El gen que hace especial al cerebro humano

¿Por qué somos como somos? ¿Qué hace que cada uno de nosotros sea único en el mundo? La respuesta está, sin duda alguna, en nuestro cerebro. Un nuevo descubrimiento explica por qué este órgano es tan excepcional.

Como su propio nombre indica, la corteza cerebral recubre al cerebro y le proporciona su típico aspecto rugoso. Es una de las más grandes maravillas de la naturaleza, que nos ha permitido pasar del uso de las herramientas más simples de nuestros ancestros a crear herramientas tan complejas como un ordenador portátil o una estación espacial internacional.

Gracias a la corteza cerebral podemos construir desde los edificios más grandes y eficientes hasta las más bellas catedrales. Podemos tener interacciones sociales de gran sutileza y lograr en tiempo récord identificar un nuevo tipo de virus como el SARS-CoV-2 y desarrollar una vacuna efectiva contra este.

Más aún, en la corteza cerebral reside buena parte de aquello que nos hace únicos a cada uno de nosotros: nuestra personalidad.

Así evolucionó nuestra corteza cerebral

Al igual que nuestras manos y nuestra nariz, nuestra corteza cerebral es fruto de millones de años de evolución. Tras la gran extinción de los dinosaurios hace 66 millones de años, los mamíferos más grandes que sobrevivieron no eran mucho mayores que un topillo, y su corteza cerebral pesaba unos pocos gramos.

Sin embargo, la incesante acción de múltiples factores siguió creando mutaciones en el genoma de esos mamíferos primigenios, al igual que venía ocurriendo desde el origen de la vida.

Algunas de estas mutaciones eran perjudiciales (como las que nos causan cáncer de piel, por ejemplo), y se perdían al perecer sus portadores. Pero otras mutaciones genéticas fueron beneficiosas, y se perpetuaron en las siguientes generaciones.

Mediante este proceso repetido durante millones de generaciones, la corteza cerebral pequeña y relativamente sencilla de aquellos mamíferos primigenios fue aumentando en tamaño y complejidad hasta convertirse en el fenomenal órgano que ocupa hoy nuestros cráneos y nos permite comprender este artículo.

Si deseas profundizar sobre esta entrada; por favor cliquea donde esta escrito “en negrita”. Muchas gracias.

Pues bien, un estudio llevado a cabo desde el Instituto de Neurociencias en Alicante ha descubierto uno de estos cambios genéticos que tuvieron lugar durante la evolución y que fueron clave para la expansión de la corteza cerebral humana.

La corteza se forma durante el desarrollo embrionario a partir de células madre neurales, que se dividen constantemente dando lugar a dos células hija tras cada división. Al inicio del desarrollo, la división de células madre neurales genera más células madre, aumentando así en número.

A partir de cierto momento, estas empiezan a generar neuronas (neurogénesis), que finalmente conformarán la corteza cerebral adulta.

Este es un paso decisivo, porque cuando la división celular produce dos neuronas, ya no queda célula madre de repuesto que pueda seguir produciendo más neuronas.

Por ello, el número total de neuronas en la corteza depende del número de células madre neurales que las tienen que generar. Y cuantas más neuronas se generen y más variopintas sean, mayor serán el tamaño y la complejidad de la corteza cerebral.

En el cerebro embrionario humano el número de células madre neurales, su diversidad y su capacidad de proliferación son enormes, mientras que en el pequeño embrión de ratón son mucho menores.

Un gen que regula las células madre del cerebro

La nueva investigación en el laboratorio demuestra que la alta capacidad de proliferación de las células madre neurales de la corteza humana, y de otras especies con una corteza de gran tamaño, se debe en buena medida al gen MIR 3607, cuya función permanecía completamente desconocida hasta ahora.

Este gen pertenece a la familia de los micro ARNs, pequeñas secuencias de ARN que actúan como pequeños directores de orquesta, regulando la actividad de otros genes. En este caso, MIR 3607 aumenta la proliferación de las células madre de la corteza para que eventualmente generen un mayor número de neuronas.

El equipo ha llegado a esta conclusión analizando la presencia y función de este micro ARN durante el desarrollo embrionario de la corteza cerebral en múltiples especies de mamíferos con grandes cerebros. Nuestro estudio ha incluido el ser humano, mediante el cultivo de ‘minicerebros’ (organoides cerebrales).

MIR 3607 aumenta la proliferación de las células madre de la corteza para que eventualmente generen un mayor número de neuronas

¿Por qué otros mamíferos no desarrollaron cortezas cerebrales tan complejas?

La evolución puede ser caprichosa y no siempre avanza hacia órganos o estructuras más grandes y complejas. A veces los hace más sencillos o incluso los elimina.

Esto se llama pérdida secundaria, y es conocido el caso de delfines, ballenas y otros mamíferos marinos para quienes resultó más útil para nadar con agilidad convertir brazos y piernas articulados, y manos con dedos, en simples aletas.

De forma similar, cuando la estirpe de los roedores se separó de los primates hace 75 millones de años, su evolución les llevó a reducir el tamaño de la corteza cerebral en comparación a su ancestro común con los primates.

¿Qué cambios y mutaciones genéticas causaron esta reducción del tamaño cerebral en roedores?

Este estudio da respuesta por primera vez a este enigma. Resulta que en los roedores no se expresa MIR3607 durante el desarrollo embrionario, a diferencia de los primates. Eso hace que sus células madre neurales no proliferen mucho. En consecuencia, se generan pocas neuronas, y la corteza acaba teniendo un tamaño pequeño.

Es decir: gracias a la aparición del gen MIR 3607 el cerebro de los mamíferos aumentó de tamaño durante la evolución, y sigue siendo necesario que las células madre lo mantengan activo para que nuestro cerebro tenga su tamaño apropiado.

En caso contrario, el desarrollo cortical y la neurogénesis son deficientes, dando lugar a un tamaño mucho menor, tal y como ocurrió con los roedores.

Un hallazgo que cambia los libros de texto

Este descubrimiento nos ayuda a comprender cómo las fuerzas evolutivas moldearon nuestro cerebro hasta alcanzar lo que es hoy. Y también, cómo esos mismos mecanismos han moldeado el cerebro de otras especies, cambiando lo que dicen los libros de texto.

El hallazgo también tiene impacto a nivel clínico, ya que el gen MIR 3607 es ahora un posible marcador de diagnóstico genético de malformaciones cerebrales congénitas; en particular, aquellas que afectan al tamaño cerebral, como la microcefalia.

Imagen de portada: Gentileza de Istock

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic ESPAÑA. Por *Victor Borrell Franco es Investigador Científico de CSIC, director del grupo Neurogénesis y Expansión Cortical, Universidad Miguel Hernández. Este artículo se publicó originalmente en The Conversation y se publica aquí bajo una licencia de Creative Commons.

Cerebro/Neurociencias/Evolución/Neuronas

El cerebro es como una máquina del tiempo.

Este artículo está especialmente dirigido a mi estimado y mejor escritor Sebastian Felgueras del blog LaCalleDelFondo; ya que ambos teníamos serias dudas sobre la afirmación del título de un similar artículo publicado en el presente blog.

Actualiza cada 15 segundos la información visual para evitarnos alucinaciones.

 

El cerebro actualiza cada 15 segundos la información que procede de los ojos para que podamos gestionar la vida cotidiana sin que caigamos en alucinaciones. Es como una máquina del tiempo que nos proporciona estabilidad visual.

El cerebro no nos presenta en tiempo real las imágenes del mundo que captan nuestros ojos, sino que actualiza las percepciones cada 15 segundos, según una nueva investigación de UC Berkeley.

