Con Inteligencia Artificial se completó la sinfonía Nº 10 de Beethoven, y suena así…

Un violonchelista demoró 10 años en crear un programa informático que compusiera una partitura y finalmente logró completar la obra que Beethoven dejó inconclusa en 1826.

El director de orquesta Guillaume Berney levantó su batuta y la música empezó a sonar ante un público de entendidos. Todos querían escuchar –¡al fin, tras tantos intentos ajenos y decepcionantes!- cómo sonaba la sinfonía 10 que Ludwig Van Beethoven había dejado inconclusa al morir y que una computadora logró completar.

Y lo más sorprendente es que sonó increíblemente bien (ver video que acompaña esta nota) y el selecto auditorio de Lausana se sintió transportado a la Alemania de 1826.

La obra se llama BeethovEN 10.1 y fue “creada” gracias a un programa de inteligencia artificial. El sufijo “ANN” se refiere al acrónimo de Red Neuronal Artificial (ANN, en inglés), una de las formas de la inteligencia artificial.

 

Detrás de este prodigio compositivo se encuentra Florian Colombo, un violonchelista que dedicó diez años de su vida profesional como músico al proyecto de enseñarle a una máquina cómo componer siguiendo el estilo de uno de los mayores músicos de la historia.

Educar la Inteligencia Artificial

Florian Colombo es violonchelista y además investigador informático de la prestigiosa Escuela Politécnica Federal de Lausana (en francés, École polytechnique fédérale de Lausanne), en Suiza. Durante una década, creó un programa informático que “educara” a las redes de neuronas artificiales con los 16 cuartetos de cuerda de Beethoven y sus acordes particulares. 

Luego le pidió a su criatura que compusiera, a partir de fragmentos, lo que habría podido convertirse en la 10ª sinfonía. Et voilà! El resultado es sobrecogedor.

“La idea es poder apretar el botón y tener la partitura completa para la orquesta sinfónica entera, sin más intervenciones que mi trabajo previo”, explicó el investigador.

El 2 de septiembre pasado, Florian Colombo abrió el fichero Symphonie 10.1 en una gran pantalla y, con un solo clic, generó la partitura final para la obra, que duró apenas cinco minutos. 

Y este prodigio fue posible gracias a la codificación de unos pocos pentagramas que Beethoven dejó en una melodía propia, pero completados con la decodificación IA de las combinaciones sonoras de sus 16 cuartetos de cuerdas. 

Si deseas saber de Horacio Lavandera, hace cliquea en el link siguiente;

Horacio Lavandera: “En su tiempo, Franz Liszt era como los Beatles en los años ’60”

En cuanto la aplicación dio por terminada una partitura, la orquesta ensayó esa pieza mixta y absolutamente inédita durante un rato. Luego, el director Guillaume Berney hizo algunos ajustes armónicos y, esa misma noche, la presentó en un concierto. El corre-ve-y-dile fue tal que al día siguiente se repitió la presentación.

“Hay que entender que no es el resultado lo que cuenta, sino el proceso“, explicó a AFP Guillaume Berney, el director de orquesta, unos días antes de que todo estuviera listo y de las vertiginosas presentaciones. 

“Es bastante genial ver esto, es como estar en la unidad de maternidad, es un nacimiento”, afirmó el director de orquesta, con la partitura recién impresa en la mano. “En cuanto a lo que veo a nivel armónico, estamos más bien en la época de Beethoven, así que podemos decir que es un éxito”, dijo sin ocultar su orgullo. “Hay algunas cosas que están muy bien, otras que están fuera del estilo pero es agradable. Quizá le falta la chispa del genio”, señaló el director de orquesta en un rapto que amasaba dos cucharadas de modestia con 1 kilogramo de envidia.

Florian Colombo también confesó abiertamente su “emoción”, pero no dejó de lado el copyright: “Hay un toque de Beethoven pero esto es verdaderamente BeethovEN, es algo por descubrir”, apuntó y viendo un horizonte profesional que podría ser millonario. 

El investigador informático tiene en sus manos una innovadora empresa emergente, que le permitirá “aportar esas herramientas a los músicos profesionales, a los aficionados, a las orquestas, para que todo el mundo […] pueda componer de manera lúdica […] o crear partituras a la medida de necesidades específicas”.

Y si alguien cree que, de haberla escuchado, Beethoven alzaría una ceja con aire de superioridad, Guillaume Berney le responde en AFP: “Esto no es en absoluto ofensivo. Los compositores de la época eran todos vanguardistas. Siempre buscaban nuevas formas de hacer las cosas”.

Imagen de portada: Gentileza de Editorial Perfil

Fuente: Editorial Perfil – MM CP – Música Clásica/Inteligencia Artificial

¿Quién es Shirley Ann Shepherd, el gran y único amor del baterista de los Rolling Stones?

¿Alguna diferencia? Seguramente… Pero es una historia de amor al palo!!

Este año, el músico iba a celebrar 57 años de matrimonio con el gran amor de su vida. Murió antes, a causa de un cáncer de garganta. Juntos fueron padres de una hija y abuelos de una única nieta.

