Pienso en lo que pudo ser…

Llueve
hace rato,
los charcos
decoran
el verde
parque,
transformado
en minúsculas
islas de
verde césped,
rodeadas
por el agua.


Las gotas
de lluvia
hacen
“globitos”
sobre el
agua,
que como
bendición
cae del
cielo
encapotado.


No me
pregunten
porqué;
pero es
en estos
momentos,
en que
pienso
en ella.


En su orgullo
impenetrable,
ni siquiera
por la verdad,
y eso no puedo
ni debo
compartirlo,
ya es hora
para nosotros
de no hacer
tonterías,
que pueden
dañar al otro
o a uno mismo.


Seguirá
ella con
su orgullo
malherido,
sin razón
que lo amerite,
quizás
encuentre
a alguien
que se ajuste
a su medida.

Pero no es mi caso,
no me ajustaría
a nadie
que en lugar
de preocuparse,
haga silencio
de radio,
porque ello
es el rostro real
de la indiferencia,
que negó a ambos
un futuro posible.

La mujer que no siente dolor.

Jo Cameron solo puede darse cuenta que su piel se está quemando si siente el aroma de la carne chamuscada.

Le ha pasado varias veces. Se ha quemado las manos y los brazos en el horno de su casa, pero solo el olor le advierte que algo está pasando.

Jo Cameron es una de las dos personas que se conocen en el planeta que, debido a una rara mutación genética, no siente dolor.

Pero no solo es que no siente dolor, sino que tampoco siente ansiedad o temor.

Solo se dio cuenta de ello cuando cumplió 65 años, después de que llegó al hospital con una mano rota y le dijo a los doctores que no necesitaba anestesia.

Los sorprendió aún más cuando, después de la operación, le dijo a los doctores que no iba a necesitar ninguna pastilla para controlar el dolor, sencillamente porque no lo sentía.

Por esa razón, Devjit Srivastava, el anestesista que la atendió, la envió al grupo de genetistas de la Universidad de Londres para que estudiaran su caso.

Después de varios análisis, los especialistas hallaron varias mutaciones genéticas que hacían que Cameron no sintiera el dolor como la mayoría de las personas.

No solo era “increíblemente saludable”

Cameron contó a la BBC en Escocia que los médicos no le creyeron cuando dijo que no necesitaría analgésicos para el dolor después de esa operación.

“Antes de entrar al quirófano hicimos bromas cuando les aseguré que no necesitaría calmantes”, dijo.

Junto con su esposo Jim y su anestesista, el doctor Devjit Srivastava, Jo Cameron participó en un reto: comerse un ají. Mientras los dos hombres reaccionan al picante, ella sigue sonriendo sin inmutarse.

Entonces, el personal del hospital revisó su historial médico y descubrieron que nunca había pedido analgésicos.

Fue entonces cuando fue referida a la consulta de otros especialistas en Reino Unido.

Una vez diagnosticada, Cameron se dio cuenta de que no era que estuviera “increíblemente sana”, como había creído hasta ese momento. Había algo más.

“Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que nunca había necesitado analgésicos. Pero si no los necesitas, no preguntas por qué no”.

“Eres lo que eres, y hasta que alguien no te lo diga, no lo cuestionas. Yo solo era un alma feliz que no se había dado cuenta de que era diferente”.

Ella ni siquiera sintió dolor durante el parto. “Fue extraño, pero no tuve dolor. Fue realmente agradable”.

Curación más rápida

No cambiaría nada de su vida, pero piensa que el dolor es importante.

“Está ahí por una razón. Te advierte. Desata las alarmas”.

“Sería bueno tener una advertencia cuando algo anda mal. No sabía que mi cadera había desaparecido hasta que realmente desapareció, físicamente no podía caminar con mi artritis”.

Los médicos creen que también puede curarse más rápido de lo normal. La particular combinación de genes que tiene también la hace olvidadiza y menos ansiosa.

Jo Cameron y su familia

FUENTE DE LA IMAGEN – JO CAMERON

Tiene además un gen que le hace ser olvidadiza, pero tampoco sufre miedo o ansiedad.

“Se llama gen feliz o gen olvidadizo. He estado molestando a la gente por ser feliz y olvidadiza toda mi vida. Ahora tengo una excusa”, dijo.

¿Ayudará a otros?

La pregunta que se hace ahora la ciencia es si sus genes podrían tener la clave para ayudar a otras personas.

Otra de las cosas que contó de su experiencia personal es que recientemente había sufrido un “pequeño accidente” con el auto.

Sin embargo, no se asustó pese a que para muchas personas esto habría sido una vivencia perturbadora.

“No tengo adrenalina. Es necesaria, es parte del ser humano, pero no lo cambiaría por nada.

La otra conductora, dijo, estaba “temblando”, pero ella no se alteró.

“No tengo esa reacción. No es que sea más valiente que nadie, es simplemente que no siento miedo”.

Analgésicos

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Jo Cameron ni siquiera necesitó anestesia en el parto.

Los investigadores creen que es posible que haya más personas como ella.

“Uno de cada dos pacientes después de una cirugía como la suya todavía experimenta dolor de moderado a intenso”, dijo el doctor Srivastava.

“Está por ver si se pueden desarrollar nuevos tratamientos basados en nuestros hallazgos”, añadió el especialista.

“Los resultados abren la puerta a nuevos analgésicos que podrían aliviar el dolor postquirúrgico y también acelerar la curación de heridas. Esperamos que esto pueda ayudar a los 330 millones de pacientes en el mundo que se someten cada año a una cirugía”.

El caso de Jo Cameron ha sido publicado en la revista British Journal of Anesthesia y está escrito por el doctor Srivastava y el doctor James Cox, del University College de Londres.

“Las personas con la rara insensibilidad al dolor pueden ser valiosas para la investigación médica. Nos permiten aprender cómo sus mutaciones genéticas afectan a la forma en que experimentan dolor, por lo que animamos a cualquier persona que no experimente dolor a que se presente”, explicó Cox.

“Esperamos que con el tiempo, nuestros hallazgos puedan contribuir a la investigación clínica para el dolor y la ansiedad postoperatorios, y potencialmente el dolor crónico, el estrés postraumático y la curación de heridas”, apuntó.

Imagen de portada: Gentileza de BBC Scotland News

FUENTE RESPONSABLE: BBC Scotland News por Claire Diamond

Ciencia/Investigación/Mutación genética/Insensible al dolor

Mujer/Sociedad/Salud

 

 

Evatima Tardo: el enigma de la mujer que resistía crucifixiones y mordeduras de serpientes venenosas sin inmutarse.

“¡La sensación de la era!”, “¡La mujer que se ríe de la muerte!”, “¡No la puedes matar!”, decían los anuncios promoviendo su show a finales del siglo XIX.

Pero más allá del espectáculo, Evatima Tardó, fue un enigma para la ciencia.

Quien era “sin duda la mujer más extraordinaria y extraña del mundo”, según el New York Times en 1897, era “conocida por la fraternidad médica por años y ha sido un misterio para los miles de doctores en el Continente y en Estados Unidos que la han visto”.

Lo que habían visto, tanto los científicos como el público en general, era no sólo impresionante sino también inexplicable.

Una y otra vez, en escenarios o en salas de instituciones médicas, los presentes eran testigos de su capacidad de soportar potentes venenos y graves lesiones, mientras permanecía serena.

No sólo eso.

“En una hora o dos, las heridas se curan”.

“Además controla la circulación de su sangre”, continuaba informando el New York Times. “Le pueden hacer un corte en donde no hay manera que un cirujano detenga el flujo de la sangre. La señorita Tardo, sin embargo, puede detenerlo en un segundo y luego permitir que la sangre vuelva a fluir”.

En el escenario

Aunque es aconsejable leer los diarios del siglo XIX con sano escepticismo, “me parece poco probable que todos los periodistas estuvieran mintiendo sobre lo mismo, que todos los doctores estuvieran errados y que hasta Houdini hubiera sido timado”, le dijo a BBC Mundo la escritora Bess Lovejoy, quien ha investigado la historia de Evatima Tardo.

Una historia que inspiró, además de pasajes en libros que trataban de explicar lo inexplicable, innumerables artículos en varios diarios que reportaban sobre lo que pasaba en sus shows y sobre los experimentos que se hacían lejos de la mirada del público general, con declaraciones de los doctores que la examinaban en ambos entornos.

