La amistad entre Julio y Abelardo

Bajo el título “Una amistad de literatura fantástica”, la revista “Ñ” de Clarín publicó hace algunos años, la historia del inicio de la relación entre Abelardo Castillo y Julio Cortazar.

Diego Erlan, autor del artículo, confirma que “cuando Cortázar era casi un desconocido, Abelardo Castillo escribió la primera crítica a uno de sus libros”.

Una carta como respuesta a la crítica de “Las armas secretas” escrita por Castillo para el número 2 de la revista literaria “El Grillo de Papel”, marcó el comienzo del vínculo entre dos de los más notables autores argentinos.

A continuación, reproducimos el texto:

“Una amistad de literatura fantástica”.

«Según Julio Cortázar, la primera persona que hizo “una tentativa seria y bien pensada de entender y juzgar” sus relatos fue Abelardo Castillo. “Lo que verdaderamente agradezco es su punto de vista, su aproximación a lo reseñado, su búsqueda de motivos profundos y de perspectivas que quiebren la habitual inanidad de los epítetos prodigados al voleo. Harto de leer reseñas basadas en la solapa de mis libros, encuentro por fin una página que revela un estudio a fondo, una confrontación de toda nuestra realidad o irrealidad literaria, y sobre todo una honradez nada frecuente en nuestro medio”, escribió Cortázar, disculpándose tal vez por su torpeza, el 14 de enero de 1960, en una carta mecanografiada con destino a la calle Maza 1511 que en este enero de 2014, quizás el día más caluroso de los últimos años, Castillo accede a mostrarme de entre sus papeles, entre la correspondencia de aquel autor que por entonces, en el ambiente literario argentino, era casi un desconocido.

Para entender la relación que tuvieron ambos autores habría que remontarse a otro enero, esta vez de 1954, cuando la revista Buenos Aires Literaria publicó el cuento “Torito” que pocos años después Humberto Costantini le recomendaría leer a Castillo. 

O hasta la traducción de las obras en prosa de Edgar Allan Poe publicadas por la Universidad de Puerto Rico en 1956. 

Sin embargo, a Castillo, en esos días, le costaba identificar como la misma persona al autor de ese cuento realista, al Julio A. Cortázar que firmaba la traducción de su admirado Poe y, por último, al Julio Cortázar que en 1959 publicó a través de Sudamericana los cuentos de Las armas secretas . 

Este libro, gracias a la visión y perseverancia de Paco Porrúa, llegó a los estantes de las librerías argentinas y a la redacción de El Grillo de Papel para que Castillo, antes de un viaje en tren a San Pedro, decidiera reseñarlo para el número 2 de la revista que salió en diciembre de 1959.

“Si fuésemos críticos de oficio, y este país otro, conocer tan mal a Julio Cortázar podría resultar imperdonable”, escribió Castillo en aquel texto. 

“Pero, por fortuna, nuestro remoto emparentamiento con esa discutible disciplina es fortuita, y, por desgracia, este país es éste.” 

Castillo se refería a que la crítica literaria argentina trabajaba sin Arlt, sin Marechal y sin Arturo Cancela y “en ese hueco cae Cortázar como una explosión: con él la literatura argentina había empezado a dejar de ser tan provinciana”, dice ahora, mientras recuerda aquella época, sentado junto al ajedrez que gobierna el centro del living de su casa de la calle Hipólito Yrigoyen. 

Básicamente, Castillo dejaba claro que siendo Borges un autor admirable (que su generación, por falta de imaginación, abominaba), Cortázar, siendo menos riguroso (con cuentos que tenían características de novela o relato), puede de todos modos reinventar al ser humano. 

No sólo eso: también identificaba a la narrativa de Cortázar como esencialmente fantástica, y “El perseguidor” como una historia excepcional basada en la biografía de Charlie Parker (dato que hasta ese momento nadie se había dado cuenta) y a “Las armas secretas” como un gran cuento con un final defectuoso ya que “hubiese ganado intensidad” sin el diálogo final entre Roland y Babette.

Eso le gustó a Cortázar. “Me gusta que no le guste el final de ‘Las armas secretas’. Tiene toda la razón del mundo. El diálogo de Roland y Babette figuraba antes del final en la segunda versión (porque hubo tres), pero después lo puse a lo último y probablemente me equivoqué; la verdad es que ese cuento es uno de los que me han dado más trabajo, sin dejar nunca satisfecho. 

Con respecto a ‘El perseguidor’, adivinó bien: Johnny es el ‘Bird’ y la dedicatoria está allí para que cualquiera que sepa algo de jazz se dé cuenta.

Los episodios son en gran parte inventados, pero algunos (Johnny arrodillado en la terraza del café, Johnny incendiando el hotel, las historias de Johnny con su mujer, y el dolor que le causa la muerte de su hija) salen directamente de un artículo de Leonard Feather, publicado en la revista del Jazz Club de Francia luego de la muerte del ‘Bird’. 

Lo que hice fue desplazar la acción a París, puesto que no conozco los EE.UU. y crear un Johnny muy mío partiendo del esquema necrológico de Feather. De paso le diré que ‘Amorous’ es en realidad la famosa grabación de Lover Man , que Parker improvisó bajo los efectos de la droga, y que siempre quiso destruir. 

Aquí en B.A. se podía comprar por 4 pesos en 1949. Pero en esa época mucha gente seguía creyendo que lo mejor del jazz era todavía Ellington. Y basta de lata. Me he dado un gusto charlando un poco con usted en la única forma en que podía hacerlo. Quizá alguna vez nos conozcamos. Por ahora, un abrazo de su amigo.” Y el trazo de la firma al pie sellaba el comienzo de una amistad a pocas horas de partir en barco de regreso a Francia.

Castillo dice que en ese momento, en los sesenta, faltaba todavía leer la gran novela ciudadana que la literatura argentina tenía pero aún pocos (demasiado pocos) conocían. 

Porque estaba Marechal, estaba Arlt y estaba Arturo Cancela, “pero esos tres escritores, para nosotros –dice Castillo–, eran la nada, por muy diferentes razones”. 

Y entonces volvió a aparecer Cortázar con un porteño de los años 40 que fascinó a todos, con una prosa soberbia, una historia inolvidable y un acierto, a juicio de Castillo, que pertenece netamente al plano literario: y es que La Maga tuviera precisamente ese nombre. 

“El acierto de Rayuela no es tanto el personaje de La Maga sino el nombre, Cortázar instaló un personaje que no sé si está del todo en la novela, pero que rodea de una jerarquía literaria y se transforma en arquetipo.” 

En persona se conocieron recién a principios de los 70, y la primera vez que Julio Cortázar cruzó la puerta de la casa de Castillo empezó a sonar en la radio un tema de Charlie Parker. La anécdota la recuperó Castillo para su libro Ser escritor de las páginas de su diario íntimo, que ahora termina de corregir. En ese mismo instante Cortázar sonrió y comentó “qué linda música” mientras que el otro, tal vez por vergüenza, intentó explicar que la puesta en escena no había sido armada a propósito sino, aún mejor, una virtud del azar. Cortázar no le dio mucha importancia porque, según decía, eran habituales en su mundo. Para Cortázar esas eran el tipo de cosas que debían sucederle a un escritor.

