LA INFORMACIÓN DE LOS ESQUELETOS.

Arqueología de los huesos, todo lo que nos cuentan sobre el pasado.

Una fuente valiosísima de información para conocer mejor la historia son, sin duda, los esqueletos. A través de ellos podemos conocer datos de una época como la esperanza de vida, el clima, la dieta, las condiciones de trabajo o los movimientos migratorios de las poblaciones que habitaron la Tierra en tiempos remotos.

Cómo es posible saber tantas cosas acerca de épocas de las que no tenemos documentos, o incluso no se había inventado la escritura? Entre otras aproximaciones, los esqueletos son una gran fuente de información acerca de la gente que vivió hace muchos siglos: los huesos nos pueden ayudar a conocer detalles como la dieta o la esperanza de vida de las distintas clases sociales, el clima o las enfermedades y las condiciones de trabajo de la población, entre otras cosas.

Pero obtener estos datos dista de ser fácil: para que sean fiables hay que disponer de muestras abundantes y relevantes, compararlas entre los distintos lugares y épocas, y realizar estudios interdisciplinarios que, a partir de toda la información disponible, permitan construir un relato coherente. Aun así, examinando una muestra significativa de esqueletos se pueden saber ya muchas cosas.

LO QUE NOS DICEN LOS ESQUELETOS.

Los datos más inmediatos que se pueden extraer de un esqueleto de forma directa son el sexo del individuo y la altura. El sexo solo puede ser definido a partir de la pubertad, cuando los huesos evolucionan de manera diferente en hombres y mujeres; y hay dos partes del cuerpo de las cuales se puede deducir: la zona pélvica, más ancha en las mujeres; y el cráneo, que en los hombres generalmente presenta formas más marcadas en ciertos puntos como el mentón y la órbita de los ojos. En cuanto a la altura, se puede determinar incluso si faltan partes del esqueleto midiendo los huesos de las extremidades y aplicando unas fórmulas que permiten calcular las medidas totales de forma muy precisa.

Examinando un esqueleto se puede saber el sexo, la altura, la edad e incluso la etnia a la que pertenecía un individuo.

La edad en el momento de la muerte, en cambio, es el factor con más margen de error. Se puede determinar de forma muy precisa si el individuo murió durante la infancia o la adolescencia, puesto que los huesos se desarrollan a un ritmo establecido; en el caso de los niños, además, se suele tener como elemento adicional la dentadura, que puede revelar la edad a partir de la presencia de dientes de leche u observando cuáles son las piezas que se han desarrollado totalmente. Por el contrario, determinar la edad de los adultos es más complicado ya que el esqueleto ha dejado de crecer.

Generalmente se establece a partir del estado de aquellos huesos que sufren un desgaste similar en la mayoría de las personas independientemente de las actividades que realicen, como las articulaciones: mientras que en los adultos jóvenes el hueso presenta unas protuberancias onduladas, a medida que la edad es más avanzada la superficie se vuelve más lisa.

Los esqueletos permiten, además, tener una idea general de los grupos de población que habitaban un lugar en un determinado periodo. El elemento más relevante para esto es el cráneo, que a partir de ciertas características como el hueso nasal permite hacer una aproximación de la etnia del individuo. El cambio generalizado en dichas características en esqueletos de distintos periodos es una señal de movimientos migratorios masivos, generalmente atribuibles a una expansión armada, como puede ser el caso del Imperio Mongol.

DETECTIVES DEL PASADO

El estudio detallado de los esqueletos puede revelar además un montón de información sobre los hábitos de las poblaciones y sobre el mundo en el que vivían. Los datos directos que se pueden extraer tienen que ver con la dieta y las enfermedades.

Muchas enfermedades dejan rastros sobre el esqueleto que son fácilmente identificables, especialmente en el caso de aquellas que históricamente han estado muy extendidas. Uno de los ejemplos más habituales es la artritis reumatoide, que provoca deformidades muy características en las articulaciones. Otra de las enfermedades más habituales, la tuberculosis, provoca a largo plazo deformidades en la columna vertebral, cuando las bacterias causantes infectan el esqueleto a través del torrente sanguíneo.

El Papiro Ebers

EL PAPIRO EBERS. Datado en el octavo año de reinado de Amenhotep I (alrededor del 1517 a.C.), es considerado la fuente primaria más completa sobre la medicina del antiguo Egipto y uno de los documentos médicos más antiguos que existen. Foto: Einsamer Schütze

Algunas de estas dolencias nos pueden dar también información sobre los hábitos de vida de los individuos. Por ejemplo: la gota, fácilmente identificable por la inflamación del dedo gordo del pie, suele ser consecuencia de una dieta rica en determinados tipos de alimentos, como las carnes rojas y el marisco. Puesto que dichos caprichos, históricamente, solo estaban al alcance de los más ricos, encontrarlos en un esqueleto indica posiblemente que se trataba de un individuo de alto estatus social y muy probablemente un hombre, ya que esta dolencia tiende a desarrollarse sobre todo en el sexo masculino.

Cuando una muestra significativa de individuos presenta una alta incidencia de determinadas enfermedades, se pueden obtener también indicios sobre el modo de vida de una sociedad e incluso sobre el clima de la época: dos ejemplos claros son nuevamente la tuberculosis, que se desarrolla prevalentemente en ambientes fríos y húmedos; y la gota, que si está muy difundida es indicativa de que se trataba probablemente de una sociedad cazadora.

Pero la mayor fuente de información en estos casos procede de las fracturas de los huesos: no solo son marcas de trabajos pesados o de heridas intencionales, sino que observando la frecuencia con que aparecen fracturas curadas en los esqueletos se puede deducir de forma aproximada la mortandad a causa de ellas o de las infecciones resultantes. Incluso, si se encuentran dichas señales en esqueletos infantiles de forma generalizada, es una pista de que los niños empezaban a trabajar muy jóvenes.

Todas estas informaciones, sin embargo, no son concluyentes por sí mismas, ya que en la medida de lo posible tienen que apoyarse con registros históricos, análisis de ADN o datos resultantes del examen arqueológico de otros elementos, como los restos de comida. Pero resulta especialmente valiosa en el caso de poblaciones de las que no se tienen registros históricos, generalmente porque no conocían la escritura. En ese caso, los esqueletos son lo más cercano a unos testigos que pueden tener los arqueólogos, sobre quienes recae la tarea de hacer de detectives del pasado.

Imagen de portada: El estudio de los esqueletos de época bajomedieval enterrados en varios cementerios de Cambridge ha puesto de manifiesto que sus habitantes corrían un alto riesgo de sufrir accidentes e incidentes violentos. Foto: Nick Saffell.

