La Institución es…la fila.

En Buenos Aires, si no haces
una fila para pagar tus servicios,
tus impuestos,
tu jubilación o pensión,
ingresar a un teatro o cine,
o a un espectáculo deportivo,
tu turno en la farmacia,
verdulería o carnicería,
shopping o supermercado,
denuncias ante la sede comunal
y así tantas otras locuras,
por más que alguno lo tengas
con débito automático a través
de tu tarjeta de compra o crédito ,
dejas de respetar la institución
de la fila con su origen histórico,
y pierdes tu condición de porteño,
te excomulgan de tu culto,
te borran del padrón electoral,
qué entre tú y yo te comento
Que siempre pregunte para que sirve
-y nadie supo contestarme-
porque cualquiera sea el color
siguen robando desde la época de la Vieja Aldea.
Conclusión:
de ciudadano de  o 
categoría pasas a ser un paria,
mal mirado hasta por tu familia…

Desplazados por la guerra – Inmigrantes Siglo XXI

Hubo mucha gente que puso el grito en el cielo cuando el gobierno anunció la apertura de sus fronteras para una importante cantidad de emigrantes sirios, que escapan de la guerra interna.
El segundo hijo de Hatem Baduan, el jefe de familia, que se llama Fares; padre de familia, solo él hace cuatro años y medio, de una guerra sin fin sangrienta y dolorosa, en su Siria natal dominada por la barbarie del califato radical del ISIS, por un lado y por la otra las acciones brutales del régimen de Assad que afectaban la población civil.
Conociendo que algunos paisanos se encontraban en Buenos Aires, llego como un inmigrante más a nuestro país, crisol de descendientes de distintos orígenes y etnias y que por ello resulta difícil encontrar un verdadero criollo por estas pampas. De los pueblos originarios, los conquistadores del siglo XV masacraron a muchos y al final del siglo XIX, las familias patricias o poderosas con la iniciativa de un malévolo Roca, iniciaron la Conquista del Desierto –que no fue otra cosa que hacerse de la tierra de los indígenas- masacrando a hombres, mujeres y niños por igual. En algunos casos, tomando prisioneros utilizándolos como mano de esclava o cuerpos humanos vivientes para las investigaciones del científico Perito Moreno (disfrazado prócer como tantos otros de nuestro país) verdadero embrión del Doctor Mengele, pobre y miserable figura del nazismo alemán.
Pero volvamos al inicio, porque mi memoria puede traicionarme e irme del tema central para demostrar que la Argentina maravillosa que tenemos, no es ni siquiera de los ciudadanos que la habitan e ilusoria mente lo creen.
Cuando llego fue recibido por la comunidad siria en Argentina y prontamente auxiliado no solo con las limitaciones del idioma – hoy habla un perfecto castellano- su experiencia en la gastronomía, le permitió alquilar primero, comprar luego una de esas casas que quedan en Buenos Aires en un barrio llamado Villa Crespo, con características de casa “ chorizo” (se le dice así a las propiedades en una sola planta que tienen una antigüedad entre 70 y más de 100 años, con las habitaciones en fila hacia la izquierda, y una puerta cancel de dos hojas más un corredor con patio generalmente descubierto).
Así nació hace unos dos años y medio, Al Fares (el caballero en lengua árabe) un modesto restaurante árabe, que posee una exquisita cocina sirio-libanesa.
