MUJER – ¿Quieres entrenar el cerebro y mantenerlo en forma?

Apunta estos ocho ejercicios.

 

El cerebro es un músculo más de nuestro cuerpo que necesita que lo trabajes para preservar su salud. Si no haces ejercicios para activarlo, puede atrofiarse, acomodarse y perder capacidades. Por tanto, al igual que te esfuerzas para mantener tu cuerpo en forma, si quieres un cerebro joven, mejorar tu memoria, tu concentración, tu imaginación y creatividad y alcanzar un envejecimiento saludable, tienes que empezar a practicar estas actividades. 

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Test para saber si tienes pérdida de memoria

Cerebro en forma 

Se trata de un plan de entrenamiento o gimnasia cerebral conocida también como neuróbica. Como nos cuentan desde Herbalife Nutrition, todas estas actividades están enfocadas a mejorar y estimular el funcionamiento de los dos hemisferios del cerebro, permitiendo un aumento de la actividad neuronal. Son sencillos ejercicios que puedes practicar a diario que te ayudarán a tener más memoria, atención, concentración y mayores capacidades cognitivas ¡Toma nota!

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Los 8 alimentos que tu cerebro necesita para mejorar la memoria

Aprender, cambiar, mover 

Tu cerebro necesita acción o, de lo contrario, se relaja. Cada vez que aprendes algo nuevo, que cambias de lugar los muebles de tu casa o le das un aire nuevo a tu hogar, cuando cambias la ruta para ir al trabajo, cambias el reloj de muñeca, intentas manejar el ratón con la otra mano o utilizas la contraria para cepillarte los dientes estás obligando a tu cerebro a trabajar y a esforzarse, es decir, a mantenerse activo. 

Escribir a mano 

Estamos tan acostumbradas a utilizar las nuevas tecnologias  los teclados que hacemos muy pocas cosas a mano, algo que es necesario para que tu cerebro se mantenga en forma. Por lo tanto, escribir a mano es otro de los ejercicios fundamentales que deberías empezar a hacer para conservar una buena memoria y frenar el deterioro cogntivo. Puedes escribir un diario, algo que, además, te servirá para conectar con tus emociones, por ejemplo. 

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Todos los motivos por lo que deberías escribir un diario

Pasatiempos 

Son perfectos para un cerebro en forma. Esto es debido a que las actividades a las que estás acostumbrada, por ejemplo, las de tu trabajo o las tareas del hogar o, como no, ver la tele, no supone demasiado esfuerzo para tu cerebro. Pero si lo desafías, incrementarán el rendimiento, la coordinación, la concentración y la memoria. Ejercicios como los sudokus, encontrar las diferencias, crucigramas, cálculo mental, etc, son las actividades que tu cerebro necesita para que se creen nuevas conexiones neuronales. 

Leer 

Un estudio realizado por investigadores peruanos, en el que participó la Universidad Complutense de Madrid, vio que las personas que leen poco muestran un rendimiento cognitivo general inferior. Además, tienen menos velocidad de procesamiento, imaginación, atención, etc. Está claro que leer es una actividad muy completa y un hábito saludable, pues no solo mejora el pensamiento abstracto, sino también el funcionamiento y la reserva cognitiva del cerebro, es decir, la capacidad para mantener, a lo largo del tiempo, las actividades cerebrales.

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Los 15 libros más vendidos en España y en el mundo

El prestigioso neurocirujano Sanjay Gupta, autor del libro ‘Mantente alerta: construye un cerebro mejor a cualquier edad’, señala que conectar con los demás es otro de los ejercicios fundamentales para mantener la salud de este órgano. Asegura que uno de los secretos de las personas felices es tener unas buenas relaciones sociales y que ello ayuda a aumentar la capacidad para adaptarse y frena el deterioro cognitivo. 

Dieta sana y equilibrada 

La alimentación tiene una repercusión directa en la salud del cerebro, recuerdan los expertos de Herbalife Nutrition. Por eso, es importante, no solo evitar el consumo de alcohol y tabaco, que contribuyen al envejecimiento prematuro, sino llevar una alimentación saludable y equilibrada que permita mantener el cerebro joven y prevenir su deterioro cognitivo. Las frutas, verduras, hortalizas y el pescado aportan los beneficios nutritivos necesarios para mantener el cerebro a pleno rendimiento y prevenir su deterioro cognitivo. 

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Dieta sana: Alimentos buenos para tu memoria

Hacer ejercicio 

Para el Dr. Gupta, tanto el ejercicio aeróbico como el de fuerza mantienen una buena salud cerebral. Recomiendo actividades como caminar, andar en bici, correr al aire libre, etc, y cambiar las rutas y el terreno, o descubrir actividades nuevas que impliquen que nuestro cerebro trabaje, por ejemplo, baile, equitación, etc. 

Descansar 

Es esencial para la salud de tu cerebro. Mientras duermes, tu cerebro trabaja para eliminar la ‘basura’ del día y para fijar los recuerdos. Sin descanso, tu cerebro envejece, se deteriora. Por tanto, es importantísimo procurar dormir al menos 7 horas para una correcta salud cerebral. Los expertos recomiendan mantener un horario para levantarse y acostarse a la misma hora todos los días, evitar siestas largas que van más allá de media hora y no utilizar aparatos electrónicos antes de dormir. Para compensar, puedes hacer siestas cortas si no has dormido lo suficiente.

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Activa tus neuronas con este ejercicio: lograrás dormir bien

Imagen de portada: Gentileza de HOLA!

FUENTE: HOLA! HOME/Estar bien.

 

Ansiedad: ¿Qué es y qué la provoca?

Salud Mental

Se recomienda al lector, que en aquellos párrafos subrayados o en “negrita” si desea profundizar sobre el tema, cliquee sobre el mismo. Muchas gracias.

El trastorno de ansiedad generalizada y las fobias son más comunes en las mujeres, pero la ansiedad social afecta a hombres y mujeres por igual.

La ansiedad es un sentimiento de miedo, temor e inquietud que puede hacer que la persona sude, se sienta inquieta y tensa, o tener palpitaciones, de acuerdo con Medline Plus, la Biblioteca Nacional de Estados Unidos.