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC. Por Abel G.M. Periodista especializado en el ámbito de la historia y los viajes. Enero 2022.

Arqueología/Esqueletos/Paleontología

Cinco extraordinarios descubrimientos sobre los dinosaurios que nos dejó el 2021.

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En lo que respecta a descubrimientos sobre dinosaurios, el 2021 no decepcionó. Como cada año, los investigadores han descrito nuevas especies, precisado sus apariencias y especificado sus hábitats. No obstante, de todo un sinfín de hallazgos, hay algunos que destacan.

Sputnik ha recopilado cinco descubrimientos que no revolucionaron nuestro conocimiento, pero si nos han hecho reconsiderar lo que pensábamos sobre estas criaturas.

1. El primer ano de dinosaurio encontrado y descrito en perfectas condiciones.

Durante el último siglo, los paleontólogos han encontrado todo tipo de fósiles de dinosaurios —desde huesos y dientes hasta impresiones de su piel y plumaje— pero nunca un ano… hasta el 2021. Aparentemente era utilizada por el Psittacosaurus para defecar, orinar, reproducirse y poner huevos, lo que la diferencia de los órganos similares de otros animales.

Más que eso, «la preservación de los patrones de color y el sombreado permitió una reconstrucción detallada de la apariencia física de este individuo», detalla el resumen del estudio publicado en enero del 2021 en Current Biology.

2. Algunos dinosaurios eran extremadamente rápidos, pero no el T. rex.

Los carnívoros terópodos corrían a velocidades de casi 45 km/h, según el análisis de dos huellas de dinosaurios encontradas en el norte de España, reveló un estudio publicado en diciembre en la revista Scientific Reports. Las marcas fueron dejadas por dos individuos diferentes que corrían sobre el lecho de un lago blando durante el Cretácico temprano. El descubrimiento revela que estas bestias eran tan veloces como el humano más rápido, Usain Bolt, que alcanzó brevemente los 44,3 km/h en una carrera en 2009.

No obstante, este no era el caso del Tyrannosaurus rex, el carnívoro quizá más famoso de todos. Según otro estudio, publicado en abril en la revista Royal Society Open Science, el dinosaurio rey caminaba a la par con el ser humano, a 5 km/h.

3. El Supersaurus era más largo de lo que se creía.

El dinosaurio más largo conocido es el llamado Supersaurus, que excedió los 39 metros y posiblemente incluso alcanzó los 42 metros de longitud, según una investigación inédita presentada este año en la conferencia anual de la Sociedad de Paleontología de Vertebrados.

Siempre se supo que el saurópodo, descubierto en 1972, era largo, con estimaciones anteriores de hasta 34 metros. Pero ahora, huesos recién excavados y analizados revelan cuán verdaderamente largo era este dinosaurio.

4. Los tiranosaurios se peleaban pero no se mataban.

Como era de esperar, los temibles tiranosaurios se peleaban entre ellos, mordiéndose la cara por comida, territorio o apareamiento. Sin embargo, un minucioso análisis publicado en septiembre en la revista Paleobiology revela que no buscaban matarse.

Esquema de las cicatrices faciales de tiranosaurio que muestran la densidad y orientación de los golpes. © Foto : Museo de Paleontología Royal Tyrrell

Esta comprensión del comportamiento de los dinosaurios fue posible gracias al estudio de 202 cráneos y mandíbulas de T. rex. Según se encontró, la profundidad y la localización de las huellas dejadas indican que no buscaban infringirse heridas mortales. Solo la mitad de los tiranosaurios tenían estas cicatrices, por lo que probablemente se trate de peleas entre machos por las hembras.

5. Un extraño anquilosaurio tenía una cola en forma de garrote de guerra azteca.

Hasta ahora los anquilosaurios se conocían por vivir en el hemisferio norte con sus impresionantes colas armadas con picos y garrotes. Pero ahora, el recién descrito Stegouros elengassen, encontrado en Chile, muestra que estos reptiles evolucionaron de manera muy diferente en el hemisferio sur: desarrollaron su propio tipo de cola armada que parece un macuahuitl, la reconocible espada azteca.

El anquilosaurio recién descubierto murió hace más de 70 millones de años junto a un río, posiblemente en arenas movedizas, lo que explicaría por qué el espécimen estaba tan bien conservado.

Imagen de portada: Gentileza de Pixabay

FUENTE RESPONSABLE: SPUTNIK Mundo. Diciembre 2021

Ciencia/Paleontología/Dinosaurios/Acontecimientos que dejaron huella en 2021

8 curiosidades que probablemente no sabías sobre los dinosaurios.

A pesar de la fascinación que despiertan los dinosaurios, lo cierto es que aún desconocemos muchas cosas sobre ellos, y entre las que conocemos hay algunas que pueden resultar curiosas o que el gran público suele pasar por alto.

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Una historia muy larga

Entre la aparición de los primeros dinosaurios y su extinción pasó más tiempo -en concreto, casi el triple- del que ha pasado entre dicha extinción y nosotros. 

El animal más antiguo conocido con características de dinosaurio es el Nyasasaurus parringtoni, que vivió hace unos 243 millones de años; mientras que los últimos dinosaurios se extinguieron hace alrededor de 66 o 65 millones de años. 

Aunque tendamos a verlos como un conjunto uniforme, la verdad es que estos animales vivieron en condiciones climáticas y ecosistemas muy diversos, lo que explica su gran diversidad de formas y características.

Foto: iStock/estt

2 / 8 – Brazos diminutos, grandes colas

En realidad, estas extremidades diminutas -que podemos ver en muchos dinosaurios gigantes- lo son por una buena razón: reducir el peso en la parte delantera del cuerpo. 

Estos animales caminaban encorvados a dos patas y, en consecuencia, cargaban una gran parte de su peso en la mitad anterior de sus cuerpos. 

Por la misma razón, tenían colas largas y gruesas que hacían de contrapeso cuando trotaban y corrían, impidiendo que cayeran de bruces.

Foto: iStock

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No sabemos cómo se reproducían los dinosaurios.

Bueno, no exactamente: sí sabemos que eran ovíparos, lo que desconocemos es cómo se apareaban. 

Han pasado casi dos siglos desde que se acuñó el término dinosaurio y la biología reproductiva de estos animales es todavía un misterio: la razón es que los genitales carecen de estructuras que dejen un rastro fósil, como huesos o queratina. 