Se casaron en secreto el 14 de octubre de 1964. Ella era tres años mayor y estudiaba escultura en una universidad de arte; él ya era un famoso Stone. El primer retrato del
matrimonio fue tomado un mes después de su boda. Si bien los Stones tenían una férrea política de no llevar mujeres a las giras, Mrs. Watts era la única autorizada.

Se casaron en secreto el 14 de octubre de 1964. Ella era tres años mayor y estudiaba escultura en una universidad de arte; él ya era un famoso Stone. 

El primer retrato del matrimonio fue tomado un mes después de su boda. Si bien los Stones tenían una férrea política de no llevar mujeres a las giras, Mrs. Watts era la única autorizada.

 Pelo entrecano, trajes de perfecto corte, siempre afeitado y de aspecto pulcrísimo. Charlie Watts no parecía ser un Rolling Stone, sino un refinado jazzero, amante de las cosas buenas que llegan a la vida con la madurez y fiel a su inseparable mujer, Shirley Ann Shepherd (83), con quien este año iba a cumplir 57 años de casado.

El martes anterior, el mundo amaneció con una triste noticia. A los 80 años, el más longevo de la legendaria banda había muerto. “Falleció pacíficamente en un hospital de Londres hoy, rodeado de su familia. Charlie fue un querido esposo, padre y abuelo y uno de los mejores bateristas de su generación”, decía el comunicado de prensa que sus compañeros Mick Jagger (78), Keith Richards (77) y Ron Wood (74) compartieron en su cuenta de Instagram.

Posan para las cámaras en el bautismo de Georgia May Jagger, la quinta hija de Mick, en 1992. “Las fans tenían que sentir que cada miembro de la banda estaba disponible. Me dijeron que no llevara anillo cuando estuviera con [Charlie] y que caminara algunos pasos por detrás”, contó Shirley en la única entrevista que dio, en 1996.

Posan para las cámaras en el bautismo de Georgia May Jagger, la quinta hija de Mick, en 1992. “Las fans tenían que sentir que cada miembro de la banda estaba disponible. Me dijeron que no llevara anillo cuando estuviera con [Charlie] y que caminara algunos pasos por detrás”, contó Shirley en la única entrevista que dio, en 1996 – Getty Images

El baterista junto a su única hija, Seraphina, y su única nieta, Charlotte, en una Navidad en Nueva York.

El baterista junto a su única hija, Seraphina, y su única nieta, Charlotte, en una Navidad en Nueva York – Getty Images

El motivo: un cáncer de garganta que le detectaron en 2004 y que, tras una larga remisión, había vuelto con virulencia. El baterista, de hecho, había anunciado a principios de agosto que no iba a participar de No Filter, el tour de los Stones por Estados Unidos (la fecha de inicio sigue programada para el 26 de septiembre). “Por primera vez, estoy fuera de tempo”, se excusó, con ese típico e irónico humor inglés.

EL BATERISTA FIEL

La historia es tan tierna como simple y anti-rockera. El músico, que aprendió a tocar la batería escuchando discos de Charlie Parker y su banda, conoció a su mujer a principios de los 60. Estaba ensayando con Blues Incorporated, el primer grupo (de jazz) en el que tocó, cuando Shirley, que estudiaba escultura con dos de los músicos en el Hornsey College of Arts, fue a verlos.

El flechazo fue instantáneo y el 14 de octubre de 1964 se casaron, en secreto. Hacía un año que los Stones eran una realidad y sus compañeros no querían que el flamante matrimonio de su baterista causara rechazo entre las fans. Contrario a la política férrea del grupo, que no aceptaba mujeres en las giras, Shirley sí salía on tour, pero no llevaba anillo de casada y mantenía la distancia de su marido. Había que cuidar el halo de misterio y disponibilidad de los músicos que, como los Beatles, despertaban pasiones desenfrenadas entre sus seguidores.

El 10 de julio de 1969, Charlie y Shirley viajaron a Cheltenhem, al oeste de Inglaterra, para despedir a Brian Jones, uno de los miembros fundadores del grupo, que murió en circunstancias dudosas. Jones fue reemplazado por Ron Wood.

El 10 de julio de 1969, Charlie y Shirley viajaron a Cheltenhem, al oeste de Inglaterra, para despedir a Brian Jones, uno de los miembros fundadores del grupo, que murió en circunstancias dudosas. Jones fue reemplazado por Ron Wood. Shutterstock.

Fanático del jazz y del blues, Charlie siempre tocó vestido con traje, como lo hacían los músicos que tanto admiraba. En la foto, junto a Seraphina, de un año y siete meses, en el aeropuerto de Heathrow, Londres. "Lo único que lamento de esta vida es que nunca estuve lo suficiente en casa”, dijo el baterista en una de las pocas entrevistas que dio.

Fanático del jazz y del blues, Charlie siempre tocó vestido con traje, como lo hacían los músicos que tanto admiraba. En la foto, junto a Seraphina, de un año y siete meses, en el aeropuerto de Heathrow, Londres. “Lo único que lamento de esta vida es que nunca estuve lo suficiente en casa”, dijo el baterista en una de las pocas entrevistas que dio- Getty Images.

