Diciembre llega con el paso de un cometa, dos lluvias de estrellas y un eclipse solar.

El paso del cometa Leonard, el eclipse total de Sol y más: aquí los fenómenos astronómicos imperdibles en el cielo nocturno de diciembre.

El final de 2021 está a la vuelta de la esquina y las noches de diciembre traerán consigo algunos de los fenómenos astronómicos más esperados del año:

Eclipse total de Sol (4 de diciembre)

Solar eclipse

Foto: Getty Images

2021 cierra con uno de los fenómenos astronómicos más portentosos del cielo nocturno, motivo de angustia en distintas culturas antiguas que atribuían el oscurecimiento súbito de los cielos a una serie de presagios funestos: un eclipse total de Sol.

El eclipse solar del 4 de diciembre provocará una oscuridad total durante 1 minuto y 54 segundos; sin embargo, sólo será visible en la Antártida y las zonas más australes del mundo de África, América y Oceanía. 

El extremo sur de Argentina (especialmente Ushuaia y Puerto Argentino), Chile (Puerto Williams) Nueva Zelanda y Sudáfrica (Ciudad del Cabo) serán las ciudades donde se podrá observar un oscurecimiento casi total del día durante el paso de la Luna entre la Tierra y el Sol.

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Cometa Leonard (12 de diciembre)

C/2020 F3 (NEOWISE), or Comet NEOWISE, is a retrograde comet with a near-parabolic orbit discovered on March 27, 2020. Taken in Antequera, Málaga. Andalusia. South of Spain.

C/2020 F3 (NEOWISE) desde Andalucía, España. Foto: Getty Images

En una coincidencia única en una vida humana, diciembre de 2021 será testigo del paso del cometa C/2021 A1 (Leonard) a través de los planetas interiores del Sistema Solar, un visitante lejano descubierto en enero de este año cuya órbita se extiende más allá de Neptuno y cuya próxima aproximación a nuestro planeta ocurrirá dentro de 80 mil años.

Aunque Leonard alcanzará el perihelio (el punto de su órbita más cercano al Sol) el 3 de enero de 2022, el mejor momento para observar desde la Tierra serán los primeros doce días de diciembre, justo antes del amanecer hacia el noreste. 

Y aunque todo parece indicar que será visible a simple vista en condiciones ideales, utilizar binoculares permitirá observar más a detalle su coma (una nube de polvo y gas que rodea al núcleo y crece conforme se acercan al Sol) y su larga cola, que se extiende por millones de kilómetros.

El máximo acercamiento de Leonard con nuestro planeta ocurrirá el próximo 12 de diciembre de 2021 a las 07:54 (tiempo del centro de México), cuando el cometa se encuentre a 34.9 millones de kilómetros de la Tierra.

Lluvia de estrellas Gemínidas (13 y 14 de diciembre)

A view of a Meteor Shower and the Milky Way with a mountain top in the foreground. Night sky nature summer landscape. Perseid Meteor Shower observation. Rtanj mountain in Serbia.

Foto: Getty Images

Cada diciembre, la Tierra atraviesa una densa nube de polvo y partículas dejadas a su paso por el asteroide (3200) Phaethon, el que más cerca pasa de nuestro Sol. Cuando los escombros cósmicos del asteroide entran en contacto con la atmósfera se producen las Gemínidas, la lluvia de estrellas más intensa del año y uno de los fenómenos astronómicos más atractivos de 2021.

En 2021, las Gemínidas alcanzarán su pico de actividad máxima las noches del 13 y 14 de diciembre, cuando será posible observar más de 120 meteoros por hora en condiciones ideales. 

Y aunque la Luna creciente alcanzará un 80 % de visibilidad y podría complicar la observación de esta lluvia de estrellas, el mejor momento para disfrutar de los bólidos (que van del azul eléctrico a un amarillo o verde encendido será a partir de las 02:26 (GMT-6), una vez que nuestro satélite natural se oculte por el horizonte y la constelación de Géminis se mantenga en lo más alto de la bóveda celeste.

Lluvia de estrellas Úrsidas (22 de diciembre)

Night scene with starry sky and meteorite trail over forest. Long exposure shoot

Foto: Getty Images

La noche del 22 de diciembre será el mejor momento para observar la última lluvia de estrellas del año, las Úrsidas.

Aunque no se consideran una lluvia de estrellas mayor debido a la baja cantidad de meteoros en su punto de actividad máxima (12 meteoros por hora en cielos ideales), su actividad puede aumentar de forma imprevisible y en condiciones extraordinarias, provocar cientos de meteoros por hora.