“Nuestro cerebro es como una máquina del tiempo. Siempre nos remite un momento atrás en el tiempo. Es como si tuviéramos una aplicación que consolida nuestra entrada visual cada 15 segundos para que podamos gestionar la vida cotidiana”, explica uno de los autores del estudio, Mauro Manassi, en un comunicado.

Evitar alucinaciones

«Si nuestros cerebros estuvieran siempre actualizándose en tiempo real, el mundo sería un lugar nervioso, con constantes fluctuaciones de sombras, luz y movimiento, y sentiríamos que alucinamos todo el tiempo», añade David Whitney, otro de los autores.

Los resultados de esta investigación, publicados en la revista Science Advances, se suman a un creciente cuerpo de investigación sobre el mecanismo que está detrás del «campo de continuidad», una función de la percepción visual mediante la cual nuestro cerebro fusiona lo que vemos de manera constante para darnos una sensación de estabilidad visual.

Para el estudio, Manassi y Whitney observaron el mecanismo que se percibe detrás de la ceguera al cambio, que ocurre cuando se introduce un cambio en un estímulo visual y el observador no lo nota.

Experimento con rostros

Reclutaron a unos 100 participantes a través de la plataforma de crowdsourcing de Amazon Mechanical Turk y les pidieron que vieran primeros planos de rostros que se transformaban de jóvenes a viejos. Los rostros aparecían en video que presentaba su envejecimiento con un lapso de tiempo de 30 segundos.

Las imágenes de los videos no incluían la cabeza ni el vello facial, sino solo los ojos, cejas, nariz, boca, mentón y mejillas, por lo que habría pocas pistas, como la disminución de la línea del cabello, sobre la edad de los rostros.

Lo que apreciaron los investigadores es que los participantes apreciaban el envejecimiento de los rostros presentados más despacio de lo que aparecía en el video.

Notaban más lentamente el paso de los años en el rostro presentado en el video y no asumían en tiempo real la imagen más actual en su proceso de envejecimiento.

An Illusion of Stability #2

Percepción basada en el pasado

Eso significa que nuestra percepción visual se basa en el pasado, y no en el presente, porque nuestro cerebro no actualiza en tiempo real la imagen que estamos recibiendo.

“Se podría decir que nuestro cerebro está procrastinando”, dijo Whitney. “Es demasiado trabajo actualizar constantemente las imágenes, por lo que se apega al pasado porque el pasado es un buen predictor del presente. Reciclamos información del pasado porque es más rápido, más eficiente y requiere menos trabajo”.

De hecho, los resultados sugieren que el cerebro funciona con un ligero retraso al procesar los estímulos visuales, algo que tiene implicaciones tanto positivas como negativas.

“La demora es excelente para evitar que nos sintamos bombardeados por información visual en la vida cotidiana, pero también puede tener consecuencias de vida o muerte cuando se necesita precisión quirúrgica”, dijo Manassi.

Función intencional de la consciencia

“Por ejemplo, los radiólogos detectan tumores y los cirujanos deben poder ver lo que tienen delante en tiempo real; si sus cerebros están predispuestos a lo que vieron hace menos de un minuto, es posible que se les escape algo”.

Sin embargo, en general, la ceguera al cambio revela cómo el campo de continuidad es una función intencional de la consciencia y lo que significa ser humano, dijo Whitney.

“No estamos literalmente ciegos”, añade. “Es solo que la lentitud de nuestro sistema visual para actualizarse puede hacernos ciegos a los cambios inmediatos porque se aferra a nuestra primera impresión y nos empuja hacia el pasado. Sin embargo, en última instancia, el campo de continuidad respalda nuestra experiencia de un mundo estable”, concluye Whitney.

Imagen de portada: Los videos de lapso de tiempo de rostros de hombres y mujeres que se transforman de jóvenes a viejos demuestran cómo el cerebro se retrasa al procesar los cambios visuales. CORTESÍA DE MAURO MANASSI

Referencia: Illusion of visual stability through active perceptual serial dependence

Sociedad y Cultura/Neurociencias/Cerebro

Así afecta la soledad al cerebro.

Cómo afecta la soledad al cerebro es una cuestión muy estudiada y que cuenta con un elenco de respuestas muy interesante. Conócelas aquí.

Si deseas profundizar en esta entrada; por favor cliquea donde se encuentre escrito en “negrita”. Muchas gracias.

La ausencia de relaciones sociales es un castigo mental para cualquier animal gregario. Los científicos han estudiado cómo afecta la soledad al cerebro con el objetivo de explorar la relación entre el aislamiento social y determinados trastornos, como el estrés postraumático y la demencia.

En este artículo podrás conocer los principales efectos de la soledad sobre el cerebro. Los cambios que esta provoca, aunque reversibles, afectan a varias estructuras encargadas del comportamiento y las emociones. No te lo pierdas.

Cómo afecta el hecho de estar solos al cerebro

Hace tiempo que la ciencia ha demostrado que el aislamiento social no solo tiene consecuencias para nuestra salud mental, sino que también se ha asociado a cambios fisiológicos en el organismo, como problemas cardiovasculares. Concretamente, la soledad supone un riesgo similar al tabaquismo y la obesidad para desarrollar enfermedades del corazón.

En animales sociales no humanos se ha observado un proceso similar al nuestro: se produce una reducción en el volumen de varias regiones del hipocampo, principalmente en el giro dentado. También se observa una disminución de materia gris en el córtex prefrontal, clave en la toma de decisiones.

A continuación, exponemos los resultados más relevantes. Los estudios en humanos han aumentado su número en los últimos tiempos gracias al desarrollo de nuevas tecnologías y, desgraciadamente, también a todos los casos de aislamiento asociados a la pandemia.

Mujer triste sentada en la cama

Alteraciones en la red neuronal por defecto

Los estudios parecen apuntar a que las principales alteraciones se producen en la denominada red neuronal por defecto (RND): un conjunto de regiones cerebrales activas cuando el cerebro se centra en recuerdos, divagaciones y ensoñaciones.

La sustancia gris de estas áreas presentaba mayor volumen en las personas solitarias. La pregunta es si este correlato fisiológico es una causa o un efecto; es decir, este volumen es lo que hace que sean más solitarias o el hecho de que sean más solitarias es lo que hace que el volumen aumente. Las conexiones entre las neuronas que conectan los distintos núcleos de la RND también resultaron ser más fuertes.

En cuanto a la sustancia blanca, la soledad correlacionó con cambios en el fórnix -las fibras nerviosas que comunican el hipocampo con la RND-. Concretamente, esta estructura estaba mejor preservada en pacientes privados de compañía que en los acompañados.

Sobre estos resultados, los autores postularon que, en situación de soledad, los individuos usan en mayor medida su imaginación, las memorias pasadas y las fantasías sobre otras personas. Esto está mediado por la red neuronal por defecto y, además, la solidez de estas estructuras se retroalimenta con su propia actividad.

Cambios en la arquitectura cerebral.

La estructura cerebral también se ve afectada. En un estudio realizado en ratones, se les provocaba un aislamiento social y sensorial tras haber sido criados en grandes grupos. Los resultados mostraron que la soledad provocó grandes cambios en la arquitectura cerebral de estos animales: se observó una disminución en las neuronas y los problemas asociados a los factores de crecimiento de estas.

Estos cambios fueron especialmente evidentes en la corteza sensorial, encargada de procesar los estímulos externos. La otra región fuertemente afectada fue la corteza motora, lo que explicaba la parálisis de los ratones aislados ante estímulos amenazantes. Los roedores que pudieron quedarse en compañía de congéneres tendían más a la huida y se recuperaban antes del susto.