Dime Museum

FUENTE DE LA IMAGEN  – GETTY IMAGES

Evatima Tardo, como Harry Houdini, se presentaba en museos de diez centavos, que era la tarifa de la entrada. Eran lugares de entretenimiento para la clase obrera populares en el siglo XIX y principios del XX en EE.UU.

En su artículo “El extraordinario cuerpo de Evatima Tardo” escrito para Wellcome Collection, Lovejoy nos transporta a un día de 1898 en Chicago en el que Evatima Tardo, una “joven pálida de cabello oscuro”, llegó al teatro “vestida con un abrigo largo negro y un vestido de seda negro escotado”.

En el escenario “metió las manos en una caja y el silbido de las serpientes de cascabel se elevó por el pasillo. Una hundió los dientes en su brazo desnudo; un médico gritó: ‘¡Dios mío!’ pero Evatima no se inmutó, sacó tres más y sonrió beatíficamente mientras hundían sus colmillos en su carne”.

Ser mordida por una serpiente cascabel, le dijo Evatima Tardo al diario Inter Ocean de Chicago, “es tan excitante como tomarse un whisky” y el whisky, aclaró, no la emborrachaba. Podía tomarse un cuarto de galón sin sentir sus efectos.

Tras recibir sonrientes los feroces ataques de cascabeles y cobras, la inusual mujer guardaba los reptiles en sus cajas y avanzaba hacia una cruz “incompleta, pues tiene solo un brazo”, reportó el Topeka State Journal el 19 de febrero de 1898.

“La señorita Tardo dice que podría soportar que le clavaran ambas manos y pies; no lo hace, sin embargo, por temor a ofender a aquellos con fuertes creencias religiosas”.

Anuncios de su espectáculo e ilustración del Chicago Tribune de 1898 (der).

Anuncios de su espectáculo e ilustración del Chicago Tribune de 1898 (der).

Cuenta que Tardo había sido “clavada a esa cruz, por tercera vez en dos días” frente a “más de mil personas”, entre ellas varios médicos que fueron invitados a la plataforma, “examinaron los clavos, el martillo, la cruz y la mujer (…) y se mantuvieron cerca mientras los clavos extragrandes atravesaron su pie izquierdo y mano derecha, fijándose a la madera”.

“Luego se frotaron los ojos para confirmar que lo que veían era cierto, se pellizcaron para probar que estaban despiertos y finalmente declararon que se trataba de un capricho de la naturaleza, como ninguno registrado jamás en la historia médica”.

Relata que le siguieron clavando objetos punzantes en su cuerpo mientras ella sonreía y charlaba con quienes se acercaban a observar, y que permaneció en su media cruz desde las 8 hasta las 11 de la noche, sin mostrar signos de fatiga.

A ella lo que desconcertaba a los doctores y estremecía al público, la entretenía: “Yo más bien disfruto al ser crucificada. Me divierte ver los rostros horrorizados de mis espectadores. Hay más de diez desmayos en cada sesión, pero siempre vuelven a verme”.

En el laboratorio

Aunque el escenario era distinto, lo que sucedía cuando le hacían pruebas científicas era igual de sorprendente.

Evatima Tardo, interpretada por la artista de danza Dorna Ashory, Foto: Camilla Greenwell.

FUENTE DE LA IMAGEN – WELLCOME COLLECTION

Evatima Tardo, interpretada por la artista de danza Dorna Ashory. Foto: Camilla Greenwell.

“Cultivos tan mortales como los de gérmenes de cólera, difteria, tisis (tuberculosis) y fiebre tifoidea han sido inyectados en su sangre pero ella no le teme al contagio pues nunca le han dado problemas”, reportó el New York Times.

El Inter Ocean informó el 30 de enero de 1898, que “científicos médicos de Chicago” habían estado estudiando a Tardo.

“Un día, la semana pasada, la señora Tardo se sometió a un experimento en el Colegio Médico Rush, donde el doctor J. M. Dobson le hizo el test”.

Lo que hacían era inyectarle veneno de serpiente cascabel y, en esa ocasión, Dobson “raspó el veneno de la herida y se lo inyectó a una rata, matando al roedor en menos de 10 minutos”.

Cuentan que en el Colegio Médico de Mujeres habían hecho un experimento similar con un gato, y los resultados fueron los mismos: muerto el animal, viva Evatima Tardo.

Otros doctores se disponían a hacer más experimentos, mientras que la mujer que tanto les intrigaba le ofreció a los periodistas una respuesta al interrogante que ocupaba a los científicos.

Una cobra

Contaba era que cuando tenía 5 años de edad, en su nativa isla caribeña de Trinidad, la mordió una cobra -nombre que se le da a muchas de las víboras más peligrosas que existen-, pero que “la mordedura tuvo el efecto de una poción fuerte para dormir”.

Tras pasar varias horas inconsciente se recuperó y más tarde descubrió que era inmune al veneno de todo tipo de reptiles.

Bothrops atrox

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Hay fuentes que señalan que la mordió una Bothrops atrox, cuyo nombre en Trinidad es mapepire balsain, tiene un veneno particularmente letal y de acción rápida.

“Ella explica que la víbora debió haber tenido solamente suficiente veneno para inocular su sistema, teniendo el mismo efecto que la inoculación moderna contra enfermedades infecciosas”, reportaba el Inter Ocean, una explicación con la que concordaban algunos de los médicos que intentaron resolver su caso.

De hecho, se sabe de casos similares, aunque no con una sola mordida: el legendario director del Serpentario de Miami, Bill Haast, quien murió en 2011 a los 100 años tras haber sido mordido más de 170 veces por serpientes, convirtió su propia sangre en un antídoto inyectándose pequeñas cantidades de veneno todos los días durante décadas, y las transfusiones de su sangre salvaron al menos a 20 personas.

La experiencia con la cobra le sirvió a otro doctor, William J. Byrnes, quien la examinó en Minneapolis, a explicar incluso su incapacidad de sentir dolor.

“Atribuyó su condición anómala actual a la mordedura de cobra que recibió cuando era niña. Esa mordedura paralizó los nervios sensoriales e inoculó su sistema con el veneno”, escribió en un comunicado de prensa.

Algunos pensaban que quizás su sistema nervioso funcionaba de una manera diferente a lo normal. Otros, como el The Pacific Coast Journal of Homeopathy, sospechaban de mañas más turbias.

“Pasa unos veinte minutos preparándose en silencio antes de realizar sus hazañas, y esto lleva a sospechar que la posibilidad de que la cocainización sea la causa de su falta de sensibilidad o tal vez que el suyo sea un caso de auto hipnotización”.

No fueron los únicos en pensar que se valía de una combinación de anestésico y fuerza de voluntad, “antes de concluir que no había un anestésico en la Tierra lo suficientemente fuerte”, señala Lovejoy.

Hoy hay otra explicación posible a su falta de sensibilidad que no estaba al alcance de los médicos de la época: se han identificado genes asociados con una insensibilidad congénita al dolor.

¿Trucos?

“A mí me gusta que sea un misterio”, confiesa Lovejoy. “Pero si me obligan a explicar su caso, lo único que podría decir es que quizás era una combinación de insensibilidad congénita al dolor, inoculación desde temprana edad, alguna condición que le permitía curarse muy rápido, más algún elemento de magia escénica… pero ¿cómo controlaba la circulación?”.

Ni idea.

Harry Houdini

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Harry Houdini (1874-1926), mago y escapista estadounidense nacido en Hungría.

Pero ¿qué hay de la posibilidad de que se valiera de esa “magia escénica”? 

Un experto en ese campo que la observó de cerca para descubrir su secreto fue el mago Harry Houdini, quien actuó en ella Museo Dime de Kohl & Middleton en Chicago “cuando la gran estrella era Evatima y él aún no era famoso”.

El que se convertiría en uno de los ilusionistas más grandes de la historia estaba ya desde entonces interesado en descubrir cómo otros artistas hacían sus trucos y atento a los fraudes. Pero respecto a Tardo declaró que “no había absolutamente nada falso adjunto a su sorprendente actuación”.

“Mi afirmación puede tomarse con toda seriedad por la sencilla razón de que trabajé a menos de 12 pies (unos 3,5 metros) de ella”, escribió en su libro de 1920 “Traficantes de milagros y sus métodos”, en el que destapó los engaños de algunos de los espectáculos de la época.

Ante tal enigma, la gente llegó a preguntarse si sería inmortal, y los médicos respondían sin pudor.

Había, informó el New York Times, “tres maneras que terminarían con la vida de la misteriosa mujer”.

