Dime tú…pero la verdad. ¿Que opinas?

Yo señor? No señor!
-pues entonces quien la tiene?-
El azul
Yo señor? No señor!
Pues entonces quien la tiene?
El rojo.
Viejos juegos infantiles…
como el ahorcado, la batalla naval,
la rayuela y tantos otros.

A falta de la tele, la tablet y el móvil,
la imaginación y la creatividad
para saber que a los autos de plástico,
los gramos adecuados de masilla,
los hacían más firmes y veloces
en esas curvas dibujadas con tiza
sobre el cemento gris de las calles,
por lo general desiertas, ya que era
de gente “rica” poseer un automóvil.

La sociedad era otra, menos temerosa
más afable con el vecino, solidaria.
Las puertas durante el día, sin llave
y al sonido del golpe de la “manito” de bronce,
aparecía el lechero con su faja
en la cintura, sus tarros y el servidor,
ya habiendo bautizado la leche
con un poco de agua no milagrosa,
como una picardía, “secreto a voces”.

Así también a la tarde, el grito conocido
de quien manejaba el carro tirado por caballo,
con el logo de Panificación Argentina,
ofreciendo esas crocantes baguettes,
aún mejores que las “gomosas” de hoy.

Y ni que hablar, cuando dos meses antes
de Noche Buena, se escuchaba el canto
del “pavero” , quien con una larga vara
separaba el pavo que el vecino elegía,
para engordarlo para la festividad y
llevarlo a cocinar al horno de una panadería
solo por unas monedas, ya que era de favor.

El que lee esto, se preguntará
¿Éste tipo nació en la época de la Colonia?
Para nada!! Década del 60…
los buenos de los Beatles,
los malos de los Rolling.

Hasta los sabores de casi todo
ha cambiado, por los conservantes
o los peligrosos pesticidas,
que ya se cobraron unas cuantas vidas.

Desaparecieron enfermedades endémicas,
aparecieron nuevas, algunas sin cura.
Eramos libres de ir donde quisiéramos
siempre avisando, y hoy los niños
viven encerrados en sus casas
por la inseguridad y la pedo filia.

Ya las puertas poseen tres o más llaves,
alarmas y muros que se electrifican.
Son casi castillos inexpugnables.
Son pocos los vecinos a los que se conoce,
y de ser lo contrario, salvo el saludo formal
nada de entrar en una confianza
que a la larga, puede resultar dañina.

Nostalgia…dirán algunos. ¡No, para nada!
Solo me pregunto, como ha sido posible
que nos vaciaran de valores.morales
en tan pocas décadas. ¿No?

Maravillosa la ciencia y la tecnología,
perversa la obsolescencia programada
de algunos CEO de empresas,
que son quienes determinan la vida
y duración de un producto, cualquiera sea.

Antes con poco, hacíamos mucho
hoy con tanto, nos aburrimos
y dejamos de usarlo al poco tiempo.

Antes era el boca a boca,
lo que proclamaba
la bonanza de un producto.

Hoy es un ejército de profesionales
del marketing, psicólogos, sociólogos
entre otros, que generan estrategias
por los medios, según el perfil
del consumidor, al que quieren seducir.

Ni hablar de las marcas de alta gama,.
aún con la “mujer objeto” seducida,
por un auto deportivo o una fragancia
que patrocina una celebridad del cine.

No niego los avances de la tecnología.
Soy un convencido que solo podemos
vivir dentro de un sistema capitalista,
porque así fue planificado por pocos,
hace poco más de trescientos años.

Ahora lector, lectora
¿eres consciente de lo que hemos perdido
y que nos acecha en el cortísimo plazo?
Si tienes una respuesta convincente,
me agradaría conocerla. Anímate…

Detente…y vive!

Deja de correr por la vida,
detente, así no es la cosa.
Mira y observa tu entorno,
cualquiera sea, donde te hallas.
¿Qué descubres? Ah..cosas
que por primera vez, tus ojos
se depositan en ellas…

Así de similar, es detenerte
y mirar en el interior de tu ser,
buscando tu alma extraviada
por ese afán de no mirar,
o mejor dicho mirar sin observar.