Hace un año llegó otra parte de la familia a Buenos Aires. Los padres de Fares, una hermana de 16 años y un niño de 10, que va a la escuela griega del barrio y ya habla español “mejor que yo”, asegura.
Pronto, en algunas semanas, el hermano mayor emprenderá el camino hacia el Líbano y desde allí tomará un vuelo a Qatar y San Pablo, para recalar finalmente en Buenos Aires, donde tendrá lugar el reencuentro con su familia. Es que en Damasco, el aeropuerto desde hace tiempo no funciona.
Hatem, un hombre de barba, cristiano como todos los Baduan, muestra una sonrisa permanente, lo que nos lleva a decir que tiene “cara de bueno”.
También la reseña de su página web nos cuenta que eso de que los sirios toman mate como nosotros, no es ningún mito. Sólo que cada uno tiene el suyo propio porque allá se lo ingiere en forma individual.
Ya dijimos que por ser cristianos, en Al Fares hay bebidas alcohólicas. Vino y cerveza. Y por ahí vemos un narguile, que en algún momento del día se enciende e invitan a los clientes que quieran probar.
La comida de Al Fares es tal y como los Baduan la hacían en Damasco. A través de sus paisanos logran traer algunos insumos que aquí no tenemos, por lo cual es una comida verdadera, auténtica.
Hatem trajo a la mesa los entremeses típicos de la cocina de Medio Oriente, como hummus (impecable por su suavidad), matbal (puré de berenjenas con yogur, ajo y aceite de oliva), el clásico tabule con trigo burgol; hojas de parra rellenos de carne y arroz (hay otra variedad que se hace con verduras).
Una enorme fuente redonda de acero, traída de Siria, nos abrumó con otro plato típico llamado Uzi, rotundo y para al menos 20 personas. Luego de servirnos, invitó a probarlo a unos clientes y luego la familia entera terminó degustándolo junto a nosotros. Hatem nos dice que en su país se hace con carne de cordero y no de vaca, como aquí. Además lleva arroz, arvejas y almendras tostadas.
Esto es apenas una muestra de lo que ofrece el restaurante. Hay también arroz a la persa; shawarma en varias versiones; burak de queso; kebe frito como croquetas de carne picada, trigo, cebollas y nueces; o también al horno y crudo (que el dueño de casa prepara frente a los comensales); los famosos “fierritos” llamados shish de carne bovina y pollo; musaaka (como la griega pero sin carne).
Los fines de semana preparan la “parrilla árabe”, los fierritos que salen acompañados por cebollas y morrones.
Y para el final, nos sirvieron baklavaharise (de sémola y caramelo con ralladura de coco) y knafeh con nueces.
Los precios son otra historia, increíbles para una ciudad sobre valuada en el concepto de los gastronómicos. Si te gusta la cocina árabe, y no quieres hacer cola como en Sarkis y tomarte un vinito (donde los dueños son musulmanes eso está vedado), la mejor opción es Al Fares, donde Hatem te recibirá chapurreando algo de castellano (entiende todo). Es todo un caballero y su familia muy hospitalaria.
He ido a cenar algunos sábados y realmente la modestia del lugar, es superada holgadamente por la exquisitez de su gastronomía y la amabilidad sin tregua, que uno recibe. Hay que llegar temprano, porque luego de las 9 de la noche seguramente habrá que esperar en la calle Araoz 1047 y Avenida Córdoba, en la Ciudad de Buenos Aires. Es un lugar mágico con lo exótico de la comida de Medio Oriente.