Castillo aprovechó aquella primera carta para pedirle algunos cuentos inéditos a Cortázar. Y Cortázar, a su vez, aprovechó el pedido para que Castillo le enviara los suyos. Así lo hicieron y en el mismo envío se cruzaron “Continuidad de los parques” e “Historia para un tal Gaido”. Es decir, la historia de un lector que termina siendo asesinado por el personaje del cuento que está leyendo y la historia de un autor asesinado por el protagonista del cuento que está escribiendo en ese departamento de la calle Maza. Casi la misma idea. Esas son las cosas que deben pasarle a los escritores, solía decir Cortázar. Son esos extraños dibujos que traza la realidad”.

FUENTE: Notisanpedro.info – POR DIEGO ERLAN

El mas entrañable de nuestros pintores populares.

Molina Campos: del más querido de nuestros pintores

Se cumplen, en agosto que comienza, los 130 años del nacimiento del entrañable retratista de nuestros paisanos. En su vida y obra el rol de una mendocina fue fundamental.

Florencio Molina Campos, hoy es unánimemente reconocido. Sin embargo, en vida, pese a que su popularidad se ampliaba gracias al inmenso suceso que tuvieron los almanaques que Alpargatas editó durante 12 años (de 1931 a 1936 y luego a partir de 1940) la crítica y los “entendidos” le daban la espalda.

Como en su momento le sucedió a José Hernández con su Martín Fierro, su temática fue despreciada con el mote de costumbrista, como resabio de la barbarie.  Su humor fue malinterpretado. Durante mucho tiempo fue un mero ilustrador, al margen de los ámbitos de la “verdadera pintura”.

Nació en Buenos Aires el 21 de agosto de 1891, en el seno de una familia tradicional, formada por nueve hermanos y no tantos recursos. Estudió en los colegios La Salle, El Salvador y Nacional Buenos Aires y sus vacaciones transcurrían en la estancia materna de “Los Ángeles”, en el partido del Tuyú, (hoy Gral. Madariaga). Allí aprendió a querer y a conocer profundamente a los hombres de campo y a enamorarse de los paisajes pampeanos que infinitas veces llevará a sus obras.

En 1905, la familia arrienda “La Matilde”, en Chajarí, Entre Ríos, que Florencio frecuenta hasta la muerte de su padre acaecida dos años después. A principios de la década del veinte, se casa con Hortensia Palacios Avellaneda. En 1921 nace su única hija Hortensia Molina “Pelusa”; pero su matrimonio llega a su término en 1924. Pelusa, a su tiempo será madre de Gonzalo Giménez Molina, único nieto de nuestro artista.

En 1926 realiza su primera exposición en la Sociedad Rural de Palermo con gran éxito. El presidente de la nación el doctor Marcelo T. de Alvear visita la misma y lo nombra profesor de dibujo del Colegio Nacional de Avellaneda, donde por 18 años dictó clases.

Córdova Iturburu aseveró que sus estampas, suscitaron un singular interés entre el público: “Aquello era algo nuevo, inusitado. Lo inesperado era que el artista veía al gaucho como el gaucho se veía a sí mismo… los mira con los ojos con que se miran ellos y los considera con su mismo espíritu entre burlón y afectuoso. Su risa es bondadosa. Es risa de comprensión y cariño”. 

En 1931 aparece el primer almanaque de “Alpargatas” que recibe una inmediata y masiva aceptación en los ámbitos rurales. A partir de entonces Molina Campos pintó los originales (144 en total) de lo que se constituyó en la primera pinacoteca popular argentina.  Cerca de 18 millones de láminas fueron editadas, coleccionadas y a menudo enmarcadas en ranchos, pulperías y almacenes de nuestra campaña.

En la década del cuarenta, con una beca de la Comisión Nacional de Cultura, Florencio ya casado con la mendocina María Elvira Ponce Aguirre, viaja a los Estados Unidos. Allá firma un convenio con una fábrica d e implementos agrícolas de Minneapolis para hacer los originales de sus almanaques y Walter Disney lo contrató como asesor para la producción de dos películas.

Por aquel entonces ilustra el “Fausto”de Estanislao del Campo. En los cincuenta repite sus viajes a los Estados Unidos. Visita Alemania, y expone regularmente en Buenos Aires, primero en Witcomb y luego en Galería Argentina. En 1959 a poco de cerrar una exitosísima muestra en esta última, falleció en el Instituto del Diagnóstico de Buenos Aires.

Hoy, a 130 años de su nacimiento, Florencio Molina Campos es unánimemente reconocido. A los valores artísticos de sus obras se suman el humor y la originalidad de su lenguaje. Sus pinturas son un testimonio iconográfico invalorable de nuestra tradición campera (que lamentablemente poco a poco va desapareciendo).

El mercado lo ha empezado a justipreciar. Sus obras han sido disputadas por coleccionistas de distintos continentes.

El Museo Las Lilas de San Antonio de Areco, en la Provincia de Buenos Aires, presenta buena parte de los originales de los Almanaques de Alpargatas y el sitio oficial contiene a su vez un vasto catálogo fácilmente abordable por todos.

Sumamos nosotros también en este aniversario del natalicio del entrañable Florencio nuestro recuerdo a uno de los grandes pilares del arte de los argentinos y seguramente el más querido de todos.

La mendocina enamorada de Florencio Molina Campos

Fue en Mar del Plata, donde Elvirita, una mendocina de larga alcurnia, conoció a Florencio. Corría el año 1927 y tras una exitosa primera muestra en la Exposición Rural de Palermo, el artista, que por entonces se presentaba como “caricaturista” fue invitado por la galería Witcomb a exponer en su espacio en la antigua Rambla de la playa Bristol.

Elvirita, de 24 años, veraneaba con unas amigas. Curioseando entraron a la galería mientras Florencio Molina Campos disponía la colgada de las 34 obras que había llevado. Cambiaron de elogios y quedaron en reencontrarse en la inauguración de la exposición al día siguiente.

Según contaba Elvirita, Florencio le presentó entonces a Marcelo T. de Alvear que también había sido invitado junto con su esposa Regina Pacini. De la charla resultó que el Presidente de la Nación había estudiado abogacía con el Dr. César Ponce, su padre. Solía recordar también que una de sus bisabuelas, alumna de las maestras que trajo Sarmiento de Estados Unidos había bordado la Bandera que San Martín portó en el cruce de los Andes.

Siempre sonriente, de maneras sencillas y amables fue Elvirita una enamorada continua de Don Florencio y su obra. A su muerte le dedicó un poema que transcribimos:

“YO SERÉ LA GUARDIANA”

Yo seré la guardiana

de tu pampa y de tus cielos.

De tus humildes ranchos

Bañados por la lluvia, por la luna o por el sol.

Regarán de lágrimas

Tus montes de espinillos,

y muy, muy dentro del mío,

tendré tu corazón.

……

Yo seré la guardiana

de esa riqueza inmensa

que cuidaré mientras viva,

con razón y sin razón.

Y en un abrazo tierno

de infinita dulzura,

Estrechare por siempre

tu pampa hecha canción.

Fallecida Elvirita, la Fundación Molina Campos que ella inspirará, el único nieto del artista y el Museo de Areco tutelan la obra de Don Florencio.

Algunas de las tantas obras de Florencio Molina Campos (Gentileza Mendoza Online)

FUENTE: Mendoza Online – Pintura – Campo -Por CARLOS MARÍA PINASCO

Un cocodrilo en los Andes: encontraron fósiles del que convivió con los dinosaurios

Científicos argentinos y chilenos hallaron los restos de una especie no conocida hasta ahora de reptil, ancestro de los cocodrilos modernos, que habitó la Patagonia hace unos 148 millones de años. Tenía apenas 70 centímetros de largo.