Una persona puede sentirse ansiosa cuando se enfrenta a un problema difícil en el trabajo, antes de tomar un examen o antes de tomar una decisión importante. Sin embargo, si bien la ansiedad puede ayudar a enfrentar una situación, además de darle un impulso de energía o ayudarle a concentrarse, para las personas con trastornos de ansiedad el miedo no es temporal y puede ser abrumador.

De hecho, la Biblioteca reveló que los trastornos de ansiedad son afecciones en las que la ansiedad no desaparece y puede empeorar con el tiempo. Los síntomas pueden interferir con las actividades diarias como el desempeño en el trabajo, la escuela y las relaciones entre personas.

Asimismo, la Sociedad Española de Medicina Interna explicó que existen varios tipos de trastornos de ansiedad, incluyendo:

  • Trastorno de ansiedad generalizada: Las personas con este trastorno se preocupan por problemas comunes como la salud, el dinero, el trabajo y la familia. Sus preocupaciones son excesivas y las tienen casi todos los días durante al menos 6 meses.
  • Trastorno de pánico: Las personas con trastorno de pánico sufren de ataques de pánico. Estos son repentinos y repetidos, con momentos de miedo intenso sin que exista un peligro aparente. Los ataques se producen rápidamente y pueden durar varios minutos o más.
  • Fobias: Las personas con fobias tienen un miedo intenso a algo que representa poco o ningún peligro real. Su miedo puede ser por arañas, volar, ir a lugares concurridos o estar en situaciones sociales (conocida como ansiedad social).
  • Trastorno obsesivo-compulsivo: incluye pensamientos o acciones no voluntarias que el paciente no puede dejar de pensar o hacer para no generar ansiedad. En todo caso, el sujeto reconoce el carácter absurdo de sus pensamientos o acciones. Por ejemplo: lavarse las manos de forma frecuente.
  • Trastorno por estrés post-traumático: se da en aquellos casos en los que se presentan secuelas psicológicas desagradables tras el impacto de un trauma emocional, una guerra, una violación, etc. Se caracteriza por los recuerdos persistentes del suceso traumático, un estado emocional con exaltada vigilancia y la reducción general de interés por los sucesos cotidianos.

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Por su parte, Medlineplus señaló que los factores de riesgo para los diferentes tipos de trastornos de ansiedad pueden variar. Por ejemplo, el trastorno de ansiedad generalizada y las fobias son más comunes en las mujeres, pero la ansiedad social afecta a hombres y mujeres por igual.

No obstante, existen algunos factores de riesgo generales para todos los tipos de trastornos de ansiedad, incluyendo:

  • Ciertos rasgos de personalidad, como ser tímido o retraído cuando se está en situaciones nuevas o se conocen personas nuevas.
  • Eventos traumáticos en la primera infancia o la edad adulta.
  • Antecedentes familiares de ansiedad u otros trastornos mentales.
  • Algunas afecciones de salud física, como problemas de tiroides o arritmia.

Además, la fuente indicó que los diferentes tipos de trastornos de ansiedad pueden tener síntomas diferentes. Pero todos muestran una combinación de:

  • Pensamientos o creencias ansiosas difíciles de controlar, le hacen sentir inquieto y tenso e interfieren con su vida diaria. No desaparecen y pueden empeorar con el tiempo.
  • Síntomas físicos, como latidos cardíacos fuertes o rápidos, dolores y molestias inexplicables, mareos y falta de aire.
  • Cambios en el comportamiento, como evitar las actividades cotidianas que solía hacer.

Finalmente, la biblioteca reveló que los principales tratamientos para los trastornos de ansiedad son psicoterapia (terapia de conversación), medicamentos o ambos, son:

· La terapia cognitiva conductual es un tipo de psicoterapia que a menudo se usa para tratar los trastornos de ansiedad. Enseña diferentes formas de pensar y comportarse. Puede ayudar a cambiar cómo una persona reacciona ante las cosas que le causan miedo y ansiedad. Puede incluir terapia de exposición, la que se enfoca en confrontar sus miedos para que pueda hacer las cosas que ha estado evitando.

· Los medicamentos para tratar los trastornos de ansiedad incluyen medicamentos contra la ansiedad y ciertos antidepresivos. Algunos tipos de medicamentos pueden funcionar mejor para tipos específicos de trastornos de ansiedad. Se debe comunicar con un profesional para identificar qué medicamento es mejor para la salud.

FUENTE RESPONSABLE : SEMANA – Enfermedades/Estrés/Salud – 13-09-2021

La salud en los libros

Cuánto tiempo se debe leer para beneficiar al cerebro

La neurocientífica y autora de “Bio Hack Your Brain” (Hackea tu cerebro) Kristen Willeumier explica que entretenerse pasando páginas puede mejorar el cerebro.  

Optimizar la salud de su cerebro requiere de ciertos hábitos. Se necesitan intervenciones diarias y un enfoque equilibrado y holístico para mantenerse en forma a lo largo de los años.

La neurocientífica y autora de “Bio Hack Your Brain” (Hackea tu cerebro) Kristen Wuilleumier, aseguró que “desde la comida hasta el ejercicio y la hidratación, puede mejorar la juego mental”.  

FOTO: Entrelíneas

Optimizar la salud de su cerebro requiere de ciertos hábitos. Se necesitan intervenciones diarias y un enfoque equilibrado y holístico para mantenerse en forma a lo largo de los años.

“Los cambios de estilo de vida muy simples, si se practican de manera constante, respaldan la salud de su cerebro durante toda la vida”, dijo para el podcast mindbodygreen. 

Uno de esos sencillos cambios es leer durante al menos 15 minutos al día y, según explica Willeumier, entretenerse pasando páginas puede mejorar el cerebro.

Cuánto se debe leer para tener una salud cerebral estelar

“La cosa número uno que creo que la gente necesita hacer más, es la lectura de formato largo, de 15 a 30 minutos, para leer cualquier tipo de libro”, dice Willeumier. 

Según la neurocientífica, la lectura es un arte perdido hace mucho tiempo. Si bien hoy en día se lee una buena cantidad de textos, entre redes sociales, noticias y artículos, normalmente estas son experiencias de corta duración. 

Para Willeumier, lo ideal es abrir un libro y sumergirse en las páginas: “Cuando el cerebro aprende, forma estos mapas cognitivos”, explicó. “Por lo tanto, cuanto más leas a medida que envejeces, tu cerebro se mantendrá en forma”.

