Iain McGilchrist: “No entendemos de dónde provienen la felicidad y la plenitud”

Graduado en letras, el psiquiatra escocés acaba de publicar un libro en el que aborda una filosofía de lo cotidiano para vivir mejor; “nuestra crisis espiritual es tan grande como la física”, dice, en alusión a la pandemia

La formación de Iain McGilchrist es peculiar. Su abordaje, también. Y encima vive en el extremo noroccidental de Escocia, en la isla de Skye, rodeado de whisky. Tan rodeado del “agua de la vida” que mora en la histórica y legendaria Talisker House. Los amantes del whisky sabrán de qué les hablo.

Graduado con honores en Letras de Oxford, McGilchrist viró hacia la medicina. Psiquiatra, dirigió hospitales y desarrolló investigaciones neurocientíficas, mientras escribía en sus ratos libres. Y un día, tres décadas después de empezar a darle forma, terminó El maestro y su emisario, en el que abordó cómo los dos hemisferios del cerebro afectan nuestras vidas, para bien y para mal. Su libro causó sensación.

Ahora, a los 68 años, McGilchrist lanza The Matter with Things, adentrándose en la filosofía de nuestras vidas cotidianas, buscando respuestas a las preguntas que nos agobian desde siempre (y más en estos tiempos). “Tenemos una crisis espiritual que es tan grande como la crisis física”, afirma, y no cree que el flagelo del Covid19 nos lleve a mejorar. “Tan pronto como la pandemia lo permita, muchos volverán a ser egoístas e infelices”, lamenta.

De rostro bonachón, tono amable y mente brillante, McGilchrist no aspira a ver cambios sustanciales, ni a nivel global, ni personal: Pero tampoco es ese el objetivo, aclara. “No se nos pide que solucionemos todos los problemas; solo que nos comportemos de una manera verdaderamente humana”.

Y en ese “verdaderamente” está la clave, que plantea con una pregunta: “¿Qué me permitirá decir, cuando todo termine, ‘bueno, hice mi mejor esfuerzo’?”.

–¿Por qué este libro, The Matter with Things, y por qué ahora?

–Desde mi adolescencia sentí que había algo muy mal en la forma en que generalmente hemos estado pensando en el mundo moderno de Occidente. Comencé a sentirlo de manera intuitiva y solo más tarde descubrí que había muchos filósofos que estarían de acuerdo conmigo, porque no supe sobre ellos en la escuela. El mundo no es algo meramente material y mecanicista, algo que está ahí fuera, ajeno a nosotros. Pero solemos ver las cosas de ese modo. Lo mismo ocurre con las obras de arte o con la naturaleza, que tomamos como algo que nos rodea, cuando en realidad somos en relación con ella. Sin embargo, me tomó treinta años de estudios e investigaciones del cerebro poder articular mis ideas.

–¿A qué conclusiones arribó?

–Encontré que hay muchas diferencias entre los dos hemisferios del cerebro que no se han investigado. Son dos formas completas de percibir el mundo: uno se enfoca en lo que podemos tomar y usar, y eso es lo que priorizamos; el otro ve el panorama completo y lo que sucede en otros lugares. Ahora, usted podrá preguntarse por qué es esto relevante. La respuesta es porque nos ayuda a comprender mejor qué es un ser humano, qué es el mundo y cuál es nuestra relación adecuada con el universo. Debemos comprender que todo está interconectado. No somos solo un cerebro que funcionaría mejor si no tuviera que lidiar con un cuerpo. ¡Al contrario! Somos un cuerpo y la mente está ahí para comprender y ayudar a ese cuerpo, mirando de otro modo la forma en que abordamos las respuestas a las cosas. Sin embargo, hemos conspirado para despreciar nuestras reflexiones no instruidas sobre las intuiciones de la vida, los juicios que formamos por experiencia.

«Deberíamos cultivar hábitos de reflexión, de meditación, de sumergirnos en las grandes obras de la música y la poesía»

–¿Cómo es eso?

–Todo tipo de personas inteligentes han aportado pruebas de que podemos estar equivocados, demostrando aquí o allá que nuestra intuición está equivocada. Eso es muy divertido, sí, como lo son los libros que aportan giros inesperados. O como las ilusiones ópticas. Sin embargo, tras observar una ilusión óptica, nunca escuché a alguien decir: “Bueno, de ahora en adelante, voy a cerrar los ojos y vivir mi vida a ciegas porque no puedo confiar en ellos”. No. Nuestras intuiciones son absolutamente vitales y nos alertan que destruir el mundo, violarlo y saquearlo es malo. Sin embargo, el hemisferio izquierdo de nuestro cerebro ve el mundo de otro modo: “Sé todas las respuestas. Entiendo cómo funciona”. En otras palabras, lo que los griegos llamaban “arrogancia”. Creer que lo sabemos todo, cuando las investigaciones psicológicas demuestran que las personas que saben muy poco piensan que lo saben todo y las personas que saben mucho piensan que no saben nada. Pero así vivimos, en un mundo que cree que “sabemos cómo hacernos inmortales. Podemos tener todo lo que queremos”.

–¿A qué se debe eso?

–Se debe a que no entendemos de dónde proviene la felicidad, de dónde proviene la plenitud. Asumo que debemos vivir en una conexión amorosa con el mundo, sin buscar manipularlo y hacer dinero con él.

–¿La pandemia global ha reforzado o, por el contrario, modificado de alguna manera sus puntos de vista, sus ideas o su proceso de escritura?

–Puedo decir que no, aunque pensé al principio de la pandemia que podría salir algo bueno de todo esto, que la gente vería que hay valor en una sociedad que no está impulsada por maníacos consumiendo todo el tiempo y que la gente comenzaría a calmarse, a moverse más despacio, pensando más detenidamente, leyendo más y contribuyendo menos a la destrucción del mundo.

–¿Y ahora?

–Ahora no sé si es algo que hayamos aprendido. Creo que tan pronto como se pueda, muchos volverán a ser egoístas e infelices. Basta con ver lo que ocurre en Gran Bretaña, donde se alienta a despreciar una cultura que tardó mil o dos mil años en crecer, haciendo afirmaciones locas como que no existe el cuerpo de una mujer o de un hombre. Leemos cosas estúpidas, todos los días, en el periódico. Resultaría divertido si no fuera tan triste, como muestran las investigaciones desarrolladas durante décadas. Cuanto más nos hemos enriquecido, menos satisfechos estamos. Y, por el contrario, las personas de países menos occidentalizados son más felices y saludables, con sociedades en las que uno tiene el deber de participar. Porque la sociedad nos hace lo que somos y nosotros, a cambio, ayudamos a mejorar esa sociedad.

«No hay nada de lo que podamos estar más seguros que de la existencia del tiempo. Nada tendría sentido sin su existencia. No habría nada. Por tanto, el tiempo no es nuestro enemigo»

–¿Puede ahondar en esa idea?

–Debemos dejar de hacer las cosas que resultan tan destructivas para nosotros, para nuestras comunidades y para el mundo. Se lo digo de otro modo: cuando la gente acude a mí como psiquiatra, no me corresponde a mí darle las supuestas respuestas, porque sería un error. Lo único que puedo decir es: “Me dices que estás haciendo esto y aquello y que no está funcionando. Bueno, dejemos de hacerlo, y pensemos y escuchemos un poco, y veamos si hay algo a lo que podamos responder”. Es casi una idea espiritual. Si siempre estamos recibiendo información y estímulos, y tratamos de hacer cien cosas a la vez, en realidad es muy probable que hagamos las cien cosas mal. Necesitamos, por tanto, crear un espacio en el que podamos concentrarnos.

–¿Qué lecciones aprendió a lo largo de este proceso de escritura de diez años?

–Escribir mi primer libro me tomó 25 años porque mientras estudiaba y escribía tenía un trabajo muy demandante y a tiempo completo, además de que me resultó muy difícil en ese primer libro expresar ciertas cosas porque nuestro lenguaje no nos equipa con lo que necesitaba decir. ¡Tuve que intentar explicarle a la gente por qué a veces es mejor no hacer que hacer! ¡A veces es mejor no saber sobre algunas de las cosas que son más valiosas, como el amor, el arte, el sexo, la poesía o la música! Son cosas que no se pueden expresar con palabras. Así que pasé mucho tiempo meditando al respecto hasta que llegué a la conclusión de que no podía escribir ese libro. De hecho, fui a terapia por ese primer libro [risas]. Pero al final, en el proceso de tener que explicar cosas que son difíciles de expresar, comencé a entenderlo mejor. Al escribir este nuevo libro, partí de tres lugares para comprender la respuesta a la pregunta sobre quiénes somos. La neurología, la filosofía y la física. La buena noticia es que a medida que avanzaba, los tres ejes se unieron. Fue maravilloso.

«Me considero un pesimista esperanzado, porque hubo muchas ocasiones en la historia en las que debimos haber pensado que era el final de todo. Pero no fue así»

–Deme un ejemplo.

–La cuestión del tiempo. Mucha gente piensa que si llegas a cierto nivel de percepción espiritual, compruebas que el tiempo realmente no existe. Pero estoy convencido de lo contrario. No hay nada de lo que podamos estar más seguros que de la existencia del tiempo. Nada tendría sentido sin su existencia. No habría nada. Por tanto, el tiempo no es nuestro enemigo. Es lo que hace posible todo lo que valoramos. Y no sería mejor si todo siguiera en un eterno presente. Eso nos lleva a otra idea: no podemos desesperarnos por cómo se encuentra el mundo. Por supuesto que resultará muy difícil corregir sus problemas, pero me considero un pesimista esperanzado, porque hubo muchas ocasiones en la historia en las que debimos haber pensado que era el final de todo. Pero no fue así. Continuamos. Y tampoco se nos pide que solucionemos todos los problemas. Solo que nos comportemos de una manera verdaderamente humana, realizándose, comprendiendo que todas las cosas importantes de la vida, como el amor o el arte, no se pueden medir y son casi infinitas, aunque puedan parecer muy pequeñas a nuestros ojos. Intentemos pensar en la vida como un regalo. En mi caso, no sé cuánto tiempo me queda, pero he tenido muchas cosas buenas en mi vida. Y si mañana sigo vivo, es el regalo de otro día.