“La penetración de los centros ganglionares, justo sobre el corazón, resultaría en muerte instantánea. Los científicos creen que una lesión directa en el cerebro o la médula espinal también destruiría su vida”.

Al final, lo que la mató fue lo mismo que tristemente sigue cobrándose la vida de muchas mujeres en el mundo: un hombre.

Siempre feliz

Fue lo que por mucho tiempo se llamó “crimen pasional”, restándole responsabilidad al perpetrador, y que hoy se llama “feminicidio”.

Una tarde de mayo de 1905, Evatima estaba tomando unas copas en el Arkansaw Club, un bar donde vivía con el propietario Hal B Williamson, cuando llegó un hombre llamado Thomas McCall.

Estaba enamorado de ella, pero ese día una adivina le había dicho que otro hombre se interponía en su camino.

Enfurecido y borracho, McCall le disparó a Williamson y Tardo y, unas horas después, se suicidó.

A Evatima Tardo, que para entonces tenía 34 años, una bala ​​le atravesó el corazón. Probablemente no le dolió.

“Algunas personas piensan que soy desafortunada. Yo creo que soy bendita. Nunca he tenido un día de enfermedad en mi vida. Nunca sentí un dolor en mi vida; no sé qué es el dolor. Siempre estoy feliz, nunca triste”, dijo alguna vez.

Imagen de la portada: Gentileza de BBC News Mundo

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo por Dalia Ventura

Evatima Tardo/Mujer/Un caso inexplicable/ Curiosidades/Sociedad/Cultura/Ciencia.

Hazlo mujer, te hará más que bien…porqué no tu también amigo. No solo por la cognición, la liberación de endorfinas por la alegría de hacerlo. Un maravilloso viernes y mejor fin de semana. Abrazos a tod@s.

“Desvario”

Ni en sueños
dejas de aparecer
trayendo sonidos
que me estremecen,
sueños extraños
que me encadenan
a aquel pasado,
en que tu estabas
aun a mi lado.


Niña que visitas
mi cuarto cada noche
y así llevándome
a tu mundo extraño,
pretendiendo
que contigo
me quede,
pero duran 
tan poco
esos sueños,
que se que no
podré seguirte
como tu y yo
quisiéramos.

Ah…amada mía,
porque has sido tú
quien ha partido
antes de tiempo,
dejándome
en esta desolación
insoportable.

“Mujeres letales” reúne una gran cantidad de cuentos de terror escritos por mujeres entre 1830 y 1908.

Escritoras populares, eclipsadas por el paso del tiempo o la prevalencia de colegas masculinos: la antología Mujeres letales de Edhasa rescata una gran cantidad de autoras del género de terror aun dentro de una diversidad temática y estilística que supera cualquier rigidez conceptual. Reúne textos que van de 1830 a 1908 y hace convivir a ineludibles como Mary Shelley, Elizabeth Gaskell y Vernon Lee, con autoras no identificadas con el rubro como Louisa May Alcott y Edith Warthon, y también incluye sorpresas como Helena Blavatsky y Mary Elizabeth Braddon.

En los últimos años las antologías de cuentos góticos y de fantasmas escritos por mujeres durante el siglo XIX son legión. Las selecciones, como todo recorte, pueden ser flojas, desparejas, excelentes o repetitivas: el último caso suele ser el más común. Por eso Mujeres letales: Obras maestras de las reinas del terror (Edhasa) es notable, más allá del título chillón: se trata de una muestra de lo mejor y también lo menos antologado, salvo excepciones, de un conjunto de escritoras que fueron muy populares y que, en la mayoría de los casos, eclipsó el tiempo y la prevalencia de escritores varones. 

Una de las pistas del valioso criterio de selección es el editor Graeme Davis, un especialista en juegos de rol y videogames que tiene un ojo notable como antologador de terror y ficción oscura: ya hizo para la editorial Simon & Schuster una selección impecable llamada Colonial Horrors, con un seleccionado de los pioneros del género en Estados Unidos. Como este, es un libro largo, exhaustivo, investigado: Mujeres letales tiene 680 páginas, los cuentos van de 1830 a 1908 y tiene breves y contundentes biografías de cada autora.

Las invitadas de siempre, por supuesto, no faltan. Sin embargo Mary Shelley, Elizabeth Gaskell y Vernon Lee, por ejemplo, aparecen con relatos poco conocidos y, en ocasiones, muy extraños. “La transformación”, de Shelley, transcurre en Italia, como muchos otros del libro –y de la época: era el país mediterráneo favorito de quienes podían viajar- pero el tema fáustico es bastante oscuro. 

Un joven genovés, enamorado de la hija del mejor amigo de su padre tiene una vida tan disoluta que impide la relación. Desesperado, se encuentra por casualidad con una suerte de demonio que le ofrece un cambio de cuerpo. Suena convencional pero no lo es y menos cuando se publicó, en 1830: tiene algo morboso y desesperante porque, como es de esperar, el ser maligno no cede su nuevo cuerpo tan fácilmente a pesar del pacto. 

Gaskell, famosa biografía de Charlotte Brontë y colaboradora de Dickens aparece con un relato poco conocido, “La casa solariega Morton”, que es un cuento gótico, pero sobre todo un cuento de mujeres que repasa muchas de las condiciones de vida de la época: desde la joven heredera que cae en desgracia y termina viviendo en la miseria, hasta las solteronas excéntricas y vivaces o la esposa maltratada por orgullosa y finalmente encerrada en una institución psiquiátrica por su marido. 

El punto de vista es de dos hermanas, los detalles de la vida cotidiana femenina están presentes, casi no hay terror sobrenatural: los miedos son a quedarse sin la propiedad o ser condenadas por un hombre cruel que ejerce de dueño. Vernon Lee –feminista, lesbiana, amiga de Mario Praz y otra apasionada de Italia– aparece con “La puerta oculta”, cuento frenético sobre una sugestión, escrito con un estilo vivaz y paranoico perfecto para el tema.

Quizá el único relato de inclusión obligatoria en la antología sea “El empapelado amarillo” de Charlotte Perkins Gilman, sobre una mujer que transita una depresión posparto que desencadena un brote; resulta muy difícil dejarlo fuera porque su contenido es cada vez más vigente y el texto, en primera persona y de primera mano –Perkins Gilman sufrió depresión después de parir- da cada vez más miedo: “Es la misma mujer, yo lo sé”, dice la narradora mientras mira por la ventana de su cuarto, “pues siempre está arrastrándose, y la mayoría de las mujeres no se arrastra a la luz del día”.

HELENA BLAVATSKY

Igual de buenos son dos relatos muy distintos, en estilo y en intención: el primero, “La duquesa orante” de Edith Wharton se traslada una vez más a Italia para contar a una mujer dominada por un marido que parece despreciarla y gozar con su sufrimiento, aunque cada castigo es sutil y ambiguo: ella a la defensiva, él atacando con la espada envuelta en terciopelo. 

El otro es “Un alma insatisfecha” de Annie Trumbull Slosson, estadounidense y más conocida como entomóloga (hay tres especies de insectos que llevan su nombre): se trata de un cuento sosegado sobre una mujer inquieta que, cuando muere, vuelve de la tumba en vida, una zombie totalmente normal físicamente aunque angustiada de a ratos, recibida por su comunidad con una normalidad inquietante, una muerta entre sus vecinos que podría seguir así, sin explicaciones, sin subir el tono, sin lugares comunes del terror.

Además de contener cuentos notables, el libro sirve como guía de autoras, muchas de ellas casi desconocidas y, en otros casos, es útil para conocer el lado b de escritoras famosas como Louisa May Alcott. 

La autora de Mujercitas aparece con “Perdidos en la pirámide o la maldición de la momia”, un título que explica la trama pero no su final desolador, bastante más oscuro de lo esperable en los, por lo general, entretenidos relatos sobre Egipto tan del gusto victoriano. De Elizabeth Stuart Phelps, feminista norteamericana y una de las primeras mujeres en dar conferencias en Boston –además de autora de cincuenta y siete libros– se incluye “El fantasma de Kentucky”, un excelente cuento de fantasmas pero también un relato del mar, de barcos y marineros, algo a lo que no se atrevían tantas mujeres: ella maneja el lenguaje y la jerga de manera excelente y, ¿por qué no?, después de todo los hombres que escriben sobre justas medievales obviamente jamás viajaron en el tiempo. 

