Colapsum

Eres Ángel que se esconde
en la neblina de una calle,
es a quien aguardo agazapado
como la bestia en que me converti
por todo aquello donde la sorpresa
se volvió “la nueva normalidad “
en mundo cada vez más desigual.

En esto del paraíso y del infierno,
en este último me siento seguro
por la razón que ya se quien miente
como otras veces al escucharle.

Por eso construí un muro que no dejara
paso hacia un paraíso al que iran todos,
también aquellos miles que soguzgan
a miles de millones que en la hambruna
el propio sistema los arroja día a día

Pero estos últimos dejarán de sufrir
para ya inertes, convertirse en almas
puras que encontrarán una dimensión
que les proveerá la armonía y paz
desconocidas desde siempre en toda su vida.

Creí tanto hasta que un día,
deje de hacerlo
por los que nada tienen,
los marginales
desde aquí con desprecio
“mal llamados”
sudacas hasta el Japón,
en donde duermen
miles en cuchetas
rodantes aberrantes.

La película “Colapso”
la dirigen inexpertos,
que son segmentos
tan cruentos, tan reales
tomados en planos
de la vida de cada día,
que ni siquiera argumento
posee y solo muestra
la realidad hacia donde
nos dirigimos tal como
lo hace un documental.

Paraliza y sorprende,
ciertamente.

Hacia nuestra masacre
autoinflingida de los años 50
de este repugnante siglo,
donde la avaricia consume todo.

He visto tanto odio,
tanta traición,
desigualdad 
y desprecio por los otros,
en estas décadas de mi vida,
que dudo volver a creer
en aquellos ángeles,
que niño pretendian
convencerme de su protección.

En un mundo de pocos,
decidiendo el final de los otros
no cesare de denunciar
la agonía que nos va cercando.

Photo by Sebastian Voortman on Pexels.com

¿Somos quienes quisimos?

Cada vida se construye de errores y aciertos por igual mal nos pese
por el solo hecho de ser humanos, simples mortales y falibles,
pero con una gran diferencia, hay quien amanece deseando construir
mientras otro prisionero del egoísmo y avaricia se esmera en destruir.

No es solo consecuencia de ser rico o pobre, es nuestra propia naturaleza
la que nos transforma sin avisarnos en ángeles o demonios o viceversa,
oiremos proclamas hasta nuestro último suspiro que será la benevolencia
la que nos permitirá viajar sin obstáculos hacia aquella enorme puerta,
que se cerrara para siempre llevándonos un centenar de interrogantes
y solo nuestros con la ignorancia del sin saber que sucederá al traspasarla.

Siempre he creído en algo absolutamente superior a los mortales,
pero si bien he respetado a toda religión y sus templos, no lo he hecho
con quienes hombres al fin se asumen como voceros de algo superior,
siendo buceadores de aberraciones como voceros que cada religión.

Somos lo que quisimos ser sin excusa alguna, nos convertimos
en quienes somos con los materiales que supimos utilizar o ignorar,
el camino de la construcción fue en los primeros años la enseñanza
de nuestros mayores, pero luego pudimos siendo racionales tomarlos
o cambiarlos para una mejor vida y ello era solo responsabilidad nuestra.

No hay excusas cuando se esgrime que la culpa la tiene el otro,
si teníamos una vida que no deseábamos porque no modificarla
-quizás la comodidad de no hacer nada, nos hizo inconscientes-
porque sabíamos que nuestra zona de confort sería inalterable
y esos otros que construyen serían nuestros eternos proveedores.

La vida que vivimos es en realidad cuestión de suerte?

Absolutamente no.


Fueron las convicciones que mantuvimos durante mucho tiempo,
reitero con aciertos y errores como seres imperfectos pero a sabiendas
de lo que debíamos lograr como objetivos de vida, y sin claudicaciones.

La queja por lo que somos no existe, porque somos lo que quisimos ser.

La tierra se muere…

Desgrane los terrones de tierra como roca
ya endurecidas por la interminable sequía,
los apreté con ambas manos con fuerza
inhalando cada vez más para poder hacerlo.

Seis meses sin llover, ora cambio climático
ora contaminación a cielo abierto,
por los negociados de las mineras
con los gobiernos lacayos asociados,
que existen en todo lugar del mundo
convirtiendo todas las tierras en un páramo.

¿Culpa de los poderosos? Puede ser,
pero a no hacernos los distraídos,
al seguir creyendo que son los otros
no nosotros los cómplices y sus socios.

Vemos cómplices como el mundo
se transforma en basura tóxica,
sin reconocer que sus desechos
son depositados en las periferias,
invisibles a los ojos de los mortales
ya que nosotros con nuestra indiferencia,
lo aprobamos aún conociendo sus males.

Pensaba cultivar algunas hortalizas orgánicas,
para esa gente de piel cobriza y viendo hambre
en la mayoría de esos niños de mirada triste,
como si supieran que nada ni nadie haría
algo por ellos y sus familias postergadas.

Pero mi ilusión se transformó en nada
cuando un lugareño se me acercó trayendo
consigo una lata conteniendo agua turbia,
mezcla de aceite y restos de cianuro,
causante de distintos cánceres y abortos
prematuros en el antiguo pueblo fronterizo,
en nuestra provincia de San Luis donde el oro
se extrae contaminando los cursos de ríos,
aunque las denuncias siguen acumulándose
no cesará por esa justicia permeable al poder.

Pobres e ignorados pueblos aislados
olvidados por todos en este corrupto
lugar en el mundo, que como en tantos
prevalece el silencio el manto del miedo.

Atreverse y dejar de quejarse.

