Picasso y el valor agregado de un codazo.

El episodio se remonta a nueve años atrás pero vale la pena recordarlo. Involucra a “La rêve” (El sueño), una obra maravillosa del genial malagueño Pablo Picasso (1881-1973), y a uno de los coleccionistas top de sus obras.

El cuadro data de 1932, la época (a mi criterio) más brillante de Pablo Picasso, en la que coinciden la influencia de las odaliscas de su amigo Henri Matisse (1869-1954) y el apasionado enamoramiento con Marie Therese Walter, a quien había conocido en enero del 1927 (ella de 17 años y él de 48) y con quien mantiene una relación hasta 1936.

La Walter, su modelo, aparece en un sinnúmero de sus obras tanto escultóricas como pictóricas de este período. En ellas Picasso simplifica, deduce las formas a volúmenes esféricos, enciende su paleta y convoca continuamente al encanto de la sensualidad carnal.

“EL SUEÑO”, ÓLEO SOBRE LIENZO DE 130 X 98 CMS.

El museo Picasso de París, conformado en el Hotel Salé, con las obras de la dación (el pago del impuesto a la herencia) tiene como tesoro otra obra parangonable titulada “La lectura” y hay una tercera en la Tate Gallery de Londres, “Desnudo en un sillón rojo” no menos admirable, del mismo año.

“LA LECTURA”, ÓLEO SOBRE LIENZO DE 130 X 97 CMS. 1932 MUSEO PICASSO, PARÍS

“DESNUDO EN UN SILLÓN ROJO”, ÓLEO SOBRE LIENZO DE 130 X 97 CMS. 1932. TATE GALLERY, LONDRES

Volviendo a “El Sueño”, la obra de nuestra historia, queda entonces establecido que estamos ante una pieza de museo de grueso calibre. Había pertenecido a la famosa colección Ganz, y fue vendida en noviembre 1997 en Christie’s Nueva York por 48.400.000 dólares. El comprador se mantuvo en el anonimato. En 2001 Steve Wynn, magnate de los casinos de Las Vegas y gran coleccionista, la adquiere. La tuvo por varios años colgada en el restaurant “Picasso” del Bellagio hasta que decide venderla a su amigo Steve Cohen en la suma de 139 millones de dólares, cifra récord en ese tiempo. Cohen hizo inspeccionar la obra y el trato se dio por cerrado.

Ese fin de semana Wynn recibió a unos amigos que venían de visita desde New York. Se hospedaron en su hotel y mientras cenaban el viernes a la noche, él les comentó de la venta. Las mujeres expresaron su interés en verla. Subieron a su oficina, donde estaba. En la pared a su izquierda había varias obras incluyendo un Matisse, un Renoir y “Le Rêve”. Wynn comenzó a contar la historia de la procedencia del Picasso. Mientras hablaba estaba de espaldas a la pintura. Wynn sufre una enfermedad del ojo que disminuye su visión periférica y por ello, su interacción con objetos cercanos. Sin darse cuenta dio uno o dos pasos atrás mientras hablaba e hizo un gesto con su mano derecha y su codo derecho golpeó la pintura, perforándola.

Al día siguiente Wynn habló con su marchant y le contó lo que había pasado. Más tarde esa semana la mujer de Wynn llevo la obra a New York en su jet privado. Se encontraron con Cohen en la galería de Acquavella y decidieron que el arreglo estaba cancelado hasta que el perjuicio pudiera ser establecido. “El sueño” fue perfectamente restaurado, pero también en un sueño la mujer del coleccionista leyó todo el episodio como una señal del destino y le pidió que no la vendiera.

Así fue. Hasta que en marzo de 2013, en una operación privada celebrada en Nueva York, Steve Wynn, magnate de Las Vegas, vendió finalmente a Steven A. Cohen, el cuadro ‘Le Rêve’ (El Sueño), de Pablo Picasso, por 155 millones de dólares en el precio más alto pagado hasta entonces por una obra del pintor español. El codazo, entonces, sumó 16 millones….

El récord no duró tanto: dos años después Christie’s vendió en Nueva York “Les femmes d’Alger”, un óleo de 114 x 146 centímetros de 1955 en algo más de 179 millones. Se dijo que el comprador fue el jeque de Qatar, Al Zani, ex primer ministro y canciller. Para cerrar apunto que la obra había pertenecido (como “El Sueño) a la colección Ganz.

“LAS MUJERES DE ALGERÍA” (D’APRES DELACROIX) VERSIÓN 0, ÓLEO SOBRE LIENZO DE 114 X 146 CMS.

Imagen de portada: “EL SUEÑO”, ÓLEO SOBRE LIENZO DE 130 X 98 CMS.

FUENTE RESPONSABLE: mdz on line. Argentina. Por Carlos María Pinasco; consultor de Arte. Junio 2022.

Sociedad y Cultura/Pintura/Picasso/Curiosidades/Carlos María Pinasco

 

 

«Prefiero ser un latinoamericano en París a ser un cordobés en Buenos Aires»

Antonio Seguí (1934-2022) brilló desde su primera exposición de cuadros, en «Librería Paideia» de Córdoba hasta sus 88 años. Mientras lograba que Francia lo reconociera, participó en el Mayo Francés y se salvó cuando la dictadura argentina le ametralló su casa en París.

El hombre era del interior y sabía bien aquello de que Dios está en todas partes pero atiende en Buenos Aires. Por eso, en vez de seguir el camino de los que nacen en las provincias y quieren destacarse a nivel nacional e internacional, sorprendió a todos. 

Y de Córdoba pasó a Francia, sin escalas. Y, por eso, llegó a ser más conocido en todo el mundo que en su propia tierra, pero él jamás la olvidó.

Más de un argentino, en París, lo conoció o paró en su casa. Era amigo de ex presidentes de Francia como Francois Miterrand o Jacques Chirac. Podía tomar café junto a Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir pero, en su casa de las afueras de París, en Arcueil, por casi 60 años, no faltaba el asado en donde participaban escritores como Juan Rulfo, el romántico Julio Cortázar, Ernesto Cardenal o Alejo Carpentier.

Cuando uno de sus biógrafos le preguntó qué música escuchaban esas noches, entre chorizos, dorados costillares y tiras de asado, él le contestó que cuando no estaba, guitarra en mano, Atahualpa Yupanqui estaba Astor Piazolla. 

Y si no, cantaba algo ese muchacho nuevo, que estaba dando que hablar, al que todos llamaban Jairo. O se ponía a recitar versos el amigo que venía de Chile, conocido como Pablo Neruda.

Antonio Seguí (1934-2022) brilló desde su primera exposición de cuadros, en Librería Paideia de Córdoba hasta sus 88 años. Mientras lograba que Francia lo reconociera, participó en el Mayo Francés y se salvó cuando la dictadura argentina le ametralló su casa en París.

