La Pandemia y los recuerdos de la Argentina

Memoria-olvido

En las incesantes conversaciones que mantenemos para combatir los embates del tedio que causa el prolongado encierro anti pandémico, mi hijo Oliverio tensa las cuerdas de su excepcional memoria, como si fuera un Yupanqui puntuando su guitarra, y hace surgir temas que sobrevuelan los obvios de la pandemia; por momentos, atentos y habiendo arrinconado triunfalmente al tedio, sus evocaciones nos hacen sentir en esos momentos privilegiados que no pasa nada y que todo es normal, hay un pasado, hay una historia que vale la pena recuperar. 

Los temas que brotan en cada ocasión remiten a viejas cuestiones inherentes a la vida y a la historia de este país cuyo pasado y sus enigmas nos siguen apasionando. 

Eso dura lo que dura la conversación, es normal, los días son largos, no hay muchas decisiones que haya que tomar pero algo queda y darle cuerpo tiene sentido, después de todo, mientras no estamos afectados, el futuro tampoco lo está y esto va a pasar y lo recordaremos, acaso surja un Daniel Defoe que lo describa y lo eternice.

En una de ésas y como desafiando a mi memoria me interroga sobre algo que supone que puedo, o debo, recordar: la delantera del equipo de Independiente de su época de mayor brillo. Me esfuerzo y lo saco, Sastre, Erico, de la Mata y por ahí Zorrilla. Se destaca la figura de Erico, su elegancia, su discreción, sus virtudes, comparables, en otro plano, con lo que pasaba en el país en plena “década infame” y en eso nos detenemos, hay más junto a Erico y no sólo en el deporte: estaba lleno de excepcionalidades en los años 30: Borges era Borges y lo acompañaban otros escritores no menos sólidos, Arlt, la revista Sur y la infatigable Victoria Ocampo y qué decir de Gardel y junto a él del tango que cubría el imaginario nacional y más allá, de Spilimbergo y Berni y la secuela de inolvidables pintores y escultores, de las investigaciones de Houssay, del rigor de Amado Alonso y de la audacia de Ángel Rosenblat, del ingenio de los Discépolo, de Nini Marshall y la cohorte de humoristas que alegraban la existencia, de los hermanos Finochietto, del sainete que movía multitudes, hasta del mitológico y adorado Justo Suárez y de Luis Ángel Firpo, en todos los órdenes de la vida un esplendor de talento e imaginación, héroes individuales de un momento que probablemente no tenga igual, enceguecedora luz pese a lo sombrío de la vida política, el auge de la pobreza y las grandes migraciones del campo a las ciudades y el oscuro nacimiento de las villas.

En ese contraste, del que un ejemplo son las actuaciones más que estridentes de un Liborio Justo, ese díscolo hijo del presidente de la entrega, que enfrenta al parlamento con una espectacularidad inesperada, un hijo de la oligarquía antinacional que aterra a su familia, nuestra conversación cambia de rumbo: esas contradicciones son muy difíciles de entender pero, en todo caso, ambos lados de la contradicción están vinculados con la central cuestión de la identidad nacional: el esplendor de esos “héroes” como manifestaciones de una afirmación, las ominosas situaciones sociales como la imposibilidad de esa misma sociedad de ser.

Hablamos de la afirmación: se diría que está en una fe y en el orden de un deseo complejo, heredado de las utopías sarmientinas y alterado por los resultados de una inmigración ansiosa de comprender en dónde está, por qué está en este lugar tan alejado de su origen. }

La imposibilidad engendra la potente idea del nacionalismo, tan confundido en tantos aspectos, y, posteriormente, explica el peronismo y su duradera implantación. 

Como se ve, del inocente juego de la memoria, de Arsenio Erico y sus inolvidables gambetas, llegamos a un punto nodal, a una cuestión que nos sigue percutiendo en el pensamiento y que tiene todo el aspecto de estar hoy en crisis, con pandemia o sin ella, privatización, tecnologización, padecimiento cultural, despersonalización, pérdida de soberanía frente a tentativa de reconstrucción, autonomía, lenguaje propio, recursos legítimos, mayor distribución. 

O sea ¿de qué hablamos cuando hablamos? ¿Hablamos en la actualidad, de un expresivo 48% frente a un incomprensible 40%?

Pero no es sólo eso: la conversación llega, como desprendiéndose fatalmente de los términos que hemos apuntado, a un punto de sorpresa en mi hijo y respecto del cual mi respuesta es apenas un borrador: se pregunta por qué los descendientes de los muchos, muchísimos, que proceden de variados lugares del mundo, parecen haber borrado totalmente todo rasgo de su origen, no se les nota lo que queda de lo gallego ni de lo calabrés ni de lo judío ni de lo ucraniano ni de lo polaco, lo que no quiere decir que haya desaparecido toda presencia de todas esas etnias en esta ya compleja sociedad; al contrario, hay “Centro Gallego”, hay “Hospital Italiano”, hay “Daia”, hay “Club Sirio-Libanés”, hay “Centro Armenio”, pero ninguno de ellos es un reducto del origen, casi todos son empresas abiertas a tutti quanti, no se habla italiano en el Italiano ni alemán en el Alemán y así siguiendo. 

Pero no se trata de eso, son vibrantes recuerdos de un momento de anclaje pero lo que observamos, si es que eso tiene un sentido, es que no hay restos en los seres que ya se han fundido y confundido con esta sociedad.

Trato de explicarlo. 

Somos, la mayoría, la primera o la segunda generación y hasta la tercera de los que fueron llegando a estas tierras: los de la primera, con esfuerzo, recuerdan y evocan a sus progenitores, más abuelos que padres, yo mis padres y mis abuelos; algunos, incluso, viajan para ver de dónde salieron sus padres o abuelos con la esperanza de determinar por qué lo hicieron y por qué a este lugar; muchos, también, evocan la gesta de la llegada y de la integración, hay una literatura nostálgica y reverencial sobre los que primero pisaron este suelo. 

En los de la segunda el origen es un eco lejano, casi inaudible, el aquí y el ahora predomina, la memoria se detiene. Pero, en todos los casos, no hay rastros en el lenguaje ¿Se ha perdido el linaje, ha desaparecido el interés por recuperarlo? ¿O no hay nada de qué jactarse?

Podría decirse que la fusión ha sido en ciertos casos tan completa que herederos de los inmigrantes han asumido el olvido con tanta naturalidad que no se distingue en ellos nada del origen: ¿se recuerda lo italiano en los Frondizi, se convoca a lo sirio en los Menem, se recuerda lo español en los varios Fernández, todos primeros actores en este complicado devenir que es la vida política y cultural del país?

Por otro lado, según cierta manera de ver, es como si se hubiera realizado el sueño de conformar una nueva etnia, un objetivo que acaso se plantearon Alberdi, Sarmiento, con sus grandes decepciones, y los constituyentes de 1853. 

Eso no quiere decir que todo transcurra como miel sobre hojuelas: cuando el atentado a la AMIA se hablaba de judíos en exclusiva, no de argentinos que podían ser judíos o lo que fuere y también se sospechaba que Menem protegía a sirios sospechosos de ser los autores y ni qué decir recordar que Kicillof era nieto de un rabino. 

Ése es otro capítulo, no me voy a internar en él, lo que para culminar esta nota quiero decir es que quizás el momento del olvido de los vástagos de la inmigración comienza el día en que sus antecesores miran, como lo hizo Martín Fierro, las “últimas poblaciones” y tienen fuertes razones para no querer evocarlas, la miseria, las persecuciones, los sufrimientos, la falta de porvenir, el hambre, arrasan con la nostalgia y borran los sueños, se abre un presente incierto pero infinito que se hace futuro y la memoria se puebla de otras impresiones, raras, difíciles pero muy diferentes a las abandonadas y nada cuesta disiparlas. 

¿Evocarán los gallegos con morriña y llanto la sequedad de sus campos, los judíos los pogromos, los italianos el terror, los chinos la explotación? 

Y eso, los riesgos del ser, eso es lo olvidable y se transmite y se encarna, el lenguaje lo muestra, quizás lo padezca y sea una pérdida, pero quién sabe. 

FUENTE: Página 12 – Sociedad – República Argentina – Por Noé Jitrik

Ida Tarbell, la mujer que enfrentó a Rockefeller y le puso freno al titán del petróleo. Parte I

“Ni una palabra”, le dijo John D. Rockefeller Sr. a sus subordinados. “Ni una palabra sobre esa mujer descarriada”.

La orden la dio en los primeros años del siglo XX, cuando ya era un hombre inconcebiblemente rico, quizás el más rico que haya existido jamás -aunque eso es difícil de establecer-, e indudablemente uno de los héroes de un país cuya leyenda sostenía que hasta aquellos de orígenes modestos tenían el triunfo al alcance de sus manos.

Hijo de un padre semipresente, estafador y bígamo y una madre baptista devota, desde muy joven Rockefeller tuvo una férrea determinación de ganar dinero.

Era también uno de los “barones ladrones”, una etiqueta que surgió de una furiosa editorial del diario The New York Times de 1859 criticando a Cornelius Vanderbilt por los métodos de los que se valió para controlar la lucrativa ruta marítima a California a través de América Central.