Y hay tantas por descubrir: Mary Elizabeth Braddon, por ejemplo, autora de “En la abadía de Crighton”, hermoso relato de costumbres de la clase media alta inglesa con fantasmas y maldición casi en segundo plano; ella escribió mas de 80 novelas “sensacionalistas”, de las que el editor Davis señala que “ponían el foco en las angustias sociales victorianas, pérdida de identidad y posición, deshonra social y fraude, a veces a con argumentos escabrosos”. Helena Blavatsky, célebre por haber creado su propio sistema de creencias ocultas, la Teosofía, es menos conocida como escritora: su relato “La cueva de los ecos” es de los más crueles y extraños de la selección e incluye chamanes rusos y un niño viejo inolvidable. Otro gran relato de superstición que tiene a una mujer como víctima –y una notable observación de la miseria- es “El destino de Madame Cabanel”, de la casi desconocida Eliza Lynn Linton, la primera periodista asalariada de Inglaterra, autora de veinte novelas e investigadora de la brujería. 

También merece atención la obra de Lady Dilke, el seudónimo de Emilia Francis Strong, presidenta de sindicatos de mujeres y periodista especializada en arte: en la nota biográfica se mencionan sus dos colecciones de relatos sobrenaturales y si son tan buenos como “El santuario de la muerte”, un oscuro cuento de hadas sobre una adolescente que quiere morir, el rescate debería ser inminente.

Domésticos, líricos, escritos en dialecto local –como el de Harriet Beecher-Stowe-, sobre aparecidos y violencias y femicidios y locura y casas embrujadas y revenants y objetos encantados, a veces tan “femeninos” como una taza o un retrato o un empapelado amarillo: todos los cuentos de Mujeres letales son fascinantes y revelan la increíble producción de estas mujeres profesionales, periodistas, escritoras y académicas, muchas de ellas feministas. El olvido alcanza a muchos autores pero lo que estas antologías rescatan, sobre todo, es la presencia de estas mujeres en los ambientes literarios de su tiempo, no como actrices secundarias sino como voces poderosas y prolíficas, como nombres inevitables que no dejaban de trabajar y publicar.

Imagen de portada: Gentileza de Página 12

FUENTE RESPONSABLE: Página 12 Por Mariana Enriquez

Literatura/Terror/Suspenso/Mujeres/Cultura/Cuentos

Recordando a Louise Bryant, periodista y militante feminista.

Mantuvo su apellido de soltera, fue defensora del control de la natalidad, el amor libre, el sufragio y la independencia económica de las mujeres.

Nacida como Anna Louise Mohan, de niña comenzó a usar el apellido de su padrastro, Sheridan Bryant, un conductor de carga en el ferrocarril del Pacífico Sur. Creció en la zona rural de Nevada, enseñó en una escuela rural, terminó la licenciatura en historia en la Universidad de Oregon en Eugene, se casó con Paul Trullinger, un dentista.

Trabajó como reportera independiente, ilustradora y editora de una revista de noticias, se relaciona con personas vinculadas al periodismo y el arte, entabló amistades con las principales feministas de la época, dio discursos en ciudades pequeñas, formó parte de la revista socialista The Masses.

Separada de Trullinger, y ya casada con el periodista norteamericano John Reed, Bryant viaja a Petrogrado, en ese entonces la capital de Rusia, donde se está llevando a cabo un proceso revolucionario.

Acreditada como periodista, asiste a manifestaciones y toma de fábricas, cubre reuniones del Parlamento (Duma), cena en comedores públicos con soldados y trabajadores, entrevista y escribe sobre líderes y mujeres revolucionarias, asiste a la asamblea multitudinaria del 22 de octubre de 1917, la que jura sostener al Consejo Revolucionario (Soviet) para el triunfo de la revolución y dar la tierra, el pan y la paz, lo que sucederá tres días después (25 de octubre en el calendario juliano; 7 de  noviembre según el calendario gregoriano usado en el mundo occidental, que instituye Lenin), cuando el gobierno de obreros y campesinos invita a las naciones beligerantes a iniciar negociaciones para la paz.

Abandonando Rusia antes que Reed, quien quería informar sobre el debate bolchevique respecto de la guerra con Alemania, Bryant regresó a Nueva York, donde escribió artículos reivindicando el régimen soviético y el papel de las mujeres que hicieron la revolución.

En Washington por haber participado en una manifestación en defensa del sufragio femenino pasó tres días en la cárcel. Liberada, declaró ante el Comité Overman, un subcomité creado para investigar la actividad comunista en los Estados Unidos, que Rusia tenía derecho a la autodeterminación y dio conferencias por varias ciudades estadounidenses.

La muerte de su amado y admirado John Reed por tifus en 1920 -la historia de ambos  es el tema de la película Reds de 1981, protagonizada por Diane Keaton y Warren Beatty- fue un golpe muy duro para ella.

Con una autorización de la Oficina de Asuntos Extranjeros para viajar como corresponsal por la frontera meridional rusa, recorrió zonas del país entrevistando y tomando notas que fueron recopiladas en dos libros: “Seis Meses Rojos en Rusia” y  “Espejos de Moscú”, publicados en 1922 y 1923; y en artículos que describe el entusiasmo y también las dificultades por las que atravesaba el país.

 

Louise Bryant 20201211

Además, Bryant viajó por Berlín, Londres, París y otras ciudades europeas. Estando en Roma a fines de 1922, escribió una nota sobre Benito Mussolini a quien había entrevistado, titulada: “Mussolini confía en la eficiencia para restaurar Italia”:

“Siempre pensaré en Mussolini como uno de los personajes más extraños de la historia, y lo recordaré como lo vi por última vez, en el gran vestíbulo blanco y dorado del Grand Hotel, bajo un enorme candelabro de cristal que se encorva fatigosamente en un elegante marfil Luis XV y silla esmaltada. Su rostro pálido y de huesos pesados, mostraba signos de insomnio. Su cuerpo fuerte sobresalía por los lados del asiento; sus piernas estaban abiertas sobre la alfombra de terciopelo de color rosa pálido. Había una pequeña taza de café negro, absurdamente delicado, al lado de su mano retorcida por el trabajo. “

Bryant dejó Roma rumbo a Turquía para cubrió eventos relacionados con el ascenso de Mustafa Kemal Atatürk. De Turquía fue a Palermo a entrevistar al depuesto rey de Grecia, Constantino I, y a Atenas para entrevistar a su hijo, Jorge II.

Si deseas conocer relaciones que puedan tener con la protagonista; cliquea por favor donde esta escrito en “negrita”. Muchas gracias.

A mediados del verano de 1921, conoció a William Christian Bullitt, un graduado de la Universidad de Yale, perteneciente a una familia adinerada, periodista y diplomático, quien años después se convertiría en el primer embajador de Estados Unidos en la Unión Soviética. Se casó con él y tuvo a su única hija, Anne Moen.

Su vida cambió radicalmente. Ahora era la cabeza de un hogar de la clase alta, cuyos deberes relacionados con su nuevo estatus le insumen un tiempo precioso, atender el personal de servicio, la comida, el adorno de la casa, las obligaciones sociales… El entusiasmo inicial cedió pasó al cansancio y al aburrimiento, con sus inevitables consecuencias en la vida matrimonial.

Los últimos años de Bryant fueron difíciles. En lo profesional, asesoraba a un escritor, asistía a investigadores de la Universidad de Harvard en la preservación de los artículos de John Reed; en agosto de 1925 apareció su último artículo periodístico, “El trato de Mustafá Kemal Atatürk a las mujeres”, en el que se refiere al fundador y primer presidente de la República de Turquía, quien a través de un conjunto de leyes otorgó a las mujeres las mismas oportunidades que a los hombres. En lo personal, su afición a la bebida y las drogas, y su supuesta relación lésbica con una pintora fueron los motivos alegados por su esposo para divorciarse de ella en 1930 y obtener la custodia exclusiva de su hija.

Enferma de Dercum, una adiposis que le provocaba dolores por momentos difíciles de soportar, Louise Bryant falleció el 6 de enero de 1936 en París y fue enterrada en el Cementerio Des Canards en Versalles. ​Tenía 51 años de edad. Había nacido el 5 de diciembre del año 1885, en San Francisco, California.

Periodista y militante feminista, se la recuerda como una mujer que mantuvo su apellido de soltera, defensora del control de la natalidad, el amor libre, el sufragio y la independencia económica de las mujeres.

Imagen de portada: Gentileza de Editorial Perfil CEDOC

FUENTE RESPONSABLE: Editorial Perfil por Ángel Cabaña, Profesor y Licenciado en Historia.

Historia/Feminismo/Precursora/Periodismo/Sociedad

 

Violencia de género. Argentina.

