5 poemas de Virgilio Piñera

Virgilio Piñera fue un poeta, narrador y dramaturgo nacido en Cárdenas, Cuba, en 1922. Es considerado como uno de los escritores fundamentales y más originales de la isla. En una primera etapa colaboró en publicaciones cubanas como la revista Orígenes, de gran trascendencia en el panorama literario insular. Vivió una larga temporada en Buenos Aires, Argentina, entre 1946 y 1958. Se relacionó con el grupo de escritores argentinos liderados por Macedonio Fernández, que incluía a Jorge Luis Borges. 

Regresó a La Habana en vísperas del triunfo de la revolución de Fidel Castro y el Che Guevara. Asistió al estreno de algunas de sus obras teatrales y colaboró en La Gaceta de Cuba. Su obra comparte la característica de jugar con lo absurdo, ya sea a nivel teatral, poético o narrativo. Entre sus obras de teatro destacan Electra Garrigó (1948), Falsa alarma (1949), Jesús (1950), Dos viejos pánicos (Premio Casa de las Américas, La Habana, 1968) o Una caja de zapatos vacía (Universal, Miami, 1986). Entre sus libros de poesía más importantes se encuentran Las furias (1941) o La isla en peso (1943), cuya singularidad se hizo evidente en La vida entera (1968), el libro que resume y antología los temas constantes de su obra. 

Su poesía se caracteriza por la exploración del inconsciente y sus posibilidades formales. Entre sus libros de relatos sobresalen Cuentos fríos (1956), Un fogonazo (1967) y Muecas para escribientes (1968). En la novela cabe apuntar La carne de René (1952), Pequeñas maniobras (1963), Presiones y diamantes (1967) y El que vino a salvarme (1970). Murió en La Habana en 1979. Tras su muerte se publicó el ensayo En el país del arte y parte de su archivo epistolar.

***

Si muero en la carretera

I

Si muero en la carretera no me pongan flores.

Si en la carretera muero no me pongan flores.

En la carretera no me pongan flores si muero.

No me pongan si muero flores en la carretera.

No me pongan en la carretera flores si muero.

No flores en la carretera si muero me pongan.

No flores en la carretera me pongan si muero.

Si muero no flores en la carretera me pongan.

Si flores me muero en la carretera no me pongan.

Flores si muero no en la carretera me pongan.

Si flores muero pongan en me la no carretera.

Flores si pongan muero me en no la carretera.

Muero si pongan flores la en me en carretera.

La muero en si pongan no me carretera.

Si flores muero pongan en me la no carretera.

Flores si pongan muero me en no la carretera.

Si muero en las flores no me pongan en la carretera.

Si flores muero no me pongan en la carretera.

Si en la carretera flores no me pongan si muero.

Si en el muero no me pongan en la carretera flores.

II

Voy en cacharrito, en una cafetera,

yo voy por la carretera;

yo voy, voy yendo por la carretera.

Yo voy a un jardín de flores que está por la carretera,

yo voy en un cacharrito, en una cafetera,

voy a comprarle flores a mis muertos,

pero no me pongan flores si muero en la carretera.

III

Si muero en la carretera me entierran en el jardín

que está por la carretera, pero no me pongan flores,

cuando uno tiene su fin yendo por la carretera

a uno no le ponen flores de ése ni de otro jardín.

IV

Si muero, si no muero,

si muero porque no muero

si no muero porque muero.

Si muero en la carretera.

Si no muero pero en la carretera si muero.

Si muero porque no muero en la carretera.

Si no muero porque muero en la carretera,

no me pongan f, no me pongan 1, no me pongan o,

no me pongan r, no me pongan e, no me pongan s,

no me pongan flo, no me pongan res,

si muero en la c.

***

Nunca los dejaré

Cuando puso los ojos en el mundo,

dijo mi padre:

“Vamos a dar una vuelta por el pueblo”.

El pueblo eran las casas,

los árboles, la ropa tendida,

hombres y mujeres cantando

y a ratos peleándose entre sí.

Cuántas veces miré las estrellas.

Cuántas veces, temiendo su atracción inhumana,

esperé flotar solitario en los espacios

mientras abajo Cuba perpetuaba su azul,

donde la muerte se detiene.

Entonces olía las rosas,

o en la retreta, la voz desafinada

del cantante me sumía en delicias celestiales.

Nunca los dejaré —decía en voz baja—;

aunque me claven en la cruz,

nunca los dejaré.

Aunque me escupan,

me quedaré entre el pueblo.

Y gritaré con ese amor que puede

gritar su nombre hacia los cuatro vientos,

lo que el pueblo dice en cada instante:

“Me están matando pero estoy gozando”.

***

Cuando vengan a buscarme

Cuando vengan a buscarme

para ir al baile de los cojos,

diré que no uso muletas,

que mis piernas están intactas.

Bailaré cha-cha-cha y son

hasta caerme en pedazos,

pero ellos insistirán

en llevarme a ese baile extraño.

Con dos hachazos estaré listo,

con dos muletas iré remando,

y cuando entre por esa puerta

me pondrán una coja en los brazos.

Ella me dirá: ¡Amor mío!,

yo le diré: ¡Mi adorada!,

¿cómo fue lo de tus piernas?

¡cuéntame, que estoy sangrando!

Ella, con gran seriedad,

me contará que fue a palos,

pero haciendo de sus tripas

corazón como un brillante,

lanzará una carcajada

que retumbará en la sala.

Después, daremos las vueltas

de estos casos obligados,

saludaremos a diestra, a siniestra

y a muletazos.

Y cuando nadie lo espere,

a las dos de la mañana,

vendrá el verdugo de los cojos

para que no queden rastros.

***

Vida de Flora

Tú tenías grandes pies y un tacón jorobado.

Ponte la flor. Espérame, que vamos juntos de viaje.

Tú tenías grandes pies. ¡Qué tristeza en el aire!

¿Quién se mordía la cola? ¿Quién cantaba ese aire?

Tú tenías grandes pies, mi amiga en seco parada.

Una gran luz te brotaba. De los pies, digo, te brotaba

y sin que nadie lo supiera te fue sorbiendo la nada.

Un gran ruido se sentía en tu cuarto. ¿A Flora qué le pasa?

Nada, que sus grandes pies ocupan todo el espacio.

Sí, tú tenías, tenías la imponderable amargura de un zapato.

Ibas y venías entre dos calientes planchas:

Flora, mucho cuidado, que tus pies son muy grandes,

y la peletería te contrata para exhibir sus hormas gigantes.

Flora, cuántas veces recorrías el barrio

pidiendo un poco de aceite y el brillo de la luna te encantaba.

De pronto subían tus dos monstruos a la cama,

tus monstruos horrorizados por una cucaracha.

Flora, tus medias rojas cuelgan como lenguas de ahorcados.

¿En qué pies poner estas huérfanas? ¿Adónde tus últimos zapatos?

Oye, Flora: tus pies no caben en el río que te ha de conducir a la nada,

al país en que no hay grandes pies ni pequeñas manos ni ahorcados.

Tú querías que tocaran el tambor para que las aves bajaran,

las aves cantando entre tus dedos mientras el tambor repicaba.

Un aire feroz ondulando por la rigidez de tus plantas,

todo eso que tú pensabas cuando la plancha te doblegaba.

Flora, te voy a acompañar hasta tu última morada.

Tú tenías grandes pies y un tacón jorobado.

***

La isla en peso (fragmentos)

La maldita circunstancia del agua por todas partes

me obliga a sentarme en la mesa del café.

Si no pensara que el agua me rodea como un cáncer

hubiera podido dormir a pierna suelta.

Mientras los muchachos se despojaban de sus ropas para nadar

doce personas morían en un cuarto por compresión.

Cuando a la madrugada la pordiosera resbala en el agua

en el preciso momento en que se lava uno de sus pezones,

me acostumbro al hedor del puerto,

me acostumbro a la misma mujer que invariablemente masturba,

noche a noche, al soldado de guardia en medio del sueño de los peces.

Una taza de café no puede alejar mi idea fija,

en otro tiempo yo vivía adánicamente.

¿Qué trajo la metamorfosis?

[…]

Hay que saltar del lecho y buscar la vena mayor del mar para desangrarlo.

Me he puesto a pescar esponjas frenéticamente,

esos seres milagrosos que pueden desalojar hasta la última gota de agua

y vivir secamente.

[…]

Llegué cuando daban un vaso de aguardiente a la virgen bárbara,

cuando regaban ron por el suelo y los pies parecían lanzas,

justamente cuando un cuerpo en el lecho podría parecer impúdico,

justamente en el momento en que nadie cree en Dios.