A la ciudad de Córdoba le regaló la famosa Mujer Urbana, el Hombre Urbano y esos niños gigantes que están cerca del aeropuerto. Donó una enorme cantidad de cuadros a museos de Buenos Aires. Fue el creador del Museo del Chateau Carreras, basado en la donación de muchos de sus cuadros. Nunca perdió su tonada cordobesa con la que creció, entre esa ciudad y las cercanas Villa Allende y Saldán.

Era Caballero de la Orden de las Artes y de las Letras de Francia. Pocos días antes de morir estuvo en Córdoba, visitando la legendaria pizzería Don Luis, en cuyo frente está una estatua suya de 12 metros de altura y en donde hay un quincho que imita al que el artista tenía en París para sus asados.

También fue a ver el clásico de fútbol Belgrano – Talleres. Era tan cordobés como el Patio Olmos y por eso todos los veranos volvía. Vivió mil vidas en una. 

Y con la generosidad de cien hombres. Saltándose la Consagración en Buenos Aires, ese verdadero Rito de Pasaje para los genios que nacen en el interior, con contundencia, demostró que ese paso es un mito. Hace poco se fue ese cordobés que triunfó en París, sí. Pero también en el mundo. 

Costará acostumbrarse a que en las afueras de París, la Ciudad Luz, no siga brillando el genio colorido de este cálido artista. Resignado, mejorado por sus tremendas obras, el mundo entero extraña a Antonio Seguí.

(*) Autor de cinco novelas históricas bestsellers llamadas saga África.

Imagen de portada: CEDOC PERFIL

FUENTE RESPONSABLE: Perfil. Argentina. Por H. Lanvers. 26 de junio 2022.

Sociedad y Cultura/Pintura/Antonio Seguí/Homenaje

 

Sus padres lo abandonaron en una caja y el forjó su destino a puro arte.

Benito Quinquela Martín fue criado como hijo adoptivo por una familia humilde de La Boca. Dueño de un gran talento, este pintor argentino logró fama, riqueza y el honor, en vida, de que sus cuadros se exhibiesen en los principales museos del mundo. 

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Considero que el hombre es muchas veces, artífice de su propio destino. Un artista argentino, uno de nuestros grandes pintores, ni siquiera conoció a sus padres. Apareció abandonado en una cajita, en la puerta del Hogar de Niños, con una esquela que decía: “Este niño fue bautizado como Benito Juan y seguía su apellido: Martín”.

Fue criado como hijo adoptivo por una humilde familia, Chinchella de apellido. En Italiano se pronuncia Quinquela. Se crió en la pobreza de un barrio muy modesto: La Boca. Y recién a los 20 años –y por sí mismo- mérito muy especial aprendió a leer y a escribir correctamente.

Desempeñó durante mucho tiempo un oficio rudo y difícil: estibador de carbón en el puerto.

Su primer lápiz de dibujo fue el mismo carbón que transportaba sobre sus espaldas. Con todas estas desventajas, pero con un gran talento, este pintor argentino logró fama, riqueza y el honor –en vida- que sus cuadros se exhibiesen en los principales museos del mundo: Roma, Madrid, Londres, París.

Quinquela Martín, el Riachuelo y La Boca, casi una sola cosa.

Pero ya para siempre, Quinquela Martín, el Riachuelo y La Boca serán casi una sola cosa.

Porque Quinquela nació en la Boca, a un paso de la Vuelta de Rocha. Allí sufrió, allí encontró su destino y allí fue la gloria a buscarlo con su mejor sonrisa, para llevarlo de la mano por el camino de los triunfadores.

Primero pintó paisajes. Luego Quinquela se dedicó a expresar en sus telas, los cascos heridos de las naves, las cimbreantes planchadas hormigueando de hombres encorvados y las garras siniestras de los guinches.

La autenticidad de sus cuadros surgía del hecho que antes de pintar los regueros humanos de los cargadores de carbón, él había formado parte de ellos. Plasmó en sus obras y murales gigantescos, toda la vida de la ribera, desde el amanecer hasta el ocaso.

Fue un pintor colorista y muy personal. A sus 24 años, el presidente de la República, Marcelo T. de Alvear, le otorgó una beca para perfeccionarse en España e Italia. Luego regresó varias veces a Europa para exponer sus obras. Y en esas giras ganó dinero, prestigio internacional y obtuvo también la sugestiva sonrisa de las mujeres que en un idioma universal la regalan solamente a los hombres que nacen bendecidos por los dioses.

Ya Quinquela Martín, triunfador, regresó a su barrio de la Boca, a su mismo atelier de siempre. No buscó un lugar lujoso de Palermo Chico por ejemplo. Hubiera sido ajeno a su manera de ser. Buscó sí, el viejo rincón de sus antiguos sufrimientos, las mismas calles sureñas de su bohemia adolescente.

Posteriormente fundó de su propio peculio, la Escuela-Museo Pedro de Mendoza, que él mismo dirigió por muchos años y aún existe junto a una escuela primaria que funciona donde tuvo su casa y su atelier. 

Las obras de Quinquela Martín llegaron a los principales museos del mundo.

A los 83 años ganó el gran Premio del Fondo Nacional de las Artes. Dos años antes, a los 81 años, había sido nombrado Profesor Honorario de la Universidad de Buenos Aires.

Con ese motivo, se realizó un acto en su homenaje.

Allí expresó con la sencillez de “los iluminados que saben agregar luz a la luz”: “Tuve muchos halagos en mi vida”, decía. “Pero que un estibador del puerto que a los 19 años casi no sabía leer. Que le costaba escribir bien su propio nombre, lo hubiesen designado profesor de la Universidad, es más de lo que hubiera soñado”.

“Y les digo a los jóvenes estudiantes: luchen, trabajen, busquen, que todos los que llegaron, siempre debieron luchar para llegar. Porque peor que muchos fracasos son pocos intentos…”

Un 28 de enero de 1977 teniendo más de 86 años moría Benito Quinquela Martín. Cultivó la pintura, para la que quizá Dios, lo eligió.

Porque muchos caminaron. Pero pocos dejaron huellas. Fue un ejemplo de tenacidad, de lucha contra las circunstancias adversas, de voluntad férrea, “esa voluntad de triunfar que no otorga el triunfo, pero que lo acerca…”.

Y ese tesón inclaudicable de Quinquela Martín trae a mi mente este aforismo que quiero dedicarlo a este insigne pintor argentino. “Para remontar vuelo, primero hay que caminar”.

Imagen de portada: Gentileza de Crónica

FUENTE RESPONSABLE: Crónica. Por José Narosky.Abril 2022

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Se vuelve a exhibir una pintura de Picasso que habían querido sacar de contrabando de España.