A principios de 2021 se encontró la cloaca excepcionalmente bien preservada de un Psittacosaurus, lo que puede ayudar a reconstruir la anatomía y el comportamiento reproductivo de los dinosaurios.

Foto: © Zhao Chuang

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No se conocen carnívoros de tamaño mediano

Una cuestión que durante mucho tiempo ha llamado la atención de los paleontólogos es que la mayoría de dinosaurios carnívoros que se conocen eran o muy grandes -más de una tonelada- o relativamente pequeños -de menos de cien kilos-, al contrario de lo que pasa en los carnívoros modernos, que presentan una escala de tamaño mucho más regular. 

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La razón puede estar en que los grandes carnívoros tenían un ritmo de crecimiento muy rápido, por lo que los ejemplares juveniles ocupaban los nichos ecológicos que habrían correspondido a los cazadores de tamaño medio. 

En la actualidad existe una escala mucho más regular de tamaño porque no hay cazadores gigantes: el carnívoro terrestre más grande que existe es el oso polar.

Foto: iStock

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Y apenas se conocen omnívoros

La gran mayoría de los dinosaurios conocidos eran herbívoros, pero en cambio se han identificado con certeza muy pocos omnívoros, alrededor de un 2% de las especies conocidas. 

Tres grupos de dinosaurios en particular parecen haber sido omnívoros: los ornitomimosaurios, los ovirraptorosaurios y los troodóntidos. 

La mayoría de estos tenían una dieta parcialmente vegetariana e insectívora, que podían complementar con peces o animales pequeños. En la era mesozoica esto podía suponer una ventaja importante, puesto que los modelos climáticos reflejan una tendencia a los fenómenos extremos, como sequías intensas o largas lluvias estacionales, que podían modificar mucho un hábitat y, por lo tanto, la disponibilidad de diversos tipos de comida en diferentes épocas.

Foto: Marcin Polak

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Ni sangre fría ni caliente

Uno de los debates históricos en el campo de los dinosaurios ha sido si eran de sangre fría o caliente. 

La respuesta, según las investigaciones más recientes, puede hallarse en un punto intermedio: los dinosaurios habrían sido capaces de mantener su temperatura interna estable, pero no poseían todos los mecanismos que tienen los animales de sangre caliente para regular su temperatura corporal en condiciones de temperatura extrema. 

La respuesta tiene más importancia de la que podría parecer, ya que los animales de sangre caliente necesitan consumir mucha más comida que los de sangre fría: esto implica que los dinosaurios carnívoros cazaban más y, por lo tanto, que debía haber una mayor abundancia de presas.

Original painting by Todd Marshall

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No eran tan tontos como se pensaba

Durante mucho tiempo se creyó que la mayoría de los dinosaurios eran animales primitivos, lentos, torpes y estúpidos. 

Dicha suposición se debe a que el tamaño de sus cerebros era muy pequeño en relación a su cuerpo: el del estegosaurio, por ejemplo, habría sido del tamaño de una nuez. 

Sin embargo, estudios recientes sugieren que podían tener comportamientos igual de complejos que algunos mamíferos actuales: por ejemplo, se ha afirmado que los tiranosaurios podrían haber sido carnívoros sociales que cazaban en manada, como las orcas o los lobos.

Foto: iStock

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Eran de colores vivos y variados

Los métodos de análisis de fósiles han avanzado mucho y hoy en día se pueden detectar en ellos unos orgánulos llamados melanosomas, que contienen la melanina responsable del color de los tejidos. 

Esto es una pista de que los dinosaurios podían haber exhibido colores vivos y patrones en la piel, que tendrían diversas funciones: como reclamo para las hembras, colores de camuflaje, o para intimidar a los depredadores. 

Algunos van más lejos, como el paleobiólogo Jakob Vinther, quien sugiere que “tal vez un día descubramos que tenían plumaje estacional, como patrones coloridos para la época de apareamiento o un plumón blanco durante las nevadas invernales”, lo que abriría la ventana a un nuevo mundo de investigación en lo referente al comportamiento de los dinosaurios.

Foto: Luis V. Rey

Imagen de portada: Gentileza de iStock/estt

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC España.Por Abel de Medici. Septiembre 2021.

Dinosaurios/Paleontología/Investigación/Actualidad

Los leones congelados desde la Edad de Hielo.

Uyan y Dina, cuya especie se extinguió hace unos 10,000 años, muestran una extraordinaria conservación.

Nuevas fotografías de un par de cachorros de león de las cavernas, descubiertos congelados en Siberia, ofrecen una visión sin precedentes de una especie extinta hace unos 10,000 años.

Investigadores rusos revelaron una nueva información de los cachorros en una conferencia de prensa unos años atrás, incluyendo detalles de su hallazgo y cómo murieron.

Unos coleccionistas desenterraron los leones de las cavernas mientras buscaban colmillos de mamut en Yakutia, Siberia. Como no estaban seguros de qué habían descubierto, depositaron los cuerpos en un glaciar para mantenerlos congelados y después, los enviaron a los científicos de Yakutsk para que los analizaran.

LLAMADOS UYAN Y DINA, POR EL RÍO UYANDINA DONDE FUERON ENCONTRADOS, LOS GATITOS PROPORCIONARÁN DETALLES SOBRE LOS LEONES QUE MERODEARON EURASIA Y NORTEAMÉRICA DURANTE LA EDAD DE HIELO MÁS RECIENTE, PUES SON LOS PRIMEROS FELINOS PREHISTÓRICOS HALLADOS EN UN ESTADO TAN EXCEPCIONAL.

Los cachorros tenían apenas dos o tres semanas de vida cuando fallecieron, informa Albert Protopopov, paleontólogo de la Academia de Ciencias de la República de Sajá. Eran tan jóvenes que sus dientes de leche ni siquiera habían empezado a brotar en sus encías.

Protopopov opina que lo más probable es que murieran al colapsar el suelo de su cubil. Aunque trágica, la manera como Uyan y Dina perecieron desempeñó un papel importante en su conservación, pues contribuyó a que permanecieran congelados durante más de 12,000 años, hasta que las inundaciones del verano del año 2017 los dejaron expuestos.

Sin embargo, la investigación real apenas continua aún. Hasta ahora, el león de las cavernas una subespecie de Panthera leo emparentada con los leones modernos- solo era conocida por sus huesos y rastros, de modo que Uyan y Dina aportarán los primeros tejidos blandos de la especie, desde las características de su grueso pelaje hasta la anatomía de los órganos internos.

Protopopov dijo también que realizarán análisis genéticos. Podremos establecer el grado de parentesco entre los leones de las cavernas y los leones africanos, señaló.