Cuanto terminará este tránsito entre esta locura
disparatada que invade amenazando la conciencia,
donde la verdad es desconocida y reemplazada
por discursos llenos de odio y de intereses cruzados,
hasta convertirnos en rebaño cautivo de grupos mediáticos
que nos confunden día tras día tal como fue desde el inicio
de los tiempos regalándonos contradicciones que solo
como el agua para sus molinos representan a sus propios
intereses cuyas intenciones se encuentran alejadas
de nosotros simple mortales con escaso buen entender,
dándole razón a lo que la ciencia su cómplice diciendo
que es solo un paradigma que como tantos caerá
en el olvido ante la aparición de otro el que seguramente
traerá al mundo mayor iniquidad social además de cero altruismo.


Por ahora, sabemos que tenemos noventa
mil pensamientos diarios que nos acechan,
desde aquellos racionales hasta los “otros”,
esos en lo que la mente nos los muestra como
fantasías o demonios descabellados de la razón.

Esos que no nos dejan en paz y nos persiguen
con tesón haciéndonos sentir cuán tan imperfectos
somos pero anteponiendo siempre nuestra inútil rebeldía
tan contradictoriamente humana para reconocerlo.

Hay un tiempo en que nos creemos el centro
del Universo pero es el ego de ese mismo tiempo,
que nos da un baño de realidad según pasan los años
dándonos tarde ya la oportunidad de conocernos
y de lo infinitamente estúpidos que hemos sido en la vida,
tal como somos haciéndonos que la conciencia
traiga consigo miserias humanas que arrastramos,
sin máscaras de ocasión ni eufemismos apropiados,
dejándonos desnudos y mostrando las imperfecciones
que pretendemos justificar por nuestro propio interés.

¿Cuál será el camino de la redención?
¿Tanto para el que eligió creer en Dios como para el ateo?
Si sabemos que un día partiremos dejemos de buscar
las fantasías de las experiencias cercanas a la muerte,
nos iremos tan solos como cuando nacimos será tiempo así
de poder sincerarnos hacia nuestro interior protegido
por siete llaves reconociendo nuestras propias miserias,
pensando en dejar una sola iniciativa carente de todo egoísmo
para que aunque, sea quien sea, alguien nos recuerde
como aquella persona que quiso alejarse del control
de los poderosos y pretendió iniciar un nuevo Génesis.

Qué es el “desvelo en venganza” que practican millones de jóvenes trabajadores en China.

Emma Rao pasó casi tres años en el notorio “horario 996” en China: trabajando desde las 9 de la mañana hasta las 9 de la noche, 6 días a la semana.

Rao, que es originaria de Nanjing, se mudó al centro financiero de Shanghái hace unos cinco años para trabajar para una compañía farmacéutica multinacional.

El trabajo rápidamente se apoderó de su vida.

“Estaba casi deprimida”, dice. “Me privaron de toda mi vida personal”.

Después de su turno, que a veces incluía horas extra, tenía una pequeña ventana para comer, ducharse e irse a la cama, pero sacrificó el sueño para ganar algo de tiempo personal.

A menudo, Rao navegaba por internet, leía las noticias y miraba videos en línea hasta bien pasada la medianoche.

Tiempo propio a costa de la salud.

Gu Bing trabaja mucho su sacrifica su sueño para tener tiempo libre y divertirse.

Rao estaba haciendo lo que los chinos han llamado “bàofùxìng áoyè”, o “procrastinación a la hora de dormir”.

La frase, que también podría traducirse como “la venganza de quedarse despierto hasta tarde”, se difundió rápidamente en Twitter en junio tras una publicación de la periodista Daphne K Lee.

Ella describió el fenómeno como cuando “las personas que no tienen mucho control sobre su vida diurna se niegan a dormir temprano para recuperar algo de libertad durante las horas de la noche”.

Su publicación claramente tocó un punto sensible.

Con más de 4.500 “Me gusta” en Twitter, Kenneth Kwok escribió: “Típico de 8 a 8 en la oficina, (para cuando) llego a casa después de la cena y me ducho son las 10 pm. Repite la misma rutina. Se necesitan unas pocas horas de ‘tiempo propio’ para sobrevivir”.

No está claro de dónde proviene este término.

La primera mención que encontré fue en un blog con fecha de noviembre de 2018, aunque sus orígenes probablemente sean anteriores a esto.

El autor de la publicación, un hombre de la provincia de Guangdong, escribió que durante la jornada laboral él “le pertenecía a otra persona” y que solo podía “encontrarse a sí mismo” cuando llegaba a casa y podía acostarse.

Esta venganza de postergar la hora de dormir es triste, escribió, porque su salud está sufriendo, pero también es “genial” porque ha obtenido un poco de libertad.

Es posible que la frase se haya popularizado en China, pero el fenómeno que describe probablemente está más extendido, con trabajadores agobiados en todo el mundo que posponen la hora de acostarse para reclamar un valioso tiempo personal, aunque saben que no es bueno para ellos.

Límites borrosos

Los expertos han advertido durante mucho tiempo que la falta de sueño es una epidemia mundial de salud pública a la que no se presta atención.

La Encuesta Global del Sueño de Phillips de 2019, que recibió más de 11.000 respuestas de 12 países, mostró que el 62% de los adultos en todo el mundo sienten que no duermen lo suficiente, con un promedio de 6,8 horas en una noche entre semana en comparación con la cantidad recomendada de ocho horas.

Las personas citaron varias razones de este déficit, incluido el estrés y su entorno para dormir, pero el 37% culpó a su agitado horario de trabajo o escuela.

En China, una encuesta nacional realizada en 2018 mostró que el 60% de las personas nacidas después de 1990 no dormían lo suficiente y que las que vivían en las ciudades más grandes eran las que más sufrían.

Las empresas tecnológicas que crearon la cultura 996 suelen tener su sede en las grandes ciudades y sus prácticas laborales han influido en otros sectores.

Un informe reciente de la emisora estatal CCTV y la Oficina Nacional de Estadísticas indicó que el empleado chino promedio solo pasaba 2,42 horas por día fuera del trabajo o dormido, 25 minutos menos que el año anterior.