–¿Por qué debería leer este libro algún lector argentino o latinoamericano?

–La forma en que plantea su pregunta sugiere que no es suficiente que sean humanos [risas]. Habiendo dicho eso, sé que están sufriendo ciertas cosas muy específicas. Afrontan dictaduras bastante desagradables, ya sea de nombre o de hecho, se están destruyendo las selvas tropicales y ciertas formas de vida de los indígenas nunca podrán recuperarse, perdiendo una enorme sabiduría y belleza porque cierta gente quiere ganar dinero y expoliar sus recursos. Tenemos que detener eso. Pero también es cierto que en su hemisferio hay tradiciones espirituales vivas, la gente parece más cercana al equilibrio entre cabeza y corazón, al menos mejor que nosotros, los británicos. En cualquier caso, unos y otros tenemos una crisis espiritual tan grande como la crisis física. Tenemos que abordar la mente y el cuerpo juntos, usándolos sabiamente, como lo hicieron los griegos y los romanos y los mejores filósofos del Renacimiento.

–¿Cuáles son las preguntas que deberíamos habernos hecho hace mucho tiempo? ¿Cuáles son las preguntas que deberíamos hacernos ahora?

–Las de siempre: ¿qué es un ser humano? ¿Qué es este cosmos, este mundo en el que vivimos? Son, sin duda, las cuestiones más importantes. ¿Somos tan inteligentes como para pensar que no hay nada divino aquí? Creo que es un gran error haber perdido el aspecto divino del cosmos porque, al final del día, las civilizaciones florecen cuando las tradiciones, los rituales, los conjuntos de valores, están ahí. En cuanto al aquí y ahora, debemos preguntarnos a dónde pertenecemos. ¿Cuáles son las cosas que me llaman más urgentemente? ¿Cuáles son las cosas que realmente quiero? ¿Qué me permitirá decir, cuando todo termine, “bueno, hice mi mejor esfuerzo”? Esa no es una pregunta que mucha gente se haga. Prefieren preguntarse cómo pueden ganar más dinero o cómo pueden encontrar otra mujer u otro hombre. En mi caso, una de las personas que me han inspirado fue Alexandr Solzhenitsyn. Cuando era adolescente lo escuché pronunciar su discurso de aceptación del Premio Nobel, y nunca me había emocionado tanto con algo hasta entonces. Era un hombre religioso y yo no lo soy, pero sé al menos que es una tontería rechazar la creencia sin más. Tenemos que escuchar y mirar con nuevos ojos y nuevos oídos. Deberíamos cultivar hábitos de reflexión, de meditación, de sumergirnos en grandes obras de música, de poesía. Ahí es cuando surgirán las respuestas. Como dijo el gran psicólogo William James: “Nuestro conocimiento es una gota, nuestra ignorancia es un océano”. Abrámonos.

–¿Hay alguna pregunta que no le hice y que le gustaría abordar?

–Muchas [Risas]. Mire, sé que mi libro es vergonzosamente ambicioso. He tratado de armar una filosofía, en el sentido griego de amor a la sabiduría. Y no digo que sea sabio, sino que amo la idea de la sabiduría. En lugar de tratar de parecer inteligente e intercambiar duelos lógicos con otros pensadores, intenté pensar en las cosas profundas.

-La última: ¿qué libros o películas o música sugiere para distraerse o, acaso, aprovechar el tiempo?

– Si no conoce las primeras películas de Andrei Tarkovski, míralas. Son, en mi opinión, las películas más profundas que jamás se hayan hecho. Merecen la calificación de “shakespeare anas”; en particular, Andrei Rubliov y Solaris. En cuanto a los libros, lo más gratificante es la poesía. Y la música es una fuente indescriptible de alegría para mí, quizás más grande que cualquier otra cosa en el mundo. Me encanta la música de cámara de Mozart y de Beethoven, pero también la música coral, sobre todo del Renacimiento; en particular la de Cristóbal de Morales, que es increíblemente nutritiva. Desafío a cualquiera a que lo escuche y no sienta que su alma se nutre.

Ian McGilchrist acaba de publicar The Matter with Things- Erlend Berge/www.erlendberge.no

UN HOMBRE QUE INTEGRA LOS SABERES

PERFIL: Iain McGilchrist

▪ Nacido en 1953, Iain McGilchrist estudió Literatura Inglesa en la Universidad de Oxford, donde completó su licenciatura y maestría con honores e impartió clases como profesor. Luego decidió dar un giro a su vida y estudiar medicina

▪ Psiquiatra, investigador clínico en neurología en las universidades de Oxford y John Hopkins, dirigió varios hospitales y se convirtió en investigador del Real Colegio de Psiquiatras y de la Real Sociedad de las Artes, ambas del Reino Unido

▪ Es miembro del Royal College of Psychiatrists de Gran Bretaña y miembro del All Souls College, Oxford.

▪ Escribió, entre otros libros, The Master and His Emissary y The Matter with Things: Our Brains, Our Delusions and the Unmaking of the World, recién publicado.

Imagen de portada: Ian McGilchrist-Erlend Berge/www.erlendberge.no

FUENTE RESPONSABLE: La Nación. Por Hugo Alconada Mon. Diciembre 2021

Lucifer de carne y hueso

En el bicentenario de Dostoievski ha circulado una célebre frase en boca de Iván Karamazov: “Si Dios no existe, todo está permitido”. En realidad, el segundo de los hermanos no dijo tal cosa, sino algo mucho más profundo e interesante.

Es bien sabido que la conocidísima frase de “Ladran los perros, Sancho, señal de que cabalgamos”, con cualquiera de sus variantes, no fue pronunciada por don Quijote, y debe de ser una confiscación de unos versos del poema Kläffen de Goethe, que habla justo de unos atronadores ladridos que “solo demuestran que cabalgamos”.

Por cierto, Goethe tiene otro poema en que menciona lo mucho que detesta los ladridos de perro; excepto los de su vecino, pues le anuncian que “ya viene mi amada”.

John Middleton Murry cita con memoria torcida a Chéjov. Dice que, al darle consejos a un joven autor, le escribió: “No me digas que la luna brilla; muéstrame el destello de la luz en una botella rota”. Chéjov dijo algo parecido, pero más elaborado; en su texto, el reflejo en el trozo de botella era como “una pequeña estrella”. Ahora muchos citan a Middleton Murry creyendo que citan a Chéjov.

El buen Chéjov llegó a hacer lo mismo, aunque con licencia prosaica. En su cuento “El corresponsal”, uno de los personajes cita tergiversadamente a Pushkin: “Bienaventurado el que fue joven en su juventud”. Mientras que el protagonista de “Una enigmática criatura”, en su afán por seducir a una mujer, parafrasea a Raskólnikov diciendo “No la beso a usted, encanto, sino al sufrimiento humano”. En cambio, la escena original dostoievskiana es la más intensa, humana y patética de Crimen y castigo: “No me arrodillo ante usted”, dice Raskólnikov a la prostituida Sonia, “sino ante todo el dolor humano”.

Pues bien, ahora que se cumplieron doscientos años del nacimiento de Dostoievski, volví a leer en diversas publicaciones la frase más famosa de este autor ruso a través de Iván Karamazov: “Si Dios no existe, todo está permitido” aunque con mayor fe y mejor gramática se diría, “Si Dios no existiera, todo estaría permitido”. Con la salvedad de que Iván Karamazov nunca dijo tal cosa.

He escuchado y leído la cita de marras de la boca y pluma de intelectuales que yo no soy digno de anudarse la corbata, por lo que siempre pensé que el error estaba en mí, y aún considero esa posibilidad; pero tras mis lecturas y relecturas de varias traducciones de los Karamazov, puedo jurar que Iván dijo algo mucho más profundo e interesante.

En la novela, suelen ser otros los que pretenden expresar las ideas de Iván. Miusov lo dice así: “Si se destruye en el hombre la fe en su inmortalidad, no solamente desaparecerá en él el amor, sino también la energía necesaria para seguir viviendo en este mundo. Entonces no habría nada inmoral y todo estaría permitido, incluso la antropofagia”.

Su hermano Dmitri pregunta si ha entendido bien, si acaso quiere decir que “para el ateo, la maldad no solo está autorizada, sino que ha de considerarse una manifestación natural, necesaria y razonable”.

Iván apenas responde: “Yo creo que no hay virtud sin inmortalidad”. ¿Pero acaso la ausencia de virtud implica que todo está permitido? Habría que explorar también Crimen y castigo para ahondar en ese tema; y leer mucha filosofía, pues la palabra “virtud” nunca ha tenido significado inequívoco.

La de Iván no es una idea lineal y obvia, sino misteriosa. Además, plantea que Dios y la vida eterna del hombre no tienen que ir de la mano. ¿Por qué Dios, al crear al hombre, habría de equiparlo con alma inmortal? La existencia e inmortalidad del alma son ideas más platónicas que bíblicas.

Más adelante, Iván se sincera con su hermano menor: “Admito que es posible que Dios exista”. Pronuncia las palabras de Voltaire: “Si Dieu n’existait pas, il faudrait l’inventer”, y se maravilla de que la idea de un dios le haya sido necesaria al espíritu de “un animal perverso y feroz como el hombre”. 

Sin embargo, concede que “es una idea santa, conmovedora, llena de sagacidad y que hace gran honor al hombre”, y reconoce que “me limito a declarar que admito la existencia de Dios”, mas agregando que “he decidido no intentar comprender a Dios… admito sin razonar no solo la existencia de Dios, sino también su sabiduría y su finalidad para nosotros incomprensible”.

Iván Karamazov pasa a describir atrocidades que les ocurren a los niños. El significado de su discurso parece ser: “Dios existe y todo está permitido”.