Si deseas ampliar tus conocimientos: por favor cliquea en los párrafos escritos en “negrita”. Muchas gracias.

Lo que para el diario era condenable, para un puñado de la siguiente generación de empresarios, como Rockefeller, Andrew Carnegie (acero) y William Randolph Hearst (prensa), era más bien un ejemplo de lo que se podía hacer si se ignoraban las viejas reglas y se creaban unas propias, como explica el historiador Adam I.P. Smith en el artículo “The rise of the Robber Barons” de BBC History.

Tras la abolición de la esclavitud después de la Guerra Civil estadounidense, los llamados barones ladrones se beneficiaron de una de las revoluciones más profundas en la experiencia humana: la transición de una sociedad en la que la mayoría de la gente trabajaba por cuenta propia o en alguna forma de trabajo no libre, a una en la que la mayoría trabajaba por un salario.

Algo que todos tenían en común era que ganaban dinero con la implacable lógica de las economías de escala. Al expulsar a la competencia, controlar las cadenas de suministro y distribución y mantener los salarios lo más bajos posible, los barones ladrones redujeron los costos sin piedad.

Caricatura política contra los barones ladrones Cyrus Field, Jay Gould, Cornelius Vanderbilt y Russell Sage, 1883. Los trabajadores luchan para sostener las industrias de la madera, el papel y el lino con trabajos de bajo salario.

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Caricatura política contra 4 barones ladrones, 1883. Los trabajadores luchan para sostener las industrias de la madera, el papel y el lino con trabajos de bajo salario.

Eran los explotadores, no los inventores: tomaban operaciones a pequeña escala y las ampliaban y luego las volvían a agrandar.

El tamaño lo era todo, algo de lo que se dio cuenta Rockefeller: una gran refinería de petróleo era mucho más eficiente que 20 pequeñas.

Esa molesta sustancia

El negocio que hizo fabulosamente rico a Rockefeller era relativamente nuevo.

Por mucho tiempo, el petróleo había sido una sustancia molesta y maloliente con la que se topaban quienes perforaban los suelos en busca de agua salada para producir sal.

Hasta deshacerse de ella era difícil pues se encendía con facilidad, algo que sabían muy bien los primeros exploradores del noroeste de Pensilvania quienes hallaron manantiales y arroyos cubiertos de ese aceite espeso que ardía ferozmente.

El único uso que tenía era como medicina: los indígenas creían que tenía propiedades curativas y algunos de los que llegaron a sus tierras empezaron a embotellarlo; a mediados del siglo XIX se vendía como la panacea para todo tipo de dolencias.

Y se vendía bien… muy bien.

"Petrolina: el gran ungüento curativo de la naturaleza, vendido por boticarios".

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“Petrolina: el gran ungüento curativo de la naturaleza, vendido por boticarios”. 

Otros remedios de petróleo no se untaban… se tomaban.

No obstante, hubo quienes intuyeron que su potencial era mayor. Se sabía que a veces se utilizaba como lubricante y que podía reemplazar el aceite de ballena en las lámparas, pero su uso extendido se veía impedido por las impurezas, que lo hacían peligroso.

De poder superar ese obstáculo, las ventas se multiplicarán exponencialmente… pero para satisfacerlas había que hallar fuentes abundantes de petróleo.

Así que mientras los laboratorios encontraban formas de refinarlo, en 1958, un hombre llamado Edwin Drake fue contratado por la recién formada compañía Seneca Oil para buscar la cada vez más preciada sustancia.

En un bosque de Pensilvania, a las afueras de un pequeño pueblo llamado Titusville, Drake instaló una turbina de vapor y comenzó a perforar un agujero.

Tras un año de intentarlo, finalmente encontró lo que llegaría a llamarse oro negro, y desató un frenesí, transformando una zona que hasta entonces había sido pasada por alto por las grandes olas de migraciones por ser demasiado accidentada y hostil.

Golpe a la prosperidad

Cuando Rockefeller diseñó su estrategia para tomar por asalto la industria del petróleo, “esa mujer” tenía 15 años.

Drake Well, Pensilvania. Edwin Laurentine 'Coronel' Drake (1819-1880) el primero en perforar en busca de petróleo, con sombrero de copa en el centro de la imagen.

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Drake Well, Pensilvania. Edwin Laurentine ‘Coronel’ Drake (1819-1880) el primero en perforar en busca de petróleo, con sombrero de copa en el centro de la imagen.

Se llamaba Ida Minerva Tarbell y había nacido en la misma región que el flamante negocio.

Su padre, Frank, había pasado años construyendo tanques de almacenamiento de petróleo, pero comenzó a prosperar cuando se cambió a la producción y refinación de petróleo.

La familia empezó a disfrutar de “lujos de los que nunca habíamos oído hablar”, escribió más tarde, y Titusville, así como las áreas circundantes en Oil Creek Valley “se habían convertido en una industria organizada” a la que se le auguraba “un futuro espléndido”.

Pero, de repente, “esta ciudad alegre y próspera recibió un golpe”, que llegó en la forma de una corporación cuyo nombre prometía bondades -La compañía del mejoramiento del Sur (South Improvement Company)-, pero que provocó sinsabores que se llevaron apelativos menos favorables, como “la guerra del petróleo” y la Masacre de Cleveland.

Sucedió en 1872, cuando Rockefeller ya era empresario exitoso, aunque poco conocido, de Cleveland, que se había convertido en el centro de refinación de petróleo de Estados Unidos. Standard Oil, su corporación, controlaba el 10% de la capacidad de refinación del país.

Rockefeller a los 35 años.

FUENTE DE LA IMAGEN –  GETTY IMAGES – Rockefeller a los 35 años.

Desde que había brotado petróleo del pozo de Drake, tantos se habían metido en el negocio que la industria del crudo adolece de desorden e ineficacia.

Pero él creía tener el remedio.

La guerra

La Compañía de Mejoramiento del Sur había sido creada por las grandes ferroviarias que transportaban el petróleo y que estaban ansiosas por ponerle fin a la guerra de tarifas que se había desatado por su feroz competencia.

Como el otro objetivo era limitar la producción de petróleo refinado, pues el país tenía ya una capacidad de refinación dos veces y media más grande que el mercado, incluyeron compañías petroleras.

La idea era que cada empresa de ferrocarriles recibiera envíos regulares de petróleo en una proporción garantizada.

Las casas de comercio de Nueva York también comprarían el petróleo a tarifas fijas, lo que les daría estabilidad y ganancias consistentes en las ventas de la Costa Este y en el extranjero.

Las refinerías participantes recibirían reembolsos en sus envíos de petróleo a cambio de un volumen garantizado (lo que implicaba que las otras tendrían que pagar más por el transporte).

Todos (los que formaban parte del pacto) se beneficiarían…

Mapa del noroeste de Pensilvania, que muestra la región petrolera con los ferrocarriles en 1859, cuando se 'descubrió' petróleo, y las líneas construidas entre 1860 y 1872.

Mapa del noroeste de Pensilvania, que muestra la región petrolera con los ferrocarriles en 1859, cuando se ‘descubrió’ petróleo, y las líneas construidas entre 1860 y 1872.

La furia se desató. Hubo disturbios en los campos petrolíferos, miles de personas enardecidas se tomaron la Ópera de Titusville, saboteadores asaltaron envíos de Standard Oil y destruyeron vías de ferrocarril, los tachados de traidores fueron asaltados por las turbas y golpeados, Rockefeller fue amenazado.

A los pocos meses de fundada, el estado de Pensilvania revocó el estatuto de la Compañía de Mejoramiento del Sur.

Pero Rockefeller no estaba derrotado.

Imagen de portada: Gentileza de BBC News Extra

FUENTE:BBC News Extra

La mayoría de los jóvenes temen por el futuro debido al cambio climático.

Una nueva encuesta internacional ilustra la profundidad de la ansiedad que sienten muchos jóvenes ante el cambio climático.

Casi el 60% de los jóvenes encuestados dijeron que se sentían muy preocupados o extremadamente preocupados.

Más del 45% señaló que los sentimientos sobre el clima afectan su vida diaria.

Y tres cuartas partes de los consultados pensaban que el futuro era aterrador. Más de la mitad (56%) señaló que cree que la humanidad está condenada.

Dos tercios de los jóvenes dijeron sentirse tristes, asustados y ansiosos. Cuatro de cada diez dudan si tener hijos.

“Para los jóvenes es diferente; para nosotros, la destrucción del planeta es personal”, señaló un joven de 16 años.

La encuesta consultó a 10.000 personas de entre 16 y 25 años en 10 países: Reino Unido, Finlandia, Francia, Estados Unidos, Australia, Portugal, Brasil, India, Filipinas y Nigeria.

La investigación fue financiada por la plataforma Avaaz y dirigida por la Universidad de Bath en Inglaterra, en colaboración con otras cinco universidades, incluyendo el Centro para la Innovación en Salud Global de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford y la Universidad de Helsinki. El estudio está disponible en forma preliminar en una plataforma abierta y será publicado en la revista Lancet Planetary Health.

Dos tercios de los jóvenes dijeron sentirse tristes, asustados y ansiosos.

Si deseas profundizar sobre el informe de la ONU; sobre el cambio climático cliquea en el siguiente párrafp. Muchas gracias.

