“Es muy hermosa e inteligente… pero es india”.

Dorothy Bonarjee era india de nacimiento, inglesa de educación, francesa por matrimonio y galesa de corazón.

Por decirlo de otro modo, era la eterna extranjera, a veces por casualidad y otras veces por elección.

Y su mayor logro —en 1914 ganó, siendo apenas una adolescente, uno de los premios culturales más prestigiosos de Gales— es notable también por eso mismo.

En la India, Dorothy Bonarjee y su familia eran diferentes, por clase, cultura y religión. Eran brahmanes bengalíes de casta alta, pero Dorothy pasó su infancia viviendo una vida sencilla en la hacienda familiar a cientos de kilómetros de Bengala, en Rampur, cerca de la frontera de la India con Nepal.

También eran cristianos: su abuelo fue sacerdote en Calcuta tras ser convertido por el célebre misionero escocés Alexander Duff.

La vida de Dorothy cambió por completo en 1904, cuando —junto con sus hermanos, Bertie y Neil— fue enviada a Londres para su escolarización. Sólo tenía 10 años.

Sus padres, quienes habían pasado en su día por Gran Bretaña, querían que sus hijos formaran parte, como ellos, de la “Inglaterra retornada” que cada vez más dirigía la India en nombre de la potencia imperial.

Dorothy con sus hermanos Neil y Bertie en 1904.

FUENTE DE LA IMAGEN – SHEELA BONARJEE

Dorothy con sus hermanos Neil y Bertie en 1904.

Entre la élite india, esta experiencia británica tenía “un cierto valor esnob, como ser un noble en Gran Bretaña”, señaló uno de los miembros del clan Banerjee.

Se conserva una fotografía de los tres jóvenes Banerjee aproximadamente de cuando llegaron a Londres.

Dorothy aparece recatada con un vestido blanco y una cinta negra en el pelo. Bertie, su hermano mayor, lleva traje y corbata. Es una declaración de cuán ingleses se habían vuelto, aunque el mundo que los rodeaba siempre los vería como indios.

El padre de Dorothy era abogado y terrateniente. Ella estaba probablemente más unida a su madre, que era una firme defensora de la educación de las niñas.

Mujer y extranjera

Tanto la hija como la madre fueron activas defensoras en Gran Bretaña del voto para las mujeres. Y gracias a su madre, Dorothy tuvo un privilegio poco común en Gran Bretaña o en la India hace un siglo: iba a recibir una educación tan buena como la de sus hermanos.

“En la época de la Primera Guerra Mundial, había unos mil estudiantes indios en las universidades británicas”, sostiene la doctora Sumita Mukherjee, de la Universidad de Bristol, que ha escrito un libro sobre los indios “retornados de Inglaterra”. “Entre 50 y 70 eran mujeres”.

En 1912, Dorothy Bonarjee se unió a este selecto grupo. La familia habría esperado que Dorothy fuera a la Universidad de Londres, pero, según la tradición familiar, Londres le parecía “demasiado esnob” y optó por el University College de Gales, en la ciudad costera de Aberystwyth, de mayoría galesa.

“¡Dónde diablos está eso!”, exclamó su padre, al parecer. Pero Dorothy se salió con la suya. Y su hermano Bertie también se matriculó allí, en parte para hacer de carabina de su hermana.

La decisión de Dorothy puede haber estado determinada por la reputación progresista de la universidad. “Un principio fundacional del Colegio Universitario de Aberystwyth era que todas las creencias religiosas y arraigos culturales eran bienvenidos”, dice Susan Davies, archivista e historiadora de la actual Universidad de Aberystwyth.

Estudiantes

FUENTE DE LA IMAGEN – UNIVERSITY OF ABERYSTWYTH

Estudiantes del University College de Gales. Dorothy aparece sentada, la segunda por la derecha.

Y la facultad, la más antigua de los tres que formaban la Universidad de Gales en aquella época, también tenía un impresionante historial en lo que a igualdad de género se refiere.

Cuando Dorothy llegó allí, casi la mitad de los estudiantes eran mujeres, una proporción mucho mayor que en la mayoría de las universidades británicas de la época.

En el momento de su graduación en 1916 —cuando muchos de los hombres estaban luchando en Flandes y Francia— las mujeres eran una clara mayoría.

Dorothy era, claramente, una estudiante popular que desempeñaba un papel destacado en la sociedad literaria y de debate, y ayudaba a editar la revista de la facultad.

Premiada en Gales

Su gran momento llegó en febrero de 1914 en el Eisteddfod anual del lugar, un certamen y una celebración de la cultura galesa en la que escritores y músicos competían por premios.

Aunque no era tan prestigioso como el Eisteddfod nacional, era un acontecimiento cultural importante en el corazón de habla galesa del país.

Los participantes en el concurso principal, de poesía en el estilo tradicional galés, tenían la oportunidad de ganar una imponente silla de roble tallada a mano.

Todos los poemas se presentaron con seudónimos. Un periódico galés, el Cambria Daily Leader, se hizo eco del evento en su portada:

“El primer premio fue otorgado a ‘Shita’, por una oda escrita en inglés, y descrita como un excelente y altamente dramático tratamiento del tema […]. La señorita Bonarjee recibió una estruendosa ovación cuando se levantó y se reveló como “Shita” […]. La ceremonia se desarrolló en medio de un gran entusiasmo”.

Students at the University College of Wales

FUENTE DE LA IMAGEN – UNIVERSITY OF ABERYSTWYTH

Dorothy Bonarjee (con camisa de rayas) fue la primera estudiante extranjera y la primera mujer que triunfó en el Eisteddfod universitario.