“Charlie se negaba a levantarse o a bañarse si ella no iba”, dijo una de las novias de Jagger en su biografía. Hay quienes recuerdan, varias décadas después, haber visto al matrimonio tomando el té, todos los días a las cinco de la tarde en punto, en el Park Hyatt Buenos Aires (hoy, Four Seasons). Fue durante el Voodoo Lounge Tour, la gira que trajo al grupo a nuestro país en 1995. Claro que, para entonces Charlie no ocultaba que tenía esposa, y tampoco lo hacían sus compañeros en la banda, que ya se habían casado y divorciado más de una vez…

Padres de una hija, Seraphina (53), y abuelos de una única nieta, Charlotte (24), los Watts fundaron su hogar en la campiña inglesa. Más precisamente, en Haldson Manor, un campo de 240 hectáreas al norte de Devon, donde le dieron forma a una importante cría de caballos árabes y cuidaban de veintisiete perros rescatados. Durante el confinamiento habían adoptado a Suzie, una galgo de Forever Hounds Trust, una ONG dedicada al rescate de esta raza, a la que acompañaban con donaciones desde hacía años.

“[Shirley] es una mujer increíble. Lo único que lamento de esta vida es que nunca estuve lo suficiente en casa”, dijo Charlie alguna vez y contó cuál era la clave de su longevo matrimonio: “Nunca fui un rockstar. Tengo cuatro autos clásicos y ni sé cómo manejarlos…”.

Según contó Charlie, su mujer siempre fue fanática de los Stones y, en casa, era ella (y no él) quien solía poner los discos del grupo. “Es lo que hago. Mick [Jagger], Keith [Richards] y Ronnie [Wood] son mis amigos y la banda es muy buena, pero eso es todo”, dijo alguna vez.

Según contó Charlie, su mujer siempre fue fanática de los Stones y, en casa, era ella (y no él) quien solía poner los discos del grupo. “Es lo que hago. Mick [Jagger], Keith [Richards] y Ronnie [Wood] son mis amigos y la banda es muy buena, pero eso es todo”, dijo alguna vez. Getty Images

En una de las pocas fotos que los paparazzi lograron tomarle junto a su hija, Seraphina, y su nieta, Charlotte, en Londres, después de compartir un almuerzo en Fulham Road.

En una de las pocas fotos que los paparazzi lograron tomarle junto a su hija, Seraphina, y su nieta, Charlotte, en Londres, después de compartir un almuerzo en Fulham Road. Getty Images

UN (BREVE) PASEO POR LAS SUSTANCIAS

A diferencia de Jagger, que tuvo ocho hijos con seis mujeres distintas; de Richards, que admitió haberse aspirado las cenizas de su padre con cocaína; o de Wood, que luchó contra la adicción al alcohol durante décadas, Watts mantuvo la línea durante gran parte de su vida. En casi seis décadas de trayectoria, sólo caminó “por el lado salvaje” una vez. El viaje duró dos años y tuvo lugar a principios de los 80, cuando cayó en el consumo de drogas duras.

“Creo que fue una crisis de mediana edad. Lo único que sé es que me convertí en una persona completamente diferente”, reveló años más tarde. Hasta el momento de la confesión, nadie sabía que, como sus compañeros, cuyas adicciones eran vox populi, él también había bailado con el rock and roll, aunque por un corto tiempo.

Era usual ver al matrimonio en las carreras de Ascot. Amaban los caballos y tenían su propio haras, Halsdon Arabians. Los últimos años, de hecho, vivieron en un campo de 240 hectáreas al norte de Devon.

Era usual ver al matrimonio en las carreras de Ascot. Amaban los caballos y tenían su propio harás, Halsdon Arabians. Los últimos años, de hecho, vivieron en un campo de 240 hectáreas al norte de Devon. Getty Images

En una foto histórica tomada en 1968, los vemos en Windsor, en un desfile de caballos. “Al final de dos años de [consumir] anfetaminas y heroína estaba muy enfermo. Frené de un día para el otro, por mí y por mi mujer”, reveló Charlie, que a mediados de los 80 tuvo un breve paseo por las sustancias prohibidas.

En una foto histórica tomada en 1968, los vemos en Windsor, en un desfile de caballos. “Al final de dos años de [consumir] anfetaminas y heroína estaba muy enfermo. Frené de un día para el otro, por mí y por mi mujer”, reveló Charlie, que a mediados de los 80 tuvo un breve paseo por las sustancias prohibidas. Shutterstock

Lo salvó Shirley, el único y gran amor de su vida. “Lo dije antes, pero nadie me cree. Casi me mato. Al final de dos años de [consumir] anfetaminas y heroína estaba muy enfermo. Mi hija me decía que me parecía a Drácula. Frené de un día para el otro, por mí y por mi mujer. Ese no era yo, realmente”, explicó años más tarde.