Como su nombre lo dice, el radiante de las Úrsidas (el punto en el cielo nocturno donde parecen originarse la mayoría de meteoros) se encuentra en la constelación de la Osa Menor; sin embargo, los meteoros pueden aparecer en cualquier dirección del cielo nocturno.

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C/2021 Leonard, el cometa que ‘rozará’ la Tierra y podrá verse a simple vista a finales de este año

Imagen de portada: Gentileza de GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC en Español. Por Alejandro López. Diciembre 2021.

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¿Meteorito es igual a extinción? Puede que no dependa del tamaño, sino de un mineral.

Ciencia

Un estudio sobre los efectos de estos cataclismos apunta al feldespato potásico como protagonista en los procesos de extinción ocasionados por meteoritos.

Desde que en 1981 se publicó la teoría que explica cómo desaparecieron los dinosaurios, la humanidad tiene tan claro el peligro que representan los meteoritos que la NASA ensaya estos días si puede desviarlos, pero no siempre un asteroide provoca una extinción, ni siquiera depende de lo grande que sea. Puede que la clave esté en el suelo contra el que choca.

La Sociedad Geológica de Londres, la más antigua del mundo en su disciplina, publica este mes en su revista un trabajo de dos investigadores del Instituto Volcanológico de Canarias (Matthew James Pankhurst y Beverley Claire Coldwell) y uno de la Universidad de Liverpool (Christopher Stevenson) sobre el papel que juega un mineral en concreto, el feldespato potásico (Kfr), en los procesos de extinción ocasionados por meteoritos en el pasado de la Tierra.

Los autores recuerdan que, por el momento, solo hay dos impactos de meteoritos contra la Tierra a los que con carácter general la ciencia reconoce el hecho de haber desencadenado extinciones masivas en los últimos 600 millones de años: el de Chicxulub, en México, al que se atribuye la gran extinción del Cretácico, ocurrida hace 66 millones de años, y el de Acraman, Australia, hace 580 millones de años.

El más reciente de esos dos cataclismos dejó un cráter en la península de Yucatán de 85 kilómetros de diámetro, mientras que el anterior, en las montañas australianas, formó otro de 51 kilómetros.

«Eso ha creado la impresión de que si un tipo específico de impacto de meteorito puede provocar cambios a escala global, se requiere que tenga un tamaño extremo», señalan los investigadores, porque el mecanismo de extinción que activa esos fenómenos es el del «invierno del impacto», el periodo en el que la enorme cantidad de polvo proyectada por el choque bloquea la luz del sol, detiene la fotosíntesis de las plantas y cambia el clima del planeta.

Sin embargo, apuntan, si eso fuera así, tendría que haber una correlación casi inmediata en términos geológicos entre el choque del meteorito y la extinción masiva de seres vivos, porque los inviernos postimpacto son fenómenos pasajeros que duran generalmente menos de un año, aunque la capa de escombros dispersados por todo el planeta pueda perdurar muchos siglos.

No es el tamaño del asteroide

Este estudio analiza 33 impactos de meteoritos contra la Tierra ocurridos en tiempos en los que esta ya albergaba vida, incluidos los once a los que, con mayor o menor aceptación, se les atribuye el haber puesto en marcha procesos de extinción masiva en el planeta.

Y su conclusión muestra que no es el tamaño del asteroide lo que determinó que su choque contra el planeta diera lugar a una extinción. De hecho, han encontrado que algunos impactos de meteoritos enormes coincidieron en momentos relativamente estables para la vida, entre ellos el cuarto en tamaño en todo el registro geológico: el que formó hace 215 millones de años el lago Manicouagan, en Canadá, con 48 kilómetros de diámetro.

En cambio, impactos más pequeños aparecen en el registro geológico en momentos en los que se aprecia un vuelco ecológico en el planeta.

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Imagen de la Luna

Kamo’oalewa podría ser un fragmento perdido de la Luna

Abundancia de feldespato

Estos tres investigadores destacan que hay un elemento que se repite en todos los impactos asociados a procesos de extinción masiva en los últimos 600 millones de años: en las capas de polvo que depositaron abunda el feldespato potásico, un mineral inofensivo por lo general, pero que suspendido en la atmósfera, donde es raro encontrarlo en condiciones normales, cambia las propiedades de las nubes: reduce la proporción de radiación solar que reflejan, lo que a su vez calienta el clima y potencia el efecto invernadero.

Y esa constatación les lleva a proponer como modelo que son los meteoritos que impactan contra suelos ricos en feldespato potásico los que tienen capacidad de desestabilizar el clima a escala global, cambiar las condiciones para la vida en la Tierra y activar procesos de extinción masivos.