Los padres de Dorothy estuvieron presentes para ver el éxito de su hija de 19 años. Persuadieron a su padre para que se dirigiera a la multitud, agradeciéndoles el modo en que habían “recibido a una competidora exitosa de una raza y un país diferentes”.

Si la India hubiera dado a luz a una poeta, declaró, Gales la había educado y le había dado la oportunidad de desarrollar sus instintos poéticos.

Dorothy Bonarjee fue la primera estudiante extranjera y la primera mujer que triunfó en el Eisteddfod universitario. Fue un logro histórico: la primera mujer que ganó el Eisteddfod nacional fue en 2001.

Alentada por su éxito, colaboró con poemas en revistas como The Welsh Outlook, una revista mensual que reflejaba y fomenta el nacionalismo cultural galés. Incluso después de dejar Gales, siguió publicando allí.

“Le encantaba el galés”, afirma su sobrina Sheela Bonarjee. “No sabía hablar galés, así que siempre fue una advenediza en ese sentido. Pero la aceptaron”.

Desengaños racistas

Sin embargo, Dorothy también sufrió desengaños en Aberystwyth.

Sheela Bonarjee aún conserva el maltrecho cuaderno negro en el que su tía recopilaba sus versos. Junto a uno de los poemas, Dorothy apuntó una nota: “Escrito a los 22 años, cuando un estudiante galés, tras tres años de noviazgo secreto, me abandonó porque sus padres dijeron: ‘Es muy hermosa e inteligente, pero es india”.

Note left by Dorothy Bonarjee with her poems

“La destruyó. Estaba angustiada”, dice Sheela, recordando las confidencias que su tía le hizo sobre aquel romance fallido. “Hay un poema suyo [llamado ‘Renuncia’] que muestra la pérdida de ese novio”.

Dorothy se había acostumbrado a ser la extraña, pero se puede pagar un precio doloroso por ser diferente.

Su hermano menor, Neil, estudió más tarde en la Universidad de Oxford, y allí se topó con un muro de prejuicios.

“Los indios en general, hay que decirlo, junto con otras razas de color, no eran populares en la universidad”, escribió.

Los compañeros ingleses tenían algo que yo no tenía; es decir, un imperio. Ellos lo poseían, mientras que yo sólo pertenecía a él”.

Dorothy no se dejó intimidar. Desde Aberystwyth, ella y Bertie volvieron a Londres, donde ambos cursaron una segunda carrera.

Una vez más, fue una pionera: la primera mujer estudiante del University College de Londres que se licenció en Derecho.

La familia esperaba entonces que los jóvenes regresaran a hacer su vida y su carrera en la India. Sus hermanos subieron obedientemente al barco. Dorothy se rebeló.

Matrimonio con un pintor francés

Estaba atrapada entre diferentes culturas y valores sociales. Era de espíritu libre y estaba comprometida con la igualdad de la mujer; no era alguien que consentiría fácilmente un matrimonio concertado por su familia en la India. Así que se fugó con un artista francés, Paul Surtel.

Retrato de Dorothy Bonarjee pintado por su marido, Paul Surtel

Retrato de Dorothy Bonarjee pintado por su marido, Paul Surtel

Su padre estaba furioso; su madre parece que fue más comprensiva. La pareja se casó en 1921 y se estableció en el sur de Francia. Mientras Surtel adquirió notoriedad como pintor, su esposa se retiró de la vida pública.

Tuvieron dos hijos, uno de los cuales murió en la infancia, pero a mediados de la década de 1930 el matrimonio estaba acabado. “Nada es más desgastante moralmente”, comentó Dorothy, “que un marido débil”.

Dorothy Bonarjee with her son, Denis

FUENTE DE LA IMAGEN – SHEELA BONARJEE

Dorothy Bonarjee con su hijo, Denis, que murió en la infancia.

FUENTE DE LA IMAGEN – SHEELA BONARJEE

Dorothy Bonarjee con su hijo, Denis, que murió en la infancia.

Su familia le rogó que regresara a la India. De nuevo, ella se negó, decisión que, al parecer, lamentó más tarde. Su padre le compró un pequeño viñedo en Gonferon, en la Provenza, para que le sirviera de hogar y de medio de vida. El dinero era escaso. No era la vida fácil que ella esperaba. Nunca se volvió a casar.

Sheela Bonarjee siguió los pasos de su tía desde la India hasta Londres en los años 50, y realizó varias visitas al sur de Francia. Recuerda a su “tía Dorf” como elegante, segura de sí misma y poco convencional. En algunos aspectos era muy francesa, recuerda Sheela.

“Tomaba vino con todas las comidas, lo que para mí, como india, era muy extraño y a veces me preguntaba por qué tenía tanto sueño todo el día”. Pero hablaba francés con un acento muy marcado.

Dorothy con sus hermanos Neil y Bertie en 1904.

FUENTE DE LA IMAGEN – SHEELA BONARJEE

Dorothy con sus hermanos Neil y Bertie en 1904.

Dorothy Bonarjee in a sari

FUENTE DE LA IMAGEN – SHEELA BONARJEE

Ahora tiene la distinción de figurar en el “Diccionario biográfico de Gales”, la única persona de origen indio entre casi 5.000 entradas. Está escrito por Beth Jenkins, de la Universidad de Essex.

“Dorothy abrazó sin duda la cultura nacional galesa”, sostiene, “y contribuyó significativamente a ella durante su estancia en Aberystwyth”.