¿Quién era Charlie, entonces? Una anécdota de 1972 en la mansión Playboy lo retrata de cuerpo entero. Mientras sus compañeros correteaban “conejitas”, Charlie, el baterista fiel, se divertía en la sala de juegos de Hugh Hefner… ¡Con los fichines!

En su campo, llegaron a tener 27 perros rescatados. El año pasado fueron a buscar a Suzie, una perra galgo rescatada que se convirtió en la última integrante de la manada.¿ La clave de su longevo y pacífico matrimonio? “Nunca fui un rockstar”, dijo el músico en su última entrevista.

En su campo, llegaron a tener 27 perros rescatados. El año pasado fueron a buscar a Suzie, una perra galgo rescatada que se convirtió en la última integrante de la manada.¿ La clave de su longevo y pacífico matrimonio? “Nunca fui un rockstar”, dijo el músico en su última entrevista.

FUENTE: La Nación – Por María Güiraldes 

Giuseppe Verdi, el ídolo del risorgimento italiano.

Sus óperas, a la vez que encandilaban a los aficionados a la música, sirvieron para galvanizar el patriotismo de los italianos en los años de lucha contra Austria por la unidad del país

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La Traviata, de Verdi

 Cubierta de la partitura. Museo del Teatro alla Scala, Milán.

GIORGIO ALLEGRETTI / AGE FOTOSTOCK

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Teatro Verdi de Busseto

Con aforo para 300 personas, fue inaugurado en 1868 con dos obras del propio Verdi.

A. DE GREGORIO / DEA / AGE FOTOSTOCK

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La guerra por la unificación

El rey Víctor Manuel II durante una batalla de la guerra de 1859, que unifica bajo su corona gran parte del norte de Italia.

Garibaldi: el héroe de la liberación de Italia

Garibaldi: el héroe de la liberación de Italia 

Algunas grandes personalidades estampan con su sello el sentir de una época, los sueños de todo un pueblo. Esto es lo que le ocurrió al gran compositor italiano Giuseppe Verdi, cuya obra se convirtió en seña de identidad de la Italia del siglo XIX

Las óperas que compuso a lo largo de su dilatada carrera –como el Nabucco o el Don Carlos– no sólo compartieron escenario con las revoluciones liberales que acontecieron en esas décadas, sino que también se convirtieron en uno de los principales estandartes del proceso de unificación italiana, el Risorgimento.

Y es que sojuzgados por el poderío extranjero, los italianos estaban ávidos de figuras que fueran capaces de sobreponerse a las calamidades colectivas y a las desgracias propias para liderar con valentía política y tesón revolucionario a sus compatriotas en el camino del resurgimiento patrio. Verdi no fue un Mazzini, que dedicó su vida a la revolución, pero sí consiguió musicar los anhelos de libertad de un pueblo, el italiano, enardeciendo su patriotismo con la fuerza y la emoción de sus composiciones.

Nacido en 1813 en el pequeño ducado de Parma –por entonces bajo dominio napoleónico– y muerto en Milán en 1901 –centro económico de la recién unificada Italia–, pocos artistas han sido tan glorificados en vida por sus compatriotas como lo fue él. Y eso casi desde el principio, pues en 1846, cuando sólo tenía 33 años, su fama y el éxito de sus óperas ya daban para que el escritor Benedetto Bermani buscase sacar algún beneficio publicando una biografía suya: Bosquejos sobre la vida y obras del maestro Giuseppe Verdi.

ICONO DE LA REUNIFICACIÓN

Curiosamente, seis años antes, en 1840, la situación era diametralmente opuesta. La segunda ópera de Verdi, Un giorno di regno, estrenada en La Scala de Milán a comienzos de año, había sido un fracaso absoluto, aunque comprensible. Su corazón estaba roto por las recientes muertes de su mujer e hijos, arrebatados de su lado en edad temprana por una devastadora meningitis, por lo que Verdi tenía sus facultades diezmadas y su genio estaba ausente.

De este modo, cuando en un día del frío invierno de 1841, el empresario Giovanni Merelli le insistió para que aceptara musicar un libreto del poeta Temistocle Solera, Verdi, al llegar a su frío y vacío apartamento, tiró violentamente y sin ningún tipo de respeto el manuscrito sobre la mesa. Afortunadamente, como él mismo contaría años después, «el libro se abrió en la caída y, sin saber cómo, di un vistazo a la página que yacía abierta tras de mí; tan sólo leí una línea, Va, pensiero, sull’ali dorate, pero desde ese preciso instante no pude alejar el Nabucco de mi cabeza». Verdi leyó tres veces la obra esa noche, «por lo que por la mañana conocí entero el libreto de Solera desde el fondo de mi corazón». 

El texto de Solera ahondaba en las vicisitudes padecidas por el pueblo judío bajo el poder despótico del tirano Nabucodonosor. Cualquier buen compatriota italiano podía leer entre líneas: el pueblo judío no era otro que el italiano, y Nabucodonosor un símbolo de la tiranía del Imperio austríaco.

Conmovido por el libreto, Verdi, un ferviente patriota y seguidor acérrimo de los ideales liberales que recorrían Europa, no dudó en dejar a un lado su tristeza y exprimir todo su potencial artístico para empezar a romper, ni que fuera espiritualmente, con el yugo opresor. 