Aunque es difícil de generalizar a humanos, estos resultados concuerdan con resultados de investigaciones previas que sugieren que la soledad puede ocasionar psicosis, demencia o ansiedad.

Cambios emocionales

La última gran afectación del aislamiento social es la acumulación de una sustancia química concreta en el cerebro, llamada taquicinina 2.

Este estudio, llevado a cabo con roedores, mostraba que la soledad provocaba mayor liberación de este neuropéptido y con él aumentaban la agresividad y la hipersensibilidad a estímulos amenazantes. Estos resultados se reforzaron al ver que se eliminaba el miedo con la supresión del gen que produce la taquicinina en la amígdala. Por otro lado, si se suprimía el gen en el hipotálamo, se eliminaba la agresión.

Como has comprobado, la soledad no solo comporta cambios emocionales como el miedo, la hipersensibilidad y la tristeza. Las modificaciones que sufren las estructuras cerebrales afectan a muchas áreas de la mente, por lo que estos expertos recomiendan cuidar las relaciones sociales. Un círculo social sano puede ser un factor de protección para dolencias muy arraigadas en la sociedad.

Imagen de portada: Gentileza de La Mente es Maravillosa

FUENTE RESPONSABLE: La Mente es Maravillosa.

Sociedad y Cultura/Neurociencias/Soledad/Biología de la conducta

¿Cómo mide nuestras emociones la neurociencia?

¿Por qué una obra de arte nos puede sobrecoger? ¿Qué se esconde detrás de las fobias? ¿Podríamos controlar nuestras emociones? Estas y otras muchas preguntas están siendo investigadas en el campo de la neurociencia para poder entender el procesamiento de las emociones.

Si deseas profundizar sobre este tema; por favor cliquea donde esta escrito en “negrita”. Muchas gracias.

Cuando el cerebro procesa una determinada información pone en marcha un entramado de redes neuronales para clasificar el tipo de emoción a la que nos enfrentamos y generar nuestra respuesta emocional o corporal.

¿Por qué nos empeñamos en estudiar la mente humana?

Las emociones, presentes en nuestras vidas desde antes de nacer, juegan un papel fundamental en la construcción de nuestra personalidad y en nuestra interacción social. Además, son el principal motor de las decisiones que adoptamos diariamente. Es decir, las emociones son las que nos permiten adaptarnos al medio que nos rodea.

Conocer las emociones nos aporta una perspectiva amplia sobre el funcionamiento de los aspectos más personales y ocultos de la mente. Al mismo tiempo, nos ayuda a entender qué puede andar mal cuando este aspecto mental falla y aparecen ciertas enfermedades.

Si conociésemos todo sobre las emociones, podríamos conseguir una interacción entre nuestro cerebro y un ordenador y que este pudiese conocer nuestras emociones en tiempo real. También podríamos comunicarnos con personas discapacitadas que tienen muchas dificultades para comunicar sus propias emociones. Incluso, podríamos obtener estudios objetivos, por ejemplo, en el entorno del neuromarketing.

Primer reto: identificar cada emoción.

El primer paso para poder estudiar las emociones es su identificación. Están descritas centenares de emociones, desde la alegría, la aceptación o la empatía hasta la tristeza, el asco y la amargura.

Para el estudio de las emociones es necesario simplificarlas en dos grandes grupos: emociones positivas y emociones negativas, es decir, de aproximación y de rechazo. Estas emociones básicas (también primarias o fundamentales) son las que producen, entre otras manifestaciones, una expresión facial feature y una disposición típica de afrontamiento. Se pueden observar desde que somos bebés y no requieren un procesamiento cerebral complejo.

Las emociones, al ser procesadas por el cerebro, generan una serie de cambios fisiológicos en nosotros. Si somos capaces de identificar estos cambios en nuestro, seremos capaces de clasificar el estímulo causante.

Este proceso es lo que el psicólogo experimental, científico cognitivo y lingüista Steven Pinker denomina “ingeniería a la inversa”. Tenemos el producto y queremos saber cómo funciona. Por eso, desmenuzamos el cerebro con la esperanza de ver qué pretendía la evolución al poner en marcha este mecanismo.

Cómo la neurociencia puede saber lo que sentimos.

Para ello existen diferentes métodos que dependen de la tecnología utilizada. Por ejemplo, la pupilometría se encarga de medir los cambios en el tamaño de la pupila; el electrocardiograma mide las variaciones en los latidos cardíacos; los medidores de impedancias en la piel, que también se pueden utilizar con estas multas, permitir identificar cambios en la sudoración del individuo; la electromiografía, que consiste en registrar microexpresiones del individuo, también nos ayuda a clasificar las emociones asociadas a una expresión facial determinada.

Todas estas técnicas se centran en observar y valorar las respuestas fisiológicas que se producen de manera espontánea una vez que el cerebro ha procesado la información. Pero existe un desfase temporal importante desde que la emoción se presenta hasta que el cuerpo responde.

Técnicas de estudio del cerebro.

Si nos vamos al origen de las emociones, al cerebro, podemos encontrar diferentes técnicas de análisis. La primera de ellas es la resonancia magnética funcional , que mide cambios en la oxigenación de la sangre. Este sistema aporta valiosos datos de localización, pero, como contrapartida, su resolución temporal es baja.

Por otro lado, la magnetoencefalografía mide los campos magnéticos que producen la actividad neuronal en el cerebro. Con este método se obtiene una buena señal cerebral, pero es una técnica muy costosa al alcance de unos pocos afortunados.

También se utiliza la tomografía de emisión de positrones, que mide cambios en el metabolismo de la glucosa del cerebro. Pero este método es muy invasivo porque es necesario administrar una inyección al individuo y, además, es una técnica costosa.

Por último, pero no menos importante, una de las técnicas más utilizadas en los últimos estudios es la electroencefalografía. Dicha técnica consiste en el registro y evaluación de los potenciales eléctricos generados por el cerebro.

Los datos se obtienen a través de electrodos situados sobre la superficie del cuero cabelludo. Pero los registros pueden tener signos muy complejos, difíciles de analizar y pueden variar mucho entre individuos , pues cada cerebro posee un gran número de interconexiones entre las neuronas y las estructuras del encéfalo no son uniformes.

Aunque como ventaja hay que señalar que se trata de un sistema barato, fácil de utilizar, no invasivo, que en experimentos controlados es capaz de dar buenos resultados.

¿Podremos controlar nuestras emociones?

El desarrollo tecnológico del electroencefalograma, combinado con el desarrollo del análisis de datos, permite subsanar cada vez más las deficiencias.

No obstante, el sistema ideal de registro de emociones sería una combinación de los anteriormente expuestos, de tal manera que todos ellos se complementan entre sí.

Estamos más cerca de descubrir dónde y cuándo nuestro celebro clasifica la emoción. Aunque el camino es aún largo para poder generalizar y obtener resultados universales.

Las tecnologías siguen avanzando a pasos agigantados. No cabe duda de que llegará un día que, ante una decisión dudosa como la elección del color de nuestra vivienda, será nuestro cerebro quien nos dé la información. Podremos elegir aquel que nos provoquen más emociones positivas aun no siendo nosotros conscientes de ello.

Imagen de portada: Gentileza de The Conversation

FUENTE RESPONSABLE: The Conversation. Por María Dolores Grima Murcia.Investigadora y Técnico de Innovación Anatómica, Universidad Miguel Hernández. Diciembre 2021

Sociedad y Cultura/Cerebro/Neurociencia/Emociones/Neurología/

Sentimientos

Por qué esta nota va a cambiar tu cerebro (y otros 3 datos sobre la neurociencia de la lectura).

En su último libro, titulado «Neuroeducación y lectura», el neurobiólogo Francisco Mora habla sobre «la verdadera gran revolución humana».

