Tributo

Todo aquello que creo haber logrado
en esta vida mía tengo el deber de compartirlo,
con aquellos mayores que me enseñaron
sin demasiado rigor pero con mucho amor,
consintiéndome algo mas quizás por ser el menor
de cuatro y que llegó después de varios años,
en una época difícil en donde una boca más
dentro de un hogar humilde donde nada sobraba,
debe haber sido una decisión contradictoria
que confirmé luego con varios testimonios,
que supieron haber estado en tiempo y espacio
en aquel tiempo lejano en que mi vida alumbró.

Tan feliz he sido en esa infancia aun con carencias
reemplazadas con una febril imaginación austera,
con un papel o lápiz para dibujar o una tapita de gaseosa
a falta de pelota o cazar mariposas en aquellas mañanas
de verano en que un niño corría por el asfalto sin peligro,
en donde ver un automóvil por la calle era una sorpresa
ya que solo “los ricos” podían tener uno en esa sociedad
con códigos en que se respetaba con solo la palabra,
cuando hoy ni la mejor garantía siquiera puede ser fiable.

Todo aquello me enseñó a luchar por cada sueño
haciéndome fuerte en la adversidad y humilde en el éxito,
viviendo hacia adentro no para el afuera de las apariencias,
que en nada enriquecen a la persona y por el contrario resultan
un canto a la soberbia trepando a ese miserable ego suicida.

Fui, soy y seguiré siendo feliz hasta el último minuto de vida
llevándome con la última exhalación recuerdos en mi mochila,
que quedaran dentro de ella ya que ocupare un cuerpo sin memoria,
y serán esos recuerdos guardados en el infinito el flaco tributo
a mis amados padres que cada día acompañan mi agradecimiento.

“Extraña pareja”

Eres pequeña…te veo diminuta pero tan simpática
que al solo reírte seduces a cualquier hombre si lo deseas,
tu mirada gatuna provoca un destello único y pagano
por siempre inacabable si lo sabré al conocerte hace tiempo.

Te he preguntado cual será el motivo por lo que esto
que nos atrapa a veces circunstancialmente es casi eterno,
desaparezco un largo tiempo, de repente tu llamado o el mío,
provocando el reencuentro a puro placer como la primera vez.

Nos conocemos tanto que sabemos como hacer feliz
al otro sin siquiera preguntar ya que cada encuentro
es diferente a todo lo conocido, es como si escribiéramos
un nuevo argumento para hacer de ese encuentro
algo tan auténtico en la sinfonía del éxtasis extremo,
luego de esa endemoniada batalla en donde las piernas
se entrecruzan moviendo vigorosamente tus caderas
penetrándose en las mías llegando juntos al primer orgasmo.

Pero sabemos siempre que no estamos conforme en lo nuestro,
e intentamos regalarnos mas y mas placer como recuerdo
hasta la próxima vez la que quizás sea dentro de meses,
porque sabemos tu y yo que lo nuestro es pertenecernos
por raras circunstancias de la vida, aún ambos con pareja.
 
Ven acércate no te vistas aún hace calor afuera.
se que te alejas cuando pretendo que hablemos
de la vida haciéndome saber que solo deseas fantasía
y es esto lo que me provoca retenerte un tiempo más.
volviendo a comenzar una y otra vez frenéticamente
aquello que creíamos haber finalizado hace instantes
.

Pienso…

Acabo de leer un poema de un colega

en que habla de la temporalidad y el reloj,
del tiempo que se escurre entre los dedos,
y el alma que en un momento se transforma
gélida en otro reloj que se detiene, tal cual vida.

Toda persona puede sentir a la muerte como desee,
tan diferentes somos qué infinitas razones
me hacen suponer que para algunos será terror,
mientras que para otros, una extrema placidez.

No pienso el final de la vida como algo trágico
menos aún si ha sido plena con obstáculos,
creo que en ese segundo en que inhale profundo
mi último aliento no vendrá a mi tormento alguno,
quizás por la convicción que ha echado raíces
en mi alma recóndita muy alejada de mi ser,
que cuando ello suceda iré caminando lentamente
por un pasillo no importa si luminoso o obscuro,
a otra dimensión donde la felicidad me aguarda.
gozando el reencuentro de aquellos que cada día
a mi memoria llegan como esos seres amados,
que jamás se han alejado de nuestra almas.

Son ellos, quienes hoy velan nuestros sueños
sin hacer el mínimo ruido, para no desvelarnos.

Don Juan Siglo XXI…

El termómetro marca 33° a la sombra,
me encuentro caminando tranquilamente
junto a un variopinto de muchedumbre,
que fatigosa y ojos con barbijo recorre
buscando regalos que al presupuesto se ajuste.

Es que en tiempos de pandemia todo se ha desbocado,
gente sin trabajo, subsidios insuficientes, malhumor
por miles de negocios más empleos que se han perdido,
hacen un combo perfecto para una pre navidad de locos.