Un estudio encontró que la lectura de novelas se asocia con la conectividad cerebral, tanto a corto como a largo plazo.

Otro, mostró que aquellos que se dedicaban a actividades estimulantes mentalmente como la lectura, tenían un deterioro cognitivo más lento durante su vejez. 

La investigación también encontró que aprender cosas nuevas (como sucede, por ejemplo, durante una lectura atrapante) puede mejorar la memoria. 

Willeumier dice que incluso se puede mejorar la velocidad cerebral “leyendo velozmente” o aprendiendo a escanear páginas más rápido.

Sin embargo, en todo momento habrá que ceñirse al mínimo de 15 minutos diarios: según Willeumier, es una lectura significativa y larga cada día lo que mejora la salud del cerebro. 

Cuatro formas en las que la lectura beneficia al cerebro

Leer es, más que un hobby, una medida que contribuye al bienestar mental. Desde Penguin Random House explican cómo este hábito beneficia desde lo mental, físico y emocional. 

Leer es sano para la salud desde lo físico, mental y emocional, según un informe realizado por Penguin Random House en colaboración con Mind Body Green. 

Ayuda a reducir el estrés

El hábito de lectura puede reducir hasta un 68% el estrés crónico, según un estudio de la Universidad de Sussex de 2009. Acurrucarse a leer un libro puede ser más efectivo incluso que otras actividades, como escuchar música o tomar té.

La explicación del estudio es que, cuando una persona lee, se desconcentra de su propio estrés para pasar a enfocarse en el mundo ficticio al que entra a partir de la lectura.

FOTO: Cuatro formas en las que la lectura beneficia al cerebro

Leer es sano para la salud desde lo físico, mental y emocional, según un informe realizado por Penguin Random House en colaboración con Mind Body Green. 

Ayuda a reducir el estrés

El hábito de lectura puede reducir hasta un 68% el estrés crónico, según un estudio de la Universidad de Sussex de 2009. Acurrucarse a leer un libro puede ser más efectivo incluso que otras actividades, como escuchar música o tomar té.

La explicación del estudio es que, cuando una persona lee, se desconcentra de su propio estrés para pasar a enfocarse en el mundo ficticio al que entra a partir de la lectura.

Mejora las habilidades sociales y la empatía

Gran parte de la salud mental radica en la interacción con el entorno y las habilidades de manejo de las emociones. 

Si bien la lectura no es considerada una actividad muy social, tiene un impacto en el desarrollo de la empatía del lector. 

Otros estudios demuestran que acceder a otros “estados mentales” y perspectivas, como los de los personales de un libro, tiene un impacto directo en la capacidad de manejo de las relaciones sociales. 

Beneficia la memoria y a la salud integral del cerebro

Una de las claves para la salud del cerebro es mantener una estimulación mental constante. 

Cuando una persona lee, se activan en su cerebro cadenas de neuronas que permiten mantener las habilidades de pensamiento y la memoria durante más tiempo, especialmente a medida que se envejece.  

Mantener la mente activa y desafiarla a concentrarse son medidas centrales para garantizar mayor bienestar en la vejez. 

Mejora el procesamiento visual y la conectividad cerebral

El procesamiento visual es el término para asimilar y comprender lo que se observa alrededor, y está alojado en el lóbulo occipital del cerebro. Diversos estudios demostraron que los lóbulos occipitales de los lectores están más desarrollados, lo que mejora las habilidades de procesamiento visual.

Los estudios muestran también que la lectura aumenta la conectividad en la corteza temporal izquierda, incluso después de leer. 

Las neuronas de la corteza temporal izquierda son conocidas por lo que se llama “cognición fundamentada”, que puede permanecer intensificada incluso hasta la mañana después de una sesión de lectura sólida. 

Si te interesa podés leer los siguientes libros,  además si lo deseas cliquea en aquellos párrafos que están subrayados para profundizar sobre las obras ofrecidas.

“El último invitado”, un policial que se convirtió en best seller. 

“Mínimos Peces”, la historia de la hija no reconocida de Steve Jobs.

“El Cementerio de Praga”, el libro de Umberto Eco que resume el último siglo de Europa con una historia fascinante.

Por último; esta recomendación:

“Guía para sobrevivir al presente”, un libro de Santiago Bilinkis para aprender a cultivar hábitos que ayuden al bienestar en la era digital.

Imagen de la portada: Gentileza ENTRELINEAS

FUENTE: ENTRELÍNEAS – Literatura/Libros/Salud/Sociedad/Vida

El Freud francés o el Freud del mundo latino?

Cuarenta años sin Jacques Lacan

Murió el 9 de septiembre de 1981. Idealizado y criticado, seguido y denostado, excedió largamente el dominio de lo psi para ser una figura ineludible en el campo intelectual.

El 9 de septiembre de 1981 falleció en las afueras de París, a los 80 años, Jacques-Marie Émile Lacan, el psicoanalista que, en buena parte del mundo, llegó a ser reconocido como una suerte de “Freud francés”. Idealizado y criticado, seguido y denostado, leído e ignorado, su impacto fue mucho más allá de los círculos restringidos a los practicantes de la clínica para convertirse en una figura ineludible del campo intelectual, al igual que Jean-Paul Sartre y Maurice Merleau-Ponty. 

Lacan devino así un personaje fundamental para entender de qué manera la invención freudiana logró inscribirse en la historia de las ideas y de las “prácticas psi” de la segunda mitad del siglo XX, en Francia, pero también en Italia, España y, por sobre todo, en América Latina en general y en Argentina en particular.

La “constelación estructuralista”

Si en 1943 Sartre había soñado con un psicoanálisis existencial al que “aún no le había llegado su Freud”, una década después, Lacan haría realidad un psicoanálisis de cuño estructural. 

Incluso en las universidades del mundo anglosajón, en los departamentos de estudios culturales o de género, llegó a hacerse conocido como miembro de la “constelación estructuralista”, al lado de Claude Lévi-Strauss, Louis Althusser y Roland Barthes, entre otros. 

Tal como decía Michel Foucault en una entrevista, en 1966, “la importancia de Lacan reside en que ha mostrado cómo, a través del discurso del paciente y los síntomas de su neurosis, son las estructuras –el sistema mismo del lenguaje– las que hablan”.