Gu Bing, una directora creativa de 33 años de una agencia digital en Shanghái, a menudo trabaja hasta tarde y dice que rara vez se va a dormir antes de las 2 am.

“Aunque estoy cansada al día siguiente, no quiero dormir temprano”, señala.

A Gu le encantaba acostarse tarde cuando tenía 20 años, pero ha comenzado a pensar en adoptar hábitos de sueño más “normales”.

Sin embargo, sus amigos también suelen estar despiertos a mitad de la noche.

“Realmente necesito ese tiempo. Quiero estar sana pero ellos (sus empleadores) me han robado el tiempo. Quiero recuperar mi tiempo”.

Dejando a un lado las largas horas en la oficina, otra parte del problema es que los patrones de trabajo modernos significan que a las personas les resulta más difícil trazar límites entre el trabajo y el hogar, dice Ciara Kelly, profesora de psicología del trabajo de la Escuela de Administración de la Universidad de Sheffield.

Los correos electrónicos y la mensajería instantánea significan que los empleadores siempre pueden estar en contacto.

“Esto puede hacer que sintamos que estamos ‘siempre en el trabajo’, porque el trabajo puede llamarnos en cualquier momento”, dice.

Jimmy Mo, de 28 años, analista de una empresa de desarrollo de videojuegos en la metrópoli sureña de Guangzhou, ha descubierto que combinar su pasión por los videojuegos con el trabajo es una espada de doble filo.

“El trabajo también es mi hobby. Me encanta sacrificar mi tiempo libre por esto”, dice, y explica que debe jugar diferentes juegos después del trabajo, y también tomar clases en línea para mejorar sus habilidades profesionales.

También tiene pasatiempos como el yoga y el canto. Poder hacer todo significa que Mo no suele acostarse hasta las 2 am.

Sabe que esta falta de sueño puede exacerbar un trastorno de salud que tiene, y que dormir más podría hacerlo más saludable y feliz, pero dice que siente la presión de sus compañeros para hacer y lograr más.

Jimmy Mo dice que casi nunca se acuesta antes de las 2 am.

“Un círculo vicioso”

Aunque a la gente le puede molestar que el trabajo exprima su tiempo libre, reducir el sueño probablemente no sea la mejor “represalia”.

La falta de sueño, especialmente a largo plazo, puede provocar una serie de efectos nocivos, tanto mentales como físicos.

En el libro de Matthew Walker “Why We Sleep: Unlocking the Power of Sleep and Dreams”, el neurocientífico es contundente: “cuanto más breve es tu sueño, más corta es tu vida”.

Y la gente, en general, lo sabe: todos los entrevistados para este artículo sentían que sus patrones de sueño no eran saludables, pero aun así se quedaban despiertos hasta tarde en la noche.

La psicología puede explicar la razón por la que las personas optan por aprovechar este tiempo libre incluso a expensas del sueño.

Una creciente evidencia apunta a la importancia del tiempo libre alejado de la presión laboral; la falta de separación puede provocar estrés, reducción del bienestar y agotamiento.

“Una de las partes más importantes de la recuperación del trabajo es el sueño. Sin embargo, el sueño se ve afectado por la forma como logramos separarnos del trabajo”, dice Kelly, de la Universidad de Sheffield.

Es importante, explica, tener tiempo libre cuando podemos distanciarnos mentalmente del trabajo, lo que explicaría por qué las personas están dispuestas a sacrificar el sueño por el ocio después del trabajo.

“Las personas se quedan atrapadas en un círculo vicioso cuando no tienen tiempo para separarse de su trabajo antes de irse a dormir, y es probable que esto afecte negativamente a su sueño”, señala Kelly.

La verdadera solución, sugiere, es garantizar que las personas tengan tiempo para participar en actividades que proporcionen este desapego. Sin embargo, esto a menudo no es algo que los empleados puedan lograr por sí mismos.

Heejung Chung, sociólogo laboral de la Universidad de Kent y defensor de una mayor flexibilidad en el lugar de trabajo, considera que la práctica de retrasar el sueño es culpa de los empleadores.

Abordar el problema beneficiaría a los trabajadores, pero también ayudaría a garantizar un “lugar de trabajo saludable y eficiente”, señala.

“En realidad, es una medida de productividad”, explica. “Necesitas ese tiempo para relajarte. Los trabajadores necesitan hacer otras cosas además del trabajo. Es un comportamiento arriesgado hacer solo una cosa”.

En algunos casos, el trabajo desde casa debido a la pandemia ha difuminando aún más las fronteras ya débiles entre el trabajo y el hogar.

Mayor flexibilidad

Desde la pandemia, empresas de muchos países han implementado políticas de trabajo desde casa, lo cual ha significado una mayor flexibilidad en la vida laboral pero también, en algunos casos, difuminando aún más las fronteras ya débiles entre el trabajo y el hogar.

Todavía no está claro cómo esto podría afectar el tipo de cultura laboral donde los empleados tienen que evitar el sueño para recuperar algo de tiempo libre.

Chung dice que un cambio genuino requiere un giro institucional en muchas empresas.

“Es difícil para las personas reaccionar (a su situación laboral)”, señala.

Pero aconseja a los empleados que hablen con sus colegas y se acerquen colectivamente a su jefe, con pruebas, si quieren pedir un cambio.

Sin embargo, esto podría no estar disponible en China.

De hecho, los informes sugieren que las empresas se están atrincherando aún más en lo que se trata de horas extras mientras intentan recuperarse de las pérdidas causadas por covid-19.

Krista Pederson, consultora que trabaja con multinacionales y corporaciones chinas de Pekín, dice que ha observado esta tendencia.

Las empresas chinas consideran que su cultura laboral tiene ventajas frente a los mercados como Estados Unidos o Europa, donde la gente tiende a trabajar menos horas: “saben que tienen trabajadores dedicados que son despiadados y que harán lo que sea necesario para salir adelante, incluido trabajar todo el tiempo”, asegura.