“Se sienten traicionados por los gobiernos”

El informe dice que, a nivel global, los jóvenes se ven especialmente afectados por los temores climáticos porque se están desarrollando psicológica, social y físicamente.

“Esto muestra que la ansiedad ecológica no es solo por la destrucción del medio ambiente, sino que está indisolublemente ligada a la inacción de los gobiernos ante el cambio climático. Los jóvenes se sienten abandonados y traicionados por los gobiernos”, afirmó Caroline Hickman, investigadora de la Universidad de Bath y autora principal del estudio.

Una encuesta global de jóvenes reveló temor ante el cambio climático

Participaron jóvenes de entre 16 y 25 años de 10 países (Brasil, Reino Unido, Finlandia, Francia, EE.UU., Australia, Portugal, India, Filipinas y Nigeria). De ellos…

  • 75%dijo que el futuro es aterrador
  • 65%dijo que sus gobiernos están fallando a los jóvenes al no actuar ante el cambio climático
  • 83%dijo que las personas fallaron en cuidar el planeta
  • 55%dijo que tendrán menos oportunidades que sus padres
  • 39%dijo que duda si tener hijos

Fuente: Lancet, Young People’s Voices on Climate Anxiety, Government Betrayal and Moral Injury

Tom Burke, del centro de análisis E3G, dijo a la BBC: “Es racional que los jóvenes estén ansiosos. No sólo están leyendo sobre el cambio climático en los medios, sino que lo están viendo desarrollarse frente a sus propios ojos”.

Los autores creen que el fracaso de los gobiernos sobre el cambio climático puede definirse como un “acto de crueldad” según la legislación de derechos humanos. Seis jóvenes en Portugal ya están llevando al gobierno a los tribunales para argumentar este caso.

“Los jóvenes están viendo el cambio climático desarrollarse frente a sus ojos”.

Los investigadores dijeron sentirse conmovidos por la magnitud de la angustia entre los jóvenes a nivel global.

Se preguntó a los jóvenes su opinión sobre las siguientes declaraciones, entre otras:

• Las personas no han cuidado el planeta: el 83% estuvo de acuerdo a nivel mundial

• El futuro es aterrador: 75%

• Los gobiernos están fallando a los jóvenes: 65%

• Se puede confiar en los gobiernos: 31%

Un joven señaló: “No quiero morir, pero no quiero vivir en un mundo que no se preocupa por los niños y los animales”.

Mayor ansiedad en Brasil

Entre los 10 países estudiados, las tasas de ansiedad y preocupación tienden a ser más altas entre los jóvenes de países en desarrollo, como Brasil, Nigeria y Filipinas, o los del hemisferio sur, como Australia.

Casi la mitad (48%) de los brasileños entrevistados dijeron que el cambio climático les hace dudar sobre tener hijos. Esta proporción estaba muy por encima del promedio mundial (39%) y fue el porcentaje más alto registrado en los diez países encuestados.

La ansiedad de los jóvenes “está indisolublemente ligada a la inacción de los gobiernos”, según los investigadores.

En Reino Unido, por ejemplo, el porcentaje de jóvenes que dudan en tener hijos debido al cambio climático es del 38%. En Estados Unidos es del 36% y en Australia del 42%.

La mayoría de los jóvenes entrevistados en Brasil sienten que el gobierno les está fallando (79%), mientras que la tasa es del 65% entre los jóvenes británicos y del 67% entre los australianos.

El 92% de los jóvenes brasileños consultados también cree que la humanidad falló en cuidar el planeta y piensa que el futuro es aterrador.

Solo el 18% de los jóvenes brasileños entrevistados cree que el gobierno los está protegiendo a ellos, al planeta y a las generaciones futuras, una tasa incluso más baja que el promedio mundial para este criterio, que es del 31%.

Entre los 10 países estudiados, las tasas de ansiedad y preocupación tienden a ser más altas entre los jóvenes de países en desarrollo.

Impacto grave en América del Sur

Las preocupaciones de los jóvenes brasileños no están desconectadas de la realidad.

El último informe del IPCC (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático) mostró que el cambio climático se está intensificando y confirmó nuevamente que esto es resultado de acciones humanas.

Si deseas profundizar más; sobre los fenomenos climáticos en América Latina, cliquea en el siguiente párrafo. Muchas gracias-

El informe muestra que Brasil se verá fuertemente afectado: América del Sur tendrá un aumento de temperatura mayor que el promedio mundial.

En Brasil y en otras partes de América del Sur y Central, “es probable que las temperaturas promedio hayan aumentado y seguirán aumentando a un ritmo mayor que el promedio mundial”, dice el informe del IPCC.

Deforestación para plantaciones de soya en Brasil. 

El país podría dejar de ser una potencia agrícola mundial debido al cambio climático, según el científico Carlos Nobre.

El sureste del continente tendrá mayores precipitaciones, lo que incluye la región sur de Brasil y parte del sureste, donde se encuentran São Paulo y Río de Janeiro.

Las consecuencias para Brasil son graves, y podrían hacer que el país deje de ser una potencia agrícola mundial, en la evaluación del científico Carlos Nobre, investigador del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Sao Paulo y experto en la Amazonía, quien trabajó durante 35 años en el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil (INPE).

Nobre señala que en los próximos años el país experimentará sequías cada vez más prolongadas, temperaturas más cálidas y climas extremos que tendrán un impacto profundo en la producción de energía y alimentos.

Imagen de la portada: Gentileza de BBC News

FUENTE: BBC News Mundo

La corteza terrestre se está moviendo por la pérdida de hielo.

La pérdida de hielo de Groenlandia, la Antártida, los casquetes polares y los glaciares de montaña, está provocando un desplazamiento de la corteza terrestre: oscila entre los 0,3 mm por año en Norteamérica y los 0,15 mm en Fenoescandinavia. En Europa llega a 0,2 mm por año.

A medida que las capas de hielo y los glaciares se derriten y el agua se redistribuye a los océanos globales, la corteza terrestre se deforma, generando un patrón complejo de movimientos tridimensionales en la superficie de la Tierra.

Esa pérdida de hielo, una de las consecuencias del calentamiento global, está provocando que la corteza del planeta se deforme ligeramente, incluso a más de 1.000 kilómetros del lugar donde se produce la pérdida de hielo, según una nueva investigación.

El derretimiento del hielo elimina la masa de los continentes de la Tierra. Liberada del peso que la recubre, la superficie terrestre, que una vez estuvo cubierta por hielo, se eleva.

Esta respuesta vertical se ha estudiado bien, pero el desplazamiento horizontal de la corteza por efecto de la pérdida de masas heladas es menos conocido.

Cambios de masa

Sophie Coulson, de la Universidad de Harvard en Cambridge, Massachusetts, y sus colegas, recopilaron datos satelitales sobre la pérdida de hielo de Groenlandia, la Antártida, los glaciares de montaña y los casquetes polares, y los combinaron con un modelo de cómo la corteza terrestre responde a los cambios de masa.

Descubrieron que, entre 2003 y 2018, el derretimiento del hielo de Groenlandia y de los glaciares árticos, ha provocado que el suelo terrestre se desplazara horizontalmente en gran parte del hemisferio norte.

El desplazamiento llega hasta 0,3 milímetros por año en gran parte de Canadá y Estados Unidos. En Europa el rango es de 0,05 a 0,2 mm por año.

Es Fenoescandinavia, (península escandinava, península de Kola, Carelia y Finlandia), la pérdida de masa de hielo de los glaciares árticos ha producido movimientos horizontales generalizados con una magnitud de hasta 0,15 mm por año (promedio 2003-2013) en las latitudes altas.

Desplazamiento horizontal

En algunas áreas, incluso lejos del hielo que se derrite, el movimiento horizontal ha sido incluso mayor que el movimiento vertical, destacan los investigadores en un artículo publicado en la revista Geophysical Research Letters.

Los movimientos verticales de la corteza terrestre, también llamados epirogénicos, son muy lentos y reflejan el ascenso y descenso de las grandes masas continentales.

Un ejemplo de estos movimientos verticales es el de las grandes masas glaciares. Los hielos continentales ejercen una gran presión sobre las rocas, provocando su descenso. Cuando los hielos desaparecen, el continente tiende a ascender progresivamente.

Los movimientos horizontales, también llamados orogénicos o teratogénicos, son muy rápidos (en términos geológicos) y provocan grandes relieves plegados y fracturados. También pueden provocar terremotos, que tienen una duración de segundos.

Se conocen bien sus efectos en la formación de las montañas actuales, como los Alpes y otras más antiguas, pero el impacto horizontal de los hielos terrestres sobre la corteza ha sido hasta ahora poco estudiado.

Mucho menos hielo

La tasa de pérdida de hielo en todo el planeta ha aumentado un 57% desde el cambio de siglo, en comparación con los datos de la década de 1990, según la Unión Europea de Geociencias (EGU), y ha provocado una redistribución de masa entre continentes y océanos.

Como consecuencia, se ha producido una deformación significativa y variable de la corteza terrestre que la nueva investigación ha podido estimar mediante mediciones geodésicas del levantamiento de la corteza, tanto en las proximidades de la pérdida de masa de hielo, como en regiones más alejadas.

Los autores destacan que, con anterioridad, se ha detectado una variabilidad geográfica significativa, a escala global, en el cambio del nivel del mar como consecuencia de la pérdida de masa de hielo en el sistema terrestre.