La historia de las profesionales del mar: Abusos sexuales, discriminación y violencia. Argentina.Mujeres sufriendo aberrantes situaciones ante la ceguera de la Justicia.

Las que no pueden trabajar por ser mujeres.

Son trabajadoras de las aguas de diversas profesiones y desarrollan sus actividades a bordo: buzos, oficiales maquinistas, marineras, cocineras, enfermeras, capitanas, oficiales de cubierta. 

Todas poseen libreta de embarque y una excelente formación en distintas escuelas: Prefectura, Salvamento y Buceo, Escuela Nacional Fluvial Tómelas de Buenos Aires, Escuela de Pesca en Mar del Plata y la Escuela Náutica. 

Sin embargo, la mayoría de ellas están desempleadas, son discriminadas por ser mujeres y las que lograron navegar en alta mar enfrentan violencias, acosos y abusos sexuales de parte de sus compañeros varones cis. Un espacio dominado por la lógica machista y los pactos de silencio entre caballeros que sólo pueden enfrentarse en red y necesitan ser intervenidos por políticas de equidad.

El mercado empresarial no toma mujeres. Los sindicatos que deberían defendernos no lo hacen, sino todo lo contrario, si nos buscamos un laburito por fuera hablan con la empresa para que no nos contraten”. 

Tenemos un nivel de violencia zarpado desde lo empresarial y sindical.

 Conozco muchas compañeras que los propios dirigentes gremiales les han propuesto sexo o plata para conseguirle un embarque”, dice Lucía de Pascuale. 

Es buza profesional, la única en toda Latinoamérica que posee la mayor categoría de buceo, puede llegar a sumergirse hasta 300 metros de profundidad respirando mezcla artificial. Con mucho esfuerzo y después de 17 años de estudio, alcanzó esta calificación, sin embargo, hace más de un año que está desempleada. En todo el país hay 40 varones con su misma categoría y cobran mil dólares por día cada vez que realizan una labor.

Lucía intentó implementar diversas herramientas para conseguir un empleo, reunió a las 10 buzas que hay en todo el país para que la Asociación de Buzos Profesionales impulse la contratación de mujeres en las empresas, al menos un cupo, cuando en cada obra se emplean entre 10 y 30 personas “El gremio desestimó los artículos de género que presenté. 

Me atacó en el grupo de agremiados y también en una carta pública que envió a las empresas. A partir de ese momento no me llamaron más de ninguna empresa, me dejaron en la calle sin un mango”, cuenta.

Luego de ese episodio, Lucía se puso en contacto con trabajadoras del sector marítimo, fluvial y lacustre que se encontraban intentando acceder a un empleo. En cada una de las historias que escuchó se repetía el mismo patrón: todas hablaban de los abusos sexuales y acosos que sufrieron por parte de sus compañeros y la discriminación de las autoridades de los gremios. 

A esas situaciones le seguían la falta de acceso a la Justicia: “Ninguna de nosotras puede pagar un abogado estando desempleada. Hay una denuncia de una marinera que fue violada a bordo, nunca tuvo contención ni de Prefectura ni de su gremio, la violencia que vivimos es muy grande”.

Lucía nació en Jujuy, cuando cumplió 17 años se mudó a Buenos Aires, a los 18 ya era buza y se mudó al sur en busca de un empleo que no consiguió en la Ciudad. Durante 10 años trabajó en la pesca artesanal de mariscos que se realiza bajo la modalidad de buceo. Vivía en un campamento y dormía en una casilla rodante, era la única salida laboral que tenía, precarizada y sin ningún derecho laboral. 

“Sin ART, sin un seguro de vida, buceando con descompresión, algo que está prohibido por Prefectura porque no hay una cámara hiperbárica para respirar.

 Tuve accidentes de descompresión, donde me tuvieron que meter desmayada bajo el agua con el regulador en la boca para reavivar, a varios compañeros les pasó y algunos perdieron la vida”, detalla.

Lucía de Pascuale, buceadora a más de 300 metros de profundidad y una de las responsables de la organización de las trabajadoras de mares y ríos.

La Asociación de Mujeres de la Actividad Marítima, Fluvial y Lacustre es un grupo que reúne a más de 60 de trabajadoras del mar de todo el país, Lucía es una de las impulsoras. 

Se organizó para elevar los reclamos de las trabajadoras y denunciar las múltiples formas de violencia que sufren. Muchas de ellas son jefas de hogar que hoy no pueden acceder a un trabajo formal por ser mujeres, a pesar de contar con una formación profesional.

Hace un año presentaron una nota al Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad exponiendo su situación, recién el 11 de agosto pasado recibieron una respuesta y se comprometieron a trabajar en sus demandas. Antes tocaron sin éxito las puertas del Ministerio de Trabajo, de la Defensoría del Pueblo y del INADI.

Años atrás, Lucía embarcó contratada por una empresa noruega, una de las pocas que realiza tareas de saturación donde los buzos se sumergen a 300 metros de profundidad. Sin embargo, a pesar de estar capacitada para el puesto tampoco le permitieron realizar esa tarea.

“Fui ninguneada por compañeros y supervisores, me decían en la cara ‘a vos no te vamos a mandar a hacer esto porque sos mujer’. Estuve 10 años en la pesca, levanté más toneladas de mariscos que cualquiera de los buzos que estaban en ese barco, manejé lanchas, llegué a bucear ocho horas por día”, cuenta Lucía. Nada de eso parecía ser suficiente, al desprecio hacia su formación le siguió el acoso: “Todos te insinúan que quieren tener sexo y cuando expuse esta situación con el capitán me dijo ‘si yo hablo va a ser peor, no subimos más mujeres’”.

Ese es el modus operandi en alta mar: la amenaza de castigo como disciplinamiento para quienes se animan a denunciar y el pacto de silencio entre caballeros que los convierte en cómplices de las violencias.

Sindicalismo patriarcal

Gisela González es oficial de máquinas fluviales, en 2012, a sus 24 años, egresó de la Escuela Nacional Fluvial. Conoce cada uno de los sistemas a través de los cuales funciona un buque. Proveniente de una familia de muy bajos recursos, significó un gran sacrificio poder completar su formación. 

De lunes a viernes viajaba a las cinco de la mañana de Longchamps a Constitución para llegar a las 7 a la escuela con las monedas justas

A veces le sobraban unos pesos para comer, otras no y los sábados viajaba a la Bahía de Núñez, en Ciudad de Buenos Aires, para completar las prácticas de natación y remo.

Gisela González, a pesar de las violencias sufridas sigue insistiendo en su formación y en las ganas de embarcarse.

La formación de Gisela no fue totalmente gratuita, debía pagar una cuota de $300 pesos, su mamá enfermera de profesión la ayudaba con lo que podía. Cuando estuvo lista para embarcar entró al mundo del gremio: “Nos dijeron que teníamos que afiliarnos, ponernos en una lista laboral y el gremio se encargaría de darnos los embarques. Después de esperar muchos meses conseguí un embarque en un buque pesquero”, cuenta.

Luego de ese primer viaje no volvió a conseguir otro trabajo y tuvo que abandonar el mar “como les pasa a muchas compañeras, desisten de su profesión y eligen otra carrera u otro trabajo, para mí fue muy difícil porque extrañaba todo lo que había estudiado, lloraba cuando sentía el olor del mar. Soñaba con el mar.”

Gisela juntó fuerzas y volvió en 2019, renovó los cursos para navegar que se vencen cada cinco años, se anotó nuevamente en lista, y tuvo una reunión con el secretario general y el adjunto del Sindicato de Conductores Navales y le prometieron un empleo. Esperó varios meses y como seguía sin trabajo viajó a Mar del Plata en busca de un barco.

Ilusionada con la promesa de un empleo, Gisela rompió la alcancía de su hijo y juntó la poca plata que tenía en el bolsillo para comprarse un pasaje. “Cuando llegué el secretario de la seccional me dijo ‘tenés que ponerte en lista’, le expliqué que viajé porque me habían prometido un trabajo y que estaba pasando una necesidad económica pero no le importó. Estuve durmiendo 40 días en el puerto, comiendo de lo que me daban los marineros.”

En medio de esos días de angustia lejos de su familia y durmiendo a la intemperie, conoció a un grupo de marineros con los que empezó a patear los muelles para hacer changas, 12 horas por día con currículum en mano para conseguir un puesto. Una semana después logró embarcarse en un empleo temporal como primera oficial. Mientras tanto la seccional del Mar del Plata, que la había dejado en la calle, la hostigaba por buscar trabajo con lxs marineros. Gisela denunció esta situación ante el secretario general de Buenos Aires, y la situación empeoró.

