5 poemas de «El pez rojo que nada en el pecho», de Gioconda Belli.

La poesía de Gioconda Belli (Managua, 1948) lo tiene todo: emoción, sensualidad, compromiso, ironía… y nada de ello falta en este nuevo libro. Sus versos, profundos y sugerentes, se leen como si pudieran tocarse con las manos, y su infatigable militancia en el feminismo, «si eres una mujer fuerte / prepárate para la batalla, / ampara, pero ampárate primero», o su defensa de las personas que sufren la injusticia, esas que saben que «nada de lo que digan será usado a su favor», los llenan de sentido. El pez rojo que nada en el pecho es también una radiografía de la pareja, pero no idealizada como «la isla que jamás tocarán los huracanes», sino entendida como un trabajo de dos, una conquista diaria. Y esta vez se añade a su mirada la nostalgia que da la edad, en un momento en que ya se empieza a ver con otros ojos, «tan corta la vida, tan rápida», y donde es más importante que nunca encontrar momentos para la calma, la felicidad y la belleza: «Nada se parece menos a la muerte que la música». Una obra intensa y muy poderosa. (Benjamín Prado).

LA AGONÍA DE LA MARIPOSA

Más allá de la medianoche

en solitaria vigilia mientras la casa y sus ocupantes duermen

de puntillas me acerco a buscar la fruta,

el pedazo de pan para el hambre del insomnio.

Desplomada en el piso

agitándose moribunda

agoniza una mariposa.

El batir de sus alas se escucha en el silencio

como una llamada de auxilio.

Nunca he atendido o curado a una mariposa.

¿Qué haré? ¿Cómo impediré que perezca?

Nada puedo. Tan solo acompañar su agonía

sentarme en el suelo a su lado.

La oscura mariposa nocturna

tiene ojos de gato en las alas

dibujos y jeroglíficos de los seres míticos que la dibujaron

y la hicieron bella para la corta temporada de su vida.

Se queda quieta al fin.

Yo regreso a mi cama.

Torpe criatura que no pudo ayudarla.

CONSEJOS PARA LA MUJER FUERTE

Si eres una mujer fuerte

protégete de las alimañas que querrán

almorzar tu corazón.

Ellas usan todos los disfraces de los carnavales de la tierra:

se visten como culpas, como oportunidades, como

precios que hay que pagar.

Te hurgan el alma; meten el barreno de sus miradas o sus

llantos

hasta lo más profundo del magma de tu esencia

no para alumbrarse con tu fuego

sino para apagar la pasión

la erudición de tus fantasías.

Si eres una mujer fuerte

tienes que saber que el aire que te nutre

acarrea también parásitos, moscardones,

menudos insectos que buscarán alojarse en tu sangre

y nutrirse de cuanto es sólido y grande en ti.

No pierdas la compasión, pero témele a cuanto conduzca

a negarte la palabra, a esconder quién eres,

lo que te obligue a ablandarte

y te prometa un reino terrestre a cambio

de la sonrisa complaciente.

Si eres una mujer fuerte

prepárate para la batalla:

aprende a estar sola

a dormir en la más absoluta oscuridad sin miedo

a que nadie te tire sogas cuando ruja la tormenta

a nadar a contracorriente.

Entrénate en los oficios de la reflexión y el intelecto.

Lee, hazte el amor a ti misma, construye tu castillo

rodéalo de fosos profundos

pero hazle anchas puertas y ventanas.

Es menester que cultives enormes amistades

que quienes te rodean y quieran sepan lo que eres

que te hagas un círculo de hogueras y enciendas en el

centro de tu habitación

una estufa siempre ardiente donde se mantenga el hervor

de tus sueños.

Si eres una mujer fuerte

protégete con palabras y árboles

e invoca la memoria de mujeres antiguas.

Has de saber que eres un campo magnético

hacia el que viajarán aullando los clavos herrumbrados

y el óxido mortal de todos los naufragios.

Ampara, pero ampárate primero.

Guarda las distancias.

Constrúyete. Cuídate.

Atesora tu poder.

Defiéndelo.

Hazlo por ti.

Te lo pido en nombre de todas nosotras.

DESAPEGO DE LA HIJA

Desde que creció me esquiva.

Alondra volando sola

alas con filo tomando altura

para desde lo alto

sacudirse mi amor como un estorbo.

La pájara pinta

mi muchacha con el garbo de una garza

a la orilla del mar

tiene la mirada lejana

de quien se sabe llegada de un lugar distante

extranjera en una tierra donde otros se reconocen.

¿Cómo sorber el aire que la aleja

soltar las plumas de los cisnes

para labrarle un nido mullido y seguro

donde atracar?

¿Cómo traducirle a su idioma de pájara

el amor del cuerpo que sin hacerla la hizo

que sin nacerla la nació

que la amará a través del espacio

a través del largo viento y la nube

que ella cabalga

evitando acercarse?

¿Cómo puedo yo

sin usar estrategias de guerra

cortarle la retirada?

MATRIMONIO IMPERFECTO

A Camilo y Leonor

No estaría nada mal

regalarles hoy

la utopía del matrimonio perfecto:

la isla que jamás tocarán los huracanes,

donde cada pregunta cotidiana

vendrá con su genial respuesta

y el viento cabalgará las tardes

con el sonido de risas lejanas.

¡Ah! Cómo quisiera regalarles hoy

un matrimonio envuelto como un jarrón chino

completo con los jeroglíficos para adivinar el futuro

y el mapa de las acertadas decisiones;

un jarrón donde florecieran girasoles tercos

en medio de copiosos inviernos tropicales.

