Virginia Woolf y Jorge Luis Borges, dos poemas para surcar el cielo.

Me gustaría dedicarme a coleccionar nubes, catalogarlas en figuras imposibles y archivarlas en una mente poco entrenada para el placer de contemplar la belleza efímera, esa que se transforma con el viento.

Sería una buena tarea la de escudriñar las formas de estos seres etéreos que vagan entre el cielo y la tierra. Me encantaría que me enseñaran a distinguir cada pequeño mechón de algodón que forman paisajes callados encima de nuestras cabezas. Saber algo más de ellas, por qué descargan su ira, por qué se empeñan en esconder soles de invierno, de qué están hechas, a qué suenan y si sienten algo cuando las atravesamos con aviones inoportunos en latitudes, destinos y horarios.

   

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Pintura de Jorge Fin

Quizá me haga miembro del original club conocido como ‘Cloud Watchers’ (observadores de nubes), nombre que incluso ha dado título a una colección pictórica de quien posiblemente sea el miembro más activo de los cloud watchers: Jorge Fin, el ‘pintor de nubes ‘. Un club está dado al mero hecho de mirar, de observar, de ponerles formas a un estado de ánimo, a un momento. 

Volamos, una vez más, a la palabra en voz de dos relatores de la vida.  Las nubes alimentan la imaginación colectiva, las observamos para tratar de revelar sus misterios. Hoy queremos observarlas a través de sus palabras. 

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Pintura de Jorge Fin

Jorge Luis Borges, “Nubes”

No habrá una sola cosa que no sea

una nube. Lo son las catedrales

de vasta piedra y bíblicos cristales

que el tiempo allanará. Lo es la Odisea,

que cambia como el mar. Algo hay distinto

cada vez que la abrimos. El reflejo

de tu cara ya es otro en el espejo

y el día es un dudoso laberinto.

Somos los que se van. La numerosa

nube que se deshace en el poniente

es nuestra imagen. Incesantemente

la rosa se convierte en otra rosa.

Eres nube, eres mar, eres olvido.

Eres también aquello que has perdido. 

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Pintura de Jorge Fin

Virginia Woolf, fragmentos de Las olas

Allí estaban las nubes grises y flotantes y el árbol clavado, el árbol implacable con su corteza de plata cincelada.

El borbollón de mi vida era infructuoso. Yo no podía pasar al otro lado.

Él disipa las nubes de polvo que se agitan en mi espíritu trémulo, ignominiosamente agitado, y el recuerdo de las danzas alrededor del Árbol de Pascua de los regalos envueltos en papel.

Se diría que el mundo entero estuviese hecho de flotantes líneas curvas: los árboles en la tierra y en el cielo las nubes.

A través de las ramas de los árboles contemplo el cielo.

Parece que la partida se estuviera jugando allá arriba.

Débilmente, entre las suaves nubes blancas, escuchó el grito de: «¡Correr!» o «¡Arbitraje!».

Las nubes parecen perder guedejas de blancura a medida que la brisa las va despeinando.

Si aquel azul pudiera durar eternamente, si aquel hueco entre las nubes pudiera durar eternamente, si este instante pudiera durar eternamente…

Tomo a los árboles y a las nubes como testigos de mi completa integración. 

Imagen de portada: Gentileza Cultura Inquieta – Por Jorge Fin

FUENTE RESPONSABLE: Cultura Inquieta por Silvia Garcia

Literatura/Genios virtuosos/Virginia Woolf/Jorge Luis Borges

No es la soledad…es la vida.

Soledad infinita
que ya pesa
un poco más
que ayer
y menos
que mañana,
sobre
las espaldas
exhaustas
por haber vivido
de pie
equivocado
o no,
pero jamás
de rodillas.

Orgullo, no
no es orgullo,
es lo que uno
mamo de chico,
ejemplos de vidas
sin dobleces
ni trampa alguna.

No conseguiré
el cielo fácilmente
porque me equivoqué
fiero algunas veces,
he pedido perdón
a aquellos que lastime
por esos impulsos
que uno no los sujeta.
 
