Ayúdanos, por favor…

Te he dicho ya que me tienes agotado
harto de no encontrar en ti un solo gesto,
que me haga pensar si vale la pena esto,
seguir enrollados en un camino que vemos
tan diferentes al igual como nosotros lo somos.

Es a veces, tan difícil que aunar los esfuerzos
de ambos en solo uno para que la relación perdure,
si ya lo se cada uno tienes sus cosas pero es eso que
ni siquiera compartimos por si el otro desea opinar,

Convivimos; somos tan independientes que ni sabemos
lo que el otro hace y hasta veces no recordamos el sabor
de nuestros gustos de helado cuando cada tanto con cada pote
al acostarnos y en silencio nos enganchamos con una película,
que solo nos deja el sabor agridulce del silencio que hiere de muerte
todo aquello que nos unió pensando que arribamos al mismo puerto,
en donde nuestras naves tiraron por la borda las anclas deseando
ahogados en frustraciones por fracasos que esto era lo más maravilloso
al recibir adorablemente a quien sabias llegaría, para contenerte e iniciar
nuevamente ese riesgoso y complicado camino de convivir por amor.

No llores, me siento amándote y fracasado al mismo tiempo,
como antes, como siempre y ya extrañándote si te pierdo,
por favor te pido estoy muy cansado dame como me cuentas
la misteriosa pócima de ese cuento, que nos devuelva a nuestra vida.

Milonga y vida para dos…

El salón Canning es uno de los más renombrados
de todos los salones de tango de Buenos Aires,
las milongas cada atardecer taconean sobre el piso
siempre eso la dama si es un experta bailarina
solo saldrá al centro del salón con quién sabe
bailar aun mejor que ella y con maestría guiarla,
en ese baile que arrebata derrochando pasión
al mover los tacones de los expertos danzantes.

Allí se conocieron el, delgado con una altura media
emperifollado para la milonga con ese don de dandy,
que en otras épocas debería volver locas a las mujeres,
pero sus noventa y tres pirulos los llevaba como de 70.

Ella en cambio no tenia mas de treinta, pelirroja
con aires de princesa rusa convertida en Margot,
todos les hacían ronda cuando salían a la pista
ver el arte supremo que llevaban ambos en la sangre,
el señalándole con sus dedos en la espalda cada paso
y ella bailando con traspié, cambiando de pierna
en firulete que por su velocidad parecía una paloma
levitando sobre la pista dejando una estela de caras
asombradas ante tal magnífico y porteño espectáculo.

Ambos eran de esa raza de ganadores, no importaba
ni les interesaba la edad eran una amalgama
de piezas que encastraban a la perfección en una vida
que en común habían iniciado para disfrutar cada día.

No les interesaba a ambos…el hasta cuando…

Imagen: Gentileza Pinterest

¿Dime…porque lo has hecho?

Creíste tontamente que no lo había percibido
quizás preocupado como cada día en ti y el niño,
esforzándome para lograr ese anhelado ascenso
para poder darles una mejor y amable vida.

No supiste no dejar pequeñas pistas, mínimas
sobre su tocador del dormitorio donde me prometÍas
cada tanto y solo cuanto tu lo deseabas amor de por vida.

Cuando te ibas de la casa llevando a Pablito
donde la vecina para que te lo cuidara, yo sin saberlo
para volver antes de que regresara de mi oficina
o cuando pretendía hablar contigo por teléfono,
y debía ser solo por tu móvil porque habías dado
de baja la línea fija diciendo que era un inútil gasto.

Cuando anoche vi el collar de fino oro con una joya
en forma de pez dorado que brillaba como arqueándose,
al preguntarte – ¿ Y esto,Elena…es tuyo ?
demoraste en contestarme…tragaste saliva, vi enrojecer
tu cara…ello era toda una introducción a tu respuesta,
artera traición que no dudaste en hacerme en vil forma.

Me has destrozado el corazón…pero el tiempo todo supera,
solo pienso ahora en nuestro hijo porque bien supondrás
que lucharé para tener su custodia aunque te dejaré verlo.