Dostoievski no presenta a Iván como ateo, sino como rebelde. “No niego la existencia de Dios, pero, con todo respeto, le devuelvo la entrada”, dice Iván, ante el espanto de su hermano. “Eso es rebelarse”, contesta Aliosha. E Iván remata: “¿Rebelarse? Hubiera preferido no oírte pronunciar esa palabra. ¿Acaso se puede vivir sin rebeldía?”. Es Iván un Lucifer de carne y hueso. Sí, de carne y hueso y de palabras. Es también, a mis ojos, el más virtuoso de los Karamazov.

Muchas mentes han tratado de armonizar la idea de la bondad de Dios con la presencia del mal. Iván no lo intenta, simplemente a Dios lo manda al diablo. Acepta su existencia, pero no lo acepta a Él. Con todo respeto le hace a Dios lo que en Polonia se conoce como el gest Kozakiewicza.

No sé quién fue el primero que convirtió el razonamiento de Iván Karamazov en un eslogan pegajoso, tramposo, tuitero y simplista. A mí no me han bastado cientos de palabras para aclararlo. Habrá que leer la novela.

Imagen de portada: Gentileza de Letras Libres

FUENTE RESPONSABLE: Letras Libres. Por David Toscana. Noviembre 2021

México/Literatura/Sociedad y Cultura 

Bicentenario DOSTOIEVSKI/ DOSTOYEVSKI/LITERATURA RUSA/

LOS HERMANOS KARAMAZOV

El nuevo pronóstico de Bill Gates acerca del futuro y el metaverso.

Como se sabe, Microsoft trabajando en la creación de un metaverso donde los usuarios podrán asistir a reuniones laborales mediante avatares personalizados, sin necesidad de presencia física. Gates habló al respecto en su blog.

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Bill Gates volvió a dar orientaciones de lo que vendrá, a partir de una nueva publicación de su blog. El cofundador de Microsoft reflexionó sobre el futuro del teletrabajo y sobre cómo podría cambiar su formato con el desarrollo del metaverso. 

«Con la pandemia del coronavirus, la presencia en el lugar de trabajo y el proceso en sí mismo «han revolucionado», al punto de que cada vez son más las empresas que, aunque antes nunca ofrecieron esa flexibilidad a sus empleados, optan ahora por trabajar a distancia», evalúa Rt

«Estos cambios no harán más que intensificarse en los próximos años», consideró Gates, agregando que el teletrabajo irá atrayendo a más y más trabajadores al metaverso. 

«Dentro de los próximos dos o tres años, predigo que la mayoría de las reuniones virtuales pasarán de las cuadrículas de imágenes de cámaras 2D […] al metaverso, un espacio 3D con avatares digitales»  

El multimillonario reconoció, no obstante, que el trabajo a distancia hace que se pierda la interacción espontánea entre colegas.

«En el salón de tu casa no vas a tener exactamente una conversación no planificada con un colega sobre tu última reunión», explicó. A pesar de esto dijo que el metaverso permitirá replicar en casa esa experiencia, utilizando el avatar en 3D para reunirse con las personas en un espacio virtual que reproduciría la sensación de estar con ellas en un mismo lugar.

Como se sabe, la compañía Microsoft, cuya junta directiva abandonó Gates en 2020, ya trabaja «en la creación de un metaverso orientado al terreno laboral, donde los usuarios podrán asistir a reuniones de trabajo por medio de avatares personalizados, sin necesidad de hacerlo físicamente. A principios de noviembre, la compañía anunció un plan para introducir herramientas de realidad virtual y realidad aumentada en su servicio Teams de videoconferencias y trabajo en equipo», cierra la agencia. 

Mark Zuckerberg, por cierto, también trabaja fuerte en el metaverso, para Facebook. 

Imagen de portada: Gentileza de GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: Mdz mundo online. Diciembre 2021

Sociedad y Cultura/Capitalismo/Metaverso/Bill Gates/Mark Zuckerberg/ Microsoft/Pensamiento critíco.

Platón, Aristóteles, san Agustín y Nietzsche deben quedarse en nuestras aulas.

Según lo que ha trascendido (y ojalá me equivoque o esté mal informado), un nuevo cambio en la ley de Educación supone la desaparición de facto de la Filosofía en la enseñanza media. 

Una noticia que me ha consternado. De todos los profesores que he tenido a lo largo de mi vida tal vez el que más me influyó fue mi profesor de Filosofía en el instituto, Javier. Al hilo de la lectura de ‘Los vencejos’, la última novela de Fernando Aramburu, protagonizada por Toni, profesor de Filosofía en un instituto de Secundaria en Madrid, quiero reivindicar la enseñanza de la Filosofía para aprender a pensar con más criterio y a vivir con más conocimiento y dignidad.

Es conocido que, al menos, hay dos tipos de lectores. Quienes se centran en un libro y no van a por otro hasta que no han terminado el primero. Y quienes leen varios libros a la vez, casi siempre de géneros distintos. 

Yo pertenezco al segundo tipo y suelo tener entre manos varias lecturas (novela, relato, ensayo, poesía). Estas semanas vuelo con Los vencejos (Tusquets), la última novela de Fernando Aramburu, una obra que, por si cabía alguna duda, demuestra una vez más el talento y la ambición literaria de uno de los autores más sólidos de la narrativa actual.

Hablaré de ella con más detalle en otro artículo dentro de no mucho, pero si comienzo hoy por Los Vencejos es porque está protagonizada (y narrada) por Toni, profesor de Filosofía en un instituto de secundaria en Madrid, y estas semanas se ha hablado (menos de lo que debería) del crimen que puede perpetrar el Ministerio de Educación con esta asignatura si sale adelante la reforma que prepara. Según lo que ha trascendido (y ojalá me equivoque o esté mal informado), este nuevo cambio en la ley supone la desaparición de facto de la Filosofía en la enseñanza media. Una noticia que me ha consternado.

No exagero si digo que de todos los profesores que he tenido a lo largo de mi vida tal vez el que más me influyó fue mi profesor de Filosofía en el instituto, Javier, tocayo, de quien creo haber hablado aquí alguna vez. “Sartre está bien, pero es mucho mejor Camus”, recuerdo que me dijo un día cuando me preguntó por mis lecturas en clase. 

En aquella época yo estaba inmerso en las obras literarias de los existencialistas (sobre todo, teatro y novela) y fue él quien me recomendó que leyera 

El mito de Sísifo, un libro que me marcó de por vida y que, curiosamente, tiene mucho que ver con el protagonista de Los Vencejos. Lamento mucho que Javier no llegara a escribir nunca esa novela que decía que tenía en la cabeza, de la que nos hablaba a veces mientras paseaba entre los pupitres, con el semblante pensativo.

Las preguntas que nos hacemos los humanos hoy son las mismas que ya se hicieron los clásicos (no solo en Grecia y Roma, también en la fructífera tradición oriental) y muchas de las respuestas ya nos las dieron ellos. 

Cómo entender la necesidad imperiosa de un decrecimiento frugal, por ejemplo, sin saber quién era Epicuro. Cómo saber qué es la realidad si no conocemos el mito de la caverna de Platón. Es imposible pensar en la ética o en la crítica literaria (en tantas cosas en realidad) sin Aristóteles. 

¿Ser historiador o periodista sin Heródoto? El mindfulness, que tan de moda se ha puesto y que suena muy bien porque está escrito en inglés, hunde sus raíces en la tradición de los maestros budistas, hinduistas y taoístas, quienes nos enseñaron a vivir en el momento presente. 

Nunca he creído en esa limitación dolorosa de separar el aprendizaje entre letras y ciencias porque estoy convencido de que en el instituto uno debería salir con un saber global. Para entender el mundo de hoy es tan importante haber leído La divina comedia como conocer las leyes de la termodinámica.

Javier tenía la cualidad de saber integrar los debates de nuestro tiempo con la historia de la filosofía. Era como si los sofistas, San Agustín, Santa Teresa, Nietzsche, Marx o María Zambrano se sentaran con nosotros en el aula y participaran en nuestras conversaciones, en las que con ardor adolescente algunos tratábamos de buscar una luz en las tinieblas. 

En sus clases se respiraba siempre un aire de libertad. Pero de esa libertad de la que habla ese gran filósofo y gran sabio que es Emilio Lledó. No solo la libertad de expresar lo que pensamos sino, más importante aún, la libertad de pensar. Y es imposible conquistar esa libertad sin la filosofía.

Imagen de portada: Gentileza de ‘La escuela de Atenas de Rafael’. En el centro, Platón (ropajes rojos) y Artistóteles (túnica azul). En la escalera está Diógenes (de azul) y abajo, sentado, Heráclito

FUENTE RESPONSABLE: El Asombrario y Cía. Por Javier Morales. Diciembre 2021.

Filosofía/España/Sociedad y Cultura/Pensamiento critico.

¿Qué será de la literatura?

Se ha impuesto una prosa y una poesía que ya no buscan la frase y la palabra exactas, sino que cultivan un tono neutro, aséptico e impersonal que ahorra al lector cualquier esfuerzo.

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Imagino que he llegado a esa edad donde todo tiempo pasado parece mejor. Se ha hablado muchas veces de la mediocridad de la literatura de la posguerra española, pero yo, que nací en 1963, examino esos años y descubro que había autores y obras mucho más interesantes que los de ahora. Pienso en Javier Mariño (1943), de Gonzalo Torrente Ballester, Nada (1944), de Carmen Laforet, La familia de Pascual Duarte (1942), de Cela, La sombra del ciprés es alargada (1948), de Miguel Delibes o Los Abel (1948), de Ana María Matute. 

Eso en cuanto a la novela, pero en poesía, teatro y filosofía también se produjeron logros extraordinarios, como La casa encendida (1949), de Luis Rosales, Historia de una escalera (1949), de Buero Vallejo, o Naturaleza, Historia, Dios (1944), de Xavier Zubiri.