El título de esta nota suena pretencioso, pero es un simple dato científico: leer cambia la química, física, anatomía y fisiología del cerebro.

La duda es qué tanto conseguirá transformarlo. De acuerdo con el neurobiólogo español Francisco Mora, dependerá de que el texto logre despertar tu curiosidad y, sobre todo, tus emociones.

«Solo se puede aprender aquello que se ama», decía Mora en el libro «Neuroeducación», publicado hace 8 años. Este ensayo sobre cómo la ciencia del cerebro puede mejorar la forma en que se enseña y aprende lleva 48.000 ejemplares vendidos y acaba de llegar a su tercera edición.

El año pasado el también docente universitario publicó «Neuroeducación y lectura» para ampliar uno de los temas centrales de su anterior bestseller y que considera «la verdadera gran revolución humana»: la capacidad de leer.

Previo a su charla en el marco del Hay Festival Arequipa, Mora habló con BBC Mundo sobre el cerebro, la educación y la lectura, diálogo resumido aquí en cuatro grandes datos.

1. Leer es un proceso artificial y reciente

«La capacidad de hablar la hemos adquirido por procesos de mutaciones genéticas con el Homo habilis hace unos 2 a 3 millones de años«, dice Mora.

Desde aquel entonces, los humanos nacemos con los circuitos neurales del lenguaje, aunque vale la pena aclarar que la acción de hablar solo se aprende en contacto con otros.

FUENTE: FRANCISCO MORA

FRANCISCO MORA SE FORMÓ COMO MÉDICO Y ES DOCTOR EN NEUROCIENCIAS.

«Se podría decir que nacemos con un disco cerebral en el que poder grabar, pero que estará vacío si no se graba nada en él», escribe en «Neuroeducación y lectura».

En cambio, la lectura nació hace apenas unos 6.000 años por la necesidad de comunicarnos más allá de la tribu propia, del corto alcance del boca a boca.

Además, su base no es genética sino artificial o, mejor dicho, cultural.

«Leer es un proceso que al no estar genéticamente codificado (y, por tanto, no es transmitido por la herencia) se repite costosamente en cada ser humano y necesita cada vez del trabajo duro del aprendizaje y la memoria», explica en el libro.

Y agrega: «Leer, y desde luego leer bien o muy bien, requiere un laborioso proceso de aprendizaje, atención, memoria y entrenamiento explícito que dura años e, incluso, gran parte de toda la vida si se aspira a leer de un modo altamente eficiente».

Pero lo de «costoso» y «laborioso» no tiene por qué significar sufrimiento, aclara Mora, quien a los 4 años comenzó a vivir «el castigo de la lectura en el colegio» por el desconocimiento de sus educadores sobre cómo funciona el cerebro del niño.

2. Aprender a leer más temprano no te hace más inteligente.

Los niños son «verdaderas máquinas de aprender» ya desde el útero, escribe el investigador y divulgador. De hecho, continúa, «el ser humano necesita aprenderlo casi todo».

FOTO: GETTY IMAGES «NO HAY PENSAMIENTO SIN EL FUEGO EMOCIONAL QUE LO ALIMENTA», ESCRIBE MORA.

La lectura es uno de esos grandes hitos en el desarrollo infantil, uno que llena a los padres de orgullo… o de preocupación.

«Cuando una madre se da cuenta de que a su niño de 5 años todavía le cuesta mucho aprender a leer y que el vecinito de enfrente con 4 años ya lee de corrido, se puede preguntar: ¿es que mi niño es más torpe?«, dice.

Sin embargo, la neurociencia ha demostrado que para aprender a leer, hay ciertas partes del cerebro que tienen que haber madurado previamente, algo que puede llegar a suceder a los 3 años, pero que por lo general culmina cuando tienen 6 o 7 años.

Por eso, escribe, lo aconsejable es que la lectura se empiece a enseñar formalmente a los 7 años, «edad en la que, casi seguro, las áreas cerebrales base de la lectura están en todos los niños lo suficientemente desarrolladas y maduras para captar en todo su sentido y emoción la tarea de comenzar a leer. Precisamente esa es la edad en la que se empieza a aprender a leer en ese país tan avanzado en la enseñanza que es Finlandia».

Este es uno de los ejemplos que más le gusta usar para explicar la importancia de la neuroeducación, o sea, una educación basada en cómo funciona el cerebro.

Es que además de que forzar a un niño a aprender a leer prematuramente puede provocarle un sufrimiento y frustración innecesarios, que lo logre a los 3 o 4 años no tiene trascendencia alguna a futuro.

En otras palabras, no le da una ventaja académica ni lo hace más inteligente.

FUENTE: GETTY IMAGES

LA NEUROEDUCACIÓN ES UNA VISIÓN DE LA EDUCACIÓN BASADA EN LO QUE LA CIENCIA SABE SOBRE CÓMO FUNCIONA EL CEREBRO.

Según Mora, la maduración cerebral tiene un componente genético, pero también uno cultural, vinculado sobre todo, al hogar: crecer con padres que leen o te leen, «tiene una dimensión emocional que facilita enormemente el aprendizaje de la lectura».

3. Internet está generando un problema atencional

«Nadie duda que internet ha supuesto una revolución cultural, creando una ‘era digital’ en la que la lectura no solo se hace más deprisa sino también de modo diferente», escribe Mora en «Neuroeducación y lectura».

Sin embargo, diversos estudios sobre los efectos de internet en el cerebro de niños y adolescentes también empiezan a mostrar aspectos negativos, que van desde la disminución de la empatía hasta el decaimiento de la capacidad de tomar decisio­nes.

Sobre la lectura en concreto, como explica en «Neuroeducación», es necesario inhibir de forma temporal el «99% de todo aquello que normalmente pensamos o entra a nuestro cerebro y solo prestar atención al 1% de ello». Además, precisa de un cierto tiempo.

En cambio, navegar en internet «necesita de un foco de atención muy corto y siempre cambiante».

Eso, dice el español, está inhabilitando uno de los muchos tipos de atención que existen: la ejecutiva. «Es la que tienes cuando diseñas un plan de trabajo, la que requieres para el estudio», explica, que es «sostenida» y «reposada».

Incluso hay quienes hablan de una nueva forma de atención, a la que llaman digital.

FUENTE: GETTY IMAGES

MORA DEFINE LEER BIEN COMO «LA ALEGRÍA DE APRENDER, EL TENER ESA RECOMPENSA DE CONOCER».

Mora reconoce que hoy en día no tiene sentido retener la fecha de nacimiento de una figura histórica, dato que Google responde de forma rápida y correcta. Pero eso no quiere decir que la memoria haya dejado de importar en el aula.

«Necesitas memorizar y mucho, porque tus memorias son lo que eres», opina. «Inclusive, ¿no es bello acaso tener algunas memorias de alguna poesía o de un trozo pequeño de literatura que puedas usar para embellecer tu propio discurso?»

«Esa es una dimensión importante de tu individualidad, de lo que te hace diferente». E incluso, asegura, te hace mejor persona.

4. Leer cambia al cerebro (y a ti)

Si bien el cerebro no está genéticamente diseñado para leer, este órgano posee una propiedad clave para lograrlo: la plasticidad.

La palabra proviene del griego «plastikos», que significa «cambio» o «modelado».

Quizás el máximo ejemplo sea que aprender a leer modifica la función de un área del cerebro principalmente programada para identificar formas y detectar caras, la cual también pasa a procesar y construir palabras.

Pero las transformaciones no son solo a nivel fisiológico.