Si estas en casa o en la oficina
o bien la fortuna de caminar por un parque,
descálzate y acuéstate sobre el piso,
veras que la energía de la tierra
se deposita en ti, relajándote.

Recuerda…detente y vive para tu interior.

¿Final anunciado?

Días oprobiosos llenos de sangre, golpes y muertes.
Las manifestaciones de cada día,
los grupos sociales cortando las calles,
algunos con reclamaciones justas,
como por los indigentes y la pobreza.

Otros, los oportunistas de siempre,
mezclados y radicalizados, violentos
apedreando la propiedad pública y privada,
saqueando sin distinción alguna
cualquier tipo de comercio,
que se les ponga enfrente.

No interesa
solo la comida, arrebatan lo que venga,
como vulgares asaltantes.

¿Arde París? Arde el mundo
en sus distintas latitudes, no hay freno.
Las fuerzas de seguridad se niegan,
a reprimir a sus propios conciudadanos.

Otras no solo reprimen, asesinan.
Los gobiernos corruptos o insensibles
por décadas, están paralizados
sin siquiera declamar y promover
acciones que devengan en la calma social.

Esa parálisis del poder, muchas veces
comprometida con las corporaciones,
es incapaz de alcanzar la paz,
no hay, en ciertos casos de quienes reclaman
cabeza visible y organizada
para poder negociar, solo son
las masas que espontáneamente,
inundan las calles de las ciudades.

La sociedad está harta, de que quienes dirigen
que hace años le haga más difícil la vida.
La mayor parte del cordón andino y el Altiplano en riesgo,
Francia, España, Italia, Grecia dentro
de una olla a presión a punto de explotar,
ni que hablar del “dueño del jopo” en América del Norte,
de la represión sobre los opositores en la Rusia de Putín,
de la identificación visual de cualquier ciudadano
en el Imperio del centro, como se llama ahora a China.
Esta que junto a EEUU, manufacturan en México
con trabajadores sin descanso, de domingo a lunes
con una mano de obra no calificada y a destajo.
Ni que hablar de lo que sucede en Medio Oriente y África.
Y menos en Asia o Europa del Este,

El ser humano es hacedor y juez
de su propio destino.
¿Será que esta locura, estrecha y llena de odio
por el distinto, logró dominarle
o que las corporaciones codiciosas
piensan que viven en un infinito
que no finalizara nunca?

Solo para acercarnos cada día más
al borde de un abismo, sin retorno.

El infierno de la trata

Huérfana de madre,
abandonada por tu padre.
Viviste miserablemente
lejos de la ciudad,
entre gentes que ignoraron tu infancia
siendo tal el tormento del abuso,
que con tus ojos grandes y sorprendidos
nada pudiste hacer, inmóvil por el pánico.

Te llevaron a la ciudad tus abuelos,
Creíste confiada por fin, en alejarte
de las sucias manos que invadiéndote
hacían de tu cuerpo, un mero juguete sexual.

Pero el calvario continuo, en quien confiabas
tu abuelo, al acostarse su mujer
se acercaba a ti con miserable perversidad
pretendiendo abusar de ti, en cada ocasión.

Inventaste la excusa de buscar un trabajo,
la necesidad de brindarte al estudio
creyendo en una vida mejor, huiste de esa casa.

Pero solo creaste tu propia ficción
hoy vives en un pequeño cuarto,
manipulada por un amigo de tu propio abuelo
el beneficiado proxeneta que te “cobija”
y que también pretende darte el mismo “cariño”
en ese infierno humillante de la trata.

Vendes tu cuerpo de domingo a lunes,
no tienes descanso…”crees que estas mejor”
es como la parábola de aquel condenado al cadalso,
que en el último momento
le conmutan la pena
por prisión perpetua.

Una cosa es la meretriz que consiente,
otra alguien que siendo una niña
la condenaron a esa vida.