Vivió hasta casi los 90 años. Pero no volvió a pisar la India.

Sin embargo, su lado indio siguió siendo importante. En fechas señaladas y festivas, deleitaba a sus vecinos franceses vistiéndose con un sari.

Pero en muchos aspectos era más francesa, más inglesa, quizás incluso más galesa, que india. Y en todas partes, siempre fue extranjera.

Imagen: Gentileza de BBC News Mundo

FUENTE RESPONSABLE; Redacción BBC News Mundo

Sociedad y Cultura/India/Reino Unido/Gales/Racismo

CDMX abre sus “ventanas arqueológicas” hacia el pasado glorioso.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México inauguró la exposición “El Pabellón de las Ventanas Arqueológicas”, en la Casa del Marqués del Apartado, ubicada en el centro histórico de la Ciudad de México. Se trata de un recuento de los vestigios encontrados en el antiguo Recinto Sagrado de Tenochtitlán.

La exposición incluye cinco esculturas mexicas, tres de ellas descubiertas en la propia Casa del Marqués del Apartado, y dos cráneos procedentes del Huey Tzompantli. También contiene fotografías, videos y maquetas que hacen un repaso de los descubrimientos más importantes en torno a estos espacios.

La primera de estas ventanas es una escalinata prehispánica que formó parte de un templo, instalada en la misma Casa del Marqués de Apartado en 1901 y remodelada para dicha exposición.

Las más recientes se ubican en la calle de Guatemala donde hace 11 años se descubrió el Templo de Ehécatl (Dios del Viento) y en 2015 encontraron parte del Huey Tzompantli del Templo Mayor.

Raúl Barrera Rodríguez, responsable del Programa de Arqueología Urbana del INAH, explicó que en el Centro Histórico existen 42 ventanas arqueológicas distribuidas en 16 inmuebles y la vía pública, a través de las cuales se pueden admirar no solo restos de templos y palacios mexicas, también de casas de conquistadores españoles, iglesias cristianas, casas del gobierno virreinal y vestigios del siglo XIX.

Por su parte, la arqueóloga Lorena Vázquez destacó la importancia de estas ventanas arqueológicas, las cuales dijo “consisten en partes o fragmentos de los templos del recinto sagrado de Tenochtitlán. Obviamente no es de los más de 78 templos que dicen las fuentes históricas, pero sí son unas porciones importantes de estos edificios”.

Todos los arqueólogos coinciden en que todavía hay mucho por descubrir en las profundidades del Centro Histórico de la Ciudad de México.

“Tenemos un gran potencial arqueológico en el subsuelo. Creo que nos hace falta mucho por conocer. Afortunadamente se ha avanzado en cuanto a la identificación de vestigios arqueológicos”, concluyó Raúl Barrera Rodríguez.

“El Pabellón de las Ventanas Arqueológicas” estará abierto martes, miércoles, viernes y sábados de 10 am a 3 pm durante todo el mes de noviembre. El acceso será con el boleto de ingreso al Museo y Zona Arqueológica del Templo Mayor.

El Gobierno de México conmemora los 500 años de la caída de Tenochtitlán.

CIUDAD DE MÉXICO (Sputnik) — El Gobierno de México conmemora en la plaza principal del Zócalo, en el Centro Histórico de la capital, los 500 años de la caída de Tenochtitlán, corazón del imperio prehispánico mexica que sucumbió tras un sitio comandado por la expedición española de Hernán Cortés en 1521, apoyada por pueblos originarios sublevados.

“Hoy 13 de agosto se cumplen 500 años de la caída de la toma de Tenochtitlan, vamos a recordar a la gran Tenochtitlán en el Zócalo es muy importante recordar este día y no olvidar”, dijo el presidente Andrés Manuel López Obrador en conferencia de prensa.

El prolongado cerco hizo colapsar al poderío mexica en la urbe que estaba enclavada en una isla del lago de Texcoco en el actual Valle de México, hoy disecado, que comenzó el 31 mayo de 1521 y terminó el 13 de agosto con la caída del imperio mexica, también conocido como azteca, aludiendo al origen de ese pueblo nómada, Aztlán, que llegó dos siglos antes desde un lugar mitológico en el norte del país.

Al mismo tiempo, las autoridades mexicanas van a expresar “el compromiso de seguir luchando contra la opresión, contra las invasiones, las conquistas, y las ocupaciones militares”, dijo el jefe de Estado.

La plaza principal del Zócalo frente al Palacio Nacional, residencia presidencial, y la Catedral Metropolitana, ha sido engalanada con reproducciones de dioses prehispánicos mexicas y una reproducción a escala del Templo Mayor de Tenochtitlán, hallado en febrero de 1978 durante una construcción de obras de electrificación.

Contra el racismo

El presidente mexicano hizo una reivindicación del combate al racismo y a la discriminación.

En su alocución reafirmó su compromiso de “desterrar el clasismo, el racismo, la discriminación, que reine siempre la justicia, la igualdad, y la fraternidad”.

La maqueta iluminada en el centro del Zócalo fue inaugurada la noche del jueves por la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, y la esposa del mandatario, la periodista e investigadora Beatriz Gutiérrez Müller, que preside la coordinación nacional de Memoria Histórica y Cultural.

Gutiérrez Müller leyó un fragmento de la crónica de Bernal Díaz del Castillo, soldado español que vivió con Cortés los días de la conquista, que narró en una crónica publicada en 1623.