Es que esos intelectuales coincidieron fugazmente en su recusación del humanismo existencialista. A los espejismos de la conciencia libre opusieron el determinismo de las estructuras. 

Para Lacan, tanto el síntoma como el inconsciente estaban “estructurados como un lenguaje”. Por ese motivo, el análisis debía ocuparse de explorar los avatares de la constitución de los sujetos en un campo preexistente: el de un Otro primordial hecho de significantes. Así, tanto los ideales de libertad como los de autonomía eran desechados como meros efectos imaginarios, ilusorios, de una estructura simbólica.

La refundación lacaniana del psicoanálisis

Si bien el recorrido del analista francés abarca casi medio siglo, entre los años ’50 y ’60, comenzó a operar una verdadera refundación del psicoanálisis. 

Muchos de los seguidores de Freud –en Estados Unidos pero también en Francia– habían dejado de lado el concepto de inconsciente, pregonando las bondades de un yo fuerte, supuestamente autónomo. 

Rompiendo explícitamente con esos posfreudianos y proponiendo al mismo tiempo un “retorno a Freud”, Lacan realizó en esos años una serie de operaciones muy complejas.

Por un lado, en el marco de una cosmovisión estructuralista –y dejando atrás su filiación fenomenológica–, releyó los historiales freudianos a la luz de la lingüística y la antropología lévi straussiana, poniendo el acento en los determinismos simbólicos. 

Al mismo tiempo, postuló la existencia de un “sujeto del inconsciente” que definía en términos significantes pero también ontológicos: “soy allí donde no pienso”. Por otra parte, hizo algo similar con la noción freudiana del deseo inconsciente, definiéndose como el desplazamiento incesante de una “falta en ser”. Quizás, parafraseando, el imperativo lacaniano de esos años podría reducirse a una pregunta que fundaba una ética: 

“¿Has estado a la altura de tu propio deseo?”

El psicoanálisis como “experiencia”

Más allá de las frases remanidas y de un estilo que muchos juzgaron barroco, lo cierto es que, en su práctica clínica, Jacques Lacan supo tomar libertades que iban de la mano de sus innovaciones teóricas. 

Entendía el psicoanálisis como una verdadera “experiencia” (y no como un dispositivo ritualizado, regido por reglas fijas).

Así, no es raro que, en 1963, la Asociación Psicoanalítica Internacional lo privara de su estatuto de analista didáctico. 

Como respuesta, en 1964, el psiquiatra francés creó su propia institución: la Escuela Freudiana de París, en la que se permitió experimentar con casi todo: la organización institucional, el trabajo en pequeños grupos, los métodos de formación, los sistemas de promoción, la duración y el precio de las sesiones, los criterios clínicos y los procedimientos formales para determinar el fin de un análisis, etc.

Los jóvenes intelectuales de la Escuela Freudiana de París

La vida de esa escuela estuvo muy ligada a la incorporación de una joven generación de brillantes intelectuales, casi todos discípulos de Louis Althusser, encabezados por Jacques-Alain Miller. 

En menos de una década, Miller pasaría de escribir un “índice razonado” para los Escritos de Lacan –en 1966– a transformarse en encargado del “establecimiento” de todos los seminarios, en principal responsable del Departamento de Psicoanálisis de París VIII y en esposo de Judith, la hija menor de su mentor. 

El grupo que él lideraba fue cada vez más valorado por Lacan, en detrimento de viejos compañeros de ruta, como Serge Leclaire y Françoise Dolto. 

A tal punto que, en 1980, un año antes de morir de un cáncer de colon, decidió disolver su propia Escuela, instando a los que aún querían seguirlo a unirse a Miller en una nueva institución: la Causa Freudiana.

Lacan en América del Sur: discípulos y lectores

Ese mismo año, ya muy enfermo y debilitado, Lacan participó en Caracas de un coloquio organizado por Miller junto a Diana Rabinovich, una psicoanalista argentina exiliada en Venezuela. 

Apenas si pudo leer una comunicación escrita, en la que diferenciaba a sus verdaderos “discípulos”, formados por él, en Francia, de sus “lectores” americanos, que habían asistido en gran número, particularmente desde la Argentina, aún en dictadura.

Así, quedaba esbozada la configuración que tendría el movimiento lacaniano en los años por venir. Por un lado, una tendencia más “ortodoxa”, liderada por el yerno de Lacan, con vocación internacionalista, una férrea organización y una pata universitaria. 

Por el otro, toda una variedad de grupos e instituciones que, al margen del poder legitimado, constituirán una suerte de diáspora, con estrechos vínculos asociativos entre sí, pero con una organización más laxa y con una gran diversidad doctrinaria. 

Para las dos tendencias, el eje París-Buenos Aires sería estratégico, en la medida en que el psicoanálisis declinaba en Francia y se hacía masivo en la Argentina.

El duelo y el legado

En lo que va del siglo XXI, Lacan y los lacanianos siguen estando muy presentes, particularmente en el mundo latino (europeo y americano). 

Sin embargo, a cuarenta años de la muerte del maestro, cabría preguntarse si sus seguidores han podido elaborar el duelo necesario para apropiarse de su legado de manera creativa y para dar respuesta a los desafíos más actuales.

Por momentos, parecería que Lacan está aún allí, omnipresente, indicando un camino seguro, del que no convendría apartarse demasiado.

Al mismo tiempo, más allá del campo de la clínica, el lacanismo se ha convertido en una clave interpretativa que excede largamente el dominio de lo psi, para atravesar la filosofía, la historia, la literatura y las ciencias sociales.

En definitiva, podría decirse que Lacan, invocando un supuesto “retorno a Freud”, en realidad, reinventó el psicoanálisis según las coordenadas de su época, asumiendo un rol protagónico en una de las grandes aventuras de la cultura contemporánea.

Imagen: Gentileza de Página 12

FUENTE: Página 12 – Por Alejandro Dagfal es psicólogo e historiador (UBA, Conicet, Biblioteca Nacional). Psicoanálisis. Lacanianos.

