Recuerdas…

No se si a ti te pasa, pero el tiempo
vuela entre las manos pasados los 30,
es que la edad de la inocencia
como así la preguntas de los porque
se ha esfumado tan rápido como
esa divina locura de la adolescencia,
donde recién comienzas a ver el mundo
con tus propios ojos y descubrirlo
sin que nadie te lo cuente oliendo
el amor por cada niña que te seduce.

Amigas y amigos que por su pertenencia
todo lo comparten de igual manera,
penas y alegrías que en las casas
no siempre supieron comprender
de nuestros interrogantes de cada día.

Juntos escuchamos a los grupos
que nos devoraban horas con su música,
y nos alegramos porque en el grupo
se había formado una nueva pareja,
delatado por el brillo de los ojos
al bailar uno de esos lentos del final.

Ahora que estoy con mi mascota
en el parque en el inicio de primavera,
no me preguntes porque esos recuerdos
llegan a mi arrancandome una sonrisa.

Es que era una época blanca,
donde te encontrabas para confesarte
encontrando siempre a alguien
que siendo contemporáneo te guiaba,
una época en que ni siquiera un porro
era el adorno corriente para mostrarle
al líder el camino de serlo por convicción,
eramos mas que amigos, hermanos
en las alegrías, también en las tristezas.

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Vuelve

No tengo paz
fantaseo cada noche
con los recuerdos
de aquellos tiempos,
en que mis manos
guardaban dentro
de ellas
la humedad
de tu cuerpo.

Vuelve de una vez
a adueñarte
de mis noches,
recorre mi piel
con tus labios
mientras descubro
tu cuerpo
desvistiéndote
con frenesí,
olvídate
de aquel pasado,
detiene el tiempo
es el hoy,
el ahora
que nos queda
para el deseo
único
que perdurara
durante
las estaciones
que pasen,
para mantenernos
indefinidamente
juntos.

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Limoneros en flor

Va cayendo la tarde
ahora un poco más larga
cercana la primavera,
sábado a la noche
quizás hacer algo distinto,
a deambular por la noche oscura.

Por más que maquine
seguramente
iré donde siempre,
ese lugar fugazmente
perfumado
por los limoneros
en flor
de la casa
donde busco refugio,
recuerdos
de momentos gratos
tal vez para recordar
como eran antes las cosas,
feliz y enamorado tomando
su cintura sentados
en alguno
de los bancos
de mármol
que engalanan
los fondos
de la casa
en donde solíamos
abrazarnos y besarnos
con intensa pasión.

Pero no se,
es una idea algo confusa
quizás me traiga
el sonido de su llanto,
aquella noche
de pesadumbre
en la que le confesé
que partía lejos.

Volví luego
de muchos años
discando la soledad
en ese mismo lugar,
pero hoy
me siento pleno y en paz
ya no hay
lamentos desesperados,
solo la esperanza
de volver a amar.

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Génova

Me cantan sirenas tu nombre
que llega flotando en el viento
envuelto entre nubes negras
tormenta de sentimientos,
aquí en el puerto de Genova
de donde partío mi bisabuelo
con destino incierto hacía
la América pujante y a la vez,
a un desconocido lugar
llamado Argentina, tierra de
inmigrantes, crisol de razas.

El recaló en el barrio de la Boca
cerca de otro Riachuelo de esa época,
ya “los paisanos” tenían su sede
donde el entorno les recordaba
ese puerto al que quizás no volverían
a ver en sus vidas, abrazados
al sabor amargo del desarraigo
con la ilusión de un mejor futuro.

Cosas de la vida, cuando te fuiste
adolescente te dirigiste a Nervi
a través del océano y en aquel tiempo
intercambiamos decenas de cartas,
impregnadas de puro sentimiento.

Ahora aquí y ahora, pido lo imposible
ese sueño que te traiga frágil y trémula
para adorarte entre mis brazos.

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Huellas…

Con un dejo de tristeza dejo ir
esa fantástica sensación de plenitud,
que solo lograba al despertar junto a ti
cada mañana, cada día en que juntos
desafiamos el complejo arte de vivir.

Tus alas partieron y tu con ellas,
ha sido en verano donde disfrutabas
la fina arena de la playa y la brisa del mar,
de la que decías era un llamado de Neptuno
toda vez que necesitábamos reconciliarnos
por vagos y vacíos desencuentros de la vida,
riéndote me decías que así debía ser
para hacer de nuestro amor algo cambiante,
huyendo de la rutina que teñía de sombrío gris
nuestro amor profundo e inquebrantable.

Me queda tu alegría volando en risas
en jardines de tarde que ya han cerrado puertas.
La canción que juntos escribimos para volver el tiempo
al eco de nuestro primer abrazo de aquel primer día.

Que haré ahora me pregunto cuando los veranos
me resulten interminables sin tu presencia,
deberé coserme el alma guardando las cenizas
de tu recuerdo latente, dejando que las lamparas
en la noche me traigan tus huellas en la arena.

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La glorieta

La glorieta
sostenía
la enredadera
de glicinas
que como
amante furtiva,
la cubría
esplendorosa
con su color lila.

Debajo de ella
veía como
te ha-macabas
siendo adolescente,
subiendo
por la tapia
que dividía
nuestras casas.