Una especie no conocida hasta ahora de reptil prehistórico, ancestro de los cocodrilos modernos, que habitó la Patagonia hace unos 148 millones de años junto a los dinosaurios, se identificó a partir de restos extraídos en la cordillera de los Andes, en la región de Aysén, por científicos chilenos y argentinos.

Bautizado como burke suchus mallingrandensis, su hallazgo se publicó recientemente en la revista Scientific Reports del grupo Nature. Este animal prehistórico tenía el tamaño de un lagarto y no supera los 70 centímetros de largo. Caminaba en cuatro patas, las cuales poseían una postura intermedia entre aquella vertical de los antepasados de los cocodrilos y la de los cocodrilos vivientes, que se proyectan más hacia afuera. Su cuello, lomo y cola estaban cubiertos por una doble hilera de placas óseas de función protectora, superpuestas de modo similar a un tejado.

“A pesar de que sus mandíbulas y dientes no han quedado preservados, las relaciones de parentesco del burke suchus llevan a suponer que era un depredador de animales pequeños, probablemente invertebrados, que capturan a orillas de las lagunas donde vivía”, indicó Fernando Novas Investigador del Conicet y jefe del Laboratorio de Anatomía Comparada y Evolución de los Vertebrados (La Cev) del Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”.

“Burke Suchus nos habla de los orígenes de los cocodrilos modernos y cómo, ya hace 150 millones de años, comenzaron a modificar su anatomía, adoptando un modo de vida anfibio”, explicó Federico Agnolín, investigador del Conicet y de la Fundación Azara, quien encontró los restos fósiles.

“Tuvimos la fortuna de contar con gran parte del cráneo de este animal. Esta es la parte más importante para estudiar los cocodrilos, pues nos muestra muchos rasgos que nos ayudan a saber si se trataba o no de una nueva especie, y con qué otros cocodrilos está relacionada” mencionó Agnolín. La estructura del cráneo revela que el burke suchus, al igual que sus parientes actuales, poseía una solapa carnosa que al cerrase protegía al oído cuando el animal se sumergía en el agua.

Los geólogos Manuel Suárez, Jean-Baptiste Gressier y Rita de la Cruz concluyeron que el ambiente en que convivieron cocodrilos y dinosaurios era cercano a volcanes activos y conos aluviales vecinos a un mar de fines del Jurásico”. El burke suchus formaba parte de una fauna de reptiles que incluía, además del silesaurus, de tres metros de largo, a grandes dinosaurios de cuello largo, parientes del diplodocus y de los enormes titanosaurios herbívoros.

Su nombre significa “el cocodrilo de Burke procedente de Mallín Grande” y es un homenaje al estadounidense Coleman Burke (1941-2020), amante de la Patagonia y apasionado por la paleontología, quien tuvo un rol fundamental en las diversas actividades del Cev.

El origen de los cocodrilos

Los cocodrilos aparecieron a comienzos del período Jurásico, casi a la par que los primeros dinosaurios. En pocos millones de años invadieron el medio marino convirtiéndose en grandes depredadores de peces y de otras criaturas acuáticas. Los mares cálidos y poco profundos del Jurásico sirvieron a estos cocodrilos acuáticos como vías de dispersión, distribuyendose por vastas áreas del planeta. América del Sur es famosa por la riqueza en restos de cocodrilos marinos de gran tamaño, documentados por cráneos y esqueletos articulados y muy completos, los cuales han sido excavados en rocas jurásicas al pie de los Andes, tanto en Chile como en Argentina.

“Es todavía escaso el conocimiento del que disponemos –a nivel mundial– sobre aquellos cocodrilos que correteaban entre las patas de los dinosaurios”, afirma el investigador Fernando Novas. “Los cocodrilos jurásicos que habitaban tierra firme no superan el tamaño de un gato doméstico y, a diferencia de sus temibles primos marinos, su dieta se basaba en pequeños invertebrados. Nada conocíamos en Sudamérica de esos diminutos cocodrilos habitantes de charcos y lagunas, hasta que dimos con los restos del burke suchus”, señala el paleontólogo.

Hallazgos paleontológicos en Aysén

En cercanías de Mallín Grande, Aysén, existe un formidable yacimiento fosilífero de reptiles jurásicos con una antigüedad aproximada de 148 millones de años y con difícil acceso para los exploradores. Al rememorar el momento del descubrimiento del burke suchus mallingrandensis Marcelo Isasi, técnico del Cev recordó: “El primer día de prospección fue realmente inolvidable. Después de subir con los caballos y atravesar grandes extensiones de hielo donde los animales se hundían de golpe hasta la panza, nos pusimos a buscar fósiles en los asomos rocosos. Estábamos muy entusiasmados, ya que en un área de no más de 100 metros de largo dimos con varios esqueletos articulados de chile saurus. De repente Federico Agnolín, investigador del Cev y de la Fundación Azara, gritó: «¡Encontré un cocodrilo!», y todos salimos corriendo hacia él. Cuando llegamos vimos que se trataba de diminutos huesos expuestos en la superficie de la roca”.

El hallazgo del esqueleto del cocodrilo fue seguido de una sorpresa aún mayor cuando el mismo Agnolin, excavando con maza y cinceles alrededor del fósil, quebró un fragmento de roca y vio la parte posterior de un cráneo muy bien preservado.

Durante aquella expedición, la geóloga Rita de la Cruz tenía la esperanza de descubrir un dinosaurio diferente del ya conocido chile saurus, y no imaginó que la gran novedad sería aportada, esta vez, por un cocodrilo. “No sabía la trascendencia que esto podía tener. Pero Federico estaba muy emocionado y como buen paleontólogo, sabía que su descubrimiento era muy importante. Ahora, varios años después, por fin, el cocodrilo sale a luz y brilla por sí mismo, alumbrando aún más el conocimiento de la fauna de fines del Jurásico”.

Una vez extraídos los bloques de roca conteniendo los fósiles, se los envolvió adecuadamente para su transporte. Fue clave la habilidad y destreza de los baqueanos para trasladar a buen resguardo los ejemplares fósiles que los paleontólogos colectaron en lo alto de la montaña. Una vez terminada la travesía, los bloques de roca fueron transportados a Santiago de Chile, y luego de contar con los permisos necesarios, pudieron ser transportados al Museo de Buenos Aires para su preparación y estudio.

El trabajo publicado en Nature sobre burke suchus estuvo encabezado por Fernando Novas y Manuel Suárez, y contó con la participación de Rita de la Cruz, Federico Agnolín, Sebastián Rozadilla, Gabriel Lío, Marcelo Isasi y David Rubilar. Este nuevo descubrimiento reafirma la importancia que tiene el sur del continente sudamericano en temas evolutivos y biológicos a nivel mundial.

FUENTE: elciudadanoweb.com

Qué son las “flores de hielo” que aparecieron en la Antártida

Especialistas explicaron cómo se produce el fenómeno

El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) de la República Argentina, dio a conocer imágenes de lo que parece ser un campo de flores congeladas en la Antártida. El fenómeno se registró el jueves de la semana pasada en la Base San Martín.