Imagen de portada: Gentileza de EP Nebulosa Planetaria

FUENTE RESPONSABLE: Europa Press. Noviembre 2021

Astronomía/Ciencia/Meteoritos/Extinciones/Planeta Tierra

Astrónomos identifican los sistemas estelares donde extraterrestres podrían estar observando la Tierra.

CIENCIA Y ECOLOGÍA

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Al igual que desde la Tierra buscamos indicios de vida en exoplanetas, nuestro planeta también ha podido haber suscitado la curiosidad de 1.715 sistemas estelares cercanos.

Los astrónomos tomaron una técnica utilizada para buscar vida en otros planetas y le dieron la vuelta: en lugar de buscar lo que hay ahí fuera, trataron de ver qué lugares podrían vernos a nosotros. 

Los astrónomos calcularon que 1.715 estrellas de nuestro vecindario galáctico –y cientos de probables planetas similares a la Tierra que giran alrededor de esas estrellas– han tenido una vista sin obstáculos de la Tierra durante la civilización humana, según un estudio publicado en la revista Nature.

«Cuando miro al cielo, parece un poco más amigable porque es como si alguien estuviera saludando», dijo la autora principal del estudio, Lisa Kaltenegger, directora del Instituto Carl Sagan de la Universidad de Cornell. 

«Esconderse no es realmente una opción»

Aunque algunos expertos, como el difunto Stephen Hawking, advierten que no hay que acercarse a los extraterrestres porque podrían perjudicarnos, Kaltenegger dijo que no importa. Si esos planetas tienen vida avanzada, alguien ahí fuera podría llegar a la conclusión de que hay vida aquí basándose en el oxígeno de nuestra atmósfera, o por las ondas de radio de fuentes humanas que han barrido 75 de las estrellas más cercanas de su lista. «Esconderse no es realmente una opción», dijo.

Una de las formas en que los humanos buscan planetas potencialmente habitables es observándolos cuando cruzan por delante de la estrella que orbitan, lo que atenúa ligeramente la luz de las estrellas. Kaltenegger y la astrofísica Jacqueline Faherty, del Museo Americano de Historia Natural, utilizaron el telescopio espacial Gaia de la Agencia Espacial Europea para darle la vuelta a eso, buscando qué sistemas estelares podrían observar a la Tierra cuando pasa por delante del Sol.

Las investigadoras identificaron, a una pequeña distancia cósmica de 326 años luz, esos 1.715 sistemas estelares a los que se añadirán 319 más en los próximos 5.000 años.

«Nosotros somos los extraterrestres»

«Desde el punto de vista de los exoplanetas, nosotros somos los extraterrestres», dijo Kaltenegger, y los sistemas estelares identificados por el estudio «tienen un asiento cósmico de primera fila para ver si la Tierra alberga vida».  

El equipo quería saber qué estrellas tienen la perspectiva adecuada para ver la Tierra, pues el vecindario solar es un lugar dinámico donde estas entran y salen del lugar preciso.  

La Zona de Tránsito Terrestre

De los sistemas estelares que han pasado por la Zona de Tránsito Terrestre durante el periodo de 10.000 años examinado, 117 objetos se encuentran a menos de 100 años luz del sol y 75 de ellos han estado en el buen lugar desde que las estaciones de radio comerciales de la Tierra comenzaron a emitir al espacio hace aproximadamente un siglo.

Siete sistemas estelares albergan exoplanetas

Del total de 2.034 sistemas estelares hay siete que se sabe que albergan exoplanetas, los cuales han tenido o tendrán la oportunidad de detectar la Tierra. 

El sistema Ross 128, con una estrella enana roja situada en la constelación de Virgo, está situado a unos 11 años luz y es el segundo sistema más cercano con un exoplaneta del tamaño de la Tierra. 

De existir, los habitantes de ese exomundo podrían haber visto a la Tierra transitar por el Sol durante 2.158 años, comenzando hace unos 3.057 años, aunque perdieron su punto de vista hace unos 900 años. 

El sistema Trappist-1, a 45 años luz, alberga cuatro planetas que están en la zona habitable de su estrella, pero no podrán detectarnos hasta dentro 1.642 años y lo harán durante 2.371 años. 

«Nuestro análisis muestra que incluso las estrellas más cercanas suelen pasar más de 1.000 años en un punto de vista en el que pueden ver el tránsito de la Tierra», indicó Kaltenegger.  