Si extendemos la nómina a las décadas posteriores y a los autores del exilio, nos topamos con escritores con una gran exigencia artística y un estilo cuidadosamente depurado, como los novelistas Luis Martín Santos, Rafael Sánchez Ferlosio, Rosa Chacel, Francisco Ayala, Carmen Martín Gaite, Juan Benet, los hermanos Goytisolo —Juan y Luis— o Juan Marsé. Entre los poetas, destacan José Antonio Muñoz Rojas, Ángel González, Pepe Hierro, Antonio Gamoneda, Jaime Gil de Biedma, Gabriel Ferrater, Claudio Rodríguez y José Ángel Valente. Podría citar más nombres, pero creo que es suficiente y pido excusas por las omisiones.

Salvo excepciones, como Javier Marías, discípulo de Benet, el panorama actual es mucho menos brillante. De hecho, muchos de los libros que han conseguido un gran éxito de ventas parecen escritos por el mismo autor. 

Se ha impuesto una prosa y una poesía que ya no luchan con el lenguaje para hallar la frase y la palabra exactas, sino que cultivan un tono neutro, aséptico e impersonal que ahorra al lector cualquier esfuerzo. Además, se evitan los temas espinosos, como las pasiones tardías (pienso en Gustav von Aschenbach, el protagonista de La muerte en Venecia, de Thomas Mann, enamorado de Tadzio, un adolescente polaco de una belleza extraordinaria), las historias que puedan suscitar la sospecha de machismo (¿quién se atrevería hoy a editar Tempestades de acero, de Ernst Jünger, o novelas como las de Jane Austen, cuyas heroínas no tienen otra meta que hacer un buen matrimonio?) o las tramas que aún se atreven a hablar de Dios (¿quién frecuenta hoy en día a los grandes autores católicos, como Charles Péguy, André Maurois, Julien Green o Gustave Thibon?). 

Escribo esta nota tras leer un excelente artículo de Rafael García Maldonado, ¿Qué fue de la literatura?, publicado en El Español el pasado 30 de octubre. 

Escritor y editor, García Maldonado apunta que la «gran Cultura» ha sido sustituida por el entretenimiento. La dictadura de lo políticamente correcto y el anhelo de ventas han logrado que hoy en día nadie se atreva a editar a un autor como William Faulkner, con sus atmósferas irrespirables, sus personajes enajenados y su estilo lírico, denso y convulso, donde la voz narrativa a veces es asumida por un oligofrénico o un violador. 

Me anticipo a los que objetarán que Faulkner sigue reeditándose, pero lo que yo quiero decir es que apenas hay oportunidades para otros autores similares. ¿Cómo no se va a reeditar a Faulkner, ganador de un Nobel? Aplico la reflexión a los grandes clásicos que he citado hasta ahora. Pero ¿qué sucedería si un desconocido acudiera a una editorial con un manuscrito como El ruido y la furia? Probablemente, lo rechazarían, pues es una obra turbia, inquietante, difícil y oscura. 

La literatura no debe exaltar el mal, pero sí explorarlo. ¿Acaso la obligación de un escritor no es viajar hasta el corazón de las tinieblas para contemplar el horror y contarnos lo que ha visto? Gracias a la nueva ortodoxia elaborada por los adalides de la corrección política, esos «tontos» que —como dice Javier Marías— cada vez mandan más, la industria editorial apuesta por los libros que hablan de los trastornos de ansiedad en los grandes espacios urbanos, la lucha contra el heteropatriarcado, las estrategias de autoayuda, el mindfulness, los problemas de identidad sexual, la idílica vida en los pueblos, los asesinos en serie, el reciclaje de los pañales y una sexualidad desinhibida que ya no reconoce límites ni géneros. 

Imagino que una novela como La montaña mágica, de Thomas Mann, que aborda el conflicto entre el espíritu de la Ilustración y las tesis del Romanticismo, solo provocaría bostezos entre unos lectores que exigen a un libro las mismas dosis de entretenimiento que a una serie de Netflix o HBO. Eso sí, en el terreno del entretenimiento, hay grandes diferencias. No es lo mismo Jules Verne, Alejandro Dumas o Raymond Chandler que Juego de Tronos. En España, Arturo Pérez-Reverte ha logrado con la saga de Alatriste emular al mejor Dumas, pero —además— ha publicado novelas de gran calado, como Hombres buenos o Línea de fuego, pero el bando de lo políticamente correcto no le perdona que rescate la perspectiva de Manuel Chaves Nogales al abordar la Guerra Civil o se permita opinar sobre el lenguaje inclusivo, advirtiendo que podría cargarse nuestro idioma.

Javier Marías, el novelista que mejor ha asimilado las lecciones de Faulkner, también ha sufrido las iras de la nueva inquisición, esa que llama «fascista» a todo el que no suscribe su ideología, colocando en el mismo plano a Raymond Aron y Joseph Goebbels. Me pregunto qué será de la literatura. 

Aún se publican buenos libros, pero cada vez menos y la reedición de los clásicos cada vez depende en mayor medida del mecenazgo. ¿Quién se interesa hoy por un autor como Gabriel Miró? ¿Cuánto tiempo podrán soportar Baroja, Unamuno, Azorín y Ortega las críticas demagógicas que les adjudican posiciones reaccionarias, aconsejando marginar sus obras? De momento, ya han conseguido enterrar a un gran ensayista como Julián Marías

La hidra de lo políticamente correcto ha afectado incluso a Tintín y Disney, que no cesan de sufrir descalificaciones y, en algunos casos, iniciativas sumamente agresivas, como quemar sus libros o excluir sus obras de la programación infantil con el pretexto de que promueven prejuicios machistas y racistas.

Afortunadamente, nunca dejarán de publicarse buenos libros, pues el ser humano seguirá preguntándose si la vida solo es ruido y furia, o algo donde también caben el bien, la verdad y la belleza. 

Nuestra propia fragilidad garantiza que la buena literatura volverá, pues nuestras perplejidades no se han desvanecido y solo un buen poema, una novela ambiciosa, un ensayo agudo o una pieza teatral inspirada pueden arrojar algo de luz. Hasta entonces, aconsejo no perder el tiempo con poemas sobre el sexo no binario o con novelas con tramas policíacas resueltas por detectives anodinos. 

Tampoco recomiendo relatos inspirados por un revisionismo de izquierdas que exalta a los sudorosos milicianos dispuestos a violar novicias. Durante años, sufrimos la retórica de la Cruzada. Ahora soportamos la retórica de lo políticamente correcto. Pienso que en la literatura, la política, el arte o la religión, siempre acaba prevaleciendo el equilibrio. Espero no equivocarme, pues si no es así, ¿qué será de la literatura? No me gustaría que el futuro se pareciera al mundo de Bouvard et Pécuchet, donde la idiotez, lejos de ser escarnecida, es celebrada y exaltada.

Imagen de portada: Gentileza de El Cultural

FUENTE RESPONSABLE: El Cultural. Por Rafael Narbona. Noviembre 2021

Sociedad y Cultura/Literatura/Pensamiento critico

Una guerra infame. La verdadera historia de la Conquista del Desierto, por Andrés Bonatti y Javier Valdez. Final.

Explotación empresaria, con anuencia estatal

La opresión contra los pueblos indígenas del Norte tuvo características simi­lares a la sufrida por sus hermanos pampeanos. Luego de que los ejércitos ocuparon sus tierras, miles de hombres y mujeres tobas, wichis, pilagás, mo­covíes, vilelas, entre otros, fueron trasladados a las reducciones que el Estado había preparado para recibirlos. 

Una vez instalados allí, se los obligó a traba­jar en los ingenios. La desdicha para los indígenas comenzaba desde el mo­mento en que partían hacia las fincas, ubicadas a varios kilómetros de distan­cia, porque debían realizar todo ese trayecto a pie, bajo el impiadoso sol norteño, apenas alimentados con las míseras raciones que les entregaban sus nuevos patrones. De la marcha, que duraba días, a veces semanas, participa­ban tanto hombres como mujeres y niños. Gran cantidad de ellos fallecían en el camino, deteriorados por la rigurosidad del clima, la falta de agua y comida o por enfermedades como la viruela, el cólera y el paludismo.

Los que llegaban a destino debían construirse sus propias chozas, con ra­mas y hojas de caña, en las cercanías de la zona de zafra, porque en el con­trato de trabajo que firmaban no estaba incluida la vivienda. 

Quedaban, entonces, expuestos al frío y las precipitaciones, y no recibían ningún tipo de asistencia de médicos o enfermeros, salvo en los casos de las enfermeda­des más críticas. El índice de mortalidad era altísimo. De acuerdo con los testimonios recogidos en diferentes relevamientos, se estima que cerca de la mitad de los indígenas del Norte reducidos en los ingenios murieron en los campamentos.

La vida en los ingenios era muy rigurosa: la actividad duraba entre ocho y diez meses, por lo cual mucha gente vivía la mayor parte del año lejos de sus casas. Por lo general, el trabajo comenzaba a las tres o cuatro de la mañana. 

Los hombres tenían como principal tarea realizar los desmon­tes, cavar zanjas para abrir canales y plantar la caña. Las mujeres eran res­ponsables de los desbroces, de machetear las malezas y también de plantar caña. En algunos ingenios ocurría que si los indígenas no completaban la labor prevista por los patrones, se les descontaba una parte del salario o directamente no se les pagaba.

En el razonamiento de los empresarios azucareros primaba el interés comercial por sobre el bienestar de los trabajadores. La clave del progreso era producir cada vez más, al menor costo posible. La mano de obra indígena garantizaba justamente esa condición: brazos baratos, que eran exigidos al máximo de sus posibilidades. 

Los primeros ingenios se desarrollaron en la provincia de Jujuy, para luego extenderse a su vecina Salta y a Tucumán, siempre al amparo del Estado nacional y sus instituciones. San Isidro, Ledes­ma y La Esperanza fueron los más representativos de esa primera etapa; luego se sumarían otros, como El Tabacal, que incorporaron la misma lógica.

Es valioso el aporte de Juan Bialet-Massé, médico y abogado español residente en la Argentina a partir de 1873, que recibió como encargo del gobierno nacional la realización de un informe sobre el estado de las clases obreras argentinas, materializado en el libro Informe Bialet-Massé, editado en 1904. 