Pero la observo a ella con auriculares tarareando
la melodía como ignorando la muchedumbre a su lado,
moviendo suavemente su cuerpo balanceándose
como si fuera un péndulo tal sortija de calesitero,
esperando que algún niño travieso en sus brazos la tome.

No se porque siempre pasa lo mismo, reniego de mis años
pienso que como un Dorian Gray del siglo XXI mantengo,
propietario en mi de aquellos joviales eternos treinta años.

Se también que si me acerco hoy con el tema de género,
ella me puede hacer un escándalo y yo en evidencia
de ser un energúmeno de esos que hay pero no es mi caso.

Pero siempre quien desea conquistar tiene una estrategia,
la mía resulto tan simple como caminar detrás suyo
dejando caer una medalla para que el ruido del metal,
llegara a sus oídos y se detuviera provocando un tropiezo
necesario de mi parte demostrando que la gentileza
a pesar de todo -aún planeada- algunos la practicamos.

Cuando se detuvo no me pareció tan joven frente a frente,
pero si una bella y escultural mujer cercana a los cuarenta,
sonreímos al mismo tiempo me agache tomando la medalla,
-¿es tuya, le pregunté?- y ella ya conocedora de estrategias,
con cara de sorpresa me dijo -¿No…no se te cayó a vos?,
volvimos a reír, le ofrecí que podíamos tomar una mesa
de la confitería Fiamma que estaba a metros y beber algo.

Asintió suavemente con un leve movimiento de su cabeza,
“cazador cazado” pensé, y lo que siguió solo me lo confirmo
.

“La libido”

Calor en una ciudad seca como Buenos Aires
en donde la periferia de la ciudad carece del verde
intenso que engalana los barrios en los que viven,
aquellos de muy buenos recursos algunos dudosos
como sucede en toda ciudad y en todo país del mundo.

Aquí los acaudalados y poderosos que se concentraban
en el sur montaron en polvorosa cuando en el siglo XIX,
llegó desde la India o de Brasil la epidemia del cólera,
mudándose a barrios del norte de la ciudad como Recoleta
o Belgrano, con grandes extensiones de espacios verdes,
volviendo a construir sus bellas mansiones con mármoles
de carrara, vitrales de Murano y mobiliario franco-inglés.

En cambio estoy caminando por Villa Santa Rita, cercana
al barrio de Devoto, que albergo en los años jóvenes al Diego
que hace poco se fue de vacaciones y luego a sus padres.

Aquí el asfalto incendia los pies mas la poca forestación
hace el resto recién iniciada la primavera transformada
casi en verano tórrido para aquellos que no nos fuimos
a las playas en este feriado puente por el día de la Virgen.

Pero no me quejo, no tendría sentido soy un hombre feliz
en armonía y paz conmigo mismo lo que me permite
socializar con  empatía con la mayoría de la gente.

Pareciera que Juan Carlos cada tanto cuando otea
que estoy caminando con Daysi se pone al acecho,
por la necesidad que todos tenemos de comunicarnos
principalmente ser escuchados hoy es una virtud escasa.

El tema de conversación de hoy; “la libido masculina”
escabroso entre jóvenes intelectuales con algunos años,
en donde se entrecruzan opiniones con doble sentido
como queriendo saber como hace el otro para ser el mejor.

No es la “pastillita azul”, es la marrón o la verde todo da igual
para recuperar aquel rasgo de otro tiempo, hoy alicaído
nos reimos sin tomar respiro mientras hablábamos rápido
de nuestras aventuras como también de aquellas que están por venir.

En el cierre, nos dijimos mutuamente “no nos den por muertos
que somos la “Armada Brancaleone en pronto regreso”…

Imagen: larazon.es – Pinterest

¿Por qué?

Porque eres tan adicta a la lujuria ¿Dime?
me lastimas con tus uñas al tomarme la espalda
cuando al mismo tiempo a cada orgasmo llegas,
debe ser como tú quieres no como ambos anhelamos.

Porque tu erotismo te fagocita a ti misma
dejando de lado el juego amoroso que lo incita,
cual es el motivo de que no te detienes nunca
más que pedirme me exiges que me someta.

La controversia de esto es que soy tu objeto
en el cual dejas fluir todos esos demonios,
que guardas en silencio como un oprobio
ya que deseas seguir siendo la señora de…

Imagen: Floraexpress.tumblr.com – Pinterest

Saciemos nuestra sed…

Recorrí lentamente toda tu espalda
mi voraz lengua la fue acompañando
en todo su recorrido sin detenerse,
hasta su última colina donde confluye
en esas formidables grupas que tienes.

Ni te das cuenta, profundamente dormida
luego de esas batallas que libramos toda vez
que nos encontramos alejados de la rutina
que nos consume a ambos y solo seguimos,
porque sabemos que estará el otro esperando,
para dar sin pedir nada a cambio ese oxigeno
de llamas de pasión como es el verdadero amor.

Suavemente abriste los párpados no sorprendida,
ya sabias que quedaban otras batallas más locas,
quizás que la última o la próxima porque cada una
tan distinta a la otra porque agregamos una secuencia
nueva e inesperada que hace que deseemos cada cita,
como si fuera la última aun a sabiendas que habrá otra.