Los primeros acordes y la antigüedad de este mundo:

hieráticamente una negra y una blanca y el líquido al saltar.

[…]

Los cuerpos en la misteriosa llovizna tropical,

en la llovizna diurna, en la llovizna nocturna, siempre en la llovizna,

los cuerpos abriendo sus millones de ojos,

los cuerpos, dominados por la luz, se repliegan

ante el asesinato de la piel,

los cuerpos, devorando oleadas de luz, revientan como girasoles de fuego

encima de las aguas estáticas,

los cuerpos, en las aguas, como carbones apagados derivan hacia el mar.

[…]

Bajo la lluvia, bajo el olor, bajo todo lo que es una realidad,

un pueblo se hace y se deshace dejando los testimonios:

un velorio, un guateque, una mano, un crimen,

revueltos, confundidos, fundidos en la resaca perpetua,

haciendo leves saludos, enseñando los dientes, golpeando sus riñones,

un pueblo desciende resuelto en enormes postas de abono,

sintiendo cómo el agua lo rodea por todas partes,

más abajo, más abajo, y el mar picando en sus espaldas;

un pueblo permanece junto a su bestia en la hora de partir,

aullando en el mar, devorando frutas, sacrificando animales,

siempre más abajo, hasta saber el peso de su isla;

el peso de una isla en el amor de un pueblo.

Imagen de portada: Virgilio Piñera

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Juan Domingo Aguilar. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 21 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía/Versátiles.

 

Juan Gil-Albert, poeta de guerra

Su amistad con Miguel Hernández y la influencia de Pablo Neruda.

Cuando soy feliz, creo en Dios.

(Juan Gil-Albert)

Los poetas levantinos Juan Gil-Albert y Miguel Hernández son poetas de la Generación del 36. No por ser Gil-Albert menos conocido que su paisano Hernández, deja de ser menos importante como poeta de guerra.

Si deseas profundizar en esta entrada; por favor cliquea adonde está escrito en “azul”. Muchas gracias.

Sabíamos que Juan Gil-Albert y Miguel Hernández coincidieron en la «Ponencia colectiva» del II Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura inaugurado el 4 de julio de 1937 en Valencia; pero no cuándo ni dónde se conocieron.

Posteriormente, a toro pasado, 29 años después del primer encuentro, Juan Gil-Albert recordará a Miguel Hernández en Madrid en 1936, en su artículo: «Notas de un carnet. Miguel Hernández», Valencia, Ediciones La Rueda, 1965; y posteriormente en el Homenaje a Miguel Hernández, de la Revista de Occidente N.º 139, de 1974, donde escribe que conoció a Miguel un mes de abril de 1936 en la casa-imprenta de Manuel Altolaguirre y Concha Méndez situada en calle Viriato número 73, Madrid, donde nuestros dos jóvenes poetas publicaron sus libros de sonetos en Ediciones Héroe. Hernández, publicó El rayo que no cesa (E. R. C) el 24 de enero de 1936, y Gil-Albert Misteriosa presencia (M. P.). 

A esta casa también acudían José Moreno Villa o Luis Cernuda, por ser vecino de los Altolaguirre. Escribió Gil-Albert que intercambiaron sus libros: (E. R. C) y (M. P.). Sin embargo, esta afirmación, propia de la memoria en el tiempo, no es del todo cierta, ya que el libro de (M. P.), se publicó un mes después del encuentro de abril del 36, el día 4 de mayo.

La fecha exacta del encuentro entre nuestros dos poetas no la sabíamos hasta que, en una carta del sacerdote y profesor valenciano, Alfonso Roig, dirigida a Josefina Manresa de fecha 04-04-1968, le da cuenta que un ejemplar de (E. R. C), dedicado, era propiedad de D. Juan Gil-Albert, firmado con fecha 6 de abril de 1936, día de la semana que era lunes. Por consiguiente, y como la publicación de (M. P.) fue en mayo, un mes después del encuentro del 6 de abril, no fue posible el intercambio de los poemarios aludidos por Gil-Albert, además el libro no llegó a ser distribuido, por cierre de la imprenta Héroe de Madrid.

Busqué el referido ejemplar de El rayo que no cesa, dedicado por Miguel Hernández a Juan Gil-Albert en el Archivo Alfonso Roig, digitalizado en la Biblioteca Valenciana Nicolau Primitui, y no está referenciado. Pero, por fortuna, en una exposición dedicada al sacerdote Alfonso Roig Izquierdo (1903-1987) en el Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (MUVIM) en otoño de 2017, titulada «Alfons Roig i la Generació del 27», se mostró el famoso y perdido ejemplar de El rayo que no cesa, que Gil-Albert le había regalado al sacerdote por la amistad que tuvieron. ¿Quién le puede negar a un sacerdote la petición de un capricho bibliófilo de esta índole? Además, existen cartas del sacerdote a Josefina Manresa pidiéndole leer la correspondencia de Miguel, pero Josefina no se la envió para su lectura.

Alfons Roig y Josefina Manresa se conocieron epistolarmente por mediación del poeta oriolano Manuel Molina. El padre Roig había conocido en 1955 en Roma a María Zambrano, y esta le dedicó el artículo «Presencia de Miguel Hernández» de 9-07-1978 en El País. Roig y Zambrano, mantuvieron correspondencia desde 1955 a 1985, de la que existe un epistolario en editorial Debast, edición de Rosa Mascarell.

En cambio, el ejemplar de Misteriosa presencia, que dice Gil-Albert haber entregado a Miguel, no se halla en el Legado de Miguel Hernández digitalizado por la Diputación de Jaén, porque, como he comentado, se publicó el 4 mayo, confirmado por varios autores como Jaime Siles (Congreso 2004-29), Alfredo Martínez de la Universidad de Queensland, o Manuel Parra Pozuelo en la revista AUCA, N.º 28, de junio 2013, donde además escribe Parra que el propio Gil-Albert trastocó deliberadamente el orden de publicación de Cadente horror por los sonetos de Misteriosa presencia; este como su opera prima, tal vez para inscribirse en el gongorismo de la Generación del 27. En este orden equivocado aparece en todas las bibliografías consultadas.

En julio de 1937, con motivo del II Congreso, celebrado en el hemiciclo del Ayuntamiento de Valencia (donde participaban 26 escritores españoles, con otros extranjeros), se encuentran de nuevo, ambos forman parte de texto de la «Ponencia colectiva» firmada por: Antonio, Sánchez Barbudo, Ángel Gaos, Antonio Aparicio, Arturo Souto, Emilio Prados, Eduardo Vicente, Juan Gil-Albert, J. Herrera Petere, Lorenzo Varela, Miguel Hernández, Miguel Prieto, Ramón Gaya y Arturo Serrano Plaja; y leída por este último. Entre los hispanoamericanos se hallaban: Nicolás Guillén, Octavio Paz, César Vallejo, Vicente Huidobro, Raúl González Tuñón, entre los más destacados.

Después del II Congreso no se volvieron a verse ni a escribirse. Miguel viajará a Rusia para el V Festival de Teatro Soviético; y Gil-Albert continuará en Valencia, después marchará a Barcelona y al exilio de Francia, México y Argentina.

En el poemario El hombre acecha de 1939 (del que conocemos la edición no distribuida de la Casona de Tudanca, Santander, de 1981) se cita a un Juan en la penúltima estrofa del poema «Llamo a los poetas», pero como no cita los apellidos, no se puede confirmar si se trata de Juan Gil-Albert, pero estoy seguro de que sí es Gil-Albert, sobre todo por la coincidencia del segundo apellido de Hernández, que era Gilabert que se diferencia prosódicamente por el guion de Gil-Albert. La teoría de que fueran Juan Rejano o Juan Larrea no se sustenta porque Miguel no los conoció personalmente.

No he encontrado cartas ni en los archivos ni legados de ambos «amigos». La ausencia de correspondencia o notas me la confirmó Jesucristo Riquelme el 13-03-2019, que ha publicado un libro ampliando el epistolario titulado Epistolario general de Miguel Hernández, EDAF, 2019. Gil-Albert sí mantuvo correspondencia con Josefina Manresa, al menos tenemos la nota de fecha 29 de abril de 1985, un años después del fallecimiento de Manuel Miguel (Manolillo) ocurrida el 23 de mayo de 1984 a los 45 años.