En la ceremonia nocturna de encendido de la iluminación, que permanecerá hasta el mes de septiembre, cuando se conmemoran 200 años de la consumación de la Independencia, la esposa del mandatario leyó el texto que describe “las aguas que rodean esta isla pequeña que era Tenochtitlán, la importancia de las canoas, las flechas, los gritos, el ruido de los tambores, los caracoles”.

También destacó que la antigua capital prehispánica tenía “el poder espiar al rival desde donde disparaban los españoles, con armas de pólvora″.

La titular de Cultura de la capital, Vannesa Bohórquez, anunció en un pronunciamiento que “la conciencia del presente ilumina la proeza del recuerdo de la civilización mexica que hoy emerge de sus entrañas para mostrarse en plenitud y para ser motivo de orgullo de todas y todos los mexicanos”.

La funcionaria capitalina dijo que Tenochtitlan es el “corazón de la Anáhuac” como se conocía a la región del altiplano central actual, que abarcaba el imperio mexica, dominador de otros pueblos originarios: “Es la piedra angular que nos fundamenta y fortalece”.

La plaza y los edificios de los gobiernos federal y capitalino han sido decorados con figuras iluminadas de serpientes emplumadas que representan al dios de la sabiduría Quetzalcóatl, mezcla de pájaro y serpiente; la diosa de la tierra Tlaltecuhtli; el dios del sol Tonatiuh, y la diosa de la luna Coyolxauhqui, con decoraciones de la arquitectura original mexica.

La reproducción del Templo Mayor de la antigua urbe en el centro del Zócalo tiene una proporción de 35% del tamaño original, con 16 metros de altura, 25 metros de frente, y 27 de profundidad; mientras que para iluminar la plaza se utilizaron 10.000 focos multicolores, 15.000 nodos para pantallas y 15 kilómetros de escarcha de colores.

Imagen de portada: Gentileza de Sputnik

FUENTE: Sputnik – Instituto Nacional de Antropología e Historia de México

Arte y Cultura/Historia/Exposición/Ciudad de México

“El ferrocarril subterráneo”: la verdadera historia de la red clandestina que permitió a miles escapar de la esclavitud en Estados Unidos.

La sensibilidad poética del tándem artístico que componen el cineasta Barry Jenkins y el fotógrafo James Laxton está presente en cada plano de The Underground Railroad (“El ferrocarril subterráneo”), que compite hoy por el premio Emmy a mejor serie limitada.

Basada en la novela homónima ganadora del Pulitzer de Colson Whitehead, la producción de Amazon nos adentra en el épico viaje hacia la libertad de Cora Randall (Thuso Mbedu), una esclava de Georgia que huye hacia el norte de Estados Unidos a bordo de un ferrocarril subterráneo.

Es un duro relato de esclavitud -demoledor y sensible a partes iguales- y a la vez una fantástica narración cinematográfica llena de magia visual.

Esta trama de ficción está basada en un episodio real de la historia estadounidense del siglo XIX que, aunque hoy se enseña en escuelas del país norteamericano, sigue siendo un misterio para muchos.

El llamado underground railroad – “ferrocarril subterráneo” en español – no fue un ferrocarril ni fue subterráneo. Fue una red clandestina organizada por el movimiento abolicionista para ayudar a escapar a esclavos a través de una serie de rutas y conexiones a lo largo y ancho de Estados Unidos (e incluso fuera de sus fronteras).

Richard Blackett, escritor, historiador y profesor en la Universidad Vanderbilt, en Nashville (EE.UU.), ha dedicado su vida a estudiar el movimiento abolicionista en Estados Unidos.

“Después de leer la novela de Whitehead y de ver la serie de Amazon, tuve que reimaginar el “ferrocarril subterráneo” porque no tiene nada que ver con el que yo conozco. Whitehead y Jenkins se toman una serie de licencias narrativas que los historiadores no podemos tomarnos, como situar a personas en lugares y tiempos imposibles”, le dice a BBC Mundo.

“Pero lo bueno es que al hacerlo son capaces de hacer comprender al espectador o al lector un sentido íntimo de lo que ocurrió en la lucha contra la esclavitud en EE.UU., y la compleja y difícil tarea que suponía emprender esa hazaña”.

“Porque la libertad es tanto el acto de marcharse como la travesía para llegar a otro lugar”, agrega el historiador.

En su libro Making Freedom: The Underground Railroad and the Politics of Slavery (“Haciendo la libertad: el ferrocarril subterráneo y la política de la esclavitud”), publicado en 2013, Blackett recoge las experiencias de algunos esclavos fugitivos y de quienes los ayudaron a ponerse a salvo.

“Comenzamos a encontrar referencias del ‘ferrocarril subterráneo’ a mediados de la década de 1830. El sistema se fue perfeccionando en las dos décadas siguientes, y en los 50 está claro que todos sabían de su existencia”, explica el escritor y profesor de historia.

El “ferrocarril subterráneo” estuvo operativo hasta la Guerra Civil estadounidense (1861 – 1865), añade Blackett.

A través de los testimonios de quienes huyeron y de quienes les ayudaron en su travesía hacia la libertad, además de las luchas políticas que surgieron a raíz de la huida de esclavos, los historiadores pudieron recomponer la historia de aquel ferrocarril metafórico, y ponerle rostros y nombres.

Un lenguaje codificado

Empecemos por comprender el porqué de la metáfora ferroviaria.

“Hay muchas historias que explican por qué se le llamó ‘ferrocarril subterráneo’, aunque no fuera ninguna de las dos cosas”, explica Blackett.