Su testimonio convalida la existencia de un sistema de explota­ción del indígena con apoyo estatal: “El indio es desconfiado. Tiene razón de serlo. Son tan raros los casos en que se le cumplen los contratos y las promesas, que solo tiene fe en el contrato escrito, y lo pide como una garantía. ‘Cons­te por el presente que el cacique se compromete a trabajar con su gente en este ingenio, durante la cosecha del presente año, reci­biendo adelantado mercaderías y dinero.’ Ingenio, fecha. Sello del ingenio. Firma social del ingenio. Debían al fin del trabajo, entregárselo diez caballos, cinco yeguas y mercaderías, si la tribu trabajaba toda la cosecha. 

Tres días antes de acabar, un capataz le da latigazos a dos indios. Gritan, se sublevan. El indio ha perdido lo que decía el contrato. Los infortunios para los indígenas y sus descendientes durarán muchísi­mos años. Los principales ingenios de las provincias del Norte, como El Tabacal o Ledesma, mantuvieron su sistema basado en la explotación del trabajador hasta bien entrado el siglo XX, hacia la década de los treinta, cuando se formaron los primeros sindicatos”.

Obrajes y otras industrias

La industria maderera en la Argentina se desarrolló en forma simultá­nea a las campañas militares, entre 1878 y 1879. El 18 de abril de 1879, el presidente Nicolás Avellaneda expidió el decreto número 1054, que prohibía el corte de madera sin permiso previo del gobierno nacional y autorizaba las actividades forestales únicamente entre mayo y septiembre. 

Como ocurrió en muchas otras oportunidades, las medi­das oficiales no se cumplieron ni tampoco el Estado se esforzó en ha­cerlas cumplir. En las regiones donde abundaban los bosques nativos, como las provincias de Chaco y Formosa, florecieron decenas de obra­jes administrados por patrones inescrupulosos que propiciaban una tala indiscriminada gracias a la mano de obra accesible y barata que representaban los indígenas.

El ritmo de trabajo en esta industria era riguroso y muchas veces inhu­mano, rodeado de peligros e incomodidades. Una vez seleccionados, los indígenas eran separados en grupos, según la tarea que debían ejecutar, siempre al mando de un capataz. 

Por un lado estaban los picadores, que eran quienes tenían a su cargo la tarea primaria de tumbar los árboles provistos de hachas. No era una faena sencilla: los ejemplares buscados eran los más voluminosos, requeridos principalmente para la fabricación de vi­gas y para la extracción de tanino curtiente, esta última una actividad que estaba en pleno auge. 

Por su parte, los labradores tenían bajo su responsa­bilidad el trozado y labrado de la madera. Finalmente estaban los carreros, quienes debían cargar los árboles cortados hasta los carros que, arrastrados por dos yuntas de bueyes, trasladarían la madera hacia la zona de acopio. Los hombres trabajaban de lunes a sábados, de sol a sol, con una única interrupción al mediodía para un magro almuerzo habitualmente com­puesto por maíz cocido con charque.

El esquema que empresarios y Estado, en forma conjunta, habían diseñado en los obrajes del Norte argentino disponía de cada uno de los aspectos de la vida de los indígenas. Todo estaba calculado, hasta la muerte. Por la exigencia del trabajo, las malas condiciones climáticas y las epidemias de enfermedades, la expectativa de vida de los trabajadores forestales no supe­raba los cuarenta años.

El escritor chaqueño Juan Ramón Lestani, que tuvo una destacada par­ticipación política en la provincia unos años después de la Conquista, legó un estremecedor testimonio sobre la vida de los indígenas en los obrajes: “Si alguna vez se ha hablado de las condiciones miserables del traba­jo humano, hay que poner en primera plana lo que ocurre en los obrajes del Chaco. La inhumanidad del trato es indescriptible: tra­bajadores como bestias ambulan por las selvas en medio de los constantes peligros naturales, viviendo al abrigo de los árboles, sin vestimenta casi, alimentándose algunas veces con carne que se pro­veen en la Administración de la empresa, donde se faenan todos los bueyes flacos desahuciados para el trabajo, pues cuando se trata de carne gorda, tiene mejor mercado en la población más cercana”.

El vale y la proveeduría eran dos de los instrumentos más habituales de explotación a los indígenas conchabados en los obrajes chaqueños. En ge­neral los salarios se les pagaban en vales o notas de crédito, canjeables en la proveeduría del propio predio. Terminado el mes, podían trocar por dinero los vales sobrantes. Solía ocurrir que quienes manejaban la provisión de mercaderías les aumentaban el costo de los productos de primera necesi­dad, hasta casi duplicarse, o los engañaban por medio de la adulteración del peso de las mercancías ofrecidas. Unos pocos se rebelaron y lograron escapar hacia el monte en busca de una mejor vida, que jamás encontraría. La mayoría, en cambio, se resignaba al destino desgraciado que les había tocado en suerte.

The Forestal Land, Timber and Railways Company Limited, más co­nocida en nuestro país como La Forestal, creada hacia fines del siglo XIX, fue un símbolo de la explotación en los obrajes. 

La compañía, de capitales ingleses y alemanes, le compró a la provincia de Santa Fe más de 2 millones de hectáreas a un precio muy bajo para instalar allí una fábrica de tanino. La historia de La Forestal tiene ribetes increíbles. 

El gobierno de Santa Fe, con el aval de la nación, no sólo le vendió a esta empresa extranjera más de un 20 % del territorio de la provincia a un valor irrisorio, sino que además le permitió construir una especie de Estado dentro del Estado. 

La Forestal llegó a tener seis ciudades, un puerto, 140.000 kilómetros de ferrocarril, policía, moneda y bandera propias, y más de cuarenta mil obreros, entre ellos muchos indígenas, que trabajaban a destajo y recibían apenas 2,50 pesos por cada tonelada de leña, en vales que, por supuesto, sólo podían canjear en las proveedurías de la propia empresa.

El esquema represivo que funcionó en los obrajes y los ingenios tam­bién se replicó en otras ramas de la actividad manufacturera del país, como por ejemplo en algodonales, yerbatales, naranjales, cultivos de maní, talle­res y otros. 

Salarios vergonzosos, alimentación escasa, maltrato físico, abu­sos en los precios de los productos ofrecidos y contratos abusivos fueron los instrumentos comunes del atropello que se evidenciaron en cada una de las industrias que recibieron a los indígenas despojados de sus territorios por Roca y sus generales. 

En los yerbatales de la provincia de Misiones se los obligaba a firmar compromisos leoninos, llamados “condiciones del obra­je”, que incluían cláusulas absolutamente arbitrarias, como por ejemplo la que determinaba que si los trabajadores de la yerba mate se enfermaban no sólo perdían automáticamente la paga del día, sino que también debían abonar al patrón 50 centavos por cada jornada de ausencia en las planta­ciones. 

Si la enfermedad era grave, el contrato preveía que el trabajador doliente únicamente podía viajar a atenderse a las ciudades de Posadas o de Villa Encarnación si conseguía que alguien se hiciera cargo de su cuenta, que en general era deudora porque debía dinero a la proveeduría. En el caso de que nadie pudiera tomar su lugar, no se le permitía viajar, y su sa­lud quedaba librada al designio del destino.

A partir de cifras proporcionadas por el propio Poder Ejecutivo de aquellos años se calcula que, entre 1879 y 1883, cerca de veinte mil indí­genas tomados prisioneros en Pampa y Patagonia fueron trasladados hacia cárceles como Martín García, Valcheta y Chichinales, o las provincias del Norte y de Cuyo, para trabajar en las diferentes industrias y en el servicio doméstico. En el Chaco, las cifras del destierro son aún mucho mayores, porque allí la población indígena era mucho más numerosa que la que había en la Pampa. En Chaco, la deportación de los nativos hacia las cár­celes y las reducciones duró hasta comienzos del siglo XX.

Si bien adolecen de algunas deficiencias metodológicas, porque era muy difícil en aquella época acceder y registrar la totalidad de las comuni­dades que vivían tierra adentro, los resultados de los dos primeros censos realizados en el país son un parámetro válido para constatar el exterminio físico y cultural que sufrieron los pueblos originarios de la Argentina con la Conquista del Desierto. En el de 1869, presidencia de Domingo Sar­miento, la población indígena calculada fue de 93.138 personas. En el censo de 1895, bajo el mandato de José Uriburu, la cantidad de habitantes indígenas había disminuido a treinta mil. En el medio, habían pasado veintisiete años y una guerra desigual e infame.

Imagen de Portada: Gentileza de El Historiador

FUENTE RESPONSABLE: Fuente: www.elhistoriador.com.ar

El Historiador – Editor Felipe Pigna*Historiador

/Investigador/Divulgador

La Conquista del Desierto/Una guerra infame/El Genocidio de los Pueblos Orignarios/La explotación laboral/Pensamiento critíco/Sociedad/

 

“Soberbia de burgués…”

Octubre
ha llegado
y con el
la calidez
de un
sol brillante,
que hace
de los girasoles
un hermoso
lienzo,
casi como
aquel
que pintó
el genio
que al
enloquecer,
se fue
de la vida
sin saber
de su legado.

Luego sucede
lo frecuente,
cuando
los genios
se van
de este mundo,
ahí es cuando
las gentes
denotan
su ausencia
y con ello,
regalan elogios
tan tardíos
que
parecen
espurios.

La maquinaria
del dinero
entonces,
se pone
en movimiento,
no en homenaje
al pintor aquel,
solo
al servicio
vil y pleno
de la avaricia,
en ese negocio
llamado arte
para algunos,
en que
importantes
señores levantan
su mano
en una subasta,
solo para tener
ese lienzo
para sí mismo,
haciendo de él
un estandarte,
dentro de
la legión
de estúpidos
burgueses.

Da lo mismo, pasará
por la vida,
regalando
apariencias
y aires
de soberbia,
pero
acabara
como todos,
en un cuerpo
desnudo
y putrefacto,
al cual
con el tiempo,
nadie visitara.