Biografía resumida de Juan Gil-Albert

El poeta y ensayista Juan Gil-Albert Simón se llamaba Juan de Mata Gil Simón, nacido en Alcoy (Alicante) el 1 de abril 1904, adaptó los apellidos de su padre Ricardo Gil Albert y se lo agregó como compuesto (Gil-Albert). Hijo de Vicenta Simón Belenguer, una familia perteneciente a la alta burguesía industrial alcoyana, sus primeros años de formación corrieron a cargo de un profesor particular y en un colegio de monjas de Alcoy. Cuando cuenta con nueve años, la familia se traslada a Valencia en pos de su padre, que abre allí un almacén de ferretería, e ingresa como interno en el Colegio de los Escolapios. Los veranos los pasaba en la finca alcoyana de El Salt. A mediados de 1934 se traslada a Madrid y se pone en contacto con los poetas de la Generación el 27, aunque a Juan se le catalogará de la Generación del 36.

En mayo de 1936, en Madrid, el impresor y poeta Manuel Altolaguirre le publica sus primeros libros en la editorial Héroe. Poeta bastante tardío, su primer poemario será Misteriosa presencia, en 1936, una colección de sonetos de tema amoroso, seguido del poemario surrealista Candente horror, y el poemario Son nombres ignorados, impreso en Barcelona sobre la consciencia de la guerra. La propuesta de María Paz Moreno señala la importancia del culturalismo en tanto que Juan Gil-Albert «necesita del culturalismo para llegar a sí mismo».

En enero de 1937 cofunda en Valencia la revista Hora de España, cuya redacción está formada por Juan Gil-Albert, Rafael Dieste, Sánchez Barbudo y el murciano Ramón Gaya. A mediados de 1937, se unieron a ellos en la redacción la filósofa, María Zambrano, y Arturo Serrano Playa. Cuando Valencia se convierte en capital de la República, la casa de Juan Gil-Albert se convierte en centro de reunión de los intelectuales republicanos. Participa en la organización del II Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura, participa en la redacción de la famosa «Ponencia colectiva», y coincide con Miguel Hernández tanto en la ponencia como en el congreso, celebrado en julio en el salón de Actos del Ayuntamiento de Valencia, donde previamente se había trasladado el gobierno de la Segunda República.

Finalizada la guerra pasará a Francia y será ingresado en el campo de concentración Saint-Cyprien (Pirineos Orientales), posteriormente, una vez liberado, se traslada a México donde se convertirá en secretario de la revista Taller dirigida por Octavio Paz (al que había conocido en Valencia en 1937). También colabora con críticas de cine en la revista Romance. Colabora también en Letras de México y El hijo pródigo, con poemas y prosa. A fines de 1942 viaja a Buenos Aires y colabora en los diarios argentinos Sur y en la página literaria de La Nación. Allí conoce a Jorge Luis Borges. Publicará El convaleciente (1944).

Regresó del exilio a Valencia en el verano de 1947, viviendo ahora un exilio interior fuera de las corrientes dominantes hasta la muerte de Franco. Era propietario de una casa familiar en Alcoy. Años después, hará apariciones públicas y conocerá al poeta de Oliva, Francisco Brines, a Ricardo Bellveser, Carlos Rovira, a Luis Antonio de Villena, se integrará en la vida poética y a los homenajes. En 1983 el Instituto Alicantino de Cultura pasó a llamarse Juan Gil-Albert, dependiente de la Diputación de la misma ciudad. Fallecido en Valencia el 4 de julio 1994, a los 90 años.

Antecedentes de Candente horror, la influencia de Pablo Neruda

El poeta chileno Pablo Neruda (Premio Nobel de Literatura en 1971), es una figura clave en las obras primeras de Juan Gil-Albert, según Manuel Aznar Soler. Componer Residencia en la Tierra le supuso a Neruda casi diez años (1925-1935) de trabajo de inspiración. Pertenece Neruda a ese grupo de poetas que encabezan la renovación vanguardista de la poesía impura y con el que destacan los sudamericanos: César Vallejo, Vicente Huidobro y Raúl González Tuñón.

A finales de la década de los 20, el poeta vive en remotos países en calidad de cónsul de Chile, y se deja sentir en su obra la soledad que sufrió en esos lugares: el ocio se convierte en poesía. En 1935, Pablo Neruda se instala en Madrid y se relaciona con el Grupo de los del 27. Ese mismo año publica un manifiesto titulado «Por una poesía sin pureza» (atacando los preceptos juanramonianos —poeta puro—, con quien no se llevaba bien) en donde asegura que todo cabe en el proceso poético (incluyendo los temas más abruptos o las imágenes más desagradables o exóticas); principios poéticos recogidos en el manifiesto fundacional de la revista madrileña Caballo verde para la poesía, 1935. Piensa Neruda que todo es poetizable, en poesía no se ha de rechazar deliberadamente ningún tema. Tutor de la poesía impura. En modo alguno debe llevarnos esto a pensar que este tipo de poesía son composiciones venidas a menos.

Residencia en la Tierra influyó, sin duda alguna, en Juan Gil-Albert, que lo debió leer. Encuentra Gil-Albert en R. T. un mundo abierto a la palabra y a las imágenes para librarse de la tiranía de la métrica y poder abrirse al surrealismo. Así, encontramos violentas imágenes que evocan un mundo de destrucción. En definitiva, la obra refleja la visión confusa de un mundo caótico y laberíntico que se desmorona por sí mismo. Para intentar salvarse, el poeta busca apoyo en el amor, en la visión positiva. También conoció Neruda a Miguel Hernández a quien le influenció de poesía impura para algunos poemas que no gustaron a su amigo Ramón Sijé.

La ciudad para Neruda es un espacio nefasto que le produce esa sensación de confusión, caos e incoherencia y, para resaltarla, hace uso de conceptos paradójicos, ya que, persigue captar la arbitrariedad de las cosas y los sentimientos. Un buen ejemplo de ello es el poema «Walking around».

El poeta chileno no llega nunca a la oscuridad, pues deja siempre una especie de rendija de luz-lógica que permite la compresión intuitiva del poema. El surrealismo de Residencia en la Tierra, a pesar de su aparente hermetismo, es descifrable y el lector puede desentrañar los secretos de la obra con un poco de atención y perspicacia. De hecho, muy lejos queda esta poesía de la que profesa César Vallejo en Trilce (1922) o Vicente Huidobro en Altazor o viaje en paracaídas (1931), o Raúl Gonzales La rosa blindada (1936), en homenaje a la insurrección obrera de Asturias en la España republicana del 34. Aun así, percibo un lenguaje muy personal como en Candente horror con clara influencia de las corrientes anarquistas y libertarias de la época.

Residencia en la Tierra supone un recorrido por la vida del poeta y sus frustraciones, y nos dan cuenta de su evolución anímica de un hombre solitario e introspectivo. Posteriormente, escribiría una tercera residencia que incluye «España en el corazón» en donde se duele por la Guerra Civil española y por la muerte de su amigo Federico García Lorca. Miguel Hernández le dedicó a Neruda «Oda entre sangre y vino a Pablo Neruda» y el prólogo de El hombre acecha (1939) con referencia a su hija Malva Marina, enferma de hidrocefalia. Miguel Ángel García Guerra escribe en Portal Solidario:

Los expertos en la obra de Pablo Neruda (Selena Millares, Enrico Mario Santi, Alain Sicard, Saúl Yurkievich) estuvieron de acuerdo en que la influencia del poeta chileno solo se detecta claramente en la Generación del 27 y queda diluida o prácticamente inexistente en los creadores españoles posteriores. Esta fue una de las conclusiones de la mesa redonda, en la que participaron estos especialistas, celebrada ayer por la mañana en la tercera jornada del Congreso internacional Pablo Neruda en el corazón de España, que se está celebrando en la Diputación desde el lunes (Córdoba, del 15 al 19 de noviembre de 2004).

Para Selena Miralles, hay que diferenciar entre presencia e influencia de Neruda en la literatura española. Desde esta óptica, el poeta chileno tiene mucha presencia, pero solo una gran influencia en la Generación del 27, siendo su obra «Residencia en la Tierra» (1933), la que tiene mayor protagonismo en la literatura española. Los poemarios «Canto general» u «Odas elementales» no se reflejan en los autores españoles.

