La oscura receta cósmica que hizo posible el universo.

EL INICIO DEL UNIVERSO

Avi Loeb explica los tres grandes factores que hicieron posible la creación del universo y la existencia misma de la humanidad.

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A pesar de lo que se puede leer en los libros de historia sobre los últimos diez mil años de la civilización humana, la realidad es que debemos nuestra existencia a tres héroes anónimos en el amanecer del universo, un millón de veces más atrás en el tiempo. 

Sin la materia oscura nosotros no existiríamos porque no se hubieran formado ni estrellas ni planetas, el carbono o el oxígeno no se habría producido y no sería posible la química de la vida tal y como la conocemos. 

El primero y más importante es la materia oscura. Desde que Fritz Zwicky se dio cuenta en 1933 de que la mayor parte de la materia del universo no interactúa con la luz, aprendimos que esta cualidad permitía a la materia oscura mantener la heterogeneidad fósil que sobrevivió al universo primitivo. Al principio la materia ordinaria se acopló a la luz y sus heterogeneidad primordial (de la observada naturaleza «adiabática«) fueron amortiguadas 400.000 años después del Big Bang por la difusión de la luz en la escala masiva de las galaxias. 

Sin la materia oscura, las galaxias como la Vía Láctea nunca se habrían formado porque las perturbaciones primordiales que las sembraron se habrían amortiguado. La materia oscura mantuvo la memoria de la heterogeneidad de esas semillas y les permitió crecer hasta convertirse en galaxias porque la materia oscura no fue influenciada por la luz. Sin la materia oscura, las semillas primordiales se habrían eliminado y no habrían florecido en galaxias como la Vía Láctea. Nosotros no existiríamos porque no se hubieran formado ni estrellas ni planetas, el carbono o el oxígeno no se habría producido y no sería posible la química de la vida tal y como la conocemos. ¿Qué es la materia oscura? Todavía no lo sabemos. La materia oscura parece una salvavidas anónima que hizo posible nuestra existencia pero a la que no podemos expresar nuestra gratitud hasta que nuestros sensores en el laboratorio o los telescopios revelen su identidad. Avergüenza que no hayamos descubierto todavía la naturaleza de la mayor parte de la materia del universo después de un siglo de dilatados esfuerzos, con premios Nobel concedidos a cosmólogos que cuantificaron la abundancia de desconocidos componentes oscuros en el presupuesto de la masa cósmica.

Simulación de la materia oscura en el universo, la red cósmica que lo hizo posible. El cuadro de la derecha muestra halos de materia oscura ampliados. A la izquierda, la ampliación del cuadro anterior muestra manchas circulares. Son halos de materia oscura del tamaño de nuestro planeta.

Simulación de la materia oscura en el universo, la red cósmica que lo hizo posible. El cuadro de la derecha muestra halos de materia oscura ampliados. A la izquierda, la ampliación del cuadro anterior muestra manchas circulares. Son halos de materia oscura del tamaño de nuestro planeta.

Resulta asombroso que la materia oscura no dé señal de su existencia en el sistema solar. Combinado con la constatación de que los dos primeros objetos interestelares descubiertos en la última década, `Oumuamua y CNEOS 2014-01-08, no se parecen en nada a los objetos conocidos del sistema solar, está claro que todavía tenemos mucho que aprender sobre la materia que forma nuestro barrio cósmico. Pero mucho antes de que la materia oscura acudiera a nuestro rescate, tuvo que producirse un ligero exceso de materia ordinaria sobre la antimateria. Materia y antimateria se habrían aniquilado mutuamente en radiación pura si hubiera habido una simetría perfecta y nunca habríamos existido. No conocemos el proceso que desencadenó el excedente de materia sobre antimateria, una minúscula fracción de una parte entre mil millones. Una vez más, debemos nuestra existencia a otro héroe no reconocido de nuestro pasado.

El observatorio Very Large Array (VLA) del National Radio Observatory en Socorro, Nuevo México, se utiliza entre otras cosas para intentar localizar la posición de la materia oscura en nuestra galaxia. (NRO).

Por último, sabemos que las condiciones cósmicas iniciales eran casi uniformes con ligeras perturbaciones (una parte entre cien mil) que crecieron con la inestabilidad gravitatoria hasta convertirse en galaxias como la Vía Láctea, en las que el gas se fragmentó en estrellas como el Sol, alrededor de las cuales el material sobrante se fragmentó a su vez en planetas como la Tierra en los que surgió la vida tal y como la conocemos. La visión global es que nuestro universo comenzó con un estado muy simple y, por tanto, improbable, incrementando su complejidad gracias a la inestabilidad gravitacional que agrupó la materia en objetos. 

Cuando comencé mi carrera en astrofísica, se argumentaba que los modelos cosmológicos partían de un estado inicial simple porque había una escasez de datos observacionales para describirlo. Cuatro décadas después tenemos muchos más datos y hemos podido confirmar que, efectivamente, el estado inicial era simple. Si el estado inicial hubiera sido caótico, nunca se hubieran dado las condiciones de habitabilidad actuales. 

Pero, ¿por qué existieron estas condiciones iniciales en lugar de un estado inicial desorganizado? Cuando visito las habitaciones de mis hijas pequeñas cada mañana, las encuentro en uno de los estados más desorganizados posibles. Me consuela pensar que éste es el resultado probable, dado que hay muchos más estados desorganizados que los pocos organizados. ¿A quién debemos agradecer la organización de las condiciones de nuestro universo primigenio?

Fragmento de la imagen Hubble Ultra Deep Field (NASA/ESA)

A menudo esas condiciones se atribuyen a la inflación cósmica, pero sus promotores suelen partir de un estado precedente uniforme, asumiendo el estado inicial especial en lugar de derivarlo. Conocemos las dificultades para deducir la inflación cósmica a partir de los estados más probables y altamente homogéneos que la habrían precedido. Por tercera vez, debemos nuestra existencia a un héroe desconocido. Estos héroes desconocidos reflejan nuestra ignorancia sobre nuestras raíces cósmicas. Desde este punto de pista, los cosmólogos parecen huérfanos en busca de sus padres perdidos.

Si el universo fue creado en un laboratorio, los que estuvieran en sus batas blancas de laboratorio hubieran preferido un estado inicial uniforme organizado con una geometría plana, porque requiere la cantidad mínima de energía total para la producción de un universo bebé. Y su receta para un universo habitable habría añadido los condimentos de materia necesarios, con la suficiente materia oscura y un ligero extra de materia sobre antimateria, que darían lugar al nacimiento de seres inteligentes desde la sopa cósmica.