Con una cultura laboral tan exigente, los empleados seguirán abordando el problema de una manera que les funcione.

A pesar de trabajar sin descanso, Gu Bing ama su trabajo y acepta que le roben su tiempo libre.

“A veces, creo que la noche es perfecta, incluso hermosa”, señala. “Mis amigos y yo conversamos por la noche y a veces escribimos canciones juntos. Es tranquilo y calmado”.

Y existe la opción, para los afortunados, de conseguir otro trabajo, que es lo que hizo Emma Rao, cambiando finalmente su trabajo 996 por uno un poco menos exigente.

Sin embargo, Rao ha descubierto que es difícil deshacerse de los viejos hábitos.

“Es una venganza”, dice sobre su hora de acostarse tarde. “Para recuperar algo de tiempo para ti”

Fuente: Lu-Hai Liang – BBC Worklife – 6 diciembre 2020

CARTA ABIERTA DE UNA ENFERMA DE COVID PERSISTENTE.

Es posible que sean unos de los grandes olvidados de esta pandemia. Son los enfermos de Covid persistente , personas que llevan meses soportando los síntomas del virus y la angustiosa incertidumbre de si toda esta sintomatología que padecen les abandonará o no algún día. El hecho de no estar graves les condenó, en el mejor de los casos, a la última posición de la cola de la atención sanitaria en la primera ola. Y durante la segunda ola su situación no mejoró en demasía, relegados casi a la misma posición.

Observan con cierta esperanza la creación de unidades específicas de enfermos de Covid persistente, con la de los hospitales Germans Trias i Pujol y Bellvitge, pero son conscientes de que todavía queda una ardua travesía por recorrer con la incógnita de si las instituciones sanitarias les acompañarán en ese difícil tránsito.

El que sigue es el relato de una enferma de Covid persistente que lleva ocho meses soportando los estragos del virus. Es una llamada de auxilio, un grito de alerta que tiene por objetivo evitar que este colectivo de enfermos caiga en el olvido.

Luchamos para curarnos, por nuestros derechos como Covid persistentes

Lo menos importante de esta carta es mi nombre. Podría ser Cristina, Lara, Eva, Marta, Álvaro, Aitor, Carles, Sílvia, Anna, Dolors …

Soy una Covid persistente, una de las muchas personas que contrajimos la Covid-19 durante la primera ola de la pandemia, a mediados de marzo. Las abandonadas.

Hace ocho meses que lucho para curarme”

Ocho meses después aún sufro síntomas persistentes, aún arrastramos síntomas persistentes que incapacitan nuestro día a día, las relaciones sociales y la actividad laboral. La vida.

Hace ocho meses que lucho para curarme. Luchamos para curarnos, para volver a ser las personas que éramos antes de caer enfermas. Sin síntomas ni secuelas.

A principios de marzo, como muchos de los Covid persistentes de la primera ola, era una persona sana, sin patologías previas y con toda una vida por delante. Hablo de mí, de ti, de ellos, de un vosotros y de un ellos.

La incertidumbre es la piedra más puntiaguda de este largo camino de la enfermedad”

El nosotros, lo hemos construido día a día desde mediados de mayo, cuando nos agrupamos en la plataforma Afectades i afectats persistents per la Covid-19 y empezamos a cooperar con otras comunidades como Madrid, Andalucía, Euskal Herria y València, donde también había casos como los nuestros. Hemos construido una red colaborativa que nos ayuda a visibilizarnos. ¡A cuidarnos!

Nuestro recorrido no es más doloroso que el de los enfermos de la Covid-19 que han tenido que ser ingresados o intubados o que han pasado mucho tiempo en la UCI. Seguro que no lo es. Pero, posiblemente, la incertidumbre es la piedra más puntiaguda de este largo camino de la enfermedad.

Nadie sabe decirnos qué nos pasa y cuándo podremos recuperar la salud que teníamos antes de la Covid-19”

Hace muchos meses que arrastramos sintomatología compatible con el maldito virus, mayoritariamente sin ninguna patología grave a priori, pero con el inconveniente de que nadie sabe decirnos qué nos pasa y cuándo podremos recuperar la salud que teníamos antes de la Covid-19. Sin ciclos de recaídas, sin febrícula, sin ninguno de los síntomas que nos despiertan cada mañana. Necesitamos fortaleza y valentía en dosis muy altas, para no dejarnos arrastrar por el desánimo en la (re)caída. Somos las resilientes que no nos detenemos, aunque seguimos enfermas.

Vivimos en una montaña rusa cíclica, en un proyecto de vida que hemos tenido que reaprender: cambiar la alimentación, gestionar la energía que consumimos, adaptarnos, mientras los síntomas no se van, a vivir el día a día como un carpe diem permanente. Las recaídas siempre vuelven sin avisar y no las podemos predecir. Son inciertas e inesperadas como una granizada de verano y no te puedes preparar para sostenerlas.

Vivimos en una montaña rusa cíclica, en un proyecto de vida que hemos tenido que reaprender”

Nuestro afán es pedir que se cambien los protocolos rígidos e inflexibles que el Departament de Salut implementó en los Centros de Atención Primaria y los hospitales de nuestro país al principio de la pandemia.

A las personas con sintomatología leve o moderada se nos pidió que nos quedáramos en casa, porque no había suficientes camas en las Unidades de Cuidados Intensivos, no tenían pruebas PCR para toda la población y las pocas pruebas que había eran para las personas graves o para el personal sanitario. Estábamos ante un débil sistema sanitario que no estaba preparado para afrontar la pandemia con todas las herramientas necesarias. Y nos corresponsabilizamos.

