A qué niveles llegan la pobreza, la desigualdad y la corrupción en Estados Unidos y cómo se comparan con América Latina.

Todos sabemos el impacto que las preocupaciones sobre pobreza y corrupción tienen en las elecciones latinoamericanas.

Pero, ¿qué tan influyentes son estos dos factores en la política de Estados Unidos, que llega al momento crucial de las elecciones de mitad de período este martes 8 de noviembre?

Para responder esta pregunta, puede resultar útil primero establecer qué tan serio es el problema en Estados Unidos, comparado con lo que ocurre en América Latina.

Por lo general, los problemas de pobreza son de distinta magnitud en los países latinoamericanos, comparado con lo que se experimenta en Estados Unidos.

También es cierto que la percepción general de corrupción institucional es más seria en muchos de los países latinoamericanos, comparado con lo que ocurre en la nación norteamericana.

Pero, como le dicen varios expertos a BBC Mundo, esto no quiere decir que la ansiedad por la pobreza y la corrupción no estén influyendo también en elecciones en Estados Unidos.

Una persona mira su billetera con un dólar

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES. Ambos son vistos como problemas recurrentes que, en muchos casos, convencen a los estadounidenses a votar en un sentido o en el otro.

Órdenes de magnitud distintos

Es por supuesto complejo comparar la pobreza en Estados Unidos, la nación mas poderosa de la tierra, con la que se ve en los países latinoamericanos.

No es lo mismo ser considerado pobre en Estados Unidos que en otros lados.

De acuerdo con la Oficina del Censo de Estados Unidos, en ese país una familia de dos adultos y dos niños es clasificada como pobre si el ingreso familiar no pasa de los US$26.000 anuales. Aproximadamente un 12% de la población estadounidense entra en esa calificación.

Sin embargo, a manera de ejemplo, una familia colombiana que ganara ese mismo monto de dinero, equivalente a unos 10 millones de pesos colombianos al mes, sería considerada holgadamente como parte de la clase media en esa nación sudamericana.

Una persona duerme en la calle entre unas mantas

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Al intentar medir la pobreza estadounidense frente a la de los países latinoamericanos, los constantes cambios de valor de sus respectivas monedas, las diferencias en el costo de vida, la disponibilidad de ayudas estatales y otros factores socioeconómicos hacen que el solo monto salarial no sea la única variable a considerar.

El Banco Mundial ha intentado crear un índice que toma en cuenta algunas de estas diferencias en costo de vida y valor de las monedas para estimar qué porcentaje de la población vive con menos de US$2,15 al día, ajustados al poder adquisitivo de las distintas divisas.

Llegan de esa manera a una estimación del numero de gente enfrentando las dificultades de extrema pobreza en cada país.

Medido así, un 1% de la población estadounidense está en esa condición de pobreza absoluta.

Tienda en barrio pobre

AFP

Pobreza en Estados Unidos

  • 12%
  • Población en Estados Unidos viviendo en condiciones de pobreza

Fuente: Oficina del Censo

Según este método, hay menos pobres extremos en Chile, donde esta población vulnerable es el 0,7% del total.

En cambio, según el Banco Mundial, en México llegan al 3,1%, Guatemala al 9%, Colombia al 10,8%, Honduras al 12,7% y Haití al 29%.

Naciones Unidas tiene otro mecanismo, el del Índice de Desarrollo Humano, que, más allá del salario, examina qué tanto acceso tiene el grueso de la población a condiciones materiales de bienestar.

Una mujer camina frente a una tienda en Nueva York

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En un índice de 0 a 1, donde el 1 refleja a las comunidades con mayor desarrollo humano, Chile, con un puntaje de 0.855, está muy cerca del 0.92 que obtiene Estados Unidos.

México, Brasil y Colombia obtienen 0.75. Mientras que Bolivia solo llega a 0.6 y Haití apenas alcanza 0.53.

Finalmente, está el prisma de la pobreza relativa y la desigualdad.

En muchos países, el impacto político de la pobreza está magnificado por la sensación de desigualdad.

Si los pobres consideran que los ricos tienen demasiado, es posible que aumente su sensación de indignación con el sistema.

El índice Gini mide el grado de desigualdad en una sociedad. Mientras más bajo sea el número, menos desigualdad hay.

De acuerdo con información del Banco Mundial, este índice llega a 41.5 para Estados Unidos. El mismo índice califica con 40.2 a Uruguay, una sociedad que, en esa medición, resulta más igualitaria.

En cambio, el índice Gini sube a 48.9 para Brasil, y a un 54.2 para Colombia, uno de los países peor librados en el mundo en ese sentido.

Un hombre participa de las elecciones de medio término en EE.UU.

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De modo que al hacer la comparación de pobreza y desigualdad entre América Latina y Estados Unidos, la primera aclaración que hay que hacer es: qué país en América Latina, una región de enormes diferencias internas en los resultados de la lucha contra la pobreza.

Los efectos en la política de EE.UU.

En cualquier caso, los expertos indican que la pobreza estadounidense, aunque muchas veces sustancialmente menor que en América Latina, tiene efectos importantes en la política.

Eso cree Shailly Barnes, directora de políticas en el Kairos Center, un centro de pensamiento basado en Nueva York que busca soluciones a la pobreza en Estados Unidos.

«La narrativa común que se maneja sobre los pobres en Estados Unidos es que no participan en las elecciones y no les interesa la política. Hemos encontrado que eso no es cierto. En 2020 un número cercano a 60 millones de personas de bajos ingresos votaron en las elecciones presidenciales», asegura Barnes en conversación con BBC Mundo.

Barnes usa el ejemplo de lo que ocurrió en las pasadas elecciones de 2020 en el estado de Florida para mostrar la relevancia del tema de la pobreza en el mundo político estadounidense.

Un hombre reparte comida en Texas

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Señala que fue un estado donde ganaron los republicanos, un partido cuyas políticas están tradicionalmente asociadas con más apoyo a los grandes empresarios.

Pero, recuerda Barnes, «ese mismo electorado de Florida aprobó en un referendo una medida que subía el salario mínimo vigente en el estado».

Sin embargo, a la experta le preocupa que muchas veces «nuestra política no responde a las necesidades o apremios de estas personas».

Advierte que al igual que pasa en muchos otros países, la ansiedad que puede estar generando la preocupación sobre la pobreza alimenta en Estados Unidos otros fenómenos políticos como el populismo.

«Hemos visto eso es la ultima década», explica Barnes, indicando, por ejemplo, el «uso de discursos racistas» por algunos políticos como respuesta a un electorado preocupado por el deterioro en sus niveles de bienestar material.

Las preocupaciones sobre la corrupción

Aparte de la pobreza, otro tema recurrente de discusión en la política latinoamericana contemporánea es la corrupción.

En general, pero no siempre, las mediciones sobre percepción de corrupción dejan mejor libradas a las instituciones de Estados Unidos que a las de los países latinos.

Pero nadie niega que es también un tema extremadamente del momento en la política del país norteamericano.

Una mujer lava la ropa en el campamento Necocli en Colombia.

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Transparencia Internacional es uno de los organismos que intenta calificar y comparar con un índice la percepción pública acerca del grado de corrupción prevalente en muchos países.

La más reciente versión del índice señala que Dinamarca es la nación con menor percepción de corrupción, con un puntaje de 88 sobre 100.

Estados Unidos alcanza la posición 27, con 67 puntos, un resultado que lo pone al mismo nivel de Chile, y superado por Uruguay, ubicado en el puesto 18 con 73 puntos.

En cambio, Colombia sale en el puesto 87 con 33 puntos. Argentina ocupa el puesto 96 junto con Brasil, Guatemala el 150 y Venezuela el 177, apenas superando en esta tabla a tres países: Somalia, Siria y Sudan del Sur.

La discusión sobre corrupción, en cualquier caso, sacude la política estadounidense tanto o más que a muchos países latinoamericanos.

Basta recordar que uno de los gritos de batalla de Donald Trump en su victoriosa campaña presidencial de 2016 fue su promesa de «secar el pantano», como el entonces candidato se refería a la corrupción en Washington, ciudad creada sobre un pantano.

En este año, la discusión se ha centrado muchas veces en temas de supuesta corrupción electoral, le dice a BBC Mundo Gabriel Sanchez, experto asociado al centro de investigación Brookings Institute de Washington y catedrático de la Universidad de Nuevo Mexico.

La polémica alrededor de las elecciones presidenciales de 2020 y la derrota de Trump ha marcado la percepción del público estadounidense sobre corrupción, pese a que nunca se han encontrado evidencias de fraude en dichas elecciones.

El barrio Petare en Caracas, Venezuela.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

«Estamos viendo niveles récord de información imprecisa dirigida a los latinos en este ciclo electoral, principalmente a los latinos hispanohablantes. Buena parte de ese contenido se enfoca en las continuas aseveraciones de Trump sobre el supuesto robo de las elecciones de 2020, lo que está ayudando a generar percepciones de corrupción entre algunos latinos», asegura Sanchez.

El experto identifica repercusiones de esta discusión en los comicios de mitad de período de este martes.

«Es evidente en sitios como Arizona, donde hay varios candidatos que se han aferrado al mensaje de campaña de Trump en el 2020 sobre corrupción electoral. Si ahora ocurre otra elección apretada, podría tomar varios días calcular los resultados, lo que podría alimentar las acusaciones de fraude electoral y generar mayor preocupación sobre la corrupción».

En un mundo interconectado e interdependiente, los discursos políticos de distintas partes del mundo se han vuelto más parecidos, incluso entre regiones tan distintas como Estados Unidos y América Latina.

Y pese a mostrar indicadores tan distintos en asuntos como la corrupción y la pobreza, la indignación ciudadana en torno a estos temas ayuda a explicar por lo menos algunos de los resultados electorales en ambos lugares.

Imagen de portada: GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: Luis Fajardo; BBC Monitoring. 8 de noviembre 2022.

Sociedad/Economía/Pobreza/Política/América Latina/EE.UU.

La filósofa Adela Cortina reflexiona sobre la aporofobia, el rechazo al pobre.

La española compara la hospitalidad con la que se recibe al extranjero turista, frente a la xenofobia que parte de la sociedad transmite a refugiados políticos y migrantes sin recursos.

En el año 2017, la Fundación del Español Urgente, promovida por la Agencia Efe y BBVA, escogió “aporofobia” como la palabra del año 2017. Un neologismo que hace alusión al miedo, el rechazo o la aversión a los pobres.

La filósofa española Adela Cortina reflexiona sobre esta realidad y el término que la nombra en su libro Aporofobia, el rechazo al pobre, publicado en ese mismo año. En el prólogo del texto, se plantea el hecho de que “es el pobre el que molesta” y no el extranjero en sí, se evidencian las claras diferencias en el trato a los turistas y a los inmigrantes sin recursos y refugiados políticos.

Adela Cortina (Valencia, 1947) dirige la Fundación Étnor, Ética de los Negocios y las Organizaciones. Antigua catedrática de Ética en la Universidad de Valencia, obtuvo el Premio Internacional de Ensayo Jovellanos y el Premio nacional de ensayo.

Cercana a las éticas discursivas de Apel y Habermans, la filósofa establece la ética dialogada como una base fundamental para el desarrollo de una moral cívica, es decir, una ética mínima que haga posible la coexistencia de diversas concepciones éticas que se manifiestan en las sociedad pluralistas del mundo actual.

Os dejamos con el prólogo de su libro para reflexionar sobre la aporofobia:

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“A lo largo del año 2016 llegaron a España algo más de 75 millones de turistas extranjeros. A las razones habituales para elegir nuestro país como destino turístico se sumaron los graves problemas surgidos en otros lugares, con lo cual aumentó notablemente el número de visitantes, que por lo general es ya muy alto.