Así mismo, los científicos pretenden practicar análisis de radiocarbono para determinar cuándo murieron los gatitos, aunque se piensa que han transcurrido al menos 12 mil años; y estudios adicionales podrían proporcionar información nueva sobre lo que comían y cómo se adaptaron a las gélidas condiciones de los helados hábitats esteparios que alguna vez rondaron.

Imagen de portada: Gentileza de NATIONAL GEOGRAPHIC

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC. Agosto 2018

Paleontología/Animales salvajes/Descubrimiento/Investigación/Ciencia

Científicos sugieren que unas ‘misteriosas’ huellas de hace 3,7 millones de años halladas en África podrían pertenecer a un homínido desconocido.

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Fueron descubiertas en la década de 1970; sin embargo, por su morfología se sospechaba que pertenecían a osos.

Un equipo internacional de investigadores ha encontrado nueva evidencia que sugiere que la serie de cinco ‘misteriosas’ huellas fósiles descubiertas en 1976 en Laetoli (Tanzania) por Mary Leakey, reconocida antropóloga británica, fueron probablemente dejadas por un homínido bípedo desconocido hace unos 3,7 millones de años, y no por un oso u otro tipo de animal, como expusieron algunos científicos.

Según señala la Universidad de Dartmouth (EE.UU.), los fósiles en cuestión fueron localizados en el yacimiento Laetoli A, cercano al G, en el que en 1978 Leaky descubrió un conjunto de pisadas asociadas al ‘Australopithecus afarensis’, consideradas como la «prueba inequívoca más antigua de la marcha erguida en el linaje humano».

A pesar de que los fósiles fueron descubiertos en un área y en el mismo estrato en el que se han hallado otros restos de homínidos primitivos, debido a la secuencia de las marcas, su tamaño y la forma irregular que presentan, los investigadores sospecharon fueron dejadas por un oso joven que caminaba erguido sobre sus patas traseras, por lo que no fueron de interés para la antropóloga británica.

Austin C. Hill / Catherine Miller / Dartmouth College

Tras analizar una serie de imágenes 3D e impresiones de las huellas, los académicos lograron identificar marcas de talón y de un pulgar, que coincidían con las proporciones distintivas de los primates. Del mismo modo, los científicos compararon la biomecánica de la marcha de un grupo de osos negros jóvenes con la de humanos modernos y chimpancés, descubriendo que la forma, profundidad y proporciones de las impresiones dejadas por los animales al caminar, no corresponden a la de los fósiles de Laetoli.

Un hallazgo "impresionante": Aseguran haber descubierto los restos de una nueva especie de dinosaurio en EE.UU.

Un hallazgo «impresionante»: Aseguran haber descubierto los restos de una nueva especie de dinosaurio en EE.UU.

Considerando el área y el estrato en el que fueron encontradas, se sospecha que las pisadas pudieron haber sido hechas por ‘Australopithecus afarensis’ jóvenes; sin embargo, esta hipótesis se ve debilitada por las diferencias morfológicas entre los restos excavados del yacimiento A con los recuperados del G y S, abriendo la posibilidad de que pertenezcan a otra especie, por lo que es necesario continuar con las investigaciones para determinar con exactitud a qué clase de homínido corresponden.

«Gracias a este estudio, ahora tenemos pruebas concluyentes a partir de las huellas del yacimiento A de que hubo diferentes especies de homínidos que caminaban de forma bípeda en este paisaje, pero de forma diferente con pies distintos», comentó Jeremy DeSilva, coautor del artículo publicado este miércoles en Nature, en el que se detallan los resultados de la investigación.

Imagen de portada: Gentileza de Austin C. Hill / Catherine Miller / Dartmouth College.

FUENTE RESPONSABLE: RT en vivo. Diciembre 2021

África/Paleontología/Ciencia/Investigación/Animales/Sociedad

Neandertales, más cerca de nosotros.

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ASÍ ERAN NUESTROS ANTEPASADOS

Al igual que muchas tribus nativas americanas, a los neandertales les gustaba adornarse con plumas de ave, según sugieren recientes descubrimientos.

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Plumas de quebrantahuesos, paloma torcaz y chova piquigualda

Así como una piel de zorro y una garra de águila, han sido incorporadas a esta reconstrucción científica de un neandertal realizada por el paleoartista italiano Fabio Fogliazza.

Foto: Giorgio Bardelli, Museo de Historia Natural, Milán

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Reconstrucción científica de un neandertal

Una reconstrucción científica de un neandertal muestra el uso ornamental que estos hacían de plumas de ave y pieles de mamífero.

Foto: Giorgio Bardelli, Museo de Historia Natural, Milán

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El aspecto de un neandertal

El paleoartista Fabio Fogliazza los ha imaginado con el rostro pintado y con adornos de plumas, garras y pieles.

Foto: Giorgio Bardelli, Museo de Historia Natural, Milán

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Fabio Fogliazza

Para llevar a cabo la reconstrucción del neandertal su autor, el paleoartista italiano Fabio Fogliazza, del Laboratorio de Paleontología del Museo de Historia Natural de Milán, empleó cerca de seis meses. 

Empezó por modelar con arcilla los músculos faciales y adherirlos a un molde de uno de los cráneos de neandertal mejor conservados que se conocen, el descubierto en la cueva de La Ferrassie, en Dordoña, Francia. 

Posteriormente añadió la piel, también de arcilla, dando expresión al rostro. Luego procedió a crear un negativo del molde con una silicona elástica y a continuación, un positivo con resina sintética, al que aplicó el color de la piel y la pintura facial a base de pigmentos ocre rojizo (almagre) y negro, este último fabricado con dióxido de manganeso. 

Las plumas agregadas y la garra pertenecen a las especies documentadas en Fumane.

las reconstrucciones que hacen los paleoartistas son tan buenas y realistas que nos vemos obligados a preguntarnos si de verdad ganaríamos algo viajando al pasado. Veríamos las especies en movimiento, sí, pero hasta eso se consigue ya con las modernas técnicas de animación digital. Ahora bien, los ruidos producidos por los animales desaparecidos para siempre, sus gruñidos, rugidos y bramidos, no son fáciles de reconstruir, y un viaje al pasado nos serviría para ponerle sonido al documental de la prehistoria.

En el caso de las especies humanas extinguidas, podríamos de este modo saber qué tipo de sonidos emitían al comunicarse, si eran parecidos a los nuestros o, por el contrario, similares a los de los chimpancés, aunque incluso esto puede llegar a determinarse a través de los fósiles. 