La tesis del profesor José Carlos Rovira, de la Universidad de Alicante, es precisamente que en toda la obra poética de Neruda emerge la tradición española, como no puede ser menos. Como el propio Rovira afirma en la reedición de la antología Fuentes de la constancia (Cátedra 1984:20):

Y hay que zambullirse continuo y desordenado en mares lejanos que se llaman Platón, Píndaro, Anacreonte, Teócrito, Dante, Ronsard, Leopardi, Nietzsche, Proust, André Gide… y en mares próximos que se llaman Maragall, Azorín, Unamuno, Gabriel Miró, etc. Con quien tuvo Gil-Albert relación personal un año antes de su muerte [Madrid, 1929].

Mucho se ha escrito sobre un texto como Candente horror (febrero de 1936), que tan solo contiene 18 poemas de vanguardia surrealista del poeta alcoyano Juan Gil Albert (1904-1994), el cual, según Jaime Siles (2007:42), «es el primer libro de poemas escrito por Juan Gil-Albert y, como tal, hay que verlo». Se explica así en la prosa —o poema en prosa— que lo abre y que es un extracto de las «Confesiones a tres jóvenes comunistas» (aunque su primer libro fue La fascinación de lo irreal, publicado en 1927). Si tomáramos este primer libro como generacionista, Gil-Albert pertenecería por derecho propio a la Generación del 27. También escribe Siles que Candente horror es un libro de rebelión política y social (2007:47). Manuel Valero Gómez, nos dice que Candente horror «es un libro de una belleza trágica, que representa la colisión entre la realidad objetiva y el mundo interior del poeta», comentado en su tesis doctoral sobre la presencia de Gil-Albert en la poesía española del siglo XX (2014:85).

Son poemas en prosa, en clave surrealista, denuncias de la situación de penuria social en que vivían los obreros, particularmente en la zona industrial de Alcoy, con su importante industria textil, que bien conoció Gil-Albert por ser hijo de un empresario dedicado a la industria de la ferretería (leer Memorabilia), y por vecindad conocía los problemas sociales y económicos de la comarca, de la región levantina y española. El título del poemario Candente horror lo toma el poeta de «La noche» verso 13 «un candente horror para sus vidas».

Con múltiples lecturas he elaborado una hermenéutica profana de los poemas, incluido el prólogo del propio poeta, que muy bien pudo llamarse: «Dedicatoria a tres amigos comunistas», puesto que no aprecio prólogo, al menos, con el propósito en el que se escriben. Mis comentarios nunca podrán contener la totalidad del sentido de los poemas, porque para ello habría que entrar en el pensamiento del poeta y sus vivencias. Mis comentarios aportarán una especie, llamémosle andamio semántico, para que el lector se apoye en ellos y le facilite su propia interpretación. Aunque, también, me he servido de otros andamios semánticos analíticos como los trabajos de Manuel Aznar Soler, Pedro J. de la Peña, José Carlos Rovira, Pedro García Cueto, M.ª Paz Moreno y Joaquín Juan Penalva.

Para acercarnos el sentido del horror poetizado hemos de situarnos en el contexto histórico la convulsa Segunda República española y meses antes de la Guerra Civil, que valiéndose de un lenguaje surrealista como instrumento de expresión, destila, en algunos versos hermetismo y metáforas surrealistas, lo cual le permite al poeta ahondar en sus visiones, pensamientos y angustias, de lo que percibe la voz poética como la insurrección socialista de la llamada Revolución de Asturias del también llamado «Octubre Rojo» de 1934, durante el denominado «bienio rectificador» (republicanos de derechas que pretendían revisar la Constitución progresista de 1931), llamado también «bienio negro» por las izquierdas que perdieron las elecciones de noviembre de 1933, que constituye el periodo comprendido entre las elecciones generales de noviembre 1933 y las de febrero de 1936 durante el que gobernaron los partidos de la derecha conservadora republicana encabezados por el PRR de Alejandro Lerroux, aliado con la derecha católica de la CEDA y del Partido Agrario.

Como dijera Luis Antonio de Villena en varios artículos (amigo personal que fuera de Juan Gil-Albert), en la poesía gilalbertina se oculta un filósofo en el lenguaje lírico, juicioso de que el lenguaje poético es más complejo que el lenguaje en prosa. Fue olvidado tras su exilio a México, pero este metafísico del verbo hubo de ser rescatado de los abismos del olvido en los años setenta gracias a Francisco Brines, por su amistad con el editor catalán Jaime Gil de Biedma y Carlos Barral, a partir de la publicación de Fuentes de la constancia (Ocnos, 1972) edición de José Carlos Rovira, el cual llama poderosamente la atención de los críticos (la segunda reedición es de Cátedra de 1984).

La profesora María Paz Moreno (Universidad de Cincinnati) en su libro fundamental para conocer al poeta alcoyano, Culturalismo en la poesía de Juan Gil-Albert, IACJGA, Alicante, 2000, afirma que son:

[…] pocos los estudios de extensión y profundidad considerables […] En 1977, la revista sevillana «Calle del Aire» le dedica su primer número, donde se recogen algunos artículos que siguen siendo aún hoy fundamentalmente dentro de la crítica gilalbertina […] Sin embargo, todavía hoy predomina un gran desconocimiento en torno a la figura de Gil-Albert y el valor de su obra […] César Simón, sobrino de Gil-Albert y autor de una tesis doctoral sobre él, ofrece un acercamiento esencial en «De su vida y obra» (1984), que constituye un estudio de tipo tradicional, valioso por ser el primero de este tipo sobre Gil-Albert y porque asienta las bases para estudios posteriores.

Notas

García Cueto, P. (2015). Los homenajes a Juan Gil-Albert. Sinepsada.

Gil-Albert, J. (1982). Concierto en mi menor, La trama inextricable, Memorabilia, Obras completas en prosa. Valencia: Instituto Alonso el Magnánimo.

Fernández Palmeral, R. (2019). Glosada de candente horror. Amazon.

Peña, P. J., de la (1982). Juan Gil-Albert. Madrid: Júcar.

Valero Gómez, M. (2014). La presencia de Juan Gil-Albert en la poesía española del siglo XX. Tesis doctoral. Universidad de Granada.

Imagen de portada: Enrique Climent; Retrato de Juan Gil-Albert, 1940 (detalle)

FUENTE RESPONSABLE: Cultura. Por Ramón Fernández Palmeral. 20 de septiembre 2022.

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5 poemas de ‘Grunge’, de Andrés García Cerdán

A lo largo de los años García Cerdán ha ido componiendo esta extraordinaria colección de poemas, Grunge, vertebrada en torno al ritmo y a la música. Su conocimiento y erudición en los clásicos, perfectamente enchufados a la música popular de los años recientes, da lugar a pasajes y versos tan atípicos como memorables. Pocos autores pueden escribir nuestra peripecia vital apoyados en una poética tan sólida: siendo absolutamente contemporáneo, remontarse por entero a la prehistoria de lo que late en cualquier mito que intacto atraviese el tiempo: el ritmo. Como dice Agustín Fernández Mallo, con este libro la poesía pierde su obviedad y se traduce en verdaderos relámpagos que el lector no solo sentirá suyos sino atemporales.

Zenda adelanta cinco poemas del libro.

***

B MINOR

En aquel tiempo, Kurt enchufó la guitarra,

se inclinó hacia su izquierda, habló

con el lenguaje de los ángeles

y, de un zarpazo,

cambió el curso del río Wishkah.

Cayeron catedrales. El mundo fue vendido

como si no importara nada.

Nosotros aprendimos a no pedir perdón,

a no tenerle miedo al ruido,

a revolcarnos en el suelo eléctrico.

Y aprendimos a enloquecer con calma

y a amar a aquella chica rubia

que –como todo– aún estaba por llegar

y ya se había ido.

***

DENTRO

No cantas, no: tu propia voz te infundes

como un veneno delicioso. La haces

girar dentro –como una piedra dentro–,

conteniendo su furia, estampándola

sin compasión entre los dientes

y el cielo de la boca, reteniéndola

para ti. No acaban los labios

de despegar, de abrirse nunca

del todo. No hay destello ni explosión

alguna mientras callas, mientras dices:

solo implosión salvaje, desatada.

No, no cantas, nunca has cantado. A solas

contigo mismo en tanto desenfreno,

te limitas a perseguir los ruidos

entre la imantación y la pureza.

Dentro crece la luz de la mañana.

Dentro se oxida el cielo. El mundo

tiembla en la punta herida de tu lengua.

***

AMANECER EN LA IGUANA BAR   

El amanecer -como escribía Dylan Thomas-

se rompe ahora en los ojos, nos chupa la cara,

y nos descubre en la luz frágil de una canción

que llega del fondo del bar. Son las seis y media

en la calle. Apenas hay nadie aquí, con nosotros,

y apenas somos nosotros quienes permanecen

ebrios contra la puerta y disparan por instinto

en busca de un pájaro o un cuadro de Modigliani.