Pero osaré conjurar el anverso oculto de la vida,

la que se labra a diario con las manos,

para atreverme esta tarde en San José de Costa Rica

frente a amigos y parientes,

a retarles al amor más imperfecto y humano

al pequeño caudal que cuando se hace río

y corre al mar, se despeña,

y en su aparente quiebre

crea las cataratas en las que el sol sale a pescar el arcoíris,

ese que a veces se llena de rugidos

de palabras que nombran impetuosas

los peñascos y rápidos

con que se topa el agua,

pero que, saciado de decir,

fluye para recuperar la transparencia

donde flotan los barcos

transportando las frutas.

No quiero para ustedes el amor irreal de las tarjetas

decoradas con dulces y lacitos

sino ese que han venido afinando sabiamente

cada uno a su modo,

un amor brioso y exigente

que ha aprendido a ser manso siendo terco

siendo tenaz, constante,

cada uno con su rama en el pico

haciendo y acomodando el nido.

Cada uno con su sueño,

osando revelar la arcilla de su edificio íntimo.

La utopía es una isla solitaria donde nadie desembarca.

Por eso les deseo el amor más desnudo y cotidiano

la confianza y ternura

de acariciarse el alma, aceptarse imperfectos

y construir la recóndita esquina

del abrazo apretado

del pedazo de mundo

donde la soledad termina.

DESPEDIDA

A Joan y Peter

Los amigos se han ido.

El viento mueve el cencerro japonés en la terraza.

La melodía liviana y espontánea

de cilindros tocándose

es nostálgica como el día

como este mundo que habitamos

abrazándonos

y dejándonos.

Recibimientos y despedidas.

El gozo efímero pero duradero

de vivir.

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Autor: Gioconda Belli. Título: El pez rojo que nada en el pecho. Editorial: Visor. 

Imagen: Cubierta del libro “El pez rojo que nada en el pecho”

FUENTE RESPONSABLE: ZendaLibros.com 19 de diciembre 2020. Editor: Arturo Pérez-Reverte.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía

 

5 poemas de Shelley

Rebelde y con fuerte temperamento, chocó contra los convencionalismos de su época. Asociado a Lord Byron, logró la inmortalidad con sus versos. Os ofrecemos 5 poemas de Shelley. 

Ozymandias

A un viajero vi, de tierras remotas.

Me dijo: hay dos piernas en el desierto,

De piedra y sin tronco. A su lado cierto

Rostro en la arena yace: la faz rota,

Sus labios, su frío gesto tirano,

Nos dicen que el escultor ha podido

Salvar la pasión, que ha sobrevivido

Al que pudo tallarlo con su mano.

Algo ha sido escrito en el pedestal:

«Soy Ozymandias, el gran rey. ¡Mirad

Mi obra, poderosos! ¡Desesperad!:

La ruina es de un naufragio colosal.

A su lado, infinita y legendaria

Sólo queda la arena solitaria».

Prometeo liberado

Tú bajaste, entre todas las ráfagas del cielo:

al modo de un espíritu o de un pensar, que agolpa

inesperadas lágrimas en ojos insensibles,

o como los latidos de un corazón amargo

que debiera tener ya la paz, descendiste

en cuna de borrascas; así tú despertabas,

Primavera, ¡oh, nacida de mil vientos! Tan súbita

te llegas, como alguna memoria de un ensueño

que se ha tornado triste, pues fue dulce algún día,

y como el genio o como el júbilo que eleva

de la tierra, vistiendo con las doradas nubes

el yermo de la vida.

La estación llegó ya, y el día: esta es la hora;

has de venirte cuando sale el sol, dulce hermana:

¡llega, al fin, deseada tanto tiempo, y remisa!

¡Qué lentos, cual gusanos de muerte los instantes!

El punto e una estrella blanca aun tiembla, en lo hondo

de esa luz amarilla del día que se agranda

tras montañas de púrpura: a través de una sima

de la niebla que el viento divide, el lago oscuro

la refleja; se apaga; ya vuelve a rutilar

al desvaírse el agua, mientras hebras ardientes

de las tejidas nubes arranca el aire pálido:

¡se pierde! Y en los picos de nieve, como nubes,

la luz del sol, rosada, ya tiembla. ¿No se oye

la eólica música de sus plumas, de un verde

marino, abanicando al alba carmesí?

Soy como un espíritu que mora

Soy como un espíritu que mora

en lo más hondo del corazón.

Siento sus sentimientos,

pienso sus pensamientos

y escucho las conversaciones más íntimas del alma,

la voz que sólo se oye en el rumor de la sangre,

cuando el vaivén de los latidos

se asemeja al sosegado oleaje del océano estival.

He desatado la melodía dorada

de su alma profunda y me he zambullido en ella

y, como el águila en medio de la bruma y la tormenta,

he dejado que mis alas se adornasen

con el fulgor de los rayos.

Temo tus besos

Temo tus besos, dulce dama.

Tú no necesitas temer los míos;

Mi espíritu va tan hondamente abrumado,

Que no puede agobiar el tuyo.

Temo tu porte, tus modos, tu movimiento.

Tú no necesitas temer los míos;

Es inocente la devoción del corazón

con la que yo te adoro.

Vino de hadas

Me embriagué de aquel vino de miel

del capullo lunar de zarzarrosa,

que recogen las hadas en copas de jacinto:

los lirones, murciélagos y topos

duermen entre los muros o en la hierba,

en el patio desierto y triste del castillo;

cuando el vino derraman en la tierra de estío

o en medio del rocío se elevan sus vapores,

de alegría se colman sus venturosos sueños

y, dormidos, murmuran su alborozo; pues pocas

son las hadas que llevan tan nuevos esos cálices.