Luchamos contra aquellos profesionales médicos que no nos quieren escuchar”

Y luchamos con algunos profesionales médicos que nos escuchan y quieren saber qué nos pasa, porque saben que, a nuestro lado, pueden aprender cómo evoluciona el virus y cómo actúa. Todavía hay mucho camino por recorrer y lo sabemos. Nos gusta poder participar en la búsqueda y la investigación y volver a corresponsabilizarnos con el sistema de salud y con la investigación. Y luchamos contra aquellos profesionales médicos que no nos quieren escuchar, que creen que tenemos problemas de ansiedad o de depresión y que no entienden que, los síntomas persistentes, siguen viviendo en nuestro cuerpo durante mucho tiempo.

Nos sentimos abandonadas por la sanidad pública en la primera ola de la pandemia porque éramos pacientes leves o moderados y se pensaba que podríamos vencer el virus en casa. Ahora, después de ocho meses, pretenden excluirnos con la excusa de que no tenemos pruebas científicas PCR o serológicas positivas cuando los estudios publicados en todo el mundo ponen en tela de juicio las pruebas y su tempo en la realización. Aún tenemos que lidiar con muchos médicos y médicas incluso cuando la clínica de la enfermedad es de una evidencia irrefutable.

La estigmatización es una sombra larga y tenebrosa que nos afecta a nivel emocional, laboral y social”

Si algo nos ha enseñado la Covid-19 a los portadores de larga duración es a ser resilientes, pacientes y persistentes. Venceremos la persistencia del virus y persistiremos en la reclamación de nuestros derechos sanitarios.

La estigmatización es una sombra larga y tenebrosa que nos afecta a nivel emocional, laboral y social a muchas de las persistentes. Hoy en día, una parte muy importante de la población no acepta una realidad que no podemos cambiar: seguimos enfermas e incapacitadas. La tarea pedagógica no nos corresponde a nosotras, estamos enfermas y bastante hacemos en defender a los nuestros y cuidarnos entre nosotras. La responsabilidad es del Departament de Salut, que es quien debe velar para ofrecer atención sanitaria a toda la ciudadanía por igual.

Sin nuestra red de apoyo, los Covid persistentes no hubiéramos podido resistir”

También los medios de comunicación, que tienen que tratar con respeto a los Covid persistentes. Entre un 10% y un 15% de enfermas de Covid-19 no se curan después de 10 o 15 días. No, compañeros, no es eso. Seguimos enfermas con la incertidumbre de no saber cuándo y cómo nos vamos a curar, cuándo y cómo recuperaremos nuestra vida anterior.

Lo que sí sé como Covid persistente es que, la mejor medicina mientras no haya investigación específica sobre la Covid de larga duración, pasa por la honestidad, la empatía, la escucha activa y el respeto.

Sin el apoyo incondicional de la familia y de los amigos, el infierno habría sido devastador. Sembradas de dudas, de dolores, de ahogos, de febrícula continuada, sin nuestra red de apoyo, los Covid persistentes no hubiéramos podido resistir. Gracias a todas las redes de apoyo, continuad cuidándonos porque seguimos enfermas. Os necesitamos.

Seguimos enfermas, pero firmes; seguimos para curarnos”

Y lo más mágico de todo esto es que a pesar de los dolores, la febrícula y todos los síntomas de estos largos meses, una red de mujeres, que no nos conocíamos, hemos tejido complicidades, confianzas y cuidados a partes iguales. De forma generosa y comprometida, como sólo las mujeres sabemos hacer. Hemos dejado que la confianza activa guíe nuestras vidas y así hemos duplicado nuestras oportunidades y la sabiduría.

Os agradezco que nos leáis y que compartáis esta carta. El nosotros lo tenemos; es un colectivo de 1.200 personas en Catalunya; ahora nos falta la difusión que haréis vosotros, un vosotros lleno de complicidad. Seguimos enfermas, pero firmes; seguimos para curarnos.

Fuente: La Vanguardia. Josep Fita – Barcelona – 03-12-2020

El Papa que está solo, pero dice lo que pide “Hagan lío”

Ante jueces, el papa Francisco recordó que para la tradición cristiana el derecho a la propiedad privada no es absoluto.


ROMA.- Al inaugurar hoy una conferencia internacional virtual de los Comités Panamericano y Panafricano de Juezas y Jueces por los Derechos Sociales y la Doctrina Franciscana, el papa Francisco recordó que para la doctrina social de la Iglesia el derecho a la propiedad privada no es absoluto ni intocable, sino que tiene una función social.


“Cuando estamos resolviendo en el derecho, damos a los pobres las cosas indispensables, no les damos nuestras cosas, ni la de terceros, sino que les devolvemos lo que es suyo. Hemos perdido muchas veces esta idea de devolver lo que les pertenece”, dijo, en un vídeo mensaje divulgado por el Vaticano. “Construyamos la nueva justicia social asumiendo que la tradición cristiana nunca reconoció como absoluto e intocable el derecho a la propiedad privada y subrayó siempre la función social de cualquiera de sus formas”, agregó.


“El derecho de propiedad es un derecho natural secundario derivado del derecho que tienen todos, nacido del destino universal de los bienes creados. No hay justicia social que pueda cimentarse en la inequidad, que supone la concentración de la riqueza”, subrayó, al inaugurar una conferencia virtual sobre “La construcción de la nueva justicia social; hacia la plena vigencia de los derechos fundamentales de las personas en condiciones de vulnerabilidad”.


El Papa, que en su última encíclica, Fratelli Tutti, sobre la fraternidad y la amistad social, también evocó este concepto de la función social de la propiedad privada, en el videomensaje reflexionó sobre las cinco bases sobre las que para él debería construirse la justicia social.