Cuestión de época

Nací y fui tan feliz con The Beatles

como telón de fondo en mi adolescencia,

luego vendrían Creedence Clearwater Revival

y los locales Almendra, Sui Generis, Los Gatos.

Me hablaban del tango, y solo me sacaban

una sonrisa socarrona, como mueca de lo pasado.

Hablar de tango en la década del 60, del mayo francés,

de la revolución musical y la libertad que nos inflamaba

a todos, hasta llegar por así decirlo al descontrol,

era sinónimo de lo antiguo, del hombre llorando por una mujer

o de los cuchilleros orilleros del ilustre Jorge Luis Borges.

Pero como todo, la juventud se escurre entre los dedos.

Y luego de ser fan de una banda, los gustos amplíaron

la base de datos que poseia en mi cerebro.

Comprendí el tango, escuchando el “ Adiós Nónino”

del maestro e incomprendido maestro, Astor Piazzolla.

Y fue allí, que agregue a mi archivo personal

algunos tangos instrumentales, como otros con

voces como la del uruguayo Julio Sosa y el negro Lavie.

Así llegue a tener una colección no de objetos,

si de emociones y sentimientos que se expresan

a mis espaldas, cuando en este mismo momento escribo.

Tango que me hiciste mal, y sin embargo te quiero…

NN

Había caminado hacia el puerto.
Sentía hacia un tiempo la necesidad
de visitarlos.
En aquel momento no fue fácil, las obras
para hacer más bonita a Buenos Aires,
la vestían en un caos insoportable.
Asombrando a turistas desprevenidos
que no les interesa si es “cartón pintado”
que como toda urbe, esconde en su periferia
sus desoladas y grandes miserias.

Pero era mi necesidad de acompañarlos.
Los encontré en el galpón de siempre
que ya es propio para la familia.

La mayor alegría la recibí de los niños,
dándome la bienvenida con una sonrisa
a cambio de esos caramelos frutales,
qué tanto les gustaban.

Extrema pobreza; vivir como se puede,
cartoneando, una changa, lo que fuera
o buscando a la espera del decomiso
en un restaurante de comida rápida.

¿Excluidos? Si desde ya, como tantos!
Pero déjame decirte algo,
¡Son más dignos que tú o yo!
Si escucharas lo que tienen para decir…

Vida nuestra de cada día

No podía dejar de mirarla
desde la mesa del mismo bar
de siempre. Atardecía en Buenos Aires,
pesado el clima, enojada su gente.

Por ahora se entretienen y sufren
con los aburridos spots políticos,
vacíos y con falsas propuestas y discursos.
Maquiavelo, no lo podría hacer mejor.

Vi sus lágrimas, en un sollozo
convulsivo. Le pedí permiso,
le pregunté si podía sentarme
un sí nervioso fue la respuesta,
acerque una silla y en silencio me quede
dejándola fluir en su dolor inmenso.

Perdí el empleo y con ello, mis sueños,
me dijo.
Y cuantos hoy viven esto sin poder,
preguntar razones.
Cuantos pocos son, los que destruyen
sueños juveniles.

Conversamos un rato, la tranquilice
le di en el dorso de mi tarjeta,
el nombre y teléfono de un gran amigo
que seguro le haría un lugar en su empresa.

Sonrió, me agradeció.
Me llamo al otro día, exultante
porque la entrevistaron y le dieron
la posibilidad de seguir soñando.

Pero cuantos otros miles…continúan así
y solo si son afortunados, ensamblados
volviendo a la casa de sus padres.

Mi ciudad

Cielo color gris plomo y leve llovizna
en el atardecer de Buenos Aires.
Le da más nostalgia, aun a la que ya posee.
Pero es tan multicultural, que no te aburres nunca.

Vayas, donde vayas encontrarás ese lugar
que siempre en tu vida has buscado
para sorprenderte y tenlo por seguro
que no dejaras de hallarlo y emocionarte,
como para no irte jamás.
Así de misteriosa y bella, es mi Buenos Aires.

Inmigración y Barbarie.

Diosa de mi vida, estrella fugaz que cada día pasas por mi ventana, dejándome besos luminosos. Ya debo dejarte, ya comienzo mi caminata nocturna visitando a los “sin techo” de mi ciudad, hoy por ejemplo he llenado mi mochila de golosinas, para escuchar las risas de los niños.
Sus padres, no. Prefieren que hable con ellos. Uno más entre la miseria más extrema, que otros provocan sin darle asco alguno, solo los llaman “los invisibles”
porque mis amigos se niegan a ser trasladados a refugios en donde los separan, los maltratan, sufren robos recurrentes, ni hay quien les ponga un oído amigo.
El entretejido social de mi ciudad, se viene desgarrando desde hace décadas, hay muchas ONG que valientemente y con esfuerzo; se ocupan de Norte a Sur, de Este a Oeste, pero no alcanza. Con el hambre, no se puede.
Además los inmigrantes limítrofes que se suman; que negando de mi parte cualquier sentimiento de xenofobia, reciben planes sociales, pagados por quienes contribuimos día a día con nuestros impuestos. Se dice, que dejando afuera a los jubilados y pensionados del sistema, hay entre cinco y siete millones de subsidios, de los cuales el 50 % lo reciben extranjeros.
Que problema ocasionaríamos a nuestro hermano Paraguay, si les enviamos a los 2 millones de residentes de esa nacionalidad, de regreso a su país. Paraguay dejaría de crecer a una tasa del 4,2% con un desempleo del 6,2%. Obviamente dicho país, quebraría.