La historia del cuadro «Busto de mujer joven»

El cuadro Busto de mujer joven, del pintor español Pablo Picasso, volvió a ser exhibido desde este jueves como parte de la colección permanente del museo Reina Sofía de Madrid. Pasaron siete años, durante los cuales la pintura no se pudo ver a raíz de un proceso judicial.

El cuadro había sido incautado a un exbanquero que quiso sacarlo de forma ilegal de España, y desde 2015 estuvo en los almacenes del museo, que funcionaron como depósito judicial. 

Jaime Botín intentó sacar la obra de Picasso de España en barco, sin los permisos exigidos por la ley.

Ahora cuelga en el segundo piso del Reina Sofía. Se trata, según expertos, de «una tela única en España” que se volverá una de las piezas más importantes de la exposición que el museo prepara para 2023. 

Fue pintada en 1906 tras los meses de verano que Picasso (1881-1973) pasó en la localidad catalana de Gósol, donde vivió una crisis conceptual, estética y formal fundamental que le permitió emprender la revolución cubista.

Esta pintura y otras parecidas cobran relevancia como precedente de la icónica tela Las señoritas de Aviñón (1907), pieza central del protocubismo con la que Picasso abandonó su etapa rosa y ensayó un nuevo lenguaje: «primitivo y antiacadémico, deliberadamente inacabado, esquemático, de contornos delineados y formas sólidas y monumentales”, explicaron voceros del museo.

Un intento por sacarlo de España

El empresario Botín, expresidente de Bankinter, compró el cuadro en 1977 en la Galería Marlborough de Londres y en 2012 quiso subastarlo en la casa Christie´s de esa ciudad, para lo que necesitaba un permiso del ministerio de Cultura de España que nunca obtuvo por tratarse de una obra de interés artístico e histórico de más de cien años de antigüedad.

Botín intentó entonces sacar el cuadro por mar vía Córcega, pero fue interceptado en julio de 2015 en la isla por la Guardia Civil y el servicio de aduanas francés. Según la acusación, el banquero se preparaba para llevar el cuadro a Suiza y finalmente venderlo.

El exbanquero pagó como pena 91,7 millones de euros pero eludió los tres años de prisión de la sentencia por el contrabando de este Picasso valuado en más de 26 millones de euros, debido a su mal estado de salud esgrimido por la defensa y a su edad, 85 años.

Imagen de portada: Gentileza de Página 12 (Momento en que vuelven a exponer el famoso cuadro de Picasso)

FUENTE RESPONSABLE: Página 12. Cultura

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El secreto escondido debajo de una pintura de Leonardo da Vinci.

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Las pinturas del genio florentino siguen despertando el interés de los expertos en Historia del Arte. Recientemente se ha descubierto un boceto borrado en ‘La virgen de las rocas’

RESUELTO OTRO MISTERIO

Leonardo da Vinci es, sin duda, una de las figuras más fascinantes que han existido en la historia. 

El genio florentino dejó para la posteridad cuadros que aún siguen llamando la atención de los hombres modernos, además de pintor fue anatomista (sus extraordinarios dibujos avalan su vena más médica), paleontólogo, botánico, escultor e incluso inventor (realizó esbozos de lo que serían predecesores del helicóptero, el reloj o el mortero). 

Los misterios que envuelven sus cuadros aún no se han desentrañado del todo. ‘La última cena’, por ejemplo, está plagado de pequeños mensajes que el pintor quiso dejar sin resolver para aquellos con suficiente ojo como para encontrarlos. ‘La Gioconda’, por su parte, sigue suscitando un enorme interés por su extraña sonrisa. Durante mucho tiempo se dudó de la identidad de la modelo, y diversas hipótesis sobre ella y su supuesto embarazo llaman aún la atención de los especialistas.

Secretos y misterios

Pero es otro cuadro el que recientemente ha sorprendido, ‘La Virgen de las rocas’. Como sucede con otras obras de Da Vinci, como la mencionada ‘Mona Lisa’, existen varias versiones con el mismo nombre y la misma temática de este cuadro, además de distintos bocetos. 

Las dos más famosas se encuentran en el Museo del Louvre y en la National Gallery de Londres. La pintura muestra a la Virgen junto al niño, Juan Bautista y un ángel. Una obra con un significado fuertemente religioso y de alabanza a María, que, sin embargo, no está exento de polémica. 

Gracias a una técnica llamada macro fluorescencia de rayos X se ha descubierto en la pintura el boceto de un niño Jesús con alas, borrado en el pasado.

Hace unos años, un equipo de expertos italianos en arte lograron descomponer la obra para analizarla hasta el más mínimo detalle.

Descubrieron así que se puede apreciar un perro con una correa entre las hojas y las rocas de la parte superior del cuadro, lo que, presuntamente, representaría para Leonardo la desobediencia y la acusación de corrupción del papado de la época.

Un cane dietro la Vergine delle Rocce? Sarebbe l’accusa di Leonardo contro la corruzione dei Papi http://dlvr.it/NWZJnP

No acaba ahí. Esa no es la primera señal de que ‘La Virgen de las Rocas’ esconde dibujos más antiguos de lo que podría haber sido una obra diferente.

«Fue como buscar una aguja en un pajar, la sensación de descubrir las alas y la cabeza del ángel (Jesus con alas) fue indescriptible» explicó en un comunicado Pier Luigi Dragotti, profesor del Departamento de Ingeniería Electrónica y Electrónica del Imperial College de Londres. 

La técnica funciona utilizando elementos químicos individuales en la pintura, lo que hace que brillen levemente en formas que un escáner sensible puede captar. Se ha utilizado durante más de una década, y el Jesús recién descubierto fue encontrado gracias a un nuevo algoritmo para interpretar los datos. Lo ha desarrollado Dragotti.

‘Los tres niños santos’ de Bernardino de Conti.

El elemento clave que ha sido útil para revelar los bocetos fue el zinc. 

El boceto original de Da Vinci debe haber usado una sustancia que lo contenía. No está claro por qué el pintor cubrió su bosquejo original, pero ‘La Virgen de las Rocas’ sirvió de inspiración para otro de los cuadros más enigmáticos de la Historia del Arte: ‘Los tres niños santos’, de Bernardino De Conti. 

En su obra, utilizó la figura de los niños de Leonardo, pero reemplazó a la Virgen por un tercer niño. Las hipótesis aseguran que ese tercer niño podría ser en realidad el apóstol Tomás, puesto que Tomás significa ‘gemelo’ en arameo (en la Biblia aparece denominado como ‘El mellizo’), y algunas teorías apuntaban a que quizá podría ser el hermano de Jesucristo. 

Según esas mismas teorías, el niño del centro de la pintura sería San Juan (el de mayor edad), el de la derecha sería Jesús y el de izquierda el gemelo Tomás.