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest – Vincent van Gogh -Hizo cuatro pinturas con girasoles Aquí: Jarro con doce girasoles (1888).

Violencia de género. Argentina.

La historia de las profesionales del mar: Abusos sexuales, discriminación y violencia. Argentina.Mujeres sufriendo aberrantes situaciones ante la ceguera de la Justicia.

Las que no pueden trabajar por ser mujeres.

Son trabajadoras de las aguas de diversas profesiones y desarrollan sus actividades a bordo: buzos, oficiales maquinistas, marineras, cocineras, enfermeras, capitanas, oficiales de cubierta. 

Todas poseen libreta de embarque y una excelente formación en distintas escuelas: Prefectura, Salvamento y Buceo, Escuela Nacional Fluvial Tómelas de Buenos Aires, Escuela de Pesca en Mar del Plata y la Escuela Náutica. 

Sin embargo, la mayoría de ellas están desempleadas, son discriminadas por ser mujeres y las que lograron navegar en alta mar enfrentan violencias, acosos y abusos sexuales de parte de sus compañeros varones cis. Un espacio dominado por la lógica machista y los pactos de silencio entre caballeros que sólo pueden enfrentarse en red y necesitan ser intervenidos por políticas de equidad.

El mercado empresarial no toma mujeres. Los sindicatos que deberían defendernos no lo hacen, sino todo lo contrario, si nos buscamos un laburito por fuera hablan con la empresa para que no nos contraten”. 

Tenemos un nivel de violencia zarpado desde lo empresarial y sindical.

 Conozco muchas compañeras que los propios dirigentes gremiales les han propuesto sexo o plata para conseguirle un embarque”, dice Lucía de Pascuale. 

Es buza profesional, la única en toda Latinoamérica que posee la mayor categoría de buceo, puede llegar a sumergirse hasta 300 metros de profundidad respirando mezcla artificial. Con mucho esfuerzo y después de 17 años de estudio, alcanzó esta calificación, sin embargo, hace más de un año que está desempleada. En todo el país hay 40 varones con su misma categoría y cobran mil dólares por día cada vez que realizan una labor.

Lucía intentó implementar diversas herramientas para conseguir un empleo, reunió a las 10 buzas que hay en todo el país para que la Asociación de Buzos Profesionales impulse la contratación de mujeres en las empresas, al menos un cupo, cuando en cada obra se emplean entre 10 y 30 personas “El gremio desestimó los artículos de género que presenté. 

Me atacó en el grupo de agremiados y también en una carta pública que envió a las empresas. A partir de ese momento no me llamaron más de ninguna empresa, me dejaron en la calle sin un mango”, cuenta.

Luego de ese episodio, Lucía se puso en contacto con trabajadoras del sector marítimo, fluvial y lacustre que se encontraban intentando acceder a un empleo. En cada una de las historias que escuchó se repetía el mismo patrón: todas hablaban de los abusos sexuales y acosos que sufrieron por parte de sus compañeros y la discriminación de las autoridades de los gremios. 

A esas situaciones le seguían la falta de acceso a la Justicia: “Ninguna de nosotras puede pagar un abogado estando desempleada. Hay una denuncia de una marinera que fue violada a bordo, nunca tuvo contención ni de Prefectura ni de su gremio, la violencia que vivimos es muy grande”.

Lucía nació en Jujuy, cuando cumplió 17 años se mudó a Buenos Aires, a los 18 ya era buza y se mudó al sur en busca de un empleo que no consiguió en la Ciudad. Durante 10 años trabajó en la pesca artesanal de mariscos que se realiza bajo la modalidad de buceo. Vivía en un campamento y dormía en una casilla rodante, era la única salida laboral que tenía, precarizada y sin ningún derecho laboral. 

“Sin ART, sin un seguro de vida, buceando con descompresión, algo que está prohibido por Prefectura porque no hay una cámara hiperbárica para respirar.

 Tuve accidentes de descompresión, donde me tuvieron que meter desmayada bajo el agua con el regulador en la boca para reavivar, a varios compañeros les pasó y algunos perdieron la vida”, detalla.

Lucía de Pascuale, buceadora a más de 300 metros de profundidad y una de las responsables de la organización de las trabajadoras de mares y ríos.

La Asociación de Mujeres de la Actividad Marítima, Fluvial y Lacustre es un grupo que reúne a más de 60 de trabajadoras del mar de todo el país, Lucía es una de las impulsoras. 

Se organizó para elevar los reclamos de las trabajadoras y denunciar las múltiples formas de violencia que sufren. Muchas de ellas son jefas de hogar que hoy no pueden acceder a un trabajo formal por ser mujeres, a pesar de contar con una formación profesional.

Hace un año presentaron una nota al Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad exponiendo su situación, recién el 11 de agosto pasado recibieron una respuesta y se comprometieron a trabajar en sus demandas. Antes tocaron sin éxito las puertas del Ministerio de Trabajo, de la Defensoría del Pueblo y del INADI.

Años atrás, Lucía embarcó contratada por una empresa noruega, una de las pocas que realiza tareas de saturación donde los buzos se sumergen a 300 metros de profundidad. Sin embargo, a pesar de estar capacitada para el puesto tampoco le permitieron realizar esa tarea.

“Fui ninguneada por compañeros y supervisores, me decían en la cara ‘a vos no te vamos a mandar a hacer esto porque sos mujer’. Estuve 10 años en la pesca, levanté más toneladas de mariscos que cualquiera de los buzos que estaban en ese barco, manejé lanchas, llegué a bucear ocho horas por día”, cuenta Lucía. Nada de eso parecía ser suficiente, al desprecio hacia su formación le siguió el acoso: “Todos te insinúan que quieren tener sexo y cuando expuse esta situación con el capitán me dijo ‘si yo hablo va a ser peor, no subimos más mujeres’”.

Ese es el modus operandi en alta mar: la amenaza de castigo como disciplinamiento para quienes se animan a denunciar y el pacto de silencio entre caballeros que los convierte en cómplices de las violencias.

Sindicalismo patriarcal

Gisela González es oficial de máquinas fluviales, en 2012, a sus 24 años, egresó de la Escuela Nacional Fluvial. Conoce cada uno de los sistemas a través de los cuales funciona un buque. Proveniente de una familia de muy bajos recursos, significó un gran sacrificio poder completar su formación. 

De lunes a viernes viajaba a las cinco de la mañana de Longchamps a Constitución para llegar a las 7 a la escuela con las monedas justas

A veces le sobraban unos pesos para comer, otras no y los sábados viajaba a la Bahía de Núñez, en Ciudad de Buenos Aires, para completar las prácticas de natación y remo.

Gisela González, a pesar de las violencias sufridas sigue insistiendo en su formación y en las ganas de embarcarse.

La formación de Gisela no fue totalmente gratuita, debía pagar una cuota de $300 pesos, su mamá enfermera de profesión la ayudaba con lo que podía. Cuando estuvo lista para embarcar entró al mundo del gremio: “Nos dijeron que teníamos que afiliarnos, ponernos en una lista laboral y el gremio se encargaría de darnos los embarques. Después de esperar muchos meses conseguí un embarque en un buque pesquero”, cuenta.

Luego de ese primer viaje no volvió a conseguir otro trabajo y tuvo que abandonar el mar “como les pasa a muchas compañeras, desisten de su profesión y eligen otra carrera u otro trabajo, para mí fue muy difícil porque extrañaba todo lo que había estudiado, lloraba cuando sentía el olor del mar. Soñaba con el mar.”

Gisela juntó fuerzas y volvió en 2019, renovó los cursos para navegar que se vencen cada cinco años, se anotó nuevamente en lista, y tuvo una reunión con el secretario general y el adjunto del Sindicato de Conductores Navales y le prometieron un empleo. Esperó varios meses y como seguía sin trabajo viajó a Mar del Plata en busca de un barco.

Ilusionada con la promesa de un empleo, Gisela rompió la alcancía de su hijo y juntó la poca plata que tenía en el bolsillo para comprarse un pasaje. “Cuando llegué el secretario de la seccional me dijo ‘tenés que ponerte en lista’, le expliqué que viajé porque me habían prometido un trabajo y que estaba pasando una necesidad económica pero no le importó. Estuve durmiendo 40 días en el puerto, comiendo de lo que me daban los marineros.”

En medio de esos días de angustia lejos de su familia y durmiendo a la intemperie, conoció a un grupo de marineros con los que empezó a patear los muelles para hacer changas, 12 horas por día con currículum en mano para conseguir un puesto. Una semana después logró embarcarse en un empleo temporal como primera oficial. Mientras tanto la seccional del Mar del Plata, que la había dejado en la calle, la hostigaba por buscar trabajo con lxs marineros. Gisela denunció esta situación ante el secretario general de Buenos Aires, y la situación empeoró.

Una mañana el secretario de la seccional de Mar del Plata la interceptó en la calle y comenzó a gritarle, Gisela tuvo pánico y cuando terminó su contrato temporario abandonó la costa, regresó a su casa y denunció el hostigamiento ante el INADI. Su situación económica empeoraba y su compañero tampoco contaba con un empleo formal. “Pedí mi libertad laboral y me la negaron. Cuando me llamaban de una empresa para embarcar al día siguiente me decían ‘el gremio nos dijo que no’. Todo esto me desencadenó estrés y anemia aguda y ni siquiera tenía obra social.”

El día que llegó al INADI Gisela denunció además otra situación que vivió en 2014 cuando tenía 25 años: “Era muy joven y nueva en el ámbito laboral, en ese momento no supe qué hacer ni a donde denunciar. Me subí a un barco y el primer oficial de cubierta se metió en mi camarote e intentó violarme.

En mi mameluco siempre llevaba una navaja porque en la escuela me enseñaron que teníamos que tener una herramienta cortante por si nos enredamos los pies o necesitamos cortar algo de urgencia, nunca imaginé que la iba a usar para una situación así. Mientras el oficial me bajaba el cierre del mameluco saqué la navaja y le dije ‘si me tocas un pelo te abro la garganta hasta los huevos’. El tipo se puso blanco y se fue. Yo no podía respirar de los nervios”.