Si no la viste…te la recomiendo

Alguien me alertó por el móvil de que iría a participar en un zoom, junto a un grupo de personas que comúnmente realizan cine debate, luego de ver el film danes “Otra ronda” (Endnu en runde) en streaming de Netflix

Me dijo además, que él mismo trataba un tema muy fuerte. El alcoholismo desde la perspectiva de una cultura diferente como es para nosotros, la del país nordico. 

Realmente la teoría que se propusieron a experimentar los cuatro profesores de una escuela secundaria; el argumento sobrepasa con amplitud a la misma, dando un descarnado relato que hace visible desde otra perspectiva de entramado social las mismas miserias y evidentemente distintos matices, que nos encontramos frente a una sociedad, cuyo núcleo basal como lo es la familia se encuentra en crisis, desde hace décadas.

Esto que acabo de expresar, ha sido porque busqué el título e intrigado en solitario me acomodé tranquilamente y me puse a ver el filme, acompañado por nuestro (y en este caso de uso personal).

De la misma manera, que me sorprendió que los daneses poco les importa lo que politicamente correcto o no, 

A pesar de que no puedo establecer un paralelismo entre lo que le sucede a uno de los protagonistas (Martin); con mi actual vida de lobo solitario y melancólico, debo decir que me identifique con su personaje en cuanto al antes y después cuando junto con sus colegas, se lanzó a probar la teoría del alcohol en sangre como cierta o no, la que se fundamentaba en el consumo por determinados niveles, lo que mejoraba los estados de ánimo, seguridad, locuacidad y empatía de cada uno de ellos frente a sus alumnos.

Vuelvo a expresar; da mucho para pensar como asimismo buscar paralelismos, con algunas actitudes que aplicamos en nuestras propias vidas.

Abrazos totales.

Daniel

6 ejercicios que practica cada día la neurocientífica Wendy Suzuki para mejorar su fortaleza mental.

Introducción:

Hola amigas/os, deseo desde el alma que hayan comenzado fantásticamente bien la semana. Que la buena vibra esté con Ustedes. Creo que saben bien; que soy un apasionado a las rutinas de ejercicios de respiración (energizante/relajante a la vez) y a la meditación. 

Fue algo que me costó comprender al principio, con los años uno se da cuenta que no maneja variable alguna, sino que muchas lo manejan a uno a través de la mente. Pensemos que los hombres pueden llegar a tener 90.000 pensamientos por día y las mujeres, hasta 120.000.

En estos tiempos, en que la incertidumbre hace largo rato nos acompaña como así también nos ha cambiado como sociedad, siempre resulta conveniente interactuar y saberse escuchar desde el interior. Solo así, y con muy poco esfuerzo veremos siempre el sol, aunque esté nublado, truene, granice o llueva. Abrazos totales. Espero que este artículo, aunque sea a una persona, le ayude. Solo con eso me sentiré como un boy-scout.

Daniel

Es raro imaginar la ansiedad como algo positivo. ¿Qué tiene de bueno sentirse nervioso y preocupado?

Según Wendy Suzuki, neurocientífica y profesora del Centro de Ciencias Neuronales de la Universidad de Nueva York, la ansiedad puede ser una buena emoción.

En lugar de luchar contra ella, Suzuki cuenta que durante su vida ha utilizado esa emoción para ser más productiva, más optimista, y, en última instancia, más resistente.

La investigadora —autora del libro Good Anxiety: Harnessing the Power of the Most Misunderstood Emotion (“Ansiedad buena: aprovechando el poder de la emoción más incomprendida” en español, que se publica este mes)— se ha especializado en el estudio de la plasticidad del cerebro y los efectos transformadores del ejercicio físico en la salud mental y el desarrollo cognitivo.

“La ansiedad buena se refiere al hecho de que, desde una perspectiva evolutiva, la ansiedad fue diseñada para protegernos de los peligros de este mundo”, le dice Suzuki a BBC Mundo.

El problema, según Suzuki, es que tenemos niveles de ansiedad colectiva “demasiado altos”, lo que hace que esa ansiedad pierda gran parte de su valor.

Wendy Suzuki

FUENTE DE LA IMAGEN – MATT SIMPKINS

Wendy Suzuki es profesora de Ciencias neuronales y Psicología en la Universidad de Nueva York.

“Para volver a las funciones protectoras beneficiosas de nuestra ansiedad”, dice la experta, “necesitamos aprender a bajar el volumen de nuestra ansiedad, explorar lo que esos sentimientos incómodos asociados con nuestra ansiedad nos dicen sobre nosotros mismos y, al hacerlo, aprender más sobre nosotros, sobre nuestros sentimientos y nuestras vidas emocionales”.

En un reciente artículo del portal Make it, de la cadena CNBC, Suzuki plantea que “la forma más poderosa de combatir la ansiedad es trabajar constantemente para desarrollar la resiliencia y fortaleza mental”.

Para lograr ese objetivo, la neurocientífica práctica estos seis ejercicios diariamente y los explica con sus propias palabras.

1. Visualiza resultados positivos

Al principio o al final de cada día, piensa en todas esas situaciones inciertas que hay actualmente en tu vida, incluyendo tanto las grandes como las pequeñas.

¿Recibiré una buena evaluación de desempeño?, ¿mi hijo se asentará bien en su nueva escuela?, ¿recibiré una respuesta después de mi entrevista de trabajo?

Mujer en la calle

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Ahora toma cada una de esas situaciones y visualiza el resultado más optimista que puede tener la situación.

No solo el resultado bueno, sino “el mejor” resultado posible que puedas imaginar. Esta práctica permite entrenarse en el desarrollo y esperar resultados positivos.

2. Convierte la ansiedad en progreso

La plasticidad de nuestro cerebro es lo que nos permite ser resilientes durante tiempos difíciles: aprender a calmarnos, reevaluar situaciones, replantear nuestros pensamientos y tomar decisiones más inteligentes.

Es más fácil aprovechar esto cuando recordamos que la ansiedad no siempre tiene por qué ser mala. Considera estas proposiciones:

La ira podría bloquear tu atención y capacidad de desempeño, o podría impulsar y motivar. La ira agudiza tu atención y sirve como recordatorio de lo que es importante.

El miedo podría desencadenar recuerdos de fracasos pasados. Cuando eso ocurre, te quita la atención y disminuye tu desempeño. Pero también podría hacerte más cuidadoso con tus decisiones, ayudarte a profundizar tus reflexiones y crear oportunidades para cambiar de dirección.