Pero ni siquiera así sabríamos si «hablaban», si tenían un lenguaje como el nuestro, porque no seríamos capaces de decir si las vocalizaciones que producían «significaban» algo. 

Nuestra comunicación se realiza a base de símbolos, y detrás tiene que haber una mente capaz de crearlos y manejarlos. 

Curiosamente, nunca ha existido un lenguaje humano universal, ni siquiera «antes de Babel», porque cada comunidad acuña su lengua, y de haber tenido los neandertales lenguaje humano, habría que ver si se entendían los de Asia Central con los ibéricos. La fragmentación de un idioma es cuestión de tiempo y distancia.

La reconstrucción que se hacía antiguamente de los neandertales era la de unos seres muy desgarbados, con las rodillas flexionadas, pero ya hace mucho tiempo que se sabe que la postura bípeda completa, del mismo tipo que la nuestra, se alcanzó hace más de cuatro millones de años, con los primeros australopitecos. 

Los neandertales eran más anchos de caderas y de tronco que nosotros, y muy musculosos, de piernas y antebrazos cortos. La frente era huida, bajo las cejas había un engrosamiento óseo que hacía que sobresaliesen, y carecían de mentón.

En esas reconstrucciones antiguas les ponían en todo el cuerpo el pelo de los chimpancés, y eso los hacía parecer muy primitivos. Hoy se los representa con cabello y barba, y el resto del cuerpo poco velludo, y así parecen mucho más humanos. 

Sin embargo, no hay ningún dato científico que avale que tenían cabello (es decir, pelo de crecimiento continuo) y barba (también de crecimiento permanente), ya que nuestra especie es la única que muestra este tipo de pelo en la biosfera actual. 

Quizás algún día nos lo diga la paleogenética (el estudio del ADN de los fósiles). Si pudiéramos mirar a través del tiempo, resolveríamos de un vistazo esa duda.

Cualquier fotografía o grabado de un grupo humano actual o de los últimos siglos, sea cual sea, nos mostrará a sus miembros más o menos desnudos, pero siempre adornados. 

La nuestra es una especie que, además de los rasgos naturales que distinguen a los sexos, modifica su cuerpo para controlar su imagen, es decir, la forma en la que los demás nos ven. 

Eso incluye el modo de arreglarse el pelo y la barba, las deformaciones a las que en algunas culturas se someten los labios o los lóbulos de las orejas, o las que se practicaban sobre los cráneos de los niños pequeños para moldearlos, por no hablar de los aros para estirar el cuello de las mujeres, los cortes en la piel para producir cicatrices (escarificación), los tatuajes, las mutilaciones, las extracciones de dientes o el aguzamiento de los mismos y un largo etcétera. 

Si pudiéramos asomarnos al mundo de los neandertales, veríamos si eran tan humanos como nosotros en estas formas de cambiar el cuerpo.

Estas prácticas culturales son inseparables del lenguaje simbólico. Si los neandertales se arreglaban el pelo, por ejemplo, seguro que hablaban

¿Podemos imaginar a un neandertal con un enorme plato en el labio inferior? 

Parece poco compatible con el tipo de vida que llevaban y su forma de alimentarse. 

Sabemos a ciencia cierta que no se arrancaban dientes ni se los afilaban, ni deformaban el cráneo de sus pequeños, ni se automutilaba, pero hay otras modificaciones del cuerpo, como la perforación de la nariz, que no dejan huella en el esqueleto, y nos quedaremos sin saber si eran prácticas comunes.

 Y no se trata de una simple curiosidad, porque estas prácticas culturales son inseparables del lenguaje simbólico. Si los neandertales se arreglaban el pelo, por ejemplo, seguro que hablaban.

Pero, además, los humanos de todas las culturas nos coloreamos el cuerpo y lo decoramos con collares, pulseras, anillos, pendientes y otros muchos objetos simbólicos. 

Que los neandertales se protegían del frío cubriéndose de pieles es seguro, pero ¿se pintaban el cuerpo? ¿Se colgaban objetos del cuello o alrededor de la muñeca? ¿Se ponían cintas o plumas en la cabeza? Bastaría con tener la certeza de que usaban cualquiera de estos elementos para que supiéramos que su mente era tan simbólica como la nuestra.

Los neandertales transportaban almagre (óxido rojo de hierro, también llamado ocre rojo) a sus cuevas y quizá lo utilizasen como pigmento para pintarse el cuerpo, aunque también podrían darle otros usos. Tal vez se adornaban con hojas o flores, claro, pero estos elementos vegetales no perduran y no forman parte del registro arqueológico. 

Un tocado de plumas en la cabeza de un neandertal produciría un gran efecto a quienes lo vieran, sobre todo si las plumas eran de grandes aves planeadoras, como las carroñeras y rapaces. Pero las plumas no se conservan, así que, ¿cómo sabremos si las usaban?

Una explicación muy razonable es que usaran las alas para arrancarles las plumas y utilizarlas como adorno

La primera respuesta a esta pregunta llegó en 2011 de un yacimiento italiano del Véneto, en los Prealpes, llamado Fumane. Se trata de una cueva que fue utilizada por los neandertales. 

Entre los huesos de animales que transportaron hasta el lugar se encuentran los de diversas especies de aves. Muchos de ellos son de las alas y tienen rastros de haber sido rotos intencionada­mente, o pelados, y algunos muestran pulidos que indican que fueron usados. 

Pero hay seis especialmente interesantes porque presentan cortes producidos por instrumentos de piedra con objeto de desarticularlos. Pertenecen a un ala de quebrantahuesos, otra de cernícalo patirrojo, otra de paloma, dos de chova piquigualda (todos ellos datados en torno a 44.000 años) y otra de buitre negro (procedente de un nivel más antiguo).

Estas partes del cuerpo no proporcionaban alimento alguno a los neandertales, por lo que no fueron llevadas a la cueva para comérselas. Una explicación muy razonable es que usaran las alas para arrancarles las plumas y utilizarlas como adorno. 

Eso por lo menos es lo que piensan los autores de la investigación, dirigida por el antropólogo italiano Marco Peresani, de la Universidad de Ferrara, y financiada en parte por National Geographic Society.

En esta gruta se ha encontrado también una falange ungueal de águila real con marcas de corte que indican que le extrajeron la garra (uña). Cabe pensar que también utilizasen las garras para su arreglo personal.

A partir de esta idea, Fabio Fogliazza, del Laboratorio de Paleontología del Museo de Historia Natural de Milán, ha imaginado el aspecto de un neandertal masculino con el pelo cuidadosamente cortado y además adornado con plumas de quebrantahuesos, de paloma y de chova piquigualda, sujetas con tiras de piel de corzo. 