El tiempo te dirá si eres sincera contigo misma si lo que has hecho
algunos de los dos lo tenia merecido, ahí quizás obtengas
esa respuesta que seguramente buscabas hace ya tiempo.

Kon

La lluvia había arreciado por la mañana
los rayos del sol que luego caían sobre las veredas,
daban la sensación de múltiples dispersas lagunas
como un espejismo si uno va transitando por una ruta.

Ahí estaba ella, tratando de sortear los charcos
de esas baldosas rotas de nuestro Buenos Aires,
imposible evitarlas sus ojos de ira se llenaron
cuando me le acerque y le ofrecí un pañuelo,
debe haberse preguntado si estaba frente a un loco
ya que ese gesto de cortesía era de la era paleozoica.

No obstante, un rictus que pareció una sonrisa
iluminó su bello rostro y con un mohín dijo gracias,
íbamos hacia la misma dirección, caminamos
conversando sobre futilidades nada demasiado serio.

Llegamos a su casa y en la puerta nos detuvimos
me sorprendió cuando me dijo que mi gesto
le hizo reemplazar su ira por una inmensa paz
que como efecto espejo se le transmitió a su alma.

Sonreímos juntos le di mi teléfono y ella el suyo,
será que quizás tengamos que agradecerle a Kon
Dios de la lluvia y viento incaico que siempre venia del sur.

Desátate…

Dime cual es la razón de tu enojo


si solo he ido a beber unos tragos


como siempre aquí cerca con mis amigos,


si tu quisieras tendrías los mismos derechos


dime alguna vez, me lo has dicho y te lo he negado? 



¡Que no! ¿me dices? Que no tienes con quien verte…

vaya eso si que es peligroso, seguirás siendo larva

no serás crisálida y no te transformaras en mariposa

ni sabrás lo que es la libertad de quien goza de confianza.


Anda de una vez mujer, busca tus distracciones

encuentra algo que no te haga sentir tan inerte,

o no ves que con solo mi amor no te basta

vive tu libertad como mejor te parezca y plazca,

pero si no quieres hacerlo, no pretendas robarme la mía
.

Apología de la violencia

Me‌ ‌crucé‌ ‌con‌ ‌ella,‌ ‌era‌ ‌ya‌ ‌medianoche‌ ‌
su‌ ‌rostro‌ ‌mostraba‌ ‌profunda‌ ‌pesadumbre,‌ ‌
me‌ ‌miró‌ ‌observe‌ ‌lágrimas‌ ‌iluminadas‌ ‌
por‌ ‌las‌ ‌luces‌ ‌mortecinas‌ ‌de‌ ‌los‌ ‌focos‌ ‌en‌ ‌las‌ ‌aceras.‌ ‌

Tratando‌ ‌de‌ ‌no‌ ‌asustarla‌ ‌solo‌ ‌la‌ ‌salude,‌ ‌
comprendió‌ ‌que‌ ‌solo‌ ‌deseaba‌ ‌ayudarle,‌ ‌
se‌ ‌detuvo‌ ‌bruscamente‌ ‌y‌ ‌me‌ ‌acerque‌ ‌
la‌ ‌invite‌ ‌a‌ ‌conversar‌ ‌fuera‌ ‌de‌ ‌ese‌ ‌bosque‌ ‌
de‌ ‌cemento‌ ‌transformado‌ ‌en‌ ‌tierra‌ ‌de‌ ‌nadie.‌ ‌

No‌ ‌sé,‌ ‌quizás‌ ‌vio‌ ‌en‌ ‌mi‌ ‌actitud‌ ‌que‌ ‌alguien‌ ‌
podía‌ ‌sacarla‌ ‌de‌ ‌esa‌ ‌desazón‌ ‌que‌ ‌era‌ ‌evidente,‌ ‌
entramos‌ ‌al‌ ‌único‌ ‌viejo‌ ‌bar‌ ‌abierto‌ ‌todo‌ ‌el‌ ‌día‌ ‌
nos‌ ‌sentamos‌ ‌al‌ ‌fondo,‌ ‌éramos‌ ‌los‌ ‌únicos‌ ‌
dentro‌ ‌de‌ ‌un‌ ‌salón‌ ‌largo‌ ‌y‌ ‌angosto‌ ‌casi‌ ‌sin‌ ‌luces.‌ ‌