“Lo primero que hay que tener en cuenta es que hablamos de un periodo (siglo XIX) en el que los ferrocarriles se volvieron comunes en Estados Unidos. Pero otra historia – que a mí me gusta más porque encierra una profunda declaración política – habla de un esclavista que trataba de atrapar a un esclavo fugitivo; cuando pensó que estaba a punto de lograrlo, este de repente desapareció y el esclavista se dijo: ‘Debe de habérselo tragado la tierra'”.

“Y ahí es donde los puntos comenzaron a unirse y la gente empezó a hablar de un ‘ferrocarril subterráneo'”, resume el historiador.

Richard Blackett es historiador y ha escrito varios libros sobre abolicionismo. 

En uno de ellos cuenta la historia del “ferrocarril subterráneo”.

“Quienes organizaron la red de apoyo para ayudar a escapar a los esclavos llamaron “estación” a cada parada de la ruta y se hicieron llamar a sí mismos jefes de estación”, explica el historiador.

Cada una de esas “estaciones” eran en realidad “casas seguras”donde los esclavos podían estar a salvo.

“Sabemos, por ejemplo, que cuando un jefe de estación quería comunicarse con otro decía algo así como: ‘Te voy a enviar un paquete’. Todo el lenguaje estaba asociado al ferrocarril y a los medios de transporte”.

Leesa Payton Jones es la cofundadora y directora del Museo del Ferrocarril Subterráneo de Washington Waterfront, en Carolina del Norte, que recaba historias de esclavos que escaparon de plantaciones de la zona.

“El ferrocarril subterráneo era clandestino, por eso todas las comunicaciones sobre cómo ayudar a las personas a alcanzar su libertad se hacían en un lenguaje codificado”, le dice Jones a BBC Mundo.

Muchos esclavos fueron ayudados por negros libres, por otros esclavos y por ciudadanos extranjeros.

Pero tal vez el “jefe de estación” más prominente fue William Still, un abolicionista negro nacido libre que rescató a cientos de esclavos y a quien muchos consideran “el padre del ferrocarril subterráneo”.

“William Still fue secretario de la Sociedad Antiesclavista de Pensilvania y creó un comité de vigilancia a principios de la década de 1850. Mantuvo un registro detallado de todos los fugitivos que pasaron por su oficina: cuáles eran sus nombres, qué nombre adoptaron al escapar, quiénes eran sus amos, por qué escaparon, si sus familias fueron vendidas…”, explica Blackett.

El historiador dice que Still contaba con el apoyo de otros “jefes de estación” en diferentes lugares del país a donde enviaba a los esclavos. Además, tenía empleados a algunos capitanes de barco para transportar gente a estados sureños.

“Era un sistema complejo que funcionaba gracias al telégrafo”, dice Blackett.

Jones cuenta que hay telegramas de William Still en los que escribía cosas como: “Mañana en la estación a las 8:00 am vamos a desayunar jamón y huevos'”.

“Eso podía significar que en un lugar secreto previamente acordado – y que no era una estación de tren – iba a entregar a un adulto y a un niño para llevarlos a otro lugar donde estuvieran a salvo. Era un lenguaje secreto”, explica Jones.

Las rutas hacia la libertad

Es difícil saber cuán grande era el sistema, pero Blackett señala que operaba principalmente en los denominados “estados libres” del norte de EE.UU. -como Pensilvania, Nueva York, Ohio o Massachusetts- y hasta Canadá, aunque también hubo gente en estados esclavistas del sur que colaboró.

En cuanto a quienes escaparon, “la mayor parte provenían de los estados más al norte del sur (el llamado Upper South) – Maryland, Virginia, Delaware, Kentucky, Missouri – porque había menos distancia que recorrer, por lo que el viaje era algo menos problemático”, dice Blackett.

“La mayoría escaparon por vía terrestre, aunque algunos – en Carolina del Norte, Georgia y Carolina del Sur – lo hicieron en barco”, añade el historiador.

El museo que gestiona Leesa Payton Jones cuenta algunas de las historias de quienes tomaron la vía marítima a través del río Pamlico, que desemboca en el Atlántico.

“El océano era un camino hacia la libertad”, explica Jones. “Podías ir a Canadá o a los estados del norte de EE.UU., a las islas del Caribe que no participaron en el comercio de esclavos, a México, a Sudamérica o a Europa”.

“También podías usar el río para desplazarte varios kilómetros y encontrar a tu familia si había sido vendida a otra plantación”, añade Jones.

En cuanto a las rutas terrestres, algunos historiadores elaboraron una serie de complejos mapas para ubicar las rutas que siguieron los esclavos en su huida, usando como punto de referencia la ubicación de “jefes de estación”.

El de abajo de estas líneas fue extraído del libro The Underground Railroad from Slavery to Freedom (“El ferrocarril subterráneo de la esclavitud a la libertad”), publicado en 1898 por el educador e historiador estadounidense Wilbur Henry Siebert:

"The Underground Railroad from Slavery to Freedom", Wilbur H. Siebert, The Macmillan Company, 1898.

FUENTE DE LA IMAGEN – WILBUR H. SIEBERT / WIKIMEDIA COMMONS

“Rutas del ferrocarril subterráneo”. Wilbur H. Siebert, 1898.

La cuestión política

La huida de esclavos, dice Blackett, transformóla política nacional cuando el sur de EE.UU. fue testigo de cómo la esclavitud comenzaba a colapsar y el norte experimentó una amenaza a su libertad.