Desde la Tierra hay iniciativas en marcha y futuras para estudiar los exoplanetas cercanos, como el próximo lanzamiento del telescopio espacial James Webb y «uno podría imaginar» que esos mundos tienen planes similares, imaginó Faherty. 

«Este catálogo –consideró– es un intrigante experimento mental por el que uno de nuestros vecinos podría encontrarnos».

Imagen de portada: Ilustración de la Zona de Tránsito Terrestre.

FUENTE RESPONSABLE: DW Made for minds.FEW (EFE, AP)

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La NASA lanzó una nave espacial para desviar un asteroide de su curso.

Se trata de un ensayo para estar «preparados» en caso de que la humanidad necesite en alguna ocasión impedir que una roca espacial gigante choque contra la Tierra. 

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La nave partirá este miércoles a las 3 de la mañana de Argentina desde la Base de la Fuerza Espacial Vandenberg, en California.. Imagen: AFP

La NASA lanzó este martes por la noche una misión para estrellar deliberadamente una nave espacial contra un asteroide en el marco de un ensayo para estar «preparados» en caso de que la humanidad necesite un día impedir que una roca espacial gigante choque con la Tierra. 

Puede sonar a ciencia ficción, pero el DART (Double Asteroid Redirection Test) es un experimento real. Retransmitido en directo por la televisión de la NASA, el aparato despegó a las 22 locales del martes, las 3 de la madrugada en Argentina, a bordo de un cohete SpaceX desde la Base de la Fuerza Espacial Vandenberg en California. 

Su objetivo es Dimorphos, una «luna» de unos 160 metros de ancho, que rodea a un asteroide mucho mayor llamado Didymos (780 metros de diámetro). Juntos, forman un sistema que orbita en torno del Sol.

«Asteroide Dimorfos, ¡vamos a por ti!», tuiteó la NASA después del lanzamiento. Más tarde indicó que el DART se había separado con éxito de la segunda parte del cohete.

«Hemos recibido nuestras primeras señales de #DARK Mission, que continuará desplegando sus paneles solares en las próximas horas y se preparará para su viaje de ida y vuelta de 10 meses al asteroide», agregó la agencia espacial.

El impacto debería producirse en el otoño boreal de 2022, cuando el par de rocas se encuentren a 11 millones de kilómetros de la Tierra, el punto más cercano al que pueden llegar.

«Lo que estamos tratando de aprender es cómo desviar una amenaza», dijo el principal científico de la NASA, Thomas Zuburchen, sobre el proyecto de 330 millones de dólares y el primero de este tip

Asimismo, los especialistas aclararon que este experimento no supone ninguna amenaza para nuestro planeta. Incluso explicaron que hay asteroides que pertenecen a una clase de cuerpos conocidos como Objetos Cercanos a la Tierra y pueden acercarse a menos de 50 millones de kilómetros.

La atención de la Oficina de Coordinación de la Defensa Planetaria de la NASA está puesta sobre los cuerpos que tienen un tamaño superior a los 140 metros, puesto que éstos tienen el potencial de arrasar ciudades o regiones enteras con una energía varias veces superior a la de las bombas nucleares normales.

Hasta el momento, se conocen 10.000 asteroides cercanos a la Tierra de un tamaño de 140 metros o más, pero ninguno tiene una posibilidad significativa de impactar en los próximos 100 años. Sin embargo, se estima que hasta la fecha sólo se ha encontrado un 40 por ciento de esos cuerpos.

El impacto

La sonda DART (dardo), que es una caja con el volumen de una heladera grande y paneles solares del tamaño de una limusina a cada lado, se estrellará contra Dimorfos a algo más de 24.000 kilómetros por hora, lo que provocará un pequeño cambio en el movimiento del asteroide.

Su órbita nunca se cruza con nuestro planeta, lo que proporciona una forma segura de medir el efecto del impacto, que está previsto que se produzca entre el 26 de septiembre y el 1 de octubre de 2022.

Existe cierta incertidumbre sobre la cantidad de energía que se transferirá con el impacto, ya que se desconoce la composición interna y la porosidad de la pequeña luna. Cuantos más desechos se generen, más empuje recibirá Dimorphus.

«Cada vez que vamos a un asteroide, nos encontramos cosas que no esperábamos», dijo Rivkin.

La nave espacial DART también contiene sofisticados instrumentos de navegación y obtención de imágenes, entre ellos el CubeSat de la Agencia Espacial Italiana, que observará el choque y sus efectos posteriores.

La trayectoria de Didymos también podría verse ligeramente afectada, pero no alteraría significativamente su curso ni pondría en peligro a la Tierra, según los científicos.