Imagen de Alfa, uno los cinco experimentos capaz de crear antimateria en el CERN (CERN)

Una vez que descubramos cómo unificar la mecánica cuántica y la gravedad, podremos seguir esta receta y crear un universo bebé habitable que dé lugar a la vida tal y como la conocemos. Un mal ‘chef cósmico’ añadiría muy poca materia oscura o un exceso de materia a la mezcla, cocinando un universo sin vida. Por supuesto, esos universos esterilizados no tendrían descendencia porque carecerían de científicos que puedan descubrir cómo hacer un nuevo universo bebé. La selección natural favorece a los universos bebé con la correcta mezcla cósmica para producir descendencia. 

Para reproducir nuestro universo habitable necesitamos conocer la identidad de esos tres héroes anónimos que nos posibilitaron nuestra existencia. Podemos encontrar la respuesta por nosotros mismos o descubrir un niño más inteligente en nuestro bloque cósmico que ya lo haya averiguado. Resolver estos tres misterios sobre nuestras raíces cósmicas sería lo primero que haría si alguna vez nos encontramos con cosmólogos extraterrestres.

Imagen de portada: Simulación de materia oscura y gas (Illustris Collaboration/CC)

FUENTE RESPONSABLE: El Confidencial. Por Avi Loeb* 23 de junio 2022.Avi Loeb es jefe del Proyecto Galileo, director fundador de la Iniciativa Black Hole de la Universidad de Harvard, director del Instituto para la Teoría y la Computación del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian y autor del bestseller Extraterrestrial: The First Sign of Intelligent Life Beyond Earth”.

Sociedad/Universo/Planeta Tierra/Espacio/Física

 

Los dos misteriosos bultos del tamaño de un continente en el interior de la Tierra que intrigan a los científicos.

En un extraño rincón de nuestro sistema solar hay dos masas alienígenas amorfas.

Son del tamaño de continentes, y se cree que se la pasan a la espera de que les caiga sustento que luego, sencillamente, absorben.

Su hábitat natural es aún más inusual que su dieta.

Podría describirse como «rocoso»: a su alrededor hay minerales exóticos en tonos y formas desconocidas.

Por lo demás, es bastante yermo, a excepción de un mar brillante en la lejanía, tan enorme que contiene tanta agua como todos los océanos de la Tierra juntos.

Todos los días el «clima» es el mismo: unos cálidos 1.827°C, y su presión en algunas áreas es equivalente a unas 1,3 millones de veces la de la superficie de la Tierra.

En este ambiente aplastante, los átomos se deforman y hasta los materiales más familiares comienzan a comportarse excéntricamente: la roca es flexible como el plástico, mientras que el oxígeno se comporta como un metal.

Pero este abrasador lugar no queda en un planeta extraterrestre, y esas masas no son estrictamente vida salvaje.

Está, de hecho, en la Tierra, sólo que en lo más profundo de su interior.

En ese mundo extraño

El entorno en cuestión es el manto inferior, la capa de roca que se encuentra justo sobre el núcleo del planeta.

Ese manto, en su mayor parte sólido, es otro mundo, un lugar que se arremolina y está salpicado de un caleidoscopio de cristales, desde diamantes (de los que hay alrededor de un cuatrillón de toneladas) hasta minerales tan raros que no existen en la superficie del planeta.

WIKIMEDIA COMMONS/RINGWOODITE

Muchos de los materiales más abundantes que se encuentran en las profundidades de la tierra rara vez se han visto en la superficie.

De hecho, las rocas más abundantes en esta capa, bridgmanita y davemaoita, son en gran medida un misterio para los científicos.

Necesitan las presiones ultra altas exclusivas del interior del planeta para desarrollarse y se desmoronan si son traídas a nuestro reino.

Sólo las podemos ver en su forma natural cuando quedan atrapadas dentro de los diamantes que llegan a la superficie. E incluso entonces, es imposible saber cómo se ven realmente en el interior de la Tierra, pues sus propiedades físicas son tan distintas en las presiones bajo las que normalmente existen.

Por su parte, ese «océano» lejano no contiene ni una gota de líquido.

Está hecho de agua atrapada dentro del mineral olivino, que constituye más del 50% del manto superior. En niveles más profundos, se transforma en cristales de ringwoodita azul índigo.

«A esas profundidades, la química cambia totalmente», dice Vedran Lekić, profesor asociado de Geología en la Universidad de Maryland (EE.UU.).

«Por lo que sabemos, hay algunos minerales que se vuelven más transparentes», dice.

Pero son aquellas masas amorfas las que más intrigan a los geólogos de todo el mundo.

Un problema complicado

En 1970, la Unión Soviética se embarcó en uno de los proyectos de exploración más ambiciosos de la historia humana: intentó perforar lo más profundo posible en la corteza terrestre.

Esa capa sólida de roca, que se asienta sobre el manto mayoritariamente sólido y, finalmente, el núcleo parcialmente fundido de la Tierra, es la única parte del planeta que nunca ha sido vista por los ojos humanos.

Nadie sabía qué pasaría si intentaban atravesarla.

En agosto de 1994, el pozo superprofundo de Kola, ubicado en medio de una extensión inhóspita de la tundra ártica en el noreste de Rusia, había alcanzado profundidades asombrosas, extendiéndose unos 12.260 metros bajo tierra.

Al comenzar, el equipo que dirigía el proyecto hizo predicciones sobre lo que esperaban encontrar, específicamente que la Tierra se calentaría un grado por cada 100 metros que viajaran hacia su centro.

Sin embargo, pronto quedó claro que ese no era el caso: a mediados de la década de 1980, cuando alcanzaron los 10 km, la temperatura ya era de 180°C, casi el doble de lo esperado.

Pero entonces el taladro se atascó.

El pozo (cerrado con soldadura), agosto de 2012

FUENTE DE LA IMAGEN – WIKIMEDIA COMMONS/ RAKOT 13

Nadie ha logrado aventurarse más allá de la corteza terrestre: el pozo superprofundo de Kola cerrado con soldadura.

En esas condiciones extremas, el granito dejó de ser perforable: se comportaba más como plástico que como roca.

El experimento se detuvo y nadie ha logrado cruzar el umbral de la corteza hasta el día de hoy.

«Sabemos mucho menos sobre el manto de la Tierra que sobre el espacio exterior -al que podemos observar con telescopios-, porque todo lo que sabemos es muy, muy indirecto», dice Bernhard Steinberger, investigador de Geodinámica de la Universidad de Oslo (Noruega).

Entonces, ¿cómo se estudia un entorno que no se puede ver o al que no se puede acceder, donde incluso las propiedades químicas de los materiales más comunes se distorsionan más allá de todo reconocimiento?