Las cinco bases de la justicia social, según el Papa


La primera, destacó, tiene que ver con la realidad: “Las ideas sobre las que seguramente ustedes trabajarán, no debieran perder de vista el angustiante cuadro en el que una pequeña parte de la humanidad vive en la opulencia, mientras que a una cantidad cada vez más numerosa le es desconocida dignidad y son ignorados o violados sus derechos más elementales. No podemos pensar desconectados de la realidad. Y esta es una realidad que deben tener presente”, indicó.


La segunda remite a las formas en que se gesta la justicia: “Pienso en una obra colectiva, en una obra de conjunto, en donde todos y todas las personas bienintencionadas desafían la utopía y asumen que, así como el bien y el amor, lo justo es una tarea que ha de conquistarse todos los días, porque el desbalance es una tentación de cada minuto. Por eso cada día es una conquista”, explicó.


Vinculó la tercera base a la actitud de compromiso, siguiendo la senda del Buen Samaritano: es decir, a la idea de que hay que hacerse “cargo del dolor del otro y no resbalar hacia una cultura de la indiferencia”. La cuarta, a la idea de “la historia como eje conductor”. Y la quinta, al pueblo: “Es muy difícil poder construir la justicia social sin basarnos en el pueblo. O sea, la historia nos lleva al pueblo, los pueblos. Será una tarea mucho más fácil si incorporamos el deseo gratuito, puro y simple de querer ser pueblo, sin pretender ser élite ilustrada, sino pueblo, siendo constantes e incansables en la labor de incluir, integrar y levantar al caído. El pueblo es la quinta base para construir la justicia social. Y, desde el Evangelio, lo que a nosotros creyentes Dios nos pide es ser pueblo de Dios, no élite de Dios. Porque los que van por el camino de la ‘élite de Dios’, terminan en los tan consabidos clericalistas elitistas que, por ahí, trabajan para el pueblo, pero nada con el pueblo, sin sentirse pueblo”, advirtió.


Techo, tierra y trabajo


Recordó luego la importancia de ser solidarios y justos. “Solidarios al luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, de tierra y de vivienda. Techo, tierra y trabajo, las tres “T” que nos ungen dignos”, destacó.

“Luchando, en suma, contra quienes niegan los derechos sociales y laborales. Luchando contra esa cultura que lleva a usar a los demás, a esclavizar a los demás, y termina en quitar la dignidad de los demás. No olviden que la solidaridad, entendida en su sentido más hondo, es un modo de hacer historia”, exhortó. Fue en este contexto que, enseguida después, recordó que la tradición cristiana nunca reconoció como absoluto ni intocable el derecho a la propiedad privada.


El juez argentino Roberto Andrés Gallardo,presidente del Comité Panamericano de Juezas y Jueces por los Derechos Sociales y la Doctrina Franciscana y juez de primera instancia en lo contencioso administrativo y tributario de la ciudad de Buenos Aires, fue uno de los organizadores de la conferencia virtual, que dura dos días y culminará mañana.


Después del arzobispo Marcelo Sánchez Sorondo, canciller de la Pontificia Academia de Ciencias del Vaticano, que también participa, Gallardo fue uno de los oradores del encuentro, en el que también expone el exjuez de la Corte Suprema, Raúl Zaffaroni, miembro de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, quien recientemente criticó al gobierno bonaerense por el desalojo del predio tomado en Guernica.


Participan también representantes de Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, Jamaica, Marruecos, México, Perú, Uruguay y Venezuela.

Fuente: Periódico La Nación – Política – Justicia – Elizabetta Piqué – 30/11/2020

La idea de Patria tiene algo oscuro.


Federico Jeanmaire: “Nos enseñaron a reclamar Malvinas, pero no que hay que devolver Formosa a Paraguay”


El escritor argentino cuestiona el discurso bélico y el nacionalismo en su libro Wërra, donde narra una misión suicida de la Segunda Guerra Mundial.


Marzo de 2018. Federico Jeanmaire llevaba pocas horas en Saint-Nazaire, un puerto francés ubicado sobre el estuario del Loire, a donde había viajado para sumarse por dos meses a una residencia de escritores, experiencia que ya habían hecho otros narradores argentinos notables, como Ricardo Piglia y Juan José Saer.


Una amiga le habló de la Operación Chariot, una batalla de la Segunda Guerra Mundial que había tenido lugar allí, el 28 de marzo de 1942.

Más que una batalla, un ataque de comandos ingleses para destruir la base de submarinos que operaba en ese puerto y que era clave para el poderío naval nazi. Un golpe pensado y cronometrado en las mesas de arena del almirantazgo, enmascarado en engaños y trucos como en las películas, favorecido por la noche y el azar, finalmente suicida: murieron 169 comandos británicos, además de 18 civiles franceses y 292 soldados alemanes.


Nunca antes Jeanmaire había escuchado hablar de la Operación Chariot, pero el día siguiente era 28 de marzo, se cumplía un nuevo aniversario y estaba previsto un acto de conmemoración. Decidió ir. Lo impactó un anciano doblado por los años que se irguió, juvenil, cuando se calzó la casaca militar. También, la mínima placa que recordaba a los caídos, tan pequeña que no tenía lugar para poner los nombres completos.


Esa tarde, Jeanmaire fue a la biblioteca de Saint-Nazaire, pidió dos libros sobre la Operación Chariot (los primeros de muchos) y empezó a investigar. Fueron trece meses de consultar archivos, textos, audios. El resultado es Wërra (Anagrama), una suerte de ensayo en el que narra la batalla, reflexiona sobre el patriotismo, sobre la guerra (“una mierda encantadora”), y también sobre su propia infancia, marcada por la serie Combate, que veía con su padre, un militar frustrado, y por los soldaditos fabricados por su abuelo materno.


¿Por qué decidiste contar tu experiencia personal en el relato?


-La idea era poner a funcionar, como una suerte de contradicción, las representaciones de la guerra con la realidad de la guerra. Por un lado, contar esta batalla para contar todas las guerras, y por el otro lado contar todas las representaciones de la guerra que habían sido fundamentales en mi vida. Ver la serie Combate era muy importante para mí porque era el rato que yo pasaba con mi viejo, un tipo que no le dedicaba mucho tiempo a su hijo. Era un imperdible, Combate.