Bajo‌ ‌la‌ ‌vista‌ ‌y‌ ‌la‌ ‌deje‌ ‌llorar‌ ‌convulsivamente,‌ ‌ ‌
es‌ ‌lo‌ ‌que‌ ‌siempre‌ ‌he‌ ‌pensado‌ ‌que‌ ‌para‌ ‌contener‌ ‌
necesariamente‌ ‌uno‌ ‌debe‌ ‌tratar‌ ‌de‌ ‌absorber‌ ‌
la‌ ‌tristeza‌ ‌o‌ ‌el‌ ‌dolor‌ ‌del‌ ‌otro,‌ ‌eso‌ ‌llamado‌ ‌empatía.‌ ‌ ‌

La‌ ‌escuche‌ ‌en‌ ‌silencio‌ ‌por‌ ‌espacio‌ ‌de‌ ‌una‌ ‌hora,‌ ‌
luego‌ ‌de‌ ‌un‌ ‌par‌ ‌de‌ ‌rondas‌ ‌de‌ ‌té‌ ‌bien‌ ‌caliente‌ ‌
comenzó‌ ‌a‌ ‌decirme‌ ‌de‌ ‌los‌ ‌maltratos‌ ‌que‌ ‌recibía‌ ‌
que‌ ‌estaba‌ ‌harta‌ ‌de‌ ‌sentirse‌ ‌como‌ ‌una‌ ‌esclava‌ ‌
de‌ ‌un‌ ‌marido‌ ‌agresivo‌ ‌que‌ ‌volcaba‌ ‌en‌ ‌ella‌ ‌
cada‌ ‌vez‌ ‌que‌ ‌podía‌ ‌y‌ ‌sin‌ ‌razón,‌ ‌toda‌ ‌su‌ ‌ira.‌ ‌

En‌ ‌mis‌ ‌largos‌ ‌años‌ ‌de‌ ‌oficial‌ ‌de‌ ‌policía,‌ ‌
he‌ ‌intervenido‌ ‌en‌ ‌decenas‌ ‌de‌ ‌estos‌ ‌problemas.‌ ‌

Pero‌ ‌esta‌ ‌medianoche‌ ‌no‌ ‌estaba‌ ‌de‌ ‌servicio,‌ ‌
le‌ ‌dije‌ ‌si‌ ‌vivía‌ ‌lejos‌ ‌si‌ ‌en‌ ‌su‌ ‌casa‌ ‌estaba‌ ‌su‌ ‌marido,‌ ‌
me‌ ‌respondió‌ ‌que‌ ‌sí,‌ ‌le‌ ‌pedí‌ ‌su‌ ‌dirección‌ ‌y‌ ‌sus‌ ‌llaves‌ ‌
le‌ ‌recomendé‌ ‌que‌ ‌me‌ ‌esperara,‌ ‌volvería‌ ‌en‌ ‌breve.‌ ‌ ‌

Llegue‌ ‌al‌ ‌vetusto‌ ‌edificio‌ ‌de‌ ‌departamentos,‌ ‌
oscuro‌ ‌con‌ ‌sus‌ ‌paredes‌ ‌grafiteadas‌ ‌sin‌ ‌piedad,‌ ‌
me‌ ‌acerque‌ ‌a‌ ‌la‌ ‌puerta‌ ‌del‌ ‌departamento‌ ‌
escuche‌ ‌música‌ ‌caribeña‌ ‌con‌ ‌alto‌ ‌volumen,‌ ‌

Golpee‌ ‌y‌ ‌alguien‌ ‌desde‌ ‌adentro‌ ‌grito‌ ‌ ‌
-Quien‌ ‌carajo‌ ‌golpea‌ ‌la‌ ‌puerta‌ ‌a‌ ‌esta‌ ‌hora!-‌ ‌
-Le‌ ‌respondí‌ ‌¡Policía,‌ ‌abra‌ ‌la‌ ‌puerta!‌ ‌ ‌
-¿Que?…¿como?..‌ ‌balbuceo‌ ‌y‌ ‌abrió‌ ‌con‌ ‌un‌ ‌olor‌ ‌
a‌ ‌alcohol‌ ‌que‌ ‌se‌ ‌podía‌ ‌olfatear‌ ‌a‌ ‌diez‌ ‌cuadras‌ ‌

¿‌Tu‌ ‌eres‌ ‌Juan‌ ‌María,‌ ‌el‌ ‌marido‌ ‌de‌ ‌Amanda?‌ ‌
-Sí‌ ‌me‌ ‌contestó,‌ ‌poniendo‌ ‌cara‌ ‌de‌ ‌inocente-‌ ‌
Lo‌ ‌agarre‌ ‌de‌ ‌la‌ ‌camisa‌ ‌y‌ ‌lo‌ ‌puse‌ ‌contra‌ ‌la‌ ‌pared‌ ‌
al‌ ‌mismo‌ ‌tiempo‌ ‌un‌ ‌rodillazo‌ ‌en‌ ‌los‌ ‌testículos,‌ ‌
le‌ ‌recomendó‌ ‌que‌ ‌no‌ ‌intentara‌ ‌defensa‌ ‌alguna.‌ ‌ ‌

-Mira‌ ‌le‌ ‌dije;‌ ‌soy‌ ‌un‌ ‌primo‌ ‌de‌ ‌Amanda‌ ‌a‌ ‌quien‌ ‌
no‌ ‌veía‌ ‌hace‌ ‌tiempo,‌ ‌casi‌ ‌desde‌ ‌que‌ ‌éramos‌ ‌niños‌ ‌ ‌
y‌ ‌sabes‌ ‌estoy‌ ‌al‌ ‌tanto‌ ‌de‌ ‌tus‌ ‌golpes,‌ ‌escupitajos‌ ‌
todo‌ ‌aquello‌ ‌que‌ ‌un‌ ‌verdadero‌ ‌hombre‌ ‌no‌ ‌debería‌ ‌hacer-‌ ‌
-¿Me‌ ‌entiendes,‌ ‌no?‌-‌

Retorciéndose‌ ‌y‌ ‌aun‌ ‌doblado‌ ‌por‌ ‌el‌ ‌dolor,‌ ‌asintió‌ ‌
moviendo‌ ‌la‌ ‌cabeza‌ ‌una‌ ‌y‌ ‌otra‌ ‌vez,‌ ‌afirmándolo.‌ ‌

Cerré‌ ‌la‌ ‌amable‌ ‌charla‌ ‌dando‌ ‌casi‌ ‌una‌ ‌orden,‌ ‌
-Sabes‌ ‌Amanda‌ ‌te‌ ‌dejara,‌ ‌no‌ ‌la‌ ‌mereces‌ ‌
si‌ ‌se‌ ‌te‌ ‌ocurre‌ ‌alguna‌ ‌estupidez‌ ‌del‌ ‌precinto‌ ‌
volveré‌ ‌muy‌ ‌rápido‌ ‌no‌ ‌solo‌ ‌a‌ ‌darte‌ ‌un‌ ‌rodillazo,‌ ‌ ‌
sino‌ ‌a‌ ‌partirte‌ ‌tu‌ ‌cabeza‌ ‌y‌ ‌llevarte‌ ‌a‌ ‌una‌ ‌bonita‌ ‌celda,‌ ‌
iniciando‌ ‌el‌ ‌camino‌ ‌de‌ ‌la‌ ‌instrucción‌ ‌y‌ ‌no‌ ‌es‌ ‌amenaza‌ ‌
pero‌ ‌si‌ ‌me‌ ‌entero‌ ‌que‌ ‌tienes‌ ‌antecedentes‌ ‌tu‌ ‌vida‌ ‌
será‌ ‌ese‌ ‌infierno‌ ‌tan‌ ‌temido‌ ‌que‌ ‌todos‌ ‌dicen.-‌ ‌

