Ante el Café…

Qué precisión la de Antoni Martí Monterde, en las páginas de La erosión (Minúscula, 2021), para describir los cafés de Buenos Aires (y algo después, los de Rosario).

Para describirlos y para pensarlos. Hay una característica en la que se detiene de manera especial: las ventanas. La forma en que de por sí definen la relación con el afuera, con la calle, con la propia ciudad.

Monterde distingue en este sentido los cafés de Buenos Aires de los que preponderan en ciudades como Barcelona, que es donde vive, que suelen estar más metidos hacia adentro, o bien recurren a cortinas para efectuar su separación.

Pero los distingue también a partir de las ventanas, de los bares de paredes vidriadas, ya que a ese contacto visual con el exterior, que es pleno, le falta algo: le falta el marco. Las ventanas cumplen, en los cafés, la misma función que los marcos en los cuadros: separa un adentro y un afuera, los separan para la mirada, para el propio contemplador.

La pandemia lo alteró todo. Y en ese todo también, muy marcadamente, la figuración de los espacios interiores y exteriores; por lo pronto, la de las casas y las calles (lo difícil que sigue siendo desactivar esa premisa ideológica fundante: que en la casa está el refugio, que en la calle está el peligro).

Los cafés asumen, en este sentido, especialmente para los habitués, una función de enorme importancia, porque establecen en el afuera una nueva interioridad. Una interioridad que, sin dejar de serlo, algo tiene de lo abierto, y modifica por eso mismo la relación con lo exterior.

Ahora en Buenos Aires los cafés están abiertos, pero solamente en las veredas y no en su parte interior. Así que ahí nos ubicamos: para mirar por la ventana, pero ahora desde afuera hacia adentro.

Un poco como en el “Cafetín de Buenos Aires” de Discépolo, la ñata contra el vidrio. Y un poco como en “Ante la ley” de Kafka: suspendidos en el umbral, ante lo abierto e inaccesible.

FUENTE: Editorial Perfil – Martín Kohan

Invasión en la ciudad de Buenos Aires…

Avistamientos, fetiches y mitos virales en torno al último heredero de los aires porteños.


El cielo no puede esperar: la invasión de caranchos


El freno obligado por la pandemia permitió notar sus graznidos. ¿De dónde salieron esas aves que copan terrazas y antenas?

Dicen que los trajeron para que se coman a las palomas, pero al carancho poco le importa el qué dirán. Solo quiere morfar (Fuente: Francisco Erize | COA Palermo)
Dicen que los trajeron para que se coman a las palomas, pero al carancho poco le importa el qué dirán. Solo quiere morfar (1). Imagen: Francisco Erize | COA Palermo


Carpinchos copando calles internas de barrios privados. Cardúmenes a la vista en Venecia. Pumas en el centro de Santiago de Chile. Peces por el Riachuelo.


Al comienzo de la pandemia se viralizaron muchas fotos de especies ocupando lugares que el humano había dejado de frecuentar por las restricciones y cuarentenas.


Cuando aún se depositaba alguna expectativa sobre la Humanidad –aquel “De ésta vamos a salir mejores”–, esas postales parecían abrir el portal a la esperanza, con la naturaleza proponiendo otro tipo de convivencia. Después comprendimos que, en realidad, el fenómeno se produjo simplemente porque nos ausentamos de espacios y dejamos de ser una amenaza.


En ese embrollo (2), Buenos Aires comenzó a tener su postal. Especialmente en sus cielos: se comenzaron a ver con más frecuencia esas aves desafiantes desde algún punto de apoyo en la altura, o haciéndose anchas al planear, con su metro de ala a ala.

A veces, hasta se las ve arreando palomas en el aire o descarnando algún bicho en una cumbre. En pandemia, los porteños descubrieron al carancho. El pajarraco que todos, al menos una vez en la vida, mencionamos: la frase sobre el “nido de carancho” viene de esa cuna pajosa que construyen para incubar los huevos donde encuentren lugar.


Animales porteños


En CABA (3), los animales se expresan básicamente de tres formas: como mascotas (de perros a hurones, un rubro en el que se podría incluir también los patos de los lagos de Palermo y Parque Centenario, como otra expresión de domesticación), en forma de alimento (el Mercado de Liniers, que en realidad queda en Mataderos, es el símbolo de esto) y como plaga.


En la última de esas categorías se lucen las ratas. Nativas o coladas en barcos, habitan la ciudad antes de que sea ciudad.

Pueden aparecer en albañales y hasta meterse en casas por algún huequito. Por eso son odiadas. Las ratas viven –y viven de la forma que viven– porque así se los exige su biología. Y sobreviven por su impresionante capacidad de reproducción: una pareja puede tener hasta 120 crías por año, mientras que cada una de ellas ya estará en condiciones de replicar el ciclo a partir de sus dos meses de vida.


Es tan expansiva y multitudinaria la presencia de ratas que vuelve imposible establecer con
precisión cuántas hay en Buenos Aires. Pero las estimaciones que hablan de hasta nueve por persona dan como resultado un número tremendo: casi 120 millones de roedores recorriendo la ciudad día y noche, aunque la mayoría de ellos entre las cloacas, en los subsuelos de la civilización.


Con los murciélagos ocurre algo similar. “Ratas con alas” pero ciegas, y con un ruidito 
estremecedor: el pitido que emite su sofisticado radar cuando golpea contra algo sólido es inconfundible y genera temor.

Curiosamente, hay una especie de murciélago protegida por ley en CABA: el tadarida brasiliensis  (o, como se le dice coloquialmente: moloso común), que cumple una función ecológica al alimentarse de insectos. Hace control de plagas, digamos.

El tema es que en Argentina hay al menos 60 especies de estos mamíferos voladores (de las más de 1600 conocidas), y es difícil establecer qué población habita la ciudad. Sabemos que hablamos de millones, pero no si se trata de decenas de millones, de centenas o qué.


En cuanto a las aves en la ciudad, algunas –las de colores o las que tienen mejores cantitos– están en jaulas, vivas pero confinadas a un departamento o balcón; otras, en cambio, son repelidas, detestadas.

A la paloma, Buenos Aires le rompió toda su poesía para convertirla en una variante thrash capaz de alimentarse con basura y beber de aguas servidas. Además, no hace muchos años, la ciudad tuvo una extraña temporada en la que amanecía literalmente cagada por estos bichos.

En CABA, la paloma dejó de ser un ave: pasó a ser un bicho. Y uno que se convirtió en plaga.


La ciudad nido


Más o menos por esos tiempos fue que hizo su primera aparición estelar el carancho, acompañado de un mito que algunos toman como verdad y otros niegan rotundamente: la introducción de ejemplares adicionales para moderar el desenfreno de las palomas.

Comiéndoselas, claro.


Varios aseguran que el carancho en realidad es un habitante porteño de larga data. Es parecido al chimango, pero un poco más grande, de cuello blanco y plumas negras, y sobre todo mejor adaptable a las grandes ciudades.

En el NO (4) ya hablamos de cómo los chimangos fueron colonizando geografías menos pobladas: escapando de las vecinas zonas rurales contaminadas con pesticidas, se arrimaron a localidades balnearias que generaban basura y desperdicio, otro plato del menú carroñero.


Pero el carancho porteño no se conforma con restos y bolsas de consorcio: persigue palomas, pezuña ratas, busca carne viva. Es más grande que el chimango, más fuerte, tiene garras y un pico que le dan más autoridad. Por largos ratos se posa en lugares altos –una terraza, la antena de luz, un cable en la altura, la cruz de una iglesia, el cartel de una esquina poco transitada–, y desde allí mira pacientemente. Busca la presa con su vista privilegiada, o convoca a su pareja con un graznido de largo alcance. Cuando retumba entre los ecos de algún pulmón de edificio, parece el sonido de un águila. Aunque el carancho es de la familia de los halcones.


La visible presencia de esta ave rapaz en Buenos Aires genera debates en distintos foros:  ¿las  estamos viendo porque se multiplicaron, o en realidad comenzamos a prestarles atención cuando tuvimos que bajar unos cambios? ¿Cuántos las descubrieron en este año de pandemia, mirando por la ventana de un departamento alto tras días de confinamiento?


Durante un tiempo hubo, efectivamente, menos barullo (5) ambiente y menos contaminación. Fue cuando las aceras estaban casi vacías y las calles con tránsito restringido, líneas de subte 
resumidas y colectivos solo para los primeros esenciales. ¿Cuánto duró eso? La ciudad prontamente retomó su quilombo (6) urbano, pero los caranchos siguen apareciendo como antes, quizás más, nunca retrocediendo.