Un año después, el 9 de marzo de 1842, el Nabucco se estrenó en el teatro La Scala de Milán. Fue un éxito rotundo, llegando a ser representada en su primer año hasta 64 veces. Con el Nabucco, Giuseppe Verdi consiguió enfervorecer el orgullo patrio de los espectadores, especialmente en el tercer acto, con el «coro de los esclavos judíos», cuyos emocionantes versos musicados –Oh mia patria sì bella e perduta– quedaron grabados a fuego en el imaginario colectivo. Y es que pocos coros han sido tan cantados y mitificados en vida de su autor como lo fue este Va, pensiero del Nabucco, que se difundió rápidamente por toda Italia y se convirtió en el himno no oficial de los revolucionarios tricolor.

Aunque el nacionalismo italiano estuvo liderado por Garibaldi, Mazzini o Cavour y fue alimentado por la literatura de Guerrazzi, Grossi o Manzoni, el patrimonio simbólico musical que aportó Verdi fue inestimable para el Risorgimento. Desde el Nabucco, Verdi tomó conciencia de la responsabilidad que esta posición entrañaba, pues los encargos florecieron, pero también la censura y la persecución. 

Afortunadamente, Verdi contó con la protección de la condesa Maffei y el círculo liberal que ella misma lideraba en Milán.

“Se dará así o no se dará de ninguna otra manera”, dijo Verdi ante la censura a su ópera I Lombardi

Al poco de estrenarse su siguiente ópera, I Lombardi alla prima crocciata (1843), Verdi tuvo el primer encontronazo con la censura austríaca. 

El cardenal y arzobispo de Milán Gaetano Gaisruk escribió una carta al jefe de policía en la que denunciaba el contenido de la ópera y amenazaba con escribir al emperador, Fernando I. 

Al día siguiente, la policía imperial comunicaba a la compañía que I Lombardi no podía ser representado en La Scala ni en ningún otro teatro imperial, a menos que se modificaran algunos pasajes. 

Ante la rotunda negativa del compositor a cambiar ni una nota de lugar –«Se dará así o no se dará de ninguna otra manera», dijo Verdi–, el propio jefe de policía aceptó no tocar ninguna nota de la partitura, pues «no seré yo quien corte las alas a este joven genio».

Desde entonces, Verdi tuvo aún más claro qué libretos quería musicalizar para sus compatriotas. 

En Attila (1846), por ejemplo, se nos muestra la llegada a los territorios italianos del temido ejército de los hunos, mientras que en Macbeth (1847), con su Patria oppressa al inicio del último acto, Verdi pone música al sufrimiento de los hombres y mujeres oprimidos por el yugo de los tiranos.

ENTRE LA POLÍTICA Y LA MÚSICA

Verdi no sólo participó musicalmente en la primavera del pueblo italiano; también intervino políticamente. En 1859 representó a su ciudad natal, Busseto, en la asamblea que decidió la anexión libre del ducado de Parma al poderoso Piamonte. 

Además, hizo una visita oficial a territorio piamontés, lo que le permitió conocer personalmente «al Prometeo de nuestra nacionalidad», al nuevo «Padre de la Patria», el futuro rey de Italia Víctor Manuel II

Asimismo, a instancias de su ministro Cavour, Verdi aceptó convertirse en diputado del primer parlamento italiano, cargo que ostentó de 1861 a 1865, año en que se retiró para dedicarse de nuevo a su carrera musical.

De estas fechas destaca, por ejemplo, su Don Carlos (1867), con una magnífica escena entre dos tesituras de bajo –uno malo, Felipe II; y otro malísimo, el Gran Inquisidor– que sirve a Verdi para ofrecer una crítica anticlerical furibunda. 

Verdi presenta a la Iglesia como una cruel máquina de poder y ambición. Cierto es que al término del estreno, que tuvo lugar en la Ópera de París, la emperatriz Eugenia le recriminó a Verdi que ahondara de forma tan tópica en la leyenda negra antiespañola, pero el objetivo de Verdi era otro. 

El compositor estaba musicalizando y justificando abiertamente la conquista del último reducto que impedía la plena unificación de Italia: los caducos Estados Pontificios

Tres años después, el 20 de septiembre de 1870, las tropas italianas entran en Roma y se hace efectiva la unificación. El nuevo Estado reconoció la contribución del músico a la causa de la unidad, y en 1874 el rey Víctor Manuel II lo designó senador vitalicio.

Se reconoció la contribución del músico a la causa de la unidad, y en 1874 el rey Víctor Manuel II lo designó senador vitalicio

Pero Verdi, decepcionado ante las injusticias y las desigualdades sociales de la nueva nación, prefirió recluirse en su ciudad natal, Busseto, en una villa –hoy museo– donde aún guardan los billetes de tren hacia el Senado, en Roma, que el compositor nunca llegó a utilizar. 

Le bastaba el afecto espontáneo de sus vecinos, los mismos que el día de su muerte, en 1901, se reunieron frente a su villa para entonar por última vez su gran himno, Va pensiero.