Mujer meditando

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

La tristeza podría aplanar su estado de ánimo y desmotivarte, o podría ayudarte a cambiar tus prioridades y motivarte a transformar tu entorno, circunstancias y comportamiento.

La preocupación podría hacer que pospongas las cosas y evitar que logres tus metas, o podría ayudarte a afinar tus planes, ajustar tus expectativas y volverte más realista para que puedas orientarte a conseguir objetivos.

  • La frustración podría obstaculizar tu progreso y eliminar tu motivación, o podría desafiarte a mejorar.

Estas comparaciones pueden parecer simplistas, pero apuntan a opciones poderosas que producen resultados tangibles.

3. Prueba algo nuevo

En estos días, es más fácil que nunca tomar una nueva clase en línea, hacer un deporte o participar en un evento virtual.

No hace mucho, participé en un entrenamiento en vivo de Instagram con la campeona de Wimbledon, Venus Williams, donde usaba botellas como pesas.

Hombre en zoom meeting

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Nunca había hecho algo así antes. Resultó ser una experiencia fantástica y memorable.

Mi punto es que de forma gratuita (o solo por una pequeña tarifa) puedes empujar tu cerebro y tu cuerpo a probar algo que nunca antes habías considerado.

No tiene por qué ser un entrenamiento y no tiene por qué ser difícil; puede ser algo justo por encima de tu nivel o simplemente fuera de tu zona de confort.

4. Comunícate con otras personas

Ser capaz de pedir ayuda, mantenerse conectado con amigos y familiares y fomentar activamente las relaciones alentadoras y de apoyo no solo te permite mantener la ansiedad a raya, sino que también refuerza la sensación de que no estás solo.

Hombre hablando por teléfono

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

No es fácil de cultivar, pero la creencia y el sentimiento de que estás rodeado de personas que se preocupan por ti es crucial en momentos de enorme estrés, cuando necesitas recurrir a tu propia capacidad de recuperación para perseverar y mantener tu bienestar.

Cuando sufrimos una pérdida u otras formas de angustia, es natural retirarse. Incluso vemos este tipo de comportamiento en animales que están de luto.

Sin embargo, también tienes el poder de empujarte hacia la compañía de aquellos que pueden ayudarte a cuidarte.

5. Practica el auto-tuit positivo

El artista Lin-Manuel Miranda publicó un libro en el que habla de los tuits que envía al principio y al final de cada día.

En él, comparte lo que son esencialmente pequeños mensajes optimistas que son divertidos, singulares y en general encantadores.

Mujer enviando tuits

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Si lo observamos en sus entrevistas, verás a una persona intrínsecamente fuerte y optimista. ¿Cómo puedes llegar a ser tan resistente, productivo y creativo?

Claramente, parte de la respuesta son recordatorios positivos. No es necesario que los compartas con el público. La idea es animarse a hacerlo al principio y al final del día.

Si te resulta difícil, intenta pensar en qué te diría una persona que ha sido importante en tu vida (hermano, amigo, mentor, padre) y luego escribe el tuit o simplemente dítelo a ti mismo.

6. Sumérgete en la naturaleza

La ciencia ha demostrado una y otra vez que pasar tiempo en la naturaleza tiene efectos positivos en nuestra salud mental.

Algunos estudios han encontrado que puede aumentar significativamente tu bienestar emocional y resiliencia.

Personas en parque

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

No necesitas vivir junto a un bosque para sumergirte en la naturaleza. Un parque cercano o cualquier entorno tranquilo con vegetación donde no haya mucha gente funcionará bien.

Respira, relájate y toma conciencia de los sonidos, olores y visiones. Utiliza todos tus sentidos para crear una mayor conciencia del mundo natural.

Este ejercicio aumenta tu capacidad de recuperación general, ya que actúa como una especie de restauración de energía y restablece tu equilibrio.

FUENTE:

  • Redacción
  • BBC News Mundo

Dejemos ir… ( II )

Somos falibles,
somos humanos
hay que olvidar
perdonar
recíprocamente,
dejando el pasado
que aun
recordando
esos fugaces
momentos
de felicidad,
provocan dolor
por lo que
no pudo ser.

Vivir naciendo
como otra persona
en el hoy presente,
hemos sido
tantos personajes
en nuestra vida,
que a veces
olvidamos de ello.

No al rencor
que contamina,
tóxico
como pocos,
que enferma
el alma,
confiar y alejar
intentos imaginarios
para unir
un fino lazo
de aquella unión
que se cortó,
no importa
porque o
en cuanto
tiempo, no interesa.

Nada puede atar,
solo anudarse
a otra vida presente,
nueva, distinta, adorable.

La soledad y él… – Final

Pero era su ego
el que aún
en sueños,
dirigía la obra
de manera
tan vivida,
que sucedían
intervalos
en que se
despertaba,
dando órdenes
o señalándole
a alguien imaginario
que debía hacer.

De sus miles
de pensamientos
que cobijaban
su yo impenetrable,
su mente repetía
cada noche,
obras del pasado
llevándolo
por caminos
que no lo llevaban
a ningún lugar.

Solo aprovechaba
quizás su enfermedad,
para apoderarse
de su cuerpo y alma,
cada noche llevándolo
a su oscuro mundo
de pesadillas,
sobreviviendo en
un mundo circular,
en que al despertar
un cansancio
extremo lo acosaba.


Así se lamentaba
que su memoria corta
no aprisionara
cada argumento
de sus sueños,
para encontrar
la interpretación
de lo que le pasaba.

Su memoria se abstrajo
ya no le permitió
escapar de tal maraña
recurrente del pasado,
y así entregó dócilmente
su alma ya agobiada
de tanto insomnio,
una noche a leviatán
para dar por finalizadas
las anacrónicas
y repetidas funciones.

La soledad y él…

Se preguntaba cada día
porque mentía sobre el,
negando ese monstruoso vacío
que lo rodeaba…se sentía
casi obligado solo a expresar,
lo que el otro quería o deseaba escuchar.