Las hipótesis son varias. Lo que no se puede negar es el interés que comenzó a generar este  avistaje cuarentennial.

Esta expansión se refleja en @COAPalermo, la cuenta de Twitter del Club de Observadores de Aves de Palermo.

El logo, la imagen de perfil y también la gran foto de portada son, justamente, de caranchos. Es uno de los espacios en los que se intenta “reivindicar” a esta ave rapaz ante la mala vista: aquella que la ve como una amenaza.

Claro que no se trata de “un pajarito” sino de un aguilón, un primo de los halcones que, de repente, nos vuela cerca. A algunos les interesa. A otros, intimida.


Como sea, muchos usuarios comenzaron a enviar fotos y vídeos, consultas. Y, desde ahí mismo, el COA Palermo responde y hace pedagogía: le permite al común y corriente poder distinguir las aves de la ciudad, conocer algunas de sus conductas. Información que, además, ayuda a saber cómo convivir con estas especies.

Hasta dónde llegar. Y hasta dónde no. Cómo contemplarlas sin temerles. Y, de paso, descubrir más sobre una de las 300 especies de aves que sobrevuelan los cielos porteños.


(1) Morfar – comer

(2) Embrollo – Desordén

(3) CABA – Ciudad Autónoma de Buenos Aires

(4) NO – Noroeste del país.

(5) barullo – ruido o desorden grande

(6) quilombo – lío, barullo, desorden


Fuente: Página 12 Por Juan Ignacio Provéndola

Mi adorable y xenofobo país-Final

Los responsables de la decadencia

Todo lo que puede venir por debajo de la pirámide de responsabilidades tiende a localizarse, a medida que se desciende en ella, en grupos sociales cada vez más amplios hasta implicar a la sociedad en su conjunto. ¿Quién no estuvo inclinado en algún momento a culpar a la sociedad alemana de esa generación en su conjunto, sobre las barbaridades y aberraciones del régimen nazi?

¿Quién por otro lado dudaría del elevado nivel de civilización y refinamiento que se observa en ciertos alemanes que adhirieron a ese régimen; personas que han alcanzado los más altos niveles en las artes, las ciencias y otras virtudes morales? Vemos en este punto la dicotomía entre individuo y sociedad. Los hombres no son individuos aislados ni la sociedad un ente ajeno a ellos, sino que se ligan a través de cadenas invisibles que forman la verdadera urdimbre social.

Dice al respecto el sociólogo alemán Norbert Elias: “…La libertad individual queda sustituida por una autonomía relativa. Su noción de libertad es residual. Es la capacidad de acción que le resta al hombre en su paso por los múltiples pliegues de la coacción. Los hombres no planean los procesos sociales que guían sus vidas, pero deben tratar de desbrozar la opacidad que ellos mismos crean, a su pesar. El intelectual moderno se debate entre la desazón que le produce la cultura de su tiempo y la voluntad sociológica de entender los grandes procesos que gobiernan el destino de los hombres…”

El constitucionalismo alberdiano (1853-1943) y el nacionalismo popular (1943-2021), en sus diferentes versiones, se constituyeron en los axiomas de los dos grandes paradigmas que sucesivamente, se instalaron en dos ciclos largos en los que se dividió nuestra corta historia. La sociedad tiene su propia conciencia, ideología o relato, más allá de la que puedan tener los individuos que la integran. La sociedad no va a producir ningún cambio si primero no cambia “su paradigma”.

Ha resultado difícil entender el comportamiento de las sociedades en la medida que se pone el esfuerzo en interpretarlo como una extensión simple y llana de los comportamientos individuales.

Los arquetipos que se crean en la simbología política producen decisiones sobre el voto diferentes de las decisiones que ese mismo individuo que está votando tomaría en circunstancias en donde no interviene su preferencia política. Es conocido el caso de la encuesta en donde el encuestado tiene respuestas contradictorias en relación a YPF o SHELL, según la pregunta trate de su ideología personal o de su preferencia laboral para su hijo. Defiende a la primera envuelto en la bandera nacional, pero optaría por la segunda como proyección laboral para su hijo. Es evidente que el concepto de “independencia económica”, tomado esto como ejemplo, está empaquetado en una simbología que excede el “interés individual genuino” que es contradictorio con el “interés general simbólico”. El fracaso de las performances sociales sobreviene cuando el interés individual no se alinea con el llamado interés general del “relato” prevaleciente. De donde se deducirá una forma de poner en claro qué es el interés general explicitado en el voto y qué es el bien común. La diferencia entre estos dos conceptos está evidenciando una deficiencia del “gobernante” que, entre otras cosas, tiene la responsabilidad pedagógica de educar o extraer de sus representados su propio interés genuino que es aquel en donde el bien común supera a la suma de los bienes individuales que se deducen de los intereses particulares.

Cuando la sociedad asocia la transformación o el cambio del sistema político con un mejoramiento marcado de la situación económico-social de las mayorías en un período concentrado de tiempo, ese sistema político puede convertirse en nuevo paradigma para esa sociedad, mediando una sucesión de hechos anteriores que muestran la necesidad del cambio y hechos posteriores que vayan haciendo prolongar esa asociación entre cambio y mejora a lo largo del tiempo. Esto es lo que sucedió con el Peronismo a partir de 1946.

El relato histórico siempre eximió al Peronismo y al nacional populismo de la responsabilidad de estos tremendos fracasos y lo vuelve a colocar como la alternativa electoral que asegura la gobernabilidad. Sin embargo, de las dos grandes carencias del actual paradigma –institucionalidad republicana y fallas en el mecanismo de aprendizaje– son responsables todas las parcialidades políticas pero, en mucho mayor medida, los dos grandes partidos políticos: el Peronismo y el Radicalismo.

La herencia regalista española y el nacionalismo económico que se va introduciendo desde fines del siglo XIX, derivó en un equivocado estatismo, contrario al espíritu de nuestra Constitución. Aquellos se constituyeron en el sostén ideológico del Radicalismo que, a su vez fue su aporte sustancial al paradigma nacional y popular. El mayor pragmatismo del Peronismo, más dúctil para entender la sociología del voto, le permitió ajustarse mejor a la dinámica de las conveniencias históricas del capitalismo mundial exitoso, cosa que por su rigidez no consiguió hacer el Radicalismo más encerrado en su dogmatismo tradicional. Menem, en el Peronismo, fue el ejemplo de lo anterior. El kirchnerismo, en cambio, regresionó al Peronismo del 46 lo que lo hizo, en lo que respecta a su ideología económica y a su dogmatismo, más afín con el Radicalismo.

El hecho de que no sea un solo partido el responsable de nuestra decadencia, agrava la confusión en el aprendizaje, por cuanto se establece una suerte de alternancia viciosa entre dos parcialidades que precisamente son las que aportan cada uno lo suyo en el error del paradigma de la decadencia, convirtiéndolo en un error sistemático. El uno, el Peronismo, aportó su inclinación por el corporativismo y el desprecio por las formas republicanas. No obstante, no me atrevería a ratificar que sucede lo mismo en el ADN del gobierno de Alberto Fernandez, en la actualidad. 

Aún más; la coalición gobernante (Cambiemos) que fue derrotada en diciembre del 2019 (radicalismo, macrismo, parte del socialismo y otras fuerzas políticas) también hizo como su bandera el corporativismo y el desprecio por la oposición, en sociedad con los medios hegemónicos dominantes que alentaron en la sociedad; una suerte de “falsa credibilidad” en las políticas de Estado, tan erróneas como perversas que toma Mauricio Macri en su gestión de gobierno.

Ahora bien; asumiendo Alberto Fernandez en diciembre de 2019 se encontró con una grave y caótica situación, tanto en lo económico como en lo social, con aproximadamente un 42% de pobreza y sin ninguna posibilidad de ser asistido por Organismos Internacionales de crédito; ya que el gobierno macrista con la anuencia del voto de los EE.UU., logró que el Fondo Monetario Internacional le otorgara un préstamo, que históricamente es el mayor realizado a un país por más de U$S 50.000 millones de dólares. 

En la jerga popular se puede expresar, que la falta de credibilidad del partido gobernante en la sociedad y el egocentrismo ciego de Macri, el manotazo de ahogado recurrió a un endeudamiento que ya no existía con el FMI, habiendo también realizado con anterioridad por citar un ejemplo, la colocación de bonos argentinos en acreedores nacionales y del exterior, uno de ellos a cien años. La ralentización de la economía, la pérdida de empleos, el aumento de la pobreza y la indigencia, no hacían mella en la coalición gobernante, ya que la deuda contraída con el FMI no se destina ni a sanear la situación económica ni a financiar crecimiento alguno. Solo pretendieron con ello, poder mantener el status quo, en la búsqueda de alcanzar la reelección. 