Una mañana el secretario de la seccional de Mar del Plata la interceptó en la calle y comenzó a gritarle, Gisela tuvo pánico y cuando terminó su contrato temporario abandonó la costa, regresó a su casa y denunció el hostigamiento ante el INADI. Su situación económica empeoraba y su compañero tampoco contaba con un empleo formal. “Pedí mi libertad laboral y me la negaron. Cuando me llamaban de una empresa para embarcar al día siguiente me decían ‘el gremio nos dijo que no’. Todo esto me desencadenó estrés y anemia aguda y ni siquiera tenía obra social.”

El día que llegó al INADI Gisela denunció además otra situación que vivió en 2014 cuando tenía 25 años: “Era muy joven y nueva en el ámbito laboral, en ese momento no supe qué hacer ni a donde denunciar. Me subí a un barco y el primer oficial de cubierta se metió en mi camarote e intentó violarme.

En mi mameluco siempre llevaba una navaja porque en la escuela me enseñaron que teníamos que tener una herramienta cortante por si nos enredamos los pies o necesitamos cortar algo de urgencia, nunca imaginé que la iba a usar para una situación así. Mientras el oficial me bajaba el cierre del mameluco saqué la navaja y le dije ‘si me tocas un pelo te abro la garganta hasta los huevos’. El tipo se puso blanco y se fue. Yo no podía respirar de los nervios”.

Al día siguiente Gisela relató la situación ante el jefe de máquina de la embarcación, cuando llegó a oídos del capitán él le dijo riendo “qué hacemos jefa”. Cuando se bajó del barco Gisela denunció el abuso ante el secretario general del gremio, la respuesta que recibió fue: “Gracias a Dios no pasó a mayores”. Gisela tenía miedo, estuvo un año sin poder navegar luego de ese episodio.

“Los gremios y las empresas no están capacitados en perspectiva de género para contener a las mujeres en estas situaciones. Se de otras compañeras que han vivido situaciones de abuso peores que la mía, amenazas, maltratos, no es solo violencia laboral, sino sexual, psicológica, no se respetan nuestros derechos y las convencen para que no denuncien, compran su silencio a cambio de un trabajo”, asegura Gisel.

Hoy a sus 33 años continúa profesionalizando en el Astillero Río Santiago, cursando dos tecnicaturas: de control y automatización y otra de construcciones navales, en busca de un empleo efectivo.

El costo de ser mujer 

Marina Saboulard atiende el llamado mientras respira el frío seco de Puerto Pirámides, un pueblo de menos de 500 habitantes ubicado en la Península de Valdez. Llegó haciendo dedo. Vive en Buenos Aires y viajó para visitar a sus compañeras de la agrupación, buzas cocineras y encargadas de cámaras que hacen turismo en los buques de Ushuaia.

Marina es fotógrafa y marinera, comenzó un proyecto personal donde registra a sus compañeras en alta mar. Nunca logró embarcarse como fotógrafa, cuenta que son puestos que solo les dan a los hombres. “A las mujeres las mandan a la cocina o a limpiar camarotes que es la categoría básica”.

Marina Saubolarb, fotógrafa de altamar, con carnet de la Organización Marítima Internacional, desocupada.

Para llegar a ocupar puestos superiores les exigen acumular determinadas horas de navegación, algo muy difícil de conseguir cuando acceder a una embarcación es una odisea y dependen del gremio. 

Diez años después de recibirse Marina solo logró embarcar tres veces, mientras sus compañeros varones con los que cursó la carrera están todos empleados.

Ante la falta de acceso a un puesto, Marina se vio forzada a buscar embarque en bandera extranjera, lo que requiere mayor formación: “Tuve que estudiar un montón de idiomas y tener una segunda carrera. Los cursos que hacemos son avalados por la Organización Marítima Internacional (OMI).” Para embarcarse en aguas extranjeras, además necesita una libreta internacional que cuesta 500 dólares, vence cada cinco años y ya pasó los primeros tres años y medio sin embarcarse.

Al igual que todas sus compañeras, cuando se recibió debió entrar al circuito del gremio para conseguir un embarque. “Muchas empresas solo te emplean a través del gremio y todo muy entre comillas porque siempre toman hijos de, sobrinos de, nietos de. Es muy difícil hacerte un camino de otra manera. Y también lo que existe mucho en la jerga es que los compañeros te tienen que elegir. Es un ambiente muy machista, hay compañeras que me cuentan que tuvieron que encerrarse en un camarote para que no abusen de ellas”, relata.

La primera capitana

La señal de wifi en plena embarcación a 200 millas en mar argentino, cerca de aguas internacionales, dificulta la comunicación con la capitana Nancy Jaramillo. El clima no acompaña y el frío penetra los huesos. Nancy se toma un rato de sus horas de descanso para contar su historia, hace guardias de 12 horas y es la primera mujer capitana de pesca de Argentina.

De familia de bajos recursos, Nancy nació en Trelew y creció en una villa de Puerto Madryn, sin techo, lo único que tenían era un auto, donde vivieron durante un tiempo. Nancy reivindica su clase y recuerda los días en los que el único plato de comida que tenía era el que conseguía en el comedor del barrio. Su primer trabajo lo tuvo a los nueve años, vendía agujas e hilos en la calle. Después limpió casas, fue niñera, vendió carbón, dio clases particulares, trabajaba todo el día, pero la plata nunca le alcanzaba.

A los 17 tuvo su primer y único hijo, madre soltera, desesperada por conseguir un sustento económico se enteró de un curso para camarera de barco que brindaba Prefectura. Así comenzó su carrera para llegar al mar. Sin descanso trabajaba de mañana y estudiaba de tarde. Consiguió su libreta de embarque y en 1996, a sus 19 años comenzó su primera travesía a bordo como camarera en un ambiente muy hostil.

Sufrí todo tipo de abusos e insultos, una noche mientras dormía un oficial entró a mi camarote, me tapó la boca, se me subió encima y me manoseó. Fue una situación espantosa, no tenía forma de defenderme. Al otro día me llamó el capitán para decirme ‘cómo una puta como yo podía ensuciar el buen nombre de un padre de familia’. El tipo se adelantó pensando que lo podía denunciar y le dijo al capitán que yo lo había provocado. Agaché la cabeza y no pude decir nada, se me caían las lágrimas, nadie iba a creer lo que había pasado realmente.”

Nancy juntó fuerzas y continuó formándose para ascender a marinera, no le fue fácil, dos años después llegaron también las primeras manifestaciones de discriminación, sus superiores le decían que no aceptaban mujeres, pero se plantó, insistió y logró rendir el examen para convertirse en marinera.

“Encima una negra cabeza”

Nancy comenzó a acumular horas de embarque y en 2003 se presentó en la Escuela de la Armada para acceder a la patente de patrón costero. Para navegar como oficial en grandes embarcaciones se exigen dos patentes, a Nancy querían otorgarle solo una que sirve para pequeñas lanchas, a pesar de que acumulaba muchos años de experiencia, mientras que a sus compañeros varones que tenían unos pocos meses navegando, ya les habían otorgado ambas patentes. 

Recién en 2007, cinco años después, cuando cambió el director de la escuela, fue aceptada.

Nancy Jaramillo logró llegar a capitana después de incontables esfuerzos y violencias.

Cuando creía que todo se había solucionado pusieron en duda sus 10 años de navegación, abrieron una investigación y le exigieron que consiga en menos de dos meses documentos de las autoridades marítimas de Prefectura que probaran sus años en el mar. 

La acusaban de haber alterado su libreta, sin pruebas ni fundamentos, algo que jamás le sucedería a un varón. En menos de dos meses Nancy reunió toda la documentación y se graduó como oficial de pesca. Continuó embarcada. Sin embargo, aun con título en mano, le daban los trabajos más básicos mientras sus compañeros accedían a los cargos de oficiales.

Continuó su carrera, alcanzó el título de oficial y en 2011 volvió a la escuela para convertirse en capitana. “En 2017 cuando estaba por recibirme de capitán mi profesor Martínez me contó que el director de la escuela, un militar muy machista, le dijo ‘no quiero como capitana a una mina y encima una negra cabeza”, recuerda Nancy textuales palabras.