Divagaba en cuanto a que
estaba pleno con sus rutinas,
creyendo que le alcanzaban
no solo para darle un sentido
a su vida tan errática y sin rumbo,
cosa de llenar cada jornada,
pero nada de eso era cierto…
se engañaba para burlar el atroz
y oscuro silencio que lo rodeaba.


Dolor confuso de vieja data
deseoso de decir sin temor
a equivocarse que piensa que lo tiene
desde su propio alumbramiento,
pero no se atreve es como si fuera
un secreto que lo desvela y angustia.

Específica como lo es
su soledad autoinfligida,
en donde la voluntad
de un cambio no podrá lograrlo,
ya que bien sabe que la voluntad
no se diagnostica ni médica.

Paula Perez Alonso: “Siempre prefiero algo que me altere, que me desordene, no que me tranquilice”

La escritora y editora acaba de publicar “Kaidú”, una novela que a través de la historia de un perro y su relación con la narradora, Aína, replantea los vínculos que tenemos con otras especies y con el mundo, y pone en cuestión el afán clasificatorio que nos limita.

¿Hasta dónde puede llegar el amor por un perro? Esta es la pregunta que subyace en Kaidú (Tusquets), la última novela de la escritora y editora Paula Perez Alonso.

Pero esta pregunta desencadena muchas otras, transformando un hecho cotidiano como es la convivencia con un animal en un cuestionamiento profundo de la soberbia humana, de la obsesión clasificatoria que nos impide sentirnos parte del Todo, de las rígidas creencias que nos encarcelan y limitan nuestra vida.

“Kaidú –dice Aína, la narradora de la novela que deslumbró, entre otros escritores y editores, a Juan Forn, quien la leyó antes de que fuera publicada– escapa a la restringida mirada binaria y me enseña a superar esta concepción estrecha en que nos enclaustra la visión cartesiana (…) Si no hay oposición entre animal y hombre, soy parte del mundo como Kaidú y estoy en él como el agua en el agua.”

Hay libros, como este, tan peligrosamente buenos que deberían tener una advertencia en la tapa: “Esta historia sacudirá sus creencias más arraigadas y transformará su vida. De este viaje no hay retorno. Será inútil reclamar de forma presencial o virtual la devolución de su existencia anterior. Conformistas, abstenerse de su lectura”.

–¿Cómo fue publicar un libro sobre un perro luego de que tu primera novela, publicada hace 25 años, se llamará No sé si casarme o comprarme un perro, un título, por cierto, muy provocador?

–Fue algo bastante audaz, porque ese libro fue tan exitoso que hay mucha gente que me identifica con él, me conoce como la autora de No sé si casarme o comprarme un perro. Superó todas las expectativas. En principio fue una tirada de 3000 ejemplares en Tusquets y de pronto empezó a reimprimir y reimprimir, a tener unas críticas buenísimas, cosa que es rara en una primera novela. 

El título hacía pensar en una novela que es pura provocación, pero la historia se transformaba en otra cosa mucho más dramática, densa y dura. Tuvo una recomendación boca a boca que lo sostuvo durante mucho tiempo tanto en América Latina como en España. Luego de 25 años, de pronto me veo escribiendo sobre un perro en particular que se transforma en personaje.

Escribía sin pensar en publicar, ni siquiera sabía si iba a ser una novela, un cuento o una nouvelle. Esta historia es una de esas cosas que suceden más allá de la voluntad de uno, que son inevitables. Cuando lo terminé me hice la misma pregunta que vos me hacés. ¿Otra vez un perro? Pero en aquella ocasión, el perro era una excusa, no existía de verdad, era imaginario. Era un disparador. 

La protagonista pone avisos en los diarios desafiando a un hombre que pueda competir por sus méritos con un labrador con determinadas virtudes. El perro no existía, solo estaba en su imaginación y yo no tenía perro. Pero hasta hoy la gente me pregunta si me casé o si me compré un perro (risas). En la vida real no hice ninguna de las dos cosas.

–Recuerdo que en algunas personas el título provocaba cierta indignación por la comparación implícita entre un perro y un ser humano.

–Sí, para esa época fue algo super provocador. Yo no me daba cuenta de que, de manera inconsciente, había captado algo que estaba en el aire. Hay gente que siente que un título de un libro dice algo de ella.

–¿Y ahora tu situación respecto de los perros cambió?

–Sí, ahora un perro real aparece en mi vida y provoca esta historia. La vida es tan extraña que, de pronto, terminó casándose con un perro (risas). Es una cosa de locos. La síntesis a la pregunta que me hicieron durante 25 años es esta: no me casé ni me compré un perro, me casé con un perro. 

De pronto pensé que esto era una freakeada total. Lo que escribía devino otra cosa. Incluso sentí que me volvía “lo otro” que yo quería contar, que cada vez más me volvía “lo otro” en la escritura. Cuando lo terminé, se lo di a leer a alguien a quien no le gustan los perros, a una gran lectora, Liliana Viola, que es crítica, escritora y muy sincera. Sabía que podía decirme “esto es una freakeada, olvídate”. 

Recuerdo que pasé en bicicleta por su casa una tarde y le tiré el texto por arriba de la reja y a las cuatro horas me mandó un mail y me dijo que era hermosísimo, que no había podido parar de leerlo y que lo tenía que publicar.

Entonces me decidí a publicarlo porque me gustaba la idea de salir del sentido común, del orden establecido a través de esa historia entre la narradora y Kaidú. Pensé que se podía leer como una historia de amor de a tres o se podía leer también todo lo que hay por debajo, que tiene que ver con salirse del mundo previsible, de los formatos que te encorseta. Sentía que el sentido desbordaba lo escrito. Por un lado, estaban el texto, las frases, las palabras y, por otro, todo lo que sucede “entre” las palabras, por fuera de la narración.

–¿Cuál creés que es el lector de este libro?

–Creo que es un libro para los que aman a los animales, pero también se abre a un público lector cautivo porque tiene varios planos: de una historia simple, como es la de un perro, alguien muy próximo se plantea la relación entre las personas, las especies y el mundo. Lo humano, lo animal, la aventura, lo cotidiano, la crudeza, la inocencia, el vértigo se suceden más allá de la voluntad de la narradora. Aunque puede ser leído como una freakeada, me importa el efecto de verdad en la escritura.