Intentar analizar la dinámica de este proceso de decadencia que ya lleva casi 80 años. Una verdadera patología sin un diagnóstico compartido y como tal, de pronóstico incierto. En un sistema democrático electivo se hace indispensable que la sociedad perciba sus problemas reales para que el cuerpo social pueda realizar el aprendizaje que implica todo proceso de evolución. 

Pueden identificarse las causas de la decadencia, que desde ya son múltiples. Pero una vez instalada, es decir cuando adquiere condición de estado, las causas difícilmente pueden ser identificadas desde dentro mismo de la sociedad decadente. Sociedad que no ya no posee ni siquiera capacidad de movilización ni de manifestarse políticamente en masa para exigir justicia, ya que está, representada en el máximo nivel por la Corte Suprema de Justicia, se ha visto asociada entre la bruma de la impunidad, alentando la corrupción sistemática que como un carcinoma, genera metástasis en toda los cuadros políticos desde hace ochenta años.

Ya es por todos conocido; que el virus conocido vulgarmente como COVID19, desembarcó en estas tierras en los inicios del 2020; es decir tres meses después que asumiera el gobierno peronista -que en verdad, venció en las elecciones por la masa cautiva de votantes del kirchnerismo-

Hasta inicios de este año, las políticas asociadas a la salud de los argentinos tuvo como partícipes al Gobierno como asimismo a la totalidad de los gobernadores, cualquiera fuera su color político. Pero bastó; que el  actual Gobierno redujera la coparticipación (las partidas que la Nación, remite a cada provincia) de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, bastión siempre antiperonista y hoy en manos de Horacio Rodriguez Larreta (PRO-macrismo), para lo que políticamente debía ser el tema de la presencialidad en las escuelas, fuera utilizado por la oposición para mediatizar permanentemente la anti virtualidad de la educación tanto en medios periodísticos como en otros contrarios al Gobierno, dejando que miles de argentinos y argentinas continuarán contagiándose en miles de personas cada día, con una suba de la letalidad como consecuencia de la falta de unidades de terapia intensiva, de insumos, oxígeno, entre otros. El personal sanitario sufre pérdidas humanas y se encuentran ya en el límite de la resistencia al estrés.

Pero en la política, nada interesa cuando se intenta, a pesar de la grave situación cotidiana que se vive en la Argentina, obstaculizar al Gobierno al punto tal que el gobernador de la Ciudad de Buenos Aires, judicializar el Decreto de Necesidad y Urgencia emitido por la Presidencia de la Nación, para obtener la continuidad de la presencialidad en las escuelas.

La expresión “daños conjeturales” acuñada por el presidente de la Corte Suprema, Carlos Rosenkrantz, se parece mucho a (y funciona como) otra más célebre: daños colaterales. Ambas apuntan a minimizar, ningunear o banalizar perjuicios graves causados para garantizar un bien superior. En un caso decidir un pleito importante a favor del aliado político. Herir o matar al enemigo, en otro.

La sentencia de la Corte Suprema entró en el pasado en cuestión de semanas. Se recontra concretaron los hechos que los Supremos consideraron no corroborados aunque los tenían delante de las narices. Nada novedoso sucedió durante ese tránsito veloz, solo se verificaron las tendencias, los indicadores conocidos por “todo el mundo”. La cantidad de fallecimientos (en general y de personal docente en particular), de contagios diarios, los niveles de ocupación de camas en terapia intensiva, la saturación del sistema de salud.

Los códigos procesales, sabiamente, indican que los magistrados deben tomar en cuenta “los hechos notorios”, conocidos por toda la comunidad. 

En un asunto de gravedad institucional y humana nada impedía a los jueces a apersonarse, moverse y observar los hechos.

De modo lateral, se desnudó el modo capcioso en que los jueces llenaron las lagunas que deja la Carta Magna. Las disquisiciones sobre la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), rara avis parida y mal regulada en la Constitución de 1994. No es provincia como las demás, porque no antecedió al Estado nacional ni tiene facultades preexistentes consagradas por pactos ídem.

La interpretación judicial reescribe el texto legal, todos los días en todos los casos. Transformarlo en tótem, atribuirle claridad y sentido unívoco de los que carece, hurtar el cuerpo a la peculiaridad de la pandemia, condujo a un resultado funesto. Una resolución insensible que coadyuvó a agravar los problemas y postergar medidas ineludibles.

¿Se harán cargo los magistrados de su cuota de responsabilidad, tan imprecisa numéricamente cuan innegable? Desde luego que no. Los jueces se auto exoneran de las consecuencias sociales de sus sentencias. Saludan al Derecho Romano, escriben en latín o en una versión indescifrable del castellano y se lavan las manos ante las secuelas.

¿Responderán ante la opinión pública? ¿Darán explicaciones ante los medios, que son parte esencial del sistema democrático? Jamás. Los Supremos, de ordinario, no participan del Agora ni se someten a entrevistas para defender sus posiciones, justificar sus pronunciamientos, esclarecer a la gente común. La Constitución no les concede esa dispensa, antidemocrática. Hamilton vivió antes de que se inventara la tevé. Alberdi desconocía la radio… La falta de presencia pública es una prerrogativa arcaica, impropia de sociedades del Siglo XXI.

El silencio, la oscuridad, el secretismo, la elusión impositiva describen a aristócratas (oligarcas diría Aristóteles) que hicieron daño y se esconden.

El presidente, los gobernadores, los intendentes sometidos al escrutinio popular, seguidos en vivo por cámaras y micrófonos llevan otra responsabilidad.

Durante estos días atroces, en un rapto de lucidez común, resolvieron acentuar restricciones por nueve días. En el peor momento de la pandemia, como todes reconocen menos Rosenkrantz, Ricardo Lorenzetti, Juan Carlos Maqueda y Horacio Rosatti, que tal vez se desayunaron el jueves pasado.

La tregua de nueve días: La sentencia cortesana configuraba un estado confederal para responder a los desafíos de la peste. Propiciaba –verbalizando o sottovoce—una anarquía en su conducción. La perspectiva de 24 políticas sanitarias, debilitando al Estado Nacional, reducido al rol de proveedor de vacunas, insumos médicos y ayuda económica a los más carenciados.

El Jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta jugó con fuego para quedar como abanderado de la educación y gerente de una ciudad libertaria. Los controles los amago y te los debo. Como vecino, por una vez, este cronista da fe de la existencia de bares y restaurantes atendiendo adentro cuando estaba prohibido. Llegó a ver uno frente a una comisaría, semi colmado y con una policía en la puerta. Policías, guardaparques (o como se llamen) sin barbijo o con la pieza colgando por debajo de la nariz. Nimio número de inspectores frente a los agrupamientos nocturnos. Cervecerías con cincuenta o cien personas ocupando media cuadra.

Toquemos apenas la presencialidad en escuelas, que no es centro en esta nota. Burbujas que estallan, la mitad del piberío (como mucho) con asistencia a clases intermitente.

Escapa al saber de este cronista cómo piensan íntimamente Larreta y su elenco. A título de hipótesis: se ne fregan de ciertos “costos” a cambio de posicionarse como adalid de las clases presenciales. En una sociedad polarizada y segmentada por preferencias políticas, descuenta que conservará la condición de mayoría en la Ciudad. La verborragia del Gobierno, su excesiva focalización en la CABA lo catapultaron como figura nacional.

En estas semanas, Larreta y su gente rondaron el pánico. Lo cuentan, con subterfugios, los medios que le hacen de claqué, los periodistas (pautados o militantes o las dos cosas) que lo endiosan.

Otros gobernadores se mueven de modo similar. Se esmeran en esquivar la toma de decisiones, en esperar que las asuma “Alberto” y que él pague los costos.

Los nueve días de restricciones severas, duras para la población e imprescindibles, son un logro del presidente. Conversó, roscó (con perdón de la palabra), reinstaló un feriado puente anulado semanas atrás.

La oposición es intratable, judicializa todo, juega a indignar y meter ruido. El contra Poder Judicial se alinea con ella. En ese marasmo debe gobernar Fernández. Lo que no dispensa sus errores al comunicar o al gestionar porque tiene que hacerlo en el contexto que le tocó.

Los nueve días son a la vez un alivio y un intervalo breve, que coloca a los mandatarios con Fernández a la cabeza ante el día después, el primero de junio.

Con peste, nada es sencillo: Gobernar siempre es difícil. La complicación se potencia en pandemia. Un vistazo somero sobre las elecciones realizadas en el mundo (salpicón surtido, desde ya) sugiere que los oficialismos tienden a pasarla mal.