Pero no me quejo
vida bien vivida,
con momentos
únicos e
inolvidables,
mi único amor,
mis hijos, mis nietos
y también
de los otros
las pérdidas
algunas que aún
duelen en el Alma,
y que uno guarda
para cuando
se acerque
el camino
del reencuentro.

Como cantaba
la “negra” Sosa,
gracias a la vida
que me ha dado tanto.

Llevame contigo…

No juegues
conmigo,
ninfa
que has llegado
desde
ese lugar
encantado,
porque se que
tus juegos
son parte
de tu esencia,
ser divino
virgen retoño
que vaga
en su paraíso,
y a los hombres
les está
vedado
conocerlo.

Allí donde fluyen
manantiales
de agua cristalina,
donde el canto
de los pájaros,
dibuja melodías
en el aire.

No le digas
que no
a este mortal,
deslumbrado
por una
belleza,
como
la tuya
tan
encantadora,
rizos
de trigal dorado
que caen
sobre
tus hombros,
labios
que he sentido
húmedos
como sabrosa
fruta,
cuando solo
un beso
me has dado.

No deseo
que te vayas,
se que
te han dado
poco tiempo,
para estar
aquí,
se que eres
renuente
al matrimonio,
pero no
por ello,
puedes dejar
de intentar amarme,
porque mi
corazón, sabes
ya te pertenece.

¿Qué me dices?
¿Qué debes irte?
llévame contigo
mi vida
no sería vida,
sin ti a mi lado,
hazlo de una vez,
no lo pienses,
tendrás en mi
un amor
tan infinito,
que te abrazara
por todos
los rincones,
de ese
tu vergel eterno..

La espera…

Esperando
como es
habitual en mi,
es lo que hago
con alguno
de mis amores;
le pregunto a ella
si quiere
acompañarme
a un bar cercano,
me mira con
ojos encendidos,
que entiendo
como siempre
que es un si.

Es tarde
para desayunar,
temprano
para almorzar,
elijo un light
ella lo disfrutara
como yo,
si le conoceré
los gustos
a esta pícara
acompañante.

El camarero
lo trae a la mesa,
unto las tostadas
de salvado,
con distintos
cuchillos,
uno para el
queso light,
otro para
la mermelada
de durazno
también light.

El café con leche,
más café
que leche está
inmejorable,
compartimos
las tostadas
que ella come
con fruición,
llega la hora
desato la correa
de la silla
que ocupa
y salta al piso,
mi encantadora
fiel mascota,
Daysi, moviendo
su cola
como reloj
de péndulo.

Esto es vida…

“¿Hago tiempo o lo pierdo?”

 

Hago tiempo
dentro del auto,
falta más
de media hora
para que la óptica
abra sus puertas,
se hace aire
la espera porque
la escritura
todo lo logra.

Bochornosa
óptica que ayer,
me dio las lentes
nuevas y al llegar
a casa no hice
más que ponerme
frente a la note,
nada pude ver
solo tinieblas,
y para mi sorpresa
tuve que volver a usar,
unas que
por apuro compré
una vez
en un supermercado.

Será que equivoqué
al ir a la óptica,
debiendo haber
optado por el
supermercado,
o es como decía
María Elena Walsh
este “es el mundo
del revés”.

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

5 poemas de ‘Lírica erótica de la India clásica’

Lírica erótica de la India clásica (Hiperión) reúne dos breves colecciones de poesía erótica sánscrita, el Śṛṅgāratilaka (“la señal de la pasión”), con treinta y siete epigramas, y el Ghaṭakarpara (“la olla rota”), oda de veintiún estrofas en la que una mujer expresa su añoranza por el amado; su título parece esconder el nombre del autor, que presume con orgullo de su habilidad con la rima. 

La sencillez de su estilo sitúa estas obras en una fecha anterior al gran poeta Kālidāsa (ss. IV-V d. C.); el ser muestras tan tempranas de la lírica sánscrita clásica tipo kāvya les confiere especial relevancia. La poesía kāvya se caracterizaba por un estilo de gran elegancia formal, con sus propios códigos estéticos y técnicos. 