Pero el otro extremo, quien trabajaría en nuestra más que alicaída industria de la construcción, que ocho personas que trabajan en una obra en construcción el 90% es de esa nacionalidad.

O citando a Bolivia, crecimiento del 4,3%-desempleo del 4,27%. Residen en nuestro país 450.000 según el censo de hace casi 10 años. Hoy deben ser un millón de almas. Al llegar a nuestro país tomaron fundamentalmente dos caminos, ser la mano de obra esclava de los coreanos del sur, llegados con algunos miles de dólares y dedicados a la industria textil-una de las mayores de empleo informal- Luego ellos mismos, ocupando ilegalmente viviendas, organizaron su sistema de trabajo, colocaron talleres también ilegales e hicieron llegar al país a otros connacionales o de otros lugares. Además en los últimos años, en la ciudad de Buenos Aires instalaron verdulerías, locales mínimos en donde vivían hacinados con sus hijos recién nacidos, hasta que dejaron de comprarle al Mercado Central, comenzaron a adquirir hectáreas en el sur de Buenos Aires principalmente y comenzaron a cultivarlas, transformándose en proveedores y clientes al mismo tiempo.

Esto provoca una continua inmigración por goteo cada año, que impacta en todos los órdenes sociales. Si nos decidiéramos cambiar el Preámbulo de nuestra Carta Magna, e hiciéramos lo mismo con Paraguay, Bolivia decantaría en una caída estrepitosa de su economía con la consecuente explosión social.
¿Pero claro, si ello sucediera donde compraríamos las frutas y verduras? Y sin obviar un detalle, todo lo que les comente es economía informal sin pago de tributo alguno, que alcanza casi el 50% de nuestro PBI.
Como pretendemos poseer la excelencia que hemos tenido, en materia de Salud y Educación Pública si con sus condiciones de gratuidad, finalizan convirtiéndose en una pésima Educación Pública e igual condición en los Hospitales Nacionales y Provinciales.

Aun nuestra Universidad de Buenos Aires, considerada en primer lugar en el mundo iberoamericano, recibe miles de estudiantes de países del cono sur de manera gratuita, son servicios de extrema calidad profesional.

Ahora bien, si sabemos que no existe reciprocidad con esos países -tenemos el caso de un turista argentino enfermo en Bolivia, que nuestro consulado debió rescatar y trasladar a nuestro país para ser atendido- por carecer de los medios económicos necesarios, para ser atendido por el sistema del país del Altiplano.
Ah…y además de nuestros hermanos latinoamericanos, los venezolanos que por distancia, generalmente han arribado en vuelos aéreos de línea y luchan para que les revaliden sus títulos universitarios, para poder ejercer desde Medicina hasta Derecho.

Pero mientras tanto, viven mejor en un país como el nuestro con casi el 40% de pobreza.

Ni hablar de los Senegaleses, primos de aquellos que veía caminando a la madrugada por la Plaza San Marcos en Venecia, hace unos años ofreciendo carteras o lo que fuera. Hoy son producto del tráfico humano que como esclavos se dedican a la venta de anteojos o bijouterie, y suman ya unos seis mil.
Entonces cabría preguntarnos, donde están los argentinos, que deberían ser absorbidos por la industria de la construcción. Donde también están aquellos que deberían cultivar la tierra en un país, que si uno quisiera podría auto abastecerse así mismo (ver artículos sobre huertas en terraza en la propia ciudad de Buenos Aires).

Me queda un interrogante luego de todo esto, y creo suponer la respuesta que es que no hacen nada y son en su mayoría funcionales-pendulares a las fuerzas de una dirigencia política, sindical, empresaria, judicial, social, eclesiástica; profundamente corrupta y apátrida.
Si herí susceptibilidades lo lamento…recuerden todo pueblo tiene el gobierno que se merece. Y a quien le agrade vivir de rodillas, gastando el pantalón o lastimándose las mismas, forma parte de una antigua letra de tango de buen arraigo popular como lo es el siempre “Cambalache” del genio de Discepolo.