Sin embargo, ningún estudio hasta ahora ha estimado los movimientos horizontales de la corteza que acompañan a la pérdida de masa de hielo, que es la gran aportación de la nueva investigación.

Análisis geofísicos

El nuevo estudio muestra las primeras observaciones globales del movimiento de la corteza tridimensional inducido por cambios recientes en la masa de hielo en las capas de hielo polares y los glaciares de montaña y los casquetes polares.

Estos cálculos incluyen los cambios asociados al nivel del mar al especificar la carga total de masa de superficie, destacan los investigadores.

Esta investigación ilustra el rango de señales inducidas por la pérdida de masa de hielo de principios del siglo XXI que anteriormente se habían pasado por alto y, por lo tanto, tienen el potencial de mejorar una variedad de análisis geofísicos, concluyen los autores en su artículo.

Referencia

The Global Fingerprint of Modern Ice-Mass Loss on 3-D Crustal Motion. Sophie Coulson et al. Geophysical Research Letters, Volume48, Issue16. 16 August 2021. DOI:https://doi.org/10.1029/2021GL095477

Foto superior: Capa de hielo de Groenlandia. Hannes Grobe. CC BY-SA 2.5

FUENTE: Tendencias – Cambio Climático – Ecología – Antártida – Glaciares – Groenlandia – Hielos Polares – Por Eduardo Martínez de la Fe ( Periodista Científico ). 

La Divina Comedia: las historias reales detrás de los personajes de la obra maestra de Dante.

Cuando Dante Alighieri murió hace 700 años, el 14 de septiembre de 1321, acababa de poner sus florituras finales en la “Divina comedia”, un poema monumental que inspirará a los lectores durante siglos.

La obra sigue el viaje de un peregrino a través de los tres reinos del más allá cristiano: el infierno, el purgatorio y el paraíso.

En él se encuentra con una variedad de personajes, muchos de los cuales están basados en personas reales que Dante había conocido o de las que había escuchado.

Uno de ellos es una mujer llamada Sapia Salvani. Sapia se encuentra con Dante y su primer guía, Virgilio, en la segunda terraza del purgatorio.

Ella les cuenta a los dos cómo se selló su destino en la otra vida: cómo se paró en la ventana del castillo de su familia y, con las tropas reunidas en la distancia, rezó para que su propia ciudad, Siena, cayera.

A pesar de su ventaja, los sieneses fueron masacrados, incluido el sobrino de Sapia, cuya cabeza fue exhibida por Siena en una pica.

Sapia, sin embargo, se sintió triunfante. Según Dante y los teólogos medievales, había sido víctima de uno de los siete vicios capitales, la invidia o envidia.

La representación de Sapia en la “Divina Comedia” está imbuida de implicaciones políticas, muchas de las cuales se reducen al hecho de que Dante culpó de la violencia de su tiempo a quienes se volvieron contra sus comunidades por arrogancia y codicia.

Pero la verdadera Sapia era incluso más interesante de lo que Dante quería hacerles creer.

Fuentes documentales revelan que era una filántropa comprometida: fundó junto a su marido un hospicio para los pobres en la Via Francigena, una ruta de peregrinaje a Roma.

Cinco años después de presenciar la caída de Siena, donó todos sus bienes a este hospicio.

Sapia es uno de los muchos personajes de la “Divina comedia” que merecen ser conocidos más allá, y no solo por lo que Dante decidió decir sobre ellos en su poema.

Con mis alumnos de Wellesley College estoy reviviendo las historias reales detrás de los personajes de la obra maestra de Dante y poniéndolos a disposición de todos en Wikipedia.

Y fue especialmente importante para nosotros comenzar con sus personajes femeninos.

¿Por qué las mujeres?

Entre los 600 personajes que aparecen en la “Divina comedia”, las mujeres son las que tienen menos probabilidades de aparecer en el registro histórico.

Los autores medievales no sólo tendían a escribir relatos sesgados sobre la vida, los motivos y las aspiraciones de las mujeres, sino también a ignorarlas por completo.

Como resultado, la “Divina comedia” es a menudo la única fuente accesible de información sobre estas mujeres.

Al mismo tiempo, el modo en el que Dante aborda los personajes femeninos no está libre de misoginia.

Académicos como Victoria Kirkham, Marianne Shapiro y Teodolinda Barolini han demostrado que al autor le encantaba convertirlas en metáforas, desde doncellas piadosas hasta villanas capaces de poner de rodillas a las dinastías.

Máscara de Dante Alighieri en el Palazzo Vecchio en Florencia, Italia.

FUENTE DE LA IMAGEN –  GETTY IMAGES

Por esta razón, las imágenes más completas de las mujeres de Dante han sido imprecisas.

Como investigadora, tienes suerte si logras encontrarte con un contemporáneo que apoyó o se basó en la reinvención enredada de Dante, o documentos en los que se menciona a la mujer como madre, esposa o hija.

Juntando las piezas en Wikipedia

Cuanto más me preguntaban mis alumnos sobre las mujeres del poema, más me cuestionaba: ¿y si encontráramos una manera de contarle a todo el mundo sus historias?

Así que me acerqué a Wiki Education, una organización sin fines de lucro que fomenta la colaboración entre la educación superior y Wikipedia, para preguntarle si se asociaría conmigo y con mis estudiantes. Y estuvo de acuerdo.

La receta detrás de las dos décadas de éxito de Wikipedia es su asombrosa simplicidad: una enciclopedia abierta, escrita y mantenida por una comunidad mundial de voluntarios que redactan, editan y supervisan su contenido gratuito.

El estatus de Wikipedia como trabajo colaborativo es una de sus mayores fortalezas, pero también es su mayor debilidad porque refleja las fallas sistémicas del mundo: la gran mayoría de los colaboradores de Wikipedia se identifican como hombres.

En 2014, solo el 15,5% de las biografías de Wikipedia en inglés eran sobre mujeres.

Para 2021, ese número había aumentado al 18,1%, pero eso fue después de más de seis años de esfuerzos sostenidos dirigidos a reforzar la representación femenina en Wikipedia mediante la creación de nuevas entradas y referencias académicas escritas por mujeres.

El conocimiento como incidencia

Para mis estudiantes, investigar y componer entradas de Wikipedia sobre los personajes de Dante fue también un apoyo a la causa.

Escribir para Wikipedia es diferente a escribir un ensayo. Debe ser imparcial, evitar florituras personales y respaldar siempre sus declaraciones con referencias externas.

En lugar de construir una postura, debe ofrecer a los lectores las herramientas para que generen la suya propia.

Y, sin embargo, el solo hecho de escribir una entrada en Wikipedia sobre una persona adelanta un mensaje claro: que vale la pena que su vida sea el centro de atención, en lugar de un nombre fácilmente olvidable en el trasfondo de una gran narrativa.

Esta elección es radical. Es una afirmación de que alguien tiene valor histórico más allá del hecho de que inspiró a un autor.

Un dibujo de Sandro Botticelli de Beatrice Portinari guiando a Dante por el paraíso.

FUENTE DE LA IMAGEN, – GETTY IMAGESUn dibujo de Sandro Botticelli de Beatrice Portinari guiando a Dante por el paraíso.

Perseguir este objetivo no estuvo exento de desafíos; puede ser difícil mantener el tono imparcial al contar historias de violencia y abuso.

Ese fue el caso de Ghisolabella Caccianemico, una joven de Bolonia vendida como esclava sexual por su hermano, Venèdico, que esperaba formar una alianza con un marqués vecino.

Dante les contó a sus lectores una “historia inmunda” que los indignaba. En él, Ghisolabella es una víctima silenciosa rodeada de hombres.

Sin embargo, convertimos a Ghisolabella en el tema de su historia, trazando la delgada línea entre dar un relato crudamente objetivo de la violencia que sufrió y preservar su dignidad.

“La relación extramarital de Ghisolabella con el marqués, aunque en contra de su voluntad, fue desastrosa para su estatus”, escribió mi estudiante, citando a eruditos de principios del siglo XX que examinaron los archivos de Bolonia en busca de pruebas sobre Ghisolabella.

“La inclusión de Dante de Ghisolabella”, agregó, “eterniza el pecado de Venèdico”.

Devolviéndole la jugada a Dante

La investigación de estas mujeres también se convirtió en una oportunidad para cambiar las opiniones personales de Dante.

Tomemos a Beatrice d’Este, una mujer noble a la que Dante crítica por volver a casarse después de la muerte de su primer marido.

Dante estaba indignado por las viudas que se atrevieron a casarse de nuevo en lugar de permanecer siempre fieles a sus difuntos cónyuges.

Sin embargo, no todo el mundo estuvo de acuerdo con su difamación de Beatrice.

Ilustración de Beatrice d'Este.

FUENTE DE LA IMAGEN, – WIKIMEDIA COMMONSIlustración de Beatrice d’Este.

Para contar la historia de Beatrice, mi estudiante solo necesitaba buscar en los lugares correctos, es decir, un artículo excepcional de Deborah W. Parker, quien puso en contexto el tratamiento que Dante dio a Beatrice.

Parker explica cómo Beatrice probablemente fue presionada para su segundo matrimonio y trató de negociar su lugar en un mundo que la sometió a calumnias.