Contra los filos del día que viene del aire.

Contra la juventud que nos estamos jugando.

Sigue siendo necesario ser joven contra las

cuerdas y presagiar de alguna forma el final

detrás de la risa y el humo de los cigarros.

Hay una tía de Alicante con los vaqueros

a la altura de las rodillas: la hemos amado

y había un puñado de cristales en el suelo.

Los últimos chicos se han ido y llegan (como si

volvieran de repente en un vaso de cerveza)

aquellas trece noches iguales a este exilio

en las afueras de la droga y la escarcha. Ya es

catorce de octubre y no hemos visto a Beatrice

ni a María bailando en el centro de la pista

You are a rock and roll suicide. El idealismo

nos nace en las manos como marihuana, el agua

necesaria hierve y llega el momento de entrar

al insomnio a menos nunca, a menos dulcemente.

***

ELLA SUEÑA CON NUBES

Ella sueña con nubes altas. Sueña

con Joe Strummer, con Londres, con Keith Haring,

con las noches del punk. Sueña que Joe

le ha regalado un banjo: pesa tanto

que no puede llevárselo a casa, se le cae

siempre. Despierta. Piensa en Patti Smith

y, con trazos de niña, dibuja una escalera

increíble, perfiles de una ciudad, muñecos

que juegan solos en habitaciones

abiertas al vacío, chicas rubias muy tristes.

Sueña que toca el banjo con Joe Strummer.

En los escaparates de las tiendas

las matriuskas la esperan, los juguetes

de otro siglo, los clicks antiguos.

Sueña con Malta. Allí no hay banjos.

Allí no está Keith Haring. Solo hay nubes

muy altas y un vestido transparente

con el que puede alzarse sobre el mundo.

En secreto la oigo cantar una canción

que habla de sueños, de países, de hijas.

Quiere morir un día en el abrazo

de un guerrero de plástico irrompible.

***

ORANIENSTRASSE

Berlín mi capital destartalada.

Jorge Riechmann

Esta ciudad es undergound.

Las bicis y las Beck’s en la mano.

Los grafitis en los contenedores.

El Spree. Dos niñas turcas: velos fucsia,

pins antinucleares. Todo el mundo

es joven, muy joven. La inteligencia

vive más allá de Görtlitzer Park.

Ella llega del mundo subterráneo,

del temblor que estremece una camisa

habitada por fresas y sirenas.

El noise detiene la espiral de un golpe.

Nos ofrece su sexo el laberinto.

—————————————

Autor: Andrés García Cerdán. Título: Grunge. Poesía 1997-2022. Editorial: Reino de Cordelia. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

Imagen: Cubierta de portada de “Grunge(Poesía 1997/2022)”

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Laura Di Verso. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 20 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía.

 

5 poemas de ’25-33′, de Santiago A. López Navia

Santiago A. López Navia (Madrid, 1961) compagina la creación literaria con la enseñanza universitaria, la investigación filológica (centrada en el cervantismo y la retórica) y la labor editorial. Es autor de trece libros de poemas y uno de relatos. Su obra poética, difundida en revistas y publicaciones colectivas y recreada por músicos, cantautores y grupos musicales, ha sido traducida al hebreo, al francés, al búlgaro y al árabe.

25-33 es una evocación de los padres del autor en la primera casa familiar de su barrio, situado en la periferia de Madrid. Aunque escrito desde la ausencia, el libro no refleja el duelo, sino el amor y la gratitud con los que rinde homenaje al ejemplo de su padre y de su madre, a quienes recuerda en su vida sencilla de todos los días, artífices generosos y entregados de una historia común. Con la mirada del niño que vive en él, el poeta vuelve a su infancia y revive algunos de los momentos más importantes en la construcción de su identidad, de la que forman parte los números de su bloque y de su vivienda, con los que el hogar compartido se graba en su memoria.

Zenda adelanta cinco poemas de este poemario, publicado por Visor y ganador del XX Premio Emilio Alarcos.

***

I

Me sorprendía

la suerte de mi padre los domingos

de camino a la casa de mi abuela:

Embajadores, Sol,

Gran Vía (José Antonio en esos años),

Tribunal, Bilbao, y esa visión

arrebatada al sueño

de la estación fantasma (Chamberí),

muy poco antes de llegar a Iglesia,

que yo miraba al paso

con la nariz pegada a la ventana.

Mi padre se agachaba

a veces (un andén, una escalera)

y me mostraba

una moneda encontrada en el suelo

que nadie sino él había visto,

y así cinco o seis veces

(un duro, un duro, un duro, cinco duros),

incluso en plena calle,

como si la fortuna bendijera

sus pasos, su camino.

Yo estaba fascinado

por los ojos felinos de mi padre,

capaces de encontrar tantos tesoros.

No tardé mucho en descubrir el truco:

mi padre aprovechaba

mis muchas distracciones, mis despistes

y dejaba en el suelo

la moneda que luego recogía.

Así pude saber

que no existe la suerte.

Que hay que buscarla

cada nueva mañana, en el camino,

y que hay que fabricarla

aunque haya que agacharse

constantemente,

como hacía mi padre,

que ni en domingo

dejaba de doblar el espinazo

para encontrar su suerte en mi sorpresa.

***

II

Siempre que recogía la colada

mi madre terminaba renegando

de la deslealtad de los gorriones

(solían ocultar

su nido en el tambor de la persiana).

Me resultaba extraño

verla tan enfadada

con esos pájaros

minúsculos y alegres

que llenaban los árboles de vida

y me asombraban

con sus saltos nerviosos en la acera

y aquella algarabía

de píos que anunciaba un día nuevo.

Los mismos mensajeros

que traían el alba a sus oídos,

testigos fieles de sus despertares,

ahora mancillaban el trabajo

de tantas horas en el lavadero.

A pesar de sus quejas,

mi madre (roca tierna,

muralla inexpugnable ante lo incierto,

sanadora de todas las heridas,

domadora de arcángeles rebeldes)

habría convertido

sus manos en un pozo

para saciar la sed de los gorriones

y habría construido para ellos

el nido más seguro

en su regazo amable,

aquel refugio.

***

IV

Cada mañana,

antes de ir al colegio,

mi madre me llamaba por teléfono.

Solo en mi casa desde muy temprano,

cuando me despertaba

lo primero que hacía (lo primero),

como en un ritual propiciatorio,

era ir a ver si estaba bien colgado,

si había línea,

y el tiempo entonces

era solo la historia de una espera.

De todos los sonidos que amparaban

mi soledad (la radio, los gorriones,

los primeros latidos de la calle),

tan solo el timbre

consolador, balsámico

de aquel teléfono

se hacía imprescindible para mí.

Algunas veces

yo me acercaba un poco

o me sentaba al lado unos momentos,

como si mi impaciencia

pudiera despertarlo

de su letargo triste

con el poder de un torpe sortilegio.

Después sonaba el timbre y me envolvía

la voz tibia y serena de mi madre

que me libraba

del cautiverio de mi incertidumbre,

y entonces,

solo entonces,

brillaba la mañana, amanecía.

***

VI

Calle Lesaca, bloque 25,

vivienda 33.

Verano.

Sábado.

Mi madre era testigo

tenaz, constante,

del alba cada día

camino a su trabajo (metro Goya,

transbordo a Lista),

y yo, rey de mi casa en soledad,

señor de sus rincones,

notario de sus ecos,

cronista del silencio y de la ausencia,

atento a su regreso

y tan inquieto

cuando pasaba el tiempo y no llegaba.

De vez en cuando

salía a mi balcón y me asomaba

(quinto piso, derecha)

mirando calle arriba,

vigía pertinaz de su retorno,

intérprete falible

de señales sutiles, infidentes:

un autobús,

un contorno lejano, aún impreciso.

Por fin podía verla

desde muy lejos,

porteadora de bolsas, fatigada,

con el lastre del día a sus espaldas

y siempre erguida,

y corría a su encuentro

para aliviar su carga y abrazarla,

y tenía sentido el mediodía

y ya no estaba solo.

***

XIV

Cuando el sol declinaba

y avanzaba la tarde se imponía

como un rito tribal

aquella tregua dulce, la merienda.

Exacta, puntual,

mi madre entonces, desde la ventana

del quinto piso

(prestidigitadora,

perita en invenciones imposibles),

salvando tendederos y macetas

y jaulas, deslizaba

una bolsa prendida de una cuerda:

un bocadillo, un plátano.