Rizos de cabello
color castaño
caían
sobre tu espalda,
dandome
la imagen
de una muñeca
solitaria.

Un día
te volviste,
sabias
que alguien
te miraba
y al verme,
me regalaste
una sonrisa
amigable,
con tus ojos
brillosos
junto a un
rubor
que no podías
disimular.

Todo sucedió
muy rápido,
le pediste
a tu madre
que me
invitara,
necesitabas
mi compañía,
al igual
que yo.

Mi madre
se sorprendió
por el pedido
de su vecina,
a mi no,
ya me lo
habías dicho.

Nuestros
encuentros
cada tarde,
se hicieron
habituales,
por lo que
no fue
sorpresa
para ambos,
que se
produjera
la “magia”.

Hace tiempo
ya,
que bajo
otra glorieta,
continua
nuestro amor
tal cual privilegio,
y es bajo ella
donde
cada tarde,
nos sentamos
para conversar
y edificar
nuevos sueños.

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Lo que no se dijo

Recuerdo
aquel día
en que
me dijiste
“te quiero”,
afirmando
que te sentías
protegida
como nunca
antes
en mis brazos.

Decías que
enfrentaría
por ti
huracanes
y tormentas,
que habías
encontrado
al hombre
que deseabas
en esa
aquella vida
tuya, sojuzgada.

Pasaron
los años,
llegaron
los hijos,
los sueños
cumplidos,
pero no pudo
ser eterno
como
lo planeamos,
no supimos
hacer
perdurable
ese amor
primigenio,
nos fuimos
alejando
casi
sin darnos
cuenta,
eramos ya
una pareja
en la que
prevalecía
el mudo
silencio.

Para
finalmente
lanzarnos
palabras
duras,
agarrotadas
en nuestras
gargantas,
que salieron
para herir
pensando
que con ello,
íbamos
a ahuyentar
tanto hastío
contenido
en el tiempo.

Han pasado
unos años
desde aquel
adiós,
mi soledad
es a la vez
paz e ingrata
compañía,
pero debo
decirte
que si a mi
me cabe,
lo siento,
perdón
y gracias.

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Las voces

Han pasado
años,
muchos
para mi gusto,
pero aun
sigo oliendo,
cada cosa
que en casa,
estimulaba
mis sentidos.

El aromático
perfume
de las especias
del medio oriente,
que
en la cocina,
mi madre
esparcía
sobre
sus tradicionales
platos,
solo únicos
para alguna
de las
festividades
mas importantes
de cada año.

Entrelazados
el perfume
del jazmín,
con los capullos
del limonero,
unidos en
en el patio,
bajo un techo
de perlas moradas,
con que la vid
nos regalaba
su fruto
cada año.

El perfume
inconfundible
de los
guardapolvos
blancos,
lavados
y planchados
a mano,
impecables
que nos hacia
iguales
a todos
en la escuela,
fuera hijo
del doctor
o del almacenero.

Los olores
a familia
en tardes tranquilas,
de buenos mates
con amenas charlas,
la visita inesperada
de algún familiar
o amistad,
que ahí nomas
nos acompañaba.

Sin embargo,
cuando pretendo
recordar
los tonos
de las voces,
resulta casi
un imposible,
se han ido
perdiendo
o quizás
se esconden
esperando
mi llegada.

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

El beso que nos unio…

Me enamore
de vos
cuando
bailábamos
aquella vieja
melodía
ciñendo
tu cintura.

Tu perfume
al acercarme
a tu cuello,
fue como oler
algo que
de tan
desconocido,
se mostraba
único y solo
incorporado
a tu cuerpo,
y me produjo
esa sensación
de quedarme
amarrado
a tu lado
de por vida.

En la
segunda canción
nuestros labios
se rozaron,.
un brillo
intenso
cruzo
nuestra miradas,
te colgaste
de mi cuello,
te acerque
nuevamente,
y nos fundimos
en un beso
de amor
inigualable.

Seguimos hoy
bailando
la misma melodía,
y al besarnos
sentimos
esa misma pasión
de aquel
nuestro
primer encuentro.

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

¿Recuerdas?

Todo comenzó
cuando cruzamos
nuestras miradas,
así vi tus ojos
de hermoso
color miel,
que como espadas
atravesaron
mi corazón.

Tu boca perfecta
delineada
con unos labios
como pintados
para una donna,
inicio de por si
en mi, una derrota
silenciosa
porque crei
estar frente
a una Diosa,
en un mundo
tan poco amable.

Solo unas
palabras
bastaron
para darnos
cuenta,
ese era
el momento
que ambos
esperábamos,
llegado
por estar
en el lugar
y momento
indicado.

Desde ese instante
sin embargo
a nuestro
primer beso,
paso un tiempo,
por tu empeño
en hacerme ver
de que nadie
iria de paso
asi porque sí
por tu vida.

Ingenuo pretendí
acortar
la distancia,
pero te
mantuviste
firme en
ese, tu espacio
de lo que hoy
estoy agradecido,
todo se hizo
tan transparente
y fuerte,
que amarrados
ahora nos amamos
desde el alma,
aun cuando el tren
que nos lleva
al destino final
haga escala
en la estación
de la eternidad.