Al tener los escudos familiares de sus dos maridos tallados uno al lado del otro en su tumba, hizo una declaración embarazosa sobre su identidad y lealtades.

Gracias a nuestro trabajo, además de Ghisolabella y Beatrice d’Este, ahora hay más de una docena de biografías de estas mujeres en Wikipedia: Alagia Fieschi, C Anghella della Tosa, Constanza de Sicilia, Cunizza da Romano, Gaia da Camino, Giovanna da Montefeltro , Gualdrada Berti, Juana de Gallura, Matelda, Nella Donati, Pia de ‘Tolomei, Piccarda Donati y Sapia Salvani.

Se unen a Beatrice Portinari y Francesca da Rimini, las únicas dos mujeres históricas de la “Divina comedia” que tenían entradas aceptables en Wikipedia antes de nuestro trabajo.

Como escribe la teórica feminista Sara Ahmed en Living a Feminist Life (“Viviendo una vida feminista”), “las citas pueden ser “ladrillos” feministas: son los materiales con los que construimos nuestras viviendas”.

Así, ladrillo a ladrillo, con cada página, revisión o referencia agregada,los wikipedistas amplían nuestro conocimiento del pasado, centrando las historias en mujeres que el mundo ha “editado” durante mucho tiempo.

* Laura Ingallinella es investigadora de estudios italianos e inglés del Colegio Wellesley, Estados Unidos. Este artículo apareció inicialmente en The Conversation. Puedes leer la versión original aquí.

FUENTE: BBC NEWS MUNDO – Por Laura Ingallinella The Conversation* -CULTURA/LITERATURA/HISTORIA/INVESTIGACIÓN/MUJER/NOTICIAS DEL MUNDO.

 

El gas usado para “desinfectar” a mexicanos en EE.UU que sirvió como ejemplo a la Alemania nazi. FINAL.

“¿Sabe qué es la vergüenza?”

Cuando inicia el programa Bracero en 1942 ya estaba extendido el uso de diferentes químicos como el kerosén en centros de inspección fronterizos.

Aunque el gobierno de EE.UU. alabó a los mexicanos que se enlistan como “soldados de la producción” y de la tierra en ese tiempo, con los años surgieron cientos de testimonios de trabajadores que señalaron sus experiencias como vergonzosas y humillantes.

La historiadora Mireya Loza recuerda en conversación con BBC Mundo que la imagen del trabajador rociado con DDT en la cara era la que más afectaba a los antiguos participantes del programa con los que habló.

“Muchos decían que sentían los efectos del DDT en los ojos, que tenían reacciones alérgicas en la piel y entendieron que no era un tratamiento humano”, dice la profesora de la Universidad de Georgetown.

Un grupo de trabajadores del programa Bracero alzan los brazos y están alineados contra la pared mientras son inspeccionados en una habitación del Centro de Procesamiento en Monterrey, México.

FUENTE DE LA IMAGEN – CORTESÍA, MUSEO NACIONAL DE HISTORIA DE EE.UU.

Los trabajadores eran inspeccionados a ambos lados de la frontera entre México y Estados Unidos. Aquí, en un centro de procesamiento en Monterrey, México, en 1956.

La académica inició su investigación entrevistando a decenas de braceros para un proyecto llamado Bracero History Archive (Archivo Histórico de los Braceros), impulsado por el Museo Nacional de Historia estadounidense Smithsonian.

“Muchos de estos trabajadores dijeron haber sentido algo feo porque era la primera vez que eran desnudados públicamente y frente a varias personas. Para ellos era un shock tremendo estar ahí y que los doctores les hicieran abrir las pompis, la boca; todo revisaban”, describe.

Los trabajadores eran generalmente inspeccionados en sedes administradas por Estados Unidos dentro de México y en ciudades fronterizas como Hidalgo, en Texas.

Además de las fumigaciones, los vacunaban contra la viruela, les hacían exámenes de sangre y de rayos X y les revisaban las manos en busca de callos que demostraran que tenían experiencia en el campo.

Un bracero es vacunado mientras otros esperan en la fila en el Centro de Procesamiento en Monterrey, México, en 1956.

FUENTE DE LA IMAGEN –  CORTESÍA, MUSEO NACIONAL DE HISTORIA DE EE.UU.

Los trabajadores también eran vacunados contra la viruela.

Un funcionario de gobierno revisa las manos de un aspirante al programa Bracero.

FUENTE DE LA IMAGEN – CORTESÍA, MUSEO NACIONAL DE HISTORIA DE EE.UU.

Era común que las manos de los trabajadores fueran revisadas en busca de callos como prueba de que ya trabajaban la tierra.

José Silva, un campesino oriundo de Michoacán que empezó a trabajar desde los 6 años, describió en 2005 con cierto enfado la experiencia que vivió mientras fue bracero durante una entrevista disponible en el Archivo Bracero:

“Por una parte sí fue un buen programa (…) No tuve problema, me ayudé económicamente. 

Lo que no me gustaba era que nos fumigaron. Sentí vergüenza. ¿Sabe qué es la vergüenza? Todos formados así, sin ropa, y salíamos así caminando y allá en la puerta estaba el hombre con el fumigador. Muy mal. No éramos animales, éramos cristianos, ¿por qué nos fumigaban?”.

Víctor Martínez Alemán, originario de Tlaquiltenango, en Morelos, se enlistó en el programa en 1956 y trabajó en California:

“Nos pasaron, encuerados, delante de todas las muchachas, ya no más nos tocábamos acá pero encuerados para pasar donde nos iban a fumigar, bien fumigados así y todo… 

A nosotros nos daba vergüenza porque teníamos que pasar como con 20 mujeres (…) Eran todas secretarías. Y con manos atrás, nada de taparse, nada… Nos quería hasta pegar (…) Nunca había pasado esas penas pero como yo lo que quería era llegar a Estados Unidos para hacer algo…”.

“Injusticias y abusos”

A través del Archivo Bracero, el gobierno de EE.UU., mediante el Museo Nacional de Historia y diferentes instituciones académicas, reconocen que los trabajadores fueron sometidos a una serie de “injusticias y abusos”.

“Muchos se enfrentaron a alojamiento deficiente, discriminación e incumplimiento de contratos, incluso fueron estafados al recibir sus salarios”, indica el sitio web.

Un grupo de braceros en un cultivo en Salinas, California, en 1956.

FUENTE DE LA IMAGEN – CORTESÍA, MUSEO NACIONAL DE HISTORIA DE EE.UU.

Un grupo de braceros en un cultivo en Salinas, California, en 1956.

Pese a estas investigaciones, ningún presidente o autoridad de alto cargo a nivel nacional en EE.UU. ha ofrecido disculpas públicas ni reparaciones por los efectos negativos que desencadenó el programa, indica la historiadora Mireya Loza.

Tampoco existe una investigación exhaustiva sobre el impacto de pesticidas, incluido el DDT, en la salud de millones de braceros que fueron fumigados.

Aunque el programa culminó hace casi seis décadas, aún queda una generación que vive para contarlo.

Carlos Marentes, activista por los derechos de los campesinos en El Paso, recogió también cientos de testimonios y denuncias de abusos laborales, y las fumigaciones sobresalía entre los recuerdos más amargos de los trabajadores.

“Naturalmente existía un miedo de que trajeran enfermedades contagiosas, pero eso conlleva a una estigmatización”, dice a BBC Mundo.

Para Marentes, el programa Bracero fue un ejemplo claro de “la contradicción en la política de inmigración” de Estados Unidos.

“Por una parte sabemos que los necesitamos (a los inmigrantes), para que hagan todo lo que no podemos o no queremos hacer, pero por otra parte nos han metido en la cabeza que hay que tenerles miedo”, sentencia.

CORTESÍA, MUSEO NACIONAL DE HISTORIA DE EE.UU.

Foto de portada

La escena que capturó esta foto de 1956 ha sido descrita como “un momento atroz”.

FUENTE:

  • Patricia Sulbarán Lovera

El gas usado para “desinfectar” a mexicanos en EE.UU que sirvió como ejemplo a la Alemania nazi. Parte I.

Muchos no sabían qué les estaban rociando, pero era tan extendido su uso que le apodaron “el polvo”.

La fotografía que abre esta nota es especialmente destacada por historiadores en Estados Unidos y algunos describen la escena capturada como “un momento atroz”.

En ella un funcionario enmascarado fumiga la cara de un joven mexicano desnudo con el pesticida DDT en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas, mientras que otros esperan en fila detrás mientras sujetan sus pertenencias.

La tomó el neoyorquino Leonard Nadel en 1956 mientras documentaba el programa Bracero, bajo el que al menos 4 millones de mexicanos migraron temporalmente a Estados Unidos para trabajar entre 1942 y 1964.

El esquema fue inicialmente establecido para compensar la ausencia de trabajadores estadounidenses debido al reclutamiento militar durante la Segunda Guerra Mundial.

GETTY IMAGES

Millones de mexicanos campesinos y obreros participaron en el programa Bracero en Estados Unidos.

El DDT se empleó hasta mediados de los 60 en los inmigrantes para prevenir la propagación de malaria y tifus y su uso fue posteriormente prohibido en EE.UU. en 1972.