Imagen de portada: Shelley

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Laura Di Verso.Editor: Arturo Pérez-Reverte. 28 de diciembre 2017

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía

 

 

5 poemas de Seamus Heaney.

Premio Nobel de Literatura en 1995. Es considerado como uno de los grandes poetas irlandeses de todos los tiempos. Te ofrecemos 5 poemas de Seamus Heaney.

Día de boda

Tengo miedo.

El sonido se ha parado en el día

y las imágenes se repiten

sin cesar. ¿Por qué esas lágrimas,

el pesar salvaje en su rostro

fuera del taxi? Crece

el jugo del lamento

en nuestros invitados que saludan.

Tras la gran tarta estás cantando

como una novia abandonada

que persiste, demente,

y que atraviesa el ritual.

Cuando fui a los lavabos

había un corazón con una flecha

y palabras de amor. Deja que duerma

recostado en tu pecho, camino al aeropuerto.

El recado

«¡Va, vete ya! Hijo, corre como el diablo

y dile a tu madre que intente

encontrarme una burbuja para el nivel del espíritu

y un nuevo nudo para esta corbata».

Pero aún así estaba contento, lo sé, cuando planté cara,

responsabilizándolo a él

con una sonrisa que superaba su sonrisa y su encargo de bufón,

esperando el siguiente movimiento en el juego.

Muerte de un naturalista

Durante todo el año el dique de lino supuraba

en el corazón del pueblo; verde y de cabeza pesada

el lino se pudría allí, aplastado por enormes terruños.

A diario chorreaba bajo un sol de justicia.

Burbujas gorgojeaban con delicadeza, moscardones

tejían una fuerte gasa de sonido en tomo al olor.

Había también libélulas, mariposas con lunares,

pero lo mejor de todo era esa baba caliente y espesa

de huevos de rana que, a la sombra de las orillas,

crecía como agua coagulada. Aquí, cada primavera

yo llenaría los tarros de mermelada con gelatinosas

motas para poner en fila en el alféizar de la casa,

y en el colegio, sobre estantes, y esperaría y miraría

hasta que los puntos engordasen estallando en ágiles

renacuajos nadadores. La Señora Walls nos contaría cómo

a la rana padre se le llamaba rana toro

y cómo croaba y cómo la mamá rana

depositaba centenares de pequeños huevos y eso eran

babas de rana. También se podía predecir el tiempo por las ranas

pues eran amarillas al sol y marrones

bajo la lluvia.

Entonces, un caluroso día cuando los campos apestaban

a boñiga de vaca sobre la hierba, las airadas ranas

invadieron el dique de lino; yo atravesaba los marjales

agachado y al son de un áspero croar que no había oído

antes. El aire se espesó con un coro de bajos.

Justo al pie del dique ranas de gordas barrigas sé mantenían alertas

sobre terruños; sus nucas sueltas latían como velas. Algunas saltaban:

el slap y plop eran amenazas obscenas. Algunas se sentaron

dispuestas como granadas de barro, con sus calvas cabezas pedorreando.

Me sentí enfermo, di la vuelta y corrí. Los grandes reyes babosos

se reunían allí para vengarse y supe

que si metía mi mano las babas la agarrarían.

Un sueño de celos

Caminando contigo y otra dama

por un parque boscoso, la susurrante hierba

corría sus dedos a través de nuestro silencio sospechoso

y los árboles se abrían hacia un sombreado

claro e inesperado donde nos sentamos.

Creo que el candor de la luz nos desalentó.

Hablamos sobre deseo y ser celoso,

nuestra conversación una simple bata suelta

o un mantel de pic-nic blanco desplegado

como un libro de modales en el desierto.

«Muéstrame,» dije a nuestra compañera, «lo que

tanto he deseado, tu estrella malva del pecho.»

Y ella consintió. Oh ni estos versos

ni mi prudencia, amor, pueden curar la herida de tus ojos.

Una llamada

«Espera,» dijo ella, «saldré simplemente e iré a por él.

El tiempo aquí es tan bueno, que aprovecha

para escardar Un poco.»

De modo que lo vi

apoyado sobre las manos y rodillas al lado del rastrillo,

tocando, inspeccionando, separando un

tallo del otro, estirando con suavidad

cada cosa no estrechada, frágil y sin hojas,

complacido de sentir cómo se abría cada raíz de malas hierbas,

pero también arrepentido…

Luego me encontré escuchando

al amplio y grave tic de los relojes de la entrada

donde el teléfono estaba desatendido en una calma

de espejo y péndulos iluminados por el sol…

y me encontré entonces pensando: si fuera hoy,

así es como la Muerte convocaría a Cualquiera.

A continuación él habló y casi le dije que le amaba.

Imagen de portada: Seamus Heaney

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Laura Di Verso. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 5 de enero 2018.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía

Anunciación del verano, un poema de Aurora Luque

Autora de una extensa obra poética que abarca desde comienzos de los años 80 hasta la actualidad y profesora de griego antiguo desde hace más de 30 años, actualmente es una de las voces fundamentales de la poesía española. A continuación reproduzco Anunciación del verano, un poema de Aurora Luque.

Anunciación del verano, de Aurora Luque

Una avioneta blanca sobrevuela la costa

con su estela de lona casi en blanco.

«Anúnciese en el aire». Desde el apartamento

los parasoles verdes, naranjas, morados

hacen que el mar se vista a estas alturas

una túnica pop. Se hunde aquel barco

centímetro a centímetro, sus tribales quehaceres

de antigua pesquería. Este verano

nos deslumbra el blanquísimo poliéster

de un yate sobre el puzzle inacabado

de un movedizo mar turquesa, malva.