“El ferrocarril subterráneo supuso el inicio de una de las mayores luchas contra la opresión. Y está en el núcleo de la crisis de la sociedad estadounidense porque esta se construyó sobre el principio de que todos los hombres son creados iguales, que nunca se logró establecer”, añade el historiador.

“El esclavo huye para tratar de vivir de acuerdo a ese principio, que fue aplastado por completo para tratar de proteger la propiedad”.

Blackett dice que hoy en Estados Unidos muchos conocen la historia del “ferrocarril subterráneo”, pero “se tiene una noción muy vaga y muy romantizada por el hecho de que fue un movimiento de blancos y negros que lucharon juntos contra la opresión”.

“A menudo se pasa por alto que el objetivo final del ‘ferrocarril subterráneo’ era destruir uno de los pilares fundamentales de la sociedad estadounidense: el sistema de esclavitud, la parte más productiva de la economía”, dice Blackett.

The Underground Railroad

El viaje de Cora hacia la libertad es una historia ficción basada en hechos e historias reales, pero con ciertas licencias narrativas.

“La parte política es absolutamente crítica”, agrega el historiador. “El ‘ferrocarril subterráneo’ – y la lucha contra la esclavitud en general – fue el primer movimiento de derechos civilesen Estados Unidos”.

“Los abolicionistas desafiaron el sistema; hicieron cosas que Martin Luther King y otros defensores de los derechos humanos copiaran en las décadas de 1950 y 1960. Y hoy en día esta cuestión es más relevante que nunca”.

Jones dice que en Estados Unidos la historia del “ferrocarril subterráneo” es conocida, pero considera que no se habla lo suficientemente sobre ella o no se hace de manera adecuada.

“Yo crecí y estudié aquí en Washington, Carolina del Norte. Muchos de nuestros libros escolares tendrían unos 10 capítulos sobre la guerra civil y apenas dos o tres frases sobre la esclavitud. Generalmente, hablaban de esclavos que trabajaban en el campo y que amaban a sus dueños”, dice Jones, quien ha sido maestra de escuela durante más de 30 años.

“Es importante que la gente conozca bien esta parte de la historia. Muchos abolicionistas arriesgaron sus vidas y las de sus familias por ayudar a otros a obtener la libertad”.

“Eran personas de todas las razas – blancos, negros y nativos americanos, no solo blancos, como se dijo por mucho tiempo, que lucharon por la dignidad y el respeto de otras. Tenemos que continuar con su legado porque todas las personas oprimidas merecen dignidad y respeto”.

Imagen de portada: Gentileza BBC News Mundo

FUENTE:BBC News Mundo – Por Lucia Blasco

“Tren subterráneo”/Esclavitud/Historia/Entramado/Cooperación.

El gas usado para “desinfectar” a mexicanos en EE.UU que sirvió como ejemplo a la Alemania nazi. Parte I.

Muchos no sabían qué les estaban rociando, pero era tan extendido su uso que le apodaron “el polvo”.

La fotografía que abre esta nota es especialmente destacada por historiadores en Estados Unidos y algunos describen la escena capturada como “un momento atroz”.

En ella un funcionario enmascarado fumiga la cara de un joven mexicano desnudo con el pesticida DDT en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas, mientras que otros esperan en fila detrás mientras sujetan sus pertenencias.

La tomó el neoyorquino Leonard Nadel en 1956 mientras documentaba el programa Bracero, bajo el que al menos 4 millones de mexicanos migraron temporalmente a Estados Unidos para trabajar entre 1942 y 1964.

El esquema fue inicialmente establecido para compensar la ausencia de trabajadores estadounidenses debido al reclutamiento militar durante la Segunda Guerra Mundial.

GETTY IMAGES

Millones de mexicanos campesinos y obreros participaron en el programa Bracero en Estados Unidos.

El DDT se empleó hasta mediados de los 60 en los inmigrantes para prevenir la propagación de malaria y tifus y su uso fue posteriormente prohibido en EE.UU. en 1972.

Hoy en día está clasificado por el gobierno de ese país y autoridades internacionales como un “probable carcinógeno humano”.

Pero este no fue el único pesticida empleado para “desinfectar” a inmigrantes mexicanos en la frontera entre México y EE.UU. por décadas.

Años antes de la implementación del programa Bracero, otro insecticida fue utilizado en centros de recepción de visitantes y pasaría a servir como ejemplo a funcionarios del nazismo en Alemania.

Zyklon B

David Dorado Romo, historiador y cronista de El Paso y Ciudad Juárez, dio con un artículo en una revista científica alemana de 1937 que lo dejó atónito.

El escrito incluía dos fotografías de “cámaras de despiojado” en El Paso, Texas.

Su autor, el químico alemán Gerhard Peters, destacaba las imágenes para ilustrar “la efectividad del Zyklon B (un pesticida a base de cianuro) como un agente para matar plagas indeseables”, escribe Romo en su libro Ringside Seat to a Revolution (“Asiento en primera fila a una revolución”).

“Peters se convirtió en el director de operaciones de Degesch, una de las dos firmas que adquirió la patente del Zyklon B en 1940 para producirlo masivamente”, describe.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis utilizaron el gas en dosis concentradas para matar a millones de judíos.

Un funcionario fronterizo estadounidense les habla a un grupo de refugiados mexicanos en el Puente Internacional de El Paso, en Texas. Año 1916.

FUENTE DE LA IMAGEN – GETTY IMAGES

Las inspecciones y requerimientos en la frontera entre EE.UU. y México en El Paso se endurecieron a partir de 1916.