Ella estaba sobre capacitada para su puesto, antes de llegar a ser capitana ya conocía todos los oficios que se desarrollan en una embarcación: fue bodeguera, bajaba a estibar en una embarcación con 34 grados bajo cero y hasta fue marinera de cubierta, un puesto que tiene los trabajos más pesados. “Cuando mi profesor Martínez, se enteró que no me querían dejar entrar dijo que iba a realizar una denuncia pública por discriminación, gracias a él pude ingresar”, cuenta.

Nancy recuerda que el día que salió en su primer viaje como capitana de una embarcación la mitad de la tripulación se bajó porque decían que iba a hundir el barco. “Todavía siguen pensando que porque somos minas no nos da el cerebro o no estamos capacitadas. Salí a mi primera marea, me fue muy bien y pesqué un montón”, cuenta.

No solo pusieron en duda su carrera, sino que además tuvo que soportar incontables situaciones de violencia y abuso sexual. “Cuando trabaja como cocinera un oficial venía a manosearme. Cuando todos estaban afuera trabajando, me tapaba la boca y la nariz. Un día no aguanté más, le dije al capitán y su respuesta fue ‘¿no lo estarás provocando?’. No se puede hacer nada, si digo algo te van a echar a vos’.

“Un compañero me dijo ‘a ver cuando te pones calzas y nos mostras el culo’, yo le respondí ‘que muestre el culo tu mujer’, me pegó una piña y me dejó los dos ojos negros. Otro me dejaba todo el trabajo a mí, un día le dije que haga sus tareas como correspondía y me tiró una caja encima, me caí de dos metros y me quebré las muñecas, cuando le conté al capitán le terminaron dando la razón a él. Me dijeron que estaba bien que me hubiera pegado porque yo no le podía dar órdenes.”

Nancy reconoce que esas situaciones la marcaron y la llevaron a vivir con miedo y angustia. “Hasta que dije basta y empecé a contactar a compañeras porque nosotras hoy como mujeres trabajadoras del mar no tenemos nada ni nadie que nos ampare. Por estar en un barco para los hombres ya estamos provocando.” La primera vez que un compañero le pegó había tres hombres más, ninguno la defendió

“Me fui sola a mi camarote a lavarme la cara porque la tenía llena de sangre. Sufrí mucho desprecio, me daba vergüenza decir que era capitán de pesca porque para la sociedad marítima una mujer es una vergüenza. Una vez un hombre me dijo que yo era la puta que abandonó a su hijo para ir a chupar pijas a los barcos. Es muy doloroso, llegó un momento que era tanta la agresión que no entendía porque me atacaban tanto. No conseguía trabajo en ningún lado, nadie me quería embarcar porque era mina.”

Hoy nota algunos cambios: “Este último año con tanta movida del movimiento feminista están empezando a contratar mujeres de a poco y hay un proyecto de la senadora Nancy González que establece embarcar un 30 por ciento de mujeres en los barcos pesqueros. Están empezando a aceptarnos porque no les queda otra. Son muchas las mujeres con libreta que quieren subir a un barco, estoy segura que cada vez van a ser más y serán grandes, marineras, camareras, oficiales, pero si no nos abren las puertas nunca vamos a poder ganar nuestro espacio. Queremos igualdad de oportunidades.”

Imagen de portada: Marina Saboularb y Lucía de Pascuale, dos trabajadoras de alta mar desocupadas sólo por ser mujeres.. Gentileza de Constanza Niscovolos

FUENTE RESPONSABLE: Página 12 – Por Estefania Santoro

Violencia de género/Xenofobía/Mujer/Sociedad/Argentina

 

El emocionante texto de María Moreno en la reapertura del Museo del Libro y la Lengua.

La paradoja de tener dislexia tras un ACV y dirigir una sede literaria

Si deseas conocer más sobre este tema; por favor cliquea donde está escrito en “negrita”. Muchas gracias.

En un acto realizado en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno se anunció la reapertura del Museo del Libro y de la Lengua, de lunes a viernes. Su directora, María Moreno, que sufrió un accidente cerebrovascular a inicios de julio, preparó un emocionante texto que fue leído por la escritora Inés Ulanovsky durante el evento. 

El texto completo

Que el Museo del Libro y de la Lengua sea dirigido por alguien que ha sufrido los efectos de un ACV, entre los cuales se encuentra una severa dislexia, es decir, que siente un sabor amargo en la lengua del cuerpo y la del alma, según una frase elegíaca de don Leopoldo Marechal en su Adán Buenosayres, parece una obra de Copi; pero como la vida tiene los argumentos más extravagantes, es despóticamente real.

El 3 de julio de 2021 tuve un infarto cerebral que me provocó parálisis en el lado derecho de mi cuerpo, incluida la mano –nunca pensaba en ella, simplemente estaba ahí para servirte en mis caprichosas asociaciones literarias, era la mano de escribir–. Estaba escribiendo sobre la potencia de la enfermedad y de la asimetría corporal en la obra de Lina Meruane y Mario Bellatin. Nunca volveré a provocar a los dioses que convierten la escritura en una profecía.

Mi mano derecha yace exangüe, lívida, sobre una plataforma de elevación; los dedos apiñados, las uñas pintadas de rojo, apenas firmes para sostener un abanico como en un cuadro de Prilidiano Pueyrredón. Mi pierna derecha se siente como la del capitán Ahab, pero mucho peor escrita. No escribo las palabras que deseo; a estas las olvido fácilmente. Escribo las que son fruto de una negociación; a veces, otras que nunca hubiera escrito de no haber tenido un ACV. Escribo esto con el índice de la mano izquierda, que se ve obligado a realizar con el dedo pulgar simples coreografías para tocar simultáneamente Alt y la tecla del signo de puntuación buscado.

Se asocia la dislexia al retraso mental, a la media lengua de los niños. Solo los llamados subalternos dicen “no entiendo”, con firmeza, cuando en realidad son los únicos que entienden y reconocen que detrás de los fallos del lenguaje están los antiguos privilegios.

El neurólogo y escritor Oliver Sacks mostró la existencia del inconsciente al observar en los accidentados neurológicos una imaginación que excedía las estrategias de la enfermedad al servicio del impulso reparador y, por supuesto, al soporte material del cerebro humano. En El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, Un antropólogo en Marte y Veo una voz, Sacks registra unos “despertares” que evocan la prodigalidad creativa de un Leonardo: un músico que no puede diferenciar entre su esposa y una gorra pero que es genial, una escultora que no percibe sus manos y es un éxito, un sordomudo orador y lingüista. En cierta ocasión escuchó unas carcajadas convulsivas que provenían de la sala de afásicos del hospital donde trabajaba. Al entrar descubrió que la reacción se estaba produciendo ante el discurso del presidente –Sacks no dice cuál, aunque se puede sospechar que se trata de Ronald Reagan–. Según el diagnóstico médico ciertos afásicos no pueden comprender el significado de las palabras y sí, con peculiar precisión, la expresión que las acompaña, es decir la teatralidad. Su conclusión es que a un afásico no se le puede mentir. Una mujer, Emily D., ocupante también del pabellón de afasia, sufría una enfermedad diferente, la agnosia, que le hacía comprender el sentido de las palabras pero no sus cualidades expresivas. Esta mujer determinó que el discurso del presidente no era buena prosa, es decir, desaprobó su retórica. ¿Deberían los afásicos postularse como analistas políticos?

Yo también tuve mis musas: las de la disartria. He renunciado a mis excesos barrocos y a mis enumeraciones caóticas rococó. He llegado a la síntesis por un déficit, no por voluntad. He ganado en lectores, ahora soy transparente, mientras que mi habla se vuelve a veces infranqueable.

Esta larga introducción es para anunciar que el Museo del Libro y de la Lengua está abierto a las lenguas rotas e infartadas, a sus invenciones, que no pueden adjudicarse simplemente al concepto de reparación.

Hoy es el décimo cumpleaños del Museo y, por lo menos, la tercera reinauguración de las muestras La kermés del día después y Mareadas en la marea: diario de una revolución feminista. En la última inauguración las sacamos al jardín y las filmamos. La kermés del día después aludía a la pastilla del día después y ahora, con la ley del aborto obtenida, vuelve a ser la kermés del día después de la inauguración. Esta vez levantamos un altar en homenaje a las víctimas de femicidio, y dice así:

“La culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía”. (Las Tesis)

Las que siendo una menos siempre fueron por más. A sus cuerpos gozosos, deseantes. A sus ganas de bailar, hacer el amor, de vivir su libertad hasta el fondo. Para ellas es este altar de cotillón e iconografía popular de nuestra américa en el que no quisiéramos tener que escribir un nombre más.