Las autoridades explicaron que, en rigor, se trata de un fenómeno que se produce por la evaporación del agua. “Este fenómeno ocurre cuando se originan pequeñas fisuras en el hielo marino, por las cuales se evapora agua que se congela rápidamente al encontrarse con aire muy frío”, detallaron los expertos del SMN.

Asimismo, detallaron que se deben producir determinadas condiciones para que ocurra este fenómeno: “Para que el agua cambie de estado de vapor a sólido, se requiere también viento escaso y sal dentro de hielo poroso, que es lo que desencadenará el proceso de cristalización para crear esa especie de ‘jardín congelado'”, contaron a través de las redes sociales.

FUENTE: Página 12 – Servicio Meteorológico Nacional- Antartida Argentina

Libro revela las cartas entre Cortázar y Abelardo Castillo

Lo editó Sylvia Iparraguirre, viuda del autor de “La mamá de Ernesto”. Aseguró que su marido nunca publicó las conversaciones epistolares “por pudor”, pero cree que es momento de que se conozcan. 

Sylvia Iparraguirre y Liliana Heker anticipan “Julio Cortázar: exilio, amistad y literatura”, un libro con las cartas entre el célebre escritor Julio Cortázar con el marido de la primera, Abelardo Castillo, ambos jurados del Premio Clarín Novela. 

El título retoma la polémica del escritor con los exiliados en la dictadura, y rescata un diálogo epistolar con el fundador de la revista “El Ornitorrinco”.

“Cuando Cortázar planteó que acá no se podía decir nada, que había que irse a París a decirlo, donde él estaba exiliado, la revista planteó su posición. Liliana retoma esa polémica en el libro. Mi parte pasa por otro lado, por las cartas de Cortázar a Abelardo, que él nunca quiso publicar”, dijo Iparraguirre. 

El escritor y novelista nunca reveló el contenido de las cartas del autor de “Rayuela”, por un lado, por pudor, y por el otro porque según su mujer, “detestaba esa tilinguería pseudointelectual que se armaba alrededor de Cortázar”.

En total son ocho cartas, enviadas en  los años en que se publica “Los premios”, y después “Rayuela”, en 1963. En ellas, el fallecido autor le pide a Abelardo que le envíe la crítica de Liliana Heller sobre estos tomos.

“Ella en el libro traza una semblanza de las tres revistas que hicimos, así como de su historia personal con Cortázar y finalmente, retoma la polémica. En mi parte lo que hago es reconstruir la relación entre Cortázar y Abelardo, a partir de lo que Abelardo iba escribiendo en su diario”, explicó.

Cómo se conocieron

En 1959, Cortázar era un absoluto desconocido, y cuando lee la reseña de Abelardo “Conocí a Cortázar”, en 1960, de paso por Buenos Aires, le escribe aquella larga carta a Abelardo, a quien le llevaba unos 25 años, aunque habrá creído que Abelardo era un hombre mayor, por los términos en los que se dirige a él. Luego vendría otra, en la que Abelardo le pide un texto para “El grillo de papel”…Y Cortázar le manda nada menos que Continuidad de los parques inédito.

“Hay pasajes muy graciosos en estos intercambios: en uno Cortázar se indigna porque Continuidad de los parques se había publicado mal traducido al francés como “continuidad de las parcas”, recordó, risueña. 

También hice los facsimilares de las cartas, en las que vemos hasta las tachaduras de Cortázar. Terminamos con un texto de Abelardo dedicado a Cortázar al momento de su muerte. Son casi treinta años de historia”, cuenta.

El libro estará listo para agosto o septiembre, según calcula la autora. La escritora escribió, además, una novela en pandemia, “Antes que desaparezca”

FUENTE: Entre líneas – Cadena 3) Biografía y Memorias

Paleontólogo encontró 70 huevos de dinosaurios.

Juan Porfiri, de General Acha, intervino activamente en el hallazgo. Los 73 ejemplares encontrados son de ave y con una antigüedad de 85 millones de años del período cretácico.

Un “Sitio de Nidificación” con más de 70 huevos de dinosaurios fue hallado dentro del campus de la Universidad Nacional del Comahue (UNCo), en Neuquén, durante un monitoreo realizado por el Museo de Ciencias Naturales debido a la futura construcción de nuevos edificios en ese lugar.

huevos dino 2

Así lo confirmaron especialistas de esa casa de estudios y señalaron que los huevos fueron rescatados en un área protegida de la universidad por ser considerado un “sitio único” en el mundo por la riqueza paleontológica que contiene.

El paleontólogo Juan Porfiri, pampeano, explicó que decidieron “realizar un monitoreo de un sector del campus de la universidad dónde se van a ejecutar nuevas construcciones en un yacimiento de fósiles muy rico donde hemos encontrados serpientes y cocodrilos y donde creemos que hay mucho más por rescatar”.

huevos dino 1

“Nosotros propusimos antes de que comenzaran las obras, al haber riesgo paleontológico, hacer el monitoreo en ese sector donde años anteriores habíamos trabajado y encontrado fósiles”, indicó Porfiri, oriundo de General Acha.

También explicó que “cuando limpiaron el lugar se encontraron con un área de nidificación que tiene muchos huevos de los cuales hemos rescatado hasta el momento 73 y siguen apareciendo”.

Porfiri precisó a la agencia oficial Télam que lo que hallaron “es un sitio de nidificación que tiene 12 metros de largo por 5 de ancho”.

Sobre la base de antecedentes de este tipo de huevos que se han estudiado, el científico explicó que los hallados en la universidad son de ave y con una antigüedad de 85 millones de años del período cretácico.

El paleontólogo especificó que “tienen aproximadamente 5 centímetros de punta a punta en forma elíptica, con una cáscara sumamente lisa a diferencia de otros huevos de dinosaurios que han aparecido en la ciudad de Neuquén que son rugosos, redondos y de mayor tamaño”.

La formación geológica del hallazgo se denomina “Bajo de la Carpa” y “hace 85 millones de años era un lugar con dunas y pequeñas lagunas con un clima semiárido”, detalló Porfiri.

En las próximas semanas continuarán las tareas de rescate, aunque muchos de los materiales encontrados están en el sitio y otros se han colectado y ya fueron incorporados a la colección del Museo.

Porfiri destacó que “hay varios estudios hechos sobre estos huevos de aves, pero siempre hay nuevos aportes a través de estudios tafonómicos que se están haciendo para conocer bien por qué están depositados, qué forma de depositación tienen y, a su vez, avanzar en algún otro tipo de investigaciones”.

“El yacimiento paleontológico de todo el campus universitario es sumamente importante porque siempre aparecen materiales fósiles, incluso muchos de los que han aparecido son nuevas especies de cocodrilos, reptiles, aves y que han sido los primeros grupos de nuevas familias de dinosaurios que se han encontrado en el mundo”, explicó.

Puso como ejemplo fósiles hallados de cocodrilos “Notosuquios”, o los “Alvarezsauridos”, una familia de dinosaurios que aparecen en el campus de la universidad por primera vez y después empiezan a aparecer parientes de estos en Mongolia, en Canadá y en otras partes del mundo”.

“El campus de la universidad es conocido mundialmente y justamente por la riqueza paleontológica que tiene, lo transforma en algo único, y por eso es tan importante seguir poniendo en valor todo esto”.

“Quienes trabajan en paleontología de cualquier lugar del mundo, conocen a la universidad por su riqueza”, dijo.