Imagen de portada: La Virgen de las rocas. Leonardo Da Vinci. 

FUENTE RESPONSABLE: El Confidencial. Por Ada Nuño. Febrero 2020

Sociedad y Cultura/Genios virtuosos/Pintura/Leonardo Da Vinci/ Hallazgos

Por qué los egipcios se pintaban de perfil: «Sabían dibujar de frente y eligieron no hacerlo».

Todas las representaciones son iguales: el torso mira de frente, pero la cara se encuentra de perfil, dando importancia a la nariz y al ojo. ¿A qué se debe esta perspectiva tan peculiar?

Todavía a día de hoy, cuando una familia visita un museo de historia o arqueología, lo primero que suelen preguntar los niños es aquello de dónde están las momias. La civilización que vivió durante tantos años junto al Nilo, y que colapsó con la muerte de una faraona y la picadura de un áspid (o al menos eso dice la leyenda) fascina por su exotismo y todo en su complejidad histórica llama la atención: sus enterramientos, sus dioses, sus faraones. 

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En la idiosincrasia del Antiguo Egipto está sin duda la manera en que representaban, no solo a deidades y reyes, sino al pueblo llano viviendo su cotidianidad. Como la representación artística es una de las herramientas que nos separa del resto de animales de la Tierra, dotándonos de trascendencia y espiritualidad, suele llamar nuestra atención a la hora de conocer diferentes pueblos. Egipto no solamente nos ha dejado increíbles monumentos como las pirámides o Abu Simbel, sino también pequeñas representaciones marcadas para siempre en paredes o tumbas. 

Así, por ejemplo, nos sorprende que los egipcios utilizaran el azul en una época en la que otros pueblos aún no conocían la mezcla. De igual manera, muchas representaciones de sus dioses han llegado hasta nuestros días, y las figuras de Isis con su hijo Horus son tan increíblemente parecidas a las de la Virgen y Jesucristo que no pueden ser mera casualidad. Pero, probablemente, lo que más llame la atención es esa extraña costumbre o manía de pintarse de perfil. 

Aunque el rostro esté de perfil, el cuerpo, al contener los órganos vitales, debía estar de frente para que aparecieran todos y así a poder caminar con seguridad al Más Allá.

Simbolizaban la vida. En muchas ocasiones, esa vida que se había dejado atrás para marcharse al Más Allá, pues decoraban sepulcros y templos. Lo conoces de sobra: el torso colocado de frente y la cabeza y las caderas, sin embargo, de perfil, en una postura imposible. 

Los ojos parecen observar al espectador de frente, y, sin embargo, también se muestra la nariz de perfil. «No daban puntada sin hilo», apunta Rosa Pujol, presidenta de la Asociación Española de Egiptología. «Sabían pintar y sabían esculpir, y por supuesto sabían pintar de frente, sin embargo, elegían no hacerlo». ¿Por qué?

La teoría de que no sabían usar las sombras: descartada.

En un principio, algunos expertos apuntaban que esa era la forma de pintar los cuerpos porque los egipcios desconocían el uso de las sombras. Sin embargo, al observar cómo maquillaban a las esfinges y perfilaban las narices o los ojos, la teoría se desvaneció: sabían perfectamente utilizar las sombras y la luz, solo que decidían no plasmarlas en sus pinturas.

¿Una cuestión de eternidad?

Algunos expertos apuntan que, de perfil, se marcan mejor algunos rasgos. Esto no es algo meramente superficial o estético, sino que (apuntan) tenía que ver con la propia eternidad. ¿La nariz de perfil? Era necesaria, porque así se mostraba mejor y representaba la respiración. ¿El cuerpo de frente? Contiene los órganos vitales, por lo que debían dibujarse así para mostrarlos todos. 

Era fundamental para que, de esta manera, pudieran caminar con seguridad hacia el Más Allá. Rosa, sin embargo, no está de acuerdo del todo con esta teoría. «Realmente ya preservaban todos sus órganos cuando se momificaban, por lo que a la hora de representarlos pictóricamente no era verdaderamente necesario. Se trata más bien de una cuestión de perspectiva».

Carecían de perspectiva.

El ojo no engaña. Desde el Renacimiento usamos el punto de fuga, lo que significa que si hay que colocar dos objetos (uno más cerca y delante de otro), al segundo lo colocaremos detrás. Esta manera de representación no la tenían los egipcios: «Imaginemos la representación de un cofre que tiene dentro vestidos», cuenta Rosa. «Como dicho cofre no es transparente, los egipcios pintarían todos los objetos que hay dentro arriba del cuadro». Al carecer de perspectiva, el tamaño de las cosas o las figuras no tenía que ver con su cercanía sino con su importancia.

La fruta se coloca una encima de otra en lugar de en perspectiva. (iStock)

La fruta se coloca una encima de otra en lugar de en perspectiva. (iStock)

De esta manera, la persona se dibuja por separado dentro de un todo y dándole determinada importancia a cada parte. «El pecho se muestra de perfil porque así se sabe si el representado es un hombre o una mujer», cuenta Rosa. «La cara, aunque se muestre de perfil, presenta al ojo de frente porque es lo que más define a una cara: un ojo visto en perspectiva no queda muy claro. Pasaba algo parecido con las manos, lo primero que pintaban era el pulgar porque es lo que da la idea de la mano. Así pues, aunque las posturas resultaran imposibles, se veían claras todas las características de la figura». 

Al carecer de una perspectiva real, la persona se dibuja por separado dentro de un todo y dándole determinada importancia a cada parte.

Así, el torso está de frente porque el corazón tiene vital importancia, pero también son fundamentales los ojos y la nariz, y por ello la representación aunque carece de profundidad, inmortaliza de manera un poco homogénea ese mundo del que formaban parte.

Sí, también hay dibujos pornográficos.

Algún egipcio tuvo que haber al que no le gustaba ser gobernado por una mujer. Por lo menos, eso es lo que nos ha quedado para la posteridad. También de perfil, como no podía ser de otra manera, pero en una postura muy particular, se descubrió en el pasado un ‘retrato’ de la bella Hatshepsut y el que fue su hombre de confianza y al que dejó la educación de su hija: el misterioso Senenmut, arquitecto real. 

Algún grafitero de la época no estaba especialmente feliz con la unión y quería burlarse de la reina, así que ni corto ni perezoso los dibujó en una imagen que no deja lugar a la imaginación y que ha llegado hasta nuestros días.

Hatshepsut y Senenmut sin privacidad alguna.

Hatshepsut y Senenmut sin privacidad alguna.

La diferencia marcada por Akenatón.

Además de pintarse siempre de perfil y realizando actividades cotidianas que pueden ir desde recoger trigo (el pueblo llano) a guerreando (los faraones), la representación egipcia como decíamos es bastante homogénea y todas las pinturas son bellas y jóvenes. No solo por una cuestión estética, sino también vital: pocas personas llegaban a una edad muy avanzada.