Los medios de comunicación fueron dando la noticia con un entusiasmo rayano en la euforia, desglosando la cantidad un mes tras otro, y con el mismo entusiasmo la recibieron los oyentes, porque el turismo es la principal fuente de ingresos en España desde hace tiempo, pero aún más después del descalabro sufrido por el penoso capítulo de la construcción y el desastre de la crisis económica, financiera y política.

Crear empleo, que podría ir dejando de ser precario poco a poco, subir las cifras de la ocupación hotelera con todo lo que eso implica para bares, restaurantes y tiendas de todo tipo, es una de las promesas que siempre lleva aparejado el mundo del turismo.

Naturalmente, esos turistas vienen de otros países, son extranjeros, y esa es una excelente noticia. Incluso en ocasiones pertenecen a otras etnias y a otras razas, con todas las dificultades que entraña aclarar qué es eso de las etnias y las razas. 

En cualquier caso, si hubiera que buscar un adjetivo para designarlos, en español sería «extranjero», y en griego, «xénos». Un término, por desgracia, bien conocido, porque da lugar al vocablo xenofobia, que significa rechazo, miedo o aversión al extranjero, al que viene de fuera, al que no es de los nuestros, al forastero.

Pero si esto es así, surge una pregunta que, curiosamente, nadie plantea: ¿Despiertan esos turistas extranjeros al venir a nuestro país un sentimiento de xenofobia en la población española, esa expresión que, desgraciadamente, está de actualidad? ¿Se sienten rechazados, producen miedo o aversión, que es lo que significa en griego el vocablo «fobos»?

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Pocas veces una pregunta ha tenido más fácil respuesta: no despiertan el menor rechazo, sino todo lo contrario. Las gentes se esfuerzan por atenderles en los hoteles, en las tiendas, en los apartamentos, en las playas y en las casas rurales. 

No solo les explican con todo detalle el trayecto más adecuado cuando preguntan una dirección, sino que incluso les acompañan hasta el lugar concreto. Se desviven por lograr que se encuentren a gusto, igual o mejor que en su propia casa. Que vuelvan es el deseo más extendido.

Imposible, pues, hablar aquí de xenofobia, por mucho que el término esté constantemente en la calle y en los medios de comunicación. Más bien tendríamos que hablar de xenofilia, de amor y amistad hacia el extranjero. 

Hacia este tipo de extranjero.

Claro que todo esto puede hacerse por elemental cortesía, por un básico sentido de hospitalidad ante el que viene de fuera, por un deseo natural de compartir con él las playas, el buen clima y el patrimonio artístico. A fin de cuentas, viene de antiguo la bien labrada tradición de la hospitalidad en Oriente y en Occidente, y muy especialmente en los países del sur de Europa.

Pero, desgraciadamente y si bien se piensa, no debe ser tan elemental esa actitud de acogida al forastero cuando se compara con otros casos de personas que también han venido de fuera de España en 2016 y desde mucho antes. Han venido del otro lado del Mediterráneo, se han jugado la vida, y la han perdido muchas veces por llegar a esa supuesta Tierra Prometida que es la Unión Europea.

Solo que en este caso no se trata de turistas, dispuestos a dejar dinero, más o menos según sus recursos o su prodigalidad. Se trata de refugiados políticos y de inmigrantes pobres. Son otro tipo de extranjeros. Su éxodo viene de muy lejos en el espacio y en el tiempo.

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No les trae a nuestro país el atractivo del sol, las playas, la belleza natural y artística, y mucho menos nuestra proverbial hospitalidad, que con ellos ha dejado de serlo. Les arrancan de sus hogares la guerra, el hambre, la miseria, se ponen en manos de mafias explotadoras, embarcan en pateras e intentan por todos los medios llegar a nuestras costas. 

Miles de ellos mueren en el mar, y para los que llegan el suplicio continúa a través de tierras inhóspitas, poblaciones adversas, lugares de internamiento en pésimas condiciones y riesgo de devolución en caliente. El único, ínfimo consuelo, es que aquí no cabe añorar las ollas de Egipto, como hicieron los israelitas, según cuenta el libro del Éxodo.

Como sabemos, la crisis de refugiados políticos se recrudece en Europa desde 2007, y todavía más, desde 2011 con el comienzo de la guerra de Siria; aunque también es cierto que, al menos desde 2001, millones de personas huyen de conflictos bélicos.

Con todo, puede decirse que, junto con la llegada de los inmigrantes pobres, la crisis migratoria hacia Europa a partir de 2015 es la mayor después de la segunda guerra mundial. Sus protagonistas son personas desesperadas que huyen de Siria, Libia, Afganistán, Eritrea, Nigeria, Albania, Pakistán, Somalia, Irak, Sudán, Gambia o Bangladés, fundamentalmente a través de Grecia e Italia.

Sus historias no son ficticias, sino contundentemente reales. Los medios de comunicación dan la noticia un día tras otro, un mes tras otro, un año tras otro, con la atonía, con el conformismo y el discurso plano de lo que se cuenta como irremediable, cuando en realidad no lo es.

Es imposible no comparar la acogida entusiasta y hospitalaria con que se recibe a los extranjeros que vienen como turistas con el rechazo inmisericorde a la oleada de extranjeros pobres. Se les cierran las puertas, se levantan alambradas y murallas, se impide el traspaso de las fronteras.

Angela Merkel pierde votos en su país, incluso entre los suyos, precisamente por haber intentado mostrar un rostro amable y por persistir en su actitud de elemental humanidad, Inglaterra se niega a recibir inmigrantes y apuesta por el Brexit para cerrar sus filas, sube prodigiosamente el número de votantes y afiliados de los partidos nacionalistas en Francia, Austria, Alemania, Hungría, Holanda, y Donald Trump gana las elecciones, entre otras razones, por su promesa de deportar inmigrantes mexicanos y de levantar una muralla en la frontera con México. Y, al parecer, algunos de los votos provenían de antiguos inmigrantes, ya instalados en su nueva patria.

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Realmente, no se puede llamar xenofilia al sentimiento que despiertan los refugiados políticos y los inmigrantes pobres en ninguno de los países. No es en modo alguno una actitud de amor y amistad hacia el extranjero. 

Pero tampoco es un sentimiento de xenofobia, porque lo que produce rechazo y aversión no es que vengan de fuera, que sean de otra raza o etnia, no molesta el extranjero por el hecho de serlo. Molesta, eso sí, que sean pobres, que vengan a complicar la vida a los que, mal que bien, nos vamos defendiendo, que no traigan al parecer recursos, sino problemas.

Y es que es el pobre el que molesta, el sin recursos, el desamparado, el que parece que no puede aportar nada positivo al PIB del país al que llega o en el que vive desde antiguo, el que, aparentemente al menos, no traerá más que complicaciones. 

De él cuentan los desaprensivos que engrosará los costes de la sanidad pública, quitará trabajo a los autóctonos, es un potencial terrorista, traerá valores muy sospechosos y removerá, sin duda, el «estar bien» de nuestras sociedades, en las que indudablemente hay pobreza y desigualdad, pero incomparablemente menor que la que sufren quienes huyen de las guerras y la miseria.

Por eso no puede decirse que estos son casos de xenofobia. Son muestras palpables de aporofobia, de rechazo, aversión, temor y desprecio hacia el pobre, hacia el desamparado que, al menos en apariencia, no puede devolver nada bueno a cambio…”.

Imagen de portada: Adela Cortina

FUENTE RESPONSABLE: Cultura Inquieta. Por Martín Toro. 15 de septiembre 2022. 

Sociedad y Cultura/Filosofía/Pobreza/Percepción/Desigualdad/ Xenofobia

 

 

 

 

En el aumento de la desigualdad se puede ver el futuro.

Las raíces económicas del avance de la derecha y la ultraderecha

De la traumática crisis global de la pandemia no emergió un mundo mejor. Por el contrario, en estos años hubo una aceleración de tendencias previas de concentración de riquezas y ampliación de las desigualdades. Este proceso provoca el crecimiento de la derecha y la ultraderecha, expresión de la insatisfacción y deterioro de la calidad de vida de grupos sociales frágiles, en especial el de los jóvenes.

Si deseas profundizar en esta entrada; por favor cliquea adonde está escrito en “azul”. Muchas gracias.

El anuncio de la Organización Mundial de la Salud de que la pandemia está por terminar y el símbolo de que en Argentina ya no es obligatorio el uso de barbijos invitan a evaluar el saldo económico, social y político de esta crisis global.

Es evidente que después de esta debacle traumática que atravesó a los países no emergió un mundo mejor, como el pensamiento mágico imaginó en los primeros meses de la irrupción de un virus desconocido que provocaba miles de muertes a diario. Por el contrario, hubo una aceleración de tendencias previas de concentración de riquezas y ampliación de las desigualdades.

Este proceso tiene su reflejo en el espacio político con el crecimiento de la derecha y la ultraderecha, expresión del descontento y deterioro de la calidad de vida de grupos sociales frágiles.

Las élites siempre se han identificado con las corrientes conservadoras y excluyentes, incluso con vertientes violentas, pero ahora la ampliación de ese universo hacia otros sectores socioeconómicos tiene su origen, fundamentalmente, en la profundización de la desigualdad y la insatisfacción por la ausencia de expectativas de un futuro aliviado. Esta crisis global ha castigado con más intensidad en términos económicos, sanitarios, educativos y de seguridad personal a una porción amplia de la población.

La crisis ha castigado con más intensidad en términos económicos, de salud, educativos y de seguridad personal a amplios grupos vulnerables.

Discurso de odio clasista

De esta manera se puede comprender la naturalización de discursos de odio clasista en ámbitos públicos y mediáticos, que en otros momentos eran políticamente incorrectos manifestarlos porque había una mayoría que los rechazaba.

En las democracias occidentales, las derechas y sus derivadas ultra (libertarios) avanzan montadas en una desigualdad creciente de un sistema neoliberal que no da respuestas a las necesidades básicas de las mayorías desplazadas, en especial a los jóvenes.

En Europa, cada una de las últimas elecciones refleja esta dinámica, y en América latina Brasil es una referencia ineludible en este sentido.

Después de cuatro años desastrosos en casi todos los ámbitos de la administración pública y la vida social, Jair Bolsonaro mantiene el apoyo de poco más de un tercio del electorado.

Lo mismo sucede en Argentina con la alianza macrista-radical luego de transitar la experiencia de un gobierno con resultados pésimos y, pese a ello, retiene la adhesión política de un porcentaje importante de la población prometiendo sus dirigentes que van a hacer lo mismo, peor y con más violencia.

El desafío entonces es múltiple porque no es solamente impulsar políticas públicas eficientes que ofrezcan expectativas de mejoras materiales, sino que también se requiere de una estrategia efectiva para neutralizar la acción del dispositivo mediático y política que crece y se beneficia de un sistema económico que profundiza la desigualdad.

Las derechas y sus derivadas ultra (libertarios) avanzan montadas en una desigualdad creciente del sistema neoliberal.

Descontento social pese al crecimiento económico

El punto de partida en Argentina de la insatisfacción socioeconómica de un sector amplio de la población, en especial por la pérdida de un horizonte de progreso, puede ser motivo de controversia.

Pero no hay muchas dudas para quienes respetan la rigurosidad de las evidencias de que el actual período de deterioro general comenzó en el gobierno de Macri, al provocar una brutal transferencia de ingresos con una primera gran devaluación y medidas posteriores que ahondaron la desorganización familiar con tarifazos y aumento del desempleo.