Del proyecto de investigación participan estudiantes de la carrera de Geología de la UNCo que han formado parte de otras iniciativas con el Museo de Ciencias Naturales y la Secretaría de Políticas Universitarias.

“Son voluntariados universitarios con especialización en paleontología y hoy se ven ante esta oportunidad de trabajar en este proyecto”, comentó Porfiri.

El equipo de trabajo lo coordinan los paleontólogos Juan Porfiri y Domenica dos Santos y lo integran los estudiantes avanzados de geología de la universidad, Darío López, Macarena Martínez, Martín Gasparini y Santiago Sánchez.

FUENTE: El Diario de la Pampa- Provincia de la Pampa – República Argentina –

 

Hallan el fósil de un vampiro gigante en Argentina.

Arqueólogos argentinos encontraron restos de un murciélago vampiro gigante que vivió hace unos 100 mil años. El hallazgo fue hecho cerca de la localidad bonaerense de Miramar.

En concreto se trata de la rama mandibular que fue recuperada del interior de una madriguera de un perezoso gigante, en sedimentos que datan del Pleistoceno.

El fósil pertenecía a un ejemplar de la especie Desmodus draculae, que fue encontrada por primera vez en Venezuela en 1988. Su nombre hace referencia al fantasmal personaje de ficción creado por el escritor irlandés Bram Stoker.

Estos ejemplares vivieron durante el Cuaternario de América y tenían un tamaño 30% más grande que el vampiro común (Desmodus rotundus).

Los vampiros son mamíferos que solo viven en América y son conocidos por alimentarse de la sangre de otros animales.

“Son la única familia de murciélagos en el mundo que despierta curiosidad a partir de las leyendas de las Transilvania y su espeluznante conde Drácula. Pero en realidad son animales pacíficos que se alimentan de sangre de animales, y a veces de humanos, por unos breves minutos sin generar molestias, tal es así, que sus falsas víctimas ni lo presienten”, explicó Mariano Magnussen, del Laboratorio Paleontológico del Museo de Ciencias Naturales de Miramar e investigador de la Fundación Azara, donde se resguarda el nuevo espécimen.

Sin embargo, el especialista alertó de que la mordedura de uno de estos murciélagos puede transmitir rabia u otras enfermedades si están infectados.

Según el Museo de Ciencias Naturales de Miramar, otro detalle importante del descubrimiento de esta mandíbula, es que ofrece datos paleoambientales y paleoclimáticos para el Pleistoceno superior, pues su pariente más directo, el vampiro común (Desmodus rotundus) actualmente se encuentra a 400 kilómetros al norte de la ubicación del vampiro miramarense. Por lo tanto, las condiciones ambientales del sitio del arroyo La Ballenera habrían sido diferentes a las de hoy.

El Desmodus draculae fue el último de los grandes mamíferos voladores y se extinguió durante la época colonial, en 1820 aproximadamente. Se estima que la causa fue la llamada Pequeña Era de Hielo, un período frío que abarcó desde comienzos del siglo XIV hasta mediados del XIX.

FUENTE: SPUTNIK MUNDO-

El narrador que hacía llorar a Borges.

Una valiente reedición de Manuel Peyrou, el narrador que hacía llorar a Borges.

Héctor María Monacci, docente en la UBA, rescató la obra de Manuel Peyrou, el narrador cuya fama estuvo ligada a Jorge Luis Borges.

Manuel Peyrou formó parte de una de las cofradías más prestigiosas de la literatura argentina. Se codeaba con Borges, Bioy Casares y los demás integrantes del grupo Sur.

Fue aquilatando su pluma en medios periodísticos de diversa índole como Los Anales de Buenos Aires (revista dirigida por Borges) y los diarios La Prensa y Crítica. A los 42 años publicó su primer libro de cuentos, La espada dormida (1944). Tiempo después, su novela El estruendo de las rosas (1948), terminó consagrándose como autor de relatos policiales.

Las tramas fantásticas, costumbristas y de misterio completaron una producción de reconocida calidad y perdurabilidad. Todo lo cual hace aún más inexplicable que fuera desapareciendo paulatinamente del mercado literario.

Peyrou, en efecto, ha ostentado, hasta hace poco, el atributo de escritor injustamente olvidado.

Ya no lo es, en estos días, gracias a Héctor María Monacci, docente en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, quien se empeñó, como fiel y ávido lector, en rescatar toda la obra publicada y la que permanecía dispersa de su admirado Manuel Peyrou.

Completó la titánica y valiente tarea la editorial Libros del Zorzal que, durante la crisis del coronavirus, lanzó diez volúmenes compilando la producción del escritor. Una proeza cultural para aplaudir de pie.

Héctor Monacci, en diálogo con el programa La Conversación de Radio Nihuil, explica algunas claves de esta verdadera patriada.

-Suponemos que te habrá dado mucha satisfacción, Héctor, el ser parte de este encomiable proyecto editorial de largo aliento.

-Absolutamente. Satisfacción y placer son palabras clave acá.

-¿Por qué?

-Porque me volví a acercar como lector a Manuel Peyrou, en primer lugar. Y la clave, como decía, es el placer que me produjo; además de recuperar la sorpresa de su relativa desaparición del panorama literario. Mejor dicho, desaparición del panorama editorial; del literario es más difícil, porque siempre quedan lectores fieles.

-¿Qué alternativa les fue quedando a estos lectores fieles?

-La compra de ejemplares de segunda mano o recurrir a librerías de calle Corrientes. Ese era el mecanismo que quedaba a mano antes de este acto de valentía de Libros del Zorzal de emprender, en plena pandemia, la publicación múltiple. Es decir, recuperar la obra entera e, incluso, parte de la obra no publicada.

-Peyrou, además de la calidad de su pluma, cultivaba géneros populares como el policial o el fantástico. O sea, no era un escritor secreto ni de culto. ¿Por qué autores como él desaparecen de escena?

-No tengo una respuesta segura a eso. Me parece que las fuerzas del universo conspiran contra la permanencia de los autores en general. Se necesita, para mantenerse en el candelero, que haya esto: edición continuada, reedición, programas de radio que lo rescaten, lectores interesados que lo promuevan. Es el mejor de los resultados posibles desde este punto de vista: tenés por descubrir a un autor que, en su momento, tuvo una fama…

-…ligada a Borges.

-Claro. La cumbre es Borges. Y estar cerca de Borges puede que signifique quedar a la sombra de Borges. Pero, sí, Peyrou era un hombre famoso y efectivamente transitó por géneros populares, fáciles de leer, de mucho consumo.

-Como el policial, según veníamos diciendo.

-La explosión del policial argentino en la década del treinta en torno de la Revista Multicolor del diario Crítica y de las revistas literarias en general y, después, a la publicación de libros de cuentos o novelas policiales, significó un boom de consumo. Así que estuvo lejos de ser un autor secreto. Pero pasó a ser eso con el tiempo.

-En lo estrictamente personal, ¿qué te motivó a dar esta pelea hasta lograr la publicación de los diez libros de Peyrou?

-Me acerqué como lector, como dije. Por ejemplo, “La noche repetida” es un cuento que tiene el reconocimiento explícito del propio Borges. Decía que era el único cuento que lo hacía llorar. Es un autor que consigue tal elogio, no por haber sido amigo de Borges, sino que es un elogio sincero. O sea, estás ante un autor que tiene un manejo del lenguaje, de la pintura de personajes, de las tramas, de gran nivel. Por lo tanto, siendo un gran escritor, es un poco misterioso cómo puede desaparecer, salvo para los iniciados.