Resulta que hay otra manera.

Coco invertido

La sismología involucra el estudio de las ondas de energía producidas por el movimiento repentino del suelo durante eventos masivos como los terremotos.

Entre ellas se encuentran las llamadas «ondas de superficie», que son superficiales, y las «ondas internas», que viajan por el interior de la Tierra.

Para captarlas los científicos usan instrumentos en el lado opuesto del mundo a los terremotos que están detectando y examinan todo lo que ha logrado abrirse camino.

Al analizar los diferentes patrones de ondas pueden comenzar a reconstruir lo que podría estar sucediendo a cientos de kilómetros bajo tierra.

Son esas características las que le permitieron al geofísico danés Inge Lehmann hacer un descubrimiento importante en 1936.

Siete años antes, un gran terremoto en Nueva Zelanda había llevado a un resultado sísmico sorprendente: un tipo de onda interna, que puede viajar a través de cualquier material, había logrado atravesar la Tierra, pero había sido «doblada» por un obstáculo en el camino.

Y, otro tipo de onda, que no puede atravesar líquidos, no había podido pasar.

Esto anuló la creencia de larga data de que el núcleo era completamente sólido y condujo a la teoría moderna de que hay un interior sólido envuelto en una capa exterior líquida, una especie de coco invertido, por así decirlo.

Un misterio escondido en lo profundo

Captura de pantalla del video de los LLSVP publicado en el artículo de 2016 "Morfología de estructuras del manto inferior sísmicamente lentas" por Sanne Cottaar y Vedran Lekić.

Captura de pantalla del video de los LLSVP publicado en el artículo de 2016 «Morfología de estructuras del manto inferior sísmicamente lentas» por Sanne Cottaar y Vedran Lekić.

Con el tiempo el método se perfeccionó, haciendo posible visualizar las profundidades ocultas de la Tierra en tres dimensiones, «usando las mismas técnicas que en la tomografía computarizada» que se utilizan en la medicina, explica Lekić.

Casi de inmediato, esto condujo al descubrimiento de las dos masas amorfas de la Tierra.

Llamadas «grandes provincias de baja velocidad de corte» (LLSVPS, por sus siglas en inglés), son dos regiones colosales, donde las ondas sísmicas encuentran resistencia y se ralentizan.

Una de ellas, llamada «Tuzo» se encuentra debajo de África; la otra, «Jason», está debajo del Océano Pacífico.

Al igual que con el núcleo de la Tierra, estas áreas son claramente diferentes del resto del manto y son unas de las estructuras más grandes del planeta.

Sus estructuras tienen miles de kilómetros de ancho y ocupan el 6% del volumen de todo el planeta.

Las estimaciones de sus alturas varían, pero se cree que Tuzo tiene hasta 800 km de altura, lo que equivale a alrededor de 90 Everest’s apilados uno encima del otro.

Jason podría extenderse 1.800 km hacia arriba, lo que se traduce en alrededor de 203 Everests.

Sus deformes cuerpos están aferrados al núcleo de la Tierra, cual dos amebas a una mota de polvo.

«Hay 100% de certeza de que estas dos regiones son, en promedio, más lentas [en términos de la rapidez con que las ondas sísmicas se mueven a través de ellas] que la región circundante. Eso no está sujeto a debate», dice Lekić.

«El problema es que nuestra capacidad de ver en esa región es borrosa».

Aparte de cuán titánicas son sus formas, casi todo lo demás sobre ellas sigue siendo incierto, incluido cómo se formaron, de qué están hechas y cómo podrían estar afectando a nuestro planeta.

Los científicos saben que algo está pasando allí y están tratando de descubrir exactamente qué, pues creen que comprenderlas ayudaría a desentrañar algunos de los misterios más perdurables de la geología, como cómo se formó la Tierra, el destino final del planeta «fantasma» Theia y la presencia inexplicable de volcanes en ciertos lugares del mundo.

Incluso podrían arrojar luz sobre las formas en que es probable que cambie la Tierra durante los próximos milenios.

Imagen de portada: GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: BBC Future. Por Zaria Gorvett. Mayo 2022

Ciencia/Planeta Tierra

 

La complicación de distinguir entre dónde creemos estar, dónde en realidad estamos y cómo nos movemos por el Universo.

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You Are Not Where You Think You Are

Kurzgesagt ha plasmado en un ejercicio de humildad cósmica las complicaciones de definir dónde nos parece estar, dónde en realidad estamos y cómo nos movemos por el universo. El viaje, resumido en 8 minutos de vídeo, comienza delante de nuestros ojos, pero se extiende más allá hasta la superficie de la Tierra, el Sistema Solar, nuestra Galaxia y más allá.

Todo esto tiene que ver con que aunque nos resulta cómodo utilizar el marco de referencia terrestre, algo práctico pero que distorsiona la realidad. 

La Tierra parece plana, pero es redonda (más o menos). Alguien viendo el panorama desde el otro lado del mundo, o desde la Luna, vería las cosas un poco diferentes. El concepto de «posición absoluta» es una mera invención humana, que resulta conveniente pero nada más.

Los movimientos de los planetas del Sistema Solar parecen muy regulares, pero también tienen muchos matices. El centro de masas del sistema Tierra-Luna no está en el centro de la Tierra, sino a unos 4.700 km. Las órbitas no son circulares como se creía antiguamente, sino elípticas como bien dijo Kepler. Y esas elipses varían con el tiempo, cada 100.000 años, así como su inclinación respecto al eje de la eclíptica.

El resultado es un movimiento más parecido al de las «tazas locas» de los parques de atracciones que una calculada y regular coreografía. Añádase que el Sistema Solar también está inclinado respecto al plano galáctico, al que damos vueltas cada 230 millones de años. Todas las estrellas están un poco a batiburrillo… y nosotros moviéndonos en una especie de hélice a miles de kilómetros por segundo respecto a… ¿qué, exactamente?

La grandeza del asunto, y es de donde viene la lección de humildad, es que a cada escala hay otro panorama más y más grande: cúmulos de galaxias, supercúmulos… Y mientras nosotros aquí, en nuestro pequeño rincón de un polvoriento planeta que orbita una estrella cualquiera en una remota esquina de una de las muchas galaxias.

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Imagen de portada: Gentileza de Microsiervos

FUENTE RESPONSABLE: Microsiervos. Por @alvy. Mayo 2022

Ciencia/Universo/Espacio/Tierra/Cosmos

 

 

Las selvas de África demuestran que pueden desacelerar la emergencia climática: resisten el calor extremo y la sequía.