La pandemia, pese al diseño de una red económica de protección de emergencia, no permitió comenzar a ordenar el cuadro social. Y la estrategia de recuperación post pandemia no está alterando esta tendencia.

Por ese motivo existen variables macroeconómicas positivas, como las del crecimiento económico, expansión industrial y reducción de la desocupación, pero sin alterar las bases de la desigualdad, que se agudizan por la elevada inflación, la consiguiente insuficiencia de los ingresos de los hogares y el creciente endeudamiento familiar.

El Indec informó que 2 de 3 empleos creados son precarios en el segundo trimestre de este año, alcanzando el 37,8 por ciento del total, el porcentaje más elevado desde fines de 2008. Imagen: EFE.

Claroscuros del universo laboral

Las recientes cifras del mundo laboral local muestran esta situación crítica: descendió el desempleo hasta el 6,7 por ciento en el segundo trimestre de este año, el nivel más bajo de los últimos siete años, con tasas record de empleo y actividad.

Pero estas cifras positivas están acompañadas de una mayor informalidad laboral (2 de 3 empleos creados son precarios, alcanzando el 37,8 por ciento del total, el porcentaje más elevado desde fines de 2008) y retribuciones al empleo por debajo de la línea de pobreza.

Además, la trayectoria salarial al interior del universo de trabajadores refleja una marcada heterogeneidad, siendo el empleo asalariado formal el que puede, en la mayoría de las actividades, empatar la evolución de la inflación, sin poder todavía recuperar la pérdida del período 2015-2019. Mientras, el ingreso promedio del empleo informal se ubica varios escalones por debajo de los aumentos de precios.

Un porcentaje importante de hogares entonces no puede sostener niveles mínimos de ingresos para una vida cotidiana desahogada con todos sus miembros adultos trabajando, lo que impulsa el pluriempleo. De hecho, según el último informe del Indec, en los últimos doce meses el indicador de las personas que declararon estar sobreocupadas aumentó de 26,9 a 27,4 por ciento, equivalente a medio millón de trabajadores más en esas condiciones laborales.

Así se va consolidando un escenario de desigualdad que va construyendo sentido respecto a la falta de respuesta que brinda el actual sistema económico y político a la mayoría de la población, que deriva en que una parte de ella rechace las propuestas tradicionales de promesa de que el crecimiento económico general redundará en desarrollo personal y familiar.

La pandemia ha causado un drástico aumento de la pobreza en todo el mundo. Imagen: Bernardino Avila.

El escenario mundial de la desigualdad

El informe de la ONG Oxfam «Cómo la Covid 19 ha provocado una explosión de las desigualdades» ofrece una precisa radiografía del estado de situación mundial para entender las actuales tendencias políticas globales –y también local- de la radicalización hacia la derecha de sectores populares.

Uno de los datos más impactantes de este reporte indica que la riqueza de una pequeña élite mundial formada por 2755 milmillonarios ha crecido más durante la pandemia que en los últimos 14 años juntos.

Se trata del mayor incremento anual jamás registrado y se ha dado en todos los continentes. Este aumento es el resultado del fuerte aumento de los precios de los mercados de valores (el retroceso en este año apenas reduce en el margen las ganancias acumuladas), el apogeo de las entidades no reguladas y el auge del poder de los monopolios (en especial, las tecnológicas, como Amazon, Google, Facebook) y la privatización, junto a la erosión de las normativas, las alícuotas impositivas a las personas físicas y las empresas, los derechos laborales y los salarios. 

Elon Musk, dueño de Tesla y ahora de Twitter, es el hombre más rico del mundo. Imagen: AFP.

Las cuatro clave de un mundo con ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres

La investigación de Oxfam ofrece cuatro frentes de evaluación acerca de la creciente desigualdad que está provocando un incremento de la protesta social por el descontento de la población, en especial entre los jóvenes.

1. Se estima que las desigualdades contribuyen actualmente a la muerte de cerca de 21.300 personas al día; dicho de otra manera, a la muerte de una persona cada cuatro segundos. Se trata de una estimación conservadora de las muertes ocasionadas por el hambre, por la falta de acceso a servicios de salud y los efectos del cambio climático en países pobres, y por la violencia de género, arraigada en sistemas económicos patriarcales y sexistas, a la que se enfrentan las mujeres. Millones de personas aún estarían vivas si hubieran recibido a tiempo una vacuna contra la Covid-19. Pero se les negó esa oportunidad, mientras las grandes empresas farmacéuticas continúan conservando el monopolio de estas tecnologías.

2. Las desigualdades afectan de forma desproporcionada a la mayor parte de las personas que viven en situación de pobreza, las mujeres y las niñas, y las personas racializadas y en situación de exclusión. La pandemia ha causado un drástico aumento de la pobreza en todo el mundo. En algunos países, las personas en mayor situación de pobreza tienen casi cuatro veces más probabilidades de perder la vida por la Covid-19 que las más ricas. Al respecto, Oxfam entrega una cifra escandalosa: 252 personas poseen más riqueza que los mil millones de mujeres y niñas de África, América latina y el Caribe.

3. La concentración extrema de dinero, poder e influencia en manos de unos pocos tiene efectos perjudiciales para el resto de la humanidad por las consecuencias del calentamiento global. Los países ricos son responsables del 92 por ciento del exceso de emisiones de carbono. El 1 por ciento más rico duplican las emisiones de carbono de la mitad más pobre de la población mundial.

4. El crecimiento descomunal de la riqueza de los milmillonarios no es indicativo de una economía sana, sino consecuencia de un sistema económico nocivo. Oxfam afirma que las desigualdades extremas son una forma de violencia económica en la que las decisiones legislativas y políticas a nivel sistémico y estructural, diseñadas para favorecer a las personas más ricas y poderosas, perjudican directamente a la amplia mayoría de la población mundial y, especialmente, a las personas más pobres.

El huevo de la serpiente transmite la idea de que la crisis económica y social, el miedo generalizado y la indiferencia ante la injusticia siembran la semilla de lo que vendrá.

Billonarios

A medida que la pandemia se extendía por el mundo, los bancos centrales inyectaban billones de dólares en las economías de los países para mantener a flote la economía mundial. Buena parte de este estímulo económico ha ido a parar a los mercados financieros, y de ahí al patrimonio neto de los milmillonarios.

Desde el inicio de la pandemia, los gobiernos han inyectado 16 billones de dólares en la economía global, lo que ha contribuido ampliamente a que la riqueza de los milmillonarios se incrementara en cinco billones de dólares, al pasar de 8,6 a 13,8 billones de dólares.

La riqueza actual de las personas extremadamente ricas y el ritmo al que están acumulando riqueza no tienen precedente en la historia de la humanidad. Oxfam afirma que en Estados Unidos la concentración de riqueza en manos de las élites sobrepasa el punto máximo de la Edad Dorada de finales del siglo XIX.

En el último año, apunta esta ONG, se ha visto a milmillonarios viajar al espacio cuando gran parte de la población mundial se enfrentaba a sufrimientos y aumento de la pobreza. Por caso, Elon Musk, dueño de Tesla y ahora de Twitter, ha recibido miles de millones de dólares en subvenciones públicas, mientras infringe la legislación laboral y socava los esfuerzos de los trabajadores y trabajadoras para organizarse sindicalmente. El mismo comportamiento reaccionario se observa en Jeff Bezos, dueño de Amazon, quien compite con Musk por ser el hombre más rico del mundo.

El descontento social

Hablar sobre desigualdad se ha puesto de moda entre dirigentes políticos y empresariales mundiales. Sin embargo, las medidas para dar respuesta a la gravísima crisis de desigualdad son insuficientes.

El huevo de la serpiente transmite la idea de que la crisis económica y social, el miedo generalizado y la indiferencia ante la injusticia siembran la semilla de lo que vendrá.

En concreto, lo que está viniendo es una corriente política y social de derecha y ultraderecha que no dará respuesta a la desigualdad, sino que la profundizará, aunque sí está ocupando el espacio de canalización del descontento social de un sector de la población vulnerable.

De este modo, sin recibir respuesta del sistema a las expectativas de mejoras en las condiciones de vida, una porción importante de estos grupos sociales terminan legitimando políticos y políticas que van en contra de sus propios intereses al abrazar a la derecha económica. 

 

Imagen de portada: La pandemia ha acelerado las tendencias existentes de concentración de la riqueza y desigualdad económica. Foto : Bernardino Avila.

FUENTE RESPONSABLE: Página 12. Por Alfredo Zaiat

Sociedad/Política/Ultraderecha/Concentración de riqueza/Desigualdad social/Pobreza/Morbilidad/Post Pandemia de Coronavirus.

El emblema arquitectónico porteño que se volvió una zona de pobreza y exclusión.

Las recovas de Alem, Paseo Colón y Once descienden de la pionera Recova de la Plaza Mayor como cuna del comercio minorista.

La calle techada hace de espacio bisagra entre un exterior y un interior. Hacia cuadras de este tipo se dirige este recorrido, en torno a las dos herederas de una pionera, la Recova de la Plaza Mayor que marcó la expansión del comercio. Demolida por el intendente M.T. de Alvear, en 1883, la vieja y sucia recova de la carne y la verdura del día selló la identidad futura de las lúgubres recovas del Bajo y el Once, esas que, para Roberto Arlt, en sus Aguafuertes porteñas, “son recovas de una sola tristeza”.

Un sábado a la tarde, o un día hábil después de las 18, cada recova porteña es un salto al vacío: no hay a quién preguntar, a quién saludar. Un domingo al anochecer produce un aturdimiento de silencio difícil de explicar. Todos se fueron. “Proyecto de recova —dijo Arlt de la del Once—, la última y la más inexpresiva. Fue otra cuando los mazorqueros gritaban ‘Viva la Santa Federación’”. Allí, Jorge García, del histórico bar Gildo, salón vacío, describe el cambio de público: “Por Gildo —fundado por su padre, un inmigrante asturiano, a mediados del siglo XX— pasaban los trabajadores cuando la Argentina tenía fábricas y frigoríficos. Este local abría a las 5.30; después de la pandemia, abre a las 8, hasta las 19. A partir de que oscurece, los indigentes vienen a dormir a la recova”.

Las farolas de la revoca de Alem, a la altura de Perón.DIEGO SPIVACOW / AFV

Cuenta Jorge que el público cambió totalmente, con la llegada de los inmigrantes senegaleses. “La gente viene a comprar la mercadería que ellos venden. Cuando yo era chico, venía la gente del Oeste a comprar al Once: la ropa de blanco y el abrigo. Ahora, son personas de paso que vienen a abastecerse de mercadería para revender en su kiosco, en su pueblo. Vienen con el dinero justo, y comen de paso; son clientes golondrina”.

De 25 familias que sostenían el local de Gildo, hoy son cuatro los empleados que dan la cara ante los pocos fieles y los comerciantes mayoristas del “Interior” que se detienen a picar algo; hay bife de costilla, guiso de mondongo o de lentejas; supo hacerse la tradicional buseca; y se ven unos tentadores kinotos en almíbar, que al final se prueban, con un aromático café de máquina antigua. Las persianas de metal empiezan a bajar, pero no cesa la promoción de ofertas: tres por dos en pares de zapatillas; dos por uno en lencería erótica; cuatro por tres en libretas.

A la noche, la recova de Alem se vuelve refugio para personas en situación de calle. Rodrigo Nespolo – LA NACION

Pese a la prohibición, los manteros persisten: diez barbijos por 100 y carteras de colores flúo, los más requeridos por las señoras que bajaron de un ómnibus y los cargan en enormes bolsones negros estilo bolsa de residuos.