Ese vínculo frágil,

máquina simple de malabarista,

ingenio vertical de mis meriendas,

me recordaba

a aquel cordón vital y nutritivo

que me unía a mi madre en el océano

seguro y silencioso de su seno,

sin hambre, sin dolor y sin memoria.

Los días, el verano,

la calle, los portales, el solar,

todo tan cerca, todo siempre nuestro,

tierra de promisión, galaxia, imperio.

Todo por descubrir.

Todo en su sitio.

—————————————

Autor: Santiago A. López Navia. Título: 25-33. Editorial: Visor Libros. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

 

Imagen de portada: Cubierta de Portada de “25-33”

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Laura Di Verso. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 19 de septiembre 2021.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía.

 

2 poemas de ‘Una sola vida’, de Manuel Vilas

Siguiendo el modelo de los poetas renacentistas, Manuel Vilas ha compuesto una suerte de autobiografía poética. Un aliento a verdad y a intimidad recorre este libro en el que cuenta su historia sin tapujos al tiempo que, en cierto sentido, también está contando la de todos nosotros.

Zenda adelanta dos poemas de Una sola vida (Lumen).

***

IBERIA

¿Te puedes creer, hermano del alma, lector

que pasas por esta página sedienta de

hablarte, que me enamora la música

ambiental

que suena en los aviones de Iberia

antes de que despeguen?

Antes de que el avión se dirija a la pista

esa música llena mi corazón de alegría.

Nunca sé qué hacer, si leer o intentar dormir,

allí en el espacio celestial,

pero qué hermoso es que te lleven a otro continente.

Y darle la mano a tu amor si lo tienes cuando vas a aterrizar.

Y si no tengo esa mano en el asiento de al lado

qué demonios estoy haciendo subido a un avión

que tan solo va a mover mi soledad de un continente a otro,

gastando gasolina en vano, o lo que sea que consuman

esas bestias blancas que surcan los

cielos. Si rompes el cielo, que sea por

amor.

Si gastas el cielo, que el amor gaste tu

corazón. Porque sin amor ningún viaje

merece la pena.

***

LA POESÍA, OTRA VEZ

Cualquier cosa tiene más sentido en este mundo que escribir poesía: arrojar piedras a un río, mirar el sol, respirar, no hacer nada, dormir, subirse a un árbol, mentir, odiar, morir, llorar, matar una mosca vieja que a duras penas levanta el vuelo, sufrir, enamorarse, ser correspondido, no serlo, perderse en el mar, ahogarse, comprar en una tienda una chocolatina, comerse una mandarina con la mirada ausente, hacer el ridículo, ser humillado, humillar, matar un pavo para Navidad con un cuchillo Arcos comprado en Amazon, conducir un cortacésped por una autopista, saludar a los muertos como si estuvieran vivos, arreglar el tejado de la casa de tus abuelos, decepcionar, pagar a Hacienda, tirar la basura a un contenedor, comprarte un avión, aprender a tocar una trompeta, usar desesperadamente demasiada lejía para lavar el váter, rezarle a Dios, afiliarse al Partido Comunista de España, ducharte, buscar un zapatero para que te arregle los zapatos más viejos del mundo, hospedarte por dos mil trescientos euros la noche en una suite del Four Seasons de la calle Sevilla de Madrid, desaparecer, borrar tu nombre de todos los registros civiles del estado español, hacerte inmensamente rico, empobrecerte, pedir limosna en una esquina, desvanecerte en la Gran Vía madrileña como si no hubieses sido sino una ilusión óptica, cualquier cosa tiene más sentido que este oficio de escribir poesía, el misterioso oficio que el azar y el tiempo encomendaron a unos pocos y desdichados seres humanos entre los que no quiero contarme.

—————————————

Autor: Manuel Vilas. Título: Una sola vida. Editorial: Lumen. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

Imagen: Cubierta de portada de “Una sola vida”

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Laura Di Verso. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 18 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía.

 

 

5 poemas de Efraín Jara Idrovo

Efraín Jara Idrovo fue un poeta nacido en Cuenca, Ecuador, en 1926. Estudios en Derecho (Doctor en Jurisprudencia) y Filosofía y Letras, Universidad de Cuenca. Decano de la Facultad de Filosofía y Letras (1970-1975). Miembro de la Academia de la Lengua. Premio Nacional de Literatura “Eugenio Espejo” (1999). Presidente de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Azuay (1970-1984 y 2003-2007). Director del Guacamayo y la Serpiente, Revista de la Sección de Literatura de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Azuay. En 1954 decidió establecerse en las Galápagos. Algunos de sus libros más destacados son Carta en soledad inconsolable (1946), Tránsito en la ceniza (1947), Rostro de la ausencia (Cuenca, 1948), Dos poemas (1973), Sollozo por Pedro Jara (Cuenca, 1978), El mundo de las evidencias (Cuenca, 1980), In memoriam (Cuenca, 1980), Alguien dispone de su muerte (Cuenca, 1988), De lo superficial a lo profundo (Quito, 1992), Los rostros de Eros (Cuenca, 1997) y El mundo de las evidencias 1945-1998 (Quito, 1999). Murió el 8 de abril de 2018.

***

OPOSICIONES FONOLÓGICAS

posa

pesa

pisa

pasa

¡qué poco te exige la vida!

***

EPITAFIO

sumido en

la tierra

su seno

la tierra

sumado con

su sino

aqui luis veja boga en su luz vaga

consumido

consumado

con su /nido

con su nada

***

TRES DESIGNIOS EN INTENSIDADES AGUDAS 

su pasión

su posición

(¿suposición?)

mi posesión

 

su pasión

su presión

su precisión

mi supresión

 

su pasión

su misión

sin remisión

mi sumisión

***

AMARGA CONDICIÓN

El mar está ahí.

El agua de por sí es evidente:

elástica y compacta,

se deja estar, indiferente, en su volumen.

El caballo está ahí.

¡Indeleble presencia!

Tiembla el bosque en sus ojos,

cuando huele a la yegua…

 

¿Qué sucede contigo?

Sólo menguas en vez de acrecentarte,

como un río,

cuyo caudal exiguo,

lo hará languidescer en las arenas.

 

Crees fijar la espléndica

diadema de los astros

y ya es otro quien se obstina en la imagen:

el que, sí es, no es el mismo,

el que al brillar se extingue

para recomenzarse.

***

SOLLOZO POR PEDRO JARA

(Estructuras para una elegía)

I

1.1

el radiograma decía

“tu hijo nació. Cómo hemos de llamarlo”

yo andaba entonces por las islas

dispersa procesión del basalto

coágulos del estupor

secos ganglios de la eternidad

eslabones de piedra en la palma del océano

rostros esculpidos por el fuego sin edad

soledad

terquedad relampagueante de la duración

enconado olor seminal de los esteros

andaba

anduve

y dije

mientras vociferaban la sangre y las gaviotas

se llamará pedro

pedrohuesosdepedernal

pedrorrisadepiedra

piedra inflamada por la lumbre de meteoros de la vida

1.2

el radiograma decía

“tu hijo nació, envía su nombre”

yo andaba entonces por el archipiélago

renegrida osamenta del basalto

sílabas del silencio

sillares de la eternidad

guirnalda de piedra en el pecho del océano

coloquio de cíclopes sin edad

soledad

orfandad deslumbrante del espacio

desgarramiento de túnicas del viento

andaba

anduve

y dije

en tanto aullaban el sexo y las focas

te llamarás pedro

pedrovenasderroca

pedrollamadepiedra

piedra enardecida por el aliento de leones de la vida

1.3

el radiograma decía

“tu hijo nació. Cómo lo llamaremos”

yo andaba entonces por las galápagos

cetrinas encías del basalto

alvéolos del desamparo

dentadura de la eternidad

diadema de piedra en la testa del océano

mantos de lava sin edad

soledad

oquedad fulgurante del tiempo

hervor continuo de astros al pie de los acantilados

andaba

anduve

y dije

entre el bramido de los sueños y las olas

te llamaré pedro

pedroespinazodepeña

pedropiedrasinedad

piedra tenaz e incandescente que ha de sobrevivirme

II

2.1

¡hijo mío!