En la lírica amorosa de la India clásica, el autor no refleja necesariamente sus propios sentimientos: da voz a situaciones y personajes codificados, lo que sin embargo le permite expresar una sutil gama de sentimientos. Sorprenden la hondura de los sentimientos femeninos, o la finura con que se reflejan los cambios de humor de los amantes.

El traductor y editor del texto, Francisco J. Rubio Orecilla, es profesor de sánscrito en la Universidad de Salamanca. Formado como filólogo clásico e indo europeísta, se especializó en filología védica y lingüística indoirania en Salamanca y en diversas universidades alemanas, y desde hace años trabaja en la interpretación de los textos sánscritos más antiguos: los Vedas y las grandes epopeyas de la India.

1

Sus dos brazos son tallo de nenúfar;

un loto su rostro,

agua juguetona su gracia

y piedras del estanque sus caderas,

pececillos sus ojos,

un bejuco su trenza;

de la amada son los pechos

parejita de patos canela;

es ella un lago placentero que formó el creador

para sumergir a los que Amor quemó con sus flechas.

***

2

La dulce noche ha llegado; si no ha vuelto aún mi esposo,

váyase mi vida en la pira, si volver a nacer yo suplico.

El cazador, en el lazo que al cuco tendió;

y el planeta Rāhu, en el eclipse de la luna esquiva;

el destello mismo del ojo de Śiva, en Amor;

así mi pasión ha sucumbido al que es dueño de mi vida.

***

3

Loto azul tu mirada;

tu rostro, loto blanco;

de jazmín los dientes;

el labio superior, tierno capullo;

los miembros, de pétalos de magnolia;

si así el creador te creó,

mi amada, ¿cómo es que en piedra

te modeló el corazón?

***

4

La mejor lavandera, sola sobre el pétalo de un loto

muestra al verla el señorío de cuatro divisiones del ejército;

qué me harán en el loto de tu rostro

ese par de lavanderas, tus ojos, yo no lo sé.

***

5

Quienes una lavandera por ventura ven,

donde sea, sobre un loto,

todos ellos se convierten en poetas en extremo famosos,

cual rey que la tierra detenta.

Ese par de lavanderas, tus ojos,

en el loto de tu rostro: quienes los ven,

inválidos quedan en la red de las flechas del Amor.

¡Incauta, qué milagro!

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Imagen de la portada: Gentileza de Zenda. Autores, Libros y Cía.

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Autores, Libros y Cía.

VV.AA. Edición, traducción y notas: Francisco J. Rubio Orecilla. Título: Lírica erótica de la India clásica. Editorial: Hiperión. 

España, un poema de Jorge Luis Borges

Figura central de la literatura latinoamericana del siglo XX, la suya 

fue una figura extensiva: imaginativo en la narrativa breve, hacendoso 

en el ensayo y específico en el ejercicio de la poesía. 

Hoy compartimos España, un poema del autor argentino Jorge Luis Borges.

 

España, de Jorge Luis Borges

Más allá de los símbolos,

más allá de la pompa y la ceniza de los aniversarios,

más allá de la aberración del gramático

que ve en la historia del hidalgo

que soñaba ser don Quijote y al fin lo fue,

no una amistad y una alegría

sino un herbario de arcaísmos y un refranero,

estás, España silenciosa, en nosotros.