Hoy en día está clasificado por el gobierno de ese país y autoridades internacionales como un “probable carcinógeno humano”.

Pero este no fue el único pesticida empleado para “desinfectar” a inmigrantes mexicanos en la frontera entre México y EE.UU. por décadas.

Años antes de la implementación del programa Bracero, otro insecticida fue utilizado en centros de recepción de visitantes y pasaría a servir como ejemplo a funcionarios del nazismo en Alemania.

Zyklon B

David Dorado Romo, historiador y cronista de El Paso y Ciudad Juárez, dio con un artículo en una revista científica alemana de 1937 que lo dejó atónito.

El escrito incluía dos fotografías de “cámaras de despiojado” en El Paso, Texas.

Su autor, el químico alemán Gerhard Peters, destacaba las imágenes para ilustrar “la efectividad del Zyklon B (un pesticida a base de cianuro) como un agente para matar plagas indeseables”, escribe Romo en su libro Ringside Seat to a Revolution (“Asiento en primera fila a una revolución”).

“Peters se convirtió en el director de operaciones de Degesch, una de las dos firmas que adquirió la patente del Zyklon B en 1940 para producirlo masivamente”, describe.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis utilizaron el gas en dosis concentradas para matar a millones de judíos.

Un funcionario fronterizo estadounidense les habla a un grupo de refugiados mexicanos en el Puente Internacional de El Paso, en Texas. Año 1916.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Las inspecciones y requerimientos en la frontera entre EE.UU. y México en El Paso se endurecieron a partir de 1916.

Aunque en El Paso no se utilizó para el mismo fin, ya se estaba empleando desde 1929 por funcionarios fronterizos para fumigar la ropa y los zapatos de inmigrantes mexicanos en el Puente Internacional Santa Fe, que conecta esa ciudad con Ciudad Juárez.

Las inspecciones se habían iniciado formalmente en 1917, amplía el historiador, cuando las autoridades estadounidenses empezaron a imponer restricciones sobre los cruces fronterizos en sectores como El Paso.

El alcalde de la ciudad en esa época, Tom Lea, se refería a los mexicanos como “sucios piojosos indigentes” que “sin duda, van a traer y propagar el tifus”.

Pero entre 1915 y 1917, menos de 10 residentes de El Paso habían muerto del tifus epidémico, recogió Romo en su libro.

Aún así, los mexicanos considerados de “segunda clase” eran sometidos a exhaustivos chequeos que incluían duchas con agua caliente y revisiones de los migrantes desnudos. A los que le encontraban piojos, “les rapaban la cabeza y les afeitaban todo el cuerpo”, señala Romo a BBC Mundo.

Los braceros eran inspeccionados de la cabeza a los pies en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas.

FUENTE DE LA IMAGEN – CORTESÍA, MUSEO NACIONAL DE HISTORIA DE EE.UU.

Los braceros eran inspeccionados de la cabeza a los pies en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas.

Tan solo en 1917, al menos 120.000 personas fueron examinadas en el centro de El Paso.

Romo y otros historiadores hablan de un contexto en el que las ideas eugenésicas cobraban fuerza y se manifestaban a través de nociones discriminatorias y racistas.

“No hay que comparar peras con manzanas, pero el Holocausto no fue un hecho aislado y la frontera entre EE.UU. y México sirvió como un centro de experimentación importante de esas ideas”, advierte Romo.

CORTESÍA, MUSEO NACIONAL DE HISTORIA DE EE.UU.

Foto de portada

La escena que capturó esta foto de 1956 ha sido descrita como “un momento atroz”.

FUENTE:

  • Patricia Sulbarán Lovera
  • Corresponsal de BBC News Mundo en Los Ángeles

¿Racismo? La faz cambiante de Estados Unidos

En Estados Unidos, hablar de raza ya no es hablar de blancos y negros. De hecho, ¿qué es una raza? ¿Existen en realidad diversas razas? Estos retratos de Martin Schoeller muestran la fabulosa diversidad del país americano.

Me seduce la intimidad del primer plano porque capta la esencia de una persona: no se detiene en describir su atuendo o el entorno, que podrían hablarnos de su posición social. 

Todo se sintetiza en el rostro. De las 40, 50, 100 fotografías que suelo tomar de una persona, mi favorita es aquella en que la cara todavía no ha terminado de dibujar la expresión que el cerebro pretende adoptar. 

Me gusta compilar catálogos de semblantes que invitan a la comparación. 

Todos tenemos una idea de cómo debe ser el ojo –o la nariz, o un labio– humano, pero cuando comparas 10, 20, 100 pares de ojos, constatas sus enormes diferencias. 

Fotografío personas que proceden de circunstancias, culturas y etnias muy variadas, pero a fin de cuentas somos todos seres humanos. Hoy puedo retratar al Presidente y la semana que viene, a un indigente. 

Mi objetivo es suscitar una reflexión sobre el uso que hacemos de nuestra apariencia para modelar nuestra identidad.

¿Qué tienen estos rostros que resultan tan intrigantes? ¿Es simplemen­te que sus facciones rompen nuestros esquemas, que no estamos acostumbrados a ver esos ojos debajo de esos cabellos, esa nariz sobre esos labios? 

En un país como Estados Unidos, con una población de tan variados orígenes, la reacción puede ir desde un inofensivo afán de antropólogo aficionado a identificar ascendencias y encontrar coincidencias hasta un rechazo en toda regla de la violación de las fronteras entre grupos (según el viejo discurso racista, el watering down o «dilución racial»).

Si nos topamos con estos rostros por la calle, a los más curiosos (o menos educados) quizá se nos ocurriría acercarnos a preguntar: «¿De dónde eres?» o «¿Tú qué eres?». 

Observamos con curiosidad porque lo que vemos dice mucho sobre el pasado de este país, su presente y su prometedor (o preocupante) futuro.

La Oficina del Censo de Estados Unidos no empezó a computar datos detallados sobre los ciudadanos multirraciales hasta el año 2000, cuando por primera vez les permitió marcar más de una raza al cumplimentar el formulario, y 6,8 millones de personas optaron por la marcación múltiple. 

Diez años después esa cifra au­­mentó un 32 %, lo cual la convierte en una de las categorías de crecimiento más acelerado. 

La opción de marcar múltiples razas es aplaudida como un progreso por los ciudadanos frustrados con las limitaciones de las categorías raciales establecidas a finales del siglo XVIII por el científico alemán Johann Friedrich Blumenbach, quien clasificó a los humanos en cinco «variedades naturales»: cobrizos, amarillos, malayos, negros y blancos.

Aunque la opción de marcar varias razas no deja de estar incardinada en esa taxonomía, al menos introduce la posibilidad de la autoidentificación.

Constituye un paso hacia la reparación de un sistema de categorías que, paradójicamente, es tan erróneo (pues los genetistas han demostrado que la raza no es una realidad biológica) como ineludible (ya que vivimos en un mundo de razas y racismo). 

La determinación de la raza de los individuos se utiliza para hacer cumplir las leyes antidiscriminación y también para identificar cuestiones sanitarias específicas de poblaciones concretas.

Categorías raciales

La Oficina del Censo, consciente de que sus categorías raciales son un instrumento imperfecto, niega cualquier intención de definir la raza con criterios biológicos, antropológicos o genéticos». 

Y, de hecho, para la mayoría de los estadounidenses multirraciales, como los que aparecen retratados en estas páginas, en el concepto de identidad intervienen innumerables matices, influidos por la política, la religión, la historia y la geografía, así como por el uso que el interesado cree que se dará a su respuesta. 

«Yo digo que soy morena –dice McKenzi McPherson, de 9 años–. Y pienso: “¿A ti qué más te da?”.» Maximillian Sugiura, de 29 años, explica que se arroga la identidad étnica que le resulte más ventajosa en cada circunstancia. 

Las lealtades también cuentan, sobre todo cuando la ascendencia de uno no se traduce visiblemente en una piel, un cabello o unas facciones fenotípicas.

Yudah Holman, de 29 años, se describe como mitad tailandés y mitad negro, pero en los formularios marca la opción «asiático» y siempre alude en primer lugar a la parte tailandesa, «porque me crió mi madre, así que estoy orgulloso de ser tailandés».

Blancos y Negros

Sandra Williams, de 46 años, creció en una época en la que el país todavía funcionaba sobre la dicotomía negros/blancos. 

El censo de 1960 dibujaba una nación donde el 99 % seguía siendo o una cosa o la otra, y cuando seis años después nació Sandra –de unos padres que combinaban una y otra ascendencia– los matrimonios in­­terraciales seguían prohibidos en 17 estados. 

En la ciudad del oeste de Virginia donde se crió, solo había un niño asiático en el colegio. Si hubiese atribuido la claridad de su piel y su cabello a su ascendencia blanca, dice ella, los negros lo ha­­brían interpretado como un rechazo. 

Por eso, a pesar de que considera la raza un constructo social, ella marca la casilla «negra» en el formulario. «Como hacían mis padres», dice.

En el mundo actual, en teoría más tolerante, las personas con orígenes raciales y culturales complejos hilan un discurso mucho más fluido y lúdico para describirse a sí mismos. 