-¿Y cómo fue que lo trajiste de vuelta? ¿Cómo se te ocurrió? Lo tuyo parece, también, una historia de Peyrou.

-Empecé a leerlo. Yo tenía un par de libros suyos en mi biblioteca, heredados de mi padre; una novela y un volumen de cuentos, además de relatos sueltos en antologías. Me puse a comprar los que me faltaban. Los devoré. Y, ahí, la idea surgió sola. Me dije: esto merece ser leído nuevamente de manera masiva y no con las dificultades de un escaso mercado de segunda mano.

-¿Cómo siguió la cosa, a partir de ahí?

-Lo difícil era encontrar una editorial que tuviera, en 2020, la valentía de animarse con un proyecto tan importante.

-Libros del Zorzal la tuvo. Y con una factura estupenda en la edición.

-Los diez libros son fantásticos. Lo que hizo la editorial le agrega al valor literario de Manuel Peyrou muchos otros valores. Es una maravilla para tener en las manos: el papel, la diagramación, las tapas, las ilustraciones…

-Peyrou falleció en los setenta y hoy no es muy conocido. ¿Cómo se hace para introducirlo entre los jóvenes?

-Lo mejor que pueden hacer es intentar de a poco. Para un lector casual y que se acerca por primera vez, recomendaría los cuentos, naturalmente, como la gran vía de entrada. La lectura de largo aliento, como es una novela, supone ya un lector ávido.

-Por otra parte, en los cuentos Peyrou cultiva géneros populares, como veníamos subrayando.

-Creo que los cuentos policiales a todos nos gustan, de algún modo. Después, hay otros que, no siendo policiales, están dentro del mejor nivel de lo que se haya escrito en la Argentina: cuentos fantásticos o costumbristas que lo ponen en ese nivel.

-Las novelas también tienen sus particularidades específicas, ¿no?

-Las novelas presentan otro tipo de placer. Hay en ellas una manera muy especial de Peyrou de revivir la ciudad de Buenos Aires. Él era un porteño recalcitrante, que vivía y se movía por el centro. Estaba muy en la calle y era muy realista en sus descripciones.

-O sea, lo suyo era una manera de ser y de escribir.

-Según una teoría que desarrolló en la etapa de su madurez, no había que escribir de lo que uno no sabía y no conocía. Al parecer, recorría los lugares y se preciaba de que sus descripciones eran como fotografías.

-Tuvo, también, otras inquietudes, además de las literarias.

-Describió, a la vez, el clima político de la época. Era un autor muy crítico de todo lo que invadiera la libertad individual. Fue muy crítico del peronismo, de los regímenes dictatoriales, de cierta clase alta y snob…

-Y hasta de la Iglesia.

-Muy crítico de la Iglesia, totalmente. Es decir, era un personaje muy particular, muy señorón, con un manejo del humor y la inteligencia, al mismo tiempo. Digo esto para no asociar al señorón con la cosa vetusta, caduca.

-Claro. Hay novelas, como Las leyes del juego, en donde el peronismo está omnipresente durante todo el relato.

-La crítica que Peyrou hace en materia de política argentina incluye al peronismo, pero es más amplia que el peronismo. Creo que se fue desencantando. El siglo XX en Argentina ha sido difícil, al menos en la segunda mitad. Pero, para un hombre que se sentía partidario de la libertad y demócrata, había, sí, mucho para criticar.

-Cuando uno lee que a Peyrou lo consideran “el Chesterton argentino”, no sabemos si corresponde. ¿Cuál es tu opinión?

-Entiendo porqué lo dicen, pero yo mismo tampoco lo diría. Lo que hay ahí, dentro del género policial, es la figura y la función del detective, el padre Brown y todo eso. Pero se agota rápidamente. Y, por otro lado, desde el punto de vista de los defensores de Peyrou, es empobrecedora esa comparación.

-¿Por qué?

-Porque él empezó siendo un escritor que trasladó al policial de origen anglosajón, pues su primer detective es un británico argentino. Pero después evolucionó.

-¿Hacia dónde evoluciona?

-Creó un género policial propiamente argentino, sino propiamente porteño, incluso, porque esa era su tendencia natural. Entonces, plantearlo como “el” Chesterton es como dejarlo en un papel de maniquí. Y no. Fue un hombre creador, dentro del género también.

-Además, alejado de cierto aire santurrón que tiene Chesterton.

-Absolutamente. En ese punto es el polo opuesto, sin duda. Era un crítico mordaz de algunos aspectos de la religión.

-Otro rasgo significativo es el papel central que ocupaban los diarios en este tipo de autores. Roberto Arlt, Borges, etcétera, escribían y publicaban ahí. Ni qué hablar, años atrás, de Sarmiento y compañía. Hablamos de la raza de los periodistas escritores. Parece difícil que hoy subsista esta relación, ¿no?

-Claro. Me parece que la prensa, en su momento, tenía dos papeles difíciles de reemplazar y es difícil que vuelvan. Uno, la condición de escuela. Eran escuela de redactores, de escritores. La gente que trabajó cerca de Peyrou en su vertiente de hombre de prensa siempre destacó la absoluta profesionalidad con la que se manejaba. Eso tiene que haber sido para él y para centenares de otros, una escuela que los acercaba al dominio de una herramienta que, después, serviría para la literatura.

-¿Cuál es el segundo papel?

-Un fenómeno muy interesante. Si vos trabajás en un diario sensacionalista de la década del treinta, en la sección de policiales, ¿a qué distancia estás de ser un escritor de cuentos del género? Estás ahí. A la vuelta de la esquina.

-Una escuela con los trabajos prácticos incluidos.

-Es que estás mezclando datos de crímenes reales con lo que vas a aprovechar para los argumentos de tus cuentos. Digamos, estás aprovechando no solo la escuela de estilo y un modo de comunicar, sino, también, las historias.

-Aparte, tenía a su disposición un medio ideal.

-En el diario Crítica, como decíamos, ese suplemento, la Revista Multicolor de los Sábados, era un experimento gráficamente rompedor, vanguardista y, desde el punto de vista comercial, masivo.

-Tenían un gran peso dentro de la sociedad que hoy se ha perdido.

-A mí me tocó, en uno de esos momentos tristes de la vida, tirar material que mi padre había guardado durante décadas. En las cajas encontré suplementos que publicaba, especialmente, la revista Billiken y que se usaban en el marco de la escuela. Ahí estaba también el poder de la industria editorial argentina aprovechado de otras maneras. O sea, había allí una riqueza anexa. Por lo tanto, sí, todo eso era una escuela para la literatura y una escuela para la vida en general.

-No sabemos si hoy el fenómeno pervive, pero, al menos, hay escritores que siguen publicando buenos textos en los periódicos, así sea en su versión digital, como Pérez Reverte, Rosa Montero, Javier Marías…

-No estoy seguro. Pero, mirá. Hay un sobrino de Peyrou, Oscar Peyrou, que vive en España. Fue un compañero de relectura de la obra de su tío y de análisis de todo el texto. Son unas dos mil páginas las que hemos leído juntos antes de que interviniera la editorial.

-¿A qué se dedica Oscar?