FUENTE: Josep Palau. Doctor en Historia – SCALA, FIRENZE

¡Feliz Cumpleaños, Charlie!

Cumple 80 años Charlie Watts, el jazzero que accidentalmente es una leyenda del rock.

El baterista cumple este miércoles 2 de junio 80 años, de los cuales 58 los vivió en el conjunto que lo convirtió en una estrella mundial.

Charlie Watts, el apacible baterista de Los Rolling Stones, único miembro original junto a Mick Jagger y Keith Richards en la actual formación, cumple este miércoles 2 de junio 80 años, de los cuales 58 los vivió en el conjunto que lo convirtió en una estrella mundial, a pesar de que su pasión musical y su filosofía artística se asocian al jazz.

Es que tanto en sus primeros años de formación musical, como a partir de los ’80 cuando formó su propia agrupación, el músico tuvo a este género por sobre el rock como su principal fuente de inspiración, algo que subyace en las interpretaciones encaradas para el combo encabezado por Jagger y Richards.

La vida personal de Watts, marcada por la fidelidad a la esposa con la que se unió en los primeros años de los `60 y por el gusto por la quietud hogareña, se ubica en las antípodas de la de un hedonista rockstar, como la que llevaron sus compañeros de grupo, y también de la de una típica figura del jazz.

Esto no impidió, sin embargo, que cayera en una fuerte adicción a la heroína y el alcohol a finales de los `70 y gran parte de los `80, pero en su caso fue más producto de demonios internos personales que un condimento a un alocado andar.

El baterista es una figura clave en el engranaje de esa gran maquinaria rockera que es Los Rolling Stones, a partir de un sutil y único toque de tambor y una fuerte pero serena personalidad

Más allá de eso, y a pesar de su casi inadvertida presencia, el baterista es una figura clave en el engranaje de esa gran maquinaria rockera que es Los Rolling Stones, a partir de un sutil y único toque de tambor y una fuerte pero serena personalidad que en muchas ocasiones encauzó desmedidos egos dentro de la banda.

La importancia de este músico en el grupo también se extiende a la parte gráfica, como diseñador de algunas portadas de discos editados en los `60, y de afiches de diversas giras.

Nacido en Londres, Watts desarrolló desde muy chico un gusto por el jazz y el rhythm & blues, por lo que sintió que el mundo le sonreía cuando fue convocado en 1961 por Alexis Korner para ser parte de la Blues Incorporated, uno de los más importantes grupos en el Reino Unido de ese género.

Al ver su desempeño en ese combo, los jóvenes Jagger, Richards, Brian Jones, Bill Wyman e Ian Stewart entendieron que ese swing en la batería era el que necesitaba la banda de blues que estaban formando y fueron por él.

Los famosos riffs de Richards y los meneos de caderas de Jagger encontraron su atinado y definitivo ritmo en los particulares tambores de Watts, los mismos que renovarían la sonoridad del grupo en 1981 desde la introducción de “Start Me Up”.

Nacido en Londres, Watts desarrolló desde muy chico un gusto por el jazz y el rhythm & blues, por lo que sintió que el mundo le sonreía cuando fue convocado en 1961 por Alexis Korner para ser parte de la Blues Incorporated

Con un pasado como estudiante de arte y una familia estable, mientras sus compañeros vivían de manera desenfrenada, más aun en épocas de giras, el baterista optaba por mantenerse encerrado dibujando en cuartos de hotel. Mientras todos se codeaban con la crema rockera de la época, él prefería perderse en clubes de jazz.

Tal como se señaló antes, las adicciones llegaron por tensiones personales y no por las ansias de montarse al estilo de vida que proponían sus colegas.

Sin embargo, incluso en su peor momento, Watts siguió siendo el único capaz de ponerle freno a los egos de Jagger y Richards, tal como lo confirma una famosa anécdota con el vocalista en una gira de los `80.

Fue cuando el cantante llamó a su habitación en la madrugada para reclamar que “su baterista” debía estar a disposición porque quería ensayar. Sin inmutarse, Watts se levantó, se afeitó, se vistió de traje, fue a la habitación del vocalista y le pegó una trompada, para luego aclararle: “No soy tu baterista. Vos sos mi cantante”. Dicen que Jagger nunca más lo llamó así.

Fue por aquellos años en los que el grupo entró en un incierto impasse que Watts finalmente formó sus propias bandas de jazz con las que hasta el día de hoy despunta el vicio. Mientras tanto, con 80 años, una adicción a la heroína y un cáncer de garganta superado, espera que la pandemia pase para volver de gira cuando Jagger y Richards lo dispongan. Muy a su pesar.

FUENTE: TELAM

Por Hernani Natale

1971: el año más importante de la historia de la música

La acumulación de obras maestras y el poder de influencia de la música de aquel año fue inigualable, según cuenta un documental que estrena Apple.

Los Rolling Stones en 1971, cuando vivieron su exilio fiscal en Francia y publicaron “Sticky Fingers”.