NN

Había caminado hacia el puerto.
Sentía hacia un tiempo la necesidad
de visitarlos.
En aquel momento no fue fácil, las obras
para hacer más bonita a Buenos Aires,
la vestían en un caos insoportable.
Asombrando a turistas desprevenidos
que no les interesa si es “cartón pintado”
que como toda urbe, esconde en su periferia
sus desoladas y grandes miserias.

Pero era mi necesidad de acompañarlos.
Los encontré en el galpón de siempre
que ya es propio para la familia.

La mayor alegría la recibí de los niños,
dándome la bienvenida con una sonrisa
a cambio de esos caramelos frutales,
qué tanto les gustaban.

Extrema pobreza; vivir como se puede,
cartoneando, una changa, lo que fuera
o buscando a la espera del decomiso
en un restaurante de comida rápida.

¿Excluidos? Si desde ya, como tantos!
Pero déjame decirte algo,
¡Son más dignos que tú o yo!
Si escucharas lo que tienen para decir…

Vida nuestra de cada día

No podía dejar de mirarla
desde la mesa del mismo bar
de siempre. Atardecía en Buenos Aires,
pesado el clima, enojada su gente.

Por ahora se entretienen y sufren
con los aburridos spots políticos,
vacíos y con falsas propuestas y discursos.
Maquiavelo, no lo podría hacer mejor.

Vi sus lágrimas, en un sollozo
convulsivo. Le pedí permiso,
le pregunté si podía sentarme
un sí nervioso fue la respuesta,
acerque una silla y en silencio me quede
dejándola fluir en su dolor inmenso.

Perdí el empleo y con ello, mis sueños,
me dijo.
Y cuantos hoy viven esto sin poder,
preguntar razones.
Cuantos pocos son, los que destruyen
sueños juveniles.

Conversamos un rato, la tranquilice
le di en el dorso de mi tarjeta,
el nombre y teléfono de un gran amigo
que seguro le haría un lugar en su empresa.

Sonrió, me agradeció.
Me llamo al otro día, exultante
porque la entrevistaron y le dieron
la posibilidad de seguir soñando.

Pero cuantos otros miles…continúan así
y solo si son afortunados, ensamblados
volviendo a la casa de sus padres.

El oficio mas antiguo Siglo XXI

Lo sabía desde el primer intercambio,
pero su belleza plena, me conmociono.
Era la crónica de un final anunciado,
el proponerle dejar esa vida y renacer
observando un nuevo y diferente mundo
al conocido, en el que sufrió lo que la vida
pudo darle, abandono y humillación hasta
que hubo de ingresar en el mundo que cotiza,
solo en el mercado de la trata.

Es una obviedad, que una hermosa joven
exponiendo su selfie, es para la generalidad
de una red social, alguien que llegara lejos
por atributos o estereotipos que en lo físico
prevalecen por su sonrisa, su cuerpo o su belleza,
y así llueven cínica mente comentarios
vacíos de contenido, de que lejos llegara
cuando solo se expresan con la morbosidad,
de quienes están amparados en la obscuridad
en donde la invisibilidad les permite guarecerse,
soslayando la verdad de sus reacciones testiculares.

Lamento de verdad, como tantas aquí y allá,
crean que lo de hoy, les durara toda la vida.
Se darán cuenta solo, con el paso de los años.
El trabajo más antiguo del mundo deja secuelas
muchas veces inimaginables, por simple ignorancia.

Muchas esperan encontrar al príncipe,
que les permita una vida de consorte.
Pero no comprenden que dudosamente
esos disfrazados de príncipes, pasado un tiempo
los mismos del rescate en la torre encantada,
se transformaran en sus auténticos dueños
escupiéndoles en los rostros sorprendidos,
el pasado de lo que han sido, mujeres de burdel.

Olvidaron que no son las “Conejitas” del fallecido
Hugh Hefner, donde pocas llegaron a tener fortuna.

Solo deseo, que esta princesa de belleza
salvaje e impura pero ancestral, tome conciencia
de que la mejor manera de alcanzar su éxito
será matemáticamente igual a la misma proporción,
en que piense seriamente en su retiro.
La única manera de tararear “sueños de libertad”