Una representación de Akenaton y Nefertiti haciendo algo increíble: dando cariño a sus hijas. (Wikimedia commons)

Una representación de Akenatón y Nefertiti haciendo algo increíble: dando cariño a sus hijas. (Wikimedia commons).

Sin embargo, el faraón hereje marcó un punto de inflexión no solo con su vida (es, al fin y al cabo, el primer y único faraón monoteísta) sino también con las representaciones que existen sobre él. El faraón no se contentó solo con abandonar Tebas como capital o dirigir un culto exclusivo a Atón, también revolucionó la pintura que, hasta entonces, había sido bastante normativa. 

El faraón también revolucionó la pintura que, hasta entonces, había sido bastante normativa. Desaparece la idealización y sale bastante desproporcionado.

Akenatón no se hacía representar bello, sino con barriga y un rostro extraño y afeminado, y alejándose de los convencionalismos iconográficos es el primer faraón en representar escenas familiares. Desaparece la idealización. «Rompió con todo, y también cambió el arte», apunta Rosa. «Se seguía pintando de perfil pero con posturas mucho menos rígidas. Por ejemplo, se le representa comiendo, algo antes impensable. Es un arte muchísimo más cercano», también se le puede ver acompañado de su mujer, Nefertiti, y cogiendo a sus hijas en brazos, las cuales se muestran completamente desproporcionadas (hasta el punto de que parecen sufrir algún tipo de malformación). «También el respaldo del sillón que se encontró en la tumba de Tutankamón es diferente. Los pies están bien representados en lugar de pintarse empezando por el pulgar, y parece haber mayor perspectiva. Por supuesto, cuando terminó su reinado se retrocedió de nuevo y se volvió al clasicismo, las figuras volvieron a ser bellas y homogéneas, quizá incluso más elegantes», señala la egiptóloga. Ese punto de inflexión es la demostración de que, en una civilización que vivió durante 3.000 años, hubo lugar para muchos estilos artísticos en los que se buscaba lo mismo que se busca ahora: no ser olvidado.

Imagen de portada: iStock

FUENTE RESPONSABLE: Alma. Corazón, Vida. Por Ada Nuño. Enero 2022

Antiguo Egipto/Sociedad y Cultura/Pintura/

Particularidades/ Investigación.

 

 

Vilató, la exposición de su centenario que te descubrirá al otro genio de los Picasso.

El sobrino de Picasso era un artista multidisciplinar de fama internacional al que ahora se le rinde merecido tributo.

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Hay apellidos que tienen la sombra muy alargada. Este es el caso de Picasso. 

Sin embargo, para entenderlos en su totalidad hay que conocer todo su entorno, sus raíces y comprender cómo eran las relaciones con sus familiares. 

Por eso tiene un especial valor la retrospectiva ‘Vilató, 100 obras para un centenario’, con la que se quiere poner en valor la figura de Javier Vilató, hijo de Lola Ruiz Picasso, hermana del mítico pintor de ‘Las señoritas de Aviñón’, y del neuropsiquiatra Juan Vilató. 

Una figura de fama internacional que ahora hay que seguir reivindicando. Nacido el 11 de noviembre de 1921 y fallecido el 10 de marzo de 2000, tuvo una notable carrera como artista multidisciplinar, y precisamente desde el 11 de noviembre y hasta el próximo 20 de marzo se pueden disfrutar de 70 obras en la Casa Natal de su tío, y otras 30 repartidas simultáneamente entre el Centre Pompidou Málaga (Málaga), Museo del Grabado Español Contemporáneo (Marbella), Museu Picasso (Barcelona) y Sala de Exposiciones del Ayuntamiento de Almoradí (Almoradí, Alicante), donde Vilató tenía una casa.

Vilató, sentado en su taller del 5, rue Lecuirot (París, h. 1960). (V. Rossell. Archivos J. Vilató, París/© Javier Vilató, Vegap, Madrid, 2021)

Vilató tiene un nombre propio que se ganó a pulso y un rol fundamental en la vida de su tío. Ahora es su hijo Xavier, que ha comisariado esta muestra, quien puso en valor esta circunstancia cuando presentó la exposición, al asegurar que entre ambos «un intercambio como artistas y como familiares, que hizo un cóctel muy potente». 

Asimismo, Françoise Gilot, que fue pareja del pintor malagueño, manifestaba que Vilató era «la persona más cercana» al artífice de ‘Guernica’, «que no tenía familia en Francia», según declaraciones recogidas por la agencia EFE.

 «Picasso no volvió a España, pero tenía a alguien que le hablaba de su madre y de cosas cotidianas como lo que le hacían de comer», destacaba Xavier, quien además subrayaba que «se crio mirando los cuadros de su tío, las tablitas que están ahora en el Museo de Picasso de Barcelona las tenían en su casa y sus libros de cuentos de pequeño era todo el Museo de Barcelona».

La influencia sobre Vilató de Picasso fue enorme en todos los sentidos: «Su tío le llevó al taller para que aprendiera a hacer grabados. Era un interlocutor muy válido que le hizo descubrir muchas cosas y hasta el final estuvieron muy juntos». 

Y nadie mejor que el comisario de la exposición de su padre para sintetizar lo que se puede disfrutar en ella y lo que los visitantes van a poder descubrir: «A un chaval que empieza a los 11 años, llega a París en 1939, cambia totalmente su manera de pintar. Está en contacto con su tío y después regresa a España y a una obra figurativa».

Vilató visita la Casa Natal de Picasso. (Gloria Ruedas Chaves/© Javier Vilató, Vegap, Madrid, 2021)

Vilató visita la Casa Natal de Picasso. (Gloria Ruedas Chaves/© Javier Vilató, Vegap, Madrid, 2021)

Aunque Vilató nació en Barcelona, «fue un gran artista, que se sentía muy andaluz, y encontró aquí el alma que había perdido, con su abuela, porque se creció con ella. Y muchas cosas que sabía venían de sus genes andaluces». 

Fue su abuela, María Picasso y López, esencial en la trayectoria de Vilató, pues se trataba de «una persona muy especial, una mujer que leía dos periódicos al día, algo que no era habitual y que era quien tenía el mando de todo en la casa», relató Xavier. «Mi padre decía que quien le enseñó a pensar un cuadro era la abuela. Creo que su inicio como pintor está ahí y sus primeros cuadros eran retratos de ella».

Vilató, en su taller (París, 1978). (V. Rossell. Archivos J. Vilató, París/© Javier Vilató, Vegap, Madrid, 2021).

Vilató, en su taller (París, 1978). (V. Rossell. Archivos J. Vilató, París/© Javier Vilató, Vegap, Madrid, 2021).

