¿Fenómeno mundial o regional?

Sera cierto, entonces lo que dicen afuera,
y hacia adentro de nuestra Argentina,
que los argentinos por lo general son vagos
le escapan al trabajo rudo y se sientan
sobre los subsidios que nosotros pagamos
de nuestros impuestos y contribuciones,
que hacen del gasto público un espiral
inacabable, que es como la planta de habichuelas
del cuento, que crece y crece hasta traspasar
la atmósfera y llega al Castillo de aquel Ogro,
que inútilmente y vanamente persigue
al maldito déficit para destruirlo, sin lograrlo.

Ese que no nos deja crecer, como deberíamos
por la bendición de quien nos ha dado tanto.

Pero no, somos los argentinos únicos culpables
de tanta frustración, no puedo excluirme
a pesar de tantos años de trabajo, mas 
de lo que dicen “hombre promedio”, que no existe.

Como es posible que una proporción de 9 a 10,
en la construcción sean de personas de origen paraguayo,
con todo el respeto que me merece el pueblo guaraní.

O que las verdulerías de la ciudad de Buenos Aires
en una relación de 8 a 10 sean de personas de origen boliviano,
con todo el respeto que me merece el pueblo del altiplano.

Entiendo que la base de las políticas publicas
orientadas a erradicar el hambre, debe ser prioridad del Estado 
pero también debe serlo terminar con la informalidad
y construir empleo, incluyendo a aquellos que panza arriba
dicen vivir necesidades y descansan en sus casas, subsidiados
o bien aquellos otros que con magros sueldos son explotados
por los mercaderes de aquí y de allá, también donde vives tú.

Fenómeno mundial… si lo hay…¿no crees?

El viaje fantástico

Recorría las salinas grandes
del norte de nuestro extenso país,
mientras el automóvil avanzaba
a una velocidad moderada,
observaba absorto la belleza
de la diosa naturaleza,
caballos salvajes trotando
salvajemente en libertad,
patos silvestres volando
hacia algún charco de agua solitario,
uno de los tantos remolinos de viento
producidos por el extremo calor,
ingresaba por la ventanilla y puedo dar fe,
que lo movía sobre sus cuatro ruedas.

Fantástico viaje en un lugar,
que parece que uno se encuentra solo
en el medio de la nada misma, sin saberlo.

Si me quedaba en esa ruta, por algún problema
seguramente me encontrarían orando horas,
por la llegada de un buen samaritano.

Pero siempre me ha gustado
los aires de libertad en extremo,
tomar una ruta sin destino fijo
y sorprenderme con lugares inéditos.

Gracioso fue, cuando me detuve
en una estación de carga de combustible,
era la única edificación en kilómetros
a la redonda, pero lo más sorpresivo
fue que el tipo que me cargo el tanque sediento,
lo hizo con el cigarrillo entre sus dedos
como algo habitual en su trabajo, cada tanto
cuando alguien al igual que yo, se detenía allí.

Después de andar largo rato,
me alegre al descubrir
las hermosas sierras de Córdoba.

Respire profundo, me quede tranquilo
había dejado atrás el más maravilloso viaje
que en mi vida había realizado
y con una carga de adrenalina,
como nunca antes había sentido.

¿Crisis mas crisis…hasta cuando?

La ciudad a fines de febrero
comienza a retomar
su frenético y agotador ritmo,
si bien los restaurantes
con sus “menú ejecutivo”
a lo que pocos pueden acceder,
se muestran desconsoladamente
vacíos y con muchas mesas
luciendo solo para ‘clientes fantasmas”,
consecuencia de la millonésima crisis
que vive mi país, querida Argentina.

Somos tan mansos
y tan poco nacionalistas,
que pudiendo alimentar
a cuatrocientos millones,
dejamos morir por desnutrición
a nuestros hermanos “Wichi”
en la provincia de Salta.

Pero cuidado, no digamos sonseras.

Mueren en todo lugar, olvidados
por los gobiernos de turno
que solo los suben a un bus
y los mantiene en la ignorancia,
dándoles espejitos de colores
por su voto, repitiendo la historia
de quienes conquistaron América.

Necesitamos una comunidad fuerte
que en forma pacífica, se manifieste
pero ya lo intentado repetidas veces,
sin respuesta alguna, pero no cesare
hasta mi último aliento,
para que esta sociedad de una buena vez
se ponga los pantalones largos
y no solo piense en lo que le conviene,
ignorando a los que a su mesa no se invita
y reina el desierto más recalcitrante.

Fernando QEPD

¿Adónde vas tan ansiosa?
Te noto tan angustiada
que me preocupas, amor mío.

¿Me dices qué?
Que buscas al niño
que nos han arrebatado.

No, mi cielo
no nos lo devolverán,
aquellos que le arrebataron
hasta el último suspiro
de su corta y efímera vida.

Deja de mirar la tele
mediatizada y amarillenta,
que no deja en paz
el alma de Fernando, ni de la nuestra.

Nuestro hijo, vive en nosotros
y solo nos está rogando,
que el efecto clamor de justicia
no se apague y lo acompañemos,
en su lucha desde el más hermoso
paraíso, donde su alma descansa
a la derecha de Dios y sus querubines.

No te desesperes, amor
muchos son ahora Fernando
y no cejaran en sus manifestaciones
reclamando una y otra vez, 
JUSTICIA NO TAN DIVINA.

Historias de equinoccios y solsticios

Infierno en las calles
ese vaho húmedo que detiene
nuestros pasos por las calles
de la misteriosa Buenos Aires.

Los rayos del sol
parecen incendiar la piel
y enceguecer la mirada,
dejamos hace tiempo
de ser lo que éramos,
para convertirnos
en una ciudad
de clima subtropical.

Confundidos y dislocados
los solsticios y equinoccios,
ya no son aquella referencia
de dos pares que definían
cada estación del año.

Es como si el clima
sufriera una arritmia,
que trastorna el ritmo
de cada día, de cada instante.

Y dentro de ello, nosotros
porteños de ciudad y callejeros
que con el infierno en la sombra,
sin detenernos seguimos admirando
y observando las innumerables
cúpulas del Congreso y de San Telmo
que se levantan al cielo,
como rogando la bendición
de una brisa, que ya no vendrá.