Al día siguiente Gisela relató la situación ante el jefe de máquina de la embarcación, cuando llegó a oídos del capitán él le dijo riendo “qué hacemos jefa”. Cuando se bajó del barco Gisela denunció el abuso ante el secretario general del gremio, la respuesta que recibió fue: “Gracias a Dios no pasó a mayores”. Gisela tenía miedo, estuvo un año sin poder navegar luego de ese episodio.

“Los gremios y las empresas no están capacitados en perspectiva de género para contener a las mujeres en estas situaciones. Se de otras compañeras que han vivido situaciones de abuso peores que la mía, amenazas, maltratos, no es solo violencia laboral, sino sexual, psicológica, no se respetan nuestros derechos y las convencen para que no denuncien, compran su silencio a cambio de un trabajo”, asegura Gisel.

Hoy a sus 33 años continúa profesionalizando en el Astillero Río Santiago, cursando dos tecnicaturas: de control y automatización y otra de construcciones navales, en busca de un empleo efectivo.

El costo de ser mujer 

Marina Saboulard atiende el llamado mientras respira el frío seco de Puerto Pirámides, un pueblo de menos de 500 habitantes ubicado en la Península de Valdez. Llegó haciendo dedo. Vive en Buenos Aires y viajó para visitar a sus compañeras de la agrupación, buzas cocineras y encargadas de cámaras que hacen turismo en los buques de Ushuaia.

Marina es fotógrafa y marinera, comenzó un proyecto personal donde registra a sus compañeras en alta mar. Nunca logró embarcarse como fotógrafa, cuenta que son puestos que solo les dan a los hombres. “A las mujeres las mandan a la cocina o a limpiar camarotes que es la categoría básica”.

Marina Saubolarb, fotógrafa de altamar, con carnet de la Organización Marítima Internacional, desocupada.

Para llegar a ocupar puestos superiores les exigen acumular determinadas horas de navegación, algo muy difícil de conseguir cuando acceder a una embarcación es una odisea y dependen del gremio. 

Diez años después de recibirse Marina solo logró embarcar tres veces, mientras sus compañeros varones con los que cursó la carrera están todos empleados.

Ante la falta de acceso a un puesto, Marina se vio forzada a buscar embarque en bandera extranjera, lo que requiere mayor formación: “Tuve que estudiar un montón de idiomas y tener una segunda carrera. Los cursos que hacemos son avalados por la Organización Marítima Internacional (OMI).” Para embarcarse en aguas extranjeras, además necesita una libreta internacional que cuesta 500 dólares, vence cada cinco años y ya pasó los primeros tres años y medio sin embarcarse.

Al igual que todas sus compañeras, cuando se recibió debió entrar al circuito del gremio para conseguir un embarque. “Muchas empresas solo te emplean a través del gremio y todo muy entre comillas porque siempre toman hijos de, sobrinos de, nietos de. Es muy difícil hacerte un camino de otra manera. Y también lo que existe mucho en la jerga es que los compañeros te tienen que elegir. Es un ambiente muy machista, hay compañeras que me cuentan que tuvieron que encerrarse en un camarote para que no abusen de ellas”, relata.

La primera capitana

La señal de wifi en plena embarcación a 200 millas en mar argentino, cerca de aguas internacionales, dificulta la comunicación con la capitana Nancy Jaramillo. El clima no acompaña y el frío penetra los huesos. Nancy se toma un rato de sus horas de descanso para contar su historia, hace guardias de 12 horas y es la primera mujer capitana de pesca de Argentina.

De familia de bajos recursos, Nancy nació en Trelew y creció en una villa de Puerto Madryn, sin techo, lo único que tenían era un auto, donde vivieron durante un tiempo. Nancy reivindica su clase y recuerda los días en los que el único plato de comida que tenía era el que conseguía en el comedor del barrio. Su primer trabajo lo tuvo a los nueve años, vendía agujas e hilos en la calle. Después limpió casas, fue niñera, vendió carbón, dio clases particulares, trabajaba todo el día, pero la plata nunca le alcanzaba.

A los 17 tuvo su primer y único hijo, madre soltera, desesperada por conseguir un sustento económico se enteró de un curso para camarera de barco que brindaba Prefectura. Así comenzó su carrera para llegar al mar. Sin descanso trabajaba de mañana y estudiaba de tarde. Consiguió su libreta de embarque y en 1996, a sus 19 años comenzó su primera travesía a bordo como camarera en un ambiente muy hostil.

Sufrí todo tipo de abusos e insultos, una noche mientras dormía un oficial entró a mi camarote, me tapó la boca, se me subió encima y me manoseó. Fue una situación espantosa, no tenía forma de defenderme. Al otro día me llamó el capitán para decirme ‘cómo una puta como yo podía ensuciar el buen nombre de un padre de familia’. El tipo se adelantó pensando que lo podía denunciar y le dijo al capitán que yo lo había provocado. Agaché la cabeza y no pude decir nada, se me caían las lágrimas, nadie iba a creer lo que había pasado realmente.”

Nancy juntó fuerzas y continuó formándose para ascender a marinera, no le fue fácil, dos años después llegaron también las primeras manifestaciones de discriminación, sus superiores le decían que no aceptaban mujeres, pero se plantó, insistió y logró rendir el examen para convertirse en marinera.

“Encima una negra cabeza”

Nancy comenzó a acumular horas de embarque y en 2003 se presentó en la Escuela de la Armada para acceder a la patente de patrón costero. Para navegar como oficial en grandes embarcaciones se exigen dos patentes, a Nancy querían otorgarle solo una que sirve para pequeñas lanchas, a pesar de que acumulaba muchos años de experiencia, mientras que a sus compañeros varones que tenían unos pocos meses navegando, ya les habían otorgado ambas patentes. 

Recién en 2007, cinco años después, cuando cambió el director de la escuela, fue aceptada.

Nancy Jaramillo logró llegar a capitana después de incontables esfuerzos y violencias.

Cuando creía que todo se había solucionado pusieron en duda sus 10 años de navegación, abrieron una investigación y le exigieron que consiga en menos de dos meses documentos de las autoridades marítimas de Prefectura que probaran sus años en el mar. 

La acusaban de haber alterado su libreta, sin pruebas ni fundamentos, algo que jamás le sucedería a un varón. En menos de dos meses Nancy reunió toda la documentación y se graduó como oficial de pesca. Continuó embarcada. Sin embargo, aun con título en mano, le daban los trabajos más básicos mientras sus compañeros accedían a los cargos de oficiales.

Continuó su carrera, alcanzó el título de oficial y en 2011 volvió a la escuela para convertirse en capitana. “En 2017 cuando estaba por recibirme de capitán mi profesor Martínez me contó que el director de la escuela, un militar muy machista, le dijo ‘no quiero como capitana a una mina y encima una negra cabeza”, recuerda Nancy textuales palabras.

Ella estaba sobre capacitada para su puesto, antes de llegar a ser capitana ya conocía todos los oficios que se desarrollan en una embarcación: fue bodeguera, bajaba a estibar en una embarcación con 34 grados bajo cero y hasta fue marinera de cubierta, un puesto que tiene los trabajos más pesados. “Cuando mi profesor Martínez, se enteró que no me querían dejar entrar dijo que iba a realizar una denuncia pública por discriminación, gracias a él pude ingresar”, cuenta.

Nancy recuerda que el día que salió en su primer viaje como capitana de una embarcación la mitad de la tripulación se bajó porque decían que iba a hundir el barco. “Todavía siguen pensando que porque somos minas no nos da el cerebro o no estamos capacitadas. Salí a mi primera marea, me fue muy bien y pesqué un montón”, cuenta.

No solo pusieron en duda su carrera, sino que además tuvo que soportar incontables situaciones de violencia y abuso sexual. “Cuando trabaja como cocinera un oficial venía a manosearme. Cuando todos estaban afuera trabajando, me tapaba la boca y la nariz. Un día no aguanté más, le dije al capitán y su respuesta fue ‘¿no lo estarás provocando?’. No se puede hacer nada, si digo algo te van a echar a vos’.

“Un compañero me dijo ‘a ver cuando te pones calzas y nos mostras el culo’, yo le respondí ‘que muestre el culo tu mujer’, me pegó una piña y me dejó los dos ojos negros. Otro me dejaba todo el trabajo a mí, un día le dije que haga sus tareas como correspondía y me tiró una caja encima, me caí de dos metros y me quebré las muñecas, cuando le conté al capitán le terminaron dando la razón a él. Me dijeron que estaba bien que me hubiera pegado porque yo no le podía dar órdenes.”

Nancy reconoce que esas situaciones la marcaron y la llevaron a vivir con miedo y angustia. “Hasta que dije basta y empecé a contactar a compañeras porque nosotras hoy como mujeres trabajadoras del mar no tenemos nada ni nadie que nos ampare. Por estar en un barco para los hombres ya estamos provocando.” La primera vez que un compañero le pegó había tres hombres más, ninguno la defendió

“Me fui sola a mi camarote a lavarme la cara porque la tenía llena de sangre. Sufrí mucho desprecio, me daba vergüenza decir que era capitán de pesca porque para la sociedad marítima una mujer es una vergüenza. Una vez un hombre me dijo que yo era la puta que abandonó a su hijo para ir a chupar pijas a los barcos. Es muy doloroso, llegó un momento que era tanta la agresión que no entendía porque me atacaban tanto. No conseguía trabajo en ningún lado, nadie me quería embarcar porque era mina.”

Hoy nota algunos cambios: “Este último año con tanta movida del movimiento feminista están empezando a contratar mujeres de a poco y hay un proyecto de la senadora Nancy González que establece embarcar un 30 por ciento de mujeres en los barcos pesqueros. Están empezando a aceptarnos porque no les queda otra. Son muchas las mujeres con libreta que quieren subir a un barco, estoy segura que cada vez van a ser más y serán grandes, marineras, camareras, oficiales, pero si no nos abren las puertas nunca vamos a poder ganar nuestro espacio. Queremos igualdad de oportunidades.”