Aunque en El Paso no se utilizó para el mismo fin, ya se estaba empleando desde 1929 por funcionarios fronterizos para fumigar la ropa y los zapatos de inmigrantes mexicanos en el Puente Internacional Santa Fe, que conecta esa ciudad con Ciudad Juárez.

Las inspecciones se habían iniciado formalmente en 1917, amplía el historiador, cuando las autoridades estadounidenses empezaron a imponer restricciones sobre los cruces fronterizos en sectores como El Paso.

El alcalde de la ciudad en esa época, Tom Lea, se refería a los mexicanos como “sucios piojosos indigentes” que “sin duda, van a traer y propagar el tifus”.

Pero entre 1915 y 1917, menos de 10 residentes de El Paso habían muerto del tifus epidémico, recogió Romo en su libro.

Aún así, los mexicanos considerados de “segunda clase” eran sometidos a exhaustivos chequeos que incluían duchas con agua caliente y revisiones de los migrantes desnudos. A los que le encontraban piojos, “les rapaban la cabeza y les afeitaban todo el cuerpo”, señala Romo a BBC Mundo.

Los braceros eran inspeccionados de la cabeza a los pies en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas.

FUENTE DE LA IMAGEN – CORTESÍA, MUSEO NACIONAL DE HISTORIA DE EE.UU.

Los braceros eran inspeccionados de la cabeza a los pies en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas.

Tan solo en 1917, al menos 120.000 personas fueron examinadas en el centro de El Paso.

Romo y otros historiadores hablan de un contexto en el que las ideas eugenésicas cobraban fuerza y se manifestaban a través de nociones discriminatorias y racistas.

“No hay que comparar peras con manzanas, pero el Holocausto no fue un hecho aislado y la frontera entre EE.UU. y México sirvió como un centro de experimentación importante de esas ideas”, advierte Romo.

CORTESÍA, MUSEO NACIONAL DE HISTORIA DE EE.UU.

Foto de portada

La escena que capturó esta foto de 1956 ha sido descrita como “un momento atroz”.

FUENTE:

  • Patricia Sulbarán Lovera
  • Corresponsal de BBC News Mundo en Los Ángeles

¿Racismo? La faz cambiante de Estados Unidos

En Estados Unidos, hablar de raza ya no es hablar de blancos y negros. De hecho, ¿qué es una raza? ¿Existen en realidad diversas razas? Estos retratos de Martin Schoeller muestran la fabulosa diversidad del país americano.

Me seduce la intimidad del primer plano porque capta la esencia de una persona: no se detiene en describir su atuendo o el entorno, que podrían hablarnos de su posición social. 

Todo se sintetiza en el rostro. De las 40, 50, 100 fotografías que suelo tomar de una persona, mi favorita es aquella en que la cara todavía no ha terminado de dibujar la expresión que el cerebro pretende adoptar. 

Me gusta compilar catálogos de semblantes que invitan a la comparación. 

Todos tenemos una idea de cómo debe ser el ojo –o la nariz, o un labio– humano, pero cuando comparas 10, 20, 100 pares de ojos, constatas sus enormes diferencias. 

Fotografío personas que proceden de circunstancias, culturas y etnias muy variadas, pero a fin de cuentas somos todos seres humanos. Hoy puedo retratar al Presidente y la semana que viene, a un indigente. 

Mi objetivo es suscitar una reflexión sobre el uso que hacemos de nuestra apariencia para modelar nuestra identidad.

¿Qué tienen estos rostros que resultan tan intrigantes? ¿Es simplemen­te que sus facciones rompen nuestros esquemas, que no estamos acostumbrados a ver esos ojos debajo de esos cabellos, esa nariz sobre esos labios? 

En un país como Estados Unidos, con una población de tan variados orígenes, la reacción puede ir desde un inofensivo afán de antropólogo aficionado a identificar ascendencias y encontrar coincidencias hasta un rechazo en toda regla de la violación de las fronteras entre grupos (según el viejo discurso racista, el watering down o «dilución racial»).

Si nos topamos con estos rostros por la calle, a los más curiosos (o menos educados) quizá se nos ocurriría acercarnos a preguntar: «¿De dónde eres?» o «¿Tú qué eres?». 

Observamos con curiosidad porque lo que vemos dice mucho sobre el pasado de este país, su presente y su prometedor (o preocupante) futuro.

La Oficina del Censo de Estados Unidos no empezó a computar datos detallados sobre los ciudadanos multirraciales hasta el año 2000, cuando por primera vez les permitió marcar más de una raza al cumplimentar el formulario, y 6,8 millones de personas optaron por la marcación múltiple. 

Diez años después esa cifra au­­mentó un 32 %, lo cual la convierte en una de las categorías de crecimiento más acelerado. 

La opción de marcar múltiples razas es aplaudida como un progreso por los ciudadanos frustrados con las limitaciones de las categorías raciales establecidas a finales del siglo XVIII por el científico alemán Johann Friedrich Blumenbach, quien clasificó a los humanos en cinco «variedades naturales»: cobrizos, amarillos, malayos, negros y blancos.

Aunque la opción de marcar varias razas no deja de estar incardinada en esa taxonomía, al menos introduce la posibilidad de la autoidentificación.

Constituye un paso hacia la reparación de un sistema de categorías que, paradójicamente, es tan erróneo (pues los genetistas han demostrado que la raza no es una realidad biológica) como ineludible (ya que vivimos en un mundo de razas y racismo). 

La determinación de la raza de los individuos se utiliza para hacer cumplir las leyes antidiscriminación y también para identificar cuestiones sanitarias específicas de poblaciones concretas.