-Asintió‌ ‌con‌ ‌la‌ ‌cabeza,‌ ‌luego‌ ‌que‌ ‌le‌ ‌metiera‌ ‌
un‌ ‌golpe‌ ‌en‌ ‌la‌ ‌nariz,‌ ‌porque‌ ‌me‌ ‌había‌ ‌ ‌
hecho‌ ‌perder‌ ‌mi‌ ‌franco.-‌ ‌y‌ ‌considere‌ ‌justo‌ ‌el‌ ‌pago,‌ ‌

Volví‌ ‌al‌ ‌bar,‌ ‌Amanda‌ ‌estaba‌ ‌en‌ ‌la‌ ‌misma‌ ‌mesa‌ ‌
se‌ ‌veía‌ ‌impaciente‌ ‌algo‌ ‌normal‌ ‌para‌ ‌una‌ ‌mujer,‌ ‌
cansada‌ ‌de‌ ‌ser‌ ‌un‌ ‌objeto,‌ ‌a‌ ‌la‌ ‌vez‌ ‌una‌ ‌muñeca‌ ‌rota.‌ ‌

-¿Tienes‌ ‌donde‌ ‌ir‌ ‌Amanda?-‌ ‌ ‌
-Si‌ ‌me‌ ‌dijo‌ ‌-con‌ ‌mis‌ ‌padres…-‌ ‌
-Bueno,‌ ‌ve‌ ‌con‌ ‌ellos‌ ‌e‌ ‌inicia‌ ‌tu‌ ‌divorcio-‌ ‌
-Tu‌ ‌hombre‌ ‌está‌ ‌avisado‌ ‌y‌ ‌creo‌ ‌que‌ ‌no‌ ‌te‌ ‌molestara-‌ ‌
-Igual‌ ‌toma‌ ‌mi‌ ‌tarjeta‌ ‌y‌ ‌me‌ ‌llamas‌ ‌si‌ ‌es‌ ‌necesario.-‌ ‌

Salimos‌ ‌juntos‌ ‌del‌ ‌bar‌ ‌nos‌ ‌despedimos,‌ ‌me‌ ‌agradeció‌ ‌
camine‌ ‌en‌ ‌el‌ ‌medio‌ ‌de‌ ‌la‌ ‌bruma‌ ‌de‌ ‌la‌ ‌madrugada,‌ ‌
ya‌ ‌me‌ ‌sentía‌ ‌tanto‌ ‌o‌ ‌igual‌ ‌como‌ ‌aquel‌ ‌“último‌ ‌boy‌ ‌scout”‌ ‌.‌

“Galaikita”

No soy de aquellos solitarios
que nunca están solos por completo
de husmear por esas plataformas
que hacen las veces de celestinas.

Porque parece, que estuviera en Amsterdam
con la diferencia que ahí se negocia,
y virtualmente la cosa, es mucho más sutil.

Amablemente te invitan a dar tus datos
y comienzan hacer correr un algoritmo,
que te seleccionara por edad y afinidad
quienes porcentualmente pueden llegar
a ser tu deseada princesa como aquella
que perdió el zapato de cristal a medianoche.

Nunca me imagine que una relación
se basaba en porcentajes, raro no?
Es como tocar algo tan intangible
que no deja de producir un cierto escozor.

Pero llegó el retrato de ella y su nombre
o seudónimo “Galaikita” que dice estar
contenida en envase ucraniano pero
con corazón gallego eso si no le agrada
hacer casi nada de las tareas de un hogar,
qué es lo de menos si sabe abrir la puerta
para ir a jugar, ya que uno quiere jugar…

Debo reconocer sin embargo que su envase
engalanado con un perfil de cabello rubio
como el trigo y con un sombrero negro,
es llamativa y realmente muy bello.