Las selvas de África que se han mantenido intactas purifican 1.1 mil millones de toneladas de dióxido de carbono en la atmósfera, según un estudio.

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Desde el inicio de la actividad industrial, la temperatura del planeta ha aumentado. Los registros que se tienen al respecto de la crisis climática global hasta ahora alarman gravemente a científicos de diversas disciplinas. Sin embargo, parece que algunas selvas de África se han resistido a los obstáculos cada vez más difíciles de sortear decantados de esta problemática.

¿A qué se debe la resiliencia de las selvas de África?

Foto: Jorge Fernández/LightRocket via Getty Images

La resistencia de los bosques húmedos en el continente africano ha asombrado a los científicos que estudian el alza en la temperatura global a raíz de la crisis climática. Un estudio internacional reciente, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, descubrió que las selvas que se han mantenido intactas siguen eliminando carbono de la atmósfera.

La purificación del aire no es la única funemo y la sequía, ción benéfica de los espacios vírgenes. Por el contrario, a pesar del calor extr100 selvas tropicales en 6 países diferentes eliminan un aproximado de 1.1 mil millones de toneladas de CO2 en la atmósfera a lo largo del año. Comparativamente, la cifra es tres veces superior al total de dióxido de carbono que emite el Reino Unido.

De acuerdo con la Dra. Amy Bennett, de la Escuela de Geografía de Leeds, a pesar de la muerte de los árboles por los cambios en el medio ambiente en otras partes del mundo, las selvas de África mostraron un comportamiento diferente:

«NO VIMOS UNA FUERTE DESACELERACIÓN DEL CRECIMIENTO DE LOS ÁRBOLES, NI UN GRAN AUMENTO EN LAS MUERTES DE ÁRBOLES COMO RESULTADO DE LAS CONDICIONES CLIMÁTICAS EXTREMAS. EN GENERAL, LA ABSORCIÓN DE DIÓXIDO DE CARBONO POR ESTAS SELVAS TROPICALES INTACTAS SE REDUJERON EN UN 36%, PERO CONTINUARON FUNCIONANDO COMO SUMIDEROS DE CARBONO, LO QUE RALENTIZÓ EL RITMO DEL CAMBIO CLIMÁTICO».

El estudio consideró a la República Democrática del Congo, Gabón, Camerún, Ghana, Liberia y la República del Congo, con respecto a cómo reaccionan los bosques tropicales a condiciones más cálidas y secas. Esta desaceleración, sin embargo, no es fortuita. Por el contrario, funcionó gracias a que los espacios se mantuvieron sin intervención de la actividad industrial humana, la agricultura o la caza ilícita.

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Un monitoreo cuidadoso de los bosques tropicales

Foto: Giles Clarke/UNOCHA via Getty Images

A pesar de las dificultades a las que Bennett y su equipo se enfrentaron, los resultados valieron la pena. De acuerdo con el autor principal del estudio, el profesor Simon Lewis, de la Escuela de Geografía de Leeds, «Las selvas tropicales africanas parecen más resistentes a un calentamiento y sequía adicionales en comparación con las selvas tropicales de la Amazonia y Borneo».

Los geólogos aseguran que las selvas de África han existido en condiciones más secas que las de otras partes del mundo, como la Amazonía y el Sudeste asiático. En el contexto de la crisis climática que enfrenta el planeta, esto les ha ganado un terreno considerable con respecto a otros bosques tropicales.

De acuerdo con Lewis, «Estos hallazgos muestran el valor de un monitoreo cuidadoso a largo plazo de los bosques tropicales. Los datos de referencia que se remontan a la década de 1980 nos permitieron evaluar qué tan bien estos bosques tropicales enfrentaron el calor y la sequía récord». Por esta razón, los autores incitan a los gobiernos locales a poner en primer lugar a las selvas de África en su agenda social, política y económica.

Imagen de portada: Gentileza de GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: National Geographic en Español. Por Andrea Fisher. Mayo 2021.

África/Biodiversidad/Cambio Climático/Conservación/Crisis climática

Selva/ Ecología/Emergencia climática/ Planeta/ Restauración.

 

 

 

 

Los volcanes ‘fertilizaron’ los mares y causaron la primera extinción masiva en la Tierra.

Científicos de la Universidad de Southampton (Reino Unido) han descubierto que dos períodos intensos de vulcanismo desencadenaron un período de enfriamiento global y una caída de los niveles de oxígeno en los océanos, lo que provocó la primera extinción masiva de especies de las cinco que ha experimentado la Tierra, hace 450 millones de años.

Los investigadores, en colaboración con colegas de la Universidad de Oldenburg, la Universidad de Leeds y la Universidad de Plymouth, estudiaron los efectos de la ceniza volcánica y la lava en la química del océano durante un período de cambio ambiental extremo hace unos 450 millones de años. Sus hallazgos se publican en la revista Nature Geoscience.

Este período provocó un intenso enfriamiento del planeta, que culminó en una glaciación y en la ‘Extinción masiva del Ordovícico Tardío’. Esta extinción provocó la pérdida de aproximadamente el 85% de las especies que había en los océanos, alterando además el curso de la evolución de la vida en la Tierra.

El fósforo, culpable

«Se ha sugerido que el enfriamiento global fue impulsado por un aumento en la entrada de fósforo a los océanos«, ha señalado Jack Longman, autor principal del estudio con sede en la Universidad de Oldenburg.

Foto: Pinterest

«El fósforo es uno de los elementos clave de la vida, pues determina el ritmo al que pequeños organismos acuáticos como las algas pueden utilizar la fotosíntesis para convertir el dióxido de carbono (CO2) en materia orgánica».

Estos organismos eventualmente se asientan en el lecho marino y están enterrados, lo que reduce los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera, hecho que luego causa el enfriamiento.

«El enigma sin resolver es por qué la glaciación y la extinción ocurrieron en dos fases distintas en este momento, separadas por unos 10 millones de años», afirma el Tom Gernon, profesor asociado de la Universidad de Southampton y coautor del estudio. «Eso requiere algún mecanismo para impulsar el suministro de fósforo, lo cual es difícil de explicar», señaló.

El equipo identificó que dos pulsos excepcionalmente grandes de actividad volcánica en todo el mundo, que ocurrieron en zonas de la actual América del Norte y el sur de China, coincidieron con los dos picos de glaciación y extinción.

«Pero los estallidos intensos de vulcanismo suelen estar relacionados con la liberación masiva de CO2, que debería impulsar el calentamiento global, por lo que otro proceso debe ser responsable de los eventos de enfriamiento repentinos», añade Gernon.