-Es un autor publicado. Escribe cuentos, pero es un crítico de cine, cosa que también fue su tío.

-Todo esto enmarca, como decíamos, la relación entre la labor periodística y la literaria de muchos autores.

-Ahí tenés un ida y vuelta, muy propiamente argentino, por otra parte. Ateniéndonos sólo a lo publicado, Manuel Peyrou empezó con colaboraciones en la prensa y, bastante después, pasó a sacar libros en editoriales. Ya tenía 42 años cuando publicó su primer libro.

-Peyrou pertenece a un grupo de alta alcurnia literaria y, como Borges, en algún momento deriva su literatura hacia el malevaje o el cuchillero porteño. ¿Cómo influye la época, la década infame, etcétera, en personajes como él?

-Es interesante. No lo había pensado. Es cierto que esos jóvenes que son, más o menos, de la generación de Borges, cuando se acercan a un género tan popular como el del malevo, el de las orillas, el del policial, están haciendo algo muy especial. Pero no llegan desde la posición de autores consagrados.

-Claro, eso vendría mucho después.

-Con Borges se termina construyendo una especie de prócer de la literatura argentina, que corre el riesgo hasta de ser una figura aburrida capaz de escribir cuentos de altura descomunal, llenos de filosofía, de referencias cultas, de mitologías, de un manejo brillante del lenguaje y de todo lo demás. Pero la obra estrictamente policial es más temprana en ambos autores. Era la literatura que les divertía en ese momento. Hay mucho de lúdico ahí.

-Otro rasgo notable de Peyrou es la descripción tan precisa y elocuente de los personajes. Lo hace con breves pinceladas de infrecuente brillantez.

-Aquí se ven dos cosas. Primero, que es un placer leerlo. Y el origen de ese placer es la inteligencia aplicada al humor. La síntesis en tres o cuatro palabras te permite imaginar al personaje, identificarlo con alguna experiencia tuya y te mete de lleno, te lleva de las narices al argumento. Eso es un don. Pocos autores brindan una lectura tan placentera.

FUENTE: DIARIO UNO – ANÁLISIS Y OPINIÓN – Por Andrés Gabrielli

“¿Para qué seguir engañando, si tenemos memoria?”

Porqué será que el tema “No llores por mi Argentina?, sigue tan vigente.

Con más de un 70% de pobreza infantil en el Conurbano, comercios y pymes que cierran y millones de trabajadores que no llegan a fin de mes y ahora pagarán retroactivos. Con esa realidad, la política aumentó un 40% sus sueldos. ¿Perdieron el sentido común o el corazón?”. Esa fue la interpretación de Florencio Randazzo de la decisión de aumentar ese porcentaje a los empleados del Congreso –y por ende a los legisladores– de Cristina Kirchner y Sergio Massa (probablemente obligado porque en 2020 había propuesto reducirse los sueldos en pandemia).

Randazzo, con un discurso más parecido a Macri y Bullrich que al peronismo tradicional de Schiaretti y Perotti, hizo una lectura de comentarista popular: “Ellos se aumentan el 40 y a nosotros nos dan el 29”, sin entender que lo último que le preocupa a Cristina Kirchner es cobrar 11% más de aumento en su sueldo de senadora.

Quien sí entendió de qué se trataba fue Artemio López en su columna de ayer en PERFIL y los lectores de Perfil.com, quienes la mantuvieron todo el día como la primera entre las más leídas (leer “La señal de Cristina Kirchner…” ):

  • “La decisión electoral corresponde al 40% de la población integrante de los segmentos medios y medios bajos que vota de acuerdo a la mejora o no de sus condiciones de existencia material”.
  • Y “se observa hoy un 40% de electores aún indecisos allí donde las fronteras ideológicas se tornan líquidas que definirá su voto estrictamente sujeto a la lógica de mejoras socioeconómicas”.
  • “La señal (de Cristina) es tan poderosa, dado que en modo alguno el Gobierno debe promover paritarias por debajo del 40% si es que quiere cumplir con su contrato electoral del año 2019 y que efectivamente los salarios crezcan por sobre la inflación”.

El problema de fondo es que esa promesa es incumplible cuando por la pandemia el producto bruto cayó 10%, como sucedió en 2020 (9,9%), y ya venía cayendo en 2019 y 2018 más de 2% cada año. Muy simplificadamente, si el producto bruto cayó el 10%, es lo mismo que decir que la suma del flujo (lo nuevo) de los dos sectores: el asalariado o el capital, perdió ese 10%.

Queda solo apelar a lo viejo (el stock de lo acumulado: ahorros, capital) y el futuro (deuda). El Estado puede promover una redistribución del ingreso que le dé más a un sector que al otro en los momentos de crecimiento (el 50% para el capital y 50% para el trabajo que demandaba Perón), pero difícilmente se logre cuando las empresas no solo perdieron su rentabilidad, sino su stock –capital–, que en los últimos dos años se les redujo a mitad y en muchos casos se consumió hasta extinguirse.

Aunque incompleta, una medida es el índice Merval que promedia el valor de todas las empresas que cotizan en la Bolsa de Buenos Aires, y era de 700 dólares en 2019 y descendió a menos de la mitad. Esto vale para las empresas más grandes del país, pero la pérdida del capital es aún mayor para las pymes que emplean a la mayoría de los trabajadores argentinos.

Las paritarias regulan los sueldos de los empleados en blanco cuando la cantidad de trabajadores que están en negro o, peor aún, realizan trabajos no mensualizados, son la mayoría. En un país como la Argentina, las paritarias son ya un tema de la clase media. Por lo que es bien probable que Cristina Kirchner piense que la clase baja la votará de cualquier manera y lo que esté disputando ahora sea el voto de la clase media.

En síntesis, no habría mago económico que pudiera hacer que los sueldos le ganen a la inflación después de una pandemia: paritarias con un porcentaje mayor recibirán como respuesta una inflación mayor y su resultado, neutralizarse.

El Estado podrá aumentar las tarifas por debajo del porcentaje de las paritarias y reducir el impuesto a los sueldos, como viene haciendo generando un efecto en el  poder de compra del salario. Pero si las paritarias, en lugar del 29%, van a 40%; la inflación, en lugar del 40%, irá al 50%, y no se alcanzará que los sueldos le ganen a la inflación en momentos de crisis.

Por tamaño, sistema de gobierno, geografía atlántica y tipo de exportaciones, Brasil es el país más parecido a la Argentina. En 2020 su producto bruto cayó 4% y en 2021 crecerá 4% recuperando este año todo lo que perdió con la pandemia el año anterior. La Argentina recuperará este año solo el 60% de lo que cayó el año pasado: caímos diez por ciento y recuperaremos seis. Esos cuatro puntos del producto bruto que quedarán perdidos en el acumulado de estos dos años corresponden la mitad a Macri y la otra mitad a Cristina Kirchner.

Dos por ciento es la caída anual que Macri dejó por arrastre en sus últimos dos años y otro dos por ciento podría asignarse a la falta de confianza que genera el kirchnerismo tratando de encontrar la cuadratura del círculo. Pero a Alberto Fernández le caben ambas responsabilidades: la de no haber podido modificar la inercia de la herencia de Macri y no haber podido anular la influencia negativa de Cristina Kirchner.

Brasil tuvo casi medio millón de muertos por covid contra 80 mil de la Argentina: casi seis veces más muertos con casi 5 veces más población (el equivalente serían 20 mil muertos más en la Argentina). 