Imagen de portada: Gentileza de AFP

FUENTE RESPONSABLE: Página 12 

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Descubren cuándo se produjo el giro hacia la Tierra habitable.

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Los investigadores desarrollaron una técnica especial para el análisis de genes, combinando los métodos del reloj molecular, basado en el ritmo del cambio evolutivo, y la información sobre la transferencia genética horizontal.

Los científicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), en EE.UU., descubrieron que las cianobacterias, responsables de producir oxígeno, generar y mantener toda la existencia actual del planeta, aparecieron en la Tierra hace aproximadamente 2.900 millones de años, creando las condiciones necesarias para que esta se volviera habitable, según un estudio publicado este miércoles en la revista Proceedings of the Royal Society B.

Las estimaciones sobre cuándo las cianobacterias adquirieron la capacidad de producir oxígeno a través de la fotosíntesis varían, por lo tanto, para establecer el momento de este acontecimiento con mayor precisión los investigadores desarrollaron una técnica especial para el análisis de genes, combinando los métodos del reloj molecular, basado en el ritmo del cambio evolutivo, y la información sobre la transferencia genética horizontal. 

A continuación, los especialistas identificaron 34 casos de transferencia horizontal de genes en cianobacterias, de los cuales solo uno coincidió con las edades establecidas en el análisis. Así, encontraron que los antepasados de las cianobacterias se ramificaron de otras bacterias hace unos 3.400 millones de años y que todas las especies existentes con fotosíntesis oxigénica, surgieron hace unos 2.900 millones de años.

Los resultados sugieren que la producción de oxígeno por parte de las cianobacterias comenzó 500 millones de años antes de la Gran Oxidación, la saturación repentina de la atmósfera con oxígeno y su transformación radical. Pero poco antes, hace unos 2.400 millones de años, las cianobacterias experimentaron un estallido de diversificación.

Por ello, el número de especies de cianobacterias había aumentado considerablemente, lo que, según destacan los investigadores, podría haber dirigido la Tierra hacia el periodo de la Gran Oxidación, arrojando oxígeno a la atmósfera.

Imagen de portada: Gentileza de NASA/REUTERS

FUENTE RESPONSABLE: RT en vivo

¿El sur pronto será el norte? Se acelera el cambio de polos magnéticos de la Tierra.

El más reciente sucedió hace 780 mil años, por lo que algunos científicos creen que vamos tarde para otro cambio.

Durante los últimos 200 años se ha debilitado y desplazado el polo norte magnético, sin embargo, en las últimas décadas ese desplazamiento se ha ido acelerando alcanzando una velocidad de hasta 48 kilómetros por año. Esto deja una cosa clara, algo extraño le está sucediendo al campo magnético de la Tierra.

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Tenemos evidencia de que nuestro campo magnético existe desde hace al menos 4 mil millones de años y de que los polos de la Tierra se han invertido varias veces. Solo durante los últimos 2.6 millones de años el campo cambió al menos 10 veces; el más reciente sucedió hace 780 mil años, por lo que algunos científicos creen que vamos tarde para otro cambio.

El campo magnético de la Tierra es generado por medio del hierro fundido en el núcleo del planeta, a 2 mil 896 kilómetros debajo de nuestros pies. Este líquido genera una serie de corrientes eléctricas y estas a su vez producen nuestro campo.

Según la revista Astronomy, los científicos que están estudiando estos cambios siguen sin estar seguros de las consecuencias exactas de la reversión, pero saben que pueden llegar a ser graves.

De los grandes afectados podrían ser una serie de especies de animales como: las ballenas, los peces y las aves, ya que todos estos utilizan el campo electromagnético de la Tierra para navegar durante su período migratorio.

Por otra parte, muchos geólogos señalan que las extinciones masivas parecen estar relacionadas con los períodos que conducen a una inversión en los polos.

El efecto directo en el ser humano podría ser leve, pero tendría un efecto contrario para la tecnología y es que los satélites artificiales que usamos para navegar, telecomunicaciones, previsiones meteorológicas, entre otras muchas cosas, se podrían ver seriamente afectados sin la protección que otorgan los campos electromagnéticos.

“Independientemente, la gravedad de una inversión magnética dependerá de cuánto tiempo tarde en completarse la inversión. Si cambia lentamente durante muchos miles de años , es posible que las criaturas migratorias, y también la humanidad, puedan adaptarse. Mientras tanto, tenemos mucho que aprender sobre lo que está sucediendo en las profundidades de nuestro planeta.” concluyen las investigaciones.

Imagen de portada: Gentileza de El Financiero

FUENTE: El Financiero

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