FUENTE: ALIANZA EDITORIAL

ESTE AÑO SE PUBLICÓ LA TERCERA EDICIÓN DE «NEUROEDUCACIÓN», MIENTRAS QUE «NEUROEDUCACIÓN Y LECTURA» SALIÓ EL AÑO PASADO.

«Lo que enseña (el maestro) tiene la capacidad de cambiar los cerebros de los niños en su física y su química, su anatomía y su fi­siología, haciendo crecer unas sinapsis o eliminando otras y conformando circuitos neuronales cuya función se expresa en la conducta», escribe en «Neuroeducación».

Es que, como afirma luego en «Neuroeducación y lectura», «cada persona cambia no solo en función de lo vivido, sino también de lo leído».

«Leer no es un acto pasivo de absorción de lo que hay escrito en un determinado documento o libro, sino un proceso activo, o recreativo (‘volver a crear’) si se quiere, de lo que allí se describe», agrega.

Implica «activar un amplio arco cognitivo que involucra la curiosidad, la atención, el aprendizaje y la memoria, la emoción, la consciencia y el conocimiento». Y cambiar.

Como escribió el filósofo italiano Umberto Eco y a quien Mora disfruta de citar: «El que no lee, a los 70 años habrá vivido solo una vida. Quien lee, habrá vivido 5.000 años. La lectura es una inmortalidad hacia atrás».

Este artículo es parte del Hay Festival Arequipa digital, un encuentro de escritores y pensadores que se realiza del 1 al 7 de noviembre de 2021.

Imagen de portada: Gentileza de GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo. Noviembre 2021

Neurociencias/Cerebro/Plan de lecturas/Sociedad y Cultura/Educación

Los sentimientos verdaderos dejan huella en nuestro cuerpo.

Verdad

La termografía es una técnica basada en la detección de la temperatura de los cuerpos que se aplica en multitud de áreas, como la industria, la estructura de edificios o la medicina. Ahora unos científicos de la Universidad de Granada la han utilizado en el ámbito de la psicología, en concreto para demostrar que mediante la termografía, así como con la imagen cerebral, se pueden evidenciar ciertos comportamientos o estados de ánimo humanos.

Si lo que afirman es cierto, en la imagen cerebral se aprecia la activación de la ínsula, una estructura de la corteza cerebral.

El estudio ha observado la reacción de las personas cuando tienen que responder a preguntas relacionadas no con hechos sino con sentimientos o cualidades (las cualidades subjetivas de las experiencias individuales). 

«Si el sentimiento que afirman tener es cierto, en la imagen cerebral se aprecia la activación de la ínsula, una estructura de la corteza cerebral situada entre el lóbulo parietal y el temporal que interviene en la detección y regulación de la temperatura corporal, y la termografía muestra un descenso en la temperatura de la nariz y de otras zonas corporales», dice Emilio Gómez Milán, coautor del estudio junto con Elvira Salazar López.

Para explicarlo de forma sencilla, los investigadores exponen unos ejemplos. Si un creyente «se encomienda a Dios», se le activa la ínsula y le baja la temperatura de la nariz; si lo hace un no creyente, no. Lo mismo sucedería con personas que afirman sinceramente sentir una alta empatía con otras, o con un experto en flamenco que siente la belleza de ese arte cuando ve a otras personas bailar. En caso de que mintieran, la falta de cualidad se traduciría en que la imagen cerebral no presentaría activación significativa de la ínsula, y la termografía no mostraría ningún cambio aparente.

Este estudio ayudará a probar fácilmente cuándo alguien realmente siente lo que dice y cuándo dice lo que no siente. Para estos «mentirosos emocionales», el lenguaje de la filosofía neurológica tienen un nombre que es la bomba: zombis filosóficos. ¡Cuidado con ellos! –NGM-E

Imagen de portada: Gentileza de Emilio Gómez Milán y Elvira Salazar López

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC.

Cuerpo humano/Cerebro/Neurociencia.

Así reacciona el cerebro ante las ofertas del Black Friday.

Los momentos de gran consumo, como la Navidad, las rebajas o las campañas de descuento como el Black Friday son un caldo de cultivo perfecto para las compras compulsivas. Nuestro cerebro no es una máquina infalible: en ocasiones tomamos decisiones rápidas e irreflexivas, influenciadas por emociones, ideas preconcebidas o percepciones subliminales.

La psicología y la neurociencia tratan de explicar estos comportamientos aparentemente irracionales.

Si deseas conocer mas sobre este tema, cliquea por favor donde se encuentra escrito en “negrita”. Muchas gracias.

Todos hemos comprado alguna vez algo que no necesitamos, pero pocas veces nos paramos a pensar en qué nos ha movido a tomar esa decisión. 

Este tipo de comportamientos irracionales, a veces inexplicables, también son parte del funcionamiento del cerebro. Nos han ayudado a sobrevivir y a actuar rápidamente. Sin embargo, cuando el ansia de consumir se impone a la razón, podemos acabar pagando un precio demasiado elevado. 

Algo que suele ocurrir, precisamente, en días como el Black Friday.

Tomamos decisiones en todo momento. Algunas de ellas son triviales, mientras que otras son más trascendentales, pero en todas ellas opera una máquina de extraordinaria precisión: el cerebro. 

El ser humano es una criatura inteligente, y como tal, no se espera que actúe en su propia contra. Sin embargo, el cerebro también puede inducirnos a comportamientos irracionales. Por ejemplo, muchas veces buscamos el placer a corto plazo a expensas de consecuencias negativas en el largo plazo, o basamos nuestras decisiones en algo tan maleable como las emociones.

Neurociencia para entender el Black Friday

Las pruebas que nos aportan la psicología, la neurociencia y otras disciplinas que han profundizado sobre este tema nos dicen que la mayor parte de tiempo decidimos de manera rápida, automática, de manera instintiva, a veces inconscientemente, e influenciados por el contexto. 

Y precisamente las tiendas son especialistas en aprovechar estos momentos de impulsividad para conseguir aumentar sus ventas.

El cerebro tiene la tarea de reunir información del mundo que nos rodea y de nuestro cuerpo para dirigir nuestra conducta de la manera más apropiada posible, y esto lo puede hacer básicamente de dos maneras: con un análisis deliberado (de una forma lenta, reflexiva y considerando los diversos factores relevantes), o bien de una manera errática e irracional.

Y es ese sistema rápido el que puede llevarnos por el mal camino, por eso lo compensamos con un proceso más lento que nos permite evaluar si nuestra intuición está equivocada o nuestras emociones nos están nublando la vista a la hora de actuar.

“En los procesos de toma de decisiones tenemos la sensación de que nos decidimos por otra opción de forma voluntaria, pero en realidad a veces la decisión no es tan libre. -explica Diego Redolar, profesor de neurociencias de la Universidad Oberta de Catalunya y director de la unidad de neuromodulación y neuroimagen del Instituto BRAIN 360-. Hay factores que nos explican que nos decantemos por una u otra cosa. Son factores que están relacionados con el funcionamiento de distintas regiones del cerebro que están implicadas en distintos procesos cognitivos: el razonamiento, el proceso de información emocional, el refuerzo y el hábito”. Esas estructuras, explica el experto, han ido evolucionando a lo largo de los años, y de su funcionamiento depende nuestro comportamiento.

«A veces tenemos la sensación de que nos decidimos por otra opción de forma voluntaria, pero en realidad a veces la decisión no es tan libre». Diego Redolar, profesor de neurociencias de la UOC.

En primer lugar, el cerebro se apoya en las denominadas ‘etiquetas emocionales’, para seleccionar la información más importante para la toma de decisiones. Por ello, cuando nos encontramos de nuevo ante una situación o un estímulo determinado ya disponemos de información útil para decidirnos sobre algo en concreto. Ello es especialmente útil cuando realizamos acciones básicas y rutinarias, y nos permite ganar tiempo. El problema es que estos mismos atajos pueden llevarnos a tomar un camino erróneo debido a los sesgos.