En busca del incremento del fósforo

Esto llevó al equipo a estudiar si un proceso secundario (descomposición natural o ‘meteorización’ del material volcánico) pudo haber proporcionado el incremento de fósforo necesario para explicar las glaciaciones.

«Cuando el material volcánico se deposita en los océanos, sufre una alteración química rápida y profunda, incluida la liberación de fósforo, lo que fertiliza eficazmente los océanos«, afirma el coautor, el profesor Martin Palmer de la Universidad de Southampton. «Entonces, parece una hipótesis viable y ciertamente vale la pena tenerla en cuenta».

«Esto llevó a nuestro equipo a estudiar capas de cenizas volcánicas en sedimentos marinos mucho más jóvenes para comparar su contenido de fósforo antes y después de que fueran modificados por interacciones con el agua de mar», dijo Hayley Manners, profesora de Química Orgánica en la Universidad de Plymouth.

Provisto con esta información, el equipo estaba en una mejor posición para comprender el impacto geoquímico potencial de extensas capas volcánicas surgidas de enormes erupciones durante el Ordovícico.

«Esto nos llevó a desarrollar un modelo biogeoquímico global para comprender los efectos en cadena sobre el ciclo del carbono al agregar rápidamente una oleada de fósforo lixiviado de depósitos volcánicos al océano», indicó Benjamin Mills, profesor asociado de la Universidad de Leeds y coautor del estudio.

Y, efectivamente, el equipo descubrió que las capas extendidas de material volcánico depositadas en el lecho marino durante el Período Ordovícico habrían liberado suficiente fósforo en el océano para impulsar una cadena de eventos, incluido el enfriamiento climático, la glaciación, la reducción generalizada de los niveles de oxígeno del océano y la extinción masiva.

Fauna del ordovícico. Fuente: mundoprehistorico.com

Si bien puede ser tentador pensar que sembrar fósforo en los océanos puede ayudar a resolver la actual crisis climática, los científicos advierten que esto puede tener en realidad consecuencias dañinas.

«El exceso de escorrentía de nutrientes de fuentes como fertilizantes agrícolas es una causa importante de eutrofización marina, donde las algas crecen rápidamente y luego se descomponen, consumiendo oxígeno y causando daños sustanciales a los ecosistemas», advierte Mills.

Los científicos concluyen que, si bien en escalas de tiempo cortas, las erupciones volcánicas masivas pueden calentar el clima a través de las emisiones de CO2, también pueden impulsar el enfriamiento global en escalas de tiempo de millones de años. «Nuestro estudio puede impulsar nuevas investigaciones de otras extinciones masivas durante la historia de la Tierra «, concluye Longman.

Imagen de portada: Gentileza de Verde y Azul Actualidad

FUENTE RESPONSABLE: Verde y Azul Actualidad. Por Joan Luis Ferrer. Diciembre 2021.Joan Lluís Ferrer Colomar (Ibiza, 1967) es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco (UPV-EHU). Desde 1988 ha ejercido el periodismo en prensa, radio y televisión en Bilbao, Catalunya y Baleares. Especializado en información ambiental, desde 2019 coordina la sección Crisis Climática en los periódicos de Prensa Ibérica. Desde 2020 dirige Verde y Azul, el canal de medio ambiente de Prensa Ibérica y Grupo Zeta.

Geología/Volcanes/Investigación/Primera Extinción/Planeta Tierra

Astrónomos descubren dos agujeros negros supermasivos en rumbo de colisión en una galaxia cercana.

Estos agujeros negros están más cerca de la Tierra que cualquier otro par de agujeros negros supermasivos conocido.

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Si miras a través de un telescopio estándar, la cercana galaxia NGC 7727 parecerá una especie de telaraña flotando en el cielo nocturno. Pero dentro de ella hay dos agujeros negros supermasivos que han comenzado una danza que terminará con su violenta fusión. Como descubrió recientemente un equipo de astrónomos, cuya investigación se publicará en Astronomy & Astrophysics, estos objetos están más cerca de la Tierra que cualquier otro par de agujeros supermasivos conocido.

Uno de los agujeros negros tiene 6,3 millones de veces la masa del Sol, mientras que el otro tiene la friolera de 154 millones de masas solares. El dúo se encuentra a 89 millones de años luz de la Tierra en la constelación de Acuario. Los astrónomos pudieron determinar la masa de ambos objetos estudiando cómo su atracción gravitacional afectaba a las estrellas cercanas.

Los agujeros negros supermasivos acechan desde el centro de las galaxias. Nuestra propia galaxia alberga a Sagitario A*, un agujero negro de aproximadamente 4 millones de masas solares que se encuentra a 26.000 años luz de la Tierra. Cuando dos galaxias se fusionan, los agujeros negros terminan dando vueltas entre sí hasta que finalmente se fusionan. Estas fusiones entre dos agujeros negros son algunos de los fenómenos astrofísicos más violentos del universo, y generan las ondas gravitacionales que predijo Einstein y que fueron observadas por primera vez por el Observatorio de ondas gravitacionales LIGO en 2015.

“Una vez que los agujeros negros se acerquen mucho más entre sí, se unirán gravitacionalmente y comenzarán a orbitarse el uno al otro”, dijo la autora principal del estudio, Karina Voggel, en un correo electrónico a Gizmodo. “Esto es observable en teoría, pero esta etapa en la evolución de los agujeros negros dura sólo un corto tiempo a escala de tiempo cósmica, y hasta ahora no lo hemos observado”. Voggel, un astrónomo de la Universidad de Estrasburgo, dijo que fusiones de galaxias como esta podrían aumentar el número total de agujeros negros supermasivos hasta en un 30%.

“Actualmente, LIGO puede detectar ondas gravitacionales de la fusión de agujeros negros que tienen un par de veces la masa de nuestro Sol”, agregó Voggel. “Cuando la misión espacial LISA entre en funcionamiento en unos pocos años, seremos capaces de detectar también los eventos de ondas gravitacionales provenientes de la fusión de tales agujeros negros supermasivos”.

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The Doubly Warped World of Binary Black Holes

Si bien la galaxia es visible a través de un telescopio normal, cuando se ve a través del Very Large Telescope del Observatorio Europeo del Sur, se pueden distinguir pequeños orbes de luz dentro de la galaxia que marcan dónde están los agujeros negros. (La atracción gravitacional de los agujeros negros es tan fuerte que la luz no puede escapar de ellos, pero los objetos a menudo están rodeados de plasma sobrecalentado que brilla intensamente).

“La pequeña separación y velocidad de los dos agujeros negros indican que se fusionarán en un único agujero negro monstruoso”, dijo el autor del estudio Holger Baumgardt, astrofísico de la Universidad de Queensland en un comunicado del ESO.