La comunicación es una de las facetas de la acción política. Astutos o hasta taimados, varios gobernadores rehúyen el centro de la escena y “dejan” que el presidente transmita las malas nuevas.

El discurso de Fernández en cadena tuvo un rating descomunal, el pueblo quiere saber.“Lamentablemente,tenía razón” arguye el presidente, apuntando al rival político. A los espectadores en general les importan más los anuncios que ese cuadro de situación. Una mirada superficial y expandida sobre el debate público, estimamos, confunde proporciones. 

Aunque las redes sociales creen un espejismo en contrario, las personas politizadas, encolumnadas a favor o en contra del Gobierno, constituyen una minoría. El resto se enfoca en la familia, el barrio, el trabajo. Transita la cotidianeidad. Se concentra en el laburo, la escuela de los pibes, la inflación, la seguridad urbana, algo de esparcimiento.

Los cambios de escenario complican la existencia. Atribula la falta de horizontes, no ya futuros, sino para dentro de contadas semanas. Dos sociólogos clásicos del siglo pasado, Peter L. Berger y Thomas Luckmann, enseñaban que para la gente común, la realidad cotidiana está dada. No se problematiza, reversionamos. Uno se despierta, abre la canilla y espera agua. Sabe qué lo espera cuando sale a la calle, que el super chino está a media cuadra casi siempre abierto, que la tarjeta SUBE sirve para pagar el bondi, cuyo trayecto conoce.

Los cambios de reglas para salir a la calle, los fluctuantes horarios autorizados para circular, los permisos que caducan de improviso y deben renovarse, la inextricable distinción entre servicios esenciales y no esenciales… las alteraciones constantes desorientan, acentuando las preocupaciones. La sensación ciudadana ante la hiper regulación constante puede asemejarse a la de épocas de anomia. Se pierden las referencias, se debe recalcular todo por encima de los duros desafíos de ganarse el pan y de ordenar la vida en familia.

La narrativa oficial centra la mira en la CABA y en Rodríguez Larreta en detrimento de otras 23 provincias y mandatarios. Táctica discutible en un país federal cuya población recela del centralismo porteño.

En materia educativa, con varios días sin escuela por delante y la perspectiva factible de prórroga se hace imprescindible que el discurso oficial trascienda la cuestión sanitaria. Larreta macanea cuando fija clases para fines de diciembre pero se emboca en un sentido: proponer que está pensando en el futuro, que las restricciones son transitorias, apenas una parte de la realidad.

Demasiada confianza: Meses atrás Fernández describía a Larreta como “un amigo”. No resultó así.

En un carril parecido el presidente confió a veces demasiado en consensos genéricos, mesas esporádicas tan amplias como ineficaces, en supuestos aliados que defeccionaron.

La reaparición de Marcelo Tinelli ofrece un ejemplo pequeño e ilustrativo. Replicó con denuncismo berreta, rayano en la extorsión, a una crítica sensata del ministro de Salud bonaerense Daniel Gollán. Anti política al rojo vivo, un alarde de idiosincrasia. Comunicador cutre y exitoso, Tinelli tiene derecho a expresarse y todavía congrega público. Metió la pata el Gobierno cuando le dio una silla en la Mesa Argentina contra el Hambre. Protagonista frívolo, nada serio podía esperarse de él. Se lo embellecía a cambio de una pátina de supuesta popularidad, desmereciendo (sin desearlo pero…) a personalidades valiosas que enaltecen la iniciativa.

Tinelli, podrá decir usted, es una figura menor. Vale. Pero la relación con él no se diferencia conceptualmente de la que mantuvo con la cúpula de la Unión Industrial Argentina (UIA), hoy punta de lanza de la oposición. Labor a la que se dedica tanto como a la insolidaria remarcación de precios.

La gente y las vacunas: La historia nunca se repite ni siquiera cuando reinan semejanzas y la sensación de déjà vû. La gobernabilidad en el contexto de tragedia cuenta cómo virtud del gobierno y de buena parte de la sociedad civil. La contención ciudadana, la templanza, la falta de violencia política contribuyeron en buena medida. Las minorías intensas y gritonas son minoría. Perdieron la batalla anti vacuna, que emprendieron con armas viles que incluyeron la criminalización.

En mayo-junio van llegando y llegarán millones de vacunas. De México, de Europa, de Estados Unidos, de Rusia. Es factible que haya producción nacional. La oposición retacea reconocimientos o miente sobre el panorama; las personas de a pie se anotan y festejan cuando llega su turno.

Esa infatigable tarea ranquea como la mejor política pública del Gobierno. El incremento de la recaudación impositiva añade un factor positivo. Acrecentar la inversión social, ayudar a empresas y laburantes en apuros sigue siendo la agenda prioritaria de un gobierno nacional y popular.

Alberto Fernández recobró, de momento y en buena hora, la conducción de la política sanitaria federal pese a la baja cooperación de demasiados gobernadores.

La innegable prioridad de la vida y la salud no alcanza en una sociedad compleja. También es imperioso recuperar el control de la economía, la creación de puestos de trabajo y la redistribución del ingreso. Metas irrenunciables para un gobierno nacional-popular.

Un ejemplo para recordar: Hace rato que el exceso de confianza del Gobierno lo hace cometer traspiés, errores evitables. Encara demasiados conflictos a la vez. Desde Vicentín, genera escenarios en los que sale derrotado. La Reforma Judicial centrada en los tribunales federales es un ejemplo clavado: ajena a los intereses de la gente y hasta a su atención.

Se aproxima el 25 de mayo, aniversario de la jura del presidente Néstor Kirchner con quien se formó Fernández. Puede ser útil recordar su praxis. Kirchner era un luchador que trataba de administrar los conflictos. Daba pelea, a menudo, pero también retrocedía cuando la correlación de fuerzas le parecía adversa: contra Juan Carlos Blumberg, por caso.

Personalizar a adversarios-enemigos, otra lección que daba Kirchner cuando mencionaba con nombre y apellido a Alfredo Coto, a Héctor Magnetto. Cuando prorrumpió “¿qué te pasa, Clarín?” o conducía un boicot contra Shell.

Escogía oportunidades y contrincantes: la Corte Suprema desprestigiada, los represores del terrorismo de Estado, el “pejotismo”. Metía la pata, claro, como en el enfrentamiento con las patronales agropecuarias. Pero siempre pensaba en estar fuerte, en acrecentar su poder democrático. El poder no es una materia inerte, como un canuto de plata en una caja fuerte. Es representación e imagen, se construye, se pulsea.

Construir poder en democracia es trabajoso, supeditado a las reglas institucionales. Necesario también en todos los tiempos. Inclusive en las terribles circunstancias que padecemos hoy.

FUENTE: Quien escribe; con los valiosos aportes de 

“LA DECADENCIA ARGENTINA” de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas.

PÁGINA 12 – Editorial

De India a Israel: el peligroso virus de la religión

Las celebraciones religiosas aportaron a la ola de contagios que causa estragos en el país asiático. El caso israelí.

CLAUDIO FANTINI

En el escenario de la pandemia, la frivolidad y el fanatismo fueron dos inesperados aliados en el sabotaje al distanciamiento social. Las aglomeraciones en fiestas clandestinas y en celebraciones religiosas son recurrentes focos de contagio en todas las latitudes.

En la juventud, porque el instinto gregario mostró indolencia ante la muerte y el dolor ajeno, y en la religión por la gravitación del “fanatismo”, palabra que deriva de “fanum”, que significa templo. En latín, “fanáticus” significa “perteneciente al templo”. Y desde tiempos inmemoriales, lo que se cree en el templo choca con lo que se descubre en el laboratorio.

Es la eterna confrontación entre religión y ciencia. Una puja que sembró de tragedias la historia y obstruye luchas contra enfermedades. En esta ocasión, el fervor religioso aparece entre las causas del catastrófico repunte del covid en la India, con su secuela de muertes a gran escala. Las causas son muchas. El gobierno se confió por el poco nivel de contagios que tuvieron las primeras olas.

Se pensó que la población, siendo mayormente joven, estaba menos expuesta que otras poblaciones. También que la cantidad de gérmenes patógenos que infectan a ciudades superpobladas donde predomina el hacinamiento y la falta de higiene, inmunizar a gran parte de la población india.

A eso se sumó el exceso de confianza provocado por la producción de vacunas en su territorio y el resultado fue un relajamiento que se vio en las calles, en protestas contra la política agrícola del gobierno y en la realización de comicios regionales sin protocolos sanitarios. Pero los mayores focos de contagios pudieron producirse en celebraciones religiosas.

