¿Como explicarlo?

Al salir de ese bar del bajo San Telmo
trastabillo, y debió sujetarse al marco
de la puerta, el alcohol había hecho estragos
en su humanidad y disparo varios vómitos,
tan confundido estaba que caer se dejo
para apoyar su espalda sobre el muro
del lugar en que no sé cuántas horas paso. 

Lucía un traje, camisa blanca y corbata
desanudada de su cuello que bajaba 
por debajo del cinturón, lo que le daba
un aspecto de abandono, que sentí lastima
por él, raro en mí que no comulgo con la lastima.

Me acerque despacio y agachándome le dije
-Hola flaco, te veo muy mal. Necesitas ayuda?-
levanto su vista y me miro, riendo convulsiva-mente.
Me pregunte, de los dos cual era el más infeliz.

Cuando me incorpore y estaba por irme,
escuche un murmullo –espera, no te vayas-
volví a mirarlo molesto y seriamente
le dije –flaco, hoy no estoy para joda-

Su voz sonó como conteniendo un llanto,
lanzando un –sabes, la perdí para siempre-
Qué? ¿ Algún problema, te dejo una mujer?
-No, me llamaron cuando estaba en el trabajo,
era el portero del edificio…el nene…sabes-

-¿Qué? ¿ Le paso algo a tu hijo ?-
-No sé cómo, se subió en un descuido
por encima del protector del balcón 
y dicen que saltando se mató en el acto.-

Me estremecí, pensé en los míos
-Decime, que edad tenia tu hijo?-

-Doce, sabes el que está frente tuyo
es el culpable, muy poco lo escuche
cuando venía con algún problema,
nunca lo abrace, siempre lo presione
para que fuera el mejor en todo.-

-¿Pero cuando me dijiste
la perdí para siempre, de quien hablabas?-
-Mi mujer me venía diciendo hace tiempo
lo alejado que estaba de mi hijo y lo duro
que era con él, pero solo trataba de ayudarlo.-
-Así, que ahora los perdí a ambos…-

Parado frente a él, no podía hacer más
que ofrecerle llevarlo adonde fuera,
pero segundos antes de que se lo dijera
se puso de pie y se enfrentó a un colectivo.

Quedo tirado como un muñeco roto
en la calzada, al tiempo era todo morbo
de quienes solo se detenían y miraban.

Se acercó un policía y me pregunto
si lo conocía –le dije del tormento 
que según me dijo estaba pasando-
Le di mis datos y me quede esperando,
llego un móvil policial, luego una ambulancia
subieron el cuerpo y se lo llevaron. 

Me tome la cabeza, la tragedia no avisa
nos espera a la vuelta de una esquina,
pero generalmente como en este caso
es la ignorancia de historias pasadas
por las cuales, no hemos aprendido a amar.

Quiero mi pedazo de cielo…

Han regresado recuerdos de niño
cuando alguien llamaba en el pórtico,
apresurada entrada que traía murmullos
que ocasionaban llanto o una onomatopeya.

Me extrañaban las razones
por las que me alejaran,
de esos diálogos mínimos
como si fueran rezos hacia dentro
que eran casi inaudibles a mis oídos.

Hasta que un día, un poco mayor
supe que esas noticias, traían consigo
la lamentable noticia de una muerte
de un ser querido o alguien cercano.

Cuando la primera vez y otras pregunte
sobre el destino de quien no vería más,
las respuesta que me daban fueron solo dos
“se fue al cielo” o “partió para encontrarse
con quienes había amado” indicándome
que el destino era el mismo, ese pedazo de cielo
invisible a los ojos de cualquier mortal.

De la misma manera, que nos sorprendimos
cuando el hombre poso uno de sus pies en la Luna,
también sentimos que el romanticismo que la acompañaba
de ahí en más, quedaría solo en el imaginario popular. 

Pero no he desistido en pensar en la existencia
y encontrar ese cielo invisible a nuestros ojos,
al que imagino como una bruma azulina
atravesada por haces de brillantes luces,
detrás de ellas, elevándose un gran pórtico 
como aquellos que solemos ver en imágenes
celestiales y alejadas de la realidad de este mundo.

He sido tan terco en toda mi vida
en cuanto a lo que estoy narrando,
que desearía que Dios o el Universo
me regale solo cinco minutos de esta vida,
para poder ingresar y ver del otro lado
del pórtico, ese lugar que desde niño 
considere sagrado y del que nunca negué
su existencia con la sublime esperanza,
de que al entrar una ronda maravillosa
formada por mis padres y hermanos,
mas tanta gente amada que se ha ido,
me reciba con esa algarabía del reencuentro
fundiéndonos en esos abrazos celestiales 
que me darán la paz que necesita hoy, mi alma.

Un nuevo y último amor…

Una puerta se cerró
hace ya mucho tiempo,
no obstante será lo vivido
de ese amor que de todos
fue al que sentí único.

Desencuentros continuos,
rutinas de a dos, silencios
que fueron horadando, despacio
aquello previsto para siempre.

La soledad aunque he tratado
de llenarla como con libros,
que no dejaran lugar alguno
en cada estante imaginario,
para así fantasear creyendo
evitar su incomoda compañía,
no fue suficiente ante su hastío.

Un nuevo hueco ha surgido,
herida lacerante que transito
haciéndola algo más toxica.

Pero a veces, quizás inesperadas
ilusiones logran surgir en nuestras vidas,
por ello haré que mis manos desgranen
aun la tierra fértil y pueda regalarme,
esa ilusión de amor distinto,
tan adorable que me logre llevar
como tantas veces me he dicho
a ese último puerto, al que tanto ansió.

Adiós hermana, nos vemos en la próxima vida…espérame.

Escuche el celular vibrando en sueños, 
una y otra vez, encendí la luz, 
busque aun dormido mis gafas 
tomándolas con mis manos,
al ver la hora de madrugada 
leer quien me llamaba, 
era una obviedad que nada 
bueno podría haber sucedido.

Hola…-Tío, mi sobrino Germán
diciéndome “la mamá se fue con Dios.
No habían pasado doce horas
que habíamos estado junto a ella,
cuando fui el último en acariciarla
susurrándole de que no cesara de luchar
que como tantas veces en su vida,
por el milagro que su fe reclamaba
no dejara de saltar un nuevo obstáculo,
como otros cruentos momentos superados.

Vino a mí una sensación de profundo enojo,
fue solo un instante, respondí adormecido
“nos encontramos en el Hospital en veinte”,
no se cómo en cinco ya estaba en la calle
mi mente solo juzgaba porque casi siempre,
los inocentes, son los que primero parten.

Subí al auto, pandemia en curso
transito más que fluido,
llegue al hospital y un abrazo partido
le di a cada uno de mis sobrinos.

Al ingresar, nos detuvieron
y al preguntarnos las razones,
solo al mencionar un deceso por COVID
nos dejaron entrar de a dos
a terapia donde nos anunciamos,
la espera fue un martirio
de ansiedad y llanto contenido,
debimos cumplir con los protocolos
recién allí y solo de a uno a la vez
ingresamos al box, en donde ella yacía.

Ingreso su hijo menor, Maxi
no demoro mucho en salir
porque su dolor ya lo laceraba
desde hace largos y traumáticos días. 

Entre, me acerque a mi hermana
a ese cuerpo inerte que no parecía ella,
su rostro era de sufrimiento extremo
los labios cortados por el entuba-miento,
unas vendas fuertemente ajustadas
alrededor de su cabeza, presionando
sus maxilares para mantener cerrada su boca.

Ella, en horas envejeció diez años
no importaba ya explicación alguna,
se había ido dejándonos el dolor a procesar
cada uno a su manera, hiriente como
se supone de toda muerte injusta.

Para las noticias, será un número
dentro de la cantidad de muertos,
para sus hijos comenzar a transitar
los recuerdos y el duelo tan temido.

Para mí, lo mismo mas cargar la frustración
de que el milagro no pudo ser posible.

Solo le pido a quien lo determino
que ahora adonde su alma vaya,
haga posible el reencuentro
con quienes le darán descanso eterno.

Solo aguardo un milagro.

Tras las gruesas cortinas
las penumbras vestidas
con la tenue luz de invierno
que atraviesas la ventanas,
me hacen ingresar al cuarto
no sin antes cumplir el protocolo,
del camisolín, de las gafas 
y el obligatorio tapabocas.

Observo un rostro y cuerpo
rodeados de vías y cables por doquier,
es como si fuera un envase impávido
de aquel cuerpo que ha sido,
hasta hace muy poco tiempo.

Miro con tristeza el parietal
descarnado, su cabello hacia atrás
como desplazado por tanta tecnología
en que denuncia sus signos vitales
que sigo en forma periódica, rogando el milagro.

Se que dicen que aun inconsciente
de tanto que he leído en este mes,
los pacientes la capacidad de escuchar
puede estar en ellos, latente.

Solo me acerco, abrigo el hielo
de su cuerpo, manos y pies
azulinos, morados, todo ello
helados por una circulación
que va claudicando de a poco,
la cubro con una manta 
creyendo inútilmente
que con ello, se sentirá más cómoda.

Dos de sus tres hijos están conmigo,
cada uno se acerca, acaricia su cabello ralo
y murmura entre lágrimas, 
unas palabras de amor en sus oídos.

Me acerco suavemente, la acaricio
le hablo de nuestros secretos guardados,
de que mamá y el Dios de Spinoza
en quien cree, están junto a ella.

De que la fe de Dios, es la fuerza
que recibe para que produzca 
el último y tan deseado milagro.
No puedo dejar de moquear
debajo del tapabocas, beso su cara
y a pesar de todos los pronósticos,
me sigo aferrando al milagro
por el cual, alguien parece no escuchar.

Es el ostracismo auto-impuesto,
ermitaño de este tiempo
deshojado y sin sentido,
que es doliente y va dejando
ese camino de lágrimas
que parece prenunciar
un final falto de matices.

El tiempo se vence…

No fue siquiera sorpresa
porque ya lo previa,
sin embargo fue tan súbito
verme frente a un túnel obscuro
ya advertido que no me llevaría
a ningún destino, ni siquiera
para detenerte en tu camino.

Así te fuiste,
despidiéndote con apuro
como huida anunciada
por tu hastió,
creo que por responder
a todos tus reclamos
de no rebelarme
a decenas de caprichos,
por solo creer
que el amor del bueno
vuelve siempre,
fortalecido con el tiempo.

Pero no,
debí antes darme cuenta
que en ciertos casos
el tiempo devora,
hay quienes
que por exceso de amor
huyen buscando
convencidos que en otro lado,
encontraran para su vida,
un nuevo y brillante sentido.

Sin aviso…

El día se está yendo
como pidiendo permiso,
demasiado lento
para mi gusto,
con ese profundo dejo
de sabor amargo.

Silencio que daña,
que provoca angustia
dadas las horas
que como un continuo
impávido, uno ve deslizarse
no solo en el tiempo que fluye,
con la llegada indescifrable
de pensamientos voraces,
que inundan mi cerebro
sin dejar de traer consigo
ese nulo y ciego futuro.

Que difícil explicar
lo que debe agolparse
en ella, mi hermana
en sus sienes, creyendo
de que es quizás, leucemia.

Sensaciones encontradas,
desde la negación hasta
pensar que hay vuelta atrás,
o la resignación de aceptar
que ha llegado, algo inesperado
para ahora esperar que
quienes saben, nos digan
cómo y con que enfrentarlo.

Al temor ni siquiera lo muestra,
pero su mirada clama ayuda,
la que fuera para evitar
lo cruento que se avecina,
un calvario que aun
no ha comenzado,
y una espera odiosa
de cada desangelado día.

Es la indescriptible sensación
de impotencia y frustración,
de quienes solo amándola
estamos cerca para la contención.

Dolor

Las llagas ardientes
desgarran mis entrañas,
de nada sirven
circunstancias ya vividas,
en pasados viejos o recientes.

Al cansancio
pretendo desecharlo,
pongo todo el esfuerzo
en acompañar
el sufrimiento
de quien adoro,
se que solo
su mente recorre
a velocidades
intermitentes,
lo que no dice
pero bien sabe,
y ello no cesa
en su lucidez
de la vigilia.

Solo puedo
acompañar,
intentar
disfrazar con una
sonrisa,
la angustia
que destroza.

Es cuando toco
con suavidad su cabeza,
cuando llego o me voy
es que no dejo de pensar,
en la incertidumbre
que nos esperara mañana.

Imagen; Gentileza Pinterest tristesfrases.com

Eres trigal…

Eres como el trigal
de quien ara el campo,
para sembrar sus semillas
en los surcos vírgenes y limpios,
aguardando que el sol
y las lluvias lleguen
mirando al cielo como ruego,
en esos momentos oportunos.

Tu cabello y tus trenzas,
de ese hermoso color
tan parecido al trigal,
es lo que me apasiona
como me apasiona cuando
sueltas tu cabello,
y así corres, sin detenerte
hacia el destino que pretendes,
pero la realidad es que buscas
un claro en el campo, para gritar
a quien desea escucharte
como amas y te sientes amada.

Mi corazón, así entonces estalla
fulgurante, como hacer para evitarlo
si eres lo mejor que me ha pasado,
en una vida en la que tropecé
tantas veces, por mis disparates
sin retorno ni perdón.

Has salvado mi alma,
has vuelto a que sienta
ese alegre cosquilleo,
en tu entrega tan honesta,
logrando redimirme
de un pasado, ya sin recuerdo.

Imagen: Pinterest lunamiangel.tumblr.com

No temas…nada pasara

Tu silueta frente al sol
enmarca tu larga sombra,
sobre el alto, poroso médano
de la inmensa y solitaria playa.

Las libélulas en decenas
presagian tormenta cercana,
corres hacia mí, que impávido
oteo el nado de las orcas,
en un mar furioso que arrastra
su salvaje oleaje sobre la arena.

Me abrazas temblando,
mi mano te acerca y aprieta
sobre mi torso desnudo,
puedo sentir el tambor de latidos
que se aceleran dentro de tu pecho.

En segundos, se obscurece
un rayo cae en el horizonte,
te alzó con ambas manos
y corro hasta la caseta cercana,
la que tantas veces, acuno el amor
dentro de nuestros cuerpos.

Eres en este momento una niña
asustada que desea protegerse,
y encuentras en mí, lo de siempre
un ser que sabes, no te dejara nunca.

No habrá tempestad ni otra cosa,
por la que tengas que temer, tu mi única dueña.