Imagen de portada: Marina Saboularb y Lucía de Pascuale, dos trabajadoras de alta mar desocupadas sólo por ser mujeres.. Gentileza de Constanza Niscovolos

FUENTE RESPONSABLE: Página 12 – Por Estefania Santoro

Violencia de género/Xenofobía/Mujer/Sociedad/Argentina

 

Nuestro bendito país…

Nuestro país…tan maravilloso y tan dividido; con niños hambrientos, padres buscando en contenedores o cartoneando, agresión en aumento, oposición destructiva, oficialismo inmovilizado, justicia inexistente, políticos corruptos, payasos mediáticos que son patrocinados por la derecha ora la izquierda ora la voracidad de afuera y de adentro -empresarios apátridas y transnacionales sedientos de expoliación aún mayor a las ya obtenidas… dócil pueblo de ovejas que como rebaños hasta el cuesta tener valor para todos juntos -algo irrisorio de pedir- cantar nuestra canción patria con el final a pleno “O juremos con gloria, morir…” Como podemos hablar de gloria; sin moral…sin orgullo…sin honestidad…sin ser lo suficientemente críticos de nuestros actos cívicos y más de los que pensamos con ese dejo de soberbia; pensando estúpidamente que somos “los mejores …simplemente de la nada”.

Para todos ellos, vaya esto. Parece que no se hubieran enterado de la realidad bien “argenta”. Perdónanos Señor; no sabemos desde siempre lo que hacemos…

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La encuesta

Se «prometió» pero no se «realizó»

Una de las claves a dilucidar sobre el porqué de la derrota del oficialismo en las PASO, derrota apalancada fundamentalmente en la no concurrencia a las urnas masivamente como forma de protesta, es observar el peso de diversos factores de preocupación en la decisión de voto, incluida la no concurrencia.

Estas son las preocupaciones dominantes de los electores que permanecieron indecisos hasta último momento, la mayoría votantes del FTD en 2019 y buenas imágenes del Presidente, La Vicepresidenta y el Gobernador bonaerense.

Como se observa, los temas socioeconómicos dominan ampliamente la agenda de preocupaciones de estos electores claves en el resultado de la elección a punto de que casi el 60% de los temas que preocupan son desempleo, bajos salarios y precios. A contrario sensu el tema coronavirus ocupa apenas el 1,4% de las preocupaciones, señal de la exitosa campaña de vacunación bonaerense que literalmente borró el tema sanitario de la agenda de problemas.

No hay duda alguna que las socioeconómicas fueron las causas de la derrota electoral del oficialismo, efecto de una política económica que no satisfizo las expectativas de sus propios votantes del año 2019 que optaron por ausentarse de la elección antes que darle el voto a la oposición neoliberal por la memoria reciente del daño que en los cuatro años de gobierno de Macri debieron soportar.

Estos electores ausentes apelaron para no concurrir a votar, incluso a manifestar síntomas de Covid.

Los ausentes son fundamentalmente segmentos medios y medios bajos que representan al 40% de la población ubicada entre el tercer y sexto decil de ingresos de la pirámide de estratificación social.

Son sectores que se apropian del 24% del ingreso total mientras que el 10% más rico toma hoy el 32% del ingreso total.

Segmentos muy castigados por la caída en el poder adquisitivo del salario que, junto a jubilaciones y pensiones, representa la modalidad dominante de ingresos de su grupo familiar junto a complementos de changas y cuentapropismo precario.

Son segmentos alejados de los salarios por sobre el promedio general de la economía – que hoy es de $86.000 – e integrantes de los hogares cuyo jefe forma parte de los dos millones de trabajadores formales que reciben salarios por debajo de la línea de pobreza de su hogar.

Electores que están muy lejos de ser impactados por la suba del piso de ganancias a $175 mil y sin beneficiarse tampoco de la saga de subsidios del Gobierno ni su trama clientelar. Estos segmentos medios y medios bajos ausentes en las PASO, descansan su ingreso básicamente en jubilaciones, pensiones y salario mínimo complementados por changas y son los más refractarios a ingresar en la polarización creciente y habitual que signa el comportamiento electoral en las últimas décadas.

En este universo de votantes indecisos primero y ausentes después votantes mayoritariamente al FDT en el año 2019 las fronteras de los diferentes relatos son líquidas y define su voto según las condiciones socioeconómicas que transitan y su memoria reciente del proceso de deterioro.

No es casual que estos segmentos, luego de permanecer indecisos finalmente no concurrieran a emitir su voto, puesto que sobre estos sectores medios y medios bajos opera aún la memoria reciente del descalabro macrista, tras cuatro años de gran daño social, eslabonado con la insatisfacción socioeconómica actual frente a una mejora prometida que no termina de llegar. Se “promete”, pero aún no se “realiza”.

De cómo definen estos segmentos claves su voto y concurrencia, dependerá el resultado final de la elección de medio mandato definitiva, en particular será decisivo para marcar la distancia que el oficialismo actual obtenga sobre la coalición opositora, porque como se observa en este relevamiento de la estratégica Provincia de Buenos Aires, el triunfo del Frente de Todos sobre Juntos por el Cambio parece a priori muy complejo, aun faltando bastante tiempo relativo para las elecciones de noviembre y las intenciones de reversión por parte del oficialismo.

GP.

Artemio López

*Director de Consultora Equis.

Producción periodística: Silvina L. Márquez. Encuesta

CONTAMINACIÓN AMBIENTAL – “El nuevo oro blanco” (I)

Con tanta demanda de litio para las baterías de coches eléctricos estamos a las puertas de un nuevo problema de contaminación.

A menudo, el litio se encuentra en ecosistemas frágiles. Es verdad que hay grandes depósitos en Chile, en el desierto de Atacama, y en el salar de Uyuni, en Bolivia, así como en la provincia de Salta, Argentina (que es ya el tercer productor mundial). En estos casos, la extracción es bastante sencilla y a priori con bajo impacto en una zona ya de por sí árida. Y sin embargo, se necesitan unos dos millones de litros de agua para producir una tonelada de litio.

En el desierto de Atacama o el salar de Uyuni, se necesitan unos dos millones de litros de agua para producir una sola tonelada de litio.

Este enorme consumo de agua no sólo afecta a los ecosistemas circundantes, sino que también tiene un enorme impacto en los agricultores locales. Según la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (Extracción de Litio en Argentina” 2019), que entrevistó a las diez comunidades que viven cerca de dos salinas, Sales de Jujuy y Minera Exar, los detractores de la mina dicen estar preocupados por el impacto a largo plazo del litio en el medio ambiente, empezando por el descenso de la capa freática, afirmando que el ganado de la región ya ha empezado a morir.

Producción de litioLas consecuencias de la minería sobre el ecosistema también se han podido ver en otras regiones del mundo. En mayo de 2016, cientos de manifestantes arrojaron peces muertos a las calles de Tagong, una ciudad situada en el extremo oriental de la meseta tibetana.

Los habían sacado de las aguas del río Liqi, donde una fuga química tóxica de la mina de litio de Ganzhou Rongda había causado estragos en el ecosistema local. 

Y podría ir más allá, una investigación realizada en Nevada, donde también se extrae litio, descubrió impactos en los peces hasta 240 km aguas abajo de una operación de procesamiento de litio.

Minas de litio: del círculo polar ártico a Extremadura

Proyecto de mina de litio en Extremadura

Ahora, toda la industria cuenta con nuevos yacimientos en el interior del círculo polar ártico. La empresa minera estatal rusa Rosatom (que de paso también extrae litio para armamento nuclear) está estudiando la posibilidad de abrir una mina en la península de Kola para 2030.

Este yacimiento, llamado Kolmo Zero, se encuentra dentro del círculo polar ártico. Además, también en el círculo polar ártico, la empresa sueca Artic Minerals AB ha reservado otros terrenos explotables.

Según Jari Natunen, experto en minería de la Asociación Finlandesa para la Conservación de la Naturaleza, la minería en el Ártico sería catastrófica. Dice que la difícil extracción de litio de la tierra helada generaría 50.000 toneladas de residuos tóxicos para 1.000 toneladas de litio producido.

Mina ArticoEl Círculo Polar Ártico ya ha soportado gran parte del coste de los materiales para los vehículos eléctricos, ya que la mina de níquel Norilsk -el lugar más contaminado del mundo- proporciona el material que está sustituyendo al problemático cobalto y no ha hecho más que generar un nuevo problema.

Pero no solamente está el círculo polar ártico en peligro. Más al sur en Europa también se quieren poner en marcha proyectos de minería. En España, el proyecto de Ph4Tech de una giga factoría en Extremadura (donde está el segundo yacimiento de litio más grande de Europa) incluye la extracción de litio en la mina de Las Navas (Cáceres) así como la extracción de níquel, oro y cobalto. Si bien la fábrica es vista con buenos ojos, no tanto la explotación minera .

NickelBloque de níquel sin procesar

El ayuntamiento cacereño y parte de la ciudadanía se oponen manifestando, entre otros argumentos, que no quieren un expolio «que sacrifique el desarrollo de la ciudad» para fomentar «el crecimiento industrial de otras zonas del país» donde se trabaje el material aquí extraído.

Además, como recuerda Santiago Márquez, coportavoz de la plataforma Salvemos la Montaña de Cáceres, la mina  «está a 800 metros del casco urbano y Cáceres es una ciudad patrimonio mundial de la UNESCO».

En el Reino Unido, está el proyecto, todavía en fase preliminar, de Cornish Lithium en Cornualles. Su plan es extraer de allí grandes depósitos de litio para baterías en el sur del Reino Unido. El proceso previsto implica la extracción de mica de granito y su voladura con agua.

Imagen de portada: Gentileza Motorpasión

FUENTE: MOTOR PASIÓN – Por Daniel Murias – Coches eléctricos/Futuro en movimiento/Industria Futuro/Contaminacion Ambiental/Riesgos.