A sus memorias, amorosamente.

Felicitaciones a la craneoteca del Museo: Esteban Bitesnik, Inés Girola, Pablo Licheri, Inés Ulanovsky, Nicolás León Rubio, Martín Algieri, Ornella Benevento, Laura Orgambide, Viviana Gonzalez y Gabriel Zarco que supo encontrar aquí su cajita feliz con lealtad y compromiso. Felicito también, especialmente, a Viviana, que de ahora en adelante abrirá las puertas a los visitantes.

Agradezco su paciencia.

Imagen de portada: Gentileza de Página 12

FUENTE RESPONSABLE: Página 12

Museo del Libro y de la Lengua. Ciudad de Buenos Aires, Argentina.

El legado de Juana Bignozzi en la literatura argentina.

Traductora, poeta y periodista, Juana Bignozzi publicó seis poemarios, cofundó junto a Juan Gelman el colectivo poético El pan duro y tras un exilio de 30 años en Europa se conectó con una nueva generación de poetas.

Juana Bignozzi nació el 21 de septiembre de 1937 en el barrio de Saavedra en una familia obrera ligada al anarquismo y posteriormente al comunismo tras la llegada del peronismo y la sindicalización.

La familia le otorgaba un papel central a la cultura, por lo que la lectura y la escritura en la vida de Juana comenzaron en una edad muy temprana, recibiendo distinciones en la escuela primaria. Para ella, un libro importante de ese periodo fue Ramo de Cuentos, de Hans Christian Andersen. Comenzó a escribir textos a los diecisiete años. En su juventud se dedicó al periodismo. Entre sus influencias se encuentran Rubén Darío, Cesare Pavese y Paul Verlaine. 

En 1955, militando en el Partido Comunista, con Juan Gelman crearon el colectivo poético El Pan duro, con el objetivo de acercar la poesía al pueblo desde un enfoque político. Declarará años después en una entrevista que el único que podía escribir poesía política era el propio Gelman. 

Allí se puso en contacto con quien sería su editor, José Luis Mangieri, fundador, entre otros sellos, de Tierra Firme. También conoció a Héctor Negro, letrista de tango. Aunque sus orígenes como poeta fueron en los años 60, Juana no quedó anclada a esa época, sino que fue actualizándose con el pasar de las décadas, manteniendo un diálogo permanente con poetas jóvenes. 

En 1974, Bignozzi se trasladó a Barcelona junto a su marido Hugo Mariani, corrector de oficio. El destierro, calificado así por ella misma, duró treinta años por los acontecimientos políticos del país. Durante esos años se dedicó a la traducción, los viajes, a la observación y la escritura sobre las obras de arte que fue encontrando por toda Europa, y que plasmaría en los libros Quién hubiera sido pintada (Editorial Siesta, 2001) y en Las poetas visitan a Andrea del Sarto (Adriana Hidalgo, 2014). 

Estilo

Bignozzi es una de las representantes de la poesía nacional de los años 60 más por una cuestión biográfica que estética. En su trabajo, la construcción de una identidad poética abordaba temas como la soledad, el inexorable paso del tiempo y un tono desencantado. Sus poemas se caracterizan por la ausencia de signos de puntuación y preferir una entonación de orden natural. No fue una poeta de imágenes o de metáforas sino que dominaba un estilo muy directo, el diálogo, la ironía, la tristeza y el vacío. 

La Nación.

Se mantuvo al tanto de las nuevas corrientes de poetas jóvenes, leía y recomendaba leer a sus contemporáneos, no se quedaba en el canon de su época y eso la diferenció del resto de los poetas de su generación. Hay una gran influencia de la pintura en su poesía, utilizando muchas veces el recurso de tomar un cuadro para definirse como en Quién hubiera sido pintada.

Bignozzi fue saliendo de las sombras e imponiéndose con figura, su voz clara y sensible pero firme. Comienza a tomar especial relevancia en el panorama literario cuando el Diario de Poesía en 1998 le dedica un dossier completo al análisis de su obra, a la par que la crítica literaria Ana Porrúa llama la atención sobre su figura. En esos años interactuaba con poetas jóvenes; se la podía leer como a una contemporánea. 

Obra

Durante los años 60 publicó tres poemarios: Los límites en 1960, dos años más tarde Tierra de nadie, y probablemente el más recordado, Mujer de cierto orden, en 1967. Se trata de un poemario que da cuenta de una época. Si bien Bignozzi era militante, no escribía textos panfletarios ni pretendía ser la vocera del partido. Era feminista, aunque no lo expresara en esos términos.  

En 1989 publicó Regreso a la patria; Interior con poeta, en 1994; Partida de las grandes líneas, en 1996, todos estos últimos incluidos con el inédito La ley tu ley en la obra reunida publicada bajo el mismo título (Adriana Hidalgo editora, 2000). Posteriormente se publicó Quién hubiera sido pintada, en 2001; Antología personal, en 2009, en la colección Bicentenario de la Biblioteca Nacional y Si alguien tiene que ser después (Adriana Hidalgo editora, 2010). 

Archivo Histórico de Revistas Argentinas.

En la contratapa de su obra póstuma, Novísimos, editado por Mercedes Halfon y publicado en 2019 por Adriana Hidalgo, el poeta Martín Rodríguez escribió: “La muerte la encontró a Juana Bignozzi con las previsiones del caso: un apunte con el modo en que quería ser enterrada, el color de las flores que sus amigos debíamos llevar, la indicación principal de una tumba sin cruz y el cementerio público donde debía hacerse. Sobre estos detalles reposa también una contraseña del lugar que ocupó su escritura: que la muerte no tenga la última palabra. Los poemas que componen Novísimos nos aguardaban”. 

Algunos de los poetas jóvenes con los que entabló amistad fueron Martín Gambarotta, Martín Rodríguez o Vanina Colagiovanni, además de quien sería su albacea, la escritora Mercedes Halfon, parte del círculo íntimo de la poeta en sus últimos años de vida. 

Revista Altazor.

Palabras de la poeta María Lucesole a Juana Bignozzi en un nuevo aniversario de su nacimiento: 

“Leer a Juana Bignozzi es avizorar un faro difícil de comparar con algún otro. Para todxs lxs poetas que comenzamos a incluirnos en el voraginoso mundo de la poesía contemporánea, donde algunas voces se parecen, otras son cooptadas por el mandato individualista del neoliberalismo, el descubrimiento de la voz de Juana, su posicionamiento histórico, su cotidianidad y coloquialismos para siempre contextualizados y actualizados -por más mínimas que sean las imágenes o escenas en sus poemas-, sus ideales revolucionarios y su resistencia como mujer en la poesía y en la historia, se convierte inmediatamente en una bisagra. La literatura en serio y la vida en serio, propone, en dos de sus poemas más conocidos, dando por sentado que, si no es así, la vida (“¿quién la llamó vida? / sin revolución”) no tiene ningún sentido. 

Juana es la combinación precisa entre poesía política, feminista, coloquial, poesía de un yo tan fuerte y explícito, y a la vez tan colectivo, el paradigma de un sujeto histórico que siempre pareciera estar en riesgo de extinguirse, hasta que algunas voces vuelven a levantarlo. Es por eso que nunca va a dejar de actualizarse, aunque pasen y pasen los años, porque su poesía está para recordarnos que vivir y escribir son compromisos políticos”.

Bignozzi recibió como reconocimiento el Segundo Premio Municipal de Poesía en el 2000, el Premio Konex, Diploma al mérito por el quinquenio 1999-2003 y la Rosa de cobre de la Biblioteca Nacional en 2013.

Al fallecer su marido en 2013, Bignozzi se despide de él en Novísimos. Juana Bignozzi falleció en Buenos Aires el 5 de agosto de 2015.

La escritora Mercedes Halfon es heredera de su obra y albacea. Junto a Laura Citarella dirigieron el documental “Las poetas visitan a Juana Bignozzi”, premiada en la competencia argentina del Festival de Mar del Plata.

Micropsia.

Agradecimientos: María Lucesole.

Fuentes: Podcast Mostras, de Inés Kreplak y Patricio Foglia, Malba Literatura, Documental Las poetas visitan a Juana Bignozzi, A media voz, Blog El placard, La Nación, La canción del país, Eterna Cadencia, Adriana Hidalgo, Diario de Poesía 1998, Perfil, El País, El libro perdido. 

Imagen de portada: Gentileza de Página 12

FUENTE: Ministerio de Cultura de la República Argentina