La astronomía de los agujeros negros está a punto de recibir un impulso vital, ya que el Very Large Telescope será reemplazado por un nuevo telescopio a finales de esta década. Este nuevo telescopio se ubicará en lo alto del desierto de Atacama chileno, un lugar atractivo para los astrónomos por su altitud, sus cielos despejados y la falta de contaminación lumínica.

“Esta detección de un par de agujeros negros supermasivos es solo el comienzo”, dijo Steffen Mieske, astrónomo del ESO y coautor del estudio. “Podremos hacer detecciones como ésta considerablemente más lejos de lo que es posible actualmente. El nuevo telescopio será fundamental para comprender estos objetos”.

Los observatorios modernos de ondas gravitacionales son capaces de detectar las ondas que se producen en el espacio-tiempo creadas por las colisiones de los agujeros negros, así como las colisiones entre agujeros negros y estrellas de neutrones. Pero probablemente no tendremos la oportunidad de ver a esta pareja de agujeros negros darse su abrazo final, ya que según los investigadores tendrá lugar “dentro de los próximos 250 millones de años”.

Imagen de portada: Gentileza de NASA La galaxia NGC 7727 (derecha) y una vista ampliada (izquierda) que muestra los dos núcleos galácticos que contienen los dos agujeros negros supermasivos.

FUENTE RESPONSABLE: GIZMODO. Por Bylsaac Schultz.Diciembre 2021

Espacio/Universo/Agujeros negros/Planeta tierra

El material sólido más antiguo en la Tierra es más antiguo que el Sistema Solar.

El material sólido más antiguo de la Tierra acaba de ser identificado, y es anterior al Sistema Solar en sí por al menos unos cientos de millones de años. Este estudio se publicó en PNAS.

Esto es acorde a una nueva investigación, los diminutos granos microscópicos de polvo microscópico se forjaron en una estrella distante en algún lugar entre 5 y 7 mil millones de años. En comparación, nuestro Sol tiene solo 4,600 millones de años.

Este material sólido fue transportados a la Tierra en un meteorito.

«Este es uno de los estudios más interesantes en los que he trabajado», dijo el cosmo químico Philipp Heck, del Field Museum of Natural History y de la Universidad de Chicago.

«Estos son los materiales sólidos más antiguos jamás encontrados, y nos cuentan cómo se formaron las estrellas en nuestra galaxia». Si bien en realidad no es raro que los meteoritos contengan granos de material que son anteriores al Sistema Solar, se les llama «granos presolares».

Estos son raros y difíciles de identificar porque los fragmentos de material son muy pequeños y están profundamente incrustados. Un meteorito que se sabe que contiene granos presolares es el meteorito Murchison. Este es un gran trozo de roca espacial de más de 100 kilogramos que explotó en el cielo sobre Murchison, Australia. Esto sucedió en septiembre de 1969, dispersando sus fragmentos por todo el lugar.

El Field Museum adquirió 52 kilogramos del meteorito Murchison, y ha pasado mucho tiempo estudiando.

La edad de la Tierra es de 4,543 miles de millones años. Foto: Getty Images

Heck y su equipo decidieron someter los granos a toda la gama de pruebas. Por lo que, utilizaron microscopía electrónica de barrido, espectrometría de masas de iones secundarios y espectrometría de masas de gases nobles. Esto lo hicieron con el objetivo de buscar los efectos de la exposición a la radiación cósmica, que puede penetrar material sólido como meteoritos y dejar su huella en los granos de carburo de silicio.

«Algunos rayos cósmicos interactúan con la materia y forman nuevos elementos. Y cuanto más se exponen, más se forman esos elementos», explicó Heck.

«Comparo esto con poner un balde en una tormenta. Suponiendo que la lluvia sea constante, la cantidad de agua que se acumula en el balde te dice cuánto tiempo estuvo expuesto».

Cuarenta granos presolares de carburo de silicio los revisaron ​​por rastros de los elementos particulares en cuestión – helio-3 y neón-21. Esto reveló las edades de los granos.

Algunos eran bastante viejos, más de 5,500 millones de años, pero la mayoría de ellos eran más jóvenes, entre 4.6 y 4,900 millones de años.

Una imagen del meteorito Murchison.Foto: Basilico Fresco

Esta gran cantidad de granos más jóvenes fue inesperada, revelando una sorpresa sobre la historia de la galaxia de la Vía Láctea.

Esta gran cantidad de granos más jóvenes fue inesperada, revelando una sorpresa sobre la historia de la galaxia de la Vía Láctea.

«Nuestra hipótesis es que la mayoría de esos granos, que tienen entre 4.9 y 4.6 mil millones de años, se formaron en un episodio de formación estelar mejorada», dijo Heck.

«Hubo un tiempo antes del inicio del Sistema Solar cuando se formaron más estrellas de lo normal». Este período de formación estelar habría sido hace unos 7 mil millones de años, según los hallazgos del equipo.

A medida que las estrellas alcanzaron etapas avanzadas de su evolución, los granos se habrían condensado en flujos de salida y volado hacia el espacio, para luego ser absorbidos e incorporados en lo que se convertiría en el meteorito de Murchison.

«Gracias a este material sólido, ahora tenemos evidencia directa de un período de formación estelar mejorada en nuestra galaxia hace 7 mil millones de años con muestras de meteoritos. Este es uno de los hallazgos clave de nuestro estudio».

La NASA ha detectado agua en el asteroide Bennu

Los asteroides tienen formas irregulares. Foto: Getty Images

Este artículo es una recopilación de material publicado previamente por Science Alert y PNAS.

Imagen de portada: Gentileza de United States Department of Energy.

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC en Español. Enero 2020

Material/Material sólido/Meteorito/Meterioto Murchison/Sistema Solar/Tierra

Diciembre llega con el paso de un cometa, dos lluvias de estrellas y un eclipse solar.

El paso del cometa Leonard, el eclipse total de Sol y más: aquí los fenómenos astronómicos imperdibles en el cielo nocturno de diciembre.

El final de 2021 está a la vuelta de la esquina y las noches de diciembre traerán consigo algunos de los fenómenos astronómicos más esperados del año:

Eclipse total de Sol (4 de diciembre)

Solar eclipse

Foto: Getty Images

2021 cierra con uno de los fenómenos astronómicos más portentosos del cielo nocturno, motivo de angustia en distintas culturas antiguas que atribuían el oscurecimiento súbito de los cielos a una serie de presagios funestos: un eclipse total de Sol.

El eclipse solar del 4 de diciembre provocará una oscuridad total durante 1 minuto y 54 segundos; sin embargo, sólo será visible en la Antártida y las zonas más australes del mundo de África, América y Oceanía. 