 “Las tías”, como las reconocen en la cuadra techada, meten todo eso, y bombachas y corpiños, que llevan a sus respectivas localidades bonaerenses, celebrando el milagro de un par de zapatillas New Balance a poco más de 3000 pesos, aunque la N luzca un poco mocha. Después, se lanzan con igual fruición sobre la lencería rosa del comercio Iara íntima, uno entre los 17 locales que ahora mismo aceleran el descenso de las persianas. Empieza a llegar, disimulada y cauta, la masa durmiente. Buscan el techo y las paredes que amparan en la noche negra; y el retiro, el vacío.

Se apaga la recova, entre cajas de cartón que hacen de colchones y dicen “Frágil”, y restos de papelería y telgopor que se usaron durante el día para envolver y contener paquetes. Como su prima hermana, la feria de La Salada, la recova del Once es un polirrubro que admite el vestido de fiesta junto al gris pantalón de jogging.

La recova de Once, frente a la Plaza Miserere. DIEGO SPIVACOW / AFV

Pese a la restauración de sus arcadas, y la limpieza profunda de 2017; y pese a la expulsión de los manteros, el mismo año (y su re-expulsión cuando, en 2021, volvieron a poblar el área), la recova está siempre igual a sí misma: “Grasiento humo negro sobre el gentío; clima charro de frontera latinoamericana”, la lapidó el cronista Enrique Espina Rawson, en el site Fervor x Buenos Aires. Otros, en cambio, más anónimos, aman y le cantan a ese afanoso trajín de pueblo, esa cumbia, esa vitalidad hecha canturreo de vendedores y movimientos frenéticos.

Contrastes del Bajo

Allí donde la no existencia de la estación de trenes desliga a la recova de peatones apurados y oferta de productos replicados de originales inaccesibles, el avance gentrificador instala rarezas como el Mercado de los Carruajesel típico patio de comidas gourmet que cada vez que desembarca en un barrio confirma su incorporación a la tesorería de las mercancías territoriales—. Ya pasó con Barracas, Villa Crespo, Chacarita: junto con los sabores renovados y las mesitas afuera llegó una suba impresionante de los precios de lo básico y lo exclusivo. Ahora está pasando en un sector del Bajo, pegadito a las torres de Puerto Madero.

La recova del hoy Mercado de los Carruajes. Ignacio Sanchez – Hernan Zenteno

Donde antes hubo caballerizas de la Presidencia, en un edificio construido a fines del siglo XIX (de elegante fachada de ladrillos, arcadas y cúpula), a metros del antiguo Palacio de Correos —hoy CCK—, la recova de Alem demuestra el potencial transformador de su género urbano. Qué distinto es caminarla —con cierta ansia claustrofóbica, siendo olorosa, oscura— de verla y disfrutarla desde afuera, yendo por el centro de la avenida (por las plataformas del Metrobus del Bajo), esquivando personas, valorándola en perspectiva. Su luz blanca mortecina, en la primera cuadra desde la Casa Rosada, vira a al amarillo de sus farolas mucho más amigable, llegando a la calle Perón.

Una vista nocturna de la recova de Alem. Rodrigo Nespolo – LA NACION

Los containers semiabiertos y la multitud de moscas gigantes no alcanzan a esmerilar la monumentalidad de la recova de Alem, que alberga piezas urbanas únicas como el local de Pachín (sándwiches de bondiola a 450 pesos), con toda la vibración de la salsa y la cumbia combinadas con los humos de las achuras asadas. 

Calle de contrastes, Alem, entre Lavalle y Tucumán, hace que las torres posmodernas de enfrente reflejen los edificios antiguos y el collage se termina de configurar con un cartel de viejo hotel y un pedacito del Luna Park, que hace del conjunto una mixtura increíble de capas de épocas. Más allá está el recuerdo de la bohemia periodística y literata que circulaba entre la Editora Abril (lamentablemente sin placa recordatoria, donde hoy hay un edificio deshabitado con vacías oficinas en alquiler, en Alem esquina Paraguay) y el Bárbaro. Así van pasando las tardes en esa avenida de unos pocos balcones de estilo francés, con algo del espíritu antiguo del viejo boulevard enmarcado por joyas del racionalismo arquitectónico, como el imponente edificio Comega, de 1934.

Un tramo de la recova de Paseo Colón. DIEGO SPIVACOW / AFV

Pero de la Casa Rosada hacia el sur, la recova de Paseo Colón conduce a un territorio más áspero, al que —por su desertificación a deshoras, o su condición diurna de mero lugar de paso entre bancos, organismos públicos y compañías aseguradoras en viejas torres híper vigiladas con guardias y cámaras— ni se atreven los sin techo. En días hábiles, el gusto del café clásico de Comet —esquina Belgrano— o la fachada del despampanante edificio Lahusen —prueba de la influencia alemana en la urbe, reseñada por Fabio Grementieri y Claudia Shmidt en el libro Alemania y Argentina— proveen momentos de alegría inusual. Y son un patrimonio hecho de combinaciones y conexiones inauditas, junto al Railway Building —de la esquina con Alsina—, sede de oficinas de ferrocarriles, con su prodigiosa cúpula alta y angosta al estilo faro y sus resonancias victorianas.

Un fin de semana, la recova de Paseo Colón es árida y desguarnecida —sin ni siquiera la luz tenue de las farolas de su continuación, en Alem—, sin ningún comercio abierto, ni siquiera un kiosco, permitiendo sentir, intenso y profundo, el humo de los humedales incendiados que baja por el río, y el aire apocalíptico se plasma en la desolación, la ausencia de humanos y los ecos de la aguafuerte arltiana (que la define como “triste y larga como el vía crucis”) sin opacar, pese a todo, un borde urbano de una riqueza descomunal que, ni aun flagelada, desaparece. Ahí está, inamovible a través del tiempo —ya lo dijo Arlt— la aureolada y triste poesía de la recova: “La tristeza de los bolsillos sin dinero, la de los inmigrantes sin esperanza, la de los vencidos sin refugio”.

Imagen de portada: Las Recovas de Buenos Aires

FUENTE RESPONSABLE: La Nación. Argentina. Por Julián Gorodischer. 19 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Ciudad de Buenos Aires/Argentina/Pobreza/ Migrantes/Indigencia.

 

 

 

 

Los británicos mayores de 50 años que vuelven a vivir en casas compartidas por el aumento de los alquileres.

Cada vez son más las personas mayores de 50 años en Reino Unido que viven en un departamento o casa compartida por el aumento del precio de los alquileres.

Según el mayor sitio en internet de alquileres compartidos en el país -SpareRoom-, desde 2011 ha habido un incremento de 239% en personas de entre 55 y 64 años que buscan un lugar compartido para vivir, mientras que el aumento ha sido de 114% para el grupo etario de entre 45 y 54 años.

No obstante, la mayoría de personas que busca este tipo de vivienda tiene entre 25 y 34 años.

Casa para 13

Karen Miles, una mujer de 66 años, se mudó hace 5 a un casa con 13 personas para ahorrar dinero.

Antes vivía en un departamento de dos ambientes en las afueras de la ciudad de Eastbourne, en el sureste de Inglaterra, pero comenzó a tener dificultades para pagar el alquiler y las cuentas.

Sus compañeros de vivienda tienen edades que van desde los 20 hasta los 50 años.

Alquileres

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Si bien se lleva bien con todos, no tienden a socializar juntos y Karen, que trabaja a tiempo parcial como ama de llaves, dice que compartir con personas más jóvenes puede resultar problemático.

Anteriormente tuvo problemas con algunos compañeros de piso que eran ruidosos y la cocina y el baño compartidos pueden ensuciarse rápidamente.

Sin embargo, reconoce que vivir con otra gente también tiene sus beneficios, como el tener alguien cerca para conversar.

«Si me mudara a algún lugar por mi cuenta creo que probablemente me sentiría un poco sola», le dice a la BBC.

Inquilinos «de por vida»

Karen ha tratado de buscar un piso de una habitación para alquilar, pero con el aumento de los precios ha tenido problemas para encontrar algo asequible.

También le gustaría compartir con amigos, pero dice que puede ser difícil para las personas mayores encontrar a alguien de la misma edad con quien alquilar.

«Mis amigas tienen esposos y familia, así que es difícil», le explica a la BBC.

Mujer mayor

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Muchas personas mayores tienen grandes dificultades para pagar el alquiler y las cuentas.

El director de comunicaciones de SpareRoom, Matt Hutchinson, dice que la razón principal por la que más personas mayores compartían la casa era la asequibilidad.

Según le dijo a BBC News, el aumento en el costo de alquilar y comprar una casa significaba que más personas compartían por más tiempo y se convertían en «inquilinos de por vida», mientras que las personas que habían terminado relaciones largas y originalmente podrían haber comprado o alquilado un apartamento de una habitación ahora ya no podían hacerlo.

Hutchinson cree que la tendencia continuará ya que la vivienda y otros costos aumentaran aún más.

Sarah Coles, analista de finanzas personales de la empresa financiera Hargreaves Lansdown, dice que las cifras oficiales también sugieren que los inquilinos están envejeciendo.

Y añadió que las cifras de la Oficina de Estadísticas Nacionales (ONS) sugieren que la crisis del costo de vida la sienten más los inquilinos que los propietarios, ya que gastan una mayor proporción de sus ingresos en vivienda.

Estigma

Además de las dificultades de encontrar a otras personas de edad similar para compartir casa, muchos sufren por el hecho de que todavía existe un estigma asociado al hecho de vivir en un sitio compartido a partir de cierta edad.

Susan Laybourn

FUENTE DE LA IMAGEN – SUSAN LAYBOURN. Susan solía vivir sola, pero comenzó a compartir la casa para ahorrar dinero.

Susan Laybourn, una mujer de 58 años que se mudó a una vivienda compartida para ahorrar dinero en marzo de 2020, dice que al principio se sentía «casi avergonzada» por no poder afrontar un alquiler sola.

«Ahora lo he aceptado y trato de ver lo que tiene de positivo, más que lo negativo», dice.

Imagen de portada: GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: Redacción BBC News Mundo. 9 horas

Sociedad y Cultura/Reino Unido/Economía/Pobreza

Las comidas con las que 5 países intentan hacer frente a la crisis alimentaria global.

Los alimentos son cada vez más caros y, a veces, más escasos.

Es algo que está pasando en todo el mundo y que obliga a las personas a adaptarse a las nuevas circunstancias, aunque esto implique cambiar lo que comen.

Carreras nocturnas a Walmart en EE.UU.

Son las 4 de la tarde en pleno verano en Georgia y el aire se siente pegajoso cuando Donna Martin llega a su trabajo.

Otro día laboral significa otra batalla para alimentar a los niños de su distrito escolar.

Donna es directora de un servicio de alimentación que atiende a 4.200 niños como parte de un programa federal de comidas escolares gratuitas, pero en el último año ha estado luchando para obtener los alimentos que necesita.

«Solo tenemos dos supermercados para toda nuestra comunidad compuesta por 22.000 personas», dice.

«Es un verdadero desierto de comida».

Durante las vacaciones de verano, el equipo de Donna Martin preparó almuerzos para niños

FUENTE DE LA IMAGEN – BEN GRAY. Donna dirigió un programa de comidas de verano para 3000 niños.

La inflación anual del precio de los alimentos llegó al 10,9% en julio, la más alta desde 1979. A medida que los precios se disparan, algunos de los proveedores de alimentos de Donna ya no están interesados en alimentar a las escuelas.

«Me están diciendo: ‘Son muy exigentes y los márgenes simplemente no están ahí'», explica.