Las orejas han sido decoradas con cañones de plumas de paloma y se abriga el cuello con una piel de zorro, de la que cuelgan garras de águila. La cara está pintada con almagre (color rojo) y óxido de manganeso (color negro).

Para reconstruir la cabeza el paleoartista ha recurrido a una réplica de un cráneo neandertal masculino muy completo del yacimiento de La Ferrassie, en la Dordoña francesa. Por supuesto, no se sabe quiénes utilizaban las plumas, si eran los hombres, las mujeres o ambos sexos. 

Tampoco se tiene idea de qué significaban para los neandertales, pero si tenían algún significado (edad, estatus social, género, pertenencia a un grupo…), ya eran objetos simbólicos, una forma de lenguaje codificado para enviar un mensaje a los demás, la expresión de una mente racional.

Por otra parte, este no es el único yacimiento que ha proporcionado indicios del uso de plumas por parte de los neandertales. En tres cuevas de Gibraltar (Gorham, Vanguard e Ibex) se han encontrado también huesos de alas de rapaces y de córvidos con señales de haber actuado sobre ellos. 

El interés de los neandertales por las alas de las grandes aves de presa (águilas, halcones) y las carroñeras (quebrantahuesos, buitres), así como por los córvidos, es muy notable, y se ex­­tiende a otros muchos yacimientos de Europa, como han mostrado en un estudio de 2012 Clive Finlayson y otros autores. Finalmente, en dos cuevas de Francia (Combe-Grenal y Les Fieux) se han hallado falanges de águila real y de pigargo (otra gran rapaz) con las mismas características (marcas de corte) que las de Fumane.

Estas teorías cambian la imagen de los neandertales, nunca mejor dicho.

El consumo de aves por neandertales arcaicos ha sido atestiguado en el yacimiento valenciano de Bolomor, en un estudio encabezado por la arqueóloga Ruth Blasco, que constituyó una gran sorpresa el año pasado porque hasta entonces se pensaba que los animales pequeños solo habían sido objeto de caza sistemática por hu­­manos más modernos, mucho después de la extinción de los neandertales. 

Sin embargo, el interés de estos por las rapaces, especies siempre poco abundantes por hallarse en la cúspide de la pirámide ecológica y de escaso o nulo valor alimenticio, tiene que obedecer a razones que no son la obtención de calorías. Y el valor de las plumas con fines de adorno es una hipótesis muy digna de ser tenida en cuenta.

Estas teorías cambian la imagen de los neandertales, nunca mejor dicho. No hay más que ver la reconstrucción del neandertal con tocado de plumas para imaginarse a un ser humano como nosotros. 

Además, sabemos que hacían fuego, eran expertos tallando la piedra y su economía no era diferente de la de sus contemporáneos de nuestra especie. También enterraban a los muertos y hasta parece que llevamos unos pocos genes suyos (menos los africanos que viven al sur del Sahara). 

Hay ya muchos indicios que parecen probar que la mente consciente, simbólica y capaz de expresarse a través del lenguaje no es exclusiva de Homo sapiens y que no es cuestión de todo (nosotros) o nada (las demás especies). 

Pero también es posible, y abre una fascinante perspectiva, que los neandertales tuvieran otro tipo de mente consciente, una mentalidad diferente.

Imagen de portada:  Giorgio Bardelli, Museo de Historia Natural, Milán

FUENTE RESPONSABLE: Redacción NATIONAL GEOGRAPHICAbril 2019

Antropología/Neandertales/Yacimientos/Arqueología/Paleontología/

Paleolítico/Prehistoria.

 

Los detalles de los primeros pobladores del valle central de Chile.

FUNDACIÓN PALARQ

Un equipo internacional de arqueólogos está llevando a cabo un nuevo proyecto de investigación para estudiar cómo vivieron las primeras comunidades humanas del Cono Sur.

Si deseas conocer mas sobre este tema, cliquea por favor donde se encuentra escrito en “negrita”. Muchas gracias.

El antiguo lago Tagua Tagua, ubicado en el valle central de Chile, posee un registro fósil de vertebrados único en el planeta que ha permitido a los investigadores reconstruir con absoluto detalle los antiguos ecosistemas que allí se desarrollaron durante el fin de la glaciación, durante el Pleistoceno final. 

Este lago también ha sido testigo privilegiado de los cambios ambientales acaecidos durante los últimos 50.000 años, que han podido ser develados gracias al estudio de los sedimentos que albergaba en su fondo. 

Pero, además, el Tagua Tagua posee evidencias de varios asentamientos de los primeros grupos humanos que habitaron el área, gentes que convivieron con animales hoy extintos, hace unos 13.000 años.

UN ANTIGUO LAGO DESECADO

El lago, ubicado en un arco de la llamada cordillera de la Costa, fue desecado artificialmente en 1833. 

Cuando aún existía, ocupaba una superficie de 31 kilómetros cuadrados en la época de lluvias. Las excavaciones que se llevaron a cabo durante las labores de vaciamiento de su cuenca dejaron al descubierto un patrimonio arqueológico y paleontológico excepcional. 

De hecho salieron a la luz diversos sitios arqueológicos, como Taguatagua 1 (TT1), de 12.600 años de antigüedad, y Taguatagua 2 (TT2), de 11.700 años, que fueron excavados por los arqueólogos chilenos Julio Montané y Lautaro Núñez, respectivamente. En ellos se han recuperado restos de megafauna hoy extinta y de industria lítica asociada. En ambos sitios se han hallado pruebas de la caza de gonfoterios, unos parientes lejanos de los elefantes modernos.

Vista panorámica del antiguo lago de Tagua Tagua, hoy ocupado por terrenos dedicados a actividades agrícolas.Foto: IPHES

El lago Tagua Tagua ocupaba una superficie de 31 kilómetros cuadrados en época de lluvias. Las excavaciones que se realizaron durante las labores de vaciamiento de su cuenca exhumaron un patrimonio arqueológico y paleontológico excepcional.

Debido a su relevancia arqueológica, treinta años después de las últimas investigaciones que se realizaron en el antiguo lago, un nuevo proyecto financiado por la fundación Palarq, en el que participan Erwin González de la Universidad de O’Higgins, Carlos Tornero del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), Matías Frugone-Álvarez y Rafael Labarca, de la Pontificia Universidad Católica de Chile, busca estudiar la relación que tuvieron los primeros habitantes del Pleistoceno del centro de Chile con la flora y los animales extintos que poblaron la región, así como conocer el impacto de los abruptos cambios climáticos que allí se sucedieron durante el período de transición del Pleistoceno al Holoceno.