mordido implacablemente por los nitratos de los días

parecías tallado en diamante

hechoparaempiedradurar

hechoparaperdurar

entre las proliferaciones de herrumbre del tiempo

pero todo cuanto arde en la sangre o la inteligencia

suena a caída de hojas y aniquilamiento

ay cinceles de piedra para hendir la roca

ay impacto sordo de fruto del golpe de las masas

ay facciones abrasadas por la lengua de la caducidad

rostros de piedra

rastros de piedra

semblantes de piedra rapa-nui

pómulos curtidos por la soledad del mundo

friso del desamparo

cuencas imperturbables donde se agazaja el tiempo

como un pequeño animal despavorido

sienes de piedra

mandíbulas de piedra

pedrobasalto o pedroisladepascua

piedras contaminadas por la pasión del hombre

piedras corroídas por las sales del exterminio

piedras que han ido aligerando el volumen

en el polvo sollozante de los adioses

2.2

¡hijo mío!

azotado salvajemente por la desesperación de las olas

Parecía cincelado en granito

hechoparaempiedraendurar

hechoparaperdurar

entre la frenética agitación de las aguas

pero todo cuanto se enciende en el corazón o el tacto

se infecta de perecimiento

ay puntas de obsidiana de las armas de mis abuelos

ay graznido de halcón de las hachas arrojadizas

ay lajas de las calzadas imperiales

rótulas de piedra

vértebras de piedra

escalines de piedra de macho-picchu

cresta en la que afilan su alfanje las centellas

balcón arisco del cóndor

goterón de silencio donde anida el tiempo

como flor entre los costillares triturados del trueno

fémures de piedra

párpados de piedra

pedroasperón o pedromachu-picchu

piedras dejadas de la mano del hombre

piedras caldeadas por los tizones de la agonía

piedras que han ido desvaneciendo el afuera

en el polvo de las despedidas

2.3

¡hijo mío!

desgarrado despiadadamente por las uñas de la sombra

parecías labrado en pedernal

hechoparaempiedramadurar

hechoparaperdurar

entre la silenciosa violencia de las cenizas

pero todo cuanto toca la mano o el amor

empieza a vacilar y desmenuzarse

ay guijarros vueltos silbo de dardo por la honda

ay hornacinas de donde el cierzo expulsó al guerrero

ay volúmenes arrancados al sueño de la geología

muros de piedra

hombros de piedra

dinteles de piedra de inga-pirca

proa despedazada en los arrecifes de lo perecedero

encordadura del aguacero

gran ábside donde golpea el viento

como un muñón de cólera

torso de piedra

cejas de piedra

pedropórfido o pedroinga-pirca

piedras contagiadas por el desvelo del hombre

piedras carcomidas por los líquenes del exterminio

piedras que han ido consumiendo su presencia

devoradas por la supuración de la muerte

III

3.1

desesperado revoloteo del instante

nosotros

los insensatos

los alimentadores de desmesuras y de tumbas

los que nos desvelamos

por saber qué hacemos aquí

anhelamos la inmensidad del océano

y sólo nos pertenece la indecisión de la lágrima

pedropiélago te quise

te tuve pedrogota

pedromar te ansié

te perdí pedroespuma

como a la playa la marea debías sobrepasarme

pero tu muerte crecía más rápido que mi amor

delicada espina de erizo

sombrilla errante de la medusa

agonía de terciopelos del deslizamiento del pez

chillido de la gaviota entre el fragor dula rompiente

todo se ahonda

se hunde

se difunde

parecías forjado con la tenacidad del arrecife

farallón olvidado del tiempo

indeclinable jabalina del albatros

¡pero fuiste aleteo de golondrina en el vendaval!

imaginé disparándose tus huesos

con la gracia tenaz de las columnas

con la agresiva terquedad de las madréporas

¡pero fuiste apenas resplandeciente estertor

del róbalo aventado en las arenas!

ay pedroesteladealgas

ay pedrosalpicaduradeola

en el rutilante acantilado de la vida

3.2

fulminante incandescencia de lo efímero

nosotros

los desatinados

los alimentados con desvaríos y frustraciones

los que nos obstinamos

por justificar el júbilo de estar aquí

codiciamos la vastedad del bosque

y sólo nos pertenece la vacilación de la hoja

pedroselva te quise

te retuve pedropecíolo

pedrofronda te ansié

te perdí pedrohojarasca

como al girasol la semilla debían sobrevivirme

pero tu sangre corría más rápido que mi desvelo

quebradiza aguja de pino

titubeante pupila de la resina

frenesí de mariposas de la lámpara del polen

trino de ruiseñor entre el estruendo de la catarata

todo se ahonda

se hunde

se refunde

parecías erguido con la reciedumbre del olivo

encina olvidada del tiempo

orla inabarcable del vuelo del gavilán¡pero fuiste colibrí en el embudo del huracán!

concebí perfilándose tu frente

con la dulce pertinacia de las cortezas

con el agria avidez de las raíces¡pero fuiste apenas crujido de ala de ángel

de la espiga pisoteada por el casco!

ay pedrohuelladegarza

ay pedrorrasguñodeviento

en el resplandeciente promontorio de la vida

3.3

incesante remolino del ahora

nosotros

los obcecados

los urdidores de discordias y silogismos

los que nos desesperamos

por descifrar los signos de la incertidumbre

ambicionamos la imperturbabilidad de la montaña

y solo nos pertenece la postración del polvo

pedromegalito te quise

te tuve pedroguija

pedrorroca te ansié

te perdí pedroarena

como a la colina la luna debías desbordarme

pero tu angustia cundía más rápido que mi dolor

trizada lámina de lapislázuli

deslumbradora llaga del diamante

relampagueante éxtasis de la vena aurífera

arrullo de paloma entre la vociferación del alud

todo se hunde

se funde

se confunde

parecían implantado con la serenidad del nevado

filón olvidado del tiempo

majestuosa rúbrica del vuelo del gerifalte¡pero fuiste empeño de mariposa en la tempestad!

pretendí recortándose tus hombros

con la poderosa simplicidad de las cumbres

con la perseverancia de las murallas¡pero fuiste apenas súbito centelleo

del guijarro machacado en el torrente!

ay pedrocráterextinguído

ay pedrodesmoronamiento-de arena

en el desfiladero insondable de la vida

IV

4.1

en verdad ¿fue verdad?,

¿eras tú el que pendía de la cadena del higiénico

como seco mechón de sauce sobre el río?

ser ido

ser herido

sal diluida

suicida

ah surco de paloma del pensamiento

borrado por el sonido atronador del desdén

ah soberbia del astro que manda al diablo su órbita

ah pertinaz repudiador de lo establecido

pedrogorralrevés

pedromuertealospájaros

pedrorrompelosvidrios

el eterno brazo entablillado

pedro fermentación de vísceras de la vida

¡sólo que ya no estás!

sólo que al cerrarte los párpados

para velar el relámpago congelado en tus ojos

ya no te reconocía

¿eras tú en verdad?

¿eso de helada indolencia de témpano?

¿eso de pavesas que la desesperación insta a soplar?

¿eso que se desmorona en las tinieblas para

siempre?

4.2

en verdad

¿fue verdad?

¿eras tú quien colgaba de la cadena del higiénico

como polea inútil de una construcción abandonada?

ser ido

ser sido

sol de huida

suicida

ah recinto de espejos del pensamiento

empañado por el vaho de amapolas de la pasión

ah fascinación siniestra por el ojo de remolino del vacío

ah sempiterno impugnador de los acatamientos

pedrocalzoncillos al revés

pedrocabezarrasurada

pedroceroengramática

y los faldones de la camisa afuera

pedro ofuscación de enredaderas de la vida

¡sólo que ya no estás!

sólo que al ponerte las manos sobre el pecho

para devolverte a la inocencia delirante de la materia

ya no te reconocía

¿eras tú en verdad?

¿eso de vana crispación de mano de náufrago?

¿eso de cenizas que el viento no tardará en dispersar?

¿eso que devoró su reserva de lumbre en una sola fulguración?

Imagen de portada: Efraín Jara Idrovo

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Juan Domingo Aguilar. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 14 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía/Versátiles.

 

 

 

 

5 poemas de Ursula K. Le Guin

Fue conocida por sus obras de ciencia ficción, pero también cultivó otros géneros literarios, entre ellos la poesía. A continuación reproduzco 5 poemas de Ursula K. Le Guin.

Su hija

Su hija,

el guerrero visionario, el hombre silencioso

de quien no hay fotos,

el frágil héroe verdadero

que perdió lo ganado al ganarlo

de masacre en sacrificio,

este hombre, Caballo Loco, su hija,

¿qué se hizo de ella?

Murió de niña.

Después de eso no hubo victorias.

¿Qué nombre tenía, esa niña?

Su padre la nombró.

Le dio este nombre:

Ellos La Temerán.