El programa federal de comidas escolares en EE.UU. está estrictamente regulado. Eso significa que productos como el pan rallado de un nugget de pollo debe ser integral y los alimentos deben ser bajos en azúcar y sal. Así que Donna tiene que buscar tipos específicos de todo, desde cereales hasta bagels o yogures.

Ella reconoce que sus proveedores también están luchando. Una escasez crónica de mano de obra significa que no pueden encontrar conductores y los precios del combustible han aumentado un 60% desde el año pasado.

Cuando los proveedores no cumplen, Donna tiene que ser ingeniosa. Recientemente no pudo comprar mantequilla de maní, que a los niños les encanta, así que la reemplazó con una salsa de frijoles.

«Sé que a los niños no les va a gustar mucho, pero tengo que darles algo de comer», dice.

A menudo, Donna y su personal tienen que pasar las mañanas y las noches asaltando los estantes de supermercados locales como Walmart.

«Todos los días durante una semana tuvimos que comprar todo el yogur del pueblo», explica.

«Hay muchos niños realmente emocionados de volver a la escuela y no quiero que digan: ‘Mamá, hoy no recibimos nuestros batidos'».

Una fruta al rescate en Sri Lanka

Curry de jaca de Anoma Paranathala

FUENTE DE LA IMAGEN – CHAMIL RUPASINGHE. Curry de yaca.

En lo que alguna vez fue un arrozal a las afueras de Kandy, en el centro de Sri Lanka, Anoma Kumari Paranathala está arrancando judías verdes y menta fresca del follaje laberíntico de su huerto.

Desde aquí es difícil imaginar el caos en otras partes del país, mientras el gobierno y la economía se desmoronan.

Hay escasez de todo: medicinas, combustible y alimentos. Incluso las personas con buenos trabajos luchan por comprar lo básico.

«Ahora la gente está preocupada por su futuro», dice Paranathala. «Tienen miedo de que no haya nada para comer».

La tierra pertenece a su familia. Comenzaron a plantar durante la pandemia solo por diversión y ahora es una cuestión de supervivencia.

Paranthala aprendió por sí misma cómo cultivar vegetales a partir de libros y videos de YouTube. Ahora tiene tomates, espinacas, calabazas, raíz de taro y batatas en su jardín.

No todo el mundo tiene la suerte de tener una gran extensión de tierra, pero muchos habitantes de Sri Lanka están recurriendo a otra fuente de alimento: los árboles de yaca.

«En todos los demás jardines, hay un árbol de yaca», dice Paranathala.

«Pero hasta hace poco, la gente no se fijaba en las yacas. Simplemente se caían de los árboles y se desperdiciaban».

Anoma y familia en su huerto

FUENTE DE LA IMAGEN – CHAMIL RUPASINGHE. Anoma y familia en su huerto.

Ella comenzó a hacer un curry cremoso de coco con la fruta, sustituyendo así los vegetales que ahora serían caros de comprar.

La yaca también aparece ahora en el kottu, un popular plato salteado que se vende como comida callejera. Y algunas personas están moliendo las semillas para hacer harina para pan, pasteles y roti.

La yaca apareció en los menús de los restaurantes de moda de todo el mundo como sustituto de la carne hace unos años, pero se necesitó una crisis para que se hiciera popular aquí, donde crece.

Entonces, ¿a qué sabe la fruta? «Es algo que no se puede describir», dice ella. «Es celestial».

Las panaderías en Nigeria se están «extinguiendo»

frijoles en pan

FUENTE DE LA IMAGEN – TOM SAATER- Frijoles en pan.

Por lo general, Emmanuel Onuorah tiene poco interés en la política: es panadero y solo quiere vender pan.

Pero recientemente en Nigeria, su trabajo se ha vuelto casi imposible.

«En el último año, la harina de trigo ha subido más de un 200%, el azúcar ha subido casi un 150% y los huevos que usamos para hornear han subido un 120%», dice.

«Estamos funcionando a pérdida», cuenta. Ha tenido que despedir a 305 de sus 350 empleados. «¿Cómo van a alimentar a sus familias?».

Como presidente de la Asociación de panaderos premium de Nigeria, está en el centro de un gremio. En julio, hizo que cerca de medio millón de panaderos cerraran sus negocios cuatro días en el marco de una protesta.

Esperaba que el gobierno se diera cuenta y redujera los impuestos sobre los productos que importan.

Una combinación de malas cosechas y una mayor demanda después de la pandemia hizo que los precios del trigo y el aceite vegetal se dispararan en todo el mundo. La invasión de Ucrania empeoró aún más las cosas.

En Nigeria, la mayoría de los ingredientes de una panadería son importados. Pero una barra de pan se vende por una fracción de lo que cuesta en Europa, por lo que es mucho más difícil absorber los aumentos de precios.

El país también tiene un suministro de energía público errático, por lo que la mayoría de las empresas utilizan generadores privados que queman diésel. Pero el precio del combustible ha aumentado un 30%.

Aunque es rico en petróleo, Nigeria tiene pocas refinerías de combustible y tiene que importar casi todo su diesel.

A pesar de que sus costos se triplicaron, Onuorah dice que solo puede aumentar sus precios en un 10-12%. Sus clientes no pueden pagar más que eso.

Emmanuel Onuorah en su panadería

FUENTE DE LA IMAGEN – TOM SAATER. Emmanuel Onuorah en su panadería.

«Los nigerianos están empobrecidos, las empresas están cerrando y los salarios están estancados, no se les puede sobrecargar», dice.

En promedio, los nigerianos gastan casi el 60% de sus ingresos en alimentos.

En EE.UU., por el contrario, esa cifra está más cerca del 7%.

Seguir así es insostenible para las panaderías. «No somos una asociación benéfica, estamos en el negocio para ser rentables».

«Pero seguimos avanzando», cuenta, «para que los nigerianos puedan comer».

Una olla comunal alimenta a 75 personas en Perú

Olla con pasta

FUENTE DE LA IMAGEN – GUADALUPE PARDO. La comida comunal ha cambiado de los guisos de carne a la pasta.

Subiendo por un camino accidentado en una colina que domina la ciudad de Lima, Justina Flores está tratando de averiguar qué va a cocinar hoy.

Es un problema que cada día es más difícil de resolver.

En el punto álgido de la pandemia, se reunió con 60 de sus vecinos para juntar la comida que tenían que cocinar.

La mayoría de los residentes de San Juan de Miraflores son trabajadores domésticos (cocineros, empleadas domésticas, niñeras y jardineros), pero al igual que Justina, la mayoría perdió su trabajo durante la pandemia y sus familias tenían hambre.

Comenzaron a cocinar en una olla afuera de la casa de Justina, con leña que recogieron como combustible. Luego construyeron una pequeña choza y un sacerdote local proporcionó una estufa. Justina pidió a los comerciantes del mercado que donaran alimentos que de otro modo se habrían desperdiciado.

Dos años después están alimentando a 75 personas, tres veces por semana. Justina, que trabajaba como asistente de cocina antes de la pandemia de covid, se ha convertido en una líder en su comunidad. «Sigo tocando puertas, buscando apoyo».

Solía hacer sustanciosos guisos de carne y verduras, servidos con arroz. Pero en los últimos meses, las donaciones se han reducido a un goteo y todos los tipos de alimentos son más difíciles de conseguir.

«Estamos desesperados, tuve que reducir las porciones», dice la Sra. Flores. Le cuesta conseguir cosas básicas como el arroz.

Justina makes her big pot

FUENTE DE LA IMAGEN – GUADALUPE PARDO. Justina prepara comida.

Lo que comenzó en abril como protestas de agricultores y trabajadores del transporte contra el aumento del costo del combustible y los fertilizantes ha llevado a una serie de huelgas que interrumpen aún más el suministro de alimentos.

Recientemente, debido al aumento de los costos, Justina tuvo que dejar de servir carne. Intentó con sangre, hígado, huesos y mollejas porque eran asequibles. Luego se volvieron demasiado caros y los reemplazó con huevos fritos.

Cuando el precio del petróleo se disparó, les dio huevos a las familias para que los cocinaran en casa. Ahora, tampoco hay huevos.

Así que hoy está sirviendo pasta con una salsa hecha de cebollas y hierbas.

Sin embargo, Justina no culpa a los agricultores por las huelgas o la escasez.

«Podemos cultivar alimentos aquí en Perú, pero el gobierno no está ayudando», concluye.

Un boicot de pollo en Jordania

cebollas fritas con arroz

FUENTE DE LA IMAGEN – AHMAD JABER. Cebollas fritas con arroz

El 22 de mayo, una cuenta anónima que tuiteaba en árabe instó a las personas a etiquetar imágenes de productos de pollo con el hashtag #Boycott_Greedy_Chicken_Companies.

Unos días después, en Jordania, Salam Nasralla regresaba del supermercado a su casa cuando vio que la campaña se viralizaba.

«Escuchamos sobre esto en todas partes, todos nuestros amigos y familiares hablaban de eso. Estaba en todas las redes sociales y la televisión», dice Nasralla.

Acababa de notar el aumento de precio en su propia lista de la compra. Como madre de dos hijos que cocina habitualmente para sus padres, hermanas, sobrinas y sobrinos, compra mucho pollo.

Se sintió obligada a participar.

Durante 10 días evitó el pollo, pero era difícil. Debido a que otras carnes y pescados son caros, Salam y su familia comen pollo casi todos los días.

Comían hummus, falafel o berenjena frita en lugar de carne. Doce días después de iniciada la campaña, el precio del pollo había bajado un tercio, casi US$1 (0,7 Dinar) el kilo.

Rami Barhoush, que administra granjas avícolas y mataderos, apoya la idea de los boicots, pero cree que fue un error.

Sus granjas han estado luchando con el aumento de los costos desde principios de año, especialmente para combustible y alimento para pollos.

Los factores globales se han combinado para hacer subir los precios de los combustibles y los cereales, debido a situaciones como el aumento en China de la población de cerdos después de la gripe porcina, la sequía en América del Sur y la guerra en Ucrania.

La familia Nasralla evitó el pollo durante 10 días

FUENTE DE LA IMAGEN – AHMAD JABER. La familia Nasralla evitó el pollo durante 10 días.

En Jordania, el gobierno propuso un tope de precio para el pollo.

Los criadores de pollos acordaron un tope hasta el final del Ramadán. Pero a principios de mayo, se vieron obligados a subir los precios, lo que provocó un repunte. Entonces comenzó el alboroto en las redes sociales.

«El pollo representaba el descontento con todos los precios en aumento de todo lo demás», dice.

Nasralla se alegró de ver que la protesta tuvo efecto, pero le preocupa que no haya llegado al corazón del problema.

«Desafortunadamente, son los pequeños agricultores y los vendedores de pollo los que más están sufriendo y no los grandes comerciantes que ponen precios altos en todo lo que necesita el granjero».

Imagen de portada: BEN GRAY. Una de las comidas escolares de Donna Martin: con salsa de frijoles sustituida por mantequilla de maní.

FUENTE RESPONSABLE: Stephanie Hegarty; Corresponsal de población BBC Mundo. 17 de agosto 2022.

Economía/Pobreza/Inflación/Sociedad/Nutrición/Alimentación

 

 

 

Afganistán: cómo se vive en Kabul y otras zonas del país un año después del regreso de los talibanes al poder.

Cuando llegas al aeropuerto internacional de Kabul, lo primero que notas son las mujeres, vestidas con pañuelos marrones y capas negras, sellando pasaportes.

La pista de aterrizaje, que hace un año fue escenario de una marea de personas en pánico desesperadas por escapar, ahora es mucho más tranquila y limpia. Filas de banderas blancas de los talibanes ondean en la brisa del verano: se han pintado vallas publicitarias de los viejos rostros famosos.