Los indios se congregaron por el Durga Puyá y el Dussedra, que celebran la victoria de la diosa Durga sobre el demonio Mahishasur y el triunfo de Rama sobre Ravana, el “rey demonio” de diez cabezas. Ambas festividades se realizan en el mes de Ashwin del calendario hindú (septiembre u octubre), congregando multitudes. Y a renglón seguido, llegó el Kumbh Mela, que significa Jarra Sagrada y constituye la celebración religiosa más multitudinaria del mundo.

El Kumbh Mela, que congrega millones de peregrinos en cuatro ocasiones cada doce años, se realiza en ciudades que están junto a ríos sagrados. Este año se efectuó en Haridwar, la capital del estado Uttarakhand. La ciudad está atravesada por el río Ganges, sagrado porque según la mitología hinduista, escuchando los ruegos del rey Bhagiratha, el dios Shiva hizo descender agua de los cielos a las cumbres del Himalaya donde nació el río que riega las secas tierras bengalíes.

Este año, la fiesta de los ríos sagrados congregó a millones de peregrinos que se bañaron en las “aguas purificadoras” del Ganges. A esa altura de la pandemia estaba claro en todo el mundo que semejantes aglomeraciones eran focos de contagios y que, al retornar a sus hogares, los peregrinos esparcirían el virus por otros estados y ciudades. Entonces ¿por qué no se impidió la celebración?

Posiblemente, la respuesta incluya el componente religioso del gobierno que encabeza Narendra Modi. El primer ministro pertenece al ala más radical del Bharatiya Janata, partido del nacionalismo hinduista que levanta la bandera del “hindutwá” (hinduidad) y que en la década del ’90, con el liderazgo de Atal Vajpayée, desplazó del poder al secular Partido del Congreso.

El hecho es que la inmensa escalada de contagios a escalas indias es un potencial laboratorio en el que el coronavirus podría acelerar mutaciones hasta quedar fuera del alcance de las vacunas. La primera consecuencia para el mundo fue que Narendra Modi prohibió la salida de vacunas producidas en la India.

No es el único punto del planeta donde el fervor religioso produjo aglomeraciones que pueden generar escaladas de contagios. Con uno de los estados más inteligentes del mundo, Israel pudo efectuar una sorprendente campaña de vacunación.

Falta ver si la inmunidad alcanzada impide que una celebración religiosa haya provocado una ola de contagios que sume muertes a la lista que las vacunas debieron congelar.

Más de cien mil personas se amontonaron en el Monte Merón a celebrar el Lag Baomer, provocando la mayor catástrofe civil de la historia israelí.

Al casi medio centenar de muertes que produjo una estampida multitudinaria, podrían sumarse los que provoque una eventual cadena de contagios. El nivel de israelíes inmunizados por una campaña organizada con eficacia asombrosa, podría no alcanzar para impedir que esta tragedia sume muertos causados por el covid19.

Los protagonistas de la catástrofe ocurrida en la Alta Galilea, fueron los jaredíes.

La palabra hebrea de la que proviene esa denominación de los ultra-ortodoxos, significa “miedo” y refiere al temor a Dios y a violar cualquiera de las 613 “mitzvot”, preceptos bíblicos señalados en la Torá.

Los jaredíes han violado anteriormente el distanciamiento social en Israel y en el distrito neoyorquino de Brooklyn, donde se encuentra una importante comunidad ultra-ortodoxa de la diáspora.

Después de haber piloteado la modélica campaña de vacunación, el gobierno de Benjamín Netanyahu permitió que cien mil personas asistieran a la celebración que se realiza cerca de la tumba de Rashbí, el rabino místico que enseñaba el Talmud en el siglo II y escribió el Zohar, uno de los libros cabalísticos fundamentales.

La multitud participó de la llamada fiesta del fuego, también fiesta de la alegría, en la que cantan y bailan junto a numerosas hogueras evocando el final de la plaga que dos mil años atrás fue enviada por Dios, según la religión hebrea.

Rashbí, cuyo nombre era Shimon Bar Yochai, fue uno de los cinco únicos sobrevivientes de aquel “castigo divino” y hoy es celebrado por los jaredíes con las hogueras que evocan “la luz espiritual” del misticismo.

Que el gobierno de uno de los estados más inteligentes del mundo no hiciera cumplir el límite de asistentes, podría tener que ver con el peso de los partidos religiosos en el gobierno de Netanyahu.

Por cierto, el choque entre religión y la lucha contra la pandemia se dio en todas las latitudes y creencias, incluidas las iglesias cristianas que desafiaron el distanciamiento social en las Américas.

Seguimos sumando pobres…

Para la UCA, sin la asistencia del Estado la pobreza habría alcanzado el 52% en 2020

El informe aclara que el golpe sanitario y económico de la pandemia se combinó con 3 años de suba en los números de pobreza.

Postales que duelen. El 42% está por debajo de la línea de pobreza. CEDOC.

La Universidad Católica Argentina (UCA) publicó un estudio sobre el impacto del COVID-19 en el país y sostuvo que sin la asistencia del Estado Nacional, la pobreza habría trepado al 52% de la población y la indigencia al 25%. Las conclusiones muestran los duros resultados económicos de la pandemia en el país.

Los datos del estudio “Efectos de la pandemia Covid-19 sobre la dinámica del bienestar de la Argentina urbana” son contundentes respecto a cómo habrían escalado los números de la pobreza y la indigencia si el estado no hubiera inyectado recursos económicos en la población más desfavorecida.

Sin la asistencia social, más de la mitad de la población argentina habría alcanzado el 52% de la pobreza y un cuarto de los habitantes a nivel país habría caído en la indigencia.

El estudio confirma que los registros de la pobreza tuvieron un ascenso por tercer año consecutivo, contabilizando los números del 2018 (33,6%), 2019 (39,8%) y 2020 (44,7%). Esto grafica una suba de pobreza por ingresos de casi 11 puntos porcentuales en tres años. 

Los números finales que la UCA  seleccionó para obtener estas conclusiones llegan hasta octubre del 2020, y por ello representan diferencias con los porcentajes presentados por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), que llegaron al 42% como balance final del año pasado.

En ese marco, la llegada de la ayuda social alcanzó al 55,4% de la población en términos generales, un nivel de asistencialismo superior a la mitad de los habitantes. Sin embargo, al segmentar las estadísticas en los sectores de escasos ingresos económicos, el impacto alcanza al 79,7% de la población en situación de pobreza.

Coyuntura crítica para la pobreza en Argentina

El estudio consignó que la situación de pobreza está atravesada por un contexto socioeconómico crítico en el país, y apunta a dos características específicas. Por un lado, las vicisitudes de casi una década de estancamiento seguido por recesión, previos al advenimiento de la pandemia. En simultáneo, el estudio habla del retroceso abrupto de los ingresos de los hogares en el marco de la crisis sanitaria y las medidas de aislamiento social preventivo dispuesta. La tan mencionada pobreza estructural.

“La situación económica de los últimos años llevó los niveles de pobreza multidimensional a los puntos más altos de la década en 2018 y posteriormente en 2019. En 2020, como consecuencia de la crisis producto de la pandemia esta tendencia se profundizó alcanzando al 42% de la población”, explica el estudio.

Luego, desarrolla de qué manera la pandemia aceleró las deshilachadas condiciones económicas de los sectores con menores ingresos de Argentina. “Esta evolución se explica por el fuerte impacto que tuvieron las medidas restrictivas sobre una economía con la trayectoria estancada y recesiva de los últimos años. Los efectos sobre el mercado de trabajo impactaron fuertemente en el ingreso de los hogares, particularmente de los más vulnerables en términos de sus inserciones laborales, llevando al incremento de la inseguridad alimentaria severa respecto a 2019”, explicaron los especialistas.

Pero otra de las conclusiones que establece el trabajo es de qué manera la pandemia afectó a sectores medios y medios altos, que vieron afectados sus ingresos por problemáticas como la pérdida de empleo. “Hogares de estratos mejor posicionados también perdieron empleos registrados, vieron suspendidas o finalizadas sus actividades por cuenta propia perdiendo vínculo con la seguridad social”, explicaron.

Las esquirlas de la pandemia también afectaron la escolaridad, una discusión que forma parte aún hoy de la agenda política y mediática argentina. “Por otra parte, las medidas de aislamiento también impactaron sobre los niveles de asistencia escolar, interrumpiendo la tendencia descendente del déficit de asistencia escolar en niños y adolescentes al incrementar el porcentaje de hogares que contaban con un al menos un niño o adolescente sin vínculo alguno con instituciones educativas formales”, explicaron desde la UCA.