Descienden las gaviotas. ¿No está la vida acaso

bajo un inmenso toldo de luz que la protege

del ardor del vacío, de su abrazo

de las ondas violetas de la muerte,

de su quehacer tribal, del viejo pacto?

Imagen de portada: Aurora Luque

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Laura Di Verso. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 11 de agosto 2022

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía

 

5 poemas de Hermann Hesse

Poeta, novelista y pintor. Su obra literaria está compuesta por más de 40 libros publicados que le valieron el reconocimiento del Premio Nobel. A continuación puedes leer 5 poemas de Hermann Hesse. 

En la niebla

¡Qué extraño es vagar en la niebla!

En soledad piedras y sotos.

No ve el árbol los otros árboles.

Cada uno está solo.

Lleno estaba el mundo de amigos

cuando aún mi cielo era hermoso.

Al caer ahora la niebla

los ha borrado a todos.

¡Qué extraño es vagar en la niebla!

Ningún hombre conoce al otro.

Vida y soledad se confunden.

Cada uno está solo.

Esbozos

El viento del Otoño crepita frío entre los juncos secos,

envejecidos por el anochecer;

aleteando, las cornejas vuelan desde el sauce, tierra adentro.

Un viejo solitario se detiene un instante en una orilla,

siente el viento en sus cabellos, la noche y la nieve que se acercan,

desde la orilla en sombras mira la luz enfrente

donde entre nubes y lago la línea de la costa más lejana

todavía refulge en la cálida luz:

áureo más allá, dichoso como el sueño y la poesía.

La mirada sostiene con firmeza en la fulgurante imagen,

piensa en la patria, recuerda sus buenos años,

ve palidecer el oro, lo ve extingirse,

se vuelve y, lentamente, se dirige

tierra adentro desde aquel sauce.

Lobo estepario

Yo, lobo estepario, troto y troto,

la nieve cubre el mundo,

el cuervo aletea desde el abedul,

pero nunca una liebre, nunca un ciervo.

¡Amo tanto a los ciervos!

¡Ah, si encontrase alguno!

Lo apresaría entre mis dientes y mis patas,

eso es lo más hermoso que imagino.

Para los afectivos tendría buen corazón,

devoraría hasta el fondo de sus tiernos perniles,

bebería hasta hartarme de su sangre rojiza,

y luego aullaría toda la noche, solitario.

Hasta con una liebre me conformaría.

El sabor de su cálida carne es tan dulce de noche.

¿Acaso todo, todo lo que pueda alegrar

una pizca la vida está lejos de mí?

El pelo de mi cola tiene ya un color gris,

apenas puedo ver con cierta claridad,

y hace años que murió mi compañera.

Ahora troto y sueño con ciervos,

troto y sueño con liebres,

oigo soplar el viento en noches invernales,

calmo con nieve mi garganta ardiente,

llevo al diablo hasta mi pobre alma.

Noche del temprano estío

El cielo tormentoso,

y un tilo en el jardín,

en pie, tiembla.

Es tarde ya.

Un pálido relámpago

vemos en el estanque

permanecer, con ojos

grandes, humedecidos.

Las flores se mantienen

en tallo fluctuante

y afiladas guadañas

se acercan más y más.

El cielo tormentoso

trae un aire pesado.

Mi chica se estremece:

«¿Lo sientes tú también?»

Un sueño

Salones que cruzamos con timidez,

un centenar de rostros que desconocemos…

Con lentitud, una tras otra,

las luces palidecen.

Allí cuando su brillo se hace gris

cuando se ciega con el atardecer,

un rostro me parece familiar,

la memoria del amor encuentra

conocidos los rostros

que antes fueron extraños.

Oigo nombres de padres,

hermanos, camaradas,

así como de héroes, de mujeres, poetas

que yo reverencié cuando muchacho.

Pero ninguno de ellos

me concede siquiera una mirada.

Como las llamas de una vela

se desvanecen en la nada

dejan en el entristecido corazón

sonidos de poemas olvidados,

oscuridad, lamentos

en torno de los días ya encauzados

en leyenda y en sueño

de una luz disfrutada alguna vez.

Imagen de portada: Hermann Hesse

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Laura Di Verso. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 6 de enero 2018.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía/En memoria/Hermann Hesse

 

A mis obligaciones, de Pablo Neruda

En estos versos el poeta chileno reivindica su oficio de escritor como terapia y vehículo para buscar la luz a su vida. A continuación reproduzco A mis obligaciones, de Pablo Neruda. 

A mis obligaciones, de Pablo Neruda

Cumpliendo con mi oficio

piedra con piedra, pluma a pluma,

pasa el invierno y deja

sitios abandonados,

habitaciones muertas:

yo trabajo y trabajo,

debo substituir

tantos olvidos,

llenar de pan las tinieblas,

fundar otra vez la esperanza.

No es para mí sino el polvo,

la lluvia cruel de la estación,

no me reservo nada

sino todo el espacio

y allí trabajar, trabajar,

manifestar la primavera.

A todos tengo que dar algo

cada semana y cada día,

un regalo de color azul,

un pétalo frío del bosque,

y ya de mañana estoy vivo

mientras los otros se sumergen

en la pereza, en el amor,

yo estoy limpiando mi campana,

mi corazón, mis herramientas.

Tengo rocío para todos.