¿Qué hay más allá de esta puerta de entrada a un país que fue trastornado por una rápida toma de poder por parte de los talibanes?

Dejar el trabajo a los hombres

Los mensajes son sorprendentes, por decir lo menos.

«Quieren que le dé mi trabajo a mi hermano», escribe una mujer en una plataforma de mensajería.

«Nos ganamos nuestros puestos con nuestra experiencia y educación. Si aceptamos esto significa que nos hemos traicionado a nosotras mismas», declara otra.

Estoy sentada con algunos antiguos altos funcionarios del Ministerio de Finanzas que comparten sus mensajes.

Forman parte de un grupo de más de 60 mujeres, muchas de la Dirección de Ingresos de Afganistán, que se unieron después de que se les ordenara irse a casa en agosto pasado.

Funcionarias públicas en Afganistán

FUENTE DE LA IMAGEN – JACK GARLAND

Los talibanes dijeron a las funcionarias públicas que enviaran los CV de sus familiares varones que pudieran postularse para sus puestos de trabajo.

Aseguran que los funcionarios talibanes les dijeron: «Envíen los resúmenes curriculares de sus familiares varones que puedan postularse para sus trabajos».

«Este es mi trabajo», insiste una mujer que, como todas las mujeres de este grupo, pide ansiosa que se oculte su identidad. «Luché con mucha dificultad durante más de 17 años para conseguir este trabajo y terminar mi maestría. Ahora estamos de vuelta a cero».

En una llamada telefónica desde fuera de Afganistán, se nos une Amina Ahmady, quien fue directora general de este despacho.

Se las arregló para irse, pero esa tampoco es una salida.

«Estamos perdiendo nuestra identidad», lamenta. «El único lugar donde podemos guardarlo es en nuestro propio país».

El título de su grupo, «Mujeres líderes de Afganistán», les da fuerza. Lo que quieren es su trabajo.

Fueron las mujeres quienes aprovecharon los nuevos espacios de educación y oportunidades laborales durante dos décadas de compromiso internacional que terminaron con el régimen talibán.

Los funcionarios talibanes dicen que las mujeres siguen trabajando. Quienes lo hacen son principalmente personal médico, educadoras y trabajadoras de seguridad, incluso en el aeropuerto, en espacios frecuentados por mujeres.

Los talibanes también enfatizan que las mujeres, que alguna vez ocuparon alrededor de una cuarta parte de los empleos del gobierno, todavía reciben un pago, aunque una pequeña fracción de su salario.

Una exfuncionaria me cuenta cómo un guardia talibán la paró en la calle y criticó su velo islámico, o hiyab, aunque iba completamente cubierta.

«Tienes problemas más importantes que resolver que el hiyab», replicó, otro momento de la determinación de las mujeres de luchar por sus derechos dentro del islam.

El riesgo de hambruna

La escena parece idílica. Gavillas de trigo dorado brillan bajo el sol de verano en las remotas tierras altas centrales de Afganistán. Se puede escuchar un suave mugido de vacas.

Noor Mohammad, de 18 años, y Ahmad, de 25 años, siguen blandiendo sus hoces para limpiar un trozo de grano restante.

Un campo de trigo en Ghor

FUENTE DE LA IMAGEN – JACK GARLAND. A medida que se agotan los trabajos, los jóvenes se dedican a trabajos como la cosecha, que paga el equivalente a US$2 por día.

«Este año hay mucho menos trigo debido a la sequía», comenta Noor, con el sudor y la suciedad en su joven rostro. «Pero es el único trabajo que pude encontrar».

Un campo cosechado se extiende en la distancia detrás de nosotros. Han sido 10 días de trabajo agotador por parte de dos hombres en la flor de su vida por el equivalente a US$2 por día.

«Estaba estudiando ingeniería eléctrica pero tuve que abandonar la carrera para mantener a mi familia», explica. Su arrepentimiento es palpable.

La historia de Ahmad es igual de dolorosa. «Vendí mi moto para ir a Irán pero no encontraba trabajo», explica.

El empleo temporal en el vecino Irán solía ser una respuesta para los habitantes de una de las provincias más pobres de Afganistán. Pero el trabajo también ha disminuido en Irán.

«Damos la bienvenida a nuestros hermanos talibanes», dice Noor. «Pero necesitamos un gobierno que nos dé oportunidades».

Más temprano ese día, nos sentamos alrededor de una mesa de pino brillante con el gabinete provincial de Ghor, hombres con turbantes ubicados junto al gobernador talibán Ahmad Shah Din Dost, quien fue vicegobernador en la sombra durante la guerra.

«Todos estos problemas me entristecen», dice al enumerar la pobreza, las malas carreteras, la falta de acceso a los hospitales y las escuelas que no funcionan correctamente.

El final de la guerra significa que más agencias de ayuda ahora están trabajando aquí, incluso en distritos que antes estaban fuera de los límites. A principios de este año, se detectaron condiciones de hambruna en dos de los distritos más distantes de Ghor.

Pero la guerra no ha terminado para el gobernador Din Dost. Dice que fue encarcelado y torturado por las fuerzas estadounidenses. «No nos den más dolor», asevera. «No necesitamos ayuda de Occidente».

«¿Por qué Occidente siempre interfiere?», pregunta. «No cuestionamos cómo tratan a sus mujeres y hombres».

Gobernador talibán Ahmad Shah Din Dost

FUENTE DE LA IMAGEN – JACK GARLAND. El gobernador talibán Ahmad Shah Din Dost.

En los días siguientes, visitamos una escuela y una clínica de desnutrición, acompañados por miembros de su equipo.

«Afganistán necesita atención», dice Abdul Satar Mafaq, joven director de salud con educación universitaria de los talibanes, quien parece ser más pragmático. «Tenemos que salvar la vida de las personas y no es necesario que involucre la política».

Recuerdo lo que me dijo Noor Mohammad en el campo de trigo. «La pobreza y el hambre también es una lucha y es más grande que los tiroteos».

El cierre de escuelas para niñas

Sohaila, de 18 años, está emocionada.

La sigo por unas escaleras oscuras hasta el sótano del mercado exclusivo para mujeres de Herat, la antigua ciudad occidental conocida desde hace mucho tiempo por su cultura más abierta, su ciencia y su creatividad.

Es el primer día que abre este bazar: los talibanes lo cerraron el año pasado, y estuvo clausurado por la pandemia de covid-19 el año anterior.

Nos asomamos a través de la fachada de cristal de la tienda de ropa de su familia, que aún no está lista. Una fila de máquinas de coser se encuentra en la esquina, globos de corazones rojos cuelgan del techo.

Un mercado exclusivo para mujeres en Herat

FUENTE DE LA IMAGEN – JACK GARLAND. Un mercado exclusivo para mujeres en Herat.

«Hace una década, mi hermana abrió esta tienda cuando tenía 18 años», me dice Sohaila, compartiendo una historia resumida de la costura de su madre y abuela de vestidos tradicionales kuchi con estampados brillantes.

Su hermana también había abierto un club de internet y un restaurante.

Las instalaciones están mal iluminadas, pero en esta penumbra hay un rayo de luz para las mujeres que han pasado demasiado tiempo sentadas en casa.

Sohaila tiene otra historia para compartir.

«Los talibanes han cerrado las escuelas secundarias», comenta con naturalidad sobre algo que tiene enormes consecuencias para las adolescentes ambiciosas como ella.

La mayoría de las escuelas secundarias están cerradas por orden de los principales clérigos ultraconservadores de los talibanes, a pesar de que muchos afganos, incluidos miembros talibanes, han pedido que se vuelvan a abrir.

«Estoy en el grado 12. Si no me gradúo, no puedo ir a la universidad».

Le pregunto si puede ser la Sohaila que quiere ser en Afganistán. «Por supuesto», declara con confianza. «Es mi país y no quiero ir a otro».

Pero un año sin escuela debe haber sido duro. «No soy solo yo, son todas las chicas de Afganistán», comenta estoicamente.

«Es un triste recuerdo», asegura.

Sohaila

FUENTE DE LA IMAGEN – JACK GARLAND

Los talibanes cerraron escuelas para niñas en Afganistán proyectando un futuro incierto para muchas jóvenes como Sohaila.

Su voz se apaga mientras rompe a llorar.

«Yo era la mejor estudiante».

Imagen de portada:JACK GARLAND. Los talibanes tomaron el poder en Afganistán en agosto de 2021.

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo.Por Lyse Doucet, Kabul. Hace 8 horas.

Afganistán/Pobreza/Mujeres

 

 

 

 

«Soy un monstruo negro y tengo un coeficiente intelectual bajo»: los polémicos videos racistas que youtubers chinos graban en África para ganar dinero.

«¡Soy un monstruo negro! ¡Tengo un coeficiente intelectual bajo!»

En febrero de 2020, en las redes sociales en China apareció un denigrante video en el que se veía a un grupo de niños en situación de pobreza en distintos sitios de África repitiendo en mandarín los insultos racistas que les dictaba un camarógrafo anónimo.

El formato de la grabación es uno de los que se ha vuelto popular en los últimos años en China: videos de felicitaciones personalizadas, en los que personas en algún lugar de África, muchas de ellas negras y menores de edad, envían saludos en un idioma que ellas mismas muchas veces no entienden.

Todo esto mientras bailan y «se divierten» alrededor de una pizarra negra, en la que el mensaje de felicitación está escrito con tizas de distintos colores.

Los reporteros Runako Celina y Henry Mhango, del equipo de BBC Africa Eye, decidieron investigar el video con contenido racista de 2020 para intentar revelar la historia detrás de su grabación.

«Luego de que la controversia se desvaneció en las redes, yo no podía olvidarme de él. Como mujer negra viviendo en China, el video se había quedado grabado en mi cabeza. ¿Dónde fue grabado? ¿Por qué se hizo? ¿Quién es esa persona que tomó a un grupo de niños felices y emocionados y les hizo gritar algo tan denigrante?», se pregunta Runako.

Luego de meses de arduas investigaciones y videoanálisis forenses, nuestro equipo de BBC Africa Eye logró encontrar algunas respuestas.

El video

Un video en el que niños gritan "soy un monstruo negro"

Pie de foto,»Soy un monstruo negro», se les oye decir a los niños.

El «video del coeficiente intelectual», como se refieren a él Runako y Henry, es solo uno de una multitud de videos racistas que se encuentran en las redes sociales en China.

Pero para Runako, este video tuvo un impacto distinto. Uno de los factores que más polémica generó cuando se hizo público en 2020, fue el uso de un término que los niños repiten durante la grabación.

«La palabra que los niños están usando [en el video] es ‘heigui'», explica Runako, que se podría traducir como «monstruo negro» o «demonio negro».

«Pero en realidad» agrega, «es el equivalente chino de la palabra que comienza con N en inglés y que es uno de los peores insultos raciales», cuenta.

Como punto de partida de su búsqueda, Runako decidió contactar con expertos en videoanálisis forense para intentar buscar detalles que ayudaran a identificar el lugar de la grabación.

A través de elementos geográficos, topográficos y de señalización, los expertos lograron identificar que el video del coeficiente intelectual había sido grabado en una pequeña población rural de Malaui, en el sureste africano.

Investigación en el terreno

Entendiendo que necesitaría de alguien que conociera bien terreno, Runako decidió aliarse con Henry Mhango, un reportero investigativo local que ha trabajado con BBC Africa Eye destapando casos de abusos de los derechos humanos, corrupción y crímenes violentos en Malaui.

El periodista de Malawi, Henry Mhango

El periodista de Malawi, Henry Mhango.