Es muy simbólica la Casa Natal en el legado de Picasso, no en vano cuando Xavier la visitó por primera vez con su padre, era «casi lo único que había en Málaga», puesto que no se había abierto el Museo Picasso y otras iniciativas que se habían intentado habían fracasado: «Hay una Málaga antes y después del retorno de Picasso. En ese momento, el único sitio que mantenía la llama muy viva de Picasso era la Casa Natal, que también era la casa del abuelito Pepe -José Ruiz Blasco, padre de Picasso-, mi bisabuelo».

El cuadro que pintó con su tío es una de las la joyas de la corona de la exposición. (Museo Casa Natal Picasso)El cuadro que pintó con su tío es una de las la joyas de la corona de la exposición. (Museo Casa Natal Picasso)

Sin duda, la biografía de Vilató fue apasionante y marcada por los avatares de la historia. 

La visita de su tío, Pablo Picasso, a Barcelona, en el verano de 1933, acompañado por Olga Khokhlova, fue crucial para que su pasión por la pintura creciera exponencialmente. 

La derrota republicana en la Guerra Civil le llevó junto a su hermano, Josep Fin, a los campos de concentración franceses. Ambos serían rescatados por su tío, que fue quien también les abrió las puertas de los círculos artísticos parisinos. 

A su regreso a Barcelona durante la Segunda Guerra Mundial, siguieron con su actividad, sobre todo el grabado. En París vivieron momentos irrepetibles, especialmente de libertad y creatividad. 

Allí conocieron a Rafael Alberti, a la mexicana Frida Kahlo, al cubano Wilfredo Lam… Su tío les llevó al taller de grabado de Roger Lacourtière, donde aprendieron la técnica del aguafuerte… Y también disfrutaron del esplendor de la Costa Azul, donde trabaron contacto con Lee Miller, Roland Penrose o Dora Maar. 

Sin embargo, fue el estallido de la contienda lo que acabó convirtiendo el sueño en pesadilla, ya que tuvieron que regresar a España, donde acabaron pasando unos meses en prisión y tuvieron que cumplir años de servicio militar. Sin embargo, estas vicisitudes no frenaron su carrera ni hicieron que desistieran en su empeño.

Vilató en su taller (París, 1972). (V. Rossell. Archivos J. Vilató, París/© Javier Vilató, Vegap, Madrid, 2021).

Vilató en su taller (París, 1972). (V. Rossell. Archivos J. Vilató, París/© Javier Vilató, Vegap, Madrid, 2021).

La relación con Picasso se hizo más intensa a finales de los 40, cuando Vilató volvió a París. Además, llegaron a pintar un cuadro juntos, algo muy poco común en la trayectoria del malagueño más universal. Se trata de ‘Naturaleza muerta’, está fechado en 1947 y aparece firmado como Javier Vilató y su tío.

 Fue a partir de 1946, una vez instalado en París, cuando su carrera empezó a tener una proyección internacional. No solo tenía talento, es que se manejaba con maestría en todo tipo de técnicas y alternó la pintura con el grabado, la ilustración de libros (brilló sobre la obra de Federico García Lorca) y revistas, la cerámica, la escultura, los murales. Su obra está en colecciones privadas y museos internacionales de enorme prestigio.

Xavier Vilató ha comisariado la exposición de su padre con mucho esmero. (Museo Casa Natal de Picasso)Xavier Vilató ha comisariado la exposición de su padre con mucho esmero. (Museo Casa Natal de Picasso)

Quizás lo que mejor exprese el presente y el futuro de su obra sean las palabras de su propio hijo: «Hace más de veinte años que murió mi padre y cada día veo su obra más presente, más clara, más asequible. Cada pieza del puzle de su trabajo se va colocando tranquilamente en su sitio. Hoy, que se rinden todos estos homenajes a su obra y a su persona, tengo el sentimiento profundo de que cien años para un pintor es como volverse adulto. Al cumplir su primer siglo me atrevería a decir que, sin duda, Vilató tiene un gran porvenir».

La exposición está teniendo un enorme éxito. (Museo Casa Natal de Picasso)

La exposición está teniendo un enorme éxito. (Museo Casa Natal de Picasso).

Imagen de portada: Roger Lacourière, Vilató, Paul Picasso, Pablo Picasso y André Castel (Arles, 1952). (Archivos J. Vilató, París/© Javier Vilató, Vegap, Madrid, 2021).

FUENTE RESPONSABLE: VANITATIS. Life & Style. Por Nasrin Zhiyan (Co-fundadora de Massumeh)

Sociedad y Cultura/España/Arte/Pintura/Homenaje/Javier Vilató

 

La capilla de Glew del Maestro Raúl Soldi.

El columnista y consultor de arte Carlos María Pinasco se sumerge en los detalles de la obra maestra de Raúl Soldi: la capilla de Glew que terminó de pintar hace 45 años.

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Hace cuarenta y cinco años Raúl Soldi (1905-1994) dio la pincelada final a lo que fue su capo lavoro y seguramente la obra más significativa de nuestra plástica. Con el “Nacimiento de Jesús” cierra un ciclo en el que a lo largo de 23 veranos la magia del artista convirtió una modesta capilla del conurbano bonaerense en el pueblo de Glew (hoy en el partido de Almirante Brown) en una catedral de belleza que merece ser admirada y disfrutada por todos.

Consagrada el mismo año del nacimiento de Raúl, 1905, a Santa Ana -madre de la Virgen María- la capilla modesta y luminosa mantenía sus paredes blancas cuando la vio el maestro por primera vez. Era el verano de 1953 y los Soldi -Raúl, su mujer Estela y sus hijos Diego (7) y Daniel (5)- habían alquilado una casita en las afueras del pueblo que por entonces era rural para descansar después de un año laborioso.

Soldi que en ese tiempo vivía básicamente de trabajos de escenografía traía una rigurosa formación pictórica adquirida en la Academia de Brera de Milán que incluyó el dominio de las más diversas técnicas, entre ellas la de la pintura “al fresco”. Traía además la vivencia europea en que los lugares sacros son verdaderos museos en los que distintas generaciones de artistas, muchas veces desde antes del Renacimiento fueron agregando obras hasta cubrir cada centímetro cuadrado disponible.

SOLDI VIVÍA BÁSICAMENTE DE TRABAJOS DE ESCENOGRAFÍA Y TRAÍA UNA RIGUROSA FORMACIÓN PICTÓRICA ADQUIRIDA EN MILÁN.

En las palabras del Maestro: “Las paredes eran todas blancas… fue verlas y decirme ¡caramba!, que lindo sería llenarlas de figuras”.