Ver una serie bélica en familia, con un chico al lado, significa que de alguna manera lo estás instalando en una cultura del valor, de la valentía, cosas que en algunos casos, como el mío, tienes que ir deconstruyendo con el tiempo porque te das cuenta de que por ahí no pasa ni la masculinidad ni el coraje.


-Wërra cuestiona el sentido del heroísmo.


-Cuando yo ya tenía más de la mitad del libro escrito, descubro la historia de un teniente británico y un capitán alemán que terminan haciéndose muy amigos durante la batalla y, después, por el resto de sus vidas.

Y me interesó ponerla sobre el final porque me pareció una contradicción en el concepto de valentía que me interesaba subrayar. Lo más valiente que se puede hacer en una guerra es desobedecer al que te manda. Y en la historia de estos dos tipos hay algo de eso. La idea de épica es una forma cultural que han tenido y tienen los Estados para venderte, de algún modo, que si en algún momento necesitan de vos para una guerra, estés preparado para ir.

Y lo que yo tenía que hacer era desmontar esa idea. Me interesó mucho escribir sobre la relación de las drogas con la guerra, un tema que ignoramos por completo. Hemos visto en el cine de los últimos treinta años a soldados norteamericanos drogándose en  Vietnam, pero se los muestra como drogadictos individuales, gente que lo decide por su cuenta, cuando en la realidad, en la guerra, la droga viene de los oficiales hacia los soldados, de manera obligatoria. 

¿Para qué? Para que finalmente se animen a matar y se animen a morir. Yo no tenía idea de que los ejércitos se drogaban sistemáticamente para ir a la batalla.


A los comandos británicos de la Operación Chariot les dieron ron con anfetaminas.


-Sí, porque la Segunda Guerra Mundial fue la guerra de las anfetaminas. En la primera, varios ejércitos usaron la heroína: era una droga que se vendía en las farmacias y que fabricaba la Bayer. De hecho, el nombre es porque producía héroes. No es casual.

Es el que le pusieron los alemanes para contar lo que generaba. Me parece que es importante sacar esto a la luz porque tira abajo mucho de la épica de la guerra.

Saber que los vikingos se drogaban con hongos, que los griegos mezclaban vino con no sé qué cosa, que esto ya ocurría en tiempos inmemoriales, es la prueba de que el hombre, el varón, no es -valiente por naturaleza-.


-Cuando cuestiona el patriotismo, ponés como ejemplo a Malvinas.


-La educación pública trabaja con el patriotismo y eso ocurre en todos los Estados. Puede que las Malvinas sean argentinas, qué sé yo, puede que no, también.

Lo que me parece ridículo es haber hecho una guerra y tanta alharaca educacional alrededor de que las Malvinas son nuestras y nos la quitaron.

En el libro pongo el caso de Formosa. Formosa es un territorio que nosotros tomamos cuando invadimos Paraguay en 1870 y después nos lo quedamos.

Y en ninguna escuela te van a decir que hay que devolverles Formosa a los paraguayos. Detrás de la venta de la idea de patria hay algo medio oscuro. Vos me encontrás en  Baradero.

Llegué ayer y estoy en lo de mi madre, a la que hacía siete meses que no veía por la pandemia, y yo siento que mi patria es esto, mi pueblo, donde nací, donde crecí, no hay mucho más… Es mi forma de ser, tomar mate a la mañana, la manera en que hablo, que me como mucho las eses. Esto es mi patria.


Si lográramos un país más justo, yo creo que el tema de las Malvinas desaparecería como cuestión de soberanía, porque ya no nos importaría.
Federico Jeanmaire
ESCRITOR


-Por momentos, el país se deja malvinizar. La última vez fue en la previa a los Juegos Olímpicos de Londres, con videos dramáticos de atletas argentinos entrenando en las islas.


-Me resulta incomprensible. A mí me ha tocado ir a muchas ferias del libro en el mundo donde Argentina era el país invitado, y en algunas de ellas, en un momento dado, había que hablar sobre Malvinas.¡Y yo no podía hablar sobre Malvinas! Durante la dictadura yo vivía en España.

Era una época de muchos atentados de la ETA. Y Felipe González, que todavía no era presidente, dijo una cosa muy impresionante: ¿nadie se pregunta por qué los vascos del lado español quieren ser independientes y los vascos del lado francés no? 

¿No será que Francia ha producido un país mucho más justo, más querible y más aceptable que el Estado que hemos armado nosotros? Y me parece que ahí hay una verdad enorme. Si nosotros lográramos un país más justo, donde las diferencias no fueran tan grandes, donde la gente pudiera desarrollarse más o menos dignamente, yo creo que o bien el tema de las Malvinas desaparecería como cuestión de soberanía, porque ya no nos importaría, o bien el Reino Unido devolvería las islas.

La reivindicación por Malvinas está en todas las capas sociales y en los más diversos círculos políticos, horizontalmente nos cruza a todos, y eso es producto de la educación, porque si no algo así no puede ocurrir. Y la educación la decide la política, siempre. En la Argentina, el tema de Malvinas comenzó con el Centenario, como uno de los pilares de la nacionalidad, porque no había demasiados tampoco.


-Vos señalas que los muertos de guerra son siempre pobres y jóvenes.


-Eso es evidente. Todos recordamos que a los soldados de Malvinas, cuando volvieron, no se los trató muy bien. No es privativo del argentino. En Gran Bretaña, cuando termina la Primera Guerra Mundial, a la cual fue toda gente pobre, hasta chicos de catorce o quince años, los soldados vuelven victoriosos pero no les dan trabajo, los tratan de locos, los marginan. Y pasan cosas todavía peores: como durante la guerra no quedan hombres en Inglaterra, habilitan la policía femenina y el fútbol femenino. Pero cuando termina el conflicto, el gobierno británico decide que las mujeres no pueden ser más policías ni jugar al fútbol. Hay temas en torno a la guerra que son decididos por tipos que jamás mueren en una guerra.