«Cuando [Runako] me mostró el video del coeficiente intelectual, quedé en shock: los niños que gritaban esas frases denigrantes eran de Malaui. Había ocurrido debajo de nuestras narices, escondido a simple vista», explica Henry.

Armado con nada más que unas coordenadas geográficas, Henry se dirigió al sitio donde la evidencia señalaba que había sido grabado el video.

«La población está situada en un área perfecta para hacer negocios de manera discreta. Está escondida en la zona rural y solo se conecta con las autopistas a través de carreteras profundas».

Fue ahí donde, por primera vez, Henry escuchó un nombre. O más bien, un apodo: «Susu», que significa «tío» en mandarín.

Una grabación secreta

Grabación secreta de «Susu».

El periodista descubrió que Susu había llegado a vivir al área hacía algunos años y había grabado cientos de videos con la población local. Según contaron algunas personas del pueblo, lo habían recibido creyendo que venía a enseñarles a los pequeños a hablar mandarín.

Además, cuentan los reporteros, no es raro ver a personas de nacionalidad china en Malaui hoy en día: debido al creciente impulso de Pekín para expandir su influencia en África -a través de inversiones en infraestructura y la presencia de empresas y tecnología china- los pobladores locales se han empezado a acostumbrar a la presencia de extranjeros en el país.

Eso también hizo que algunos residentes creyeran que, a través de los videos, Susu iba a lograr conseguir traer ayuda económica de China para mejorar las condiciones de la empobrecida población.

El engaño

Los pobladores a los que entrevistó el equipo de BBC Africa Eye contaron que, a pesar de las horas que los niños pasaban con Susu, nunca aprendieron mandarín. Sabían decir algunas palabras, porque las aprendían mientras grababan los videos, pero nunca aprendieron qué significado tenía lo que estaban diciendo.

Lo que es aún peor, según contaron los pobladores locales, muchos de los niños que grababan videos con Susu habían dejado de ir a la escuela.

Un hombre ofrece papas a la francesa a unos niños en África

Muchos de los videos de Susu tenían contenido denigrante, burlándose de la pobreza de las personas en África.

«En vez de convertirse en los líderes del mañana, van a crecer sin educación. Terminarán pidiendo dinero o robando», aseguró una madre a los periodistas de la BBC.

Pero aunque Runako y Henry sabían que se estaban acercando a Susu, aún no tenían una imagen clara de qué aspecto tenía el hombre en realidad.

«Selfies y blogs nos dieron una primera imagen de quien podría ser el dueño [de los videos], un veinteañero. Entre las publicaciones, encontramos una única foto de una tarjeta de identificación nacional y finalmente tuvimos un nombre: Lu Ke», explicó Runako.

«Pero, ¿es este hombre Susu, el mismo que he estado siguiendo en la web? Y más importante, ¿es él quien hizo el video del coeficiente intelectual?».

Xiao Gulah, la imagen de los videos

Bright es un pequeño de 6 años que vive en la pequeña población rural de Kamwendo, en el occidente de Malaui, cerca de la frontera con Namibia.

Bright, un pequeño de 6 años

A sus 4 años, fue uno de los sujetos preferidos por Susu para sus videos.

Pero no solo era el sujeto preferido de Susu, sino que también lo era de la audiencia: Bright se volvió viral en las redes sociales en China, y llegó a ser una especie de «imagen no oficial» para este tipo de contenidos.

En estos ámbitos, a Bright lo conocen como Xiao Gulah.

En las páginas web que ofrecen estos videos, es común ver contenido acompañado de una foto en la que Bright aparece con los pulgares hacia arriba, como un gesto de aprobación.

Un video promocionado con la imagen de Bright

La imagen de Bright se viralizó en China.

Lo que Runako y Henry descubrieron detrás de la imagen dulce e inocente del pequeño en su rol de Xiao Gulah, fue una triste y vergonzosa historia de maltrato infantil.

«[Susu] nos pellizcaba cuando cometíamos un error y cuando hacíamos algo mal, nos golpeaba con un palo», les dijo el pequeño a nuestros periodistas, mientras su madre miraba con tristeza.

«Cuando yo trataba de llevármelo, el hombre volvía y se lo llevaba. Es muy doloroso para mi corazón. Nunca le vimos ningún beneficio», explicó la mujer.

Susu, el racista

Nuestros periodistas tenían cada vez más información sobre los videos, pero había un punto clave por aclarar: ¿había sido Susu quien había grabado el video del coeficiente intelectual?

Para poder averiguarlo, el equipo de BBC Africa Eye contactó a un periodista chino para que se hiciera pasar por un empresario que buscaba contratar los servicios de Lu Ke. Llevaría consigo una cámara escondida.

En una de varias conversaciones que sostuvieron, Susu empezó a hablar de su trabajo con las personas negras en África.

«No los trates como si fueran tus amigos», le dijo el hombre al periodista. 

«Nunca les tengas lástima, tienes que recordar eso. Nunca les tengas lástima. No importa su situación familiar, nunca les tengas lástima. Así es como debes tratar a la gente negra», se le escucha decir a Lu Ke en uno de los videos.

Una imagen de Susu en la cámara escondida

«No los trates como si fueran tus amigos», le dijo el hombre al periodista.

Con frases tan explícitas como las que quedaron registradas en video, los reporteros de BBC Africa Eye decidieron que había llegado la hora de buscar respuestas sobre el video del coeficiente intelectual.

Citaron nuevamente a Lu Ke para el mostrárselo y preguntarle si era de él.

«Sí, ese es mío», se ve al hombre responder con naturalidad.

Pero después de unos segundos, como si se hubiera acordado de algo, Susu se retractó: «No, espera, ese video no es mío. Lo hizo mi amigo […] te sugiero que no tengas ese video en tu teléfono. No dejes que la gente negra vea eso»

Susu rodeado de niños

Algunos videos muestran a Susu como el centro de atención de los chicos.

Según Runako, parecía que Susu hubiera dejado escapar un secreto, idea que se afianzó unos segundos después cuando el hombre mencionó la polémica que se había generado con la publicación original del video.

Haciéndose rico

Nuestro equipo descubrió que Susu estaba haciendo grandes cantidades de dinero con sus videos.

En una de las conversaciones grabadas a escondidas, se le ve ufanándose de grabar más de 380 videos en un solo día, algo que representaría ganancias de por lo menos US$11.000 en menos de 24 horas.

Cuando Runako le preguntó a la madre de Bright si había recibido algún tipo de ganancia por el trabajo de su hijo, la mujer dijo que no.

Fausika y Bright

«Es tan doloroso para mí, porque mi hijo ha sufrido mucho. Lo hacía gritar hasta que le salieran las venas [del cuello] durante tres días seguidos y al cuarto, volvía enfermo. Al cuarto día, el hombre chino llegaba con un pedazo de pollo, lo compartía con él y se lo llevaba a trabajar otra vez».

Los familiares de otros niños que aparecieron en el video, también reaccionaron con dolor.

La abuela de uno de los chicos, casi en lágrimas, dijo que Susu había «hecho ganancias con la gente pobre».

Familiares de niños que aparecen enlos videos de Susu

La confrontación

Luego de meses de investigaciones, y cargados con evidencia en su contra, los periodistas finalmente decidieron confrontar al Lu Ke en su casa.

Runako, acompañada por Henry, y ante la mirada curiosa de los locales, se acercó con decisión.

«Todos los chicos locales te llaman Susu, ¿verdad?», preguntó Runako.

Runako confronta a Susu

«Sí, sí»

«¿Cuál es la razón para hacer estos videos?»

«Quiero esparcir la cultura, la música y la danza de China. Incluso las palabras chinas, el lenguaje chino».

«Nuestras fuentes dicen que usted golpea a los chicos»

«No lo hice»

«Vimos el video en el que los hace decir ‘soy el diablo negro’. ¿Lo hizo?»

«Yo no hice ese video»

«Esto se considera explotación, ¿usted sabía eso?»

«Yo no los exploté»

Susu durante la confrontación

El hombre se defendió.

La investigación de la BBC mereció un comentario de la ministra de seguridad interior de Malawi, Jean Muonaowauza Sendeza, quien aseguró que Susu había violado leyes de protección de menores, y tendría que responder ante las autoridades.

Según le dijo la ministra al periodista Henry Mhango: «Se ha violado el acta de protección y justicia infantil y usaremos esta acta para que este individuo enfrente la ley. No permitiremos que extranjeros insulten a nuestros hijos, a nuestros ciudadanos».

La policía del país africano también anunció el inicio de una investigación.

Una investigación agridulce

Runako y Henry

Cansados de una conversación infructuosa, en la que Susu negó todo lo que el equipo de BBC Africa Eye había logrado comprobar, Runako y Henry abandonaron la población con una sensación «agridulce».

«Pasé tanto tiempo revisando los videos de Susu, preocupándome por lo que pasaba detrás de escena. Ahora, sabía la verdad», dice Runako.

«Pero mientras me preparaba para dejar a Henry, este descubrimiento se sintió agridulce: dulce porque junto a Henry habíamos logrado descubrir uno de los peores ejemplos del racismo al que todas [las personas de raza negra] nos enfrentamos, tanto en el continente como en la diáspora.»

Runako

«Pero amargo, porque ambos sabíamos que esto era más grande que Susu: sí, habíamos irrumpido la actividad de un hombre. Pero esta industria sigue en crecimiento, con la explotación diaria de niños de verdad, como Bright, para entretener a personas en sitios muy, muy lejanos…»

Henry está de acuerdo.

«Cuando miro mi país, pienso en todas las personas que aún se enfrentan a la pobreza […] Susu se aprovechó de su buena fé. Vino a Malaui y traicionó a nuestros niños…»

Esta historia es una adaptación del documental Racism for Sale de BBC Africa Eye. Puedes verlo completo (en inglés) aquí.

Imagen de portada: Gentileza de BBC News Mundo

FUENTE RESPONSABLE: Redacción BBC News Mundo.17 junio 2022, 04:06 GMT.

Sociedad y Cultura/Pobreza/Abuso infantil/Malaui/África/Infancia/ China

 

 

 

 

 

 

Branko Milanovic: «Los más ricos en Chile ganan como los más ricos de Alemania y los más pobres como en Mongolia». Parte 2/2

¿Y qué otro tipo de consecuencias dejará esta pandemia a nivel político y económico?

Vamos a estar peor. Vamos a perder vidas, ingresos, un retroceso en la globalización, más tensiones en las relaciones políticas entre países, malestar social.

No veo qué puede mejorar. Es un desastre gigantesco. No hay voluntad de cooperación entre Estados Unidos y China y otros líderes nacionalistas como Vladimir Putin en Rusia, como Narendra Modi en India o Jair Bolsonaro en Brasil. Los países más grandes tienen líderes que no están interesados en colaborar. Eso me deja bastante pesimista sobre lo que viene después de la pandemia.

¿Ve algún efecto positivo de la pandemia?

No veo ninguno. Lo único que podría ser de alguna manera positivo, es que reconsideremos nuestro enfoque hacia el sistema de salud, especialmente en los países ricos porque en los países ricos el sistema de salud ha sido un gigantesco fracaso, basta con mirar Estados Unidos.

¿Qué es lo que más le preocupa sobre las políticas que ha llevado adelante el gobierno de Donald Trump en estos años en la Casa Blanca, cuál será su mayor legado?

Uno de sus legados será la relación entre EE. UU. y China. Esa relación no va a regresar a lo que era antes, incluso si Trump perdiera las elecciones en noviembre.

La relación entre EE. UU. y China ha sido envenenada y eso va más allá de Trump y del Partido Republicano.