El párroco, un franciscano de origen checoslovaco se entusiasmó con la idea y gestionó en el Obispado de La Plata el permiso pertinente. Mientras Raúl Soldi hizo un ambicioso plan general, que implicaba cubrir de arte más de doscientos cincuenta metros cuadrados de paredes: los paneles laterales de 6.5 x 3.35 metros, el altar mayor 12.5 por 6 metros, el coro por sobre la puerta de entrada y algunos espacios más.

En la concepción del maestro el conjunto debía narrar la vida de Santa Ana ambientada no en Tierra Santa, sino en el mismísimo pueblo de Glew.

Encaró entonces “Los trabajos domésticos de Santa Ana” un fresco que le tomó tres meses donde un molino de viento, como los de nuestra pampa referencia la alteración geográfica. Su amigo Manuel Mujica Láinez escribió un elogioso artículo que difundió la iniciativa, generando amplio interés.

El verano siguiente Soldi vuelve a Glew y pinta “La reconciliación de San Joaquín y Santa Ana” episodio en el que la santa le comunica a su marido que se encuentra embarazada de la Virgen.

«NACIMIENTO DE JESÚS» (DETALLE), POR RAÚL SOLDI

Durante los meses estivales de 1955 encara “El nacimiento de María” donde Ana presenta su hija a sus amigas en una escenografía que refiere al entorno de la capilla.

Mientras sus inviernos lo encuentran cada vez más empeñado con obras importantes en Buenos Aires (la galería Santa Fe entre otras) verano tras verano Soldi retorna a Glew para la realización de los nuevos frescos.

“La infancia de María” es de la época en que el artista ya es Académico de Bellas Artes y en Witcomb presenta una retrospectiva de más de 100 obras.

Compromisos en el exterior, exposiciones en todo el país, escenografías para el Teatro Colón y distintas películas, ilustraciones para libros, etc. recortan sus añorados veraneos dedicados a su capo-lavoro. Habían pasado nueve años desde el inicio de conjunto (que originalmente concibió terminaría en solo tres veranos) y Soldi encara la obra del coro. Dedicada a Santa Cecilia, patrona de la música, este fresco le toma dos veranos. La santa toca el órgano rodeada de 16 coreutas en medio de un paisaje donde el entorno exterior de la capilla es fácilmente reconocible.

En 1964 pinta “La presentación en el templo” y luego “La glorificación de Santa Ana” en el altar mayor.

LA GLORIFICACIÓN DE SANTA ANA, POR RAÚL SOLDI

La notoriedad del maestro para ese tiempo ya es indiscutida. La Ciudad de Buenos Aires le encarga la realización de pintura de la cúpula del Teatro Colón y Glew queda cada vez más relegado. Es sin embargo una asignatura pendiente: un compromiso consigo mismo por el que nunca pidió nada. El anecdotario recuerda que, como toda paga, el párroco Jerónimo (el checo) le regalaba a la finalización de cada uno de los murales una gallina y una docena de huevos…

 Pasan los años pero Soldi vuelve…

En 1976, cuarenta y cinco años atrás y después de 23 veranos Soldi finaliza “El nacimiento de Jesús”, que al igual que en “Los esponsales de María y José” (pintada poco antes) cambia la técnica. Ambas obras son al óleo sobre lienzo y se encuentran adheridas a sendas paredes.

Queda así concluida la maravillosa obra, que nadie debiera dejar de admirar.

Imagen de portada: Gentileza de mdz on line

FUENTE RESPONSABLE: MDZ Online.Cultura.Maravillas para descubrir. Por Carlos María Pinasco, consultor de arte.

Sociedad y Cultura/Argentina/Arte/Pintura/El Nacimiento de Jesus/ Raul Soldi/ Homenaje 

El pleito legal entre Frida Kahlo Corporation y la familia de la pintora por los derechos de marca.

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Los familiares de Frida Kahlo negaron que un juez de la Ciudad de México haya concedido a una compañía privada los derechos de marca, nombre e imagen de la artista.

Se abre un nuevo episodio en el conflicto por la vida y obra de la expareja de Diego Rivera.

Frida Kahlo Corporation, empresa fundada en Panamá y dirigida por el venezolano Carlos Dorado, afirmó la semana pasada haber ganado un litigio ante los tribunales mexicanos y se declaró propietaria exclusiva de la marca Frida Kahlo en el mundo.

Sin embargo, esta versión ha sido desmentida por los familiares de la pintora, quienes sostienen que dichas afirmaciones «son falsas».

«La resolución judicial a la que se hace referencia corresponde a un fallo estrictamente de naturaleza procesal y que no afecta, en absoluto, al conjunto de los litigios que mantiene la familia sobre la titularidad de las marcas», advirtió la familia Kahlo en un comunicado enviado a medios de comunicación.

Los herederos de la artista aseguran que Carlos Dorado está explotando la marca de manera «ilícita y ventajosa, prevaliéndose de una ilegal apropiación de la compañía Frida Kahlo Corporation».

Frida es una de las artistas plásticas más valoradas de México y el mundo. El pasado 17 de noviembre, uno de sus autorretratos, Diego y yo (1949), fue subastado a un precio récord: 34,9 millones de dólares.

Lo anterior, según la casa de subastas Sotheby’s, coloca a Frida Kahlo en medio de «los grandes titanes de la historia del arte». De hecho, el precio que pagaron por Diego y yo (1949) cuadriplicó el anterior máximo histórico de la propia pintora mexicana, que fue de 8 millones de dólares en 2016.

El récord alcanzado sorprendió al mercado internacional del arte, que desde siempre ha valorado el trabajo de la artista nacida en Coyoacán, uno de los barrios más emblemáticos de la Ciudad de México, donde también vivió León Trotsky con su esposa Natalia Sedova.

Desde hace muchos años, el rostro, el nombre y las obras de Frida Kahlo se venden en prácticamente cualquier objeto imaginable: playeras, sudaderas, gorras, tazas, plumas, estampas, cuadros, tatuajes… Por ello, la pelea por los derechos de su imagen ha sido ardua.

En ese sentido, los familiares de la artista acusan que el empresario Carlos Dorado carece de capacidad legal alguna para gestionar los derechos de Frida Kahlo Corporation, al estar legalmente inhibido del uso de la firma social.

«La familia de Frida Kahlo ya ha instado las acciones legales pertinentes ante la jurisdicción competente para promover una inmediata disolución judicial de la compañía Frida Kahlo Corporation, lo que podría generar importantes perjuicios a quienes, guiados por su buena fe, mantengan relaciones de cualquier género con esta o el Sr. Dorado», advirtieron los familiares.

Imagen de portada: Gentileza de Facebook

FUENTE RESPONSABLE: SPUTNIK Mundo. Diciembre 2021

América Latina/Sociedad y Cultura/Pintura/Frida Kalo/México

La historia de Françoise Gilot: mucho más que «la única mujer que sobrevivió a Picasso».