La música no es una competición, así que resulta un desatino hacer clasificaciones categóricas, pero las listas son siempre un entretenimiento divertido. A la hora de las votaciones para elegir, pongamos, al mejor año de la historia de la música popular las opiniones serán tan variadas como las generaciones de los oyentes, pero en algún punto destacado de la encuesta universal aparecerá, tenga usted la edad que tenga, el año 1971. Hace medio siglo, la cultura pop llegaba a un cruce de caminos y daba como resultado una añada extraordinaria, una cosecha de discos que, además de ser obras maestras, influyeron en la sociedad del momento como pocas veces ha sucedido a lo largo de la historia. Basta con mencionar «Imagine» de John Lennon o «What’s Going On» de Marving Gaye, pero la lista se extiende hasta «Sticky Fingers» (Rolling Stones), «Blue» (Joni Mitchell), «Who’s Next» (The Who), «There’s a Riot Goin’ On» (Sly and the Family Stone), «Aqualung» (Jethro Tull), «IV» (Led Zeppelin), «Hunky Dory» (David Bowie) y «L.A. Woman», de The Doors, entre muchos.

Un documental producido por Apple TV y dirigido por Asif Kapadia se asoma al año que la música no solo contó lo que sucedía, sino que escribió la historia: «1971: The Year That Music Changed Everything». Los años 60 habían terminado realmente mal. Sucesos como la invasión de Vietnam, el desastre del concierto de Altamont en el que un asistente murió, los asesinatos de Charles Manson y hasta la separación de los Beatles dejaron la sensación de un mundo derrumbándose. «Todo lo que está bien y mal del mundo actual, viene de ese punto, de ese origen», dice James Gay-Rees, productor ejecutivo de la serie de Apple.

En inicio del siglo XXI

De esa noción ya eran conscientes entonces. Con gran poder premonitorio, David Bowie dijo hace 50 años: «En 1971 empezamos a escribir el siglo XXI».

Porque en aquel año no hubo solo una gran colección de álbumes, sino que la mayoría de esos discos no solo hablaban de la realidad, sino que la definían, la provocaban, le daban forma.

Y es en ese punto en el que la serie habla al espectador de hoy. «Los problemas que vemos ahora encendieron las luces de emergencia en ese año y no parece que hayamos avanzado mucho en asuntos como feminismo, ecologismo, brutalidad policial o racismo –añade Rees–.

Quisimos dar la mayor perspectiva posible, no limitarnos al típico documental musical, sino mirar a esa sociedad para vernos reflejados desde hoy». El equipo de Kapadia (responsable de otras cintas de gran factura como «Amy», «Senna» y «Diego Maradona») hizo una doble labor: buscar en los archivos imágenes nunca vistas, cosa bastante complicada hoy, y otra cosa aún más complicada: acceder a los supervivientes para hablar de aquellos días.

Por eso, en el filme no aparecen sólo quienes publicaron en aquel momento, sino todos los testigos de una forma o de otra: de Angela Davis a Richard Nixon, de Kraftwerk a Iggy Pop, de Lou Reed a Bob Marley. Crissie Hynde (The Pretenders), era estudiante en Chicago algunos años antes que rockera, y presenció la represión policial que inspiró «Ohio», el emblemático tema que publicaron Crosby, Stills, Nash & Young en 1971. De esos cruces de caminos se nutre la realidad, la música y la serie.

David Bowie, otro de los grandes iconos de la música, y Lou Reed, en una instantánea de los años 70, cuando se fraguó la amistad entre ambos cantantes.

En la película hablan activistas, estrellas de la música, ingenieros de sonido y ex soldados. «Hicimos un enorme trabajo de equipo y mantuvimos la fe para poder hablar con algunas de las estrellas de la música más grandes de todos los tiempos.

Sabíamos que la manera de convencerles era que entendieran que esto no era más de lo mismo», dice Kapadia, director de la serie, que apunta que los ocho capítulos no tratan de explicar las canciones, sino el mundo a la luz de las canciones.

Fue el año del concierto de Bangladesh, el de la conciencia y también la época en la que se produjo una bifurcación en el mundo de la música: la mitad se retiró a atiborrarse de drogas y a ensimismar-se, y la otra mitad se entregó a escribir canciones protesta. Algunos hicieron ambas cosas, en realidad.

«Es llamativo cómo los artistas hablan de esos temas en su momento y quizá eso lleve a preguntarse a la gente por qué la música no ejerce esa reflexión hoy en día. Hay una conversación muy directa entre la sociedad y los artistas del momento que no se ha dado siempre en la historia de la música, y mucho menos hoy», explicaba Rees en una mesa redonda con periodistas internacionales.

Para Kapadia, «hoy en día, a las estrellas de la música solo les importa cuánto vendo, cuántos billones tengo. No sé, quizá ver estos capítulos inspire a los artistas de hoy a tomar algo del espíritu de ese tiempo. Mira lo que hicieron, quizá pueda yo. Y hacerlo sin tener miedo a perder sus marcas patrocinadoras. Lo siento, es lo que pienso», explica el realizador.