–El paso que das en este libro no es ajeno a la emergencia de sexualidades silenciadas, a la sacudida del concepto de normalidad. Lo binario se abrió para dejar paso a otras categorías, pero, aunque la ampliemos, el tema es que no nos podemos liberar de las categorías.

–Exacto, no podemos pensar por fuera de las categorías. Sí, me gusta lo que decís porque creo que eso está en el libro. Lo que me disparó la novela fue la relación con un perro, sentir que ese perro era un par, un igual. El dueño del perro lo trataba como a un par. 

El perro caminaba a su lado sin correa, cada uno en su territorio, pero no existía la cuestión del amo, del dominio. Soy muy sensible a eso y siempre me llama la atención el discurso del dominio y los actos de dominación. Tengo un rechazo muy visceral a  eso. Con la forma de estar en el mundo de este perro sentí que me abría a otra esfera, a otro grado de percepción. Me preguntaba cómo era posible que me sucediera esto. A veces uno está tan galvanizado, tan abroquelado, que las cosas no le llegan pero, por suerte, yo me dejé afectar por eso y respondí a la afectación, y en ese doble movimiento mi vida cambió. Uno tiende a humanizar a los animales, tiende a pensarlos con sus propias coordenadas, pero de pronto me di cuenta de que daba un salto cualitativo y solo observaba y me dejaba afectar por lo que sucedía. Eso se expandía y me hacía pensar montones de cosas. 

El mundo adulto tiende a querer tranquilizarse con etiquetas, con clasificaciones, con el orden. Pero a mí, todo lo relacionado con el orden me inquieta, me molesta. Prefiero algo que me desordene, que me altere, no que me tranquilice. Los reduccionismos como las clasificaciones y los estereotipos lo que quieren es tranquilizar, pero el mundo es un caos y esa es su gran riqueza. 

La cuestión es cómo hacemos para vivir en ese caos, cómo corrernos de ese lugar tan antropocéntrico. Cuando uno hace el movimiento de perder el control de las cosas, el mundo se amplía y se enriquece de una manera fenomenal. De pronto, me di cuenta de que mis lecturas de juventud, de Nietzsche, luego de Foucault y el año pasado, por primera vez, de Spinoza, constituían el mundo en el que yo quería habitar. Nietzche dice: “Que los animales me guíen”. Con Kaidú sentí que se podía volver a ser niño, niña o niñe, lo que sea, porque con él se perdía el afán de clasificar, de etiquetar y de querer racionalizarlo todo. Vi un documental de James Baldwin que es maravilloso.

En él le hacen una gran entrevista cuando está exiliado en París, en la que dice: “Los hombres construimos nuestras propias prisiones”. Yo creo que todos construimos alguna prisión u otra, la cárcel del lenguaje, la del exceso de racionalidad, la del exceso de querer anticipar y saber, la gran cárcel de la neurosis. Todos estamos atrapados por algo y somos los responsables, porque si uno no quiere dominar y lo que quiere es vivir en un mundo en el que sepamos “cómo vivir juntos”, como decía Barthes, tenemos que aprender a hacer un mundo más habitable, donde nadie domine a otro, donde ninguna especie domine a otra, que sea un mundo común. Eso me conmueve profundamente y lo viví a través de Kaidú. 

Por eso me dije que tenía que inventar una historia con eso porque hubo un antes y un después, hubo una posibilidad y la posibilidad es infinita.

–Sin embargo, hay gente a la que los perros le generan fobia y que descargan su poder contra ellos. Lo sabe cualquiera que alguna vez haya sacado a pasear a un perro. Hay personas empáticas y otras que actúan como si llevaras un monstruo.

–Sí, hay gente que dice “mascotas” con desprecio. Como digo en la novela, yo odio la palabra “mascota” por otros motivos, porque cosifica a un animal, lo transforma en una cosa, como si fuera una debilidad tener un compañero o una compañera de otra especie. 

Me puse a leer a Donna Haraway, que es una genia total y habla de eso. La leí después de Kaidú, que escribí en 2018. Iba a salir el año pasado, pero con la pandemia todo se alteró y no salió. Haraway dice “no tanta reproducción y más parentesco”. 

Si queremos hacer algo por el planeta, que está en un momento verdaderamente crítico, no nos pongamos ni milenaristas, ni apocalípticos ni salvacionistas. 

Hay acciones muy prácticas para tomar, no nos pongamos dramáticos. Hay que pensar y hacer. Deleuze y Guattari dicen “liberar la vida allí donde está cautiva”. De pronto un perro llega y hace eso. Fue literal, así como te lo digo. 

Fue como devenir animal, devenir algo distinto. A partir de Kaidú, mi mirada sobre el mundo cambió. «

Testimonio de una amistad con Juan Forn

–Entre los agradecimientos que incluís al final del libro figura hay uno destinado a Juan Forn, del que creo que eras muy amiga. ¿Cuál fue su relación con la novela?

–Sí, éramos muy amigos y como le conté lo que estaba escribiendo, se moría de curiosidad y deseaba mucho leerla. Me pidió durante muchos meses que le diera a leer la novela, pero yo se la di cuando la terminé. La que siempre funcionó como editora fue Liliana Viola, que fue la primera que la leyó. Me hizo observaciones muy certeras y ahí comencé a trabajar la novela pensando en publicarla. Juan la leyó cuando ya era un texto terminado.

–¿Y cómo reaccionó al leerla?

–Le gustó muchísimo y fue muy intenso en su expresión, como era siempre que le gustaba algo. Solo me señaló dos cositas y me dijo “podés no tomarlas”. Eran dos pinceladas, agregar dos oraciones, y las tomé porque me parecieron muy atinadas. A él le gustó mucho el título, pero había otras opiniones en el sentido de que el título tenía que ser más explícito y que tenía que vincularse con la primera novela. Juan me dijo: “No, vos defendelo, porque por la sonoridad y la fuerza que tiene, no te vas a equivocar”. Lo increíble es que Juan hasta ese momento no era perrero. Después adoptó un perro al que adoró y que lo adoró. Pero lo sorprendente es que, además de Juan, que no era perrero, cuatro varones que no lo son me dijeron “es un librazo” de manera contundente y sincera: Ariel Magnus, Claudio Zeiger, Rep y Pacho O’Donnell.

FUENTE: Tiempo Argentino – Mónica López Ocón