Imagen de portada: Pablo Neruda

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Laura Di Verso. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 1° de mayo 2019

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía

5 poemas de Sylvia Plath

Demostró su talento literario de forma precoz. Su vida estuvo marcada por la enfermedad y fue tras su suicidio cuando recibió todo el reconocimiento que merecía. Aquí puedes leer 5 poemas de Sylvia Plath.  

El jardín solariego

Las fuentes resecas, las rosas terminan.

Incienso de muerte. Tu día se acerca.

Las peras engordan como Budas mínimos.

Una azul neblina, rémora del lago.

Y tú vas cruzando la hora de los peces,

los siglos altivos del cerdo:

dedo, testuz, pata

surgen de la sombra. La historia alimenta

esas derrotadas acanaladuras,

aquellas coronas de acanto,

y el cuervo apacigua su ropa.

Brezo hirsuto heredas, élitros de abeja,

dos suicidios, lobos penates,

horas negras. Estrellas duras

que amarilleando van ya cielo arriba.

La araña sobre su maroma

el lago cruza. Los gusanos

dejan sus sólitas estancias.

Las pequeñas aves convergen, convergen

con sus dones hacia difíciles lindes.

Traducción de Jesús Pardo

Lorelei

No es noche ésta de ahogarse:

luna llena, reacio

río bajo luz suave,

acuosas nieblas bajan

tupidas como redes

cuyos dueños reposan,

traduciéndose en vidrio

lúcido mientras flotan

las torres del castillo

hacia mí hiriendo el rostro

del silencio. Ascienden

sus miembros poderosos

y álgidos, pelo grave

más que mármol, y cantan

de un mundo más amable

que ninguno. Estos cantos,

hermanas, sobrepasan

al oído gastado

que aquí, en el campo, escucha

bajo el orden impuesto.

La armonía caduca

el orden que vosotras

sitiáis con vuestras voces.

Vivís entre las rocas

de oníricas promesas

de refugio. De día

bajáis de la pereza,

de altas ventanas. Peor

que vuestro enloquecido

canto o mudez. La voz

de vuestro fondo llama:

embriaguez del abismo.

Oh río, veo tu larga

y honda línea argentina,

esas diosas de paz.

Piedra, piedra, me abismas.

Traducción de Jesús Pardo

Carta de amor

No es fácil expresar lo que has cambiado.

Si ahora estoy viva entonces muerta he estado,

aunque, como una piedra, sin saberlo,

quieta en mi sitio, mi hábito siguiendo.

No me moviste un ápice, tampoco

me dejaste hacia el cielo alzar los ojos

en paz, sin esperanza, por supuesto,

de asir los astros o el azul con ellos.

No fue eso. Dormí: una serpiente

como una roca entre las rocas hiende

el intervalo del invierno blanco,

cual mis vecinos, nunca disfrutando

del millón de mejillas cinceladas

que a cada instante para fundir se alzan

las mías de basalto. Como ángeles

que lloran por la gente tonta hacen

lágrimas que se congelan. Los muertos

tenían yelmos helados. No les creo.

Me dormí como un dedo curvo yace.

Lo primero que vi fue puro aire

y gotas que se alzaban de un rocío

límpidas como espíritus. y miro

densas y mudas piedras en tomo a mí,

sin comprender. Reluzco y me deshojo

como mica que a sí misma se escancie,

igual que un líquido entre patas de ave,

entre tallos de planta. Mas no pienses

que me engañaste, eras transparente.

Árbol y piedra nítidos, sin sombras.

Mi dedo, cual cristal de luz sonora.

Yo florecía como rama en marzo:

una pierna y un brazo y otro brazo.

De piedra a nube iba yo ascendiendo.

A una especie de dios ya me asemejo,

hiende el aire la veste de mi alma

cual pura hoja de hielo. Es una dádiva.

Traducción de Jesús Pardo

Espejo

Soy de plata y exacto. Sin prejuicios.

Y cuanto veo trago sin tardanza

tal y como es, intacto de amor u odio.

No soy cruel, solamente veraz:

ojo cuadrangular de un diosecillo.

En la pared opuesta paso el tiempo

meditando: rosa, moteada. Tanto ha que la miro

que es parte de mi corazón. Pero se mueve.

Rostros y oscuridad nos separan

sin cesar. Ahora soy un lago. Ciérnese

sobre mí una mujer, busca mi alcance.

Vuélvese a esos falaces, las luciérnagas

de la luna. Su espalda veo, fielmente

la reflejo. Ella me paga con lágrimas

y ademanes. Le importa. Ella va y viene.

Su rostro con la noche sustituye

las mañanas. Me ahogó niña y vieja

Traducción de Jesús Pardo

Una vida

Tócala: no se encogerá como pupila

esta rareza oviforme, clara como una lágrima.

He aquí ayer, el año pasado: palmiforme lanza,

azucena, como flora distinta

de un tapiz en la quieta urdimbre vasta.

Toca este vaso con los dedos: sonará

como campana china al mínimo temblor del aire

aunque nadie lo note o se anime a contestar.

Los indígenas, como el corcho graves,

todos ocupadisimos para siempre jamás.

A sus pies las olas, en fila india,

no reventando nunca de irritación, se inclinan:

en el aire se atascan,

frenan, caracolean como caballos en plaza de armas.

Las nubes enarboladas y orondas, encima.

Como almohadones victorianos. Esta familia

de rostros habituales, a un coleccionista,

por auténtica, como porcelana buena, gustaría.

En otros lugares el paisaje es más franco.

Las luces mueren súbitas, cegadoramente.

Una mujer arrastra, circular, su sombra, de un calvo

platillo de hospital en torno, parece

la luna o una cuartilla de papel intacto.

Se diría que ha sufrido una particular guerra relámpago.