En los patios de recreo y en los campus universitarios se manejan términos de cuño propio tales como negronés, filatino, chicanés y corgentino. Cuando Joshua Ahsoak, de 34 años, iba a la universidad, su mezcla de inupiat (esquimal) y judío del Medio Oeste le granjearon el apodo de «jusquimal», término que aún usa para describirse.

Tracey Williams Bautista dice que su hijo de siete años, Yoel Chac Bautista, se autodenomina negro cuando está con ella, afroamericana, pero se presenta como mexicano cuando está con su padre. «Nosotros decimos que es negxicano», bromea. Los familiares negros advierten a Tracey de la vigencia de la «regla de la gota de sangre», la antigua práctica de considerar negro a quien posea el más mínimo rastro de ascendencia negra. «Dicen: “Aunque solo tenga la mitad, sigue siendo un negro de m…”»

En Estados Unidos la raza sigue importando, por más que la elección de Barack Obama haya anunciado un mundo post racial. 

Quizá llegue a ser una nación plural en 2060, cuando según la predicción de la Oficina del Censo los blancos no hispanos dejen de ser mayoría. Pero las estadísticas no borran el legado de los campos de concentración donde se internó a estadounidenses de origen japonés durante la Segunda Guerra Mundial ni las leyes de segregación racial vigentes hasta los años sesenta.

Los blancos tienen de media el doble de ingresos y seis veces más pa­­trimonio que los negros e hispanos, y los jóvenes negros tienen el doble de probabilidades de estar desempleados que los blancos. 

El sesgo racial sigue presente en las tasas de encarcelación, las estadísticas sanitarias y los informativos: hace poco tiempo la emisión de un anuncio de cereales Cheerios que presentaba una familia multirracial causó un alud de reacciones negativas, entre ellas reivindicaciones de genocidio blanco y lla­mamientos al «muerticulturalismo».

Tanto los defensores como los detractores del anuncio basaban sus opiniones en lo que se conoce como el test del ojo: un estudio de la actividad cerebral

realizado por la Universidad de Colorado en Boulder mostró que las personas toman nota de la raza en una décima de segundo, antes incluso que del sexo. 

Otra investigación divulgó en mayo que los conservadores presentan una tendencia más marcada que los progresistas a categorizar rostros ambiguos como negros.

Cuando la gente pregunta a Celeste Seda, de 26 años, de qué raza es, a ella le gusta dejar que lo adivinen antes de explicar que es de ascendencia dominicana y coreana. Matiza que incluso al decir eso solo revela una mínima parte de su identidad, que incluye una infancia en Long Island, una familia adoptiva puertorriqueña, una hermana afroamericana y una incipiente carrera como actriz. Llamar la atención por tener una imagen insólita halaga tanto como agota. «Es un don y una maldición», sentencia.

Y es también, para el resto de nosotros, una oportunidad. Si resulta que no podemos encasillar al prójimo en ninguna de las categorías de toda la vida, quizá nos veremos obligados a revisar las definiciones de raza e identidad, las presunciones sobre quiénes son ellos y quiénes nosotros. Tal vez aprenderemos a ser menos cautelosos a la hora de identificarnos con los demás si cada vez nos topamos con más personas como Seda, personas cuyos rostros parecen proclamar ese verso del vibrante poema de Walt Whitman Canto a mí mismo: «Soy inmenso, contengo multitudes»

FUENTE: NATIONAL GEOGRAPHIC – Por Martín Schoeller

Asesinan a 175 ballenas en Dinamarca para continuar con la tradición del ‘Grindrap’.

Foto: Getty Images

6 mil 500 ballenas y delfines han perdido la vida en favor de mantener la tradición isleña del ‘Grindadrap’: una cacería de cetáceos en Dinamarca.

La jornada empieza temprano. Un hombre se encarga de avistar a la familia de ballenas piloto, y sólo cuando encuentra a un grupo nutrido, avisa a los demás cazadores. Ellos le esperan en la orilla, hacia donde se dirigen a los cetáceos para recibirlos con lanzas, cuchillos y rifles. En las Islas Feroe, ésta es una tradición de largo aliento: la matanza indiscriminada, injustificada y cruel de ejemplares se considera parte de la cultura local. Las víctimas pueden elevarse por encima de los cientos en cada ocasión.

Un mar de sangre

ballenas

Foto: Getty Images

175 ballenas piloto fueron asesinadas en las orillas de las Islas Feroe en Dinamarca. No pasó mucho tiempo antes de que el mar quedará completamente enrojecido por la sangre de las víctimas. Los barcos actuaron rápido: dirigieron a las familias desde el mar hasta la arena, donde más de una docena de hombres les esperaban con armas de fuego y cuchillos. Con estos, les cortaran la cabeza hasta dejarlas morir desangradas.

A esta tradición se le conoce como ‘Grindadrap‘. A pesar de que ha sido severamente criticada por grupos ambientalistas en favor de los derechos animales, la cacería se lleva a cabo año con año en los meses de julio y agosto. 

Una vez muertas, los pobladores extraen su carne y grasa tanto para alimentarse, como para venderla en el mercado ilegal, ya que en diversos países estos productos están prohibidos.

ballenas

Foto: Martin Zwick/REDA & CO/Universal Images Group via Getty Images

Sin importar las resistencias de diversas organizaciones de la sociedad civil, los daneses de las Islas Feroe invitan a los medios de comunicación a documentar la carnicería. Como si fuera parte de un orgullo nacional, muestran las imágenes de las olas rojas y los cadáveres de las ballenas apilados en la orilla. En algunos casos, se requiere de tractores para limpiar la playa y retirar a las víctimas sin vida.

Una práctica insostenible

Foto: Universal Images Group via Getty Images

La pesca sigue siendo un elemento central para la subsistencia de los pobladores de estas islas. La carne de ballena obtenida después de la matanza, por tanto, se usa como alimento. Aunque existen grupos que respetan esta práctica como parte de las tradiciones locales, un número mayoritario de organismos se han pronunciado a favor de abolirlo por completo, como una práctica de barbarie insostenible.

Sea Shepherd, una de las organizaciones conservacionistas más grandes del mundo, señala que, en los últimos 10 años, 6 mil 500 ballenas y delfines han perdido la vida en favor de mantener esta práctica cultural. A bordo de 20 botes, el domingo pasado la tradición terminó con 175 ejemplares.

El gobierno danés se ha resistido a ceder a las presiones internacionales para erradicar la práctica. Aunque se han planteado alternativas para no matar a las ballenas piloto —y cualquier otro cetáceo que se cruce accidentalmente por ahí—, la tradición se impone en Dinamarca. Ni el turismo ecológico, ni las restricciones de confinamiento por COVID-19 parecen ser razones suficientes para perpetuar la violencia en el mar.

FUENTE. NATIONAL GEOGRAPHIC EN ESPAÑOL – Por Andrea Fischer

Paula Perez Alonso: “Siempre prefiero algo que me altere, que me desordene, no que me tranquilice”

La escritora y editora acaba de publicar “Kaidú”, una novela que a través de la historia de un perro y su relación con la narradora, Aína, replantea los vínculos que tenemos con otras especies y con el mundo, y pone en cuestión el afán clasificatorio que nos limita.

¿Hasta dónde puede llegar el amor por un perro? Esta es la pregunta que subyace en Kaidú (Tusquets), la última novela de la escritora y editora Paula Perez Alonso.

Pero esta pregunta desencadena muchas otras, transformando un hecho cotidiano como es la convivencia con un animal en un cuestionamiento profundo de la soberbia humana, de la obsesión clasificatoria que nos impide sentirnos parte del Todo, de las rígidas creencias que nos encarcelan y limitan nuestra vida.

“Kaidú –dice Aína, la narradora de la novela que deslumbró, entre otros escritores y editores, a Juan Forn, quien la leyó antes de que fuera publicada– escapa a la restringida mirada binaria y me enseña a superar esta concepción estrecha en que nos enclaustra la visión cartesiana (…) Si no hay oposición entre animal y hombre, soy parte del mundo como Kaidú y estoy en él como el agua en el agua.”

Hay libros, como este, tan peligrosamente buenos que deberían tener una advertencia en la tapa: “Esta historia sacudirá sus creencias más arraigadas y transformará su vida. De este viaje no hay retorno. Será inútil reclamar de forma presencial o virtual la devolución de su existencia anterior. Conformistas, abstenerse de su lectura”.

–¿Cómo fue publicar un libro sobre un perro luego de que tu primera novela, publicada hace 25 años, se llamará No sé si casarme o comprarme un perro, un título, por cierto, muy provocador?

–Fue algo bastante audaz, porque ese libro fue tan exitoso que hay mucha gente que me identifica con él, me conoce como la autora de No sé si casarme o comprarme un perro. Superó todas las expectativas. En principio fue una tirada de 3000 ejemplares en Tusquets y de pronto empezó a reimprimir y reimprimir, a tener unas críticas buenísimas, cosa que es rara en una primera novela. 

El título hacía pensar en una novela que es pura provocación, pero la historia se transformaba en otra cosa mucho más dramática, densa y dura. Tuvo una recomendación boca a boca que lo sostuvo durante mucho tiempo tanto en América Latina como en España. Luego de 25 años, de pronto me veo escribiendo sobre un perro en particular que se transforma en personaje.