A pesar de tener una economía mejor, Bolsonaro perdió las elecciones por priorizar la producción al combate del covid (ahora hasta la Copa América). Falta ver cómo valorará el votante argentino la gestión de Alberto Fernández en el control de daños de la pandemia y cuán efectivas son las críticas de la oposición en ese sentido. La citación de los laboratorios al Congreso y el lanzamiento de la fabricación de Sputnik en la Argentina esperan anularlas. Habrá que ver si lo logra.

FUENTE: Jorge Fontevecchia – Co-fundador de Editorial Perfil – CEO de Perfil Network

 

Cortázar y el viaje imaginario de las clases medias

Después de publicar los libros de cuentos contenidos en Bestiario (1951), Final del juego (1956) y Las armas secretas (1959), que lo hicieron cada vez más conocido y estimado, Julio Cortázar dio a conocer Los premios (1960), su primera novela publicada, ya que antes había escrito, hacia 1950, otra novela, El examen, solo editada después de su muerte, en 1986.

Los premios cuenta la historia de un grupo de ganadores de una lotería, premio que consiste en un viaje en barco, el Malcolm, un viaje que nunca, realmente, se realizará. Se trata de una novela todavía tradicional, planteada como de aventuras, “a la Verne”, muy bien organizada y urdida, con los ingredientes que supone una actualización del género fantástico, sin que por eso deje de haber una explicación final, permitiéndose la interpretación alegórica y una clara diferenciación entre “buenos” y “malos”. Estos últimos son los que impiden, con su poder, el acceso a la popa, un territorio vedado en el barco y, se entiende, en un mundo parcelado, cercado, en el que sería necesaria una mayor libertad.

Existe, por otra parte, un personaje fuera de la acción, Persio, corrector de pruebas en una editorial, quien a partir de sus vivencias y observaciones formula filosas reflexiones tanto sobre el contexto nacional como sobre el universo entero.


Se reelaboran también ciertos motivos permanentes en su literatura: el infierno, el barco de la muerte, la lucha contra el Minotauro, Jonás con la ballena, la búsqueda del Tao, el descenso a las Hades.

Por otra parte, los soliloquios de Persio (uno de los precursores subterráneos del Morelli de Rayuela), la ignorancia sobre los verdaderos motivos de la frustración, o el que éstos sean triviales, y la imposibilidad de acceder “al otro lado” por la existencia de barreras oscuras y permanentemente secretas, sitúan a Los premios en la prolongación –indecisa– del fantástico cortazariano.


Los premios puede, así, llegar a leerse como una radiografía íntima de la Argentina de la época, como el viaje imaginario de las clases medias, sostenido por el frondizismo y el kennedysta. Los años que van desde la caída del peronismo (septiembre de 1955) al triunfo electoral de Arturo  Frondizi (febrero de 1958), y hasta el comienzo del ejercicio del gobierno, antes de la adopción de las más importantes medidas en el campo económico y cultural que irían a contramano de lo prometido, se caracterizan por una toma de conciencia creciente de las capas medias y de los intelectuales, dispuestos a encabezar cambios profundos en las estructuras económicas y sociales.

Para una lectura de esta índole, la novela aparece recorrida por cierto hálito de modernidad, de mundanidad; una suerte de pretensión por parte de sectores medios para que, a pesar del subdesarrollo, ese orbe indefinible y representativo del país esté a la altura de los nuevos vientos industrialistas y progresistas que soplan por el mundo.

La presencia, en el grupo, de exponentes de diferentes espacios sociales y culturales, la batalla final que se libra contra los tripulantes, la organización misma de la anécdota, pugnan por retener la novela en los límites de la tradición literaria (condimentada, es cierto, por la novedad de un lenguaje muy elaborado y matizado, y de una historia en la cual mucho pasa en el interior de los personajes aunque nada parezca finalmente suceder en el exterior).

La contextualización de la novela es, sin embargo, bastante nítida. Por ello, no han faltado quienes observan (David Viñas, principalmente) la curiosa ausencia del peronismo y del más mínimo comentario sobre él en un texto de pretensiones tan representativas y donde hay personajes que no se podrían omitir u olvidar.


Aludiendo al carácter descriptivo social y a las intenciones más o menos alegóricas de la novela, declaró Cortázar en su oportunidad: “Se me ocurre que Los premios es un espejo sin pretensiones, pero bien azogado”.

Y respondiendo a una carta de Emma Sperati Piñero con observaciones críticas respecto de la novela, escribía en octubre de 1961 palabras que tienen mucho que ver con ello: “este golpe de timón /…/ me está llevando a cosas mucho más interesantes que los cuentos fantásticos. /…/ Aludo a una necesidad que se me ha vuelto insuperable de hacer frente a otra visión de la realidad en que estamos metidos”.

Hay, asimismo, algo quizá más profundo todavía, y es un tema que atravesará buena parte de la vida de Cortázar, pero que en este momento parece estar planteándose con fuerza a raíz de sus propios cambios geográficos y de sus decisiones internas: las alternativas entre Europa y América, el conflicto sobre dónde (y cómo) estar.

Los premios, en un nivel un tanto más oculto, parecen dar cuenta de esta tensión, que luego se hará explícita en Rayuela. Ella está presente, aunque algo subterráneamente en el texto, en ese barco que es un ensamblaje de pedazos europeos: los capitanes Lovatt y Smith, este último con acento de Newcastle; el médico francés; la tripulación que puede ser danesa u holandesa; las balas de Rotterdam y, en fin, la mezcla de lenguas.

Defendiéndose contra todo tipo de críticas, a las que tan sensible era, tanto las que le reprochaban haberse dejado llevar por la facilidad y abandonado la buena escritura como las que aún no lo hallaban del todo comprometido en su alejamiento parisiense, declaraba en 1963: “Es muy fácil advertir que cada vez escribo menos bien y ésa es precisamente mi manera de buscar un estilo. Algunos críticos han hablado de regresión lamentable, porque naturalmente el proceso tradicional es ir del escribir mal al escribir bien. Pero a mí me parece que entre nosotros el estilo es también un problema ético, una cuestión de decencia. Es tan fácil escribir bien. ¿No deberíamos los argentinos (y esto no vale solamente para la literatura) retroceder primero, bajar primero, tocar lo más amargo, lo más repugnante, lo más horrible, lo más obsceno, todo lo que una historia de espaldas al país nos escamotea tanto tiempo a cambio de la ilusión de nuestra grandeza y nuestra cultura, y así, después de haber tocado fondo, ganarnos el derecho a remontar hacia nosotros mismos, a ser de verdad lo que tenemos que ser?”.

Parece, pues, estar dirigiéndose hacia una búsqueda más moral que estética, o que ponga, por encima de los ideales estéticos, y sin abandonarlos, contenidos éticos, que privilegie éstos.


Ese conflicto, que a partir de los sesenta se irá haciendo cada vez más nítido, provocará cambios fundamentales en su vida y en su obra. Como fuere, se ve bastante claro que su atracción por la política, por la sociedad, era muy fuerte desde antes de la Revolución cubana y sus evoluciones.

Y quizás se vea algo más interesante todavía: cómo vincula estrechamente su escritura,  “los  modos de decir”, la lengua, con un mundo exterior, social, político y, sobre todo, de valores.


FUENTE: Página 12 Mario Goloboff -escritor y docente universitario-