Basados en nuestra experiencia, intuición, aprendizaje y emociones, integramos la información en un contexto que cambia constantemente y de manera automática. 

En este proceso intervienen varias regiones situadas en el lóbulo frontal, responsable, entre otras funciones, de nuestra personalidad.

La toma de decisiones es un proceso complejo que todavía se está estudiando.

La toma de decisiones es un proceso complejo que todavía se está estudiando.Foto: Istock

El curioso caso de Phineas Gage

Phineas Gage era un joven estadounidense que trabajaba como capataz de una compañía de ferrocarril. Era un empleado eficiente, capaz y muy equilibrado, y rara vez tomaba decisiones impulsivas. 

Pero en 1848 sufrió un aparatoso accidente como consecuencia del cual una barra de hierro atravesó su lóbulo frontal. Se convirtió en una persona impulsiva e irreverente. 

¿Qué le había ocurrido? Esencialmente, el deterioro del lóbulo frontal había cambiado completamente su personalidad. De hecho, su caso fue tan paradigmático que se convirtió en una de las pruebas científicas más importantes para la investigación de esta parte del cerebro y para el desarrollo de la neurociencia.

La importancia del contexto

Dentro del lóbulo frontal hay una zona determinante que nos permite tomar esas decisiones en un contexto cambiante: la corteza prefrontal ventromedial. 

Para entender cómo funciona, el neurocientífico Diego Redolar plantea un ejercicio práctico: imaginémonos que estamos en el cine y queremos comprar palomitas. Al acercarnos al mostrador, tenemos que decidirnos entre dos tamaños s: el individual, de 3€, y el familiar, de 7€. 

Cuando se traslada esta situación en una investigación, la mayoría de los sujetos de estudio, apunta el experto, opta por comprar el cubo de tamaño individual, argumentando que es suficiente para ellos. Pero imaginemos que se añade un tamaño intermedio, de 6,50€. En este caso, la mayoría de los participantes se declinan por comprar el cubo de tamaño familiar, arguyendo que solo vale 50 céntimos más caro que el de tamaño medio. 

El mismo sujeto cambia su decisión en función del contexto, aunque sus necesidades no han cambiado.

El responsable de este comportamiento es precisamente la corteza prefrontal ventromedial, que monitoriza el coste de oportunidad (en este caso, el dinero que estamos dispuestos a pagar), en función de un contexto determinado. 

Del mismo modo en que esta región nos permite sopesar la opción más ventajosa en un determinado contexto, será la que nos determinará si una oferta merece o no la pena. 

De alguna manera, esta zona del cerebro nos permite anticipar los problemas o beneficios que podemos tener ante una determinada circunstancia, con lo que resulta fundamental en nuestra reacción emocional en función del contexto normativo y ético del momento. 

Y sirve así, entre otras funciones, para contrarrestar la acción de la amígdala, el núcleo relacionado con la gestión de las emociones. En otras palabras, la corteza prefrontal ventromedial es la que nos impide, entre otras cosas, dar una bofetada a ese compañero de trabajo insoportable, o responder con violencia cuando un vehículo choca accidentalmente contra nuestro flamante último modelo recién salido del concesionario.

Acción y recompensa

Sin embargo, el proceso de decisión depende de múltiples factores, entre los cuales es determinante un aspecto fundamental: ¿qué obtengo a cambio? 

Uno de los descubrimientos más importantes de la historia de la neurociencia ha sido el estudio de los circuitos de recompensa, esos mecanismos relacionados con la sensación de placer que involucran distintas regiones cerebrales que se comunican entre sí mediante neurotransmisores, entre ellos la dopamina. Esta señal es liberada por unas neuronas situadas en el área segmental ventral, que produce dopamina en una zona llamada núcleo accumbens.

La dopamina es un neurotransmisor que actúa como mensajero químico, y está involucrado en sensaciones como el placer o la motivación, aunque también es crucial en el proceso de aprendizaje. 

“Es una señal que nos dice que algo es importante para nosotros, y nos dice qué tenemos que hacer para conseguirlo”, explica Redolar. 

En realidad, nuestro cerebro desarrolló su sistema de recompensa basado en la dopamina con un fin: la propia supervivencia. Se trataba de fomentar comportamientos que nos ayuden a sobrevivir, como comer, procrear o interactuar con nuestros congéneres. 

Por este motivo, una ‘inyección’ de dopamina es pura adrenalina para nuestro cerebro. Es lo que nos sucede cuando obtenemos éxito, reconocimiento o probamos algo que nos gusta mucho. Pero una dependencia de esa dopamina puede desembocar en ansia, y de ahí a una adicción.

El sistema de recompensa nació a lo largo de la evolución con un fin: garantizar nuestra supervivencia.

Esta se produce porque el sistema de recompensa del cerebro tiene mecanismos para gestionar dos efectos muy distintos provocados por neurotransmisores: el ansia y el placer. 

El ansia es generada por la dopamina, mientras que el placer es estimulado por otros neurotransmisores. Cuando los circuitos del ansia saturan los centros del placer, se produce la adicción, y la persona que lo padece se ve obligada a llevar a cabo un comportamiento determinado, a comprar un determinado producto o a consumir una determinada sustancia.

Por eso es necesario encontrar un freno a esa explosión de dopamina. 

Es ahí donde actúa otra región del cerebro: la corteza prefrontal dorsolateral. “Es la que te dice, por ejemplo, ese móvil que tanto quieres comprar es demasiado caro”, señala Redolar.

¿Por qué sucumbimos ante un descuento?

En ciertas fechas señaladas como Black Friday, Cyber Monday o las rebajas, adquirimos un producto soñado a un precio ‘de ganga’. 

O eso es lo que pensamos. A veces ese descuento no es tan ventajoso y se debe más a nuestra percepción subjetiva, que a una auténtica ganancia. ¿Por qué sucede?

A veces el descuento de una campaña publicitaria no es tan ventajoso como parece.

La psicología conductual plantea diversas explicaciones a este fenómeno. 

En primer lugar, cuando a un consumidor se le ofrece un descuento, en su mente confluyen dos fuerzas contrapuestas: la atracción que supone un menor sacrificio económico y el recelo ante la compra de un producto barato que nos podría salir caro. 

En segundo lugar, existen factores relacionados con el riesgo percibido de perder una oportunidad, así como la sensibilidad que cada consumidor tiene ante la bajada de precios. En este último ejemplo cabe mencionar el conflicto que en ocasiones se establece entre el descuento y el valor, cuando el consumidor atribuye la bajada del precio a una razón externa. 

Los psicólogos llaman a este fenómeno ‘teoría de la atribución’, que explica cómo los individuos perciben y encuentran una explicación concreta para determinados acontecimientos, como pueden ser unas rebajas. Los investigadores descubrieron que cuando los consumidores atribuyen un descuento a una ocasión especial (como puede ser una celebración), es más probable que acaben comprando.

Es por ello que una misma situación puede entenderse como un descuento sin sentido o como una oportunidad que no hay que dejar escapar en función de la percepción del cliente, su experiencia y qué regiones del cerebro se activan en ese proceso de compra: por un lado, las neuronas de la corteza prefrontal ventromedial monitorizan la cantidad de dinero que los consumidores están dispuestos a pagar. 

El núcleo accumbens nos empujará a comprar aquello que ansiamos, sin importar el coste, mientras que la corteza prefrontal dorsolateral nos instará a tomar una decisión más racional.

