5 y 3 años); se encuentran con uno de mis hijos y su esposa en la Provincia de Mendoza, a casi 1.100 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires.


No me pregunten la razón por la que he dado tanto detalle; como justificando el hecho de levantarme tan temprano.

Porque lo central; era relatarles uno de los aspectos de la meditación profunda en donde se ingresa a un estado de concentración tal, que se le presta especial atención a la respiración como al propio cuerpo y sus partes.

Llega un momento en que presto atención a mi zona abdominal, a mi estomago, a mi ombligo-que fue- EL CORDÓN UMBILICAL POR EL QUE MI MADRE ME PERMITIÓ RESPIRAR Y SACIAR MI APETITO HASTA MI ALUMBRAMIENTO-

Somos un regalo de la naturaleza, por la gracia de Dios o en quien cada uno crea.

Hoy como cada día; LE HE DADO UN DULCE BESO A MI MADRE POR EL DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER y le pedí por favor, que lo transmita a toda mujer que conociera.

VAYA DE MI PARTE A TODA ESCRITORA EL MAYOR DE MIS RESPETOS Y MI FERREO ACOMPAÑAMIENTO DE SUS JUSTOS RECLAMOS EN TODOS SUS DERECHOS SOCIALES, ECONÓMICOS, POLITICOS Y HUMANOS.

El hombre…siempre victimario.

Era a mediados del siglo XIX y ella
poseía tal maravillosa belleza
que parecía no una joven de alcurnia,
era un ángel que había descendido
de los cielos para sentirse halagada.

Su nombre Felicitas, hija de Guerrero
siendo su madre Reizig Ruano,
descendiente de los Hamburgo
aquellos del Imperio Germánico,
de los que sus monstruosas tumbas
son objeto de visitas en la ciudad de Viena.

Felicitas fue casada obligada por su padre
con un amigo a sabiendas de aquel,
que ese hombre tenía cincuenta años
y ella solo dieciocho puros de inocencia,
solo lo motivaba que ese tal Alzaga
era inmensamente rico y esa unión,
le venía a la familia como anillo al dedo.

Con dolor Felicitas aceptó el mandato,
como castigo del cielo parió y perdió
a sus dos hijos varones el último,
al día siguiente de que muriera su padre.

Se convirtió así en una hermosa viuda
y dueña de una inmensa fortuna
con miles de hectáreas de tierras
en Buenos Aires todas ellas radicadas.

Resultaba una obviedad que rondaran
pretendientes cercando a la bella viuda,
uno de ellos de apellido Ocampo
de reconocida familia por su renombre
en la sociedad porteña de aquella época.

Felicitas solo mantenía con el
una relación a distancia y amistosa.

Una tarde paseando por uno de sus campos
“La postrera” una feroz tormenta la atemorizo,
de casualidad apareció un jinete que la tranquilizo
era un tal Saenz Valiente joven estanciero,
y Cupido apareció provocando el mutuo flechazo.

Así fue que anunciaron plenos de felicidad
su compromiso invitando a la celebración,
en la casa de descanso que los Guerrero
poseían en la suntuosa casona de Barracas.

El mismo día de su matrimonio Felicitas
salió y al volver supo que ya estaban los invitados,
subió rápido para cambiarse pero le avisaron
que el tal Ocampo quería conversar con ella,
y solo en privado unos minutos esperándola
en la recepción de la casona, ella dudo de ir
pero saludó a algunos invitados e inocente
se dirigió hacia Ocampo que estallo enardecido,
le pregunto con quien iba a contraer matrimonio
con el o con el arribista Samuel Saenz Valente.

Felicitas no dudo y con firmeza le dio su decisión,
viendo que Ocampo sacaba un arma trató de huir
pero recibió un disparo por la espalda el que produjo
una herida en su omoplato por lo cual agonizo,
muriendo en la madrugada después Ocampo se suicidó
a pesar que otros, dicen que familiares lo mataron.

Felicitas Guerrero sólo tenía veinticuatro años,
era la primera vez que realmente estaba enamorada,
por remordimientos sus padres desconsolados
mandaron a construir la Iglesia de Santa Felicitas
en el mismo lugar en que perdió su vida….

Mi abuela…la que no conocí.