España del bisonte, que moriría

por el hierro o el rifle,

en las praderas del ocaso, en Montana,

España donde Ulises descendió a la Casa de Hades,

España del íbero, del celta, del cartaginés, y de Roma,

España de los duros visigodos,

de estirpe escandinava,

que deletrearon y olvidaron la escritura de Ulfilas,

pastor de pueblos,

España del Islam, de la cábala

y de la Noche Oscura del Alma,

España de los inquisidores,

que padecieron el destino de ser verdugos

y hubieran podido ser mártires,

España de la larga aventura

que descifró los mares y redujo crueles imperios

y que prosigue aquí, en Buenos Aires,

en este atardecer del mes de julio de 1964,

España de la otra guitarra, la desgarrada,

no la humilde, la nuestra,

España de los patios,

España de la piedra piadosa de catedrales y santuarios,

España de la hombría de bien y de la caudalosa amistad,

España del inútil coraje,

podemos profesar otros amores,

podemos olvidarte

como olvidamos nuestro propio pasado,

porque inseparablemente estás en nosotros,

en los íntimos hábitos de la sangre,

en los Acevedo y los Suárez de mi linaje,

España,

madre de ríos y de espadas y de multiplicadas generaciones,

incesante y fatal.

Imagen de portada: Gentileza de ZENDA

FUENTE RESPONSABLE: ZENDA- Autores, libros y compañía. Por Laura Di Verso.

España/Jorge Luis Borges

 

No deseo despertar…

Me detengo
inquieto
frente a un
gran pórtico,
tan majestuoso
que detrás de él,
debe haber
algo aún más
maravilloso,
que esa madera
de roble lustrada
y esos manijones
de bronce,
que de tan dorados
me ciegan
al reflejarse
en ellos
el sol del mediodía.

Se que
nuevamente
es un sueño,
pero no
quiero despertar,
empujo
el pesado pórtico,
y a mis ojos
un paisaje
de exuberante
belleza
me recibe.

Camino
tras la sorpresa,
me interno
en él,
y arribo
a una cascada,
en donde
ninfas atrevidas
se bañan
acompañándose
con sus cantos.

Todas son
diosas menores
espíritus divinos
que juegan
con la naturaleza,
pero una de ellas
es la más hermosa.

Me acerco temeroso
le pregunto
por su nombre,
algo asustada
me responde
con leve sonrisa
“Carmentis”.

Creo que
su libertad
amorosa,
no impide
que intente
seducirla,
tomo sus manos
se estremece,
la abrazo
suavemente
rozando sus labios
con los míos,
se que ya no
despertaré,
que finalmente
he encontrado
por fin
el lugar divino.

Imagen: Gentileza Pinterest – flickr.com

Amantes eternos

Amantes virtuales
palabras que seducen,
jugando a entrelazarse
sin poder mirarse
a los ojos la fuente
misma del espejo
del alma profunda.

Facilidad de decirse
al no mostrarse,
como si fueran actores
creando magia,
dejando a la imaginación
del otro la búsqueda
de aquello que pueda
llenar ese gran vacío
que ambos tienen,
no lo dicen vaya
a saber porque,
al conocerse
hace tanto tiempo.

El vuela, sueña
a pesar de saber
que en el arte
de la seducción,
más vale andar
pausado como
jugando al amor,
pero le es
imposible porque
es más fuerte
lo que golpea
su corazón,
sobre lo que
su razón le dice.

Como no amarla
tal como es,
preciosa en cuerpo
y alma,
emociones
que guarda
para solo
decirlas
a quien
verdaderamente
las escuche,
para tomar
ese oxigeno
que necesita,
para inflar
sus pulmones
con nuevas
energías,
para comprender
que su vida
será mucho
más adorable
de a dos,
cuando broten
sonrisas
por millares.

Deseo

Dicen que

cuando deseas

en tu mente,

repetidas veces

alcanzar

la meta que persigues,

antes o después

la alcanzarás.

Ahora pienso

por ambos,

en un viaje

cuando todo pase,

hacia la tierra

desde donde

llegaron tus padres.

Sería como

el ansiado sueño,

de caminar juntos

las mismas calles

que ellos recorrieron

en sus pueblos,

para encontrarse

y unir sus vidas

en esta tierra.

Si mi corazón

te pertenece,

cómo no pensar

en verte tan feliz

como sea posible,

al haber tenido

la tremenda fortuna

de volver a encontrarte,

cuando vagaba

sin rumbo conocido.

Imagen: Gentileza Pinterest flickr.com