Ahora eres la que se desplaza sobre mi cuerpo,
sediento de esos labios que buscan y encuentran
con su humedad aquello que atrapan y mil destellos
perforan mi mente dejándome tieso a tu merced.

No he tenido estas sensaciones hace tanto tiempo
no porque no las tuviera pero ninguna con algún parecido,
será que como dicen nuestras pieles se han encontrado
para que aquella a la que se adhiere prisionera se convierte.

Cabalga amor mío, cabalga sin ver horizonte alguno
sigamos hasta ese infinito en el que ambos logremos
alcanzar ese punto inevitable de éxtasis que nos aguarda.

Imagen: Gentileza de wattpad.com – Pinterest

Trastorno pandémico

Me contestaste en forma lacónica “un no se, veré"
cuando te pregunte adonde iríamos este verano,
si crees que puedo sorprenderme te aseguro que no
se que el temor te invade y ya lo has demostrado,
cuando a tus pacientes solo atiendes virtualmente,
toda compra la haces de manera digital y no sales
de la casa desde aquel lejano mes de marzo en que
se decretó el estado de cuarentena y aislamiento.

Parece ser que no te hubieras enterado de los cambios
graduales pero cambios al fin que han flexibilizado
mucho de aquello que te aterrorizó sin comprenderlo.

Me preocupa tu salud mental por la fobia a todo lo social,
que expresas tener pareciendo estar frente a una mujer distinta,
desconocida que vive como en su hermético castillo
por temor a contagiarse ante el menor roce con extraños.

Es uno de los tantos “daños colaterales” que produce
el aislamiento que en tu caso lo haces complacida,
como replicando “el síndrome de Estocolmo”,
donde la figura del secuestrador está plasmada
por ti en lo más profundo de tu mente enferma.

Lamento haber hecho esto, se que no te lo mereces
que no lo puedes controlar ni resolver fuera de tus cabales,
suena la sirena de la ambulancia viniendo a buscarte
para llevarte al neuropsiquiátrico para tratarte
y sacarte de esta paranoia que llegó para quedarse.

Otrora cafetín de Buenos Aires

Recordé esas letras de tango
de aquel Cafetín de Buenos Aires,
con letras de Discepolín y música
del gran maestro Mariano Mores.

Pero ahora es un bar reciclado
en la esquina de Irigoyen y Loria,
el barrio del viejo Once refugio
de la numerosa colectividad judía.

En el sobre las aceras añosos plátanos
más que centenarios protegen del sol,
a los porteños cada día en su ir y venir
de la changa o del trabajo en este hoy,
tan confuso del que no sabemos el rostro
cercano a quien cruzamos cubierto con su barbijo.

Dos jóvenes adolescentes a no más de dos metros,
conversan y se ríen con esa frescura que solo
poseen los que aún poseen restos de lirismo.

Otros dos maduros, son opinólogos de la vida
ya maduros hablan de famosos e intercambian,
haciendo un contrapunto notable uno con el otro,
confesando intimidades de terceros de ellos, conocidos.

Tiene razón una amiga que tengo hace años,
los hombres se convierten en verdaderas “Doña Rosa”,
cuando a criticar se refiere, no tienen compasión alguna.

Respiró profundamente, miró al cielo límpido y celeste
sin nube alguna luego de la tormenta de anoche,
los tapabocas de mil colores no deja de darle
un aire de fiesta a este barrio de casi dos siglos.

Llamo al mesero que acá aun le decimos -“mozo”-
le pido un cortado en “jarrito” con mas café que leche,
que apuro tengo…si la mañana hay que vivirla lentamente
.

Mi pequeño homenaje

Llueve a cántaros en Buenos Aires,
en este atardecer de primavera
el sol se ha escondido pareciera,
y haber llamado a las tormentas
dispersas para juntarse solo en una,
que es plomiza como la tristeza
que se ha acumulada desde la partida
de “El Diego” el pibe aquel de Fiorito,
que jamás renegó de su cuna
al contrario, petiso guapo que se enfrentó
a los más poderosos sin importarle nada,
ni siquiera a las consecuencias de esos
que gobernaban los medios o instituciones.

Porque “el Diego” se sentía mas feliz
con aquellos en donde se reflejaba,
como si fueran su propio espejo
los más humildes, los que no nada tenían.

¿Si era controvertido? ¿Si era adicto?
¿Y qué hay con eso?
¿O los que están arriba, son abstemios
de todo, además de hipócritas?

Aquellos que no renegamos y nunca lo haremos
de dónde venimos lo recordaremos como aquel,
que nos llenó de alegría en un momento
mas que histórico para todos nosotros.

Ahora estará rodeado de querubines,
a la derecha de Dios con el que se enojo,
cuando se llevó a la Tota, su madre
pero solo fue por el dolor porque siguió
creyendo en Él hasta que no se quien,
lo invito a pasear él confiado como siempre,
se dejó llevar y ahora no solo el pueblo llora
el cielo también lo hará por largo tiempo…