RIQUEZA EN ASENTAMIENTOS HUMANOS

Entre 2019 y 2020, los arqueólogos exploraron un nuevo sector cercano a los sitios arqueológicos TT1 y TT2, llegando a documentar un tercer sitio, al que pusieron por nombre Taguatagua 3 (TT3), de similar cronología a TT1. 

Este hallazgo confirma la enorme relevancia arqueológica y científica del lago Tagua Tagua, que ha permitido a los investigadores sostener que el lugar fue ocupado de forma recurrente por grupos de cazadores-recolectores, que explotaron de manera integral los recursos que el lago ofrecía. 

El estudio de los fósiles recuperados demostró, además, una gran diversidad taxonómica, incluyendo no solo animales hoy extintos, sino también algunos que aún viven en la actualidad, como roedores, marsupiales, anfibios, aves, reptiles… de los que se han contabilizado hasta ahora 28 especies diferentes.

Recreación de la fauna que pobló las riveras del lago Tagua Tagua durante el Pleistoceno. Ilustración: Mauricio Álvarez

El estudio de los fósiles recuperados en los yacimientos del Tagua Tagua demostró, además, una gran diversidad taxonómica, incluyendo no solo animales hoy extintos, sino también algunos que aún viven en la actualidad.

Particularmente TT2 es uno de los pocos casos en América del Sur donde precisamente se ha podido documentar la caza de gonfoterios, debido al hallazgo de dos puntas de proyectil tipo «cola de pescado» elaboradas con cristal de roca. 

Estos proyectiles se asocian con un fragmento de ante astil de dardo compuesto manufacturado en una defensa de mastodonte joven. Todos estos elementos se encontraron asociados espacialmente a los restos óseos de gonfoterios desarticulados y apilados. 

También se recuperó instrumental lítico compatible con actividades de procesamiento de grandes carcasas (láminas retocadas, cuchillos, raederas, raspadores…). 

Por su parte, las excavaciones iniciales desarrolladas en TT3 han permitido asimismo documentar dos piezas líticas (un raspador y un cuchillo) situadas en una posición estratigráfica muy similar a las documentadas en las ocupaciones de TT1 y TT2. Cerca de estos elementos se registró un fogón, asociado a gonfoterios y a fauna menor. 

Todos estos resultados aportan nuevos datos a la hipótesis de que el antiguo lago Tagua Tagua funcionó como un polo de atracción para grupos humanos y animales durante la transición del Pleistoceno al Holoceno.

Evidencia arqueológica de un fogón asociado estratigráficamente a una vértebra de un mastodonte.Foto: IPHES

VISIÓN DE FUTURO

El equipo del proyecto tiene previsto continuar con los trabajos ya iniciados en TT3 y seguir con la búsqueda de nuevos sitios arqueológicos en la cuenca del antiguo lago y sus inmediaciones. 

En su condición de refugio, se espera descubrir allí una gran densidad de asentamientos arqueológicos tempranos. Además, el principal objetivo de este proyecto arqueológico será facilitar la comprensión de cómo las diferentes especies, tanto las extintas como las que aún viven, respondieron a estos cambios en su entorno físico y biológico (un aspecto aplicable a la biología de la conservación y a la ecología de la restauración). 

Paralelamente, se llevarán a cabo muestreos de restos orgánicos e inorgánicos para desarrollar nuevas reconstrucciones paleoambientales. Los investigadores están convencidos de que el análisis de estos datos aportará información detallada sobre las respuestas de los ecosistemas que surgieron en torno al antiguo lago a los cambios ambientales, una información muy útil para construir un modelo de estudio respecto al futuro de los ecosistemas actuales frente a la amenaza del cambio climático global.

Imagen de portada: Recreación de las actividades humanas que tuvieron lugar en el lago Tagua Tagua, en Chile, durante el Pleistoceno. Ilustración: Mauricio Álvarez

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC – Por Carlos Tornero, Rafael Labarca y Erwin González, investigadores del IPHES. Noviembre 2021

Arqueología/Paleontología/Primeros pobladores/Chile/América Latina/Sociedad y Cultura

 

Logran descifrar el ADN de momias enterradas en un desierto chino hace 4.000 años.

Los cuerpos y ropas de estas momias, que se encontraban en botes, estaban intactos a pesar de tener hasta 4.000 años cuando se encontraron en la década de 1990 en una inhóspita región desértica del noroeste de China. Hasta ahora su pasado era un misterio.

Sin embargo, un nuevo estudio realizado por investigadores chinos, europeos y estadounidenses analiza el ADN de estas 13 momias y secuencia sus genomas por primera vez. Los resultados del estudio sugieren que los restos son de un grupo local descendiente de una antigua población asiática de la Edad de Hielo.

Fueron encontradas en la cuenca del Tarim, en Xinjiang, y su aspecto occidental, sus ropas de lana tejidas, el trigo y el mijo encontrados en sus inusuales tumbas sugerían hasta ahora que eran pastores procedentes de la estepa de Asia occidental o agricultores migratorios de las montañas.

Una de las momias halladas en la región china de Xinjiang

© Foto : Wenying Li, Xinjiang Institute of Cultural Relics and Archaeology

«Encontramos pruebas sólidas de que en realidad representan a una población local muy aislada genéticamente», sostiene Christina Warinner, autora del estudio publicado en la revista Nature. Añade que, a diferencia de su aislamiento genético, «parece que adoptaron abiertamente nuevas ideas y tecnologías de sus vecinos pastores y agricultores mientras desarrollaban elementos culturales únicos que no comparten otros grupos».

Las momias eran descendientes directos de un grupo que estuvo muy extendido durante la Edad de Hielo, pero que había desaparecido mayoritariamente hace unos 10.000 años. Los rastros de estos cazadores-recolectores sobreviven hoy solo en parte, en los genomas de los indígenas de Siberia y de América, sobre todo. Otro aspecto que revelaron los resultados del estudio, es que este grupo no mezclaba sus genes con otros pueblos, y permanecía en un total aislamiento en este respecto.

A pesar del aislamiento de su genoma, su cultura era abierta. «No es necesario que la genética vaya siempre de la mano del intercambio cultural o lingüístico», explica Vagheesh Narasimhan, de la Universidad de Texas en Austin.

«La gente siempre puede adoptar nuevas técnicas, ya sea de agricultura o de trabajo del metal, de otros grupos, o cambiar sus prácticas funerarias sin que haya movimiento o rotación de la población».