Categorías raciales

La Oficina del Censo, consciente de que sus categorías raciales son un instrumento imperfecto, niega cualquier intención de definir la raza con criterios biológicos, antropológicos o genéticos». 

Y, de hecho, para la mayoría de los estadounidenses multirraciales, como los que aparecen retratados en estas páginas, en el concepto de identidad intervienen innumerables matices, influidos por la política, la religión, la historia y la geografía, así como por el uso que el interesado cree que se dará a su respuesta. 

«Yo digo que soy morena –dice McKenzi McPherson, de 9 años–. Y pienso: “¿A ti qué más te da?”.» Maximillian Sugiura, de 29 años, explica que se arroga la identidad étnica que le resulte más ventajosa en cada circunstancia. 

Las lealtades también cuentan, sobre todo cuando la ascendencia de uno no se traduce visiblemente en una piel, un cabello o unas facciones fenotípicas.

Yudah Holman, de 29 años, se describe como mitad tailandés y mitad negro, pero en los formularios marca la opción «asiático» y siempre alude en primer lugar a la parte tailandesa, «porque me crió mi madre, así que estoy orgulloso de ser tailandés».

Blancos y Negros

Sandra Williams, de 46 años, creció en una época en la que el país todavía funcionaba sobre la dicotomía negros/blancos. 

El censo de 1960 dibujaba una nación donde el 99 % seguía siendo o una cosa o la otra, y cuando seis años después nació Sandra –de unos padres que combinaban una y otra ascendencia– los matrimonios in­­terraciales seguían prohibidos en 17 estados. 

En la ciudad del oeste de Virginia donde se crió, solo había un niño asiático en el colegio. Si hubiese atribuido la claridad de su piel y su cabello a su ascendencia blanca, dice ella, los negros lo ha­­brían interpretado como un rechazo. 

Por eso, a pesar de que considera la raza un constructo social, ella marca la casilla «negra» en el formulario. «Como hacían mis padres», dice.

En el mundo actual, en teoría más tolerante, las personas con orígenes raciales y culturales complejos hilan un discurso mucho más fluido y lúdico para describirse a sí mismos. 

En los patios de recreo y en los campus universitarios se manejan términos de cuño propio tales como negronés, filatino, chicanés y corgentino. Cuando Joshua Ahsoak, de 34 años, iba a la universidad, su mezcla de inupiat (esquimal) y judío del Medio Oeste le granjearon el apodo de «jusquimal», término que aún usa para describirse.

Tracey Williams Bautista dice que su hijo de siete años, Yoel Chac Bautista, se autodenomina negro cuando está con ella, afroamericana, pero se presenta como mexicano cuando está con su padre. «Nosotros decimos que es negxicano», bromea. Los familiares negros advierten a Tracey de la vigencia de la «regla de la gota de sangre», la antigua práctica de considerar negro a quien posea el más mínimo rastro de ascendencia negra. «Dicen: “Aunque solo tenga la mitad, sigue siendo un negro de m…”»

En Estados Unidos la raza sigue importando, por más que la elección de Barack Obama haya anunciado un mundo post racial. 

Quizá llegue a ser una nación plural en 2060, cuando según la predicción de la Oficina del Censo los blancos no hispanos dejen de ser mayoría. Pero las estadísticas no borran el legado de los campos de concentración donde se internó a estadounidenses de origen japonés durante la Segunda Guerra Mundial ni las leyes de segregación racial vigentes hasta los años sesenta.

Los blancos tienen de media el doble de ingresos y seis veces más pa­­trimonio que los negros e hispanos, y los jóvenes negros tienen el doble de probabilidades de estar desempleados que los blancos. 

El sesgo racial sigue presente en las tasas de encarcelación, las estadísticas sanitarias y los informativos: hace poco tiempo la emisión de un anuncio de cereales Cheerios que presentaba una familia multirracial causó un alud de reacciones negativas, entre ellas reivindicaciones de genocidio blanco y lla­mamientos al «muerticulturalismo».

Tanto los defensores como los detractores del anuncio basaban sus opiniones en lo que se conoce como el test del ojo: un estudio de la actividad cerebral

realizado por la Universidad de Colorado en Boulder mostró que las personas toman nota de la raza en una décima de segundo, antes incluso que del sexo. 

Otra investigación divulgó en mayo que los conservadores presentan una tendencia más marcada que los progresistas a categorizar rostros ambiguos como negros.

Cuando la gente pregunta a Celeste Seda, de 26 años, de qué raza es, a ella le gusta dejar que lo adivinen antes de explicar que es de ascendencia dominicana y coreana. Matiza que incluso al decir eso solo revela una mínima parte de su identidad, que incluye una infancia en Long Island, una familia adoptiva puertorriqueña, una hermana afroamericana y una incipiente carrera como actriz. Llamar la atención por tener una imagen insólita halaga tanto como agota. «Es un don y una maldición», sentencia.

Y es también, para el resto de nosotros, una oportunidad. Si resulta que no podemos encasillar al prójimo en ninguna de las categorías de toda la vida, quizá nos veremos obligados a revisar las definiciones de raza e identidad, las presunciones sobre quiénes son ellos y quiénes nosotros. Tal vez aprenderemos a ser menos cautelosos a la hora de identificarnos con los demás si cada vez nos topamos con más personas como Seda, personas cuyos rostros parecen proclamar ese verso del vibrante poema de Walt Whitman Canto a mí mismo: «Soy inmenso, contengo multitudes»

FUENTE: NATIONAL GEOGRAPHIC – Por Martín Schoeller