La enorme lista de éxitos

Por supuesto, el documental se asoma al momento vital de los grandes.

A la incertidumbre de los Stones en el exilio francés, la desintegración de los Beatles, con Lennon a punto de ser más famoso que la Coca-Cola; Marvin Gaye envuelto en una cruzada sentimental y política; los hippies de Laurel Canyon y los que estaban hasta el gorro de ellos, como David Bowie y Alice Cooper; el surgimiento de la mirada y la voz de una mujer frente a todo eso, con el trabajo que cristalizó una sensibilidad, el femenino singular del «Blue», de Joni Mitchell; el final de la Velvet Underground y el surgimiento de Lou Reed (el documental recoge el lanzamiento de «Walk On The Wild Side» en 1971), la bestia de Iggy Pop y los Stooges; el nacimiento clandestino de un género en Inglaterra, el «Master of Reality», de Black Sabbath, considerado el acta de nacimiento del «heavy metal» por algunos; el disco póstumo de Janis Joplin, «Pearl», el «Tapestry» de Carole King, el «American Pie», de Don McLean y el gran directo de The Allman Brothers Band, «At Fillmore East».

Ese prodigioso año de 1971 fue el del lanzamiento de «Your Song», quizá la mejor canción de Elton John, el del “Dèja Vu” de Crosby, Stills, Nash & Young, y también el año del nacimiento del «glam», cuando Marc Bolan hizo su espectacular aparición en «Top O The Pops» cubierto de purpurina para presentar su álbum de debut, «Electric Warrior», con la inolvidable «Get It On», que se publicaría, cuando llegue septiembre, hace justo 50 años.

Difícil de superarlo, ¿no les parece?

FUENTE: La Razón – Cultura – Música –

Cómo se compuso “Para Elisa”, la obra más popular de Beethoven.

También llamada “Para Teresa” por su versión alemana Für Therese, se publicó por primera vez en 1867.

El 27 de abril de 1810, el destacado compositor alemán Ludwig Van Beethoven compuso la bagatela para piano solo llamada “Para Elisa”.

Sin embargo, algunos investigadores aseguran que Beethoven no fue el único responsable de esta trascendental obra.

En la monografía “Beethoven al piano”, escrita por Luca Chaintore, pianista y musicólogo, se explica que no existen pruebas suficientes para confirmar que Beethoven fue quien dio forma definitiva a Para Elisa.

Al margen de esta hipótesis, en 1867 el escritor de música Ludwig Nohl dio a conocer la obra basada en un manuscrito autógrafo y expresada en una transcripción.

Por qué la obra se llama Para Elisa

Existen muchas teorías en torno al interrogante sobre el nombre de la principal obra de Beethoven. La más curiosa es, quizás, aquella que dice que Ludwig Nohol se equivocó al transcribir el manuscrito original. Esta hipótesis le corresponde al escultor alemán MAl parecer, la dedicatoria no estaba muy clara y a Nohol le costó leerla. En la escritura parecía estar escrito “Elise”, que en realidad debe leerse “Therese”. Este dato explica por qué la pieza debería llamarse “Para Teresa” y no “Para Elisa”.

Y en cuanto a la famosa “Teresa” a quien Beethoven dedica su pieza, podría tratarse de Therese Malfatti von Rohrenbach zu Dezza. Esta mujer fue una joven alumna del compositor y también su amor, a juzgar por una declaración suya que data de 1810. La melodía nostálgica y un tanto penosa se debe a que Teresa se casó con un hombre austríaco, noble y funcionario estatal.

Existen otras teorías sobre posibles mujeres en quienes estaría inspirada la pieza, como por ejemplo Elisabeth Röckel, una soprano alemana que había sido amiga de Beethoven.

¿Qué es una bagatela?

El concepto bagatela proviene del italiano “bagatella”. Pertenece al movimiento romántico y posee algunas características:

  • Es una composición instrumental ágil y corta.
  • No tiene mayores pretensiones y su forma suele ser A-B-A con coda final.

En el caso de Para Elisa, se trata de un piano solo, pero algunas bagatelas se escriben para piano a cuatro manos, órgano, arpa, oboe y otros instrumentos.

Se pueden tocar en configuraciones de música de cámara, voz y piano, bandas y orquestas y hasta un coro a cappella.

Otras composiciones famosas de Beethoven

Ludwig Van Beethoven posee una extensa carrera en la que desarrolló nueve sinfonías, un concierto para violín, un concierto para piano, un triple concierto para violín, violonchelo y piano, 32 sonatas para piano, 10 para violín y piano y cinco para violonchelo y piano.

Como si fuera poco, también compuso la ópera Fidelio, 16 cuartetos de cuerda, la Missa Solemnis y un ballet: Las criaturas de Prometeo.

Dentro de las creaciones más famosas de Beethoven se encuentran:

  • Sonata Claro de Luna
  • Las ruinas de Atenas
  • No. 9

De carácter visceral, inmensa potencia y una identidad única, Ludwig Van Beetohven es uno de los principales referentes de la historia de la música.

Fuente: LA NACION – Lifestyle