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Mi padre era de hablar poco conmigo
además de que fui el último de cuatro,
imagino que ya eran demasiadas bocas
para alimentar con su único sueldo en la casa,
lo que lo obligaba a tener dos o tres más
trabajos y a la vez por ello estaba ausente,
prefería conversar con mis hermanas
siempre supe que tenía una empatía,
una cortesía distinta a todas, con las mujeres.

Ya adolescente, cuando la enfermedad le llegó
en mi el enojo fue enorme debo decir que mi padre no se construía
con cuarenta como yo por más aggiornado que me pusiera,
era un hombre ejemplar siempre pensando en los suyos
pero arriba de la pirámide, mi madre, luego mis hermanas,

Fue en esa ocasión que me atreví a preguntarle
porque razón su trato era distinto con las mujeres,
me dirigió su mirada transparente y solo dijo
-por mi madre, que tanto sufrió al lado de mi padre-

Sabía y veía además que su relación con mi abuelo
no era siempre de las mejores porque el pasado,
deja marcas mas cuando sos un niño o adolescente
viendo como me dijo -maltrataban a su madre-

Y siguió…y no paro de hablar, era como si descargara
todo el dolor guardado por años para aliviar su pena,
-Tu abuela, mi madre Monona era una santa y mi padre
le gustaba beber más de la cuenta y le dio una mala vida-

Tal es así continuó -que nos tuvimos que ir de la casa
como a escondidas hacia la casa de la tía Valentina-
Ahh…le respondí, me imagino que allí estuvieron mejor,
me volvió a mirar ya con sus pupilas embebidas en lágrimas-

-No te creas, mi madre tuvo que pagarles a las hermanas
por nuestra manutención y educación, así que era
una versión distinta a la de ese cuento que conoces -Cenicienta-

A los años volvieron porque el abuelo “Pancho”
les prometió cambiar, además mi padre y su hermano
ya eran jóvenes con manos para trabajar y al “viejo Pancho”,
se que eso no le había agradado jamás en su vida.

Así conocí la historia de mi abuela “Monona” que casi no
conocí solo cuando la vi de niño en un rincón del comedor
hablando consigo misma afectada por una demencia senil

Decídete o prefiero alejarme.

Dime cual es la razón
por la que no te decides,
a tener algo conmigo
conociéndonos hace tanto tiempo.

Ambos solos, con hijos y nietos
y eso que no nos convierte
en personas desechables,
nos que vida por delante
para tomarnos de la mano
juntos iremos hasta la última estación.

Nos encontramos hace más de un mes
nos dimos un abrazo que creo nos estremeció,
distintos sí pero los mismos de hace tiempo
que dejamos de vernos hace casi veinte años.

Cuando te dije que siempre te quise,
te sorprendiste me dijiste de sentirte
extraña por haber sido nuestros matrimonios
aquellos que se frecuentaban cada tanto.

Continuas tu dando vueltas sin tomar una decisión
pero bien te explique ya que no mendigo amor,
respondiste que tu puerta aún está entreabierta,
que te diera tiempo…y me pregunto ¿por qué?

Pero te lo dije hace una semana ya no puedo
seguir esperando que tomes una decisión,
más aún te dije claramente que si no te sientes
por mi, atraída lo digas y sabré comprender.

Es preferible eso y no tener este sabor amargo
en lo más profundo de este corazón mío
.

¡Basta de violencia!

Hoy, como cada día en este maldito infierno
en cualquier e infinitamente lejano lugar del mundo,
ella acurrucada nuevamente sufre, llora y ruega
para que detengan esa mano rabiosa y cobarde,
que le cae una y otra vez por el solo morbo
que al cobarde satisface sin distinción de estrato,
pero a todas ellas que son víctimas nadie escucha
cuando desaparecen son tema de primera plana,
o utilizadas para aquellos que parlotean políticas
que nunca terminan de convertirse en leyes ejemplares
tan similares al “ojo por ojo” o “diente por diente”.

Y nosotros los hombres somos los culpables
aunque no sea nuestra mano la que golpee o asesine,
no nos movilizamos para defender el útero
del que algún día estuvimos unidos por aquel cordón
que nos trajo a la vida de esa mujer llama madre,
solo por ello deberíamos no hacernos los distraídos
!Y LEVANTARNOS Y PONERNOS A SU LADO
SIENDO LA AVANZADA CONTRA LA VIOLENCIA,
EXIGIENDO A LOS GOBIERNOS MANO DURA!