La presentación del estudio se llevará a cabo en el día de hoy en el seminario académico “Pobreza Multidimensional y desigualdades sociales en la Argentina urbana 2010-2020. Desafíos teórico-metodológicos para su medición bajo el escenario Covid-19”. Podrá verse en vivo en  www.uca.edu.ar/odsavivo.

En latinoamérica; el COVID sumergió en la pobreza a 22 millones de personas.

GI/FL

 

Efecto relevante en la Argentina ante el COVID19; réplica de lo que ha sucedido y sucede en el mundo.

VENTAS ON LINE

El 30% de los compradores online debutaron durante la pandemia

El impacto de la pandemia impulsó las compras electrónicas de manera exponencial. Qué consumen los argentinos y cómo cambió.

El dato impacta: “La pandemia en tiempos de digitalización aceleró en un año lo que hubiera demorado de 5 a 10”. La sentencia le pertenece al consultor Enrique Carrier, quien sostiene que “es imposible analizar esto sin tener en cuenta el contexto”, por cuanto considera que “los comercios compensaron la pérdida de la venta presencial con las remotas”.

“Lo importante será qué sucederá cuando vuelva a la ‘normalidad’. Si bien habrá un retorno a las operaciones offline, la pandemia dejará un nuevo piso. Nos vamos a haber acostumbrado a comprar remotamente, porque es más cómodo y económico, y hubo un desarrollo de logística y plataformas e-commerce por parte de las empresas”, analiza.

Un informe de la consultora Claves Información Competitiva coincide con este diagnóstico: “El impacto de la pandemia podría llevar a duplicar la participación del e-commerce en el producto nacional y achicar la brecha que lo separa de los países desarrollados”. Asimismo, destaca que, en Argentina, el comercio online creció́ un 150% durante los últimos cinco años (en términos reales) “aunque las ventas entre consumidores (C2C), lo hicieron en menor medida (93% real). Como consecuencia, se observa que el comercio desde las empresas a consumidores (B2C) representa una porción cada vez mayor en las ventas online”. Argentina es el segundo mercado de comercio electrónico de más rápido desarrollo en el mundo con un crecimiento del 55% en 2020.

Lo que viene

“Nos dirigimos a la siguiente fase del comercio digital, que se trata de habilitar nuevas capas de valor y conveniencia para los consumidores online o en la tienda”, dijo Juan D’Antiochia, General Manager de América Latina en Worldpay from FIS. “El 30% de los compradores online realizaron su primera compra en el canal digital durante la pandemia y el 92% de ellos planea seguir operando online en el futuro”, agrega Evangelina Suárez, Directora Comercial para la Industria Retail en Google.

De acuerdo con el relevamiento de Claves, las marcas de consumo online más elegidas fueron Netflix, Coca-Cola, Grido, Guaymallen y Mc Donalds. Para Demian Niedfeld, Director y cofundador de Ukelele (agencia especializada en Marketing para e-commerce), “la pandemia eliminó del ranking de categorías compradas por primera vez al turismo y espectáculos, dando paso a las relacionadas con alimentos, acondicionamiento del hogar, cuidado personal, cursos, carreras, seminarios, entre otros”.

El comercio electrónico local registró una facturación de $905.100 millones, cifra que surge del Estudio Anual de Comercio Electrónico en la Argentina que realiza Kantar Insights para la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE). Asimismo, 9 de cada 10 argentinos realizaron una compra online y 1 de cada 10 lo hizo por primera vez durante la pandemia. 

Proyecciones

“Las expectativas para este año respecto del e-commerce son positivas, con posibilidades de incrementar su volumen y participación en el mercado. En este sentido, observamos que la gran mayoría de los puntos requeridos por los consumidores se centran fundamentalmente en la experiencia de compra”, afirma Matías Casoy, Director Ejecutivo para Rappi Cono Sur (Argentina, Chile y Uruguay). Al analizar los aspectos que más valoran de la modalidad de compra online, se destaca el ahorro de tiempo, la practicidad y la seguridad.

A partir de las búsquedas de los argentinos, Google identificó más de 10 mil temáticas que cambiaron y que dieron lugar a nuevas. “Al estar más tiempo en sus hogares, los argentinos presentaron gran atención a productos como, por ejemplo, los pijamas, que crecieron más del 220% en interés de búsqueda”, subraya Suárez. 

Gonzalo Latugaye, Brand Director en Tiendanube, detalla las categorías de productos más demandadas (datos de los últimos 25 días): 1) Indumentaria y accesorios, $ 5.780 millones; 2) Alimentos y bebidas, $ 3.940; 3) Salud y belleza, $ 3.950; 4) Casa y hogar, $ 8.507, y 5) Libros, $ 2.600. ¿Cuáles son las zonas que más crecieron?

A principios de 2020, el 40% de las tiendas de Tiendanube estaban radicadas en la CABA, en tanto que, para diciembre de 2020, la Ciudad concentró el 32%, mientras el resto de las provincias fue apareciendo más lentamente en escena. Se fortalecieron Gran Buenos Aires (30%), Buenos Aires (14%), Córdoba (7%) y Santa Fe (6%), mientras que Mendoza, Entre Ríos, Río Negro, Neuquén, Corrientes, Tucumán, Salta, Chaco y Chubut completan el universo actual de tiendas nube.

Al respecto, Antonio Rivero, Director Comercial de Napse, explica el crecimiento de la llamada “omnicanalidad”, es decir, de una integración entre los canales físico y online. “La frontera entre el retail digital y el físico desapareció en la mente de los clientes, que esperan recibir sus productos con la misma eficiencia, velocidad y calidad, sin importar el punto de contacto utilizado”.

Desde su visión, “si bien millones de personas se volcaron a las tiendas digitales, también surgen modalidades de compra que integran el comercio electrónico y el online”. Según datos de Kantar, el 66% de las personas en América Latina planea mantener los hábitos adoptados durante el distanciamiento social. “Esta es una oportunidad para reinventar los negocios, ofreciendo mejores y más eficientes experiencias en la compra online”, cierra Suárez. La dinámica de lo impensado.

Fuente: Editorial Perfil — Editor Jorge Fontevecchia – 28 abril2021

Enemigo común

Reías tanto mientras
yo te corría
tratando alcanzarte
sin suerte,
eramos jóvenes
donde todo nos era posible.

Hoy seguimos juntos
nos cuidamos cada día,
el uno al otro
como en aquella época,
ya que hoy enfrentamos
a un enemigo
común tan invisible
que contagia y mata.

Alcohol, lavado de manos,
ventilacion no es novedad
para nosotros solo costumbre
hacerlo o usarlos,
cada día de la vida.

Nos prometimos
no quedarnos quietos,
sos vos o ambos
que cuidamos el jardín,
en el otoño necesita
mucho más cuidado,
nos reímos mucho
trayendo recuerdos
de un tiempo
que pasó,
pero su huella, dejó.

Nuestra sesión
de yoga más meditacion
en ayunas cada día
nos lleva la primera hora,
de cada amanecer

Luego él desayuno de reyes
que preparas
despues a pasear
por la plaza cercana,
gozando del aire perfumado
atrasado de los tilos.

Sabemos que este
enemigo invisible,
no tiene vencimiento,
por ello tenemos claro
que nuestra mejor vacuna
será nuestra actitud
y el amor que nos brindamos.

Solo extrañamos
los abrazos de los nietos,
pero ello nos dan
el mejor regalo al cuidarnos,
con su ausencia.

Nada, es para siempre…

La ineficacia neoliberal

Brasil: ‘El impacto psicológico del COVID-19 en los profesionales de la salud es devastador’

La falta de suministros de oxígeno y el colapso del sistema sanitario en Manaos, con más de 150 muertes diarias a fines de enero, han tenido un efecto trágico en la salud mental de los profesionales de la salud. Alvaro Palha, coordinador de Actividades de Salud Mental relata en primera persona su experiencia trabajando con estos profesionales en el Amazonas.

16.03.2021 – Por Alvaro Palha, coordinador de Actividades de Salud Mental de MSF Manaos, Brasil.

Hay algunos acontecimientos que quedan grabados en la historia, que marcan un antes y un después. Para las personas en el estado de Amazonas en Brasil, una tragedia sucedió por primera vez el año pasado, pero una más profunda llegó durante la segunda semana de enero de 2021.

En mayo de 2020, el sistema de salud del estado colapsó por primera vez: en promedio, más de 60 personas morían todos los días como resultado del COVID-19 y las escenas de las fosas comunes fueron muy difundidas. Sentí que esas imágenes eran lo peor que nos podía hacer la pandemia. A partir de entonces, el número de casos descendió, y aún con la crisis presente, la impresión general era que lo peor ya había pasado. Lo que vino después mostró que, lamentablemente, eso no era cierto.