Una muestra en Francia y otra en Hong Kong celebran la obra de Françoise Gilot, descollante pintora francesa, cada vez más valorada, que acaba de cumplir los 100 años. 

Hace unos meses, uno de sus cuadros se vendió por 1.3 millones de dólares, superando con creces las expectativas de Sotheby’s, casa de subastas que preveía sacar -a lo sumo- 200 mil billetes por Paloma à la Guitare. 

Un cuadro precioso, de 1965, en el que Françoise Gilot retrató a su hija tocando serenamente la guitarra en una atmósfera cargada de intensidad amén de vibrantes tonos azules, coronada por un toque exótico: una insólita corona de plumas. Hoy, esa misma hija -Paloma Picasso, famosa diseñadora, perfumista y actriz- confiesa que su mamá no estaba saltando en una pata por la guita “por la simple razón de que no es así como mide su autoestima”.

Mantenerse fiel a sí misma es lo que siempre ha interesado a Gilot, pintora prolífica (al menos 1.600 cuadros y 3.600 dibujos en papel), inclasificable (se ha movido con total libertad entre la figuración y la abstracción), ducha en tratar tópicos como la naturaleza, la mitología griega, las puertas, los ritmos de la danza, los amores… 

A veces con calidez -como en Intimacy, del ’56-; otras, haciendo gala de su aguda ironía -por ejemplo, Adam Forcing Eve to Eat an Apple, del ’46-.

Paloma à la Guitare

Con 100 años recién cumplidos, la vivaz Gilot es incapaz de soltar el pincel, a la par que permanece bastante indiferente a su tardía consagración, habiendo sido más conocida durante décadas como “musa de Pablo Picasso”, una nota al pie en la mitología del genio cubista, que por su propia producción artística. 

Una obra rica, plena de simbología, que estos últimos años ha recibido merecido reconocimiento. A punto tal que, por estos días, dos muestras en solitario ponen en valor sus pinturas y dibujos; una, en la sede de Christie’s de Hong Kong titulada Françoise Gilot: A Celebration; la otra, en Francia, en el Museo Estrine de Saint-Rémy-de-Provence, bautizada Les années Françaises.

Gilot

“El objetivo del arte no es agradar, es intentar encontrar la verdad sobre algo”, sostiene ella, que nació en Neuilly-sur-Seine, suburbio parisino, en 1921. 

Hija única, su padre Émile era un tipo pragmático, con buen ojo para los negocios, que amasó fortuna como agrónomo. Esperaba que Françoise se volcara a las ciencias, puntualmente a la Física, pero acordaron que estudiaría leyes. 

Y así lo hizo, por un tiempo, hasta que la Ocupación Alemana le dio la excusa perfecta para pausar definitivamente la cursada (vale mentar que por dejar flores en la Tumba del Soldado Desconocido fue señalada como agitadora política, vigilada de cerca por la cana). 

Decidió perseguir entonces su vocación temprana, la pintura, animados sus primeros trazos por su madre, Madeleine, que le había enseñado de pequeña cómo dominar las acuarelas y la tinta china. 

“Antes de adquirir conocimiento intelectual, ya tenía conocimiento intuitivo”, diría décadas más tarde sobre sus años mozos, cuando miraba con ojos nuevos las formas y los colores del mundo. 

Independiente y decidida, no le importó que su viejo le cortara los víveres cuando mudó de estudios. Se fue a vivir con su abuela, dio lecciones de equitación para bancarse, y pintó, pintó muchísimo.

My Mother and Myself, 1949

A los 21, ya estaba labrando un nombre en el mundillo de las artes. La noche que conoció a Picasso en el bistró Le Catalan, de hecho, ella festejaba una de sus primeras exposiciones. 

La escena, tantas veces contada, involucra un tazón de cerezas: tentadora fruta que el malagueño obsequió a la desconocida a modo de flirteo. 

Surtió el efecto pretendido: a los pocos días Gilot visitaba su atelier y, al cabo de unos años, convivían. Él, por cierto, era 40 años mayor. Pero según ella ha aclarado una y otra vez “había razones para admirarnos mutuamente”. 

Françoise siempre le ha rehuido a la imagen de cándida y sumisa muchachita que termina en la boca del lobo: era perfectamente consciente del carácter desmesurado de Picasso. “También es cierto -ha dicho- que la mayoría de los hombres que conocía estaban en la Resistencia, y yo ya quería romper ‘la barrera de la virginidad’”.

¿Le admiraba? Por supuesto, pero no más que a Matisse o Braque. 

En su bestseller Mi vida con Picasso, de 1964, define la relación como pasional e intelectual, pero no necesariamente sentimental. “Él podía ser muy cruel, sádico con los demás, también consigo mismo”, escribe, y comparte ciertas excentricidades del cubista: es supersticioso, tiene miedo de volar, ¡terror! de que le corten el pelo. 

Muchas de sus rabietas son infantiles. Cuando ella queda embarazada de Claude, su primer hijo, le dice que no vea a un médico porque puede ser “de mala suerte”; en cambio la manda a analizarse con Lacan. 

Hay sombras, sí, pero también algunas luces: haber sido testigo de las exploraciones de Pablo mientras vivían en Vallauris, por ejemplo, verlo probar una nueva técnica de litografía, crear esmaltes especiales para su cerámica, hacer esculturas con coches de juguete y chatarra…

Intimacy, 1956

Al cabo de 10 años, Gilot lo abandona, y se gana el mote con el que, a la fecha, siguen titulandose artículos sobre su vida: “La única mujer que sobrevivió a Picasso”. 

Un recurso remanido que le baja el precio a su obra, además de desenfocar el resto de su historia, bien movida. 

Cómo deja París para instalarse un tiempo en Londres, luego en Nueva York, con Claude y Paloma. Cómo trabaja los grabados al aguatinta. Su abordaje de la técnica del monotipo. 

Su trabajo como vestuarista. Ganar distinciones, exponer por el mundo. Su colección de poemas The Fugitive Eye. Sus viajes a Venecia, Senegal y la India, y las ilustraciones que esas travesías inspiran. 

Sus aguafuertes. Casarse no una sino dos veces (tener más hijos), la última con el virólogo Jonas Salk, inventor de la vacuna contra la poliomielitis, a quien le deja claro que solo acepta el matrimonio si conviven seis meses al año; fórmula que, por cierto, les sale pipa. 

Y siguen los hitos de una mujer inquieta, curiosa, de la que Paloma dice admirar “el sentido del humor, la sabiduría, la creatividad en todo lo que emprende”. Sobran los motivos.  

Imagen de portada: Gentileza de Página 12

FUENTE RESPONSABLE: Página 12. Cultura. Francoise Gilot. Por Guadalupe Trebel. Diciembre 2021

Sociedad y Cultura/Arte/Pintura/La musa de Picasso/Francoise Gilot