La acción combinada de todas estas regiones determinará qué decisión acabamos tomando ante una determinada oferta. 

Pero existen numerosos factores externos que pueden influenciarnos más de lo que creemos: estímulos visuales o cognitivos bien conocidos por los estrategas de las campañas de marketing.

Las etiquetas llamativas pueden influir en el proceso de decisión y compra.

Las etiquetas llamativas pueden influir en el proceso de decisión y compra.Foto: Istock

Una imagen vale más que mil palabras

Nos encontramos en los pasillos de un gran supermercado, y tenemos ante nuestros ojos un sinfín de productos de distintas marcas, colores y precios. 

¿Por cuál de ellos nos decantamos? La decisión final dependerá de un conjunto de factores, desde nuestra capacidad racional hasta nuestra reacción a estímulos externos. 

Y es que las imágenes, y en particular, los colores, tienen una gran eficacia a la hora de transmitir información que nos resulta fácil de identificar. Sin que seamos conscientes, los colores nos está transmitiendo información subliminal que puede influenciar, o incluso distorsionar, la manera en la que percibimos la realidad.

Los colores nos transmiten información subliminal que puede influenciar, incluso distorsionar, nuestra percepción de la realidad.

Esto sucede porque nuestros sentidos envían al cerebro millones de impulsos de información por segundo, pero no somos capaces de procesar una cantidad tan ingente de datos. 

Por este motivo, la evolución nos dotó de mecanismos que nos permitieran canalizar toda información de manera instantánea.Es sabido que los colores, por ejemplo, pueden afectar a nuestro estado de ánimo y moldear nuestra conducta, mientras que la exposición a la luz tiene un efecto determinado sobre nuestro comportamiento. 

Incluso se ha demostrado que la luz y el color afectan al estado de alerta, la frecuencia cardíaca y el estado de ánimo.

Emociones al servicio del mercado

Las tácticas de marketing dirigidas al consumo no son nuevas, pero el uso de las nuevas tecnologías y las redes sociales ha multiplicado de manera exponencial los mensajes y los impactos publicitarios.

Tal y como explica Recorder, para desembocar en la decisión de compra es necesario que se produzcan dos condicionantes: que el producto llame la atención del comprador y que active su circuito de recompensa, que le interese. 

La segunda condición es un refuerzo de la primera. Pero con las nuevas tecnologías existe un refuerzo suplementario. Imaginemos un anuncio de una red social, como Instagram, Twitter o Facebook, que nos muestra algo en lo que ya estamos interesados. “Son anuncios dirigidos a lo que ya le gusta al usuario, con lo que activan nuestro sustrato nervioso de refuerzo”.

La respuesta a los innumerables estímulos que recibimos a través de distintos medios, ya sean físicos o digitales, marcarán las estrategias de venta y determinarán qué productos o servicios tienen más probabilidades de éxito. 

Seremos nosotros los que determinemos si comprar o no. Aunque, visto lo visto, en última instancia parece que no somos tan libres como pensamos a la hora de tomar esa decisión.

Imagen de portada: Gentileza de Istock. Monitorización del cerebro

Un equipo científico monitorea la actividad cerebral. La decisión de compra es el resultado de la acción combinada de distintas regiones del cerebro.

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC. Por Sergi Alcalde. Noviembre 2021.

Neurociencia/Cerebro/Sociedad y Cultura.

Un descubrimiento de la neurociencia que atañe directamente al trabajo en equipo.

Los desafíos que presenta la realidad actual requieren que las empresas se aseguren de usar mecanismos de selección que identifiquen las diferencias cognitivas individuales a la hora de reclutar sus empleados.

Si deseas profundizar sobre este tema; por favor cliquea donde esté escrito en “negrita”. Muchas gracias.

Hace varias décadas que la investigación en Neurociencia trascendió las fronteras de la medicina. Sus aplicaciones en el mundo laboral son el foco de interés para muchos investigadores en el área.

Favorecer el desarrollo individual mediante la estimulación de las funciones cognitivas; mejorar los procesos de trabajo teniendo en cuenta el funcionamiento cerebral o generar un buen clima laboral, son algunas de las inquietudes que descansan sobre la Neurociencia con la expectativa de generar mayor satisfacción y productividad.

La inclusión del salario emocional se va integrando a los entornos laborales. El reconocimiento de los logros en los equipos de trabajo lentamente se va transformando en una práctica habitual. Cada gratificación activa el circuito cerebral del placer y se integra con las acciones que la causaron. Aumenta el bienestar en los empleados y mejora la productividad porque tienden a repetir las acciones que causaron el logro. La liberación de dopamina que produce el reconocimiento hace que el trabajo se torne disfrutable.

Así como existe un circuito cerebral del placer, tenemos un circuito del estrés que se activa frente a las interacciones negativas. Este circuito tiene 3 fases:

  • La primera, implica el aumento de la alerta con una importante descarga de adrenalina que energiza al cuerpo preparándolo para reaccionar.
  • La segunda, es de defensa o resistencia, cuando se libera el cortisol, que está encargado de mantener la energía mientras dura el estrés.
  • Luego viene una fase de agotamiento, cuando desaparece el estresor. Los ambientes laborales que se caracterizan por tener interacciones negativas, cronifican la activación de este circuito.

Gentileza: Oh

Activar el circuito del placer en el entorno laboral es una función del liderazgo. No tenerla en cuenta, conduce a formas de trabajo que conspiran contra la productividad porque desbordan al organismo, favorecen la fatiga y anulan el sentido de pertenencia. En estos entornos es cuando surge el Síndrome del Trabajador Quemado o Burnout que se caracteriza, justamente, por la despersonalización en las tareas, el bajo rendimiento y el desgaste emocional y físico.

Un descubrimiento de la Neurociencia que atañe directamente al trabajo en equipo, es el de la Neurodiversidad. Se demostró que la diversidad cognitiva es crucial para la efectividad de los equipos. Los equipos homogéneos son menos creativos y no logran innovar frente a situaciones novedosas. En cambio, los equipos de trabajo que aceptan las diferencias tienen diferentes modos de interacción, crean opciones nuevas para las situaciones que se les presentan y son más proclives a innovar y mejorar los procesos de trabajo.

Los desafíos que presenta la realidad actual requieren que las empresas se aseguren de usar mecanismos de selección que identifiquen las diferencias cognitivas individuales a la hora de reclutar sus empleados. De ese modo, pueden contar con equipos flexibles, adaptables y creativos.

Gentileza: La Voz

El cerebro es un sistema económico, tiende a minimizar las amenazas y a aumentar las recompensas. Vamos a repetir aquello que fue premiado mientras que trataremos de evitar lo que derivó en una amenaza. Es importante el reconocimiento de esta premisa desde la función del liderazgo. Los líderes objetivos y con apertura mental son los que pueden delegar sin estar encima y ofrecer “feedback” sin resultar amenazantes.

Dejar de lado el miedo y estimular entornos de confianza es una de las bases para mejorar la productividad y la motivación en el ámbito laboral. Los avances en Neurociencia demostraron ser útiles para alcanzar las condiciones que están por detrás de la generación de equipos de alto rendimiento. Si queremos aumentar el nivel de desempeño, necesitamos confianza y compromiso por parte de los equipos.

Imagen de portada: Gentileza de Ámbito

FUENTE RESPONSABLE: Ámbito por Gabriela González Alemán

Dra. en Genética del Comportamiento y fundadora de Brainpoints (MN 33343) Instagram: @brainpoints. Web: http://brainpoints.com.ar

La neuroplasticidad cerebral es básica para la salud de nuestro cerebro: este es el entrenamiento que más nos ayuda a trabajarla según la ciencia.