El número de casos y muertes comenzó a acelerarse drásticamente a finales de diciembre. A mediados de enero se produjo el segundo colapso. Los y las pacientes de la región, que por la Selva Amazónica se conoce popularmente como los “pulmones del mundo”, fallecieron por falta de oxígeno.

Llegué a Manaos a finales de enero con un equipo de psicólogos y psicólogas de Médicos Sin Fronteras (MSF) y juntos hemos visto de cerca el impacto que la tragedia en el Amazonas sigue teniendo en las y los profesionales de la salud.

En los relatos que ahora recibimos, hay referencias recurrentes a los días 13, 14 y 15 de enero. Fue en estas fechas cuando se agotó el oxígeno en algunas instalaciones de salud, luego de un aumento exponencial de la demanda de este insumo.

Era una situación para la que nadie podría haberse preparado. Escuchamos cómo un profesional de la salud vio a uno de sus colegas sentado en el suelo, llorando y abrazando cilindros de oxígeno vacíos. La escena simboliza la frustración de quienes vivieron estos momentos: tener energía y saber ayudar a los y las pacientes en agonía, pero simplemente no tener los medios para hacerlo.

El número promedio de muertes diarias en Amazonas se disparó a más de 100 a mediados de enero. Incluso después de que se estabilizaron los suministros de oxígeno, aproximadamente una semana después, el impacto de un número mayor de casos graves siguió golpeando al sistema de salud colapsado. A eso se sumaba la imposibilidad de trasladar a Manaos a pacientes del interior que necesitaban cuidados intensivos porque simplemente no había camas hospitalarias disponibles en la capital. El pico se alcanzó con más de 150 muertes diarias hacia fines de enero, luego descendió y volvió a alrededor de 50 a finales de febrero.

El impacto emocional que sufren las personas que trabajan en los centros sanitarios que apoya MSF es devastador. Mi equipo trabaja en una unidad de emergencia y en el Hospital 28 de agosto, el hospital público más grande del Amazonas. Hemos tratado de brindar apoyo de salud mental no solo a personal médico y de enfermería, sino a todas y todos los que están en primera línea, incluido el personal administrativo, de seguridad y de limpieza.

El impacto emocional que sufren las personas que trabajan en los centros sanitarios es devastador. Para muchos, las heridas psicológicas permanecen abiertas y otros no se han permitido hacer el duelo. 06/02/2021 © MSF

Una cosa que destaca es que muchos trabajadores y trabajadoras de la salud ya han perdido a algún pariente por COVID-19. La preocupación de contagiarse es grande, pero nada puede vencer el miedo casi unánime de llevarse la enfermedad a casa, afectando a algún familiar.

Actuamos rápidamente con una estrategia que involucró mapear las necesidades y ofrecer apoyo inmediato a quienes nos preguntaron. Las prácticas de acompañamiento individual y grupal se están realizando en las unidades de salud y también de forma remota, en el caso de los trabajadores que se encuentren ausentes y también necesiten asistencia.

Lo cierto es que la necesidad de apoyo psicológico estará presente durante algún tiempo. Por eso queremos contribuir, para que este servicio continúe en el mediano y largo plazo, con estrategias realizadas por organizaciones y servicios locales. En este sentido, el trabajo de MSF implica la formación en primeros auxilios psicológicos y la presentación de recomendaciones técnicas a los gestores sanitarios locales.

Nos encontramos con personas que están de baja por motivos de salud y simplemente no pueden ingresar físicamente a su lugar de trabajo. Para algunas de estas personas, las heridas psicológicas permanecen abiertas y volver a la rutina diaria en este punto es simplemente imposible.

En otras situaciones, lo que vemos es la determinación de seguir adelante, sin dejar espacio para el duelo. Hubo quienes perdieron familiares dentro de la unidad donde trabajan. Informada de la muerte, la persona se ocupó de algunos trámites burocráticos pero dejó que otros familiares se encargaran de los arreglos del funeral porque sintieron la urgencia de volver al trabajo.

Otra persona, que perdió a su cónyuge y siguió trabajando con normalidad y sin descanso, nos ha dicho: “Sé que tengo que hablar contigo, pero ahora no puede ser”.

Sabemos que cuando el duelo no se resuelve, existe una tensión con tomarse el tiempo necesario para reorganizar emocionalmente la vida en ausencia del fallecido. Esta tensión, cuando no se reconoce y aborda, puede aparecer de otras formas. Es esencial tener tiempo y espacio para dejar salir estos sentimientos, y el papel más importante que tenemos mis colegas y yo en este momento es estar disponibles para apoyar a las personas en esto.

Fuente: Médicos sin Fronteras

¿Cuál es la razón de seguir sembrando miedo?

Crisis sanitaria

Un estudio hecho a sobrevivientes de COVID arrojó que un tercio tiene problemas neurológicos

Fue realizado a 230 mil pacientes. Los dos síntomas más diagnosticados fueron la ansiedad y la depresión.

Un estudio hecho con 230 mil sobrevivientes de COVID arrojó que alrededor de un tercio de los pacientes analizados había tenido problemas neurológicos o psiquiátricos hasta seis meses después de recuperarse de la enfermedad.

Para los especialistas, los resultados sugieren que, una vez finalizada la pandemia, podría verse una ola de pacientes con problemas mentales. Los hallazgos fueron publicados en el journal científico The Lancet. 

El estudio, del que participaron mayoritariamente pacientes de Estados Unidos, reveló que la ansiedad y la depresión fueron los dos síntomas más diagnosticados, de un total de 14 que registraron.

El 17% de los analizados exhibió síntomas de ansiedad, mientras que el 14% tuvo depresión. Estos resultados se vieron en todo tipo de personas, más allá de la severidad del cuadro de COVID que hubiera sufrido. 

En los pacientes que sí atravesaron cuadros más severos de COVID, hubo más casos de accidentes cerebro vasculares (ACV) y otros desórdenes neurológicos.

Un estudio hecho el año pasado por los mismos investigadores arrojó que un 20% de los pacientes que sobrevivían al coronavirus habían desarrollado un problema psiquiátrico en 3 meses. 

“Si bien el riesgo individual para la mayoría de los trastornos es pequeño, el efecto en el conjunto de la población podría ser importante”, afirmó a Reuter Paul Harrison, un profesor de psiquiatría de la Universidad de Oxford que codirigió este estudio.

Según los registros, un 34% de los pacientes analizados sufrió secuelas mentales luego de recuperarse de COVID. Los investigadores señalaron que este tipo de problemas eran mucho más común en personas que se recuperaban de COVID que de la gripe u otras enfermedades respiratorias.

Esto sugeriría que la COVID juega un rol preponderante en la aparición de este tipo de problemas. Para algunos investigadores, los resultados del estudio son preocupantes. 

“Se trata de un estudio muy importante. Confirma más allá de toda duda razonable que la COVID-19 afecta al cerebro y a la mente en igual medida”, afirmó Simon Wessely, docente de psiquiatría del King’s College de Londres.El 17% de los analizados exhibió síntomas de ansiedad, mientras que el 14% tuvo depresión. Estos resultados se vieron en todo tipo de personas, más allá de la severidad del cuadro de COVID que hubiera sufrido. 

En los pacientes que sí atravesaron cuadros más severos de COVID, hubo más casos de accidentes cerebro vasculares (ACV) y otros desórdenes neurológicos.

Un estudio hecho el año pasado por los mismos investigadores arrojó que un 20% de los pacientes que sobrevivían al coronavirus habían desarrollado un problema psiquiátrico en 3 meses. 

“Si bien el riesgo individual para la mayoría de los trastornos es pequeño, el efecto en el conjunto de la población podría ser importante”, afirmó a Reuter Paul Harrison, un profesor de psiquiatría de la Universidad de Oxford que codirigió este estudio.

Según los registros, un 34% de los pacientes analizados sufrió secuelas mentales luego de recuperarse de COVID. Los investigadores señalaron que este tipo de problemas eran mucho más común en personas que se recuperaban de COVID que de la gripe u otras enfermedades respiratorias.

Esto sugeriría que la COVID juega un rol preponderante en la aparición de este tipo de problemas. Para algunos investigadores, los resultados del estudio son preocupantes. 

“Se trata de un estudio muy importante. Confirma más allá de toda duda razonable que la COVID-19 afecta al cerebro y a la mente en igual medida”, afirmó Simon Wessely, docente de psiquiatría del King’s College de Londres.