Vive silente.

Y sin vínculos, cual feto en frasco, la casa

anticuada, el mar, plano como una postal,

que una dimensión de más le impide penetrar.

Dolor y cólera neutralizadas,

ahora dejad la en paz.

El porvenir es una gaviota gris, charla

con voz felina de adioses, partida.

Edad y miedo, como enfermeras, la cuidan,

y un ahogado, quejándose del frío, se agazapa

saliendo a la orilla.

Traducción de Jesús Pardo

Imagen de portada: Sylvia Plath

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Laura Di Verso. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 12 de enero 2018.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía

5 poemas de Emilio Ballagas

Una de las voces más destacadas de la lírica cubana en el siglo XX. Destacó también como ensayista. A continuación reproduzco 5 poemas de Emilio Ballagas.

Nocturno

¿Cómo te llamas, noche de esta noche?

Dime tu nombre. Déjame

Tu santo y seña

Para que yo te reconozca

Siempre

A través de otras noches diferentes.

Tú me ofreces su frente en medialuna

(Medialuna de carne),

Sus labios (pulpa en sombra)

Y su perfil al tacto…

(Mañana mi derecha

Jugará a dibujar su contorno en el aire.)

¿Cómo te llamas, noche de esta noche?

Dime tu nombre, déjame

Tu santo y seña

Para que yo te reconozca

Siempre

A través de otras noches diferentes.

¡Y que pueda llamarte gozoso,

Trémulo,

Por tu nombre!

Poema impaciente

¿Y si llegaras tarde,

cuando mi boca tenga

sabor seco a cenizas,

a tierras amargas?

¿Y si llegaras cuando

la tierra removida y oscura (ciega, muerta)

llueva sobre mis ojos,

y desterrado de la luz del mundo

te busque en la luz mía,

en la luz interior que yo creyera

tener fluyendo en mí?

(Cuando tal vez descubra

que nunca tuve luz

y marche a tientas dentro de mí mismo,

como un ciego que tropieza a cada paso

con recuerdos que hieren como cardos.)

¿Y si llegaras cuando ya el hastío

ata y venda las manos;

cuando no pueda abrir los brazos

y cerrarlos después como las valvas

de una concha amorosa que defiende

su misterio, su carne, su secreto;

cuando no pueda oír abrirse

la rosa de tu beso ni tocarla

(tacto mío marchito entre la tierra yerta)

ni sentir que me nace otro perfume

que le responda al tuyo,

ni enseñar a tus rosas

el color de mis rosas?

¿Y si llegaras tarde

y encontraras (tan solo)

las cenizas heladas de la espera?

¿Cómo te llamas, noche de esta noche?

¿Cómo te llamas, noche de esta noche?

Dime tu nombre. Déjame

Tu santo y seña

Para que yo te reconozca

Siempre

A través de otras noches diferentes.

Tú me ofreces su frente en medialuna

(Medialuna de carne),

Sus labios (pulpa en sombra)

Y su perfil al tacto…

(Mañana mi derecha

Jugará a dibujar su contorno en el aire.)

¿Cómo te llamas, noche de esta noche?

Dime tu nombre, déjame

Tu santo y seña

Para que yo te reconozca

Siempre

A través de otras noches diferentes.

¡Y que pueda llamarte gozoso,

Trémulo,

Por tu nombre!

Víspera

Estarme aquí quieto, germen

De la canción venidera

—íntegro, virgen, futuro.

Estarme dormido —íntimo—

En tierno latir ausente

De honda presencia secreta.

Y éxtasis —alimento—

De ignorante —ausente, puro—

Nonnato de claridades

Con la palabra inicial

Y el dulce mañana intacto.

Cielo en rehenes

Te miro sin dejar de contemplarte

Copo de sol, espuma conjurada

Y abro mi corazón de parte a parte

Para ofrecerte jubilosa entrada.

Comprendo que del caos fuera arrancada

La esbelta luz; ignoro por qué arte

Puedo en un solo pétalo labrarte

Con dedos leves el primor de un hada.

De nuevo el manantial de la belleza

Echa a correr con sosegado porte

Contando perla a perla su pureza.

Cielo en rehenes, majestad sin corte;

Donde en alto fulgure tu cabeza

Allí está el girasol, allí su norte.

Imagen de portada: Emilio Ballagas

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Laura Di Verso. Editor: Arturo Pérez Reverte. 21 de diciembre 2019.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía

 

 

 

12 poemas de Antonio Preciado

Antonio Preciado es un poeta, catedrático y diplomático nacido en Esmeraldas, Ecuador, en 1941. Fue ministro de cultura de su país. Es considerado como uno de los grandes poetas de la negritud del Ecuador. Por su obra obtuvo importantes reconocimientos como el VII Premio Nacional de Poesía “Ismael Pérez Pazmiño” (Diario El Universo de Guayaquil, 1965) y Primer Premio en el Festival Nacional de las Letras (Universidad de Guayaquil, 1967). Entre sus poemarios destacan: Jolgorio (1961), Siete veces la vida (1967), Poema húmedo (1981), De sol a sol (1979), Espantapájaros (1982), De ahora en adelante (1993) o De boca en boca (2005) entre otros. Sus poemas han sido traducidos a diversos idiomas.

***

Hallazgo

Hoy saqué de la arena

un hueso que me ha pertenecido,

porque tiene una señal de sangre

idéntica a mí mismo,

y el horrible dolor que me he palpado

en este mismo sitio.

Además,

es del mismo metal

que en una uña de mamá he sorprendido.

Pues bien,

me haré una flauta,

compondré una canción a mi asesino,

y la saldré a tocar todas las lunas

a lo largo de todos los caminos.