En su último libro «Capitalism, Alone: The Future of the System That Rules the World», usted se refiere al «capitalismo de la gente», ¿de qué se trata exactamente?

Hay distintos tipos de capitalismo. Uno es el que conocemos como capitalismo liberal meritocrático, donde el ejemplo es EE. UU. y el otro es el capitalismo político, donde el ejemplo es China. En el caso de China el concepto es bastante similar a lo que otros llaman capitalismo de Estado.

En los sistemas capitalistas hay una gran concentración de los ingresos provenientes del capital. Y los que concentran el capital tienden a dominar el proceso político.

Branko Milanovic

FUENTE DE LA IMAGEN – MICHAEL SPILOTRO

Milanovic es partidario de avanzar hacia el «capitalismo de la gente».

Una de las maneras de desconcentrar es permitir a los inversionistas más pequeños un mayor acceso a las ventajas que tienen actualmente frente a los grandes inversionistas. Por ejemplo, que los trabajadores tengan participación accionaria.

Tenemos el concepto de «property owning democracy» (democracia de propietarios), que se podría llamar «capitalismo de la gente».

Es el capitalismo donde gran parte del capital pertenece a muchas personas, es decir, menos concentración del capital que la que tenemos ahora.

Y en ese contexto, ¿cómo ve el futuro del capitalismo?

Creo que deberíamos movernos hacia ese tipo de capitalismo. Y ese tipo de capitalismo requiere seguir varios pasos, como mejorar el sistema impositivo, especialmente el impuesto a la herencia para nivelar la cancha de juego, para que sea más pareja.

Lo otro es la educación. Si tienes buenas escuelas públicas y la educación es gratuita para todos, también creas igualdad de oportunidades. Y lo otro es el financiamiento público de las campañas electorales.

Sabemos que las cosas no son blanco o negro. Pero si tuviera que definirse políticamente en los términos que existen actualmente, ¿dónde se ubicaría?

Como usted dice no es blanco o negro y además la terminología es engañosa. Si realmente me tuviera que definir, diría que soy un socialdemócrata.

Ahora bien, los socialdemócratas aceptan el capitalismo, pero plantean que si no se hacen correcciones, llegaríamos a niveles insostenibles de desigualdad. Pero incluso esto de la socialdemocracia es una simplificación.

Si miramos la evolución de la desigualdad de ingresos en las últimas décadas a nivel global, ¿ha aumentado o ha disminuido?

En el último par de décadas la desigualdad ha caído, principalmente por el ascenso de países más pobres como China, India, Vietnam, Indonesia y otros.

Este fuerte impulso en la nivelación del ingreso se explica simplemente porque países grandes como China e India han crecido más. Eso provee una gran fuerza compensatoria.

¿No es eso una señal de que el capitalismo puede funcionar?

Sí, es una señal. Podemos decir que sin globalización China e India no habrían sido capaces de crecer al nivel que lo han hecho.

Esa reducción en la desigualdad global es, hasta cierto punto, compensada con el aumento de la desigualdad al interior de esos países.

Xi Jinping y Donald Trump

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Milanovic dice que hay una masiva convergencia de ingresos entre Asia y Occidente y un aumento de la desigualdad dentro de los países.

Tienes dos fuerzas que se enfrentan. La masiva convergencia de ingresos entre Asia y Occidente, y por el otro lado, el aumento de la desigualdad dentro de los países.

Pero esta fuerza compensatoria no es lo suficientemente grande para afectar la convergencia. Por eso la desigualdad global ha disminuido.

Algunos economistas dicen que si en general una persona promedio dice que vive mejor que sus padres, eso es suficiente para demostrar que el sistema funciona bien. Es decir, no es tan importante reducir la desigualdad, si finalmente con el paso del tiempo vas a progresar respecto a tu origen…

Ciertamente la gente en China está mejor ahora que hace 20 o 40 años atrás. Eso no significa que la desigualdad no sea importante. Quienes utilizan esos argumentos no ven los efectos negativos de la desigualdad.

Si tienes alta desigualdad por un tiempo largo, estratificas la sociedad entre los que tienen acceso a ciertas cosas y los que no. Eso va contra la igualdad de oportunidades.

Incluso si miras China, que ha crecido tanto, aún tienes problemas de desigualdad muy profundos.

Sobre la movilidad social en Estados Unidos, ¿qué ha pasado con el «sueño americano»?, ¿aún sigue vivo?

Una posibilidad es que, técnicamente hablando, el sueño americano nunca existió.

El sueño americano se sustenta en la idea de que no importa donde hayas nacido, tendrás las mismas oportunidades que el resto.

Un hombre sostiene un cartel

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

«Una posibilidad es que, técnicamente hablando, el sueño americano nunca existió», dice Milanovic.

Lo cierto es que nunca hemos tenido datos empíricos del siglo XIX o de principios del siglo XX. No estoy seguro si empíricamente ese sueño fue alguna vez real, aunque se aceptó como si fuera real.

Ahora que tenemos acceso a datos, podemos comparar el perfil de los padres en relación al de sus hijos, en cuanto a educación e ingresos. Lo que encontramos es que en EE. UU. hay una relativa pequeña movilidad social.

Hay movilidad, obviamente, pero es mucho menor que en los países socialdemócratas del norte de Europa.

Creo que la idea del «sueño americano» es una percepción sobre algo que ocurrió en el pasado, que puede o no puede ser verdad. No lo sabemos.

Imagen de portada: Branko Milanovic

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo. Por Cecilia Barría. junio 2020

Economía/Pobreza/Pandemia de Coronavirus/Política/América Latina/

EE.UU./Negocios/Protestas en Chile/Finanzas/China/Muerte de George

Floyd.

Branko Milanovic: «Los más ricos en Chile ganan como los más ricos de Alemania y los más pobres como en Mongolia». Parte 1/2

Branko Milanovic tiene una extensa trayectoria analizando la desigualdad económica y el desarrollo en el mundo.

Fue economista líder del Departamento de Investigación del Banco Mundial por casi 20 años, además de analista y académico en centros de estudio y universidades en EE. UU. y Europa.

A sus 66 años, el serbio-estadounidense es profesor en la City University of New York (CUNY) e investigador senior del Stone Center on Socio-economic Inequality.

Entre sus libros más recientes están «Global Inequality: A New Approach for the Age of Globalization» y «Capitalism, Alone: The Future of the System That Rules the World», publicado a fines del año pasado.

En diálogo con BBC Mundo analiza los efectos de la pandemia de coronavirus, la evolución del capitalismo, el estallido social en Chile, el «sueño americano» y la muerte de George Floyd.

Esta entrevista fue editada con fines de concisión y claridad.

Línea

¿Cuál es su análisis sobre el estallido social en Chile a fines del año pasado?, ¿qué revela sobre el país sudamericano?

Chile ha tenido un éxito indiscutible en su tasa de crecimiento económico. En las últimas décadas se ha vuelto más rico, ingresó a la OCDE y es percibido internacionalmente como un país más eficiente, menos corrupto que otros y con una sociedad moderna, al punto de ser considerado el «poster boy» del éxito del neoliberalismo.

Incluso se le reconoce por su democracia, después de que dejara atrás la mala época del gobierno militar de Augusto Pinochet.

Protestas.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

La crisis en Chile se desató después de que el gobierno anunciara el alza de los precios del pasaje de metro en octubre de 2019.

Sin embargo, de lo que no se escribe tanto en el exterior, es que muchas de las características sistémicas del país quedaron establecidas en la Constitución aprobada en la época de Pinochet.

Muchos servicios sociales fueron privatizados, como por ejemplo, el sistema de pensiones. Al principio fue considerado un gran éxito, hasta que la gente se dio cuenta de que los resultados no eran lo que se esperaba. Esa es una de las razones que explica por qué la gente está tan molesta.

Lo mismo pasa con la educación, la salud y los extremadamente altos niveles de desigualdad que hay en el país. Chile es uno de los países más desiguales en América Latina.

Y además de la desigualdad de ingresos, tiene una alta desigualdad en la distribución de la riqueza. Entonces con las protestas apareció la cara oculta del país.

Pero los indicadores sociales han mejorado en las últimas décadas. El país, por ejemplo, ha reducido la pobreza y mejorado levemente la desigualdad…

Chile ha experimentado una reducción de la desigualdad en los últimos años, eso es así. Pero la desigualdad en Chile está lejos de los niveles que tienen países más desarrollados.

Los países de la OCDE tienen un promedio un Índice de Gini -que mide la desigualdad- cercano al 35. Chile tiene un Gini mayor que el de Estados Unidos, Uruguay o Argentina.

Las protestas han mostrado que mucha gente fue dejada fuera del desarrollo, incluyendo a la población indígena.

Los más ricos de Chile ganan como los más ricos de Alemania y los más pobres como en Mongolia.

No niego que el crecimiento económico ha sido alto, pero a veces nos olvidamos que el crecimiento económico es un número promedio y eso no significa que los problemas han desaparecido.

Durante las protestas en Chile hubo denuncias sobre abuso policial. Hoy vemos una ola de protestas en Estados Unidos por la muerte del afroamericano George Floyd cuando estaba bajo custodia policial. ¿Qué dice este hecho sobre el país?

Dice muchas cosas negativas que ya conocíamos sobre el racismo sistemático en este país. Pero creo que va más allá porque estamos muy sumergidos en el presente.

Desde que comenzó el movimiento por los derechos civiles, hace más de medio siglo, hemos tenido muy pocas transformaciones en cuanto al ingreso de los afroamericanos.

Manifestación por la muerte de George Floyd.

FUENTE DE LA IMAGEN – REUTERS

Las protestas tras la muerte de Floyd se extendieron a cerca de 50 ciudades en EE. UU. y en algunas capitales europeas.

Es un fracaso sustancial que en todo este tiempo no hubiera ninguna mejora. Eso no significa que no haya cada vez más afroamericanos en distintas posiciones, pero es lo que el filósofo Cornel West llama «black faces in high places»(caras negras en lugares destacados).

Figuras como Martin Luther King y más tarde Jesse Jackson tuvieron que ser tomados en cuenta, para conseguir votos. Pero ahora no veo eso. No hay una institución política que esté al nivel de lo que existía antes.

Esto hace que la voz de los afroamericanos sea más débil. La voz de un individuo, dos o tres, no es la voz de una asociación política.

Esta ola de protestas que ha recorrido el país y se ha expandido incluso fuera de Estados Unidos es algo que no habíamos visto en mucho tiempo…

Es verdad, pero creo que la razón de eso se relaciona con la insatisfacción de mucha gente con Donald Trump, primero con su cortejo hacia los supremacistas blancos y luego por esta muerte bajo custodia policial.

Las razones que están detrás de este estallido en particular se relacionan con los efectos de la pandemia, el alto desempleo, la comprensión de que a la clase media y a los más jóvenes no les ha ido tan bien.

Lo que vemos es la punta del iceberg que precipitó el descontento y los disturbios. Las razones son más profundas y se remontan a varias décadas.

Sobre la pandemia de covid-19, ¿qué efectos puede tener sobre la globalización?

Creo que la pandemia está afectando la globalización de manera negativa. Provocará cambios en la cadenas globales de producción, dado que la gente ha tomado más conciencia sobre los efectos de un shock, que en este caso fue un shock de salud, pero que también puede ser un shock político, como hemos visto el deterioro de las relaciones entre EE. UU. y China. Si tienes inversiones, tienes un problema.

Manifestantes protestan frente a un camión de los carabineros.

FUENTE DE LA IMAGEN – EPA

Con piedras y palos, los manifestantes se enfrentaron a los carabineros.

Imagen de portada: Branko Milanovic

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo. Por Cecilia Barría. junio 2020

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