CARTA ABIERTA DE UNA ENFERMA DE COVID PERSISTENTE.

Es posible que sean unos de los grandes olvidados de esta pandemia. Son los enfermos de Covid persistente , personas que llevan meses soportando los síntomas del virus y la angustiosa incertidumbre de si toda esta sintomatología que padecen les abandonará o no algún día. El hecho de no estar graves les condenó, en el mejor de los casos, a la última posición de la cola de la atención sanitaria en la primera ola. Y durante la segunda ola su situación no mejoró en demasía, relegados casi a la misma posición.

Observan con cierta esperanza la creación de unidades específicas de enfermos de Covid persistente, con la de los hospitales Germans Trias i Pujol y Bellvitge, pero son conscientes de que todavía queda una ardua travesía por recorrer con la incógnita de si las instituciones sanitarias les acompañarán en ese difícil tránsito.

El que sigue es el relato de una enferma de Covid persistente que lleva ocho meses soportando los estragos del virus. Es una llamada de auxilio, un grito de alerta que tiene por objetivo evitar que este colectivo de enfermos caiga en el olvido.

Luchamos para curarnos, por nuestros derechos como Covid persistentes

Lo menos importante de esta carta es mi nombre. Podría ser Cristina, Lara, Eva, Marta, Álvaro, Aitor, Carles, Sílvia, Anna, Dolors …

Soy una Covid persistente, una de las muchas personas que contrajimos la Covid-19 durante la primera ola de la pandemia, a mediados de marzo. Las abandonadas.

Hace ocho meses que lucho para curarme”

Ocho meses después aún sufro síntomas persistentes, aún arrastramos síntomas persistentes que incapacitan nuestro día a día, las relaciones sociales y la actividad laboral. La vida.

Hace ocho meses que lucho para curarme. Luchamos para curarnos, para volver a ser las personas que éramos antes de caer enfermas. Sin síntomas ni secuelas.

A principios de marzo, como muchos de los Covid persistentes de la primera ola, era una persona sana, sin patologías previas y con toda una vida por delante. Hablo de mí, de ti, de ellos, de un vosotros y de un ellos.

La incertidumbre es la piedra más puntiaguda de este largo camino de la enfermedad”

El nosotros, lo hemos construido día a día desde mediados de mayo, cuando nos agrupamos en la plataforma Afectades i afectats persistents per la Covid-19 y empezamos a cooperar con otras comunidades como Madrid, Andalucía, Euskal Herria y València, donde también había casos como los nuestros. Hemos construido una red colaborativa que nos ayuda a visibilizarnos. ¡A cuidarnos!

Nuestro recorrido no es más doloroso que el de los enfermos de la Covid-19 que han tenido que ser ingresados o intubados o que han pasado mucho tiempo en la UCI. Seguro que no lo es. Pero, posiblemente, la incertidumbre es la piedra más puntiaguda de este largo camino de la enfermedad.

Nadie sabe decirnos qué nos pasa y cuándo podremos recuperar la salud que teníamos antes de la Covid-19”

Hace muchos meses que arrastramos sintomatología compatible con el maldito virus, mayoritariamente sin ninguna patología grave a priori, pero con el inconveniente de que nadie sabe decirnos qué nos pasa y cuándo podremos recuperar la salud que teníamos antes de la Covid-19. Sin ciclos de recaídas, sin febrícula, sin ninguno de los síntomas que nos despiertan cada mañana. Necesitamos fortaleza y valentía en dosis muy altas, para no dejarnos arrastrar por el desánimo en la (re)caída. Somos las resilientes que no nos detenemos, aunque seguimos enfermas.

Vivimos en una montaña rusa cíclica, en un proyecto de vida que hemos tenido que reaprender: cambiar la alimentación, gestionar la energía que consumimos, adaptarnos, mientras los síntomas no se van, a vivir el día a día como un carpe diem permanente. Las recaídas siempre vuelven sin avisar y no las podemos predecir. Son inciertas e inesperadas como una granizada de verano y no te puedes preparar para sostenerlas.

Vivimos en una montaña rusa cíclica, en un proyecto de vida que hemos tenido que reaprender”

Nuestro afán es pedir que se cambien los protocolos rígidos e inflexibles que el Departament de Salut implementó en los Centros de Atención Primaria y los hospitales de nuestro país al principio de la pandemia.

A las personas con sintomatología leve o moderada se nos pidió que nos quedáramos en casa, porque no había suficientes camas en las Unidades de Cuidados Intensivos, no tenían pruebas PCR para toda la población y las pocas pruebas que había eran para las personas graves o para el personal sanitario. Estábamos ante un débil sistema sanitario que no estaba preparado para afrontar la pandemia con todas las herramientas necesarias. Y nos corresponsabilizamos.

Luchamos contra aquellos profesionales médicos que no nos quieren escuchar”

Y luchamos con algunos profesionales médicos que nos escuchan y quieren saber qué nos pasa, porque saben que, a nuestro lado, pueden aprender cómo evoluciona el virus y cómo actúa. Todavía hay mucho camino por recorrer y lo sabemos. Nos gusta poder participar en la búsqueda y la investigación y volver a corresponsabilizarnos con el sistema de salud y con la investigación. Y luchamos contra aquellos profesionales médicos que no nos quieren escuchar, que creen que tenemos problemas de ansiedad o de depresión y que no entienden que, los síntomas persistentes, siguen viviendo en nuestro cuerpo durante mucho tiempo.

Nos sentimos abandonadas por la sanidad pública en la primera ola de la pandemia porque éramos pacientes leves o moderados y se pensaba que podríamos vencer el virus en casa. Ahora, después de ocho meses, pretenden excluirnos con la excusa de que no tenemos pruebas científicas PCR o serológicas positivas cuando los estudios publicados en todo el mundo ponen en tela de juicio las pruebas y su tempo en la realización. Aún tenemos que lidiar con muchos médicos y médicas incluso cuando la clínica de la enfermedad es de una evidencia irrefutable.

La estigmatización es una sombra larga y tenebrosa que nos afecta a nivel emocional, laboral y social”

Si algo nos ha enseñado la Covid-19 a los portadores de larga duración es a ser resilientes, pacientes y persistentes. Venceremos la persistencia del virus y persistiremos en la reclamación de nuestros derechos sanitarios.

La estigmatización es una sombra larga y tenebrosa que nos afecta a nivel emocional, laboral y social a muchas de las persistentes. Hoy en día, una parte muy importante de la población no acepta una realidad que no podemos cambiar: seguimos enfermas e incapacitadas. La tarea pedagógica no nos corresponde a nosotras, estamos enfermas y bastante hacemos en defender a los nuestros y cuidarnos entre nosotras. La responsabilidad es del Departament de Salut, que es quien debe velar para ofrecer atención sanitaria a toda la ciudadanía por igual.

Sin nuestra red de apoyo, los Covid persistentes no hubiéramos podido resistir”

También los medios de comunicación, que tienen que tratar con respeto a los Covid persistentes. Entre un 10% y un 15% de enfermas de Covid-19 no se curan después de 10 o 15 días. No, compañeros, no es eso. Seguimos enfermas con la incertidumbre de no saber cuándo y cómo nos vamos a curar, cuándo y cómo recuperaremos nuestra vida anterior.

Lo que sí sé como Covid persistente es que, la mejor medicina mientras no haya investigación específica sobre la Covid de larga duración, pasa por la honestidad, la empatía, la escucha activa y el respeto.

Sin el apoyo incondicional de la familia y de los amigos, el infierno habría sido devastador. Sembradas de dudas, de dolores, de ahogos, de febrícula continuada, sin nuestra red de apoyo, los Covid persistentes no hubiéramos podido resistir. Gracias a todas las redes de apoyo, continuad cuidándonos porque seguimos enfermas. Os necesitamos.

Seguimos enfermas, pero firmes; seguimos para curarnos”

Y lo más mágico de todo esto es que a pesar de los dolores, la febrícula y todos los síntomas de estos largos meses, una red de mujeres, que no nos conocíamos, hemos tejido complicidades, confianzas y cuidados a partes iguales. De forma generosa y comprometida, como sólo las mujeres sabemos hacer. Hemos dejado que la confianza activa guíe nuestras vidas y así hemos duplicado nuestras oportunidades y la sabiduría.

Os agradezco que nos leáis y que compartáis esta carta. El nosotros lo tenemos; es un colectivo de 1.200 personas en Catalunya; ahora nos falta la difusión que haréis vosotros, un vosotros lleno de complicidad. Seguimos enfermas, pero firmes; seguimos para curarnos.

Fuente: La Vanguardia. Josep Fita – Barcelona – 03-12-2020