***

La palabra Vida

No estoy todo aquí.

(Epitafio de Baldomero Sanín Cano)

Soy suyo

y ella es mía,

a cada instante nos pertenecemos,

yo le infundo mi ser

mientras que, a solas,

la bendita palabra me pronuncia;

más bien me eleva en oración

y en medio

del silencio abismal que solo ella

es capaz de guardarse

entre el bullicio de la muchedumbre,

ella misma se escucha;

y es cuando sé que significo siempre,

que habrán de repetirme

porque cuando la digan dirán todo lo mío,

todo lo que desde antes de existir me repleta,

mi remoto animal,

mis otros,

mis demás,

toda duda plural,

toda pregunta;

todo indicio mayor,

toda respuesta;

todos los cielos,

todas las edades;

todo lo que tan solo

por el nombre y las huellas digitales

en mí mismo no soy,

pero de todos modos a mí suena,

todo el dolor,

todo el amor,

en fin, todo este mundo

que a la palabra vida,

en sus adentros,

aún le quedará de mí cuando me muera.

***

La palabra Amor

A esta palabra me le hacías falta,

y acabo de ponerte

como connotación alucinante,

como fuego que suena,

y ahí te quedarás,

porque me da la emocionada gana,

pese a cualquier manida intransigencia

atrincherada contra la inquietante

palpitación de llama

que de pronto le impones al rescoldo

de la antigua palabra;

ahí te quedarás,

inapagable

en la idea de ti,

que viene a ser destilación de lumbre,

alquimia,

trasiego apasionado de la palabra al fuego

y del fuego a la palabra,

que se repite y deja

fuego dentro del fuego,

noción de luz concéntrica,

¡brujería!,

vislumbre ensimismado de tu ser en la clave

que he venido hasta hoy desentrañando.

Sin embargo,

ahora es necesario que me tapes la boca,

porque después del rito me apetece

pronunciarte en voz alta,

a ti sola,

ya dueña de toda la palabra,

11sin el menor vestigio de lo que para mí,

antes de tú colmarla,

haya significado;

y entonces al oírte

un ceñudo gramático decida que no existes,

porque no se conoce

esa crepitación de tu eufonía,

ni hay asomo de ti en la frialdad

ininflamable de los diccionarios.

***

Nacha

Tenía la voz delgada

de planchar esa misma canción

todas las tardes.

Cuando se le quemó,

y con canción y todo la enterraron,

la tierra estuvo triste

y se pasó la noche

en el fondo de un charco

croando con las ranas.

***

Visión para tarjeta postal

En la mitad del día,

un poco hacia la tarde,

veo que permanece florecido

el árbol de cerezas y de pájaros,

y al final de una hilera

de recuerdos y amigos,

un sol reverberante

que me tiende la mano.

***

Transmutación

¡Qué cosa!,

la boca de Louis Armstrong

casi no es conocida como boca,

sino como trompeta.

***

Algo así como humano

Cuando le hicieron sitio,

ya fue tarde,

porque le había crecido otro cabello

y tenía en la lengua otra palabra.

También le habían crecido las uñas

y los dientes,

y, como es hombre,

le había salido punta en la esperanza.

Desde entonces se vive solitario,

se entretiene tejiendo

un látigo terrible con su barba,

cantando ese murmullo indescifrable,

mascando roca,

vigilando el alba

o atrapando luciérnagas

para hacerse un farol como la luna

y un faro para hormigas extraviadas,

cortando escamas de hojas,

para peces,

o parchando el tonel para sus lágrimas.

Cuando le hicieron sitio,

ya fue tarde.

Dicen que por las noches

se desata la piel

y que la cuelga

de la caña de azúcar de la entrada;

bebe un poco de hiel de sus panales

y se acuesta en el aire

con su viejo brasero como almohada,

que duerme a ojos abiertos

y que sueña,

qué sueñan los que sueñan,

y de mañana,

al minuto del sol,

cierra los ojos,

empieza su canción

y se levanta.

***

Suma íntima 

Para mí, que sumar uno más uno

es ya estar esperándote…

***

Miriam makeba

Para Edgardo Prado

Ocurre que cuando ella

se pone toda torrencial,

digo,

cuando ella llueve

sus hondos aguaceros,

los resecos veranos del África comienzan

esa canción enorme del reverdecimiento.

***

Redescubrimiento

Soy otro en mí,

reciente,

de pronto estoy gozosamente lleno

de este significado que no me conocía:

de nuevo una palabra acaba de crearme.

***

Ley conmutativa

Dará igual si es que pongo:

LA VIDA x EL VERBO,

como también EL VERBO x LA VIDA.

El orden en que vayan los factores

no alterará jamás la poesía.

***

Poema con pájaro rojo

Ya está de nuevo aquí

el pájaro de fuego

que viene por las tardes cuando escribo

y se queda conmigo por poemas enteros,

gorjeo tras gorjeo,

palabra tras palabra.

Yo contemplo en silencio su afable llamarada

cuando con devoción anida entre mis versos

y permanece quieto,

mirándome,

mirándome,

como queriendo ver si también tengo alas.

Imagen de portada: Antonio Preciado

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Juan Domingo Aguilar. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 10 de agosto 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía/Versátiles

9 poemas de Frank Stanford

Frank Stanford fue un poeta nacido en Richton, Mississippi, en 1948. Conocido como el «Rimbaud de los pantanos» (apodo acuñado por el crítico Lorenzo Thomas, quien escribió el excelente ensayo: Finders, Losers: Frank Stanford’s Song of the South), este término no hace referencia solo a su talento y a su breve paso por el ámbito poético y por la vida, también entronca con su origen geográfico. 