El extremo sur de Argentina (especialmente Ushuaia y Puerto Argentino), Chile (Puerto Williams) Nueva Zelanda y Sudáfrica (Ciudad del Cabo) serán las ciudades donde se podrá observar un oscurecimiento casi total del día durante el paso de la Luna entre la Tierra y el Sol.

Te puede interesar: Así será el eclipse solar del 4 de diciembre que oscurecerá el día durante dos minutos

Cometa Leonard (12 de diciembre)

C/2020 F3 (NEOWISE), or Comet NEOWISE, is a retrograde comet with a near-parabolic orbit discovered on March 27, 2020. Taken in Antequera, Málaga. Andalusia. South of Spain.

C/2020 F3 (NEOWISE) desde Andalucía, España. Foto: Getty Images

En una coincidencia única en una vida humana, diciembre de 2021 será testigo del paso del cometa C/2021 A1 (Leonard) a través de los planetas interiores del Sistema Solar, un visitante lejano descubierto en enero de este año cuya órbita se extiende más allá de Neptuno y cuya próxima aproximación a nuestro planeta ocurrirá dentro de 80 mil años.

Aunque Leonard alcanzará el perihelio (el punto de su órbita más cercano al Sol) el 3 de enero de 2022, el mejor momento para observar desde la Tierra serán los primeros doce días de diciembre, justo antes del amanecer hacia el noreste. 

Y aunque todo parece indicar que será visible a simple vista en condiciones ideales, utilizar binoculares permitirá observar más a detalle su coma (una nube de polvo y gas que rodea al núcleo y crece conforme se acercan al Sol) y su larga cola, que se extiende por millones de kilómetros.

El máximo acercamiento de Leonard con nuestro planeta ocurrirá el próximo 12 de diciembre de 2021 a las 07:54 (tiempo del centro de México), cuando el cometa se encuentre a 34.9 millones de kilómetros de la Tierra.

Lluvia de estrellas Gemínidas (13 y 14 de diciembre)

A view of a Meteor Shower and the Milky Way with a mountain top in the foreground. Night sky nature summer landscape. Perseid Meteor Shower observation. Rtanj mountain in Serbia.

Foto: Getty Images

Cada diciembre, la Tierra atraviesa una densa nube de polvo y partículas dejadas a su paso por el asteroide (3200) Phaethon, el que más cerca pasa de nuestro Sol. Cuando los escombros cósmicos del asteroide entran en contacto con la atmósfera se producen las Gemínidas, la lluvia de estrellas más intensa del año y uno de los fenómenos astronómicos más atractivos de 2021.

En 2021, las Gemínidas alcanzarán su pico de actividad máxima las noches del 13 y 14 de diciembre, cuando será posible observar más de 120 meteoros por hora en condiciones ideales. 

Y aunque la Luna creciente alcanzará un 80 % de visibilidad y podría complicar la observación de esta lluvia de estrellas, el mejor momento para disfrutar de los bólidos (que van del azul eléctrico a un amarillo o verde encendido será a partir de las 02:26 (GMT-6), una vez que nuestro satélite natural se oculte por el horizonte y la constelación de Géminis se mantenga en lo más alto de la bóveda celeste.

Lluvia de estrellas Úrsidas (22 de diciembre)

Night scene with starry sky and meteorite trail over forest. Long exposure shoot

Foto: Getty Images

La noche del 22 de diciembre será el mejor momento para observar la última lluvia de estrellas del año, las Úrsidas.

Aunque no se consideran una lluvia de estrellas mayor debido a la baja cantidad de meteoros en su punto de actividad máxima (12 meteoros por hora en cielos ideales), su actividad puede aumentar de forma imprevisible y en condiciones extraordinarias, provocar cientos de meteoros por hora.

Como su nombre lo dice, el radiante de las Úrsidas (el punto en el cielo nocturno donde parecen originarse la mayoría de meteoros) se encuentra en la constelación de la Osa Menor; sin embargo, los meteoros pueden aparecer en cualquier dirección del cielo nocturno.

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C/2021 Leonard, el cometa que ‘rozará’ la Tierra y podrá verse a simple vista a finales de este año

Imagen de portada: Gentileza de GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC en Español. Por Alejandro López. Diciembre 2021.

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¿Meteorito es igual a extinción? Puede que no dependa del tamaño, sino de un mineral.

Ciencia

Un estudio sobre los efectos de estos cataclismos apunta al feldespato potásico como protagonista en los procesos de extinción ocasionados por meteoritos.

Desde que en 1981 se publicó la teoría que explica cómo desaparecieron los dinosaurios, la humanidad tiene tan claro el peligro que representan los meteoritos que la NASA ensaya estos días si puede desviarlos, pero no siempre un asteroide provoca una extinción, ni siquiera depende de lo grande que sea. Puede que la clave esté en el suelo contra el que choca.

La Sociedad Geológica de Londres, la más antigua del mundo en su disciplina, publica este mes en su revista un trabajo de dos investigadores del Instituto Volcanológico de Canarias (Matthew James Pankhurst y Beverley Claire Coldwell) y uno de la Universidad de Liverpool (Christopher Stevenson) sobre el papel que juega un mineral en concreto, el feldespato potásico (Kfr), en los procesos de extinción ocasionados por meteoritos en el pasado de la Tierra.

Los autores recuerdan que, por el momento, solo hay dos impactos de meteoritos contra la Tierra a los que con carácter general la ciencia reconoce el hecho de haber desencadenado extinciones masivas en los últimos 600 millones de años: el de Chicxulub, en México, al que se atribuye la gran extinción del Cretácico, ocurrida hace 66 millones de años, y el de Acraman, Australia, hace 580 millones de años.

El más reciente de esos dos cataclismos dejó un cráter en la península de Yucatán de 85 kilómetros de diámetro, mientras que el anterior, en las montañas australianas, formó otro de 51 kilómetros.

«Eso ha creado la impresión de que si un tipo específico de impacto de meteorito puede provocar cambios a escala global, se requiere que tenga un tamaño extremo», señalan los investigadores, porque el mecanismo de extinción que activa esos fenómenos es el del «invierno del impacto», el periodo en el que la enorme cantidad de polvo proyectada por el choque bloquea la luz del sol, detiene la fotosíntesis de las plantas y cambia el clima del planeta.

Sin embargo, apuntan, si eso fuera así, tendría que haber una correlación casi inmediata en términos geológicos entre el choque del meteorito y la extinción masiva de seres vivos, porque los inviernos postimpacto son fenómenos pasajeros que duran generalmente menos de un año, aunque la capa de escombros dispersados por todo el planeta pueda perdurar muchos siglos.

No es el tamaño del asteroide

Este estudio analiza 33 impactos de meteoritos contra la Tierra ocurridos en tiempos en los que esta ya albergaba vida, incluidos los once a los que, con mayor o menor aceptación, se les atribuye el haber puesto en marcha procesos de extinción masiva en el planeta.

Y su conclusión muestra que no es el tamaño del asteroide lo que determinó que su choque contra el planeta diera lugar a una extinción. De hecho, han encontrado que algunos impactos de meteoritos enormes coincidieron en momentos relativamente estables para la vida, entre ellos el cuarto en tamaño en todo el registro geológico: el que formó hace 215 millones de años el lago Manicouagan, en Canadá, con 48 kilómetros de diámetro.

En cambio, impactos más pequeños aparecen en el registro geológico en momentos en los que se aprecia un vuelco ecológico en el planeta.

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Imagen de la Luna

Kamo’oalewa podría ser un fragmento perdido de la Luna

Abundancia de feldespato

Estos tres investigadores destacan que hay un elemento que se repite en todos los impactos asociados a procesos de extinción masiva en los últimos 600 millones de años: en las capas de polvo que depositaron abunda el feldespato potásico, un mineral inofensivo por lo general, pero que suspendido en la atmósfera, donde es raro encontrarlo en condiciones normales, cambia las propiedades de las nubes: reduce la proporción de radiación solar que reflejan, lo que a su vez calienta el clima y potencia el efecto invernadero.

Y esa constatación les lleva a proponer como modelo que son los meteoritos que impactan contra suelos ricos en feldespato potásico los que tienen capacidad de desestabilizar el clima a escala global, cambiar las condiciones para la vida en la Tierra y activar procesos de extinción masivos.

Imagen de portada: Gentileza de EP Nebulosa Planetaria

FUENTE RESPONSABLE: Europa Press. Noviembre 2021

Astronomía/Ciencia/Meteoritos/Extinciones/Planeta Tierra

Astrónomos identifican los sistemas estelares donde extraterrestres podrían estar observando la Tierra.

CIENCIA Y ECOLOGÍA

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Al igual que desde la Tierra buscamos indicios de vida en exoplanetas, nuestro planeta también ha podido haber suscitado la curiosidad de 1.715 sistemas estelares cercanos.

Los astrónomos tomaron una técnica utilizada para buscar vida en otros planetas y le dieron la vuelta: en lugar de buscar lo que hay ahí fuera, trataron de ver qué lugares podrían vernos a nosotros. 

Los astrónomos calcularon que 1.715 estrellas de nuestro vecindario galáctico –y cientos de probables planetas similares a la Tierra que giran alrededor de esas estrellas– han tenido una vista sin obstáculos de la Tierra durante la civilización humana, según un estudio publicado en la revista Nature.

«Cuando miro al cielo, parece un poco más amigable porque es como si alguien estuviera saludando», dijo la autora principal del estudio, Lisa Kaltenegger, directora del Instituto Carl Sagan de la Universidad de Cornell. 

«Esconderse no es realmente una opción»

Aunque algunos expertos, como el difunto Stephen Hawking, advierten que no hay que acercarse a los extraterrestres porque podrían perjudicarnos, Kaltenegger dijo que no importa. Si esos planetas tienen vida avanzada, alguien ahí fuera podría llegar a la conclusión de que hay vida aquí basándose en el oxígeno de nuestra atmósfera, o por las ondas de radio de fuentes humanas que han barrido 75 de las estrellas más cercanas de su lista. «Esconderse no es realmente una opción», dijo.

Una de las formas en que los humanos buscan planetas potencialmente habitables es observándolos cuando cruzan por delante de la estrella que orbitan, lo que atenúa ligeramente la luz de las estrellas. Kaltenegger y la astrofísica Jacqueline Faherty, del Museo Americano de Historia Natural, utilizaron el telescopio espacial Gaia de la Agencia Espacial Europea para darle la vuelta a eso, buscando qué sistemas estelares podrían observar a la Tierra cuando pasa por delante del Sol.

Las investigadoras identificaron, a una pequeña distancia cósmica de 326 años luz, esos 1.715 sistemas estelares a los que se añadirán 319 más en los próximos 5.000 años.

«Nosotros somos los extraterrestres»

«Desde el punto de vista de los exoplanetas, nosotros somos los extraterrestres», dijo Kaltenegger, y los sistemas estelares identificados por el estudio «tienen un asiento cósmico de primera fila para ver si la Tierra alberga vida».  

El equipo quería saber qué estrellas tienen la perspectiva adecuada para ver la Tierra, pues el vecindario solar es un lugar dinámico donde estas entran y salen del lugar preciso.  

La Zona de Tránsito Terrestre

De los sistemas estelares que han pasado por la Zona de Tránsito Terrestre durante el periodo de 10.000 años examinado, 117 objetos se encuentran a menos de 100 años luz del sol y 75 de ellos han estado en el buen lugar desde que las estaciones de radio comerciales de la Tierra comenzaron a emitir al espacio hace aproximadamente un siglo.

Siete sistemas estelares albergan exoplanetas

Del total de 2.034 sistemas estelares hay siete que se sabe que albergan exoplanetas, los cuales han tenido o tendrán la oportunidad de detectar la Tierra. 

El sistema Ross 128, con una estrella enana roja situada en la constelación de Virgo, está situado a unos 11 años luz y es el segundo sistema más cercano con un exoplaneta del tamaño de la Tierra. 

De existir, los habitantes de ese exomundo podrían haber visto a la Tierra transitar por el Sol durante 2.158 años, comenzando hace unos 3.057 años, aunque perdieron su punto de vista hace unos 900 años. 

El sistema Trappist-1, a 45 años luz, alberga cuatro planetas que están en la zona habitable de su estrella, pero no podrán detectarnos hasta dentro 1.642 años y lo harán durante 2.371 años. 

«Nuestro análisis muestra que incluso las estrellas más cercanas suelen pasar más de 1.000 años en un punto de vista en el que pueden ver el tránsito de la Tierra», indicó Kaltenegger.  

Desde la Tierra hay iniciativas en marcha y futuras para estudiar los exoplanetas cercanos, como el próximo lanzamiento del telescopio espacial James Webb y «uno podría imaginar» que esos mundos tienen planes similares, imaginó Faherty. 

«Este catálogo –consideró– es un intrigante experimento mental por el que uno de nuestros vecinos podría encontrarnos».

Imagen de portada: Ilustración de la Zona de Tránsito Terrestre.

FUENTE RESPONSABLE: DW Made for minds.FEW (EFE, AP)

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