Sueños de Ariadna

El batir del sueño es toda mi mente.

Soy mi ritmo. Ovillo mi madeja

más y más profundo en el laberinto

para hallar la unión de los caminos,

para hallarlo antes que el héroe encuentre

al prisionero del Laberinto,

al horror coronado de cuernos al fin

de todos los corredores, mi amigo.

Lo guío lejos. El se arrodilla para pacer

la hierba espesa sobre la tumba

y la luz se mueve entre los días.

El héroe encuentra un cuarto vacío.

Busco mi ritmo. Bailo mi deseo,

saltando los anchos cuernos del toro.

Baten las olas. ¿Qué mujer llora en la lejana

costa marina de mi sueño?

Silencio

Tuve un pequeño desnudo pensamiento

deslizóse entre mis muslos

y corrió sin que lo cazaran

y voló sin que le enseñaran.

¡Oh mira qué veloz vuela!

Mi pensamiento bebé, mi pequeño

pájaro rosado va desnudo.

Debo coser palabra a palabra a palabra

y abotonar su ropa

y así crece y camina y habla y muere.

Cuando esté muerta busca la rosa

que crezca entre mis ojos.

Los pájaros se posarán sobre la espina y la hoja,

pájaros silenciosos nacidos al silencio.

Días de seda

La proa del bote asomándose cerca

de los capullos, o una ancha guadaña que

barre los terrenos del fondo, o

el husmear del gato en un pliegue:

me lo recuerda. Me gusta

hacerlo

bien, suave

las mangas dobladas finamente.

Planchar huele a planchar.

No se parece a

nada. No necesita

un símil.

Tiene sus propios recursos.

Mi tía abuela me enseñó:

rociador, enrollar por media hora,

el siseo de prueba con el dedo húmedo,

golpeteo suave al dobladillo y

cuidado con el cuello.

En diez minutos, sobre una plancha a rodillo

podía hacer una camisa de etiqueta.

Puede ser un arte.

Supo ser un arduo trabajo,

sin tiempo, todo algodón, todos los niños.

Ahora voy en seda,

Emperadora de China, lavo y plancho

cuando quiero,

lo gozo, lo hago

bien, un buen trabajo,

voy tranquila,

suave como seda.

Lo propio

No puedes medir la circunferencia

pero hay centros:

piedras, y una mujer lavando en un vado,

el agua corre marrón rojiza del lavado.

Las bocas de las cuevas. Las bocas de las campanas.

Hacia el norte el cielo invernal

bajo nubes de nieve, verde jade.

No hay estrella más lejana que el fulgor

de mica en un guijarro sobre la mano,

o más cerca. La distancia es mi dios.

Traducción de Diana Bellessi

Imagen de portada: Ursula K. Le Guin

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Laura Di Verso. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 14 de octubre 2018.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía.

 

 

Morfina, un poema de Humberto Garza

Nombre importante en la poesía mexicana de la segunda mitad del siglo XX, desde hace ya dos décadas reside en Houston, Texas. A continuación reproduzco Morfina, un poema de Humberto Garza.

Morfina, de Humberto Garza

A todo renuncié por ser tu amigo

cuando eras flor de luz y de sorpresa;

mi confesión, tal vez no te interesa,

yo, de todas maneras te la digo.

Tu sinfonía de nardos y castigo,

mi piel rasgada en el dolor, no besa,

y como blanca nube hoy atraviesa

mi sueño y las espigas de mi trigo.

Hoy la sangre me fluye quedamente…

tal parece que edito mi agonía

en el rosado mármol de tu frente.

Espero, la aflicción de mi elegía,

con el acento de su voz doliente

no empañe los fulgores de tu día.

Imagen de portada: Humberto Garza

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Laura Di Verso. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 17 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía.

 

5 poemas de ‘Besar la lona’, de Antonio Carreño

Antonio Carreño reivindica a través de una escritura brillante y de golpe de efecto la importancia del segundo plano, la épica de la derrota, la grandeza de los actores secundarios y de los perdedores. Porque aprender a volar exige muchas horas de suelo.

Zenda adelanta cinco poemas de su segundo poemario, Besar la lona (Aguilar).

***

El chiste

¿Conocéis ese chiste? El del hombre que va al médico y le dice:

—Si me toco el brazo, me duele; si me toco la rodilla, me duele; si me toco la cabeza, me duele.

Y el médico le responde:

—Usted tiene el dedo roto.

Hoy me he sentido un poco así cuando me ha dolido esa canción, cuando me ha dolido ver el edificio de oficinas de tu empresa, cuando me ha dolido ver un coche como el tuyo.

Y qué culpa tendrán la canción y el edificio y el coche, si el que estaba roto era yo.

***

No conforme

En las rupturas amorosas siempre firmo «no conforme».

Me reservo así mi derecho a emprender acciones poéticas.

***

Atacama

Te oía como quien oye llover.

No me malinterpretes:

habito un desierto.

***

Usted está aquí

Te detuviste en el cartel de la entrada al museo.

—Usted está aquí —dijiste señalando el punto rojo.

Te agarré la mano y la puse en mi pecho.

—Usted está aquí —repetí.

Sonreíste, me llamaste idiota y te perdiste entre las galerías.

Yo te miraba desde lejos mientras examinabas cada cuadro.

—¿Cuánto tiempo hay que quedarse observando una obra de arte? —preguntaste.

—Si tú quieres, toda la vida.

***

El bar

Apuré la cerveza mirando aquel cartel:

«Hoy no se fía, mañana sí».

Pocas frases he visto tan reveladoras, pensé.

El futuro no existe.

Después, como siempre, me contradije:

—Ponme la penúltima.

—————————————

Autor: Antonio Carreño. Título: Besar la lona. Editorial: Aguilar. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

BIO

Antonio Carreño López (Alicante, 1986). Al igual que Joan Manuel Serrat, yo también nací en el Mediterráneo, aunque 15685 días después. Supongo que siempre llego tarde a los lugares en los que no me esperan.

Me licencié en Veterinaria, aunque la vida siempre insiste en cambiar los planes. Lo compatibilizo con vivir, leer y escribir. Y procuro no saltarme ese orden.

Tengo un libro que se llama Y cosas que me callo (2019), algunas colaboraciones y una frase viral en la que nunca me mencionan y que suelen atribuir a Benedetti, Sabina o al libro de El Principito: «Aprender a volar exige muchas horas de suelo». Como nunca pensé en publicar un libro, aquí tienes el segundo. La vida, ya sabes, insistiendo siempre en cambiar los planes.

Imagen: Cubierta de “Besar la lona”

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Laura Di Verso. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 15 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía.

 

 

Seis poemas de Ana Romano

Reza

Su cabello

roza

la chalina (roja)

Reza

mientras los ángeles y sus vibraciones

la devoran

En el bolsillo

un rosario.

 

La sonrisa

Dormita

en los platos

una sopa aguada

Se arrincona

el hambre

en los ojitos

Ajena

la sonrisa.

 

Elba

En los pequeñísimos vidrios

vibran los cipreses

y el negro escultural de la noche

avanza

Elba

escarba la garganta

de las magnolias

Los inefables cristales de su risa

disipan las pesadillas

del perro.

 

Ceñir

La luna quebrada

anticipa

un bordecito

de soledad

Anudadas

a un hilo

cuentas

El vínculo

gotea

Temerosa

ciñe

una sortija.

 

Vigilar y describir

Vigilo

el contoneo del gato

Un golpe de viento

remueve su pelo

En el gorro con pompones

halla amparo.

 

(sin título)

Galopa el pulso

en las entrañas de la tormenta

Hojas en el tinglado

Linternas

Ateridos cuerpos

crucifican.

 

Imagen de portada: Ana Romano

FUENTE RESPONSABLE: Letralia. Tierra de Letras. Ana Romano* Escritora y docente argentina (Córdoba, 1944). Reside desde la infancia en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Poemas suyos han sido traducidos al portugués, italiano, francés, húngaro y catalán. Es profesora de francés. Tradujo a dicho idioma el volumen Breve anthologie, de Luis Raúl Calvo (Editions L’Harmattan, París, Francia, 2012); el poemario Behering y otros poemas, de Luis Benítez, y textos del libro Tomavistas, de Rolando Revagliatti (difundidos en Internet). Ha publicado los poemarios De los insolentes fantasmas (Ediciones Vela al Viento, 2010), Expiación del antifaz (Ediciones La Luna Que, 2014) y Zumbido de guirnaldas (La Luna Que, 2016).

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía.