Cuestión de época

Nací y fui tan feliz con The Beatles

como telón de fondo en mi adolescencia,

luego vendrían Creedence Clearwater Revival

y los locales Almendra, Sui Generis, Los Gatos.

Me hablaban del tango, y solo me sacaban

una sonrisa socarrona, como mueca de lo pasado.

Hablar de tango en la década del 60, del mayo francés,

de la revolución musical y la libertad que nos inflamaba

a todos, hasta llegar por así decirlo al descontrol,

era sinónimo de lo antiguo, del hombre llorando por una mujer

o de los cuchilleros orilleros del ilustre Jorge Luis Borges.

Pero como todo, la juventud se escurre entre los dedos.

Y luego de ser fan de una banda, los gustos amplíaron

la base de datos que poseia en mi cerebro.

Comprendí el tango, escuchando el “ Adiós Nónino”

del maestro e incomprendido maestro, Astor Piazzolla.

Y fue allí, que agregue a mi archivo personal

algunos tangos instrumentales, como otros con

voces como la del uruguayo Julio Sosa y el negro Lavie.

Así llegue a tener una colección no de objetos,

si de emociones y sentimientos que se expresan

a mis espaldas, cuando en este mismo momento escribo.

Tango que me hiciste mal, y sin embargo te quiero…

La culpa es del me too…

Santa María de los Buenos Aires,
podría aceptar que Don Pedro
su primer fundador se equivocara,
pero que a Don Juan de Garay
no se le ocurriera rectificar su nombre,
eso, eso no se lo perdonare.

Miércoles tórrido en Buenos Aires
a casi un mes para que el verano llegue,
hombre con corbata con el saco en su mano,
ancianos que fatigados recorren sus calles
y cada tanto, se detienen a respirar
ese irrespirable aire mezcla de smog y humedad.

Pero apareció ella, y todo lo olvide
muy joven, remera cortisima y short ajustado
que la hacia parecer una deidad perversa.

Caminaba…mejor dicho, se deslizaba como serpiente
con sus audífonos escuchando seguramente
su tema preferido y sin la manzana del pecado.

Estuve mirándola, hasta que desapareció
de mi vista, aplaudiendo mis sentidos su belleza.
Porque para esa admiración, no hay edad
seas un adolescente o un hombre maduro,
que ya ha recorrido un largo trecho.

Eso si, hoy en día solo te debes contentar
con mirar, porque una mínima galantería
con el me too encima, te puede llevar a la hoguera.

Palpita corazón…

Palpita corazón, palpita y no te detengas,
parece ser que una desconocida se aproxima.
¿Que dices? Como pretendo pedirte ello,
sin siquiera saber de quien hablo.

Mira corazón, tu más que nadie lo sabe
que toda posibilidad de amar te enternece.
Y eso es lo que ocurre,
solo conocemos nuestras voces.

Su hablar confiado, su voz cantarina
me alegra el alma, cada vez que ella me llama.
¿Qué soy muy confiado?
Dime tu, que como ya te dije el que todo lo sabe,
cuando el amor es amor, si te mientes
al planificarlo todo, no vendrá… ¿Me entiendes?

Vamos ahora, amigo. Convéncete
como yo, ya lo estoy.

Hoy he sido feliz…

Hoy he sido feliz, que no es poco.
Tu sabes que la felicidad es efímera
y se compone de suaves ráfagas
de las más simples emociones compartidas.

Converse con uno de mis hijos,
que con su familia vive muy lejos
y nos dimos uno de esos abrazos
que virtuales son tan sentidos.

Al mediodía, me encontré a almorzar
con mis otros dos hijos, que si bien
están cercanos, hacía ya un mes
que las obligaciones no nos permitían
encontrarnos, para hablar de las cosas
cotidianas de la vida, de sus proyectos.

He aprendido en estos últimos tiempos,
ha escuchar más que hablar sin horizonte.

Me sorprendió y me enorgulleció
sus ilusiones y proyectos de vida.
Los miraba y pensaba que algo
bien habíamos hecho con ellos,
para que si bien con obstáculos
tuvieran esa férrea voluntad de superarlos.

Nos despedimos con besos y abrazos.
Volví a casa, donde me esperaba mi mascota.
Y al verla le conté, lo feliz que me sentía.

En la vida se puede ser feliz,
con las cosas más simples que puedes suponer.
Pero no tanto, cuando tu amor filial
estalla por la sangre que corre en tus venas.

Hoy he sido feliz. ¿Me preguntas por mañana?

Solo me interesa el hoy de cada día…

Venecia inmortal

Venecia sin ti, cantaba
el inolvidable Aznavour.
como que la ciudad milenaria
era otra, sin ese amor partido.

Hoy, la plaza San Marcos
bastión de los enamorados
y de los amantes de un buen café
con vista a la Basílica,
se inunda con las lagrimas
del desatino de la naturaleza.

Y también de los hombres
que se ahogan en la avaricia,
fe a la que solo comulgan.

Pobre hermosa ciudad
surcada por infinidad de canales,
que nos han enseñado
donde vivieron Mozart, Casanova
y tantos otros que la inmortalizaron.

Cantemos juntos, y también oremos
no importa en quien creas.
Si amas lo bello de contemplar
y mantener en tu memoria,
solo hazlo.
Tu alma te lo agradecerá.

Qué bueno tenernos…

Sé que te incomoda
que mi mirada se pose en ti
en forma frecuente.

Te produce rubor, lo se
pero no puedo ni debo dejar de hacerlo,
por lo tanto que te amo.

Tus cabellos trigueños
que se deslizan hasta tu cintura,
tu piel morena que es como la seda,
tus labios rosados, tentación plena.

Doy gracias de ser correspondido,
ya que de no tenerte
no sé qué sería de mi vida…

Amar sin miedos…

Allá en donde la ladera
de la verde serranía,
se cortaba en las aguas cristalinas
del arroyo límpido que corría
lento, buscando su refugio final.

Allá bajo los árboles centenarios
en qué nos prometimos para siempre,
amarnos sin detenernos ante
nada ni nadie en el mundo…

Tal como éramos, noche cerrada yo
amanecer placido y soleado, tu.

Veloz y verborragia mi habla,
el silencio frecuente en la tuya.

Y sin embargo, tan parecidos
en dar y pensar primero en el otro,
como si ello, nos hiciera más fuertes
en nuestro andar juntos por la vida,
alcanzando juntos aquella silenciosa
promesa, que el amor nos propusiera.
Que felices somos, sin temores
y a corazón abierto…