Escribía sin pensar en publicar, ni siquiera sabía si iba a ser una novela, un cuento o una nouvelle. Esta historia es una de esas cosas que suceden más allá de la voluntad de uno, que son inevitables. Cuando lo terminé me hice la misma pregunta que vos me hacés. ¿Otra vez un perro? Pero en aquella ocasión, el perro era una excusa, no existía de verdad, era imaginario. Era un disparador. 

La protagonista pone avisos en los diarios desafiando a un hombre que pueda competir por sus méritos con un labrador con determinadas virtudes. El perro no existía, solo estaba en su imaginación y yo no tenía perro. Pero hasta hoy la gente me pregunta si me casé o si me compré un perro (risas). En la vida real no hice ninguna de las dos cosas.

–Recuerdo que en algunas personas el título provocaba cierta indignación por la comparación implícita entre un perro y un ser humano.

–Sí, para esa época fue algo super provocador. Yo no me daba cuenta de que, de manera inconsciente, había captado algo que estaba en el aire. Hay gente que siente que un título de un libro dice algo de ella.

–¿Y ahora tu situación respecto de los perros cambió?

–Sí, ahora un perro real aparece en mi vida y provoca esta historia. La vida es tan extraña que, de pronto, terminó casándose con un perro (risas). Es una cosa de locos. La síntesis a la pregunta que me hicieron durante 25 años es esta: no me casé ni me compré un perro, me casé con un perro. 

De pronto pensé que esto era una freakeada total. Lo que escribía devino otra cosa. Incluso sentí que me volvía “lo otro” que yo quería contar, que cada vez más me volvía “lo otro” en la escritura. Cuando lo terminé, se lo di a leer a alguien a quien no le gustan los perros, a una gran lectora, Liliana Viola, que es crítica, escritora y muy sincera. Sabía que podía decirme “esto es una freakeada, olvídate”. 

Recuerdo que pasé en bicicleta por su casa una tarde y le tiré el texto por arriba de la reja y a las cuatro horas me mandó un mail y me dijo que era hermosísimo, que no había podido parar de leerlo y que lo tenía que publicar.

Entonces me decidí a publicarlo porque me gustaba la idea de salir del sentido común, del orden establecido a través de esa historia entre la narradora y Kaidú. Pensé que se podía leer como una historia de amor de a tres o se podía leer también todo lo que hay por debajo, que tiene que ver con salirse del mundo previsible, de los formatos que te encorseta. Sentía que el sentido desbordaba lo escrito. Por un lado, estaban el texto, las frases, las palabras y, por otro, todo lo que sucede “entre” las palabras, por fuera de la narración.

–¿Cuál creés que es el lector de este libro?

–Creo que es un libro para los que aman a los animales, pero también se abre a un público lector cautivo porque tiene varios planos: de una historia simple, como es la de un perro, alguien muy próximo se plantea la relación entre las personas, las especies y el mundo. Lo humano, lo animal, la aventura, lo cotidiano, la crudeza, la inocencia, el vértigo se suceden más allá de la voluntad de la narradora. Aunque puede ser leído como una freakeada, me importa el efecto de verdad en la escritura.

–El paso que das en este libro no es ajeno a la emergencia de sexualidades silenciadas, a la sacudida del concepto de normalidad. Lo binario se abrió para dejar paso a otras categorías, pero, aunque la ampliemos, el tema es que no nos podemos liberar de las categorías.

–Exacto, no podemos pensar por fuera de las categorías. Sí, me gusta lo que decís porque creo que eso está en el libro. Lo que me disparó la novela fue la relación con un perro, sentir que ese perro era un par, un igual. El dueño del perro lo trataba como a un par. 

El perro caminaba a su lado sin correa, cada uno en su territorio, pero no existía la cuestión del amo, del dominio. Soy muy sensible a eso y siempre me llama la atención el discurso del dominio y los actos de dominación. Tengo un rechazo muy visceral a  eso. Con la forma de estar en el mundo de este perro sentí que me abría a otra esfera, a otro grado de percepción. Me preguntaba cómo era posible que me sucediera esto. A veces uno está tan galvanizado, tan abroquelado, que las cosas no le llegan pero, por suerte, yo me dejé afectar por eso y respondí a la afectación, y en ese doble movimiento mi vida cambió. Uno tiende a humanizar a los animales, tiende a pensarlos con sus propias coordenadas, pero de pronto me di cuenta de que daba un salto cualitativo y solo observaba y me dejaba afectar por lo que sucedía. Eso se expandía y me hacía pensar montones de cosas. 

El mundo adulto tiende a querer tranquilizarse con etiquetas, con clasificaciones, con el orden. Pero a mí, todo lo relacionado con el orden me inquieta, me molesta. Prefiero algo que me desordene, que me altere, no que me tranquilice. Los reduccionismos como las clasificaciones y los estereotipos lo que quieren es tranquilizar, pero el mundo es un caos y esa es su gran riqueza. 

La cuestión es cómo hacemos para vivir en ese caos, cómo corrernos de ese lugar tan antropocéntrico. Cuando uno hace el movimiento de perder el control de las cosas, el mundo se amplía y se enriquece de una manera fenomenal. De pronto, me di cuenta de que mis lecturas de juventud, de Nietzsche, luego de Foucault y el año pasado, por primera vez, de Spinoza, constituían el mundo en el que yo quería habitar. Nietzche dice: “Que los animales me guíen”. Con Kaidú sentí que se podía volver a ser niño, niña o niñe, lo que sea, porque con él se perdía el afán de clasificar, de etiquetar y de querer racionalizarlo todo. Vi un documental de James Baldwin que es maravilloso.

En él le hacen una gran entrevista cuando está exiliado en París, en la que dice: “Los hombres construimos nuestras propias prisiones”. Yo creo que todos construimos alguna prisión u otra, la cárcel del lenguaje, la del exceso de racionalidad, la del exceso de querer anticipar y saber, la gran cárcel de la neurosis. Todos estamos atrapados por algo y somos los responsables, porque si uno no quiere dominar y lo que quiere es vivir en un mundo en el que sepamos “cómo vivir juntos”, como decía Barthes, tenemos que aprender a hacer un mundo más habitable, donde nadie domine a otro, donde ninguna especie domine a otra, que sea un mundo común. Eso me conmueve profundamente y lo viví a través de Kaidú. 

Por eso me dije que tenía que inventar una historia con eso porque hubo un antes y un después, hubo una posibilidad y la posibilidad es infinita.

–Sin embargo, hay gente a la que los perros le generan fobia y que descargan su poder contra ellos. Lo sabe cualquiera que alguna vez haya sacado a pasear a un perro. Hay personas empáticas y otras que actúan como si llevaras un monstruo.

–Sí, hay gente que dice “mascotas” con desprecio. Como digo en la novela, yo odio la palabra “mascota” por otros motivos, porque cosifica a un animal, lo transforma en una cosa, como si fuera una debilidad tener un compañero o una compañera de otra especie. 

Me puse a leer a Donna Haraway, que es una genia total y habla de eso. La leí después de Kaidú, que escribí en 2018. Iba a salir el año pasado, pero con la pandemia todo se alteró y no salió. Haraway dice “no tanta reproducción y más parentesco”. 

Si queremos hacer algo por el planeta, que está en un momento verdaderamente crítico, no nos pongamos ni milenaristas, ni apocalípticos ni salvacionistas. 

Hay acciones muy prácticas para tomar, no nos pongamos dramáticos. Hay que pensar y hacer. Deleuze y Guattari dicen “liberar la vida allí donde está cautiva”. De pronto un perro llega y hace eso. Fue literal, así como te lo digo. 

Fue como devenir animal, devenir algo distinto. A partir de Kaidú, mi mirada sobre el mundo cambió. «

Testimonio de una amistad con Juan Forn

–Entre los agradecimientos que incluís al final del libro figura hay uno destinado a Juan Forn, del que creo que eras muy amiga. ¿Cuál fue su relación con la novela?

–Sí, éramos muy amigos y como le conté lo que estaba escribiendo, se moría de curiosidad y deseaba mucho leerla. Me pidió durante muchos meses que le diera a leer la novela, pero yo se la di cuando la terminé. La que siempre funcionó como editora fue Liliana Viola, que fue la primera que la leyó. Me hizo observaciones muy certeras y ahí comencé a trabajar la novela pensando en publicarla. Juan la leyó cuando ya era un texto terminado.

–¿Y cómo reaccionó al leerla?

–Le gustó muchísimo y fue muy intenso en su expresión, como era siempre que le gustaba algo. Solo me señaló dos cositas y me dijo “podés no tomarlas”. Eran dos pinceladas, agregar dos oraciones, y las tomé porque me parecieron muy atinadas. A él le gustó mucho el título, pero había otras opiniones en el sentido de que el título tenía que ser más explícito y que tenía que vincularse con la primera novela. Juan me dijo: “No, vos defendelo, porque por la sonoridad y la fuerza que tiene, no te vas a equivocar”. Lo increíble es que Juan hasta ese momento no era perrero. Después adoptó un perro al que adoró y que lo adoró. Pero lo sorprendente es que, además de Juan, que no era perrero, cuatro varones que no lo son me dijeron “es un librazo” de manera contundente y sincera: Ariel Magnus, Claudio Zeiger, Rep y Pacho O’Donnell.

FUENTE: Tiempo Argentino – Mónica López Ocón