Pasó su infancia y juventud en Mississippi, Tennessee y Arkansas, lugar, este último, en el que asistió a la universidad pública en Fayetteville para estudiar ingeniería durante dos años y donde empezó a escribir poesía. 

La obra de Stanford se caracteriza por una poesía cruda, como moscas que merodean por un establo que puede esconder al mismo tiempo a dos amantes o a un cadáver. Publicó ocho libros de poesía en sus últimos siete años de vida. Entre 1974 y 1976 Stanford publicó varios libros de extensión breve, además de iniciar una relación (que incluyó el ámbito editorial) con la poeta C.D. Wright, con quien establece, en 1976, Lost Roads Publishers, un sello editorial independiente destinado a «recuperar el paisaje de la poesía norteamericana». En 1977 publicó uno de sus libros más destacados: El campo de batalla donde la luna dice te amo (The Battle Field Where The Moon Says I Love You), una coedición de Mill Mountain Press y Lost Roads. 

Murió con en Fayetteville, Arkansas, el 3 de junio del año 1978, cuando una noche de sábado, estando en casa con su esposa Ginny, se produjo una discusión y el autor se retiró a su habitación, disparándose acto seguido sobre el corazón. Su obra se encuentra reunida en What About This (2015). Presentamos una selección de poemas traducidos por Hernán Bravo Varela.

***

POEMA

Cuando la lluvia azota a la serpiente en la cabeza,

él, cerrando los ojos, querría estar

dormido en una llanta al borde del camino

para que los muchachos lo hagan rodar por siempre.

***

QUEDARSE

La luna pasea por mi granero

Como una viuda rumbo a la sede del condado

Aún no cae la noche

Solo aguardo a que lleguen los arqueros

Para poder correrlos

Hacen dinero fácil con mi tierra

Cada verano

Se vuelven dóciles los animales cuando refresca

Ya me he dormido antes

En los árboles

Soñé con el caballo de alguien

Vagando por el campo de futbol

Para poder pastar

Mientras que yo les daba un recorrido en el museo a los niños

Los arqueros hacen que sus muchachos

Le saquen a los ciervos la lengua a mano limpia

Cuando se pone el sol y oigo una flecha

Atravesar mi campo como un pájaro

Me pregunto qué tanto aprendieron los hombres

De las plumas

Los animales vadean el arroyo

Y comen zarzamoras

El viento sopla entre los árboles

Como una mujer en una balsa

***

LA DESPEDIDA

Una palabra

Que de seguro es

Como una espada

Que ha gastado

La funda

***

LA LUZ QUE VEN LOS MUERTOS

Son muchos los que vuelven

Después de que alisó el doctor la sábana

En torno de su cuerpo

Y salió para hacer una llamada.

Han muerto pero viven.

Se les conoce como los muertos que vivieron a través de sus muertes,

Y en mi familia

Se les tiene por sabios y honestos.

Flotan fuera de sus cuerpos

Y se prenden del techo como una palomilla,

Siguiendo los afanes de todos los demás en torno suyo.

Las voces e imágenes de los vivos

Se van desdibujando.

Un bramido los traga

Bajo las ruedas de una tiniebla sin dolor.

En la distancia

Hay alguien

Parecido a un guardavía que agita una linterna.

La luz, flor blanca, crece.

Se vuelve muy intensa, como música.

Ven los rostros de gente a la que amaron,

Los que en verdad murieron y hablan dulcemente.

Ven en un sembradío a su padre, sentado.

Terminó la cosecha, y su silla de mimbre fue arreglada.

Lleva una toalla alrededor del cuello

Con olor a loción.

Luego ven a la madre

De pie, a espaldas suyas, con un par de tijeras.

Sopla el viento.

Ella le corta el pelo a él.

Los muertos han contado historias como estas

A los vivos.

***

A veces en el sueño acariciamos

El cuerpo de otra

Mujer y despertamos

Y sabemos de las primeras noches

Cuando llegan visitas veraniegas

A la casa de tres pisos de nuestra infancia.

Sea lo que sea que recordamos,

El pelo más oscuro

Peinado frente al más oscuro espejo

Del cuarto más oscuro.

***

LAS MOSCAS EN LA MIERDA

Caballeros del sur

y turistas del norte

que redactan poemas sobre el sur

tarados estudiantes

les quiero hacer una pregunta estúpida

han visto alguna vez una regata de moscas

navegando en un montón de mierda

y regresar a hacer un pícnic en la mierda

han oído aunque sea alguna vez

en su vida a las moscas en la mierda

porque yo me curtí con moscas

que flotaban en la mierda

***

muchacho que huyó para casarse

se fugó con peligro

y la más guapa de las otras hijas

ella una noche estaba recogiéndose el pelo

como la noche de emperifollada

en el hotel

y el chico

que no era más

que un pobrecito escuincle

fue a ver si le vendían una botella

cuando él volvió ella se había hecho

viuda

los gitanos afirman que el amor

es tan extraño

y su sonido incluso

se parece al de un animal herido

***

sonrisas de una tarde de verano

ahí viene una mujer con un bebé en sus brazos

dentro de pocos años

ella habrá de ponerle

flores en su tumba

la guitarra que ella rescató para acercársele

cuando él tocó

en un grupo

al cumplir dieciséis

pasará por generaciones y generaciones

de arañas

***

PARA SABER LLEGAR

Ve al cementerio.

Imagen de portada: Frank Stanford

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Juan Domingo Aguilar. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 10 de agosto 2022

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