En la Operación Chariot, muchos de los comandos, además de ser muy jóvenes, no tenían trabajo. Se alistaron en el ejército por el sueldo. Muchos, antes de la guerra, eran nazis. 

¿Por qué? Porque el nazismo había conseguido pleno empleo y en Gran Bretaña la desocupación era alta. Los que pierden en la guerra siempre son los mismos y los que ganan también, independientemente de la victoria en sí.


Fuente: Periodista Horacio Convertini -Autor de la entrevista – 

Periódico Clarín – Revista Viva -01/11/2020

COVID19 ¿Qué está sucediendo en México?

De acuerdo a la agencia de noticias Aristegui Noticias del día de hoy, la situación que se vive en el país centroamericano, en cuanto al manejo de las autoridades en cuanto a la pandemia es absolutamente un fracaso. Se transcribe textual la información brindada por dichas agencia informativa;

México es el país con el peor manejo de la pandemia por Covid-19: Bloomberg.


Por su manejo de la contingencia sanitaria, el país aparece en el último lugar de 53 naciones revisadas.
Con un millón 049 mil 358 casos positivos de Covid-19, México se encuentra en el lugar número 11 de contagios a nivel mundial y, de acuerdo con el Ranking de Resiliencia de  Covid, publicado por Bloomberg, por su manejo de la pandemia ocupa el último lugar de 53 naciones.


Además, México es el peor calificado en Latinoamérica, por debajo de Chile, Brasil, Perú, Argentina y Colombia, aun cuando estos dos últimos países tienen un mayor número de positivos al virus, según la Universidad de Johns Hopkins.


Hasta este martes 24 de noviembre, Argentina acumulaba un millón 374 mil 631 casos y Colombia, un millón 254 mil 979.


En el ranking, se evalúa el crecimiento de los casos, la tasa de mortalidad general, las capacidades de prueba y los acuerdos de suministro de vacunas que los países reportan.
También se toman en cuenta la capacidad del sistema sanitario local, el impacto de las restricciones relacionadas con el coronavirus, como los bloqueos económicos, y la libertad de circulación de los ciudadanos.


Bloomberg destaca que economías avanzadas como Estados Unidos y Reino Unido, clasificadas de acuerdo con parámetros anteriores a 2020 como las más preparadas para una pandemia, se han visto repetidamente abrumadas por los casos y enfrentan un regreso a costosos cierres.


Mientras tanto, otros países, incluso naciones en desarrollo, han desafiado las expectativas, algunos casi han eliminado el patógeno dentro de sus fronteras.


América Latina y el reto ante el Covid


Además del virus, destaca Bloomberg, América Latina enfrenta la trampa de la pobreza, que la posiciona como la región más devastada por la pandemia, y, de los países contemplados en la lista, México es el peor calificado.


En el ranking de 53 países, México ocupa el peor lugar, el último de la lista; lo que lo coloca atrás de Brasil, en el 37; Chile, en el 38; Colombia, en el 48; Perú, en el 51, y Argentina, en el 52.


“La última tasa de pruebas positivas disponible en el país es de un enorme 62%, lo que sugiere que la infección no detectada está muy extendida”, señala sobre México el informe.


Además, resalta que los funcionarios mexicanos han reconocido que el número de muertos en el país probablemente sea significativamente más alto que los datos oficiales, debido a las pruebas limitadas.


Para el fondo Monetario Internacional, la mayoría de los países de América Latina no podrán volver a los niveles de crecimiento prepandémicos hasta 2023 y el ingreso  per cápita no se recuperará hasta 2025, más tarde que en cualquier otro lugar, señala el reporte.


En este panorama, Brasil enfrenta el tercer brote más grande del mundo después de Estados Unidos e India.


“Al igual que Trump, el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, y el mexicano, Andrés Manuel López Obrador, han minimizado repetidamente la amenaza del coronavirus”.


Nueva Zelanda, el mejor calificado.


En cuanto al mejor desempeño, Bloomberg posiciona a Nueva Zelanda como el mejor país, porque las autoridades han sabido lidiar con la pandemia con una acción rápida y decisiva.
Al principio, el gobierno de la primera ministra Jacinda Ardern dijo que apuntaría a la “eliminación” del virus, invirtiendo recursos en pruebas, rastreo de contactos y una cuarentena centralizada, estrategia para apagar la transmisión local.

Se podría asegurar que los neozelandeses disfrutan de un país sin COVID.

Imagen: Blomberg

¡Basta de violencia!

Hoy, como cada día en este maldito infierno
en cualquier e infinitamente lejano lugar del mundo,
ella acurrucada nuevamente sufre, llora y ruega
para que detengan esa mano rabiosa y cobarde,
que le cae una y otra vez por el solo morbo
que al cobarde satisface sin distinción de estrato,
pero a todas ellas que son víctimas nadie escucha
cuando desaparecen son tema de primera plana,
o utilizadas para aquellos que parlotean políticas
que nunca terminan de convertirse en leyes ejemplares
tan similares al “ojo por ojo” o “diente por diente”.

Y nosotros los hombres somos los culpables
aunque no sea nuestra mano la que golpee o asesine,
no nos movilizamos para defender el útero
del que algún día estuvimos unidos por aquel cordón
que nos trajo a la vida de esa mujer llama madre,
solo por ello deberíamos no hacernos los distraídos
!Y LEVANTARNOS Y PONERNOS A SU LADO
SIENDO LA AVANZADA CONTRA LA VIOLENCIA,
EXIGIENDO A LOS GOBIERNOS MANO DURA!