Sigo curioseando en su descripción
en que se dice buena amiga y perseverante
con todo aquello que se propone,
gusta de andar en bicicleta, el mate
y todas las manifestaciones del arte.

Veo que me estoy muy entusiasmado
y ya la imagino caminando por mi piso,
desea intentar construir una linda relación
real, pero colorida y con magia, una complicidad

de dos a quererse sin apuro indefinidamente.

Veo que estoy entusiasmado y llego hasta la estación
satelital internacional cuando en un párrafo
detallan sus cosas favoritas y entre tantas,
una que pega en el corazón y por eso estoy
apresuradamente escribiéndole para una cita.

La remató escribiendo que la cosa mas favorita
para ella es un abrazo largoooo … .así lo escribió.
No es una mujer además de hermosa, dulce
hasta su médula y además en un solo envase….

El hippie

Me miró como una “rara avis”
cuando nos cruzamos en el boliche,
sería mi pelo largo o esa medalla
con el símbolo de amor y paz,
en aquellos años sesenta.

Creo que más se interesó
por aquello de lo misterioso
que podíamos ser como hippies,
que por mi facha desalineada
tirando un poco más que a eso,
ya que me ganaba unos pesos
trenzando esas zancudas
que después vendía entre
la gente, tiradas sobre mi manta.

Súbitamente, se acercó y sentó
a mi lado, sin pedirme permiso,
su figura era la de una cheta
con plata de Barrio Norte.

Le pregunté ¿Qué querés, piba?
y simplemente me contesto,
luego de que vendas todo
quiero hacer el amor contigo.

Tiempos gloriosos aquellos,
en que ser “raro” para el otro
te permitía enganchar sin siquiera
poner una pequeña y simple carnada.

Imagen: Maja Hreczuk – Pinterest

Amor fugaz

Cerré los ojos por un momento,
cansado ya de escribir y presenciar
cursos online que me gratifican,
pero también a veces me fatigan
y traje a mi sin preguntarme a esa
fluida memoria que sigue viva,
aquel amor fugaz de primavera,
aquellos días de festejo cuando
siendo jóvenes estudiantes solíamos
reunirnos en los bosques de Palermo,
inmenso e intenso Palermo engalanado
con las cientos de variedades de rosas,
en ese parque diseñado a los inicios
del siglo XX por aquel arquitecto
exquisito y francés Carlos Thays.

Recordé a Elvira, delgadísima ella
con unos ojos miel como botones,
cuando nos sentamos sobre la gramilla
sobre una finita lona que ella previsora,
había llevado. Tomados de la manos
nos fuimos acercando lentamente
hasta que nuestro abrazo dio lugar
a esos primeros besos que aguardábamos
desde aquel primer día en que nos conocimos,

Fue un amor de primavera pero intenso
estuvimos juntos hasta fin de año,
cuando sus padres -era otra época-
le ordenaron que me dejara de ver
y se ocupará solo de su escuela media,

Lloramos juntos un día antes de Navidad,
en el mismo parque y junto al mismo árbol,
donde aquel 21 de septiembre deje grabado
un corazón, nuestros nombres y “por siempre”.

Mi sueño…

Desperté en un mar de nubes
rodeado de sonrientes querubines,
con los cuales disfrutaba el poder volar
viendo hacia abajo como nos alejábamos
o nos acercábamos a la ciudad,
los tejados rojos de bonitas casas,
el hierro y el cemento voraz de los edificios,
la gente yendo de uno a otro lado,
todo aquello que desde las alturas
uno no tiene idea de imaginarse
que se siente pero viví ese instante.

Abrí los ojos con una placidez desconocida,
aún sentía el aleteo de mis brazos
tratando de aproximarse o alejarse,
de la ciudad en que la nube de polución
todo lo cubría poco cerca de las nubes.

Me sentí infinitamente feliz, al recordar
ese sueño mágico contrariando
la interrupción de mi descanso,
muy a menudo cuando Daysi
saltaba a mi cama, despertándome
con la correa entre sus dientes.

¿Habrá sido un sueño en realidad?
O un deja vu de otra dimensión
distinta a la que habito….