Imagen de portada: Gentileza de Wenching Li

FUENTE RESPONSABLE: SPUTNIK MUNDO

Ciencia/China/Paleontología/Momias/Hallazgos

Un grupo de niños encuentra el fósil de una nueva especie de pingüinos durante una excursión.

El fósil hallado por los niños se corresponde con un pingüino gigante, cuyas patas largas le darían una altura erguida de 1,4 metros.

Encontrar un fósil cuando eres un niño debe ser muy emocionante. Pero si ese fósil de repente se convierte en una especie nunca antes descubierta, la emoción se transforma en un enorme júbilo. Eso precisamente debió ser lo que vivió un equipo de escolares de Nueva Zelanda, cuando en 2006 halló los restos de un pingüino gigante durante una excursión.

Los niños formaban parte del Hamilton Junior Naturalist Club (JUNATS), dedicado precisamente a promover este tipo de actividades al aire libre entre los más jóvenes. Todos eran pequeños exploradores, deseosos de encontrar tesoros escondidos en la naturaleza. Pero sin duda ninguno imaginaba en lo que se convertiría aquella salida al campo.

Si desea conocer más del estudio en Journal of Vertebrate Paleontology, cliquee por favor en lo escrito en “negrita”

Han hecho falta 15 años para que finalmente se publique un estudio en Journal of Vertebrate Paleontology, con la colaboración de científicos de la Universidad de Massey. Mientras, aquellos niños se han convertido en adultos, varios de ellos científicos. Quizás precisamente porque aquel gran descubrimiento les sirvió para avivar aún más un amor por la ciencia; que, sin duda, todavía tiene mucho más que crecer.

El sorprendente hallazgo de un fósil de pingüino gigante.

La excursión precisamente estaba programada para que los niños disfrutaran de un día en busca de fósiles. No es difícil encontrarlos en Nueva Zelanda si se va con una persona tan experimentada como Chris Templer, el director del Club.

Por eso, que hallaran un fósil no fue sorprendente. La sorpresa fue comprobar que se trataba de un pingüino gigante. Se han encontrado varias especies en la zona, especialmente en las regiones de Otago, Canterbury, Taranaki y Waikato. Inicialmente se pensó que debía corresponderse con alguna de las de Waikato, pues esta es la región en la que tuvo lugar la excursión.

El pingüino se parecía a otra especie ya descrita, pero tenía las patas más largas.

Sin embargo, cuando los fósiles se pusieron a disposición de científicos de la Universidad de Massey y el Museo Bruce, estos descubrieron que era una nueva especie.

En realidad, tenía un gran parecido con los pingüinos Kairuku, hallados previamente en Otago. Sin embargo, un escaneo en 3D y una posterior comparación con huesos de esta y otras especies permitió comprobar que las patas eran mucho más largas. De hecho, fue por este motivo por el que se bautizó como Kairuku waewae roa, ya que esta segunda palabra en maorí significa patas grandes.

Estas extremidades marcaron una gran diferencia, pues debieron darle una gran altura al caminar erguidos, de unos 1,4 metros, y también debieron influir notablemente en su forma de nadar.

Tiempos remotos

En cuanto a la antigüedad del fósil, parece ser que este pingüino caminó sobre la Tierra hace 27,3-34,6 millones de años, una época en la que buena parte de Waikato se encontraba sumergida bajo el agua. 

Varios de los niños ahora adultos que participaron en el hallazgo se han mostrado emocionados en el comunicado emitido tras la publicación del estudio. Y no es para menos. Dicen que en la vida todos deberíamos plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. ¿Pero qué pasa con los fósiles? ¿Es que nadie piensa en la emoción de descubrir una nueva especie?

Imagen de portada: Gentileza HIPERTEXTUAL

FUENTE RESPONSABLE: HIPERTEXTUAL Por Azucena Martín

Ciencia/Paleontología/Hallazgo/Nueva especie de pingüino/

Científicos chilenos hallan por primera vez restos fósiles de un dragón volador prehistórico.

Científicos chilenos identificaron por primera vez restos fósiles de un pterosaurio, un dragón volador prehistórico que habitó el desierto de Atacama, en el norte del país, hace unos 160 millones de años, informó este viernes la Universidad de Chile.

Los restos, conservados en tres dimensiones y muy buenas condiciones, son un húmero izquierdo, una posible vértebra dorsal y dos fragmentos de una falange del ala de este dragón volador que habitó la zona durante el periodo jurásico.

Se trata de los primeros restos de su tipo encontrados en el Hemisferio Sur, particularmente en territorios del antiguo mega continente Gondwana que existió hace unos 550 millones de años.

El hallazgo fue publicado esta semana en la revista científica trimestral Acta Paleontológica Polonica, editada por el Instituto de Paleobiología de la Academia Polaca de Ciencias, indicó la agencia de noticias AFP.

Durante una expedición en 2009 en la localidad de Cerritos Bayos, a unos 30 km de la ciudad de Calama, en pleno desierto de Atacama, el grupo de investigadores de la Universidad de Chile descubrió unos restos fósiles de una especie desconocida, que podía ser un animal prehistórico marino del periodo Jurásico.

Tras analizarlos, se determinó que se trataba de un pterosaurio cercano a la etapa adulta, perteneciente a la subfamilia Ramphorhynchinae.

Estos «enigmáticos dragones alados», se caracterizaban por tener envergadura de alas de hasta dos metros, explicó Jhonatan Alarcon, científico de la Red Paleontológica de esta universidad, quien encabezó los estudios de los fósiles del pterosaurio.

Alarcón detalló que «se caracterizaban por tener una cola muy alargada y con una peculiar terminación en forma de rombo. Poseían además cabezas bajas, hocicos largos y dientes puntiagudos dirigidos hacia el frente».

«Todos los descubrimientos de la subfamilia Rhamphorhynchinae provienen esencialmente del hemisferio norte, principalmente de Europa”, explicó el científico, quien aseguró que con este hallazgo “demostramos que la distribución de los animales de este grupo era más amplia de lo que se sabía hasta el momento».

Cerritos Bayos, es una zona de importantes hallazgos paleontológicos, donde este mismo equipo descubrió el año pasado plesiosaurios de los géneros Muraenosaurus y Vinialesaurus, y también los primeros restos de plesiosaurios, señalaron desde la Universidad de Chile. (Télam).

Imagen de portada: Gentileza de La Arena

FUENTE. La Arena

/Ciencia/Paleontología/Dragón volador/ Descubrimiento.