Recuerda que si deseas profundizar este tema porque te ha interesado; por favor cliquea donde está escrito en “negrita”. Muchas gracias.

La salud cerebral y nuestra neuroplasticidad es básica no solo para nuestro día a día, sino también para asegurarnos de tener un envejecimiento saludable y lo más activo posible. Una mayor neuroplasticidad nos ayuda a aprender nuevas habilidades, a crear recuerdos o a recuperarse de lesiones cerebrales.

La pregunta es, ¿cómo mejoramos la neuroplasticidad de nuestro cerebro? La respuesta podría estar en el entrenamiento físico. Al menos eso es lo que sugieren las investigaciones al respecto. Un nuevo estudio, publicado en Journal of Science and Medicine no solo indica los beneficios que el deporte tiene para el cerebro, sino incluso qué tipo de rutina puede beneficiarnos más.

Para la investigación se contó con 128 participantes, mujeres y hombres saludables de entre 18 a 65 años. Ninguno de ellos tenía dificultades o enfermedades neurológicas o fisiológicas. Se monitoriza los cerebros de estos participantes después de tan solo un ejercicio aeróbico en una bicicleta estática y en una cinta de correr.

Istock 530567091

Durante la sesión de ejercicio en la bicicleta estática o en la cinta de correr, la intensidad fue variando desde ejercicio continuo de baja intensidad hasta ejercicio de intervalos de alta intensidad, por lo que el ritmo cardíaco varió siendo de entre el 50 y el 90 por ciento de intensidad.

Lo que encontraron fue que los mayores cambios en neuroplasticidad cerebral se daban o bien con 20 minutos de entrenamiento de intervalos o bien con 25 minutos de entrenamiento aeróbico moderado continuado.

Para los investigadores sería evidente que la realización de deporte ayuda a mejorar la neuroplasticidad del cerebro. La duda que quedaba por responder era qué tipo de entrenamiento y con qué duración sería más efectivo. Tanto el entrenamiento de intervalos de alta intensidad como el aeróbico moderado parecen ayudar en un tiempo similar. Posiblemente nuestra mejor opción sea, de nuevo, combinar ambos entrenamientos.

Imagen de portada: Gentileza de Vitónica.iStock.

FUENTE RESPONSABLE: Vitónica. Ejercicios que benefician las capacidades cognitivas. Razones para disminuir el estrés así como la ansiedad. Como hacer para evitarlo. Por Iria Reguera @iriarequera

Cómo entrenar tu cerebro para mejorar tu rendimiento cognitivo.

Recuerda que si deseas profundizar este tema porque te ha interesado; por favor cliquea donde está escrito en “negrita”. Muchas gracias.

A medida que nos vamos haciendo mayores el rendimiento cognitivo, la concentración, la memoria y el aprendizaje se deterioran. Además, hay muchos factores que influyen en nuestro rendimiento cognitivo que están en nuestro día a día y no nos damos cuenta.

El cerebro es un órgano tan importante como los demás y tendemos a centrarnos demasiado en nuestro bienestar físico que nos olvidamos de nuestro bienestar mental. Por ello, te vamos a dar una serie de consejos para saber cómo entrenar tu cerebro para mejorar tu rendimiento cognitivo.

Trata de liberarte de una mala rutina.

Una mente que no sale de su zona de confort, que no explora nuevas formas de pensamientos es una mente estancada y restringida. De hecho, según un estudio, aquellas personas que se involucran en desafíos y en experiencias emocionantes tienen más probabilidad de mantener un alto rendimiento y funcionamiento cognitivo.

Sin embargo, al otro lado de la moneda hay la participación pasiva donde no creará nuevos retos y la mente no se nutrirá, por lo que no habrá un aumento en el rendimiento cognitivo, al contrario.

El simple hecho de escuchar música nueva e incluso de jugar a nuevos juegos de ordenador, por ejemplo, ya provoca una estimulación mental, por lo que es muy fácil aumentar tu desarrollo mental. Sal de tu zona de confort y encuentra algo que te apasione, ya que si estás dentro de ella es muy difícil que estés una zona donde mejores a nivel cognitivo.

Mental Healh

Trata de seguir moviéndote todos los días.

Hay infinitos estudios que respaldan que el ejercicio físico tiene un efecto increíble en la estimulación y el desarrollo mental, ya que un cuerpo sano también está estrechamente relacionado con una mente sana.

De hecho, los investigadores de la Universidad de Minnesota descubrieron, en el 2014, que una mejora en la aptitud cardiorrespiratoria se correlacionó directamente con una mejora de la capacidad cognitiva, que se mantenía en el futuro.

Además, la actividad física también tiene efectos positivos en estados emocionales alterados como la depresión y ansiedad, haciendo que las personas que realizan ejercicio físico se sientan más motivados y menos estresados que las personas que no hacen ningún deporte.

moverte

Trata de dormir lo suficiente para cubrir las horas recomendadas.

Dormir poco durante un periodo de tiempo largo tiene efectos muy nocivos para la salud, de hecho puede ralentizar tu desarrollo profesional y personal de forma drástica ya que tu capacidad de memoria, aprendizaje, captación de información y rapidez mental disminuye. Por lo que, dormir las horas necesarias es fundamental para tener un buen rendimiento cognitivo.

Un estudio que realizó la Universidad de Brown demostró que el sueño insuficiente bloquea el conocimiento adquirido al aprender nuevas tareas y disminuye el rendimiento cognitivo. Es más, la somnolencia excesiva se demostró que puede impedir que el cerebro interiorice gran parte del aprendizaje o el trabajo que ha realizado durante el día, haciendo que esa información se pierda e impidiéndote recordarla al cabo de unas horas.

La alimentación también influye en el desarrollo cognitivo.

A medida que se han hecho investigaciones al respecto se ha descubierto que hay ciertos alimentos que son perfectos para el cerebro, que son los llamados Brain Foods que son aquellos que si los ingieres de forma habitual pueden ayudarte a mejorar el rendimiento cognitivo.

Por ejemplo, los más famosos son los alimentos ricos en ácidos grasos como el omega-3, como el pescado y las nueces, son capaces de ayudar a combatir la depresión y mejorar la cognición con el tiempo.

Istock 1011232040

Por otro lado, los antioxidantes, que se encuentran principalmente en los arándanos y las bayas de acai, pueden ralentizar los efectos perjudiciales que tienen los radicales libres en el cerebro.

Además, los alimentos ricos en hierro, como la carne, los huevos y las verduras de color oscuro, pueden ser responsables de mejorar la concentración y aumentar el coeficiente intelectual. Es más, los alimentos que contienen vitamina B1, sobre todo los cereales y los panes integrales, pueden ayudar a mejorar la velocidad de los procesos mentales.

Trata de confiar en el poder de la risa.

Sonreír y reír provoca una secreción de endorfinas que influyen en el desarrollo cognitivo, ya que ayuda a reducir la influencia del cortisol frenar trastornos emocionales como es estrés y la depresión. De hecho la risa y otras formas positivas de ver las cosas pueden mejorar la capacidad para pensar de forma creativa y de ver los problemas desde una perspectiva nueva.

sonreir

Además, un estudio realizado en el 2016 demostró que la risa puede ayudar a eliminar la incidencia de epinefrina en nuestro cuerpo, mejorando los valores de hipertensión arterial y reduciendo el riesgo de padecer insuficiencia cardíaca.

Imagen de portada: Gentileza de Vitónica.iStock.

FUENTE RESPONSABLE: Vitónica. Ejercicios que benefician las capacidades cognitivas. Razones para disminuir el estrés asi como la ansiedad. Como hacer para evitarlo. Por Guille Andreu